Una asociación musulmana vinculada a la comunidad local de Bangladés compró un antiguo aserradero en la Via Giustizia de la localidad veneciana de Mestre por 1,5 millones de euros para construir un centro islámico. Sin embargo, el sitio requeriría un cambio municipal de uso.
El alcalde de Venecia, Simone Venturini, dice que las condiciones para la aprobación no se cumplen actualmente, citando preocupaciones de planificación e integración.
El presidente de la asociación “Giovani per l’umanità”, Prince Howlader, amenazó con una huelga a finales de agosto. Afirmó que los trabajadores bangladesíes podrían perturbar el turismo, los hoteles y los restaurantes.
Sin embargo, los trabajadores y los sindicatos mostraron un apoyo limitado, y la protesta se puso en espera para las conversaciones.
Ya en 2017, habían amenazado con otra huelga, esta vez por el cierre de la mezquita en la vía Fogazzaro por la administración de Luigi Brugnaro (en la cual Venturini era asesor). Esta vez, consiguieron un lugar temporal en el antiguo centro de eventos PalaPlip en Carpenedo.
En una entrevista al canal Antena 3 el 15 de septiembre, el patriarca de Venecia Francesco Moraglia Cazzaniga expresó su apoyo a que los musulmanes tengan un lugar de culto: «Si una religión respeta la dignidad humana y a los más vulnerables, entonces tiene derecho a tener un lugar de culto».
De seguir esa lógica, entonces NO TIENEN ESE DERECHO. Basta mirar Arabia Saudita como ejemplo.

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