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jueves, 24 de septiembre de 2026

TOMÁS CRANMER, UN OPORTUNISTA VÍCTIMA DE SU PROPIO INVENTO ANGLICANO

Traducción de la reseña de Luca Fumagalli para RADIO SPADA.
  
“Cranmer” DE BELLOC: LAS FECHORÍAS DEL HOMBRE QUE INVENTÓ EL ANGLICANISMO
  

Publicado originalmente en 1931 y reeditado recientemente por Mysterium Press, Cranmer es uno de los mejores ensayos históricos de Hilaire Belloc sobre el período de la Reforma. Aunque fue poeta, escritor, periodista y miembro del Parlamento, hoy se le recuerda principalmente como historiador y apologista católico. También fue amigo íntimo de G. K. Chesterton, con quien compartió numerosas batallas en defensa de la Iglesia y en ayuda de los pobres.

Como el propio Belloc escribe en las primeras páginas de su libro, Cranmer no es una simple biografía; más bien, es un análisis de la psicología del famoso arzobispo de Canterbury, cuya carrera fue impulsada por Enrique VIII, y de las razones que lo llevaron a actuar como lo hizo. También se destaca su genio literario y el papel fundamental que desempeñó al sentar las bases para el nacimiento de la Iglesia de Inglaterra como una institución distinta de Roma, una transformación que incluyó cambios doctrinales.

Tomás Cranmer nació en 1489. Inglaterra era entonces completamente católica. La corrupción eclesiástica, que avanzaba rápidamente, era menos pronunciada allí. Sin embargo, la población se mostraba bastante apática en materia religiosa; de naturaleza conservadora, no toleraba cambios rápidos ni drásticos, pero sí aceptaba sin mucha dificultad nuevas políticas a medio y largo plazo, siempre que, al menos, no entraran en conflicto con sus costumbres arraigadas. Del mismo modo, el clero en su conjunto era de carácter oficial, pero en las universidades estaba abierto a nuevas experiencias espirituales.

Se sabe poco sobre la educación temprana de Cranmer, pero lo cierto es que atribuía la timidez y la indecisión que lo caracterizaron a lo largo de su vida a los métodos severos de su maestro. A los catorce años, su familia lo encaminó hacia el sacerdocio, no por vocación, sino simplemente para ganarse la vida. Estudió en Cambridge, en el Jesus College, y fue influenciado por Erasmo de Róterdam, quien se encontraba en Inglaterra en busca de la estabilidad económica que no encontraba en el continente. Cranmer no destacaba por su carisma ni por su agudeza intelectual, pero era un verdadero prodigio de la escritura: «no era más que un poeta», escribe Belloc, «pero el impacto de un poeta es perdurable». También se casó con una tal Juana, la sobrina de la dueña de una taberna que solía frecuentar, aunque ella falleció al cabo de un año al intentar dar a luz a un niño que también murió.

Con el estallido de la Reforma luterana, nuevas ideas procedentes de Alemania comenzaron a llegar gradualmente a Inglaterra, hasta el punto de que se formó un pequeño grupo de rebeldes antirromanos en Cambridge. Cranmer, tan reticente como siempre, no deseaba tomar una postura pública, pero en el fondo, a punto de ser ordenado sacerdote, un creciente resentimiento hacia la Iglesia empezaba a arraigarse. Parece ser que fue él quien, en aquel momento, sugirió indirectamente a Enrique VIII que consultara a las universidades europeas sobre su matrimonio con Catalina de Aragón, que el rey ansiaba anular para casarse con su amante, Ana Bolena. Cranmer entró al servicio de la familia de Ana Bolena, convirtiéndose en su capellán [fue él quien bautizó a su hija Isabel, N. del T.], y, naturalmente, apoyó el derecho de Enrique al divorcio, haciendo todo lo posible por contrarrestar los argumentos del cardenal Reinaldo Pole, que se oponía a él.
  
Mientras tanto, Cranmer se había vuelto a casar en secreto [con la sobrina de Catalina Preu, esposa del predicador luterano de Núremberg Andrés Osiander, N. del T.] y, una vez nombrado arzobispo de Canterbury por el soberano en 1533, declaró nulo el matrimonio de este último. Esto provocó una ruptura entre la Iglesia de Inglaterra —ahora sometida a la autoridad de Enrique VIII— y la Iglesia de Roma, aunque el rey siguió siendo católico en teoría. Aquellos que, como Cranmer, albergaban convicciones protestantes, debían actuar con cautela y guardar silencio sobre sus creencias. El nuevo arzobispo llegó incluso a condenar a la hoguera a los predicadores que compartían sus ideas [como Juan Frith, que fue quemado en 1533 por negar la Presencia Real y el Purgatorio (en los cuales Cranmer tampoco creía), N. del T.], sin embargo, habría sido imprudente oponerse a la voluntad de Enrique VIII.

Su hipocresía incluso le salvó de la posterior caída en desgracia ante los Bolena y el poderoso primer ministro Tomás Cromwell [fingió amistad y compasión con Ana Bolena para extraerle más información (método que usó en 1533 con Isabel Barton, “La monja de Kent”); y le escribió a Enrique VIII protestándole que le era leal solo a él, N. del T.], para quien había sido una herramienta dócil en sus políticas anticatólicas [inter alia, Cranmer conspiró junto a Cromwell para introducir en Inglaterra la traducción del Nuevo Testamento de Guillermo Tyndale (no llegó a traducir completamente la Biblia), aun contra las objeciones de Enrique, N. del T.].

Con la ascensión al trono del joven Eduardo VI, manipulado por un grupo de nobles protestantes, Cranmer pudo dar rienda suelta a su odio hacia la Misa. Siendo la institución central de la vida inglesa y arraigada en siglos de costumbre, no se podía eliminar de golpe; era necesario insinuar el cambio, proceder paso a paso y sustituir gradualmente lo antiguo por lo completamente nuevo. A esta tarea se dedicó especialmente el Arzobispo, y así surgió el Libro de Oración Común, en el que la Misa fue sustituida por un Servicio de Comunión que no tenía nada que ver con ella. De hecho, se omitió todo aquello que enfatizaba la Presencia Real y el carácter sacrificial de la Misa. También redactó los Cuarenta y dos Artículos, la primera declaración doctrinal oficial de la Iglesia de Inglaterra, que se convirtió en ley en 1553.

Sin embargo, el reinado de Eduardo fue efímero, y cuando la católica María Tudor ascendió al trono, la situación cambió por completo y los protestantes fueron perseguidos. Cranmer intentó una vez más salvarse ofreciendo sus servicios a la reina, pero sus súplicas cayeron en saco roto. De hecho, fue condenado a muerte en 1556 [La condena no fue por herejía (Cranmer se retractó públicamente y por escrito de sus errores luego que los obispos Nicolás Ridley y Hugo Latimer fueron condenados a muerte el 16 de Octubre de 1555 –lo que lo habría salvado según las leyes de la época–), sino por alta traición (apoyó a Juana Grey como sucesora de su primo el rey Eduardo VI), por lo que luego se desdijo de las retractaciones), N. del T.].
  
Al final, Belloc no nos deja con un villano estereotipado, sino con un trágico artífice de la historia atrapado en las llamas de su propia creación. Cranmer es un testimonio del don singular del autor: la capacidad de transformar la polémica histórica en literatura apasionante. Es una obra maestra imperfecta que exige ser leída, debatida y, en última instancia, admirada por su pura fuerza narrativa.

martes, 15 de marzo de 2022

BELLOC SOBRE EL CONFLICTO EN UCRANIA (100 años antes)

Tomado de RADTRAD THOMIST. Traducción por Miguel Echeverría.
   
«El poder político externo de lo que una vez fue el Imperio Ruso ha desaparecido. Los judíos lo han matado. Pero la gran masa de la humanidad rusa sigue estando fuertemente afectada por este curioso cambio. Donde el instinto popular funciona sin trabas, sobrevive el antiguo y violento antagonismo apasionado entre el ruso y el judío. Lo ven en la mezcolanza de Ucrania, cuyos habitantes, a pesar de todas las teorías, son de raza y tradición rusa, y cuya ciudad central es la región sagrada de Rusia como miembro de la cristiandad. Allí, para todos los Comités Judíos con grandes ciudades bajo su completo control, ha habido repetidas revueltas. Pero al menos en la mayor parte de la Rusia europea, y en gran parte de lo que alguna vez fue el Imperio asiático, los judíos mantienen lo que queda del gobierno ejecutivo»
HILAIRE BELLOC, Los judíos (1922). Capitulo IX.

miércoles, 12 de mayo de 2021

BALADA DE LOS HERESIARCAS

INGLÉS
Heretics all, whoever you may be,
In Tarbes or Nimes, or over the sea,
You never shall have good words from me.
Cáritas non contúrbat me.
     
But Catholic men that live upon wine
Are deep in the water, and frank, and fine;
Wherever I travel I find it so,
Benedicámus Dómino.
     
On childing women that are forelorn,
And men that sweat in nothing but scorn:
That is on all that ever were born,
Miserére Dómine.
     
To my poor self on my deathbed,
And all my dear companions dead,
Because of the love that I bore them,
Dona Eis Réquiem.
  
TRADUCCIÓN
Herejes todos, quienesquiera que seáis,
En Tarbes o Nimes, o sobre el mar,
De mí nunca tendréis buenas palabras.
Cáritas non contúrbat me.
    
Pero los hombres católicos que viven en el vino
Están en dificultades, y francos, y bien;
Donde quiera que viajo los encuentro,
Benedicámus Dómino.
     
De las mujeres con hijos que son abandonadas,
Y los hombres que no sudan sino el escarnio:
Eso es sobre todo lo que nacieron,
Miserére Dómine.
    
A mi pobre yo en mi lecho de muerte,
Y todos mis queridos compañeros muertos,
Por el amor que les llevé,
Dona Eis Réquiem.
   
HILAIRE BELLOC

jueves, 29 de abril de 2021

EPITAFIO DEL POLÍTICO SOBRE SÍ MISMO

INGLÉS
Here richly, with ridiculous display,
The Politician’s corpse was laid away.
While all of his acquaintance sneered and slanged
I wept: for I had longed to see him hanged.
    
Another on the Same
This, the last ornament among the peers,
Bribed, bullied, swindled and blackmailed for years:
But Death’s what even Politicians fail
To bribe or swindle, bully or blackmail.
    
On Another Politician
The Politician, dead and turned to clay,
Will make a clout to keep the wind away.
I am not fond of draughts, and yet I doubt
If I could get myself to touch that clout.
    
On Yet Another
Fame to her darling Shifter glory gives;
And Shifter is immortal while he lives.
     
Epitah Upon Himself
Láuda tu Ilárion audácem et spléndidum,*
Who was always beginning things and never ended ’em.
  
TRADUCCIÓN
Aquí ricamente, con ridículo aparato,
El cadáver del Político fue depositado.
Mientras todos sus conocidos hacían escarnio y criticaban
Lloré: porque hacía mucho quería verlo colgado.
    
Otro sobre el mismo
Este, el último ornamento entre los pares,
Sobornó, maltrató, timó y chantajeó por años:
Pero a la Muerte es lo que incluso los Políticos fallan
En sobornar o timar, maltratar o chantajear.
    
Sobre otro político
El Político, muerto y vuelto al barro,
Hará fuerza para tener el viento lejos.
No soy aficionado al barril, y todavía dudo
Si yo mismo pueda tocar esa influencia.
    
Sobre otro más
La fama a su querida Shifter da gloria;
Y Shifter es inmortal mientras él vive.
    
Epitafio sobre sí mismo
Láuda tu Ilárion audácem et spléndidum,
Que siempre estaba empezando cosas y nunca las terminó.
  
HILAIRE BELLOC

* Alábate Hilario, audaz y espléndido.