martes, 3 de diciembre de 2019

FRANCISCO BERGOGLIO COMIENZA EL ADVIENTO CON UNA MISA EN LA JUNGLA AFRICANA

Noticia tomada de GLORIA NEWS.


El primer domingo de Adviento Francisco presidió en la Plaza San Pedro una Misa para la comunidad congoleña. Se llevó a cabo en el rito Zaire de 1988, el cual incorpora elementos africanos para promover la “inculturación”.
  
La Misa del Congo de Francisco marcó el 25º aniversario del establecimiento de la primera capellanía congoleña en Roma.
   
En el Ofertorio, hubo una música estilo Congo y una procesión con baile que transformó la basílica de San Pedro en una especie de jungla. Francisco pareció aburrido en los momentos en que se ululaba y se balanceaba (ver vídeo debajo).
   
Usuarios de Twitter están haciendo bromas sobre el show, pidiendo integrar jirafas, elefantes y danzas folklóricas en futuras celebraciones.
   
La Santa Comunión fue con frecuencia distribuida en la mano, aunque esta práctica es generalmente restringida o incluso negada en el interior del Vaticano.
  
DEL RITO ZAIREÑO (Por Jorge Rondón Santos)
El rito zaireño (en francés Rite zaïrois, oficialmente «Misal Romano para las diócesis del Zaire») es la adaptación congolesa del rito montiniano siguiendo la declaración Ad Gentes, fue promovido por el cardenal Joseph-Albert Malula, arzobispo de Kinshasa y padre conciliar (hizo parte de la Comisión de Liturgia), desde 1972 (en otras regiones del Zaire -antiguo Congo Belga, hoy Rep. Dem. del Congo). Fue aprobado mediante el decreto Zairénsium Diœcésium, del 30 de Abril de 1988 [Tomado de CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Notitiæ 264 (año 1988), pág. 457 En CONFERENCIA EPISCOPAL DEL ZAIRE (actual REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO), Présentation de la liturgie de la Messe. Supplément au Missel Romain pour les Diocèses du Zaïre, Kinshasa/Gombe, Editions du Secrétariat Général, 1989, pág. 4. Traducción propia]:
CONGREGATIO PRO CULTU DIVINO
 
Prot. 1520/85
  
DECRETO ZAIRÉNSIUM DIŒCÉSIUM, CONFIRMANDO EL MISAL ROMANO PARA LAS DIÓCESIS DEL ZAIRE
  
Después de largos años, los Obispos del Zaire, en aplicación de las normas del Concilio Vaticano II (cf. Sacrosánctum Concílium, n. 30) y en vista de promover una mejor participación en la celebración de la Eucaristía, alimentando el deseo de adaptar el Ordo Missæ a las costumbres y al genio del pueblo que les es confiado.
  
Un minucioso estudio de los dones de la tradición ha conducido a discernir, considerando bien todas las cosas, los elementos susceptibles de ser integrados en la Santa Liturgia.
  
Este estudio ha permitido a los Obispos proponer a la Sede Apostólica una nueva estructura de los ritos a fin de introducirlos, con su consentimiento, en la Liturgia de la Misa, quedando intacta la unidad fundamental del rito romano.
  
A la petición instante de Su Excelencia Monseñor Laurent MONSENGWO PASINYA, Obispo titular de Aquæ novæ in Proconsulári, Presidente de la Conferencia de los Obispos del Zaire, formulada en su carta del 24 de Septiembre de 1987, la Congregación para el Culto Divino, en virtud de las facultades concedidas a ella por el Soberano Pontífice JUAN PABLO II, aprobó voluntariamente y confirmó el texto del Ordinario de la Misa en su redacción en lengua francesa con anexo a los Preliminares, el Calendario y las Misas propias, cuyo texto está junto a este Decreto.
  
La edición hará mención de la confirmación concedida por la Sede Apostólica. Además, dos ejemplares de esta edición serán remitidos a esta Congregación. No obstando nada en contrario.
  
En la sede de la Congregación para el Culto Divino, en este Año Mariano, a 30 de Abril de 1988.
  
Paul Augustin Card. MAYER
                   Prefecto

                + Virgilio NOÈ, Arzobispo tit. de Voncaria
                   Secretario
Hay que tener en cuenta que en Bélgica (y por ende, en el Congo-Léopoldville), el Movimiento Litúrgico tuvo su mayor auge después de la guerra, y su epicentro era el monasterio de Mont-César, con su llamado a la participación activa de los fieles, y que en 1961, los obispos del Congo se quejaban de que la liturgia existente y llevada por los misioneros belgas era ajena a las culturas locales:
«La liturgia introducida en África todavía no está adaptada al carácter propio de nuestros pueblos, y por tanto ha quedado como extraña a ellos. El retorno a las auténticas tradiciones de la liturgia abre ampliamente el camino a una adaptación fundamental de la liturgia al ambiente africano. Así, una adaptación es muy necesaria para la edificación de la comunidad tradicional (pagana) en el terreno religioso, puesto que el culto es el elemento más importante que une a toda la comunidad. Solo una forma viva y adaptada de culto puede generar la indispensable profundidad de la fe que no puede ser dada por la sola instrucción… Un estudio elaborado y crítico de las costumbres religiosas como también un vivo contacto con la gente revelará las necesidades culturales fundamentales, y proporcionará los elementos necesarios para la elaboración de una liturgia africana viviente que sea sensible a las aspiraciones de los pueblos». [NWAKA CHRIS EGBULEM OP. The Power of Africentric Celebrations: Inspirations from the Zairean Liturgy. (New York: A Crossroad Publishing Company, 1996, págs. 33-34, traducción propia]
Es esencialmente el rito novusordiano, con las siguientes particularidades (todo cuanto sigue es sobre la versión solemne del rito zairense):
  • Antes de la celebración, hace presencia un anunciador diciendo: «Venid a la iglesia, traiga cada uno su ofrenda», que tocando una campana o un gong, insta a los fieles a hacer silencio. Luego anuncia el inicio de la celebración, presenta al presbítero, al diácono y los demás ministros, e invitan a los fieles y al coro a cantar.
  • El presbítero y los monaguillos (portando la cruz procesional, los ciriales y el turíbulo), ingresan danzando al templo hasta llegar al altar. El presbítero, con los brazos en U, besa la mitad de cada lado, y los ministros permanecen profundamente inclinados.
  • Hecha la señal de la cruz, se reza una letanía de los Santos, que incluye la invocación de los ancestros, así: 
    «℣. Pueblo santo del Cielo. ℟. Estad con nosotros»
    «℣. Vosotros que veis a Dios. ℟. Estad con nosotros»
    «℣. Venid, glorifiquemos juntos al Señor. ℟. Con todos los que celebramos esta Misa en este momento»
    «℣. Vosotros, nuestros antepasados con sincero corazón [N. del T. los que, sin conocer el Evangelio, vivieron según su conciencia y la ley natural]. ℟. Estad con nosotros»
    «℣. Vosotros, que ayudados por Dios le servisteis fielmente. ℟. Estad con nosotros»
    «℣. Venid, glorifiquemos juntos al Señor. ℟. Con todos los que celebramos esta Misa en este momento».
  • El Gloria es cantado y danzado (el presbítero y los ministros danzan alrededor del altar, los fieles en sus puestos). Acabado este, se canta la Oración colecta (todos con las manos levantadas).
  • Cada lector pide la bendición del celebrante antes de proclamar las perícopas correspondientes diciendo: «Padre, por favor bendíceme:/ que el Señor pueda ayudarme con su gracia,/ para que pueda proclamar bien la palabra de Dios».
    A lo que el sacerdote responde: «Que el Señor venga en tu auxilio/, para que tus ojos brillen/, para que la palabra proclamada por tu boca/ pueda consolar los corazones del pueblo».
    Y el lector dice «Amén». (El anunciador hace la introducción de la lectura).
  • Cuando el evangeliario es llevado al ambón, el que lo lleva baila. El presbítero entroniza el libro y dice:
    Presidente. Hermanos y hermanas, el Verbo se hizo carne.
    Asamblea. Y viene a habitar en medio de nosotros.
    P. Escuchémosle.
    Todos permanecen en silencio por unos instantes.
    P.
    La Buena Noticia, como San N. la ha escrito
    A. Gloria a ti, Jesucristo, gloria a ti. O: Se anuncia, se anuncia, estamos escuchando.
    Los fieles oyen el Evangelio sentados (en África Subsahariana, los mensajes importantes se oyen sentados, en señal de atención y respeto). Concluida la lectura:
    P. El que tenga oídos para oír,
    A. Oiga.
    P. El que tenga corazón para asentir,
    A. Asienta.
  • La homilía la hace o el presbítero o un laico, a la cual sigue el Credo (danzado también).
  • El acto penitencial (que se hace con la cabeza inclinada y las manos cruzadas sobre el pecho en forma de X, y cuya fórmula propia es la siguiente:
    «Hermanos y hermanas, la palabra de Dios nos ha iluminado. Sabemos que no siempre la hemos seguido. Pidamos al Señor que nos dé la fuerza que necesitamos para llevar una vida mejor.
      
    Señor Dios nuestro, como el insecto que se pega a nuestra piel y succiona nuestra sangre, el mal ha venido sobre nosotros. Nuestro poder de vida está debilitado. ¿Quién nos puede salvar? Nadie sino tu, oh Padre, Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
      
    Ante ti, oh Padre, ante la Virgen María, ante todos los Santos confesamos que hemos cometido errores: danos la fuerza que necesitamos para llevar una vida mejor. Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
      
    Ante nuestros hermanos, ante nuestras hermanas, confesamos que hemos hecho mal: dadnos la fuerza para llevar una vida mejor, preservadnos de recaer en la sombra. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
       
    Beatísimo Padre, restablece en nosotros lo que gastamos en el mal, perdona nuestras culpas a causa del sacrificio de tu Hijo Jesucristo, tu Espíritu pueda tomar posesión de nuestros corazones y puedan ser anegados nuestros pecados en las aguas profundas y silenciosas de tu misericordia»)
    es trasladado al finalizar el Evangelio o el Credo (según el caso). Durante el mismo, el presbítero celebrante asperja a los fieles con agua bendita, al son de los tambores tam tam. Le sigue el gesto de la paz, en el que la gente generalmente sacuden sus dos manos como signo de total apertura o aceptación. A veces esta sacudida de manos es precedida por el lavado de las manos en un recipiente común.
  • La oración de fieles (que por lo general es hecha según la localidad) la hace el anunciador, y durante la misma se quema incienso.
  • Los fieles hacen procesión de ofrendas, las cuales son entregadas al celebrante, quien las presenta cantando o hablando. Primero se entregan las que no sean pan o vino, luego el pan y el vino, con estas palabras: «Oh sacerdote de Dios,/ he aquí nuestras ofrendas,/ recíbelas:/ Ellas manifiestan nuestro espíritu / de solidaridad y compartir,/ y muestran que nos amamos unos a otros,/ como el Señor nos ama».
  • Antes de la liturgia eucarística, el anunciador hace sonar tres veces la campana o el gong diciendo: «Hermanos, hermanas, escuchad atentos».
  • Aunque se pueden usar los prefacios del misal romano, el Rito Zaireño cuenta con un prefacio y plegaria eucarística propias (adaptadas de la “Plegaria Eucarística II”): 
    P. Verdaderamente, Señor Es bueno que te demos gracias, que te glorifiquemos. A ti, Dios nuestro, A ti, nuestro Padre, A ti, el sol en el cual no podemos fijar nuestros ojos, A ti, que lo ves, A ti, dominador de todos los pueblos, A ti, dueño de todas las cosas. Te damos gracias por tu Hijo Jesucristo, nuestro mediador.
    A. Amén. Él es el único mediador.
    P. Padre Santo, te alabamos por tu Hijo Jesucristo nuestro mediador. Él es tu Palabra que da vida. Por él creaste el cielo y la tierra; Por él creaste las fuentes del mundo, los ríos, las fuentes, los lagos y todos los peces que viven en ellos. Por él creaste las estrellas, las aves del cielo, los bosques, las sabanas, las llanuras, las montañas y todos los animales que viven allí. Por él creaste las cosas que vemos y las que no vemos.
    A. Amén. Por él creaste todas las cosas.
    P. Tú lo estableciste como Señor de todas las cosas. Tú lo enviaste a nosotros para que pudiera ser nuestro Redentor y nuestro Salvador. Él es el Dios hecho hombre. Por el Espíritu Santo, Él se encarnó de la Virgen María. Creemos que es así.
    A. Amén. Creemos que es así.
    P.  Tú lo enviaste para reunir a todos los hombres para que ellos puedan formar un solo pueblo. Él obedeció, Él murió en la cruz, Él venció a la muerte, Él resucitó de entre los muertos.
    A. Amén. Él resucitó. Él venció a la muerte.
    P. Por eso es que con todos los Ángeles, con todos los Santos, con todos los muertos que están contigo, te decimos (cantamos) que eres santo.
    A. Santo,…
    El sacerdote continúa solo, con las manos extendidas: Tú eres santo, Señor, Dios nuestro. Tu único Hijo, Jesucristo, es santo. Tu Espíritu, el Paráclito, es santo. Tú eres Santo, Dios omnipotente, te suplicamos, escúchanos.
      
    El [Los] sacerdote[s] extiende[s] sus manos sobre la oblata, diciendo: Mira este pan, mira este vino, míralos: Santifícalos, que el Espíritu Santo descienda sobre estas ofrendas que te hemos traído: Que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que en la misma noche en que fue arrestado, tomó pan (toma el pan y lo sostiene para que el pueblo lo vea. Luego él[los] continúa[n]), te dio gracias, rompe el pan: y lo dio a sus discípulos, diciendo: TOMAD Y COMED, TODOS VOSOTROS, ESTE ES MI CUERPO, ENTREGADO POR VOSOTROS.
       
    Algún repique de campanas puede acompañar todas las palabras de la institución. El sacerdote muestra la hostia consagrada a los fieles. Los fieles pueden romper en aclamación a Cristo presente en el altar con una fórmula como: Oh Cristo, tú eres Dios, tú eres Señor o Señor mío y Dios mío.
       
    Luego, el sacerdote pone la hostia en el corporal. Luego el presidente (y los concelebrantes) se arrodillan o se inclinan un poco sin tocar el altar. Levantándose, continúa[n]: Así también, acabada la cena, tomó el cáliz. El presidente toma el cáliz. Dándote gracias, lo dio a sus discípulos diciendo: TOMAD Y BEBED, TODOS VOSOTROS, PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, SERÁ PARA VOSOTROS Y PARA MUCHOS LA REMISIÓN DE LOS PECADOS. HACED ESTO EN MEMORIA MÍA.
      
    El sacerdote muestra el cáliz a los fieles. Los fieles pueden romper en aclamación a Cristo presente en el altar con una fórmula como: Oh Cristo, tú eres Dios, tú eres Señor o Señor mío y Dios mío.
      
    Luego, el sacerdote pone el cáliz en el corporal. Luego el presidente (y los concelebrantes) se arrodillan o se inclinan un poco sin tocar el altar. Levantándose, el presidente dice (o canta): Es grande, el misterio de la fe.
    A. Tú has muerto, Señor. Lo creemos. Tú has resucitado. Lo creemos. Tú volverás en gloria. Lo creemos.
      
    El [Los] sacerdote[s] dice[n] con las manos extendidas: Señor Dios nuestro, recordamos la muerte y resurrección de tu Hijo. Te ofrecemos el pan de vida, te ofrecemos el cáliz de salvación, te agradecemos, por hacernos tus elegidos dignos de estar en tu presencia y servirte, Señor, Dios de misericordia: He aquí que comeremos el cuerpo de Cristo; comeremos la sangre de Cristo. Te pedimos: ten misericordia de nosotros, y envía tu Espíritu sobre nosotros, que tu Espíritu nos congregue, que todos seamos uno.
    A. Señor, que tu Espíritu nos congregue, que todos seamos uno.
      
    El [Los] sacerdote[s] dice[n] con las manos extendidas: Señor, recuerda a tu Iglesia. Está extendida por todo el mundo. Que todos los cristianos se amen unos a otros como tú nos amas. Recuerda a nuestro Papa N. Recuerda a nuestro Obispo N. Recuerda a los que están fielmente guardando la fe apostólica; que vivan en justicia y santidad.
    A. Señor, recuérdalos a todos ellos.
    P. Señor, recuerda a nuestros hermanos que han muerto en la esperanza de la resurrección o para ser salvos. Recuérdalos a todos ellos. Recuerda a todos los que han dejado esta tierra, de los cuales conoces la rectitud de sus corazones. Recuérdalos a todos ellos. Recíbelos en tu presencia, que puedan ver tu rostro.
    A. Señor, recuérdalos a todos ellos.
    P. Señor, te rogamos, acuérdate de todos nosotros, para que podamos ser recibidos en tu presencia algún día. Donde moras con la Santísima Virgen María, madre de Dios, su esposo San José, los Apóstoles y los santos de todos los tiempos, todos los que amas, y los que te han amado. Que podamos estar en tu presencia para alabarte y glorificarte por tu Hijo, Jesucristo, Nuestro Señor.
    Los fieles se levantan y toman la postura de oración. El sacerdote toma la patena con la hostia y el caliz, y elevándolos al nivel de los ojos, dice o canta con los concelebrantes: Señor, que podamos glorificar tu nombre, tu honorable nombre: Padre, Hijo, Espíritu Santo.
    A. Que podamos glorificar tu nombre, hoy, mañana, y por los siglos de los siglos. Amén.
       
    O cuando cantan la doxología:
    P. Señor, que podamos glorificar tu nombre.
    A. ¡Amén!
    P. Tu nombre.
    A. ¡Amén!
    P. Muy honorable.
    A. ¡Amén!
    P. Padre.
    A. ¡Amén!
    P. Hijo.
    A. ¡Amén!
    P. Espíritu Santo.
    A. ¡Amén!
    P. Que podamos glorificar tu nombre.
    A. ¡Amén!
    P. Hoy.
    A. ¡Amén!
    P. Mañana.
    A. ¡Amén!
    P. Y por los siglos de los siglos.
    A. ¡Amén!
       
    O:
    P. Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
    A. Amén.
  • Los fieles reciben la “comunión” en la mano y se van, danzando, a sus puestos, donde la consumen.
  • Después de la oración post-comunión, se dan los anuncios y la bienvenida a los huéspedes.
  • Acabado el servicio (que puede durar 2½ horas), salen en procesión hasta fuera del templo.
  • Los ornamentos y mobiliario (y en algunos casos, hasta los vasos sagrados) se basan en la idiosincracia local. Los ornamentos tienen un arreglo cromático donde el color de fondo es dominante, y la decoración es de los colores complementarios.
Aunque se ha presentado como un intento de acercar la liturgia a la mentalidad del congoleño, la realidad es que este ritual fue el aspecto litúrgico de la “Zairenización” llevada a cabo por el dictador cleptócrata Joseph-Désiré Mobutu Sese Seko durante los 70, que produjo gran miseria en su nación (Mobutu llegó a decir: «la clave del éxito es robar poco a poco, para que los demás no se den cuenta»). Y en cuanto al mismo Mulala, cuando fue consagrado como obispo auxiliar de Léopoldville (actual Kinshasa), en Julio de 1959, prometió
«una Iglesia congoleña en un Estado congoleño, una Iglesia que se revista de un rostro verdaderamente congoleño, en su expresión teológica y filosófica, en la evangelización e igualmente en su liturgia. El hecho de que los valores congoleños los valores africanos sean insertados en la liturgia, a fin de que el pueblo comprenda de qué trata, algo que pruebe que la Iglesia es su Iglesia, y no alguna cosa importada, sino al contrario, que es algo encarnado».

6 comentarios:

  1. No comprendo ciertas cosas en la Iglesia. El rito zaireño es una parodia. No se puede jugar con las cosas sagradas.
    En verdad cuando leí los Comentarios a la Constitución de Sacra Liturgia del Vaticano II (ed. BAC) sentí escalofríos. De aquellos polvos estos lodos. Estamos en una pendiente resbaladiza. No comprendo como Juan Pablo II hizo tanto daño en la práctica. Ahora Francisco saca las conseccuencias de los imprudentes e insensatos del Concilio.
    De todas formas no veo herejías en el texto de la Misa. Otra cosa es el deplorable espectáculo.

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    1. Estás más ciego que un árbitro de fútbol. Ya ese texto es suficientemente herético con la sola aprobación de wojtyla.

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    2. Peor que el rito zaireño es la “misa india” que Duraisamy Simon Amalorpavadass (hermano del cardenal Lourdusamy) creó en 1971. Allí hay muchísimos elementos de la idolatría hinduísta; y se puede colegir de ella los efectos de un “rito amazónico” (cuya antesala fue el Sínodo).

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    3. Sr. Anónimo, distinga entre la herejía material y la formal. En la primera hay ignorancia, en la segunda hay culpa. Incluso hay más grados: ofensivo a los piadosos oídos, escandalaso etc. En ese sentido hablo. Trato de atenuar la responsabilidad. Trato de excusarles en cuanto teológicamente sea posible. A mí no me gusta lo que esta pasando, que quede claro.
      Y salga del anonimato.

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    4. Ellos no tienen ninguna excusa. Todos ellos proceden conscientemente y a sabiendas, por tanto son herejes formales.

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  2. El hecho de que el rito zaireño se base precisamente en una “plegaria eucarística” hecha por Louis Bouyer y dom Bernard Botte OSB a las apuradas en una trattoría de Roma, en pleno almuerzo y sobre una servilleta, a partir de una reconstrucción hipotética del Canon de Hipólito hecha años atrás por el último y que, para más inri, tiene adulterada la Forma (palabras consecratorias) y pugna contra el dogma Fuera de la Iglesia No hay Salvación («℣. Vosotros, nuestros antepasados con sincero corazón [N. del T. los que, sin conocer el Evangelio, vivieron según su conciencia y la ley natural]»), sumado a saber quién la aprobó, permiten inferir que se trata de un texto herético y heretizante.

    Como nota adicional, en el ofertorio era visible el ennui (aburrimiento crónico) tanto de Bergoglio como de los oferentes.

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