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sábado, 30 de noviembre de 2024

NOVENA EN HONOR A SANTA FRANCISCA JAVIER CABRINI

Traducción y adaptación de la Novena compilada en inglés por las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús en 1944. Nihil obstat por Mons. Salvatore Natucci, Promotor general de la Fe, e Imprimátur por Mons. Paolo Castiglioni, Obispo auxiliar y Vicario general del Arzobispado de Milán, el 3 de Noviembre de 1938. La letanía no tiene autor conocido.

NOVENA EN HONOR A SANTA FRANCISCA JAVIER CABRINI
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

DÍA PRIMERO – 13 DE DICIEMBRE
Oh Santa Francisca Javier Cabrini, tú que obtuviste el premio de la gloria celestial por tu vida virtuosa, oye la oración que confiadamente deposito en ti, y por tus méritos, haz que llegue hasta Dios y sea aceptada.

Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria.
      
INVOCACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Oh Señor, Dios Padre omnipotente y misericordioso, dirige tu mirada sobre nosotros y por los méritos de tu fidelísima sierva Santa Francisca Javier Cabrini, concédenos la gracia de la cual tenemos tanta necesidad, si esta es conforme a Tu Santísima voluntad. Santa Francisca Javier Cabrini, ruega por nosotros. Tres Gloria Patri.
Oh Señor, Dios Hijo igual al Padre hecho hombre por mi amor, por aquel fervoroso amor que tu sierva Santa Francisca Javiera Cabrini tuvo por tu Divino Corazón, dad gloria al Padre Celestial, líbranos del mal que nos aflige y concédenos la gracia de la cual tenemos necesidad. Santa Francisca Javier Cabrini, ruega por nosotros. Tres Gloria Patri.
Oh, Dios Espíritu Santo, consolador de los afligidos, por la ternísima devoción que Te profesó tu sierva Santa Francisca Javier Cabrini, concédenos el milagro que esperamos, socórrenos en nuestras necesidades y concédenos la gracia que tanto deseamos. Santa Francisca Javier Cabrini, ruega por nosotros. Tres Gloria Patri.
Oh Dios Padre, oh Dios Hijo, oh Dios Espíritu Santo, creo en Vos, espero en Vos, os amo sobre todas las cosas, y espero que escucharéis nuestra oración, por la mayor gloria de vuestros Santos tened piedad de nosotros, concedednos el favor que os pedimos y sea a Vos solo el honor y la gloria por todos los siglos. Amén.
   
ORACIÓN FINAL
Oh Santa Francisca Javier Cabrini, tú que pusiste toda tu confianza en el Sagrado Corazón de Jesús y encontraste en Él la clave de la perfección y la fortaleza para ser Apóstol del Evangelio de Cristo por el mundo entero, mira propicia desde la gloria del Cielo sobre los que con amor y confianza recurren a tu intercesión.
   
Tú, que con afecto maternal has endulzado las temporales y espirituales aflicciones de los desterrados de este mundo, muéstrame en la peregrinación de esta vida tu protección materna, y suplícale al Sagrado Corazón de Jesús me conceda las gracias tan necesarias para llegar a su patria celestial.
   
Oh Santa Francisca Javier Cabrini, escucha benignamente las plegarias que a ti dirijo y consígueme los favores que tan ardientemente suplico (Aquí se menciona la petición). Pero sobre todo, consígueme la gracia de verme unido con los que, por tuya intercesión, cantan las alabanzas y glorias de Dios, nuestro Señor. Así sea.
   
LETANÍA DE SANTA FRANCISCA JAVIER CABRINI
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las vírgenes, ruega por nosotros.
Santa Francisca Javier Cabrini, ruega por nosotros.
Fiel sierva de Dios, ruega por nosotros.
Misionera del Sagrado Corazón, ruega por nosotros.
Amante de Jesús, ruega por nosotros.
Maestra Santa, ruega por nosotros.
Protectora de la inocencia de las niñas, ruega por nosotros.
Apóstol de la juventud, ruega por nosotros.
Cazadora de almas, ruega por nosotros.
Patrona de la Acción Católica, ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.
Madre de los pobres, ruega por nosotros.
Madre de los huérfanos, ruega por nosotros.
Madre de los migrantes, ruega por nosotros.
Refugio de los abandonados, ruega por nosotros.
Consuelo de los prisioneros, ruega por nosotros.
Ejemplo de obediencia, ruega por nosotros.
Amante de la pobreza, ruega por nosotros.
Ángel de pureza, ruega por nosotros.
Ejemplo de humildad, ruega por nosotros.
Espejo de paciencia, ruega por nosotros.
Víctima del Divino Amor, ruega por nosotros.
Consoladora de toda miseria humana, ruega por nosotros.
Modelo de devoción al Vicario de Cristo, ruega por nosotros.
Mensajera de paz, ruega por nosotros.
Peregrina de Cristo, ruega por nosotros.
Símbolo de unión entre los pueblos, ruega por nosotros.
Gloria de América, ruega por nosotros.
Bienhechora del género humano, ruega por nosotros.
Consolación de los que te invocan, ruega por nosotros.
Abogada nuestra ante el Sagrado Corazón, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
    
℣. Ruega por nosotros, Santa Francisca Javier Cabrini.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
     
ORACIÓN
Oh Señor Jesucristo, que para ganar almas para Ti condujiste en sus largos y repetidos viajes a la bienaventurada virgen Santa Francisca Javier, inflamada con la llama de amor de tu Sacratísimo Corazón, y que por ella suscitaste en tu Iglesia una nueva familia de vírgenes, te suplicamos nos concedas por su intercesión, revestirnos de las virtudes de tu mismo Corazón, y que merezcamos llegar al puerto de la eterna bienaventuranza. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO – 14 DE DICIEMBRE
Por la señal…
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
Oh Santa Francisca Javier Cabrini, tú que durante tu vida experimentaste amarguras y sinsabores, mira con benevolencia en la hora de sus necesidades a quien recurre a ti confiadamente.

Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones y la Letanía se dirán todos los días.
   
DÍA TERCERO – 15 DE DICIEMBRE
Por la señal…
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
Santa Francisca Javier Cabrini, tú que con filial confianza recurriste a la Omnipotencia Divina en todas tus necesidades, intercede por mí y obtenme la gracia que ardientemente deseo.

Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones y la Letanía se dirán todos los días.
   
DÍA CUARTO – 16 DE DICIEMBRE
Por la señal…
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
Oh Santa Francisca Javier Cabrini, tú que dijiste con el Apóstol, «Todo lo puedo en Aquel que me conforta», ahora que vives gloriosamente con tu Celestial Esposo implora de Él la gracia que te pido.

Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones y la Letanía se dirán todos los días.

DÍA QUINTO – 17 DE DICIEMBRE
Por la señal…
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
Oh Santa Francisca Javier Cabrini, tú que fuiste enriquecida por el Espíritu Santo, con gracias Celestiales, obtén para mí de este Espíritu Divino, que me conforte en mis necesidades.

Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones y la Letanía se dirán todos los días.
   
DÍA SEXTO – 18 DE DICIEMBRE
Por la señal…
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
Oh Santa Francisca Javier Cabrini, tú que fuiste guía y maestra de muchas almas errantes, obtén para mi también la firme creencia de que alcanzarás de Dios lo que pidas para mí.

Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones y la Letanía se dirán todos los días.

DÍA SÉPTIMO – 19 DE DICIEMBRE
Por la señal…
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
Oh Santa Francisca Javier Cabrini, tú que con sumo regocijo impartiste en la tierra tu auxilio como la más tierna Madre, extiende sobre mi también tu misericordia y protección.

Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones y la Letanía se dirán todos los días.
  
DÍA OCTAVO – 20 DE DICIEMBRE
Por la señal…
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
Oh Santa Francisca Javier Cabrini, tú que asististe a los enfermos con exquisita generosidad, mira con misericordia mis sufrimientos y obtenme la gracia que confiadamente solicito.

Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones y la Letanía se dirán todos los días.
   
DÍA NOVENO – 21 DE DICIEMBRE
Por la señal…
℣. Dios mío, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
Oh Santa Francisca Javier Cabrini, tú que a través de la tierra esparciste el bálsamo de inextinguible serenidad sobre la pesadumbre de los corazones heridos, extiende a mi también tu ayuda acogiendo la oración que devotamente deposito en tu corazón.

Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Las demás oraciones y la Letanía se dirán todos los días.

domingo, 10 de marzo de 2024

UNA SANTA CONVERTIDA EN FEMINISTA: LA PELÍCULA “Cabrini”


El 8 de Marzo, fue estrenada en cines de Estados Unidos la película “Cabrini”, sobre la vida y obra de Santa Francisca Javier Cabrini, la primera santa en suelo estadounidense. Fuera del aspecto técnico que la música es insoportable y tediosa, es una película que de católica, pocón pocón como muchas producciones (aunque en honor a la verdad, conociendo la industria y quién la controla, ya de por sí es raro en todos tiempos que se hagan películas de interés católico, por lo que cuando salen deben analizarse concienzudamente). Y este es el caso, como se deduce por la reseña hecha por Thomas V. Mirus para Catholic Culture:
“Cabrini” SECULARIZA A UNA SANTA
   
Después de ver “Cabrini”, la nueva película biográfica de la gran santa misionera que sirvió a los inmigrantes pobres en Nueva York, leí otras reseñas católicas de la película y algo me pareció extraño. Los críticos parecieron admitir, tácita o explícitamente, lo que observé en mi propio visionado: la película contiene poco sobre Dios, la oración o la fe católica en general. Sin embargo, curiosamente, muchos de estos críticos no concluyen que éste sea un defecto fatal en una película sobre un santo católico.
   
Para ser honesto, a pesar de que el productor ejecutivo y el director de la película eran católicos, realmente no esperaba que la compañía mormona Angel Studios distribuyera una película totalmente católica, una que presentara la profunda devoción de Santa Francisco al Sagrado Corazón, por ejemplo. Pero si bien retrata admirablemente a Cabrini dedicándose al servicio de los pobres y ganándose los corazones de jóvenes rufianes (en escenarios impresionantes que transmiten la vieja Nueva York), la película apenas es genéricamente cristiana en su enfoque, enfatizando en cambio el impulso personal de Cabrini (con un fuerte acento feminista), el trabajo social y la omnipresencia de la discriminación antiitaliana en la Nueva York del siglo XIX (pero nada en absoluto sobre la intolerancia anticatólica que la acompaña).
  
Los símbolos de la historia sobre sacerdotes, obispos y monjas vestidas son, en su mayor parte, meros símbolos. Cabrini casi nunca menciona a Dios, incluso cuando intenta convencer al clero de que apoye su trabajo, y prácticamente nunca se la ve orando, ni siquiera en su lecho de muerte. En un momento les dice a sus hermanas que pueden hacer «todo en Aquel que nos fortalece», pero se pone mucho más énfasis en su propia fuerza como mujer.
   
Las iglesias son un escenario para la conversación o la confrontación más que para la oración. Hay una escena que comienza con la implicación de que Cabrini ha estado sentada en una capilla toda la noche, y podemos suponer que ha estado orando, pero incluso este es el punto de partida para una conversación que se centra totalmente en su propio impulso y determinación. en el que otro personaje se refiere al hábito de Cabrini como una “armadura” que parece referirse más a su propia fuerza femenina que a su consagración a Dios.
   
La evitación del contenido religioso por parte de la película es particularmente evidente en dos escenas. En la primera, una ex prostituta que ha estado ayudando a las monjas llega a Cabrini después de matar a su proxeneta en defensa propia. Ella llora: «No hay suficiente agua en el mundo para limpiarme». Cabrini responde:
«Cuando te miro, ¿sabes lo que veo? Veo una mujer fuerte. Veo coraje. Lo veo brillar a tu alrededor. Se necesita mucho coraje para convertirnos en quienes debemos ser. Tenemos algo en común… Ambas somos supervivientes. No podemos elegir cómo venimos al mundo, pero Dios nos dio la libertad de elegir cómo vivimos en él».
Hay una referencia a Dios, pero es demasiado poca y demasiado tarde después de que esta clara oportunidad para las imágenes bautismales haya sido desperdiciada en favor del lenguaje anacrónico de la supervivencia.
   
Esto es típico del enfoque humanista de la película sobre el trabajo social de Cabrini: mientras se nos dice que hay que ayudar a los inmigrantes italianos porque son seres humanos y, de hecho, hijos de Dios, e incluso que en la hora de nuestra muerte se nos preguntará qué hicimos por los pobres, hay muy poco acerca de llevarles el Evangelio.
   
Otro momento particularmente atroz ocurre después de que el alcalde envió a la policía para disolver un Festival de la Herencia Italiana organizado por las monjas y Cabrini fue arrestada (dejo que los historiadores juzguen la exactitud de los incidentes de la película; aquí examino su espíritu). Después de su liberación, entra en el Ayuntamiento y exige ver al alcalde. Uno de sus representantes ladra: «¿Quién diablos te crees que eres?». En respuesta, Cabrini grita: «¡Soy una mujer, soy italiana y he terminado con hombrecitos como tú!». Continúa diciendo algo sobre cómo todos somos seres humanos e hijos de Dios, pero para entonces la fuerza de su diatriba ya se está disipando, habiéndose gastado en la chispa más importante.
   
Desde el principio, la relación de Cabrini con la Iglesia institucional se presenta como de confrontación; aunque no es que la película la enfrente específicamente a la Iglesia, sino más bien a las figuras masculinas de autoridad en general. En cualquier caso, juega contra la burocracia eclesiástica para poder conseguir el poder que le permita cumplir sus ambiciones caritativas y demostrar su valía como mujer (al menos la película destaca su obediencia a las órdenes directas).
   
Sin duda, a Cabrini a veces se le dan motivos para ser combativa; pero a menudo, cuando conoce por primera vez a alguien de quien necesita algo, hay una tensión de confrontación en su comportamiento incluso antes de sentirse ofendida. Particularmente desagradable es su actitud durante su primer encuentro con el arzobispo de Nueva York; ella inmediatamente intenta poner la autoridad del Papa en contra de la suya y sonríe cuando él afirma correctamente que el Papa le ha dado la prerrogativa de tomar decisiones para su propia diócesis (esta tendencia a saltar inmediata e innecesariamente a la hostilidad en lugar de la diplomacia y la colaboración no es sólo una forma de crear drama, sino que a menudo es parte del arquetipo de la “mujer fuerte” de la cultura popular; ver también la entrada temeraria de Galadriel a la corte numenóreana en El Señor de los Anillos: Los anillos de poder de Amazon. O, pensándolo bien, no la veo).
   
Las mayores luchas de Cabrini en la película no son de naturaleza espiritual, sino burocráticas, ya sea en la Iglesia o en el Estado. Su victoria final no se obtiene mediante su oración o su santidad, sino mediante maquinaciones políticas, promesas de votos y amenazas. En el diálogo final de la película, mientras la música alcanza el clímax emocional de esta victoria, ella mira casi a la cámara y dice: «Los hombres nunca podrían hacer lo que nosotras hacemos».
   
Ahora bien, algunos de los críticos católicos de la película no han pretendido que “Cabrini” sea más religioso de lo que realmente es. Y no le guardo rencor a ningún crítico individual por su opinión honesta: para algunos, el retrato que hace la película de una figura histórica católica haciendo buenas obras puede ser suficiente para recomendarla. Quizás también algunos católicos hayan desarrollado un gusto por este tipo de mensajes feministas, o quizás nos hayamos vuelto insensibles a ellos en comparación con las cosas francamente espeluznantes que nos rodean hoy. Independientemente de las razones individuales de cada crítico, al examinar la respuesta crítica, no puedo evitar pensar que estamos pidiendo muy poco a nuestras películas religiosas.
   
Ni siquiera hablo de bajas expectativas artísticas. La falta de cine católico de calidad ha sido durante mucho tiempo una perogrullada, y pocos críticos de películas de las principales publicaciones católicas son amantes del cine dedicados. Lo que me sorprende aquí es el bajo nivel de escrutinio dirigido a los elementos religiosos y espirituales de una película como “Cabrini”. Mi impresión es que en nuestro entusiasmo por el hecho de que nuestra pequeña subcultura finalmente esté obteniendo películas “reales” (es decir, con una calidad de producción al nivel de Hollywood), estamos demasiado dispuestos a pasar por alto la falta de un espíritu verdaderamente religioso.
    
Cuando los católicos secularizan a un santo
No son sólo los críticos, sino también los cineastas quienes parecen tener la vista demasiado baja. Mencioné anteriormente el liderazgo mormón de Angel Studios, pero en verdad, los déficits católicos de Cabrini no se pueden culpar a ejecutivos no católicos, ya que la película no fue concebida teniendo a Angel en mente como distribuidor. En cambio, debemos enfrentar la realidad de que esta película fue realizada por un equipo católico.
   
“Cabrini” es una creación del productor ejecutivo James Eustace Wolfington Johann, un hombre de negocios católico a quien Mary Louise Sullivan, una hermana de la orden de Cabrini, se acercó para pedirle que hiciera una película sobre Santa Francisca. Según un artículo sobre la génesis de la película, «Wolfington finalmente cedió en 2018, pero bajo dos condiciones: primero, que se le permitiera hacer una película sobre una mujer extraordinaria que resultó ser monja, y segundo, que la película fuera una caridad».
      
Si se tratara de una película imbuida de fe, podríamos interpretar «solo resultó ser una monja» en el sentido de que Wolfington deseaba llamar la atención de los espectadores sobre el llamado universal a la santidad que Santa Francisca siguió en su particular estado de vida. Pero dado el resultado humanista y secularizador, está bastante claro que este proyecto fue concebido desde el principio para que la identidad religiosa de su protagonista fuera bastante incidental. Pero esto es fracasar antes de haber comenzado. Obviamente, no es así como Santa Francisca Javier Cabrini se habría entendido a sí misma.
   
El productor principal Jonathan Sanger dijo que como inicialmente pensó que sería una película sobre una santa, se mostró reacio a hacerla porque no sería identificable. Pero Wolfington inmediatamente lo desengaño: «No, esta es una película que es una historia de empoderamiento de la mujer, a pesar de que ella se convirtió en santa más tarde». “Cabrini” es un proyecto concebido por un católico decidido a evitar lo más importante en la vida de su sujeto.
   
Wolfington encontró un director para su proyecto en José Alejandro Gómez Monteverde, el director católico de “Bella” y “Sonido de Libertad”, y un guionista en Rod Barr, cuya religión desconozco. Monteverde también defiende la decisión de restar importancia a los elementos espirituales específicamente católicos como una manera de hacer la película accesible a un público acatólico.
   
Podemos ser comprensivos con la situación de los cineastas católicos. Tanto a nivel evangélico como artístico, muchos artistas no quieren predicar al coro. A nivel comercial hacer una película es muy caro; hay que convencer a los productores y distribuidores de que hay público para el proyecto.
   
Pero sólo hasta cierto punto puedes “adaptarte” para llegar a una audiencia antes de terminar falsificando tu tema. ¿Con qué fin intentas llegar a un público más amplio, sino para decir algo que sólo tú, un director católico, y sólo esto, la historia de un santo católico, podría comunicar? Hacer una película sobre un santo que no transmite santidad, que reemplaza los motivos espirituales por otros mundanos, no parece que valga la pena. Es como hacer una película sobre Jesús a partir de la edición del Nuevo Testamento de Thomas Jefferson. 
   
Una comparación de “Cabrini” con “Una vida oculta” de Terrence Malick desmiente la supuesta necesidad de restar importancia a la fe para que el arte de uno sea identificable o auténtico. Malick es episcopal, y su interpretación del mártir católico Franz Jaggerstater, como la “Cabrini” de Monteverde, omitió muchos elementos específicamente católicos, como la práctica de Franz de los primeros viernes y su vida sacramental en general. Al igual que “Cabrini”, “Una vida oculta” retrataba al santo interactuando con un clero inútil (lo cual no era falso sino incompleto), de modo que el énfasis estaba más en el beato. La espiritualidad y la conciencia personal de Franz. Sin embargo, aunque se puede acusar a Malick de reducir a su héroe a un cristiano genérico, la santidad de Franz sigue siendo inconfundible y la película está impregnada de oración. Al final, “Una vida oculta”, realizada por un protestante para un público secular de autor, es una película mucho más cristiana que “Cabrini”, realizada por un equipo católico y distribuida por un estudio que atiende a la subcultura cristiana conservadora.
   
A riesgo de insistir, también podríamos preguntar: «¿Habría sido “Cabrini” muy diferente si la hubiera hecho un no cristiano que admiraba el trabajo social de Cabrini pero no se preocupaba por su fe?». Quizás hubiera sido más ofensivo, pero creo que en general una producción así habría llegado a los mismos puntos que ésta. Habría algunas menciones a Dios, pero el énfasis habría estado en el bien social, el racismo contra los inmigrantes y Cabrini como mujer pionera. Para enfatizar este último punto, el guión tendría a varios hombres diciéndole a Cabrini que «se quede donde pertenece», tal como escuchamos en “Cabrini”.
   
Lo que tenemos en “Cabríni”, entonces, no es tanto el fracaso en retratar bien a un santo, sino la elección de apenas intentar retratar a un santo. El hecho de que esta elección haya sido hecha por un equipo católico, por razones que le resultarán muy familiares a cualquier artista católico (porque él mismo las ha escuchado o considerado), ofrece mucho material para la reflexión fuera del alcance de este artículo.
  
Dejando a un lado el juicio sobre esta película en particular, aquellos interesados ​​en esta cuestión general de hacer arte religioso que llegue al público encontrarán sabiduría en el libro de Henri de Lubac “Paradojas de la fe”, específicamente en los capítulos sobre “Testigo” y “Adaptación”. En este último escribe:
«La primera pregunta no es “cómo presentar” sino “cómo ver” y “cómo pensar”… Proponerse deliberadamente popularizar, adaptar, llegar al mayor número de personas no es ilegítimo ni siempre inútil. Pero te condena infaliblemente a un trabajo popular mediocre, banal, insignificante. Esta ley no admite excepción más que la propia ley de contradicción».
Para el artista católico, la advertencia de nuestro Señor sobre la pérdida de sabor de la sal resuena con doble tono.
En resumen, “Cabrini” es una pieza de propaganda “despiertita” y feminista (no por nada se estrenó el 8 de Marzo, que en el calendario mundano es el comunista “Día de la mujer”) que en nada refleja el catolicismo de Santa Francisca Javier Cabrini (aunque ¿qué se podía esperar del mormón Angel Studios, productor de la blasfema serie “Los elegidos” y el panfleto de propaganda estadounidense “Sonido de libertad”?). Por tanto, NINGÚN CATÓLICO DEBE VER ESE FILME.

sábado, 22 de diciembre de 2018

SANTA FRANCISCA JAVIER CABRINI, ARDIENTE MISIONERA DE LAS AMÉRICAS

   
«Santa activa, audaz, sin desfallecimientos, siempre unida a Dios y confiada en el Corazón de Jesús, alma de cruzado y corazón compadecido con todas las desgracias» [1]
 
Santa Francisca Javier Cabrini
   
Así la describió el Papa Pío XII: «Heroína de los tiempos modernos […] imagen de la mujer fuerte, conquistadora del mundo, con pasos audaces y heroicos a través del curso de su vida mortal» [2].
  
María Francisca, hija de Agustín Cabrini, fue la menor de una familia de trece hijos. Su madre tenía ¡52 años! cuando abrió sus ojos prematuramente en Sant’Angelo Lodigiano, en Lombardía (Italia), el 15 de julio de 1850. Nació menuda, frágil y de aspecto tan enfermizo, que la llevaron inmediatamente a la iglesia para que la bautizaran por miedo de que falleciera pagana.
  
“Cecchina”, como la llamaban en casa, a pesar de débil y enfermiza, crecía con una sólida piedad. «Siendo muy niña, aprendió a amar la oración, siguiendo el espléndido ejemplo de sus padres, hermanos y hermanas» [3]. Fue confirmada a los siete años y recibió la primera comunión a los diez. A los 11 hizo voto de castidad.
   
Cuando terminaba el trabajo en su pequeña propiedad rural, Agustín tenía el hábito de reunir a su numerosa prole en la gran cocina y leer un libro de piedad. Frecuentemente leía las aventuras de los misioneros por el mundo. Cecchina oía con mucha atención, abrasada por el deseo de algún día ser también misionera.
   
A los 13 años de edad ingresó en una escuela dirigida por las Hijas del Sagrado Corazón, donde estudió cinco años, graduándose como maestra. A esa altura, con 18 años, pidió su admisión entre aquellas religiosas, pero no fue aceptada a causa de su frágil salud.
 
Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón
Comenzó entonces a dar lecciones de Catecismo a los niños. En 1874 fue llamada para reorganizar un orfanato muy mal dirigido en Cadogno. Más tarde, el obispo de Lodi, reconociendo sus extraordinarias cualidades morales, intelectuales y administrativas, le dijo un día: «Queréis ser misionera. El tiempo está pronto. No conozco ninguna comunidad de hermanas misioneras. Por lo tanto, debéis fundar una». Francisca apenas respondió: «Voy a conseguir una casa». Y el 14 de noviembre de 1880, con siete compañeras, tomó posesión de un antiguo convento franciscano abandonado, colocando en su puerta el letrero: Instituto de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón. Estaba fundada su obra. Como patronos del nuevo instituto Francisca escogió a San Francisco de Sales y a San Francisco Javier [4].
  
El nuevo instituto creció rápidamente y en pocos años poseía casas en toda Italia. La Madre Cabrini pensó entonces en fundar una en la capital de la Cristiandad. Pero el cardenal vicario de la Santa Sede le respondió: «¡Cómo! ¿Una comunidad fundada hace apenas siete años quiere establecerse en Roma y ser aprobada? ¡Eso es demasiado!». Santa Francisca no se desanimó. Y poco después el mismo cardenal la autorizaba a abrir no una, sino dos casas en la Ciudad Eterna. León XIII la animó a proseguir con sus fundaciones y le recomendó que, en lugar de ir al Oriente como pedía, debía hacerlo a Occidente.
  
Sucedió entonces que el obispo de Piacenza, Mons. Juan Batista Scalabrini, muerto en olor de santidad, había fundado justamente la Congregación de San Carlos Borromeo, para atender a los miles de inmigrantes italianos que se dirigían al Nuevo Mundo. Y persuadió a la Madre Cabrini a unirse a su obra, secundando a los misioneros.
 
«Casi a los 40 años de edad, comienza aquella serie ininterrumpida de viajes, realizados con el entusiasmo y ardor que la hacían escribir, al surcar las aguas del mar Caribe, esta frase digna de un nuevo Alejandro: “El mundo me parece muy pequeño, y no descansaré hasta que sobre mi Instituto no se ponga el sol» [5].
  
Santa Francisca con seis monjas desembarcaron en Nueva York el 31 de marzo de 1889, en la primera aventura de una larga epopeya. En poco tiempo, a pesar de su extrema pobreza y de toda clase de dificultades, fundaron un orfanato. Para alimentar al creciente número de huérfanos que a él acudían, las monjas tenían que salir a las calles a pedir donaciones de ropa, alimentos o dinero.
  
«Todo lo puedo en aquel que me conforta»
Haciendo suyas las palabras de San Pablo «Todo lo puedo en aquel que me conforta» (Fil 4, 13), la Madre Cabrini abrió jardines de infancia, escuelas, colegios, hospitales y clínicas para inmigrantes pobres.
   
En poco tiempo, con una energía insospechada en aquel cuerpo pequeño y frágil, estableció casas en Argentina, Brasil, España, Francia, Inglaterra y Nicaragua.
  
En 1909, al considerarlo ventajoso para su instituto, Santa Francisca Javier se hizo ciudadana de los Estados Unidos a los 59 años de edad. «Ella entendió la mentalidad norteamericana y, de otro lado, los americanos, en su admiración por la completa dedicación de la “pequeña hermana” al trabajo de Dios, la asistieron generosamente» [6].
  
El 22 de diciembre de 1917, con 67 años de edad, la Madre Cabrini falleció repentinamente en el hospital que había fundado en Chicago, a consecuencia de una recaída de la malaria contraída en el Brasil.
  
Poco después de su muerte comenzó la fama de su santidad. Todos querían su beatificación. Pero sucedió que, de acuerdo con el canon 2101 del antiguo Código de Derecho Canónico, debían transcurrir 50 años después del fallecimiento del Siervo de Dios antes que se examinase la heroicidad de sus virtudes. Pío XI, que había conocido a la Madre Cabrini, concedió la dispensa necesaria. Así, el 21 de noviembre de 1937, Francisca Javier fue declarada venerable y, al año siguiente, el 13 de noviembre de 1938, se convirtió en la primera ciudadana norteamericana en ser beatificada. Como los milagros por su intercesión continuaban, fue canonizada el 7 de julio de 1946, apenas 29 años después de su muerte, y declarada Patrona de los Inmigrantes.
   
«Cartas que respiran llamas de amor»
En sus largos viajes marítimos, Santa Francisca Javier aprovechaba el tiempo para escribir a sus hijas que se habían quedado en Italia o en alguna de las casas del Instituto esparcidas por el mundo. Estas cartas son su testamento espiritual. En ellas se refleja su alma pura y sin mancha, llena de alegría y sentido común, pero sobre todo de espíritu sobrenatural y celo por la salvación de las almas.
   
El P. Octavio Turchi S.J., que hizo la introducción a sus cartas, exclama: «El primer grito oído en estas páginas es la voz de un apóstol, que ansía ganar almas para el Corazón de Jesús. Son cartas que respiran llamas de amor» [7].
  
El mayor apostolado que la Madre Cabrini hacía en sus viajes era el de presencia, atrayendo a todos por su bondad, afabilidad y espíritu sobrenatural. Ella no estaba contagiada de la mentalidad moderna, por la cual el religioso debe vivir como todo el mundo para supuestamente conquistar a todos. Al contrario, se esmeraba en vivir como virgen consagrada y no como persona del mundo.
  
Con las religiosas que la acompañaban en sus viajes marítimos, procuraba llevar la vida del convento, rezando el oficio y novenas, cantando himnos en alabanza de la Santísima Virgen. Lo cual llamaba mucho la atención de los otros pasajeros, que las tenían en gran estima, como ella misma dice: «Los demás pasajeros cuidan más de nosotras que de sí mismos. Nos dan todo lo que pueden para no vernos sufrir. Ellos nos tratan con mucho respeto y reverencia, y tienen una gran veneración por el hábito religioso. Algunos mercaderes piden nuestro consejo para sus negocios, y nosotros intentamos confortarlos con las inspiraciones que recibimos del Sagrado Corazón» (viaje de Génova a Nueva York, setiembre de 1894).
   
Celo apostólico, ejemplos conmovedores
De las muchas cosas bellas, edificantes y sabrosas que Santa Francisca Javier transmite a sus hijas, vamos a citar apenas algunos ejemplos que muestran su celo por la verdadera religión.
   
Del segundo viaje que hizo de Italia a Nueva York en abril de 1890, ella cuenta: «Un caballero protestante vino a vernos ayer en la noche […] Tuvimos una discusión y él terminó diciendo que yo estaba en la verdad. […] Él tiene mucha estima por nuestra religión, pero no la quiere abrazar porque ha visto a muchos sacerdotes sin el verdadero espíritu. Mas también en ese punto él entendió bien las razones que yo le di».
  
Como ella viajaba frecuentemente de Europa a los Estados Unidos y viceversa, se encontraba con muchos protestantes. Por ejemplo, una personalidad a quien ella hizo el bien en un viaje de Londres a Nueva York, en agosto de 1902: «Una dama inglesa protestante, gran escritora y colaboradora del 'Chicago Tribune', vino a conversar conmigo, y en el curso de la conversación mostró un secreto deseo de hacerse católica. Ella observó que continuaría escribiendo hasta que la iglesia Anglicana volviera a ser católica de nuevo, porque Inglaterra es la nación que dio más reyes santos a la Iglesia, más que cualquier otro país».
  
No obstante, su ardor iba también dirigido hacia la tripulación. Todo lo que podía hacer por esos pobres marineros, lo hacía. Hay muchos ejemplos en tal sentido, pero el espacio se acabó… Creemos que unos pocos hechos pueden dar una idea de como una religiosa, siendo lo que debe ser, no contagiada por falsos ecumenismos y teniendo un verdadero celo por la salvación de las almas, puede obrar maravillas. ¡Sobre todo siendo santa!
 
PLINIO MARÍA SOLIMEO
  
NOTAS
[1]. P. JOSÉ LEITE S.J., Santa Francisca Javier Cabrini, en Santos de cada Día, Editorial A.O., Braga, 1987, t. III, pág. 471.
[2]. Apud P. JOSÉ LEITE, id. ib.
[3]. CARDENAL AMLETO G. CICOGNANI, Travels of Mother Cabrini (Viajes de la Madre Cabrini), Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús, Chicago, 1959, Prólogo, pág. vii.
[4]. Cf. http://www.ewtn.com/library/MARY/CABRINI.HTM.
[5]. P. JOSÉ LEITE, op. cit., pág. 472.
[6]. CARDENAL CIGOGNANI, op. cit., pág. x.
[7]. Travels, Introducción, pág. 27. Las citaciones de las cartas serán siempre de esta fuente.
  
ORACIÓN
Oh Señor Jesucristo, que para ganar almas para Ti condujiste en sus largos y repetidos viajes a la bienaventurada virgen Santa Francisca Javier, inflamada con la llama de amor de tu Sacratísimo Corazón, y que por ella suscitaste en tu Iglesia una nueva familia de vírgenes, te suplicamos nos concedas por su intercesión, revestirnos de las virtudes de tu mismo Corazón, y que merezcamos llegar al puerto de la eterna bienaventuranza. Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.