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jueves, 8 de abril de 2021

SANTA MARÍA MAGDALENA Y LA PERSEVERANCIA

Cristo resucitado y María Magdalena (Julius Schnorr von Carolsfeld)
   
«María Magdalena, “que fue pecadora en la ciudad” (Luc. 7, 37), amando la verdad, lavó con las lágrimas las manchas del pecado: y así se cumplió la palabra de la Verdad, que dice: “Le son perdonados muchos pecados, porque ha amado mucho” (Luc. 7, 47). De hecho ella, que antes había permanecido fría pecando, luego ardía en fervor amando. Cuando estaba vivo lo estrechó entre sus brazos; cuando estuvo muerto, lo buscaba. Y encontró vivo a aquel que buscaba muerto. ¡Encontró tal cantidad de gracia en él que fue ella quien llevó la noticia a los apóstoles, a los mensajeros de Dios! Cuando llegó al sepulcro y no encontró allí el cuerpo del Señor, creyó que alguien se lo había llevado y así lo comunicó a los discípulos. Ellos fueron también al sepulcro, miraron dentro y creyeron que era tal como aquella mujer les había dicho. Y dice el evangelio acerca de ellos: “Los discípulos se volvieron a su casa”. Y añade, a continuación: “Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando” (Juan 20, 10). Lo que hay que considerar en estos hechos es la intensidad del amor que ardía en el corazón de aquella mujer, que no se apartaba del sepulcro, aunque los discípulos se habían marchado de allí. Buscaba al que no había hallado, lo buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor, ardía en deseos de aquel a quien pensaba que se lo habían llevado. Por esto, ella fue la única en verlo entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas obras es la perseverancia en ellas, tal como afirma la voz de aquel que es la Verdad en persona: “El que persevere hasta el final se salvará” (Mat. 10, 22; 24, 13). Por eso la Ley ordena ofrecer en sacrificio la cola de la víctima (Lev. 3, 9). De hecho, la cola es el final del cuerpo; y por eso la ofrece quien hasta el final conduce debidamente la buena obra del sacrificio. Por eso se describe que entre sus hermanos, José tenía una túnica talar (Gén. 37, 3). Precisamente la túnica hasta el talón es la buena obra hasta su consumación.

“María mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro”. Precisamente ella había visto el sepulcro vacío, ya había anunciado que al Señor se lo habían llevado: ¿por qué se inclina de nuevo, y desea ver todavía? Pero a quien ama no le basta haber visto una sola vez: porque la fuerza del amor multiplica las atenciones de la búsqueda. Primero lo buscó, sin encontrarlo; perseveró luego en la búsqueda, y así fue como lo encontró; con la dilación, iba aumentando su deseo, y este deseo aumentado le valió hallar lo que buscaba. Esto es lo que dice del mismo Esposo la Iglesia en los Cánticos: “En mi lecho eché de menos por la noche al que ama mi alma; lo anduve buscando, y no lo encontré. Me levantaré, y daré vueltas por la ciudad, y buscaré por calles y plazas al amado de mi alma” (Cant. 3, 1). Se lamenta porque no lo encuentra, diciendo: “¡Ay!, lo busqué, mas no lo hallé” (Ibid). Pero como el hallazgo no se demora si no se desiste la búsqueda, agrega: “Me encontraron las patrullas que rondan por la ciudad, y les dije: ¿No habéis visto al amado de mi alma? Cuando he aquí que a pocos pasos me encontré al que adora mi alma” (Ibid., 3-4). Al amado lo buscamos, yacentes sobre nuestro lecho, en el poco reposo que deja la vida presente, el deseo de ver a nuestro Salvador nos hace suspirar por él. Le buscamos durante la noche, porque, si ya nuestro espíritu vela pensando en él, la oscuridad pesa todavía sobre nuestra vista. Pero si allí no se encuentra su amado, se levanta finalmente y da vueltas por la ciudad; esto es, las investigaciones de su espíritu dan vuelta en la santa Iglesia de los elegidos; lo busca por las calles y las plazas, esto es, observa a los que siguen los caminos estrechos y anchos, como si en ellos pudiera encontrar algunas huellas de aquel a quien busca, porque hay personas, incluso en la vida seglar, que tienen algo para imitar en la práctica de la virtud. Buscando, también nos encontramos con los centinelas de la ciudad, esto es, los Santos Padres, que vigilan por el estado de la Iglesia, acudiendo a nuestros buenos designios, para instruirnos con sus palabras y sus escritos. Y al poco de caminar, encontramos a nuestro Amado, porque nuestro Redentor, aunque igual a los hombres por su humanidad, por su divinidad siempre es superior a los hombres. Por tanto, viendo a los transeúntes, encontraremos al amado, porque vemos como igual entre los profetas y los apóstoles, a aquel que consideramos que por su naturaleza es Dios y está por encima de los hombres. Primero no encontraremos lo que buscamos, para tenerlo abrazado después de encontrarlo. Los santos deseos, en efecto, aumentan con la dilación. Si la dilación los enfría, es porque no son o no eran verdaderos deseos. Todo aquel que ha sido capaz de llegar a la verdad es porque ha sentido la fuerza de este amor. Por esto dice David: “Mi alma tiene sed de Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?” (Salmo 141, 3). Y también nos amonesta diciendo: “Buscad siempre su rostro” (Salmo 104, 4). También dice el profeta: “Mi alma te deseó en medio de la noche; y mientras haya aliento en mis entrañas, me dirigiré a ti desde que amanezca” (Isa. 26, 9). Idénticos sentimientos expresa la Iglesia cuando dice, en el Cantar de los cantares: “Estoy enferma de amor” (Cant. 4, 9). Porque es justo que por la visión del médico llegue la salud al que por su ausencia lleva en su pecho la herida de su amor. Por eso ella dice; y también: “Mi alma desfallece de amor, por encontrar a mi amado” (Ibid., 5, 6).

Pero porque amaba y dudaba, veía y no conocía a aquel a quien el amor le mostraba, y la duda le escondía. Cuya ignorancia se expresa por lo que sigue: “Pero no sabía que era Jesús. Y él le preguntó: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?”. Se le pregunta la causa de su dolor con la finalidad de aumentar su deseo, ya que, al recordarle a quién busca, se enciende con más fuerza el fuego de su amor. “Ella, pensando que fuera el hortelano, le dijo: Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo pusiste, y yo me lo llevaré”. Tal vez no se equivocaba esta mujer al errar, creyendo que Jesús era el hortelano. ¿Acaso no era él el hortelano espiritual, que por su amor sembraba en su pecho las vigorosas semillas de la virtud?

Pero al que al verlo creyó que era el hortelano, a quien no le ha dicho lo que buscaba, le dijo: “Señor, si te lo has llevado tú”, como si María ya le hubiera dicho lo que era la causa de sus lágrimas. Ella habla de “él” sin pronunciar su nombre. Esto es propio del amor: lleno de aquel que ama, el amante cree que todos los demás participan en la misma pasión del amor. Precisamente esta mujer, que no dice lo que busca, e incluso dice: Si tú te lo llevaste, no se imagina que alguien pueda ignorar la causa de su inmenso dolor. Jesús le dice “María”. Hace un momento la llamó con el nombre genérico de su sexo: “mujer”, y no se daba a conocer. Ahora la llama por su nombre propio, como si le dijera sin ambages: “¡Reconoce al que te conoce!”. Lo mismo decía Dios a Moisés, el hombre perfecto: “Te conozco por tu nombre” (Ex. 33, 12). “Hombre” es el nombre común a todos, pero “Moisés” es su nombre propio y el Señor le dice con toda claridad que lo conoce por su nombre. Parece que le quiere dar a entender: “Yo no te conozco como el conjunto de las personas, sino que te conozco personalmente”. María, al sentirse llamada por su nombre, reconoce al que lo ha pronunciado, y, al momento, lo llama: “Rabboni”, es decir, “maestro”, ya que el mismo a quien ella buscaba exteriormente era el que interiormente la instruía para que lo buscase.
 
María de Magdala se va a anunciar a los discípulos: “he visto al Señor”, y les contó lo que Jesús le había dicho (cf. Jn. 20, 18). El pecado de los hombres abandona el corazón de donde había salido. Pues, era una mujer que en el paraíso ofreció al hombre el fruto de la muerte. Es una mujer que junto a la tumba, anuncia la vida a los hombres y transmite las palabras de aquel que da la vida.
 
Está presente como testigo de la misericordia divina esta María de la que hablamos, de quien un fariseo querendo obstruir esta fuente de piedad dijo: “Si este hombre fuera un profeta, sabría quién es esta mujer que le toca y lo que es: una pecadora” (Luc. 7, 39). Pero las lágrimas de María han borrado la suciedad de su cuerpo y de su corazón; se lanzó a los pies de su Salvador, abandonando los caminos del mal. Estaba también sentada a los pies de Jesús y le escuchaba (Lc 10, 39). Cuando estaba vivo lo estrechó entre sus brazos; cuando estuvo muerto, lo buscaba. Y encontró vivo a aquel que buscaba muerto. ¡Encontró tal cantidad de gracia en él que fue ella quien llevó la noticia a los apóstoles, a los mensajeros de Dios! ¿Qué es lo que debemos ver ahí, hermanos míos, sino es la infinita ternura de nuestro Creador, que para avivar nuestra conciencia, por todas partes nos propone el ejemplo de pecadores arrepentidos? Pongo la vista sobre Pedro, miro al ladrón, examino a Zaqueo, me fijo en María, y no veo otra cosa en ellos que llamadas a la esperanza y al arrepentimiento. ¿Tu fe se ve acechada por la duda? Mira a Pedro que llora amargamente lo que negó por debilidad (Mat. 26, 75). ¿Estás inflamado de cólera contra tu prójimo? Piensa en el ladrón: en plena agonía se arrepiente y gana la recompensa eterna (Luc. 23, 43). ¿La avaricia te seca el corazón? ¿Has despojado a alguien? Mira a Zaqueo que devuelve cuatro veces más los bienes que había quitado a un hombre. ¿Preso de cualquier pasión, has perdido la pureza de la carne? Contempla a María que purifica el amor a la carne en el fuego del amor divino. Sí, el Dios todopoderoso nos ofrece por todas partes ejemplos y signos de su compasión. Tengamos horror a nuestros pecados, incluso los de hace más años. El Dios todopoderoso olvida gustosamente que hemos cometido el mal, y está siempre a punto de mirar nuestro arrepentimiento como si fuera la misma inocencia. Nosotros, que después de las aguas de la salvación, las hemos ensuciado, renazcamos por nuestras lágrimas... Nuestro Redentor consolará un día vuestras lágrimas en su gozo eterno, donde vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén».
    
SAN GREGORIO MAGNOHomilía XXV sobre los Evangelios, dada en la basílica Lateranense el Jueves de Pascua; en Migne, Patrología Latina 76, cols. 1188-1196.

lunes, 22 de marzo de 2021

DÍA VEINTIDÓS DE MES, CONSAGRADO A SANTA MARÍA MAGDALENA

Ejercicio dispuesto por el Rev. P. Fray José Francisco Valdés, religioso de la Santa Provincia franciscana descalza de San Diego de México, impresa en Puebla de los Ángeles por la oficina de don Pedro de la Rosa en 1818.
   
PREÁMBULO
¿Qué cristiano hay que con una inocente emulación no envidie la suerte de la Magdalena? ¿Quién hay que no desee oír de la boca de Jesucristo Señor nuestro aquellas dulcísimas palabras: Se le perdonarán sus muchos pecados porque es mucho su amor? Pero, ¿quién hay que no se conozca indigno de tamaña felicidad? La conciencia nos grita que son muchos y muy graves nuestros pecados, pero el corazón nos dice que es muy tibio nuestro amor: queremos que nos perdone Dios nuestros pecados, pero no nos esforzamos a amarle como debemos, ni ansiamos por su amor: muy ardientes y fogosos para seguir nuestras malas inclinaciones y para amar a las criaturas, y muy tibios para pedirle a Dios amor. Sacudamos desde hoy esta pereza, y empeñémonos en pedir a su Majestad encienda en nuestras almas aquel fuego que vino a arrojar, y que desea arda en todos como prendió en Santa María Magdalena: elijamos por abogada nuestra, por medianera e intercesora nuestra a esta amantísima mujer, a esta felicísima arrepentida pecadora, practicando la devoción siguiente.
  
DÍA VEINTE Y DOS DEL MES, CONSAGRADO AL CULTO DE SANTA MARÍA MAGDALENA
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz,   de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ORACIÓN
Dulcísimo Redentor mío Jesús, ¡qué motivos tan poderosos para amarte descubre mi fe en la conversión de tu amante María Magdalena! ¡Qué razones tan fuertes para alentar mi confianza! Yo te veo con una noble disposición y prontitud para perdonar las ofensas que te ha hecho, luego que ves su arrepentimiento: yo te veo recibir con afabilidad y buen semblante el obsequio que te hace, aunque tan pequeño, porque ves que le sale del corazón, y te veo celebrar el amor que tiene y casi hacer alarde de él, como si fuese interés tuyo ser amado de tus criaturas. ¡Bendita sea para siempre tu bondad infinita! Yo, avivando cuanto me es posible mi fe, te adoro como a mi verdadero Dios, y te suplico humildemente te dignes de tocar mi corazón con un rayo de tu gracia, para que movido de un íntimo dolor de mis pecados, bañado en lágrimas de penitencia y encendido en caridad, te lo pueda presentar como obsequio de tu Majestad. No vengo como María Magdalena ardiendo en amor tuyo, pero vengo ya arrepentido de mis pasadas ofensas: no derramando lágrimas como la Magdalena, pero mi corazón viene arrojando suspiros del dolor de haberte desagradado: no traigo otro alabastro de ungüentos olorosos que el de esta alma mía, que Tú bañaste con tu Sangre. Admite la buena voluntad con que vengo, y ya que no puedo de otra manera imitar a esta fina amante tuya, lo haré postrándome cada mes en este día, y arrojándome a tus pies, juntaré mi corazón con el suyo, y con sus lágrimas mezclaré las mías, no cesaré de besar tus sacratísimos pies, hasta conseguir el perdón de mis pecados y una ardiente fervorosa caridad que te ame por toda la eternidad. Amén.
   
ORACIÓN A SANTA MARÍA MAGDALENA
Felicísima pecadora, amante fina de Jesús, María Magdalena, que movida de un sincero arrepentimiento de tus culpas corriste presurosa a buscar tu remedio en los pies de Jesucristo, ¡dichosa tú mil veces, que abrazada de ellos mereciste oír de boca del mismo Jesucristo que estaban perdonados tus pecados; pero mucho más dichosa con oír que tu amor era grande! ¡Qué ocasión esta tan oportuna para pedirle a Dios mercedes! Ahora que estás abrazada de los pies de Jesucristo, pídele que oiga mis súplicas: pídele que enderece mis pasos por el camino de sus mandamientos: pídele encienda mi corazón en ese fuego en que estás tú abrasada; no te desprendas de esos pies sacratísimos hasta pedirle que me dé perseverancia en mis propósitos y hasta oír de su boca que estoy ya perdonado, bésalos por mí una y mil veces en recompensa de las irreverencias con que yo le he agraviado: acerca mi corazón al tuyo para que prenda en él el fuego del amor. Pide, ruega, intercede por mí; y pues conoces cuán digno de ser amado es ese Señor a quien has entregado el corazón, yo pongo el mío en tus manos para que se lo entregues y le pidas no le deje jamás. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
   
Del fariseo al convite
Te acercas desalada,
Y tu arrepentimiento
Es para Cristo la mejor vianda.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
Con tus lágrimas tiernas
Los pies de Cristo lavas,
Y es este lavatorio
Baño medicinal que sana tu alma.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
De tus cabellos, que eran
Torpe lazo a las almas,
Para limpiar a Cristo
Los pies, quieres hacer humilde toalla.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
   
ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA
Purísima Reina de los Ángeles, María: el desconsuelo de mi alma al ver la gravedad de mis culpas y la tibieza de mi contrición me obliga a buscar abogados que hablen por mí en el tribunal de Dios. ¿Y quién hará este oficio mejor que tú, que nombrada del Padre Eterno por abogada de los pecadores, y agradable por tu inocencia y santidad a sus divinos ojos, eres el Iris de paz que serena los rigores de su justicia? Dile, Señora, dile al Eterno Padre que no derramó su Sangre tu amantísimo Hijo sino para pagar con ella la deuda del pecado: dile que no derramaste las lágrimas de tus ojos sino para templar sus iras y alcanzar el perdón de los pecadores: dile que el mismo Hijo suyo es quien dijo que no había venido a buscar justos sino pecadores: dile que las Llagas que se miran en su Cuerpo glorioso allá en el Cielo son los más elocuentes abogados que tratan de mi defensa: dile finalmente, Señora, que es mi Padre y que no ha de desnudarse de las entrañas tiernas de Padre, por más que yo haya faltado a las obligaciones de hijo. Amén.
  
GOZOS A SANTA MARÍA MAGDALENA
    
De tus culpas el perdón
Consigues por fina amante:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
Al instante que conoces
De tu alma el funesto estado,
Hacia el Médico sagrado
Corres con pasos veloces:
Tus lágrimas son las voces
Que dicen tu confusión
:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
Dos arroyos son tus ojos
Que en su espejo cristalino
Te hacen ver el desatino
De tus pasados antojos:
Ahora son ricos despojos
Que da a Dios tu contrición:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
Porción de ungüento precioso
De Cristo en los pies empleas,
Que amante nada escaseas
En obsequio de tu Esposo:
Ni aun el alabastro hermoso
Reserva tu devoción:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
De lágrimas formas mar,
En cuyas aguas felices
Ahogas los tristes deslices
Que pudiste ocasionar.
Ya con tan largo llorar
Lavaste ese feo borrón:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
Toalla haces de tus cabellos
Para enjugarle los pies
A tu Amado, porque ves
Que le ofendiste con ellos:
Lazos fueron para aquellos
Que iban tras su perdición:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
Diestra a dorar acudiste
Con oro de caridad
Los que en tu pasada edad
Duros yerros cometiste:
Feliz mil veces, pues oíste
De Cristo la absolución:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
No los platos que a Cristo hace
Aquel fariseo atento;
Tu noble arrepentimiento
Es el que le satisface:
Este es el que le complace
Y da a la mesa el sazón:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
Red fue antes tu trenza bella
En que mil almas prendiste;
Mas ya cadena la hiciste
Para atar a Dios con ella:
Tu grande amor es quien sella
Tan pasmosa conversión:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
De tu rubio hermoso pelo
Formas rizadas madejas,
En que aprisionado dejas
Al gran Príncipe del Cielo:
Mas sírvate de consuelo
Que está a gusto en la prisión:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
Castos ósculos tus labios
De Cristo en los pies imprimen,
Con que el mal empleo redimen
De los antiguos agravios:
Arbitrios son estos sabios
Que inspira tu religión:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
Como eres tan fina amante
De Jesús y de María,
Fiel les haces compañía
Sin separarte un instante,
Al pie de la Cruz constante
Te tiene tu compasión:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
En la cueva retirada
Siete veces cada día
Con angélica armonía
Dispone Dios seas recreada:
Una gloria anticipada
Logras en esta canción:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
Si acompañar a tu Amado
Supisteis hasta la Cruz,
¿Qué hay que extrañar que Jesús
Quiera tenerte a su lado?
Trono muy alto te ha dado
En su celestial mansión:
Haz que favor semejante
Logre por tu intercesión.
   
Un Padre nuestro y Ave María por las benditas Almas del Purgatorio, y un Credo por los que están en pecado mortal, para que Dios tenga misericordia de sus almas y salgan de tan infelicísimo estado.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 11 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA UNDÉCIMO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN UNDÉCIMO DÍA: LA FAZ DE JESÚS Y MAGDALENA.
Oh, Faz adorable, cuya modestia y dulzura atrajo a justos y pecadores, ten piedad de nosotros.
   
Había una mujer de gran renombre en la ciudad, y esta mujer era una pecadora (Múlier in civitáte peccátrix. Luc. VII, 37). El poder de una mirada de Jesús, la generosidad del amor de Magdalena, estos son los dos misterios que presenta este pasaje del Evangelio, tan consolador para el alma cristiana: «Había una mujer y era una pecadora». Delante de Ti, ¿quién puede llamarse a sí mismo justo, Oh mi Dios? Vuestros ojos divinos, que iluminan los esplendores del cielo, aún en los ángeles descubren manchas, esos espíritus que son tan puros. ¿Cómo me atreveré a comparecer ante Ti? La consideración de vuestra misericordia hacia María Magdalena serán mi esperanza y mi consuelo.
                 
1º PUNTO – LA MIRADA QUE JESÚS ARROJA A LA MAGDALENA.
Cierta tarde, de acuerdo con una piadosa tradición, María Magdalena estaba sentada a la puerta de su lugar de habitación, inhalando el balsámico aire de la primavera, cuando un grupo de viajeros pasaron frente a ella. Uno de ellos, quien parecía ser un profeta, estaba explicando la Ley, y cuando se acercó donde estaba Magdalena, ella escuchó estas palabras: «Os digo que aún habrá gozo en el cielo por un pecador que haga penitencia» (Gáudium erit in cœlo super uno peccatóre pœniténtiam agénte. Luc. XV, 7).
    
Y al mismo tiempo, alzando su cabeza, arrojó, con sus ojos, una mirada a Magdalena, y la mirada de la Faz divina se encontró con la mirada de la pecadora. Unos días después, Jesús fue invitado a una fiesta en la casa de un fariseo, cuando apareció una mujer, llevando una jarra de alabastro lleno de un delicioso perfume. Derramándolos sobre los pies del Salvador, los enjugó con sus lágrimas, y luego se los secó reverentemente con su cabello. «Muchos pecados le son perdonados», le dijo inmediatamente el Salvador, «porque ha amado mucho». Tal fue la recompensa de la pecadora. La primera mirada que la Faz divina lanzó sobre ella fue un destello de gracia; la segunda mirada hizo que Magdalena cayera a los pies de Jesús, para levantarla de nuevo, purificada, curada y renovada.
  
Oh incomparable Faz de Jesús, mirad también sobre mi pobre alma, y convertidme como a la Magdalena.
      
2º PUNTO – FIDELIDAD DE MAGDALENA.
Luego de encontrarse con Jesús, María Magdalena regresó a su casa paterna, la cual había olvidado hace mucho tiempo. Pasaron varios meses en medio de los gozos que acompañaron su regreso, de los placeres por los deberes cumplidos, y de la unión fraterna. Sucedió un día, que el divino Maestro, se apareció en el umbral del lugar de habitación de Lázaro y sus hermanas.
   
Fatigado por sus trabajos apostólicos. Vino a Betania, a pedir reposo en medio de sus amigos. Magdalena fue la primera en comprender la felicidad de poseer al Salvador. De rodillas a sus pies, escucha, contempla, adora, y pronto merece escuchar estas palabras consoladoras que caen de los labios del Mesías: «María, ha escogido la mejor parte, y no le será quitada» (San Lucas X, 42). Las recibe, las pone en su corazón, y de ahí en adelante se agarra a Jesús, para nunca de nuevo separarse de Él. Por dondequiera busca una mirada de su Faz divina, y en el día de la prueba, se precipita sobre Él exclamando: «Señor si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto» (San Juan XI, 32).
     
En el Calvario, la pecadora, permanece al lado de la Virgen de los Dolores; embalsama el cuerpo de su Maestro, se sujeta a su sepulcro, y es una de los primeros que merece la gracia particular, de recibir la primera mirada de la Santa Faz resucitada.
  
Alma mía, mirad vuestro modelo. Una pecadora como Magdalena, una mirada de la Faz de Jesús cae sobre ti, para tocaros y convertiros. Buscad siempre esta divina mirada, y si no se os permite disfrutar durante largo tiempo de los deleites de la contemplación, id y anunciad al mundo, como Magdalena, la felicidad de haber encontrado de nuevo a Jesús y las maravillas de su amor.
         
Ramillete Espiritual: Fáciem tuam Dómine, réquiram. (Buscaré Oh Señor, Tu Rostro, Salmo XXXI).
       
LA FLECHA DE ORO
Sor María de San Pedro ha estado ahora, por cuatro años en el Carmelo de Tours. Se ha entregado por completo y generosamente a la gracia. Por fin ha llegado el momento en el que el objeto de su misión, le sería mostrado más claramente. La celestial Esposa está a punto de revelar que es lo que más le desgrada a su corazón. Le mostrará su justicia lista para golpear, si no se le ofrece a Él, una pronta reparación. Le sugerirá los medios que debe emplear para consolar su corazón y apaciguar su justa ira.
  
El 26 de agosto de 1843, escribe la hermana:
«Entonces abrió mi corazón, juntando ahí todas las potencias de mi alma y me dirigió estas palabras: “Mi Nombre es blasfemado por todas partes. Hasta por los niños”. Me hizo comprender cuán grandemente este pecado horrendo ásperamente le lastimaba más que las otras heridas de su divino Corazón: por la blasfemia el pecador le maldice a Él en su Faz, le ataca abiertamente, anula la redención, y él mismo pronuncia su propio juicio y condenación. La blasfemia es una flecha envenenada que hiere continuamente su Corazón. Él me dijo me daría una flecha dorada para herirle deliciosamente, y cicatrizar las heridas infringidas por los pecadores en su malicia.
   
Esta es la fórmula de alabanza que Nuestro Señor, a pesar de mi gran indignidad, me dictó para reparación de las blasfemias contra su santo Nombre. Me la dio para que fuese como una flecha dorada—asegurándome que cada día que la dijera, heriría su Corazón con una herida de amor—: “Que el Santísimo, Sacratísimo, Adorabilísimo, Incomprensibilísimo e Inefable Nombre de Dios sea siempre Alabado, Bendecido, Amado, Adorado y Glorificado en el Cielo, en la tierra y en los abismos por todas las criaturas de Dios, y por el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar. Amén”. La hermana interrumpe su apasionante recitación para explicar una palabra contenida en el acto de alabanza.
   
“Como sentí, dice ella, un cierto grado de asombro, que Nuestro Señor me hubiera dicho: en los abismos, tuvo Él la bondad de hacerme comprender que su justicia es ahí glorificada. Os ruego destacar que Él no me dijo en el infierno, sino que usó la palabra en forma plural, así que en la palabra se incluyera el Purgatorio, donde Él es amado y glorificado por las almas sufrientes.
  
La palabra infierno no sólo se aplica al lugar donde son enviados los condenados, la Fe nos enseña que el Salvador, después de su muerte, descendió al Hades, donde se encontraban las almas de los justos, y ¿acaso la misma Santa Iglesia reza a su divino Esposo, para que arrebate las almas de sus hijos de las puertas del infierno: A porta ínferi érue, Dómine, ánimas eórum? (Oficio de Difuntos)”».
     
INVOCACIÓN
Que el Santísimo, Sacratísimo, Adorabilísimo, Incomprensibilísimo e Inefable Nombre de Dios sea siempre Alabado, Bendecido, Amado, Adorado y Glorificado en el Cielo, en la tierra y en los abismos por todas las criaturas de Dios, y por el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar. Amén.

domingo, 7 de febrero de 2021

OTRA VEZ CAMBIA EL CALENDARIO CONCILIAR

San Lázaro con sus hermanas Marta y María (Maestro de Perea, óleo sobre tabla. Madrid, Museo Lázaro Galdiano)
   
El 2 de Febrero de 2021, mientras muchos conciliares festejaban la Presentación del Señor (católicamente, Purificación de Santa María), el cardenal Robert Sarah Nemelo, Prefecto «hasta que se disponga otra cosa» de la conciliar Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, publicó el protocolo nº. 35/21 del 26 de Enero, contentivo del siguiente Decreto:
CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
DECRETO SOBRE LA CELEBRACIÓN DE LOS SANTOS MARTA, MARÍA Y LÁZARO EN EL CALENDARIO ROMANO GENERAL
   
En la casa de Betania, el Señor Jesús experimentó el espíritu familiar y la amistad de Marta, María y Lázaro, y por eso el Evangelio de Juan afirma que los amaba. Marta le ofreció generosamente hospitalidad, María escuchó atentamente sus palabras y Lázaro salió rápidamente del sepulcro por mandato de Aquél que ha humillado a la muerte.
    
La tradicional incertidumbre de la Iglesia latina sobre la identidad de María –la Magdalena, a la que se le apareció Cristo tras su resurrección, la hermana de Marta, la pecadora a la que el Señor perdonó sus pecados–, que motivó la inscripción únicamente de Marta el 29 de julio en el Calendario Romano, se ha resuelto en estudios y tiempos recientes, como testimonia el actual Martirologio Romano, que también conmemora a María y Lázaro en ese mismo día. Además, en algunos Calendarios particulares los tres hermanos se celebran juntos en ese día.
       
Por ello, considerando el importante testimonio evangélico que dieron al hospedar al Señor Jesús en su casa, al escucharlo atentamente, al creer que él es la resurrección y la vida, el Sumo Pontífice FRANCISCO, acogiendo la propuesta de este Dicasterio, ha dispuesto que el 29 de julio se inscriba en el Calendario Romano General la memoria de los santos Marta, María y Lázaro.
   
Por tanto, dicha memoria deberá aparecer con esta denominación en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y la Liturgia de las Horas; las variaciones y añadidos que han de ser adoptados en los textos litúrgicos, adjuntos al presente decreto, deben ser traducidos, aprobados y, después de la confirmación de este Dicasterio, publicados por las Conferencias Episcopales.
   
Sin que obste nada en contrario.
   
En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 26 de enero de 2021, memoria de los santos Timoteo y Tito, obispos.
  
(Fdo.) Robert Card. Sarah
Prefecto
   
(Fdo.) ✠ Arthur Roche
Arzobispo Secretario  
  
Para los interesados en conocer los propios que esta “nueva fiesta” tendrá, bien pueden remitirse al Anexo «Additiónes in Libris litúrgicis Ritus Románi de memória Sanctórum Marthæ, Maríæ et Lázari» para consultarlos en su original latín (queda en las Conferencias episcopales la tarea de traducirlos). Aquí nos concentraremos en hacer un comentario, comenzando por la Misa y acabando por el Breviario (Los textos latinos de la Misa son de la edición típica del año 2002, y salvo la Oración colecta, la lección de la Liturgia de las Horas -disponible en español- y la entrada del Martirologio, todas las traducciones son de la Conferencia Episcopal Española):
  • El Introito es tomado de San Lucas 10, 38-39: «Intrávit Jesus in quoddam castéllum, et múlier quǽdam Martha nómine excépit illum in domum suam» (Qué hermosa eres, virgen de Cristo, que fuiste digna de recibir la corona del Señor, la corona de la perpetua virginidad).
  • La Oración colecta (que también se registra en las Laudes y Vísperas de la novusordiana Liturgia de las Horas) dice:
    «Deus, cujus Fílius de sepúlcro ad vitam Lázarum revocávit, et in domo Marthæ dignátus est hospitári, da nobis, quǽsumus, ut ipsi in frátribus nostris fidéliter ministrántes, cum María verbi ejus meditatióne pasci mereámur. Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum» (Oh Dios, cuyo Hijo llamó a Lázaro del sepulcro a la vida, y se dignó albergarse en casa de Marta, te suplicamos nos des que, sirviéndole fielmente en nuestros hermanos, merezcamos con María apacentarnos en la meditación de su palabra. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos) Amen.
    La oración es una adaptación hecha a partir de la oración del Misal montini-bugniniano para Santa Marta:
    «Omnípotens sempitérne Deus, cujus Fílius in domo beátæ Marthæ dignátus est hospitári, da, quǽsumus, ut, ejúsdem intercessióne, Christo in frátribus nostris fidéliter ministrántes, in æde cœlésti a te récipi mereámur. Per Dóminum» (Dios todopoderoso y eterno, tu Hijo se dignó hospedarse en la casa de Santa Marta, concédenos, por su intercesión, que, sirviendo fielmente a Cristo en nuestros hermanos, merezcamos ser recibidos por ti en la morada celestial. Por nuestro Señor Jesucristo) Amen.
        
  • Si bien se reforman las oraciones del servicio, las lecturas siguen siendo las mismas, pudiendo tomarse del Común de los Santos o según la semana que caiga dentro del “Tiempo Ordinario” (pero invariablemente se usa el verso aleluyático es de San Juan 8, 12b «Ego sum lux mundi, dicit Dóminus; qui séquitur me, habébit lumen vitæ»).
  • La perícopa evangélica puede tomarse o de San Juan 11, 19-27 (Resurrección de Lázaro) o de San Lucas 10, 38-42 (Jesús en casa de Marta y María), por lo que será ad líbitum.
  • Toda vez que en el Novus Ordo no existe antífona de Ofertorio, pasemos a la Oración sobre las Ofrendas (no se le puede llamar “Secreta” porque SE DICE EN ALTA VOZ):
    «In beátis tuis, Dómine, mirábilem prædicántes, majestátem tuam supplíciter exorámus, ut, sicut eórum tibi gratum éxstitit caritátis obséquium, sic nostræ servitútis accépta reddántur offícia. Per Christum» (Señor, al proclamarte admirable en tus Santos,  te suplicamos humildemente a tu majestad que, así como te agradó el obsequio de su caridad,  aceptes de igual modo nuestros servicios. Por Jesucristo, nuestro Señor).
    Poca originalidad hay en las eucologias (oraciones) conciliares, y más después de la muerte de sus latinistas.
            
  • El Prefacio queda ad líbitum, según el temporal o según el capricho del celebrante, así que no vamos a analizarlo.
      
  • Sigue sin cambios la antífona de comunión, que es tomada de San Juan 11, 27: «Dixit Martha ad Jesum: Tu es Christus, Fílius Dei vivi, qui in hunc mundum venísti» (Dijo Marta a Jesús: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo, el que tenía que venir al mundo”).
  • La postcomunión:
    «Córporis et Sánguinis Unigéniti tui sacra percéptio, Dómine, ab ómnibus nos cadúcis rebus avértat, ut exémplo beatórum Marthæ, Maríæ et Lázari, valeámus et sincéra in terris caritáte profícere, et tui perpétua in cœlis visióne gaudére. Per Christum Dóminum nostrum» (Señor, que la santa comunión del Cuerpo y de la Sangre de tu Unigénito nos aparte de todas las cosas perecederas, para que, a ejemplo de los santos Marta, María y Lázaro, podamos servirte en la tierra con amor sincero y gozar eternamente de tu contemplación en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor).
    Es la misma oración que existía en el misal conciliar para Santa Marta.
   
Pasemos ahora a la Liturgia de las Horas:
  • A esto se sintetiza el por qué de la memoria:
    «Martha, María et Lázarus germáni erant; Bethániæ cum hospítio Dóminum excepíssent, ei diligénter Martha ministrávit et María eum pie audívit atque suis oratiónibus resurrectiónem fratris impetravérunt» (Marta, María y Lázaro eran hermanos; recibieron como huésped al Señor en Betania, donde Marta le sirvió diligente y María le oía piadosa, y con sus oraciones impetraron la resurrección de su hermano).
    Salvo la adición de San Lázaro, es la misma que existía para el 29 de Julio en la conciliar Liturgia de las Horas.
      
  • Los himnos “Te gratulántes pángimus” (del Oficio de Lectura, que remplazó los Maitines y Laudes, y Vísperas) y “Quas tibi laudes ferimúsque vota” (de la autoría de dom Anselmo Lentini OSB) se mantienen sin cambios, igual que el responsorio antes de la Oración (ver en el comentario de la Misa), se toma de San Juan 12, 3: «℟. Postquam Jesus suscitávit Lázarum, fecérunt ei Bethániæ cenam,* Et Martha ministrábat. ℣. María ergo accépit libram unguénti pretiósi et unxit pedes Jesu. * Et Martha ministrábat» [℟. Después que Jesús resucitó a Lázaro, hicieron una cena en Betania, * y Marta servía. ℣. María tomó una libra de ungüento precioso y ungió los pies de Jesús. * Y Marta servía].
  • En la lección segunda del Oficio de Lectura, se echó mano del Sermón 3º de San Bernardo en la Asunción de Santa María, partes 4 y 5, donde describe los tres tipos de monjes: los que se dedican a la penitencia y a meditar el juicio de Dios (San Lázaro), los que ejercen la caridad (Santa Marta) y los que se dedican a la contemplación (Santa María Magdalena). Preguntamos por qué esta elección, si entre los conciliares la penitencia es evitada y no se piensa en el juicio de Dios, QUE ESTÁ A LA PUERTA.
  • En el Martirologio, el elogio (que debe leerse en primer puesto) copia casi verbátim el por qué de su memoria, así que no vamos a hablar de él.
Afirma el decreto:
«La tradicional incertidumbre de la Iglesia latina sobre la identidad de María –la Magdalena, a la que se le apareció Cristo tras su resurrección, la hermana de Marta, la pecadora a la que el Señor perdonó sus pecados–, que motivó la inscripción únicamente de Marta el 29 de julio en el Calendario Romano, se ha resuelto en estudios y tiempos recientes, como testimonia el actual Martirologio Romano, que también conmemora a María y Lázaro en ese mismo día. Además, en algunos Calendarios particulares los tres hermanos se celebran juntos en ese día».
La “incertidumbre” (que por más de 1500 años había sido resuelta por San Gregorio Magno, y dicha identidad acogida pacíficamente por los teólogos y artistas) revivió en medios católicos por la entrada sobre Santa María Magdalena escrito en 1910 por el sacerdote Hugh (en el siglo Henry Vincent) Pope Phillips OP para la Enciclopedia Católica, basándose en que para los Padres griegos y San Ambrosio, la pecadora que ungió los pies de Jesús en casa de Simón Fariseo, María de Betania (la hermana de Marta y Lázaro) y María Magdalena son tres mujeres distintas. Pero acontece que así pensaban también el humanista francés Jacques Lefèvre d’Étaples (cuyo tratado De María Magdaléna et tríduo Christi disceptátio/Disputa sobre María Magdalena y los tres días de Cristo fue condenado como herético por la Sorbona y por San Juan Fisher, por lo que tuvo que retractarse mediante la Disceptátio secúnda, de tribus et única Magdalena/Discusión segunda sobre las tres y única Magdalena) y Juan Calvino (que usó esta teoría para rechazar y ridiculizar el culto a los Santos); y Hugh Pope era un modernista que en 1913 tuvo que volverse a su natal Inglaterra luego de renunciar a la cátedra de exégesis del Nuevo Testamento en el Angélicum de Roma. Si el Vaticano modernista se basó en eso, es una prueba más de que el Vaticano II fue el Sýllabus al revés: absolviendo a la herejía y condenando la ortodoxia.
   
Por otra parte, en el Calendario de los Dehonianos, Benedictinos, Cistercienses y Trapenses de España tienen a los “Santos Marta, María y Lázaro, amigos del Señor” como memoria obligatoria (solemnidad en los Dehonianos –conocidos en España como Reparadores–), y en el del Císter (cuyo Ritual los fusiona como “Ss. Marta, María y Lázaro, hospederos del Señor”). Pero no son los únicos en hacerlo, ¡también es así en los calendarios de los luteranos y los anglicanos!, como conmemoración y fiesta menor respectivamente.
   
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Otro decreto, contenido en el protocolo nº. 40/21 también posfechado (firmado el 25 de Enero), incluyó en el Calendario Romano General a Santa Hildegarda, San Juan de Ávila y San Gregorio de Narek (proclamados “doctores de la Iglesia” en 2012 y 2015):
CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
DECRETO SOBRE LA INSCRIPCIÓN DE LAS CELEBRACIONES DE SAN GREGORIO DE NAREK, ABAD Y DOCTOR DE LA IGLESIA, SAN JUAN DE ÁVILA, PRESBÍTERO Y DOCTOR DE LA IGLESIA, Y DE SANTA HILDEGARDA DE BINGEN, VIRGEN Y DOCTORA DE LA IGLESIA EN EL CALENDARIO ROMANO GENERAL
   
La santidad se vincula con el conocimiento, que es experiencia del misterio de Jesucristo, indisolublemente unido al misterio de la Iglesia. Este vínculo entre santidad e inteligencia de las cosas divinas y también humanas, brilla de modo particular en aquellos que han sido adornados con el título de “doctor de la Iglesia”. De hecho, la sabiduría que caracteriza a estos varones y mujeres no les concierne solo a ellos, ya que, al convertirse en discípulos de la Sabiduría divina, se han convertido a su vez en maestros de sabiduría para toda la comunidad eclesial. Por este motivo, los santos y las santas “doctores” son inscritos en el Calendario Romano General.
   
Por ello, teniendo en cuenta que recientemente han sido reconocidos con del título de doctor de la Iglesia grandes santos de Occidente y Oriente, el Sumo Pontífice FRANCISCO ha decretado inscribir en el Calendario Romano General con el grado de memoria ad libitum:
  • San Gregorio de Narek, abad y doctor de la Iglesia, el día 27 de febrero,
  • San Juan de Ávila, presbítero y doctor de la Iglesia, el día 10 de mayo,
  • Santa Hildegarda de Bingen, virgen y doctora de la Iglesia, el día 17 de septiembre.
Estas nuevas memorias deben ser inscritas en todos los Calendarios y Libros litúrgicos para la celebración de la Misa y la Liturgia de las Horas; los textos litúrgicos que han de ser adoptados, adjuntos al presente decreto, deben ser traducidos, aprobados y, tras su confirmación por parte de este Dicasterio, publicados por las Conferencias Episcopales.
     
Sin que obste nada en contrario.
   
En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a 25 de enero de 2021, fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol.
  
(Fdo.)  Robert Card. Sarah
Prefecto
   
(Fdo.) ✠ Arthur Roche
Arzobispo Secretario  
Para los interesados en conocer los propios de cada una de las tres fiestas, bien pueden remitirse al Anexo para consultarlos en su original latín (queda en las Conferencias episcopales la tarea de traducirlos). A riesgo de que esta entrada sea más extensa e impotable de lo que ya es (sumado a que por alguna extraña razón esta bitácora no es visible en el buscador), haremos el análisis comenzando por la Misa, y luego por el Breviario, con alguna mención de sus circunstancias particulares:
  1. GREGORIO DE NAREK:
      
       
    • La Misa es ad líbitum, pudiendo ser del Común de los Doctores de la Iglesia o del Común de los Abades.
    • La Oración colecta (que también se registra en las Laudes y Vísperas de la novusordiana Liturgia de las Horas) dice:
      «Omnípotens sempitérne Deus, qui sanctum Gregórium, magístrum et decus Arméni pópuli, mýstica doctrína imbúere dignátus es, concéde nobis, ipso docénte, artem tecum loquéndi apprehéndere vitámque nostram Ecclésiæ sacraméntis constánter fulcíre. Per Dóminum» (Omnipotente y sempiterno Dios, que te dignaste instruir con mística doctrina a San Gregorio, maestro y guía del pueblo armenio, concédenos, por sus enseñanzas, aprender el arte de hablar contigo y fortalecer constantemente nuestra vida por los Sacramentos. Por Jesucristo nuestro Señor.) Amen.
      La oración es de nueva factura, pero preguntamos ¿cómo se puede fortalecer la vida espiritual con el veneno que son los falsos sacramentos de la iglesia conciliar, que al que no mata lo vuelve insensible?
          
    • Las lecciones pueden tomarse del Común de los Doctores de la Iglesia o del Común de los Religiosos.
       
    Pasemos ahora a la Liturgia de las Horas:
    • A esto se sintetiza el por qué de la memoria:
      «Natus anno círciter 950 in histórica Arméniæ regióne Andzevátsik, in família litterárum cultríce adolévit. Júvenis monastérium Narecénse, quod Anánia, matris ejus consobrínus, abbas regébat, ingréssus est. In ínclita schola monastérii versátus est ac ibi totam vitam suam, amore erga Vírginem Maríam inflammátam, uti presbýter et abbas exégit, sanctitátis et mýsticæ experiéntiæ fastígium attíngens atque suam doctrínam váriis in theológicis mýsticisque opéribus demónstrans. Anno 1003 præclárum Librum Lamentatiónum exarávit et post círciter annos duos quíevit» [Nacido hacia el año 950 en la histórica región armenia de Andzevatsik, creció en una familia de escritores. De joven entró en el monasterio de Narek, que era regido por el abad Ananías, primo de su madre. Fue muy aventajado en la ínclita escuela de su monasterio, y durante toda su vida, estuvo muy inflamado en el amor a la Virgen María, y siendo sacerdote y abad, alcanzó la cima de la santidad y la experiencia mística y demostró su doctrina en varias obras teológicas y místicas. En el año 1003 escribió el preclaro libro de las Lamentaciones y cerca de dos años después descansó].
       
    • En la lección segunda del Oficio de Lectura, se toma la Oración 70 de su Libro de las Lamentaciones (en armenio clásico Մատեան ողբերգութեան, Matean voghbergut’yan), una obra de temática mística que aborda en forma de oraciones y elegías el conflicto entre el deseo de buscar la perfección y el conocimiento de la miseria humana. El libro (comparable con las Confesiones de San Agustín) es de tal reputación que, después de la Biblia, es el segundo libro más popular en Armenia.
    • A modo de responsorio antes de la Oración (ver en el comentario de la Misa), se toma del Salmo 33 (34), versos 6 y 23, y de la 1.ª carta de San Pedro 5, 8 (en realidad es de la 2.ª carta de San Pablo a Timoteo 2, 22): «℟. Accédite ad Deum et illuminámini, et fácies vestræ non confundéntur. * Rédimet Dóminus ánimas servórum suórum, et non delínquet omnes qui sperant in eo. ℣. Sectámini justítiam, fidem, caritátem et pacem. * Rédimet Dóminus ánimas servórum suórum, et non delínquet omnes qui sperant in eo» [℟. Acercaos a Dios y él os iluminará, y no será confundido vuesro rostro. * El Señor redime las almas de sus siervos, y no abandona a los que esperan en él. ℣. Seguid la justicia, la fe, la caridad y la paz. * El Señor redime las almas de sus siervos, y no abandona a los que esperan en él]. 
    • En el Martirologio, el elogio dice: «In monastério Narecénsi in Arménia, sancti Gregórii, abbátis, doctóris Armenórum et Ecclésiæ, doctrína, scriptis ac mýstica sciéntia illústris» [En el monasterio de Narek, en Armenia, San Gregorio, monje, doctor de los armenios, insigne por la doctrina, los escritos y la ciencia mística].
       
    Gregorio de Narek es controversial: tenido como santo por la Iglesia Armenia (tanto la católica como la ortodoxa), no lo era para la Iglesia Católica Romana (la Iglesia Apostólica Armenia se separó de Roma y de Constantinopla en el año 554 en el II Concilio de Dvin. Incluso, Gregorio de Narek mantenía una postura similar a los protestantes, considerando que solo bastaban para salvarse la fe y la gracia divina, no tanto la Iglesia como institución). Su proclamación como “doctor de la Iglesia” tuvo lugar el 12 de Abril de 2015, cuando se cumplieron 100 años del Genocidio Armenio perpetrado por el imperio turco otomano, que destruyó el monasterio donde estaba su tumba y sobre las ruinas construyó una mezquita.
       
    No creemos que vaya a ser conmemorado en todo caso, porque el 27 de Febrero por lo general se encuentra dentro del período de Cuaresma (lo que significa para los conciliares cero memoria de los Santos en sus servicios novusordianos).
       
  2. SAN JUAN DE ÁVILA:
       
      
    • La Misa es ad líbitum, pudiendo ser del Común de un Doctor de la Iglesia o del Común de los Pastores: Por un pastor.
    • La Oración colecta (que también se registra en las Laudes y Vísperas de la novusordiana Liturgia de las Horas) dice:
      «Deus, qui sanctum Joánnem De Ávila clero populóque tuo magístrum præstantíssimum dedísti ob sanctitátem et sedulitátem vitæ, præsta, quǽsumus, ut nostris étiam tempóribus Ecclésia sanctitáte augéscat propter óptimam tuórum ministrórum sedulitátem. Per Dóminum» [Oh Dios, que hiciste de san Juan de Ávila un maestro ejemplar para tu pueblo por la santidad de su vida y por su celo apostólico; haz que también en nuestros días crezca la Iglesia en santidad por el celo ejemplar de tus ministros. Por nuestro Señor Jesucristo] Amen.
      La oración es la colecta de San Juan de Ávila en el Misal propio de España. Comparada con la de la Misa tradicional, la penitencia brilla por su ausencia en el texto eucológico:
      «Bonórum ómnium largítor, Deus, qui beátum Joánnem Confessórem tuum in animábus ad salútis viam dirigéndis, et peccatóribus ad pœniténtiam reducéndis magístrum admirábilem effícisti: concéde, quǽsumus; ut, ejus vestígiis júgiter inhæréntes, glóriam consequámur ætérnam. Per Dóminum» [Oh Dios, dador de todo bien, que hiciste admirable a tu bienaventurado Confesor Juan, como maestro en dirigir a las almas por el camino de la salvación, y en reducir a los pecadores a penitencia; te rogamos nos concedas que, siguiendo constantemente sus huellas, consigamos la gloria eterna, siguiendo constantemente sus pisadas. Por J. C. N. S.] Amen.
    • Las lecciones pueden tomarse del Común de los Doctores de la Iglesia o del Común de los Pastores.
       
    Pasemos ahora a la Liturgia de las Horas:
    • A esto se sintetiza el por qué de la memoria:
      «Almodóvarii de Campo, in Hispánia, anno círciter 1500 ortus est. Sacerdótio áuctus, cunctam Bǽticam regiónem, Christum prædícans pererrávit. Permultis scriptis natúram et magnum monuméntum Concílii Tridentíni, cujus instauratiónis vox fuit insígnis, presbýteris demostrávit. Hæréticæ pravitátis injúste suspicátus, nec exámen neque cárcerem fugit, Cathólicam doctrínam fervéntius enárrans. Montaniólæ, in diœ́cesi Cordubénsi, últimis annis ábditus, die 10 Maji 1569 in Dómino quiévit» [Nació en Almodóvar del Campo, en España, cerca al año 1500. Ordenado sacerdote, recorrió toda la región de la Bética predicando a Cristo. Por muchos escritos mostró como presbítero la naturaleza y el magno monumento del Concilio de Trento, de cuya instauración fue una voz insigne. Sospechado injustamente de la pravidad herética, no huyó del examen ni de la cárcel, explicando fervientemente la doctrina Católica. Pasando sus últimos años en Montilla, en la diócesis de Córdoba, descansó en el Señor el 10 de Mayo de 1569].
      «¿Doctrina Católica? De eso no habemos», dicen los conciliares. Mal sufrirían ellos que Juan de Ávila condenara a Lutero y a los alumbrados (que eran los carismáticos y kikos de su tiempo).
          
    • Los himnos y lecciones son tomadas del Común de los Pastores: Por un presbítero o por un Doctor de la Iglesia. Así que hay para escoger.
    • En la lección segunda del Oficio de Lectura, se empleó el avilino Tratado del Amor de Dios (de ahí que a San Juan de Ávila se le haya llamado “Doctor del Amor de Dios”), nros. 1, 2  4.
    • A modo de responsorio antes de la Oración (ver en el comentario de la Misa), se toma de de Efesios 3, 18-19 y San Juan 3, 16: «℟. Valeátis scire supereminéntem sciéntiæ caritátem Christi, * Ut impleámini in omnen plenitúdinem Dei, allelúja. ℣. Sic enim diléxit Deus mundum, ut Fílium suum unigénitum daret, ut omnis, qui credit in eum, non péreat, sed hábeat vitam ætérnam: * Ut impleámini in omnen plenitúdinem Dei, allelúja» [℟. Merezcáis conocer la caridad de Cristo, que supera todo entendimiento, * Para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios, aleluya. ℣. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna: * Para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios, aleluya].
    • En el Martirologio, el elogio (que debe leerse en primer puesto) dice: «Montíliæ in Vandalícia Hispániæ província, sancti Joánnis de Ávila, presbýteri et Ecclésiæ doctóris, qui cunctam Bǽticam regiónem Christum prædícans pererrávit et, injúste de hǽresi suspicátus, in cárcerem trusus est, ubi præcípuam doctrínæ suæ spiritális partem scripsit» [En Montilla, de la región de Andalucía, en España, san Juan de Ávila, presbítero, el cual recorrió toda la región de la Bética predicando a Cristo y, después de haber sido acusado injustamente de herejía, fue recluido en la cárcel, en la que escribió una parte importante de su doctrina espiritual].
       
    El bienaventurado Juan de Ávila (fue beatificado por León XIII el 15 de Abril de 1894 y proclamado patrono del clero secular español por Pío XII el 2 de Julio de 1946) fue proclamado “Doctor de la Iglesia” el 7 de Octubre de 2012 por Ratzinger en el marco del Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización, junto con Santa Hildegarda de Bingen.
       
    Fuera de España (donde es tenido como Memoria Obligatoria por su patronato sobre el clero secular), la memoria ad líbitum del bienaventurado Juan de Ávila pasará inadvertida visto que muy pocos presbíteros conciliares se acuerdan que fuera de la Octava de Pascua también se pueden recordar los Santos, usando pues como usan las misas del tiempo Pascual.
         
  3. SANTA HILDEGARDA DE BINGEN:
       
      
    • La Misa es ad líbitum, pudiendo ser del Común de las Vírgenes: Por una virgen, o del Común de los Santos: Por una religiosa.
    • La Oración colecta (que también se registra en las Laudes y Vísperas de la novusordiana Liturgia de las Horas) dice:
      «Deus, fons vitæ, qui sanctam Hildegárdem, vírginem, prophético spíritu imbuísti, fac nos, quǽsumus, ejus exémplo et intercessióne, vias tuas scire et in hujus sǽculi calígine lucis tuæ claritátem cognóscere. Per Dóminum» [Oh Dios, fuente de la vida, que llenaste de espíritu profético a Santa Hildegarda virgen, haz te suplicamos, por su ejemplo e intercesión, sigamos tus caminos merezcamos pasar de la oscuridad del siglo presente a tu delectable luz. Por Jesucristo Nuestro Señor] Amen.
      La oración es una adaptación de la Oración a Santa Hildegarda en el Oficio propio de la diócesis de Berlín, año 1939 (y de otras diócesis alemanas):
      «Deus, qui beátam Hildegárdem Vírginem tuam donis cœléstibus decorásti: tríbue, quǽsumus; ut, ejus vestígiis et documéntis insisténtes, a præséntis sǽculi calígine ad lucem tuam delectábilem transíre mereámur. Per Dóminum» [Oh Dios, que adornaste a tu bienaventurada virgen Santa Hildegarda con celestiales dones, concédenos te suplicamos, que siguiendo sus huellas y documentos, merezcamos pasar de las tinieblas del siglo presente a tu luz delectable. Por Jesucristo Nuestro Señor] Amen.
      Antes de esta, la Oración tradicional a Santa Hildegarda decía:
      «Dómine Jesu Christe, qui beátam Hildegárdem sponsam tuam donis cœléstibus decorásti: tríbue, quǽsumus; ut, illíus vestígiis ac documéntis insisténtes semper in te cogitémus, et quæ tibi grata sunt, inflammáto stúdio faciámus. Qui vivis et regnas» [Oh Señor Jesucristo, que adornaste a tu bienaventurada esposa Santa Hildegarda con celestiales dones, concédenos te suplicamos, que siguiendo sus huellas y documentos pensemos siempre en ti, y que hagamos con inflamado estudio lo que te es agradable. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos] Amen.
    • Las lecturas pueden tomarse del Común de las Vírgenes o de las Religiosas, o según la semana que caiga dentro del “Tiempo Ordinario”.
       
    Pasemos ahora a la Liturgia de las Horas:
    • A esto se sintetiza el por qué de la memoria:
      «Bermeshémii, in Germánia, anno 1098 orta est, et anno 1115 apud abbatíam Benedictínam Montis Sancti Disibódi, religiósam professiónem nuncupávit. Anno círciter 1150 monastérium Montis Sancti Rupérti, prope Bíngium, fundávit et uti abbatísa rexit. Sciéntiis naturálibus et arte música períta, ita in plúrimis scriptis revelatiónem, quam mýstica contemplatióne expérta erat, clero et pópulo pie expósuit, ópera pœniténtiæ prædicávit et erróres contra doctrínam confutávit, ut étiam príncipes et Románi Pontífices consílium ejus sollícite exquirérent. Morbo affécta, óbiit anno 1179» [Nacida en Bermesheim de Alemania en el año 1098, y en el año 1115 hizo profesión religiosa en la abadía benedictina de Monte San Disibodo (hoy Disibodenberg). Hacia el año 1150 fundó el monasterio de Monte San Ruperto (hoy Rupertsberg), cerca de Bingen, el cual rigió como abadesa. Experta en ciencias naturales y en el arte musical, también escribió numerosas revelaciones, siendo experta en contemplación mística, las cuales expuso al clero y al pueblo piadoso, predicó obras de penitencia y confutó los errores contra la doctrina, para los príncipes y Romanos Pontífices que acostumbraban solicitar sus consejos. Afectada por la enfermedad, murió en el año 1179].  
    • Los himnos y lecciones son tomadas del Común de las Vírgenes: Por una Virgen, o del Común de las Santas Mujeres: Por una Religiosa; o ya de plano, según caiga la semana del Tiempo Ordinario. Así que hay para escoger.
    • En la lección segunda del Oficio de Lectura, se tomó la Epístola LII a Wernerio de Kircheim y algunos hermanos de su sociedad, en Migne, Patrología Latína CXCVII, cols. 269-271, presentando a la Iglesia con la imagen de una mujer hermosamente ataviada, pero con un rostro triste y cubierto de polvo, su vestido desgarrado de un costado y sus zapatos manchados de barro. Si en tiempo de Santa Hildegarda la simonía, la intromisión del poder secular en los asuntos eclesiásticos, la herejía cátara y la mala conducta del clero estaban a todo lo que da, ¿qué no dirá de nuestros días, donde la Prostituta Modernista se viste de púrpura y oro y pisotea los tesoros de Fe y Doctrina de la Iglesia verdadera, que ha sido arrojada al exilio?
    • A modo de responsorio antes de la Oración (ver en el comentario de la Misa), se toma de Daniel 2, 21-22 y de 1 Corintios 12, 11: «℟. Dóminus dat sapiéntiam sapiéntibus et sciéntiam intellegéntibus disciplínam; * Ipse revélat profúnda et abscóndita et lux cum eo inhábitat. ℣. Hæc ómnia operátur unus et idem Spíritus, dívidens síngulis prout vult.* Ipse revélat profúnda et abscóndita et lux cum eo inhábitat» [℟. El Señor da sabiduría a los sabios y la ciencia a los entendidos en disciplina; * Él revela las cosas profundas y escondidas, y la luz habita con Él. ℣. En todos opera uno y el mismo Espíritu, repartiéndose a cada uno como quiere. * Él revela las cosas profundas y escondidas, y la luz habita con Él].
    • En el Martirologio, el elogio (que debe leerse en segundo puesto, porque primero está San Roberto Belarmino -cuya fiesta en la Iglesia Católica es el 13 de Mayo-) dice: «In monastério Montis Sancti Rupérti prope Bíngium, in Hássia, sanctæ Hildegárdis, vírginis et Ecclésiæ Doctóris, quæ, sciéntia rerum natúræ et medicínæ necnon arte música períta, quam mýstica contemplatióne expérta erat, pie in libris expósuit ac descrípsit» [En el monasterio de monte San Ruperto, cerca de Bingen, en Hesse, santa Hildegarda, virgen, que expuso y describió piadosamente en libros sus conocimientos experimentales, tanto sobre ciencias naturales, médicas y musicales, como de contemplación mística].
       
    El culto de Santa Hildegarda (porque nunca llegó a ser canonizada oficialmente: Gregorio IX abrió el proceso en 1227, e Inocencio IV hizo lo propio en 1244, aunque sin conclusión ambos) era bastante local en la diócesis de Maguncia (confirmado por el Papa Juan XXII el 26 de Agosto de 1326, apareciendo en muchos misales como Misa pro alíquibus locis), aunque llegó a incluirse en el Martirologio Romano Tradicional en 1584: «Apud Bíngiam, in diœcési Moguntinénsi, sanctæ Hildegárdis Vírginis» [En Bingen, de la diócesis de Maguncia, la virgen Santa Hildegarda]. Ratzinger la proclamó Santa mediante “canonización equivalente”.
  
Cerramos estas líneas mal escritas enfatizando que NINGUNA DE ESTAS REFORMAS TIENEN INCIDENCIA EN LA VERDADERA IGLESIA CATÓLICA, que desconoce a Bergoglio (y sus antecesores desde Roncalli) y su camarilla, y que tiene sus decretos como NULOS E INVÁLIDOS.
   
JORGE RONDÓN SANTOS
7 de Febrero de 2021 (Año Mariano “Espada de Lepanto”).
Domingo de Sexagésima. Fiesta de San Romualdo Abad; y del Beato Gil María de San José OFM. Nacimiento de Santo Tomás Moro, Mártir de la indisolubilidad del Matrimonio Católico. Tránsito del Papa Pío IX, y martirio de Leonor Sánchez López. Jura de Carlos I ante las Cortes de Castilla; creación de la diócesis de Madrid-Alcalá.