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domingo, 14 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA DECIMOCUARTO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN DECIMOCUARTO DÍA: LA SANTA FAZ EN EL TABOR.
Oh, Faz adorable, brillante como el sol, y brillando con esplendor sobre el monte Tabor, ten piedad de nosotros.
   
Para la meditación de este día se nos propone un misterio conmovedor. Jesús se retira a una montaña alta con tres de sus discípulos, donde se transfigura en su presencia. Su Rostro se vuelve deslumbrante como el sol y sus vestiduras blancas como la nieve. Al mismo tiempo Moisés y Elías conversan con Él sobre los padecimientos que tiene que sufrir en Jerusalén. ¡Qué contraste, oh Dios mío, y qué lección para nosotros!
                   
1º PUNTO – LA GLORIA DE LA SANTA FAZ TRANSFIGURADA.
Jesús escoge un lugar apartado. Dios no conversa con nosotros en medio del mundo; a fin de escucharle, el alma debe estar cerrada al tumulto de las criaturas y abierta sólo para Él. Jesús escoge una montaña alta, para hacernos comprender que nuestro corazón, debe elevarse por encima de las cosas de este mundo, que debemos hollar bajo nuestros pies.
   
Es allí donde Él se transfigura delante de un pequeño número de sus apóstoles. ¿Cómo se realizó este milagro? Con el propósito de transfigurarse, solo tuvo que permitir que los rasgos de su divinidad aparecieran sobre su Faz humana; cesa de mantener oculto el rayo de gloria que extasía con gozo a los ángeles en el cielo.
  
La luz de su Rostro, la blancura de su vestidura no proviene de lo alto, procede de su adorable persona. Viendo este estado de gloria, Pedro, deslumbrado y a pesar de sí mismo, exclama: «Señor, que bueno es estar aquí, hagamos tres tabernáculos» (Dómine, bonum est nos hic esse. Matth. XVII, 4). Feliz Pedro, felices discípulos a quienes se les permitió ver la belleza de la Faz transfigurada!
    
Tal es también, la felicidad reservada para ti, oh alma mía, no para algunos momentos fugaces sobre la tierra, sino para la eternidad en el cielo. Cuando los lazos de barro que dificultan tu vuelo caerán, y serás capaz de contemplar en el seno de una luz inaccesible y en todo el esplendor de su dulzura y majestad, la belleza de la Faz de vuestro Salvador. «Mi Redentor, vive», dijo Job, «y el último día, me levantaré de la tierra, me vestiré de nuevo con mi piel, y en mi carne veré a mi Dios» (Job XIX, 25).
               
2º PUNTO – LOS DOLORES DE LA SANTA FAZ.
¿Pero, desde que secreto designio en medio de la gloria con la que se complació rodearse, a lo inmediato decidió La Santa Faz asumir una expresión de dolor? Jesús conversa con Moisés y Elías, los dos grandes profetas de la antigua ley, Él habla de los enormes sufrimientos que va a padecer en Jerusalén.
  
El recuerdo de la Pasión no puede quitarse por un instante del pensamiento del Salvador. Lo lleva con él en medio de sus gozos, y su corazón suspira incesantemente, por el bautismo de sangre con el cual regenerará al mundo.
  
¡Qué lección, oh, mi Dios! ¿Por qué los gozos son tan efímeros? ¡Ay! La Gloria es tan sólo un destello de luz en medio de la oscuridad, y el sufrimiento es la triste realidad de la vida cristiana sobre la tierra. La ley de reparación por el pecado pesa considerablemente, sobre la humanidad, y si queremos ser glorificados con Jesús, debemos pasar por el crisol purificador de la penitencia. El fúnebre velo de la prueba, no se levantará de nuestros rostros hasta el último día. Mientras permanecemos en el estado de viajeros y exiliados, Jesús no nos permitirá fijar aquí nuestra tienda.
   
Mantengamos los ojos de nuestro corazón fijos en Jesús, nuestro modelo, el autor y consumador de nuestra fe, quien prefirió a los gozos de la vida los sufrimientos de la cruz. Dios es fiel, y no permitirá seamos tentados por encima de nuestras fuerzas. Él, aún nos proporcionará consuelo en la prueba, su amor nos destilará los sufrimientos, a menos que nuestro corazón se extravíe y se apegue a las cosas presentes.
   
Por lo tanto, es que cuando Dios ama un alma, primero la lleva aparte, la eleva en la montaña de la contemplación, y le permite por un instante que perciba la belleza de su Rostro; y luego de inmediato la llama de vuelta de su deleitoso éxtasis, para señalarle el camino que todavía debe recorrer, antes de llegar a la estancia del gozo y del descanso.
   
Enseñadnos, oh, mi Salvador, a dejarnos ser conducidos por vuestra gracia, y a inflamarnos por vuestro amor, que tengamos el valor de contemplar vuestra Faz, en el exceso de sus humillaciones y de su oprobio, para que seamos dignos de verla, de nuevo, en su gloriosa transfiguración, en medio de los esplendores del eterno Tabor.
        
Ramillete Espiritual: Facta est, dum oráret spécies vultus ejus áltera. (Y se transfiguró delante de ellos. (San Mateo XVII, 2).
       
LA SANTA FAZ, MODELO DE REPARACIÓN
Era necesaria para la obra de reparación, que Nuestro Señor había de fundar, tuviera una marca exterior, un signo sensible, un patrón completo, que, por todas partes, reuniera, durante el gran combate, al cual Él había invitado, a tantos defensores generosos de su causa. Esta marca exterior, este signo de reunión (de tropas para el combate), este modelo, se lo dio a Sor María de San Pedro al darle su Santa Faz: «Nuestro Señor me presentó muy vívidamente», dijo, «el piadoso oficio realizado por Verónica, quien, con su velo, limpió su Santísima Santa Faz, cubierta, como estaba entonces de escupitajos y polvo, de sudor y sangre».
   
El divino Salvador me hizo comprender que los malvados de hecho renuevan por sus blasfemias, los ultrajes cometidos contra la Santa Faz; todas las blasfemias que arrojan contra la Divinidad, sin ser capaces de tocarla, caen como los salivazos de los judíos, sobre el Rostro de Nuestro Señor, quién a sí mismo se hizo víctima de los pecadores. Luego me dijo era necesario imitar el piadoso celo de la Verónica, quien tan valientemente pasó en medio de la turba de sus enemigos, y a quien me la dio para ser mi patrona y modelo.
   
Aplicándonos nosotros a la reparación de las blasfemias, le rendimos el mismo oficio como lo hizo esta heroica mujer, y que Él mira, sobre los que así actúan, con los mismos ojos complacientes, como miró sobre ella durante el tiempo de su Pasión.
  
«Comprendí entonces, que de igual manera que el Corazón de Jesús, es el objeto sensible ofrecido para nuestra adoración, mediante el cual se representa su inmenso amor en el Santísimo Sacramento del altar, de la misma manera, La Faz de Nuestro Señor es el objeto sensible, ofrecido a la adoración de los asociados, a través del cual se reparan los daños por los ultrajes de los blasfemos, quienes atacan la Divinidad, de la cual es figura, el espejo y la expresión. Por la virtud de esta Faz adorable presentada al Padre Eterno, puede apaciguarse su ira, y se puede obtener la conversión de los perversos y de los blasfemos». Nuestro Señor Jesucristo continuó para decirme: «Busco Verónicas que limpien el honor de mi Faz divina, quien tiene tan pocos adoradores».
    
Entonces me dirigió estas palabras misteriosas y consoladoras: «Yo os doy mi Santa Faz, como recompensa por los servicios que me has prestado; has hecho muy poco, es cierto, pero tu corazón ha concebido grandes deseos. Por lo tanto, os entrego esta Faz en presencia de mi Padre, en la virtud del Espíritu Santo, y en la presencia de los ángeles y santos; os hago este obsequio por medio de las manos de mi Santa Madre y de Santa Verónica, quien os enseñará como venerarla». Nuestro Señor también me dijo: «Por medio de esta Santa Faz, realizarás prodigios»
   
A los dos días siguientes, en la fiesta de los santos apóstoles Simón y Judas Tadeo, el Divino Maestro continuó instruyendo a su sierva en los misterios de la Santa Faz. «De la misma amanera, Él dijo, como en un reino, puedes conseguir con una pieza de moneda grabada con la imagen del príncipe todo lo que deseas, así con la moneda preciosa de mi humanidad, la cual es mi Faz adorable, obtendrás todo lo que desees en el reino de los cielos».
          
INVOCACIÓN (De Sor María de San Pedro)
Oh, Jesús Salvador, que dijiste: «En proporción al cuidado que os toméis en reparar mi imagen, desfigurada por los blasfemos, Yo tendré el cuidado de reparar las vuestras, que han sido desfiguradas por el pecado», cumplid en nosotros los efectos de vuestra promesa, y volved nuestras almas tan hermosas y agradables a vuestros ojos como eran cuando salieron de la fuente bautismal. Amén.

sábado, 13 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA DECIMOTERCERO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN DECIMOTERCER DÍA: LA SANTA FAZ Y LÁZARO.
Oh, Faz adorable, afligida y llorosa en la tumba de Lázaro, ten piedad de nosotros.
   
Ayer, oh Dios mío, meditaba sobre la sonrisa y bendición que la Santa Faz daba a los niños, y hoy voy a meditar sobre las lágrimas que derramó sobre una tumba, la tumba de vuestro amigo Lázaro. Acaso no es una de las más conmovedoras escenas del Evangelio, y ¿acaso no me recuerdan que el gozo y el dolor, la tristeza y la consolación, son aquí abajo, hermanas? Disponed Vos mismo mi espíritu para santos pensamientos y mi pobre corazón para algunos sentimientos de amor gratitud y amor.
                   
1º PUNTO – MUERTE DE LÁZARO.     
Cierto día, cuando estaba el divino Maestro, conforme su costumbre, rodeado por una multitud, un hombre ansioso por respirar y todo cubierto de polvo, se apresuró hacia Él, y le dice: «Mirad que aquél a quien Tú amas, está enfermo (Ecce quem amas infirmatur (Joan. XI, 3). Y por estas palabras todos supieron que hablaba de Lázaro. Ahora, dice el Evangelio, «Jesús amaba a María, a su hermana Marta y a Lázaro».
  
Qué felicidad ser amado por Jesús, y ¿que no hará Jesús por aquéllos a quienes ama? «Esta enfermedad no es de muerte», dijo Él inmediatamente, «sino para gloria de Dios, el Hijo del hombre debe ser glorificado por ella». Y permaneció dos días en el lugar en el que estaba, y durante esos dos días murió Lázaro. ¿Acaso no pudiste prevenirlo de estar enfermo? Oh Señor, ¿acaso no pudiste prevenirlo de la muerte? Escuchad, oh alma mía, y meditad la respuesta del Maestro: «Es necesario que Dios se glorificado». Es necesario que Dios sea glorificado por el sufrimiento de aquéllos a quienes Él ama; es necesario que sea glorificado por su muerte.
     
¡Qué terrible misterio es esta ley de sufrimiento y muerte! ¡Y todavía, aunque terrible, es justa! «El discípulo no está por encima de su Maestro», y el Maestro quiso sufrir y murió.
   
Comprendo y acepto, oh, mi Dios, y cuando os plazca llegue y golpee la hora de la suprema prueba, fijaré mis ojos sobre vuestra Santa Faz, desfigurada por la aflicción, permitiré que la enfermedad se apresure sobre mis labios, y la muerte la vuelva fría sobre mi féretro mientras aguardo la palabra y la divina mirada, que será el signo de mi resurrección a una vida mejor.
            
2º PUNTO – LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO.
Jesús amaba a Lázaro, y Dios debía ser glorificado. El amor y el celo por la salvación de las almas hizo al Salvador, desafiar al poder al que estaba expuesto por los judíos quienes ha poco habían intentado apedrearle en Judea. Lázaro lleva ahora, tres días en el sepulcro. Marta acercándose a Jesús, le dice: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto».
    
«Tu hermano resucitará de nuevo», respondió Jesús. «Lo sé Señor, se levantará de nuevo el día final de la resurrección». «Ego sum resurréctio et vita», continúa el Maestro, «Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá, y todo el que vive y cree en mí, aunque muera, vivirá». Y cuando se acercó a la tumba, lloró: Lacrymátus est Jesus, dijeron los judíos: «Mirad cuánto le amaba» (San Juan XI, 36)
    
Oh lágrimas de Jesús, lágrimas de la Santa Faz, cuanto me demuestran el amor de mi Salvador, ¡cuán queridas y preciosas sois para mí! Oh, mi Dios, ¡cuántos pobres Lázaros hay sobre la tierra! ¡Cuántas pobres almas muertas por una muerte más cruel, la muerte por el pecado! ¡Cuántas Martas y Marías lloran sobre la tumba de un alma!
  
Venid, Oh Señor Jesús, venid y ved. Ordena que la piedra que cierra la tumba sea removida. Que vuestra divina mirada penetre la corrupción en medio de la cual están enterradas, y se levante otra vez el nuevo Lázaro. Que las Martas y Marías, se arrojen a vuestros pies para besarlos con amor y gratitud, que os digan: «A partir de ahora, oh, Señor Nuestro, quédate con nosotros, para que nuestro hermano no muera otra vez, por el pecado».
        
Ramillete Espiritual: Et lacrymátus est Jesus. (Y los ojos de Jesús se llenaron de lágrimas. San Juan XI, 36).
       
LA ARCHICOFRADÍA
Nuestro Señor, después de haber demandado una asociación de oradores reparadores, establece aún con mayor claridad sus intenciones; Él desea que se establezca una Archicofradía formando un centro respecto a muchas archicofradías similares, establecidas en todas las diferentes partes del mundo, y que converjan.
   
«De la misma forma», dijo Sor María de San Pedro, «que María ha adoptado las archicofradías para la conversión de los pecadores, Él adoptará la de la reparación; las dos deben actuar en armonía, para reparar los ultrajes que se le hacen a Dios». Esta asociación pedida por Nuestro Señor tendría dos objetivos: Primero, la reparación de las blasfemias pronunciadas contra Dios. Segundo, la santificación del Domingo.
   
La blasfemia y la transgresión del Domingo son los pecados que especialmente provocan la ira de Dios. Esta asociación ha de colocarse bajo el patronazgo de San Martín, de San Luis y de San Miguel, y cada asociado debe rezar a diario, un Pater (Padrenuestro), un Ave (Avemaría), y un Gloria, llevar una cruz en la que esté grabada en un lado «Sit nomem Dómini benedíctum» (Bendito sea el Nombre del Señor), y en el anverso «Vade retro sátana» (Retrocede satanás).
   
Dificultades muy graves, que duraron mucho tiempo, estaban destinada a impedir los designios de Nuestro Señor y de la Hermana. Varios intentos se realizaron. Monseñor Francisco Nicolás Morlot, Arzobispo de Tours, quiso instituir una asociación para la reparación en Notre-Dame-la-Riche. El mismo dejó impresos los panfletos de las oraciones reparatorias; pero la asociación, sin embargo, no se estableció conforme al deseo de Nuestro Señor.
   
Más tarde Monseñor Pedro Parisis, Obispo de Langres, instituyó una archicofradía de reparación por la blasfemia, y por la profanación del Domingo. Sin embargo, se había omitido el punto principal: no se mencionó la devoción a la dolorosa Faz de Nuestro Señor señalada por la Hermana Sor María de San Pedro, como un medio sensible de reparación. Por lo tanto, a la piadosa carmelita se le satisfizo a medias.
  
Estaba reservado al Papa León XIII establecer en Tours, la cuna y sede de la obra, una verdadera Archicofradía, bajo el título de la Santa Faz, por los breves pontificios fechados el 9 de diciembre de 1884 y el 1 de octubre de 1885. Esta Archicofradía, instituida en el Oratorio del mismo nombre, en la antigua sala del Sr. Dupont, donde desde 1852 se había rendido un culto especial al cuadro milagroso, al cual oró, el siervo de Dios, durante 25 años, tenía la facultad de asociar a todas las archicofradías de las parroquias, con el Oratorio, a excepción de la Ciudad Santa de Roma. Ahora difunde sus rayos por toda la tierra, y se ha cumplido el deseo de Sor María de San Pedro.
     
INVOCACIÓN
Oh, Jesús Salvador, que quisiste que la reparación sea pública y universal como lo ha sido la ofensa, penetradnos con un verdadero espíritu de reparación. Dadnos gracia para amar vuestra Faz divina y hacerla conocer y amar en todo el mundo, a fin de que sea para nosotros fuente de luz y un medio de salvación. Amén.

viernes, 12 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA DUODÉCIMO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN DUODÉCIMO DÍA: EL BESO DE LA FAZ DADO A LOS NIÑOS.
Oh, Faz adorable, que diste un beso santo a los niños pequeños después de haberlos bendecido, ten piedad de nosotros.
   
En vuestro Evangelio, oh Dios mío, hay un pasaje que mi alma no puede leer sin emoción; es el de la bendición y el beso santo dado por la Santa Faz a los niños pequeños. ¡Cuánto amaste a estos queridos infantes, oh, Señor Jesús, ¿cuánto amaste los corderos de vuestra celestial grey y de la preciada porción de vuestro rebaño? Permitidme preguntaros las razones de esta predilección de vuestro divino Corazón.
                   
1º PUNTO – SENCILLEZ.
En cierta ocasión, nos dice San Mateo: «Los discípulos vinieron a Nuestro Salvador (fue a orillas del lago de Tiberíades), y le propusieron esta pregunta: “¿Maestro, ¿quién será el más grane en el reino de los cielos?”. Y Jesús, llamando a un niño pequeño, lo puso en medio de ellos y dijo: “En verdad, Os digo, a menos que os convirtáis y seáis como niños pequeños no entraréis en el reino de los cielos”». (Math. XVIII, 3)
      
La sencillez es la primera característica de la infancia, que atrae los ojos de Jesús: «Estóte símplices sicut colúmbæ» (Sed sencillos como palomas), dice. San Pablo en su himno a la caridad, también elogia la infancia espiritual de la que habla Jesús: «La caridad es amable, no es envidiosa, no es ambiciosa, no se engríe con el orgullo, no busca lo propio, no es amarga, no piensa el mal, no se regocija con la iniquidad, todo lo cree, todo lo espera, todo lo sufre» (I Cor. XIII, 5).
   
¿Quién me dará, oh, mi Dios, ¿esta sencillez semejante a la de un niño que es la verdadera sabiduría? ¿Quién me dará este abandono, este olvido de mi mismo y de las criaturas, que atraerá sobre mí la mirada de tu Santa Faz?
        
2º PUNTO – PUREZA DE CORAZÓN.
La segunda razón de la predilección de la Santa Faz por los niños es la pureza de corazón: «Bienaventurados los de puro corazón, porque ellos verán a Dios» (Math. V, 8). «Prestad atención de no escandalizar a uno de estos pequeños que creen en mí, porque Dios ha enviado ángeles para custodiarlos, y estos ángeles siempre ven el rostro de Mi Padre que está en el cielo» (Ibid. XVIII, 6).
   
Por lo tanto, el Señor quien se deleita entre los lirios, amaba, cuando estaba sobre la tierra, acercarse a aquellos que poseían esta pureza original. ¡Con qué cuidado repelía a la multitud a fin de que dejaran a los niños acercársele! ¡Con qué cariñosa ternura, colocando sus manos sobre sus inocentes cabezas, se inclinaba sobre ellos para darles junto un santo beso, su divina bendición!
  
Capacitadme minuciosamente para comprender que la sencillez e inocencia son camino a Tu corazón. Dame la gracia de volverme sencillo de espíritu y puro de corazón, recordando siempre aquellas palabras: «El que ame la pureza de corazón tendrá por amigo al Rey» (Prov. XXII, 11). Vea yo vuestra Santa Faz, inclinada sobre mi alma, vuelta a su primera belleza, a su pureza bautismal. Y preparada así para recibir vuestros divinos cuidados y vuestras bendiciones celestiales.
         
Ramillete Espiritual: Beáti mundo corde, quóniam ipsi Deum vidébunt. (Bienaventurados los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. (San Mateo V, 8).
       
REPARACIÓN
En la proporción que Nuestro Señor eleva a la hermana Sor María de San Pedro al conocimiento del misterio de Reparación, le revela a ella, de una manera más clara y sensible, los designios de su adorable Corazón. Le muestra el mal en toda su intensidad, y al mismo tiempo le muestra el remedio y los medios para aplicarlo.
  
El 24 de noviembre, fiesta de San Juan de La Cruz, uno de los santos favoritos del Carmelo, Jesús, al momento de la comunión, reúne en sí mismo, juntando todas las potencias del alma de su sierva, y le dice: «Hasta ahora no te he mostrado más que una porción de los designios de mi Corazón, pero hoy, voy a mostrártelos todos en su plenitud. La tierra está cubierta de crímenes, el quebrantamiento de los tres primeros mandamientos de Dios ha irritado a Mi Padre, el santo Nombre de Dios ha sido blasfemado, y el santo día del domingo profanado, colmando la medida de iniquidad; estos pecados han ascendido al trono de Dios, y provocado su ira, que se esparcirá si no se apacigua su justicia, nunca estos crímenes se habían elevado a tal altura. Yo deseo vivamente que se forme una asociación, para honrar el Nombre de Mi Padre».
   
Treinta días después, en la víspera de la Fiesta de la Inmaculada Concepción (7 de diciembre), el Salvador, en sus comunicaciones con su fiel esposa, regresó al asunto, y esta vez se nombra a la nación culpable. Así empieza la hermana:
«Mi alma está en un estado de gran temor, por lo que Él me hizo entender, esta mañana durante mis oraciones, y me encargó trasmitirlo a mis superioras, sin miedo alguno de ser engañadas. Estoy a punto de hacerlo, todo con simplicidad. Nuestro Señor, habiendo juntado todas las potencias de mi alma en su divino Corazón, me hizo ver cuán irritado estaba Él contra Francia, y que en su ira se había jurado así mismo vengarse, si no se hacía una reparación de honor a su Padre celestial por todas las blasfemias, de las que es culpable. Me declaró que ya no podía permanecer más en Francia, la cual, como víbora, rasgaba las entrañas de su misericordia.
   
Él pacientemente todavía sufría el desprecio que se le mostraba, lo que se le presentaba a la vista, pero los ultrajes cometidos contra su divino Padre le provocaban airarse. Francia había chupado de los senos de su misericordia hasta hacerlos sangrar: por lo tanto, la misericordia dará lugar a la justicia, la cual desbordará con furia todo el tiempo que ha sido retrasada.
   
Entonces, sobrecogida de emoción exclamé: “Señor, permitidme que os haga esta pregunta, si la reparación que deseas es hecha, ¿entonces perdonarás a Francia?”. Él me respondió: “La perdonaré todavía una vez más, pero presta atención, sólo será una vez. Como este pecado de blasfemia se esparce por toda Francia, y es público, la reparación debe ser pública, y extendida a cada uno de sus pueblos, ¡Ay de aquéllos que no hagan esta reparación!”».
Después de esta comunicación, la hermana Sor María de San Pedro, como sabemos por el testimonio de otra carmelita, dejó el coro en un estado difícil de describir. Estaba pálida como un cadáver, bañada en lágrimas, llevando una expresión de dolor que duró un largo tiempo, y que fue renovada cuando recibió revelaciones de este tipo, una expresión que era muy contraria a su habitual expresión vívida. Pareciera entonces como si estuviera aplastada bajo el peso de la ira divina.
     
INVOCACIÓN (De Sor María de San Pedro)
Os saludo, os adoro y os amo, Jesús mi Salvador, cubierto de nuevos ultrajes por los blasfemos, y os ofrezco en el Corazón de María, como un incienso y perfume, el homenaje de todos los ángeles y de todos los santos, rogando de Vos, humildemente, por los méritos de vuestra Santa Faz, reparar y restablecer en mí y en toda la humanidad la imagen desfigurada por el pecado. Amén.

jueves, 11 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA UNDÉCIMO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN UNDÉCIMO DÍA: LA FAZ DE JESÚS Y MAGDALENA.
Oh, Faz adorable, cuya modestia y dulzura atrajo a justos y pecadores, ten piedad de nosotros.
   
Había una mujer de gran renombre en la ciudad, y esta mujer era una pecadora (Múlier in civitáte peccátrix. Luc. VII, 37). El poder de una mirada de Jesús, la generosidad del amor de Magdalena, estos son los dos misterios que presenta este pasaje del Evangelio, tan consolador para el alma cristiana: «Había una mujer y era una pecadora». Delante de Ti, ¿quién puede llamarse a sí mismo justo, Oh mi Dios? Vuestros ojos divinos, que iluminan los esplendores del cielo, aún en los ángeles descubren manchas, esos espíritus que son tan puros. ¿Cómo me atreveré a comparecer ante Ti? La consideración de vuestra misericordia hacia María Magdalena serán mi esperanza y mi consuelo.
                 
1º PUNTO – LA MIRADA QUE JESÚS ARROJA A LA MAGDALENA.
Cierta tarde, de acuerdo con una piadosa tradición, María Magdalena estaba sentada a la puerta de su lugar de habitación, inhalando el balsámico aire de la primavera, cuando un grupo de viajeros pasaron frente a ella. Uno de ellos, quien parecía ser un profeta, estaba explicando la Ley, y cuando se acercó donde estaba Magdalena, ella escuchó estas palabras: «Os digo que aún habrá gozo en el cielo por un pecador que haga penitencia» (Gáudium erit in cœlo super uno peccatóre pœniténtiam agénte. Luc. XV, 7).
    
Y al mismo tiempo, alzando su cabeza, arrojó, con sus ojos, una mirada a Magdalena, y la mirada de la Faz divina se encontró con la mirada de la pecadora. Unos días después, Jesús fue invitado a una fiesta en la casa de un fariseo, cuando apareció una mujer, llevando una jarra de alabastro lleno de un delicioso perfume. Derramándolos sobre los pies del Salvador, los enjugó con sus lágrimas, y luego se los secó reverentemente con su cabello. «Muchos pecados le son perdonados», le dijo inmediatamente el Salvador, «porque ha amado mucho». Tal fue la recompensa de la pecadora. La primera mirada que la Faz divina lanzó sobre ella fue un destello de gracia; la segunda mirada hizo que Magdalena cayera a los pies de Jesús, para levantarla de nuevo, purificada, curada y renovada.
  
Oh incomparable Faz de Jesús, mirad también sobre mi pobre alma, y convertidme como a la Magdalena.
      
2º PUNTO – FIDELIDAD DE MAGDALENA.
Luego de encontrarse con Jesús, María Magdalena regresó a su casa paterna, la cual había olvidado hace mucho tiempo. Pasaron varios meses en medio de los gozos que acompañaron su regreso, de los placeres por los deberes cumplidos, y de la unión fraterna. Sucedió un día, que el divino Maestro, se apareció en el umbral del lugar de habitación de Lázaro y sus hermanas.
   
Fatigado por sus trabajos apostólicos. Vino a Betania, a pedir reposo en medio de sus amigos. Magdalena fue la primera en comprender la felicidad de poseer al Salvador. De rodillas a sus pies, escucha, contempla, adora, y pronto merece escuchar estas palabras consoladoras que caen de los labios del Mesías: «María, ha escogido la mejor parte, y no le será quitada» (San Lucas X, 42). Las recibe, las pone en su corazón, y de ahí en adelante se agarra a Jesús, para nunca de nuevo separarse de Él. Por dondequiera busca una mirada de su Faz divina, y en el día de la prueba, se precipita sobre Él exclamando: «Señor si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto» (San Juan XI, 32).
     
En el Calvario, la pecadora, permanece al lado de la Virgen de los Dolores; embalsama el cuerpo de su Maestro, se sujeta a su sepulcro, y es una de los primeros que merece la gracia particular, de recibir la primera mirada de la Santa Faz resucitada.
  
Alma mía, mirad vuestro modelo. Una pecadora como Magdalena, una mirada de la Faz de Jesús cae sobre ti, para tocaros y convertiros. Buscad siempre esta divina mirada, y si no se os permite disfrutar durante largo tiempo de los deleites de la contemplación, id y anunciad al mundo, como Magdalena, la felicidad de haber encontrado de nuevo a Jesús y las maravillas de su amor.
         
Ramillete Espiritual: Fáciem tuam Dómine, réquiram. (Buscaré Oh Señor, Tu Rostro, Salmo XXXI).
       
LA FLECHA DE ORO
Sor María de San Pedro ha estado ahora, por cuatro años en el Carmelo de Tours. Se ha entregado por completo y generosamente a la gracia. Por fin ha llegado el momento en el que el objeto de su misión, le sería mostrado más claramente. La celestial Esposa está a punto de revelar que es lo que más le desgrada a su corazón. Le mostrará su justicia lista para golpear, si no se le ofrece a Él, una pronta reparación. Le sugerirá los medios que debe emplear para consolar su corazón y apaciguar su justa ira.
  
El 26 de agosto de 1843, escribe la hermana:
«Entonces abrió mi corazón, juntando ahí todas las potencias de mi alma y me dirigió estas palabras: “Mi Nombre es blasfemado por todas partes. Hasta por los niños”. Me hizo comprender cuán grandemente este pecado horrendo ásperamente le lastimaba más que las otras heridas de su divino Corazón: por la blasfemia el pecador le maldice a Él en su Faz, le ataca abiertamente, anula la redención, y él mismo pronuncia su propio juicio y condenación. La blasfemia es una flecha envenenada que hiere continuamente su Corazón. Él me dijo me daría una flecha dorada para herirle deliciosamente, y cicatrizar las heridas infringidas por los pecadores en su malicia.
   
Esta es la fórmula de alabanza que Nuestro Señor, a pesar de mi gran indignidad, me dictó para reparación de las blasfemias contra su santo Nombre. Me la dio para que fuese como una flecha dorada—asegurándome que cada día que la dijera, heriría su Corazón con una herida de amor—: “Que el Santísimo, Sacratísimo, Adorabilísimo, Incomprensibilísimo e Inefable Nombre de Dios sea siempre Alabado, Bendecido, Amado, Adorado y Glorificado en el Cielo, en la tierra y en los abismos por todas las criaturas de Dios, y por el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar. Amén”. La hermana interrumpe su apasionante recitación para explicar una palabra contenida en el acto de alabanza.
   
“Como sentí, dice ella, un cierto grado de asombro, que Nuestro Señor me hubiera dicho: en los abismos, tuvo Él la bondad de hacerme comprender que su justicia es ahí glorificada. Os ruego destacar que Él no me dijo en el infierno, sino que usó la palabra en forma plural, así que en la palabra se incluyera el Purgatorio, donde Él es amado y glorificado por las almas sufrientes.
  
La palabra infierno no sólo se aplica al lugar donde son enviados los condenados, la Fe nos enseña que el Salvador, después de su muerte, descendió al Hades, donde se encontraban las almas de los justos, y ¿acaso la misma Santa Iglesia reza a su divino Esposo, para que arrebate las almas de sus hijos de las puertas del infierno: A porta ínferi érue, Dómine, ánimas eórum? (Oficio de Difuntos)”».
     
INVOCACIÓN
Que el Santísimo, Sacratísimo, Adorabilísimo, Incomprensibilísimo e Inefable Nombre de Dios sea siempre Alabado, Bendecido, Amado, Adorado y Glorificado en el Cielo, en la tierra y en los abismos por todas las criaturas de Dios, y por el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar. Amén.

miércoles, 10 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA DÉCIMO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN DÉCIMO DÍA: LA FAZ DE JESÚS EN SU MINISTERIO APOSTÓLICO.
Oh, Faz adorable, bañada por el sudor de vuestros viajes, ten misericordia de nosotros.
   
Se acerca el momento para Jesús de dejar a María, y renunciar a la pacífica soledad de Nazaret, atravesar el mundo para anunciar las noticias de la salvación. La Santa Faz no escatimará el sufrimiento: la inclemencia de las estaciones, el calor del sol, el polvo del camino, el desprecio y la burla de los Fariseos e impíos. Has conocido todos estos sufrimientos, Oh adorable Faz de Jesús, mucho antes que tus labios probaran el cáliz de la Pasión.
               
1º PUNTO – SUFRIMIENTO DE LA SANTA FAZ DURANTE LOS VIAJES DE JESÚS.
Todo ha sido dispuesto por la divina sabiduría. Es a los niños del reino que pertenece la primera y más excelente porción de la fiesta. Para procurarles los beneficios del Evangelio, Jesús no se encogió ante dolor alguno, fatiga alguna. Oh vosotros, caminos polvosos de Galilea y Samaria, allanad los senderos de las montañas de Judea, las ardientes arenas del Jordán y del lago de Tiberíades, ¡que sudores no habéis visto manar de la adorable Faz de Nuestro Salvador! ¡Oh Sol, al menos cubrid el esplendor de vuestros ardientes rayos ante vuestro creador!
  
Noche oscura, retrasad un poco vuestro curso, y permitid que el Mesías, guste, por unos pocos momentos, el refrigerio de un reposo restaurador. Pero Él que ni siquiera tiene donde recostar su cabeza, ¿cómo podía esperar el descanso en esta tierra? Su alma arde con una sed que le devora el alma, y le hace olvidar las necesidades de su santa humanidad. Él corre, vuela, el divino Apóstol, para conquistar las almas, y su sudor, empapando su rostro, fluye sobre la tierra de Israel. Imagen de nuestra alma, para fertilizarla y hacerla dar frutos de salvación.
   
2º PUNTO – LOS SUFRIMIENTOS DEL CORAZÓN DE JESÚS.
Pero el sudor que cubrió la Faz de Jesús le habría sido dulce, y su cansancio habría sido consolador, si no hubiesen resultado estéril para la mayoría de los hombres. ¿Por qué fue necesario, oh, Jesús, que los sufrimientos de vuestra alma divina sobrepasaran los sufrimientos físicos de vuestro sagrado cuerpo?
   
Buen Pastor, incesantemente os apresuraste a ir tras las ovejas rebeldes y extraviadas, las perseguiste con vuestra ternura, con vuestras lágrimas y vuestro amor; las llamaste con delicadeza e invitaste que regresaran a Ti. Con su cercanía vuestro corazón se estremecía con alegría, temblaba de miedo y dolor cuando las veías escapara de tus divinos abrazos. Oh, Faz adorable, cuya expresión y modestia, atrajo tanto a los justos como a los pecadores, mostraos Vos mismo a estas almas infieles y malagradecidas.
   
Oh, adorable Faz de Jesús, mostraos a mi alma, encadenadme a Ti con vuestro ojo victorioso, enseñadme también a amar a los pobres pecadores; dadme a compartir de la sed ardiente que os consume y devora. Cautivo a vuestro amor, trabajaré mediante mis oraciones, con mi buen ejemplo, mis sacrificios y todos mis esfuerzos para ganar corazones para Ti, para instar a las almas, atraídas por vuestra preciosísima Sangre, hacia vuestra celestial grey y hacia las redes extendidas para ellas de vuestra ternura.
         
Ramillete Espiritual: ¡Sítio! (Tengo sed, San Juan XIX, 28), por la salvación de las almas.
       
EL NOVICIADO DE LA HERMANA SOR MARÍA DE SAN PEDRO.
La primera atracción interior que sintió la nueva postulante fue la de una tierna devoción por la infancia de Jesús. Permitamos nos explique cómo fue solicitada por la gracia aún antes de haber asumido el hábito carmelita:
«Cuando todavía era yo una niña en la religión en el Carmelo, Nuestro Señor hizo me empleara de una manera especial en su santa infancia, y me hizo saber lo que Él deseaba que yo hiciera para honrarle en este estado. Así, trazó en mi mente para cada día del mes, un ejercicio que practicaba con gran consuelo, y creo, me miraba a mí misma como la pequeña sierva de la Sagrada Familia, y me ofrecía a ella en esta calidad, deseando ardientemente vestir sus distintivos cuando tomara el hábito del Carmelo.
   
Rogué a mi reverenda madre fuera tan buena para concederme este favor, a pesar de mi indignidad. Me fue concedido el 21 de mayo de 1840, en ese bendito mes consagrado a ella, a quien debo la gracia de tan hermosa vocación. Me consagré por completo a la Sagrada Familia, en ese día de gozo y bendición. Esta es la consagración sobre la que escribí y que puse en corazón durante la ceremonia: “Oh Jesús, María y José, la más santa e ilustre familia, dignaos este día, a pesar de mi indignidad, recibirme como a vuestra sierva, es el gran deseo de mi corazón, dignaos concederme lo que os pido en esta oración.
  
Estoy firmemente resuelta a ser fiel a vosotros, y si no puedo, al menos comprometedme en vuestro servicio por los tres votos religiosos, por último, recibid mi deseo, y dadme gracia para cumplirlos como si ya los hubiera hecho. Oh, Santísimo Infante Jesús, concededme ser tan obediente al Espíritu Santo y a mis superioras como si lo fuera con la Bienaventurada Virgen y San José. Y Vos, oh María concebida sin pecado, y toda pura a los ojos de Dios, obtenedme la gracia de nunca hacer algo que empañe el esplendor de la belleza, de la hermosa virtud de la pureza.
   
Oh, Bienaventurado Patriarca San José, que practicaste la virtud de la pureza en tan santo grado de perfección, y que te sacrificaste por el santo Infante Jesús, y su madre la divina María, concededme por el poderoso medio de vuestra influencia con Dios, siguiendo vuestro ejemplo, pueda practicar la santa pobreza hasta el último momento de mi vida, y que sienta siempre un deber y un dulce placer sacrificar mi vida por mis hermanas.
   
¡Finalmente, Oh Sagrada Familia, ¡concededme pueda gloriarme en ser vuestra humilde sierva! Dignaos en recibidme este hermoso día y dadme prueba que aceptáis mis servicios, otorgándome la gracia de desempeñarme dignamente al recitar el oficio divino, concededme pueda recitarlo con atención, respeto, amor, fervor, y devoción; concededme esté tan despierta en los Maitines como si estuviera en el cielo, deslumbrada por la belleza de Dios y su gloria! Amén”».
     
INVOCACIÓN (Por el Sr. León Papin Dupont)
Oh Dios todopoderoso, Padre Eterno, mirad sobre la Faz de vuestro Hijo Jesús, os la presentamos con la confianza de alcanzar vuestro perdón. El abogado misericordioso abre su boca para suplicar por nuestra causa, escuchad sus gritos. Oh mi Dios, por sus méritos infinitos, escuchadle cuando intercede por nosotros, pobres y miserables pecadores. Amén.

martes, 9 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA NOVENO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN NOVENO DÍA: LA FAZ DE JESUCRISTO Y SATANÁS
Oh, Faz adorable, que haces estremecer a los demonios, ten misericordia de nosotros.
   
Adoremos la adorable Faz de Jesús, ante cuya presencia debe doblarse toda rodilla, en el cielo, en la tierra y en el infierno, que permite a los demonios acercársele y contemplar sus rasgos. Bajo el velo de humanidad, su divinidad sólo tiene que manifestarse por sí misma, bastando un momento para arrojar a los enemigos de Dios y a todos los injustos al abismo.
               
1º PUNTO – LA TENTACIÓN NO ES UN MAL.
Jesús quiso ser tentado por el demonio, quiso someterse a sus asaltos. La Luz Increada no tuvo miedo de estar a menudo en presencia del ángel de las tinieblas. En el desierto el tentador se le acercó, y sugirió al divino penitente las tres tentaciones que tienen como origen la triple concupiscencia del orgullo, del amor a las cosas terrenas, y de la sensualidad. Jesús no las combatió con nada, excepto dulzura y paciencia. Se opuso a ellas con calma, energía y dignidad, con una mirada de sus ojos, con una palabra salida de su boca divina.
   
A menudo tendrá ocasión de expulsar al espíritu impuro fuera de los cuerpos de los poseídos, y fuera de las almas de los pobres pecadores, su forma de actuar será siempre la misma. Quiere enseñarnos que mientras permanezcamos en la tierra, tendremos que luchar contra esto: «un león rugiente que siempre busca a quien devorar» (Diábolus, tanquam leo rúgiens circúit quǽrens quem devóret. I Petr. V, 8). Si se trató con rigor al Maestro, igual debe ser con el discípulo. ¿Acaso los Santos no soportaron la tentación en proporción a la altura de santidad que habían alcanzado? La tentación no es un pecado. El pecado consiste en una voluntad perversa y en el consentimiento; la voluntad siempre permanece libre. El diablo siempre merodeará el corazón con ruidosos rugidos, él no puede entrar en el, y enlodar su pureza, a menos que se lo permitamos voluntariamente.
   
¿Cuál es el requisito, oh mi Dios, a fin de no sucumbir? Desconfiar de las criaturas, confiar en vuestra gracia, recurrir a vuestro poder: «Señor, muéstranos Tu Santa Faz y seremos salvos». Oh buen Jesús, a la hora del peligro, al momento en que las aguas de la iniquidad están a punto de desbordar mi corazón, mostradme vuestra Faz divina; y el demonio, desarmado y vencido, volará lleno de confusión a sus oscuros abismos: «Osténde Fáciem tuam, et salvi érimus» (Ps. LXXXIV, 6).
   
2º PUNTO – LA TENTACIÓN PUEDE SER UNA BENDICIÓN.
Es a la hora del peligro que los polluelos se refugian bajo las alas de su madre, y las ovejas bajo el cayado de su pastor. Cuando no encontramos reposando en los pastos del Señor, nada tenemos que temer a los dardos del enemigo; por un momento, podemos olvidarnos de el cuando nos viene toda ayuda; pero de repente, dejemos se nos presente el enemigo, y es entonces cuando nos apresuraremos a arrojarnos al seno del Padre, quien puede defendernos.
   
Armados con el pensamiento que estamos bajo la mirada de Dios, como buenos soldados combatiremos bajo la mirada de su líder, probaremos a Dios nuestra fidelidad y amor, lucharemos contra el enemigo, venceremos sus tramas alejándonos del pecado y de las ocasiones que nos conducen a el. Contra las tentaciones de orgullo, el alma Cristiana sólo tiene que considerar la Faz de su Dios cubierta de oprobios, ensangrentada y desfigurada, a fin de expiar las rebeliones de su criatura culpable, contra las tentaciones de sensualidad, sólo tiene que pensar en sus sufrimientos, contra las tentaciones de apego a los bienes mundanos, sólo tiene que contemplar a Cristo desnudo sobre la cruz, y ante tal vista, ¿quién no se sentirá fortalecido a luchar el buen combate del Señor?
   
Una vez se le apareció el demonio a uno de los siervos de Cristo, quien ya le había infringido la más de las ignominiosas derrotas. Martín se encontraba en oración, en su celda. De repente se miró bañado en una luz púrpura; seguido vio ante sus ojos a un personaje resplandeciente de luz, de rostro sereno y aire gozoso, envuelto en traje real, su frente coronada con una diadema. «Martín, soy Cristo, adoradme», le dijo. El santo se detuvo y reflexionó un momento. «Mi Señor Jesús, respondió, ¿acaso no me anunciaste que te me aparecerías vestido de púrpura y coronado con una diadema? Por mi parte, si no le veo con el rostro y en el exterior bajo lo que sufrió, con sus estigmas y su cruz, no creeré que es Él». Ante estas palabras, el fantasma se desvaneció. Deseamos poner al demonio a volar, recordemos entonces de la Pasión de Nuestro Señor, y contemplemos su Santa Faz desfigurada por el pecado.
         
Ramillete Espiritual: Christo ígitur passo in carne, et vos eádem cogitatióni armámini (Armémonos contra el demonio con el pensamiento de Cristo crucificado. I Petr. I,4).
       
EL CARMELO DE TOURS: AHÍ ENCONTRÉ AL NIÑO JESÚS Y A LA SAGRADA FAMILIA (Palabras de Sor María de San Pedro).
Dejé Rennes, escribe la hermana Sor María de San Pedro, acompañada por mi excelente padre, el 11 de noviembre de 1839, día de la Fiesta de San Martín, mi querido protector, y fui a Turena, mi nueva patria. El 13 llegué a Tours, y de inmediato me dirigí al Convento de las Carmelitas. Eran las cinco de la tarde, y fue admirable que el mismo San Martín me presentó «todos los Santos del Carmelo», cuya fiesta se celebra al día siguiente.
  
Segura estaba que estos buenos santos no rechazarían recibirme el día de tan hermosa fiesta, porque les había orado insistentemente me recibieran en su familia; y no pudieron darme mayor prueba de mi perseverancia que recibirme en tal día. Bajando del carruaje, mi padre me llevó a las Carmelitas; me dio su bendición y me dijo, vencido por la emoción, como estaba, al abrazarme por última vez, que era voluntad de Dios que él hiciera este sacrificio. ¡Pobre padre! ¡Cuán abundantemente recompensará nuestro Dios misericordioso la admirable obediencia a sus órdenes!
   
De pronto, se abren las puertas, y mi padre me entrega en las manos de mi nueva familia, quienes se presentan a recibirme. Si en ese momento hice el sacrificio a Dios de un buen padre, me dio a cambio de él, un tipo de madre, que estaba destinada, en su gran caridad, a brindar a mi alma servicios de inestimable valor. Fue la muy reverenda Madre María de la Encarnación, que era en ese entonces, tanto Priora como Madre de las novicias.
  
Sentí como si mi Salvador me hubiera intimidado, cuando aún llevaba una vida secular, que la madre que había escogido para mi tendría una gracia especial para dirigirme en sus caminos. Al menos fue cierto, cuando sucedió que ella se dio cuenta de lo más íntimo de mi corazón, lo que no pasó de inmediato, si no sólo cuando Dios lo juzgó oportuno, para su gloria y la salvación de mi alma.
   
Al día siguiente, asistía al Oficio Divino, y fui atacada por una absurda tentación, la única que recuerdo haber sufrido contra mi vocación, y que ahora relataré. Viendo al hebdomadario, los chantres, los versicularios, y a alguna de las otras monjas, avanzar en medio del coro, inclinándose y diciendo algunas palabras en latín, luego regresando a sus lugares, mientras otras seguían en su lugar, me alarmé tanto por tantas ceremonias, y temí nunca llegar a ser capaz de realizarlas, o de llegar a comprenderlas cuando llegara mi turno de participar en ellas.
   
Fui conducida al noviciado; ahí encontré al Niño Jesús y a la Sagrada Familia, objetos apreciados de mi corazón. Desde entonces esta Sagrada Familia por cuyo amor había abandonado el mundo para ir a servirles en el Carmelo, el cual sabía era especialmente consagrado a ellos, me hicieron encontrar todo fácil y agradable, me pareció pensar como si ya hubiera pasado ahí, varios años.
   
Fue cuando por mi propia experiencia, comprendí, que no sólo existe la vocación a determinada orden, sino también a una casa determinada, porque no me sentí atraída hacia ningún otro convento; por el contrario, tan pronto entré a ese de Tours, sentí que estaba donde Dios me quería.
     
INVOCACIÓN (Por Sor María de San Pedro)
Os saludo, os adoro, y os amo, Oh Faz adorable de Jesús, mi amado noble sello de la divinidad; me dedico a Vos con todas las potencias de mi alma, y os ruego humildemente imprimas sobre nosotros, los rasgos de vuestra semejanza divina. Amen.

lunes, 8 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA OCTAVO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN OCTAVO DÍA: LA FAZ DE JESUCRISTO EN NAZARET.
Oh, Faz adorable, que en vuestra santa infancia fuiste bañada de lágrimas, ten misericordia de nosotros.
   
¡Cuánto amo contemplaros, vuestra augusta y rosada Faz del niño Jesús! ¡Cuánta dulzura, cuanta modestia, cuanta amabilidad, impresas en todos vuestros rasgos! Pero es por encima de todo en el taller del pobre carpintero de Nazaret, que vuestra Faz divina brilla con la más dulce paz, en las fatigas y trabajos con que vuestro amor os sentencia. ¡Mientras os contemplo, pueda yo, trazar una y otra vez en mí mismo, esta dulce y admirable serenidad en medio de los sufrimientos de la vida presente!
               
1º PUNTO – LOS TRABAJOS DE JESÚS.
Os contemplo, os adoro y os amo, oh Faz adorable de Jesús, encorvado sobre las herramientas apropiadas para vuestros duros trabajos. «̈Fui pobre y lleno de trabajos desde mi juventud» (Páuper sum ego et in labóribus a juventúte mea Ps. LXXXVII), dijiste por boca de tu profeta David. Divino reparador del pecado, viniste a enseñarnos la ley del sufrimiento, la ley de reparación.
   
Cada instante de vuestra juventud se empleó de ocupaciones materiales, que no tenían atracción para el pensamiento, o figura alguna que por sí misma mandara al corazón. Qué lección para mi debilidad, mi desagrado y amor por el descanso. Pero permitidme, oh, Jesús, preguntaros por el sujeto de vuestros pensamientos, la causa de vuestras miradas, y las nubes que pasan ante tu presencia todas bañadas de sudor. Pequeño trabajador de Nazaret, sin duda pensaste, en el humilde taller de José, tu padre putativo, en el otro Padre que habita en el cielo, el divino arquitecto del mundo, vergonzosamente ofendido por su culpable criatura. Arrojando vuestra mirada sobre la madera modelada por vuestras sagradas manos, también pensaste que un día se convertiría en el doloroso instrumento de la salvación; el estandarte de la victoria, el cetro de vuestro imperio, y vuestro pacífico cayado para guiar la divina grey, las ovejas y corderos de vuestro rebaño escogido.
   
2º PUNTO – CONSOLACIONES DE LA SANTA FAZ.
Sabemos, Oh Jesús, que gozo y aflicción, sufrimiento y consuelo, se siguen unos a otros en la vida cristiana, y siempre están cercanamente unidos. Divino modelo de humanidad, quisiste saborear lo uno y lo otro, y en el taller de Nazaret, los ángeles circundaban vuestros pasos e iluminaban vuestros trabajos. Pero más atento, más deseoso, más amante que los ángeles del cielo, un ángel visible sobre la tierra, una madre, ¿está siempre junto a tu lado? Ayudaste a José ganarse el pan para María; pero María, durante treinta y tres años, nunca cesó un momento en consolar vuestro corazón.
  
¿Acaso María, se perdió, siquiera una vez una mirada de vuestros ojos, una sonrisa de vuestros labios, un suspiro que pronunciaste? ¡Ah! quisiera imaginarme a esta amada madre, a menudo acercándose al taller de Nazaret, secando amorosamente el sudor que caía de tu frente, y, mucho más feliz que Verónica, ser capaz durante largos años de rendiros esta sagrada obligación.
   
Oh, Jesús, permitidme acompañar a María en este piadoso oficio, y mezclar mi amor con su amor, mis atenciones embelesadas con sus atenciones maternales, mientras se consuela vuestra augusta Faz. Cuando a menudo me siento agobiado por el peso de la fatiga y el trabajo incesante, contemplaré a vuestra Faz divina; su contemplación serán mi modelo y auxilio, y Vos, Oh María, alcanzad que un rayo caiga de la Faz de Jesús, para refrescar mi corazón, y me den valor y fortaleza cada día, para cumplir en este valle de lágrimas las tareas a mi confiadas. Que vea pronto mis sufrimientos cambiados en gozos, y mis cruces en trofeos de victorias y de salvación.
      
Ramillete Espiritual: In labóribus a juventúte mea (He estado lleno de trabajos desde mi juventud Ps. LXXXVII, 16).
       
SOR MARÍA DE SAN PEDRO: SU INFANCIA CONTADA POR ELLA MISMA.
Nací el 4 de octubre de 1816, un día para siempre memorable, como fue el de la muerte de nuestra madre Santa Teresa, y la fiesta de San Francisco de Asís, cuyo nombre llevaba mi madre. Fui bautizada en la iglesia de San Germán en Rennes. Mi madre tenía un ramillete desagradable que le habían regalado el día de su fiesta, por traer al mundo a una niña pequeña destinada a causarle tanta ansiedad por motivo de su enfermedad y rebeldía.
   
Tan pronto empezó a desarrollarse mi razón, mis buenos padres, que eran eminentemente piadosos, me dieron una educación religiosa. Pero yo tenía muy mal carácter; me enojaba rápidamente, era muy obstinada y frívola. Mi piadosa madre me lleva a menudo a la iglesia, pero mi frivolidad hacia volver mi cabeza a todas partes, para averiguar qué sucedía.
   
Cuando abiertamente permitía aparecieran mis distracciones, y no prestaba atención a las órdenes de mi madre, me castigaba severamente. Me llevaban a confesión cuando tenía seis años y medio de edad, para que me acusara de todas mis culpas. Más aún, fui especialmente instruida en todo lo que tenía relación con la Bienaventurada Virgen María, y me fueron dados ejemplos de la protección que esta buena madre brinda a sus hijos, y estas consideraciones tocaron mi corazón. Comencé a invocarla, y me hice mejor. También empecé a disfrutar de la oración, y ya no tenía que sufrir más algún castigo al regreso de la Misa Mayor los domingos, porque era más constante. También cuando se me presentaba alguna cosa desagradable, me hacía violencia a mí misma para no discutir al respecto, y decía: «̈Dios mío, os lo ofrezco en reparación por mis pecados». Habiendo sido enviada a catecismo, por mis buenos padres, con los niños pequeños que pertenecían a la parroquia, disfrutaba las instrucciones y mi conducta era más edificante, los elogios pronto sucedieron a los reproches, que ya me había acostumbrado a recibir. Además, empecé a hacer el Viacrucis.
   
Leer acerca de los sufrimientos de Nuestro Señor tocó mi corazón profundamente, porque pensé que mis pecados eran la causa de sus sufrimientos, y dije con espíritu contrito: «̈Oh mi Salvador, ¿conociste durante vuestra pasión que llegaría el día en que me convertiría y sería completamente vuestra?». A cada estación besé el suelo. Luego regresé a casa con polvo en mi rostro, y Nuestro Señor permitió este acto de virtud para exponerme a una pequeña humillación, que ocasionó que mi pequeña débil virtud fuese puesta a gran prueba.
   
La gracia me atrajo fuertemente a Dios, pero no era constante en el bien hacer, a menudo caía, y de nuevo me levantaba. No sé en qué ocasión fue que escuché hablar de una clase de oración, y dije entonces: «̈No hablaré cuando diga mis oraciones, y será una oración mental».
  
Pero cuando terminaba era presa de la incomodidad, pensando que no había dicho mi oración matutina o vespertina. Nuestro Señor, mirando a mi deseo, me inspiró a pensar en sus sufrimientos y en mis pecados, entonces lloraba amargamente, y Nuestro Señor permitió un poco más tarde, escuchara un sermón que trataba nada más que de la meditación, y abrí mis oídos y mi corazón a tan feliz asunto, deleitándome cómo aprender y practicar la oración mental.
     
INVOCACIÓN
Oh, adorable Salvador, que te complaces en levantar lo que pareciera ser el instrumento más débil del mundo, para convertirlo en instrumento de tu gracia, arroja una mirada de compasión sobre mi pobre alma. Mirad su debilidad y pobreza, e inspiradla con el deseo de conoceros, de imitaros, de seguiros, y por estos medios levantarla paso a paso, de virtud en virtud, hasta que alcance la cumbre de la perfección cristiana, que Vos nos revelaste por medio del ejemplo de los Santos.

jueves, 6 de octubre de 2016

ORACIÓN “LA FLECHA DE ORO”

Dijo Nuestro Señor a la venerable Sor María de San Pedro en 1846:
«Esta devoción [a la Santa Faz] tiene un doble propósito: REPARAR LA BLASFEMIA y LA PROFANACIÓN DEL DOMINGO Y LOS DÍAS DE PRECEPTO. Esos dos pecados provocan la ira de Dios en estos tiempos modernos. Mi Nombre es blasfemado por todas partes. Hasta por los niños. Por la blasfemia, el pecador Me maldice en mi propia Faz, Me ataca públicamente, anula en sí mismo la Redención y pronuncia su propio juicio y condenación. La blasfemia es un pecado horrible, más que cualquiera, es una flecha envenenada que hiere gravemente mi Divino Corazón. Esta flecha de oro penetrará deleitosamente en mi Corazón, y sanará las heridas que me ocasionan las blasfemias».
  

Que el Santísimo, Sacratísimo, Adorabilísimo, Incomprensibilísimo e Inefable Nombre de Dios sea siempre Alabado, Bendecido, Amado, Adorado y Glorificado en el Cielo, en la tierra y en el Infierno por todas las criaturas de Dios, y por el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar. Amén.
 
TRADUCCIÓN AL LATÍN
Laudáto, Benedícto, Amáto, Adoráto et Glorificáto sit semper Sanctíssimus, Sacratíssimus, Adorabilíssimus, Incomprehensibilíssimus, Ineffabílisque Nómine Dei in Cœlum, térramque, ac Infernórum, per ómniæ creatúræ Dei, et Sacratíssimi Cordis Dómini Nostri Jesu Christi in Sanctíssimum Altáris Sacraméntum. Amen.
 
Mons. Luis José Gaillard, Arzobispo de Tours, aprobó esta oración y la enriqueció con 200 días de Indulgencia cada vez.

viernes, 16 de septiembre de 2016

CORONA DE LA SANTA FAZ

Refiere la venerable Sor María de San Pedro en su libro “La Flecha de Oro”, que hacia el 15 de Noviembre de 1843,
«Nuestro Señor me inspiró en este tiempo a componer ciertas oraciones de reparación en forma de una Corona, o pequeño rosario. Esta Corona está hecha de treinta y tres cuentas pequeñas, sobre las cuales se recita treinta y tres veces la oración “Levántate, Señor, y sean dispersados tus enemigos, y huyan delante de Tu Faz los que te odian”, y también seis cuentas grandes sobre las cuales recitamos la jaculatoria “Oh mi Jesús, ten misericordia de nosotros”, seguida del Gloria Patri».
  
CORONA DE LA SANTA FAZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO


In nómine Patris, et  Fílii, et Spíritus Sancti (En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo). Amen.
  
En la cruz, decir: Deus, in adjutórium meum inténde: Dómine, ad adjuvándum me festína (Oh Dios, ven en mi auxilio: Señor, date prisa en socorrerme).
Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum (Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos). Amen. 
     
En la primera cuenta grande, en honor al sentido del tacto de Nuestro Señor: O mi Jesu, misericórdia! Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum (¡Oh mi Jesús, misericordia! Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos). Amen.
En las seis cuentas pequeñas: Surge, Dómine, et dissipéntur inimíci tui: et fúgiant qui odérunt te a fácie tua (Levántate, Señor, y sean dispersados tus enemigos, y huyan delante de Tu Faz los que te odian).
  
En la segunda cuenta grande, en honor al sentido del oído de Nuestro Señor: O mi Jesu, misericórdia! Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum (¡Oh mi Jesús, misericordia! Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos). Amen.
En las seis cuentas pequeñas: Surge, Dómine, et dissipéntur inimíci tui: et fúgiant qui odérunt te a fácie tua (Levántate, Señor, y sean dispersados tus enemigos, y huyan delante de Tu Faz los que te odian).
  
En la tercera cuenta grande, en honor al sentido de la vista de Nuestro Señor: O mi Jesu, misericórdia! Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum (¡Oh mi Jesús, misericordia! Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos). Amen.
En las seis cuentas pequeñas: Surge, Dómine, et dissipéntur inimíci tui: et fúgiant qui odérunt te a fácie tua (Levántate, Señor, y sean dispersados tus enemigos, y huyan delante de Tu Faz los que te odian).
  
En la cuarta cuenta grande, en honor al sentido del olfato de Nuestro Señor: O mi Jesu, misericórdia! Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. (¡Oh mi Jesús, misericordia! Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos). Amen.
En las seis cuentas pequeñas: Surge, Dómine, et dissipéntur inimíci tui: et fúgiant qui odérunt te a fácie tua (Levántate, Señor, y sean dispersados tus enemigos, y huyan delante de Tu Faz los que te odian).
  
En la quinta cuenta grande, en honor al sentido del gusto de Nuestro Señor: O mi Jesu, misericórdia! Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum (¡Oh mi Jesús, misericordia! Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos). Amen.
En las seis cuentas pequeñas: Surge, Dómine, et dissipéntur inimíci tui: et fúgiant qui odérunt te a fácie tua (Levántate, Señor, y sean dispersados tus enemigos, y huyan delante de Tu Faz los que te odian).
  
En las tres últimas cuentas pequeñas, en honor a los tres años de la Vida pública de Nuestro Señor, y en desagravio a las dos bofetadas que sufrió su Santa Faz y la coronación de espinas: Surge, Dómine, et dissipéntur inimíci tui: et fúgiant qui odérunt te a fácie tua (Levántate, Señor, y sean dispersados tus enemigos, y huyan delante de Tu Faz los que te odian).
  
En honor de las Siete Palabras: Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum (Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos). Amen.
  
En la medalla de la Santa Faz: Protéctor noster áspice Deus: et réspice in fáciem Christi tui (Vuélvete a mirarnos, oh Dios, protector nuestro, y pon los ojos en la Faz de tu Cristo).
   
Otras jaculatorias que se pueden rezar al final:
  • Exsúrgat Deus, et dissipéntur inimíci ejus, et fúgiant qui odérunt eum, a fácie ejus! (Levántese Dios, y sean dispersados sus enemigos, y huyan de su presencia los que le odian).
  • Ter sanctum nomen Dei subvértat ómnia consília eórum! (Que el tres veces santo nombre de Dios revierta todos sus planes).
  • Sanctíssimum Nomen Dei vivéntis divídat eos cum dissensiónibus! (Que el Santísimo Nombre del Dios viviente los divida con desacuerdos).
  • Terribíle nomen Dei aeternitátis déleat omnem impietátem suam! (Que el terrible nombre del Dios de la eternidad aplaste toda su impiedad).
  • Dómine, nolo mortem peccatóris, sed ut convertátur et vivat. Pater, ignósce illis, quia nésciunt quid fáciunt (Señor, no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen).
  • Laudáto, Benedícito, Amáto, Adoráto et Glorificáto sit semper Sanctíssimus, Sacratíssimus, Adorabilíssimus, Incomprehensibilíssimus, Ineffabílisque Nómine Dei in Cœlo, et in terræ, ac in Inférno per ómnia creatúra Dei, et Sacratíssimi Cordis Dómini Nostri Jesu Christi in Sanctíssimum Altáris Sacraméntum (Que el Santísimo, Sacratísimo, Adorabilísimo, Incomprensibilísimo e Inefable Nombre de Dios sea siempre Alabado, Bendecido, Amado, Adorado y Glorificado en el Cielo, en la tierra y en el infierno por todas las criaturas de Dios, y por el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar). Amen.
 
In nómine Patris, et  Fílii, et Spíritus Sancti (En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo). Amen.
Nuestro Señor recompensa a Sor María de San Pedro por recitar la Corona de Reparación concediéndole una visión en la cual Él le presenta una corona con cuentas de piedras preciosas, unidas con una cadena de oro.
«Un día, después de la Santa Misa, Nuestro Señor se me apareció pesentándome una Corona similar [a la que yo recé] que vi estar hecha de piedras preciosas unidas con una hermosa cadena de oro. Considerándome tan indigna de poseer tal tesoro, le supliqué a la Virgen Santísima que me guardase ese bello rosario en su Inmaculado Corazón, y también le supliqué a Nuestro Señor que otorgase indulgencias a la recitación de esta Corona». (SOR MARÍA DE SAN PEDRO OCD, La Flecha de Oro, Revelación del 15 de Noviembre de 1843, pág. 124)
  
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Nuestro Señor prometió que esta devoción derrotará a los enemigos de la Iglesia (especialmente al Comunismo). Por tanto, la devoción a la Santa Faz es, junto con el Santo Rosario y el Inmaculado Corazón de María, el último recurso para que el mundo alcance misericordia (Numerosos analistas políticos aseguran que la “caída” del Comunismo, aunque vertiginosa y espectacular, es UN ENGAÑO, y que pronto resurgirá. Por ello, es muy necesario que estas devociones se practiquen y difundan ahora más que nunca).
  
JACULATORIA: Ætérne Pater, óffero tibi Sanctæ, Fácie Jesum, in sánguine, sudóre, pulvis et sputum copértum, ad críminum communistárum, blasphemórum et profanatórum Sancti Nóminis et Sancte die Domínici reparatiónem (Padre eterno, te ofrezco la Santa Faz de Jesús, cubierta con sangre, sudor, polvo y escupitajos, en reparación por los crímenes de los comunistas, blasfemos, y por los profanadores del Santo Nombre y del santo día domingo). Amen.
  
ORACIÓN: Ætérne Pater, óffero tibi Crucem Dómini nostri Jesu Christi, et ómnia instruménta sanctæ Passiónis ejus, ut in castra inimícos tuos ponas divisiónem, quod dilectíssimum Fílium tuum dixit: «Omne regnum divísum contra se desolábitur» (Padre eterno, te ofrezco la cruz de nuestro Señor Jesucristo, y todos los instrumentos de su santa Pasión, para que pongas división en los campamentos de tus enemigos, porque dijo tu Hijo amantísimo: «Todo reino dividido contra sí mismo se destruye»). Amen.