Pese al respaldo de León XIV Riggitano-Prévost y un reciente documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, la Conferencia de Obispos Católicos de Inglaterra y Gales impone un bloqueo al Ordinariato Personal de Nuestra Señora de Walsingham (uno de los tres ordinariatos personales para los anglicanos creados por Benedicto XIV Ratzinger en 2007) a tal punto que en quince años no les han dado ni una parroquia, dijeron los presbíteros Edward “Ed” Tomlinson y Benedict Kiely a Damián Thompson en el podcast Holy Smoke de The Spectator.
Los dos presbíteros describieron un clima de resistencia institucional que se remonta al día mismo de la fundación, a lo cual Thompson recordó que en la conferencia de prensa posterior al anuncio de Benedicto XVI, el cardenal Cormac Murphy O’Connor «estaba claramente furioso». Tomlinson (que había ministrado como anglicano en Tunbridge Wells, Kent) citó a un obispón jesuita ya fallecido que habría dicho sobre los conversos anglocatólicos: «son el tipo equivocado de anglicanos».
Tomlinson consideró que el problema de fondo es que los sectores más progresistas del catolicismo inglés perciben el Ordinariato como algo desafiante: sacerdotes apasionados por la tradición y la doctrina, provenientes de un mundo anglocatólico que el establecimiento liberal no podía controlar porque el Ordinariato goza de autonomía canónica.
Además, añadió el factor de la «memoria de gueto» del catolicismo inglés, históricamente asociado a la inmigración irlandesa. «Estos jóvenes ingleses advenedizos procedentes de colegios privados y de Oxbridge [nombre informal que fusiona a las universidades Oxford y Cambridge] quizá tocaron algunas viejas tensiones profundamente subconscientes. No éramos parte de la tribu». Muchos obispos, opinó, «habrían preferido que simplemente nos convirtiéramos en ellos».
Kiely incluso evocó las palabras de Hilaire Belloc a Evelyn Waugh en los años 30, cuando describió la jerarquía católica inglesa como «una niebla de mediocridad». «A veces creo que la niebla aún no se ha disipado», sentenció.
Y no solo allí. Thompson señaló que la Iglesia de Inglaterra, que está cerrando templos a un ritmo acelerado, tampoco quiere vender edificios a un Ordinariato cuyo origen fue tenido como un acto de agresión, en palabras de Tomlinson: «Se decía entonces: “el Papa aparca sus tanques en el jardín de Lambeth”», porque un catolicismo robustamente católico e inglés «les quita la alfombra de debajo de los pies a quienes pretenden que el anglicanismo es el verdadero catolicismo inglés, solo que sin el Papa».
Thompson les preguntó por qué tantos anglocatólicos que rechazan el presbiterado femenino y celebran liturgias de «plena fe y pleno ritual» permanecen en una iglesia cuya primada es Sarah Bowes de Mullally.
Tomlinson ofreció su propia explicación, acuñada años atrás en un artículo de blog: «las cinco ces», de las que en la conversación desarrolló dos. La primera, cash (dinero): la pensión anglicana es muy superior a lo que un sacerdote católico puede esperar. La segunda, class (clase social): para algunos, ser capellán del alcalde o moverse en determinados círculos era un aliciente difícil de abandonar. «Es un poco malicioso por mi parte, pero creo que es verdad», reconoció.
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