domingo, 19 de abril de 2026

PRÉVOST RELATIVIZA OTRA VEZ EL MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES


En su homilía durante la cena campal en el estadio Japoma de Duala (Camerún), en el marco de su gira por África, León XIV Riggitano-Prévost repitió la naturalización del relato joánico de la multiplicación de los panes.

Después de preguntar retóricamente: «No somos Dios; pero, precisamente, ¿dónde está Dios ante el hambre de la gente?», Riggitano-Prévost lanza la bomba:
«Mientras espera nuestras respuestas, Jesús da la suya: “Tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron” (Jn. 6. 11). Un grave problema se resuelve bendiciendo la poca comida que hay y repartiéndola entre todos los que tienen hambre. La multiplicación de los panes y los peces ocurre en el compartir; ¡he aquí el milagro! Hay pan para todos si se da a todos. Hay pan para todos si se lo toma no con una mano que acapara, sino con una mano que da. Observemos bien el gesto de Jesús: cuando el Hijo de Dios toma el pan y los peces, ante todo da gracias. Agradece al Padre por un bien que se convierte en don y bendición para todo el pueblo.
   
Al hacerlo así, la comida abunda; no se raciona por emergencia, no se roba por disputa ni se desperdicia por quienes se atiborran ante quienes no tienen nada que comer. Al pasar de las manos de Cristo a las de sus discípulos, la comida aumenta para todos, es más, sobreabunda (cf. vv. 12-13). La gente, admirada por lo que había hecho Jesús, exclamó: “Este es, verdaderamente, el Profeta” (v. 14), es decir, aquel que habla en nombre de Dios, el Verbo del Omnipotente. Y es verdad, pero Jesús no utiliza estas palabras con vistas a un éxito personal; no quiere convertirse en rey (cf. v. 15), porque ha venido a servir con amor, no a dominar».
   
En estos párrafos, Riggitano-Prévost vuelve, como hizo nueve meses atrás, sobre los pasos de su predecesor Francisco Bergoglio, quien afirmó en varias ocasiones que la multiplicación de los panes no se trata de un aumento sobrenatural de los alimentos, sino de una transformación de los corazones humanos que lleva a compartir.
  • «Los panes y los peces no se acaban, ¡no se acaban! He aquí el milagro: más que una multiplicación es un compartir, animado por la fe y la oración. Comieron todos y sobró: es el signo de Jesús, pan de Dios para la humanidad» (Ángelus, 2 de Junio de 2013).
  • «La multitud quedó impresionada por el prodigio de la multiplicación de los panes; pero el don que Jesús ofrece es plenitud de vida para el hombre hambriento… Dios es capaz de multiplicar nuestros pequeños gestos de solidaridad y hacernos partícipes de su don» (Ángelus, 26 de Julio de 2015).
  • «Hoy, de hecho, Juan nos muestra nuevamente a Jesús atento a las necesidades primarias de las personas. El episodio surge de un hecho concreto: las personas están hambrientas y Jesús involucra a sus discípulos para que este hambre se sacie. Este es el hecho concreto. A la multitud, Jesús no se limitó a donar esto —ofreció su Palabra, su consuelo, su salvación, su vida—, pero ciertamente hizo también esto: se encargó del alimento para el cuerpo. Y nosotros, sus discípulos, no podemos hacer como si nada. Solamente escuchando las más sencillas peticiones de la gente o poniéndose cerca de sus situaciones existenciales concretas se podrá ser escuchado cuando se habla de valores superiores» (Ángelus, 29 de Julio de 2018).
  • «Es curioso que en los relatos de la multiplicación de los panes presentes en los Evangelios no aparezca nunca el verbo “multiplicar”. Es más, los verbos utilizados son de signo opuesto: “partir”, “dar”, “distribuir” (cf. Jn. 6, 11; Mt. 14, 19; Mc. 6, 41; Lc. 9, 16). Pero no se usa el verbo “multiplicar”. El verdadero milagro, dice Jesús, no es la multiplicación que produce orgullo y poder, sino la división, el compartir, que aumenta el amor y permite que Dios haga prodigios» (Ángelus, 25 de Julio de 2021).
Los católicos modernistas, igual que los protestantes liberales, acostumbran naturalizar lo sobrenatural (cf. San Pío X, Pascéndi) y tratar los milagros como mitología, y relativizan aquellos que no pueden negar sin quitarse la máscara de cristianos. Y el de la Multiplicación de los panes es uno de los milagros que más detestan, luego del Nacimiento virginal de Nuestro Señor y su Resurrección.
   
Alguien dijo una vez: «León es Francisco II, pero con mejor sastre». No le faltó verdad, y Riggitano-Prévost lo lleva a nuevas cotas.

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