jueves, 30 de abril de 2026

RECONSTRUYEN ANTIGUO MANUSCRITO DE LAS CARTAS DE SAN PABLO

Elementos tomados de TRIBUNE CHRÉTIENNE y otras fuentes.
   

Un descubrimiento científico ha revelado fragmentos olvidados de uno de los manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento. Gracias a tecnología de vanguardia, los investigadores han arrojado nueva luz sobre cómo los primeros cristianos leían y comprendían las Escrituras. Un equipo internacional liderado por la Universidad de Glasgow anunció el 28 de abril de 2026 que había reconstruido con éxito 42 páginas perdidas de un antiguo manuscrito que contenía las cartas del apóstol San Pablo.

Este importante avance concierne al Códice H, un documento griego que data del siglo VI, considerado un valioso testimonio de la transmisión de los textos del Nuevo Testamento.

El manuscrito, también conocido como Códice Coisliniano (por su segundo propietario Henri-Charles du Cambout, 3.º Duque de Coislin y Obispo de Metz) o Uncial griego 015 (sistema Gregory-Åland), fue desmantelado entre los años 1217 y 1218 por Macario, un monje que habitó el monasterio de la Gran Laura de San Atanasio, en el Monte Athos. Sus páginas de pergamino, entintadas de nuevo, se reutilizaron para encuadernar otros libros como el comentario de San Gregorio de Nisa sobre los Cánticos y el comentario de Metrófanes de Esmirna al Eclesiastés, una práctica común en una época en que los materiales de escritura eran escasos y caros.
  
Gran parte del manuscrito se perdió en ese reciclaje, y por un incendio posterior a la explosión de la abadía de San Germán de los Prados en París en el año 1792 (los revolucionarios convirtieron la abadía en prisión y depósito de pólvora), por lo que fragmentos restantes se dispersaron entre varias bibliotecas europeas, como son:
  • Italia (Turín, Biblioteca Nacional Universitaria, Fondo José Pasini, manuscrito BI 05),
  • Grecia (Monte Athos, Gran Laura, Fragmento 1),
  • Rusia (Moscú, Biblioteca Estatal Rusa, Fondo 270 (Pedro Sebastiánov), N.º 70.1 y Museo Histórico Estatal, Fondo del Santo Sínodo, manuscrito griego de Vladímir 563; y San Petersburgo, Biblioteca Nacional de Rusia, Fondo N.º 906/Griego 14), 
  • Ucrania (Kiev, Biblioteca Nacional Vladímir Vernadski, Fondo 301 (Museo Arqueológico Eclesiástico de la Academia Teológica de Kiev), 26п),
  • y Francia (París, Biblioteca Nacional de Francia, Manuscrito Coislin 202 y Suplemento Griego 1074).
Y los pasajes conservados son los siguientes:
  • 1.ª Cor. 10:22–29, 11:9–16;
  • 2.ª Cor. 4:2–7, 10:5–11:8, 11:12–12:4;
  • Gál. 1:1–10, 2:9–20, 4:27–5:10;
  • Col. 1:26–2:8, 2:20–3:11;
  • 1.ª Tes. 2:9–13, 4:5–11;
  • 1.ª Tim. 1:7–2:13, 3:7–13, 6:9–13;
  • 2.ª Tim. 2:1–9;
  • Tito 1:1–3, 1:15–2:5, 3:13–15;
  • Hebr. 1:3–8, 2:9–16, 3:13–18, 4:12–15, 10:1–7, 10:32–38, 12:10–15, 13:24–25.
Su redescubrimiento se basa en el uso de imágenes multiespectrales, una tecnología capaz de revelar rastros de tinta invisibles a simple vista. Los investigadores aprovecharon un fenómeno particular: durante el proceso medieval de re-entintado, los productos químicos de la nueva tinta dejaban impresiones simétricas en las páginas opuestas. Estos “textos fantasma”, capturados en diversas longitudes de onda, desde el ultravioleta hasta el infrarrojo, permitieron a los investigadores reconstruir pasajes perdidos durante siglos.

Los hallazgos ofrecen valiosas perspectivas sobre la historia del texto bíblico. Las páginas recuperadas contienen pasajes conocidos de las cartas de San Pablo, así como estructuras de lectura antiguas, incluyendo algunas de las primeras listas de capítulos, que difieren de las que se usan hoy en día (Antes de adoptarse el modelo de capítulos y versos del arzobispo cantuariense Esteban Langton y el editor Roberto de Estienne, los capítulos se dividían según el contenido de la narración, y los versos se distribuían de tal manera que las palabras hicieran sentido completo o pudiesen pronunciarse de una sola vez).
 
También dan testimonio del trabajo de los escribas del siglo VI, revelando correcciones, anotaciones y métodos de estudio de las Escrituras.
  
El Códice H incluye además lo que los estudiosos denominan el “aparato eutaliano”, un conjunto de prefacios, marcadores textuales y notas explicativas diseñadas por Eutalio, obispo de Sulca (cerca de Asuán, Alto Egipto), para guiar a los lectores en su comprensión de los textos sagrados. A Eutalio, que siguió el modelo de secciones de Amonio de Alejandría para los Evangelios y lo aplicó a los demás libros del Nuevo Testamento (excepto el Apocalipsis) se le adjudica el colofón luego de la epístola a Tito (Códice Coisliniano 202, folio 14):
  

GRIEGO 
Ἔγραψα καὶ ἐξεθέμην στειχηρὸν κατὰ δύναμιν τόδε τὸ τεῦχος Παύλου τοῦ ἀποστόλου πρὸς ἐγγραμμὸν καὶ εὐκαταλημπτὸν ἀνάγνωσιν· τῶν καθ᾽ ἡμᾶς ἀδελφῶν παρ᾽ ὧν ἁπάντων τολμῆς· συνγνώμην αἰτῶ· εὐχῇ τῇ ὑπὲρ ἐμῶν· τὴν συνπεριφορὰν κομιζόμενος· 

Ἀντεβλήθη δὲ ἡ βίβλος· πρὸς τὸ ἐν Καισαρίᾳ ἀντίγραφον· τῆς βιβλιοθήκης τοῦ ἁγίου Παμφίλου· χειρὶ γεγραμμένον αὑτοῦ.
  
TRADUCCIÓN 
Escribí y edité en versos este volumen del Apóstol San Pablo tan cuidadosamente como fue posible, con el propósito de una lectura fácil y línea por línea del texto de nuestro hermano, y a todos les pido perdón por mi audacia, para que mediante la oración pueda recibir aceptación de mi trabajo.
  
Este libro ha sido comparado con la copia hallada en Cesarea, perteneciente a la biblioteca de San Pánfilo, escrita de su puño y letra.

Para confirmar la antigüedad del manuscrito (que ha sido frecuentemente citado en la crítica bíblica), se realizó una datación por radiocarbono con expertos en París, lo que validó su origen en el siglo VI postulado por los historiadores y lingüistas.
  
El proyecto, llevado a cabo en colaboración con la Biblioteca Electrónica de Manuscritos Antiguos (en inglés Early Manuscripts Electronic Library, EMEL) y apoyado por varias organizaciones de investigación, también contó con el respaldo del Monasterio de la Gran Laura, que aún conserva algunos de los folios.
  
Ya está disponible una edición digital de acceso abierto del manuscrito y se está preparando una publicación impresa. Este descubrimiento, considerado invaluable por los investigadores, permite una mejor comprensión no solo del contenido de las Escrituras, sino también de su transmisión y apropiación por las primeras comunidades cristianas.

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