«Ítaque ex hoc libro vidémus Turcórum seu Mahométhi religiónem cœremónias, pæne díxerim et móribus, esse multo speciosiórem quam nostrórum, étiam religiosórum et ómnium clericórum. Nam ea modéstia et simplícitas victus, vestítus, ǽdium et ómnium rerum, ut hic liber júdicat, item jejúnia et preces, convéntus generáles vulgi apud nostros non vidéntur úspiam, imo impossíbile est vulgus nostrum ad ea persuáderi. Deínde mirácula et monstra abstinéntiæ et disciplínæ in religiósis ipsórum quem non pudefacérent monachórum, sive sit Chartusiánus (qui volunt óptimi vidéri) sive Benedictínus? Umbræ sunt nostri religiósi ad illos colláti, et vulgus nostrum plane prophánum ad illórum vulgus comparátum. NEC IPSI VERE CHRISTIÁNI, NEC CHRISTUS IPSE, NEC APÓSTOLI, NÉQUE PROPHÉTÆ TANTAM SPÉCIEM ÚNQUAM PRÆSTITÉRUNT. ÁTQUE HOC EST, QUOD MULTI TAM FÁCILE A CHRISTI FIDE DEFÍCIUM AD MAHOMÉTUM ET EI TAM PERTINÁCITER ADHǼRENT. Ego plane credo nullum Papístam, mónachum, clerum aut eórum fídei sótium, si inter Turcos tríduo ágerent, in sua fide mansúrum. Lóquor de iis, qui sério fidem Papæ volunt et óptimi inter eos sunt. Cœ́tera turba et major eórum pars, præsértim Itali, quía porci sunt de grege Epicúri, nihil prorsus credéntes, secúri sunt ab omni hærési et erróre fórtesque et invícti in sua fide Epicúrea tam contra Christum quam contra Mahométum et contra ipsum suum met Papam.Consecuentemente, vemos por este libro que la religión de los turcos o de Mahoma es mucho más espléndida en las ceremonias —y, diría, en las costumbres— que la nuestra, inclusive la de los religiosos o de todo el clero. La modestia y la simplicidad de su alimentación, vestuario, moradas y todo lo demás, así como los ayunos, las oraciones y las asambleas comunes del pueblo que este libro revela, no se ven en ninguna parte entre nosotros, o mejor, es imposible persuadir a nuestro pueblo para esto. Además, ¿cuál de nuestros monjes, sea cartujo (aquellos que desean parecer los mejores) o benedictino, no queda avergonzado ante la abstinencia y la disciplina, milagrosas y admirables, que existen entre los religiosos de ellos? Nuestros religiosos son meras sombras cuando son comparados con los de ellos, y nuestro pueblo es claramente profano en comparación. NI SIQUIERA LOS VERDADEROS CRISTIANOS, NI EL MISMO CRISTO, NI LOS APÓSTOLES O PROFETAS JAMÁS EXHIBIERON TAMAÑO ESPECTÁCULO. ESTA ES LA RAZÓN POR LA CUAL MUCHAS PERSONAS ABANDONAN CON TANTA FACILIDAD LA FE EN CRISTO POR EL MAHOMETISMO Y A ÉL ADHIEREN CON TANTA TENACIDAD. Creo sinceramente que ningún papista, monje, clérigo o equivalente en la fe conseguiría permanecer en su fe si pasase tres días entre los turcos. Me refiero aquí a aquellos que desean seriamente la fe del papa y que son los mejores entre ellos. El resto de la multitud y la mayor parte de ellos, especialmente los italianos, esos puercos del bando de Epicuro, que absolutamente nada creen, están seguros contra toda herejía y error, fuertes e invencibles en su fe epicureísta, armados tanto contra Cristo como contra Mahoma, o incluso contra su propio papa».
Estas palabras bien pudieran atribuirse a Bergoglio o a Prévost, o a cualquier conciliar de nuestros días, pero no es así.
Proceden del prefacio que hiciera en 1530 el monje maldito Martín Lutero/Ludero Lindemann para el Libéllus de ritu et móribus Turcórum de Jorge de Hungría (Georgius de Hungaria o Georg von Mühlbach), un ex-esclavo de los turcos que escapó a Italia y se hizo monje dominico en Roma. Prefacio publicado en la edición de Weimar de las Obras de Martín Lutero 30, II Schriften 1529/30 (Suplemento: Revisiones de 1967), pág. 206; y cuya traducción inglesa por los profesores Sarah Henrich y James L. Boyce en el artículo “Martin Luther — Translations of Two Prefaces on Islam: Preface to the Libéllus de ritu et móribus Turcórum (1530), and Preface to Bibliander’s Edition of the Qur’an (1543)” [Martín Lutero, Traducciones de dos prefacios sobre el islam: Prefacio al Libéllus de ritu et móribus Turcórum (1530), y Prefacio a la edición del Corán de Bibliander], revista Word & World, vol. XVI, n. 2 (Primavera de 1996), pág. 259.
Esta cita da testimonio contra Lutero en al menos dos formas:
- Frente a los musulmanes: Muestra que el elogio de él era falso y adulador de los enemigos de Cristo y la Cristiandad. No hay nobleza en la ascética y la austeridad con connotaciones impías y anticristianas. Incluso los sectarios más abominables son capaces de aparentes virtudes y abnegaciones, sin tener la forma de verdadera caridad. No hay mérito alguno, y tal solo concurre al demérito de los fanáticos de las malas ideas y malas finalidades, como en el caso de los musulmanes.
- Frente a los católicos: Muestran su odio fanático por Roma, por el Papa y por la Iglesia de Cristo, prefiriendo usar un imperio enemigo que amenazaba a Europa (Lutero escribió su Prefacio dos meses y medio después que el sultán Solimán fuera derrotado en el primer asedio de Viena el 15 de Octubre de 1529) solo para ridiculizar a los monjes católicos, alabando las falsas virtudes de los enemigos e incurriendo hasta en blasfemias contra Nuestro Señor Jesucristo y contra los Santos Apóstoles. Así se exponen sus tácticas de manipulación retórica pesada. Él no quería promover la verdad o exaltar virtudes y prácticas ascéticas, sino que quería usar el islam como un garrote teológico para apalear el Papado y asustar a los cristianos alemanes.
En conclusión, la complacencia y benevolencia de Lutero para con los musulmanes, ancestrales, multiseculares y atroces enemigos de Cristo y de la Cristiandad —complacencia y benevolencia que nunca demostró hacia los católicos—, aumentadas por la intolerancia, odio y malevolencia para con los cristianos verdaderos, bien demuestra la verdadera índole de ese monje maldito, de ese siervo singular de satanás, cuya alma era movida por un odio ciego y de tal envergadura que, si fuera necesario, recurriría incluso a adulaciones odiosas y expedientes blasfemos.
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