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miércoles, 10 de junio de 2026

BEATO JUAN DOMINICI, OBISPO Y CONFESOR

   
«¡Ignorante y tartamudo! No son éstas, padre prior, las mejores cualidades para un dominico». Y Juan fue rechazado. Aquélla noche Paula Zorzi y Domingo Dominici lamentaron su pobreza. Su hijo era un obrero y cualquier otra aspiración fracasaría por la escasez de medios económicos. Aquel muchacho tendría que continuar partiendo el pan áspero con sus duras manos. Sin embargo, en aquel hogar pobre ardía una llama inextinguible y poderosa: Dios. Y lo llenaba todo, y todo lo envolvía y transformaba. El trabajo, duro y necesario, era un paréntesis que se abría, de madrugada, en la iglesia de los dominicos de Santa María-Novella, y se cerraba allí mismo con la tarde.
   
Su carácter viril y la voz de Dios vitalmente sentida le determinan a pedir nuevamente el ingreso en la Orden de Predicadores. Los Padres comprendieron que aquel joven tenía en su vida un camino único, que nacía allí, en Santa María-Novella. Y, sin querer parar mientes en su aspecto rústico y la torpeza de su decir, Juan fue admitido.
   
El año de noviciado fue una línea ascendente: desde los primeros días en que su estilo torpe constituía motivo para la sonrisa vana, hasta el respeto y la admiración por el hombre esforzado y por el religioso entregado a Dios plenamente. El silencio, la oración, el ascetismo de su vida, la amabilidad entregada, el amor absoluto a Dios y a los suyos constituyeron la meta ganada con la gracia de Dios y el esfuerzo continuo y vigilante. Desde el principio dio con la clave que transforma lo mínimo e insignificante. El detalle delicado, la palabra cálida, el gesto y la mirada reprochando dulcemente, todo habla de amor. La observancia exacta, la rúbrica sentida, la disciplina cruel, el sueño domeñado y la entrega absoluta y sencilla, todo habla de amor. Y Dios con él, impulsando aquel brío irresistible. Fray Juan tenía una misión difícil en la Orden: vitalizar la observancia. Por eso convenía que él probase hasta dónde puede el hombre y en qué punto ha de esperar.
   
La profesión constituyó para él la autonomía de la austeridad y de la exigencia. Frecuentemente era pan y agua su única refección. Dormía escasamente sobre un saco y vestía muy pobremente, pero con limpieza.
   
El estudio, tan sagrado en la Orden de Predicadores, constituyó su pasión. Hombre inteligente y fino terminó la carrera, siendo propuesto para graduarse académicamente. Renunció, sin embargo. Se lo sugirió una humildad sencilla y cierta.
   
La fatiga del estudio busca compensaciones. Fray Juan es artista. Y llenará los libros corales con sus delicadas y sugestivas miniaturas. Así comenzó su predicación. El dibujo cariñoso y sugerente de la vida de Cristo y sus milagros orientaba la salmodia hacia la meditación. Esta preocupación por el arte al servicio de Dios le acompañará más tarde a los conventos que visite y funde.
   
Con la ordenación sacerdotal el amor a las almas culmina en un anhelo impetuoso por la predicación. Sólo una pena ensombrece el gozo de su vida. Su lengua sigue torpe y ridícula. Estando en Siena le invadió la tristeza. Se sintió inútil. Lloró. Las lágrimas dieron transparencia a su mirada y aquella noche se arrodilló ante una imagen de Santa Catalina. Y le pidió un milagro. Se lo exigió por amor de Dios y el prodigio se realizó. Su lengua se torna ágil y expedita.
   
Florencia girará en torno de este extraordinario y súbito predicador. Su ciencia, su prodigiosa memoria, su pasión avasalladora y serena se conjugan en un decir limpio y cautivador. Predicará durante muchas Cuaresmas en Florencia. Habrá días que suba al púlpito cinco y seis veces. Nunca el cansancio en él. Siempre el interés en los que le escuchan. «El hombre tiene un alma generosa y se deja convencer más difícilmente por la dulzura que por el rigor». Eso dijo y así obró. Recorre las principales ciudades y villas de Italia. Censura los vicios con un patetismo profético e invita a los pueblos a una renovación de la vida cristiana. El flagelo en su palabra suscita el rencor hasta el punto de ser amenazado con el exilio. Por amor de la paz abandona Venecia y se retira a Florencia. Allí conjuga el aislamiento monástico con la predicación cíclica en los tiempos litúrgicos, San Vicente Ferrer renuncia a predicar en Florencia: «¿A quién queréis oír teniendo al padre Juan Dominici?».
   
Una idea le obsesiona: la restauración de los conventos. La terrible peste de 1348 y los cinco años siguientes arrasó los monasterios. El de Santa María-Novella vio morir en cuatro meses a setenta de sus frailes. Los supervivientes se retraían y se sentían incapaces del rigor primitivo. Juan Dominici predicaba. Los jóvenes eran su presa. Necesitaba muchachos generosos y decididos, y los tuvo en gran número después de su predicación.
   
Acepta el priorato de varios conventos con el ánimo de imponer la reforma ansiada. La labor es dura y surge la oposición. Santo Domingo de Venecia, el convento de Cittá di Castello, el de Fabriano y otros recibieron el impulso de su espíritu emprendedor. Posteriormente es elegido vicario general de los conventos observantes en los Estados de Venecia y de la provincia romana. Ha llegado el momento. Comprende que la labor es áspera y lenta. Por eso dedica su vitalidad y esfuerzo a la creación de una Casa Noviciado. Es la clave. Que el espíritu y la vida no se improvisan. Es preciso nacer y respirarlo para que se haga sangre en cada uno. Con este fin nació el convento de Cortona, situado en un paraje delicioso, donde el clima y el cielo empujan hacia Dios.
   
«Las religiosas», pensó el padre Juan, «están íntimamente vinculadas a nuestra vida dominicana» Con este convencimiento restauró el convento del Corpus Dómini y el de San Pedro Mártir, de Florencia. En este monasterio su anciana madre terminó sus días. La labor tenía sólidas bases.
   
Una labor gigantesca exige un hombre fabuloso. El cisma de Occidente estaba enconado.
   
A la muerte de Inocencio VII es elegido Gregorio XII. Este y Benedicto XIII pudieron llegar a un acuerdo e intentaron reunirse en Saona. Tal entrevista no llegó a realizarse. Siete cardenales de Gregorio XII le abandonan. Lo mismo le sucede a Benedicto XIII. Ambos grupos convocan un concilio general en Pisa y allí eligen nuevo antipapa a Pedro Filargi, que toma el nombre de Alejandro V. A éste sucede Juan XXIII.
   
La labor diplomática del padre Juan Dominici en el cónclave de elección de Gregorio XII fue tal que el nuevo Papa a quien hizo prometer la renuncia al Papado en el momento conveniente, le mantuvo junto a aí. Fue elegido arzobispo de Ragusa y posteriormente cardenal. La critica se cebará en él. «Acepto esta dignidad como Cristo aceptó su corona de espinas».
   
Gregorio XII le envía a Alemania para tratar con el emperador Segismundo el modo de terminar con el funesto cisma. Fiel a Gregorio, le convence de la urgencia de renunciar a la dignidad papal por el bien de la Iglesia. Por fin el Papa convoca el concilio de Constanza, en el que los tres papas renunciarán a su pretendida dignidad. Juan XXIII promete su asistencia. Benedicto XIII anuncia un representante suyo y Gregorio XII delega en Juan Dominici, quien, con la renuncia escrita, envolverá hábilmente a los presuntos papas. Anuncia que Gregorio XII abdicará si los otros dos lo hacen igualmente. Juan XXIII aceptó. Fue el momento. Juan Dominici leyó con gran emoción la renuncia escrita de Gregorio.
   
La huida de Juan XXIII y la rebeldía de Benedicto XIII fueron suficiente razón para que aquellos hombres perdieran el prestigio.
   
Juan Dominici convoca nuevamente el concilio en nombre de Gregorio XII y el 11 de noviembre de 1417 es elegido verdadero papa Martín V. Pero antes un gesto generoso de Juan Dominici emocionó a los cardenales. Él, que había aceptado la púrpura cardenalicia para el bien de la Iglesia, renuncia ahora humildemente. Ahora que su labor parecía ya terminada. Despojándose de los distintivos fue a sentarse entre los obispos. Aquel gesto hizo que los cardenales volvieran a incorporarle al Sacro Colegio.
     
La unión anhelada ha sido conseguida. El prestigio de Juan Dominici no disminuye, como tampoco se apaga su dinamismo y trabajo por el bien de la Iglesia. Ahora es el encargo de extender en los reinos del Norte los decretos del concilio y vencer las herejías de Wiclef y de Hus. Acompaña a Martín V hasta su nombramiento de legado apostólico en Hungría y Bohemia.
   
Cuando trabajaba en el proyecto de una grandiosa obra apostólica y de evangelización de aquellos reinos, el Señor le llamó cariñosamente a su gozo.
   
Murió a los setenta años, el día 10 de junio de 1420. En plenitud de vida y santidad, dedicado entusiásticamente, juvenilmente, a la salvación de los hombres.
   
Él ha muerto. Ahí quedaba su obra, su testimonio, su martirio, su figura como un hito sublime. Murió un hombre perfecto, un religioso terminado, un dominico íntegro. Un santo. Que, al fin, fue su máxima obra.
  
JOSÉ LUIS GAGO DE VAL OPAño Cristiano, Tomo II. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.
   
ORACIÓN (Del Misal dominico).
Oh Dios, dador de la caridad, que fortaleciste a tu bienaventurado obispo y confesor Juan para conservar la unidad de la Iglesia y para restaurar la virtud de la disciplina regular, concédenos por su intercesión que sintamos y hagamos lo mismo que Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo por todos los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 27 de abril de 2025

BEATA HOSANA DE KOTOR, TERCIARIA DOMINICA


La terciaria dominica Hosana de Kotor nació como Juana Kosić en la aldea de Relezi en el principado de Zeta (sur de Montenegro) el 25 de Noviembre de 1493 en una familia sacerdotal de la Iglesia Ortodoxa Serbia. Su padre Pedro, su abuelo Alejo y su bisabuelo Jorge Kosić eran sacerdotes; y su tío paterno Marcos Kosić fue obispo ortodoxo de Zeta.

Juana ejercía de pastora, y estando en soledad dedicaba mucho tiempo a la oración. Un día, estando cuidando las ovejas, vio a un niño acostado en la grama y cuando fue a acercarse a él, desapareció, dejándola con gran soledad.

A los 14 años, las visiones de Jesús (a veces como niño, a veces como crucificado) fueron acompañadas por un deseo de ir a la ciudad costera de Kotor (en italiano Cattaro) en la Albania Veneta (bahía de Kotor, Montenegro), donde Juana sentía que podía orar mejor. Al morir su padre en 1507, su madre, a regañadientes, le consiguió puesto en esa ciudad como sirvienta de la familia del senador Alejandro Buća, que era católico, y allí le permitieron visitar las iglesias de Kotor cuanto quisiese. En ese tiempo, instruida por Marina Bizanti (esposa de Alejandro), Juana se convirtió al catolicismo tomando el nombre de Catalina, y en su tiempo libre aprendió a leer y escribir, y leía libros religiosos en latín y en italiano, entre ellos la Biblia. El Viernes Santo de 1513, en la misma catedral, decidió dedicarse a observar la Pasión de Cristo, la oración, la penitencia y las buenas obras.

Al poco tiempo, se hizo terciaria dominica el 25 de Enero de 1514, tomando el nombre de Hosana, en honor de la beata Hosana de Mantúa, ella quiso llevar vida de anacoreta, y aunque su director el fraile franciscano Tomás Grubonja la consideraba demasiado joven, la condujo a una celda cerca a la iglesia de San Bartolomé, con dos ventanas: una para oír la misa, y la otra por la cual ocasionalmente la gente le pedía oración o le daba comida. Hecho el voto de estabilidad de los anacoretas, y recibida la bendición del obispo Trifón Bizanti, la celda fue cerrada.

Cuando un terremoto destruyó la celda en 1521, Catalina se trasladó a otra cerca a la iglesia de San Pablo, dirigida por los padres dominicos. Alrededor de ella se reunieron otras terciarias dominicas que recurrían a su dirección, y posteriormente se fundó un convento para acogerlas.

Desde que llegó a Roma la noticia de su santa vida, el general de los dominicos, Francisco Romeo, les permitió llevar un escapulario blanco en 1547, que era un signo reservado a las hermanas de la segunda orden dominica.

En su celda, Hosana oía la Misa y adoraba al Santísimo Sacramento. Cuando comulgaba no comía nada en todo el día y tomaba disciplina y usaba el cilicio. Su flagelo, con cinco cuerdas en los extremos, se conserva hasta el día de hoy y debía recordarle constantemente las llagas de Cristo. Nunca comía carne, ayunaba a pan y agua cuatro días a la semana, oraba larga y frecuentemente, tanto de día como de noche.

Hosana tuvo varias visiones del Niño Jesús, de la Santísima Virgen María y de varios santos. En una ocasión, el demonio se le apareció disfrazado de la Virgen y le sugirió modificar sus penitencias, pero con el consejo de su director espiritual fray Vicente Bucchia, lo desenmascaró y venció.

Cuando la ciudad de Kotor fue atacada por el corsario turco Jeiredín Barbarroja el 9 de Agosto de 1539, los habitantes de Kotor acudieron a ella pidiéndole oración y consejo, librándose así del asedio. También se acredita a sus oraciones que la ciudad se salvase de la peste.

Hosana murió el 27 de Abril de 1565, después de recibir de manos de fray Tomás Basca OP el Santo Viático y oír leer la Pasión según San Juan, habiendo observado por 52 años la regla de Santo Domingo. Los ciudadanos de Kotor la estimaban como “trompeta del Espíritu Santo” y “maestra de mística”, y por su intercesión por la paz de la ciudad y de las familias en contienda la llamaban “la virgen reconciliadora” y “ángel de la paz”.

Su cuerpo incorrupto fue venerado en la iglesia de San Pablo hasta 1807, cuando al ser convertida en bodega por las tropas napoleónicas, fue trasladada a la iglesia de Santa María. Si bien su veneración era una constante local y se extendió, a través de los dominicos, por Italia, Francia, España, Alemania y los Países Bajos, el proceso de beatificación se inició en 1905, siendo confirmado su culto en 1927 y beatificada en 1934.
   
ORACIÓN (Del Misal Dominico)
Renueva, oh Señor, en nuestros corazones el amor a tu Cruz, para que por la intercesión y ejemplo de tu bienaventurada virgen penitente Hosana, nos hagas partícipes de tu Pasión y gloria. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 20 de marzo de 2025

BEATO AMBROSIO SANSEDONI DE SIENA


En este día, Siena venera la memoria de uno de los más notables de sus hijos, Ambrosio Sansedoni. Sus padres pertenecían a dos distinguidas familias sienesas y su padre, apodado por su valor "Buonattaco", fue el primero en la defensa de la cristiandad contra los moros. El niño había nacido con la cabeza anormalmente grande y, al parecer, sin el uso de sus brazos y sus piernas. Un día, cuando su aya lo llevó a la iglesia dominica de Sta. María Magdalena, se le vio agitarse y, después de haber sido sacado de los lienzos en los que estaba envuelto como un "bambino" de Della Robbia, se dieron cuenta de que sus miembros estaban tan vigorosos, como los de cualquier otro chico normal. Sus biógrafos dan muchos ejemplos de su exquisita piedad y, conforme crecía, desarrollaba una gran devoción por los enfermos y los pobres, visitando el hospital cada sábado y la cárcel cada viernes. A los 17 años, Ambrosio decidió entrar a la Orden de Predicadores. No tardaron sus superiores en reconocer su habilidad y lo enviaron a Colonia, donde tuvo a San Alberto Magno como maestro y a Santo Tomás de Aquino como condiscípulo. Un alumno tan inteligente, no podía por menos que progresar bajo tal maestro y, al poco tiempo, se encontraba asediado en su celda por estudiantes que acudían a él para consultarlo. Esta fama le disgustaba y rogó a sus superiores que le permitieran retirarse a la soledad. Habiendo obtenido el consentimiento, se retiró de la vida pública, pero no por mucho tiempo. Gente influyente pidió a los dominicos que lo llamaran y lo pusieran a predicar. Durante tres años enseñó teología en París, donde multitud de estudiantes acudían a sus clases. Fue enviado a predicar a Alemania, Francia e Italia y se dice que sus sermones parecían inspirados. Los pecadores se convertían y los enemigos zanjaban sus diferencias amistosamente. Algunos de sus oyentes declaran que, mientras él estaba de pie en el púlpito, habían visto descender al Espíritu Santo sobre su cabeza, en forma de paloma.
   
Como muchos otros santos italianos, hombres y mujeres, el elocuente fraile no limitaba sus energías a exhortaciones espirituales, sino que fue llamado a tomar parte en importantes asuntos públicos. Con persuasivas palabras, trató de reconciliar a los príncipes electores quienes, en sus sectores privados, se encontraban en vísperas de provocar una guerra civil. Detuvo una nueva herejía en Bohemia que estaba causando singular desorden y, cuando el Papa Beato Gregorio X le encargó predicar la cruzada, obtuvo generosa respuesta a sus llamados. Dos veces reconcilió con la Santa Sede al pueblo de Siena, quien, habiéndose puesto de parte de Manfredo, el hijo bastardo de Federico II, había sido declarado en entredicho. Varios escritores afirman que, cuando Ambrosio entró al consistorio para interceder por sus conciudadanos, su cara se iluminó con luz sobrenatural y el Papa exclamó: «¡Padre Ambrosio, no necesitas explicar tu misión; te concedo lo que deseas!».
   
A pesar de todas las importantes misiones que se le habían confiado y el éxito que coronaba sus esfuerzos, Ambrosio permaneció siempre singularmente humilde. El Papa deseaba hacerlo obispo de Siena, pero nunca pudo convencérsele de que aceptara, aunque desempeñó el cargo de maestro del sacro palacio. Después de la muerte de Gregorio, buscó el retiro en una de las casas de su orden. Ahí con frecuencia barría la iglesia, los dormitorios, los claustros y nunca dio más de cuatro horas al sueño. Después de maitines, oraba durante dos horas en el coro y estudiaba el resto de la noche, hasta prima. Durante los cuarenta y cinco años de su vida religiosa, no comió carne una sola vez –sin que hubiera una orden al respecto– y los viernes no tomaba más que pan y agua. No dejó de predicar, pese a su avanzada edad y sus sermones no perdieron nada de su fuego y de su elocuencia. A principios de la cuaresma de 1286, predicando un día contra la usura, habló con tal vehemencia, que se le reventó una vena. Al día siguiente, contenida ya la hemorragia, intentó continuar su sermón, pero el mal volvió a presentarse. Evidentemente, sus días estaban contados. Murió a la edad de sesenta y seis años. El culto que se le había tributado en Siena desde su muerte, fue confirmado en 1622
    
Un amplio material para la biografía del Beato Ambrosio, se encontrará en Acta Sanctórum, marzo, vol. III, donde se incluye una colección muy interesante de testimonios contemporáneos sobre los numerosos milagros obrados en su tumba. Apartándose de la práctica habitual, el Papa Clemente VIII parece haber ordenado que su nombre se incluyera en el Martirologio Romano antes de cualquier formal canonización o "confirmátio cultus" pero Baronio, en su nota sobre este elogio, proporciona gran número de referencias de escritores que prestan testimonio de la santidad de San Ambrosio, y de los milagros que obró. Para una bibliografía más completa, véase Taurisano en Catálogus Hagiográphicus O.P., p. 22.
  
ORACIÓN (Del Misal Dominico)
Que esta alegre festividad del Beato Ambrosio, tu Confesor, alegre a tu Iglesia, oh Dios, y que sea siempre defendida por todos los auxilios espirituales y digna de ser bendecida con alegrías eternas. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 14 de noviembre de 2024

BEATO JUAN LICCIO, MONJE DOMINICO


Juan Liccio nació en 1400, en Cáccamo, Sicilia, en el seno de una familia de pobres labradores. Su madre murió en el alumbramiento. Desde entonces y durante sus 111 años de vida, estuvo plagada de hechos milagrosos.
   
Su padre tenía que trabajar en el campo, y se vio forzado a dejar al niño solo. Ante el llanto del pequeño, una vecina lo tomó y se lo llevó a su casa, poniéndolo en la misma habitación en donde yacía su marido paralítico, que fue instantáneamente curado. La mujer le contó al padre de Juan el milagro, pero éste, disgustado porque su vecina había tomado al niño sin su permiso, no le prestó atención, y se lo llevó a su casa. Apenas el niño dejó la casa de la vecina, le su marido se vio nuevamente atacado por la parálisis; cuando Juan retornó, el hombre recuperó el movimiento. Hasta el padre del niño tomó esto como una señal del cielo, y permitió que los vecinos lo cuidaran.
   
Antes de cumplirlos los diez años, Juan recitaba el Oficio Divino. A los 15, durante un viaje a Palermo, en la iglesia de Santa Zita, Juan se confesó con el Beato Pedro Jeremías quien le sugirió que considerara entrar en la vida religiosa. Pese a no considerarse apto, Juan siguió su consejo, entrando en la Orden Dominica en 1415 y siendo ordenado sacerdote poco después, llevando el hábito durante 96 años, lapso de tiempo no superado hasta ahora por ningún otro miembro de la Orden.
   
Fundó el convento de Santa Zita en Caccamo. Faltando dinero para la construcción, mientras oraba pidiendo consejo, se le apareció un ángel que le dijo: «construye en los cimientos de lo que ya está construido». Al día siguiente, en el bosque cercano encontró la construcción abandonada de la iglesia Santa María de los Ángeles, presumiendo que ese era el lugar indicado por el ángel, comenzó la construcción allí, durante la cual muchas dificultades fueron resueltas de forma milagrosa. 
   
ORACIÓN (Del Rito Dominico)
Oh Dios, que quisiste esclarecer a tu confesión el bienaventurado Juan por su plena abnegación y celo de exima caridad, concédenos que, a imitación suya, abdicados de los bienes terrenos, vivamos en tu caridad. Por J. C. N. S. Amén.

domingo, 13 de octubre de 2024

BEATA MAGDALENA PANATTIERI, VIRGEN DOMINICA


Muchos autores consideran el hábito de los hijos de Santo Domingo símbolo por excelencia de la caridad y entrega al servicio del prójimo. Esa idea estuvo muy generalizada en una época, y numerosas personas tomaban el hábito de la tercera orden de Santo Domingo y vivían en sus casas el espíritu de caridad característico del fundador. Santa Catalina de Siena es un ejemplo clásico; la Beata Magdalena Panattieri constituye otro. Magdalena nació y vivió toda su vida en el pueblecito de Trino-Vercellese del marquesado de Monte Ferrato, entre el Piamonte y la Lombardía. Antes de cumplir los veinte años, Magdalena hizo voto de castidad perpetua e ingresó como terciaria de Santo Domingo, en una cofradía de jóvenes que se consagraban a las obras de piedad y beneficencia. La vida de la Beata Magdalena no tiene nada de pintoresco. Cosa extraña: Magdalena no parece haber sido víctima de ninguna persecución y pronto llegó a ser un personaje de importancia en su pueblo. La caridad con que se consagraba al cuidado de los niños pobres, en cuyo favor realizó varios milagros, le facilitaba la tarea de convertir a los pecadores. Por estos últimos oraba y se imponía continuamente nuevas penitencias; pero no vacilaba en reprenderlos severamente, sobre todo a los usureros. La beata tenía gran facilidad de palabra y empezó a dar una serie de conferencias a las mujeres y a los niños en un salón llamado "la capilla del marqués", contiguo a la iglesia de los dominicos; pronto empezaron a acudir, a las conferencias también los hombres y aun los sacerdotes y religiosos, y el superior de los dominicos solía enviar a los novicios a escuchar las fervorosas exhortaciones de Magdalena.
   
Gracias a los esfuerzos de la beata, los dominicos empezaron, a practicar más estrictamente la observancia. El año de 1490, el Beato Sebastián Maggi fue de Milán a Vercellese para ratificar ese movimiento de reforma. Por entonces, los dominicos estaban envueltos en un pleito con uno de los miembros del consejo de Milán. El consejero abusó tanto de su poder, que fue excomulgado por Roma. En la terrible confusión que produjo esa sentencia, un joven abofeteó públicamente a Magdalena, la cual le presentó la otra mejilla diciendo "Hermano, aquí está la otra mejilla. Te la doy por amor de Jesucristo", cosa que no hizo sino enfurecer más al agresor. Los habitantes de Vercellese vieron una especie de señal del cielo en el hecho de que el violento joven, que se llamaba Bartolomé Perduto, murió trágicamente un año más tarde, y el consejero de Milán falleció también a consecuencia de una terrible enfermedad. La beata lloró esas muertes sinceramente. Según parece, Magdalena profeetizó las calamidades e invasiones que iban a abatirse sobre el norte de Italia en el siglo XVI. Los habitantes de Vercellese, que inexplicablemente no sufrieron daño alguno, atribuyeron a la intercesión de la beata ese favor. Sin embargo, en 1639, la población fue cañoneada por los españoles y los napolitanos, y las reliquias de Magdalena fueron destruidas, pero fueron halladas en 1964 y restablecidas en 1970.
   
Cuando Magdalena comprendió que se aproximaba el momento de su muerte, mandó llamar a todas las terciarias, a las que se unieron muchas otras personas, y les prometió orar por ellas en el cielo, diciendo: "No podría ser feliz en el cielo, si vosotras no estuviérais ahí." La beata entregó apaciblemente el alma a Dios luego de cantar los himnos “Jesu nostra Redémptio” y “Ave Maris stella”, en tanto que los presentes entonaban el salmo 30. Los habitantes de Trino-Vercellese veneraban a Magdalena como santa desde antes de su muerte, ocurrida el 13 de octubre de 1503. El Papa León XII confirmó el culto de la beata el 26 de Septiembre de 1827.
   
En el apéndice de octubre de Acta Sanctorum, los bolandistas publicaron un artículo muy completo sobre Magdalena Panattieri y reimprimieron la biografía publicada por Domenico Maria Marchese en Sacro Diario Domenicano, vol. V. Véase también Juan Andrea Irico, Rerum Patriæ Tridinesis. Entre las biografías italianas, citaremos las de S. M. Vallaro (1903) y G. Gereghino (1927). Puede verse un resumen biográfico en John Procter, Lives of the Dominican Saints, pp. 291-294.
  
ORACIÓN (Del Rito Dominico).
Oh Dios, que no abandonas a nadie que espera en Ti, y escuchas misericordiosamente a quien te suplica piadoso, concédenos te suplicamos que, cuantos no nos valemos de nuestros méritos, consigamos el patrocinio de la bienaventuada virgen Margarita. Por J. C. N. S. Amén.

lunes, 7 de octubre de 2024

BEATO MATEO CARRERI DE MANTÚA, MONJE DOMINICO

«El demonio trata de convencernos de que es soberbia tratar de hacer grandes cosas por Dios. Se trataría de soberbia en el caso de que apeláramos únicamente a nuestras fuerzas» (San Alfonso María de Ligorio).
   

El Beato Mateo –nacido Juan Francisco– Carreri nació en Mantúa (Italia) en 1420. A los veinte años, entró en la Orden de Santo Domingo, tomando el nombre de Mateo. Fue un gran predicador cuyo éxito se debió a la meditación y los ejercicios espirituales entre una prédica y la siguiente, y el principal tema de sus sermones era la paz de Nuestro Señor.
   
Uno de los acontecimientos más importantes en la vida de Carreri fue su captura por un corsario turco, durante un viaje de Génova a Pisa. Cuando se le pidió que explicara su propósito para estar a bordo del barco, Carreri habló con tanta fuerza y ​​​​convicción, que el capitán lo liberó a él y a los dos frailes que lo acompañaban. El fraile vio entonces que los piratas todavía mantenían cautivas a una mujer y a su hija, planeando venderlas como esclavas en Argelia. Propuso al capitán que lo mantuvieran en su lugar. El capitán pirata quedó tan sorprendido por la disposición de Carreri a sacrificarse, que liberó a los cinco cautivos.

Carreri fue un colaborador muy cercano de una célebre terciaria dominica, Estefanía de Quinzanis, en su juventud. Él fue responsable de su catequesis y predijo que ella sería su «heredera espiritual». El significado de esta afirmación se iluminó cuando Estefanía también comenzó a experimentar dolores similares a los de Carreri, que, según los interesados, eran el resultado de su devoción a la Pasión de Cristo
   
Murió en 1470, después de recibir el permiso de su superior para morir. En 1482, el Papa Sixto IV autorizó la traslación solemne de las reliquias de Mateo y permitió la celebración litúrgica formal de su culto. El 23 de septiembre de 1742 fue Benedicto XIV quien concedió al clero de Mantua y Vigevano y a toda la orden la celebración del Oficio. El mismo pontífice el 3 de agosto de 1750 concedió la oración y sus propias lecciones en el Breviario.
  
ORACIÓN (Del Rito Dominico).
Aviva, Señor, en nuestros corazones el amor a la Cruz y Pasión, para que por la intercesión y ejemplo del bienaventurado Mateo, seamos hechos partícipes de los dolores y la gloria de Cristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

BEATO GUALA DE RONIIS, OBISPO DE BRESCIA


Guala de Roniis nació en 1180 en la provincia de Bérgamo y pertenecía a una célebre familia romana. Sus padres se ocuparon de su educación inicial y sus excelentes progresos hicieron que sus padres albergaran grandes esperanzas en su futuro, sin pensar en que tal vez Dios tenía reservada una sorpresa para su hijo y el curso de su vida.

En 1219 oyó predicar a Santo Domingo de Guzmán y, como otros, quedó tan encantado con el carácter de Domingo que fue uno de los primeros en buscarlo para inscribirse en su nueva Orden de Predicadores; pronto recibió el hábito del propio Domingo y más tarde recibió la ordenación sacerdotal. Domingo pronto llamó al sacerdote a Bolonia para nombrarlo como uno de los cuatro encargados de la construcción del convento de Santa Inés para monjas dominicas, pero el proyecto sufrió un breve fracaso con la oposición de los padres de Diana de Andalò. Este ligero revés le hizo regresar por un breve período a Bérgamo. Fue uno de los primeros discípulos del santo y recibió el nombramiento de este último como el primer prior de la orden en Brescia, donde Santo Domingo fundó un convento para la ciudad.
   
Tanto Teodorico de Apolda como Jordán de Sajonia fueron contemporáneos suyos. De Roniis se enteró de la muerte de Santo Domingo con gran dolor en Brescia, después de haber tenido una visión. Se había quedado dormido con la cabeza apoyada en el campanario de una iglesia y vio a un fraile que subía por una escalera al cielo, rodeado de ángeles; ese fraile era Domingo, aunque él no lo sabía en ese momento. Estaba a punto de partir hacia Bolonia cuando se enteró de que Domingo había muerto en el momento de su visión.

El priorato de San Nicolás –ahora llamado Santo Domingo– en Bolonia quedó vacante y el pueblo de la ciudad lo eligió para el cargo en 1226. Pero su mandato se volvió difícil debido a las tensiones entre Bolonia y la rival Mantua, lo que impulsó al papa Honorio III a nombrarlo nuncio papal en las dos ciudades para que pudiera asegurar la reconciliación entre las ciudades en guerra; logró negociar los términos de paz establecidos por una década. El nuevo papa Gregorio IX lo nombró entonces legado papal ante Federico II para inducirlo a cumplir su promesa a menudo incumplida de marchar en una cruzada para el alivio de los fieles en Jerusalén. El 20 de julio de 1225 supervisó el exitoso Tratado de San Germán en Cassino.
    
Brescia anhelaba su regreso y cuando el obispo de la diócesis murió, el pueblo presionó con fuerza para que el sacerdote fuera nombrado nuevo obispo, al haber sido el anterior elegido, Alberto de Reggio, nombrado Patriarca latino de Antioquía. De Roniis recibió su nombramiento en 1229 como obispo de Brescia de manos de Gregorio IX (él se mostró reacio a aceptarlo) y recibió su consagración episcopal poco después de que este nombramiento se hiciera público. Un objetivo central de su episcopado era el cuidado temporal de los niños. Pero el pontífice también lo nombró delegado apostólico tanto en Treviso como en Padua cuando las dos estaban en desacuerdo entre sí, a pesar de poner al nuevo obispo lejos de su rebaño, y fue él quien llevó a cabo con éxito las negociaciones de paz.

Sus contemporáneos lo describieron como «un hombre de gran prudencia, muy conocedor del mundo y de modales consumados», y dijeron que «gobernó la Diócesis confiada a su cuidado con tal santidad que, tanto durante su vida como después de su muerte, obró muchos prodigios por medio de Dios».
  
Renunció a su sede episcopal en 1242 (después de recibir la aprobación papal para hacerlo) debido a los disturbios civiles por su lucha contra la corrupción y el abuso de los bienes eclesiásticos, y luego se retiró al monasterio valumbrosano del Santo Sepulcro de Astino donde, a pesar de su retiro en pacífica soledad, la gente todavía acudía en masa a verlo para buscar su sabio consejo.

Guala De Roniis murió el 3 de septiembre de 1244. Sus restos se encuentran ahora bajo el altar de San Martín en una iglesia benedictina.
  
La ratificación formal del culto local –o devoción popular– al difunto obispo en las diócesis di Brescia y Bérgamo, permitió que el Papa Pío IX emitiera la confirmación formal de su beatificación el 1 de octubre de 1868.
   
Oh Dios, que para fortalecer a tu pueblo en la paz y la piedad, adornaste al bienaventurado Guála Confesor y Pontífice con gracias singulares: concédenos por su intercesión, que mientras seguimos diligentemente el celo de la paz; percibamos los ricos frutos de la piedad. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 17 de julio de 2024

BEATO CESLAO DE POLONIA, HERMANO DE SAN JACINTO


Ceslao nació hacia 1180 en la región de Silesia. Era ya rector de la colegiata de Sandomierz (después de estudiar en París, Italia y Praga, fue ordenado por el beato Vicente Kadłubek, obispo de Cracovia) cuando, en un viaje a Roma con su tío el obispo Ivo Odrowąż y su hermano San Jacinto, junto con Enrique de Moravia y Hermann Teutón, fueron testigos de uno de los milagros más sorprendentes de Santo Domingo: la resurrección del joven Napoleón, sobrino del cardenal Esteban de Ceccano.
  
Ivo concibió el deseo de llevarse a Polonia a algunos de los hijos del gran Patriarca para establecer la Orden en su diócesis. Justo en ese momento el Santo había, según su costumbre, dispersado a sus hijos en todas direcciones; además, ninguno de ellos conocía el idioma polaco y, por tanto, no estaba en condiciones de satisfacer los deseos del prelado. Ivo insistió aún más en su petición, insistiendo en que debía tener algunos frailes predicadores para trabajar por la salvación de su grey. Entonces Santo Domingo, cediendo a una repentina inspiración, exclamó: «Mi Señor, tienes contigo cuatro jóvenes clérigos; dámelos. Yo los vestiré con nuestro hábito, los formaré en las virtudes apostólicas y te los devolveré en un corto tiempo lleno de celo y devoción». Las cuatro almas escogidas aceptaron con alegría la voluntad de Dios manifestada por la voz de Santo Domingo, recibieron el hábito de sus manos y pronto se convirtieron en modelos de toda virtud religiosa. Al cabo de seis meses su formación estuvo completa; fueron admitidos a la profesión y enviados a predicar la Palabra de Dios y establecer la Orden en los países del Norte. Después de ayudar en la fundación de los conventos de Frisach (Austria) y Cracovia, que pronto se llenaron de numerosas y fervientes comunidades, el Beato Ceslao fue enviado a fundar la Orden en Bohemia. Recibió del rey un terreno para el convento de Praga, y la comunidad pronto contó con ciento veintiséis miembros. También fundó en Bohemia un monasterio para monjas de la Orden, y luego partió hacia Silesia, donde estableció el convento de Breslavia, que en adelante se convirtió en su sede, y desde donde emprendió viajes apostólicos para evangelizar a los habitantes de Europa Central y la costa sur del Báltico. Durante estos viajes conoció a Santa Eduviges, duquesa de Polonia y Silesia, quien se puso bajo su guía espiritual. 

En 1233 participó en el capítulo general de la orden en Bolonia y presenció la apertura de la tumba de Santo Domingo. Tras dimitir del cargo de provincial, regresó en 1236 al convento de Breslavia. 

Cuando los salvajes tártaros sitiaron Breslavia alrededor del año 1241, los aterrorizados habitantes se refugiaron en la fortaleza, y el Beato Ceslao y su comunidad ayunaron y oraron incesantemente, con la esperanza de apartar la ira de Dios de la ciudad. Un día, cuando el enemigo atacaba las murallas, el siervo de Dios llegó a las murallas, crucifijo en mano, exhortando a los sitiados a confiar en Dios. De repente se vio rodeado de luz, y sobre su cabeza apareció un inmenso globo de fuego, de donde salieron dardos ardientes que cayeron sobre los enemigos, matando a algunos y cegando a otros. Los tártaros, presas del pánico, arrojaron las armas y huyeron en salvaje confusión; algunos de ellos fueron convertidos por el prodigio y recibieron el bautismo junto con su príncipe.

Unos meses después de este acontecimiento milagroso, el Beato Ceslao sufrió su última enfermedad. Después de hacer una conmovedora exhortación a sus hermanos, en la que les recordó que todas las observancias monásticas no tienen valor a menos que se basen en la humildad y la abnegación, estrechó su crucifijo y exclamó fervientemente: «Señor, Tú has sido el único objeto de mi deseos; dígnate a cambio admitirme en Tus Divinos abrazos». La gloriosa Madre de Dios, a quien había amado tiernamente, lo consoló en sus últimos momentos y lo condujo a los gozos del cielo el 16 de julio de 1242.
   
Su cuerpo se venera en la iglesia de San Adalberto, en una capilla que resultó intacta durante el Sitio de Breslavia en la II Guerra Mundial.
  
Clemente XI confirmó su culto el día 27 de agosto de 1713, y en 1735 Clemente XII permitió su culto en toda Polonia.
   
ORACIÓN (Del Misal dominico)
Oh Dios, que esclareciste al bienaventurado Ceslao de pureza virginal de vida y de celo ardiente por la salvación de las almas, y lo hiciste admirable para los pueblos de diferentes naciones por sus santas acciones y la gracia de propagar la fe; concédenos, te suplicamos que por su intercesión seamos siempre firmes en la fe, y acudamos a ti, que eres el único autor y dador de la salvación eterna. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 16 de febrero de 2024

BEATO JORDÁN DE SAJONIA, PRIMER SUCESOR DE SANTO DOMINGO

«Habéis de saber que en esta vida nada hay tan perfecto que no pueda perfeccionarse cada vez más, hasta que lleguemos felizmente a donde no hay nada defectuoso, donde cada uno seremos colmados de tan gran perfección que no necesitemos más» (Bto. Jordán de Sajonia, Carta a Sor Diana).
   

No es cosa fácil dar con otro caso semejante en toda la historia de la Iglesia como este del Beato Jordán. Dios, en su Divina Providencia, tiene preparados todos los caminos, pero somos libres de seguirlos de una manera u otra.
   
París casi siempre ha sido uno de los nudos más importantes en el devenir de la humanidad. Por el año 1219 se realiza allí un encuentro de estos que forman historia: Un venerable religioso –se llama Domingo de Guzmán y hace furores con sus predicaciones y con los muchos hombres que le siguen desde que hace unos años vino de España– se encuentra con un valiente joven, ya un tanto maduro, más en sabiduría y virtud que en años. Se llama Jordán. De aquel encuentro surgirá una vocación y una llamada a seguir por los caminos que le marca Domingo.
   
Ya hacía tiempo que él iba buscando acertar con este camino y ahora, sin casi pedirlo él, se lo señalan: –«Ordénate diácono y sigue a Jesucristo»… Poco después, el mismo Jordán pedirá seguir a Jesucristo pero dentro de la Orden fundada por aquel hombre, la Orden de predicadores o dominicos como se les llamará después.
   
Ya es novicio. Al año siguiente, 1221, hay Capítulo General y le nombran Provincial de la provincia de Lombardía, la provincia más importante y difícil de gobernar de toda la Orden.
   
Muere Santo Domingo, el fundador de aquélla gran obra, y el 22 de mayo de 1222, a los dos años de empezado su noviciado, es elegido, por unanimidad, Prior General de toda la Orden Dominicana, como sucesor inmediato del santo fundador… Y fue Superior General hasta su muerte acaecida el 13 de febrero de 1237.
   
Santo Domingo fue el fundador pero el Beato Jordán fue el consolidador y fecundo propagador de aquella semilla que echara en el surco Santo Domingo. A distancia de más de siete siglos uno queda admirado cómo pudo –contando con los medios de comunicación que entonces disponían– multiplicarse de modo tan prodigioso. Durante sus años de General se fundaron 249 conventos nuevos, se instituyeron cuatro nuevas provincias y se reforzaron los conventos ya existentes. En el convento donde él moraba eran tantos los jóvenes que ingresaban a vestir el hábito dominicano y los ya profesos que salían de él para abrir nuevas fundaciones, que alguien lo comparó «con una colmena de abejas»…
   
Entre las nuevas vocaciones que reclutaba para la Orden se contaron hombres muy ilustres en todas las naciones y que dieron un gran prestigio a la Orden. Él mismo predicó en varias catedrales y visitó y dictó lecciones en varias Universidades famosas entonces, no sólo en todas de Italia, sino también en Inglaterra, Alemania, Francia, etc.…
   
Era muy virtuoso. Y por encima de todo, la caridad. Un día encontró un mendigo aterido de frío y le dio su manto. El mendigo al momento lo vendió y se emborrachó. Ante las recriminaciones de los frailes –que conservaban su manto–, Jordán les contestó: «Es preferible perder el manto antes que el amor».
    
A pesar de tanta bondad también sabía ser duro y firme cuando se trataba de cosas que se referían a algo muy serio en lo que se jugaban intereses de la Iglesia o de la Orden. Así lo fue con Federico II y con los superiores que no trataban de serlo según debían. A un procurador que le pidió lo relevara del cargo le contestó: «Hijo mío, este cargo lleva consigo cuatro cosas: la negligencia, la impaciencia, el trabajo y el mérito; yo te descargo de las dos primeras… pero te dejo las otras dos».
   
El Beato Jordán, sobre todo, fue dotado de una cualidad especial para conmover a los oyentes. Con este medio supo llenar los conventos de aspirantes a la vocación y hacer que en todos sus conventos se viviera en la perfecta observancia regular que imprimiera el santo fundador Santo Domingo. Expiró en el Señor el 13 de febrero de 1237.

ORACIÓN (Del Misal Dominico)
Oh Dios, que hiciste admirable a tu confesor el bienaventurado Jordán por el celo de la salvación de las almas y la gracia de ampliar la Religión, haz que por los méritos de su intercesión, vivamos con ese mismo espíritu, y al salir encontremos la gloria del Cielo. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 24 de marzo de 2022

EL RESPONSO «Gaude María» EN LA ANUNCIACIÓN


En el Breviario Romano Tradicional, el octavo responsorio de las Maitines de la Anunciación dice:
LATÍN
℟. Gaude, María Virgo, cunctas hǽreses sola interemísti, quæ Gabriélis Archángeli dictis credidísti: * Dum Virgo Deum et hóminem genuísti, et post partum, Virgo, invioláta permansísti.
℣. Gabriélem Archángelum scimus divínitus te esse affátum: úterum tuum de Spíritu Sancto credímus imprægnátum: erubéscat Judǽus infélix, qui dicit Christum ex Joseph sémine esse natum.
. Dum Virgo Deum et hóminem genuísti, et post partum, Virgo, invioláta permansísti.
℣. Glória Patri, et Fílio, * et Spirítui Sancto.
. Dum Virgo Deum et hóminem genuísti, et post partum, Virgo, invioláta permansísti.
   
TRADUCCIÓN
℟. Alégrate, oh Virgen María, tú sola destruiste todas las herejías, Tú que creíste lo que dijo el arcángel Gabriel. * Siendo Virgen engendraste a un Dios y hombre; y después del parto permaneciste Virgen pura. 
℣. Sabemos que el arcángel Gabriel te habló de parte de Dios, y creemos que concebiste en tu vientre por el Espíritu Santo: Avergüéncese el infeliz judío, que dice que Cristo nació de la simiente de José.
. Siendo Virgen engendraste a un Dios y hombre; y después del parto permaneciste Virgen pura.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
. Siendo Virgen engendraste a un Dios y hombre; y después del parto permaneciste Virgen pura. 
   
Gautier de Coincy OSB (1177-1236), cuenta en su obra Miracles de Notre Dame (Milagros de Nuestra Señora) que este responso fue improvisado en la época carolingia por un cantor ciego en la basílica de Santa María de los Mártires (antiguo Panteón de Agripa) cuando, en plena celebración del Divino Oficio, unos judíos se dirigieron a las afueras de la iglesia a proferir blasfemias contra la Santísima Virgen. El cantor, al oírlos, les contestó reafirmando la Fe Católica en el misterio de la Encarnación del Señor en el seno virginal de María Santísima y confutando la herejía pronunciada por la raza pérfida. Luego de este responso, la Virgen le obtuvo a su defensor que recuperara la visión. Aunque algunos afirman que en realidad fue compuesta para la dedicación de la rotonda de Nuestra Señora en el monasterio de San Germán de Auxerre, el responso es mencionado por Gautier, como también en las Cántigas de Santa María compiladas por Alfonso X «El Sabio» de Castilla y por Geoffrey Chaucer en sus Cuentos de Canterbury, en otro milagro: un niño huérfano cantaba el responsorio, y un judío que lo escuchó le tuvo tanto odio que lo mató, pero la Virgen le retornó a la vida en presencia de toda la ciudad, que dio muerte a los judíos que no se convirtieron ante el milagro.
   
Este responsorio fue incluido en las Maitines de la Anunciación del Breviario Romano, y también apareció en las Vísperas de la Purificación de Santa María (como se ve en los breviarios de los Canónigos Regulares, el Dominico y varios breviarios momásticos y diocesanos), a veces con la prosa (secuencia) ambrosiana del siglo XI «Invioláta, íntegra et casta es María»
LATÍN
Invioláta, íntegra et casta es María:
Quæ es effécta fúlgida cœli porta.
O Mater alma Christi caríssima:
Súscipe pia láudum præcónia.
Te nunc flágitant devóta corda et ora:
Nostra ut pura péctora sint et córpora.
Tua per precáta dulcísona:
Nobis concédas véniam per sǽcula.
O benígna! O Regína! O María!
Quæ sola invioláta permansísti.
  
TRADUCCIÓN
Intacta, íntegra y casta eres, María:
Que fuiste hecha puerta resplandeciente del Cielo.
Oh queridísima Madre de Cristo,
Recibe nuestro piadoso himno de alabanza.
Ahora nuestros corazones y labios te claman:
Para que nuestras almas y cuerpos sean puros.
Por tus ruegos de dulce sonido,
Concédenos el perdón por los siglos.
¡Oh benigna! ¡Oh Reina! ¡Oh María!
Que sola permaneciste intacta.
después del último «Dum Virgo Deum et hóminem genuísti, et post partum, Virgo, invioláta permansísti». 
   
Infortunadamente, en la expurgación que en el Breviario Romano se hizo después del Concilio de Trento, el verso fue remplazado (no sabemos la causa) por «Beáta es, María, quæ credidísti: quia perfécta sunt ea, quæ dicta sunt tibi a Dómino» (Dichosa eres, Virgen María, porque has creído: porque se cumplirá en ti lo que te ha dicho el Señor), del Común de las Fiestas de Santa María (cambio que fue adoptado por el Breviario Monástico Benedictino).
   
Por su parte, en el Misal Romano tradicional, es usado como Tracto en la Misa común de Santa María desde el tiempo de Septuagésima en vez del Aleluya, de esta forma:
Gaude, María Virgo, cunctas hǽreses sola interemísti. (Alégrate, oh Virgen María, Tú sola destruiste todas las herejías).
℣. Quæ Gabriélis Archángeli dictis credidísti. (Tú que creíste lo que dijo el arcángel Gabriel). 
℣. Dum Virgo Deum et hóminem genuísti, et post partum, Virgo, invioláta permansísti. (Siendo Virgen engendraste a un Dios y hombre; y después del parto permaneciste Virgen pura).
℣. Dei Génetrix, intercéde pro nobis. (Madre de Dios, intercede por nosotros).
   
En los demás Breviarios, el responso siguió intacto hasta la reforma-demolición litúrgica obrada durante el Vaticano II, cuando fue removido del todo por pura «corrección política». En 2005, el Antiphonále Monásticum de Solesmes, en su volumen III, incluyó el responso, pero sin incluir el hemistiquio «erubéscat Judǽus infélix, qui dicit Christum ex Joseph sémine esse natum».

jueves, 1 de abril de 2021

DEL LAVADO DE LOS ALTARES EL JUEVES SANTO

   
Una de las ceremonias que se realizan el Jueves Santo es la denudación de los altares, simbolizando cómo Nuestro Señor fue despojado de sus vestiduras por los soldados romanos antes de la Crucifixión. Conexo a esta ceremonia está el lavado de los altares, que rememora el lavado y unción de su Sagrado Cuerpo en preparación para ser sepultado, y simboliza cómo la Sangre de Cristo, divino Cordero, nos purifica de todo pecado para poder acercarnos dignamente al Santo Sacrificio de la Misa.
   
En su obra De los Oficios Eclesiásticos, San Isidoro de Sevilla relata que era costumbre el Jueves Santo lavar los altares e incluso el pavimento de la iglesia, significando el acto de humildad con que Nuestro Señor lavó los pies de sus discípulos; y San Eligio también habla en términos similares de la misma práctica y el mismo motivo. La práctica era conocida en la Edad Media en toda Europa y en Inglaterra, cuyo Missále ad usum Insígnis et Præcláræ Ecclésiæ Sarum describe la ceremonia en estos términos:
«Después de la cena, que todos los clérigos se reúnan en la iglesia para lavar los altares, hacer el Mandato y rezar la Completa.
  
Primero, que se bendiga el agua del modo acostumbrado, fuera del coro y privadamente. Luego que se preparen dos de los Sacerdotes más dignos, con un diácono y subdiácono y dos acólitos, todos revestidos en alba y amito, y que dos clérigos porten vino y agua, y comenzarán desde el altar mayor a lavarlos, vertiendo en ellos vino y agua, y entre tanto el coro canta ante el altar el responso ℞. In monte Olivéti orávit ad Patrem: Pater, si fíeri potest, tránseat a me calix iste: Spíritus quidem promptus est, caro autem infírma. Fíat volúntas tua, diciendo su verso ℣. Verúmtamen non sicut ego volo, sed sicut Tu vis. Fiat volúntas tua y sin Glória Patri. Acabado el verso, el excelentísimo Sacerdote dirá en voz baja la Oración del Santo en cuyo honor fue consagrado el altar, sin la nota que termina Per Christum Dóminum nostrum, ni que la anteceda ni siga el Dóminus vobíscum, sino el Orémus antes de la Oración, y después el ejecutor del oficio besará el altar seguido por los demás clérigos.
Del mismo modo lavarán todos los altares con los responsos y versos, como están ordenados en la predicha historia, esto es 
℞. In monte Olivéti orávit ad Patrem: Pater, si fíeri potest, tránseat a me calix iste: Spíritus quidem promptus est, caro autem infírma. Fíat volúntas tua.
℣.  Verúmtamen non sicut ego volo, sed sicut Tu vis. Fiat volúntas tua.
℞. Circumdedérunt me viri mendáces; sine causa flagéllis cecidérunt me. Sed tu, Dómine defénsor, vindíca me.
℣. Quóniam tribulátio próxima est, et non est qui adjúvet. Sed tu, Dómine defénsor, vindíca me.
℞. Tristis est ánima mea usque ad mortem: sustinéte hic, et vigiláte mecum: nunc vidébitis turbam, quæ circúmdabit me: Vos fugam capiétis, et ego vadam immolári pro vobis.
℣. Ecce appropinquábit hora et Fílius Hóminis tradétur in manus peccatórum. os fugam capiétis, et ego vadam immolári pro vobis.
℞. Ecce vídimus eum non habéntem spéciem, neque decórem: aspéctus ejus in eo non est: hic peccáta nostra portávit, et pro nobis dolet: ipse autem vulnerátus est propter iniquitátes nostras: Cujus livóre sanáti sumus.
℣. Vere languóres nostros ipse abstúlit, et infirmitátes nostras ipse portávit. Cujus livóre sanáti sumus.
℞. Unus ex discípulis meis tradet me hódie; væ illi per quem tradar ego. Mélius illi erat si natus non fuísset.
℣. Qui intíngit manum mecum in parópside, hic me traditúrus est in manus peccatórum. Mélius illi erat si natus non fuísset.
℞. Judas mercátor péssimus ósculo pétiit Dóminum: ille ut agnus ínnocens non negávit Judæ ósculum: Denariórum número Christum Judǽis tradídit.
℣. Avarítiæ inebriátus venéno, dum sitit lucrum pervénit ad láqueum. Denariórum número Christum Judǽis tradídit.
℞.  Una hora non potuístis vigiláre mecum, qui exhortabámini mori pro me? Vel Judam non vidétis, quómodo non dormit, sed festínat trádere me Judǽis?
℣. Dormíte jam et requiéscite, ecce appropinquábit qui me traditúrus est. Vel Judam non vidétis, quómodo non dormit, sed festínat trádere me Judǽis?
℞. Senióres pópuli consílium fecérunt, ut Jesum dolo tenérent, et occidérent. Cum gládiis et fústibus exiérunt tamquam ad latrónem.
℣. Cogitavérunt iniquitátem sibi et egrediébantur foras. Cum gládiis et fústibus exiérunt tamquam ad latrónem.
℞. O Juda, qui dereliquísti consílium pacis, et cum Judǽis consiliátus es trigínta argénteis, vendidísti Sánguinem justum. Et pacis ósculum ferébas, quam in péctore non habébas.
℣. Os tuum abundávit malítia et língua tua concinnábat dolos. Et pacis ósculum ferébas, quam in péctore non habébas.
℞. Revelábunt cœli iniquitátem Judæ, et terra advérsus eum consúrget, et maniféstum erit peccátum illíus, in die furóris Dómini. Cum eis qui dixérunt Domino Deo: Recéde a nobis, sciéntiam viárum tuárum nólumus.
℣. In die perditiónis salvábitur et ad diem ultiónis ducétur. Recéde a nobis, sciéntiam viárum tuárum nólumus.
℞. Circumdedérunt me viri mendáces; sine causa flagéllis cecidérunt me. Sed tu, Dómine defénsor, vindíca me.
℣. Quóniam tribulátio próxima est, et non est qui adjuvet. Sed tu, Dómine defénsor, vindíca me.
Con la oración del Santo, como está dicho.
   
Que ningún responso empiece sino ante el altar, y donde todos cantarán como dijimos arriba. 
  
Siempre en la última ablución cántese el responsorio Circumdedérunt con su verso. Y si hubieren más los altares en la iglesia que los responsorios de la predicha historia, entonces reiníciese la historia guardando el orden señalado, pero siempre se deberá cantar el responso Circumdedérunt en último lugar.
   
Después de lavado el Altar, entren a capítulo, y el diácono leerá el Evangelio Ante die festum (San Juan XIII, 1-15), como se lee en la Misa, y si quiere, dirá el Sermón. Acabado esto, los dos dichos Sacerdotes lavarán los pies de los otros en el coro, uno de un lado y otro del otro, y luego ellos harán lo mismo mutuamente».
   
En su libro de 1818 Descrizione delle funzioni della Settimana Santa nella Capella Pontificia (Descripción de las funciones de la Semana Santa en la Capilla Pontificia), págs. 99-104, el bibliotecario y erudito Francesco Girolamo Cancellieri describe la ceremonia del lavado del altar de la Confesión en la basílica de San Pedro:
Mientras las Maitines y Laudes son cantadas en el Coro, es preparada una mesa cerca al altar mayor, del lado de la Epístola, por el sub-altarista una mesa de madera, sobre la cual se ponen siete vasos, que antes eran de plata, y ahora son de vidrio, y además uno de plata dorada, con vino generoso, que se mandaba de la Cantina de Palacio, y ahora desde la Sacristía, con una vasija de cobre plateado con siete toallas, o secamanos de cándido lino, y otra con siete esponjas. Cuando en el Coro se canta el Benedíctus de las Laudes, son distribuidas a cada Canónigo, Beneficiado y Clérigo beneficiado los hisopos hechos con ramas de boj, pero más comúnmente de sanguino, todos amarrados y ajustados a forma de diadema.
   
En este tiempo el sacristán del Coro prepara sobre la credencia, situada in cornu Epístolæ, un pluvial negro con siete estolas similares. Terminado todo el Oficio, el canónigo hebdomadario, y los seis canónigos ancianos se dirigen a la credencia mencionada, y depuestas sus capas, se ponen la sobrepelliz sobre el roquete, y las estolas negras, y el hebdomadario, depuesta la capa, se pone la estola sobre el roquete, y el pluvial negro. Precediendo la Cruz, y dos candeleros con dos velas amarillas apagadas, portadas procesionalmente por los acólitos, se dirige todo el Capítulo hacia el Altar Mayor con este orden.
    
Preceden los dos custodios, la Cruz en medio de los dos Acólitos, el Seminario, los Clérigos beneficiados, los Beneficiados, los Canónigos, dos con roquete, capa y estola, y el canónigo hebdomadario con el pluvial, en medio de los maestros de ceremonias. Llegados al Altar mayor, sale el acólito con la Cruz, y los acólitos en el altar referido, y se ponen cerca a la Sagrada Mesa por la parte oriental, con la cara dirigida hacia el Clero. Los capellanes, los músicos y los alumnos del Seminario vaticano están a los lados del altar. Todo el capítulo forma un círculo alrededor, y arrodillado, y ahora un poco, unidos al canónigo hebdomadario y a los seis canónigos, que se arrodillan en la primera grada. El hebdomadario entona la antífona Divisérunt sibi, que se prosigue sin canto por los capellanes, músicos y seminario. Luego de esta se recita alternativamente el salmo Deus, Deus meus (Salmo XXI):
Antiphona. Ps. 21, 19. Divisérunt sibi vestiménta mea, et super vestem meam misérunt sortem.
Psalmus 21
Deus, Deus meus, réspice in me: quare me dereliquísti? * longe a salúte mea verba delictórum meórum.
Deus meus, clamábo per diem, et non exáudies: * et nocte, et non ad insipiéntiam mihi.
Tu autem in sancto hábitas, * laus Ísraël.
In te speravérunt patres nostri: * speravérunt, et liberásti eos.
Ad te clamavérunt, et salvi facti sunt: * in te speravérunt, et non sunt confúsi.
Ego autem sum vermis, et non homo: * oppróbrium hóminum, et abjéctio plebis.
Omnes vidéntes me, derisérunt me: * locúti sunt lábiis, et movérunt caput.
Sperávit in Dómino, erípiat eum: * salvum fáciat eum, quóniam vult eum.
Quóniam tu es, qui extraxísti me de ventre: * spes mea ab ubéribus matris meæ. In te projéctus sum ex útero:
De ventre matris meæ Deus meus es tu, * ne discésseris a me:
Quóniam tribulátio próxima est: * quóniam non est qui ádjuvet.
Circumdedérunt me vítuli multi: * tauri pingues obsedérunt me.
Aperuérunt super me os suum, * sicut leo rápiens et rúgiens.
Sicut aqua effúsus sum: * et dispérsa sunt ómnia ossa mea.
Factum est cor meum tamquam cera liquéscens * in médio ventris mei.
Aruit tamquam testa virtus mea, et lingua mea adhæsit fáucibus meis: * et in púlverem mortis deduxísti me.
Quóniam circumdedérunt me canes multi: * concílium malignántium obsédit me.
Fodérunt manus meas et pedes meos: * dinumeravérunt ómnia ossa mea.
Ipsi vero consideravérunt et inspexérunt me: * divisérunt sibi vestiménta mea, et super vestem meam misérunt sortem.
Tu autem, Dómine, ne elongáveris auxílium tuum a me: * ad defensiónem meam cónspice.
Erue a frámea, Deus, ánimam meam: * et de manu canis únicam meam:
Salva me ex ore leónis: * et a córnibus unicórnium humilitátem meam.
Narrábo nomen tuum frátribus meis: * in médio ecclésiæ laudábo te.
Qui timétis Dóminum, laudáte eum: * univérsum semen Jacob, glorificáte eum.
Tímeat eum omne semen Israël: * quóniam non sprevit, neque despéxit deprecatiónem páuperis:
Nec avértit fáciem suam a me: * et cum clamárem ad eum, exaudívit me.
Apud te laus mea in ecclésia magna: * vota mea reddam in conspéctu timéntium eum.
Edent páuperes, et saturabúntur: et laudábunt Dóminum qui requírunt eum: * vivent corda eórum in sǽculum sǽculi.
Reminiscéntur et converténtur ad Dóminum * univérsi fines terræ:
Et adorábunt in conspéctu ejus * univérsæ famíliæ géntium.
Quóniam Dómini est regnum: * et ipse dominábitur géntium.
Manducavérunt et adoravérunt omnes pingues terræ: * in conspéctu ejus cadent omnes qui descéndunt in terram.
Et ánima mea illi vivet: * et semen meum sérviet ipsi.
Annuntiábitur Dómino generátio ventúra: * et annuntiábunt cœli justítiam ejus pópulo qui nascétur, quem fecit Dóminus. 
   
Comenzada la Antífona, se levanta el hebdomadario, y quitándose el pluvial, parte con los otros seis canónigos con estola a la Sagrada Mesa, de la cual, antes que venga procesionalmente el clero, remueve el subaltarista una toalla fina, que la recubre toda, pero sin caer por ninguna parte, y prepara sobre la mesa los siete vasos con vino. 
   
El canónigo altarista con la sobrepelliz sobre el roquete, y sin estola, entrega el vaso al hebdomadario y a los otros seis canónigos, los cuales vierten sobre la mesa todo el vino, y con los hisopos lo lavan. Terminado este lavado, el hebdomadario desciende cerca a la mesa pequeña, y los seis canónicos se ponen en pie en la puertecilla del cancel, entre las columnas de la Confesión. A estos suceden otros seis canónigos, que lavan la Mesa con el mismo modo, esto es, con los aspersorios, y así por orden de ancianidad lo hacen los otros canónicos, los beneficiados y los clérigos beneficiados, y cada uno de ellos retorna a su puesto, acabada la ceremonia.
    
Después de ellos van los capellanes, los clérigos, los alumnos del Seminario y los músicos, a los cuales se les han distribuido previamente los hisopos fuera del coro.
   
Cuando todo el clero ha acabado de hacer esta ceremonia, se lleva por el subaltarista una vasija con siete esponjas, las cuales el canónigo altarista entrega al hebdomadario y a los asistentes, y pulen la Mesa. Luego les entrega los siete secamanos, con los cuales la enjugan. Finalmente el hebdomadario, retomado el pluvial, vuelve a arrodillarse con los seis canónigos asistentes; y los capellanes genuflexos y todo el clero repiten la antífona Divisérunt sibi, y el verso Christus factus est pro nobis obœ́diens usque ad mortem, y después dice el Pater noster en voz baja, y recita la Oración
Réspice, quǽsumus, Dómine, super hanc famíliam tuam, pro qua Dóminus noster Jesus Christus non dubitávit mánibus tradi nocéntium, et crucis subíre torméntum. Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
Luego se arrodilla sobre el pavimento con todo el clero, y venera las tres Reliquias mayores de la Cruz, la Santa Faz y la lanza, preservadas en la galería sobre la estatua de Santa Verónica.
   
Terminada la ostensión de las Santas Reliquias, se van procesionalmente a la Sacristía, donde cada uno se desviste los ornamentos. Partido el clero, el subaltarista, con ayuda de los clérigos, acaba de pulir y enjugar la Mesa, la cual permanece descubierta hasta todo el Viernes Santo.
    
La ceremonia se conserva también entre los monjes dominicos, que la realizan de esta forma: Después de la Misa del Jueves Santo, los frailes, en procesión, llevan el Santísimo Sacramento al sepulcro. Los sacerdotes se dirigen, cada uno acompañado con dos acólitos revestidos con alba (en el rito dominico, durante las fiestas mayores los acólitos usan alba y no sobrepelliz) cargando vinajeras de agua y vino, para la denudación de los altares en el monasterio. El sacerdote luego lavaba los altares (o las aras) con agua y vino. Durante el rito del lavado el sacerdote y los ministros cantan el salmo Miserére (Salmo L).
  
Padre Eugène Sousa OP lavando el ara en la capilla de los hermanos legos en el Priorato de San Alberto Magno en Oakland, CA (c. 1958). El hermano Peter de Man OP sostiene la vinajera de vino y viste alba.

martes, 15 de septiembre de 2020

ANTÍFONA EN HONOR A SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

   
Poco después de la muerte de Santo Domingo de Guzmán, el fraile Constantino Médici de Bisenzio OP, Obispo de Orvieto y autor de la Legénda Sancti Domínici, escribió la antífona “O lumen Ecclésiæ”, la cual recuerda a las tres ramas de la Orden de Predicadores la heroica santidad de su fundador. Esta antífona es cantada después de la Salve (que en el Rito Dominico es cantada con un tono distinto al Rito Romano) en las Completas.
  
   
LATÍN
O lumen Ecclésiæ,
Doctor veritátis,
Rosa patiéntiæ,
Ebur castitátis,
Áquam sapiéntiæ
Propinásti gratis,
Prædicátor grátiæ
Nos junge beátis. (T.P. Allelúja)

℣. Ora pro nobis, beáte pater Domínice.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

ORATIO
Concéde, quǽsumus, omnípotens Deus: ut, qui peccatórum nostrórum póndere prémimur, beáti Domínici Confessóris tui et Patris nostri patrocínio sublevémur. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
   
TRADUCCIÓN
Oh luz de la Iglesia,
Doctor de verdad,
Rosa de paciencia,
Marfil de castidad,
Gratuitamente has dado
El agua de la sabiduría:
Predicador de la gracia,
Reúnenos con los bienaventurados. (T.P. Aleluya)
  
℣. Ruega por nosotros, bienaventurado Padre Santo Domingo.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu Confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  

domingo, 3 de mayo de 2020

LETANÍAS DOMINICAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
  
La Santísima Virgen como Patrona de la Orden Dominica (Miguel Cabrera)
   
Las Letanías Dominicas (muy diferentes a las ordinarias) estuvieron en uso casi desde los comienzos de la Orden y parecen compuestas por aquellos primeros fervorosos Apóstoles que ilustraron su primer nacimiento y su primera aparición en la Iglesia, y sin embargo experimentaron eficacísima para obtener por la protección de María los prontos auxilios de la divina Misericordia en presencia de graves tribulaciones de la Orden o de la Fe. Es memorable en la Historia del siglo XIII de fray Galvano Fiamma OP la encendida vejación movida a las primeras dos Órdenes Mendicantes, la de los Predicadores y la de los Minores por un cierto Guillermo de Saint Amour, Doctor y Canónigo, que dictaba en París. Florecían entonces en la Sorbona los dos grandes luminares de la Iglesia Santo Tomás y San Buenaventura, que con la fama de eminente doctrina y santidad de vida atraían a sí numeroso grupo de discípulos. Y tal vez Guillermo, más por envidia que por falta de luces, se movió a combatir estas dos Ordenes poniendo la mira en las bases fundamentales de su profesión: la mendicidad, la pública Salmodia, la predicación y la enseñanza. Dictó un libro con el título De perículis novissimórum témporum (De los peligros de los últimos tiempos) en el cual, abusando de la Sagrada Escritura y de la autoridad de los Padres, pretendía mostrar que la profesión de Mendicantes no andaba separada de la eterna condenación. No es de asombrarse que por cuanto este libro estuviese lleno de errores y de herejías no hiciese mella en el ánimo de muchos, y muchas y graves angustias llegaron a las dos Órdenes mencionadas. Ocupaba entonces la Cátedra Apostólica el Pontífice Inocencio IV, que por una Bula del 21 de noviembre de 1254 revocó todos los privilegios que les habían concedido él y sus antecesores. En tan grave angustia los Frailes Predicadores tuvieron especial recurso en la Madre de Dios. El Beato Humberto de Romans, que entonces regía la Orden, ordenó que en todos los Conventos y monasterios se recitasen después de las Maitines los siete Salmos Penitenciales y las Letanías de la Santísima Virgen, agregándole la Oración al Patriarca Santo Domingo, como aquél que en María instituyó y aseguró su Orden. Y fue en esta circunstancia que un Santo religioso, en el fervor de su confianza ve a la Madre de Dios que insistía ante su dilecto Hijo diciendo: «Fili exáudi eos! Fili exáudi eos!» Fueron de hecho escuchados. Guillermo, citado ante el Pontífice Alejandro IV, sucesor de Inocencio (que al firmar la bula cayó afectado por una parálisis, nuriendo el 7 de diciembre de ese año), a dar cuenta de su libro, tuvo que encontrar en un San Alberto Magno y en un Santo Tomás de Aquino dos valerosos defensores de la verdad que pronto le hicieron descubrir sus errores. El libro fue quemado en presencia del Papa, y su autor severamente castigado con la excomunión y el destierro. Las dos Órdenes vejadas crecieron en respeto y honor, y por el socorro de María, la turbación fue cambiada por la paz y la calma como sucedió en aquellas pruebas que la Providencia suele hacer instrumentos de su obra. Los cardenales de entonces, sorprendidos por tan feliz suceso, tuvieron en proverbio un dicho que permanece todavía en la memoria de la posteridad: «Cavéte a Litaníis Fratrum Prædicatórum, quia mirabília fáciunt» (Cuidado con las Letanías de los Frailes Predicadores, porque hacen maravillas). Tomó mayor vigor entre los Frailes Predicadores el uso y la confianza en estas devotas Letanías, y en alguna Provincia que conocemos se practica el recitarla privadamente y de noche ante el Altar de la Santísima Virgen implorando de ella socorro en los casos difíciles o turbios para la Iglesia, la Orden y la respectiva comunidad. Jamás se ha practicado este piadoso recurso a María que no estuviese seguido por excelente efecto. Los tiempos que corren para la Iglesia no son menores que los del siglo XIII. No faltan en nuestros días discípulos de Guillermo de Saint Amour, tal vez más insolentes y más perversos. La irreligión divulgada y a sueldo ha tomado de su impune dictado la horrenda blasfemia contra la adorada Persona de Jesucristo, ante cuyo nombre se arrodilla y tiembla el Infierno, y contra la pureza de aquella Virgen Inmaculada que forma la consolación y el descanso de los fieles. Dirás que han renacido los nuevos Maniqueos, los nuevos Albigenses del siglo XIII que por su sucia boca escupieron el mismo odio y el mismo veneno. Pero nuestra fe no i sgomenta en medio de las tormentas y las borrascas. Nuestra esperanza está puesta en Aquel que puede llamar a calma los vientos y las olas. Junto a Él está Aquella que vence a todas las Herejías, confunde todos los errores, pone en fuga y dispersa a todos sus enemigos: Ella es MARÍA. (De las Litanie dell’ordine de’ predicatori solite a dirsi nelle grandi necessità)
   
LATÍN
 
LITANÍÆ BEÁTÆ MARÍÆ VÍRGINIS AB ÓRDINE PRÆDICATÓRUM RECÉPTÆ
   
℣. Deus in adjutorium meum intende.
℟. Domine ad adjuvandum me festina.
   
Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýrie, eléison.
   
Christe, áudi nos.
Christe, exáudi nos.
   
Pater de cœlis Deus, miserére nobis.
Fili Redémptor mundi Deus, miserére nobis.
Spíritus Sancte Deus, miserére nobis.
Sancta Trínitas, unus Deus, misérere nobis.
   
Sancta María, spes miserórum, et dulcis consolátio tribulántium, ora pro nobis.
Sancta María, Mater Christi sanctíssima, ora pro nobis
Sancta María, Dei Génetrix Virgo, ora pro nobis
Sancta María, Mater innúpta, ora pro nobis
Sancta María, Mater invioláta, ora pro nobis
Sancta María, Virgo vírginum, ora pro nobis.
Sancta María, Virgo perpétua, ora pro nobis.
Sancta María, grátia Dei plena, ora pro nobis.
Sancta María, ætérni Regis fília, ora pro nobis.
Sancta María, Christi Mater et Sponsa, ora pro nobis.
Sancta María, Spíritus Sancti templum, ora pro nobis.
Sancta María, cœlórum Regína, ora pro nobis.
Sancta María, Angelórum Dómina, ora pro nobis.
Sancta María, scala Dei, ora pro nobis.
Sancta María, porta Paradísi, ora pro nobis.
Sancta María, nostra Mater et Dómina, ora pro nobis
Sancta María, nostra spes vera, ora pro nobis.
Sancta María, nova Mater, ora pro nobis.
Sancta María, ómnium fidélium fides, ora pro nobis.
Sancta María, cáritas Dei perfécta, ora pro nobis.
Sancta María, imperátrix nostra, ora pro nobis.
Sancta María, fons dulcédinis, ora pro nobis.
Sancta María, mater misericórdiæ, ora pro nobis.
Sancta María, mater ætérni Príncipis, ora pro nobis.
Sancta María, mater veri consílii, ora pro nobis.
Sancta María, mater veræ fídei, ora pro nobis.
Sancta María, nostra resurréctio, ora pro nobis.
Sancta María, per quam renovátur omnis creatúra, ora pro nobis.
Sancta María, genérans ætérnum Lumen, ora pro nobis.
Sancta María, ómnia portántem portans, ora pro nobis.
Sancta María, virtus divónæ Incarnatiónis, ora pro nobis.
Sancta María, cúbile thesáuri cœléstis, ora pro nobis.
Sancta María, génerans factórem ómnium, ora pro nobis.
Sancta María, consílii cœléstis arcánum, ora pro nobis.
Sancta María, nostra salus vera, ora pro nobis.
Sancta María, thesáurus fidélium, ora pro nobis.
Sancta María, pulchérrima Dómina, ora pro nobis.
Sancta María, iris plena lætítia, ora pro nobis.
Sancta María, mater veri gáudii, ora pro nobis.
Sancta María, iter nostrum ad Dóminum, ora pro nobis.
Sancta María, advocátrix nostra, ora pro nobis.
Sancta María, stella cœli claríssima, ora pro nobis.
Sancta María, præclárior luna, ora pro nobis.
Sancta María, solem lúmine vincens, ora pro nobis.
Sancta María, ætérni Dei Mater, ora pro nobis.
Sancta María, delens tenébras ætérnæ noctis, ora pro nobis.
Sancta María, delens chyrógraphum nostræ perditiónis, ora pro nobis.
Sancta María, fons veræ sapiéntiæ, ora pro nobis.
Sancta María, lumen rectæ sciéntiæ, ora pro nobis.
Sancta María, inæstimáble gáudium nostrum, ora pro nobis.
Sancta María, prǽmium nostrum, ora pro nobis
Sancta María, cœléstis pátriæ desidérium, ora pro nobis.
Sancta María, spéculum divínæ contemplatiónis, ora pro nobis.
Sancta María, ómnium Beatórum beatíssima, ora pro nobis.
Sancta María, omni láude digníssima, ora pro nobis.
Sancta María, clementíssima Dómina, ora pro nobis.
Sancta María, consolátrix ad te confugéntium, ora pro nobis.
Sancta María, plena pietáte, ora pro nobis.
Sancta María, omni dulcédine superabúndans, ora pro nobis.
Sancta María, pulchritúdo Angelórum, ora pro nobis.
Sancta María, flos Patriarchárum, ora pro nobis.
Sancta María, humílitas Prophetárum, ora pro nobis.
Sancta María, thesáurus Apostolórum, ora pro nobis.
Sancta María, laus Mártyrum, ora pro nobis.
Sancta María, glorificátio Sacerdótum, ora pro nobis.
Sancta María, decus Vírginum, ora pro nobis.
Sancta María, castitátis lílium, ora pro nobis.
Sancta María, super omnes fœ́minas benedícta, ora pro nobis.
Sancta María, reparátio ómnium perditórum, ora pro nobis.
Sancta María, laus ómnium justórum, ora pro nobis
Sancta María, secretórum Dei cónscia, ora pro nobis
Sancta María, sanctíssima ómnium fœminárum, ora pro nobis.
Sancta María, præclaríssima Dómina, ora pro nobis.
Sancta María, margaríta cœléstis Sponsi, ora pro nobis.
Sancta María, palátium Christi, ora pro nobis.
Sancta María, immaculáta Virgo, ora pro nobis.
Sancta María, templum Dómini, ora pro nobis.
Sancta María, glória Jerúsalem, ora pro nobis.
Sancta María, lætítia Ísraël, ora pro nobis.
Sancta María, fília Dei, ora pro nobis.
Sancta María, Sponsa Christi amantíssima, ora pro nobis.
Sancta María, stella maris, ora pro nobis.
Sancta María, diadéma in cápite summi Regis, ora pro nobis.
Sancta María, omni honóre digníssima, ora pro nobis.
Sancta María, omni dulcédine plena, ora pro nobis.
Sancta María, regni cœléstis méritum, ora pro nobis.
Sancta María, cœléstis vitæ jánua, ora pro nobis.
Sancta María, porta cláusa et patens, ora pro nobis.
Sancta María, per quam intrátur ad Dóminum, ora pro nobis.
Sancta María, immarcescíbilis rosa, ora pro nobis.
Sancta María, omni mundo pretiósior, ora pro nobis.
Sancta María, omni thesáuro desiderabílior, ora pro nobis.
Sancta María, áltior cœlo, ora pro nobis.
Sancta María, Ángelis múndior, ora pro nobis.
Sancta María, Archangelórum lætítia, ora pro nobis.
Sancta María, ómnium Sanctórum exsultátio, ora pro nobis.
Sancta María, honor et laus, et glória, et fidúcia nostra, ora pro nobis.
Sancta María, exténde manum tuam et tange cor nostrum, ut illúmines et líberes nos peccatóres.
   
Fília Dei, María, nos réspice.
Fília Joáchim, María, nos dílige.
Fília Annæ, María, nos súscipe.
   
Agna Dei, tu porta spei, porta nos ad Fílium
Agna Dei, nos jungas ei, virginále lílium.
Agna Dei, da réquiei regnum post exílium.
   
Pater noster, Ave María et Glória Patri.
  
℣. Ora pro nobis, Sancta Dei Génitrix.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
℣. Dignáre me laudáre te, Virgo sacráta.
℟. Da mihi virtútem contra hostes tuos.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
   
ORATIO
Defénde, quǽsumus, Dómine Deus, intercédente beéta et gloriósa Dei Genetríce María cum ómnibus Sanctis tuis, nostram ab omni adversitáte Domum et Congregatiónem, et ab hóstium túere cleménter insídiis. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
   
TRADUCCIÓN
    
LETANÍA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA RECIBIDA DE LA ORDEN DE PREDICADORES
   
℣. Dios mío ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
    
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
  
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
  
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Santa María, esperanza de los míseros y dulce consolación de los atribulados, ruega por nosotros.
Santa María, santísima Madre de Cristo, ruega por nosotros.
Santa María, Virgen Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa María, Madre no desposada, ruega por nosotros.
Santa María, Madre inviolada, ruega por nosotros.
Santa María, Virgen de vírgenes, ruega por nosotros.
Santa María, Virgen perpetua, ruega por nosotros.
Santa María, llena de la Gracia de Dios, ruega por nosotros.
Santa María, Hija del Rey eterno, ruega por nosotros.
Santa María, Madre y Esposa de Cristo, ruega por nosotros.
Santa María, Templo del Espíritu Santo, ruega por nosotros.
Santa María, Reina de los Cielos, ruega por nosotros.
Santa María, Señora de los Ángeles, ruega por nosotros.
Santa María, Escala de Dios, ruega por nosotros.
Santa María, Puerta del Paraíso, ruega por nosotros.
Santa María, Madre y Señora nuestra, ruega por nosotros.
Santa María, nuestra verdadera esperanza, ruega por nosotros.
Santa María, nueva Madre, ruega por nosotros.
Santa María, fe de todos los fieles, ruega por nosotros.
Santa María, Carida perfecta de Dios, ruega por nosotros.
Santa María, Emperatriz nuestra, ruega por nosotros.
Santa María, fuente de dulzura, ruega por nosotros.
Santa María, Madre de misericordia, ruega por nosotros.
Santa María, Madre del eterno Príncipe, ruega por nosotros.
Santa María, Madre del verdadero consejo, ruega por nosotros.
Santa María, Madre de la Fe verdadera, ruega por nosotros.
Santa María, nuestra resurrección, ruega por nosotros.
Santa María, por la cual se renueva toda criatura, ruega por nosotros.
Santa María, generadora la Luz eterna, ruega por nosotros.
Santa María, portadora de Aquel que sostiene todo, ruega por nosotros.
Santa María, virtud de la Encarnación divina, ruega por nosotros.
Santa María, sala del tesoro celestial, ruega por nosotros.
Santa María, generadora del Creador de todas las cosas, ruega por nosotros.
Santa María, arcano del consejo celestial, ruega por nosotros.
Santa María, nuestra verdadera salvación, ruega por nosotros.
Santa María, tesoro de los fieles, ruega por nosotros.
Santa María, hermosísima Señora nuestra, ruega por nosotros.
Santa María, iris de llena de alegría, ruega por nosotros.
Santa María, Madre del verdadero gozo, ruega por nosotros.
Santa María, nuestro camino al Señor, ruega por nosotros.
Santa María, abogada nuestra, ruega por nosotros.
Santa María, fulgidísima estrella del Cielo, ruega por nosotros.
Santa María, más brillante que la luna, ruega por nosotros.
Santa María, que vences la luz del sol, ruega por nosotros.
Santa María, Madre del eterno Dios, ruega por nosotros.
Santa María, que disipas las tinieblas de la eterna noche, ruega por nosotros.
Santa María, que cancelas el decreto de nuestra condena, ruega por nosotros.
Santa María, fuente de la verdadera sabiduría, ruega por nosotros.
Santa María, luz de la recta conciencia, ruega por nosotros.
Santa María, nuestra alegría inestimable, ruega por nosotros.
Santa María, nuestro premio, ruega por nosotros.
Santa María, deseo de la patria celestial, ruega por nosotros.
Santa María, espejo de la divina contemplación, ruega por nosotros.
Santa María, beatísima entre todos los bienaventurados, ruega por nosotros.
Santa María, dignísima de toda alabanza, ruega por nosotros.
Santa María, Señora clementísima, ruega por nosotros.
Santa María, consoladora de los que a ti recurren, ruega por nosotros.
Santa María, llena de piedad, ruega por nosotros.
Santa María, sobreabundante de toda dulzura, ruega por nosotros.
Santa María, belleza de los Ángeles, ruega por nosotros.
Santa María, flor de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Santa María, humildad de los Profetas, ruega por nosotros.
Santa María, tesoro de los Apóstoles, ruega por nosotros.
Santa María, alabanza de los Mártires, ruega por nosotros.
Santa María, gloria de los Sacerdotes, ruega por nosotros.
Santa María, honor de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Santa María, lirio de castidad, ruega por nosotros.
Santa María, bendita entre todas las mujeres, ruega por nosotros.
Santa María, reparación de todos los perdidos, ruega por nosotros.
Santa María, alabanza de todos los Justos, ruega por nosotros.
Santa María, que conoces los secretos de Dios, ruega por nosotros.
Santa María, santísima entre todas las mujeres, ruega por nosotros.
Santa María, esclarecidísima Señora, ruega por nosotros.
Santa María, perla del celestial Esposo, ruega por nosotros.
Santa María, palacio de Cristo, ruega por nosotros.
Santa María, Virgen inmaculada, ruega por nosotros.
Santa María, templo del Señor, ruega por nosotros.
Santa María, gloria de Jerusalén, ruega por nosotros.
Santa María, alegría de Israel, ruega por nosotros.
Santa María, Hija de Dios, ruega por nosotros.
Santa María, amadísima esposa de Cristo, ruega por nosotros.
Santa María, estrella del mar, ruega por nosotros.
Santa María, diadema sobre la corona del Sumo Rey, ruega por nosotros.
Santa María, dignísima de todo honor, ruega por nosotros.
Santa María, llena de toda dulzura, ruega por nosotros.
Santa María, mérito del reino celestial, ruega por nosotros.
Santa María, puerta de la vida celestial, ruega por nosotros.
Santa María, puerta cerrada y abierta, ruega por nosotros.
Santa María, por la cual entramos al Señor, ruega por nosotros
Santa María, rosa immarcesible, ruega por nosotros.
Santa María, preciosísima sobre todo lo puro, ruega por nosotros.
Santa María, deseabilísima sobre todo tesoro, ruega por nosotros.
Santa María, más sublime que Cielo, ruega por nosotros.
Santa María, purísima sobre los Ángeles, ruega por nosotros.
Santa María, alegría de los Arcángeles, ruega por nosotros.
Santa María, exultación de todos los Santos, ruega por nosotros.
Santa María, honor, alabanza, gloria y confianza nuestra, ruega por nosotros.
Santa María, extiende tu mano y toca nuestro corazón para que nos ilumines y liberes a nosotros, pecadores.
  
María, hija de Dios, míranos.
María, hija de Joaquín, ámanos.
María, hija de Ana, acógenos.
  
Cordera de Dios, tú que eres puerta de la esperanza, llévanos a tu Hijo.
Cordera de Dios, únenos a Él, lirio virginal.
Cordera de Dios, danos el descanso en el Reino después de este exilio.
   
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
℣. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
℣. Hazme digno de alabarte, Virgen Santa.
℟. Dame virtud contra tus enemigos.
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue a ti mi clamor.

ORACIÓN
Te suplicamos, Señor, que por la intercesión de la Bienaventurada y gloriosa siempre Virgen Santa María y de todos los Santos, defiendas nuestra Casa y Congregación de toda adversidad; y protégela clemente de las insidias de sus enemigos. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.