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martes, 4 de agosto de 2026

LETANÍA DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN EN LATÍN Y ESPAÑOL


Tomado del Office de la Très-Sainte Vierge selon le Rit Dominicain, 6.ª edición, París, Librería de los hermanos Poussielgue, 1874. Traducción propia.
   
LATÍN
℣. Kýrie, eléison.
℞. Kýrie, eléison.
℣. Christe, eléison.
℞. Christe, eléison.
℣. Kýrie, eléison.
℞. Kýrie, eléison.
      
℣. Christe, áudi nos.
℞. Christe, áudi nos.
℣. Christe, exáudi nos.
℞. Christe, exáudi nos.
   
℣. Pater de cœlis Deus,
℞. Miserére nobis.
℣. Fílii Redemptor mundi Deus,
℞. Miserére nobis.
℣. Spíritus Sancte Deus,
℞. Miserére nobis.
℣. Sancta Trinitas, unus Deus,
℞. Miserére nobis.

℣. Sancta María,
℞. Ora pro nobis.
℣. Sancta Dei Genétrix,
℞. Ora pro nobis.
℣. Sancta Virgo vírginum,
℞. Ora pro nobis.

℣. Magne Pater Domínice,
℞. Ora pro nobis.
℣. Lumen Ecclésiæ,
℞. Ora pro nobis.
℣. Lux mundi,
℞. Ora pro nobis.
℣. Jubar sǽculi,
℞. Ora pro nobis.
℣. Prædicátor grátiæ,
℞. Ora pro nobis.
℣. Rosa patiéntiæ,
℞. Ora pro nobis.
℣. Salútis animárum sitientíssime,
℞. Ora pro nobis.
℣. Martýrii cupidíssime,
℞. Ora pro nobis.
℣. Magne animárum œcónome,
℞. Ora pro nobis.
℣. Vir evangélice,
℞. Ora pro nobis.
℣. Doctor veritátis,
℞. Ora pro nobis.
℣. Ebur castitátis,
℞. Ora pro nobis.
℣. Vir plane apostólici péctoris,
℞. Ora pro nobis.
℣. Páuper in pecúlio,
℞. Ora pro nobis.
℣. Dives vita pura,
℞. Ora pro nobis.
℣. Pro zelo pereúntium ardens quási fácula,
℞. Ora pro nobis.
℣. Evangélii tuba,
℞. Ora pro nobis.
℣. Præco cœléstium Abstinéntiæ régula,
℞. Ora pro nobis.
℣. Sal terræ,
℞. Ora pro nobis.
℣. Quási sol refúlgens in templo Dei,
℞. Ora pro nobis.
℣. Christi suffúlte grátia,
℞. Ora pro nobis.
℣. Stola dotáte régia,
℞. Ora pro nobis.
℣. Flos in florum virens aréola,
℞. Ora pro nobis.
℣. Terram rigans cruóre pio,
℞. Ora pro nobis.
℣. Cœli locáte in hórreo,
℞. Ora pro nobis.
℣. Fulgens in choro Vírginum,
℞. Ora pro nobis.
℣. Prædicatórum Órdinis Dux et Pater,
℞. Ora pro nobis.
℣. Ut mortis hora tecum suscipiámur in cœlo,
℞. Ora pro nobis.
  
℣. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi,
℞. Parce nobis, Jesu.
℣. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi,
℞. Exáudi nos, Jesu.
℣. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi,
℞. Miserére nobis, Jesu.
    
℣. Christe, áudi nos.
℞. Christe, áudi nos.
℣. Christe, exáudi nos.
℞. Christe, exáudi nos.
   
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad Te véniat.
   
ORATIO
Concéde, quǽsumus, omnípotens Deus: ut, qui peccatórum nostrórum póndere prémimur, beáti Domínici Confessóris tui, Patris nostri, patrocínio sublevémur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
  
TRADUCCIÓN
℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℟. Señor, ten piedad de nosotros.
℣. Cristo, ten piedad de nosotros.
℟. Cristo, ten piedad de nosotros.
℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℟. Señor, ten piedad de nosotros.
  
℣. Cristo, óyenos.
℟. Cristo, óyenos.
℣. Cristo, escúchanos.
℟. Cristo, escúchanos.
   
℣. Dios Padre celestial,
℟. Ten piedad de nosotros.
℣. Dios Hijo, Redentor del mundo,
℟. Ten piedad de nosotros.
℣. Dios Espíritu Santo,
℟. Ten piedad de nosotros.
℣. Santísima Trinidad, un solo Dios,
℟. Ten piedad de nosotros.
   
℣. Santa María,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Santa Madre de Dios,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Santa Virgen de las Vírgenes,
℟. Ruega por nosotros.
  
℣. Magno Padre Santo Domingo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Lumen de la Iglesia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Luz del mundo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Antorcha del siglo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Predicador de la gracia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Rosa de paciencia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Sedientísimo por la salvación de las almas,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Deseosísimo del martirio,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Gran director de las almas,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Varón evangélico,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Doctor de la verdad,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Marfil de castidad,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Varón de corazón verdaderamente apostólico,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Pobre en bienes temporales,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Rico en la pureza de vida,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Tú que cual antorcha ardías de celo por los pecadores,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Trompeta del Evangelio,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Heraldo del Cielo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Modelo de abstinencia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Sal de la tierra,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Resplandeciente como el sol en el templo de Dios,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Tú que te apoyaste en la gracia de Cristo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Revestido de estola real,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Flor de flores elevada en el jardín de la Iglesia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Tú que regaste la tierra con tu piadosa sangre,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Trigo recogido en los silos del Cielo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Resplandeciente en el coro de los Vírgenes,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Jefe y padre de la Orden de Predicadores,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo,
℟. Ruega por nosotros.
   
℣. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
℞. Perdónanos, Jesús.
℣. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
℞. Escúchanos, Jesús.
℣. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
℞. Ten piedad de nosotros, Jesús.
    
℣. Cristo, óyenos.
℟. Cristo, óyenos.
℣. Cristo, escúchanos.
℟. Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue mi clamor hacia Ti.
   
ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

EL QUE SE APARTA DE SU DEBER, ES ABANDONADO A SU SUERTE


«Para el mundano, la vida no es más que un espacio, que hay que atravesar lo más lentamente que se pueda por el camino más llano; pero no la considera así el cristiano, porque sabe que todo hombre es vicario de Jesucristo para trabajar en la redención de la humanidad por el sacrificio de sí mismo, y que, en el plan de esta grande obra, cada cual tiene un puesto señalado de toda eternidad, que puede, a su arbitrio, aceptar o rehusar. Sabe que si voluntariamente deserta del puesto que le ofrecía la Providencia en la milicia de las criaturas útiles, otro será favorecido con ese puesto, y él, extra fuga, será abandonado a su propia dirección en la ancha y corta vía del egoísmo».
  
SANTO DOMINGO DE GUZMÁN.

lunes, 4 de agosto de 2025

EL CELO DE SANTO DOMINGO POR LAS ALMAS


«Considerad que por el amor ardentísimo que tuvo el Santo Padre Domingo hacia Dios y por aquells entrañas de caridad que tuvo hacia sus prójimos, nació en él un ardentísimo celo de la divina gloria y de la salvación de las almas. No se afligía tanto de una cosa sino de las ofensas hechas a su Señor. Por estas era inconsolable y hacía tan amargo llanto, que movía a compasión en quien lo veía. Tenida pues por los santos Apóstoles Pedro y Pablo, que visiblemente se le aparecieron, la comisión de predicar, comenzó en la región de Tolosa a caer como rayo contra la herejía albigense, de los cuales por testimonio de los Sumos Pontífices redujo cien mil secuaces a la fe católica [1]: luego pasó y recorrió las provincias de la Francia, los reinos de la España, y las regiones de Italia, extirpando abusos, reformando costumbres, ganando para Dios pecadores de todo sexo, condición y edad con tan feliz suceso, que bien se puede admirar, aunque no describir las bellas y numerosas conquistas de su apostólico celo. El cual, no contento de alcanzar a los presentes, pensó en convertir y santificar las almas que vendrían, con tantas devociones santísimas introducidas por él en el Cristianismo, con tantas piadosas confraternidades erigidas por él, por tantos monasterios de consagradas vírgenes, bien fundados por él, o reducidos a clausura, y finalmente con la institución de sus hijos los Predicadores a los cuales transfundió como el corazón en los miembros, los movimientos y el ardor del su espíritu, del cual investidos fueron a todas las partes del mundo a conquistar almas para Duos y mover tan formidable guerra al Infierno, que los demonios hubieron muchas veces de querellarse y gritar por rabia “Ordo vester confúsio nostra est”: vuestra Orden es nuestra confusión y ruina».
  
P. TOMÁS AGUSTÍN RICCHINI OPL’imitazione del Padre San Domenico (Imitación del Padre Santo Domingo), martes undécimo, punto primero, I. Turín, Tipografía y librería San José, del Colegio de los Artesanos, 1874, págs. 99-101. Traducción propia.
  
NOTA (Por el traductor)
[1] Cfr. San Pío V, Bula “Consuevérunt Románi Pontífices”, 17 de Septiembre de 1569; León XIII, Encíclica “Suprémi Apostolátus offício”, 1 de Septiembre de 1883.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

BEATO GUALA DE RONIIS, OBISPO DE BRESCIA


Guala de Roniis nació en 1180 en la provincia de Bérgamo y pertenecía a una célebre familia romana. Sus padres se ocuparon de su educación inicial y sus excelentes progresos hicieron que sus padres albergaran grandes esperanzas en su futuro, sin pensar en que tal vez Dios tenía reservada una sorpresa para su hijo y el curso de su vida.

En 1219 oyó predicar a Santo Domingo de Guzmán y, como otros, quedó tan encantado con el carácter de Domingo que fue uno de los primeros en buscarlo para inscribirse en su nueva Orden de Predicadores; pronto recibió el hábito del propio Domingo y más tarde recibió la ordenación sacerdotal. Domingo pronto llamó al sacerdote a Bolonia para nombrarlo como uno de los cuatro encargados de la construcción del convento de Santa Inés para monjas dominicas, pero el proyecto sufrió un breve fracaso con la oposición de los padres de Diana de Andalò. Este ligero revés le hizo regresar por un breve período a Bérgamo. Fue uno de los primeros discípulos del santo y recibió el nombramiento de este último como el primer prior de la orden en Brescia, donde Santo Domingo fundó un convento para la ciudad.
   
Tanto Teodorico de Apolda como Jordán de Sajonia fueron contemporáneos suyos. De Roniis se enteró de la muerte de Santo Domingo con gran dolor en Brescia, después de haber tenido una visión. Se había quedado dormido con la cabeza apoyada en el campanario de una iglesia y vio a un fraile que subía por una escalera al cielo, rodeado de ángeles; ese fraile era Domingo, aunque él no lo sabía en ese momento. Estaba a punto de partir hacia Bolonia cuando se enteró de que Domingo había muerto en el momento de su visión.

El priorato de San Nicolás –ahora llamado Santo Domingo– en Bolonia quedó vacante y el pueblo de la ciudad lo eligió para el cargo en 1226. Pero su mandato se volvió difícil debido a las tensiones entre Bolonia y la rival Mantua, lo que impulsó al papa Honorio III a nombrarlo nuncio papal en las dos ciudades para que pudiera asegurar la reconciliación entre las ciudades en guerra; logró negociar los términos de paz establecidos por una década. El nuevo papa Gregorio IX lo nombró entonces legado papal ante Federico II para inducirlo a cumplir su promesa a menudo incumplida de marchar en una cruzada para el alivio de los fieles en Jerusalén. El 20 de julio de 1225 supervisó el exitoso Tratado de San Germán en Cassino.
    
Brescia anhelaba su regreso y cuando el obispo de la diócesis murió, el pueblo presionó con fuerza para que el sacerdote fuera nombrado nuevo obispo, al haber sido el anterior elegido, Alberto de Reggio, nombrado Patriarca latino de Antioquía. De Roniis recibió su nombramiento en 1229 como obispo de Brescia de manos de Gregorio IX (él se mostró reacio a aceptarlo) y recibió su consagración episcopal poco después de que este nombramiento se hiciera público. Un objetivo central de su episcopado era el cuidado temporal de los niños. Pero el pontífice también lo nombró delegado apostólico tanto en Treviso como en Padua cuando las dos estaban en desacuerdo entre sí, a pesar de poner al nuevo obispo lejos de su rebaño, y fue él quien llevó a cabo con éxito las negociaciones de paz.

Sus contemporáneos lo describieron como «un hombre de gran prudencia, muy conocedor del mundo y de modales consumados», y dijeron que «gobernó la Diócesis confiada a su cuidado con tal santidad que, tanto durante su vida como después de su muerte, obró muchos prodigios por medio de Dios».
  
Renunció a su sede episcopal en 1242 (después de recibir la aprobación papal para hacerlo) debido a los disturbios civiles por su lucha contra la corrupción y el abuso de los bienes eclesiásticos, y luego se retiró al monasterio valumbrosano del Santo Sepulcro de Astino donde, a pesar de su retiro en pacífica soledad, la gente todavía acudía en masa a verlo para buscar su sabio consejo.

Guala De Roniis murió el 3 de septiembre de 1244. Sus restos se encuentran ahora bajo el altar de San Martín en una iglesia benedictina.
  
La ratificación formal del culto local –o devoción popular– al difunto obispo en las diócesis di Brescia y Bérgamo, permitió que el Papa Pío IX emitiera la confirmación formal de su beatificación el 1 de octubre de 1868.
   
Oh Dios, que para fortalecer a tu pueblo en la paz y la piedad, adornaste al bienaventurado Guála Confesor y Pontífice con gracias singulares: concédenos por su intercesión, que mientras seguimos diligentemente el celo de la paz; percibamos los ricos frutos de la piedad. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 31 de agosto de 2024

MES DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN – DÍA ÚLTIMO

Traducción de la devoción dispuesta por el padre Antoine Ricard S.Th.D., Canónigo honorario de Marsella y Carcasona, y publicada en París por la Librería de los Hermanos Perisse en 1878.
   
MES DE SANTO DOMINGO, O EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO A LA MEDITACIÓN DE LA VIDA Y LAS VIRTUDES DE SANTO DOMINGO
  
   
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
31 DE AGOSTO – DÍA TRIGÉSIMO PRIMERO Y ÚLTIMO DEL MES DE SAN DOMINGO: CONSAGRACIÓN

PRELUDIO
Postrémonos hoy, con todos los piadosos hijos de Santo Domingo, a los pies de una imagen de nuestro Padre bendito y renovémosle el homenaje de nuestra confianza filial, dedicándonos de nuevo a su culto y a su imitación, para merecer experimentar los efectos de su poderosa protección.
   
ACTO DE CONSAGRACIÓN A SANTO DOMINGO, COMPUESTO POR EL BEATO JORDÁN DE SAJONIA
«Sacerdote santísimo de Dios, confesor admirable y predicador insigne, Santísimo Padre Domingo, hombre elegido por el Señor; en tus días agradaste a Dios por encima de todos los hombres, y fuiste amado por tu vida gloriosa en doctrina y milagros. Ante el Señor Dios nuestro, nos gozamos de tenerte por principal abogado. A ti, entre los santos y elegidos de Dios, te venero con gran devoción, y grito desde lo hondo de este valle de miserias.
   
Asísteme, te ruego, piadosísimo; cuida, clementísimo [Padre] de mi alma pecadora, desprovista de toda virtud y gracia, rodeada de muchas miserias, y apresada por lazos de vicios y pecados. Cuida de mi alma miserable e infeliz, ¡oh santa y bendita alma del hombre de Dios! La gracia divina te enriqueció de este modo con su bendición, para que no sólo te elevaras tú al trono de paz, a la gloria celestial, sino que atrajeras a innumerables gentes a esa misma bienaventuranza, con tu vida digna de encomio, estimulando con dulces exhortaciones, instruyendo con grata doctrina, invitando con tu ferviente predicación. Sé propicio, bendito Domingo. Inclina tu oído compasivo al deseo de mi súplica, que hago con devoción.
   
Buscando refugio en ti, mi alma pobre y menesterosa se postra en tu presencia. En cuanto es posible a mi pobre mente, se esfuerza por presentarse enferma ante ti; te dirige su oración, según las posibilidades de un alma moribunda, para que con tus poderosos méritos y súplicas piadosas, te dignes vivificarla, sanarla y llenarla copiosamente con el don de tu bendición. Pues yo sé; lo sé muy bien, y estoy cierto de que puedes; confío en tu gran caridad, que lo quieres; espero también de la íntima familiaridad que tienes con tu muy amado Jesucristo, elegido por ti entre mil, que no te negará nada; por el contrario, obtendrás cuanto quieras de tu Señor y amigo. Quien es tan amado por ti, ¿qué podrá negar a su amado?

Tú, ya en la juventud, consagraste tu virginidad al hermoso Esposo de las vírgenes. Tú blanqueaste tu alma en las fuentes del bautismo, y enriquecida con el Espíritu Santo, la entregaste como esposa al castísimo amador de los que se conservan célibes. Tú ofreciste tu cuerpo como hostia viva, santa y agradable a Dios. Tú, siguiendo la divina enseñanza, te entregaste totalmente a Dios. Tú, instruido tempranamente en la disciplina regular, dispusiste en tu corazón los caminos de ascensión hacia Dios. Tú, creciendo de virtud en virtud, adelantaste siempre de lo bueno a lo mejor. Tú, una vez emprendido el camino de la perfección, dejaste todas las cosas, y siguiendo desnudo a Cristo desnudo, preferiste atesorar tesoros en los cielos. Tú, negándote con rigor a ti mismo y portando varonilmente tu cruz, te esforzaste por seguir las huellas de nuestro Redentor y guía verdadero. Tú, inflamado por el celo de Dios y por el fuego que viene de lo alto, por tu gran amor e intenso fervor de espíritu, te entregaste a ti mismo totalmente, mediante la profesión de pobreza perpetua, al ideal de vida apostólica y a la predicación evangélica. Con tal fin, inspirado por Dios, fundaste la Orden de Predicadores. Tú iluminaste a la Santa Iglesia por toda la tierra con tus gloriosos méritos y ejemplos. Tú, liberado de la prisión del cuerpo, fuiste ascendido al reino de los cielos. Tú, revestido con la vestidura de la inocencia bautismal, te acercaste ante el Señor para ser nuestro abogado. Te ruego, pues, que vengas en mi ayuda y en la de todos nuestros seres queridos. Tú, que con tanto celo deseaste la salvación del género humano, ven en ayuda del clero, del pueblo fiel, y de las vírgenes y mujeres piadosas. Tú, después de la Reina de las Vírgenes, eres mi dulce esperanza y con él misericordia, y merezca alcanzar ios remedios saludables para la vida presente y la futura.
   
Sí, sí, óptimo Maestro, así te pido que se cumpla, ínclito guía, Padre bueno, Santo Domingo. Así, te ruego, para que me asistas en todo. Sé para nosotros verdadero Domingo, custodio asiduo de la grey del Señor. Custódianos y gobiérnanos siempre: refórmanos a los que te estamos encomendados, y reformados, recomiéndanos. Preséntanos con gozo después de este destierro a tu bendito y amado Señor, el Hijo del Dios Altísimo y Salvador nuestro Jesucristo. A él sea el honor, la alabanza y la gloria, con la gloriosa Virgen María, y con toda la corte celestial por los siglos de los siglos. Amén».
   
PRÁCTICA: Formad el propósito de celebrar nuevamente el año próximo y todos los años hasta la muerte los santos ejercicios del mes dedicado a Santo Domingo.

INVOCACIÓN: Santo Domingo, buen padre nuestro, ¡ruega por nosotros!

CARACTERÍSTICA HISTÓRICA: La Canción de Dante.
He aquí el elogio que hizo a la Orden Dominicana, en el siglo XV, uno de los más grandes poetas cristianos, el cantor independiente de la Divina Comedia:
«En esta parte del mundo donde parte el céfiro y viene a abrir las nuevas hojas de Europa; no lejos del sonido de las olas que ocultan el sol a todo hombre tras su inmensidad; Caleruega se asienta bajo la protección del gran escudo, donde está el León domina la Torre y la Torre al León. Allí nació el amoroso siervo de Dios, el santo campeón de la fe cristiana, amable con los suyos y duro con los enemigos. Apenas su alma había sido creada cuando, llena de virtud viva, hizo profetizar a su madre. Cuando, en el sagrado bautismo, la fe y él estaban comprometidos juntos, y prometieron salvarse mutuamente por medio del otro, la madrina que había dado su consentimiento vio en sueños el fruto maravilloso que había de nacer de él y de sus herederos. Y, para que su nombre correspondiera a su naturaleza, vino un ángel a nombrarlo con el mismo nombre del Señor, de quien era enteramente. Se llamaba Domingo y de él hablo como jardinero elegido por Cristo para ayudarlo en su jardín. Parecía que era el enviado y amigo de Cristo, ya que su primer amor fue por el primer consejo dado por Cristo. Muchas veces su niñera lo encontraba tendido en el suelo, silencioso y despierto, como si hubiera dicho: A esto vine. ¡Oh! padre realmente feliz! ¡Oh! ¡Verdaderamente llena de gracia, su madre! como lo dicen sus propios nombres Félix y Juana. En poco tiempo, no por amor vano al mundo, sino por amor al verdadero maná, se convirtió en un gran médico, y comenzó a trabajar la vid que se blanquea y se seca cuando el viticultor no es digno de ella. No pidió dar menos en lugar de dar más, ni el primer beneficio vacante, ni los diezmos que pertenecen a los pobres de Dios; pero sólo la libertad de luchar por el Evangelio contra los errores del mundo» (Paraíso, canto XII, trad. del padre Lacordaire).
LETANÍA DE NUESTRO PADRE SANTO DOMINGO
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
   
Magno Padre Santo Domingo, ruega por nosotros.
Lumen de la Iglesia, ruega por nosotros.
Luz del mundo, ruega por nosotros.
Antorcha del siglo, ruega por nosotros.
Predicador de la gracia, ruega por nosotros.
Rosa de paciencia, ruega por nosotros.
Sedientísimo por la salvación de las almas, ruega por nosotros.
Deseosísimo del martirio, ruega por nosotros.
Gran director de las almas, ruega por nosotros.
Varón evangélico, ruega por nosotros.
Doctor de la verdad, ruega por nosotros.
Marfil de castidad, ruega por nosotros.
Varón de corazón verdaderamente apostólico, ruega por nosotros.
Pobre en bienes temporales, ruega por nosotros.
Rico en la pureza de vida, ruega por nosotros.
Tú que cual antorcha ardías de celo por los pecadores, ruega por nosotros.
Trompeta del Evangelio, ruega por nosotros.
Heraldo del Cielo, ruega por nosotros.
Modelo de abstinencia, ruega por nosotros.
Sal de la tierra, ruega por nosotros.
Resplandeciente como el sol en el templo de Dios, ruega por nosotros.
Tú que te apoyaste en la gracia de Cristo, ruega por nosotros.
Revestido de estola real, ruega por nosotros.
Flor de flores elevada en el jardín de la Iglesia, ruega por nosotros.
Tú que regaste la tierra con tu piadosa sangre, ruega por nosotros.
Trigo recogido en los silos del Cielo, ruega por nosotros.
Resplandeciente en el coro de los Vírgenes, ruega por nosotros.
Jefe y padre de la Orden de Predicadores, ruega por nosotros.
Para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo, ruega por nosotros.
   
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
    
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue mi clamor hacia Ti.
   
ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠ , y del Espíritu Santo. Amén. 

viernes, 30 de agosto de 2024

MES DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN – DÍA TRIGÉSIMO

Traducción de la devoción dispuesta por el padre Antoine Ricard S.Th.D., Canónigo honorario de Marsella y Carcasona, y publicada en París por la Librería de los Hermanos Perisse en 1878.
   
MES DE SANTO DOMINGO, O EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO A LA MEDITACIÓN DE LA VIDA Y LAS VIRTUDES DE SANTO DOMINGO
  
  
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
30 DE AGOSTO – DÍA TRIGÉSIMO DEL MES DE SAN DOMINGO: LA GLORIA DE LOS ALTARES
   
PRELUDIO
Unámonos al entusiasmo con el que los hijos de Santo Domingo celebraron el primer oficio público en honor de su bienaventurado Padre.
               
PENSAMIENTOS
La traslación de los restos del santo patriarca tuvo lugar el 24 de mayo de 1233, durante el capítulo de la Orden, que se celebró en Bolonia, en las fiestas de Pentecostés, bajo la presidencia del beato Jordán de Sajonia. Un dulce olor exhalado de estos restos sagrados. «Olimos”, dijo Jordán de Sajonia, «este precioso perfume, y lo que vimos y olimos somos testigos de ello. No podíamos contentarnos con abrir nuestros sentidos a la impresión que nos causaba, aunque habíamos permanecido muchas horas cerca del cuerpo de Santo Domingo respirándolo. Con el tiempo no trajo ningún problema, excitó el corazón a la piedad, obró milagros. Si uno tocaba el cuerpo con la mano, con un cinturón o algún otro objeto, el olor inmediatamente se adhería a él».

Este milagro no sólo ocurrió en el momento de la traslación. Flaminio, que vivió trescientos años después, escribió en 1527: «El perfume sagrado que exhala todavía hoy las santas reliquias». Dios recompensó, con un signo externo, la admirable pureza de esta alma inocente. Es imposible relatar aquí los innumerables milagros que hicieron cada día más glorioso el sepulcro de Santo Domingo. Ni siquiera sentimos la necesidad de estos milagros para dar testimonio de su santidad. «¿Qué necesidad hay de canonización», dijo uno de sus discípulos; «es conocida la santidad del Maestro Domingo...». Sin embargo, el clero y el pueblo esperaban esta canonización. La bula, que lo incluía en el catálogo de santos, fue finalmente publicada en julio de 1234. En un feliz encuentro, el Papa Gregorio IX, que tan amistad tenía con los fundadores de las dos Órdenes, los Frailes Menores y los Frailes Predicadores, los elevó a ambos a los altares durante su pontificado. A menudo decía: «No dudo más de la santidad de este hombre que de la de San Pedro y San Pablo».

Se dedicaron tres fiestas a venerar la memoria de Santo Domingo: el 4 de agosto, en lugar del 6 de agosto, aniversario de su muerte, ya dedicado a la fiesta de la Transfiguración; 24 de mayo, en memoria del traslado de sus reliquias y 15 de septiembre, en honor a la imagen milagrosa en Soriano.
                
PRÁCTICA: Celebra cada año, con devoción filial, cada una de las tres fiestas de nuestro bienaventurado Padre. 

INVOCACIÓN: Santo Domingo, revestido de manto real, ¡ruega por nosotros!
      
RASGO HISTÓRICO: La bula de canonización .
Para nuestro consuelo y gloria del bienaventurado Domingo, no concluiremos estas piadosas reflexiones en su honor sin releer algo del magnífico homenaje que le rindió el vicario de Jesucristo:
«Así podemos contemplar al presente, después de las tres cuadrigas con diferentes significados, una cuarta, tirada por caballos robustos y de variado color [Zacarías 6, 3]. Son las legiones de los Frailes Predicadores y Menores, con jefes elegidos para llevarlos a la par al combate. El Señor suscitó el espíritu de Santo Domingo, y le otorgó como a caballo de su gloria, la fortaleza de la fe y el fervor de la divina predicación, y le hizo brotar el relincho de su cuello [Job 39, 19].
  
Desde su infancia tuvo un corazón de anciano, y eligiendo una vida de mortificación para su cuerpo, buscó afanosamente al autor de la vida. Entregado a Dios como nazareo [Jueces 16, 17], y consagrado por la profesión de la regla de San Agustín, imitó a Samuel en el servicio asiduo del Santuario [1 Reyes 3, 1], y continuó las piadosas inspiraciones de Daniel [Dan 10, 11] en su afán por regular sus deseos. Recorrió fielmente cual valeroso atleta las sendas de la justicia [Sal 22, 3] y el camino de los santos. No abandonó ni siquiera por un instante la casa del Señor, ni su oficio de maestro v ministro de la Iglesia militante, sometiendo siempre la carne al espíritu, la sensibilidad a la razón. Hecho un solo espíritu con Dios [Sal 30, 33], se esforzó por abismarse en Él por la contemplación [1 Cor. 6, 17], sin descuidar la caridad para con el prójimo, que le impulsó a entregarse con justa medida a las obras de misericordia. Así, combatiendo las delicias de la carne, y alumbrando las mentes endurecidas de los impíos, hizo temblar a la secta de los herejes, y exultar a la Iglesia de los fieles. A medida que crecía en edad, crecía también en gracia [Luc, 2, 52], y experimentaba una indescriptible felicidad en la entrega a la salvación de las almas. Se dio por completo a la predicación de la Palabra de Dios, engendrando a muchos en Cristo por el Evangelio [1 Cor. 4, 15], una verdadera multitud que, siguiéndole en su ardua vocación, se consagró al sublime ministerio evangélico. Esto le mereció obtener en la tierra el nombre y oficio de patriarca.
   
Convertido en pastor y jefe ínclito del pueblo de Dios, instituyó con sus méritos la nueva Orden de Predicadores, la aleccionó con sus ejemplos, y no dejó de confirmarla con auténticos y evidentes milagros. De hecho, entre las obras maravillosas de santidad y muestras de poder con las que brilló todavía en vida, se cuentan diferentes curaciones: dio el habla a los mudos, vista a los ciegos, oído a los sordos, hizo caminar a los paralíticos, y restableció la salud a un gran número de enfermos atormentados por diversas dolencias. En todo esto se muestra claramente la calidad de espíritu que habitaba en la tierra de aquel santísimo cuerpo.
   
Gracias, pues, a la gran familiaridad que tuvo con Nos cuando ocupábamos un cargo más modesto, teníamos ya pruebas de su santidad, habiendo podido admirar personalmente su vida. Se añada ahora que testimonios cualificados nos han proporcionado la plena certeza de la autenticidad de los milagros de que nos habían hablado. Por tanto, Nos, y la grey encomendada a nuestro cuidado, confiamos poder recibir ayuda de la misericordia de Dios por intercesión de aquel que, después de habernos consolado en la tierra con su grata amistad, nos otorgará desde el cielo la alegría de su poderoso patrocinio» (Bula “Fons Sapiéntiæ”, en Bulario de la Orden de Hermanos Predicadores).
      
LETANÍA DE NUESTRO PADRE SANTO DOMINGO
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
   
Magno Padre Santo Domingo, ruega por nosotros.
Lumen de la Iglesia, ruega por nosotros.
Luz del mundo, ruega por nosotros.
Antorcha del siglo, ruega por nosotros.
Predicador de la gracia, ruega por nosotros.
Rosa de paciencia, ruega por nosotros.
Sedientísimo por la salvación de las almas, ruega por nosotros.
Deseosísimo del martirio, ruega por nosotros.
Gran director de las almas, ruega por nosotros.
Varón evangélico, ruega por nosotros.
Doctor de la verdad, ruega por nosotros.
Marfil de castidad, ruega por nosotros.
Varón de corazón verdaderamente apostólico, ruega por nosotros.
Pobre en bienes temporales, ruega por nosotros.
Rico en la pureza de vida, ruega por nosotros.
Tú que cual antorcha ardías de celo por los pecadores, ruega por nosotros.
Trompeta del Evangelio, ruega por nosotros.
Heraldo del Cielo, ruega por nosotros.
Modelo de abstinencia, ruega por nosotros.
Sal de la tierra, ruega por nosotros.
Resplandeciente como el sol en el templo de Dios, ruega por nosotros.
Tú que te apoyaste en la gracia de Cristo, ruega por nosotros.
Revestido de estola real, ruega por nosotros.
Flor de flores elevada en el jardín de la Iglesia, ruega por nosotros.
Tú que regaste la tierra con tu piadosa sangre, ruega por nosotros.
Trigo recogido en los silos del Cielo, ruega por nosotros.
Resplandeciente en el coro de los Vírgenes, ruega por nosotros.
Jefe y padre de la Orden de Predicadores, ruega por nosotros.
Para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo, ruega por nosotros.
   
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
    
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue mi clamor hacia Ti.
   
ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠ , y del Espíritu Santo. Amén. 

jueves, 29 de agosto de 2024

MES DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN – DÍA VIGESIMONOVENO

Traducción de la devoción dispuesta por el padre Antoine Ricard S.Th.D., Canónigo honorario de Marsella y Carcasona, y publicada en París por la Librería de los Hermanos Perisse en 1878.
   
MES DE SANTO DOMINGO, O EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO A LA MEDITACIÓN DE LA VIDA Y LAS VIRTUDES DE SANTO DOMINGO
   

Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
29 DE AGOSTO – DÍA VIGESIMONOVENO DEL MES DE SAN DOMINGO: GLORIOSAS MANIFESTACIONES
   
PRELUDIO
Sigamos, con todos los habitantes de Bolonia y mezclándonos con la tropa de los hijos de Santo Domingo, el funeral triunfal de nuestro bendito Padre.
               
REFLEXIÓN Y RASGO HISTÓRICO
A la hora misma de la santa muerte del glorioso patriarca, fray Guala, prior del convento de Brescia y desde entonces obispo de esta ciudad, apoyado en la torre donde estaban las campanas del convento, cayó en un ligero sueño. En este estado vio con los ojos del alma una abertura que se hacía en el cielo, y dos escaleras que descendían a la tierra por esta abertura. En lo alto de uno estaba Jesucristo; encima del otro estaba la Santísima Virgen, su Madre. En la parte inferior, entre las dos escaleras, se colocó un asiento, y en este asiento se sentó alguien, que tenía la semejanza de un hermano; pero no pudimos discernir quién era este hermano, porque tenía la cabeza cubierta con una capucha, como un muerto. A lo largo de las dos escaleras, ángeles subían y bajaban cantando himnos; y las escaleras subían al cielo, tiradas por Jesucristo y su santa Madre, y con ellas la silla y el que en ella estaba sentado. cuando estaban en lo más alto, el cielo se cerró y la visión desapareció. El hermano Guala, aunque todavía débil por una enfermedad reciente, fue a Bolonia y supo que Domingo había muerto el mismo día y a la misma hora en que había tenido esta visión.
  
El mismo día, el hermano Raúl fue de Roma a Tívoli, en compañía de Tancredo, prior de Santa Sabina. A la hora de sexta celebró misa y recordó ante Dios, durante el santo sacrificio, al bienaventurado fundador que sabía que se encontraba entonces al final, en Bolonia. Mientras oraba, le pareció ver el camino principal hacia esta ciudad, y a Domingo saliendo de Bolonia entre dos hombres de venerable apariencia, con sus frentes ceñidas con una corona de oro y resplandeciendo con luz. Estos dos ancianos, como los dos ángeles de la primera visión, simbolizan la acción y la contemplación tan maravillosamente unidas en Santo Domingo.

Se cuenta también que un estudiante universitario, muy apegado al santo, y que no había podido asistir a su funeral, lo vio, la noche siguiente, sentado en la iglesia de San Nicolás, brillando con extraordinaria gloria. La visión era tan clara que gritó: «¿Cómo sigues aquí, maestro Domingo?». «Vivo en el cielo, respondió el santo, «ya que Dios se ha dignado concederme la vida eterna». Cuando fue a San Nicolás, vio que Domingo había sido sepultado en el mismo lugar donde había aparecido.

El cardenal Ugolino llegó a Bolonia poco después de que Domingo hubiera dado su último suspiro. Quería celebrar él mismo sus funerales y vino a San Nicolás, donde estaban también el Patriarca de Aquilea, obispos, abades, señores y todo un pueblo. El cuerpo del santo fue llevado ante los ojos de esta multitud, despojado del único tesoro que quedaba: era la cadena de hierro. Todos los ojos y todos los corazones estaban fijos en este cuerpo sin vida. El servicio comenzó con cantos que reflejaban la tristeza universal y que caían de los labios como lágrimas. Pero poco a poco el pensamiento de los Hermanos se elevó por encima de este mundo; ya no vieron a su padre derrotado por la muerte y dejándolos sólo con restos inanimados. Su gloria se les apareció por la certeza que tenían de ella. Un canto de triunfo siguió a los lamentos fúnebres, y una alegría indescriptible descendió del cielo a los espíritus. En ese momento entró en la iglesia el prior de Santa Catalina de Bolonia, llamado Alberto, a quien Domingo había amado, y la alegría de los Hermanos, cayendo inesperadamente en el corazón de su dolor personal, ya no se poseía. Allí se arroja sobre el cuerpo del santo; lo cubre de besos, lo solicita con largos abrazos, como si quisiera obligarlo a vivir de nuevo y responderle. Las reliquias de su amigo se muestran sensibles al exceso de su piedad. Alberto se levanta y le dijo a Ventura: «Buenas noticias, Padre Prior, buenas noticias. El Maestro Domingo me besó y me dijo que este mismo año iría a unirme a él en Cristo». De hecho, murió dentro del año.
              
PRÁCTICA: Invocar frecuentemente a Santo Domingo, para obtener la preciosa gracia de una buena muerte.

INVOCACIÓN: Santo Domingo, que fuiste colocado entre los primeros asientos de los bienaventurados, ¡ruega por nosotros!
        
LETANÍA DE NUESTRO PADRE SANTO DOMINGO
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
   
Magno Padre Santo Domingo, ruega por nosotros.
Lumen de la Iglesia, ruega por nosotros.
Luz del mundo, ruega por nosotros.
Antorcha del siglo, ruega por nosotros.
Predicador de la gracia, ruega por nosotros.
Rosa de paciencia, ruega por nosotros.
Sedientísimo por la salvación de las almas, ruega por nosotros.
Deseosísimo del martirio, ruega por nosotros.
Gran director de las almas, ruega por nosotros.
Varón evangélico, ruega por nosotros.
Doctor de la verdad, ruega por nosotros.
Marfil de castidad, ruega por nosotros.
Varón de corazón verdaderamente apostólico, ruega por nosotros.
Pobre en bienes temporales, ruega por nosotros.
Rico en la pureza de vida, ruega por nosotros.
Tú que cual antorcha ardías de celo por los pecadores, ruega por nosotros.
Trompeta del Evangelio, ruega por nosotros.
Heraldo del Cielo, ruega por nosotros.
Modelo de abstinencia, ruega por nosotros.
Sal de la tierra, ruega por nosotros.
Resplandeciente como el sol en el templo de Dios, ruega por nosotros.
Tú que te apoyaste en la gracia de Cristo, ruega por nosotros.
Revestido de estola real, ruega por nosotros.
Flor de flores elevada en el jardín de la Iglesia, ruega por nosotros.
Tú que regaste la tierra con tu piadosa sangre, ruega por nosotros.
Trigo recogido en los silos del Cielo, ruega por nosotros.
Resplandeciente en el coro de los Vírgenes, ruega por nosotros.
Jefe y padre de la Orden de Predicadores, ruega por nosotros.
Para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo, ruega por nosotros.
   
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
    
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue mi clamor hacia Ti.
   
ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠ , y del Espíritu Santo. Amén. 

miércoles, 28 de agosto de 2024

MES DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN – DÍA VIGESIMOCTAVO

Traducción de la devoción dispuesta por el padre Antoine Ricard S.Th.D., Canónigo honorario de Marsella y Carcasona, y publicada en París por la Librería de los Hermanos Perisse en 1878.
   
MES DE SANTO DOMINGO, O EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO A LA MEDITACIÓN DE LA VIDA Y LAS VIRTUDES DE SANTO DOMINGO
   

Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
28 DE AGOSTO – DÍA VIGESIMOCTAVO DEL MES DE SAN DOMINGO: LA MUERTE SANTA
   
PRELUDIO
Contemplemos al santo moribundo y sigamos su alma, cuando sea introducida en el Paraíso.
               
REFLEXIONES Y RASGO HISTÓRICO
Entonces Domingo se debilitó tan rápidamente que sus hijos vieron que en unos momentos serían privados de su padre, a quien sus corazones estaban unidos con tanta ternura. Todos rompieron a llorar. El hermano Rodolfo sostuvo la cabeza del santo y secó el sudor de su hermoso rostro con un paño. El hermano Ventura se inclinó sobre él y le dijo: «Padre, tú sabes con qué tristeza y en qué desolación nos dejas. Acuérdate de nosotros delante del Señor». Entonces el bienaventurado reunió sus fuerzas, que poco a poco lo iban abandonando, y, alzando las manos y los ojos al cielo, dijo con voz clara y distinta: «Padre Santo, he cumplido tu voluntad, y los que me diste, los he conservado y guardado. Ahora te los recomiendo, consérvalos y guárdalos» Luego, volviéndose hacia sus hijos, les dijo con ternura: «No lloréis, hijos míos, os seré más útil donde ahora voy que cuanto lo fui en esta vida».

Uno de ellos, pidiéndole nuevamente que les dijera dónde quería ser enterrado, respondió, como ya había dicho: «¡Bajo los pies de mis hermanos!». Entonces pareció darse cuenta por primera vez de que lo habían colocado en una cama, y ​​recomendó a los hermanos que lo sacaran y lo pusieran en el suelo sobre cenizas.

Una vez retirados los novicios, llamó a doce de los hermanos más antiguos y serios, y en presencia de ellos hizo en voz alta la confesión general de su vida al hermano Ventura. Cuando terminó, añadió, dirigiéndose a todos: «La misericordia de Dios me ha conservado hasta el día de hoy una carne pura y una virginidad sin mancha; si deseáis la misma gracia, evitad todo comercio sospechoso. Es la custodia de esta virtud lo que hace que el siervo sea aceptable a Cristo y lo que le da gloria y crédito ante el pueblo. Persistid en servir al Señor con fervor de espíritu; esforzaos en sostener y extender este orden que apenas comienza; sed firmes en la santidad, en la regular observancia y aumentad en la virtud».

Luego, turbado dentro de sí por su amable y santa ingenuidad, dijo en voz baja al hermano Ventura: «Hermano, creo que pequé al hablar públicamente a los hermanos de mi virginidad, debí haberlo callado». Después de esto, se volvió nuevamente hacia ellos, y usando la forma sagrada del testamento, les dijo: «Esta, mis amados hermanos, es la herencia que os dejo como a hijos míos: tened caridad, guardad humildad, proteger la pobreza voluntaria». Y para dar mayor sanción a la cláusula de este testamento que se refería a la pobreza, amenazó con la maldición de Dios y de los suyos a cualquiera que se atreviera a corromper su orden introduciendo en él la posesión de los bienes de este mundo.

Entonces dijo: «Empezad», y empezó la recomendación del alma, y ​​Domingo lo hizo con los hermanos, al menos se vio sus labios moverse. Pero cuando llegaron a estas palabras: «Venid en su ayuda, santos de Dios. Venid a su encuentro, ángeles del Señor, tomad su alma y llevadla ante la presencia del Altísimo», sus labios se movieron.

Cuando regresó por última vez, sus manos y brazos hicieron un movimiento de ascensión hacia el cielo, y expiró, a los cincuenta y un años de edad. Era el 6 de agosto de 1221, al mediodía de un viernes.

Oh Domingo, acompaño con mi homenaje tu alma en su ascensión, un día déjame compartir tu triunfo.

Sus hijos llorando permanecieron algún tiempo cerca de su cuerpo, sin atreverse a tocar sus sagrados restos. Cuando llegó el momento de pensar en el funeral, comenzaron a despojar a su padre de la túnica con la que había muerto, y que no era suya, sino del hermano Moneta; lágrimas de ternura brotaron nuevamente de sus ojos, cuando descubrieron una cadena de hierro fuertemente apretada alrededor de su cintura; por las cicatrices y marcas que había dejado, reconocieron que lo había portado durante muchos años. Rodolfo lo retiró con el mayor respeto y luego se lo entregó al beato Jordán, sucesor de Domingo en el gobierno de la orden, quien lo conservó como una preciosa reliquia.
              
PRÁCTICA: Formar el propósito de invocar el nombre de Santo Domingo, después de los de Jesús, María y José, en el momento de la muerte.

INVOCACIÓN: Santo Domingo, que entraste al Cielo acompañado y conducido por Jesús y María, ¡ruega por nosotros!
        
LETANÍA DE NUESTRO PADRE SANTO DOMINGO
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
   
Magno Padre Santo Domingo, ruega por nosotros.
Lumen de la Iglesia, ruega por nosotros.
Luz del mundo, ruega por nosotros.
Antorcha del siglo, ruega por nosotros.
Predicador de la gracia, ruega por nosotros.
Rosa de paciencia, ruega por nosotros.
Sedientísimo por la salvación de las almas, ruega por nosotros.
Deseosísimo del martirio, ruega por nosotros.
Gran director de las almas, ruega por nosotros.
Varón evangélico, ruega por nosotros.
Doctor de la verdad, ruega por nosotros.
Marfil de castidad, ruega por nosotros.
Varón de corazón verdaderamente apostólico, ruega por nosotros.
Pobre en bienes temporales, ruega por nosotros.
Rico en la pureza de vida, ruega por nosotros.
Tú que cual antorcha ardías de celo por los pecadores, ruega por nosotros.
Trompeta del Evangelio, ruega por nosotros.
Heraldo del Cielo, ruega por nosotros.
Modelo de abstinencia, ruega por nosotros.
Sal de la tierra, ruega por nosotros.
Resplandeciente como el sol en el templo de Dios, ruega por nosotros.
Tú que te apoyaste en la gracia de Cristo, ruega por nosotros.
Revestido de estola real, ruega por nosotros.
Flor de flores elevada en el jardín de la Iglesia, ruega por nosotros.
Tú que regaste la tierra con tu piadosa sangre, ruega por nosotros.
Trigo recogido en los silos del Cielo, ruega por nosotros.
Resplandeciente en el coro de los Vírgenes, ruega por nosotros.
Jefe y padre de la Orden de Predicadores, ruega por nosotros.
Para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo, ruega por nosotros.
   
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
    
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue mi clamor hacia Ti.
   
ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠ , y del Espíritu Santo. Amén. 

martes, 27 de agosto de 2024

MES DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN – DÍA VIGESIMOSÉPTIMO

Traducción de la devoción dispuesta por el padre Antoine Ricard S.Th.D., Canónigo honorario de Marsella y Carcasona, y publicada en París por la Librería de los Hermanos Perisse en 1878.
   
MES DE SANTO DOMINGO, O EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO A LA MEDITACIÓN DE LA VIDA Y LAS VIRTUDES DE SANTO DOMINGO
  


Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
27 DE AGOSTO – DÍA VIGESIMOSÉPTIMO DEL MES DE SAN DOMINGO: LA ENFERMEDAD
   
PRELUDIO
Contemplemos a nuestro bendito padre recostado en el lecho donde la fiebre consume su vida mortal, mientras su mirada busca el cielo que se abre para recibir a esta gran alma.
               
REFLEXIÓN Y RASGO HISTÓRICO
Estos preciosos detalles son tan piadosamente instructivos que, en esta meditación como en las dos siguientes, no tenemos nada mejor que hacer que releerlos, completando una tras otra, las historias de los dos biógrafos recientes a los que hemos recurrido a menudo durante este mes.

Era el apogeo del calor del verano. Una tarde de finales de julio, Domingo entró en el convento de San Nicolás. A pesar de su cansancio, habló hasta medianoche con el prior y el fiscal; luego fue a la iglesia, donde permaneció en oración hasta las maitines, a pesar de las súplicas de los dos padres, preocupados por su estado. Acabadas las maitines, admitía que el calor de la fiebre le impedía mantenerse despierto en posición vertical. A pesar del sufrimiento, sin embargo, se negó a acostarse en una cama, permaneció completamente vestido sobre un saco de lana. El avance de la enfermedad no provocaba en él ningún signo de impaciencia, ninguna queja, ningún gemido. Parecía feliz como siempre. Su frente estaba bañada por el sudor que le causaba severos sufrimientos, pero aun así no quiso callar, y mandó traer a los novicios a su alrededor, para poder hablarles; porque sintió que era la última vez que los iba a ver. Durante todo este tiempo, su paciencia y su dulzura no fallaron, y la palidez de la muerte, que se extendía sobre sus nobles facciones, no pudo alterar su alegría ni un solo momento.
   
Los hermanos, sin embargo, todavía no desesperaban por la vida de su padre. No podían creer que Dios se lo quitaría inmediatamente a la Iglesia y a ellos. Siguiendo el consejo de los médicos y pensando que el cambio de aire sería beneficioso para él, lo transportaron a Santa María del Monte, una iglesia dedicada a la Santísima Virgen en una colina cerca de Bolonia. Él, sin embargo, sabiendo bien que ninguna ayuda humana podría lograr su curación, llamó a la comunidad que lo rodeaba. Quería entregar a sus hijos su última voluntad y testamento:

«Tened caridad en vuestro corazón –les dijo–, practicad la humildad a ejemplo de Jesucristo y haced de la pobreza voluntaria vuestro tesoro y vuestra riqueza. Sabéis que servir a Dios es reinar, pero debéis servirle por amor y con todo el corazón. Sólo mediante una vida santa y la fidelidad a vuestra regla podréis honrar vuestra profesión».
    
Así habló, tendido en el suelo, mientras los hermanos lloraban a su alrededor. La enfermedad, rebelde a todos los remedios y deseos, no hizo más que empeorar. Domingo, creyéndose próximo a la muerte, llamó nuevamente a los hermanos. Llegaron veinte personas con su prior Ventura y se alinearon alrededor del enfermo que yacía ante ellos. Se dirigió a ellos en un discurso, del que los historiadores dicen que nunca habían salido de su corazón palabras más conmovedoras. «No emitió un gemido», dijo Ventura en su declaración, «nunca lo escuché pronunciar palabras tan excelentes y tan llenas de edificación».

Luego recibió el Sacramento de la Extremaunción. Luego, al enterarse por el hermano Ventura de que los religiosos encargados de la iglesia de Santa María del Monte prometieron guardar allí su cuerpo y enterrarlo allí, dijo: «¡Dios no permita que me entierren en otro lugar que no sea bajo los pies de mis hermanos! Llevadme fuera, a esta viña, para que allí muera, y tú me des sepultura en nuestra iglesia».

Los hermanos temieron que muriera en el camino, por lo que obedecieron sus órdenes y lo llevaron llorando de regreso a San Nicolás, a través de campos y viñedos, envuelto en una manta rota. Como no tenía celda propia en el convento, fue colocado en la del hermano Moneta. Querían cambiarle de ropa; pero no tenía más que las que llevaba consigo, y Moneta le dio una de sus túnicas para cubrirlo.

Después de haber permanecido en paz como una hora, llamó al prior y le dijo: «Preparaos», queriendo hablar de la recomendación del alma. Pero, cuando estaban a punto de comenzar, añadió: «Podéis esperar un poco», y fue tal vez en ese momento cuando, según la revelación hecha a Santa Brígida, la Madre de Dios, hacia quien se había mostrado un tan leal y afectuoso servidor, se le apareció y le prometió no retirar jamás el patrocinio y protección de su Orden.
              
PRÁCTICA: Pide a Dios la gracia de una buena muerte por intercesión de Santo Domingo, e invoca con frecuencia el nombre de este bendito padre en la enfermedad.

INVOCACIÓN: Santo Domingo, para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo, ¡ruega por nosotros!
        
LETANÍA DE NUESTRO PADRE SANTO DOMINGO
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
   
Magno Padre Santo Domingo, ruega por nosotros.
Lumen de la Iglesia, ruega por nosotros.
Luz del mundo, ruega por nosotros.
Antorcha del siglo, ruega por nosotros.
Predicador de la gracia, ruega por nosotros.
Rosa de paciencia, ruega por nosotros.
Sedientísimo por la salvación de las almas, ruega por nosotros.
Deseosísimo del martirio, ruega por nosotros.
Gran director de las almas, ruega por nosotros.
Varón evangélico, ruega por nosotros.
Doctor de la verdad, ruega por nosotros.
Marfil de castidad, ruega por nosotros.
Varón de corazón verdaderamente apostólico, ruega por nosotros.
Pobre en bienes temporales, ruega por nosotros.
Rico en la pureza de vida, ruega por nosotros.
Tú que cual antorcha ardías de celo por los pecadores, ruega por nosotros.
Trompeta del Evangelio, ruega por nosotros.
Heraldo del Cielo, ruega por nosotros.
Modelo de abstinencia, ruega por nosotros.
Sal de la tierra, ruega por nosotros.
Resplandeciente como el sol en el templo de Dios, ruega por nosotros.
Tú que te apoyaste en la gracia de Cristo, ruega por nosotros.
Revestido de estola real, ruega por nosotros.
Flor de flores elevada en el jardín de la Iglesia, ruega por nosotros.
Tú que regaste la tierra con tu piadosa sangre, ruega por nosotros.
Trigo recogido en los silos del Cielo, ruega por nosotros.
Resplandeciente en el coro de los Vírgenes, ruega por nosotros.
Jefe y padre de la Orden de Predicadores, ruega por nosotros.
Para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo, ruega por nosotros.
   
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
    
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue mi clamor hacia Ti.
   
ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠ , y del Espíritu Santo. Amén. 

lunes, 26 de agosto de 2024

MES DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN – DÍA VIGESIMOSEXTO

Traducción de la devoción dispuesta por el padre Antoine Ricard S.Th.D., Canónigo honorario de Marsella y Carcasona, y publicada en París por la Librería de los Hermanos Perisse en 1878.
   
MES DE SANTO DOMINGO, O EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO A LA MEDITACIÓN DE LA VIDA Y LAS VIRTUDES DE SANTO DOMINGO
   

Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
26 DE AGOSTO – DÍA VIGESIMOSEXTO DEL MES DE SAN DOMINGO: ÚLTIMOS DÍAS
   
PRELUDIO
El rostro de Santo Domingo ha sido transfigurado; sobre estos nobles rasgos ya se refleja el Cielo, imbuido de meditación y alegría.
               
PENSAMIENTOS
Se consumó la obra del gran patriarca. El pequeño grano sembrado con lágrimas en Languedoc había brotado, se había convertido en un arbusto vigoroso que, trasplantado a Roma, en un suelo favorable, había crecido y ahora cubría, como un árbol inmenso, con sus ramas protectoras, el mundo entero. Desde hacía cinco años, Dios, que a menudo preludia en este mundo las recompensas eternas de sus buenos trabajadores, había dado a Domingo este gran consuelo de ser testigo del fortalecimiento de su Orden, ahora inmortal bajo el cuidado de Jesucristo.

Nuevo Simeón, el fundador pudo cantar su Nunc dimíttis, porque sus ojos habían visto a Cristo glorificado y la luz de las naciones iluminando el universo a través de los hijos que Dios le dio en tan gran multitud. Por otra parte, tenía hambre y sed del Cielo, su alma anhelaba el brillo de la visión beatífica, su corazón necesitaba el amor infinito y todo su ser respiraba por la posesión divina. Sin duda, sus hijos lo rodearon con mucho cariño, pero el eco de sus pensamientos íntimos resonó en regiones fuera de los límites terrenales: Jesús a quien había conocido y amado, a quien había hecho conocer y amado, Jesús no se revela, descubrió que en el cielo, los velos del Sacramento irritaron el amor de Domingo; María, la reina del Santísimo Rosario, le había revelado muchas veces algo de su esplendor materno, pero pronto desapareció y el gran predicador necesitaba arrojarse a sus pies en eterna contemplación; varios de sus hijos y sus compañeros de apostolado lo esperaban arriba, ¡quería irse!
   
¿Quién dirá qué es esta nostalgia del Cielo si no la ha experimentado? Nada ata más a la tierra a las almas que son gloriosamente afectadas por ella: suspiran sin cesar, una dulce tristeza forma la base de su vida y penetra hasta en su exterior, sus conversaciones son del Cielo y sus conversaciones provienen de él. Hasta cierto punto, al menos en privado, dirían alegremente, si su humildad no se lo impidiera: «¡Qué vil me parece la tierra, he visto el cielo».
              
PRÁCTICA: Mantener en el alma, especialmente en tiempos de prueba, los santos deseos del Cielo.

INVOCACIÓN: Santo Domingo, llamado al Cielo por un ángel, ¡ruega por nosotros!
      
RASGO HISTÓRICO: El llamado del Cielo.
Antes de abandonar Bolonia, Domingo recibió la noticia de Dios de que su exilio tocaba a su fin. El beato Jordán de Sajonia relata que un día en que estaba orando y suspirando ardientemente, como San Pablo, después de la disolución de su cuerpo, Domingo se sintió embargado por una emoción poderosa y un deseo irresistible de ver a Dios. Se le apareció Jordán, un joven de deslumbrante belleza, y, nombrándolo con infinita dulzura, le dijo: «Domingo, amado mío, ven con alegría, ven a la boda que te tengo preparada, ven». Al mismo tiempo supo la hora precisa del encuentro y se notó en él un cambio de alegría, que indicaba el fin de toda tristeza. Algunos días después, habiendo ido a ver a algunos estudiantes y alumnos de la Universidad de Bolonia que le eran queridos, habló con su habitual alegría, exhortándolos a despreciar el mundo y pensar en la muerte. Luego, levantándose para dejarlos, se despidió de ellos así: «Mis queridos amigos, ahora me veis bien de salud; pero, antes de que llegue la Asunción de Nuestra Señora, seré quitado de esta vida mortal». Este anuncio sorprendió a muchos, nada en él anunciaba el inminente debilitamiento de sus fuerzas, y su mente estaba más fuerte que nunca (Vida de Santo Domingo, de varios autores).
        
LETANÍA DE NUESTRO PADRE SANTO DOMINGO
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
   
Magno Padre Santo Domingo, ruega por nosotros.
Lumen de la Iglesia, ruega por nosotros.
Luz del mundo, ruega por nosotros.
Antorcha del siglo, ruega por nosotros.
Predicador de la gracia, ruega por nosotros.
Rosa de paciencia, ruega por nosotros.
Sedientísimo por la salvación de las almas, ruega por nosotros.
Deseosísimo del martirio, ruega por nosotros.
Gran director de las almas, ruega por nosotros.
Varón evangélico, ruega por nosotros.
Doctor de la verdad, ruega por nosotros.
Marfil de castidad, ruega por nosotros.
Varón de corazón verdaderamente apostólico, ruega por nosotros.
Pobre en bienes temporales, ruega por nosotros.
Rico en la pureza de vida, ruega por nosotros.
Tú que cual antorcha ardías de celo por los pecadores, ruega por nosotros.
Trompeta del Evangelio, ruega por nosotros.
Heraldo del Cielo, ruega por nosotros.
Modelo de abstinencia, ruega por nosotros.
Sal de la tierra, ruega por nosotros.
Resplandeciente como el sol en el templo de Dios, ruega por nosotros.
Tú que te apoyaste en la gracia de Cristo, ruega por nosotros.
Revestido de estola real, ruega por nosotros.
Flor de flores elevada en el jardín de la Iglesia, ruega por nosotros.
Tú que regaste la tierra con tu piadosa sangre, ruega por nosotros.
Trigo recogido en los silos del Cielo, ruega por nosotros.
Resplandeciente en el coro de los Vírgenes, ruega por nosotros.
Jefe y padre de la Orden de Predicadores, ruega por nosotros.
Para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo, ruega por nosotros.
   
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
    
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue mi clamor hacia Ti.
   
ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠ , y del Espíritu Santo. Amén.