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lunes, 31 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA ÚLTIMO)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA ÚLTIMO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: Poder de Santa Ana y su Protección a Favor de sus Devotos.
Si es muy cierto, en decir, del Angélico Doctor, que la gracia es la medida de la gloria: ¿qué gloria más sublime que la de Santa Ana, que recibió tanta gracia, hasta merecer, como dice la Iglesia, el ser madre de la gran Madre de Dios? Madre de Aquella que impera en el Cielo y en la tierra y ve sometido a Ella hasta el Hijo excelso de Dios; de Aquella de quien los ángeles y los hombres tienen el honor de ser humildísimos siervos. Y entonces, ¿quién podrá igualarla en gloria después de haber concebido a Aquella que concibió a su Creador? Como ninguno, después de su Hija, podrá superarla en la tierra, así ninguno sino Ella podrá excederla en gloria y en poder. Si las leyes conceden derecho de potestad a los ascendientes sobre sus descendientes en línea recta, mientras Ana lo ejerza sobre María, lo tendrá también sobre Jesús y juntamente sobre los ángeles y santos, que en Jesús y María reconocen a su Rey y a su Reina; Ella y Joaquín –dice Juan Gersón– formaron aquí en la tierra la estirpe de la familia de Jesús, y a esa misma familia pertenecen también en el Cielo. María la llama madre, y como a madre la honra; y Jesús la recompensa con abundancia de honores.
   
Admiremos el gran poder de nuestra gloriosa Santa la singular predilección que Dios tuvo para con Ella constituyéndola Madre de María y de aquí Abuela de su divino Hijo Jesús. Como Madre de María Santísima, que es la Tesorera y Dispensadora de las gracias del cielo, nada puede y sabe negar a quien la invoca. Su nombre fue bendecido y glorificado por todos; la Iglesia le ha tributado siempre sumo honor, gran veneración, como lo demuestran los templos, altares y monumentos a Ella dedicados; votos colgados ante sus imágenes, sus reliquias; asociaciones benéficas que llevan su nombre, que la escogieron por Patrona especial.
  
A tanta gloria nosotros no debemos ser extraños: al terminar este mes a Ella consagrado, formemos propósito de querer imitarla en virtud, de ser sus verdaderos, fervientes y constantes devotos y así experimentar su valiosísimo patrocinio sobre nosotros en vida y especialmente en la hora de la muerte.
    
Ahora ve, cristiano, qué bien pone su confianza el que vive bajo el manto de la protección de Santa Ana. Sublimísima en gloria y en poder, quiere tener donde está ella a todos sus devotos. Una sola palabra, una señal sola, tiene el valor de un mandato para Aquella que es la tesorera de la gracia y la puerta del Cielo. Como el Rey de la gloria, por honor de su Madre, la sienta a su lado, haciéndola omnipotente en la súplica, así hae María con Santa Ana. María fue la primera que la honró; invita a todos a tributarle homenajes, y será en esto tu modelo. Ella escuchaba su voz; prevenía sus preceptos, porque la amaba con todo el corazón. Así es que imitarás a María en honrar a Santa Ana cuando de todo corazón copies en ti los ejemplos de su vida. No hagas, pues, que esta devoción a Santa Ana pase con el terminar del mes; el amor de María dura siempre y durará por todos los siglos eternos. Sé perseverante; así del honor de la tierra, pasarás a honrarla eternamente.
     
EJEMPLO:
Como Santa Ana conduce al cielo las almas por ella amadas, lo prueba la siguiente revelación, que los Bolandistas narran, hecha por la Santa a un hombre extraviado, pero después convertido, que la invocó siempre con gran afecto y de un modo especial al fin de la vida. “Hijito, le dice Santa Ana, echa de ti todo temor, toda ansiedad, Tu has sido devoto mío y me invocabas con fervor, ahí tienes toda mi protección en esta hora decisiva; alégrate, he venido a tomarte para llevarte conmigo al cielo. Y, a todos aquellos que para honrarme practicaren cualquier acto de virtud o hagan limosna o hagan oración en mi honor, yo les obtendré la gracia de que se conduzcan como cristianos, de ser prontamente librados de todo peligro en vida y eficazmente socorridos en la hora de la muerte”.
   
OBSEQUIO: Prometamos a Santa Ana consagrarle cada año el mes de Julio.
   
JACULATORIA: Gloriosísima Santa Ana, escribid mi nombre entre vuestros devotos.
   
ORACIÓN
¡Oh excelsa Santa Ana!, yo me congratulo y me congratularé siempre con Vos, porque nos disteis, deseada vara de Jesé, de la que brotó la flor nazarena. ¿Y qué habría sido de nosotros sin esta cara esperanza y este poderoso refugio? ¡Ah! ¡Bendita nuestra hija, que es el ornamento y apoyo de los cielos y de la tierra! He aquí por qué las generaciones, al invocarla no cesarán de alabaros, agradeceros y bendeciros. El Señor, al haceros digna madre, os colmó de dones y favores señaladísimo, de toda gracia y virtud que debían redundar en gloria de tan grande Hija y después de haberos constituido en la tierra sobre todas las demás mujeres, os elevó un trono singular en el Cielo. Gozaos, pues, en tanta gloria, debida a vuestra dignidad y a vuestro mérito, pero dirigid una mirada a vuestros devotos que imploran vuestra protección ¡Oh madre de la Reina de misericordia!, tened piedad de nosotros pobres pecadores. ¡Oh estrella del Cielo!, haced que os amemos siempre por el amor y con el amor de vuestra Santísima Hija. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 30 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 30)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA TRIGÉSIMO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: Santa Ana en el Limbo.
Santa Ana acogida con alegría y bendiciones por los Patriarcas y Profetas, se encontró en el Lim-bo esperando con Ellos la venida del común Libertador.
  
Y, mientras aquella multitud gozaba de su presencia con inefable alegría, con armonía angelical, con júbilo de amor, con himnos de gozo por haber dado al mundo la divina Depositaria de los celestes arcanos, Ella daba gracias al Señor porque la liberación no podía tardar.
  
Los sentimientos de nuestra gran Santa en el Limbo fueron una constante y fervorosa súplica, a fin de que pronto apareciera en aquel lugar la esperada y eterna Luz, Luz que debía llenar de gloria a todos los elegidos.
  
Consideremos la dignidad sublime a que nuestra cariñosa Santa fue elevada en el cielo. Ella superó en méritos no sólo a todos los Santos, sino también a los mismos Serafines, obtuvo como Madre de María una gloria y un honor especial. Por esto los Santos no cesarán nunca de tributarle homenajes, alabanzas y bendiciones por la misión cumplida de Madre de la Madre de Dios; y Jesús la llenará con mayor profusión de aquella luz que, emanando de El forma la felicidad del cielo. La belleza, la grandeza, el esplendor de María se refleja también en Ella, su ternísima Madre y con Ella contribuirá a formar la alegría de los bienaventurados. A gozo tan singular ha sido levantada nuestra Madre Santa Ana y de este mismo gozo podrán participar todos y cada uno de sus devotos.
  
Quien sepa imitar la santidad y el amor a Dios de nuestra Santa, será indudablemente asistido y guiado por Ella al cielo y allí gozarla eternamente.
  
Esta consideración nos servirá como ejemplo para afirmar nuestras convicciones, fortificar nues-tra fe, sin espantarnos de los peligros y adversidades y para aprender a trabajar, como leales y esforzados atletas, en propagar el amor de Dios, la caridad para con el prójimo, la práctica de la virtud, el valor para defender la Santa Iglesia. Así mereceremos las bendiciones de Dios en el tiempo y en la eternidad.
     
EJEMPLO:
Un joven, algunos años ha, alejado de la Iglesia, llevaba una vida disoluta, empero conservaba un especial cariño a Santa Ana.
  
Una tarde, después de una jornada pasada en sus habituales desarreglos, sin pensarlo siquiera, su corazón se llenó de remordimientos a causa de sus pecados y, mientras su pensamiento volaba hacia Santa Ana, a quien había invocado siempre en sus mejores años, deicidó mudar de vida. Se dirigió sin tardanza a una Iglesia cercana, pero apenas entró el mismo lo contó a un sacerdote, le asaltó una fuerte tentación de salir de allí y continuar la vida libre que hasta entonces había llevado. Mas sin saber cómo, se encontró delante del altar de Santa Ana; miró la sagrada imagen, repitió la acostumbrada oración; se sintió compungido y empujado sin poder resistir a los pies de un padre confesor, el cual le devolvió con la gracia del Señor, aquella tranquilidad y aquella paz que el mundo no le supo dar y que tanto tiempo no había gustado.
  
Se lee que un maestro de obras que dirigía la construcción de la iglesia dedicada a Santa Ana en Trapani, se enfermó gravemente y fue desahuciado por los médicos. Recibidos los últimos Sacramentos, ya en agonía aquí unos padres franciscanos pensaron en recomendarlo a la poderosa Santa Ana, siendo preciosa la existencia de aquel para terminar las obras empezadas y por la generosidad de prestar sus trabajos sin estipendio alguno. Mientras con toda confianza pedían a la Santa esta gracia, el moribundo exclamado: “estoy curado”, quiso levantarse del lecho y al siguiente día con maravilla de cuantos le conocían, emprendió de nuevos sus trabajos, profundamente agradecido a Santa Ana, de la cual había recibido tan señalado favor.
   
OBSEQUIO: Prometamos a Santa Ana difundir en su honor la devoción del mes de Julio.
   
JACULATORIA: Ejemplarísima Santa Ana, aumentad en nosotros vuestro amor.
   
ORACIÓN
¡Oh excelsa Santa Ana! Sea bendita la diestra del Omnipotente, que obró en Vos tantos prodigios, para haceros digna madre de la Madre de Dios. Dios os otorgó gracias exquisitas y dones especiales, para que precedieras la Mística Aurora y entraseis en estrecha relación de parentesco con el Verbo humanado. Alabanzas constantes sean dadas a Aquel que desde la eternidad os escogió y destinó para una dignidad tan sublime. ¡Ah gloriosa Ana!, como el Señor fue tan generoso como Vos, sedlo vos con vuestro siervo, indigno hijo de vuestra Hija. Haced que viva con gran limpieza de corazón y que marche entre las vicisitudes del mundo, de tal modo, que jamás me olvide de mi eterna salvación. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 29 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 29)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA VIGESIMONOVENO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: Preparación y Muerte de Santa Ana.
La preparación de Santa Ana a la muerte fue una continua aspiración a Dios. La vejez con sus ineludibles enfermedades conducía al ocaso a aquella existencia vivida tan santamente y rica en tantos méritos.
  
Como los grandes Santos y más que éstos, la Madre de la excelsa Madre de Dios, aceptaba humildemente las tribulaciones inherentes a su edad y encontraba en ello un motivo de perfeccionar el alma y hacerla más grata al Creador.
   
El cuerpo perecía, mas el alma se rejuvenecía. La muerte era esperada por Ella como natural tributo de la culpa original, según la clara visión y la convicción de todos los Santos.
   
Ni una angustia, ni una nube turbó su muerte y tranquila afrontó los últimos momentos, llenos de luz y de dulzura, con la presencia de su amada Hija que, transportada por los Angeles, como afirma la piadosa tradición, acercóse a su lecho confortándola en aquellos últimos instantes.
  
Se durmió acariciada por María en el dulce y místico sueño de los justos y su alma voló entre los Patriarcas y los Profetas que, llenos de júbilo, vieron en Ella la cercana venida del Redentor prometido.
  
Las almas escogidas no sienten el dejar la tierra; sólo desean lo que es de Dios y así se sienten a Él imperiosamente atraídas.
  
Dulce es también la muerte a los justos, porque saben que se unirán a Dios, fin de todos sus ardientes deseos.
  
Pero al mismo tiempo debía ser doloroso el sacrificio hecho por Santa Ana en su muerte, pues sabía que no dejaba a su Santísima Hija para subir al cielo, sino para bajar al Limbo y allí esperar al Mesías libertador.
  
No olvidemos esta verdad, es necesario, por medio de la muerte, entrar en la vida eterna, para la cual hemos nacido. Amargo y penoso es el tránsito, pero saludable y dulce cuando se mira el querer divino. Si cristiano, inevitable es la muerte y ninguno puede librarse de ella. Para que no te sea amarga, como suele serlo a los amadores del mundo, acostúmbrate a vivir resignado con la voluntad divina, que la manda cuando, cómo y dónde le place. Mira esta tierra como lugar de pasaje y no te ligues a ella con afecto; suspira por el Cielo, que es nuestra patria eterna.
  
Permanece en el amor divino, porque el que teme a Dios tendrá buen fin, o como dice San Agustín: “Vive bien y habrás aprendido a morir bien”. Pero con tu cuerpo débil y dolorido, con tu mente lánguida y confusa, ¿qué harás, qué dirás? Acostúmbrate a decir ahora lo que entonces dirías por librarte, y procurarte el valioso patrocinio de la gloriosa Santa Ana.
     
EJEMPLO:
Al principar la guerra del año 1870 la mayor parte de los soldados bretones se pusieron bajo la protección de Santa Ana, a la cual llamaron “buena Madre”. Y su confianza no fue vana.
  
El párroco del Santuario de Aurag recibió un día una carta de un soldado que contenía esta noticia: “Estábamos el otro día cuatro soldados bajo una misma tienda de campaña y rezadas nuestras oraciones, entre éstas una fervorosa plegaria a Santa Ana, nos quedamos dormidos. Cerca de media noche una inesperada llamada nos despertó: se debía avanzar. Consternados, nos preparamos para la marcha, después de haber desarmado la tienda; y he aquí que una voz llena de autoridad pero amable, nos gritó: “Adelante, hijitos míos, no temáis”, y esté cierto Padre que todos oímos aquel mandato, todos unánimes creímos que fue Santa Ana. Poco después se tomó contacto con el enemigo, combatimos valerosamente y lo pusimos en fuga. Atribuimos la victoria a nuestra buena Madre, y pedimos la publicación de este milagro”.
   
OBSEQUIO: Proponeos tributar a Santa Ana honores especiales en todos los martes, para tenerla propicia a la hora de la muerte. Este día es consagrado especialmente a ella.
   
JACULATORIA: Poderosísima Santa Ana, a Vos confiamos los últimos instantes de la vida.
   
ORACIÓN
¡Oh bienaventurada Santa Ana! Era muy justo que vuestra vida, así mezclada de humillaciones y de penas, se acabase bajo la mirada de Aquel que sostiene y conforta a todos los atribulados y afligidos y a todos les da la tranquila calma. Yo me alegro con Vos, porque vuestra muerte se me asemejó a un tranquilo sueño. Ea por aquellas consolaciones que sentisteis al ver a vuestra Hija, al abrazarla y al exhalar en sus brazo el último suspiro, haced que mi muerte sea la de los justos. Si la multitud de mis culpas me hace temer que Vos no recibiréis mi súplica, al pensar que sois la Madre del refugio de pecadores, tengo razón de esperar. ¡Oh clementísima Señora, ahora y siempre encomiendo a vuestra piedad mi alma. Cuando mis ojos eclipsen y jadeante y afanoso exhale mi último suspiro, corred en mi auxilio y dulcificad con vuestra presencia mi muerte. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 28 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 28)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA VIGESIMOCTAVO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: Viudez de Santa Ana.
Santa Ana, prevenida por la gracia desde su infancia, fue siempre grata a los ojos de Dios, el cual, después de hacerla lucidísimo espejo de vírgenes y de casadas, la ofreció como espejo a las santas matronas.
 
Ella, dice la Venerable María de Jesús de Ágreda, por voluntad divina se casó con Joaquín a los venticuatro años, veinte fue estéril y sobrevivió hasta el duodécimo de su hija.
  
De otro lado, la viudez de Santa Ana fue llena de todas las gracias celestiales como expresamente se lee en los Salmos: Bendeciré su viudez largamente.
  
Privada de toda consolación humana, la buscó sólo en Dios, en el cual tenía puesta toda su esperanza. Día y noche, perseverante en la oración y meditación, puede decirse de ella que su habitación era un oratorio doméstico, su entretenimiento la súplica, su vida la mortificación y el ayuno, repartiendo con el templo y los pobres sus pequeñas rentas.
  
El modo como pasó Santa Ana los últimos años de su vida, nos lo da a conocer el grande amor que tenía al Señor.
  
Sentía que avanzando en años se le acercaba el tiempo fijado por los divinos decretos para ser llamada al seno de Abraham y de los Santos Profetas. Como el movimiento se hace siempre más veloz hacia el fin, así se intensificaron sus oraciones, sus penitencias para hacerse más y más digna. No fue una vida común y terrena, la suya, sino una vida extraordinaria y celestial, en la cual las dulzuras divinas alternaban con sus amorosos sentimientos. Ella había amado a su Señor hasta el sacrificio el más heroico, le había amado a pesar de todas las aflicciones y no podía dejar de suspirar por abrazarse con Él y así gozarlo y amarlo eternamente.
 
He aquí, ¡oh cristiano! cual debe ser la vida de un verdadero devoto de Santa Ana. ¡Ah!, debes de corazón imitar los ejemplos de la que te agrada honrar. El Señor nos la mostró en todos los estados, a fin de que el niño y la virgen, el soltero y la viuda, el alegre y el afligido, el pobre y el rico, todos encontrasen en ella, que es la madre de la Reina del universo, un perfectísimo modelo que imitar.
  
Su vida, desde la cuna a la tumba, fue siempre inmaculada y llena de virtudes. Desde el primero al último respiro tuvo a Dios en la mente y el corazón y la observancia de su santa ley formó su riqueza más codiciada. ¡Oh dichoso tú, cristiano, si Santa Ana hallare en ti semejanza! Sintió todas las fatigas de los diversos estados, a fin de que investida de gran poder, pudiese tener corazón para socorrerlas todas.
 
Pongamos en parangón el amor de Santa Ana con el nuestro para con Dios y propongamos aumentarlo si queremos también nosotros acabar santamente la vida.
   
EJEMPLO: Lo que sigue nos prueba que Santa Ana socorre prontamente a quien con fe la invoca.
  
En el año 1631 un joven francés viajando por Alemania fue asaltado por unos ladrones, robándole cuanto llevaba y dejándolo en tierra mortalmente herido.
  
Hallado en tal estado, fue transportado al pueblo vecino donde se le presentaron los socorros más urgentes, pero su estado continuaba siendo gravísimo.
  
Sabiendo que en aquellos días debía pasar por allí en procesión una reliquia de Santa Ana, procesión que se hacía por tradicional devoción, sintió deseo de impetrar a la Santa su curación.
  
A tal fin se hizo llevar a la ventana para ver el relicario, hacerle votos y enviarle besos y flores. Fue inmediatamente bien despachada su petición; desaparecieron las heridas, cesaron los dolores y lleno de regocijo y conmovido, bajó las escaleras, se asoció a la procesión y contó a todos el milagro obtenido, milagro resonante que fue contado entre los muchos otros obrados por la Santa.
   
OBSEQUIO: Roguemos a Santa Ana a fin de que la hora de nuestra muerte sea tranquila.
   
JACULATORIA: Benignísima Santa Ana, asistidnos en nuestra hora postrera.
   
ORACIÓN
¡Oh dignísima madre de la Madre de mi Señor!, admiro vuestra vida, siempre irreprensible y santa en presencia del Cielo y de la tierra; y cuanto más deseo copiarla en mí, tanta mayores dificultades siento.
  
Por lo mismo, confieso a vuestros pies que, sin vuestro auxilio yo nada puedo. Ea, benignísima Señora, por aquellas copiosas bendiciones con las cuales el Señor os acompañó y previno en todas las circunstancias de vuestra vida, no me desechéis; acogedme bajo vuestro manto, estrechadme contra vuestro corazón para que jamás ofenda a mi Dios.
  
Yo me consagro todo a Vos en vida y en muerte, y espero con vuestra ayuda seguir el camino de salvación, para allegar después a cantar en el Cielo vuestra gloria. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 27 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 27)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA VIGESIMOSÉPTIMO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: Muerte de San Joaquín.
Estaba para expirar el sexto mes de la consagración de María al templo, cuando las fuerzas de Joaquín, disminuidas con mucho, daban claro indicio de que había llegado su fin.
    
Ana, doliente y resignada, le prodigaba los más cordiales cuidados y asistencia, dirigiendo con frecuencia al Cielo ardientes suspiros para que le socorriese con su gracia.
    
La niña María, dice la Venerable María de Jesús de Ágreda, avisada por el Señor del día y la hora en que su padre cumpliría su carrera, le envió a todos los ángeles colocados a su custodia, a fin de que, haciendo sus veces, asistiesen a Joaquín, dulcificando su muerte. Mas Dios, excediendo los deseos de su celestial paloma, añadió a este mandato el de decir al moribundo: “Tu hija María nos manda para consolarte, y el Omnipotente, por alegrarte, te da a saber que Ella es la elegida para madre del Mesías, la más excelsa de todas las criaturas, la restauradora del mundo”. Alegre éste por la gloria de ser padre de la hija de la gracia, partió de esta vida con la bendición de Dios a llevar a los justos la nueva de su próximo rescate. Mientras los ángeles hablaban así, Santa Ana lo oía todo; y al cerrar los ojos de su santo esposo vio que alegre y resignado, daba el último suspiro. San Joaquín murió casi a los setenta años.
    
He aquí a lo que consuela a los que sobreviven; ver al que muere, asegurado y tranquilo, acabar en la paz del  Señor. De todos es el morir; mas no de todos es morir como santos. La muerte no repara ni condición ni edad; hiere a jóvenes y viejos, a adolescentes y niños. Pero sólo muere bien quien ha vivido bien, siendo la muerte el eco de la vida.
     
Si tú deseas, ¡oh cristiano!, una muerte como ésta de San Joaquín, ¿por qué no imitas su vida, que fue inmaculada, siempre resignadísima y fecunda en todas las virtudes? Entonces tu muerte no te será causa de temor sino de gozo, porque te abrirá la entrada a la patria bienaventurada.
    
De otro lado, será dulcificada por la presencia de los ángeles y tus santos tutelares, que vendrán a aclamar tu triunfo: vive como justo y será santo tu fin.
   
EJEMPLO: Fue muy notable en Segovia la curación de la esposa de Don Francisco de Vargas, gobernador de aquella ciudad, la cual, gravemente enferma, estaba a punto de expirar.
    
Llegó allí el Venerable Fr. Juan de San Joaquín y le rogó el gobernador que rezara por su esposa, colocada en tan extrema necesidad. Entonces Juan aplicó sobre el rostro y el pecho de la enferma su imagencita de San Joaquín y Santa Ana, llevando en medio a la Virgen María, y repitió su acostumbrada invocación: “San Joaquín y Santa Ana, todo lo sanan”. ¡Oh qué maravilla!, a esas palabras y a ese contacto, la enferma echó por la boca extrañas materias y reanimándose inmediatamente, exclamó con rostro sereno: “San Joaquín y Santa Ana me han curado completamente”. El estupor de los circunstantes fue grande y todos declararon, bajo juramento, el hecho, para gloria de Dios y de los santos padres de María.
   
OBSEQUIO: Haced la Santa Comunión en honor de San Joaquín y Santa Ana, y en sufragio de las almas del Purgatorio que en su vida fueron más devotas de ellos.
   
JACULATORIA: ¡Oh, madre de María, Gloria quiere cantar el alma mía!
   
ORACIÓN
¡Oh, Ana bendítisima!, por aquellas dulzuras celestiales que aligeraron todos vuestros afanes en la muerte de vuestro amado esposo, no me abandonéis en mis últimos momentos. La muerte fue verdadero descanso para el que fue siempre justo, mas ¿qué será para mi, cuya vida es de aquella tan distinta? Pero hoy quiero comenzar a imitar sus ejemplos, y Vos obtenedme estabilidad en este mi santo propósito, y en mi última lucha venid con vuestro santo esposo para asegurarme la gloria eterna. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 26 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 26)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA VIGESIMOSEXTO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: Vida Privada de Santa Ana.
Santa Ana, después de dejar en el templo su tesoro, su delicia, su corazón, regresó a Nazaret con su dulce esposo, viviendo con él como si fuesen una sola alma e imitando el uno las bellas virtudes del otro. Después de Dios, su pensamiento era María.
   
La vida de recogimiento es la característica de los Santos. Entre sus varias ocupaciones saben tener el corazón y el alma siempre elevados a Dios y Dios con su amor les da ánimo y fuerzas para vencer las más graves dificultades y las más duras pruebas. Santa Ana completamente contenta de haber cumplido lo que de Ella quería el Señor, pasaba sus días llevando vida del todo oculta en compañía de su Santo Esposo estando con Él unida en el deseo, en el afecto, en el corazón.
   
En aquel recogimiento, perfeccionábase el alma para la glorificación, la cual debía obtener después del tránsito y del triunfo de Jesucristo, su divino Nieto. Así oculta, su corazón siempre estaba con Dios, pensaba en Él, le amaba, por Él palpitaba, vivía exclusivamente para Él.

Si nos fuera posible levantar el velo que cubría aquella vida íntima, veríamos un magnífico ramillete de actos de sacrificio, mortificación, de humildad, de deseo ardiente de unirse a Él.
    
Verdad indiscutible es que sólo en el recogimiento, Dios se revela a las almas.
    
Ahora, aprende, ¡oh cristiano!, cómo la vida del justo está toda sembrada de trabajos;  mas ellos son, decía la Virgen a la Venerable de Agreda, los juicios justificados en sí mismos, más preciosos que el oro y la plata, más dulces que el panal y la miel.
    
¿Qué harías de la espiga si no fuese separada de la paja y triturada en el molino?;  ¿qué de la uva si no fuese exprimida en la prensa? Las tribulaciones purifican y subliman al justo, lo despojan de todo amor terrenal y lo llenan de viva confianza en el Señor.
    
Las tribulaciones son también necesarias a los pecadores, porque en el crisol de la tribulación se purga el alma de la escoria y de las manchas del pecado. ¡Dichoso tú, cristiano, si sabes sacar provecho de los indispensables trabajos! Para sostenerte en este camino, levanta la vista al autor y consumador de la fe, Jesús, suspendido en la cruz y reflexiona que los padecimientos presentes nos son merecedores de la gloria que Dios te prepara. Aquellos pasan, y la gloria es perdurable.
   
EJEMPLO: La gran sierva de Dios Sor Ana de San Agustín nos asegura que la Santa asiste, provee y favorece continuamente a sus devotos.
    
Habiendo ella comenzado la edificación de un templo junto a su monasterio, se encontró sin medios para terminarlo. Se dirigió con plena confianza a Santa Ana, de la cual era devotísima, empeñándola a procurarle los socorros necesarios.
     
La potentísima Santa Ana prontamente la atendió. Una persona desconocida trajo al monasterio la cantidad necesaria para terminar el templo. También en otras críticas circunstancias en que se encontró el monasterio, la venerable hermana experimentó la poderosa protección de su celestial Protectora, de aquí que la amó, la hizo amar y la tuvo siempre propicia.
    
Al lecho de su agonía fue oída exclamar muy contenta: “Santa Ana querida, heme aquí vengo: conducidme a Jesús y a María”.
   
OBSEQUIO: Recojámonos por unos minutos y examinemos cuál sea nuestra constancia en la devoción a Santa Ana.
   
JACULATORIA: Dulcísima Santa Ana, dadnos espíritu de recogimiento.
   
ORACIÓN
¡Oh, generosa Santa Ana!, que para ser siempre agradable al Señor debíais soportar la prueba de muchos y variados trabajos. De la grande ignominia de la esterilidad pasasteis a la amarga separación de vuestra amabilísima Hija; y de ésta, al cruel pensamiento de quedar abandonada; ¡oh, mi amada Patrona!, por aquella resignación que en todo tiempo os hizo invicta  y gloriosa, haced que aprenda cuán rico y deseable es el tesoro de los sufrimientos, y cuan afortunadas son las almas que se someten a duras pruebas, glorificando al Señor. Así, resignadamente, pasando por muchos trabajos llegaré seguro al reino de los cielos. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

martes, 25 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 25)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA VIGESIMOQUINTO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: La presentación en el Templo.
Apenas cumplidos los tres años de la Santa niña María, dice la Venerable de Agreda, sus padres, acompañados de algunos parientes, la llevaron de Nazaret a Jerusalén. Penetrando en el templo, y teniéndola entre ambos de las manos, la ofrecieron a Dios junto con la más fervorosa oración. La condujeron al sacerdote, que la bendijo y la recibió entre las vírgenes que se educaban en ese recinto sagrado. Se subía a él por quince gradas; y en la primera, la celestial criatura se despidió de los suyos, pidiéndoles la bendición y besando su mano. ¡Oh amarga separación para los tiernos padres, que llorando la bendicen! Mientras tanto, María, sola, subió las demás gradas, sin volver atrás ni dar la menor muestra de turbación. Ana y Joaquín, después de seguirla con su amorosa mirada, volvieron a Nazaret tristes y doloridos, como privados del más rico tesoro de su casa, pero fortalecidos con la voluntad divina. Con esta narración es conforme la que hacen el Damasceno, Niceno y Nicéforo.
    
De regreso del Templo donde había hecho al Señor la sagrada oferta de un corderillo inocente, Santa Ana encontró la casa vacía, desnuda, fría; faltaba aquel rico, aquel espléndido tesoro que la iluminaba, la llenaba, la alegraba. Ella había hecho entrega  generosa al buen Dios de su celestial Hija, objeto de sus complacencias; Dios en compensación le hacía tranquilo el resto de su vida al reflejo de las virtudes fúlgidas, sublimes, heroicas de su Hija. Es dulce imaginar como nuestra Santa seguía siempre con el pensamiento y con el afecto a su amable Hija en todas sus acciones, cómo la acompañaba a toda hora con las más copiosas bendiciones, gozosa de ver proclamada santa por el Sumo Sacerdote a aquella criatura que, Ella sabía, era iris de paz, lazo de unión entre Dios y los hombres.
    
La Virgen en su presentación de regreso del templo, dice San Ambrosio, fue la guía, la princesa, y la madre especial de aquel brillante coro de vírgenes que en los sagrados claustros consagraron a Dios su virginidad. La mayor fortuna que puede tener un alma en la tierra, dice la Virgen a la Venerable de Agreda, es la de consagrarse a Dios en su templo. La que prefiere el claustro y el retiro elige la mejor parte.
    
Ahí está el puerto seguro, sin los peligros de la vida mundana, en los que Satanás y sus secuaces han introducido costumbres abominables. La santa profesión los llena de furor e indignación. He aquí el por qué de tanta guerra a los monasterios. Es la antigua guerra que los hijos de la serpiente renuevan contra los hijos de la Inmaculada, cerrándoles el camino para la entrada a ese divino puerto. ¡Ah! ruega fervorosamente por que la Virgen Santísima apresure su indudable triunfo y tenga siempre predilección por los monasterios y sujetos religiosos. Si el Señor después te llamaré a este estado de perfección, te digo con San Jerónimo: “Salta presto sobre la nave y no pierdas tiempo; rompe los lazos que a la tierra te ligan y no la abandones jamás”.
    
Vivamos también nosotros plenamente conformes a la divina voluntad, si queremos agradar al Señor y merecer sus bendiciones.
   
EJEMPLO: Luis Odín y otros escritores narran que un joven para lograr sus perversos intentos, después de haber abandonado la fe, y haberse dado al demonio, estuvo por espacio de siete años en familiares conversaciones con él. Por fin, atormentado por terribles remordimientos, no sabía decidirse a volver a Dios, porque estaba subyugado por el influjo satánico.
    
Un día empero oyendo hablar del sumo poder de Santa Ana concibió deseos de recurrir a su patrocinio y Santa Ana oyó su plegaria, su súplica y le tocó el corazón con tanta fuerza que supo vencer los obstáculos todos y superar cuantas dificultades se oponían a su conversión. ¡tantas amarguras lo habían angustiado, tantos desengaños llagado el corazón! Se confesó devotamente de todos sus pecados y llevó vida ejemplar para así alcanzar una santa muerte.
   
OBSEQUIO: Prometamos a Dios regresar al recto camino.
   
JACULATORIA: Felicísima Santa Ana, haced que sigamos vuestras huellas.
   
ORACIÓN
¡Oh gloriosa Santa Ana, incomparable madre de la más santa y excelsa de las hijas!; cada vez me confirmo más que Dios, para haceros digna de tan grande honor, os enriqueció con toda gracia y perfección. Y ¿cómo sin especialísima gracia podríais con tanta facilidad privaros de una hija tan amable y dejarla en el templo, lejos de vuestras miradas y vuestras dulces caricias? ¿Con qué abundancia habrá Dios retribuído vuestro grande sacrificio? ¡Ah, gozad, pues, las perpetuas alabanzas que os vienen de la Iglesia toda de los santos! Mas, en medio de tanta gloria, dirigid una mirada amorosa a este vuestro devoto, que junto con vuestra santísima hija, quiere consagrarse enteramente al Señor. Haced que no mire ni más bien, ni más honor, ni más vida, que la gloria del mío y vuestro Señor. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 24 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 24)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA VIGESIMOCUARTO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: Fidelidad y gratitud de Santa Ana para presentar a María en el Templo.
Santa Ana había prometido a Dios el fruto de su matrimonio; y tuvo la hija más excelsa y amable que jamás se pudo idear. La veía crecer en gracia y virtud, sintiéndose cada día más atraída hacia Ella, considerando que era un gran tesoro. Pero no obstante, todo pensado, Ana, grata y fiel al Señor, se diponía a hacerle un completo sacrificio. Muchas veces, vuelta a su hija, transida de dolor, dice la Venerable de Agreda, hablaba así: “Hija amada, sólo a ti tengo, después de haber suspirado tanto, y ni siquiera puedo gozar mucho de tu compañía. Te he prometido al Señor y mantendré mi voto a toda costa. Sea hecho siempre el divino querer. ¡Oh, Dios mío, Dios mío!, os agradezco, porque me la diste; es vuestra, yo os la devuelvo. ¡Oh que fortaleza hallarme al lado de esta paloma! Y ¿cómo podré quedarme sin Ella, y sin Ella vivir mi corazón? Mas a cualquier costa, Ella es vuestra y os la doy”.
    
Cumplidos apenas los tres años de edad María fue acompañada al templo para ser ofrecida al Señor. Los sentimientos que tuvo Santa Ana en aquellos instantes solemnes, no es posible referirlos al considerar que su corazón convertido en santuario invadido y consumido por el amor de Dios, era un cielo.
    
El sacrificio que hizo de privarse de su tierna Hija, que amaba más que a las pupilas de sus propios ojos, fue grande, fue inmenso, pero la Santa lo cumplió con toda aquella generosidad, con toda aquella gratitud que le inspiró su sumisión a la voluntad divina, lo cumplió con aquella alegría con que una madre sabe y entrevé que de un sacrificio proviene la gloria.
    
Es agradable imaginarse a aquella dulce Madre con su adorada Hija, cándida en el alma como en el vestido, encaminarse contenta al Templo; es bello seguir con la imaginación la sagrada ceremonia que con la bendición del Sacerdote, sellaba cuanto era ya acogido y aceptado en el cielo.
    
Las lágrimas de Ana al separarse de Samuel, las angustias de Abraham al conducir a su Isaac al sacrificio, el quebranto de Agar al abandonar a Ismael, son vanas sombras en presencia de los tormentos de Santa Ana cuando debió separarse de María, la escogida para Madre de Dios.
    
Ofrezcámonos al Señor para que se cumpla en nosotros su santa voluntad.
    
¿Quién no ve, ¡oh cristiano!, cuán penoso fue a la maternal ternura de Santa Ana el separarse de hija tan incomparable?; y sin embargo, dice el Tritemio, tanta ternura fue vencida por el amor de Dios. “Yo, dice la Virgen a la Venerable de Agreda, sentía vivamente el sacrificio de mis queridos padres; pero sabiendo que así lo quería Dios, me olvidé de mi casa por cumplir la voluntad divina”. Y he aquí hija y padre unidos en sacrificio por agradar a Dios. ¡Oh, si fuesen frecuentes en el cristianismo estos sacrificios de amor, cuánto más abundante sería el número de sus santos! Con facilidad decimos que queremos seguir a Dios, a cualquier costa; ¡mas cuán pronto le abandonamos después! Basta una mirada humana, una palabra, una crítica. ¡Oh vergüenza!, no sólo no se le sigue, sino que se impide a los demás seguirle, contradiciendo la propia vocación y substituyéndola por la que dicta el interés. Gran responsabilidad para los padres, como también gran cargo para los que, fáciles en omitir votos, con igual facilidad los olvidan.
   
EJEMPLO: Lo que desagrada a Santa Ana la infidelidad en el cumplimiento de los votos, se comprende por el siguiente pasaje: Un príncipe de Palermo, viendo la esterilidad de su esposa, rogó al Venerable Inocencio de Chiusa, que le alcanzara del Cielo un hijo. Este le respondió: “No sólo tendrás uno, sino tres, si prometes reedificar nuestra capilla de Santa Ana en la tierra Juliana”. A lo cual el príncipe repuso: “Si llego a tener tres, no sólo restauraré la capilla de Santa Ana, sino la iglesia entera y el convento.” Pero, obtenidos consecutivamente los tres hijos, el príncipe andaba defiriendo el cumplimiento de la promesa. Entones, Inocencio se le presentó junto con el procurador del monasterio, exhortándole a cumplir su oferta, y éste ofreció dar cien ducados. Mas el Venerable, presentándole un presupuesto de peritos, en el que se indicaba la cantidad necesaria para la reedificación, le hizo notar que habiendo sido ilimitado su voto, se contentase con tratar con los ingenieros quienes exigían por lo menos quinientos ducados. El príncipe y su esposa se hicieron sordos al reclamo; y al Venerable Inocencio al separarse le dijo: “Si no mantenéis vuestra promesa a Santa Ana, los hijos os serán quitados”. Pasados pocos días enfermó el primogénito; e inmediatamente el príncipe recurrió a Inocencio, quien le replicó: “Si no cumplís vuestro voto, vuestros hijos morirán”.
    
En efecto, en poco tiempo, uno después de otro, todos fueron sorprendidos por la muerte.
   
OBSEQUIO: Por medio de la gloriosa Santa Ana, presentemos nuestro corazón a Dios.
   
JACULATORIA: Virtuosísima Santa Ana, hacednos agradables a Dios.
   
ORACIÓN
Admiro, ¡oh fidelísima Santa Ana! vuestra firmeza en someteros a la privación del objeto más amable, de vuestra hija María; me sorprende lo grande de vuestro sacrificio, pero mucho más la grandeza de vuestro amor a Dios, que a tanto os obligó; me uno a los coros angélicos, que justamente alaban una fidelidad tan constante. Más, ¿cuando será que aprenda de Vos a vencerme a mí mismo, para conseguir el reino bienaventurado, que sólo con violencias se adquiere?; ¿cuando será que arda en aquella caridad que rige a los vientos de la tentación y alas aguas del sufrimiento? ¡Ah, Santa querida!, obtenedme estas gracias por amor de aquel dignísimo esposo que con Vos fue igual en el mérito del gran sacrificio. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 23 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 23)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA VIGESIMOTERCERO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: Santa Conversación entre Santa Ana y María.
¡Cuáles serían los angélicos coloquios de aquellos corazones! ¡Cuáles las afectuosas y mutuas ternuras de sus almas! Cómo se entenderían admirablemente en el amor que sentían hacia Dios y en el recíproco afecto, no es cosa fácil imaginar.
     
Santa Ana, en toda ocasión, debía mostrar su maternal contento hacia su querida Hija; Esta, a su vez, debía sentir irresistible atracción hacia su Madre, la cual ponía todo el cuidado y atención en informar su corazón de Ella en aquellos sentimientos sublimes a los cuales se sentía poderosamente atraída. El esplendor de la virtud y de las perfecciones con que correspondía María a los maternales cuidados, transportaban a Santa Ana a lo más sublime, al apogeo de aquella excelsa santidad que requería su nobílisima misión. De aquí nació aquella fusión de alma, la más perfecta en pensamientos, afectos, acciones, plegarias.
    
María y Santa Ana estaban en continuo éxtasis con Dios y sus plegarias enteramente conformes a la divina voluntad, subían hasta el trono de la Majestad sumamente agradables. En sus frecuente elevaciones atendían solamente a agradar a Dios, contentas con que triunfase su gloria, felices de que se cumpliera su voluntad.
     
Y Dios, secundando los ardientes deseos de aquellos cándidos corazones, les iluminaba, les instruía, les hacía conocer los arcanos de sus designios.
    
Ellas esperaban, amaban y ardientemente anhelaban el cumplimiento de los sagrados misterios, pero nunca hubieran querido anticipar de un solo instante lo que era la voluntad de su Dios. La alegría grandísima de aquellas dos almas celestiales, más que humanas, era celestial.
     
Ejemplo envidiable para las almas que de veras quieren santificarse y ningún medio más práctico para que la vida cotidiana sea perfecta que modelarla según los ejemplos de María y Santa Ana.
    
Reformemos bajo estos inefables ejemplos nuestra conducta y mientras ella nos hará agradables al Señor y, por reflejo, al prójimo, nosotros veremos a éste, con nuestro ejemplo, estimulado a la virtud y nuestra vida será un apostolado diferente edificante y grato a Dios.
   
EJEMPLO: Santa Ana muestra maravillosamente su protección a sus devotos en los trances más difíciles. Lo demuestra el siguiente hecho.
    
Encontrábase en Palestina visitando aquellos Santos Lugares Juan Hoya, ministro que fue de Suecia y Noruega, y por casualidad mató a un pobre hombre. Encarcelado y procesado, nada le valieron las firmes protestas y la enérgica defensa, no le quedaba otra cosa que someterse a la pena capital, no había salvación.
    
Entonces él, con grandísima confianza de ser escuchado y con aquel fervor que le sugirió el encontrarse en los últimos momentos de su vida, invoca a Santa Ana, a la cual profesaba tierna devoción y la Santa oye sus ruegos.
    
Todo estaba preparado para ejecutar la sentencia, cuando se desencadenó un huracán, una tempestad y un terremoto tan violento que todos huyeron, y él se sintió aliviado y trasladado a lugar seguro.
    
Admirable prueba de la asistencia de nuestra Santa para con sus devotos.
   
OBSEQUIO: Recitemos un Gloria a Santa Ana, para que nos obtenga de Dios el conocer su divina voluntad.
   
JACULATORIA: Celosísima Santa Ana, ayudadnos a seguir las divinas inspiraciones.

ORACIÓN
¡Oh, mil y mil veces feliz Santa Ana!, que tuviste por hija a la Madre de Aquel, que vino a reparar el mundo abatido. El Señor sólo para Vos reservó tanta gloria, porque, Vos sólo fuisteis digna. ¡OH madre bienaventurada de la Reina del Universo!, haced que yo siempre conozca mejor la excelencia de vuestra hija, haced que la honre y la ame y cuide de agradarla continuamente. Esta gracia os pido por aquella consolación y gozo del paraíso que experimentasteis al ternerla a vuestro cuidado. Oídme, amorosísima Patrona mía, y hacedme verdadero hijo de vuestra excelsa hija. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 22 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 22)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA VIGESIMOSEGUNDO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: Santa Ana enseña a María los Primeros Rudimentos de Labores y Letras.
“La mujer fuerte, dicen los Proverbios, aunque de nobleza espléndida se proporcionó lana y lino, y los puso en obra con sus industriosas manos. Sus dedos adornados de brillantes no desdeñaron la rueca; y trabajó vestidos y tapetes”. Esta insigne madre de familia fue figura de Santa Ana, la cual no contenta con mandar e instruir en su casa, procuró con el ejemplo hacer dulce y amable toda fatiga. Ella, dice Nicéforo, adiestró a su hija en manejar la lana y el lino, al mismo tiempo que recíprocamente se enardecían con sus celestiales conversaciones. ¿Qué sucedería cuando posando el libro en sus rodillas, enseñó los primeros rudimientos de lectura a la que después había de entonar el más espléndido de los cánticos y ser la Maestra de los Apóstoles?
    
¡Oh, qué madre! ¡Oh, qué hija! ¡Oh, qué inocentísimas lecciones! ¿Cuántas lágrimas de dulzura caerían de los ojos de Santa Ana sobre aquel libro de su hija? ¿Y la tierna parvulita no habrá mezclado también las suyas? ¿Y qué conmociones para Joaquín presente a tantas dulzuras celestiales?
    
Así, ¡oh cristiano!, el hombre nace para el trabajo, al cual fuimos condenados en Adán, sin excepción de condición ni grado. Dios no podía encontrar remedio más dulce para encontrarnos en este mísero destierro. ¡Oh, cuán suave es el pan y el sueño del indefenso trabajador!: las horas jamás le son largas; el tedio y el fastidio no se le acercan; pero tú, ¿cómo amas las fatigas y buscas los medios de santificarte en tu estado? ¿Cómo las usas, esto es, las diriges al Señor, volviendo con frecuencia a Él tu pensamiento, buscando gracia y misericordia? Huye, ¡oh cristiano!, de la ociosidad, porque es madre de muchos vicios. Ocúpate santamente según tu estado y condición, no permitas que para ti pasen los días y las horas vacías; y con tu ejemplo enseña a tus dependientes desde la primera edad a ocuparse puntualmente y santamente.
   
EJEMPLO: En la última guerra europea, las Hijas de Santa Ana difundieron entre los soldados heridos o enfermos hospitalizados la tierna devoción a su gloriosa y poderosísima Madre.
    
En un hospital de reserva se hallaba enfermo un joven que hacía años había olvidado las santas instrucciones que su buena madre la había dado y llevaba una vida pésima y disoluta. Una Hermana, hija de Santa Ana, prestándole los más caritativos cuidados, le hacía suaves exhortaciones,  pero sólo servía para aumentar el odio del joven hacia Dios, el cual blasfemaba horriblemente apenas la Hermana se alejaba de su cama. En la Capilla interior se hicieron algunos días de ejercicios y una tarde se hizo una súplica especial a Santa Ana por aquel pobre soldado que se hallaba gravísimo y había rechazado al Sacerdote. La mañana siguiente en un momento de lucidez contó a la Hermana haber visto a una majestuosa Señora, que acercándosele a la cama, con palabras dulces pero con autoridad, lo amonestó a que se decidiera.
     
La Hermana, dejándole acabar, le dijo: “Obedece, hermano, a la amorosa invitación que por medio de Santa Ana, Madre mía, te hace el Señor”.
    
Primeramente el soldado quedó temeroso, después hizo llamar al Capellán con el cual se confesó, y, acabando de recibir el Santo Viático, expiró bendiciendo al Señor.
   
OBSEQUIO: Elegid a Santa Ana por especial abogada, madre y maestra, para que en todas las acciones de vuestra vida os haga buscar siempre el honor y la gloria de Dios.
   
JACULATORIA: Veneradísima Santa Ana, uniformadnos a la Voluntad divina.
   
ORACIÓN
¡Oh, admirabilísima Santa Ana!, ¡con qué veneración os miran los ángeles, viéndoos constante en el trabajo, junto con su Reina, vuestra hija y discípula! ¿Qué acopio de gracias y favores descenderían sobre Vos cuando el Señor se recreaba en su amada paloma, cuando por tres años estuvo a vuestro lado? Mientras yo me alegro con Vos y cordialmente agradezco al Señor, ¡ay!, Vos, por amor a esa Hija que fue, es y será eternamente la delicia del universo, hacedme siempre santamente laborioso. Así no serán pesados para mi mismo los días ni los años, ni me parecerán interminables, y a la hora de la muerte sentiré el contento de aquel que del trabajo pasa al descanso. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 21 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 21)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA VIGESIMOPRIMERO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: María Niña, Bajo la Dirección Materna.
La diligencia empleada por María para hacerse más y más agradable al Señor, nos da a conocer cuál sería la dirección de su Madre, Santa Ana, para que creciera en Ella la sabiduría y la santidad a la par que los años.
   
María no tenía ciertamente necesidad de guía especial, nació con gracia, creció en gracia; bendita y llena de gracia su alma siempre abierta a la efusión de aquel amor que con escogida virtud y singulares dones Dios la llenaba, de aquí que se sentía inclinada a todo aquello que era de Él.
    
Las miradas de la Madre no dejaban de seguir constantemente los actos de su tierna Hija y de complacerse en ello, porque todo respiraba en Ella ritmo de gracia y de perfección.
    
Así es, ¡oh cristiano!; el que posee un tesoro, no sabe quitar su corazón de él. Después de Dios, no había en el mundo para el corazón de Ana objeto más interesante que María. Ella conocía su precio y sabía que era más veneranda que el arca, su figura; mas sin hacer ningún signo especial, la mostraba sólo el amor dignísimo de madre. María y Ana, en medio de sus ocupaciones, sólo en Dios pensaban, de Él sólo hablaban; y como para Ana, después de Dios, María era su tesoro, para María después de Dios, lo eran Ana y Joaquín. ¿Y tu tesoro, cristiano, cuál es? ¿Cómo amas a Dios, con todo  el corazón, con toda la mente, con todas tus fuerzas?; y después de Dios, ¿cómo amas e imitas a María? ¡Ah!, no te engañes. Él nos hizo para él, y no para nosotros; estamos en el mundo para servirle, amarle y bendecirle. El que busca algo fuera de Él, no sabe lo que busca. Ruega a María y a Santa Ana que te impetren el verdadero amor de Dios.
    
Así toda madre y quienquiera sea tenga la misión de educar, diligentemente vigilen a sus hijos y edúcanlos y condúzcanlos a la virtud y al estudio con el ejemplo y la palabra.
   
EJEMPLO: Gabriel Aidone, mercader de Trapani, devotísimo de Santa Ana, antes de emprender viaje por la Cerdeña, se encomendó afectuosamente a Ella para alcanzar su protección.
    
Apenas alejado de la Isla, se levantó un fuerte huracán que destrozó antenas y velamen de la nave. Indescriptible fue el espanto de los viajeros, quienes incrédulos a la devoción que Gabriel sentía por Santa Ana, no sólo rehusaron invocarla, sino que maldiciendo y blasfemando acusaban al Señor de injusto y cruel por dejarlos así perecer miserablemente.
    
Entre tanto, la tempestad creciendo siempre, sumergió la nave y con ella a todos los pasajeros, los cuales se ahogaron excepto Gabriel, que prendiéndose a unos maderos de la misma nave pudo llegar a la playa y dirigirse a dar gracias a su poderosísima Libertadora, a quien eligió por su especial Patrona.
   
OBSEQUIO: Prometamos a Santa Ana dejarnos conducir por el camino de la virtud.
   
JACULATORIA: Santa Ana, la más santa entre las madres, encaminad nuestros pasos.
   
ORACIÓN
¡Oh, espejo de las madres, gloriosa Santa Ana!, benditos los cuidados y la solicitud vuestra en educar y enseñar a aquella que debía de ser el tesoro de la celestial sabiduría y la maestra de las primeras lumbreras del mundo. ¡Oh, cuándo será que todas las madres e institutrices fijen en Vos sus miradas, para aprender, con vuestros ejemplos, la manera de ejercer dignamente su cargo! Entonces ellas, insinuando en el tierno corazón de los niños el amor de Dios, de la religión y del cumplimiento del propio deber, destruirán el espíritu de irreligión y de libertinaje que infestan la tierra y llevan a la ruina a la sociedad. Ea, amorosísima madre, movedlas a recurrir a Vos, para conseguir tanto bien; así, por vuestra mediación, veremos despuntar la aurora de orden, de santificación y de paz. Así sea. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 20 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 20)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA VIGÉSIMO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: Purificación de Santa Ana.
Santa Ana, enteramente sumisa a la ley hebraica, cumplió el rito de la purificación. Pasados los días establecidos, salió de Nazaret camino del Templo llevando consigo a su Hija. La Sagrada Escritura nada dice de esta purificación, la cual debía sin duda tener puntos de contacto con otra acaecida años después, cuando María Santísima presentó el suspirado Niño Jesús y lo puso en brazos del anciano Simeón. También Santa Ana presentó al Templo a María, púsola en manos del anciano Sacerdote, ofreció el cordero y la tórtola y suplicó al Señor aceptara la ofrenda y quedara Ella purificada. Tal profundísima humildad y perfecta obediencia debía aumentar el gozo de los angélicos ejércitos que veían en la Santa Niña a Aquella que debía ser proclamada Bienaventurada.
   
Séanos grato participar con el pensamiento y con el corazón a aquella admirable visión de cielo y hagámosnos propicias a aquellas dos Criaturas, tan agradables a Dios, con la práctica de la obediencia y de la humildad.
    
“Advierte, dice la Virgen en una visión a la Venerable María de Jesús de Ágreda, la puntualidad, tan agradable al Señor, con la cual mi madre satisfizo a la ley de la  purificación, y sé su imitadora.  Yo fui concebida sin pecado; y siendo pura por la gracia del Señor, no necesitaba ser presentada al templo, como tampoco lo necesitaba mi madre; sólo fue por mostrarse obediente, y el Señor la acrecentó en gracia y virtud. Con que así, te aviso que cuides de cumplir las leyes más pequeñas, y de no dispensarte jamás de ninguna regla de tu monasterio; porque Dios, larguísimo remunerador de la puntual fidelidad, se declara ofendido por la más insgnificante negligencia”. 
    
¡Oh!, cuán oportunos son estos ejemplos y estos avisos en nuestros tiempos, en que fácilmente se quebrantan las leyes y las observancias más santas. Confundido así, y destruído el buen orde, todo es escándalo y ruina. ¡Ah sí!, es demasiado cierto que el que desprecia las pequeñas observencias deja al fin el cumplimiento de las más importantes.
   
EJEMPLO: Una joven riquísima caída en la más triste miseria estaba tentada de suicidarse, pero oyendo un día hablar del poder de Santa Ana y de su validísimo patrocinio, fue vivamente inspirada a dirigirse a Ella y empezó al momento una novena en su honor, con la esperanza de ser atendida.

Santa Ana no tardó en consolar a aquella pobre hija, pues antes de terminar la novena, un noble y religiosísimo joven la pidió por esposa sin cuidarse de si carecía de dote. Sumamente maravillada y feliz, la pobre joven atribuyó a Santa Ana el inestimable favor recibido y para eterno reconocimiento quiso divulgar el hecho.
   
OBSEQUIO: Prometamos a Santa Ana mantener puros el entendimiento y el corazón.
   
JACULATORIA: Clementísima Santa Ana, Madre de la Purísima Madre de Dios, rogad por nosotros.
   
ORACIÓN
¡Oh, igualmente humildísima y obediente Santa Ana! ¿Cuándo aprenderé con vuestros ejemplos a domar mi orgullo, que tan fácilmente me domina impidiendo que preste la obediencia debida a Dios y a sus representantes en la tierra? Por el amor con que vos practicasteis virtud tan bella, por los ricos tesoros de gracia y de mérito que os vinieron por ella, haced, ¡oh gran Santa!, que yo siga vuestras pisadas. Así, si obedeciendo llego a cantar victoria, humillándome seré acepo al Señor, que desprecia a los soberbios y exalta a los humildes. Amén. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 19 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 19)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA DECIMONOVENO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: De la Imposición del Nombre de María.
El ángel enviado a Santa Ana le había dicho: “Nacerá de ti una hija, la cual, llamada María, será bendita entre todas las mujeres”, y ese nombre le pusieron sus padres, porque el ángel lo había revelado.

“El nombre de María emana de los  tesoros inmensos de la Divinidad”, como escribe San Pedro Damián, y Santa Ana que impuso, después de serle revelado, el nombre de María a su Hija, formó parte de aquellos tesoros. El nombre debe expresar cuanto de grande y de santo se espera de la persona que debe llevarlo, al mismo tiempo debe manifestar la misión y oficio que la persona debe cumplir.
     
Santa Ana poseía la clara visión de la santidad, de la grandeza y de la majestad a que sería elevada su Hija, e impúsole el augusto nombre de “María”.
    
Verdadera fuente de gracias y bendiciones es el nombre “María”, nombre dulcísimo, nombre potentísimo, bálsamo de salud y de paz.

Cristiano, procura ser devoto de este nombre, que es bálsamo de consolación, de salud y de paz para el que invoca con afecto y confianza. En las tentaciones, en las angustias, no dudes; llama a María, y experimentarás auxilio celestial. Ten este nombre frecuentemente en los labios, y siempre en el corazón, para tener la suerte de terminar tu vida con esa prenda segura de salvación.
    
Invoquemos frecuentemente con fe y amor este nombre tan querido y obtendremos clemencia en vida y en muerte.
   
EJEMPLO: En el año 1831 la peste se enseñoreó de Dijón haciendo cotidianos estragos.
    
Sus habitantes, atemorizados, oprimidos, extraviados, se unieron al Clero y al Obispo a fin de pedir al cielo les favoreciera. Entre las muchas promesas hicieron el voto de solemnizar cada año el día de Santa Ana de la manera más solemne si los libraba de aquel terrible azote siendo este voto acompañado de la más viva fe en obtener de la divina Misericordia, por intercesión de este gran santa, la suspirada gracia.
     
Al instante fueron atendidos; la mortalidad cesó como por encanto y la ciudad fue librada de aquel terrible mal.
    
En la catedral de Dijón una lápida conmemorativa en honor de Santa Ana demuestra a todas horas cuán solícita se muestra con los que en Ella confían.
   
OBSEQUIO: Invoquemos con frecuencia los dulces nombres de Ana y de María y las tendremos propicias en vida y en muerte.
   
JACULATORIA: Piadosísima Santa Ana, dadnos vuestro amor para con María.
   
ORACIÓN
¡Oh, bienaventurada Santa Ana!, yo me alegro con Vos. Vuestra humillaciones, penas y afanes en el largo tiempo de vuestra esterilidad fueron sobreabundantemente trocadas en gozo indecible. Enseñada por el ángel  de que seriáis la madre de María, repitiendo este dulcísimo nombre experimentábais todos los placeres celestiales. ¡Ah, mi poderosa abogada!, haced que este nombre santísimo, lleno de todas  las riquezas del tesoro eterno, sea mi luz, mi guía, mi sostén y mi refugio, en vida y en muerte. Hacedlo por aquella suavidad que siempre sentís al pronunciarlo, entre los aplausos de los ángeles, en la patria del eterno contento. Así sea. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

martes, 18 de julio de 2023

MES EN HONOR A SANTA ANA (DÍA 18)

Recopilado por el P. Dr. Vicente Alberto Rigoni, Cura Párroco de Santa Ana en Villa del Parque (Buenos Aires), el 12 de Mayo de 1944. Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
    
DÍA DECIMOCTAVO
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios os salve, ¡oh gloriosa Santa Ana, cuyo nombre significa la gracia de la que fuiste por Dios llena, gracia que distribuís a vuestros devotos. Nosotros, postrados a vuestros pies, os rogamos que aceptéis estos humildes obsequios con los cuales pretendemos honraros, como a madre de nuestra amantísima Madre y Reina y como abuela de nuestro dulcísimo Redentor Jesús. Y Vos, en señal de que os agradan nuestros homenajes, libradnos del maldito pecado alcanzándonos la gracia de modelar nuestra vida conforme a vuestros ejemplos, y obtenednos luz, fervor y constancia para que con la meditación que vamos a hacer, crezcamos en virtud y seamos más y más gratos al Señor. Amén.
     
MEDITACIÓN: Consagración de María Santísima al Señor.
El sentimiento de reconocimiento de Santa Ana hacia el Señor por haberle concedido en una avanzada edad a María Santísima fue tan profundo tan sentido que le indujo a ofrecerle, a consagrarle Aquella flor inmaculada, Aquel tesoro divino, Aquella viva prueba de predilección del Señor.
     
Justo era que recibiera el Señor aquel agradable holocausto por manos de Santa Ana, como fue acertado que Santa Ana, elegida Madre de la Madre de Dios, fuese ejemplo de generosidad a todas las madres en dar su prole al Rey de Reyes y Señor de los que gobiernan.
     
La consagración de María no fue un acto cualquiera para Santa Ana: al tiempo que sentía una especial gratitud para con el Señor, conocía cuan agradable podía ser a Dios la oferta de su inocentísima Hija.
     
La celestial María, santificada desde el primer instante de su concepción, debía aparecer una criatura santa en la ofrenda extrema de su existencia, de tal modo que íntimamente atraía y robaba el Corazón de Dios y sus místicas complacencias.
     
Ejemplo elocuentísimo que nos enseña el pronto y constante cumplimientos de los votos y de las promesas.
   
EJEMPLO: No pocos permanecen constantes en la fe por intercesión de Santa Ana.
     
En el año 1643, la ciudad de Duven fue sitiada por formidable ejército de calvinistas y los sitiados, presos de gran terror, desesperaban de su salvación.
     
Era párroco de aquella ciudad en la iglesia de Santa Ana el P. Teodoro Ray de la Compañía de Jesús, el cual les exhortó a recurrir a Santa Ana, de la cual era devotísimo e invitándoles a prometer a Dios antes de morir que renunciar a la fe. Aceptaron el santo consejo del buen padre y protestaron unánimes de permanecer en la religión católica.
     
Mientras los hombres combatían, los ancianos, las mujeres y los niños invocaban con fervorosa súplica a Santa Ana para que los defendiera y fueron favorablemente atendidos.
    
Al noveno día de sitio, noveno día de plegarias, los enemigos, cansados abandonaron la ciudad sin haber causado daño alguno; lo caul demostró a los enemigos una protección sobrenatural sobre la ciudad y a los ciudadanos de Duven la bondad de Santa Ana en su favor.
   
OBSEQUIO: Prometamos a Santa Ana trabajar para que aumente en nosotros el amor a nuestra Santa Religión y recitemos el acto de Fe.
   
JACULATORIA: Potentísima Santa Ana, haznos dignos de consagrarnos a Dios.
   
ORACIÓN
¡Oh, nobilísima Santa Ana!, ninguna matrona fue, ni será jamás, semejante a Vos, que sois la madre de la Madre de Dios. ¿Qué suerte venturosa no es tener el tesoro de Dios y de los hombres, la esperanza de los siglos, la alegría de los ángeles, el gozo de todas las criaturas, el terror del infierno? ¿Qué gloria no es ver que en vos aparece el pie triunfante que debe hollar la cabeza de la serpiente seductora? ¡Oh gloriosísima Santa! Vos sabéis bien cómo el enemigo, aunque  expelido por su descendencia, provoca  encarnizada guerra a la vuestra. ¡Oh piadosísima!, venid en nuestro socorro. Con vuestra presencia los hijos de la serpiente huirán, y los hijos de vuestra Hija, alegres y triunfantes, os bendecirán junto con Jesús y María. Así sea. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
    
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
        
ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste conceder a Santa Ana la gracia de dar al mundo a la Madre de Vuestro Unigénito Hijo, haz, por tu misericordia, que nos ayude junto a Ti la intercesión de aquélla cuya fiesta celebramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.