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miércoles, 16 de noviembre de 2022

SANTA INÉS DE ASÍS, HERMANA DE SANTA CLARA


Como quince días habían pasado después que Santa Clara hizo su fuga, cuando la candidísima virgen Inés sacó licencia de su madre Ortolana para visitar a su hermana, tomando por pretexto el persuadirla a que dejase su vocación, como lo había hecho otras veces. Tenían entendido los padres ser este medio el más eficaz para lograr sus intentos, porque sabían la ternura con que se amaban las dos hermanas; y pusieron, desesperados de otros medios, en este solo toda su esperanza: como si tuviera menos eficacia el amor de Clara para arrastrar a sí a Inés, que el amor de Inés para vencer y traer a su parecer a Clara. Así se alucinan los juicios humanos para que tengan su efecto los divinos, y para que viendo el hombre burlados sus ardides, admire y venere la incontrastable fuerza de la voluntad divina, pues con los medios que imaginó contrarios la ceguedad de su pasión, facilita Dios los fines que intentó con altísima providencia. Llegó pues la santa virgen Inés a visitar a su hermana, y la dijo: No vengo, no, querida hermana mía, a mortificarte con la impertinente porfía que otras veces he venido; antes me hallo tan trocada y pesarosa de haber tenido parte en esta injusta pretensión, que no solo desisto de ella, sino que vengo, con resolución de seguir tus pasos, a hacerte compañía en tus propósitos, y abrazar tu vocación, en satisfacción, aunque leve, de mi pasado engaño.
 
Oyó la gloriosa Santa con gozo y admiración la mudanza del Altísimo; dióle con elevado espíritu gracias porque con tanta suavidad y eficacia obra su querer en el corazón de las criaturas. Abrazáronse las hermanas no sin lágrimas de alegría, dándose recíprocos parabienes de verse destinadas para esposas de Cristo. Pusiéronse a examinar los inconvenientes y peligros que habían de resultar en la casa de sus padres de una novedad tan inopinada. La llaga primera tenía muy lastimados sus corazones, y aún estaba vertiendo sangre: con que el dolor de la segunda había de ser muy excesivo, y obligarlos a resoluciones violentas y acaso escandalosas. La funesta representación de estos males no solo no acobardó el corazón de esta delicada virgen, sino que la inquietaba hasta apetecer el conflicto, para hacer en él alarde de los generosos alientos con que la gracia habia fortalecido su espíritu. Hablábase de los riesgos y trabajos para prevenirlos y despreciarlos, y no para temerlos. Viendo Clara la constancia de su hermana, enterada de la bondad de su vocacion, la aseguró de que en la amenazante batalla habia de correr por cuenta de Dios toda la victoria.
 
Cuál fuese la turbación y el enojo de su padre luego que tuvo la noticia, se deja ver mejor por la precipitada violencia con que ge portó en este lance, que por otra cualquiera ponderación. Convocó los parientes, y dando por perdido su honor en la fuga de su segunda hija, les dijo que habia de volver a su casa aunque fuese muerta, y que desde luego sacrificaba a su enojo la vida de quien desatenta le quitaba la honra; que todos estaban interesados en su agravio, y como tales discurriesen medios, aunque fuesen los mas violentos, para quedar bien y a satisfacción de su sangre. En una junta donde presidia la ira, forzosamente habían de ser los consejos desatinados. Determinaron pues que doce hombres armados, y resueltos a todo trance, si no podían sacarla por bien del convento usasen de la fuerza, perdiendo el respeto al sagrado de la clausura. Salieron de su casa con esta ciega resolución, y hablaron a la santa virgen Inés sin hacer caso de Clara (dejándola, como decimos vulgarmente, por cosa perdida); procuraron persuadirla con blandura a que se volviese a su casa, previniendo que de no hacerlo así se valdrían de la fuerza, aunque fuese con peligro de su vida. Respondió la santa doncella, que su vida y todo lo que aprecia el mundo estimaba infinitamente menos que su vocación; que se había entregado a Dios por esposa suya, y al abrigo de su poder infinito despreciaba todas sus amenazas. Irritados y corridos con esta respuesta avanzaron a las puertas y quebrantaron la clausura; asiéronla con furioso coraje, dándola muchos golpes y bofetadas, arrastrándola de los cabellos, y llenándola de oprobios y baldones. A tanta tempestad de males resistía la bendita niña con invencible mansedumbre y paciencia: todo su dolor era ver que le faltaban los alientos para resistir á la fuerza de tantos hombres; y entonces, volviendo el rostro a Santa Clara, dijo: Ayúdame, hermana mía; mira que me sacan de la casa de Dios. La gloriosa Clara, levantando entonces los ojos al Cielo, oró con tal eficacia, que desde este punto quedó su hermana Inés inmoble como si fuera una roca.
  
Cuando pensaban los agresores que la tenían vencida se hallaron con las manos vacías, probando a moverla inútilmente. Porfiaron largo rato con mucho tesón y sin algún efecto. No se daban por vencidos de esta maravilla, atribuyendo a su propio cansancio la inmovilidad: tanto sabe engañar una obstinación, que les pareció que el peso natural del cuerpo de una niña de catorce años podía apurar la pujanza de doce hombres empeñados en su temeridad. Llamaron gente que los ayudase; y reconociendo invencible la dificultad, no sin gracejo decían a los parientes: Señores, esta niña debe haber comido toda su vida plomo para hacerse pesada. Monaldo, un tio suyo, irritado de ver frustrados sus intentos levantó el brazo para darla un fiero golpe; pero le costó muy caro el amago porque se baldó de repente, con tan vehemente dolor que le sacaba de juicio, y le duró muchos años para memoria de su atrevimiento.
 
Santa Clara entonces, viéndolos apurados de fuerzas y de paciencia, con santo enojo les dijo: ¿Hasta dónde ha de llegar vuestra ciega obstinación? Veis empeñado todo el poder de Dios en defender a su esposa, ¿y porfiáis en robársela? Temed que quien a esta criatura la hizo inmoble para burlar vuestras fuerzas, suelte la detenida presa de sus ¡ras para vengar sus propios agravios. La severidad de estas voces les abrió los ojos a la luz de la verdad: quedaron confusos, y corridos se volvieron a sus casas sin la presa, pero mejorados en provechoso desengaño. Llegóse Clara a su hermana Inés, a quien los golpes de tan furiosa tormenta tenían casi sin aliento; recojióla en sus amorosos brazos, y dióla muchos parabienes de que hubiese dado principio al sacrificio de sí misma con tan gloriosos rudimentos de perfección. En la Santa paciente, la exorbitancia del gozo de haber padecido por el amor de su divino Esposo tenia en poco su dolor, haciendo mucha estimación de sus injurias. Las señales que la dejaron los golpes las estimaba como rúbricas de su fineza, y como prendas preciosas que la hiciesen bien vista a los ojos de su Amado. Era en esta ocasion para Dios un gustoso espectáculo ver en Inés la alegría de lo padecido, y en Clara la emulación. Llamaron cuanto antes al glorioso San Francisco para que instruyese en la vida apostólica a su nueva discípula, como lo hizo, vistiéndola el saco de penitencia, cortándola los cabellos, y sacrificándola a Dios en las aras de María Santísima. Salió de estos lances el Santo muy ganancioso con mucho ejercicio de su paciencia, por los innumerables oprobios que le dirigieron los deudos de las dos santas hermanas.
 
Gozosa Santa Clara con el sacrificio de su hermana Inés, empezó a respirar con algún desahogo. Serena ya la tempestad, y amansadas las olas que embraveció la vanidad de la carne y sangre, principiaron las santas hermanas a gozar de tranquilidad de espíritu. Las pasadas calamidades no daban materia para quejas, porque las miraban como pruebas de su constancia. Bien halladas con las penalidades de la cruz, con el gusto de lo ya padecido, se avivaban en ansias de padecer mas; dieron gracias al Señor de haberlas librado de los peligros; revalidaron la entrega de su virginal pureza; y como vencedoras después de la batalla, alegres con los despojos del desprecio propio, atribuían a la protección del Altísimo la gloría de sus triunfos.
  
Alentaba el seráfico maestro sus nobles afectos con santas instrucciones: y gozoso de ver en dos almas tan puras desengaños tan eficaces como inocentes, ponía todo su cuidado en fomentar estas luces con el aceite de la caridad, sabiendo por inspiración divina que su llama llegaría a ser incendio de muchos corazones, holocaustos de la pureza. Pocos días las tuvo en aquel convento donde hallaron asilo, o por evitar a las Religiosas la molestia que por ocasión de las huéspedas les daban los seglares, o ya porque tenía orden divina para que en la ermita de San Damián se diese principio a la fábrica maravillosa de la esclarecida Religión de las Clarisas, cuyo fundamento serían estas dos preciosas y firmísimas piedras. Esta ermita fue la que reparó el Santo a costa de sudores y trabajos; en ella cogió las primicias de su vocacion apostólica; aqui oyó sensiblemente la voz de Cristo que le destinó para reparador de su Iglesia, y tuvo revelación de que este templo sería el dichoso nido en que Santa Clara, paloma candidísima, con la milagrosa fecundidad de su espíritu, colmaría de frutos de pureza y santidad al mundo, con gozo y admiración de todas sus regiones. Aquí fue donde las dos santas hermanas, quebrantando a golpes de mortificación y penitencia el alabastro de sus cuerpos, derramaron los aromas de sus virtudes, de cuya suavidad y fragancia atraídas muchas doncellas, corrieron, atropellando las vanidades del siglo, al sagrado de sus claustros. De este primer convento, por la advocación titular de la ermita, se llamaron las monjas de Santa Clara las Damianitas.
 
La vida que empezaron a hacer en este retiro era más angélica que humana. San Francisco, como tan diestro padre de espíritu, valiéndose del don de discreción que tenía, conoció por él los muchos fondos que atesoraban estos diamantes, y los labraba con atento cuidado para que descubriesen sus luces, y se puliesen joyas que habian de ser a los ojos de Dios tan preciosas y tan de su gusto. Ellas, que del diamante tenían la preciosidad y no la dureza, rendidas a la voz de su magisterio concertaban la exterioridad de sus obras con el interior impulso de su espíritu, obrando en esto la discreción y la prudencia, que hacía sus virtudes mas seguras, y a la común edificación más provechosas. Voló en breve tiempo la fama de este suceso; y no solo no resultó de esta novedad escándalo, como temieron neciamente los parientes, sino un poderoso y eficaz ejemplo, cuyas luces deslumhraron las sombras de la malicia, y alumbraron a muchas almas de ambos sexos para que viesen la hermosura del desengaño. En las mujeres singularmente fue más copioso el fruto de esta conversión: porque al ver en unas niñas nobles, ricas y lisonjeadas de las delicias del mundo el constante desprecio de sus vanidades, y la valiente resolución de abrazar la pesada cruz de la mortificación, fue maravillosa la mudanza que hicieron muchas en sus costumbres. Estos gloriosos preludios de santidad que se vieron en nuestra santa virgen Inés, fundaron esperanzas de mayores progresos, y a todas les dio el lleno con su heroico proceder y ejemplarísima conversación, dedicada en todo al obsequio de su enamorado y divino Esposo. Con decir que fue en virtudes y maravillas muy parecida a su seráfica hermana Santa Clara, queda con verdad bien ponderada su celestial perfección; con la particularidad de ser sus costumbres candidísimas, afianzadas en humildad profunda; celadora acérrima de la santa pobreza; azucena fragante de pureza virginal; en extremo penitente; con el rigor de austeridades y mortificaciones, sujetó las rebeldías de la carne a las leyes del espíritu. Todo el tiempo de su vida, desde la edad más tierna, atormentó su cuerpo con ásperos cilicios. Su comida usual y cuotidiana era pan y agua en cantidad muy escasa; y si dispensaba este rigor, eran sus viandas legumbres desabridas.
   
Siendo para sí tan austera, era para las demás muy benigna; porque de su caridad ardiente nacía una compasión extremada, con que hacía propias las penalidades ajenas. En la oración era muy continua,
y en ella tan fervorosa, que arrebatada de los impulsos de su espíritu perdía tierra muchas veces el cuerpo, y enajenada de los sentidos se gozaba en raptos maravillosos con su divino Esposo.
  
Eran estos tan continuos y a veces tan largos, que duró alguno de ellos tres días enteros. Como tan imitadora de las virtudes de Santa Clara, fue también muy parecida en los favores. Desde el mediodía de un Jueves Santo hasta la mañana de Resurrección estuvo en éxtasis inmoble y casi sin señales de vida, absorta en la profunda consideración de la Pasión de su amado Jesús; y cuando volvió del rapto, le parecía haber estado en él brevísimo tiempo. En noches del nacimiento de Cristo recibió singularísimas mercedes. Franqueóla el Señor las circunstancias de aquel dulcísimo misterio, viendo con los ojos corporales en el portal y en el desabrigo de las pajas al Niño Dios asistido de su purísima Madre, en que se enajenaba su tierno corazón. Estando una noche recogida en la oración en un ángulo del coro, la vio la Virgen Santa Clara elevada de la tierra, y que puesta en el aire la ofrecían los ángeles tres coronas de vistoso resplandor, una después de otra. Aguardó la Santa a que volviese del rapto, y preguntóla cuál había sido en este tiempo el empleo de su oración, y qué efectos había sentido en ella. La humilde virgen se excusaba con prudencia, sabiendo cuán importante es el secreto de los favores que comunica el Señor a las almas santas, y que son tesoro que debe guardar la humildad con la llave del silencio.
 
Mandóla la Santa, por obediencia, que descubriese su pecho; y ella, asegurándose de humilde con ser obediente, dijo: Tres puntos fueron, madre mía, los que me llevaron las atenciones en mi oración. El primero la inmensa bondad de Dios, y la generosa misericordia con que su Majestad, tantas veces ofendida de la ingratitud, dureza y obstinación de los pecadores, los tolera y sufre sin soltar el corriente de sus iras en venganza de sus agravios. El segundo, el inefable amor que tiene á los hombres, aun tan ingratos y desatentos, por cuyo remedio y salvación quiso que su Hijo Unigénito, vestido de carne mortal, padeciese acerbísimos dolores hasta morir en las ignominias de una cruz. El tercero fue los tormentos atrocísimos que padecen en el Purgatorio las almas santas, sin que puedan por sí negociar alivio a su dolor, sujetas en todo a los justos rigores de la divina justicia, y sin más apelación que a la piedad de los vivientes, que tan olvidados viven del rigor de sus penas. A estos tres afectos quiso la bondad infinita de nuestro Dios que correspondiesen tres coronas, para confundir mi cortedad con la grandeza de sus misericordias.
 
El altísimo concepto que los gloriosos San Francisco y Santa Clara tuvieron de las virtudes y celo de la mas rígida observancia de la evangélica pobreza de esta admirable virgen, les obligó a que se privasen de su amable presencia y compañía, sacándola de Asís a Florencia, para que fundase convento en aquella ilustrísima ciudad. Fue esta una de las mas célebres fundaciones de este tiempo: trabajó mucho en ella Santa Inés, pero logró felizmente su trabajo, y lo desempeñó según el buen concepto que se tenía de sus virtudes y prudencia. Llamóse este convento de Monte-Coeli, y florecieron en él al principio muy ilustres monjas en sangre, virtudes y santidad. Entre otras dio el hábito a la Venerable Clara de Ubaldino, de la primera nobleza de Florencia, viuda joven de un caballero ilustrísimo llamado Galuria, y deuda muy cercana del Cardenal Octaviano de Ubaldinis, varón de suma autoridad con los Pontífices de su tiempo. Siguieron a esta señora dos hermanas doncellas, hermanas del Cardenal, llamadas Juana y Lucía, las cuales movieron con su ejemplo a otras muchas vírgenes nobles, que se consagraron a Dios con desprecio del mundo y edificación de la ciudad. No solo ennoblecieron el convento con la pureza de su sangre, sino con la excelencia de sus virtudes; pero fue en estas muy ventajosa Clara Ubaldino.
 
Aunque todas las diligencias que la santa fundadora puso en el ajuste de su nuevo convento le salieron tan bien logradas, que pudieran servirla de mucho desahogo y consuelo de su espíritu, todavía tuvo mucho que sacrificar a Dios en el sentimiento que tenía de la ausencia de su santa hermana Clara. Escribióla una carta, y en ella a toda la Comunidad de San Damián, significando su dolor y pena con gran discreción y ternura. Y para que se admire su celestial estilo y espíritu estático, me ha parecido ponerla a la letra, según la describe el célebre antiguo cronista Fr. Marcos de Lisboa en el tom. 1, lib. 8, cap. 17, y es del tenor siguiente.

viernes, 12 de agosto de 2022

PREFACIO DE SANTA CLARA DE ASÍS


El Misal Romano-Seráfico contiene una Misa propia en honor a Santa Clara, madre fundadora de la 2.ª Orden, la cual ofrece además un Prefacio particular en el que se rememora cómo ella fue guiada por San Francisco de Asís a la vida monástica, ascendiendo en la perfección espiritual hasta el desposorio místico con Jesús y llegar a ser madre y modelo para las monjas clarisas.

PRÆFÁTIO DE SANCTA CLARA VÍRGINE ASSISIÉNSI: Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus: Qui fámulam tuam Claram, per beátum Francíscum, stúdio vitæ sublimióris incénsam, ad sanctæ Maríæ Vírginis aram Fílio tuo mýstice desponsásti; eámque, ad seráphicæ perfectiónis culmen evéctam, matrem plurimárum vírginum delegísti. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia cœléstis exércitus, hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes. [Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios, que por medio del bienaventurado San Francisco, encendiste en tu sierva Santa Clara el amor de una vida más sublime para desposarla místicamente con tu Hijo en el altar de Santa María Virgen; y elevada al culmen de la perfección seráfica, la elegiste como madre de muchas vírgenes. Por eso, unidos a los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, junto con toda la celestial milicia, cantamos un himno a tu Gloria diciendo sin cesar].

jueves, 12 de noviembre de 2020

DÍA DOCE EN HONOR A SANTA CLARA

Devoción dispuesta por el Doctor Don José María Zelaa e Hidalgo, presbítero secular del Arzobispado de México, a solicitud de una religiosa del convento de Santa Clara de Jesús de Querétaro; reimpreso en Barcelona por la Viuda e Hijos de don Antonio Brusi en 1838. El Ilmo. y Rmo. Sr. D. Fray Damián Martínez de Galinzoga OFM, dignísimo Obispo de Tarazona, por su Decreto de catorce de octubre de 1797, concedió por propia facultad, y por la que tiene de los Ilmos. Sres. Obispos de Puebla y de Oaxaca, ciento veinte días de Indulgencias por cada vez que se rece con la debida devoción este ejercicio, pidiendo en la forma acostumbrada por la paz y concordia, y demás necesidades de nuestra Madre la Iglesia.
  
DÍA DOCE DE CADA MES, CONSAGRADO A LA GLORIOSA VIRGEN SANTA CLARA DE ASÍS
 
    
Puesto de rodillas delante de alguna Imagen de Santa Clara, se hace la señal de la cruz, y se comienza con el siguiente Acto de Contrición:
  
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Clementísimo Dios y Señor mío Jesucristo, amorosísimo Redentor de mi alma, yo me postro ante vuestra infinita Majestad y grandeza, como la más vil de todas las criaturas; yo me humillo ante vuestra divina presencia confundido de ver que en vez de emplearme desde la hora en que comencé a conoceros, en vuestro divino servicio, he gastado toda mi vida en vuestras ofensas. A mí me pesa, Dios mío, de haber pecado, me duelo de todo corazón de no haberos amado como Vos lo merecéis, siento en lo más intimo de mi alma el haberos ofendido. ¡Oh Señor! Yo os suplico por vuestras entrañas llenas de misericordia, y por los méritos de vuestra fiel Esposa y mi abogada la gloriosa Santa Clara, que no os acordéis de los yerros e ignorancias de mis pasados años (Delícta juventútis meæ, a ignorántias meas ne memineris, Psal. 24, 7), y me concedáis la gracia de poder llorar mis culpas, de no volver a cometerlas jamás, y de amaros toda mi vida, hasta la muerte, y por toda una eternidad. Amén.
   
ORACIÓN
Oh gloriosísima Virgen y bienaventurada Santa Clara, abismo de gracias, compendio de prodigios y Esposa singular de Cristo Sacramentado; yo os pido y suplico, que pues merecisteis tantos favores en este mundo de vuestro Esposo JESUS, interpongáis por mí vuestros ruegos, a fin de que su divina Majestad me conceda los bienes que humildemente imploro en este día: haced que sean oídas mis súplicas y peticiones, y que tengan buen éxito mis ruegos: alcanzadme de Dios todos los bienes de alma y cuerpo, y que sea libre por vuestra intercesión, principalmente en este mes, del peso de mis culpas, y de las asechanzas del demonio, para que fortalecido y puro en el espíritu, siga lo restante de mi vida, de modo, que merezca gozar de vuestra amable compañía en las delicias de la gloria. Amén.
   
Ahora se rezan con la mayor devoción posible tres Padre nuestros y Ave Marías con Gloria Patri, a la gloriosa Santa Clara, y luego esta oración:
Oh flor de las Vírgenes, dulcísima Santa y gloriosa Madre mía Santa Clara, Esposa de Jesucristo, yo os ruego humildemente que recibáis benigna, como obsequio de mi devoción, estos Padre nuestros y Ave Marías, y me alcancéis de vuestro amado Esposo verdadera contrición, entera confesión de mis pecados, y penitencia final en la última hora de mi vida. ¡Oh dulce y purísima Virgen, Esposa escogida, fervorosa amante de Dios!, a vuestro patrocinio me acojo, para que me ayudéis en todas mis necesidades y angustias: válgame vuestro amparo contra todos mis enemigos, y vuestro socorro en la aflicción, vuestro refugio en la tribulación, y vuestra ayuda en todos mis conflictos. ¡Oh patrona, Madre y ahogada mía! Sed para mí muy particular Intercesora en el tribunal de Dios, para que su divina Majestad no me condene según merecen mis pecados; sino que mediante vuestra sagrada intercesión, consiga su gracia, y su amistad. Interponed vuestros ruegos, para que se duela de mí, para que tenga misericordia de los miserables que están en pecado mortal, y para que libre de sus penas a las Almas que padecen en el Purgatorio, para que todos en tu compañía cantemos las misericordias de Dios vivo en la celestial Jerusalén. Amén.
   
Ahora se reza una Salve, con la siguiente:
   
DEPRECACIÓN
   
Oh Clara bendita,
Bellísima Rosa,
Cándida Azucena,
Fragrante, y hermosa,
Que en tu bello oriente
Cual fiel mariposa,
Al divino amante
Buscaste oficiosa:
Haz que yo te busque
Hoy, y no haga cosa
Con que no le agrade
Como tú su esposa.

℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Clara.
℟. Para que nos hagamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN
Rogámoste, Señor, que a nosotros tus siervos, que hacemos memoria del natalicio de su bienaventurada Virgen Santa Clara, nos hagas por su intercesión participantes de los gozos eternos, coherederos de tu Unigénito Hijo, que contigo vive y reina los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 7 de noviembre de 2020

NOVENA EN HONOR A SANTA INÉS DE ASÍS

Novena dispuesta por el Padre José de la Purificación Sch. P., impresa por Eusebio Aguado en Madrid, año 1853.
   
DIRECCIÓN PARA HACERLA CON FRUTO.
Aunque los verdaderos devotos de esta estática virgen no necesitan esperar el día de su fiesta ni otro tiempo determinado para esplicar su fervoroso y cordial afecto, será acertado principiarla en preparación a su fiesta el día 16 de noviembre. Y para que reciba con mayor agrado los corazones que se consagran a su culto, se podrán manifestar con algunos de los obsequios y santas obras siguientes.
  1. Luego que se levante, ofrecer a nuestro Señor todas las obras de aquel día, como lo practicaba la Santa.
  2. Oír Misa y visitar los altares, ofreciendo la satisfacción por las ánimas del Purgatorio, de quienes la Santa fue devotísima: y Dios, por mano de sus ángeles, se lo premió en esta vida con una celestial resplandeciente corona.
  3. Leer y meditar algunas de sus heroicas virtudes, como su amor a Dios y a los prójimos, su profundísima humildad, la paciencia en los trabajos, la mortificación de las pasiones, y evitar aun las culpas más leves.
  4. Confesar y comulgar en uno de los nueve días, disponiéndose para que esta seráfica virgen les alcance de su divino Esposo la gracia o consuelo que solicitaren.
  5. Si la persona que hiciere esta Novena fuere Religiosa, especialmente hijo o hija de Santa Clara, andará en estos dias con mas exacto fervor en el cumplimiento de sus reglas, observancias de su estado; más retiro, silencio y recogimiento interior; nuevo fervor en la oracion, en el coro y en la presencia de Dios nuestro Señor; mayor espíritu en los ejercicios de humillación y penitencia; procurando imitar a esta candidísima virgen y a su seráfica hermana Santa Clara en todas las virtudes más propias de su estado, como son pobreza, castidad, obediencia, paciencia, amor a Dios, y resignación en su santísima voluntad; aspirando, con los auxilios de la divina gracia, a ser viva copia del perfectísimo original de esta santa virgen Inés, cordera dulcemente querida del Pastor soberano, y esposa tiernamente amada del Cordero divino.
  
NOVENA A LA BIENAVENTURADA VIRGEN SANTA INÉS DE ASÍS
  
   
Estando de rodillas delante de algún altar o imagen de la santa virgen, levantará el corazón a Dios nuestro Señor, a María Santísima y a toda la corte celestial, fijando la consideración en Santa Inés, a quien dirige la Novena; y hecha la señal de la Cruz y Acto de contrición, dará principio con la siguiente oración:
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
Gloriosísima virgen y amorosa madre Santa Inés, modelo y espejo clarísimo de las almas que se consagran en las deíficas aras del amor hermoso; confiado en vuestro candidísimo maternal agrado imploro vuestra benignísima caridad, suplicándoos me alcancéis de vuestro inmaculado dueño y omnipotente Esposo, que en el inculto campo de mi corazón plante sin raíces de lo terreno el celestial ramillete de vuestras angélicas y admirables perfecciones, para que respirando con las fructuosas fragancias de una vida verdaderamente cristiana y una muerte dichosa con vuestra presencia, le sirva y goce en el eterno inmarcesible jardín del Paraiso. Espero de vuestra generosa piedad esta gracia, y lo que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y bien de mi alma. Amén.
 
Aquí se hará la petición, alentando la confianza de conseguir lo que el devoto solicita y desea por la intercesión de Santa tan prodigiosa.
  
DÍA PRIMERO – 7 DE NOVIEMBRE
Omnipotente y soberano Señor de cielo y tierra, que en la flaqueza del sexo de vuestra esposa Inés criasteis una flor siempre viva, en que se animó el mas heroico grado de la constancia, resistiendo a las amenazas, a los golpes y a los desprecios que le hizo el mundo para apartarla de vuestro lado y morada de vuestras esposas, hasta ostentarla inmoble a la fuerza e insensible al dolor; disponed en nosotros un corazón inalterable a las continuas invasiones de nuestros enemigos, y una esperanza siempre viva de vuestros soberanos socorros, con que superando las diabólicas astucias lleguemos a gozar de las eternas delicias. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, que entraste a ser por modo extraño
cordera del seráfico rebaño,
No negueis a mi súplica el oído,
pues sois cordera del mayor valido.
En vos vive constante mi esperanza,
pues con vuestro favor el bien se alcanza.
Sed amante y benigna protectora
del que en vos sus consuelos atesora.
  
GOZOS
  
Pues del divino Pastor
Sois la cordera amorosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
Asís, en su fértil suelo
De Italia jardín fecundo,
Fue vuestro oriente en el mundo,
Naciendo animado Cielo.
Si anticipó el resplandor
En vuestra alma gracia hermosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
    
Seráfica llama pura
De Clara en el pecho ardía,
Viendo en vuestra compañía
Aumentarla en la clausura.
Pues a impulso superior
Logró esta suerte dichosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
     
Llegáis veloz al convento,
Donde esta sacra amazona
Supo labrar la corona
Al tesón del vencimiento.
Pues fue pretesto al amor
La visita misteriosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
   
Un rayo de luz divina
Vuestro corazón inflama,
Y luego prendió su llama
En la voluntad más fina.
Pues fue tan vivo el ardor.
Que os hizo de Cristo esposa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
    
La paternal repugnancia
Soltó el freno a la impaciencia,
Y con su tenaz violencia
Quiso rendir la constancia;
Mas triunfó vuestro valor
Con la gracia poderosa.
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
   
El vil asalto emprendieron
Doce hombres de furia armados,
Y quedándose burlados
De la empresa desistieron.
Pues os hizo el Creador
Inmoble roca animosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
 
Serena ya la tormenta
De la lid embravecida,
Fue celestial vuestra vida
Con las virtudes que aumenta.
Si el sacrificio al Señor
Fue grato en unión gloriosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
   
Vuestra Cándida inocencia
Tanto se mortificaba,
Que en su ejercicio no hallaba
Descanso la penitencia.
Pues fue continuo el rigor
De vida tan prodigiosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
    
Del convento que fundasteis
Sois ejemplar piedra viva,
Donde la virtud estriba
Desde que lo edificasteis.
Pues conserva en su vigor
La observancia religiosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
   
El jardinero sagrado
Os hizo místico huerto
Para las gracias abierto,
Para las culpas cerrado.
Pues fuisteis Cándida flor
De su delicia amorosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
    
En dulce rapto constante
Vuestra alma con Dios se unía,
Y la gloria que escondía
Manifestaba el semblante.
Pues de su llama al candor
Érais fina mariposa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
 
De serafines amantes
Fuisteis, Inés, visitada,
Y en la oración coronada
Con tres diademas brillantes.
Pues las dio nuevo esplendor
Vuestra alma, en Dios fervorosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
    
Prodigios innumerables
Obráis, llevándoos la palma
En curar males del alma
Y los del cuerpo insanables.
Y pues el supremo Autor
Os hizo tan milagrosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
    
Vuestros cultos, igualados
Con Clara, publica el Cielo,
Cuando los venera el suelo
En la virtud hermanados.
Y pues en lazo de amor
Sois clara, Inés asombrosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
     
℣. Ruega por nosotros, Santa Inés de Asís.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
 
ORACIÓN
Escúchanos, oh Dios Salvador nuestro, para que así como nos regocijamos con la festividad de tu virgen Santa Inés, escuchemos también el afecto de su piadosa devoción. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO – 8 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Humildísimo y clementísimo Jesús mío, enamorado dueño de las almas, que en el espíritu de vuestra electa esposa Inés creásteis el mas sublime grado de humildad, formando en ella una suavísima viola, en que se unieron todos los vivos colores de la modestia, por lo que se tenía por la mayor pecadora, y se colocaba bajo los pies de toda criatura; humillad, Señor, nuestra soberbia altivez, y abatidnos hasta la más profunda humildad, para que haciéndonos modestos el claro conocimiento de nuestras culpas, nos veamos exaltados, como vuestra humilde sierva, en los escelsos tronos de vuestra gloria, como lo esperamos del soberano auxilio de vuestra gracia. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, imán que en dulces atracciones
os lleváis los mas puros corazones,
Nevada perla sois, que empleó su precio
en la compra del propio menosprecio,
Escala fija de eminente grado,
por donde sube al cielo el humillado.
Sella en mi corazón virtud tan alta,
pues al que más se abate más lo exalta.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA TERCERO – 9 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Piadosísimo y amantísimo Salvador del mundo, que animasteis en vuestra querida esposa Inés una fragantísima rosa, en que viviese la mas encendida caridad, rodeándola con las agudas espinas de una extraña mortificación, para cuyo ejercicio perenne llevó toda su vida ceñido un horroroso cilicio de penetrantes puntas, que hiriendo su virginal y delicado cuerpo quedaban copiosamente sangrientas; concedednos, Señor, por la que vertió esta candidísima virgen, el espíritu fervoroso de la mortificación de nuestros sentidos, para que con la unión de los méritos infinitos de vuestra Sangre purísima, podamos merecer las suaves delicias de vuestra gloria. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, rosa vital de aroma puro,
no marchita del aire al silbo impuro.
Nido sois del amor, que el vuelo toma
del mismo nido de quien sois paloma,
Encendido crisol en fragua ardiente,
no apagado del mundo á la corriente,
Serafín del amor el mas fogoso,
que arde en la dulce hoguera de su Esposo.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
     
DÍA CUARTO – 10 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Infinito Hacedor de cuanto tiene ser, que queriendo hacer ostentación del poder de vuestra gracia elevasteis en vuestra amante esposa Inés un clavel hermoso, en cuyas varias hojas sobresaliesen todas las perfecciones juntas, practicando ésta todas las virtudes con tanta valentía, que causaba espanto a su seráfica hermana Santa Clara, y a cuantas se ilustraron en su celestial compañía; infundidnos, Señor, el alto espíritu de la perfección que nos remonte a lo más heroico de la virtud, para que vestidos con la gala más preciosa de vuestra gracia, podamos sentarnos dignamente con vuestra esposa amantísima a la mesa inmortal de vuestra gloria. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, que a ejemplo de tu hermana Clara
la virtud hermanaste mas preclara,
Niña eres de los ojos de Dios vivo,
que nos mira por vos tan compasivo,
Esposa del Cordero immaculado,
que aun antes de la luz fue ya engendrado.
Sacro clavel, que en vivo sentimiento
cifra en la penitencia lo sangriento.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA QUINTO – 11 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
  
Dulcísimo Jesús y poderoso dueño de nuestras almas, que infundisteis en la de vuestra enamorada sierva Inés el ardiente deseo de que se salvasen todas, haciendo en ella un racional jacinto que estuviese continuamente rompiendo los cielos en amorosos ayes que pidiesen misericordia por los pecadores, dirigiéndolos también con fervoroso afecto en fresco auxilio de las que padecen en el fuego del Purgatorio, por las que ejecutaba perennemente la penitencia, la oración y el ayuno; inspiradnos, Señor, ansias vehementes de convertir a todo el mundo a vuestra fe, y de asistir a aquellas benditas almas para que vuelen a la gloria, con la seráfica intención que Santa Inés os pedía esta gracia. Amén.
    
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, iris que templa la tormenta,
que el alma en nieblas de la culpa aumenta,
Norte sois que seguro al Cielo guía,
a quien del mar del mundo se desvía.
Estrella fija de propicias luces,
que benigna a la gloria nos conduces.
Sol que con clara luz de virtud rara,
en éxtasis de amor vio la luz clara.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
    
DÍA SEXTO – 12 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
  
Altísimo Señor del universo, que os dignasteis levantar en vuestra amorosa sierva Inés, de lo más bajo de la tierra a la mayor altura del Cielo, un girasol fidelísimo que estuviese siguiendo vuestros pasos en exhalado movimiento, para cuyo elevado ejercicio con la abnegación propia despreció al mundo, y en cuyo testimonio se admiraba en continuos éxtasis, levantado por los aires su inocentísimo cuerpo; concedednos, Señor, el ejemplar desasimiento de los caducos transitorios bienes de la tierra, y la heroica imitación de vuestra perfectísima vida, para que siguiéndoos como a sol de justicia y misericordia, seamos dignos en compañía de vuestra amante Inés de elevarnos a la altura de la eterna felicidad. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, que casta, pobre y obediente
fuiste en grado perfecto y eminente.
Nada en la tierra apeteció tu anhelo,
sino dejar el mundo por el Cielo,
Envía un rayo de tu luz hermosa,
que ahuyente al alma la tiniebla umbrosa.
Socorre a quien se acoje, en ti confiado,
al templo vivo de tu amor sagrado.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO – 13 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
  
Purísimo Esposo de las almas, que en vuestra candidísima Inés formasteis una animada azucena, cuya fragante hermosura sirviese de delicioso recreo, y dispusisteis que un ángel vuestro la coronase con tres brillantes diademas en premio de sus virtudes castísimas, conforme a los tres clavos dorados con que se corona esta flor, y la esmaltase con una fe viva, esperanza firme y caridad ferviente; infundid, Señor, una admirable y virginal pureza de estas virtudes en nuestros ánimos, que conserve limpios y castos nuestros cuerpos, para que como esta vuestra esposa podamos alcanzar el premio de los inmortales gozos. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, que en la virtud fuiste ilustrada,
y de angélicos nuncios laureada.
Nueva azucena de albor tan precioso,
para suave delicia del Esposo.
Ejemplo virginal de la clausura,
y ángel de guarda en la observancia pura,
Sagrario humano de Jesús divino,
electo para trono a su amor fino.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA OCTAVO – 14 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Pacientísimo Redentor del mundo, que en la inocente cordera de vuestra dilecta esposa Inés os dignásteis renovar y avivar los amargos sentimientos de vuestra acerbísima muerte y pasión, haciéndola pasionaria humana que la mostrase continuamente en las fijas especies de su memoria, por la que se deshacía en profundo dolor y abundantes lágrimas, exhortando a todos a su compasión y ternura; dadnos, consolador único de nuestras almas, estos debidos afectos, para que en inflamada imitación de vuestra enamorada sierva Inés lloremos con amarga contrición las culpas que ocasionaron vuestras penas, con el claro conocimiento de esperar y lograr así por vuestra divina gracia la dulce posesión de vuestra gloria. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, incendio de celeste llama,
lo tibio de mi pecho amante inflama.
Nube eres que en rocío continuado
se liquidó en las penas de su Amado.
Erario de aquel mérito divino,
que nos da el que es verdad, vida y camino,
Socórrannos las finas dignaciones
con la alta plenitud de vuestros dones.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA NOVENO – 15 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
  
Incomprensible Majestad de bondad infinita y Autor soberano de la gracia, que en la boca de vuestra pacientísima cordera Inés quisisteis cifrar cuantos consuelos ha repartido entre las criaturas vuestra clemencia, haciendo de ella una universal maravilla, disponiendo que ejecutase las de curar enfermedades de garganta, pechos y ojos a muchos desahuciados, y especialmente le concediste el don singular de arrojar de los cuerpos humanos los malignos espíritus; concedednos, Señor, que por sus incomparables méritos seamos libres de las malignas dolencias de la culpa, y de las corporales enfermedades que nos vienen por ella, para que logremos alabaros en su compañía en el jardín eterno de la gloria, trasplantados allá por la virtud y maravillas de vuestra gracia. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, milagro en que la gracia brilla,
por ser de su pensil la maravilla.
Nuestra súplica atienda tu pureza,
y otórgala, Señora, con presteza,
Espejo eres del que es de Dios tocado,
donde se mira su perfecto estado.
Salud en alma y cuerpo de ti espera
el que amante te invoca y te venera.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.

lunes, 12 de agosto de 2019

BENDICIÓN DE SANTA CLARA

  
INTRODUCCIÓN
El original más antiguo hasta ahora encontrado remonta a 1393. Está escrito en alemán medieval y en él la bendición es dirigida a Santa Inés de Praga. Fue publicado por Walter Warren Seton, Benedíctio S. Claræ, en Archívum Franciscánum Históricum, VII (1914), págs. 189-190 [1]. Otro original antiguo presenta la bendición en latín y es dirigida a Ermentrudis de Brujas. En otro texto antiguo la bendición aparece dirigida a todas las hermanas. Es bien posible que Santa Clara en la hora de la muerte hubiese usado una fórmula para todas las hermanas, derivada de la que ya usara para algunas hermanas en particular. Pero puede ser que desde el principio la bendición haya sido compuesta para todos los monasterios. En la leyenda del Beato Tomás de Celano podemos leer: “Ómnibus dominábus monasteriórum páuperum tam præséntibus quam futúris largam benedicitiónis grátiam imprecámur” [2].
   
Es de notar que Santa Clara, tal como San Francisco en las Alabanzas a Dios para Fray León, usa la fórmula bíblica del Libro de los Números [3]. Presentamos la traducción de la bendición a todas las hermanas, acompañada con el texto original de los Opúscula

BENDICIÓN DE SANTA CLARA
  
LATÍN
1 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
2 Benedícat vobis Dóminus, et custódiat vos.
3 Osténdat fáciem suam vobis, et misereátur vestri.
4 Convértat vultum suum ad vos, et det vobis pacem (cfr. Num. 6, 24-26), soróribus et filíabus meis,
5 et ómnibus áliis ventúris et permansúris in vestro collégio, et cœ́teris áliis tam præséntibus quam futúris, quæ fináliter perseveráverint in ómnibus áliis monastériis páuperum dominárum.
6 Ego Clara, ancílla Christi, plántula beatíssimi patris nostri sancti Francísci, soror et mater vestra, et aliárum sorórum páuperum, licet indígna,
7 rogo Dóminum nostrum Jesum Christum, per misericórdiam suam et intercessiónem sanctíssimæ suæ Genitrícis sanctæ Maríæ, et beáti Michaélis Archángeli, et ómnium sanctórum Angelórum Dei, beáti Francísci patris nostri, et ómnium Sanctórum et Sanctárum,
8 ut ipse Pater cœléstis det vobis, et confírmet istam sanctíssimam suam benedictiónem in cœlo et in terra (cfr. Gen. 27, 28) [4]:
9 in terra, multiplicándo vos in grátia, et in virtútibus suis inter servos et ancíllas suas in Ecclésia sua militánti;
10 et in cœlo, exsaltándo vos et glorificándo in Ecclésia triumphánti inter Sanctos et Sanctas suas.
11 Benedíco vos in vita mea et post mortem meam, sicut possum et plus quam possum, de ómnibus benedictiónibus,
12 quibus Pater misericordiárum (cfr. 2 Cor. 1, 3) fíliis et filíabus benedíxit, et benedícet in cœlo (cfr. Eph. 1, 3) et in terra,
13 et pater et mater spirituális fíliis suis et filíabus spirituálibus, et benedíxit et benedícet. Amen.
14 Estóte semper amatríces Dei et animárum vestrárum, et ómnium sorórum vestrárum,
15 et sitis semper sollícitæ observáre quæ Dómino promisístis.
16 Dóminus vobíscum sit semper (cfr. 2 Cor. 13, 11), et útinam vos sitis semper cum Ipso (cfr. Joann. 12, 26; 1 Thess. 4, 17). Amen.
  
TRADUCCIÓN
1 En el nombre del Padre, y del Hijo ,y del Espíritu Santo. Amén.
2 El Señor os bendiga y os guarde.
3 Os muestre su faz, y tenga misericordia de vosotras.
4 Vuelva su rostro a vosotras, y os dé la paz (cf. Núm. 6, 24-26), a vosotras, hermanas e hijas mías,
5 y a todas las otras que han de venir y permanecer en vuestra comunidad, y a todas las demás, tanto presentes como futuras, que perseveren hasta el fin en todos los otros monasterios de Damas Pobres.
6 Yo, Clara, sierva de Cristo, plantita de nuestro muy bienaventurado padre San Francisco, hermana y madre vuestra y de las demás hermanas pobres, aunque indigna,
7 ruego a nuestro Señor Jesucristo, por su misericordia y por la intercesión de su santísima Madre santa María, y del bienaventurado Miguel Arcángel y de todos los santos Ángeles de Dios, de nuestro bienaventurado padre Francisco y de todos los Santos y Santas,
8 que el mismo Padre celestial os dé y os confirme ésta su santísima bendición en el cielo y en la tierra (cf. Gén. 27, 28):
9 en la tierra, multiplicándoos en su gracia y en sus virtudes entre sus siervos y siervas en su Iglesia militante;
10 y en el cielo, exaltándoos y glorificándoos en la Iglesia triunfante entre sus santos y santas.
11 Os bendigo en vida mía y después de mi muerte, como puedo y más de lo que puedo, con todas las bendiciones
12 con las que el Padre de las misericordias (cf. 2 Cor. 1, 3) ha bendecido y bendecirá a sus hijos e hijas en el cielo (cf. Ef. 1, 3) y en la tierra,
13 y con las que el padre y la madre espiritual ha bendecido y bendecirá a sus hijos e hijas espirituales. Amén.
14 Sed siempre amantes de Dios y de vuestras almas y de todas vuestras hermanas,
15 y sed siempre solícitas en observar lo que habéis prometido al Señor.
16 El Señor esté siempre con vosotras (cf. 2 Cor. 13, 11), y ojalá que vosotras estéis siempre con Él (cf. Jn. 12, 26; 1 Tes. 4, 17). Amén.
  
NOTAS
[1] Ver Untersuchungen über die quellen zum Leben der Hl. Klara von Assisi, en Franciscan Studies XXIII (1936), págs. 300-301 y las respectivas notas. La edición de los Opúscula Ómnia Sanctæ Claræ Assisiénsis publica las tres versiones, la bendición a todas las hermanas, en latín, la versión latina de la bendición a Ermentrundis de Brujas y la versión en alemán medieval a Santa Inés de Praga. Fray Joaquín María Beltrán Sellés publica la traducción de la bendición a todas las hermanas. Los Schriften de ENGELBERT GRAU publican la versión destinada a Santa Inés de Praga y la BAC publica la bendición a todas las hermanas, aunque con algunas diferencias en relación al texto de los Opúscula y los Documents por Damien Vorreux reportan la versión a todas las hermanas.
[2] Leyenda de Santa Clara Virgen, 45: «implora la gracia de una larga bendición sobre todas las damas pobres de sus monasterios, tanto presentes como futuros».
[3] Cf. Fuentes I, págs. 44. 53.
[4 ]Cf. T 40-41.

sábado, 3 de agosto de 2019

NOVENA EN HONOR A SANTA CLARA DE ASÍS

Novena dispuesta por un devoto de la Santa, e impresa en Murcia por Antonia Ramírez, viuda de Felipe Teruel, a expensas del Monasterio de Santa Clara la Real de dicha ciudad. Con aprobación eclesiástica.
   
NOVENA DE LA SERÁFICA MADRE SANTA CLARA DE ASÍS

   
Para que los Fieles con más seguridad cojan los frutos de esta Novena, se dispondrán para ella confesando y comulgando el primer día, u otro del Novenario; haciendo especial oración a la gloriosa Virgen y esclarecida Madre Santa Clara, a fin de impretrar, y por su intercesión, lo que necesitan y más les convenga. Y se podrán preparar con los actos siguientes, sacados del Ejercicio cotidiano con que ofrecía a Dios sus obras el Santísimo Padre, el Señor Inocencio Undécimo:
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
Yo os adoro, Dios mío, Santísima Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, tres Personas y un solo Dios, en quien creo; y que el Hijo de Dios se hizo Hombre para redimirnos; y ha de juzgarnos, y dar a cada uno el premio o castigo según sus obras.
 
Me humillo en el abismo de mi nada, reconociendo el infinito ser y perfección de vuestra Majestad. Os creo firmísimamente, y pondré mil vidas por defender y testificar todo aquello que os habéis dignado de hacerme entender por medio de la Sagrada Escritura y de vuestra Santa Iglesia. Pongo toda mi esperanza en Vos, y cuanto puedo haber de bienes espirituales y temporales, así en esta vida como en la otra, todo lo deseo, espero, y quiero solo de vuestra mano, Dios mío, vida mía y sola esperanza mía.
  
A Vos entrego, por hoy y para siempre, mi cuerpo y mi alma, mis potencias, memoria, entendimiento y voluntad; y todos mis sentidos. Protesto que no consiento, ni quiero consentir, en cuanto es en mí, en cosa que sea la más mínima ofensa de vuestra Majestad. Propongo firmemente emplearme con todo mi ser en servicio y gloria vuestra. Estoy pronto a recibir cualquier trabajo que me venga de vuestras manos, por daros gusto. Querría emplearme todo, a fin que vuestra Majestad fuese servido, glorificado y amado de todos los hombres del Mundo. Me gozo sumamente de vuestra eterna felicidad, y me alegro que seáis tan glorioso en el Cielo y en la tierra. Os doy infinitas gracias por los beneficios que yo, y todo el mundo recibimos de vuestra Majestad.
  
Amo a vuestra bondad por sí misma, y ser dignísima de ser amada, con todo el afecto de mi corazón y de mi alma; y quisiera saberos amar, como os han amado los Ángeles y Justos; con el amor de los cuales junto con el imperfectísimo amor mío, ofrezco a vuestra Majestad, con los méritos de los Santos, de la Virgen Santísima, y de Cristo, Señor nuestro, mis obras, para siempre bañándolas con la preciosa Sangre de Jesús mi Redentor.
   
Tengo intención de lograr cuantas Indulgencias puedo en las ocasiones y obras de este día: y aplicarlas, por modo de sufragio por las Almas del Purgatorio. También tengo intención de ofrecer todo aquello que puedo en penitencia y satisfacción de mis pecados.
 
Dios mío, por ser Vos minutamente digno de ser amado y servido; porque sois quien sois, y os amo y aprecio sobre todo cuanto puedo amar: me pesa, y me arrepiento con el dolor mas íntimo y verdadero de todos mis pecados; y los detesto, y aborrezco más que a cuantos males hay. Pido humildemente perdón a vuestra Majestad: y propongo firmemente nunca más ofenderos en adelante. Quedo en vuestras Llagas, Jesús mío, tenedme, y dilatadme dentro de ellas hoy, y siempre; hasta que me concedáis veros y amaros eternamente. Amén.

DÍA PRIMERO - 3 DE AGOSTO
Estando la gloriosa Virgen Santa Clara en las entrañas de su madre, orando ésta delante de un Crucifijo, pidiendo a su Majestad la sacase con buen suceso de los peligros del parto: la respondió el Señor en voz sensible, que no temiese, porque pariría con felicidad, y sería el Oriente de una luz clarísima que ilustraría al universo mundo. Nació la Santa Niña, y su nacimiento causó a los ciudadanos de Asís, su Patria, extraordinario jubilo, como presagio cierto de que en ella les nacía la protectora, para su consuelo, amparo y defensa.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Señor mío Jesucristo, Candor de la luz eterna y espejo sin mancha, que con el baño de vuestros Divinos resplandores, ilustrasteis al alma de Santa Clara, previniéndola con bendiciones de dulzura, para que como imagen vuestra, naciese santificada (como piadosamente se cree): humildemente os suplico, por sus altos merecimientos, iluminéis mi entendimiento con el conocimiento de vuestra infinita bondad, y de la malicia de mi pecado; para que amando lo bueno, y aborreciendo lo malo, nunca os ofenda, y siempre os ame de todo corazón. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y cinco Avemarías, seguidos por la oración siguiente:
 
ORACIÓN PARA CONCLUSIÓN
Gloriosa y esclarecida Santa Clara, Esposa del Cordero de Dios, imagen viva de María Santísima, y a su imitación fecunda Madre espiritual, Caudillo de Vírgenes Sagradas; fuente de pureza, que riega las místicas plantas del ameno y seráfico Paraíso; Antorcha luminosa, que con el candor de la luz eterna alumbra al universo con rayos de santidad y doctrina destruyendo las sombras de la malicia. Aurora preclarísima y Luna hermosa, que creció con los aumentos de la gracia, adornada con el regimen y presidencia de virgíneas estrellas en la noche de este siglo. Sol escogido para ilustrar al Cielo de la Iglesia. Norte fijo que guía a la Patria Celestial. Huerto cerrado a la culpa, cercado con el vallado espinoso de ásperas penitencias, donde el Divino Labrador cultiva cándidas azucenas y flores maravillosas, en quien tiene sus delicias. Vara de la virtud de Dios, operativa de admirables portentos. Palma victoriosa que triunfasteis de las vanidades del mundo, de las astucias del Demonio y halagos de la carne. Ínclita Capitana y Ejército ordenado y terrible contra los enemigos visibles e invisibles. Protectora del Pueblo Cristiano, y terror de los Infieles, armada con la espada del Pan del Cielo y con el escudo impenetrable de la Fe. Seminario de castos deseos, Maestra de virtudes heroicas y ejemplar de la Evangélica perfección: Humildemente os suplico, por los merecimientos de nuestro Señor Jesucristo, y por vuestra poderosa intercesión, nos alcancéis lo que os pedimos en esta Novena, para la mayor gloria de Dios y bien de nuestras almas. Y caso que por nuestra ignorancia, no acertemos a pedir lo que nos conviene, encaminad nuestra petición al más recto fin y cumplimiento del Divino beneplácito, en el cual nos resignamos y conformamos en todo y por todo; pues nuestra intención es solo obtener de la Divina misericordia lo que más conduzca al cumplimiento de su santísima voluntad. Amén.

GOZOS DE LA SERÁFICA MADRE SANTA CLARA DE ASÍS
 
Pues sois del hermoso Amor
Esposa escogida y rara:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Asís admiró en su oriente
Que en vos nació peregrina
La luz que al Orbe ilumina,
Cifra del Omnipotente
La gracia os dió lo luciente
De su Divino candor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Clara Aurora, Esclarecida
Amanecéis luminosa,
A ser como Luna, hermosa;
Y como Sol, escogida.
De la claridad vestida,
Alumbráis con su esplendor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
De Maria, Virgen bella,
Sois diseño portentoso;
Y para hallar al Esposo
La seguís con buena estrella.
Vestigio sois de su huella,
Atraída de su olor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
El Jardinero Sagrado
Os hizo Místico Huerto,
A la Caridad abierto,
Y a toda culpa cerrado.
En Vos se mira plantado,
Para sus delicias, Flor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Deliciosa os considero,
Gracia, como Paraíso,
Donde el segundo Adán quiso
Se renovase el primero.
Pues en Vos el áspid fiero
Nunca marchitó el verdor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
En el fuego de su celo,
Un Serafín os inflama,
Y creciendo en Vos la llama,
Buscó su esfera en el Cielo.
Despreciando lo del suelo
Con impulso superior:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
De Vírgenes Capitana,
Para hacer al mundo guerra,
En su Custodia os encierra
Francisco en edad temprana.
Del siglo y su gloria vana
Lográis el triunfo mayor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
A Jesús en la aspereza
De su Pasión dolorosa
Imitáis, cual fiel Esposa,
Herida de su fineza.
De aquí copias la belleza,
Siendo pincel el Amor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Nuevo Fénix renacido
Entre la flamante aroma,
Meditáis como Paloma,
Haciendo canto al gemido.
En la viva piedra nido
Ponéis, libre del Azor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Para oprimir la violencia
Del pérfido Mahometano,
Con la Custodia en la mano
Castigaisteis su insolencia,
Salvando así a la inocencia,
Armada del Salvador:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
En los brazos del Esposo,
Al Tálamo inmaculado
Volais, y estais a su lado
Sentada en Trono glorioso,
Donde en eterno reposo
Reináis con gloria y honor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
La Iglesia festiva aclama,
Con la voz de la verdad,
Los frutos de santidad,
Que en Vos coge, admira y ama.
Vuestros milagros la fama
Publica en dulce tenor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Por caridad os rogamos
Escuchad nuestro clamor,
CLARA sois, cuyo favor
Con humildad imploramos:
Y en él, por Vos esperamos,
Lograr lo bueno y mejor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Pues sois del hermoso Amor
Esposa escogida y rara:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.

℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Clara.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

ORACIÓN
Te suplicamos, Señor, que por la intervención de tu bienaventurada Virgen Santa Clara, cuyo natalicio al cielo recordamos, hagas a tus siervos partícipes de su gozo en el Cielo y coherederos de tu Hijo Unigénito, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO - 4 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Nacida que fue la Santa Virgen, convinieron sus Padres en que en el Bautismo se llamase Clara; nombre nuevo, que con el efecto desempeñó al Oráculo Divino, por tener su origen del Padre de las Lumbres, como luciente anuncio de su admirable santidad; pues vino a ser desde el primer paso que dio en la tierra, sagrado vestigio de la Reina del Cielo, como insigne imitadora de sus preclarísimas virtudes.
  
ORACIÓN
Amantísimo Jesús mío, que con el esmalte de vuestra Sangre y virtud de vuestro santísimo Nombre adornasteis y hermoseásteis para vuestro Tálamo a la Niña Santa Clara, para que al punto que rayó en su feliz oriente, alumbrase con la claridad de sus heroicas obras el camino recto de la Bienaventuranza: Con profundo rendimiento (interpuesta su poderosa intercesión) os ruego, renovéis en mí el nombre glorioso de Cristiano que recibí en el Santo Bautismo, para que atendiendo a la profesión que hice en él, y obligaciones que contraje, las cumpla en todo y por todo, desnudándome del hombre viejo y sus malos actos, y vistiéndome a Vos, que sois hombre nuevo, en novedad de vida y costumbres. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA TERCERO - 5 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Con el fecundo rocío de la gracia crecía Santa Clara, mística Planta, con el cultivo y buena educación de Hortelana, su madre, y el oculto Magisterio del Espíritu Santo, en cuyos purísimos incendios abrasada, desde sus primeros años se consagró víctima inocente en las Aras de caridad, empleada en la consideración de la Pasión y muerte de su Divino Esposo; en cuyo ejercicio se liquidaba su corazón amante por los ojos, aspirando fervorosa con penitencias superiores a su tierna edad a copiar en su alma la dolorosa imagen de su amado, para transformarse en él por amor y dolor.
 
ORACIÓN
Dulcísimo Redentor mío, que con las eficacias de vuestro santo amor hicisteis crecer a la Niña Santa Clara, de claridad en claridad, como de virtud en virtud, no solo para sí, sino también para la común edificación. Yo os pido, piadosísimo Señor, que por esta vuestra escogida Esposa, os digneis de apartar de mí todo lo que me impide para llegarme a Vos; aumentando en mi alma la Fe viva, la Esperanza cierta y la Caridad ardiente, para que por este medio, muerto a todo lo visible, solo viva en Vos, y Vos en mí crucificado. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA CUARTO - 6 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Siendo la bendita Virgen Santa Clara de edad de diez y siete años, por consejo del Seráfico Padre San Francisco, enardecida en sus Seráficos ardores, resolvió abrazar los rigores de la vida Apostólica, pisando con generoso desprecio todo lo caduco y perecedero; para cuyo fin, atropellando todos los inconvenientes, se huyó sola de la casa de sus Padres y se fue al Templo de Santa María de Porciuncula, donde estaba el Santo Patriarca, y donde desnudándose de las galas, se vistió el áspero sayal de penitencia, para celebrar las bodas con su Divino Esposo; haciendo medianera de sus desposorios a María Santísima; y poniéndose a la sombra de su protección, quedó totalmente consagrada y dedicada a Dios en estado de Religiosa.
 
ORACIÓN
Altísimo Señor y Dios eterno, que fuerte y suavemente dispusisteis el virginal corazón de la Santa doncella Clara, para que abandonando las mundanas vanidades y los fueros de la carne y sangre, sin temer los peligros que le amenazaban, se arrojase en brazos de vuestra providencia, para seguiros en el estado de la mayor perfección. Contrito y humillado os suplico me concedáis los esfuerzos de vuestra gracia, para que a su imitación desprecie yo los bienes terrenos y sensuales apetitos, y aprecie con digna estimación las Celestiales y eternas delicias, siguiendo vuestros Mandamientos y consejos por el camino de la mortificación de sentidos y potencias, implorando para ello el auxilio eficacísimo de vuestra Santísima Madre, por quien espero merecerlo. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
 
DÍA QUINTO - 7 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
El Seráfico Patriarca San Francisco, para asegurar a su nueva discípula de la injusta violencia de sus Padres, la depositó en un Convento de Monjas Benedictinas, donde la Santa Virgen se puso con toda confianza a los pies de un Crucifijo, pidiéndole fortaleza para entrar en la batalla que le esperaba, por lo mal que habían sentido sus parientes la piadosa fuga que hizo de su casa: por lo que conspirados contra ella, ya con caricias, y ya con amenazas, pretendieron vencer su constancia; apartándola de sus Santos propósitos. Pero defendida de la Divina diestra, cantó la victoria, logrando por despojos del triunfo traer a su dictamen a su hermana la Venerable Inés, en cuya compañía encerrada en la Ermita de San Damián, dieron principio al Apostólico instituto de su Sagrada Religión.

ORACIÓN
Clementísimo Dios, que con propicia dignación escucháis las súplicas de vuestros siervos y los fortalecéis, asistiéndoles en el conflicto de la tribulación, para que peleando con perseverancia, alcancen la corona de justicia, como lo hicisteis con vuestra Esposa Santa Clara: Yo os suplico, inclinéis vuestra atención a mis humildes ruegos, para que armado con vuestra virtud, resista mi flaqueza a las lisonjas del mundo, a los engaños del Demonio, y a los halagos de la carne; y abrazado con las asperezas de la Cruz, os consagre en sus aras el corazón en suave holocausto y víctima de perfecta caridad. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
 
DÍA SEXTO - 8 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Puesta en clausura la gloriosa Santa Clara (siendo la primera que la guardo por voto), emprendió una vida más Angélica que humana; y fueron tantos los resplandores de santidad con que comenzó a lucir, y tan activa la fragante suavidad de sus virtudes, que con la luz del desengaño alumbradas y de sus ungüentos atraídas, muchas doncellas la siguieron en el nuevo instituto, despreciando (movidas de su ejemplo) las falacias del siglo, emprendiendo el estado de la perfección cristiana, en la secuela de su Insigne Capitana, para conseguir la conquista del Reino de los Cielos, con las armas de la obediencia, pobreza, castidad y perpetua clausura.
   
ORACIÓN
Amabilísimo Jesus mío, que como flor del campo Virginal de María Santísima, cultivada por obra del Espíritu Santo, nacisteis pobre de bienes temporales, para enriquecernos de virtudes; y os humillasteis a obedecer a los hombres para nuestra enseñanza: Con todo el afecto de mi corazon os ruego infundáis en mi alma aquel generoso espíritu que comunicasteis a vuestra esclarecida esposa Santa Clara; para que con total resolución obedezca vuestros Mandamientos y por Vos a mis superiores, desprecie los terrenos por los Celestiales, y adorne vuestro Tálamo con la hermosa gala de la castidad, cerrando las puertas de los sentidos a todo lo visible. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
 
DÍA SÉPTIMO - 9 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Crecía más y más la fama de la santidad de la Seráfica Madre, al paso que se aumentaba el número de sus hijas y conventos que se fundaban solo a expensas de la Divina providencia, en suma pobreza y austeridad. Dioles el Seráfico Patriarca Regla, que aprobaron y confirmaron los sumos Pontífices, sin admitir la Santa dispensación en sus rigores. Obrando el Señor estupendas maravillas en crédito de su Apostólico celo: con el cual en aquel Virgíneo Jardín brillaba como la rosa entre las flores; y en aquel nuevo Cielo lucía como el Sol entre las Estrellas, siendo sagrada admiración del mundo, que ya percibía los influjos de esta portentosa luz.

ORACIÓN
¡Oh Buen Jesús, hermosura de los Ángeles!, que tenéis puestas vuestras delicias en estar entre los hijos de los hombres, y especialmente entre las Azucenas Cándidas de la virginidad, apacentándose de su pureza como inmaculado Cordero, cuando como Pastor las apacentáis con vuestra Deífica Carne y Sangre que engendra vírgenes: Yo os suplico, Bondad infinita, sembréis en el terreno de mi alma los castos deseos de serviros y amaros en toda pureza de pensamientos, palabras y obras, como lo hicisteis con vuestra esposa Santa Clara y sus devotas hijas; para que por su intercesión logre yo habitéis en el retiro de mi corazón, sin hallar en él cosa que ofenda vuestros Divinos ojos. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
 
DÍA OCTAVO - 10 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Haciéndose cargo la Santa Madre de que el Señor la puso en el candelero de la Prelacía para alumbrar la casa de Dios con sus santos ejemplos, vestida de un grosero saco y totalmente descalza, emprendió una vida más para la admiración que para la imitación: pues su sueño era brevísimo, su oración larga y fervorosa, ilustrada en ella con favores Celestiales. Su cama la tierra desnuda, su almohada un madero, sus ayunos continuos, y tanta su abstinencia que aun no comía para alimentarse. Ceñíase a raíz de sus virginales carnes la piel de un cerdudo, cortadas las cerdas, y otros ásperos cilicios; y esto padeciendo calentura continua por espacio de veinte y ocho años. Y en fin, trataba a su cuerpo como pudiera hacerlo el más cruel tirano, viviendo como de milagro.
 
ORACIÓN
Señor mío Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de toda consolación, que con tanta gracia fortalecisteis la flaqueza de Santa Clara, haciéndola mujer fuerte, para dejar en ella en vuestra Iglesia un dechado de verdadera penitencia, y un ejemplar de perfección Evangélica. Por sus grandes merecimientos os pido y suplico apartéis de mí el amor desordenado que tengo a mi carne, para que sujeta a las leyes del espíritu, castigue con rigor las ofensas que he cometido contra Vos, mortificando mis apetitos desordenados, corrigiendo la libertad de mis sentidos, y empleando mis potencias solamente en conoceros y amaros, teniendo esculpido en mi memoria lo que Vos padecisteis por mí, para alentarme a padecer por Vos. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
 
DÍA NOVENO - 11 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Puesta la gloriosa Virgen Santa Clara en la última enfermedad, la honró en la tierra el Sumo Pontífice, Vicario de Cristo, visitándola personalmente, acompañado de toda su Curia, cosa pocas veces vista; pero ¿qué mucho, si los Reyes del Cielo, Jesús y María, la asistían en su cabecera? En esta ocasión entró en la pobre celda de la Santa un Coro de Santas Vírgenes, a las cuales presidía su Divina Capitana, María Santísima, con imponderable hermosura, ceñida la frente con Corona Imperial, que acercándose a la enferma, y echándola los brazos, la acarició con inefable benignidad. Y las demás Vírgenes, dándola los parabienes de sus eternos desposorios, adornaron el Tálamo con un palio preciosísimo para el Rey de la Gloria, en cuyas manos entregó su alma purísima, que acompañada de tan sagrada Comitiva, voló a los Cielos, donde vive en perpetuas eternidades.
 
ORACIÓN
Dulcísimo Jesús, Esposo amantísimo de las almas, que con eterno galardón premiasteis los merecimientos de vuestra Esposa Santa Clara, no sólo con el culto y honra de la Iglesia Mílitante, sino también con la gloria de la Triunfante: Yo os suplico os dignéis de asistirme y favorecerme en la hora de mi muerte, para que venciendo sus horrores y los peligros de la vida, salga hermoseada con la Estola de la inmortalidad, a gozar de vuestra presencia, en compañía de vuestra Santísima Madre y demás Bienaventurados, por los siglos de los siglos. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

viernes, 12 de agosto de 2016

TESTAMENTO DE SANTA CLARA DE ASÍS

  
LATÍN
In nómine Dómini. Amen.
 
Inter alia benefícia, quæ a largitóre nostro Patre misericordiárum recepímus et quotídie recipímus, et unde Christi glorióso Patri gratiárum actiónes magis agére debémus, est de vocatióne nostra, quæ quanto perféctior et major est, tanto magis illi plus debémus. Unde Apóstolus: «Agnósce vocatiónem tuam» (cfr. 1 Cor 1,26). Factus est nobis Fílius Dei via, quam verbo et exémplo osténdit et dócuit nos beatíssimus pater noster Francíscus, verus amátor et imitátor ípsius.
 
Ígitur consideráre debémus, soróres diléctæ, imménsa benefícia Dei in nobis colláta, sed inter cétera, quæ per servum suum diléctum patrem nostrum beátum Francíscum in nobis Deus dignátus est operári, non solum post conversiónem nostram, sed étiam dum essémus in sǽculi mísera vanitáte. Nam cum ipse sanctus adhuc non habens fratres nec sócios, statim quasi post conversiónem suam, cum ecclésiam Sancti Damiáni ædificáret, ubi consolatióne divína totáliter visitátus, compúlsus est sǽculum ex toto relínquere, præ magna lætítia et illustratióne Spíritus Sancti de nobis prophetávit, quod Dóminus postea adímplevit. Ascéndens enim tunc témporis super murum dictæ ecclésiæ, quibúsdam paupéribus ibi juxta morántibus, alta voce lingua francígena loquebátur: «Veníte et adjuváte me in ópere monastérii Sancti Damiáni, quóniam adhuc erunt dóminæ ibi, quarum famósa vita et conversatióne sancta glorificábitur Pater noster cæléstis in univérsa Ecclésia sua sancta.»
 
In hoc ergo consideráre póssumus copiósam benignitátem Dei in nobis, qui propter abundántem misericórdiam et caritátem suam de nostra vocatióne et electióne per sanctum suum dignátus est ista loqui. Et non solum de nobis ista pater noster beatíssimus Francíscus prophetávit, sed étiam de áliis, quæ ventúræ erant in vocatióne sancta, in qua Dóminus nos vocávit.
  
Quanta ergo sollicitúdine quantóque stúdio mentis et córporis mandáta Dei et patris nostri serváre debémus ut cooperánte Dómino taléntum multiplicátum ei reddámus! Ipse enim Dóminus non solum pósuit nos ut formam áliis in exémplum et spéculum, sed étiam soróribus nostris, quas ad vocatiónem nostram Dóminus advocábit, ut et ipsæ sint conversántibus in mundo in spéculum et exémplum. Cum ígitur nos vocáverit Dóminus ad tam magna, ut in nobis se váleant speculári quæ áliis in spéculum sunt et exémplum, tenémur multum benedícere Deum et laudáre et ad benefaciéndum in Dómino confortári ámplius. Quaprópter, si secúndum formam prædíctam vixérimus, exémplum nóbile áliis relínquemus et ætérnæ beatitúdinis brávium labóre brevíssimo acquirémus.
  
Postquam altíssimus Pater cæléstis per misericórdiam suam et grátiam cor meum dignátus est illustráre, ut exémplo et doctrína beatíssimi patris nostri Francísci pœniténtiam facérem, paulo post conversiónem ípsius, una cum paucis soróribus quas Dóminus mihi dedérat paulo post conversiónem meam, obediéntiam voluntárie sibi promísi, sicut Dóminus lumen grátiæ suæ nobis contulérat per ejus vitam mirábilem et doctrínam. Atténdens autem beátus Francíscus quod essémus frágiles et débiles secúndum corpus, nullam tamen necessitátem, paupertátem, labórem, tribulatiónem vel vilitátem et contémptum sǽculi recusábamus, immo pro magnis delíciis reputábamus, sicut exémplis sanctórum et fratrum suórum examináverat nos frequénter, gavísus est multum in Dómino; et ad pietátem erga nos motus, obligávit se nobis per se et per religiónem suam habére semper de nobis tanquam de frátribus suis curam diligéntem et sollicitúdinem speciálem.
 
Et sic de voluntáte Dei et beatíssimi patris nostri Francísci ívimus ad ecclésiam Sancti Damiáni moratúræ, ubi Dóminus in brevi témpore per misericórdiam suam et grátiam nos multiplicávit, ut implerétur quod Dominus prædíxerat per sanctum suum; nam antea steterámus in alio loco, licet parum.
  
Postea scripsit nobis formam vivéndi et máxime ut in sancta paupertáte semper perseveráremus. Nec fuit conténtus in vita sua nos hortári multis sermónibus et exémplis ad amórem sanctíssimæ paupertátis et observántiam ejúsdem, sed plura scripta nobis tradídit, ne post mortem suam ullaténus declináremus ab ipsa, sicut et Dei Fílius, dum vixit in mundo, ab ipsa sancta paupertáte numquam vóluit declináre. Et beatíssimus pater noster Francíscus, ejus vestígia imitátus, sanctam paupertátem suam, quam elégit per se et per suos fratres, exémplo suo et doctrína, dum vixit, ab illa nullaténus declinávit.
 
Considérans ígitur ego Clara, Christi et sorórum páuperum monastérii Sancti Damiáni ancílla, licet indígna, et plántula sancti patris, cum áliis meis soróribus, tam altíssimam professiónem nostram et tanti patris mandátum, fragilitátem quoque aliárum, quam timébamus in nobis post óbitum sancti patris nostri Francísci, qui erat colúmna nostra et única consolátio nostra post Deum et firmaméntum, íterum atque íterum voluntárie nos obligávimus dóminæ nostræ sanctíssimæ paupertáti, ne post mortem meam soróres, quæ sunt et quæ ventúræ sunt, ab ipsa váleant ullaténus declináre.
 
Et sicut ego studiósa et sollícita semper fui sanctam paupertátem, quam Dómino et patri nostro beáto Francísco promisímus, observáre et ab áliis facére observári, sic teneántur usque in finem illæ quæ mihi succédent in offício sanctam paupertatátem cum Dei auxílio observáre et facére observári. Immo étiam ad majórem cautélam sollícita fui a dómino papa Innocéntio, sub cujus témpore cœ́pimus, et ab áliis successóribus suis nostram professiónem sanctíssimæ paupertátis, quam Dómino et beáto patri nostro promisímus, eórum privilégiis facére roborári, ne áliquo tempóre ab ipsa declináremus ullaténus.
  
Quaprópter, flexis génibus et utróque hómine inclináto, sanctæ matri Ecclésiæ Románæ, summo Pontífici et præcípue dómino cardináli, qui religióni fratrum minórum et nobis fúerit deputátus, recomméndo omnes soróres meas, quæ sunt et quæ ventúræ sunt, ut amóre íllius Dei, qui pauper pósitus in præsépio, pauper vixit in sǽculo et nudus remánsit in patíbulo, semper gregi suo púsillo, quem Dóminus Pater génuit in Ecclésia sua sancta, verbo et exémplo beatíssimi patris nostri sancti Francísci, insequéndo paupertátem et humilitátem dilécti Fílii sui et gloriósæ Vírginis Matris suæ, sanctam paupertátem, quam Deo et beatíssimo patri nostro sancto Francísco promisímus, fáciat observári, et in ipsa dignétur fovére ipsas semper et conserváre.
  
Et sicut Dóminus dedit nobis beatíssimum patrem nostrum Francíscum in fundatórem, plantatórem et adjutórem nostrum in servítio Christi et in his quæ Dómino et beáto patri nostro promisímus, qui étiam dum vixit sollícitus fuit verbo et ópere semper excolére et fovére nos, plántulam suam, sic recomméndo et relínquo soróres meas, quæ sunt et quæ ventúræ sunt, successóri beatíssimi patris nostri Francísci et toti religióni, ut sint nobis in adjutórium proficiéndi semper in mélius ad serviéndum Deo et ad observándam præcípue mélius sanctíssimam paupertátem.
 
Si vero contingéret áliquo témpore dictas soróres locum dictum relínquere et ad álium se transférre, prædíctam formam paupertátis, quam Deo et beatíssimo patri nostro Francísco promisímus, post mortem meam ubicúmque fúerint, observáre nihílo minus teneántur.

Sit tamen sollícita et próvidens tam illa, quæ erit in offício, quam áliæ soróres, ne circa supradíctum locum de terra acquírant vel recípiant, nisi quantum extréma necéssitas pro horto ad excolénda olera popóscit. Si autem ab alíqua parte pro honestáte et remotióne monastérii, extra sæpta horti opórteret plus habéri de terra, non permíttant plus ácquiri vel étiam recípiant, nisi quantum extréma necéssitas poscit; et illa terra pénitus non laborétur nec seminétur, sed semper sólida et incúlta permáneat.
  
Móneo et exhórtor in Dómino Jesu Christo omnes soróres meas, quæ sunt et quæ ventúræ sunt, ut semper stúdeant imitári viam sanctæ simplicitátis, humilitátis, paupertátis ac étiam honestátem sanctæ conversatiónis, sicut ab inítio nostræ conversiónis a Christo edóctæ sumus et a beatíssimo patre nostro Francísco. Ex quibus, non nostris méritis, sed sola misericórdia et grátia largitóris, ipse Pater misericordiárum, tam his qui longe sunt quam his qui prope sunt, bonæ famæ sparsit odórem. Et ex caritáte Christi invícem diligéntes, amórem, quem intus habétis, foris per ópera demonstrétis, ut ex hoc exémplo provocátæ soróres semper crescant in amórem Dei et in mútuam caritátem.
  
Rogo étiam illam quæ erit in offício sorórum, ut magis stúdeat præésse áliis virtútibus et sanctis móribus quam offício, quatpenus ejus exémplo provocátæ soróres suæ, non tantum ex offício obediant, sed potius ex amore. Sit etiam provida et discreta circa sorores suas, sicut bona mater erga fílias suas, et præcípue ut de eleemosynis quas Dóminus dabit, eis secúndum necessitátem uniuscujúsque stúdeat providére. Sit étiam tam benígna et commúnis, ut secúre possint manifestáre necessitátes suas et recurrére ad eam omni hora confidénter, sicut eis vidébitur expedíre, tam pro se quam pro soróribus suis.
 
Soróres vero quæ sunt súbditæ recordéntur quod propter Deum abnegavérunt próprias voluntátes. Unde volo quod obédiant suæ matri sicut promisérunt Dómino sua spontánea voluntáte, ut mater eárum videns caritátem, humilitátem et unitátem quam invícem habent, omne onus quod de offício tolérat, lévius portet, et quod moléstum est et amárum, propter eárum sanctam conversatiónem, ei in dulcédinem convertátur.

Et quóniam arcta est via et sémita, et angústa est porta per quam itur et intrátur ad vitam, et pauci sunt qui ambúlant et intrant per eam (cfr. Mt 7,14); et si áliqui sunt qui ad tempus ambúlant per eam, paucíssimi sunt qui persevérant in ea. Beáti vero quibus datum est ambuláre per eam et perseveráre usque ad finem (cfr. Mt 10,22)!

Caveámus ergo, quod si per viam Dómini intrávimus, quod culpa nostra et ignorántia, alíquo témpore ab ipsa nullaténus declinémus, ne tanto Dómino et suæ Vírgini Matri et patri nostro beato Francísco, Ecclésiæ triumphánti et étiam militánti injúriam deferámus. Scriptum est enim: Maledícti qui declínant a mandátis tuis (Ps 118,21).

Hujus rei grátia flecto génua mea ad Patrem Dómini nostri Jesu Christi (Eph 3,14), suffragántibus méritis gloriósæ Virginis sanctæ Maríæ Matris ejus et beatíssimi patris nostri Francísci et ómnium sanctórum, ut ipse Dóminus, qui dedit bonum princípium, det increméntum, det étiam finálem perseverántiam. Amen.

Hoc scriptum, ut mélius débeat observári, relínquo vobis, caríssimis et diléctis soróribus meis, præséntibus et ventúris, in signum benedictiónis Dómini et beatíssimi patris nostri Francísci et benedictiónis meæ, matris et ancíllæ vestræ.
  
TRADUCCIÓN
En el nombre del Señor. Amén.
  
Entre los otros beneficios que hemos recibido y recibimos cada día de nuestro espléndido benefactor el Padre de las misericordias (cf. 2 Cor 1,3), y por los que más debemos dar gracias al Padre glorioso de Cristo, está el de nuestra vocación, por la que, cuanto más perfecta y mayor es, más y más deudoras le somos. Por lo cual dice el Apóstol: Reconoce tu vocación (cf. 1 Cor 1,26). El Hijo de Dios se ha hecho para nosotras camino (cf. Jn 14,6), que con la palabra y el ejemplo nos mostró y enseñó nuestro bienaventurado padre Francisco, verdadero amante e imitador suyo.
 
Por tanto, debemos considerar, amadas hermanas, los inmensos beneficios de Dios que nos han sido concedidos, pero, entre los demás, aquellos que Dios se dignó realizar en nosotras por su amado siervo nuestro padre el bienaventurado Francisco, no sólo después de nuestra conversión, sino también cuando estábamos en la miserable vanidad del siglo. Pues el mismo Santo, cuando aún no tenía hermanos ni compañeros, casi inmediatamente después de su conversión, mientras edificaba la iglesia de San Damián, donde, visitado totalmente por la consolación divina, fue impulsado a abandonar por completo el siglo, profetizó de nosotras, por efecto de una gran alegría e iluminación del Espíritu Santo, lo que después el Señor cumplió. En efecto, subido en aquel entonces sobre el muro de dicha iglesia, decía en alta voz, en lengua francesa, a algunos pobres que moraban allí cerca: «Venid y ayudadme en la obra del monasterio de San Damián, porque aún ha de haber en él unas damas, por cuya vida famosa y santo comportamiento religioso será glorificado nuestro Padre celestial en toda su santa Iglesia».
 
En esto, por tanto, podemos considerar la copiosa benignidad de Dios para con nosotras; Él, por su abundante misericordia y caridad, se dignó decir, por medio de su Santo, estas cosas sobre nuestra vocación y elección. Y no sólo de nosotras profetizó estas cosas nuestro bienaventurado padre Francisco, sino también de las otras que habían de venir a la santa vocación a la que el Señor nos ha llamado.
  
¡Con cuánta solicitud, pues, y con cuánto empeño de alma y de cuerpo no debemos guardar los mandamientos de Dios y de nuestro padre [Francisco] para que, con la ayuda del Señor, le devolvamos multiplicado el talento recibido! Porque el mismo Señor nos ha puesto como modelo que sirva de ejemplo y espejo no sólo a los otros, sino también a nuestras hermanas, a las que llamará el Señor a nuestra vocación, para que también ellas sirvan de espejo y ejemplo a los que viven en el mundo. Así pues, ya que el Señor nos ha llamado a cosas tan grandes, a que puedan mirarse en nosotras las que son para los otros ejemplo y espejo, estamos muy obligadas a bendecir y alabar a Dios, y a confortarnos más y más en el Señor para obrar el bien. Por lo cual, si vivimos según la sobredicha forma, dejaremos a los demás un noble ejemplo y con un brevísimo trabajo ganaremos el premio de la eterna bienaventuranza.
  
Después que el altísimo Padre celestial se dignó iluminar con su misericordia y su gracia mi corazón para que, siguiendo el ejemplo y la enseñanza de nuestro bienaventurado padre Francisco, yo hiciera penitencia, poco después de su conversión, junto con las pocas hermanas que el Señor me había dado poco después de mi conversión, le prometí voluntariamente obediencia, según la luz de su gracia que el Señor nos había dado por medio de su admirable vida y enseñanza. Y el bienaventurado Francisco, considerando que si bien éramos frágiles y débiles según el cuerpo, no rehusábamos ninguna necesidad, pobreza, trabajo, tribulación o menosprecio y desprecio del siglo, antes al contrario, los teníamos por grandes delicias, como a ejemplo de los santos y de sus hermanos había comprobado frecuentemente en nosotras, se alegró mucho en el Señor; y movido a piedad hacia nosotras, se obligó con nosotras a tener siempre, por sí mismo y por su Religión, un cuidado amoroso y una solicitud especial de nosotras como de sus hermanos.
  
Y así, por voluntad de Dios y de nuestro bienaventurado padre Francisco, fuimos a morar junto a la iglesia de San Damián, donde el Señor, en poco tiempo, nos multiplicó por su misericordia y gracia, para que se cumpliera lo que el Señor había predicho por su Santo; pues antes habíamos permanecido en otro lugar, aunque por poco tiempo.
  
Después, escribió para nosotras una forma de vida, sobre todo para que perseveráramos siempre en la santa pobreza. Y no se contentó con exhortarnos durante su vida con muchas palabras y ejemplos al amor de la santísima pobreza y a su observancia, sino que nos entregó varios escritos para que, después de su muerte, de ninguna manera nos apartáramos de ella, como tampoco el Hijo de Dios, mientras vivió en el mundo, jamás quiso apartarse de la misma santa pobreza.
  
Y nuestro bienaventurado padre Francisco, habiendo imitado sus huellas (cf. 1 Pe 2,21), su santa pobreza que había elegido para sí y para sus hermanos, no se apartó en absoluto de ella mientras vivió, ni con su ejemplo ni con su enseñanza.

Así pues, yo, Clara, sierva, aunque indigna, de Cristo y de las hermanas pobres del monasterio de San Damián, y plantita del santo padre, considerando con mis otras hermanas nuestra profesión tan altísima y el mandato de tan gran padre, y también la fragilidad de las otras, fragilidad que nos temíamos en nosotras mismas después de la muerte de nuestro padre san Francisco, que era nuestra columna y nuestro único consuelo después de Dios, y nuestro apoyo, una y otra vez nos obligamos voluntariamente a nuestra señora la santísima pobreza, para que, después de mi muerte, las hermanas que están y las que han de venir de ninguna manera puedan apartarse de ella.
  
Y así como yo siempre he sido diligente y solícita en guardar y hacer guardar por las otras la santa pobreza que hemos prometido al Señor y a nuestro bienaventurado padre Francisco, así también aquellas que me sucedan en el oficio estén obligadas hasta el fin a guardar y a hacer guardar, con el auxilio de Dios, la santa pobreza. Más aún, para mayor cautela me preocupé de hacer corroborar nuestra profesión de la santísima pobreza, que hemos prometido al Señor y a nuestro bienaventurado padre, con los privilegios del señor papa Inocencio, en cuyo tiempo comenzamos, y de otros sucesores suyos, para que de ninguna manera nos apartáramos nunca de ella.
  
Por lo cual, de rodillas y postrada en cuerpo y alma, recomiendo todas mis hermanas, las que están y las que han de venir, a la santa madre Iglesia Romana, al sumo Pontífice y, de manera especial, al señor cardenal que fuere designado para la Religión de los Hermanos Menores y para nosotras, a fin de que, por amor de aquel Dios que pobre fue acostado en un pesebre (cf. Lc 2,12), pobre vivió en el siglo y desnudo permaneció en el patíbulo, haga que siempre su pequeña grey (cf. Lc 12,32), que el Señor Padre engendró en su santa Iglesia por medio de la palabra y el ejemplo de nuestro bienaventurado padre san Francisco para seguir la pobreza y humildad de su amado Hijo y de la gloriosa Virgen su Madre, guarde la santa pobreza que hemos prometido a Dios y a nuestro bienaventurado padre san Francisco, y se digne animarlas y conservarlas siempre en ella.
  
Y así como el Señor nos dio a nuestro bienaventurado padre Francisco como fundador, plantador y ayuda nuestra en el servicio de Cristo y en las cosas que hemos prometido al Señor y a nuestro bienaventurado padre, quien también, mientras vivió, se preocupó siempre de cultivarnos y animarnos con la palabra y el ejemplo a nosotras, su plantita, así recomiendo y confío mis hermanas, las que están y las que han de venir, al sucesor de nuestro bienaventurado padre Francisco y a toda la Religión, a fin de que nos ayuden a progresar siempre hacia lo mejor para servir a Dios y, de manera especial, para guardar mejor la santísima pobreza. Y si en algún tiempo ocurriera que dichas hermanas abandonaran el mencionado lugar y se trasladaran a otro, que estén, sin embargo, obligadas, dondequiera que se encuentren después de mi muerte, a guardar la sobredicha forma de pobreza, que hemos prometido a Dios y a nuestro bienaventurado padre Francisco.
  
Con todo, tanto la que esté entonces en el oficio [la abadesa] como las otras hermanas sean solícitas y providentes para que, en torno del sobredicho lugar, no adquieran o reciban más terreno del que exija la extrema necesidad como huerto para cultivar hortalizas.Y si en algún lugar conviniera tener más tierra fuera de la cerca del huerto, para el decoro y aislamiento del monasterio, no permitan que se adquiera ni tampoco reciban sino cuanto exija la extrema necesidad; y que esa tierra no se cultive ni se siembre en absoluto, sino que permanezca siempre baldía e inculta.
  
Amonesto y exhorto en el Señor Jesucristo a todas mis hermanas, las que están y las que han de venir, que se apliquen siempre con esmero a imitar el camino de la santa simplicidad, humildad, pobreza, y también el decoro del santo comportamiento religioso, tal como desde el inicio de nuestra conversión nos lo han enseñado Cristo y nuestro bienaventurado padre Francisco. A causa de lo cual, no por nuestros méritos, sino por la sola misericordia y gracia del espléndido bienhechor, el mismo Padre de las misericordias (cf. 2 Cor 1,3) esparció el olor de la buena fama (cf. 2 Cor 2,15), tanto entre los que están lejos como entre los que están cerca. Y amándoos mutuamente con la caridad de Cristo, mostrad exteriormente por las obras el amor que tenéis interiormente, para que, estimuladas por este ejemplo, las hermanas crezcan siempre en el amor de Dios y en la mutua caridad. Ruego también a aquella que tenga en el futuro el oficio de las hermanas que se aplique con esmero a presidir a las otras más por las virtudes y las santas costumbres que por el oficio, de tal manera que sus hermanas, estimuladas por su ejemplo, la obedezcan no tanto por el oficio, cuanto más bien por amor. Sea también próvida y discreta para con sus hermanas, como una buena madre con sus hijas, y, de manera especial, que se aplique con esmero a proveerlas, de las limosnas que el Señor les dará, según la necesidad de cada una. Sea también tan benigna y afable, que puedan manifestarle tranquilamente sus necesidades, y recurrir a ella confiadamente a cualquier hora, como les parezca conveniente, tanto para sí como para sus hermanas.
  
Mas las hermanas que son súbditas recuerden que, por Dios, negaron sus propias voluntades. Por eso, quiero que obedezcan a su madre, como lo han prometido al Señor, con una voluntad espontánea, para que su madre, viendo la caridad, humildad y unión que tienen entre ellas, lleve más ligeramente toda la carga que por razón del oficio soporta, y lo que es molesto y amargo, por el santo comportamiento religioso de ellas se le convierta en dulzura.
 
Y porque son estrechos el camino y la senda, y es angosta la puerta por la que se va y se entra en la vida, son pocos los que caminan y entran por ella (cf. Mt 7,14); y si hay algunos que durante un cierto tiempo caminan por la misma, son poquísimos los que perseveran en ella. ¡Bienaventurados de veras aquellos a quienes les es dado caminar por ella y perseverar hasta el fin! (cf. Mt 10,22)
 
Por consiguiente, si hemos entrado por el camino del Señor, guardémonos de apartarnos nunca en lo más mínimo de él por nuestra culpa e ignorancia, para que no hagamos injuria a tan gran Señor y a su Madre la Virgen y a nuestro bienaventurado padre Francisco, y a la Iglesia triunfante y también a la militante. Pues está escrito: Malditos los que se apartan de tus mandamientos (Sal 118,21).
  

Por eso doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo (Ef 3,14), para que, teniendo a nuestro favor los méritos de la gloriosa Virgen santa María, su Madre, y de nuestro bienaventurado padre Francisco y de todos los santos, el mismo Señor que dio el buen principio, dé el incremento (cf. 1 Cor 3,6-7), y dé también la perseverancia final. Amén.
 
Para que mejor pueda ser observado este escrito, os lo dejo a vosotras, carísimas y amadas hermanas mías, presentes y futuras, en señal de la bendición del Señor y de nuestro bienaventurado padre Francisco, y de la bendición mía, vuestra madre y sierva.