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jueves, 9 de julio de 2026

SAN ZENÓN Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES

«Muchos son los llamados, mas pocos los elegidos» (San Mateo XX, 16).
     
Si la conversión de un pecador es para los ángeles motivo de alegría, qué júbilo no habrán experimentado viendo a Zenón en el cielo, acompañado de esa multitud inmensa de cristianos que con él sufrieron el martirio. Esos soldados de Jesucristo animábanse unos a otros a sufrir generosamente por la causa de su Dios; hubiérase dicho que marchaban a un triunfo y no a un combate. Ninguno temía los tormentos; todos pedían a Dios constancia, para sí mismos y sus compañeros.

MEDITACIÓN SOBRE LA MANERA DE CONDUCIRNOS CON NUESTRAS RELACIONES 
I. Nos asemejamos a quienes frecuentamos; hacemos lo que vemos hacer, sin preocuparnos de si tal es la voluntad de Dios. Concluye de ahí que tu salvación depende, en gran parte, de aquellos con quienes vives. Si tienes ante los ojos ejemplos de virtud, practicarás la virtud; si tienes malos ejemplos, obrarás el mal. «Oh Dios mío», decía San Bernardo, «¡cuán agradecido estoy de que me hayáis separado del mundo! Este claustro, esta celda, esta casa, hermanos míos, todo lo que veo me lleva a la devoción». «¡Oh siglo perverso, donde se tiene vergüenza de no ser perverso con los perversos!» (San Agustín).
   
II. Considera las virtudes de aquellos a quienes frecuentas y, a ejemplo de Zenón, imita lo que haya de más perfecto en cada uno de ellos. Admiras la modestia en uno, la humildad en otro, la caridad, la mortificación: haz como la abeja, que elige lo mejor que hay en cada flor para elaborar su miel. ¿No haces lo contrario? ¿No imitas el mal que ves que los demás cometen?
   
III. No hay reunión de hombres, por santa y perfecta que sea, que no contenga algo imperfecto. No hagas lo que censurarías en otro; y cuando notes alguna imperfección en alguno de tus hermanos, mira si no tienes los mismos defectos. En una palabra, no mires las faltas de los demás, sino piensa más bien en corregirte tú mismo. «Ignóranse los propios defectos mientras se consideran los ajenos» (San Bernardo).

La huida de las malas compañías. Orad por los que están en peligro de ofender a Dios.

ORACIÓN
Haced, os lo suplicamos, Dios omnipotente, que la intercesión del bienaventurado Zenón, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo celebramos, nos fortifique en el amor de Vuestro augusto Nombre. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 12 de junio de 2026

NOVENA PARA PREPARARSE A LAS VACACIONES

Traducción de la Novena publicada en Québec por la Oficina de la Abeja en 1850, con las debidas licencias.
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
℣. Oh Dios, venid en mi auxilio.
℟. Señor, acudid pronto a socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. 
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y restituir y satisfacer si algo debiere; y por vuestro amor perdono a mis enemigos, y ofrezco vuestra santísima Pasión y muerte, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados. Y como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita que me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar hasta la muerte. Amén.
 
DÍA PRIMERO
La experiencia lo enseña: de tantos jóvenes y niños que frecuentan anualmente las escuelas públicas, hay un gran número que, en los intervalos de descanso que pasan en el seno de su familia, pierden totalmente su piedad, luego la vida de la gracia, y finalmente incluso sus costumbres. En estos días consagrados al descanso, lo decimos con un sentimiento de profundo dolor, ¿la mayor parte de ellos no están en un terrible naufragio?… ¿Esta desgracia, digna de ser llorada con lágrimas de sangre, no va a llegarnos?
  
¡Oh Virgen Santa, salud y fortaleza de los débiles, no lo permitáis!
  
LETANÍA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios Padre, Criador de los cielos, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Trinidad santa, que eres un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Madre de Cristo, ruega por nosotros.
Madre de la divina gracia, ruega por nosotros.
Madre purísima, ruega por nosotros.
Madre castísima, ruega por nosotros.
Madre intacta, ruega por nosotros. 
Madre incorrupta, ruega por nosotros.
Madre sin mancha, ruega por nosotros. 
Madre amable, ruega por nosotros.
Madre admirable, ruega por nosotros.
Madre del Buen consejo, ruega por nosotros.
Madre del Creador, ruega por nosotros.
Madre del Salvador, ruega por nosotros.
Virgen prudentísima, ruega por nosotros.
Virgen digna de reverencia, ruega por nosotros.
Virgen digna de alabanza, ruega por nosotros.
Virgen poderosa, ruega por nosotros.
Virgen clemente, ruega por nosotros.
Virgen fiel, ruega por nosotros.
Espejo de justicia, ruega por nosotros.
Trono de la sabiduría eterna, ruega por nosotros.
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.
Vaso espiritual de elección, ruega por nosotros. 
Vaso digno de honor, ruega por nosotros. 
Vaso insigne de devoción, ruega por nosotros. 
Rosa mística, ruega por nosotros.
Torre de David, ruega por nosotros.
Torre de marfil, ruega por nosotros.
Casa de oro, ruega por nosotros. 
Arca de alianza, ruega por nosotros.
Puerta del cielo, ruega por nosotros. 
Estrella de la mañana, ruega por nosotros. 
Salud de los enfermos, ruega por nosotros.
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros.
Consoladora de los afligidos, ruega por nosotros.
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
Reina de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Reina de los Profetas, ruega por nosotros.
Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.
Reina de los Mártires, ruega por nosotros.
Reina de los Confesores, ruega por nosotros.
Reina de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Reina de todos los Santos, ruega por nosotros.
Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros.
Reina asunta al Cielo, ruega por nosotros.
Reina del Santo Rosario, ruega por nosotros.
Reina de la paz, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, óyenos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
  
℣. Rogad por nosotros, Santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
      
ORACIÓN
Oremos: Defended, Señor, por la intercesión de Santa María siempre Virgen, a esta familia de toda adversidad, y defended de los ataques del enemigo a la que está humildemente postrada ante Vos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
La primera causa de las caídas que se tienen en el mundo es el comercio de este mismo mundo. «El mundo está lleno de maldad», dijo San Juan, no respira sino irreligión, impiedad y libertinaje. Asimismo, el Divino Salvador nos ha impedido, por el mismo apóstol, amar el mundo y las cosas que en él están. Más aún, ¿no es verdad que Él mismo lo ha cargado de anatemas por sus escándalos: «¡Ay del mundo por sus escándalos!»?… ¡Con razón debemos renunciar al comercio del mundo, y el contacto de todos sus escándalos! ¡Ay de nosotros si nos dejamos seducir de él! La maldición que el Señor lanzó nos esperaría…

¡Oh María, Auxilio de los cristianos, salvadnos!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.

DÍA TERCERO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
La segunda causa de sus cambios que hemos de temer son los malos amigos. «Un buen amigo es de altísimo precio», dice el Espíritu Santo, «el que lo encuentra, halla un tesoro». Pero por la razón contraria, un mal amigo es un flagelo, una verdadera peste. Y en el mundo, ¿puede uno vanagloriarse de encontrarlos buenos? ¿Cuáles son los jóvenes de nuestro tiempo, que viven en medio del mundo fieles a los deberes que la religión impone? Y si no son religiosos, ¿no hemos de temer que, al menos, sean para nosotros buenos amigos?… Y si son malos, ¿no es verdad que su comercio nos perdería, y entraremos en sus malas formas?
  
¡Oh María, Virgen prudente, salvadnos de este peligro!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA CUARTO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
La causa más ordinaria de la desgracia que aquí lamentamos es el respeto humano. Un joven teme las críticas, las burlas y el desprecio de sus pares, y para evitarlas, actuará como ellos, lo que es decir que para no disgustarlos, no teme desagradar al mismo Dios. ¿Por tanto ignora a qué mal se expone por una conducta tan cobarde?… ¿Acaso Jesucristo no dijo: «Yo me avergonzaré ante mi Padre de quien se avergüence de Mí ante los hombres»? ¡Qué amenaza! ¡Oh Dios mío, está hecho! ¡Sí, os confesaremos en todo tiempo, en todo lugar, ante todos y contra todos!… Siempre seréis el Dios de nuestro corazón, para que seáis nuestra herencia por toda la eternidad!
   
¡Oh María, Virgen poderosa, obtenednos la fuerza para ser fieles a esta resolución!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA QUINTO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
La ociosidad es la fuente más fecunda de los desórdenes del corazón humano. Fácilmente un joven se persuade que los días de descanso que pasa en el seno de su familia no son precisamente días de ocupación y de trabajo. Así no hace el deber que los maestros amigos y prudentes le han puesto en el momento de partir, o, de hacerlos, se presiona y afana para liberarse lo más pronto posible y estar luego libre para no hacer nada. Quiere así vivir en la ociosidad. Mas ¿no es la ociosidad maestra de todos los vicios? ¿No es ella la que precipitó a David en una serie de crímenes espantosos? ¿No es ella la que todos los días entraña una infinidad de crímenes en el desorden y luego en el infierno?… ¿Qué hará ella de nosotros, si nos entregamos a ella?

¡Oh María, Virgen clemente, obtenednos la gracia de huir siempre de la ociosidad como nuestro enemigo más cruel!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA SEXTO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
El medio para premunirnos contra los peligros que nos esperan es la oración. «Pedid, nos dice el Divino Maestro, y recibiréis… En verdad, en verdad, os digo: todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá». Estaremos seguros de perseverar si lo pedimos. Pidámoslo con confianza: unamos nuestras oraciones para obtener el don de la perseverancia, y luego cuando estemos frente con los enemigos, digamos frecuentemente: «Guardadnos, Señor, como la niña de vuestros ojos: protegednos bajo la sombra de vuestras alas…». A vos también, Madre compasivísima, a voz diremos con más fervor que nunca: Acoged nuestras súplicas, y libradnos de todos los peligros que amenazan las almas de vuestros hijos.
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA SÉPTIMO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
El gran medio de la perseverancia es la recepción de los sacramentos de la Confesión y la Comunión. Uno nos reafirmará en las buenas resoluciones, reparará nuestras pérdidas e incluso, nos dará un nuevo camino si hiciere falta. El otro nos asegura una fuerza que nada nos podrá hacer caer. «El que come mi carne y bebe mi sangre», nos dice el Dios que nos amó hasta hacerse nuestro alimento y nuestra bebida, «no morirá para siempre, sino que vivirá en él». Sí, el Santísimo Sacramento es la mesa que nos habéis preparado, ¡oh Dios!, delante de nuestros enemigos que se afanan por perseguirnos… Este es el que nos ha dado el vino que engendra vírgenes y el trigo de los elegidos. Fortalecidos con la virtud de Dios que habitará en nosotros, diremos como el Apóstol de las naciones: «Todo lo puedo en Aquel que me conforta».
  
¡Oh María, obtenedme la gracia de acudir frecuentemente al sagrado banquete que me hará triunfar del mundo, del infierno, y de mí mismo!
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
   
DÍA OCTAVO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
Para conservar nuestra inocencia, invoquemos frecuentemente a la que llamamos todos los días como la Reina de todos los Santos, la Madre purísima y castísima. Sabemos que ella ama con particular afecto a los jóvenes, y que ella protege de una forma toda maternal a los que le han prometido un amor filial. Ella nos ama, por supuesto, porque Jesús moribundo la impuso ante nosotros el título y los deberes de Madre. Además, ella es la Virgen poderosa, esta hija de Eva cuyo pie ha aplastado la cabeza de la serpiente antigua… Así, su poder y su amor se reúnen para imponernos ante ella los deberes de una confianza sin límites. Así, ¡oh Virgen amable y poderosa!, os invocaremos en nuestros peligros, con la confianza que hizo decir a San Bernardo: «No, nadie puede perecer cuando se invoca a María»…
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.
  
DÍA NOVENO
Por la señal…
Responso «Oh Dios, venid en mi auxilio», y Acto de contrición.
  
Un último medio de perseverancia es recordar frecuentemente todas las gracias que se han recibido en esta morada. Además, ¿de cuántas de ellas ha rodeado el Señor nuestra infancia y nuestra juventud?… ¿Por qué nos prefirió a nosotros de entre tantos hijos de nuestro tiempo, para procurarnos las ventajas de una educación cristiana? ¿Por qué nos ha recibido en esta santa casa como en un santuario, para hacernos aprender a conocerlo, amarlo y servirlo? Y esta bondad de predilección, estos cuidados de una ternura más que maternal, ¿vendríamos a olvidarla?… Y esta casa donde vivimos a la sombra de sus alas, esta casa donde tantas bondades nos han sido concedidas, ¡olvidarla también! ¡No, Señor, vuestros favores vivirán siempre en mi memoria: ellos estarán siempre en mi corazón!… «¡Que la lengua se pegue a mi paladar, que se seque mi mano derecha, si os fuere infiel al recuerdo de todas vuestras gracias, al recuerdo de este lugar santo donde me las concedéis!»
  
¡Oh María! ¡Oh Madre de misericordia!, rogad por nosotros, diremos juntos por última vez: rogad por nosotros, y preservadnos del más horrible de los males, que es el pecado.
   
Rezar la Letanía de la Santísima Virgen.

sábado, 9 de mayo de 2026

SAN GREGORIO NACIANCENO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

«Ceñid vuestras cinturas y tened en vuestras manos las lámparas encendidas» (San Lucas XII, 35). 
   

San Gregorio Nacianceno, yendo a Atenas a estudiar filosofía, fue sorprendido en el mar por una tempestad tan violenta que prometió a Dios abandonar el mundo si escapaba del naufragio. Su voto fue escuchado y Gregorio, en compañía de San Basilio, compañero suyo de estudios en Atenas, retiróse a la soledad. Dormía en el desnudo suelo, llevaba cilicio, mortificaba su cuerpo con continuos ayunos y vigilias. Fue arrancado de su retiro, nombrándoselo patriarca de Constantinopla. Murió alrededor del año 390, a edad muy avanzada.  

MEDITACIÓN SOBRE EL BUEN EJEMPLO
I. Da buen ejemplo a los demás, lleva en tu mano la lámpara encendida, alumbra a tu prójimo y, con tus buenas acciones, abrasa su corazón con el amor de Dios. Es ésta una obligación que te impone la caridad; si faltas a ella, si te haces para el prójimo ocasión de escándalo, serás doblemente castigado. ¿Cómo te atreves a escandalizar a tu hermano, por quien dio su vida Jesucristo? San Francisco de Asís predicaba con su modestia; los apóstoles conquistaron más almas para Jesucristo con su paciencia que con sus predicaciones, y eso que sus palabras ardían en el fuego del Espíritu Santo.
   
II. Cuando veas las faltas de tu prójimo, vuélvete sobre ti mismo y examina si no incurres en iguales pecados. Si nada te reprocha tu conciencia, agradece a Dios, y considera la fealdad de aquellos peca dos para que les tengas aversión; reconocerás mejor su enormidad en otro que no en ti mismo. Huye de las ocasiones en que aquel desventurado naufragó, porque quien ama el peligro en él perecerá. «Dichoso aquel que no se detuvo en el camino de los pecadores» (Salmo).
   
III. Mira el ejemplo que te dan tantas almas santas. ¡Cuántas veces ves todos los días a personas que viven en la austeridad y en la humildad, que trabajan celosamente por la salvación de las almas! ¡Cuántos y cuántas jóvenes que tienden al cielo con esfuerzo continuo! Exclama con San Agustín: «¡Yérguense los ignorantes y se ganan el cielo, y nosotros, con toda nuestra ciencia, yacemos en la carne y en la sangre!».

Huir de las malas compañías. Orad por la conversión de los pecadores.

ORACIÓN
Oh Dios, que disteis al bienaventurado Gregorio a vuestro pueblo para que lo instruyera acerca de los caminos de la salvación eterna, haced, os lo suplicamos, que después de haberlo contado en la tierra como doctor y guía, merezcamos tenerlo como intercesor en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.

domingo, 30 de noviembre de 2025

EVITAR LA GULA Y LA PREOCUPACIÓN MUNDANA, PARA NO SER SORPRENDIDOS EN EL DÍA DEL SEÑOR


«Cuando el Salvador instruía a sus discípulos sobre el adviento del reino de Dios y el fin del mundo y de los tiempos, y enseñaba en aquellos Apóstoles a toda su Iglesia, dijo: “Velad, pues, sobre vosotros mismos, no suceda que se ofusquen vuestros corazones con la glotonería y embriaguez, y los cuidados de esta vida” (Luc. XXI, 34). Este precepto, carísimos, reconocemos que se refiere en modo especial a nosotros, a los cuales el día anunciado, si bien escondido, no hay duda que esté cercano. Es oportuno que todo hombre se prepare a su advenimiento: a fin que no encuentre a ninguno dedicado al vientre o atrapado en las preocupaciones mundanas. Porque, carísimos, la experiencia cotidiana demuestra que la agudeza de la mente es ofuscada por la saciedad de la bebida, y el vigor del corazón es debilitado por el exceso de comidas; así que el placer de comer es contrario incluso a la salud del cuerpo, a menos que la razón de la templanza se oponga a la atracción y sustraiga al placer lo que será una carga. Porque aunque la carne no desea nada sin el alma, y de ella recibe los sentidos de los cuales toma también el movimiento, es tarea del alma negar algunas cosas a esta sustancia que le está sometida, y con un juicio interior frenar los excesos exteriores; a fin que, más a menudo libre de los corpóreos deseos, pueda atender a la divina sabiduría en el aula de la mente: donde, acallando todo estrépito de las preocupaciones terrenas, se deleite en las meditaciones santas y en las delicias eternas».
   
SAN LEÓN MAGNOSermón 8.º sobre el ayuno del mes décimo. En Migne, Patrología Latína LIV, cols. 185-186. Traducción propia.

domingo, 23 de noviembre de 2025

MODERAR LA CURIOSIDAD INTELECTUAL Y ESPIRITUAL

«Oh curioso, que te afliges y que expandes tu actividad en muchas direcciones, ve, no digo a la hormiga, sino a la abeja, y aprende de ella la sabiduría. 

La abeja no se posa sobre muchas especies de flores. De su ejemplo, aprende a no dar oídos a las distintas flores de palabras, a los distintos librachos; y no dejes una flor para pasar a otra como hacen los exigentes que siempre deshojan libros, critican las predicaciones y pesan las palabras, pero nunca llegan a la verdadera ciencia: tú, en cambio, recoge de un libro aquello que te sirve y ponlo en la colmena de tu memoria».
  
SAN ANTONIO DE PADUA, Sermón del Domingo XI después de Pentecostés.

martes, 9 de septiembre de 2025

DEL COLOR DEL VELO

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
  
Aunque el Derecho Canónico exige que las mujeres se cubran la cabeza, especialmente al recibir la Sagrada Comunión, no se prescribe ningún color; es simplemente una cuestión de elección o costumbre local.
  
«Queridos Padres de TRADITIO: Se supone que las mujeres deben cubrirse la cabeza en la misa católica como señal de reverencia y humildad ante Dios, pero ¿tiene algún significado el color que se usa? He visto el negro en las misas de Réquiem, y generalmente el blanco en el resto de las misas. También he visto muchos otros colores» (Alex).
  
RESPUESTA DE LOS PADRES DE TRADITIO. Es correcto que las mujeres lleven la cabeza cubierta en la iglesia, según lo prescribe el Derecho Canónico (canon 1262, § 2), basándose en la instrucción de San Pablo en su Primera Carta a los Corintios (XI, 6). No se indica el color del velo, que es simplemente una cuestión de elección o costumbre local.
  
Dicho esto, el negro parece particularmente apropiado para los funerales; el blanco, el azul o algún otro color apagado para otras ocasiones. Hemos conocido a algunas mujeres que coordinan su tocado, e incluso su vestimenta, con el color litúrgico del día: blanco para Pascua, rojo para Pentecostés, violeta para Cuaresma, azul para las festividades marianas, etc.

jueves, 7 de agosto de 2025

EL MUNDO MODERNO NO SERÁ ENCANTADOR COMO LOS MUNDOS PASADOS

«Cuesta trabajo imaginar que el mundo moderno pueda tener algún día el encanto de todo mundo pasado» (NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA, Sucesivos escolios a un texto implícito, pág. 159).

sábado, 26 de julio de 2025

SANTIFICAR EL DOMINGO CUANDO NO HAY MISA DISPONIBLE

Elementos tomados de QUIDLIBET y SOCIEDAD RELIGIOSA SAN LUIS REY DE FRANCIA.
   
En primer lugar, no es pecado no ir a Misa si no se la tiene cerca u otros graves impedimentos. Pero sí es pecado asistir a la “misa” nueva (Novus Ordo) cuando uno duda de la validez de la misma. Objetivamente hablando, también es pecado asistir a una misa tradicional válida, pero celebrada en unión (Una cum) con el modernista “papa” falso y su jerarquía; pero en casos extremos, se puede acudir a un sacerdote del que se tenga conocimiento que fue válidamente ordenado para la confesión o bendecir sacramentales.

En el pasado, la Iglesia nunca habría permitido este tipo de asistencia, pues es una falsedad, un sacrilegio, y es gravemente ofensivo a Dios Todopoderoso.

Pero, ¿qué hacer si no se tiene al alcance la verdadera Misa?
Como en su momento aconsejara el padre Anthony Cekada, en este caso se debe «Profundizar en el conocimiento de la fe católica, instruirse acerca de los errores de los modernistas, santificarse, formar a los miembros de su familia en la fe mediante la palabra y el ejemplo, hacer todo lo posible para mantenerse alegre frente a la adversidad y poner todo en las manos de Dios». Suscribimos completamente a este consejo.
   
En una palabra: ¡Haz todo lo que se pueda hacer en casa sin un sacerdote!

Además de las devociones diarias, recomendamos lo siguiente:
  1. Haz un altar y entroniza el Sagrado Corazón de Jesús.
  2. Usa los sacramentales: Tener y usar velas benditas, agua bendita, así como un crucifijo e imágenes y cuadros de Nuestra Señora y de Santos, medallas y escapularios. También conseguir y utilizar los distintos sacramentales bendecidos en fiestas especiales del año litúrgico: ramos o palmas bendecidas, velas de la Candelaria, etc. También puedes rezar devociones como el Santo Rosario, el Viacrucis, las novenas, los triduos, el Mes de María, de San José, del Sagrado Corazón, entre otras devociones (aquí en Miles Christi Resístens tenemos una sección que reúne devociones que hemos ido recopilando todos estos años).
  3. Bendecir: Rocía con frecuencia tu casa con agua bendita, bendice la mesa antes de cada comida, bendice a tus hijos, haz con frecuencia signos de la Cruz.
  4. Establece una hora fija de adoración los domingos: Todos los domingos dedica un tiempo para rezar las oraciones de la Misa, hacer lectura espiritual y catequesis, especialmente para los niños. Esta hora de devoción dominical (aunque es laudable hacerla, si es posible, todos los días) puede tener muchas formas:
  5. Comunión espiritual: Consiste en desear con fe y con amor recibir a Nuestro Señor en el Sacramento de la Eucaristía. Si se tiene la desgracia de estar en pecado mortal, se debe implorar siempre primero la misericordia divina, por medio de un acto de contrición lo más perfecto posible por amor a Dios.
      
    La Comunión espiritual se diferencia de la Comunión sacramental en que en esta última sí se recibe la hostia consagrada con el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, que debe recibirse en Gracia (sin pecado) luego de la última confesión sacramental bien hecha. En cambio, la comunión espiritual es un acto de deseo de recibir la Eucaristía, el cual puede realizarse frecuentemente y en cualquier sitio.
  6. Hora Santa: Reza la Hora Santa los primeros jueves de cada mes, junto a tu familia. Esta devoción recomendada por el Sangrado Corazón a Santa Margarita María de Alacoque, ha sido ampliamente recomendada por varios Pontífices, especialmente las meditaciones escritas por el R.P. Mateo Crawley-Boevey SS.CC
  7. Oración y meditación diaria: Seguir el Martirologio romano nos permite conocer diferentes santos que la Iglesia nos propone para la devoción, y que nos ilustran acerca de diversos aspecto de la vida y lucha espiritual del cristiano. Como mínimo, diez minutos de oración mental.
  8. Profundiza en el conocimiento y comprensión de la fe: Resulta fundamental en estos tiempos de caos y confusión, profundizar nuestra comprensión y conocimiento de nuestra fe, no sólo para nuestra salvación sino como un acto de Amor a Dios. Nuestro Señor mismo nos manda estudiar, y así es repetido en varias oportunidades en el libro del Apocalipsis. Es recomendado estudiar el Catecismo, práctica que además está enriquecida con Indulgencias.

¿Qué hago si no tengo la Misa? Haz algo. ¡Haz todo lo posible! Dios no pide nada imposible, irracional ni injusto. Él nunca es superado en generosidad en recompensar cuanto se haga por Su causa.

viernes, 13 de junio de 2025

¿DEBEN LOS BEBÉS SER LLEVADOS A MISA?

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
  
Los bebés y niños pequeños no deben ser llevados a la iglesia hasta que puedan permanecer tranquilos durante la misa.
Las familias pueden hacer arreglos para que uno de los padres se quede en casa con el bebé, tal vez alternando semanas en la misa o hacer arreglos para asistir a la misa en diferentes horarios, o conseguir una niñera o un familiar mientras los padres asisten a la Santa Misa.
   
«Queridos Padres de TRADITIO: ¿Qué se puede hacer con el llanto de bebés y niños pequeños en la Santa Misa? Me parecen perturbadores de la solemnidad y la meditación de la Misa. ¿Deberían estar allí a tan temprana edad?» (William).

RESPUESTA DE LOS PADRES DE TRADITIO: Estamos de acuerdo en que los bebés y niños pequeños no deben ser llevados a la iglesia hasta que puedan permanecer tranquilos durante toda la Misa. No hay obligación de tenerlos allí, y cuando no están controlados, pueden arruinar el aspecto de oración que se supone que tiene la Santa Misa para la congregación.

Algunas iglesias pueden tener una schola o coro que se ha esforzado por preparar canto gregoriano u otra música sacra para la misa, solo para que su trabajo y la atención de la congregación se vean interrumpidos por el llanto de un bebé. El sacerdote puede haber dedicado tiempo a preparar un sermón fructífero, que luego no puede ser atendido adecuadamente por la congregación debido al llanto perturbador de un bebé.

Algunas iglesias cuentan con una “sala para niños”, insonorizada para la congregación general. Sin embargo, esta configuración ya no es común hoy en día ni está disponible en capillas ni oratorios. Algunas familias se encargan de que uno de los padres se quede en casa con el bebé, quizás alternando semanas para asistir a Misa, o de asistir a Misas en diferentes horarios, o de contratar a una niñera o a un familiar para que cuide al bebé mientras los padres asisten a la Santa Misa.

sábado, 10 de mayo de 2025

SAN ANTONINO DE FLORENCIA

«No queráis amontonar tesoros para vosotros en la tierra, donde la herrumbre y la polilla los consumen, y donde los ladrones los desentierran y roban» (San Mateo VI, 19).
   

Antonino Pierozzi, que entró en la orden de Santo Domingo a la edad de doce años, fue un modelo de humildad, de recogimiento y de mortificación. Jamás comió carne, y, enfermo o sano, dormía sobre una tabla. Fue menester que el Papa Eugenio IV lo amenazase con excomunión para hacerle aceptar el arzobispado de Florencia y se supo ganar el cariño de sus gentes por su bondad y caridad, pues daba a los pobres todo lo que caía en sus manos. Pero también sabía exigir, y combatió los juegos de azar, la usura y la brujería que se practicaba en esta ciudad. No quiso mas riquezas que la virtud; todo lo que poseía dábalo a los pobres, llegando al extremo de vender, para socorrerlos, parte de los muebles y de la ropa. Fundó el famoso convento de San Marcos en Florencia y encargó a Fray Angélico, su compañero de noviciado y afamado pintor, la pintura de todos los ahora célebres cuadros en este convento. A pesar de su mala salud, fue nombrado Arzobispo de Florencia, donde murió en mayo de 1459, a los 70 años de edad.

MEDITACIÓN SOBRE LOS BIENES DEL MUNDO
I. Los bienes de la tierra, las riquezas, los placeres, los honores, no merecen tus afanes, pues no podrían hacerte mejor de lo que eres; por lo contrario, son los instrumentos de todos los crímenes. Más humilde serías, más sobrio y más casto, si fueses menos rico. La aflicción, la enfermedad y las humillaciones te hacen practicar muchas virtudes en las que ni siquiera pensarías faltándote aquéllas.
    
II. Por otra parte, esos bienes no te pueden hacer dichoso, porque están inficionados del temor de perderlos, y porque son imperfectos y no pueden, en consecuencia, satisfacer plenamente tus deseos. ¿Estuviste acaso alguna vez contento, verdaderamente, aun en el momento de mayor prosperidad? ¿Tus placeres más dulces no tuvieron amargura, tus más hermosas rosas sus espinas? Salomón poseyó inmensas riquezas, gustó todos los placeres, y exclama: «Vanidad de vanidades, y todo vanidad» (Eclesiastés).
   
III. Busca, pues, los tesoros del paraíso: son perfectos, no tienen mezcla de amargura alguna, no hay temor de perderlos y satisfacen plenamente nuestros deseos en toda su amplitud. Los Ángeles se ríen de nosotros cuando nos ven afanarnos tanto por edificar casas de barro que deberemos abandonar al día siguiente. Se sobrecogen de tristeza cuando ven que nos entregamos a placeres que nos rebajan al nivel de los animales. ¡Oh cristiano, espera y busca bienes más grandes! Coheredero de Jesucristo, ¿cómo regocijarte asociándote a los placeres del irracional? «Eleva tus esperanzas hacia el soberano bien» (San Agustín).

El desprecio del mundo. Orad por las congregaciones religiosas.

ORACIÓN
Señor, haced que seamos ayudados por los méritos de San Antonino, vuestro confesor pontífice, a fin de que os encontremos misericordioso con nosotros, así como os reconocemos admirable en vuestro proceder con él. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 3 de abril de 2025

NOVENA EN HONOR AL BEATO ÁNGEL CARLETTI DE CHIVASSO

Traducción de la Novena dispuesta por el canónigo Domenico Andrea Bottieri, publicada en Cúneo por la imprenta de Pietro Rossi en 1814, con las debidas licencias.
  
INTRODUCCIÓN
El piadosísimo Dios da a los fieles los Santos como protectores a los que recurran, y como ejemplos que imitar. El Beato Ángel fue protector benéfico de la ciudad de Chivasso, donde nació, y de Cúneo, donde se conserva su cuerpo entero y palpable, y también de quien ha recurrido a él. Él fue también uno de los hombres más insignes y acreditados, que por santidad y doctrina ilustraron la Iglesia Católica en el siglo XV. Ahora te propongo, devoto Lector, algunos obsequios para practicar en su honor para merecer su patrocinio, y a fin de hacerte más fácil la imitación, he presentado en consideraciones sus principales virtudes y acciones. Procura de prepararte a su fiesta con fervorosa novena, que comienza a tres de abril:
  1. En cada día de ella, lee atentamente y con reflexión una de las siguientes consideraciones, y figúrate que el Beato te diga  como San Pablo escribiera a los cristianos de Corinto, 1 Cor. 4: «Rogo vos, imitatóres mei estóte, sicut et ego Christi. Os ruego que seáis imitadores míos, como yo lo soy de Cristo».
  2. Invócalo a conciencia, y ten en tu habitación su imagen.
  3. Además, cada día asiste en su honor a la Santa Misa, ve a visitar a Jesús Sacramentado, haz alguna limosna u otro acto de caridad, o de mortificación.
  4. Recita la oración que abajo aparece, y tres Padre nuestros, Ave Marías y Gloria Patri en honor a la Santísima Trinidad, en agradecimiento de los dones que concedió al Beato Ángel.
  5. Y en el día de su Fiesta, acércate a recibir los Santos Sacramentos.

  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
     
AFECTO A JESÚS EUCARISTÍA
Jesús mío, Hijo unigénito del divino Padre, e Hijo de María Virgen, yo os adoro aquí en realidad presente en el Sacramento de la Eucaristía, y uno esta mi adoración a las que os hicieron los tres Magos allá en Belén, cuando os ofrecieron oro, incienso y mirra, y os reconozco como verdadero Dios y verdadero hombre, mi Señor supremo y mi Juez; la uno a las adoraciones que Santa María Magdalena y las otras piadosas mujeres bajando del Calvario hicieron a Vos resucitado en la mañana de vuestra gloriosa Resurrección; la uno también a las adoraciones que ahora os hacen los Ángeles y los Santos en el Paraíso. Os agradezco por la gran benevolencia que nos demostráis al estar de continuo con nosotros, a fin de alimentar nuestras almas y de beneficiarnos. Vos nos habéis dicho: «Pedid y recibiréis. Petíte, et accipíetis» (Joan. 16). Confiado a esta promesa por vuestra misericordia, os pido la remisión de mis pecados, los cuales odio y detesto sumamente, porque fueron ofensas de vuestra bondad infinita, y os pudo perdón y propongo con vuestra ayuda no ofenderos más. Os pido perdonarme, como perdonasteis a la mujer pecadora, y a vuestro Apóstol Pedro. Además os pido vuestra amistad perpetua… ¡Ah!, sí, os amo con todo el corazón, deseo amaros de veras y crecer cada día en vuestro santo amor, y de amaros siempre más en esta vida y en la otra. Os pido la gracia de recibir con las convenientes disposiciones y con fruto los últimos Sacramentos de la Iglesia, cuando estaré cerca de partir para la eternidad bienaventurada. Os pido finalmente todas aquellas otras gracias que me son necesarias o útiles para constantemente vivir y morir como justo, suplicándoos darme vuestra santa bendición, y con ella a conformarme en estos buenos sentimientos… Sí, bendecidme como bendeciréis a vuestros elegidos en el Juicio Universal; bendecid también a todos mis parientes, bienhechores, amigos, todos los enfermos y agonizantes, y todas las personas que se encomiendan a mis oraciones, y las Ánimas del Purgatorio.

Rezar tres Padre nuestros, Ave Marías y Gloria Patri en honor a la Santísima Trinidad, en agradecimiento de los dones que concedió al Beato Ángel.
    
DÍA PRIMERO – 3 DE ABRIL
VIRTUD DE LA FE EN EL BEATO ÁNGEL

CONSIDERACIÓN
I. Considera, oh Cristiano, que el Beato Ángel tuvo una fe divina, esto es, él conservó siempre pura aquella santa fe de la cual le fue infuso el hábito en el bautismo, creyendo firmemente la existencia de Dios, y todas las verdades que la Iglesia Romana propone creer como reveladas por Dios, y se aplicó voluntario y largamente, y con mucho estudio a aprender todos los artículos, todos los dogmas y todas las cosas que ella abarca, de modo que devino solemne maestro, y para instrucción de otros las explicó en sus libros: que la creía, movido no ya por humanas razones, sino más por la infalible veracidad y autoridad de Dios, que no puede ser engañado ni engañar a los demás, el cual las ha revelado a su Iglesia, y por medio de ella nos la revela a nosotros. Asimismo procura aprender y hacer que tus hijos y las personas que te estén sujetas el Símbolo de los Apóstoles, la Oración Dominical y la Salutación Angélica, los Mandamientos de Dios y de la Iglesia, los Sacramentos, su eficacia, las disposiciones convenientes para recibirlos útilmente, y los deberes de su estado, como cosas totalmente necesarias que debe saber un buen Cristiano. No basta que tú las creas porque te las ha enseñado el padre o el catequista, puesto que esta sería fe humana, sino que debes creerlas con fe divina, esto es, porque Dios las ha revelado. Este es el motivo por el que debes creerlas. ¿Y si alguien te interrogase por qué crees que hay un solo Dios en tres personas realmente distintas?… ¿que Jesucristo está realmente presente en la Sagrada Eucaristía?, debes responderle: «Yo creo porque Dios lo ha revelado». Y para instruirte plenamente de los deberes del Cristiano, ve a la Doctrina, o al menos léela en los libros  que la explican claramente. Resuelve usar diligencia para aprenderlas bien, y ora al Señor para que aumente tu fe, como una vez lo pidieron sus Discípulos: «Adáuge nobis fidem» (Luc. 17).

II. Considera, que el Beato Ángel tuvo una fe tan firme, que sin punto de duda de algún misterio aunque sea profundo y superior al humano entendimiento, creía más firmemente que aquellas cosas que veía con los ojos y penetraba con el intelecto, estando persuadido que Dios, que es la verdad por esencia, merece mayor creencia que los sentidos y la razón, que pueden a veces ser falaces. Esta firmeza lo indujo a desear ardientemente a derramar su sangre para sostenerla y defenderla, y dilatarla abiertamente; lo indujo a emprender largos viajes para predicar, a derramar sudores, afrontar fatigas y padecimientos para confutar a los herejes valdenses y los mahometanos, con peligros de la vida, y para mantenerla pura en los Católicos. Se lee en la historia de su vida que fue un incansable defensor, propagador y celosísimo predicador de la fe santa. ¿Tienes por cierto lo que se contiene en la Sagrada Escritura, y que la Santa Iglesia ha definido, como revelado por Dios? Has de saber que negar un solo artículo o dudarlo, te haría perder totalmente la fe, precisamente como un pecado mortal te haría perder la caridad. ¿Estás dispuesto a derramar tu sangre, a dar la vida antes que renegar la fe católica?… ¿Estás persuadido que sin la fe no puedes agradar a Dios? El doctor de las gentes San Pablo te lo dice: «Sine fide impossíbile est plácere Deo…» (Hebr. 11). Haz hoy muchas veces esta protesta: «Dios mío, daré mi vida para sostener vuestra santa fe».

III. Considera que el Beato Ángel tuvo además una fe viva, esto es, unida a la caridad y a las buenas obras, de manera que mantiene constantemente la gracia santificante, y su vida fue un ejercicio continuo de actos de religión, de misericordia, de humildad, de mansedumbre, de mortificación y de obras virtuosas. Tomaba por regla de sus acciones la doctrina y los ejemplos de Jesucristo. Al administrar el sacramento de la penitencia a los pecadores, se imaginaba reavivar aquellas almas muertas y reconciliarlas con Dios y abrirles las puertas del Paraíso; y al administrarlo a los justos, se imaginaba purificarlas más y aumentar en ellas la gracia habitual. Miraba al Templo como casa de Dios, y a los prójimos como imágenes de Dios. Esta sí que es fe viva, y puede decirse que vivía de la fe, como lo enseña el Espíritu Santo: «Justus áutem meus ex fide vivit» (Hebr. 11). ¿Y tú vives establemente en la gracia de Dios? Ay de ti si estás en pecado, o si no hicieses las obras de un buen Cristiano, porque tu fe, según el Apóstol San Santiago, estaría muerta y no bastaría para salvarte: «Fides, si non hábeat ópera, mórtua est… Quid prodest, fratres mei, si fidem quis dicat se habere, ópera áutem non habeat? Númquid póterit fides salvare eum?» (Jac. 2). La fe sin buenas obras es como un cuerpo sin alma: «Sicut corpus sine spíritu mórtuum est, ita et fides sine opéribus mórtua est». Toma por regla de tus costumbres las máximas de la fe, y según ellas juzga tus asuntos, y entonces aspirarás a los bienes eternos, sin aferrarte a los temporales, mirarás al prójimo según Dios, y le perdonarás las injurias, socorrerás a los miserables, respetarás los templos y resistirás las tentaciones. Ahora San Pablo te interroga: ¿Así es tu fe? Examínate: «Vosmetípsos tentáte, si estis in fide: ipsi vos probáte» (2. Cor. 13). Y si la reconoces en ti débil e imperfecta, recurre al Beato Ángel, a fin que ruegue al Altísimo para fortificarla en ti y perfeccionarla; propón en recitar cada día los actos de Fe, Esperanza y Caridad.
    
COLOQUIO
Ah sí, aunque es pequeña y débil mi fe, y por eso estoy aburrido de una prédica, de una misa larga y de las funciones eclesiásticas, de las prácticas de piedad, y estoy tibio en el divino servicio... ¡Ah! Vos, mi, caro Protector, obtenedme una fe divina, firme y viva, como la tuvisteis vos; una fe que dirija toda acción mía; una fe que por medio de la caridad me haga obrar santamente y con fervor, y que me salve.

RESPONSO Gemma lucens paupertátis
  
LATÍN
Gemma lucens paupertátis,
Rosa rubens charitátis,
Sóboles Clavásii,
Vas tótius bonitátis,
Speculúmque puritátis,
Cuneénsium glória,
Decus morum, et Minórum.
Prædicátor verbi Dei,
Extírpator hærésum,
Turcárum profligátor,
Tu forma sanctitátis,
Tu doctor populórum,
Ángele Beatíssime,
Semper precáre pro nobis Fílium Dei.

TRADUCCIÓN
Gema resplandeciente de la pobreza,
Rosa roja de la caridad,
Linaje de Clavasio,
Vaso de toda bondad
Y espejo de pureza.
Gloria del pueblo de Cúneo,
Adorno de las costumbres y de los Frailes Menores.
Predicador de la palabra de Dios,
Desarraigador de las herejías,
Destructor de los turcos,
Tú eres la imagen de la santidad,
Tú eres el maestro de los pueblos,
Ángel bienaventurado,
Ruega siempre por nosotros al Hijo de Dios.
   
℣. Ruega por nosotros, beato Ángel.
℟. Abrase la tierra y brote al Salvador.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que confirmaste la invicta fortaleza de tu bienaventurado Confesor Ángel para combatir a los enemigos de tu Iglesia, concédenos por sus méritos e intercesión, que vencidas las insidias de los enemigos, gocemos de la paz perpetua. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO – 4 DE ABRIL
Por la señal
Afectos a Jesús Eucaristía, tres Padre nuestros, Ave Marías y Gloria Patri.

VIRTUD DE LA PRUDENCIA EN EL BEATO ÁNGEL

CONSIDERACIÓN
I. Considera que la prudencia cristiana propone el último fin de toda la vida humana, que es Dios, o sea, la gloria y la posesión de Dios, por tanto prescribe los medios apropiados a este fin. Y precisamente el Beato Ángel casi desde joven se propuso querer servir únicamente a Dios como a su primer principio y a su último fin, y de salvar su alma, y a ese fin enderezó sus pensamientos, sus palabras y sus acciones en todo el curso de su vida. Él fue obediente y respetuoso hacia los mayores, asiduo en el orar y en el leer libros espirituales, fue devoto al recibirlos santos Sacramentos, dedicado al ejercicio de obras salvíficas, aplicado al estudio y siendo tan ingenioso en las ciencias, hizo tan grandes progresos que fue laureado en Teología y ambos Derechos en la universidad de Bolonia. Para no desviarse nunca de estos fines huyó de las malas compañías, el ocio, los juegos, las ocasiones y los peligros, en los cuales se puede fácilmente perder la inocencia. Por así decir, unió a la prudencia de la serpiente la sencillez y la inocencia de la paloma, como el Redentor exhortaba a hacer a sus Apóstoles: «Estóte prudéntes sicut serpéntes, et símplices sicut colúmba» (Matth. 10). Esta es la verdadera prudencia, o sea la ciencia de los Santos, el servir a Dios y salvar el alma: «Sciéntia Sanctórum prudéntia» (Prov. 9). Este el negocio más importante de todos; porque si se salva el alma, será salvo el cuerpo, que en el día del Juicio universal resurgirá glorioso, impasible e inmortal, y será admitido a participar de la gloria del alma eternamente en el Cielo. Al contrario, si se pierde el alma se perderá igualmente el cuerpo, que resurgirá inmortal, sí, pero pasible y deforme, condenado a los tormentos eternos. ¡Oh, qué gran desgracia será esta! Pondera aquella sentencia evangélica: «Quid prodest hómini, si mundum univérsum lucrétur, ánimæ vero suæ detriméntum patiátur?» (Matth. 16). ¿Qué te aprovechará convertirte en un gran señor, gran letrado, rico y feliz en el mundo, si después perdieses el alma? Por tanto, conviértete a cuenta de salvarla, y para salvarla ejecuta los medios oportunos, como son la oración cotidiana, la lectura de libros de piedad, la frecuencia de los Sacramentos y la práctica de buenas obras, como hizo el Beato Ángel, y así te salvarás con la ayuda de Dios, que no te faltará. Resuélvete a hacerlo así.
    
II. Considera que por la muerte de sus padres, el Beato Ángel se halló en libertad, único, noble y rico señor de amplio patrimonio y Senador, y a la edad de treinta años abandonó rodo para alejarse de los muchos peligros del siglo; y para asegurarse mayormente su salvación en un estado de vida más perfecto, siguiendo el consejo evangélico y la divina vocación, renunció una parte de sus bienes a sus consanguíneos, y vendiendo el remanente, distribuyó el precio a los pobres, dio su casa a su patria Chivasso para uso de los consejos públicos y de las escuelas, y en el año 1441 entró en la Orden de los Menores Observantes. Pronto por la humildad, afabilidad, la unión con Dios, y por la exacta observancia de la regla devino ejemplar en todo género de virtudes, y resplandeció entre los Religiosos fervorosos como el sol entre las estrellas; y acabado su noviciado fue admitido a la profesión religiosa, y después al sacerdocio. Esto ciertamente fue acto heroico de virtud al cual no todos son llamados. Es por eso que San Pablo, doctor de las gentes, aconseja a cada uno seguir la vocación de Dios: «Unumquémque sicut vocávit Deus, ita ámbulet» (1. Cor. 7, 17), puesto que en todo estado uno puede salvarse, y hay Santos en todos los estados. ¡Bien por ti si abrazas aquel estado al que Dios te ha destinado!, porque de eso depende tu tranquilidad en esta vida, y tu eterna salvación en la otra. Pero me dirás: ¿Cómo podré conocer a qué estado Dios me llama? Y yo te respondo: 1.º Pide luz al Espíritu Santo para conocerlo, como hacía el Santo David: «Notam fac, mihi viam, in qua ámbulem, quía ad te levávi ánimam meam» (Psal. 142). 2.º Escucha las inspiraciones interiores. 3.º Piensa confrontando las obligaciones del estado y tus fuerzas. 4.º Reflexiona sobre el fin de tu vida, en qué estado querrías haber servido a Dios. 5.º Consulta a tu Confesor, como el Eclesiástico te exhorta a hacer en toda deliberación relevante: «Fili, sine consílio nihil fácias, et post factum non pænitébit» (Eccli. 32). Y Dios te iluminará para conocer su voluntad, y después que con estos medios sugeridos de la prudencia hayas elegido y tomado un estado, el mismo San Pablo te aconseja a permanecer en él y cumplir perfectamente los deberes: «Unusquísque in qua vocatióne vocátus est, in ea permáneat» (1. Cor. 7, 20).
    
III. Considera la prudencia del beato Ángel en conducir a buen término los distintos y graves asuntos que le fueron planteados. Él primeramente refería el asunto a Dios, en la misma forma que la brújula está continuamente señalando hacia el polo, y después orando imploraba su ayuda, y luego realizaba con diligencia los medios convenientes para hacerlo salir en sí perfecto, a fin que volviese a la gloria de Dios y a provecho del prójimo. Con similar prudencia diríase santamente en el tribunal de la Penitencia los innumerables penitentes que a él recurrían y entre otros el duque Carlos I de Saboya y otros príncipes, y la Beata Paula, condesa de Bene, la cual bajo su dirección subió a tan alto grado de virtud, que devino un espejo de humildad, de caridad y de paciencia a las damas cristianas, y aprobó el espíritu y la conducta de Santa Catalina de Génova, la cual comulgaba cotidianamente. Fue enviado por mandato de los Sumos Pontífices a distintos lugares como Nuncio y Comisario Apostólico, y felizmente resolvió cualquier negocio aunque difícil. Fue elevado cuatro veces a los primeros cargos de su Orden, y siempre gobernó con paz y tranquilidad a sus súbditos religiosos, y se hizo estimar, amar y reverenciar. No se te haga maravilla esto, puesto que el Espíritu Santo con sus siete dones habitaba en él como en su templo viviente, y lo iluminaba, y lo movía a obrar prudentemente. Ahora tú, si quieres salir bien en tus obras, persuádete que la prudencia en los negocios es tan necesaria como lo es la sal en las comidas; antes de comenzarlas haz un ofrecimiento a Dios, después pídele su auxilio, y luego pon toda la aplicación y diligencia para hacerlas perfectas en sí, sabiendo que con una obra así sea pequeña sirves a Dios, que merece ser perfectamente servido: «In ómnibus opéribus tuis præcéllens esto» (Eccli. 33). Y guárdate de la inconsideración, de la precipitación y la negligencia, que son vicios opuestos a la prudencia e impiden la perfección de las acciones; y entre tanto pide al Beato Ángel que te sirva de ejemplo.
    
COLOQUIO
Vos, mi iluminado maestro, que tuvisteis siempre la mente vuelta al Cielo en todas vuestras empresas, y con los medios oportunos las condujiste a su propio feliz término, sedme guía y enseñadme con vuestro ejemplo para obrar prudentemente, esto es, para gloria de Dios, la salvación de mi alma, a obrar con diligencia y con la conveniente perfección, y conducir a buen fin, toda empresa mía.
    
Concluir con el Responso y la Oración.
  
DÍA TERCERO – 5 DE ABRIL
Por la señal
Afectos a Jesús Eucaristía, tres Padre nuestros, Ave Marías y Gloria Patri.

VIRTUD DE LA ORACIÓN EN EL BEATO ÁNGEL

CONSIDERACIÓN
I. Considera que el Beato Ángel con la oración vocal comenzó a alabar a Dios casi desde la infancia, recitando aquellas piadosas oraciones que le fueron enseñadas por su madre, y Lo alababa felizmente con interno recogimiento y con exterior compostura, y al crecer en edad crecía en él este espíritu de religión al ofrecerle sacrificios de alabanza por medio de oraciones más largas y diarias. Devenido después Religioso profeso y Sacerdote, como Ministro y Legado de la Iglesia militante, recitando o cantando las horas canónicas en los tiempos convenientes, tenía la mente atenta en pronunciar distintamente las palabras, y mucho más en los piadosos sentimientos que contienen, y en Dios, al que tributaba el sacrificio de sus labios: en aquel acto con el corazón encendido de amor celeste se esforzaba en emular a los Bienaventurados comprensores de la Iglesia triunfante. Esto sí es honrar a Dios; esto es salmodiar con el espíritu y con la mente, como hacía San Pablo: «Psallam spíritu, psallam et mente» (1 Cor. 14). ¿Y tú rezas las oraciones acostumbradas en la mañana y en la tarde? ¿Las rezas con atención y con la reverencia debida a la suprema Majestad que adoras y que honras? ¿En las fiestas asistes a la Misa parroquial, que el sagrado Pastor aplica por sus parroquianos, a fin de ofrecerla en unión con él? ¿Intervienes en las Vísperas y las demás funciones eclesiásticas para alabar a Dios, santificar las fiestas y dar buen ejemplo? ¿Rezas el Rosario con la familia? ¿Estás persuadido que las oraciones comunes son más eficaces que las singulares, y que Jesucristo lo declaró cuando dijo que donde hay dos o tres reunidos en Su nombre, está allí en medio de ellos: «Ubi sunt duo, vel tres congregáti in nómine meo, ibi sum in médio eórum» (Matth. 18)? Cuando rezas salmos, cantos y oraciones, ¿lo haces atentamente? Entonces haz un acto de Religión, con el cual honras a Dios, se aumenta la gracia habitual, y el corazón se te inflama de amor divino: «Implémini Spíritu Sancto loquéntes vobismetíspsis, in psalmis, et hymnis, et cánticis spirituálibus, cantántes, et psalléntes in córdibus vestris Dómino» (Ephes. 5). Mientras oras, acuérdate que tienes al lado al Ángel custodio que ofrece a Dios tu oración.
    
II. Considera que el Beato Ángel fue tan dedicado a la oración mental, la cual es un ejercicio de la memoria, del entendimiento y la voluntad en torno a las verdades de nuestra religión para obtener piadosas luces y afectos. Casi desde niño comenzó a dar poco reposo a su cuerpo para tener más tiempo de conversar con Dios en la oración, en la cual encontraba sus delicias; y su madre que sabía lo encontraba de noche levantado de su cama, arrodillado y absorto en su Amado, el cual con sus bendiciones lo arrebataba a Sí. La regla prescribía hasta dos horas de meditación a los Religiosos, él después de maitines solía prolongarla en el coro hasta la mañana, y más luego dirigiéndose en la tarde a la iglesia a orar, pasaba toda la noche sin tomar el sueño. Incluso puede decirse que su vida fuese casi una oración continua; tan asiduamente caminaba en la presencia de Dios. De la oración, como de un horno encendido, inflamaba su corazón con celestiales llamas; por la oración aguzaba su celo para ejercer bien el oficio de Apóstol y cooperar a la salvación de las almas; por la oración era iluminado para conocer la divina voluntad; por la ración le llegaba el ansia de las humillaciones y de los padecimientos, y la constancia en el emprendido tenor de vida laboriosa, austera y santa. ¿Y tú quieres corregirte de los hábitos viciosos? Haz cada mañana media hora de piadosa meditación. ¿Quieres preservarte del pecado? Medita los novísimos: «Memoráre novíssima tua, et in ætérnum non peccábis» (Eccli. 7). ¿Quieres adquirir la verdadera devoción? Haz la meditación y te sentirás inflamar el corazón, como el Salmista: «In meditatióne mea exardéscet ignis» (Ps. 28), porque  al decir del Doctor Santo Tomás, la meditación es la causa de la devoción: «Meditátio est devotiónis cáusa». ¿Quieres hacerte santo? Haz la meditación. Finalmente, ¿quieres salvarte? Haz la meditación, la cual por sentimiento de San Agustín es la llave que abre las puertas del Paraíso: «Orátio justi clavis est cœli». He aquí un medio fácil para santificarte, que el Señor deja en tu arbitrio. Haz la prueba. Quizá tú me dirás que no sabes hacerla, y yo te respondo que San Ignacio en el libro de los Ejercicios Espirituales enseña egregiamente a meditar, y Santa Teresa aconseja a los principiantes a leer la meditación sobre el libro con pausas y con reflexiones, y así basta saber leer para saberla hacer.

III. Considera los efectos de su oración, que fueron las lágrimas, las cuales derramaba en tan gran copia, que frecuentemente encharcaba el pavimento; los arrebatos, los éxtasis, las dulcedumbres interiores, los gozos del Paraísos tan abundantes, que llegó hasta a pedirle al Altísimo a moderar sus favores, no siendo capaz su corazón en contener el torrente de sus consolaciones. Efectos de sus oraciones fueron las muchas y señaladas gracias que obtuvo para sí y para las personas que a él se encomendaron, y principalmente la liberación de la ciudad de Otranto de la invasión de los Turcos. Obtiene la multiplicación de las cosechas en el campo, de la leche en los vasos, la salud a los enfermos, la liberación a los obsesos, la vista a los ciegos, y la facultad de caminar a los cojos, en tal signo, que en el Martirologio Franciscano él es alabado como esclarecido por virtud y por los milagros. En resumen, aquella íntima unión con su Dilecto, que tuvo aun tratando con los hombres, y aquellas frecuentes salidas de pensamientos, y de afectos al Cielo con encendidas jaculatorias, y su santificación fueron efectos de su oración. Si estás cargado de defectos, si eres pobre de virtudes, ¿sabes  de dónde proviene? Proviene porque no oras, porque no pides. Te lo dice claramente el Apóstol San Santiago: «Non habétis, propter quod non postulátis» (Jac. 4); porque la oración es un medio valioso para ser liberado de todo mal, y para impetrar todo bien. Jesucristo ha dicho: «Petite, et accipietis» (Joann. 16), y su palabra es infalible. ¿Cómo va pues, que tú has pedido y no has recibido? San Santiago te da la razón de ello, y es porque no has orado bien: «Petítis, et non accípitis, eo quod male petátis» (Jac. 4). ¿Y cómo habrás de orar bien? He aquí las condiciones que deben acompañar tu oración, si quieres ser escuchado. Primero, pide cosas que conciernan a tu eterna salvación, como son la contrición, el perdón de tus pecados, la constancia en amar y servir a Dios, la gracia de la perseverancia final y similares. Segundo, y ya que no mereces por ti mismo ser escuchado, pide en nombre de Jesucristo, el cual te ha merecido y prometido la vida eterna, y el medio para conseguirla. El mismo Jesús te lo confirma diciendo: «Si quid petíeritis Patrem in nómine meo, dabit vobis» (Joan. 16). Tercero, con fe y confianza, y piadosamente. Cuarto, con perseverancia, y entonces Santo Tomás te asegura que serás escuchado infaliblemente.
    
COLOQUIO
Conozco y confieso que hasta ahora no he orado bien, y por eso no he sido escuchado en mis peticiones. A vos pues recurro ahora, amadísimo protector mío Bienaventurado Ángel, y os pido me enseñéis con vuestro ejemplo a aficionarme a este santo ejercicio de bien orar… ¡Ah!, impetradme de gracia el don de la oración, y por ella me descenderá toda bendición celestial.
    
Concluir con el Responso y la Oración.
    
DÍA CUARTO – 6 DE ABRIL
Por la señal
Afectos a Jesús Eucaristía, tres Padre nuestros, Ave Marías y Gloria Patri.

OBSERVANCIA DE LOS VOTOS EN EL BEATO ÁNGEL

CONSIDERACIÓN
I. Considera que el Beato Ángel casi desde joven se mostró desprendido de las riquezas terrenas con distribuirlas a los necesitados; y tanto creció en él el desprecio de ellas, que se hizo voluntariamente pobre, a ejemplo de Jesucristo, abandonado su pingüe patrimonio para entrar en la orden del Seráfico San Francisco, fundado sobre estrechísima pobreza, donde, para observarla más perfectamente, no consintió nunca ser vestido con hábitos nuevos, sino que escocía los viejos y gastados que dejaban los otros Religiosos. Habitaba en la celda más angosta y más desvencijada del convento. Viajó siempre a pie como verdadero pobre, sin llevar consigo ninguna provisión de viático, gozando de ir mendigando su tenue comida de puerta en puerta por amor de su Señor que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros. Aficionado a la pobreza, amaba mucho a los pobres, andaba alegre con el saco en la espalda para mendigar por sus Religiosos, y a veces pidiendo para los pobres seglares que recurrían a él para ser socorridos. Vivía pobremente y quería sentir los males y las incomodidades de la pobreza, observando perfectamente el voto. Si no has hecho voto, guárdate de la avaricia, esto es, del quererte enriquecer en perjuicio de otros con fraudes, engaños o contratos inicuos. Guárdate de la avaricia en retener lo que a otros es debido, pero paga las deudas lo más presto, paga prontamente la merced a los operarios, y restituye la prenda a su propietario: «Cavéte ab omni avarítia» (Luc. 12). Guárdate de la avaricia, esto es, del amor desordenado a las cosas terrenas, aunque sean tuyas: poséelas sin apego, como te advierte el santo David: «Divítiæ, și afflúant, nolíte cor appónere» (Psal. 61). Conténtate con lo necesario para vivir decentemente en tu estado: «Habéntes áutem aliménta, et quíbus tegámur, his conténti simus» (1 Tim. 6); porque aquellos que son ávidos de hacerse ricos, caen en la tentación y en el lazo del demonio, y en muchos deseos inútiles y perniciosos, que conducen a la perdición, porque la raíz de todos los males es la codicia. Estos son documentos de San Pablo: «Nam qui volunt dívites fíeri, incídunt in tentatiónem, et in láqueum diáboli, et desidéria multa inutília, et nocíva, quæ mergunt hómines in intéritum, et perditiónem. Radix enim ómniun malórum est cupíditas» (1 Tim. 6).

II. Considera que el Beato Ángel fue perfectísimo en la obediencia, puesto que la voluntad del Superior era la suya; obedecía gustoso y con presteza, obedecía por obedecer, esto es, porque recibía el precepto, aun sin esperar el precepto: a él le bastaba saber el querer del Superior para seguirlo sin querer examinar el motivo ni el fin; y obedecía en las cosas tan agradables y fáciles como despreciables y difíciles. Estuvo en edad de más de ochenta años cuando tuvo orden de ir a enseñar nuevamente la Teología y los sagrados Cánones en el convento de Cúneo, y súbitamente fue y enseñó hasta el fin de su vida, queriendo a imitación del Redentor ser obediente hasta la muerte. Escribió en su Suma que la pronta obediencia es el segundo grado de la humildad, y como pobre y humilde y obediente que era, se empleaba con gusto en los oficios más bajos y más abyectos de la casa. Contra su humildad, que lo hacía reputar indigno de preminencias y de honores, para obedecer consintió ser ordenado Sacerdote, y elevado al grado de Provincia, y de Vicario general de la Observancia Regular. Él estaba cierto que Dios con la voz del Superior le declaraba sus voluntades; y por eso miraba la voluntad del Superior como la de Dios, y la ponía en ejecución, como si se la hubiese hablado Dios mismo, el cual nos notifica que quien escucha al superior a Él lo escucha, y al contrario, quien desprecia al superior, a Él lo desprecia: «Qui vos áudit, me áudit: et qui vos spernit, me spernit» (Luc. 10). ¿Tú amas, respetas y ayudas a tus padres, como el Señor lo manda en su cuarto mandamiento del Decálogo? ¿Los honras con las acciones, con las palabras, y los soportas con paciencia? Si lo haces, serás bendecido por Él en vida y en muerte: «In ópere, et sermóne, et omni patiéntia hónora patrem tuum, ut supervéniat tibi benedíctio ab eo, et benedíctio illíus in novíssimo máneat» (Eccli. 3). ¿Los obedeces en todas las cosas lícitas, como te intima San Pablo?: «Fílii, obœ́dite paréntibus per ómnia, hoc enim plácitum est in Dómino» (Coloss. 3). Sé también obediente, y sometido a todos tus superiores, porque ellos deben vigilar sobre tu conducta, y deben rendir cuenta de tu alma. Guárdate de despreciarlos, de contristarlos y de criticarlos: «Obœ́dite præpósitis vestris, et subjácete eis. Ipsi enim pervígilant quási ratiónem pro animábus vestris redditúri, ut cum gáudio hoc fáciant, et non geméntes. Hoc enim non expédit vobis» (Hebr. 13).

III. Considera que el Beato Ángel observó perfectamente todo lo que había prometido al Señor al hacer los votos solemnes, estando bien persuadido que así como la santidad del cristiano consiste en la entera observancia de la divina ley, así también la santidad y perfección del Religioso consiste en la entera y exacta observancia de todas las reglas de su instituto; y por eso él las observaba enteramente y según su espíritu, así fuesen mínimas, de manera que casi desde el noviciado pudo servir de maravilla y ejemplo a los Religiosos más provectos y celosos. Basta decir que vivió en la religión hasta la muerte con opinión de santidad y de virtudes cristianas. Estaba tan bien aficionado a su Orden que fundó los conventos de Faenza, de Savona, de Cotignuola, de Turín, y otro de sagradas vírgenes en Chivasso, en el cual su sobrina la Beata Bartolomea aprendiese las primicias del espíritu; y mientras fue Superior, mantuvo y aumentó en sus claustros la regular disciplina y el fervor, y por decir mucho en pocas palabras, su puntualidad y exactitud en observar todas las constituciones y laudables costumbres de su instituto parecía la regla de San Francisco puesta en práctica. ¿Y con qué medios promovió en sí, y en otros la disciplina regular y el fervor? 1.º con la oración asidua, 2.º con el buen ejemplo, 3.º con la prudencia, 4.º con la vigilancia, 1.º con eficaces exhortaciones y con óptimos reglamentos. Esto quiere decir que vivía realmente como santo. ¿Y tú te examinas sobre las obligaciones de tu estado? En el divino tribunal te será demandada cuenta si has cumplido totalmente las obligaciones de padre hacia los hijos, de marido, de mujer hacia su consorte, de siervo ante su señor, de capitán ante los soldados. Te será pedida cuenta si has ejercido bien tu profesión de juez, de abogado, de médico, u otra. Si estás lleno de talentos y de la ciencia necesaria para ejercitarlos bien, si has usado el estudio, la aplicación y la diligencia convenientes en ejercitarlas, puesto que la ignorancia, o la negligencia o la pereza condenada aun por las leyes humanas bastaría para hacerte condenar. Comprométete pues a empezar plenamente y de cumplir exactamente los deberes de tu estado, si ansías ser un hombre acreditado en la república, y justo ante Dios.
     
COLOQUIO
¡Oh, cuánto debo confundirme al recordar las omisiones de mi vida pasada! ¡Cuánto he faltado a mis deberes! ¡Cuántos ásperos reproches me hace mi conciencia por las culpas de ignorancia, de negligencia y de desatención por mí cometidas! Vos, mi querido Beato Ángel, tened piedad de mí; impetradme el perdón y gracia de hacer a tiempo la penitencia condigna, y de enmendarme en el futuro siendo más atento, y más solícito en ejercitar mis oficios.
    
Concluir con el Responso y la Oración.
    

lunes, 3 de febrero de 2025

LA HUMILDAD: GRADOS (Prédica 5)

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo Don Fernando Altamira, superior de la Sociedad de Santa María, durante la fiesta de la Purificación de Nuestra Señora (domingo 2 de Febreto de 2025, conmemoración del IV Domingo después de la Epifanía).
  
Para seguir el orden:
  1. LA HUMILDAD (Prédica 1): Domingo 27 de Diciembre de 2024, Domingo infraoctava de la Natividad.
  2. LA HUMILDAD: FUNDAMENTO Y EXCELENCIA (Prédica 2): Miércoles 1 de Enero de 2025, Circuncisión de Nuestro Señor Jesucristo y Octava de la Natividad.
  3. LA HUMILDAD: SU PRÁCTICA (Prédica 3): Domingo 5 de Enero de 2025, Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús.
  4. LA HUMILDAD: CONSEJOS PRÁCTICOS (Prédica 4): Domingo 26 de Enero de 2025, III Domingo después de la Epifanía.

 
LA HUMILDAD (Prédica V)

TODO EN MARÍA y POR MARÍA. Y por las BENDITAS ALMAS del PURGATORIO

Queridos hijos:
 
Hoy es la Fiesta de la Candelaria, el último hito del Ciclo de Navidad, las fiestas por el nacimiento de Dios Nuestro Señor Jesucristo en esta tierra. 

El mismo día de la Navidad, sobre la Humildad, habíamos insistido en que nadie tan humilde como Dios Nuestro Señor, y por la importancia de dicha virtud para nuestra Salvación Eterna, habíamos querido dedicarle una serie de prédicas. En ésta, la número 5, queríamos seguir dando consejos prácticos para –valga la redundancia– practicar la Humildad, la cual nos gana el beneplácito de Dios (y así la Salvación), y ella hace que Él nos cobije. 
   
Nos basaremos principalmente en las enseñanzas de dos santos, San Benito y San Ignacio de Loyola; veamos entonces:
   
[1] En un primero punto, hemos tomado extractos de: “Los doce grados de Humildad de San Benito” († 547).
Ya el famoso Juan Cassiano († 435) había distinguido 10 grados de Humildad; San Benito agregó dos, quedando así 12 grados, 7 interiores y 5 exteriores. Escogeremos algunos.
   
Dentro de los 7 actos o grados interiores de Humildad, los cuatro primeros son alrededor de la OBEDIENCIA, pues el que es humilde obedece, obediencia a Dios, y obediencia a los superiores porque representan a Dios.
  • El 1er grado o acto interior de Humildad es: EL TEMOR DE DIOS. Para ser humildes, debemos comenzar por respetar a Dios, tener el máximo respeto hacia Él, y esto nos debe mover y mostrarse en el cumplimiento de los Mandamientos, “si yo respeto a Dios, si yo tengo el temor de Dios: cumplo los Mandamientos, sí, cumplo los Mandamientos, de lo contrario lo mío se convierte en una mentira”; el que es humilde: cumple la Ley de Dios, cumple los Mandamientos; y el que no los cumple es soberbio, “hace pecado”, el pecado es soberbia [1]. En la Sagrada Escritura hay expresiones y enseñanzas muy hermosas sobre el temor de Dios: “timor Dómini sanctus: el temor de Dios es santo” (Ps 18,10). “El temor del Señor es el principio de la sabiduría”, así en Proverbios 9:10: “Princípium sapiéntiæ timor Domini”, y en Provérbia 1:7: “Timor Dómini princípium sapiéntiæ: el temor del Señor es el principio de la sabiduría; sapiéntiam átque doctrínam stulti despíciunt: los estúpidos desprecian la sabiduría y la doctrina”; podemos agregar: los soberbios desprecian la sabiduría, y la única sabiduría verdadera es la de Dios y su Catolicismo.
  • El 2° grado o acto interior de Humildad es: LA OBEDIENCIA A DIOS. La obediencia a Dios es consecuencia y continuación de la anterior, pues si verdaderamente tuviésemos temor de Dios, haríamos en todo su voluntad, y: es Humildad manifestar obediencia, sumisión y dependencia de Dios.
  • El 3er grado o acto interior de Humildad es: LA OBEDIENCIA A LOS SUPERIORES POR MOTIVO DE DIOS. Obviamente que esto es clave, y nunca seremos humildes (y hasta tal vez nos condenaremos) si no obedecemos a nuestros Superiores (obedecer al papá y a la mamá en una familia; obedecer al Superior en una Comunidad Religiosa; al jefe en un trabajo, etc); todo lo que me mande un Superior, cualquier Superior, si no es algo malo, si no es un pecado, en realidad no es dicho del Superior, sino Dios usando dicho Superior, ¡hay que entender de una vez esto!; el límite es el pecado: si lo que me están mandando no tiene nada de malo, ¡hay que hacerlo, caramba!, porque no es el Superior sino Dios quien me lo ordena: “Monseñor, soy un orgulloso (u orgullosa) y no se me va la soberbia”, “por supuesto que no se le va, si usted es un (o una) desobediente”; el desobediente nunca será humilde y tiene riesgo de Condenación.
  • El 4° grado o acto de Humildad es otra vez la obediencia: LA OBEDIENCIA PACIENTE. La obediencia paciente es la que sufriendo injurias de parte del que manda, no se queja, y obedece la orden mandada, es la que acepta una humillación detrás de la obediencia, así la enseñanza de San Benito [2].
Los anteriores grados interiores se deben manifestar por actos o grados exteriores. Ya hemos enseñado que, aunque lo más importante es siempre lo interior, estos actos o grados exteriores, su ejercitación, ayudan sin duda para tener Humildad en lo interior, para influenciar lo interior, y de allí la importancia de tratar de realizar muchos de estos actos externos. San Benito, él enumera 5 grados o actos externos de Humildad; ellos son:
  • El 1er grado o acto exterior de Humildad es: EVITAR LA SINGULARIDAD, no querer singularizarse o llamar la atención, no querer hacer cosas extraordinarias, sino contentarse con lo que manda la Regla, cumplir la Regla o Reglamento con sencillez y ya. Lo anterior es para una Comunidad Religiosa, para las Hermanas o para los seminaristas, pero para un laico el equivalente sería cumplir sencillamente lo que me mandan mis padres, o en mi trabajo, o en mi institución, mis jefes o superiores al mando, y no querer llamar la atención.
       
    Atención: Lo anterior no significa que uno haga mal o en forma mediocre sus obligaciones; uno debe cumplir bien con su deber porque Dios exige eso, pero simplemente sin querer llamar la atención.
       
    [Contra el Naturalismo] Dicho sea de paso, en el cumplimiento del deber y en todas nuestras acciones, en cuanto al móvil de por qué hacerlas y hacerlas bien, dicho móvil no puede ser el Naturalismo (“el hombre”, el ser humano, la Humanidad, “la capacidad del ser humano”, la cabalidad y honestidad del ser humano). El móvil de toda acción humana, y de todo acto, el hacer bien y el ayudar al prójimo, etc, el hacerlo con virtud, en ello –decíamos– el móvil es y debe ser Dios Nuestro Señor Jesucristo, el fundamento de todas mis acciones deber ser Dios. Y si el fundamento de mis acciones no es Dios, sino el Humanismo o el Naturalismo, dichas acciones no sirven para la Salvación Eterna. Un masón, por Naturalismo y Humanismo, puede querer ser virtuoso, o querer dar ayuda a los pobres, pero eso será filantropía o altruismo, y no Caridad o acción basada en Dios, y el realizar por esos móviles nuestras acciones no sirve para la Vida Eterna.
  • El 2° grado o acto exterior de Humildad es: EL SILENCIO; sí, el silencio, así lo pone San Benito; pues en el silencio, en el ser silencioso o silenciosa hay humildad; y las personas ruidosas –peor si son almas consagradas– expresan lo contrario, expresan en algún grado soberbia y orgullo. Esto es importantísimo, más para el religioso o religiosa –como decíamos–:pero sirve en proporción para los laicos, no hay que ser un parlanchín, ni una persona que hace bullicio o ruido, ser ruidoso o ruidosa, sino personas “si-len-cio-sas”.
       
    Sobre el religioso, o la religiosa, la enseñanza de San Benito, para la Humildad, agrega que han de saber que tienen que ser personas silenciosas y no hablar (o no hablar mucho), han de saber callar cuando no fueran preguntados, o cuando no hay razón para hablar (pero sentido común: si el superior, o para un laico: el papá o la mamá en una familia, “deben” saber algo grave, yo debo hablar; puro sentido común).
      
    Otro consejo en esto del silencio: Dejar siempre que los demás hablen, no querer tomar la palabra (salvo necesidad o utilidad del prójimo).
  • El 3er grado o acto exterior de Humildad, enseña San Benito que es: EL RECATO EN EL REÍR. S. Benito no condena la risa en cuanto manifestación de gozo espiritual, pero sí la risa grosera, la risa burlona, el reír ruidosamente, lo cual implica poca presencia de Dios y por lo mismo poca Humildad.
  • El 4° grado o acto exterior de Humildad, en la enseñanza de San Benito, es: EL RECATO EN EL HABLAR. Cuando se ha de hablar, que ello sea poco, ser personas de pocas palabras, no ser –como decíamos recién– parlanchines (o “parlanchinas”), hablar mansa y humildemente, nunca a gritos, sino con la gravedad y sobriedad del sabio, sin grandes estridencias, sopesando las palabras.
  • El 5° grado o acto exterior de Humildad, dice San Benito que es: LA MODESTIA O RECATO EN EL PORTE EXTERIOR. Que nuestro porte exterior sea siempre humildes, al caminar, estar sentado, estar de pie, moverse, hacer todo eso siempre con modestia; los ojos, el mirar, hacerlo también con modestia, etc. Y al monje se le recomienda estar con la cabeza ligeramente baja.
  
[2] En un segundo punto, o ejemplos y prácticas de Humildad veamos: Los tres grados de Humildad de San Ignacio de Loyola († 1556).
   
San Ignacio los explica en sus “Ejercicios Espirituales”; y están hacia el fin de la Segunda Semana, antes de las reglas para la elección de estado.
  • Primer grado de Humildad abarca el cumplimiento de la Ley de Dios y MORIR ANTES DE HACER UN PECADO MORTAL: Dice San Ignacio que consiste en “que [yo] así me baje y así me humille, quanto en mí sea posible, para que en todo obedezca a la ley de Dios Nuestro Señor; de tal suerte, que aunque me hiciesen señor de todas las cosas criadas en este mundo, ni por la propia vida temporal, [yo] no sea en deliberar de quebrantar un mandamiento, quier divino, quier humano, que me obligue a pecado mortal”; grado esencial para la Salvación Eterna, y para evitar la Condenación al Infierno.
  • Segundo grado de Humildad abarca, entre otras cosas, MORIR ANTES DE HACER UN PECADO VENIAL (agregamos: venial deliberado): Dice San Ignacio que este segundo grado “es, a saber, si yo me hallo en tal punto que no quiero, ni me afecto, más a tener riqueza que pobreza; a querer honor que deshonor; a desear vida larga que corta, siendo igual servicio de Dios Nuestro Señor y salud de mi alma: y con esto, que por todo lo criado, ni porque la vida me quitasen, [yo] no sea en deliberar de hacer un pecado venial”; este grado es mucho más perfecto que el primero y pocas almas llegan a él.
       
    Aclaremos que se refiere a un pecado venial “deliberado”, ese pecado venial que se hace con plena consciencia de que estoy obrando mal y no me importa, sigo adelante; estos pecados son bien feos y tienen una malicia bien fea, suelen terminar llevando al pecado mortal.
  • Tercer grado de Humildad: “La tercera es humildad perfectísima; es a saber: quando, incluyendo la primera y segunda, siendo igual alabanza y gloria de la Divina Majestad, por imitar y parecer más actualmente a Christo Nuestro Señor, quiero y elijo más pobreza con Christo pobre, que riqueza; oprobios con Christo lleno dellos, que honores; y desear ser más estimado por vano y loco por Christo, que primero fue tenido por tal, que [ser estimado] por sabio ni prudente en este mundo”; es el grado de los santos, éste es el amor de la Cruz y el amor de los desprecios, en unión con Jesucristo y por amor suyo.
   
[3] Veamos un punto más, que nos ayude a ser humildes: MIS PECADOS, sí, mis pecados.
  
La realidad de mis pecados me tiene que ayudar a ser humilde; entender –¡caramba!– que somos pecadores, entender que “he pecado”. El hecho de los pecados que he cometido, ya que eso es la peor parte de los seres humanos, me tiene que ayudar a ser humilde y colocarme en mi lugar, sin soberbia, sin altanería, sin vanagloria, sin la auto-estima desordenada. Y mientras peores hayan sido, o sean, mis pecados propios, ¡con mayor razón eso me debería hacer humilde! Mientras más espantosos hayan sido, ¡más aun, más aun: ser humilde, ser humilde!
   
Pero no; el ser humano tiene la capacidad de hacer las peores barbaridades, y dos minutos después volvemos a ser “la octava maravilla del mundo”: es increíble como somos. Mientras más feos hayan sido, o sean, mis pecados, más humilde yo debería ser. ¡Caramba: los peores pecados que hayamos cometido, siempre nos tendrían que poner en la Humildad!
   
Decirse mil veces: “he pecado, he pecado, yo hice eso, y eso, y eso, ¿por qué mi soberbia; cómo puedo ser soberbio? Un pecado venial vale los peores castigos, por la majestad de Dios despreciada por mi mala acción; ¡uno venial! Ni hablemos si he cometido pecados mortales que valen la eternidad del Infierno, ¡cómo podemos ser soberbios!; con cuánta facilidad nos olvidados las cosas –tal vez espantosas– que hemos hecho, qué amor propio sin límites, sin límites. 
   
Y porque así somos de pecadores, debemos procurar el desprecio de nosotros mismos y que los demás nos desprecien, en vez de quejarnos de los problemas que tenemos, de las humillaciones que sufrimos, de los malos tratos, calumnias, difamaciones, insultos, murmuraciones; si al fin hemos merecido también el Infierno, y sólo por la bondad de Dios no estamos ya muertos y condenados.
   
“Cometí pecado mortal o pecados mortales”: merezco el Infierno, y si tuve la gracia de confesarme y hacer la paz con Dios, para expiar esos pecados debo estar dispuesto a aceptar y desear todas las humillaciones y daños contra mí, y los cuales siempre serán menos de lo que merece un pecado mortal al ofender la majestad de Dios, y habiéndole ofendido tantas veces (muchos pecados mortales), cuál no ha de ser mi conformidad con la Voluntad Divina cuando pueda o tenga que sufrir cosas y recibir oprobios, para pagar en algo la ofensa, y máxime considerando que en esta vida esos males siempre “duran poco”.
   
Todos mis pecados, sean veniales, sean mortales: Aunque pasemos todo el resto de nuestra vida en la práctica de la humildad, nunca podremos devolver a Dios (Él es infinito) la gloria que le hemos robado y negado haciendo pecados, un pecado venial, peor el venial deliberado, y mucho peor aun el pecado mortal. 
    
Si estos conceptos parecen demasiado, pensemos en las penitencias enormes que hicieron los santos que sólo cometieron pecados veniales, y que nunca creyeron hicieron bastante para purificar su alma y reparar ante Dios.
  
Y para ser humildes pensemos, finalmente, en los castigos, específicos, que Dios va dando, castigos progresivos, a los que son soberbios: recuerden las primeras prédicas sobre este tema.
Por eso, para ser humildes, más de una vez, casi una vez al mes, nos tendríamos que quedar tranquilos aquí en la Capilla, pensando en todos los pecados graves, mortales, que hemos hecho en nuestra vida; haciendo una especie de meditación o examen de los pecados más graves que hemos cometido en nuestras vidas, para tener más presente lo que somos, porque tan fácilmente olvidamos las cosas que ya hemos hecho; y esto, considerar los pecados quehemos cometido, nos ayudará más a saber lo que realmente somos, y a ser humildes.
   
Pequeño paréntesis: En cuanto a eso de recordar los pecados cometidos para ser humilde, si alguien ha cometido pecados de impureza o de lujuria, el consejo que dan los autores espirituales es recordarlos solamente en forma difusa y genérica: simplemente sabiendo que se hizo eso y ya; sin el recuerdo endetalle, porque en esos pecados el detalle se puede convertir en nueva tentación; cuidado.
    
[Un apartado final] A modo de conclusión, una última consideración, y una súplica a la Virgen: Reina de la Humildad.
  
La consideración última, para ayudarme en la Humildad, es ver que, ¡a todos: a-todos!, no nos salen las cosas, “sí, no nos salen las cosas”, y hemos de aceptar esto por Humildad y para la Humildad.
  
Tenemos mil proyectos, mil anhelos, mil deseos, mil planes, y la mayoría de las cosas no se pueden cumplir, y no se nos dan, “no nos salen las cosas”; cosas que no tenemos ni alcanzamos aunque las deseamos mucho, cosas que no alcanzamos: esperanzas, sueños, planes para nuestras vidas. Ése es el día a día de cualquier ser humano. Y aquí hay también un misterio de Dios para que podamos alcanzar la Salvación:
  • (a) Si nos salieran todas las cosas, si en todo tuviésemos éxito, creo que seríamos unos soberbios insoportables, con vanagloria, etc. 
  • (b) Además, si no nos salen las cosas, nuestros planes: en ello también puede entrar una cuota de castigo, por nuestra soberbia, y debemos saber aceptarlo. 
  • (c) “Pero yo quiero que me salgan mis cosas, cosas buenas, qué tiene de malo, aunque sea lo mínimo que necesito”. Por supuesto que, en sí, no tiene nada de malo; pero por motivos misteriosos, que no podemos saber y que sólo Dios conoce, no me salen las cosas, sea por mis pecados del pasado que ya he hecho y para pagar por ellos, sea porque tengo una actitud soberbia ante Dios (y eso es insoportable), sea para mi santificación por medio de la Cruz y tribulaciones: Debemos ser capaces de aceptar ello con Humildad, aunque no lo entendamos, no podemos pretender que Dios nos rinda cuentas: ¡por favor!
  • (d) “Si las cosas son así, entonces, yo me enojo, y le digo cosas a Dios, y me pongo a pelear con Dios, y me alejo de la Religión, y no practico más, y no voy más a Misa, y no me confieso, y no rezo más el Rosario, etc, etc, etc”: Pues eso es otra vez soberbia, y “terminará mal y peor”; recordemos los castigos progresivos que Dios va dando a los soberbios y que pueden terminar –si no cambio– en la condenación eterna. 
  • (e) Tengo que ser capaz de aceptar, con Humildad, todo lo que me pasa, todo lo que me ocurre, porque los seres humanos, en última instancia, merecemos todo: to-do; por mis pecados, por un solo pecado venial, ni hablemos si hemos cometido pecados mortales. Y por otro lado, si algo no recomendamos, es el estar peleando con Dios, con Dios no se juega, sino que se lo respeta con Humildad; y obviamente que si peleamos con Dios podemos salir “un poquito mal heridos”.
   
Respetemos a Dios, aceptemos las cosas que nos ocurren, y debemos desear mucho la Humildad. Así pedimos a la más santa de todas las creaturas, así pedimos a la más santa y sublime, a la Santísima Virgen María, Reina de la Humildad, Regina Humilitatis; quiera Ella darnos “algo”.
   
AVE MARÍA PURÍSIMA.
  
NOTAS
[1] El temor de Dios ha de ser primero: temor al castigo, después ha de ser temor reverencial (temer y respetar a Dios por la majestad de Él), y finalmente ha de acabar en la adoración y amor o temor filial (donde hay respeto, pero por amor a Él).
[2] Los otros grados interiores: 5) La declaración al Superior de las faltas secretas fuera de la Confesión Sacramental, incluso las de pensamiento, y esto es un freno muy poderoso al pecado; peroposteriormente la Iglesia, con el canon 530, limita esto, diciendo que los Superiores Religiosos no deben llevar a sus inferiores a que les manifiesten su conciencia, pero es bueno que los inferiores hablen con confianza con su superior. 6) Aceptar de corazón todas las privaciones y oficios viles. 7) Tenerse sinceramente por el último de todos los hombres; grado que difícilmente se alcanza; los santos llegan a él considerando que si otros hombres hubieran recibido tantas gracias como ellos, serían mejores.