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domingo, 22 de febrero de 2026

OSTENSIÓN DE LOS RESTOS DE SAN FRANCISCO DE ASÍS


Hoy 22 de Febrero, se expusieron por primera vez desde su hallazgo en 1818 los restos mortales de San Francisco de Asís a la veneración pública, en el marco del octocentenario de su muerte (3 de Octubre de 1226).
  
En la mañana, los restos óseos del Seráfico fueron retirados de la cripta construida bajo mandato del Papa Pío VII luego de su hallazgo el 12 de Diciembre de 1818, y en la tarde puestos frente al altar de la Basílica inferior, donde estarán expuestos a los peregrinos y visitantes durante todo un mes. Eso sí, con boleto de admisión.

Al morir San Francisco de Asís, fue sepultado en la iglesia de San Jorge (actual Basílica de Santa Clara), donde permaneció hasta el 25 de Mayo de 1230 (ese año, domingo de Pentecostés), cuando fueron trasladados sus restos a la basílica erigida dos años antes en la Colina del Infierno (actual Colina del Paraíso) al oeste de la ciudad, donde eran enterrados los condenados a la pena capital. El superior general fray Elías de Cortona, uno de los primeros discípulos del Seráfico Padre, temiendo que los restos fueran dispersados por el tráfico de reliquias tan común en la época, ocultó el ataúd de piedra que contenía sus restos bajo el altar mayor de la basílica inferior (la superior se construyó nueve años después).

La cripta, por su parte, fue diseñada por Pasquale Belli en estilo neoclásico y construida en mármol, pero el arquitecto Ugo Tarchi la revirtió a roca desnuda en estilo neo románico entre 1925 y 1932. En 1934, fueron trasladados allá también los restos de sus fieles discípulos Rufino, Ángelo, Maseo y León, y la terciaria Jacoba Frangipane de Siete Soles.

viernes, 11 de octubre de 2024

SAN FRANCISCO DE ASÍS Y EL SANTÍSIMO SACRAMENTO

San Francisco de Asís predicó la pobreza, mas no cuando se trataba de la liturgia. Contrariamente a las tergiversaciones de los defensores de un pauperismo secularizante, quería gastar dinero en la liturgia, como se puede leer en las siguientes citas:
  • «Os ruego, más que si se tratara de mí mismo, que, cuando os parezca bien y veáis que conviene, supliquéis humildemente a los clérigos que veneren sobre todas las cosas el santísimo cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo y sus santos nombres y sus palabras escritas que consagran el cuerpo. Los cálices, los corporales, los ornamentos del altar y todo lo que concierne al sacrificio, deben tenerlos preciosos. Y si el santísimo cuerpo del Señor estuviera colocado en algún lugar paupérrimamente, que ellos lo pongan y lo cierren en un lugar precioso según el mandato de la Iglesia, que lo lleven con gran veneración y que lo administren a los otros con discernimiento. También los nombres y las palabras escritas del Señor, dondequiera que se encuentren en lugares inmundos, que se recojan y que se coloquen en un lugar decoroso. Y en toda predicación que hagáis, recordad al pueblo la penitencia y que nadie puede salvarse, sino quien recibe el santísimo cuerpo y sangre del Señor (cf. Jn 6,54). Y cuando es consagrado por el sacerdote sobre el altar y cuando es llevado a alguna parte, que todas las gentes, de rodillas, rindan alabanzas, gloria y honor al Señor Dios vivo y verdadero. Y que de tal modo anunciéis y prediquéis a todas las gentes su alabanza, que, a toda hora y cuando suenan las campanas, siempre se tributen por el pueblo entero alabanzas y gracias al Dios omnipotente por toda la tierra» (Carta I a los Custodios, 2-8).
  • «Consideremos todos los clérigos el gran pecado e ignorancia que tienen algunos acerca del santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, y de sus sacratísimos nombres, y de sus palabras escritas que consagran el Cuerpo. Sabemos que no puede existir el cuerpo, si antes no es consagrado por la palabra. Nada, en efecto, tenemos ni vemos corporalmente en este siglo del Altísimo mismo, sino el cuerpo y la sangre, los nombres y las palabras, por las cuales hemos sido hechos y redimidos de la muerte a la vida (1 Jn 3,14). Por consiguiente, todos aquellos que administran tan santísimos misterios, y sobre todo quienes los administran indebidamente, consideren en su interior cuán viles son los cálices, los corporales y los manteles donde se sacrifica el cuerpo y la sangre del mismo. Y hay muchos que lo colocan y lo abandonan en lugares viles, lo llevan miserablemente, y lo reciben indignamente, y lo administran a los demás sin discernimiento. Asimismo, sus nombres y sus palabras escritas son a veces hollados con los pies; porque el hombre animal no percibe las cosas que son de Dios (1 Cor 2,14). ¿No nos mueven a piedad todas estas cosas, siendo así que el mismo piadoso Señor se entrega en nuestras manos, y lo tocamos y tomamos diariamente por nuestra boca? ¿Acaso ignoramos que tenemos que caer en sus manos? Por consiguiente, enmendémonos de todas estas cosas y de otras pronta y firmemente; y dondequiera que estuviese indebidamente colocado y abandonado el santísimo cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, que se retire de aquel lugar y que se ponga en un lugar precioso y que se cierre. Del mismo modo, dondequiera que se encuentren los nombres y las palabras escritas del Señor en lugares inmundos, que se recojan y se coloquen en lugar decoroso. Todos los clérigos están obligados por encima de todo a observar todas estas cosas hasta el fin. Y los que no lo hagan, sepan que tendrán que dar cuenta ante nuestro Señor Jesucristo en el día del juicio (cf. Mt 12,36). Quienes hagan copiar este escrito, para que sea mejor observado, sepan que son benditos del Señor Dios» (Carta al clero, primera redacción).
  • «Nada veo corporalmente en este siglo del mismo altísimo Hijo de Dios, sino su santísimo cuerpo y su santísima sangre, que ellos [los sacerdotes] reciben y ellos solos administran a los otros. Y quiero que estos santísimos misterios sean sobre todas las cosas honrados, venerados y colocados en lugares preciosos» (Testamento, 10-11).
  • «Ardía en fervor, que le penetraba hasta la médula, para con el sacramento del cuerpo del Señor, admirando locamente su cara condescendencia y su condescendiente caridad [1]. Juzgaba notable desprecio no oír cada día, a lo menos, una misa, pudiendo oírla. Comulgaba con frecuencia y con devoción tal, como para infundirla también en los demás. Como tenía en gran reverencia lo que es digno de toda reverencia, ofrecía el sacrificio de todos los miembros, y al recibir al Cordero inmolado inmolaba también el alma en el fuego que le ardía de continuo en el altar del corazón.
        
    Por esto amaba a Francia, por ser devota del cuerpo del Señor [2]; y deseaba morir allí, por la reverencia en que tenían el sagrado misterio.
        
    Quiso a veces enviar por el mundo hermanos que llevasen copones preciosos, con el fin de que allí donde vieran que estaba colocado con indecencia lo que es el precio de la redención, lo reservaran en el lugar más escogido» (Beato Tomás de Celano, Vida segunda de San Francisco de Asís, cap. CLII, 201).
NOTAS
[1] Tomás de Celano emplea aquí expresiones similares a las de la Carta a la Orden, 26-27:
«¡Tiemble el hombre entero, que se estremezca el mundo entero, y que el cielo exulte, cuando sobre el altar, en las manos del sacerdote, está Cristo, el Hijo del Dios vivo (Jn 11,27)! ¡Oh admirable celsitud y asombrosa condescendencia! ¡Oh humildad sublime! ¡Oh sublimidad humilde, pues el Señor del universo, Dios e Hijo de Dios, de tal manera se humilla, que por nuestra salvación se esconde bajo una pequeña forma de pan!».
[2] Generalmente, se cree que el Seráfico Padre conoció la devoción a la Sagrada Eucaristía en Francia por medio de Jacobo de Vitry (futuro obispo de Frascati y Decano del colegio cardenalicio), con quien se encontraría en Perusa con ocasión de los funerales de Inocencio III (Tomás de Eccleston OFM, De la llegada de los Frailes menores a Inglaterra, 15, pág. 119) y de la consagración episcopal del mismo Jacobo.

miércoles, 25 de septiembre de 2024

LAS LLAGAS DEL SERÁFICO PADRE SAN FRANCISCO

Sermón pronunciado por el Ilmo. Sr. Obispo D. Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, en la fiesta de la Impresión de las Sagradas Llagas del Seráfico Padre San Francisco de Asís (martes 17 de Septiembre de 2024).
   

domingo, 11 de agosto de 2024

MES DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN – DÍA UNDÉCIMO

Traducción de la devoción dispuesta por el padre Antoine Ricard S.Th.D., Canónigo honorario de Marsella y Carcasona, y publicada en París por la Librería de los Hermanos Perisse en 1878.
   
MES DE SANTO DOMINGO, O EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO A LA MEDITACIÓN DE LA VIDA Y LAS VIRTUDES DE SANTO DOMINGO
   


Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
11 DE AGOSTO – DÍA UNDÉCIMO DEL MES DE SAN DOMINGO: ENCUENTRO DE DOS SANTOS
   
PRELUDIO
Imaginemos a Domingo en éxtasis, con los ojos elevados hacia una visión que lo absorbe y parece deleitarlo en el tercer cielo.
            
PENSAMIENTOS
Es una fraternidad maravillosa que unió las dos grandes órdenes, levantadas por Dios, en el siglo XIII, para reformar la Iglesia y regenerar el mundo. Esta dulce unión tiene su origen en un acontecimiento milagroso en la vida de nuestro santo patriarca.

Una noche, mientras estaba orando, una visión se desarrolló ante sus ojos encantados. Sobre su cabeza vio aparecer la imagen de Jesucristo como suspendida en el aire. El rostro del Salvador estaba lleno de ira. En su mano sostenía tres flechas que parecía dispuesto a lanzar al mundo para castigarlo por su extrema perversidad. Pero María, reina del Santísimo Rosario, arrodillada ante su hijo, le presentó dos hombres, cuyo celo era convertir a los pecadores y apaciguar la ira divina. Dominique se reconoció en uno de estos hombres: el otro le era desconocido. Ahora bien, al día siguiente, habiendo entrado en una iglesia para orar, vio a este extraño, que le habían mostrado, bajo el humilde hábito de un mendigo, y reconociéndolo como su compañero y su hermano, corre hacia él, lo abraza, lo baña con sus lágrimas y le dice: «Tú eres mi compañero; Estarás conmigo: apoyémonos unos a otros, y nada prevalecerá contra nosotros». Tal fue, según los historiadores más serios, el origen de la amistad que unió a Francisco de Asís y Domingo de Guzmán, amistad que duró tanto como sus vidas. A partir de entonces tuvieron un solo corazón y una sola alma, aunque sus órdenes permanecieron separadas y cada uno trabajó por su cuenta en la gran tarea que la Providencia le había asignado. Un vínculo de caridad une todavía a las dos familias religiosas. «Creados juntos al servicio de la Santa Iglesia», dice el Beato Humberto, «sentía que Dios los había destinado desde toda la eternidad a la misma obra de salvar las almas.
           
PRÁCTICA: Cuidado con el exclusivismo, al que nos inclinamos con demasiada naturalidad, también en la religión, y honrar, a ejemplo de los santos, a todas las familias religiosas que trabajan, con la aprobación de la Iglesia, por la salvación del prójimo, mediante la oración o a través de la acción.

INVOCACIÓN: Seráfico San Francisco, Apostólico Santo Domingo, ¡rogad por nosotros!

CARACTERÍSTICA HISTÓRICA: La amistad de los Frailes Predicadores y los Frailes Menores.
«El abrazo de Domingo y Francisco se ha transmitido de generación en generación en las personas de su posteridad. Una franca amistad que une hoy día aún a ambas Órdenes de Predicadores y Menores. Se han encontrado en iguales oficios en todos los puntos del globo; han edificado sus conventos en los mismos lugares; han ido a mendigar a las mismas puertas; su sangre, derramada por Jesucristo, se ha mezclado mil veces en el mismo sacrificio y la misma gloria; han cubierto con su librea los hombros de príncipes y princesas, han poblado el Cielo con sus santos; sus virtudes, su poder, su fama, sus necesidades, se han aproximado sin cesar en todos los sitios, y nunca una sombra de celos ha empañado el cristal sin mácula de su amistad, seis veces secular. Se han esparcido juntos por el mundo, de la misma manera que se extienden y entrelazan las ramas gozosas de dos troncos parecidos en edad y fuerza; han adquirido y compartido el afecto de los pueblos, como dos hermanos gemelos reposan sobre el seno de su única madre; se han dirigido a Dios por los mismos caminos, como dos perfumes preciosos ascienden libremente hasta el mismo punto del cielo. Todos los años, cuando llega en Roma la fiesta de Santo Domingo, salen las carrozas del convento de Santa María de la Minerva, en donde reside el General de los dominicos, y van a buscar al convento de “Ara-Cœli” al General de los franciscanos. Este llega acompañado por gran número de sus hermanos. Los dominicos y franciscanos, reunidos en dos hileras se dirigen al altar mayor de la Minerva, y después de haberse saludado recíprocamente, los primeros van al coro; los últimos quedan en el altar para celebrar el oficio del amigo de su Padre. Sentados luego a la misma mesa, parten juntos el pan, que no les ha faltado nunca desde hace siglos; y una vez terminada la comida juntos, el cantos de los franciscanos y el de los dominicos entonan, en medio del refectorio, esta antífona: “El seráfico Francisco y apostólico Domingo nos han enseñado vuestra ley, ¡oh Señor!”. El cambio de estas ceremonias tiene lugar en el convento de “Ara-Cœli” cuando llega la fiesta de San Francisco; y lo mismo sucede en todo el mundo, allí en donde hay un convento de dominicos y un convento de franciscanos cercano uno al otro y que permitan a sus habitantes exteriorizar un signo visible del piadoso y hereditario amor que les une»» (Vida de Santo Domingo, por el padre Lacordaire).
          
LETANÍA DE NUESTRO PADRE SANTO DOMINGO
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
   
Magno Padre Santo Domingo, ruega por nosotros.
Lumen de la Iglesia, ruega por nosotros.
Luz del mundo, ruega por nosotros.
Antorcha del siglo, ruega por nosotros.
Predicador de la gracia, ruega por nosotros.
Rosa de paciencia, ruega por nosotros.
Sedientísimo por la salvación de las almas, ruega por nosotros.
Deseosísimo del martirio, ruega por nosotros.
Gran director de las almas, ruega por nosotros.
Varón evangélico, ruega por nosotros.
Doctor de la verdad, ruega por nosotros.
Marfil de castidad, ruega por nosotros.
Varón de corazón verdaderamente apostólico, ruega por nosotros.
Pobre en bienes temporales, ruega por nosotros.
Rico en la pureza de vida, ruega por nosotros.
Tú que cual antorcha ardías de celo por los pecadores, ruega por nosotros.
Trompeta del Evangelio, ruega por nosotros.
Heraldo del Cielo, ruega por nosotros.
Modelo de abstinencia, ruega por nosotros.
Sal de la tierra, ruega por nosotros.
Resplandeciente como el sol en el templo de Dios, ruega por nosotros.
Tú que te apoyaste en la gracia de Cristo, ruega por nosotros.
Revestido de estola real, ruega por nosotros.
Flor de flores elevada en el jardín de la Iglesia, ruega por nosotros.
Tú que regaste la tierra con tu piadosa sangre, ruega por nosotros.
Trigo recogido en los silos del Cielo, ruega por nosotros.
Resplandeciente en el coro de los Vírgenes, ruega por nosotros.
Jefe y padre de la Orden de Predicadores, ruega por nosotros.
Para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo, ruega por nosotros.
   
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
    
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue mi clamor hacia Ti.
   
ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠ , y del Espíritu Santo. Amén. 

martes, 16 de enero de 2024

SAN BERARDO Y COMPAÑEROS, PROTOMÁRTIRES FRANCISCANOS


Estos cinco frailes fueron enviados por San Francisco a convertir a los mahometanos del Occidente, en tanto que el propio santo iba a predicar a los del Oriente. San Berardo y sus compañeros predicaron primeramente a los moros de Sevilla, ciudad de la que fueron expulsados después de haber sufrido mucho por su celo. De ahí pasaron a Marruecos, donde se dedicaron a predicar y a servir de capellanes a los mercenarios cristianos comandados por Pedro I de Urgel (hermano exiliado del rey Alfonso II de Portugal) al servicio del sultán Yúsuf II al-Mustánsir, hijo del Miramamolín. Las gentes consideraban a los frailes como locos y les trataban como a tales. Cuando se negaron a retornar a sus tierras y a dejar de predicar la palabra de Cristo, el sultán les decapitó con su propia cimitarra, el 16 de enero de 1220. Estos santos formaron la vanguardia del glorioso ejército de mártires que la orden seráfica ha dado a la Iglesia. Cuando llegó a oídos de San Francisco la noticia del valor heroico y el triunfo de sus hijos, exclamó: «Ahora puedo decir con seguridad que tengo cinco frailes menores». Eran éstos San Berardo Leopardi de Carbio (subdiácono), San Pedro Bonanti de San Gemini, San Odón de Stroncone (sacerdotes), San Acursio de Aguzzo y San Adyuto de Narni (hermanos legos). Sus restos fueron trasladados al convento de la Santa Cruz de Coímbra, donde un joven canónigo agustino llamado Fernando Martins de Bulhões, que los había conocido antes de partir a Marruecos, decidió hacerse franciscano convirtiéndose en San Antonio de Padua; y fueron canonizados en 1481. 
   
Ver Acta Sanctorum, 16 de enero; Lucas Wadding OFM, Annales Minorum, sin autor, 1220; Bernardo di Besse OFM, Analecta Franciscana, vol. III, pp. 579-596. Ver igualmente Karl Müller, Die Anfänge des Minoritenordens, pp. 207-210; León de Clary OFM, Auréole Séraphique, vol. t, pp. 99-111; y Henry Köhler OFM, L'Église Chrétienne du Maroc et la Mission franciscaine 1219-1790 (1934), pp. 3-20.
  
ORACIÓN (Del Misal Romano-Seráfico)
Concédenos te suplicamos, Dios omnipotente, que por la intercesión de tus Santos Mártires Berardo, Pedro, Acursio, Adyuto y Otón, con cuyo glorioso martirio consagraste el comienzo las Orden de los Menores, amemos siempre a Cristo y las cosas celestiales. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 8 de septiembre de 2023

NOVENA EN HONOR A LOS ESTIGMAS DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

Traducción de la Novena dispuesta por una monja clarisa del convento de Santa Clara de Kenmare (Irlanda) en 1863, publicada en Londres por la Librería de Thomas Richardson e hijo en 1868. El Acto de contrición es tomado del Manual de Oraciones del III Concilio de Baltimore.
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Oh Dios mío, de todo corazón lamento haberte ofendido, y detesto todos mis pecados, porque temo la pérdida del Cielo y las penas del Infierno, pero más que todo, porque ellos Te ofendieron, mi Dios, que eres el Sumo Bien y merecedor de todo mi amor. Firmemente resuelvo, con el auxilio de Tu gracia, confesar mis pecados, hacer penitencia, y enmendar mi vida.
  
DÍA PRIMERO – 8 DE SEPTIEMBRE
Oh dulce Jesús, que nos habéis enseñado a ser mansos y humildes de corazón, os ofrezco Vuestra profunda humildad, y en unión con ella, la humildad de San Francisco, en reparación por todos mis pecados de soberbia, y para obtener gracia en adelante para practicar la más profunda humildad en todo pensamiento, palabra y obra.
   
Cinco Gloria Patri en honor a las llagas de Jesús, y los sagrados Estigmas de San Francisco.
  
ORACIÓN A SAN FRANCISCO DE ASÍS (Tomada del Retiro Espiritual)
¡Oh seráfico San Francisco!, que ahora estáis en posesión de esa sede entre los Serafines, que desde toda la eternidad fue preparado para vos, dignaos, como suplicamos, uniros a nosotros, mientras damos gracias a vuestro Divino Bienhechor por haberos elegido para ser el compañero de Su cruz, y el peculiar objeto de Su amor. Confiadamente presentamos a vos todas nuestras presentes peticiones, convencidos que vuestra influencia en el Cielo debe ser grande, puesto que vuestra semejanza a Jesucristo aseguró el suceso de vuestras oraciones aun en la tierra. Vos prontamente cortaste todo lazo humano, y desdeñasteis a cualquier padre que no fuera Dios. Penetrado con las grandes verdades de la fe, pisoteasteis todo lo que el mundo llama delectable y valioso, y abrazasteis tan despojada pobreza y austera penitencia tan pronto que parecíais aquel Varón de Dolores, que no tenía dónde recostar Su Sagrada Cabeza. La cruz de Jesús se convirtió en vuestra delectación, vuestro único tesoro, y la estrecha unión con su adorable Víctima fue la única alegría que vuestra alma pura podía apreciar. Finalmente, la espada de la mortificación abrió para vos un pasaje al Corazón de Jesús, la más profunda humildad os introdujo en las más interiores recámaras de ese sagrado santuario, el don de la sublime oración abrió para vos tan arrobadoras bellezas en Jesús, que todo objeto humano desapareció de vuestros ojos. Jesús se convirtió verdaderamente en “vuestro Dios y vuestro Todo”. El ardor de vuestro amor os hizo totalmente ser un ardiente holocausto; y vuestro mismo cuerpo, purificado y sometido, fue honrado con el más precioso de todos los favores, las sagradas marcas de las llagas de vuestro Redentor. Desde ese feliz momento el resto de vuestro destierro fue un martirio de amor, hasta que el mismo amor puso un fin a vuestra vida mortal. ¡Oh terrestre Serafín!, tened compasión de nuestra tibieza. Que vuestra celestial contemplación ilumine nuestras tinieblas, acordaos que la ceguera de los pecadores frecuentemente arrancaba lágrimas de vuestros ojos. Vos lamentabais incesantemente que Jesús hubiese padecido tales tormentos, y aún nadie pensase en Sus sufrimientos. Ahora vos podéis satisfacer vuestro ardiente deseo de ver a Jesús amado obteniendo para nosotros el más generoso y perfecto amor de Dios, la más profunda y práctica humildad, un sincero amor a la pobreza, un vivo celo de nuestra propia perfección, y la de otros, el espíritu de oración basada y alimentada por la mortificación universal, y las intenciones particulares de esta Novena.
   
LETANÍA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
Señor, tened piedad de nosotros.
Cristo, tened piedad de nosotros.
Señor, tened piedad de nosotros.
  
Cristo, oídnos.
Cristo, escuchadnos propicio.

Dios Padre celestial, tened piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, tened piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, tened piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que sois un solo Dios, tened piedad de nosotros.
  
Santa María, rogad por nosotros.
Patrona de la Orden Seráfica, rogad por nosotros.
   
San Francisco, rogad por nosotros.
San Francisco, Ángel de pureza, rogad por nosotros.
San Francisco, ferviente amante de la pobreza, rogad por nosotros.
San Francisco, perfecto despreciador del mundo, rogad por nosotros.
San Francisco, admirable ejemplo de penitencia, rogad por nosotros.
San Francisco, ferviente imitador de vuestro Salvador crucificado, rogad por nosotros.
San Francisco, portador de los estigmas de Cristo, rogad por nosotros.
San Francisco, Serafín por el ardor de vuestro amor, rogad por nosotros.
San Francisco, profundamente humilde, rogad por nosotros.
San Francisco, columna de la Iglesia y defensor de la Fe, rogad por nosotros.
San Francisco, que vivisteis y moristeis entre transportes de amor, rogad por nosotros.
   
Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo. Perdonadnos, Señor.
Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo. Escuchadnos, Señor.
Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo. Tened piedad de nosotros, Señor.
  
Cristo, oídnos.
Cristo, escuchadnos propicio.

℣. Ruega por nosotros, oh glorioso San Francisco.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
  
ORACIÓN
Señor Jesucristo, que, para sacar al mundo de la tibieza en que había caído e inflamar nuestros corazones con el fuego de vuestro amor, habéis impreso en el cuerpo del bienaventurado Francisco las Sagradas llagas de vuestra Pasión, dignaos, en vista de sus méritos y de su intercesión, concedernos la gracia de llevar constantemente la cruz y hacer dignos frutos de penitencia. Vos que vivís y reináis en los siglos de los siglos. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
DÍA SEGUNDO – 9 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Oh dulce Jesús, que por nuestro amor nacisteis pobre, de una madre pobre, en un pobre establo, y que habéis amado y honrado tan singularmente la pobreza, os ofrezco Vuestra propia pobreza benditísima, y en unión con la santa pobreza de San Francisco, pidiendo que como él yo también pueda ser verdaderamente pobre, y en adelante no desear nada sino ser pobre con Vos en la tierra, para que pueda ser rico con Vos en el Cielo. 
   
Cinco Gloria Patri en honor a las llagas de Jesús, y los sagrados Estigmas de San Francisco. La Oración y la Letanía se dirán todos los días.
 
DÍA TERCERO – 10 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Oh dulce Jesús, que por nuestra causas tan frecuentemente ayunasteis y velasteis en oración, os ofrezco todos Vuestros benditos ayunos y vigilias; y en unión con ellos los constantes ayunos y grandes austeridades del bienaventurado San Francisco, pidiendo que por sus méritos pueda obtener gracia en adelante para mortificar mi cuerpo en la tierra, y para conquistar mi miserable amor propio, para que pueda ser cada día más ferviente y dedicado a Vuestro divino servicio. 
   
Cinco Gloria Patri en honor a las llagas de Jesús, y los sagrados Estigmas de San Francisco. La Oración y la Letanía se dirán todos los días.

DÍA CUARTO – 11 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Oh dulce Jesús, que soportasteis con tan suma paciencia todas las pruebas y angustias de nuestra vida mortal, humildemente os ofrezco Vuestra propia paciencia adorable: y en unión con ella la gran paciencia con la cual San Francisco soportó tantas enfermedades y prueba, rogándoos que por sus méritos pueda yo obtener la gracia de la paciencia, y glorificaros llevando mansamente las pequeñas pruebas y contrariedades de mi vida diaria. 
   
Cinco Gloria Patri en honor a las llagas de Jesús, y los sagrados Estigmas de San Francisco. La Oración y la Letanía se dirán todos los días.
   
DÍA QUINTO – 12 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Oh dulcísimo Jesús, que nos habéis amado tanto, y que sois amado tan poco por nosotros, me regocijo por el gran amor que el bienaventurado San Francisco tuvo por Vos, y humildemente os pido por sus méritos, por Vuestro propio amor inconcebible, que inflaméis en mi corazón tan ardiente fuego de caridad, para que en adelante pueda ser enteramente consumido con el amor, y no tener otro pensamiento o deseo que el de agradaros.
   
Cinco Gloria Patri en honor a las llagas de Jesús, y los sagrados Estigmas de San Francisco. La Oración y la Letanía se dirán todos los días.
   
DÍA SEXTO – 13 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Oh dulcísimo Jesús, que tan tiernamente amasteis a Vuestra propia Madre Inmaculada, y al morir nos la disteis para que podamos honrarla y amarla, y nos disteis a Ella para que pueda ser nuestra propia Madre; os ofrezco el tierno amor que San Francisco tuvo por ella, y el ardiente deseo que tuvo de que todos los hombres deban honrarla, particularmente en el misterio de su Inmaculada Concepción, y ruego, oh dulce Jesús, por Vuestro amor a María, y los méritos de San Francisco, que pueda siempre incrementar en fervorosa devoción a Vuestra benditísima Madre, y nunca digamos o hagamos cualquier cosa que sea al menos desagradable a Ella y su carísimo y adorable Corazón.. 
   
Cinco Gloria Patri en honor a las llagas de Jesús, y los sagrados Estigmas de San Francisco. La Oración y la Letanía se dirán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO – 14 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Oh dulce Señor Jesús, que fuisteis obediente en Nazaret a María y José, y en la cruz a Vuestros crueles verdugos, os ofrezco la profunda obediencia del bienaventurado San Francisco a Vuestra santísima voluntad, a sus superiores eclesiásticos, y por amor Vuestro a todas las criaturas; y os ruego que por sus méritos pueda obtener la gracia de una pronta, animada y amorosa obediencia a  aquellos que habéis puesto sobre mí, y que Vos le concedáis a ellos las gracias y consolaciones especiales que necesitan para su santo oficio.
   
Cinco Gloria Patri en honor a las llagas de Jesús, y los sagrados Estigmas de San Francisco. La Oración y la Letanía se dirán todos los días.

DÍA OCTAVO – 15 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Oh dulce Jesús, Buen Samaritano, que fuisteis tan lleno de la ternísima caridad por todas Vuestras criaturas, os ofrezco la devoción con la cual San Francisco atendió a los leprosos y consoló a los enfermos, el gran amor que tuvo por sus hijos espirituales, y su infatigable celo por el bienestar de todos los hombres; por Vuestra propia caridad inefable para con los pobres pecadores, y por los méritos de San Francisco, humildemente os ruego la gracia de una caridad más tierna y sacrificada hacia todos los hombres, y que pueda ejercerla especialmente hacia aquellos con los que vivo. 
   
Cinco Gloria Patri en honor a las llagas de Jesús, y los sagrados Estigmas de San Francisco. La Oración y la Letanía se dirán todos los días.
   
DÍA NOVENO – 16 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Oh dulce Jesús, cuya amarísima Pasión es tan poco considerada y tan poco amada, me regocijo en la gran ternura que el bienaventurado San Francisco sintió por ella y las lágrimas que derramó sobre Vuestros sufrimientos; ¡Oh dulce Jesús!, por Vuestra amarísima y cruel Pasión, y por los grandes méritos de San Francisco, que obtuvo para él el favor de la impresión de Vuestras sacratísimas llagas, concededme la gracia de amar y compadecerme tanto de Vuestros sufrimientos que pueda ser incitado a una continua reparación por ellos, y a una siempre creciente devoción al adorable Sacramento del Altar; y poder llorar tanto con Vos aquí, que pueda ser and hecho digno de regocijarme eternamente con Vos en el Cielo. 
   
Cinco Gloria Patri en honor a las llagas de Jesús, y los sagrados Estigmas de San Francisco. La Oración y la Letanía se dirán todos los días.

sábado, 3 de octubre de 2020

EJERCICIO PARA EL TRÁNSITO DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

EJERCICIO PIADOSO AL TRÁNSITO DE SAN FRANCISCO
  
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN
Dios omnipotente y Padre misericordiosísimo, que penetráis hasta lo más íntimo del corazón, aquí me tenéis rendido a vuestra divina presencia, movido de un vivo deseo de conocer mis pecados, para poderlos debidamente llorar, y obtener de vuestra inefable bondad el perdón de todos ellos. Alumbrad mi entendimiento con vuestras soberanas luces, inflamad mi voluntad con un rayo de vuestro divino amor, para que devota y fructuosamente medite en esta novena las virtudes, que con su ejemplo me enseñará mi seráfico padre San Francisco. Sostenedme, Dios mío, con vuestra gracia. María, Madre de Dios y madre de pecadores, ayudadme a alcanzar de vuestro divino Hijo el perdón de todas mis culpas, y la perseverancia final en su santo amor y temor. Amén.
    
HIMNO
Cayó la noche sobre el mundo, 
la creación fue envuelta en la sombra;
el Seráfico Padre Francisco
su vida concluye sereno.
    
¡Cuánta fuerza revela en su rostro! 
¡Cuánta fe desde el alma segura!
¡Cuán grande el incendio que quema 
con ardientes llamas sus dulces entrañas!
    
Lo rodean sus hijos devotos, 
y le imploran con voz sollozante:
“¿Por qué debes, Pastor bienamado, 
tu rebaño dejar para siempre?”.

Elevando la vista a lo alto, 
mansamente extiende su diestra:
“Os colme cual providente 
rocío abundante la gracia divina”.
     
“De todos aleje el pecado,
en los corazones alimente el amor,
en las almas reavive
la luz que esplendente conduce a la meta”.
    
La voz se apaga en sus labios, 
el cielo arrebata su espíritu,
su rostro revela, radiante, 
la perfecta alegría celeste.
    
Gloria al Padre
y al Hijo cantemos, 
y al Espíritu Consolador;
Trinidad sempiterna y beata 
que enaltece a los pobres en el cielo. Amén.
     
ANTÍFONA
¡Oh alma santísima,
a cuyo tránsito salen al encuentro los ciudadanos del cielo,
exulta el coro de los ángeles,
y la gloriosa Trinidad invita diciendo:
Permanece con nosotros para siempre!

ORACIÓN
Oh Seráfico Padre San Francisco, al atardecer del sábado, a la hora de tu paso de este mundo al Padre, rodeado de tus hijos que lloraban, tú, Patriarca de los pobres, con los ojos ya apagados no por la vejez, sinopor las copiosas lágrimas, extendiste las manos con los brazos en forma de cruz, y bendijiste con singular amor, cual otro Jacob, a todos tus Hermanos presentes. Ahora te pedimos: con tu paterna bondad, socórrenos también a nosotros, que conmemoramos tu tránsito; e implora por nosotros al mismo Señor Jesucristo la gracia de su bendición. Él, que ha mostrado en ti la fuerza misteriosa de la cruz, y vive y reinacon el Padre y el Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
   
MEDITACIÓN (San Buenaventura, Leyenda Mayor de San Francisco de Asís, 14, 6).
Cumplidos, por fin, en Francisco todos los misterios, liberada su alma santísima de las ataduras de la carne y sumergida en el abismo de la divina claridad, se durmió en el Señor este varón bienaventurado.
   
Las alondras, amantes de la luz y enemigas de las tinieblas crepusculares, a la hora misma del tránsito del santo varón, cuando al crepúsculo iba a seguirle ya la noche, llegaron en una gran bandada por encima del techo de la casa y, revoloteando largo rato con insólita manifestación de alegría, rendían un testimonio tan jubiloso como evidente de la gloria del Santo, que tantas veces las había solido invitar al canto de las alabanzas divinas.

ANTÍFONA
Salve, padre santo, luz de la patria, 
forma de los Menores,
espejo de virtud, camino de lo que es recto, regla de costumbres: desde el exilio de la carne 
llévanos al reino de los cielos.
    
HIMNO
La paz se ha derramado suavemente
desde Jesús sobre el llagado cuerpo;
Francisco dice adiós a sus hermanos,
los ángeles le salen al encuentro.
   
Todo está consumado. La fatiga
es ahora el cantar del gavillero;
la pobreza, la esposa engalanada,
heredera feliz del reino eterno.
   
Viene la muerte en ademán de hermana,
la recibe con cantos y con besos;
y a Cristo entona el salmo vespertino
con un coro de alondras sobre el cielo.
    
Se han abierto las puertas de la gloria,
se apresuran celestes mensajeros;
“¡Francisco, ven, hermano con nosotros,
junto al Señor guardado está tu puesto!”.
    
Llegó la noche plácida a la tierra,
mientras Francisco amaneció en el cielo;
era por fuera el muerto del Calvario,
era por dentro el que surgió en el Huerto.
    
¡Oh Padre, cuyo pecho es nuestro hogar,
hoy arriba Francisco del destierro;
a tu divino pecho llamaremos
cuando un día nosotros arribemos! Amén.
    
ORACIÓN
Santísimo y bendito padre: concédeme a mí, miserable, te siga en la presente vida con tal fidelidad que, por la misericordia divina, merezca alcanzarte en la futura.Acuérdate, oh piadoso, de tus pobres hijos, a quienes después de ti, su único y singular consuelo, apenas si le queda alguno. Pues aunque tú, la mejor parte de su herencia y la primera, te encuentres unido al coro de los ángeles y seas contado entre los apóstoles en el trono de la gloria, ellos, no obstante, yacen en el fango y están encerrados en lacárcel oscura, desde donde claman a ti entre llantos. Muestra, padre, a Jesucristo, Hijo del sumo Padre, sus sagradas llagas y presenta las señales de la cruz que tienesen tu costado, en tus pies y en tus manos para que él se digne, misericordioso, mostrar sus propias heridas al Padre,quien ciertamente por esto ha de mostrarse siempre propicio con nosotros, pobres pecadores. Amén.
    
MEDITACIÓN (Beato Tomás de Celano, Vida I de San Francisco de Asís, parte segunda, cap. IX)
La ciudad de Asís fue llegando por grupos, y los habitantes de toda la región corrieron a contemplar las maravillas divinas que el Dios de la majestad había obrado en su santo siervo. Cada cual cantaba su canto de júbilo según se lo inspiraba el gozo de su corazón y todos bendecían la omnipotencia del Salvador por haber dado cumplimiento a su deseo. Mas los hijos se lamentaban de la pérdida de tan gran padre, y con lágrimas y suspiros expresaban el íntimo afecto de su corazón.
 
No obstante, un gozo inexplicable templaba esta tristeza, y lo singular del milagro los había llenado de estupor. El luto se convirtió en cántico, y el llanto en júbilo. No habían oído ni jamás habían leído en las Escrituras lo que ahora estaba patente a los ojos de todos […].
  
Llegábanse presurosos los hermanos e hijos, y, derramando lágrimas, besaban las manos y los pies del piadoso Padre que los había dejado, y el costado derecho, cuya herida recordaba la de Aquel que, derramando sangre y agua, reconcilió el mundo con el Padre. Muy honrada se sentía la gente; no sólo aquellos a quienes era dado el besar, sino también los que no podían más que ver las sagradas llagas de Jesucristo que San Francisco llevaba en su cuerpo.
 
Francisco había sido en la tierra el Serafín alado (Is 6) con seis alas: dos alas sobre la cabeza, dos alas para cubrirse, dos alas para volar: “El segundo par de ellas es para volar, esto es, para consagrarnos a un doble deber de caridad para con el prójimo, alimentando su alma con la palabra de Dios y sustentando el cuerpo con los bienes de la tierra…”

HIMNO
Llanto y gozo se juntaron
ante el cuerpo de Francisco;
de rodillas lo besaban
cual se besa al Crucifijo.
    
Al Cordero inmaculado
allí lo veían vivo,
nunca en los siglos contado
nunca visto tal prodigio.
    
El cuerpo moreno ayer
tiene hoy un blanco brillo,
y anuncia, flexible y puro,
que Cristo es cuerpo divino.
    
La pobreza es sacramento
que aquí cumple su destino:
comunión con el Desnudo,
amor de Cruz compartido.
   
El Serafín de seis alas
allí se encontraba herido,
y en el costado derecho
era fuente el paraíso.
    
Dos alas para volar
se abrieron a un tiempo mismo,
para dar a Dios mi todo
y al prójimo mi servicio.
    
Pero el Hermano menor
ya su camino ha cumplido,
vive con Cristo por siempre,
y su presencia sentimos.
    
Dulce hermano en mi Evangelio,
mi Francisco hermano mío,
al abrigo de tu pecho
yo quiero alcanzar a Cristo.
    
¡Cristo Jesús, gloria y paz,
y luz de los redimidos,
en la pura Trinidad
seas tú santo y bendito! Amén.
     
ORACIÓN
Gloríate ya seguro en la gloria de la cruz, tú que fuiste glorioso portador de los signos de Cristo; diste comienzo a tu vida en la cruz, caminaste según la regla de la cruz y en la cruz diste cima a tu carrera, manifestando a todos los fieles, por el testimonio de la cruz, la gloria de que disfrutas en el cielo. Que te sigan confiadamente los que salen de Egipto, porque, dividido el mar por el báculo de la cruz de Cristo atravesarán el desierto, y, pasado el Jordán de esta mortalidad, ingresarán, por el admirable poder de la cruz, en laprometida tierra de los vivientes. Que el verdadero guía y salvador del pueblo, Cristo Jesús crucificado, por losméritos de su siervo Francisco, se digne introducirnos en la tierra de los vivientes para alabanza y gloria de Diosuno y trino, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
     
GOZOS
     
Pues con Dios tanta cabida
Tenéis, Padre soberano,
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
  
Vuestro nacimiento santo
Causó con igual porfía
Al mundo eterna alegría
Como al Infierno dio llanto:
El Cielo ansioso por tanto
Como un pesebre os convida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
Cuando os llegasteis a echar
En la nieve, Santo mío,
No tuvisteis miedo al frío,
Que a todos hace temblar:
Y pues no disteis lugar
A la pasión atrevida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
    
En una zarza, a mi ver,
De cambrones penetrantes,
¡Oh Francisco!, quereis antes
Arrojaros, que caer:
Y la que espinas fue ayer,
Hoy de tenerlas se olvida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
En apariencias de dama
Os tentó el demonio, y luego
Para apagar aquel fuego
De otro fuego hicisteis cama:
Vuestra fervorosa llama
Fue del Infierno temida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
Herido, mi Padre fiel,
En manos, pies y costado,
De Cristo crucificado
Hacéis un vivo papel:
Y pues sois a la de Aquél
Imagen tan parecida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
Entre resplandores bella,
Dejó el mundo vuestra alma,
A gozar dichosa palma
Se fue como clara estrella:
Y pues del lugar de aquella
Dio Lucifer su caída.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
En pie quedó, como es cierto,
¡Oh divino Serafìn!,
Vuestro cuerpo, porque al fin
No tuvo en qué caer muerto:
Y en la esfera en que os advierto,
Sois de pobres acogida.
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.
   
Y pues sois patrón y guía
De quien busca vuestro amparo,
Dadnos, Francisco, la mano,
Para imitar vuestra vida.

Antífona: ¡Oh mártir de deseo, San Francisco! ¡Con qué afecto tan tierno y compasivo sigues por el camino de la Cruz al que se la carga por tu amor! En vano suspiras por el martirio, pues ya el mismo Señor crucificado imprime en ti sus llagas, y hace que sientas la atrocidad de sus dolores. Atiende desde el Cielo a tus devotas ovejuelas, y alcánzales de Dios que vayan a aumentar el número de tus dichosos compañeros en la gloria.

℣. Ruega por nosotros, padre nuestro San Francisco.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

ORACIÓN
Oh Dios, que por los méritos del bienaventurado San Francisco adornaste tu Iglesia con una nueva familia, concédenos que, a imitación suya, despreciemos las cosas de la tierra, y nos hagamos dignos de ser partícipes de los dones celestiales: Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 26 de abril de 2020

REVERENCIAR A JESÚS SACRAMENTADO


«Cuando el sacerdote ofrece a Jesús en el altar y lo lleva a algún lado, todas las personas deberían doblar las rodillas y rendir al Señor, al Dios vivo y verdadero, alabanza, gloria y devoción». (SAN FRANCISCO DE ASÍS).

jueves, 16 de enero de 2020

¿SAN FRANCISCO DE ASÍS PREDIJO AL “PAPA FRANCISCO”?

Traducción del artículo publicado por Christopher A. Ferrara en THE REMNANT.
  
  
A menudo los Tradicionalistas son ridiculizados por comentaristas neocatólicos por confiar en citas supuestamente apócrifas de Papas o Santos sobre la actual crisis eclesial. Pero estos críticos nunca demuestran que las citas son apócrifas; solamente aseguran que lo deben ser, porque parecen demasiado probatorias para ser verdad. Esto sucede frecuentemente en cajas de comentarios o respuestas a preguntas en línea en websites neocatólicos, donde el comentarista neocatólico profesa que no puede encontrar la fuente de determinada cita, significando que no se ha molestado en hacer alguna investigación seria más allá de unas pocas búsquedas en Google.
  
Tomar esta cita de Pío XII, por ejemplo, hablando en 1931 cuando todavía era Monseñor Pacelli, sirviendo como Secretario de Estado de Pío XI:
«Estoy preocupado por las confidencias de la Virgen a la pequeña Lucía de Fátima. Esta persistencia de Nuestra Señora ante el peligro que amenaza la Iglesia, es una advertencia divina contra el suicidio que representaría la alteración de la fe, en su liturgia, su teología y su alma
 
Siento en mi entorno a los innovadores que quieren desmantelar el Sacro Santuario, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, ¡hacerla sentir remordimiento de su pasado heroico!
   
Llegará un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dude como dudó Pedro. Será tentada de creer que el hombre se ha convertido en Dios, que Su Hijo es meramente un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias, los cristianos buscarán en vano la lámpara roja donde Dios los espera, como la pecadora que gritó ante la tumba vacía: “¿Dónde le han puesto?”». 
Cuando citén este pasaje por primera vez, hace casi 17 años, fui contactado por una prominente luminaria neocatólica que demandó una fuente para ello, porque él y sus amigos creían que era “apócrifa”.  No recibí la cortesía de un gracias cuando le señalé las páginas 52-53 de la biografía de Pío XII por Mons. Georges Roche, Pie XII Devant L’Histoire (París: Éditions Robert Laffont, 1972), una obra francófona agotada que logré obtener luego de una extensa búsqueda de inventario de un vendedor de libros usados. Yo vi el original francés que confirma la precisión de la traducción inglesa antes de citar la declaración.
  
Un sacerdote modernista apóstata, un tal Émile Poulet, que dejó el sacerdocio y se casó, atentó poner en duda la credibilidad del relato de Mons. Roche sobre las palabras del futuro Pío XII. Poca sorpresa: Poulet, que murió en 2014 a los 94 años, pertenecía al movimiento de los “sacerdotes obreros” que fue condenado por nadie más que Pío XII, como lo noté aquí. Su atentado para refutar la cita involucró quisquillosidades sobre lo que afirmaba eran errores factuales en algún lugar de la biografía de Mons. Roche. Pero no tenía evidencia de que la cita fuera cuando mucho una invención. Simplemente deseaba que lo fuera.
  
Démosle a nuestros amigos neocatólicos otra cita “apócrifa” para descartar sin más. Esta pertenece a una sorprendente profecía por San Francisco de Asís sobre un futuro ocupante de la Cátedra de San Pedro:
«Poco antes de morir en 1226, el Santo Padre [San Francisco de Asís] reunió a los miembros de su orden y les advirtió sobre grandes tribulaciones que caerían sobre la Iglesia en el futuro, diciendo:
“Sed fuertes, mis hermanos, tomad fuerza y creed en el Señor. Se acerca rápidamente el tiempo en el que habrá grandes pruebas y tribulaciones; abundarán perplejidades y disensiones, tanto espirituales como temporales; la caridad de muchos se enfriará, y la malicia de los impíos se incrementará. Los demonios tendrán un poder inusual; la pureza inmaculada de nuestra Orden y de otras, se oscurecerá en demasía, ya que habrá muy pocos cristianos que obedecerán al verdadero Sumo Pontífice y a la Iglesia Romana con corazones leales y caridad perfecta.
 
En el momento de esta tribulación, un hombre elegido no canónicamente se elevará al pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte. Entonces, los escándalos se multiplicarán, nuestra Orden se dividirá, y muchas otras serán destruidas por completo, porque se aceptará el error en lugar de oponerse a él.
 
Habrá tal diversidad de opiniones y cismas entre la gente, entre los religiosos y entre el clero, que, si esos días no se acortaren, según las palabras del Evangelio, aun los escogidos serían inducidos a error, si no fuere que serán especialmente guiados, en medio de tan grande confusión, por la inmensa misericordia de Dios…
 
Aquellos que preserven su fervor y se adhieran a la virtud con amor y celo por la verdad, han de sufrir injurias y persecuciones; serán considerados como rebeldes y cismáticos, porque sus perseguidores, empujados por los malos espíritus, dirán que están prestando un gran servicio a Dios mediante la destrucción de hombres tan pestilentes de la faz de la tierra…
 
Algunos predicadores mantendrán silencio sobre la verdad, y otros la hollarán bajo sus pies y la negarán. La santidad de vida se llevará a cabo en medio de burlas, proferidas incluso por aquellos que la profesarán hacia el exterior, pues en aquellos días Nuestro Señor Jesucristo no les enviará a estos un verdadero Pastor, sino un destructor”». [Saltos de párrafo agregados]
Esta cita aparece en Works of the Seraphic Father St. Francis of Assisi, publicada en 1882 por la editorial Católica londinense R. Washbourne, págs. 248-250. Está fácilmente disponible como un libro de Google. Debe resaltarse que el mismo libro contiene un apéndice que presenta las “Obras dudosas de San Francisco”, de la cual la cita no forma parte. Así, el mismo editor distinguió claramente las profecías auténticas de San Francisco de las que pueden ser apócrifas. Además, difícilmente pudo haber en 1882 algún motivo “tradicionalista radical” para hacer circular citas falsas del santo.
   
“San Francisco en éxtasis”. Caravaggio, 1595
  
Claramente, la profecía de San Francisco no es una predicción del Gran Cisma Occidental (1378-1417), que no involucró un “destructor” sobre la Cátedra de San Pedro que lleva a los fieles al error, la apostasía grandemente difundida, y la persecución de los Católicos fieles como “cismáticos”. Sino que contiene elementos hoy muy familiares a nosotros. ¿Y qué inferencia puede trazarse desde la coincidencia de la profecía de San Francisco sobre un futuro “destructor” en el oficio papal que parece corresponder más bien con el pontificado del único Papa que ha tomado el nombre de Francisco como el suyo propio?
   
Otra cosa para considerar: San Francisco, uno de los más grandes santos en la historia de la Iglesia, uno de los pocos que es conocido y reverenciado por todo el mundo, reveló libremente su visión de un destructor eclesial que usurpa el oficio papal. Es decir, San Francisco no sufrió de la papolatría actualmente reinante, que sostiene que la indefectibilidad de la Iglesia depende de defender toda palabra y obra de determinado Papa como algo consistente con la Tradición y declara como algo absolutamente inadmisible la idea que el ocupante del oficio Petrino pueda ser una amenaza para la integridad de la Fe. En cambio, San Francisco, iluminado por el mismo Cielo, reconoció la realidad venidera de lo que San Roberto Belarmino, un Doctor de la Iglesia, hipotetizó como posible en principio, para citar otra cita “apócrifa”:
«Así como es lícito resistir al Pontífice que agrede al cuerpo, así también es lícito resistir a aquel que agrede a las almas o destruye el orden civil o, sobre todo, trata de destruir la Iglesia. Digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad…». De Controversiis sobre el Romano Pontífice, trad. Ryan Grant (Mediatrix Press: 2015), Libro II, Capítulo 29, pág. 303.
¿San Francisco predijo la venida del Papa Francisco? Nosotros no lo juzgamos, aunque la Iglesia puede también emitir un juicio de Francisco como el del anatema póstumo de Honorio I. ¿San Francisco ha estado horrorizado por las palabras y obras del Papa que ha presumido tomar su nombre?  Esa pregunta se resuelve sola.  

lunes, 11 de noviembre de 2019

ALABANZAS DE SAN FRANCISCO DE ASÍS A DIOS ALTÍSIMO

En el reverso del pergamino donde está la bendición de San Francisco a Fray León, está escrito también (casi ilegible) un himno de la autoría del Seráfico, compuesto poco después de recibir los estigmas en el monte Alverna, dentro de la Cuaresma entre la Asunción de la Virgen y San Miguel Arcángel del año 1224.

LATÍN
LAUDES DEI ALTÍSSIMI
   
Tu es sanctus, Dóminus Deus solus, qui facis mirabília (Ps. 76,15).
Tu es fortis, tu es magnus (cfr. Ps. 85,10), tu es altíssimus, tu es rex omnípotens, tu Pater sancte (Joann. 17,11), Rex cœli et terræ (cfr. Matth. 11,25).
Tu es Trinus et Unus, Dóminus Deus deórum (cfr. Ps 135,2); tu es bonum, omne bonum, summum bonum, Dóminus Deus vivus et verus (cfr. 1 Thess. 1,9).
Tu es amor, cáritas; tu es sapiéntia, tu es humílitas, tu es patiéntia (Ps. 70,5), tu es pulchritúdo, tu es mansuetúdo, tu es secúritas, tu es quíetas, tu es gáudium, tu es spes nostra et lætítia, tu es justítia, tu es temperántia, tu es ómnia divítia nostra ad sufficiéntiam.
Tu es pulchritúdo, tu es mansuetúdo; tu es protéctor (Ps. 30,5), tu es custos et defénsor noster; tu es fortitúdo (cfr. Ps. 42,2), tu es refrigérium.
Tu es spes nostra, tu es fides nostra, tu es cáritas nostra, tu es tota dulcédo nostra, tu es vita ætérna nostra: Magnus et admirábilis Dóminus, Deus omnípotens, miséricors Salvátor.

TRADUCCIÓN
ALABANZAS DE DIOS ALTÍSIMO
  
Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas (Sal. 76,15).
Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo (Jn. 17,11), rey del cielo y de la tierra (cf. Mt. 11,25).
Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses (cf. Sal. 135,2), tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero (cf. 1 Tes. 1,9).
Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia (Sal. 70,5), tú eres belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción.
Tú eres belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector (Sal. 30,5), tú eres custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza (cf. Sal. 42,2), tú eres refrigerio.
Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador.
   

Fray León, el beneficiario de este autógrafo, registró en la Bendición las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que fueron compuestas:
«El bienaventurado Francisco, dos años antes de su muerte, hizo una cuaresma en el monte Alverna, en honor de la bienaventurada Virgen, Madre de Dios, y del bienaventurado Miguel Arcángel, desde la fiesta de la Asunción de Santa María Virgen hasta la fiesta de San Miguel de septiembre. Y se posó sobre él la mano del Señor. Después de la visión y de la alocución del Serafín y de la impresión de las llegas de Cristo en su cuerpo, compuso estas Alabanzas, escritas en el otro lado del papel, y las escribió de su propia mano, dando gracias a Dios por el beneficio que le había concedido».
Las Laudes Dei Altíssimi son parte de las oraciones que la Orden Franciscana debe rezar en preparación a cada hora canónica del Divino Oficio Romano-Seráfico.

viernes, 4 de octubre de 2019

EL VALOR SIMBÓLICO Y LA HISTORIA DE LA TAU

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
   
El pueblo hebreo, como muchas culturas antiguas, ha elaborado progresivamente una teología o una interpretación espiritual complementaria adaptada a cada letra de su alfabeto.
  
Puesto que la escritura hebraica, y por consiguiente el alfabeto hebreo no fue codificado formalmente hasta casi 200 años después del nacimiento de Cristo, muchas letras eran tal vez trazadas en formas distintas según la región donde vivían los hebreos, tanto en Israel como en la “diáspora”, prevalentemente en el mundo grecohablante.
  
La última letra del alfabeto hebraico representaba el cumplimiento de toda la palabra revelada por Dios. Esta letra era llamada TAU (o TAW, pronunciado Tav en hebreco), que podía ser escrita como 𐤕‎, ✝ o T. Esta letra tiene agregado un valor simbólico desde el Antiguo Testamento; se habla en el libro de Ezequiel: «El Señor dice: Pasa en medio de la cudad, en medio de Jerusalén, y signa una Tau sobre la frente de los hombres que suspiran y lloran…» (Ezeq. 9, 4).
  
En este mismo pasaje el Profeta Ezequiel recomienda a Israel que permanezca fiel a Dios hasta el final, para ser reconocido como simbolicamente señalado con el “sello” de la TAU sobre la frente cual pueblo escogido de Dios hasta el final de la vida. Aquellos que permanecieron fieles eran llamados el resto de Israel; eran frecuentemente gente pobre y sencilla, que tenía su fe en Dios también cuando no dejaban de darse razones de la lucha y de la fatiga de la vida.
  
Si bien la última letra del alfabeto hebraico no tiene más la forma de cruz, como en las variantes descritas anteriormente, los primeros escritores cristianos habrían utilizado, al comentar la Biblia, su versión griega llamada de los “Setenta”. En esta traducción de las Escrituras Hebreas (Antiguo Testamento), la TAU era escrita como T.
  
Con este mismo sentido y valor se habla también en el Apocalipsis (Apoc. 7, 2-3). La Tau es por eso señal de redención. Es signo exterior de aquella novedad de vida cristiana, más interiormente signada por el Sello del Espíritu Santo, dado a nosotros como don el día del Bautismo (Efe. 1, 13).
  
La Tau fue adoptada rápidamente por los cristianos por un doble motivo. Esto, precisamente como última letra del alfabeto hebreo, era una profecía del último día y tenía la misma función de la letra griega Omega, como aparece incluso en el Apocalipsis: «Yo soy el Alfa y el Omega, el principio y el fin. A quien tenga sed, le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida… Yo soy el Alfa y el Omega, el primero y el último, el principio y el fin» (Apoc. 21,6; 22,13).
  
He aquí por qué para los cristianos la TAU comenzó a representar la Cruz de Cristo como cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento. La cruz, prefigurada en la última letra del alfabeto hebraico, representaba el medio con el cual Cristo ha reparado la desobediencia del viejo Adán, deviniendo nuestro Salvador como “nuevo Adán”.
  
Durante el Medioevo, la comunidad religiosa de San Antonio Eremita, con la cual San Francisco era familiar, estaba muy comprometida en la asistencia a los leprosos. Estos hombres usaban la cruz de Cristo, representada como la TAU griega, como amuleto para defenderse de las llagas y de otras enfermedades de la piel. En los primeros años de su conversión, Francisco habría laborado con estos religiosos en la zona de Asís y habría estado hospedado en su hospicio junto a San Juan Lateranense en Roma. Francisco habló a menudo del encuentro con Cristo, escondido bajo el aspecto de un leproso, como el punto de partida de su conversión. Es por tanto indudable que Francisco, en seguida, habría adoptado y adaptado la TAU como distintivo o firma, combinando el antiguo significado de la fidelidad para toda la vida con el mandato de servir a los últimos, los leprosos de su tiempo.
  
La simbologia del TAU adquirió un significado aún más profundo para San Francisco, desde el momento en que en el 1215 Inocencio III promueve una gran reforma de la Iglesia Católica y él escuchó [1] el sermón del Papa en la apertura del IV Concilio Lateranense, conteniendo la misma exhortación del profeta Ezequiel en el Antiguo Testamento: “Estamos llamados a reformar nuestras vidas, a estar en la presencia de DIOS como pueblo justo. Diso nos reconocerá con el signo Tau impreso sobre nuestras frentes”. El anciano papa, al retomar este símbolo, habría querido –decía– ser él mismo aquel hombre “vestido de lino, con una bolsa de escriba al flanco” y pasar personalmente por toda la Iglesia para signar una Tau sobre la frente de las personas que aceptaban entrar en estado de verdadera conversión [Inocencio III, Sermón VI (PL 217, 673-678)].
  
Esta imagen simbólica, usada por el mismo Papa que sólo 5 años antes había aprobado la nueva comunidad de San Francisco, fue inmediatamente acogida como invitación a la conversión. Por esto, grande fue en San Francisco el amore y la fe en este signo. «Con tal sello, San Francisco firmaba cada vez o por necesidad o por espíritu de caridad, enviaba alguna carta suya» (FF 980); «Con eso daba inicio a sus acciones» (Fr 1347).
  
Si San Francisco adoptó la TAU como sello personal, “signo manual” como se decía en sus tiempos y con ella firmaba cada escrito suyo, el beato Tomás de Celano nos presenta otro uso de su parte: él lo trazaba sobre muros, sobre puertas, y sobre las columnas de las celdas. ¿Cómo no pensar en esto case, no solamente en Ezequiel, donde se trataba de sellar las frentes con el signo de la salvación, sino en el libro del Éxodo, en el cual el signo de la salvación no era otro sino la sangre del cordero pascual sobre el arquitrabe de las puertas? La Tau era por tanto el signo más querido para San Francisco, la señal reveladora de una convicción espiritual profunda que solo en la cruz de Cristo es la salvación de todo hombre.
  
La afirmación de Tomás de Celano concerniente a la escritura de la Tau sobre los muros, es confirmada por la arqueología: en el tiempo de la restauración de la capilla de Santa Magdalena en Fonte Colombo fue reencontrado en el vano de una ventana, del lado del Evangelio, una Tau pintada en rojo, recubierta con una tinta del siglo XV. Este diseño remite al mismo San Francisco.
  
San Francisco de Asís hacía referencia en todo a Cristo, a lo último; por la semejanza que la Tau tiene con la cruz, era tan querido este signo, que ocupó un lugar relevante en su vida como también en sus gestos. Este comportamiento, tenido por San Francisco, era notable en una época en la cual toda una corriente cátara o neomaniquea rehuía del mismo signo de la Cruz, considerándolo indigno de la obra redentora de Dios.
  
Con los brazos abiertos, San Francisco a menudo decía a sus hermanos que su hábito religioso tenía el mismo aspecto de la TAU, entendiendo que estaban llamados a comportarse como “crucificados”, testigos de un Dios compasivo y ejemplo de fidelidad hasta la muerte.
  
Fue por esto que San Francisco fue a veces llamado “el Ángel del sexto sello”: el ángel que lleva, él mismo, el sello del Dios viviente y lo signa sobre la frente de los elegidos (cf. Ap. 7, 2 s.) y San Buenaventura podrá decir después de su muerte: “Él tuvo del cielo la misión de llamar a los hombres a llorar, a lamentarse… y de imprimir la Tau sobre la fronte de aquellos que gimen y lloran” [San Buenaventura, Legénda major, 2 (FF, 1022)].
  
No podemos no recordar la Bendición para el fray León, custodiada en la sacristía del Sacro Convento de Asís. El ramo vertical de la Tau trazada por la mano de San Francisco, atraviesa el nombre del fraile; y este es un hecho intencional. Nos recuerda el uso tradicional en la época de las catacumbas, en los cuales a menudo aparece la Tau: una gran evidencia en un nombre propio de cuyas letras no hace menos parte.
  
Hoy los seguidores de San Francisco, laicos y religiosos, portan la TAU como signo externo, como “sello” del propio compromiso, como recuerdo de la victoria de Cristo sobre el demonio a través del cotidiano amor oblativo. Se trata del signo distintivo del reconocimiento de su pertenencia a la familia o a la espiritualidad franciscana. La Tau no es un fetiche, ni mucho menos un ninnolo: este, signo concreto de una devoción cristiana, es sobre todo un compromiso de vida en el seguimiento de Cristo pobre y crucificado.
  
El signo de contradicción se ha convertido en signo de esperanza, testimonio de fidelidad hasta el término de nuestra existencia terrena.
  
NOTA
[1] La participación de San Francisco de Asís en el Concilio Lateranense como líder de un movimiento espiritual (la suya estaba entre las nuevas fundaciones de las cuales se trató en el Concilio) es atestiguada por distintas fuentes. Una de las más antiguas y autorizadas es Ángelo Clareno, en su Exposición de la Regla (redactada entre 1321 y 1323).

sábado, 3 de agosto de 2019

NOVENA EN HONOR A SANTA CLARA DE ASÍS

Novena dispuesta por un devoto de la Santa, e impresa en Murcia por Antonia Ramírez, viuda de Felipe Teruel, a expensas del Monasterio de Santa Clara la Real de dicha ciudad. Con aprobación eclesiástica.
   
NOVENA DE LA SERÁFICA MADRE SANTA CLARA DE ASÍS

   
Para que los Fieles con más seguridad cojan los frutos de esta Novena, se dispondrán para ella confesando y comulgando el primer día, u otro del Novenario; haciendo especial oración a la gloriosa Virgen y esclarecida Madre Santa Clara, a fin de impretrar, y por su intercesión, lo que necesitan y más les convenga. Y se podrán preparar con los actos siguientes, sacados del Ejercicio cotidiano con que ofrecía a Dios sus obras el Santísimo Padre, el Señor Inocencio Undécimo:
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
Yo os adoro, Dios mío, Santísima Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, tres Personas y un solo Dios, en quien creo; y que el Hijo de Dios se hizo Hombre para redimirnos; y ha de juzgarnos, y dar a cada uno el premio o castigo según sus obras.
 
Me humillo en el abismo de mi nada, reconociendo el infinito ser y perfección de vuestra Majestad. Os creo firmísimamente, y pondré mil vidas por defender y testificar todo aquello que os habéis dignado de hacerme entender por medio de la Sagrada Escritura y de vuestra Santa Iglesia. Pongo toda mi esperanza en Vos, y cuanto puedo haber de bienes espirituales y temporales, así en esta vida como en la otra, todo lo deseo, espero, y quiero solo de vuestra mano, Dios mío, vida mía y sola esperanza mía.
  
A Vos entrego, por hoy y para siempre, mi cuerpo y mi alma, mis potencias, memoria, entendimiento y voluntad; y todos mis sentidos. Protesto que no consiento, ni quiero consentir, en cuanto es en mí, en cosa que sea la más mínima ofensa de vuestra Majestad. Propongo firmemente emplearme con todo mi ser en servicio y gloria vuestra. Estoy pronto a recibir cualquier trabajo que me venga de vuestras manos, por daros gusto. Querría emplearme todo, a fin que vuestra Majestad fuese servido, glorificado y amado de todos los hombres del Mundo. Me gozo sumamente de vuestra eterna felicidad, y me alegro que seáis tan glorioso en el Cielo y en la tierra. Os doy infinitas gracias por los beneficios que yo, y todo el mundo recibimos de vuestra Majestad.
  
Amo a vuestra bondad por sí misma, y ser dignísima de ser amada, con todo el afecto de mi corazón y de mi alma; y quisiera saberos amar, como os han amado los Ángeles y Justos; con el amor de los cuales junto con el imperfectísimo amor mío, ofrezco a vuestra Majestad, con los méritos de los Santos, de la Virgen Santísima, y de Cristo, Señor nuestro, mis obras, para siempre bañándolas con la preciosa Sangre de Jesús mi Redentor.
   
Tengo intención de lograr cuantas Indulgencias puedo en las ocasiones y obras de este día: y aplicarlas, por modo de sufragio por las Almas del Purgatorio. También tengo intención de ofrecer todo aquello que puedo en penitencia y satisfacción de mis pecados.
 
Dios mío, por ser Vos minutamente digno de ser amado y servido; porque sois quien sois, y os amo y aprecio sobre todo cuanto puedo amar: me pesa, y me arrepiento con el dolor mas íntimo y verdadero de todos mis pecados; y los detesto, y aborrezco más que a cuantos males hay. Pido humildemente perdón a vuestra Majestad: y propongo firmemente nunca más ofenderos en adelante. Quedo en vuestras Llagas, Jesús mío, tenedme, y dilatadme dentro de ellas hoy, y siempre; hasta que me concedáis veros y amaros eternamente. Amén.

DÍA PRIMERO - 3 DE AGOSTO
Estando la gloriosa Virgen Santa Clara en las entrañas de su madre, orando ésta delante de un Crucifijo, pidiendo a su Majestad la sacase con buen suceso de los peligros del parto: la respondió el Señor en voz sensible, que no temiese, porque pariría con felicidad, y sería el Oriente de una luz clarísima que ilustraría al universo mundo. Nació la Santa Niña, y su nacimiento causó a los ciudadanos de Asís, su Patria, extraordinario jubilo, como presagio cierto de que en ella les nacía la protectora, para su consuelo, amparo y defensa.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Señor mío Jesucristo, Candor de la luz eterna y espejo sin mancha, que con el baño de vuestros Divinos resplandores, ilustrasteis al alma de Santa Clara, previniéndola con bendiciones de dulzura, para que como imagen vuestra, naciese santificada (como piadosamente se cree): humildemente os suplico, por sus altos merecimientos, iluminéis mi entendimiento con el conocimiento de vuestra infinita bondad, y de la malicia de mi pecado; para que amando lo bueno, y aborreciendo lo malo, nunca os ofenda, y siempre os ame de todo corazón. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y cinco Avemarías, seguidos por la oración siguiente:
 
ORACIÓN PARA CONCLUSIÓN
Gloriosa y esclarecida Santa Clara, Esposa del Cordero de Dios, imagen viva de María Santísima, y a su imitación fecunda Madre espiritual, Caudillo de Vírgenes Sagradas; fuente de pureza, que riega las místicas plantas del ameno y seráfico Paraíso; Antorcha luminosa, que con el candor de la luz eterna alumbra al universo con rayos de santidad y doctrina destruyendo las sombras de la malicia. Aurora preclarísima y Luna hermosa, que creció con los aumentos de la gracia, adornada con el regimen y presidencia de virgíneas estrellas en la noche de este siglo. Sol escogido para ilustrar al Cielo de la Iglesia. Norte fijo que guía a la Patria Celestial. Huerto cerrado a la culpa, cercado con el vallado espinoso de ásperas penitencias, donde el Divino Labrador cultiva cándidas azucenas y flores maravillosas, en quien tiene sus delicias. Vara de la virtud de Dios, operativa de admirables portentos. Palma victoriosa que triunfasteis de las vanidades del mundo, de las astucias del Demonio y halagos de la carne. Ínclita Capitana y Ejército ordenado y terrible contra los enemigos visibles e invisibles. Protectora del Pueblo Cristiano, y terror de los Infieles, armada con la espada del Pan del Cielo y con el escudo impenetrable de la Fe. Seminario de castos deseos, Maestra de virtudes heroicas y ejemplar de la Evangélica perfección: Humildemente os suplico, por los merecimientos de nuestro Señor Jesucristo, y por vuestra poderosa intercesión, nos alcancéis lo que os pedimos en esta Novena, para la mayor gloria de Dios y bien de nuestras almas. Y caso que por nuestra ignorancia, no acertemos a pedir lo que nos conviene, encaminad nuestra petición al más recto fin y cumplimiento del Divino beneplácito, en el cual nos resignamos y conformamos en todo y por todo; pues nuestra intención es solo obtener de la Divina misericordia lo que más conduzca al cumplimiento de su santísima voluntad. Amén.

GOZOS DE LA SERÁFICA MADRE SANTA CLARA DE ASÍS
 
Pues sois del hermoso Amor
Esposa escogida y rara:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Asís admiró en su oriente
Que en vos nació peregrina
La luz que al Orbe ilumina,
Cifra del Omnipotente
La gracia os dió lo luciente
De su Divino candor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Clara Aurora, Esclarecida
Amanecéis luminosa,
A ser como Luna, hermosa;
Y como Sol, escogida.
De la claridad vestida,
Alumbráis con su esplendor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
De Maria, Virgen bella,
Sois diseño portentoso;
Y para hallar al Esposo
La seguís con buena estrella.
Vestigio sois de su huella,
Atraída de su olor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
El Jardinero Sagrado
Os hizo Místico Huerto,
A la Caridad abierto,
Y a toda culpa cerrado.
En Vos se mira plantado,
Para sus delicias, Flor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Deliciosa os considero,
Gracia, como Paraíso,
Donde el segundo Adán quiso
Se renovase el primero.
Pues en Vos el áspid fiero
Nunca marchitó el verdor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
En el fuego de su celo,
Un Serafín os inflama,
Y creciendo en Vos la llama,
Buscó su esfera en el Cielo.
Despreciando lo del suelo
Con impulso superior:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
De Vírgenes Capitana,
Para hacer al mundo guerra,
En su Custodia os encierra
Francisco en edad temprana.
Del siglo y su gloria vana
Lográis el triunfo mayor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
A Jesús en la aspereza
De su Pasión dolorosa
Imitáis, cual fiel Esposa,
Herida de su fineza.
De aquí copias la belleza,
Siendo pincel el Amor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Nuevo Fénix renacido
Entre la flamante aroma,
Meditáis como Paloma,
Haciendo canto al gemido.
En la viva piedra nido
Ponéis, libre del Azor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Para oprimir la violencia
Del pérfido Mahometano,
Con la Custodia en la mano
Castigaisteis su insolencia,
Salvando así a la inocencia,
Armada del Salvador:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
En los brazos del Esposo,
Al Tálamo inmaculado
Volais, y estais a su lado
Sentada en Trono glorioso,
Donde en eterno reposo
Reináis con gloria y honor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
La Iglesia festiva aclama,
Con la voz de la verdad,
Los frutos de santidad,
Que en Vos coge, admira y ama.
Vuestros milagros la fama
Publica en dulce tenor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Por caridad os rogamos
Escuchad nuestro clamor,
CLARA sois, cuyo favor
Con humildad imploramos:
Y en él, por Vos esperamos,
Lograr lo bueno y mejor:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.
  
Pues sois del hermoso Amor
Esposa escogida y rara:
Purísima Virgen Clara,
Escuchad nuestro clamor.

℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Clara.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

ORACIÓN
Te suplicamos, Señor, que por la intervención de tu bienaventurada Virgen Santa Clara, cuyo natalicio al cielo recordamos, hagas a tus siervos partícipes de su gozo en el Cielo y coherederos de tu Hijo Unigénito, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO - 4 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Nacida que fue la Santa Virgen, convinieron sus Padres en que en el Bautismo se llamase Clara; nombre nuevo, que con el efecto desempeñó al Oráculo Divino, por tener su origen del Padre de las Lumbres, como luciente anuncio de su admirable santidad; pues vino a ser desde el primer paso que dio en la tierra, sagrado vestigio de la Reina del Cielo, como insigne imitadora de sus preclarísimas virtudes.
  
ORACIÓN
Amantísimo Jesús mío, que con el esmalte de vuestra Sangre y virtud de vuestro santísimo Nombre adornasteis y hermoseásteis para vuestro Tálamo a la Niña Santa Clara, para que al punto que rayó en su feliz oriente, alumbrase con la claridad de sus heroicas obras el camino recto de la Bienaventuranza: Con profundo rendimiento (interpuesta su poderosa intercesión) os ruego, renovéis en mí el nombre glorioso de Cristiano que recibí en el Santo Bautismo, para que atendiendo a la profesión que hice en él, y obligaciones que contraje, las cumpla en todo y por todo, desnudándome del hombre viejo y sus malos actos, y vistiéndome a Vos, que sois hombre nuevo, en novedad de vida y costumbres. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA TERCERO - 5 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Con el fecundo rocío de la gracia crecía Santa Clara, mística Planta, con el cultivo y buena educación de Hortelana, su madre, y el oculto Magisterio del Espíritu Santo, en cuyos purísimos incendios abrasada, desde sus primeros años se consagró víctima inocente en las Aras de caridad, empleada en la consideración de la Pasión y muerte de su Divino Esposo; en cuyo ejercicio se liquidaba su corazón amante por los ojos, aspirando fervorosa con penitencias superiores a su tierna edad a copiar en su alma la dolorosa imagen de su amado, para transformarse en él por amor y dolor.
 
ORACIÓN
Dulcísimo Redentor mío, que con las eficacias de vuestro santo amor hicisteis crecer a la Niña Santa Clara, de claridad en claridad, como de virtud en virtud, no solo para sí, sino también para la común edificación. Yo os pido, piadosísimo Señor, que por esta vuestra escogida Esposa, os digneis de apartar de mí todo lo que me impide para llegarme a Vos; aumentando en mi alma la Fe viva, la Esperanza cierta y la Caridad ardiente, para que por este medio, muerto a todo lo visible, solo viva en Vos, y Vos en mí crucificado. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA CUARTO - 6 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Siendo la bendita Virgen Santa Clara de edad de diez y siete años, por consejo del Seráfico Padre San Francisco, enardecida en sus Seráficos ardores, resolvió abrazar los rigores de la vida Apostólica, pisando con generoso desprecio todo lo caduco y perecedero; para cuyo fin, atropellando todos los inconvenientes, se huyó sola de la casa de sus Padres y se fue al Templo de Santa María de Porciuncula, donde estaba el Santo Patriarca, y donde desnudándose de las galas, se vistió el áspero sayal de penitencia, para celebrar las bodas con su Divino Esposo; haciendo medianera de sus desposorios a María Santísima; y poniéndose a la sombra de su protección, quedó totalmente consagrada y dedicada a Dios en estado de Religiosa.
 
ORACIÓN
Altísimo Señor y Dios eterno, que fuerte y suavemente dispusisteis el virginal corazón de la Santa doncella Clara, para que abandonando las mundanas vanidades y los fueros de la carne y sangre, sin temer los peligros que le amenazaban, se arrojase en brazos de vuestra providencia, para seguiros en el estado de la mayor perfección. Contrito y humillado os suplico me concedáis los esfuerzos de vuestra gracia, para que a su imitación desprecie yo los bienes terrenos y sensuales apetitos, y aprecie con digna estimación las Celestiales y eternas delicias, siguiendo vuestros Mandamientos y consejos por el camino de la mortificación de sentidos y potencias, implorando para ello el auxilio eficacísimo de vuestra Santísima Madre, por quien espero merecerlo. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
 
DÍA QUINTO - 7 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
El Seráfico Patriarca San Francisco, para asegurar a su nueva discípula de la injusta violencia de sus Padres, la depositó en un Convento de Monjas Benedictinas, donde la Santa Virgen se puso con toda confianza a los pies de un Crucifijo, pidiéndole fortaleza para entrar en la batalla que le esperaba, por lo mal que habían sentido sus parientes la piadosa fuga que hizo de su casa: por lo que conspirados contra ella, ya con caricias, y ya con amenazas, pretendieron vencer su constancia; apartándola de sus Santos propósitos. Pero defendida de la Divina diestra, cantó la victoria, logrando por despojos del triunfo traer a su dictamen a su hermana la Venerable Inés, en cuya compañía encerrada en la Ermita de San Damián, dieron principio al Apostólico instituto de su Sagrada Religión.

ORACIÓN
Clementísimo Dios, que con propicia dignación escucháis las súplicas de vuestros siervos y los fortalecéis, asistiéndoles en el conflicto de la tribulación, para que peleando con perseverancia, alcancen la corona de justicia, como lo hicisteis con vuestra Esposa Santa Clara: Yo os suplico, inclinéis vuestra atención a mis humildes ruegos, para que armado con vuestra virtud, resista mi flaqueza a las lisonjas del mundo, a los engaños del Demonio, y a los halagos de la carne; y abrazado con las asperezas de la Cruz, os consagre en sus aras el corazón en suave holocausto y víctima de perfecta caridad. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
 
DÍA SEXTO - 8 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Puesta en clausura la gloriosa Santa Clara (siendo la primera que la guardo por voto), emprendió una vida más Angélica que humana; y fueron tantos los resplandores de santidad con que comenzó a lucir, y tan activa la fragante suavidad de sus virtudes, que con la luz del desengaño alumbradas y de sus ungüentos atraídas, muchas doncellas la siguieron en el nuevo instituto, despreciando (movidas de su ejemplo) las falacias del siglo, emprendiendo el estado de la perfección cristiana, en la secuela de su Insigne Capitana, para conseguir la conquista del Reino de los Cielos, con las armas de la obediencia, pobreza, castidad y perpetua clausura.
   
ORACIÓN
Amabilísimo Jesus mío, que como flor del campo Virginal de María Santísima, cultivada por obra del Espíritu Santo, nacisteis pobre de bienes temporales, para enriquecernos de virtudes; y os humillasteis a obedecer a los hombres para nuestra enseñanza: Con todo el afecto de mi corazon os ruego infundáis en mi alma aquel generoso espíritu que comunicasteis a vuestra esclarecida esposa Santa Clara; para que con total resolución obedezca vuestros Mandamientos y por Vos a mis superiores, desprecie los terrenos por los Celestiales, y adorne vuestro Tálamo con la hermosa gala de la castidad, cerrando las puertas de los sentidos a todo lo visible. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
 
DÍA SÉPTIMO - 9 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Crecía más y más la fama de la santidad de la Seráfica Madre, al paso que se aumentaba el número de sus hijas y conventos que se fundaban solo a expensas de la Divina providencia, en suma pobreza y austeridad. Dioles el Seráfico Patriarca Regla, que aprobaron y confirmaron los sumos Pontífices, sin admitir la Santa dispensación en sus rigores. Obrando el Señor estupendas maravillas en crédito de su Apostólico celo: con el cual en aquel Virgíneo Jardín brillaba como la rosa entre las flores; y en aquel nuevo Cielo lucía como el Sol entre las Estrellas, siendo sagrada admiración del mundo, que ya percibía los influjos de esta portentosa luz.

ORACIÓN
¡Oh Buen Jesús, hermosura de los Ángeles!, que tenéis puestas vuestras delicias en estar entre los hijos de los hombres, y especialmente entre las Azucenas Cándidas de la virginidad, apacentándose de su pureza como inmaculado Cordero, cuando como Pastor las apacentáis con vuestra Deífica Carne y Sangre que engendra vírgenes: Yo os suplico, Bondad infinita, sembréis en el terreno de mi alma los castos deseos de serviros y amaros en toda pureza de pensamientos, palabras y obras, como lo hicisteis con vuestra esposa Santa Clara y sus devotas hijas; para que por su intercesión logre yo habitéis en el retiro de mi corazón, sin hallar en él cosa que ofenda vuestros Divinos ojos. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
 
DÍA OCTAVO - 10 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Haciéndose cargo la Santa Madre de que el Señor la puso en el candelero de la Prelacía para alumbrar la casa de Dios con sus santos ejemplos, vestida de un grosero saco y totalmente descalza, emprendió una vida más para la admiración que para la imitación: pues su sueño era brevísimo, su oración larga y fervorosa, ilustrada en ella con favores Celestiales. Su cama la tierra desnuda, su almohada un madero, sus ayunos continuos, y tanta su abstinencia que aun no comía para alimentarse. Ceñíase a raíz de sus virginales carnes la piel de un cerdudo, cortadas las cerdas, y otros ásperos cilicios; y esto padeciendo calentura continua por espacio de veinte y ocho años. Y en fin, trataba a su cuerpo como pudiera hacerlo el más cruel tirano, viviendo como de milagro.
 
ORACIÓN
Señor mío Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de toda consolación, que con tanta gracia fortalecisteis la flaqueza de Santa Clara, haciéndola mujer fuerte, para dejar en ella en vuestra Iglesia un dechado de verdadera penitencia, y un ejemplar de perfección Evangélica. Por sus grandes merecimientos os pido y suplico apartéis de mí el amor desordenado que tengo a mi carne, para que sujeta a las leyes del espíritu, castigue con rigor las ofensas que he cometido contra Vos, mortificando mis apetitos desordenados, corrigiendo la libertad de mis sentidos, y empleando mis potencias solamente en conoceros y amaros, teniendo esculpido en mi memoria lo que Vos padecisteis por mí, para alentarme a padecer por Vos. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
 
DÍA NOVENO - 11 DE AGOSTO
Por la señal...
Oración inicial.
   
Puesta la gloriosa Virgen Santa Clara en la última enfermedad, la honró en la tierra el Sumo Pontífice, Vicario de Cristo, visitándola personalmente, acompañado de toda su Curia, cosa pocas veces vista; pero ¿qué mucho, si los Reyes del Cielo, Jesús y María, la asistían en su cabecera? En esta ocasión entró en la pobre celda de la Santa un Coro de Santas Vírgenes, a las cuales presidía su Divina Capitana, María Santísima, con imponderable hermosura, ceñida la frente con Corona Imperial, que acercándose a la enferma, y echándola los brazos, la acarició con inefable benignidad. Y las demás Vírgenes, dándola los parabienes de sus eternos desposorios, adornaron el Tálamo con un palio preciosísimo para el Rey de la Gloria, en cuyas manos entregó su alma purísima, que acompañada de tan sagrada Comitiva, voló a los Cielos, donde vive en perpetuas eternidades.
 
ORACIÓN
Dulcísimo Jesús, Esposo amantísimo de las almas, que con eterno galardón premiasteis los merecimientos de vuestra Esposa Santa Clara, no sólo con el culto y honra de la Iglesia Mílitante, sino también con la gloria de la Triunfante: Yo os suplico os dignéis de asistirme y favorecerme en la hora de mi muerte, para que venciendo sus horrores y los peligros de la vida, salga hermoseada con la Estola de la inmortalidad, a gozar de vuestra presencia, en compañía de vuestra Santísima Madre y demás Bienaventurados, por los siglos de los siglos. Amén.
 
Rezar cinco Padre nuestros y Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.