jueves, 27 de junio de 2019

EL FIN DE LAS ILUSIONES: UN NUEVO 1054

Traducción del artículo publicado en TRADITIO LITURGICA.
  
El Metropólita estadounidense fanariota Elpidoforo (Joannis Lambriniadis), probable sucesor de Bartolomé I
  
Los recientes sucesos eclesiales en Oriente no traen nada bueno.
    
El Oriente bizantino, tan meritorio por haber conservado una tradición teológico-espiritual única que todavía se perpetúan en algunas de sus realidades monásticas, está atravesando un pesante período de crisis y esá buscando arrastrar a otras Iglesias ortodoxas en su difícil situación.
  
Obviamente, cierta prensa y algunos sitios de internet buscan describir una realidad más que todo rosa y optimista pero, también en tal caso, dejan perplejo al lector porque, sin quererlo, hacen intuir demasiadas cosas que no cuadran.
  
En el 1054 se consumó el cisma Oriente-Occidente. Este cisma fue motivado por el hecho que las Iglesias estaban demasiado diferenciadas entre sí. En realidad, tal diferenciación devino en abierto contraste también y sobre todo por cuestiones políticas que se celaban detrás de los debates religiosos.
  
Como entonces, hoy tras el “1054” de la Ortodoxia griega, está la política: la potente influencia estadounidense en los ambientes del Fanar [el “Vaticano griego” en Estambul] para fines de control geopolítico. La iniciativa eclesial en Ucrania de Bartolomé I, animado por la idea de “unir” la Iglesia ortodoxa de aquella nación bajo su obediencia, ha surtido el efecto opuesto: no solo no ha unido las tres precedentes Iglesias nacionales, sino que indirectamente creó otra toda vez que el colérico “patriarca” Filareto, que debía permanecer dimisionario en la nueva Iglesia querida por Bartolomé, ha reivindicado su derecho de no ser alejado. Así, hoy la Ucrania se encuentra en una condición peor: con cuatro Iglesias de las cuales una sola es reconocida por la Ortodoxia mundial, pero desconocida por Bartolomé.
  
Este último ha recientemente puesto sobre el trono de Estados Unidos a su brazo derecho: el metrópolita Elpidoforo, el gran teórico del “papado oriental”, del primus super pares.
  
El “papado oriental” es una invención eclesiológica en abierto contraste con la eclesiología tradicional ortodoxa. Si el Oriente descubre tener necesidad de un papado, históricamente tal papado existe en Occidente, en Roma, y no se entiende por qué debe crear otro sobre bases inestables, respecto al occidental [*].
  
Pero si el Oriente, en base a su eclesiología tradicional, siente no tener necesidad de un papado, ¿po qué debería aceptar el artificial de Bartolomé? ¡Estamos en el colmo del ridícolo! Lo bello es que en las aserciones de Elpidoforo, quien no acepta este papado artificial será precisamente herético:
“Dejadme agregar que el rehusarse a reconocer el primado en el interior de la Iglesia ortodoxa, un primado que necesariamente no puede no ser encarnado por un primus (esto es, un obispo que tiene la prerrogativa de ser el primero entre sus compañeros obispos) constituye nada menos que una herejía. No se puede aceptar, como a menudo se dice, que la unidad entre las Iglesias ortodoxas sea salvaguardada por una norma común de fe y culto o por el Concilio ecuménico como institución. Entrambos estos factores son impersonales mientras que en nuestra teología ortodoxa el principio de unidad es siempre una persona. De hecho, en el nivel de la Santa Trinidad, el principio no es la esencia divina sino la Persona del Padre (o “monarquía” del Padre), en el nivel eclesiológico de la Iglesia local, el principio de unidad no es el presbiterio o el culto común de los cristianos sino la persona del obispo, luego en el nivel pan-ortodoxo el principio de unidad no puede ser una idea ni una institución sino que debe ser, si queremos ser coherentes con nuestra teología, una persona... En la Iglesia ortodoxa tenemos un primus, y es el patriarca de Constantinopla” [**].
Estas aserciones parecen de mentiras: mientras en el mundo católico el papa es definido “vicario de Cristo”, ¡Elpidoforo sostiene que el patriarca debería ser una especie de “vicario del Padre”! Cristo que, en la eclesiología neotestamentaria paulina (¡la única sensata!), es la cabeza del Cuerpo que es la Iglesia, ¡no es suficiente para para explicar la unidad de la Iglesia! Necesita perfeccionar San Pablo e introducirse en el plano intratrinitario, meter la nariz entre las Personas divinas donde no está permitido entrar, como ya decía San Gregorio de Nacianzo, para poner las manos precisamente sobre la persona del Padre, cuyo vicario sería… ¡el Patriarca de Constantinopla! [***]
  
Sobre todo, aquí tenemos una profunda e insaneable contradicción: cuando en el 1054 Constantinopla rechazó el primado del papa, después finalmente explicado por Inocencio III en el siglo XIII, lo hizo también porque veía en eso una “innovación sustancial e incompatible” respecto a la doctrina precedente: ¡la de un primus super pares!
  
Hoy, casi mil años después, Bartolomé I considera esta doctrina verdadera y canónica de facto. Pero, si esto es verdad, ¿por qué no acepta el primado del papa? ¿Tal vez porque deberá contentarse con un simple segundo puesto? Pienso sea la única respuesta, visto el modo cuanto menos despreocupado con que se interpretan las tradiciones y los sacros cánones.
  
Lanzando contradicciones en la doctrina, innovaciones ilógicas (al menos en referencia a las antiguas tradiciones), secularismo y ausencia de escrúpulos en la conducción eclesial, son ahora la nota distintiva de la última parte del patriarcado de Bartolomé I, circundado de pávidos e interesados cortesanos que aceptan cada capricho suyo para ser bien vistos por él. Raros son los que, sobre la base al menos del buen sentido, admiten que los clérigos no son los “patrones” de la Iglesia sino los servidores de la misma y que, por tanto, se deben atener a las tradiciones y a sus sapiencias lógicas.
 
Aunque el nuestro es un período en que reina la confusión, y esto es posible porque en lugar de la humildad los jefes han a menudo encarnado la extravagancia y el orgullo, en Occidente como en Oriente.
 
Asistiremos, pues, a cismas en todas partes del Cristianismo y hasta en la Ortodoxia, que hasta hoy marchaba prácticamente compacta, iniciará a fragmentarse al menos en dos obediencias: la fanariota (que agregará en buena parte a los griegos al etnos que al dogma) y la restante que buscará mantener la actitud precedente. Los grandes sueños de dominio del Fanar, se reducirán, así, a poca cosa y el “papa de plástica” oriental podrá hacer el déspota solo sobre pocos miles de griegos.
   
PIETRO C.
    
NOTAS
[*] Mientras el primado romano está apoyado sobre el hecho histórico de que San Pedro murió y está sepultado en Roma (principio apostólico), el primado constantinopolitano es únicamente político: se apoya sobre el hecho que Constantinopla es la capital de un imperio que hoy, sin embargo, no existe más. No existiendo más el imperio que tenía derecho antes, ¿sobre el cual se apoya el primado del Patriarcado Ecuménico si no una simple costumbre perpetuada, por pura conveniencia política, por los sultanes en la turcocracia? ¿Y este sería un “principio eclesiológico” válido para siempre, cuando, al contrario, es expresión evidente de una convención de un bien preciso período histórico?
[**] Ver aquí.
[***] Es muy importante notar que para la teología ortodoxa, directa heredera de la patrística griega, la realidad se divide en creada (nosotros mismos y el mundo del que hacemos parte) y en increada (Dios). No se puede y no se debe hacer conclusiones mezclando estos dos planos o juzgando el increado con la medida del creado. He ahí el por qué, visto a posteriori, la eclesiología paulina es sensata: pone a Cristo como cabeza de la Iglesia porque la Iglesia es una realidad creada –al menos en su componente humana– y Cristo en cuanto Dios que sin embargo se hace hombre (de naturaleza creada) es la cabeza. Entrar en lo increado –la Trinidad– sirviéndose de categorías humanas y proyectando las propias necesidades o razonamientos es absurdo. No por casualidad el mundo católico, que en esto se ha demostrado más tradicional, define al papa como “vicario de Cristo” y no “vicario del Padre”, como hace Elpidoforo. Servirse de categorías intratrinitarias para la Eclesiología es absolutamente atrevido, increíble y antitradicional. Significa ir contra la mentalidad de toda la patrística griega. ¡Con todo esto Elpidoforo cree ser “coherente” con la teología ortodoxa! La naturaleza de Cristo es doble, divina y humana, y es gracias a esta duplicidad que Él es puente y es cabeza de la Iglesia, como realidad que en algún modo refleja la duplicidad de su naturaleza. Mas poner al Padre (increado y coeterno) como cabeza de la Iglesia (contrariamente a cuanto dice San Pablo), del que el Patriarca Ecuménico sería el “vicario”, comporta o la sola naturaleza divina de la Iglesia o la sola naturaleza creada del Padre. Esto muestra con solar evidencia la herejía del razonamiento de Elpidoforo y de cuantos le fueron impulsándolo en esta dirección.

3 comentarios:

  1. Así (o más ridículo) es el reclamo de los conclavistas.

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  2. El problema de los ortodoxos no es fisiológico, o de cisma, como se dice generalmente. Sino que es doctrinal: los ortodoxos con su herejía del filioque es una secta apostata más próxima a los arrianos que a los católico. Y por supuesto sus herejías no se reducen al filioque, sino que a partir de ahí se multiplican en número.

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