miércoles, 12 de junio de 2019

ORACIÓN A SAN JUAN DE SAHAGÚN PARA ALCANZAR LA PAZ


Eres digno, glorioso San Juan de Sahagún, de aparecer en el cielo de la Iglesia en estas semanas que siguen inmediatamente a los días de Pentecostés. Con muchos siglos de anticipación, Isaías, al contemplar el mundo después de la venida del Espíritu Paráclito, describía en estos términos el espectáculo que en visión profética tenía ante sus ojos: “¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies de los que anuncian la paz, de los que llevan la salvación, clamando a Sión: Tu Dios va a reinar!”. A los que admiraba el Profeta, eran los Apóstoles que tomaban posesión del mundo para Dios; ¿pero no fue también tu misión la que tan entusiastamente proclama el Profeta? El mismo Espíritu que los animaba, dirigía tus pasos; el Rey pacífico vió que por tu trabajo se aseguraba su cetro en una de sus más ilustres naciones que forman parte de su imperio. En el cielo donde tú reinas con él, la paz, que fue el objeto de tus fatigas, constituye ahora tu corona. Tú experimentas la verdad de aquellas palabras que profirió el Maestro pensando en los que se parecen a ti, y a todos aquellos que, apóstoles o no, establecen la paz, al menos en el terreno de su propio corazón: “Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios”. Estás en posesión de la herencia del Padre; el beatífico descanso de la Santísima Trinidad llena tu alma; y se derrama en estos días hasta nuestras heladas regiones.
  
Concede a España, tu patria, la ayuda que la fue tan provechosa. No ocupa ahora en la cristiandad el lugar eminente que ocupó después de tu muerte. Ha padecido rudos asaltos de parte de los enemigos de la Iglesia, pero ha guardado intacta la fe católica. Haz que se acuerde siempre que, el servicio de Cristo constituyó su gloria, y el apego a la verdad, su tesoro; no olvide nunca que únicamente la verdad revelada da al hombre la verdadera libertad y que sólo ella puede guardar indisolublemente unidas en una nación las inteligencias y las voluntades: lazo poderoso que asegura la fuerza de sus fronteras y la paz en el interior de la nación. Apóstol de la paz, protege a tu pueblo, y para confirmar su fe, recuérdale y enseña a los pueblos que lo han olvidado, que la fidelidad absoluta a las enseñanzas de la Iglesia es el único terreno en que los cristianos pueden buscar y hallar la concordia. Amén.

Dom PRÓSPER GUERANGER OSB. El Año Litúrgico (traducción española). Editorial Aldecoa, Burgos 1956.

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