martes, 4 de junio de 2019

PÍO XI CONTRA EL ECUMENISMO BERGOGLIANO

El pasado 2 de Junio, de regreso de su viaje a Rumanía, donde participó en un evento ecumenista con el pariarca Daniel I de la Iglesia Ortodoxa Rumana en Bucarest (capital de Rumanía), y beatificara a los obispos greco-católicos Julio Hossu, Basilio Aftenie, Juan Bălan, Valerio Trajano Frențiu, Juan Suciu, Tito Livio Chinezu y Alejandro Rusu, martirizados por el régimen COMUNISTA (así no lo quiera decir en su homilía en la Divina Liturgia en la ciudad de Blaj, como tampoco dirá nada sobre la ANEXIÓN FORZADA de la Iglesia Greco-Católica rumana a la cismática y herética ortodoxia rumana a partir del decreto N° 358/1948) entre 1950 y 1970, en su habitual conferencia de prensa del avión, ante la pregunta «¿Cuáles deberían ser las relaciones entre las confesiones, en particular entre la Iglesia Católica y Ortodoxa, entre la minoría católica y la mayoría ortodoxa, la relación entre las varias etnias, la relación entre el mundo político y sociedad civil?», formulada por el periodista Cristian Micaci de Radio María Rumanía - idioma húngaro, Bergoglio respondió lo siguiente:
«Una relación en general yo diría. La relación de la mano extendida cuando hay conflictos. Hoy un país en desarrollo con alto nivel de natalidad como ustedes, no puede darse el lujo de tener enemigos dentro.
 
Se debe hacer un proceso de acercamiento, siempre. Diversas etnias, diversas confesiones religiosas, sobre todo las dos cristianas. Esto es lo primero: siempre la mano extendida, la escucha del otro. Con los ortodoxos, ustedes tienen un gran patriarca, un hombre de gran corazón y un gran estudioso. Conoce la mística de los Padres del Desierto, la mística espiritual, estudió en Alemania, y también un hombre de oración. Es fácil acercarse a Daniel, es fácil, porque lo siento hermano, y hemos hablado como hermanos, y no diré más porque ustedes el lunes dirán… Caminemos juntos teniendo siempre esta idea: el ecumenismo no es llegar al final del partido, de la discusión. El ecumenismo se hace caminando juntos, rezando juntos; el ecumenismo de la oración.
 
Tenemos el ecumenismo de la sangre. Cuando asesinaban a los cristianos no preguntaban: ¿Tú eres ortodoxo?, ¿tú eres católico?, ¿tú eres luterano?, ¿tú eres anglicano? No, tú eres cristiano. La sangre se mezclaba.
  
Un ecumenismo del testimonio, de la oración, de la sangre, el ecumenismo del pobre que es trabajar juntos. Eso: debemos trabajar para ayudar a los enfermos, a los marginados, ayudar. Mateo 25 es un bello programa ecuménico. Caminar juntos es ya una unidad de los cristianos, pero no esperen que los teólogos se pongan de acuerdo para llegar a la Eucaristía. La Eucaristía se hace todos los días con la oración, con la memoria de la sangre de nuestros mártires, con las obras de caridad y deseándose el bien.
 
En una ciudad de Europa hay una relación entre el arzobispo católico y el arzobispo luterano. El arzobispo católico debía estar en el Vaticano el domingo en la noche, me ha llamado que llegaría el lunes en la mañana. Cuando ha llegado me dijo: “Discúlpame, ayer el arzobispo luterano ha debido irse a una reunión de ellos y me ha pedido ‘ven por favor a mi catedral y haz tú el culto’”. Existe la fraternidad, llegar a esto es tanto, ¿no? Y la hizo el católico. No hizo la Eucaristía, pero sí la predicación.
  
Cuando yo en Buenos Aires he sido invitado por la Iglesia [presbiteriana] escocesa a hacer prédicas, iba y hacía la prédica. Se puede caminar juntos. Unidad, fraternidad, mano extendida, mirarse bien, hablar mal de los demás. Defectos tenemos todos, si caminamos juntos, todos los defectos los dejamos de lado». (ANTIPAPA FRANCISCO I BERGOGLIO, Conferencia de prensa en el avión, 2 de Junio de 2019).
  
EN CONTRAPOSICIÓN, LA DOCTRINA CATÓLICA RESPONDE POR MEDIO DEL PAPA PÍO XI:
«Podrá parecer que dichos “pancristianos”, tan atentos a unir las iglesias, persiguen el fin nobilísimo de fomentar la caridad entre todos los cristianos. Pero, ¿cómo es posible que la caridad redunde en daño de la fe? Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto “Amaos unos a los otros”, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la doctrina de Jesucristo: “Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis” (II Juan, v. 10). Siendo, pues, la Fe íntegra y sincera, como fundamento y raíz de la caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente con el vínculo de la Unidad de Fe.
 
[…]
   
Bien claro se muestra, pues, Venerable Hermanos, por qué esta Sede Apostólica no ha permitido nunca a los suyos que asistan a los citados congresos de acatólicos; porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la Única y Verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual El mismo la fundó para la salvación de todos». (PAPA PÍO XI, ex cátedra. Encíclica “Mortálium Ánimos” sobre la verdadera unidad religiosa, 6 de Enero de 1928, Nros. 13, 16).

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