martes, 3 de septiembre de 2019

MES DE LOS DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA - DÍA TERCERO

Tomado del libro El Servita instruido en el obsequio y amor de su madre María Santísima, o sea, Un mes dedicado y ofrecido a la meditacion de los dolores de María, del padre Víctor Perote, y publicado en Madrid por la Imprenta de Eusebio Aguado en 1839.
 
   
PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; mas la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante Vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor… Padre de misericordia.
  
No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y aunque esté en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el Cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflámese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: «Oh Señora, yo soy tu siervo…» (Salmo CXV, 16). Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.
  
DÍA TERCERO
REFLEXIÓN: PENA Y SENTIMIENTO DE MARÍA EN LA CIRCUNCISIÓN
Pasados ocho dias desde el nacimiento del Redentor (San Lucas II, 21), dispusieron circuncidarle segun la ley. Previno la solícita Madre para ello unos lienzos blanquísimos, y volvió de nuevo a limpiar aquella pobre habitación. Avisado el sacerdote y habiendo venido a ella, saludó cortesmente a aquellos moradores, pasmado en gran manera y encantado por lo que presenciaba. Sacó los pedernales, y mandó desenvolviesen al niño acomodándole como mejor se pudiera... Ya empieza a estremecerse el corazón amoroso de María… ya principian nuevas aflicciones… ¡Oh ley tan dura! ¡Oh mandato tan sensible para una madre cual María!… Le quiere ella misma tener en sus brazos, pero teme ser impedida por la fluctuación de su cariño. Dársele a su esposo, aunque no lo rehusaba, era interrumpir su constante dilección, pero por fin se lo entrega. Toma deshecha de amor los paños, y los acomoda para coger la sangre y reliquia de su querido Hijo… suplica al sacerdote con las más interesantes espresiones que haga lo posible porque no sea grande y dolorosa la herida… toma éste el pedernal y la parte delicada del infante… ¡aquí el sentimiento!… ¡aqui los sobresaltos de la madre! Hace el sacerdote la cisura, se conmueve y llora el niño, salta la sangre, da la inconsolable Virgen un lastimoso suspiro, rompe en lágrimas, y como le es posible recoge los restos y derramado carmín de tan preciosa sangre. ¡Alma mia, considera cuál estaria el corazon tan tierno de María Santísima por el dolor que esperimentaba su querido Hijo! ¡Reflexiona bien la pena que sentiría su pecho al mirar tan afligido a su infante tan amado! Concluye ya el sacerdote las ceremonias y se despide de ellos, quedando María envolviendo al niño con curiosidad y prontitud; y para aquietar su sentimiento y pena estrechándole en su virginal pecho, besándole y bañándole con sus lágrimas decia: «Hijo de mi vida! ¡Redentor de mi alma! no lloréis… cesad ya ese llanto… no derraméis ya más lágrimas, que convertidas en agudísimas espadas traspasan mi corazón. ¡Ah y cuán pronto comenzáis a verter vuestra sangre! ¡Qué tierno y apenas recién nacido dais principio a mostrar a los hombres el fruto de su redención!... ¿Para qué me escogísteis por Madre si os habíais de convertir para mí en esposo de sangre (Éxodo IV, 25)?. No digo esto, Hijo mio adorado, porque os pretenda abandonar, ni me quejo porque me escojais para compañera de vuestros padecimientos, sino porque no podré quizá resistirá la violencia del dolor…». De este modo exclamando permaneció mucho tiempo la compasiva Madre, porque «tan dulcemente le amaba, que por esta dulzura se deshacia en la llama del divino amor como el oro en la del encendido fuego…» (Beato Santiago de Vorágine OP, Sermón 2º del Sábado post-Domínica I de Cuaresma).
  
SENTIMIENTOS Y PROPÓSITOS PARA ESTE DÍA  
Ciertamente, Madre mía afligidísima, me causa suma edificación el ver la prontitud y diligencia tan admirable que mostráis en el cumplimiento de la divina ley. No ignoráis, bendita Virgen; no ignoráis que vuestro santísimo Hijo es el mismo legislador supremo; tampoco se os oculta lo riguroso y penal del decreto, y los sensibles efectos que causa en los tiernos infantes, y mucho menos lo que va a contristar su ejecución a vuestro pecho enamorado. Esto, no obstante, inocente paloma, queréis padecer y angustiaros primero que omitirle, y lo hacéis con tanta solicitud y presteza ¡Oh santidad envidiada aun por los mismos Ángeles! ¡Oh prontitud y celo para las criaturas tibias e indevotas! ¿Qué te parece, alma mía? ¿No te mueves a desarraigar de ti tu negligencia tan culpable, tu criminal pereza, a vista de la lección que te da tu Señora y Reina, pues no rehúsa añadir penas a otras que antes ya la habían afligido? ¿No te resuelves a sacudir de ti esa pereza que tantos daños te causa esa pereza que no te deja caminar a tu patria, impidiéndote toda clase de virtud y de obra buena, que son los únicos recursos para tal jornada esa pereza que tantas y tantas veces por un poco de sueño, por un poco de hambre, por un poco de conversación o poltronería no te deja rezar el Rosario y frecuentar tus antiguas devociones, ocurriéndote mil pretextos, y amortiguando cada vez un poquito más el importantísimo estado de la salud de tu alma esa pereza que busca tantos efugios para retirarte de la frecuencia de los santos Sacramentos, para hacerte odiosa la asistencia a los templos del Señor, o porque llueve, o porque hace frío, o por que conviene más ir a dar un paseo con la amiga, o con el conocido o pariente para tratar de vuestros negocios, porque según decís, para todo hay después tiempo, y el día de fiesta solo estáis desocupados.... esa pereza que de tal suerte ha cambiado vuestro corazón y vuestra piedad que apenas sois ya conocidos, pues que algún día solo hallabais placer en servir a Dios, en tributarle los debidos respetos, en llorar vuestros antiguos pecados, en estudiar vuestra conciencia para enmendaros, en huir las ocasiones, en pedir al Señor la gracia de la perseverancia final, y en interesar para ello a María Santísima, cuyo patrocinio tantas veces solicitaste con lágrimas en tus mejillas y ahora todo lo has olvidado, todo lo has dejado, todo lo tienes en poco, nada te turba, ancha conciencia, y gracias si no te ríes y mofas de tan divinos ejercicios, contentándote solo con masculladas, gruñidas y cercenadas oraciones por cumplir, que al mismo Dios hacen volver la espalda y taparse los oídos por no indignarse más?.... ¿Qué dices, alma mía? ¿Qué juzgas de este estado de trepides y frialdad? Resuélvete y acaba de salir de tu ignorancia culpable.... ¿Quiere permanecer en él? Pero ¡ay!, reflexiona el peligro en que te hallas de tu perdición. Nada menos te concitas que la reprobación del mismo Dios, que asegura que «vomitará y arrojará de sí a los tibios» (Apocalipsis III, 17). Despierta de tu letargo, que ya es hora; no quieras llamarte siervo de María con solas las palabras, negando tu corazón a ser participante de sus sentimientos (San Mateo XV, 8)… Imítala en la prontitud con que cumple los preceptos del Altísimo, aunque conoce que va a ser contristado su pecho… Hazlo tú así también, aunque tengas que mortificar tu genio, tu inclinación, tus afectos y pasiones. Mira que una de las cosas de que más se queja esta Señora es «que hay muy pocos que la aman en verdad, porque hay muy pocos que se compadecen y aprovechan de sus penas y dolores» (Juan Bautista Scaramelli, Directorio ascético sobre las Revelaciones de Santa Brígida, tomo I, art. 11, cap. V). No seré yo uno de estos, Virgen y Madre de mi corazón, porque circuncidaré mi voluntad y desecharé de mí la pereza, seré fervoroso y asistente a todas las prácticas de piedad, y he de amaros e imitaros toda mi vida sin intermisión alguna. Vayan con Dios y me despido de todos los que me traten de apartar de mi acostumbrada piedad; lejos de mí las distracciones y las comodidades que me han resfriado mi acostumbrada devoción, pues que desde ahora he de poner en ejecución todas las cosas que pertenecen a mi aprovechamiento espiritual con exactitud y cuidado. Así os lo prometo, Señora mía, y así lo cumpliré con la gracia de vuestro santísimo Hijo, y con vuestra mediación, para que así no tengáis de mí la menor queja, y conozcáis que os amo y amaré hasta el fin.
 
CONCLUSIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
¿Por qué, oh Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada estaba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que Vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto e indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con Vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 2 de septiembre de 2019

ALBINO LUCIANI, PERSEGUIDOR DE LA MISA TRADICIONAL

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
  
“El Nuevo Rito ha sido promulgado para sustituir al Antiguo después de maduras deliberaciones y para cumplir las decisiones del Concilio Vaticano II” (Pablo VI, Discurso al Consistorio, 24 de mayo de 1976).
  

Venecia. Corría el año 1978. El Cardenal Patriarca es Albino Luciani (papa del 26 de agosto al 28 de septiembre de aquel mismo año). En la iglesia de San Simeone Piccolo (Santos Simón y Judas) celebraba la misa de siempre don Siro Cisilino. A este le llegó el 20 de febrero una triste notificación de parte del Patriarca:

   
«20 de febrero de 1978
   
Rev. P. Siro Cisellino (sic)
Sr. Carlo Durighello
Rev. Párroco y Vicario de San Simeone [Grande]
   
Nos consta que a pesar de las repetidas advertencias, continúa en la iglesia de San Simeone Piccolo la celebración de la Misa según el rito hoy no más admitido, y con siempre más numerosa participación de fieles.
    
Consta igualmente que se hace propaganda para la presencia en esta Misa: está en nuestra mano un folio ciclostilado con una especie de “calendario litúrgico” e indicaciones de los horarios de celebraciones varias. Está ciertamente hecho para ser difundido, y esto confirma que la propaganda se hace a largo alcance.
   
Siendo todo esto en contraste con cuanto está convenido y con las actuales normas litúrgicas y de derecho, se dispone cuanto sigue:
1º Está prohibida en cualquier título la celebración de la Misa “more antiquo” en la iglesia de San Simeone Piccolo, como en todo el territorio de la Diócesis.
2º En la misma iglesia de San Simeone Piccolo está prohibida cualquier celebración litúrgica sin el previo acuerdo y permiso del Párroco y del Vicario de la parroquia de San Simeone Grande.
3º Se concede al rev. Don Siro Cisellino (sic) la facultad de celebrar la S. Misa “more antiquo” solo en su casa propia.
   
Las dichas disposiciones entran en vigor desde la fecha de recibo de la presente.
    
Confiado que queráis atender a cuanto se indica arriba, os bendigo de corazón.
    
(Fdo. y Sell.) + Albino Card. Luciani
Patriarca».
  
Los fieles, representados por la asociación Una Voce, pidieron por escrito explicaciones a la Curia sobre el porqué de la suspensión de la misa tradicional, tanto más que venían contemporáneamente tolerados “ritos irregulares (que en cualquier caso pueden encuadrar en el sacrilegio o al menos en la irreverencia)” [1]. La respuesta, firmada del Vicario General Mons. Giuseppe Bosa, llegó el 5 de marzo: “ella era motivo para reuniones con presencia de una multitud de fieles”.
    
NOTA
[1] Carta del prof. Paolo Zolli, secretario de “Una Voce” al Cardenal Patriarca, 26 de febrero de 1978, apud CARLO BELLI, Altare deserto. Breve storia di un grande sfacelo, Roma, Volpe, 1983, pp. 75-88. De unavoce-ve.it

TRAS APROBARSE EL “COMPOSTAJE HUMANO”, LOS CONCILIARES SE ARREPIENTEN DE APROBAR LA CREMACIÓN

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
   
LA IGLESIA CONCILIAR SE ARREPIENTE DE HABER PERMITIDO LA ANTICATÓLICA CREMACIÓN, AHORA QUE EL ESTADO DE WASHINGTON HA ADOPTADO EL “COMPOSTAJE HUMANO” EN FERTILIZANTE
  
Como las llamas del Infierno, la Iglesia Conciliar practica la anticatólica cremación, que ha sido condenada por la Iglesia desde el comienzo.
El segundo antipapa de la iglesia del Nuevo Orden no pudo esperar dos semanas antes de permitir la atroz cremación, que fue promovida a inicios del siglo XIX por los francmasones, paganos y ateos.
A los cadáveres que son cremados tradicionalmente se les niega entierro eclesiástico.
Ahora el Estado de Washington ha adoptado el “compostaje humano”, en el cual el “templo de Dios” es mezclado con virutas de madera y paja, y el cadáver es usado como fertilizante.
 
Justo como el Anticoncilio Vaticano II, la Nueva iglesia del Nuevo Orden se ha revelado anticatólica desde la cuna. Pablo VI Montini, el segundo antipapa de la iglesia conciliar, todavía otro de los viles “non sanctos” conciliares de los últimos días, no esperó ni dos semanas tras su asunción para dar su “bendición” a la práctica masónica/pagana/atea de cremar los cuerpos de los muertos. Ahora en los cementerios conciliares, además de cuerpos enterrados o sepultados, se levantan los cinéricos restos de aquellos cuyos cuerpos han sido incinerados en violación del canon tradicional 1240 § 5, que define: «Se niega el entierro eclesiástico […] a aquellos que han ordenado que su cuerpo sea entregado a la cremación».
  
La iglesia conciliar ahora está avergonzada porque el Estado de Washingtono permitirá después del 2019 la “disposición” de cuerpos humanos por “compostaje”. La seudoiglesia, que se ha retractado bajo Francisco I Bergoglio de su condena al aborto y la eutanasia, está ahora preocupada por el hecho de que el compostaje «no puede darle al cuerpo humano la dignidad que merece». Aunque fue la misma hipócrita seudoiglesia quen abrió la puerta cuando su primera ley fue aprobar quemar por completo los cuerpos humanos en vez de sepultarlos reverentemente, como el Cuerpo de Nuestro Señor fue sepultado, o enterrarlos, como hacían los antiguos romanos y los judíos. [Parte de la información para este Comentario proviene del Catholic News Service].
 
Diecinueve estados de la Unión Americana (Oregon, Minnesota, Maryland, Maine, Kansas, Illinois, Florida, Colorado, Georgia, Wyoming, Idaho, Nevada, California y Utah) ya permiten la “biocremación” o hidrólisis alcalina, un procedimiento atroz en el cual el cuerpo humano es arrojado en un tanque de lejía y disuelto. Ahora el Estado de Washington ha aprobado, iniciando en 2020, el “compostaje” de cuerpos humanos, en el cual el cuerpo es mezclado con virutas de madera y paja. En otras palabras, «el templo del Espíritu Santo» (1 Corintios 6:20/Versión Douay-Rheims) se convierte en fertilizante.
  
Verdaderos Católicos, los antiguos romanos, que fueron, después de todo, los predecesores de la religión Católica Romana, comenzaron a quemar los cadáveres sólo en el Imperio, cuando las costumbres se corrompieron. En la República romana, los cuerpos eran enterrados, y la profanación de las tumbas, tan común hoy, era severamente castigada entonces, como nos dice Cicerón, con derisión contra la práctica. Los cristianos designaron las catacumbas primariamente como terrenos de entierro para salvaguardar las tumbas cristianas contra la profanación, especialmente porque los cuerpos de los Cristianos a veces eran quemados con el propósito de burlarse de su creencia en la vida futura.
  
Con la conversión del emperador romano Constantino a la fe Católica en el siglo IV, las persecuciones cesaron. Gradualmente, mientras la Cristiandad se esparcía a lo largo del imperio, las prácticas paganas como la cremación eran descontinuadas. San Agustín denuncia la práctica como horrible y bárbara. La cremación también para el siglo V y no existía en el mundo occidental desde esa época hasta el siglo XIX, cuando los francmasones, paganos y ateos revivieron la práctica como una forma de atacar la Cristiandad. El primer crematorio en tiempos modernos fue construido en Milán en 1974.
  
Para más información sobre este tema, hacer clic en FAQ10: ¿Cómo explicas estas creencias Católicas Tradicionales? en la Biblioteca de Archivos de TRADITIO Network (Departamento de Preguntas Frecuentes y Apologética Tradicional), en la sección “Cremación, e Instrucciones para un Funeral Tradicional”.

MES DE LOS DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA - DÍA SEGUNDO

Tomado del libro El Servita instruido en el obsequio y amor de su madre María Santísima, o sea, Un mes dedicado y ofrecido a la meditacion de los dolores de María, del padre Víctor Perote, y publicado en Madrid por la Imprenta de Eusebio Aguado en 1839.
  
  
PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; mas la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante Vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor... Padre de misericordia.
  
No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y aunque esté en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el Cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflámese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: «Oh Señora, yo soy tu siervo...» (Salmo CXV, 16). Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.
  
DÍA SEGUNDO
REFLEXIÓN: AFLICCIÓN Y PENA DE MARÍA SANTÍSIMA EN EL PORTAL DE BELÉN DESPUÉS DEL NACIMIENTO DE JESÚS
Habiendo nacido el divino Redentor, María le tomó en sus purísimos brazos, y le envolvió en los lienzos que tenía preparados (San Lucas II, 7), ejecutando ella, por ser excepción de regla, esta operación que no pueden hacer las demás mujeres que acaban de dar a luz a sus hijos por sí mismas; no permitiendo, como lo dice San Atanasio (Sermón de la Anunciación o de la Santa Madre de Dios), que otras manos impuras tocasen aquel celestial cuerpecito. ¡Con cuánto amor lo hace! ¡Cuánta es la prontitud de su pecho! Pero cuando está el gozo de su corazón en el mayor auge, se levanta en su imaginación una borrasca de pensamientos, que angustiando su alma y acibarando sus dulces consuelos, hacen destilar por sus sonroseadas mejillas unas lágrimas producidas por el pesar y la aflicción. Pero ¿cuál es la causa, Madre mía, de un llanto tan inesperado en una ocasión de tanto placer? ¿Es acaso el regocijo de ver ya en vuestros brazos al tan deseado de todas las gentes? ¡Ah! no: no es esta, segun os dignásteis revelarlo a vuestra sierva Santa Brígida cuando la dijísteis (Libro séptimo de Revel., cap. LVII): «Era el dolor causado por la representación que se me ofrecía; porque cuantas veces le miraba, cuantas le envolvía en los pañales, cuantas veía sus pies y manos, otras tantas se apoderaba de mi corazón el dolor, por recordar el modo con que había de ser crucificado». Así proseguía esta tan feliz ocupación sin encontrar alivio en su pena, porque se aumentaba más al mirarle tiritar de frío, pues como verdadero hombre padecía las miserias propias de la humana naturaleza: pero su sensibilísima Madre le estrechaba en su pecho, que agitado por sus amorosos afectos exhalaba volcanes de dilección, y le besaba con inexplicable ternura. Concluidos estos tan cariñosos oficios, se postró en tierra su casto esposo San José, que absorto por la admiracion estaba como fuera de sí por el sumo placer de su alma, y le adoró con profunda humildad. Se levantó después, y tomando en sus manos al Niño Dios, le tenía con gran reverencia para que le adorase también su bendita Madre. ¡Admirable escena! ¡Espectáculo sin igual! Se arrodilla... quiere dar demostraciones de regocijo, y se lo prohíben los pensamientos pasados.... Las lágrimas que habían de testificar el gozo de su interior son derramadas por la violencia de su aflicción. Rompe en suspiros, y tiernamente exclamando decia... «¡Hijo de mi corazón! ¡Bien de mi alma! ¡Oh! verdaderamente sois un Dios oculto bajo de los velos de la mortalidad; sois el que ha de redimir al pueblo de Israel; sois el Señor absoluto de cielo y tierra. Mas ¿cómo, Señor, empezáis a padecer tan pronto? Vos el rey de los reyes, ¿y no escogéis como ellos las doradas cunas y los magníficos palacios, las primorosas salas y la espléndida servidumbre, sino este desaliñado portal, este desmantelado pesebre, y este sitio tan incómodo y desapetecible? ¡A lo menos, prenda de mi vida... a lo menos mejor y con más conveniencia hubiérais nacido en nuestra pobre casa, y no que escogísteis tan desabrigado lugar! No me opongo a vuestros incomprensibles designios, pero como Madre vuestra, aunque indigna, me acongojo y lleno de aflicción al veros en tanta miseria y necesidad, que sin duda alguna no ha sufrido jamás ni sufrirá aun el hijo del más menesteroso del mundo. ¿Cómo, mi amantísimo dueño, cómo ha de poder subsistir mi corazón sin angustiarse presenciando las penas del que adora sin cesar? Jamás, Señor, nunca dejaré de apesadumbrarme mientras no halle mayor descanso para vos». Ven, alma cristiana, ven y presencia este espectáculo; advierte y reflexiona el celo amoroso de María. Sé tú misma tu propio desengaño, y la que calcules cuál sería su desconsuelo en esta ocasión.
  
SENTIMIENTOS Y PROPÓSITOS PARA ESTE DÍA  
A vista del nacimiento de mi Redentor, ¡qué sentimientos de humillación se excitan en mi alma! ¡Oh Madre mía! ¿Para qué he llegado con mi consideración a tan santo lugar? ¿Para qué he penetrado con mi reflexión y registrado el portal de Belén? ¡Para qué, ay alma mía! Para aprender en él las lecciones más importantes porque al mirar la ternura de vuestro corazón en el sentimiento de las penalidades de mi Jesús, no puede menos de acompañaros el mío, concibiendo un justo aborrecimiento a las riquezas y fausto de la tierra. Tal es, Reina mía, el fuego que late en mi pecho, que me siento animado de los deseos más eficaces ¡Que diga el mundo lo que quiera contra mí, porque desde este lugar, a presencia de este espectáculo, estoy resuelto a llamar a cuantos ambiciosos pueblan la región vasta del universo para que concurran a este lugar! Venid, les diré con el más noble afecto de mi corazón, venid, potentados orgullosos venid, no a visitar a otros que compiten con vosotros en las riquezas no a las sinagogas del lujo y a los areópagos de la vanidad, sino a un portal desbaratado, a un pesebre humilde y a una escuela y cátedra de humildad. «¿Y quién es este?» (Salmo XXIII, 10) Me preguntaréis, cuando yo no sé si os podré contestar sin causaros la más singular admiración. Advertid que «es el Señor fuerte y poderoso, el Dios de toda virtud, y el mismo Rey de la gloria» (Salmo XXIII, 10). ¿Os extrañáis y crece vuestro encanto al mirarle acompañado de tan humildes personas? Pues el uno es el fiel esposo y compañero de María, que es esa, que es la verdadera Madre del Niño Dios, que angustiada y afligida por el pesar quisiera colocarle en un lugar más proporcionado a tan gran monarca e hijo suyo. Pero oíd las lecciones que este tan tierno Niño os da desde tan humilde lugar. «No queráis, os dice, atesorar sobre la tierra, donde tan expuestos se hallan vuestros tesoros, ya a que la oruga o polilla los consuma, o ya a que los roben los ladrones; atesorar, sí, en los cielos, donde nadie les puede causar detrimento alguno (San Mateo VI, 19). No os esclavicéis por ellos, buscad primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás queda a mi cargo (San Mateo VI, 33). Tomad mi ejemplo y el de estos mis fieles siervos, que, aunque afligidos por verme en tanta pobreza, se con forman gustosos con mi voluntad.... ¡Infelices poderosos y ricos, que no sabéis usar de vuestras riquezas! ¡Ay de vosotros, porque cifráis en ellas vuestra felicidad! (San Lucas VI, 24) Recordad el paradero desgraciado que tuvo el que vestía en el mundo púrpura y brocados, y después en el infierno apetecía solo una gota de agua (San Mateo XVI, 19). Oíd esto, entendedlo e instruiros los que domináis la tierra (Salmo II, 10)». Así me produciría, Virgen santa; así desahogaría mis sentimientos. Por tanto, Señora mía, yo desde ahora me determino a renunciar todo cuanto posea para hacerme pobre e imitaros Todo, todo lo he de sacrificar por vuestro amor Mas no, Madre mía, no me pedís que haga tan universales sacrificios; no queréis el que yo mendigue y lo distribuya todo; solo sí lo que queréis, y en ello os agradaré, es que destierre de mi corazón la afición ciega y el apego aborrecible que tengo al interés y a las riquezas; que use bien de las que Dios me conceda; que alivie con ellas a mis prójimos necesitados; que no maquine ni adopte medios inicuos con que adquirirlas y conservarlas; que deponga los pleitos injustos que aun contra mi propia sangre sostengo por un vil interés; que no falte a la verdad y acaso jure en falso por un lucro desgraciado; en fin, que no anteponga mis riquezas a mi propia salvación. De este modo seré feliz, enjugaré vuestras lágrimas, y os causaré inmensa alegría. Así lo haré, Virgen y Reina de mi corazón, pues estoy en el ánimo de ser vuestro siervo fiel aunque me cueste violencia, porque estoy seguro qui mi remuneración será completa por toda la eternidad.
 
CONCLUSIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
¿Por qué, oh Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada estaba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que Vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto e indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con Vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 1 de septiembre de 2019

“VIDENTE” PINTA LÁGRIMAS A IMAGEN DE LA VIRGEN

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
   
MUJER CONCILIAR ATRAPADA FALSIFICANDO UN “MILAGRO”: PINTABA LÁGRIMAS EN ESTATUA DE LA VIRGEN Y AFIRMABA SER “VIDENTE”

Atrapada con la evidencia en una cámara de seguridad: Mujer conciliar pinta lágrimas en una estatua mariana de una parroquia con maquillaje y afirma que son “lágrimas de sangre”, y que es “vidente” y tiene “apariciones” del Cielo. Incluso se pintaba puntos rojos en el cuerpo y los llamaba “estigmas”.
La mujer no verá el Cielo, sino el interior de una cárcel.
Los Católicos Tradicionales siguen a San Juan de la Cruz, el mayor Santo místico de la Iglesia: «Alejaos de las visiones, apariciones y milagros tanto como podáis. Tened cuidado con las visiones, aun cuando sean verdaderas».
 
«Alejaos de las visiones, apariciones y milagros tanto como podáis. Tened cuidado con las visiones, aun cuando sean verdaderas», advirtió San Juan de la Cruz (1542-1591), considerado el mayor místico de la Iglesia. «Nuestro Señor … a través de su revelación pública [Sagrada Escritura y Sagrada Tradición], ha dado todo lo que es necesario para la salvación…. [La ridiculez] es una marca de maquinación humana o diabólica».
  
Las palabras del Santo Místico probaron ser verdaderas cuando una mujer conciliar, vistiendo blasfemamente un crucifijo en el cuello, pintó lágrimas de sangre en una estatua mariana en la capilla del centro de atención prenatal “Loreto House” en la parroquia de San Marcos en Argyle, condado de Denton, cerca a Fort Worth, Texas, el 28 de julio de 2019) Ella entonces afirmó que era una “vidente” mariana. Este fraude es reminiscencia de otros como Međugorje, Garabandal, e incluso, en alguna medida, Fátima, que fue proclamada por el famoso presbítero mariano Nicholas Gruner (ahora muerto), estar al mismo nivel que la Sagrada Escritura. ¡Herejía! Ninguna revelación privada, un término que incluye toda presunta revelación fuera de la Escritura Católica y la Tradición Apostólica, puede ser parte de la Revelación Pública de Nuestro Señor Jesucristo.
 
La impostora conciliar (que estuvo presente junto al alegado “Dry Bones Ministry” en un servicio de “adoración eucarística”) afirmaba haber recibido “apariciones” de Cristo, María, y varios Santos. Ella también afirma que varios milagros ocurrían como resultado de estas visiones: pétalos de rosa del cielo, estatuas que lloran, y estigmas. Sin embargo, cuando una aseadora reveló el 28 de Agosto de 2019, que las “lágrimas de sangre”, las “estatuas llorantes” y los “estigmas” fueron todos pintura de látex, grabaciones de seguridad de al establecimiento novusordiano revelaron que la falsa “vidente” plantó los pétalos de rosas.

Los feligreses conciliares supuestamente  quedaron “devastados” porque ellos querían creer en el engaño. En lugar de enfadarse contra las falsas “apariciones de ‘Rosa Mística-Nuestra Señora de Argyle’”se volvieron contra la aseadora que expuso el fraude. ¡¿Y esos conciliares se burlan de la creencia Católica medieval de las apariciones?![Parte de la información para este Comentario proviene de fuentes conciliares].
 
Verdaderos Católicos, presumir encontrar una nueva base de fe en revelaciones privadas, profecías, visiones y “signos y prodigios” en vez de la doctrina y la práctica Católica y Apostólica, es el pecado de “Aparicionismo”. Los Evangelios, San Pablo, y muchos otros Santos nos advierten que las visiones, apariciones, signos y prodigios son más probablemente del Diablo que del Cielo. En todo caso, es un dogma Católico que ninguno de ellos es necesario para la salvación. Con todo, los conciliares, y muchos Católicos tradicionales, caen presa de estas -como la llama San Juan de la Cruz- ridiculeces.

ENCÍCLICA “Suprémi Apostolátus Offício”, SOBRE LA DEVOCIÓN AL SANTO ROSARIO

En medio de las dificultades que pasaba la Iglesia, el Papa León XIII reitera en su encíclica “Suprémi Apostolátus Offício” (la primera encíclica sobre el Santo Rosario) la filial devoción que los católicos siempre tenemos a la Virgen Santísima y hace una breve reseña del Santo Rosario, pidiendo en su encíclica que en cada parroquia, desde el 1 de Octubre al 2 de Noviembre se rece por lo menos la tercera parte del Rosario con las Letanías Lauretanas, y que se celebre con especial solemnidad la fiesta del Rosario de Nuestra Señora, con grandes Indulgencias.
  
ENCÍCLICA “Suprémi Apostolátus Offício”, SOBRE LA DEVOCIÓN AL SANTO ROSARIO
     
Papa León XIII
   
A todos los Patriarcas, Primados, Arzobispos y Obispos del mundo Católico en Gracia y Comunión de la Sede Apostólica.
   
Venerables Hermanos, Salud y Bendición Apostólica.
  
El supremo oficio del Apostolado que Nos está confiado y las circunstancias difíciles por las que atravesamos, Nos advierten a cada momento e imperiosamente Nos empujan a velar con tanto más cuidado por la integridad de la Iglesia cuanto mayores son las calamidades que la afligen.
  
Por esta razón, a la vez que Nos esforzamos cuanto sea posible en defender por todos los medios los derechos de la Iglesia y en prevenir y rechazar los peligros que la amenazan y asedian, empleamos la mayor diligencia en implorar la asistencia de los divinos socorros, con cuya única ayuda pueden tener buen resultado Nuestros afanes y cuidados.
  
Devoción a María. El Rosario
Y creemos que nada puede conducir más eficazmente a este fin, que, con la práctica de la Religión y la piedad hacernos propicia a la excelsa Madre de Dios, la Virgen María, que es la que puede alcanzarnos la paz y dispensarnos la gracia, colocada como está por su Divino Hijo en la cúspide de la gloria y del poder, para ayudar con el socorro de su protección a los hombres que en medio de fatigas y peligros se encuentran en la Ciudad Eterna.
  
Por esto, y próximo ya el solemne aniversario que recuerda los innumerables y grandes beneficios que ha reportado al pueblo cristiano la devoción del Santo Rosario de María, Nos queremos que en el corriente año esta devoción sea objeto de particular atención en el mundo católico, a fin de que por la intercesión de la Virgen María obtengamos de su Divino Hijo venturoso alivio y término a Nuestros males. Por lo mismo hemos pensado, Venerables Hermanos, dirigiros estas Letras, a fin de que, conocido Nuestro propósito, excitéis con vuestra autoridad y con vuestro celo la piedad de los pueblos para que cumplan con él esmeradamente.
  
I. María ampara a la Iglesia en los tiempos calamitosos
En tiempos críticos y angustiosos siempre el principal y constante cuidado de los católico refugiarse bajo la égida de María y ampararse a su maternal bondad, lo cual demuestra que la Iglesia católica ha puesto siempre y con razón en la Madre de Dios toda su confianza. En efecto, la Virgen, exenta de la mancha original, escogida para ser la Madre de Dios y asociada por lo mismo a la obra de la salvación del género humano, goza cerca de su Hijo de un favor y poder tan grande, como nunca han podido ni podrán obtenerlo ni los hombres ni los Ángeles. Así, pues, ya que le es sobremanera dulce y agradable conceder su socorro y asistencia a cuantos la pidan, desde luego es de esperar que acogerá cariñosa las preces de la Iglesia universal.
 
Mas esta piedad tan grande y tan llena de confianza en la Reina de los cielos, nunca a brillado con más resplandor que cuando la violencia de los errores, el desbordamiento de las costumbres, o los ataques de adversarios poderosos, han parecido poner en peligro la Iglesia de Dios.
  
Los ejemplos de la historia
La historia antigua y moderna, y los fastos más memorables de la Iglesia recuerdan las preces públicas y privadas dirigidas a la Virgen Santísima, como los auxilios concedidos por Ella; e igualmente en muchas circunstancias la paz y tranquilidad pública, obtenidas por su intercesión. De ahí estos excelentes títulos de Auxiliadora, Bienhechora y Consoladora de los cristianos; Reina de los ejércitos y Dispensadora de la paz, con que se la ha saludado. Entre todos los títulos es muy especialmente digno de mención el de Santísimo Rosario, por el cual han sido consagrados perpetuamente los insignes beneficios que le debe la cristiandad.
  
Ninguno de vosotros ignora, Venerables Hermanos, cuántos sinsabores y amarguras causaron a la Santa Iglesia de Dios a fines del siglo XII los heréticos Albigenses, que, nacidos de la secta de los últimos Maniqueos llenaron de sus perniciosos errores el Mediodía de Francia, y todos los demás países del mundo latino, y llevando a todas partes el terror de sus armas, extendían por doquiera su dominio con el exterminio y la muerte.
  
Santo Domingo y el Rosario
Contra tan terribles enemigos, Dios suscitó en su misericordia al insigne Padre y fundador de las Orden de los Dominicos. Este héroe, grande por la integridad de su doctrina, por el ejemplo de sus virtudes y por sus trabajos apostólicos, se esforzó en pelear contra los enemigos de la Iglesia Católica, no con la fuerza ni con las armas, sino con la más acendrada fe en la devoción del Santo Rosario, que él fue el primero en propagar, y que sus hijos han llevado a los cuatro ángulos del mundo. Preveía, en efecto, por inspiración divina, que esta devoción pondría en fuga, como poderosa máquina de guerra, a los enemigos, y confundiría su audacia y su loca impiedad. Así lo justificaron los hechos. Gracias a este modo de orar, aceptado, regulado y puesto en práctica por la Orden de Santo Domingo, principiaron a arraigarse la piedad, la fe y la concordia, y quedaron destruidos los proyectos y artificios de los herejes; muchos extraviados volvieron al recto camino y el furor de los impíos fue refrenado por las armas católicas empuñadas para resistirle.
  
II. María de las Victorias contra los turcos
La eficacia y el poder de esa oración se experimentaron en el siglo XVI, cuando los innumerables ejércitos de los turcos estaban en vísperas de imponer el yugo de la superstición y de la barbarie a casi toda Europa. Con este motivo el Soberano Pontífice Pío V, después de reanimar en todos los Príncipes Cristianos el sentimiento de la común defensa, trató, en cuanto estaba a su alcance, en hacer propicio a los cristianos a la todopoderosa Madre de Dios y de atraer sobre ellos su auxilio, invocándola por medio del Santísimo Rosario. Este noble ejemplo que en aquellos días se ofreció a tierra y cielo, unió todos los ánimos y persuadió a todos los corazones; de suerte que los fieles cristianos dedicados a derramar su sangre y a sacrificar su vida para salvar a la Religión y a la patria, marchaban, sin tener en cuenta su número, al encuentro de las fuerzas enemigas reunidas no lejos del golfo de Corinto; mientras los que no eran aptos para empuñar las armas, cual piadoso ejército de suplicantes, imploraban y saludaban a María, repitiendo las fórmulas del Rosario, y pedían el triunfo de los combatientes.
 
La Soberana Señora así rogada, oyó muy luego sus preces, pues que, empeñado el combate naval en las Islas Equínadas, la escuadra de los cristianos, reportó, sin experimentar grandes bajas, una insigne victoria y aniquiló las fuerzas enemigas. Por este motivo, el mismo Santo Pontífice, en agradecimiento a tan señalado beneficio, quiso que se consagrase con una fiesta en honor de María de las Victorias, el recuerdo de ese memorable combate, y después Gregorio XIII sancionó dicha festividad con el nombre de Santo Rosario.
   
Asimismo en el siglo último alcanzáronse importantes victorias sobre los turcos en Temesvar, Hungría y Corfú, las cuales se obtuvieron en días consagrados a la Santísima Virgen, y terminadas las preces públicas del Santísimo Rosario. Esto inclinó a Nuestro predecesor Clemente XI a decretar para la Iglesia universal la festividad del Santísimo Rosario.
  
III. Los Romanos Pontífices hablan del Santo Rosario
Así, pues, demostrado que esta forma de orar es agradable a la Santísima Virgen y tan propia para la defensa de la Iglesia y del pueblo cristiano, como para atraer toda suerte de beneficios públicos y particulares, no es de admirar que varios de Nuestros Predecesores se hayan dedicado a fomentarla y recomendarla con especiales elogios. Urbano IV aseguró que «el rosario proporcionaba todos los días ventajas al pueblo cristiano»; Sixto V dijo que «ese modo de orar cedía en mayor honra y gloria de Dios, y que era muy conveniente para conjurar los peligros que amenazaban al mundo» (Bula “Dum ineffabília meritórum insígnia”, 30 de Enero de 1586); León X, declaró que «se había instituido contra los heresiarcas y las perniciosas herejías» (Bula “Pastóris Ætérni”, 6 de Octubre de 1520), y Julio III le apellidó «loor de la Iglesia» (Breve “Sincéræ Devotiónis”, 24 de Agosto de 1552). San Pío V dijo también del Rosario que, «con la propagación de estas preces, los fieles empezaron a enfervorizarse en la oración y que llegaron a ser hombres distintos a lo que antes eran; que las tinieblas de la herejía se disiparon, y que la luz de la fe brilló en su esplendor» (Breve “Consuevérunt Románi Pontífices”, 17 de Septiembre de 1569). Por último, Gregorio XIII declaró que «Santo Domingo había instituido el Rosario para apaciguar la cólera de Dios e implorar la intercesión de la bienaventurada Virgen María» (Bula “Monet Apóstolus”, 1 de Abril de 1573).
  
IV. León XIII y el momento actual
Inspirado Nos en este pensamiento y en los ejemplos de Nuestros predecesores, hemos creído oportuno establecer preces solemnes, elevándolas a la Santísima Virgen en su Santo Rosario, para obtener de Jesucristo igual socorro contra los peligros que Nos amenazan. Ya veis, Venerables Hermanos, las difíciles pruebas a que todos los días está expuesta la Iglesia; la piedad cristiana, la moralidad pública, la fe misma, que es el bien supremo y el principio de todas las virtudes, todo está amenazado cada día de los mayores peligros.
  
Además no sólo conocéis Nuestra difícil situación y Nuestras múltiples angustias, sino que vuestra caridad os lleva a sentir con Nos cierta unión y sociedad; pues es muy doloroso y lamentable ver a tantas almas rescatadas por Jesucristo, arrancadas a la salvación por el torbellino de un siglo extraviado y precipitadas en el abismo y en la muerte eterna. En nuestros tiempos tenemos tanta necesidad del auxilio divino como en la época en que el gran Domingo levantó el estandarte del Rosario de María, a fin de curar los males de su época. Ese gran Santo, iluminado por la luz celestial, entrevió claramente que, para curar a su siglo, ningún medio podía ser tan eficaz como el atraer a los hombres a Jesucristo, que es el camino, la verdad y la vida, impulsándolos a dirigirse a la Virgen, a quien está concedido el poder de destruir todas las herejías.
  
En qué consiste el Rosario
La fórmula del Santo Rosario la compuso de tal manera Santo Domingo, que en ella se recuerdan por su orden sucesivo los misterios de Nuestra salvación y en este ejercicio de meditación se incorpora la mística corona, tejida de la salutación angélica; intercalándose la oración dominical a Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Nos, que buscamos un remedio a males parecidos, tenemos derecho a creer que, valiéndonos de la misma oración que sirvió a Santo Domingo para hacer tanto bien, podremos ver desaparecer asimismo las calamidades que afligen a nuestra época.
  
V. Mes de Octubre y festividad consagrada al Santo Rosario
Por lo cual no sólo excitamos vivamente a todos los cristianos a dedicarse pública o privadamente y en el seno de sus familias a recitar el Santo Rosario y a perseverar en este santo ejercicio, sino que queremos que el mes de Octubre de este año se consagre enteramente a la Reina del Rosario. Decretamos por lo mismo y ordenamos que en todo el orbe católico se celebre solemnemente en el año corriente, con esplendor y con pompa la festividad del Rosario, y que desde el primer día del mes de Octubre próximo hasta el segundo día del mes de Noviembre siguiente, se recen en todas las iglesias curiales, y si los Ordinarios lo juzgan oportuno, en todas las iglesias y capillas dedicadas a la Santísima Virgen, al menos cinco decenas del Rosario, añadiendo las Letanías Lauretanas. Deseamos asimismo que el pueblo concurra a estos ejercicios piadosos, y que se celebre en ellos el santo sacrificio de la Misa, o se exponga el Santísimo Sacramento a la adoración de los fieles, y se de luego la bendición con el mismo. Será también de Nuestro agrado, que las cofradías del Santísimo Rosario de María lo canten procesionalmente por las calles conforme a la antigua costumbre. Y donde por razón de la circunstancias, esto no fuere posible, procúrese sustituir con la mayor frecuencia a los templos y con el aumento de las virtudes cristianas.
  
Las indulgencias concedidas
En gracia de los que practicaren lo que queda dispuesto, y para animar a todos, abrimos los tesoros de la Iglesia, y a cuantos asistieron en el tiempo antes designado a la recitación pública del Rosario y las Letanías, y orasen conforme a Nuestra intención, concedemos siete años y siete cuarentenas de indulgencias por cada vez. Y de la misma gracia queremos que gocen los que legítimamente impedidos de hacer en público dichas preces, las hicieren privadamente. Y a aquellos que en el tiempo prefijado practicaren al menos diez veces en público o en secreto, si públicamente por justa causa no pudieren, las indicadas preces, y purificada debidamente su alma, se acercaren a la Sagrada Comunión les dejamos libres de toda expiación y de toda pena en forma de indulgencia plenaria.
   
Concedemos también plenísima remisión de sus pecados a aquellos que, sea en el día de la fiesta del Santísimo Rosario, sea en los ocho días siguientes, purificada su alma por medio de la confesión se acercaren a la Sagrada Mesa y rogaren en algún templo, según Nuestra intención, a Dios y a la Santísima Virgen, por las necesidades de la Iglesia.
  
VI. Exhortación final
¡Obrad pues, Venerables Hermanos! Cuanto más os intereséis por honrar a María y por salvar a la sociedad humana, más debéis dedicaros a alentar la piedad de los fieles hacia la Virgen Santísima, aumentando su confianza en ella. Nos consideramos que entra en los designios providenciales el que en estos tiempos de prueba para la Iglesia florezca más que nunca en la inmensa mayoría del pueblo cristiano el culto de la Santísima Virgen.
   
Quiera Dios que excitadas por Nuestras exhortaciones e inflamadas por vuestros llamamientos las naciones cristianas, busquen, con ardor cada día mayor, la protección de María; que se acostumbren cada vez más al rezo del Rosario, a ese culto que Nuestros antepasados tenían el hábito de practicar no sólo como remedio siempre presente a sus males, sino como noble adorno de la piedad cristiana. La celestial Patrona del género humano escuchará esas preces y concederá fácilmente a los buenos el favor de ver acrecentarse sus virtudes, y a los descarriados el de volver al bien y entrar de nuevo en el camino de salvación. Ella obtendrá que el Dios vengador de los crímenes, inclinándose a la clemencia y a la misericordia, restituya al orbe cristiano y a la sociedad, después de eliminar en lo sucesivo todo peligro, el tan apetecible sosiego.
  
Bendición Apostólica
Alentado por esta esperanza Nos suplicamos a Dios por la intercesión de aquélla en quien ha puesto la plenitud de todo bien, y le rogamos con todas Nuestras fuerzas, que derrame abundantemente sobre vosotros, Venerables Hermanos, sus celestiales favores. Y como prenda de Nuestra benevolencia, os damos de todo corazón a vosotros, a vuestro Clero y a los pueblos confiados a vuestros cuidados, la Bendición Apostólica.
  
Dado en Roma, junto a San Pedro, a 1 de septiembre de 1883, año sexto de Nuestro Pontificado. LEÓN XIII.

NOVENA EN HONOR A SAN NICOLÁS DE TOLENTINO

Novena dispuesta por un Sacerdote de Ciudad de México, e impresa por Luis Abadiano y Valdés en 1841. Mons. Fray José María de Jesús Belaunzarán y Ureña OFM Ref., dignísimo Obispo que fue de Linares o Nueva León (actual Archidiócesis de Monterrey), concedió doscientos días de indulgencia por cada palabra de las contenidas en esta novena. Los Gozos son tradicionales, sin autor conocido. 

MODO DE HACER ESTA NOVENA.
Esta novena se puede hacer en cualquier tiempo del año, aunque el más propio es desde primero de Septiembre para celebrar mejor su fiesta. Y si queremos lograr con más acierto el patrocinio del glorioso Santo, el primer paso ha de ser haciendo una buena confesión, las comuniones, según las dispusiere el padre espiritual de cada uno. Lo mismo digo de las demás mortificaciones, como son cilicios, disciplinas, etc.; lo que solo añado es que el glorioso Santo ayunaba al principio los lunes, miércoles, viérnes y sábados, y despues toda la semana: sus disciplinas fueron muy continuas, y los cilicios siempre los trajo consigo.
  
NOVENA EN HONOR DEL GLORIOSÍSIMO SAN NICOLÁS DE TOLENTINO

   
Puesto de rodillas, y hecha la Señal de la Cruz, se comenzará por el siguiente:
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, a mí me pesa de todo corazón de haberos ofendido por ser vos quien sois; espero en vuestra infinita misericordia me habéis de perdonar mis pecados, los cuales propongo no cometer más ni otro alguno, y de todos propongo confesarme enteramente y hacer penitencia por todos ellos. Así lo espero por intercesión de mi gran padre San Nicolás de Tolentino. Amén.
   
DÍA PRIMERO - 1 DE SEPTIEMBRE
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Gloriosísimo padre San Nicolás de Tolentino, a quien con maravilloso prodigio socorrió el Cielo en uno de los mayores aprietos en que te hallaste cuando intimándote la obediencia en una de tus graves enfermedades, el que te alimentases de la carne, por reconocer los médicos era el último remedio para que cobrases la salud, y no queriendo tu voluntad contravenir al mandato de tu superior, ni faltar tampoco al voto que habías hechos a Dios de no comer de ella jamás, afligido tu corazón, levantaste el espíritu a Dios, deciéndole: «Oh Dios mío, tú que conoces los secretos de los corazones, bien sabes, Señor, que por sola la obediencia y no por mi voluntad, como de esta carne; por tanto te ruego muestres tu voluntad en si quieres que la coma o no». Y siendo al punto oída tu oración, dispuso el Señor, que luego que echases la bendición sobre aquella perdiz, que para tu sustento había muerto y sazonada para ti, al punto se levantase viva y vestida de todas sus plumas, para manifestar al mundo lo mucho que le agradaba tu obediencia y abstinencia, con la cual consoló tu aflgido corazón. Ea, pues, Santo mío, alienta el mío socorriendo la necesidad con que al presente sabes te busco, e imploro tu patrocinio en esta novena. Amén.

Se rezan nueve Padre nuestros, y nueve Ave marías con Gloria Patri.
 
GOZOS EN HONOR A SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
   
Pues sois de virtud dechado,
Y muestra del poder divino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.
   
Desde la niñez mostrasteis
Tales méritos, y tantos
Que a otros muchos grandes santos
Sin duda os aventajasteis:
Dejando un canonicato
Por la regla de Agustino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.
   
Cuando niño ya ayunábais
En la semana tres veces,
Después muy subidos creces
A la penitencia dabais:
Ayunando a pan y agua
Treinta años de contino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.
      
Viendo que érais de candor
Un Ángel puro en la tierra,
Mil veces os hizo guerra
A palos el tentador:
Mas siempre experimentasteis
Favor del Dios uno y trino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

   
Por ver algo moderada
Vuestra rígida abstinencia,
Querían que en obediencia
Comiérais perdiz asada:
Al verla la bendecís,
Revive, y va a su destino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

    
Cojos, ciegos y tullidos
Vuestras curaciones cantan,
Y al Cielo la voz levantan
Viéndose favorecidos:
Por vos, ¿qué mal no cesó?
Por vos, ¿qué bien no nos vino?
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

    
Pueblos enteros librados
De calenturas y peste,
Publican que es favor este
Debido a vuestros cuidados:
Pus vos todo lo curáis
Como médico divino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

    
Vuestra celda y oratorio
Lleno de almas lastimeras
Parece sea de veras
Un pequeño Purgatorio:
Y alegres en vuestra Misa
Logran su feliz destino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

      
Cuando enfermo no aprovecha
La medicina que os dan,
El Cielo os envía un pan
Que fuera los males echa:
De aquí es que en vuestros panes
Se ostenta el poder divino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

       
Para ser canonizados
Los demás siervos de Dios
Con tres milagros o dos
El asunto es terminado:
En vos trescientos y uno
Que se aprobasen convino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

      
Y pues vos, protector
De la Iglesia universal,
Declarado como tal
Por Eugenio IV su pastor:
Conservad entre nosotros
La fe y el amor divino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

     
Pues sois insigne privado
En la corte del Dios trino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.
   
Antífona: Nicolás, verdadero pobre de Cristo, escogido virgen por Dios, guardando continuamente obediencia, honró con milagros y virtudes el orden de los ermitaños.
℣. Ruega por nosotros, bienaventurado Nicolás.
℟. Para que dignamente consigamos los prometimientos de Cristo.
 
ORACIÓN
Concede, te rogamos, Omnipotente Dios, que tu Iglesia, la cual con indecible providencia, en el fin de los siglos, resplandece con la grandeza de virtudes y milagros de Nicolás, tu confesor; por méritos e intercesión de él, ahuyentados del todo los errores, con perpetua tranquilidad y unidad, sea alegre, por Cristo nuestro señor. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO - 2 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Infinitas gracias os doy, Eterno Dios, Hacedor de todas las cosas, por las grandes misericordias con que quisiste enriquecer a tu gran siervo San Nicolás, dándole poder para curar todo género de enfermedades; pues con solo poner la mano sobre la cabeza de los enfermos, huían las calenturas; las fiebres malignas del todo se corregían; los paralíticos cobraban fuerzas; los ciegos vista, y todos volvían consolados a sus casas. Concédeme, Santo mío, el que logre yo, por medio de tu patrocinio, la salud del alma, junta con la del cuerpo; y el que vuelva a mi casa consolado, logrando el socorro que sabes desea mi corazón, le alcances del Señor en esta novena, si es para mayor gloria y bien de mi alma. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA TERCERO - 3 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor, que para dar a conocer a los hombres a tu Unigénito Hijo Jesucristo nuestro Señor, quisiste obrase grandes maravillas, y entre ellas aquel portentoso milagro que cuentan los sagrados evangelistas San Lucas y San Mateo, arrojando al demonio del cuerpo de un hombre al cual tenía mudo y ciego, quedando del todo libre y sano, y toda la muchedumbre de las gentes admirada de modo, que alzando entre todos la voz, alabó Marcela el vientre y pechos virginales de su Santísima Madre: humildemente pedimos, por los grandes méritos de tu gran siervo San Nicolás, a quien para darnos a conocer su gran santidad, quisiste obrase aqueste maravilloso milagro, dando el habla y oído a un mudo y sordo de nacimiento, y junto le comunicaniste la gran virtud de poder arrojar de los cuerpos de los hombres a muchos e innumerables demonios con los cuales eran sumamente atormentados así hombres como mujeres: concédenos, te rogamos, pur los méritos de este gran siervo San Nicolás, el que nuestros cuerpos sean libres de tan infernales espíritus, para que no sean poseídos, ni por ellos dañados, sino que libres por tu gracia e intercesión de tu gran siervo, alabemos todos tu gran poder y su singular protección, y lo que en esta novena por él te suplico me otorgues. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO - 4 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor mío Jesucristo, que hablando con tus amados discípulos les intimaste el que si querían venir en tu seguimiento, siguiesen la cruz (significación de los trabajos) y fuesen en pos tuya. Oh, ¡y que bien recibió tu amado siervo San Nicolás esta doctrina tan celestial!, pues viéndose estimado de todos por sus grandes prendas y singulares letras, y sabio en todas sus artes, obteniendo actualmente la dignidad y rentas de canónigo de San Salvador, en su misma patria, todo lo dejó luego que oyó tu voz por boca de un predicador, cuyo tema eran estas palabras: «Si quereis ser perfectos, negaos a sí mismos y coged la cruz de los trabajos e id en pos de Jesucristo», las cuales hicieron tanta operación en el corazón de tu siervo San Nicolás, que desde luego trató de despojarse de todo. Pretendió el hábito en la religión del gran Padre y Doctor de la Iglesia San Agustín, para seguir con más perfección tus divinos mandatos: concédenos, te rogamos, que por su intercesión sepamos negarnos a nosotros mismos; y siguiendo su ejemplo, abracemos de corazón la cruz de los trabajos con resignación y paciencia, y lo que en esta novena te suplicamos, mediante su intercesión. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA QUINTO - 5 DE SEPTIEMBRE
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Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor Omnipotente, que en las mayores necesidades sabes caritativo mostrar tus misericordias, valiéndote como de instrumento para reparar las de tus criaturas: y si allá te valiste del santo Moisés y de su vara, para que hiriendo una y otra vez aquel peñasco, brotasen al punto en caudalosas corrientes las cristalinas aguas, que sedientos pedían los de tu pueblo a tu caudillo Moisés. Y asimismo, clementísimo en la santa ley de gracia, nos diste en tu amado siervo San Nicolás otro Moisés, para que por su santa mano y bendito báculo fuese socorrida la necesidad del monasterio de Tolentino, en que sedientos por faltarles el agua, y viéndose imposibilitados de conducirla al monasterio, clamaron como a otro Moisés, a San Nicolás, los religiosos, pidiéndole socorriese la sed de aquel monasterio; y apenas hubo dado el primer golpe en la tierra, cerca de la pared de la iglesia, cuando al instante (no sin grande asombro) vieron que por lo alto de la caña salta un chorro de agua cristalina, que hasta hoy se conserva con gran veneración. ¡Oh Dios, admirable y prodigioso en tus Santos! Concédenos, te rogamos, por intercesión de tu siervo San Nicolás, rompas nuestros corazones con el dolor de haberte ofendido, y corra derretido en copiosos arroyos de lágrimas en muestras de verdadero arrepentimiento, y lo que en esta novena te suplicamos mediante su intercesión. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA SEXTO - 6 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Soberano Dios y Señor, a quien predicamos inefable en tus obras e inmenso en el poder, pues sin más que un hágase, criaste sol, luna y estrellas: con los planetas dividiste la luz de las tinieblas, dando al uno el dominio en el día, a la otra presidencia en la noche, y a las estrellas la diversidad de influencias sobre la tierra. Infinitas gracias te damos por haber criado en tu siervo San Nicolás un sol, para que con lo ardiente de tu celo abrase las almas, y con su predicación alumbrase los entendimientos a tantos herejes ciegos y obstinados en sus errores; y como apasible luna, para que compusiese innumerables enemistades, queriendo que cual cielo apasible de estrellas, vestido innumerables veces, se viese su bendito hábito a vista de todos los de su sagrada religión; y tanto, que se oscurecían las materiales de aquel coro, pues solo con la luz que por su hábito difundía, era bastante para poder rezar con toda claridad los religiosos sus maitines, con cuya admiración influía en todos los que le veían muy raros y singulares afectos de devoción y santidad. Concédenos, te rogamos, nos asistas noche y día, ilustrando nuestros entendimientos e inflamando nuestros corazones en tu amor, serenado nuestras conciencias con las celestiales influencias de virtud y santidad, para que libres de pertinaces errores, podamos con sosiego conseguir lo que en esta novena te pedimos. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO - 7 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Señor y Dios Eterno: infinitas gracias te damos por habernos dado a tu gran siervo San Nicolás de Tolentino para remedio de todas las dolencias; pues queriendo fuese conocido como tal, le diste virtud soberana para sanar sordos, mudos, apostemas, lamparones, hechizados, hidrópicos, y a otros de caídas muy peligrosas. Concédenos, te rogamos, que por los méritos de este admirable médico, seamos libres de semejantes enfermedades, y el ser libres de todas las tentaciones, para no caer en la más leve culpa, y lo que en esta novena te suplicamos nos concedas por su amor. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA OCTAVO - 1 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Dios admirable!, que con muy singular providencia dispusiste en tu santa Iglesia el soberano sacramento del matrimonio, queriendo que por medio de él se propagase la humana naturaleza; y mirando los muchos peligros que hay en los partos, nos diste a tu gran siervo San Nicolás de Tolcntino, para que mediante su gran protección, fuesen libres de todos ellos innumerables mujeres, las cuales, invocándole, se vieron libres de los grandes peligros que les amenazaban sus partos, y para que valiéndose otras de su protección, siendo por su naturaleza estériles, consiguiesen la fertilidad, dándoles no uno, sino muchos hijos. Concédenos, te pedimos, que por los méritos de este gran siervo tuyo libres a todas las preñadas de los peligros del parto, y consueles a todas las que por su esterelidad viven sin él, haciendo que fructifiquen para Dios, y lo que en esta novena por sus méritos te rogamos. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA NOVENO - 9 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor mío, que desde lo alto sublime de tu morada celestial, te dignaste de mirar propicio a tu gran siervo San Nicolás, aceptando con especial amor el divino Sacrificio de la Misa que inviolablemente te ofrecía todos los días por vivos y difuntos, queriendo tu Divina Majestad obrar en cada uno maravillosos prodigios, socorriendo al punto todas las necesidades que le eran encomendadas, y con mucha especialidad, las que detenidas en el Purgatorio padecían las Benditas Ánimas, las cuales le fueron muchas veces aparecidas visiblemente, dándoles grandes voces y pidiéndole dijese misa por ellas, y al punto serian libres de aquellos atrocísimos tormentos con que eran atormentadas en el Purgatorio: ruego, Señor, juntes el valor de todos esos con los que en esta novena en honra suya te ofrecen sus devotos y sus ministros los sacerdotes, para el remedio de las muchas necesidades que padece al presente tu santa Iglesia Católica, y las que actualmente están padeciendo tus esposas las Benditas Ánimas del Purgatorio, y de las de todos los que hemos hecho esta novena, valiéndonos del patrocinio de tu gran siervo San Nicolás de Tolentino, y lo demás que te hemos pedido. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.

MES DE LOS DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA - DÍA PRIMERO

Tomado del libro El Servita instruido en el obsequio y amor de su madre María Santísima, o sea, Un mes dedicado y ofrecido a la meditacion de los dolores de María, del padre Víctor Perote, y publicado en Madrid por la Imprenta de Eusebio Aguado en 1839.
 
  
PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; mas la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante Vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor… Padre de misericordia.
  
No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y aunque esté en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el Cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflámese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: «Oh Señora, yo soy tu siervo…» (Salmo CXV, 16). Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.
  
DÍA PRIMERO
REFLEXIÓN: SOBRE EL DOLOR Y PENA DE MARÍA SANTÍSIMA EN EL PORTAL DE BELÉN ANTES DEL NACIMIENTO
Desde que el Verbo divino tomó carne en las purísimas entrañas de María, que el Espíritu Santo había formado de su sangre, y desde que esta misma Virgen fue avisada por el Arcángel de misterio tan inefable, ardía esta candorosísima paloma en los más vivos deseos de ver cumplidas tan generosas promesas, anunciadas en el testamento antiguo para la salud del género humano, y suspiraba por mirar llegado ya aquel momento feliz de paz y reconciliacion. Estando próximo ya el apetecido fruto de sus esperanzas tuvo, según el Evangelio lo refiere (San Lucas II, 5), que ponerse en camino para Belén, ciudad de David, a fin de cumplir con el edicto del César, que comprendía a su fidelísimo compañero San José. No hallando, pues, mesón o posada alguna donde albergarse a causa de la mucha concurrencia, o quizá porque no les hacían cara por ser pobres, disponiéndolo así el Cielo para la ejecución de sus inefables designios, se refugiaron a un pobre y arruinado portal que había fuera de la ciudad, el cual solía servir de posada a los menesterosos y desamparados. Colocados en este infeliz lugar, y pasada la media noche, sintió María Santísima la inmediación a su virginal parto, no como las demás mujeres por los gravísimos dolores, pues María era exceptuada de esta ley como privilegiada del Omnipotente, sino por divinas comunicaciones… ¡Aquí es donde comienza su pena, aquí el principio de su afliccion!… Repara lo incómodo de la habitación en que había de nacer nada menos que todo un Dios de cielo y tierra: y aunque su amoroso celo la había dispuesto en el modo posible, acomodando la pobreza que había traído prevenida, que consistía en unos sencillos y muy limpios pañales, con todo eso, allí no veía alguna cuna donde reclinarle; allí no encontraba lumbre con que defenderle del mayor rigor del frio, propio del diciembre; alli, en fin, no miraba comodidad alguna, que aunque pobres hubieran tenido en su casa, porque era establo de bestias y mansión de mendigos, sin otros adornos que telas de araña e inmundicia, mereciendo el que iba a nacer los mas magníficos palacios del mundo.... ¡Oh, qué dolor la ocupa! ¡Qué sentimiento oprime a su Corazón!.... Entristécese, apesadúmbrase, póstrase en la tierra y la riega con sus lágrimas, formando con tales perlas la más rica alfombra, y sin que su afligidísimo compañero se atreviese a consolarla por experimentar iguales penas, exclamaba dulcemente y decía… «¡Oh Hijo del Omnipotente, absoluto dueño de todas las cosas, que sois de una misma esencia y poder como él! ¿Cómo, Señor, cómo queréis venir a la tierra, obra de vuestras manos, tan sin aliño ni ostentación de vuestra grandeza?». ¡Oh juicios incomprensibles!… ¡Tantos obsequios, tantos homenajes, tanta gloria y majestad como disfrutáis en esa eterna bienaventuranza, y tanta pobreza y abatimiento como os preparis en esta inculta y desapacible morada!… «Si el cielo, ni los cielos de los cielos no son digna habitación para vuestra gloria, ¿cuánto menos este desabrigado e inhabitable lugar? (III Reyes VIII, 27)… ¡Verdad es que mi corazón os suministrará todo el incendio del amoroso volcán que en él se oculta, y mi sangre os descubrirá la pureza de mis deseos!… Pero aunque todo sea así, no podré, bien de mi alma, embeleso de mis potencias, preservaros de las molestias que el sitio y la estación traen consigo…». En estas y otras tan tiernas exclamaciones, que son fáciles de concebir, prorrumpía tan inocente y angustiada Princesa. Reflexiona, alma mía, pondera bien todas las circunstancias de este suceso; medita que María es Madre, pero Madre que no tiene igual; que su amor es el más divino; que la dignidad del que iba a nacer es nada menos que la suprema del universo; que el lugar era el más desabrigado, y que tanta humillación es por solo tu amor.... Piénsalo despacio, y comprenderás cuál sería la pena y el dolor de María…
  
SENTIMIENTOS Y PROPÓSITOS PARA ESTE DÍA
Cuántos motivos, oh afligidísima Virgen, ¡cuántos motivos para compadecerme de Vos, para tomar vuestro ejemplo y para enmendarme he sacado de esta primera reflexión! Vos, Madre mía, tan solícita por el honor y comodidad del Dios que, infante humanado, va a salir a luz de vuestras purísimas entrañas, os angustiáis por ver no ser digno aquel lugar donde va a aparecer su humanidad divinizada, y con solicitud amorosa le adornáis y componéis cuanto os es posible... y yo... ¡ah ingratitud! No cuido de purificar mi conciencia, y preparar debidamente mi pobre, mi desaliñada, mi inmunda alma, cuando atraído por su infinita caridad viene a mí tan real y verdaderamente como está en los cielos, haciéndole entrar y recibiendo a tan magnífico rey en tan sucio y hediondo muladar. ¡Confusión grande la mía! Un Centurión, un hombre gentil se reputa indigno de recibirle en su casa, que según su dignidad estaría bien adornada, al ocurrírsele solo un primer pensamiento de la grandeza y poder de aquel hombre a quien ya confiesa por Dios; y yo que tengo tantos y tan profundos conocimientos de su magnificencia por las luces de la fe, ¡no me avergüenzo de tan horrible menosprecio! ¡Confúndome, Madre mía, y me confieso reo de lesa Majestad divina! Mas no ha de ser así en lo sucesivo… no, de ningún modo despreciaré vuestra doctrina y ejemplo. Como fiel siervo vuestro limpiaré y purificaré cuidadosamente mi conciencia (San Lucas XV, 8) hasta hallar, como la mujer del Evangelio, la preciosa dracma de la gracia que había perdido por la culpa, y no omitiré diligencia alguna para encontrarle, porque adornado con ella sé ciertamente que no se desdeñaría de venir a mi alma vuestro amabilísimo Jesús, y se complacerá de la mansión que le prepara (Salmo XXXV, 9), saciándola y embebiéndola con el torrente de sus celestiales delicias. Ven, exclamo, ya desde este instante; ven, Señor, y no queráis tardar, pues ya no soy el que antes era, porque desconocido e ingrato os cerré la puerta de mi corazón por abrirla a la culpa traidora que tan lastimosa ha parado a mi alma. Ven, sí, dueño mío: ¡qué afortunado seré el día que me hagáis esta merced! ¡Buen Jesús! Cuando me acerque al celestial convite de vuestro amor, me vestiré el nupcial manto de vuestra gracia, y cuando toméis posesión de mi alma no os dejaré marchar, os asiré fuertemente, y como la esposa de los Cantares no os soltaré por manera alguna; cerraré todas las comunicaciones, echaré de ella a mis contrarios, os haré a Vos solo el poseedor, y regocijado no me cansaré de clamar: «Encontré al que tanto ama mi alma» (Cánticos III, 4). Así lo propongo, dulcísima María, y así lo he de cumplir, como que es lo que más me importa y lo que me ha de causar mi eterna felicidad.
 
CONCLUSIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
¿Por qué, oh Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada estaba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que Vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto e indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con Vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amén.

OJO CON EL LENGUAJE ESCRITO

«No se puede aprobar en los escritos de los católicos un lenguaje que, inspirándose en un espíritu de malsanas novedades, parece ridiculizar la piedad de los fieles y que habla de orden nuevo, de nueva vida cristiana, de nuevas doctrinas de la Iglesia, de nuevas necesidades del alma cristiana, de nueva vocación social del clero, de nuevo humanismo cristiano y de otras cosas del mismo género». (Instrucción de la Sacra Congregación de los Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios sobre la acción popular cristiana y democristiana en Italia, 27 de Enero de 1902: en Acta Sanctæ Sedis XXXIV)