domingo, 28 de abril de 2019

HACE EXACTAMENTE 50 AÑOS, PABLO VI INTENTÓ DESTRUIR EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

Por RORATE CÆLI. Traducción de Natalia Martín para ADELANTE LA FE.
  
7. Cena domínica sive Missa est sacra synáxis seu congregátio pópuli Dei in unum conveniéntis, sacerdóte prǽside, ad memoriále Dómini celebrándum. Quare de sanctæ Ecclésiæ locáli congregatióne eminénter valet promíssio Christi: “Ubi sunt duo vel tres congregáti in nómine meo, ibi sum in médio eórum” (Mt. 18, 20).

7. La cena del Señor, o Misa, es el encuentro sagrado o congregación de la asamblea del pueblo de Dios, con presidencia del sacerdote, para celebrar el memorial del Señor. Por esta razón, se aplica eminentemente a tal reunión local de la santa Iglesia la promesa de Cristo: “Donde se reúnen dos o tres en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18, 20).
 
Esta es la definición original completa de la misa según el Novus Ordo Missæ de 1969, el Nuevo Orden de la Misa promulgado por la Constitución Apostólica Missále Románum, para horror de muchos creyentes católicos, hace hoy exactamente 50 años. Eran, de forma discutida, las palabras litúrgicas más influyentes escritas en el siglo XX y señalaron una línea divisoria: en cierto sentido cerraban el libro escrito desde la antigüedad remota y el capítulo que comenzó en las sesiones XIII y XXII del Concilio de Trento.
   
El número 7 de la primera edición de la Institutio Generalis Missalis Romani (Instrucción General del Misal Romano) es el momento final del movimiento litúrgico original. Los que lo redactaron también pensaron que tendrían la última palabra en la historia de la Misa Tradicional: en unos pocos meses la tormenta desatada con estas palabras en el límite de su aceptabilidad, hizo estallar el Breve estudio crítico del Nuevo Ordo Missæ, presentado al Papa y al mundo católico bajo los auspicios del cardenal Ottaviani, primer prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, y de Bacci.
  
Las olas levantadas por ese texto no se han calmado. Ese famoso número 7 y otras palabras sumamente problemáticas de la Instrucción General del Misal Romano original (en el que no se menciona Trento ni una sola vez) y del Ordo Missæ serían modificadas en 1970, 1975 y 2002. Aunque mucho se reivindicó por las correcciones rápidas y significativas de 1970 (y esencialmente por la proclamación del papa Benedicto XVI de que el Misal Romano tradicional nunca fue abrogado), ¿puede negarse que el espíritu de la Instrucción General del Misal Romano de 1969 habita en la Nueva Misa o “forma ordinaria”?
   
Mientras los textos de 1970, 1975 y 2002 están ampliamente disponibles, hasta ahora había sido imposible encontrar la fuente original de la controversia en Internet. En Rorate primero presentamos a nuestros lectores en 2011 la Instrucción General del Misal Romano de 1969 y aprovechamos la oportunidad de este trágico aniversario para hacer saber de nuevo todo el horror que Pablo VI forjó.
   
(Nota: ésta es la Instrucción General del Misal Romano íntegra, pero sólo las primeras páginas de la publicación original completa del Ordo Missæ de 1969 promulgada el 3 de abril de 1969 por la Constitución Apostólica Missále Románum, del papa Pablo VI).
   
 https://drive.google.com/file/d/0B5FHI25-yjGbMDkzZDI2MGYtZjYyNS00OWY0LTk4NzMtZTk0ODY0ODg4Nzk0/view

2 comentarios:

  1. El Concilio de Trento, codifica y devuelve toda su pureza a la doctrina de la Santa Misa, no permite las tentativas de modificar o quitar, no puedo explicar los esfuerzos que se hicieron para preservar la Santa y sagrada Tradición de la iglesia para que estos tipos vinieran y en un abrir y cerrar de ojos, todo se fuera en el OLVIDO. Aunque, en lo personal, creo que también tuvo culpa el pueblo, al aceptar y no protestar, por no alzar la voz, sino que aceptó muy bien los cambios, y quienes alzaron la voz fueron muy pocos, menos del 1% tal vez..

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    1. Eso es lo que estamos diciendo durante todos estos años siguiendo al padre Joaquín Sáenz y Arriaga, que la cuarta fase de la Apostasía era precisamente que el pueblo, siguiendo una falsa noción de obediencia, apostató al seguir al clero y la jerarquía apóstata, por lo que es tan culpable como aquellos.

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