miércoles, 8 de abril de 2020

DE LA “Missa Sicca” COMO RECURSO CUANDO NO SE PUEDE ASISTIR (O NO SE CUENTA CON) EL SANTO SACRIFICIO

La Missa Sicca (Misa seca), aparte de ser una forma de practicar los movimientos de la Misa por los seminaristas y diáconos que estudian para recibir el Orden Sacerdotal, era una forma de devoción medieval que se usaba cuando, o el sacerdote no tenía acceso al pan y al vino para la consagración, o no se podía hacer una Misa completa, como en funerales o matrimonios que se realizaban en la tarde, cuando el sacerdote ya había dicho Misa en la mañana (hasta la reforma en los años 50, no se podía decir Misa después del medio día).
  
El documento más antiguo en el que se menciona la misa seca data del siglo IX. En numerosas órdenes monásticas, sus miembros estaban obligados a celebrarla en sus celdas muy a menudo (por ejemplo, después de la Misa conventual, los monjes cartujos hacen diariamente en su celda el “Offícium Missæ” antecedido del Oficio Parvo de Santa María). Posteriormente se extendió a los laicos, que la rezaban cuando no podían asistir a la iglesia (cuenta Godofredo de Beaulieu OP en su Vida de San Luis que él, cuando estuvo cautivo de los sarracenos, acostumbraba a hacer celebrar ante sí misas secas). Además se la conocía también como “misa náutica” ya que está prohibido celebrar la Eucaristía en alta mar, porque se corre el riesgo de derramar el vino o tirar las hostias con el vaivén del barco.
  
Después del Concilio de Trento, esta práctica pasó paulatinamente a olvido entre los laicos; pero litúrgicamente, ha sobrevivido casi hasta nuestros días. Basta ver la bendición de los ramos en el Domingo de Ramos, que tiene la forma de una Misa seca. Se trata seguramente de una costumbre agradable a los ojos de Nuestro Señor que no debe perderse.
Sobre la forma, hay varias versiones: Guillermo Durando, en su Rationále Divinórum Officiórum, libro cuarto, cap. I, dice que ésta consistía en toda la Misa hasta el Ofertorio, recitar el Prefacio, omitir el Canon, decir el Pater noster y omitir las oraciones secretas. Juan Burchard en su Ordo Missæ de 1502 (publicado a instancias de Alejandro VI), plantea que la Misa Seca se correspondía con solo la Misa de los Catecúmenos, esto es, desde las oraciones al pie del altar hasta el Credo (cuando había lugar). Y en ese modelo, os proponemos la siguiente forma (para ello es importante emplear un Misal o la página ):
  1. Decir las Oraciones al pie del Altar y el Confíteor; pero no el Aufer a nobis.
  2. Rezar el Introito, el Kýrie eléison y el Gloria (cuando corresponda).
  3. Decir las oraciones del día, antecedidas por “Dómine, exáudi oratióne meam. Et clamor meum ad te véniat” (Así se hace también con la Secreta y la Postcomunión).
  4. Leer la Epístola seguida con el Gradual y el Aleluya con el verso (o el Tracto, o la Secuencia, según corresponda).
  5. Decir el Evangelio, seguido (si el día lo exige) del Credo.
  6. Rezar la antífona del Ofertorio, luego pasar al “Oráte fratres” sin el Suscípiat, y siguen las Oraciones secretas.
  7. Decir el Prefacio correspondiente y cantar el Sanctus.
  8. Rezar el Meménto de los vivos y el Communicántes, pasando inmediatamente al Meménto de los difuntos y al Nobis quóque peccatóribus.
  9. Pasar inmediatamente al Pater noster (como en la Misa), y cantar el Agnus Dei.
  10. Como no hay lugar para la Comunión sacramental, hacer la Comunión Espiritual,  antecedida del Dómine, non sum dignus (3).
  11. Recitar la Antífona de Comunión y hacer las Oraciones post-comunión.
  12. Como no hubo Misa, el “Benedicámus Dómino” remplaza el “Ite, Missa est”.
  13. Rezar calladamente el Pláceat tibi y darse la bendición diciendo: “Benedícat nos omnípotens Deus, in nómine Patris, et Fílii ✠, et Spíritus Sancti, Amen”.
  14. Leer el último Evangelio (si no se especifica otro, San Juan 1, 1-14) y hacer las Preces Leoninas.
   
Es importante NO confundir la Misa seca con la “Celebración de la Palabra” o la “Lectio Divina” que hacen los modernistas.

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