viernes, 12 de junio de 2020

RECUERDOS DE UN PASADO GLORIOSO: PROCESIÓN PAPAL DE CORPUS CHRISTI

Pío XII en una procesión de Corpus Christi (fecha desconocida)
     
El papa Urbano IV, mediante la bula “Transitúrus de hoc mundo” del 11 de Agosto de 1264, extendió a toda la Iglesia la fiesta del Corpus Christi (que ya se celebraba desde 1246 en Lieja); y desde entonces se han hecho imponentes procesiones en honor al Señor Sacramentado, tanto que el Concilio de Trento las describe como imagen del triunfo de la Verdad Católica sobre el error y la herejía.
 
El triunfo de la Iglesia (Jan Ikjens. México, Museo del Palacio de San Carlos)
  
Roma, en cuanto Madre y Cabeza de todas las iglesias del orbe, no se quedaba atrás, y la procesión papal de Corpus era uno de los eventos más sublimes durante el año litúrgico. Pero como todo elemento del Catolicismo tradicional, no sobrevivió al infame huracán del Vaticano II, hasta el punto de ver esperpentos como un “papamóvil” de estacas cubierto por un toldo ridículo y barato transitando al atardecer por la vía Merulana, megafonía de pasajes bíblicos incomprensibles en tiempos del “Emérito” Ratzinger (aunque el uso de la camioneta surgió en el Corpus de 1964 por Montini), por no hablar del año pasado cuando Bergoglio (que dicho sea de paso, profesó la herejía luterana de la empanación) delegara al cardenal Ángelo De Donatis la procesión a pie mientras él iba en un automóvil, o peor, este Annus horríbilis satanísque en el que la jerarquía modernista prefiere secundar la demolición orquestada por la Sinarquía vía plandemia, antenas 5G y protestas por la muerte de un sujeto de dudosa reputación (y para más inri, pagadas por el judío György Schwartz Szűcs) que el honrar al que creen (sin serlo) es su “Dios Sacramentado”.
  
Pero bueno, a continuación, os traemos cómo era el Corpus en la Corte Papal en épocas más católicas y pacíficas, según describiera Gaetano Moroni, caballero pontificio:
En cuanto a la institución de las procesiones, algunos pretenden con Onofre Panvinio OSA que Urbano IV había instituido juntamente con la fiesta la procesión, que en tal día se suele hacer, otros la atribuyen a Juan XXII en 1316, no habiendo Urbano IV hablado de procesión en la bula Transitúrus, sino solamente de la fiesta, sobre lo cual hay que ver a Ferrari, verbo Fiesta núm. 61. Todavía hay algunos que son del parecer que comenzase con la misma fiesta el llevarse en procesión el Santísimo Sacramento dentro del ostensorio, el cual siempre tuvo a honor grande de acompañar con la mayor pompa posible además del clero, los emperadores, los reyes, los magnates y los magistrados públicos, cantando himnos y cánticos sagrados y llevando cirios y candelabros dobles encendidos. Andando el tiempo crecerían maravillosamente por el esplendor y el decoro que se propagó en todas partes y por toda la Iglesia universal.
   
En Roma, testifica Filippo Bonanni, Numísmata Pontíficum, tomo II, pág. 665, no siempre los Papas llevaron en procesión el Santísimo con el mismo rito, como él observó en los Diarios de maestros de ceremonias, ni en el mismo lugar, ni circunscrito en el mismo camino.
  
Nicolás V Parentucelli fue l primer Papa, por testimonio del citado Stefano Infessura, en Ludovico Antonio Muratori, Rerum Italicárum, tomo III par. I pág. 1131, en introducir el uso de llevar el Santísimo Sacramento en la solemne procesión del Corpus Christi, llevándolo acompañado de los Cardenales, arzobispos, obispos y por todo el clero de las iglesias de Roma el 8 de Junio de 1447, primer año de su Pontificado, a pie desde San Pedro hacia la Puerta del Castillo, una de las siete puertas cerradas de Roma que toma el nombre del vecino Castillo de San Ángel.
  
Antes solía hacerse desde la basílica lateranense, como catedral del Romano Pontífice, hasta la iglesia de San Clemente y de hecho en 1448 lo practicó el mismo Nicolás V, llevando al Venerable desde la misma basílica a San Clemente y de regreso a San Juan, lo que se lee también en su vida escrita por Domenico Giorgi. Agrega Infessura que esto sucedió el 23 de Mayo y que en la tarde el Papa regresó a caballo al palacio Vaticano pasando por la región de Trastévere.
  
Se ignora precisamente cuándo vino a establecerse el hacer la procesión en la basílica de San Pedro. Es verdad que Sixto V con la bula Egrégia del 23 de Febrero de 1586, regulando las Capillas y funciones Pontificias, prescribe que esta augusta procesión desde la Capilla Sixtina tuviese término en la basílica vaticana.
  
No será superfluo que aquí se informen diversos ejemplos sobre el modo con el cual los Papas llevaron el Santísimo. En 1486 Inocencio VIII lo llevó en la silla gestatoria con la mitra en la cabeza, y Alejandro VI en 1496 lo hizo del mismo modo, si bien  Juan Burcardo le atribuye al segundo el llevarlo en la silla gestatoria y por primera vez en 1494. Julio II lo llevó en 1504 con la mitra en la cabeza y en la silla gestatoria. León X en 1513 lo llevó sentado con la cabeza descubierta, pero en 1518 lo hizo con la mitra preciosa en la cabeza, considerando que fuese más conveniente usar la mitra mientras iba en la silla gestatoria; Clemente VII lo llevó en 1532 a pie con solo el birrete blanco en la cabeza; Pablo III en 1535 sentado con la mitra; Pío IV en 1560 sentado con el trirregno en la cabeza; San Pío V en 1566 a pie con el trirregno y, dejando esto, fue con el birrete; Gregorio XIII en 1572 lo llevó también a pie y con el birrete, pero después la congregación por él instituida para la reforma de las ceremonias de la Capilla Pontificia, juzgó ser más decente que en esta función el Pontífice llevase el Santísimo Sacramento en la silla gestatoria con la mitra, según el uso introducido por Alejandro VI y es por eso que en tal modo lo llevó en 1573; Sixto V en 1585 lo llevó a pie con la cabeza descubierta; Gregorio XIV en 1590 en la silla gestatoria con la mitra, y en el mismo modo lo llevó Inocencio IX en 1591; Clemente VIII en 1592 fue a pie con la cabeza descubierta, como hizo Pablo V en 1605, el cual después de 1615 fue en la silla gestatoria con la cabeza descubierta y en 1616 con la mitra preciosa. Lo mismo practicó Gregorio XV en 1621; Urbano VIII en 1631 fue a pie con la cabeza descubierta y en el 1639 en la silla gestatoria con la mitra, tal como fue imitado en 1645 por Inocencio X.
  

El tálamo (Vaticano, Museo Lateranense)
   
Alejandro VII Chigi, el cual no pudiendo en el primer año de su pontificado hacer el recorrido a pie por la incomodidad que le quedó por la cortada sufrida para la extracción del cálculo mientras era nuncio en Colonia, ni queriendo andar como sus predecesores sentado en la silla gestatoria, introdujo una nueva práctica: con el diseño de Bernini hizo hacer una máquina llamada Tálamo sobre la cual debiese llevar genuflexo al Santísimo, como aparece en una medalla suya informada por Claudio de Molinet, História Summórum Pontíficum per Numísmata, pág. 139, París, 1679, por Bonanni, Numísmata Pontíficum, tomo II, n. 26 y por Ridolfino Venuti, Numísmata Romanórum Pontíficum, pág. 271, con el lema Procedámus et adorémus in Spíritu et veritáte; también por el verdadero diseño de dicha máquina publicado en cobre por Carlo Ceci en 1655.
   
La máquina antigua estaba formada a guisa de un genuflexorio, toda dorada con vaghi tallados y con cabezas de serafines, estando elevada por medio de dos travesaños forrados de terciopelo rojo por los palafreneros Pontificios. En los pies había un escabel hecho a guisa de faldistorio con cojín recamado de oro, con flecos y bordura similares, sobre el cual el Papa apoyaba los brazos. En medio de la máquina habíase un perno con pedestal de madera dorada para colocar la palla forata en la cual fijar el ostensorio que el Papa debía tener con las manos estando arrodillado. En torno a los pies había un reparo de terciopelo rojo lleno de crin, a fin que no se pudiese descorrer y un cíngulo, o sea, faja, para sostener a la persona, para que no hiciese toda la fuerza con las rodilas quendando apoyada a ella. Poco diverso es el tálamo o máquina que se usa hoy en día, no estándose sobre el replano el genuflexorio sino una mesita giratoria con el perno para establecer el ostensorio, teniendo delante una silla y hecha en modo que poniéndose a sentarse el Pontífice y acercándose a la mesita viene esta asegurada con firmeza. Y así como el Papa suele usar un gran manto o pluvial blanco, su amplísima capa hace figurar al Pontífice como si estuviese arrodillado, mientras que ya diversos Pontífices han adoptado el rito de portar el Santísimo Sacramento sentados como después se dirá.
  

Alejandro VII Chigi en la procesión del Corpus Christi del 27 de Mayo de 1655. (Giovanni Maria Morandi. Nancy, Museo de Bellas Artes).
   
En 1655 Alejandro VII llevó al Venerable arrodillado sobre el tálamo con la cabeza descubierta, pero no abolió el uso de llevarlo en la silla gestatoria como erróneamente creyó el citado Molinet, pág. 818, ni ordenó que en lo venidero lo llevase el Pontífice arrodillado. Luego Clemente IX en 1668 lo llevó como Alejandro VII y otro tanto hicieron Clemente X en 1670 e Inocencio XI en 1677, el cual sin embargo en 1680 fue en la silla gestatoria con la mitra en la cabeza. Inocencio XII en 1691 llevó el Santísimo en la silla gestatoria con el birrete; Clemente XI en 1701 a pie con la cabeza descubierta y en 1706 arrodillado sobre el tálamo con la cabeza descubierta, como hizo Inocencio XIII en 1721. Benedicto XIII lo llevó a pie con la cabeza descubierta, pero después de él Clemente XII en 1730, Benedicto XIV en 1740, Clemente XIV desde 1769 y Pío VI desde 1775, todos lo llevaron de rodillas en el tálamo y con la cabeza descubierta. Pío VII, creado Papa en 1800, lo llevó igualmente con la cabeza descubierta y arrodillándose sobre el tálamo, pero después en 1816 lo llevó sentado y con la cabeza descubierta, modo el cual fue adoptado por León XII en 1824, por Pío VIII en 1829 y en 1832 por el reinante Pontífice Gregorio XVI ya que en 1831 no intervino en la procesión.
  
Caballero GAETANO MORONI, Las capillas pontificias, cardenalicias y prelaticias, Venecia, 1841, págs. 281-284. Traducción propia.

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