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viernes, 12 de junio de 2020

RECUERDOS DE UN PASADO GLORIOSO: PROCESIÓN PAPAL DE CORPUS CHRISTI

Pío XII en una procesión de Corpus Christi (1950)
     
El papa Urbano IV, mediante la bula “Transitúrus de hoc mundo” del 11 de Agosto de 1264, extendió a toda la Iglesia la fiesta del Corpus Christi (que ya se celebraba desde 1246 en Lieja); y desde entonces se han hecho imponentes procesiones en honor al Señor Sacramentado, tanto que el Concilio de Trento las describe como imagen del triunfo de la Verdad Católica sobre el error y la herejía.
 
El triunfo de la Iglesia (Jan Ikjens. México, Museo del Palacio de San Carlos)
  
Roma, en cuanto Madre y Cabeza de todas las iglesias del orbe, no se quedaba atrás, y la procesión papal de Corpus era uno de los eventos más sublimes durante el año litúrgico. Pero como todo elemento del Catolicismo tradicional, no sobrevivió al infame huracán del Vaticano II, hasta el punto de ver esperpentos como un “papamóvil” de estacas cubierto por un toldo ridículo y barato transitando al atardecer por la vía Merulana, megafonía de pasajes bíblicos incomprensibles en tiempos del “Emérito” Ratzinger (aunque el uso de la camioneta surgió en el Corpus de 1964 por Montini), por no hablar del año pasado cuando Bergoglio (que dicho sea de paso, profesó la herejía luterana de la impanación) delegara al cardenal Ángelo De Donatis la procesión a pie mientras él iba en un automóvil, o peor, este Annus horríbilis satanísque en el que la jerarquía modernista prefiere secundar la demolición orquestada por la Sinarquía vía plandemia, antenas 5G y protestas por la muerte de un sujeto de dudosa reputación (y para más inri, pagadas por el judío György Schwartz Szűcs) que el honrar al que creen (sin serlo) es su “Dios Sacramentado”.
  
Pero bueno, a continuación, os traemos cómo era el Corpus en la Corte Papal en épocas más católicas y pacíficas, según describiera Gaetano Moroni, caballero pontificio:
En cuanto a la institución de las procesiones, algunos pretenden con Onofre Panvinio OSA que Urbano IV había instituido juntamente con la fiesta la procesión, que en tal día se suele hacer, otros la atribuyen a Juan XXII en 1316, no habiendo Urbano IV hablado de procesión en la bula Transitúrus, sino solamente de la fiesta, sobre lo cual hay que ver a Ferrari, verbo Fiesta núm. 61. Todavía hay algunos que son del parecer que comenzase con la misma fiesta el llevarse en procesión el Santísimo Sacramento dentro del ostensorio, el cual siempre tuvo a honor grande de acompañar con la mayor pompa posible además del clero, los emperadores, los reyes, los magnates y los magistrados públicos, cantando himnos y cánticos sagrados y llevando cirios y candelabros dobles encendidos. Andando el tiempo crecerían maravillosamente por el esplendor y el decoro que se propagó en todas partes y por toda la Iglesia universal.
   
En Roma, testifica Filippo Bonanni, Numísmata Pontíficum, tomo II, pág. 665, no siempre los Papas llevaron en procesión el Santísimo con el mismo rito, como él observó en los Diarios de maestros de ceremonias, ni en el mismo lugar, ni circunscrito en el mismo camino.
  
Nicolás V Parentucelli fue l primer Papa, por testimonio del citado Stefano Infessura, en Ludovico Antonio Muratori, Rerum Italicárum, tomo III par. I pág. 1131, en introducir el uso de llevar el Santísimo Sacramento en la solemne procesión del Corpus Christi, llevándolo acompañado de los Cardenales, arzobispos, obispos y por todo el clero de las iglesias de Roma el 8 de Junio de 1447, primer año de su Pontificado, a pie desde San Pedro hacia la Puerta del Castillo, una de las siete puertas cerradas de Roma que toma el nombre del vecino Castillo de San Ángel.
  
Antes solía hacerse desde la basílica lateranense, como catedral del Romano Pontífice, hasta la iglesia de San Clemente y de hecho en 1448 lo practicó el mismo Nicolás V, llevando al Venerable desde la misma basílica a San Clemente y de regreso a San Juan, lo que se lee también en su vida escrita por Domenico Giorgi. Agrega Infessura que esto sucedió el 23 de Mayo y que en la tarde el Papa regresó a caballo al palacio Vaticano pasando por la región de Trastévere.
  
Se ignora precisamente cuándo vino a establecerse el hacer la procesión en la basílica de San Pedro. Es verdad que Sixto V con la bula Egrégia del 23 de Febrero de 1586, regulando las Capillas y funciones Pontificias, prescribe que esta augusta procesión desde la Capilla Sixtina tuviese término en la basílica vaticana.
  
No será superfluo que aquí se informen diversos ejemplos sobre el modo con el cual los Papas llevaron el Santísimo. En 1486 Inocencio VIII lo llevó en la silla gestatoria con la mitra en la cabeza, y Alejandro VI en 1496 lo hizo del mismo modo, si bien  Juan Burcardo le atribuye al segundo el llevarlo en la silla gestatoria y por primera vez en 1494. Julio II lo llevó en 1504 con la mitra en la cabeza y en la silla gestatoria. León X en 1513 lo llevó sentado con la cabeza descubierta, pero en 1518 lo hizo con la mitra preciosa en la cabeza, considerando que fuese más conveniente usar la mitra mientras iba en la silla gestatoria; Clemente VII lo llevó en 1532 a pie con solo el birrete blanco en la cabeza; Pablo III en 1535 sentado con la mitra; Pío IV en 1560 sentado con el trirregno en la cabeza; San Pío V en 1566 a pie con el trirregno y, dejando esto, fue con el birrete; Gregorio XIII en 1572 lo llevó también a pie y con el birrete, pero después la congregación por él instituida para la reforma de las ceremonias de la Capilla Pontificia, juzgó ser más decente que en esta función el Pontífice llevase el Santísimo Sacramento en la silla gestatoria con la mitra, según el uso introducido por Alejandro VI y es por eso que en tal modo lo llevó en 1573; Sixto V en 1585 lo llevó a pie con la cabeza descubierta; Gregorio XIV en 1590 en la silla gestatoria con la mitra, y en el mismo modo lo llevó Inocencio IX en 1591; Clemente VIII en 1592 fue a pie con la cabeza descubierta, como hizo Pablo V en 1605, el cual después de 1615 fue en la silla gestatoria con la cabeza descubierta y en 1616 con la mitra preciosa. Lo mismo practicó Gregorio XV en 1621; Urbano VIII en 1631 fue a pie con la cabeza descubierta y en el 1639 en la silla gestatoria con la mitra, tal como fue imitado en 1645 por Inocencio X.
  

El tálamo (Vaticano, Museo Lateranense)
   
Alejandro VII Chigi, el cual no pudiendo en el primer año de su pontificado hacer el recorrido a pie por la incomodidad que le quedó por la cortada sufrida para la extracción del cálculo mientras era nuncio en Colonia, ni queriendo andar como sus predecesores sentado en la silla gestatoria, introdujo una nueva práctica: con el diseño de Bernini hizo hacer una máquina llamada Tálamo sobre la cual debiese llevar genuflexo al Santísimo, como aparece en una medalla suya informada por Claudio de Molinet, História Summórum Pontíficum per Numísmata, pág. 139, París, 1679, por Bonanni, Numísmata Pontíficum, tomo II, n. 26 y por Ridolfino Venuti, Numísmata Romanórum Pontíficum, pág. 271, con el lema Procedámus et adorémus in Spíritu et veritáte; también por el verdadero diseño de dicha máquina publicado en cobre por Carlo Ceci en 1655.
   
La máquina antigua estaba formada a guisa de un genuflexorio, toda dorada con vaghi tallados y con cabezas de serafines, estando elevada por medio de dos travesaños forrados de terciopelo rojo por los palafreneros Pontificios. En los pies había un escabel hecho a guisa de faldistorio con cojín recamado de oro, con flecos y bordura similares, sobre el cual el Papa apoyaba los brazos. En medio de la máquina habíase un perno con pedestal de madera dorada para colocar la palla forata en la cual fijar el ostensorio que el Papa debía tener con las manos estando arrodillado. En torno a los pies había un reparo de terciopelo rojo lleno de crin, a fin que no se pudiese descorrer y un cíngulo, o sea, faja, para sostener a la persona, para que no hiciese toda la fuerza con las rodilas quendando apoyada a ella. Poco diverso es el tálamo o máquina que se usa hoy en día, no estándose sobre el replano el genuflexorio sino una mesita giratoria con el perno para establecer el ostensorio, teniendo delante una silla y hecha en modo que poniéndose a sentarse el Pontífice y acercándose a la mesita viene esta asegurada con firmeza. Y así como el Papa suele usar un gran manto o pluvial blanco, su amplísima capa hace figurar al Pontífice como si estuviese arrodillado, mientras que ya diversos Pontífices han adoptado el rito de portar el Santísimo Sacramento sentados como después se dirá.
  

Alejandro VII Chigi en la procesión del Corpus Christi del 27 de Mayo de 1655. (Giovanni Maria Morandi. Nancy, Museo de Bellas Artes).
   
En 1655 Alejandro VII llevó al Venerable arrodillado sobre el tálamo con la cabeza descubierta, pero no abolió el uso de llevarlo en la silla gestatoria como erróneamente creyó el citado Molinet, pág. 818, ni ordenó que en lo venidero lo llevase el Pontífice arrodillado. Luego Clemente IX en 1668 lo llevó como Alejandro VII y otro tanto hicieron Clemente X en 1670 e Inocencio XI en 1677, el cual sin embargo en 1680 fue en la silla gestatoria con la mitra en la cabeza. Inocencio XII en 1691 llevó el Santísimo en la silla gestatoria con el birrete; Clemente XI en 1701 a pie con la cabeza descubierta y en 1706 arrodillado sobre el tálamo con la cabeza descubierta, como hizo Inocencio XIII en 1721. Benedicto XIII lo llevó a pie con la cabeza descubierta, pero después de él Clemente XII en 1730, Benedicto XIV en 1740, Clemente XIV desde 1769 y Pío VI desde 1775, todos lo llevaron de rodillas en el tálamo y con la cabeza descubierta. Pío VII, creado Papa en 1800, lo llevó igualmente con la cabeza descubierta y arrodillándose sobre el tálamo, pero después en 1816 lo llevó sentado y con la cabeza descubierta, modo el cual fue adoptado por León XII en 1824, por Pío VIII en 1829 y en 1832 por el reinante Pontífice Gregorio XVI ya que en 1831 no intervino en la procesión.
  
Caballero GAETANO MORONI, Las capillas pontificias, cardenalicias y prelaticias, Venecia, 1841, págs. 281-284. Traducción propia.

miércoles, 30 de octubre de 2013

BLASFEMIAS CONTRA LA HOSTIA CONSAGRADA, Y SU CATÓLICA CONTESTACIÓN

Desde CATÓLICOS FIRMES EN SU FE- Vía APOSTOLADO CABALLERO DE LA INMACULADA (Edición, imágenes y oración propias de MILES CHRISTI)
 
Muchos de los argumentos heréticos han sido tumbados cuando de referirse a la Eucaristía se trata; sobre si el pan se convierte en el cuerpo de Cristo, sobre si Jesús habló simbólicamente o no, o si los cristianos recordamos o actualizamos el sacrificio de Cristo en la Cruz. Aun así, los argumentos engañosos continúan y a continuación desmentimos unos referentes a la Hostia.
   
Mentira 1: El sagrario es una réplica de la adoración al sol de las antiguas civilizaciones y la hostia también.
En el altar romano en el que se deposita el sacramento o la hostia consagrada, “Un disco de plata en forma de SOL está colocado en el altar frente al SACRAMENTO; el cual con la luz de los cirios adquiere una apariencia más brillante”. ¿Qué tiene que hacer ese “Sol” “brillante” en el altar frente al “sacramento” u hostia redonda? En Egipto, el disco del Sol se representaba en los templos, y al soberano con su esposa y sus hijos se les representaba adorándolo.

”Por todo esto, se hace patente que la imagen del sol encima del altar o sobre él, era uno de los símbolos reconocidos de aquellos que adoraban a Baal o al Sol. Y, aquí,en una Iglesia que se dice cristiana, se coloca en el altar un brillante disco de plata “en forma de SOL”, ante el cual todo aquel que adore en ese altar debe inclinarse en humilde reverencia ante esa imagen del “Sol”. ¿De dónde, pregunto, pudo haber venido esto sino del antiguo culto del sol, o del culto a Baal?
  
Custodia con forma de sol (Iglesia San Benito Abad, Veracruz de Gerena)
 
Este ataque está fundado sobre el supuesto que los católicos estamos adorando al sol, en la figura de la hostia en el sagrario como hacían los egipcios o babilonios. Para poder analizar este ataque tenemos que suponer que todo elemento usado por culturas paganas no puede ser usado por el Cristianismo aun cuando el sentido sea diferente.

La adoración del sol no es sólo de egipcios o babilonios, incluso los mismos Incas en América sin conocerse con los egipcios o babilonios también adoraban al sol:
El Sol, y su culto, parece ser una constante en las culturas de la Antigüedad, sin duda por el rol que el astro rey cumple en el "calendario agrícola". Los incas adoraban al Sol fundamentalmente para que les proporcionara abundantes cosechas. Era una fuerza dominante y un símbolo de prestigio y poder.

En el Perú el culto al Sol se oficializó debido a las invasiones incas. Estos, que adoraban al Sol al extremo de afirmar que los gobernantes eran sus hijos, llevaban su religión a todos los pueblos que iban sometiendo por medio de la guerra[1].
  
Los incas adoraban tanto al Sol que creían que sus reyes eran hijos del Sol (Genealogía de Reyes Incas, anónimo del Siglo XVIII)
 
Esto sucedía por la prominencia que tiene el sol y por su función en nuestra vida diaria. Así que el sol por ser algo visto por toda la Tierra es un elemento inherente a las creencias de las culturas antiguas.
 
Hasta Dios mismo hace uso de la figura del sol para revelarse en la Biblia:
Su cabeza y sus cabellos tenían la blancura de la lana y de la nieve; sus ojos parecían llamas de fuego; sus pies, bronce fundido en el crisol; y su voz era como el estruendo de grandes cataratas. En su mano derecha tenía siete estrellas; de su boca salía una espada de doble filo; y su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza.(Ap 1, 14-16)
Pero para ustedes, los que temen mi Nombre, brillará el sol de justicia que trae la salud en sus rayos, y saldrán brincando como terneros bien alimentados. (Mal 3, 20)
 
¿Podemos ver en esta cita alguna introducción pagana del profeta, haciendo alusión al culto egipcio o babilónico?
Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: "Yo soy la luz del mundo. (Jn 8, 12)
 
En el Sagrario contemplamos a Jesús Eucaristía como luz del mundo, como lámpara de Dios como dice Apocalipsis:
No vi ningún templo en la Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. Y la Ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero (Ap 21, 22-23)
  
Así que el que los egipcios adoraran al sol no significa que cualquier alusión al sol y su luz tenga que ver con paganismo. En ese caso aplicaría también con el león como símbolo:
En China y Japón se consideraba al león, al igual que al dragón, como ahuyentador de malos espíritus, razón por la que se le representaba, frecuentemente, como guardián a la entrada de templos.
También los templos egipcios, asirios y babilónicos están, a menudo, custodiados por esculturas de león. En Egipto se encuentran representaciones de dos leones adosados por la espalda, que simbolizan la salida y la puesta del sol, el este y el oeste, el ayer y el mañana. En el culto de Mitra, el león simboliza al sol. El dios hindú Krishna e incluso Buda son comparados con un león.
Por su indomable fuerza, se le relacionaba en la Antigüedad con los dioses de la fertilidad y del amor; entre otros, con Cibeles, Diónisios (Baco) y Afrodita (Venus)[2].
  
Increíble que siendo el león un símbolo pagano en culturas antiguas, el Templo de Israel los tuviera:
Estaban hechos de la siguiente manera: tenían unos paneles encuadrados en un armazón; sobre esos paneles había figuras de leones, de toros y de querubines, y lo mismo sobre el armazón. Tanto arriba como abajo de los leones y toros había unos adornos en bajorrelieve. [...] Sobre las planchas, las manijas y los paneles, Jirám grabó querubines, leones y palmeras, dondequiera había un espacio libre, con bajorrelieves alrededor.(1 Re 7, 28-29.36)
  
Incluso el mismo Cristo aplica para sí la figura del león:
Pero uno de los Ancianos me dijo: "No llores: ha triunfado el León de la tribu de Judá (Ap 5, 5)
 
Así que no podemos pensar que el Apocalipsis está haciendo alusión a los conceptos paganos sobre el león sólo porque a Cristo se le llame así. Del mismo modo, el que los antiguos adoraran al sol no significa que los católicos lo hagamos sino que estamos reconociendo a Cristo como el sol de nuestras vidas cuyos rayos nos dan la salud y nos alimentan, lo cual se cumple perfectamente en la Eucaristía.
  
Mentira 2: La forma redonda de la Hostia es una representación del sol
La hostia redonda no es nada más que un viejo símbolo del dios-sol. Los egipcios usaban un pastel delgado y redondo que aparecen en todos sus altares. Cuando los misterios llegaron a ROMA, bajo el nombre de mitraísmo, los iniciados recibían un pequeño pastel redondo de pan sin levadura que simbolizaba el disco solar[3].
  
Aquí como en el anterior punto, cualquier cosa que se hiciera de forma redonda y de pan ya es paganización. Tenemos que revisar que en la Última Cena Jesús no usó una hostia pero sí pan sin levadura.
 
El pan sin levadura se remonta a Egipto como parte de su nutrición:
Ya en el Antiguo Egipto, el alimento de los egipcios pobres se componía principalmente de pan y cebolla -de ahí el famoso dicho- "Contigo, pan y cebolla".[4]
  
Así que si partimos de Egipto, veremos que el pan es un elemento muy común entre ellos, y por eso no sería de extrañar que también fuera usado en sus cultos religiosos. Incluso la forma redonda era la más común sin tener que obedecer a la forma del sol:
Los panes egipcios tenían diversas formas, siendo los redondos u ovalados los más comunes. Menos frecuentes los triangulares. Ocasionalmente podían darles forma de vacas, gacelas o incluso forma humana[5].
 
Hay descritos panes de muchas formas, redondos, planos como grandes tortas, cominos que se cocían en unos moldes especiales, panes enriquecidos con semillas por ejemplo con comino y preparaban también panes con formas humanas o de animales para ritos mágicos[6]

Pero aun cuando los egipcios hacían panes en forma redonda, los israelitas también usaban panes redondos en el culto a Dios:
"Recogerás además un pan redondo, una torta cocida en aceite y una galleta de la canasta de los panes ácimos, que está delante del Señor; depositarás todo esto en las manos de Aarón y de sus hijos, y realizarás el gesto de presentación delante del Señor. Recogerás nuevamente todo esto y lo quemarás sobre el altar junto con el holocausto, como perfume agradable al Señor. Esta es una ofrenda que se quema para el Señor". (Ex 29, 22)
 
Además, repartió a todos los israelitas, así a hombre como a mujer, a cada uno un pan redondo y una torta de dátiles y una torta de pasas. (1 Cro 16, 3)
 
Esta cita está tomada de la versión de la Sociedad Watchtower para mayor comprensión. Las versiones luteranas las traducen como tortas de pan, las cuales eran redondas.
 
 
Típico pan sin levadura de la época de Jesús (En el pesáj judío, debía comerse pan sin levadura -que era llamado Matzah-)
 
¿Acaso estaba Dios dándole a Moisés una indicación de perversión pagana de adoración al sol? Por el hecho que usaran un pan redondo ¿estaban intentando hacer lo mismo que hacían los egipcios?
 
Si aplicáramos lo que dice esta página referente a la Hostia,
cuya “redondez” es un elemento tan importante en el Misterio romano, ¿cuál puede ser el significado de ella, sino simplemente el de mostrar, para aquellos que tienen ojos para ver que la misma “Hostia” es solamente otro símbolo de Baal o del Sol?
A este símbolo:
 
 
Sello de la secta "Creciendo en Gracia" (de la cual hablaremos en otro momento)
 
¿Tenemos que creer que la redondez de este símbolo es signo de adoración al sol?
  
Tercera mentira: Las iniciales I.H.S. en la hostia son las iniciales de los dioses egipcios: Iris, Horus, Osiris.
En la hostia redonda notamos las letras místicas I. H. S. inscritas en ella. Un estudio de estas letras nos provee con otra marca de identificación, otra clave al misterio, que demuestra la gran influencia del paganismo en la misa católica. Muchos suponen que estas letras son de origen cristiano. Se nos dice que las letras I. H. S. significan: Iesus Hominum Salvator, es decir: «Jesús, el Salvador del Hombre», o Inc Hoc Signo, las palabras que Constantino declaró haber visto en su visión.
Pero el significado de este anagrama puede ser tomado en otra forma reveladora del compromiso que Roma tomó con el paganismo. Durante los días de los emperadores romanos, existían muchos adoradores de Isis (la diosa egipcia representante de la diosa babilónica Ishtar) en Roma. Al ver estas letras, el significado para ellos era Isis, Horus, Seb; en otras palabras, «La Madre, el Hijo y el Padre de los dioses», la Trinidad egipcia.
   
Esta es otra mentira muy común pero tan débil como una pluma. En las hostias se coloca una inscripción: I.H.S. Esta inscripción es muy antigua y está relacionado con el nombre de Jesús en griego. Mirando por ejemplo una cita como Lc 1, 30 se dice:
καὶ ἰδοὺ συλλήμψῃ ἐν γαστρὶ καὶ τέξῃ υἱὸν καὶ καλέσεις τὸ ὄνομα αὐτοῦ Ἰησοῦν.
 
La palabra resaltada es JESUS, que llevado a mayúsculas es IH∑OU∑. Como se observa las primeras tres letras son IHS.
 
Lo más curioso del ataque protestante es que no toma cuidado de la argumentación que usa y hacen referencia a una triada egipcia compuesta supuestamente por Isis – Horus – Seb.
 
Para ambientar un poco, dentro de la mitología egipcia que tiene múltiples dioses Geb y Nut tuvieron varios hijos, entre esos Osiris (varón) e Isis (mujer). Estos se casaron y tuvieron un hijo llamado Horus.
 
Osiris, su esposa Isis y su hijo Horus son la triada principal de los dioses egipcios
  
Es muy común que se vea esta triada: padre-madre-hijo. Por ejemplo, veamos algunas referencias:
  • Neith se aproxima a la tríada Isis-Osiris-Horus, y después se fusionó con Isis[7] 
  • (Osiris) Era el jefe de la tríada Osiriaca, formada por Osiris, Isis y Horus.[8] 
  • Osiris, Isis y Horus fueron la tríada más importante de dioses[9]

     
    Para entender hasta donde llegan las artimañas enemigas veamos lo siguiente:
    Pasemos a otro ejemplo. El nombre de la trinidad egipcia era: Isis, Horus y Seb. Ahora observe bien las iniciales de esos nombres: I-H-S, ¿a qué nos recuerda esto también? Es el símbolo por excelencia de los jesuitas.

    Sello de la Compañía de Jesús (La inicial IHS, para los protestantes es Isis, Horus y Seb... pero realmente SON LAS TRES PRIMERAS LETRAS DE JESÚS) 
    Las iniciales que están en las hostias (I-H-S), son las siglas de la trinidad egipcia, Isis, Horus y Seb.[10]
     
    Es increíble como manipulan las cosas para engañar a los ingenuos. La imagen que se muestra a continuación está en el Museo de Louvre en París, y es conocida como la triada Osiríaca. Cuando miramos en diversas fuentes quienes conformaban dicha tríada vemos que dice Wikipedia por ejemplo:
    La Tríada de Osorkon II, es una joya elaborada por los orfebres egipcios en la Dinastía XXII que transcurrió de c. 945 a 715 a. C., en el tercer periodo intermedio de Egipto y que fue una de las dos dinastías de origen libio junto con la dinastía XXIII.
    Las tres figuras de la pieza representan a los dioses de la mitología egipcia: Osiris (dios de la resurrección), Isis (Diosa de la maternidad y del nacimiento), y Horus ("el elevado", Dios celeste), llamada tríada osiríaca.
    La joya tiene grabado el nombre de Usermaatra Setepenamón Osorkon, u Osorkon II, faraón de la dinastía XXII de Egipto; reinó de 874 a 850 a. C. (Cronología según Grimal, Arnold y Shaw), durante el Tercer periodo intermedio de Egipto.[11]
    Tríada de Osorkon II, dioses representados: Horus, Osiris e Isis. (Museo del Louvre)
     
    Malintencionadamente las páginas anticatólicas han tomado esta reliquia y han colocado a Geb o Seb, quien fue el padre de Isis y Osiris. Supuestamente lo han colocado en la tríada como el Padre de los dioses, lo cual es falso. Miremos:
    GEB[12]
    Otros nombres: SEB, KEB
    Representa: dios de la tierra
    Se representa por: ocas
    Se identifica con las divinidades: protegido por Selket
    Su templo de culto: Heliopolis
    Su familia: Hijo de Shu y Tefnut, marido de Nut, y padre de Osiris, Isis, Seth y Neftis
     
    Geb fue hijo de Shu y nieto de Ra, así que no es ningún padre de los dioses ni tampoco aparece en ninguna tríada con su hija y su nieto.


    Se puede incluso buscar enlaces al Museo de Louvre y se podrá ver http://oronoz.com/paginas/leefoto.php?referencia=%20%209461&usuario=, o en esta página http://www.egiptologia.org/mitologia/panteon/triada_osiriaca.htm 
      
    Así que es muy deprimente ver como los herejes, paganos, deicidas y apóstatas atacan a base de mentiras a Jesús Sacramentado.
     
    La próxima vez que alguien te cuestione con esto, tendrás con qué defender nuestra Fe en Jesús Sacramentado.
      
    ORACIÓN DE DESAGRAVIO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR
     
     
    Señor Jesucristo, que por nuestra redención diste tu vida en la Cruz y nos dejaste en el Santísimo Sacramento un signo verdadero de tu presencia, yo te amo y quisiera haberte amado sobre todas las cosas; pero con mis pecados y las blasfemias y sacrilegios que algunos lanzan contra Ti en este Sacramento han aumentado más tus heridas, y me hice indigno de tu clemencia y merecedor por tanto de los castigos del infierno. Pero desde hoy quiero ofrecerme como hostia viviente de expiación por los utrajes y sacrilegios que padeces en el Sagrario, para mitigar el dolor que ellos te causan.
     
    Mas como soy indigno de tu Divina Majestad, acudo a la intercesión poderosa de tu santísima Madre, la Bienaventurada Virgen María, que permanece como Adoratriz perpetua ante Ti, para que por medio de Ella mi humilde y sincera oblación sea hallada perfecta, espiritual y digna de Ti; y persevere en esta actitud hasta la muerte para que pueda un día honrarte con todos tus Ángeles y Santos en el Cielo por toda la eternidad. Amén.
     
    Te adoro y te bendigo, oh Señor Jesucristo, porque redimiste al mundo con tu Cruz.
      
    NOTAS

    miércoles, 29 de mayo de 2013

    DEL MODO DE HACER LA COMUNIÓN ESPIRITUAL

    Desde STAT VERITAS.
       

    Dejamos dicho que el que asiste a la Santa Misa no debe omitir la Comunión espiritual cuando el sacerdote comulga. Réstanos ahora explicar el modo de hacerlo. Según la doctrina del Santo CONCILIO DE TRENTO, hay tres clases de Comunión: la primera meramente sacramental; la segunda puramente espiritual, y la tercera sacramental y espiritual a la vez (Sesión XIII, cap. VIII).

    No se trata aquí de la primera, que consiste en comulgar en realidad, pero en pecado mortal, a imitación del traidor Judas; tampoco hablamos de la tercera, que es la que practican todos los fieles cuando reciben a Jesucristo en estado de gracia. Trátase únicamente de la segunda, que se reduce –según las palabras del mismo Concilio–, a un ardiente deseo de alimentarse con este Pan celestial, unido a una fe viva que obra por la caridad, y que nos hace participantes de los frutos y gracias del Sacramento. En otros términos: los que no pueden recibir sacramentalmente el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, lo reciben espiritualmente haciendo actos de fe viva y de caridad fervorosa, con un ardiente deseo de unirse al soberano Bien, y por este medio se disponen a participar de los frutos de este Divino Sacramento.

    Considera bien lo que voy a decir para facilitarte una práctica que tantas utilidades proporciona. Cuando el sacerdote va ya a comulgar, estando con gran recogimiento interior y exterior, modestia y compostura, excita en tu corazón un verdadero dolor de los pecados, y date golpes de pecho para significar que te reconoces indigno de la gracia de unirte a Jesucristo. Después ejercítate en actos de amor, de ofrecimiento, de humildad y demás que acostumbras hacer al acercarte a la Sagrada Mesa, añadiendo a esto el más ardiente y fervoroso deseo de recibir a Jesucristo, que, por tu amor, está real y verdaderamente presente en el augusto Sacramento. Para avivar más y más tu devoción, figúrate que la Santísima Virgen, o tu Santo Patrón, te presenta la Sagrada Hostia, y que tú la recibes en realidad y como si abrazaras estrechamente a Jesús en tu corazón, y repite una y muchas veces en tu interior estas palabras dictadas por el amor:
    «Venid, ¡Jesús mío!, mi vida y mi amor, venid a mi pobre corazón; venid y colmad mis deseos; venid y santificad mi alma; venid a mí, ¡dulcísimo Jesús! Venid».
    Permanece después en silencio, contempla a tu Dios dentro de ti mismo; y como si hubieses comulgado realmente, adórale, dale gracias y haz todos los actos que se acostumbran después de la Sagrada Comunión.

    Ten por cierto, amado lector, que esta Comunión espiritual, tan descuidada por los cristianos de nuestros días, es, sin embargo, un verdadero y riquísimo tesoro que llena el alma de bienes infinitos; y, según opinión de muchos y muy respetados autores, –entre otros el P. RODRÍGUEZ, en su obra De la perfección cristiana–, la Comunión espiritual es tan útil, que puede causar las mismas gracias y aun mayores que la Comunión sacramental. En efecto, aunque la recepción real de la Sagrada Eucaristía produzca por su naturaleza más fruto, puesto que, siendo sacramento, obra por su propia virtud; puede no obstante suceder que un alma deseosa de su perfección haga la Comunión espiritual tan humildemente, con tanto amor y devoción, que merezca más a los ojos de Dios que otro comulgando sacramentalmente, pero con menor preparación y fervor.

    Se conoce cuánto agrada a Jesucristo esta Comunión espiritual, en que muy frecuentemente se ha dignado escuchar –por medio de patentes milagros–, los piadosos suspiros de sus servidores, unas veces dándoles por sus propias manos la Comunión sacramental, como a Santa Clara de Montefalco, a Santa Catalina de Sena y a Santa Ludovina; otras por manos de los Ángeles, como a mi Seráfico Doctor San Buenaventura, y a los obispos Honorato y Fermín, y alguna vez también por el ministerio de la augusta Madre de Dios, que por su misma mano dio la Sagrada Comunión al Beato Silvestre. Rasgos tan tiernos por parte de Dios no deben asombrarte, si consideras que la Comunión espiritual inflama las almas en el fuego de un santo amor, las une a Dios y las dispone a recibir las más señaladas gracias. ¿Y será posible que tantas utilidades no te causen alguna impresión y continúes siempre en tu indiferencia e insensibilidad? ¿Qué excusa podrás alegar desde ahora para descuidar todavía una práctica tan útil y tan santa? Resuélvete, pues, de una vez a servirte de ella frecuentemente, advirtiendo que la Comunión espiritual tiene sobre la sacramental la ventaja de que ésta no puede recibirse más que una vez al día, mientras que aquélla se puede renovar, no solamente en todas las Misas a que asistas, sino también en todas las horas del día; de mañana y tarde, por el día y por la noche, en la iglesia y en tu aposento, sin que para esto necesites el permiso de tu confesor; en una palabra, cuantas veces practiques lo que acabo de prescribirte, otras tantas harás la Comunión espiritual, y enriquecerás tu alma de gracias, de méritos y de toda clase de bienes.

    Tal es el objeto de este opúsculo: inspirar a cuantos lo lean un santo deseo de introducir en el mundo católico la piadosa costumbre de oír todos los días la Santa Misa con una sólida piedad y verdadera devoción, haciendo en ella siempre la Comunión espiritual.

    ¡Ah, qué dicha si pudiera conseguirse! Entonces se vería reflorecer en todo el mundo aquel fervor tan admirable de los felices siglos de la primitiva Iglesia en que los cristianos recibían diariamente la Divina Eucaristía asistiendo al Santo Sacrificio. Si no eres digno de recibir a Dios tan a menudo, procura a lo menos oír todos los días la Santa Misa y hacer en ella la Comunión espiritual. Si yo lograse persuadirte de esta piadosa práctica, creería haber ganado todo el mundo, y tendría la dulce satisfacción de haber empleado bien el tiempo y mis trabajos.

    Y a fin de echar por tierra todas las excusas que acostumbran alegar los que pretenden dispensarse de asistir a la Misa, pondré en el capítulo siguiente varios ejemplos adaptados a toda clase de personas, para que todos comprendan que si se privan de un tan gran tesoro, esto nace, o bien de su negligencia, o bien de su tibieza y repugnancia a todas las obras de piedad, por cuyas causas les esperan amargos remordimientos para la hora de la muerte.

    SAN LEONARDO DE PORTO MAURIZIO

    sábado, 3 de septiembre de 2011

    SAN PÍO X, PAPA, CONFESOR Y DEFENSOR DE LA FE

    San Pío X
      
    San Pío X está muy reciente en el amor de la Iglesia. Aún perdura el grato recuerdo de su memoria -no hace muchos años que nos dejó- como el perfume que llena las naves del templo después de una solemne ceremonia religiosa. San Pío X es algo muy reciente en la Iglesia. Reciente su elevación a los altares por Pío XII, y más reciente la visita de su cuerpo a la bella Venecia en cumplimiento de una vieja promesa hecha a sus amados diocesanos:
       
    -Vivo o muerto volveré a Venecia.
       
    En la basílica de San Pedro de Roma un sencillo y hermoso sepulcro guarda sus restos. Este sepulcro es hoy día uno de los lugares vivos de la oración. Nunca faltan allí el recuerdo de las flores secas y la plegaria de los romanos y cuantos católicos visitan el templo de los santos apóstoles Pedro y Pablo.
       
    Hay otra presencia más viva y fecunda de San Pío X. Presencia de alma a alma, que es como la gracia de su intercesión ante Dios. Cuántos sacerdotes de nuestros días se miran en el rostro de San Pío X y sacan de su ejemplo el impulso de un sacerdocio verdaderamente santo. Me parece que este hecho no se podía escapar de mis líneas al trazar su semblanza, y que debía hacer constancia de él para las nuevas generaciones de hijos de Dios que nos sucedan.
      
    San Pío X ha dado jornadas de inmensa gloria de Dios a su Iglesia del siglo XX.
      
    Su figura noble y bondadosa es algo muy cercano que cuelga de la pared de nuestro despacho o se esconde en las páginas de nuestro breviario.
      
    En muy pocas palabras nos resume su vida la lápida de su sepulcro:
       
    "Pío Papa X, pobre y rico, suave y humilde, de corazón fuerte, luchador en pro de los derechos de la Iglesia, esforzado en el empeño de restaurar en Cristo todas las cosas".
      
    San Pío X nació en Riese, humilde pueblo del norte de Italia, el 2 de junio de 1835. El nombre de bautismo era José Melchor Sarto. Sus padres se llamaban Juan Bautista Sarto y Margarita Sansón. Tuvieron diez hijos, de los cuales vivieron ocho.
       
    Juan Bautista era alguacil del ayuntamiento de Riese. En su oficio entraba hacer la limpieza de la casa-ayuntamiento y los recados del alcalde. Por todo ello recibía cincuenta céntimos diarios.
      
    Los padres de San Pío X eran pobres, pero muy piadosos. Sobre todo, su madre.
      
    "Siendo Beppi Sarto -dice René Bazin-, hijo de padres tan cristianos, no podía dejar de amar a la Iglesia, a los oficios, al cura, al cielo, del que se aparta a tantos niños".
       
    Vistió muy pronto la sotana de acólito y empezó a decir que deseaba ser sacerdote.
       
    A los once años hizo la primera comunión. Uno necesariamente tiene que pensar aquí en el amor con que recibiría a Jesús Eucaristía aquel niño que un día Papa iba a abrir de par en par las puertas del sagrario a los pequeños.
      
    El cura de Riese, que se llamaba don Tito Fusarini, conocía muy bien a Beppi y decía de él:
      
    -Es el alma noble de este país.
      
    Todos los niños saben que para ser sacerdote hay que saber latín. También lo sabía el pequeño Beppi. Para ello tuvo que ir a Castelfranco, a siete kilómetros de Riese. Y después, al seminario de Padua. Antes hay que conseguir una beca. De esto se encarga el cura de Riese, quien un día llama con bastante misterio al muchacho y le dice:
      
    -"De rodillas, Beppi, y da gracias a Dios, que, seguramente, tiene algún designio para ti: pronto entrarás en el seminario, y, como yo, tú también serás sacerdote."
     
    José Sarto fue siempre un estudiante aventajado. Junto a las notas de los archivos del seminario de Padua se ha conservado este juicio:
      
    "Discípulo irreprochable; inteligencia superior; memoria excelente; ofrece toda esperanza".
       
    Fue ordenado sacerdote el 18 de septiembre de 1858 en la catedral de Castelfranco. Al día siguiente canta su primera misa en Riese, ante las lágrimas y gozo de su madre y sus hermanas.
      
    Don José era un sacerdote de buena estatura, muy delgado, pero de fuerte osamenta y estaba dotado de un rostro encantador, La frente, alta; los cabellos, abundantes y echados hacia atrás; los labios, finos; las mejillas y el mentón sólidamente modelados. Pero, sobre todo, un alma que iluminaba todos sus rasgos del cuerpo con una mirada de pureza, de suavidad, que se transparentaba en sus ojos. Alguien dirá más tarde de Pío X:
      
    "Todo corazón recto vuela hacia él".
      
    Y después de la primera audiencia que como Papa concedió al cuerpo diplomático, preguntaban éstos al cardenal Merry del Val:
      
    -Monseñor, ¿qué tiene este hombre que atrae tanto?
      
    Cardenal Rafael Merry del Val (Secretario de Estado y discípulo fiel de San Pío X)
       
    La vida sacerdotal de don José Sarto empieza como coadjutor de Tómbolo y termina en la cátedra de Pedro. Se puede decir que pasó por la mayoría de los cargos por que puede pasar un eclesiástico. Un estupendo aprendizaje brindado por la Providencia al hijo del humilde alguacil de Riese.
       
    Hay una hermosa anécdota de sus tiempos de cardenal de Venecia. Nos la cuenta don José María Javierre en su estupenda vida de San Pío X.
      
    Al patriarca de Venecia, la ciudad más bella del mundo, le gustaba jugar alguna que otra vez una partidita a los naipes. Esta tarde son cinco amigos en torno a la mesa. Una niebla espesa cubre los canales y apenas se divisan las luces movedizas de las góndolas. Dentro se está bien al calorcillo de la estufa. Se acaba la partida y Rosa, la hermana del cardenal ha traído unas tacitas de café. Brota la charla festiva.
      
    -De todos modos -bromea el cardenal-, me dará mucha pena dejar Venecia. Sí, porque pronto se cumplirá mi fecha. Cada nueve años cae una hoja de mi calendario. Fui nueve años coadjutor de Tómbolo. Nueve años párroco de Salzano, y otros nueve, canónigo de Treviso. Nueve años goberné Mantua como obispo. ¿Qué me harán al terminar mis nueve años de patriarca en Venecia? ¿Papa? Porque otra solución no veo.
      
    Ríen todos. El patriarca está firmemente convencido de que sus días terminarán en Venecia.
       
    Pero Dios ha dispuesto otra cosa. A los nueve años es elegido Papa y tiene que dejar su amada Venecia.
       
    El Papa ha muerto. León XIII, el anciano y sabio pontífice acaba de morir. Los cardenales de todo el mundo se han reunido en Roma para elegir al nuevo Papa. Al lado del cardenal Sarto está el cardenal Lecot, arzobispo de Burdeos, quien le pregunta en francés:
      
    -Vuestra eminencia es, sin duda, arzobispo en Italia. ¿De qué diócesis?
    -No hablo francés -responde Sarto en italiano.
    -¿De qué diócesis sois arzobispo? -pregunta ahora en latín, el cardenal francés.
    -Soy patriarca de Venecia.
    -¿Y no habláis francés? Por tanto no sois papable, pues el Papa debe hablar francés.
    -Cierto, eminencia, no soy papable. Gracias a Dios.
      
    A pesar de no saber francés fue elegido Papa. Se resistió cuanto pudo, pero finalmente tuvo que rendirse a lo que claramente era la voluntad de Dios.
      
    El cardenal Oreglia, decano del Sacro Colegio y camarlengo de la Santa Romana iglesia, se acerca al trono del patriarca de Venecia para recibir su aceptación del Sumo Pontificado:
      
    -¿Aceptas la elección que acaba de hacerse de tu persona, en calidad de Papa?
    Un momento de silencio, y el elegido contesta: -Que ese cáliz se aparte de mí. Sin embargo, que se haga la voluntad de Dios.
    La contestación no fue considerada válida y el cardenal decano insiste: -¿Aceptas la elección que acaba de ser hecha de tu persona, en calidad de Papa?
    El cardenal Sarto contesta: -Acepto, como una cruz.
    -¿Cómo quieres ser llamado?
    -Puesto que debo sufrir, tomo el nombre de los que han sufrido: me llamaré Pío.
       

    Escudo del Papa San Pío X (OMNIA INSTAURARE IN CHRISTO, Restaurar todo en Cristo)
     
    El 4 de octubre de 1903 publica Pío X su primera encíclica que empieza por las palabras E supremi apostolatus cathedra. En ella va el programa de todo su pontificado: Restaurar todas las cosas en Cristo.
       
    "Puesto que plugo a Dios -dice- elevar nuestra bajeza hasta esta plenitud de poder, Nos sacamos ánimo de Quien nos conforta, y poniendo manos a la obra, sostenido por la fuerza divina, Nos declaramos que nuestro fin único, en el ejercicio del Sumo Pontificado, es restaurar todo en Cristo, a fin de que Cristo sea todo y esté en todo..."
       
    Pío X, intrépido y manso, va a dar a la Iglesia de Cristo uno de los pontificados más fecundos de toda la historia. Pío X es el papa de la Eucaristía, de la codificación del Derecho canónico, de la condenación del modernismo y restaurador de la música sacra. Cada una de estas empresas es suficiente para hacer glorioso a un pontificado.
        
    San Pío X abrió las puertas del sagrario a los niños. El jansenismo había propagado un concepto de Dios demasiado severo. Exigía una pureza extraordinaria para acercarse a comulgar. A los niños no se les permitía hacerlo hasta los doce años o más. Y una vez hecha la primera comunión, las restantes se distanciaban mucho.
        
    San Pío X se desveló para que los católicos (incluso los más pequeños) amaran a Jesús Sacramentado
     
    Pío X señaló los siete años como edad normativa para la primera comunión.
       
    Basta —decía— que los niños conozcan las verdades fundamentales de la fe y sepan distinguir este pan divino del otro pan.
       
    Una dama inglesa presentó su chiquitín a Pío X pidiéndole la bendición.
      
    -¿Cuántos años tiene?
    -Cuatro, Santidad, y espero que dentro de poco pueda él recibir la comunión.
    -¿A quién recibirás en la comunión?
    -A Jesucristo.
    -¿Y Jesucristo, quién es?
    -Es Dios -contestó el pequeño sin titubeos.
    -Tráigamelo mañana -dijo a la madre, y yo mismo le daré la comunión.
      
    Uno de los problemas más difíciles de su pontificado fue la condenación del modernismo. Este le costó la encíclica Pascendi, probablemente la más importante de San Pío X. En ella califica a estas doctrinas como "el punto de cita de todas las herejías". Era un ataque sutil a la Revelación y sentido sobrenatural del Catolicismo. Algo muy peligroso por salir del mismo seno de la Iglesia y minar los fundamentos de nuestra santa religión. Influenciados por las corrientes filosóficas en boga daban una interpretación enteramente natural y racionalista de las verdades religiosas, Hizo falta el instinto sobrenatural de un santo y toda la fortaleza del espíritu de Dios para desenmascarar y afrontar al modernismo.
       
    Fueron días de tormenta para la barca de Pedro. No era fácil ver claro entonces. Hoy, en cambio, todos vemos claro la certeza con que obró el Papa.
       
    Otra gran empresa de San Pío X fue la codificación del Derecho canónico. En una audiencia con monseñor Gasparri, uno de los canonistas más eminentes del momento, le dice el Papa:
      
    -Seguramente, es posible la codificación del Derecho canónico.
    -Sí, Santo Padre.
    -Pues bien, hágala usted.
      
    No pudo ver esta obra terminada. El día de Pentecostés de 1917 promulgaba Benedicto XV esta gran obra legislativa.
      
    Escogió el nombre de Pío porque así se habían llamado los papas que habían sufrido mucho. No se equivocó; tuvo que sufrir mucho. El mayor sufrimiento le vino de Francia, la hija mayor de la Iglesia.
       
    El 6 de diciembre de 1905 el Parlamento francés votó la ley de separación entre la Iglesia y el Estado. Era el laicismo para el pueblo francés y la pobreza para la Iglesia de Francia.
      
    El 11 de febrero de 1906 se dirigía el Papa a los cardenales, obispos, clero y pueblo de Francia:
       
    "Tenemos la esperanza, mil veces cumplida, de que jamás Jesucristo abandonará a su Iglesia, y jamás la privará de su apoyo indefectible. No podemos temblar por el futuro de la Iglesia. Su fuerza es divina... y contamos con experiencia de siglos".
      
    El catolicismo francés cuenta en nuestros días con un magnífico florecimiento. Sin duda que Pío X no tiene en ello la menor parte.
       
    Don José María Javierre tiene en su vida de Pío X un capítulo extraño y simpático. Se titula "Los defectos de Pío X". Acaso sea la única vida de santos que tiene ese capítulo, aunque lo deberían de tener todas. Así nos daríamos perfectamente cuenta de lo que les costó llegar a la santidad y nos animaríamos a imitarlos.
       
    Allí se nos cuenta que José Sarto era de un temperamento fuerte y que en un momento de intenso dolor de muelas dio un tortazo a su hermana Rosa.
       
    A cargo de su ironía se cuentan bastantes anécdotas. De no ser santo, hubiese sido mordaz e insoportable. Pero la santidad despejó totalmente este peligro.
      
    La gente empezó a equivocarse cariñosamente y a llamarle Papa Santo. El corregía inmediatamente:

    -No Papa Santo, sino Papa Sarto.
       
    Esa santidad suya se reflejaba en su rostro, en sus palabras, en su espíritu de oración y en su incansable sentido apostólico. Cuantos le trataron de cerca aseguraban que acababan de ver a un santo. En vida se le atribuían milagros.

    Su blanca figura de Papa era la encarnación de la mansedumbre y el sentido sobrenatural.
      
    La Iglesia ha reconocido oficialmente su santidad. El 29 de mayo de 1954 es elevado al honor de los altares por Su Santidad Pío XII.
       

    MARCOS MARTÍNEZ DE VADILLO
        
    ORACIÓN
    Oh Dios, que para defender la fe católica y restaurar todas las cosas en Cristo has llenado al Sumo Pontífice San Pío X de celeste sabiduría y apostólica fortaleza; concede propicio que, siguiendo sus enseñanzas y ejemplos, consigamos los premios eternos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

    miércoles, 3 de agosto de 2011

    SAN PEDRO JULIÁN EYMARD, APÓSTOL DE JESÚS SACRAMENTADO

    "Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor". (San Juan 15, 10)
     
    San Pedro Julián Eymard
      
    San Pedro Julián nació cerca de Grenoble, en Francia, el año 1811. Recorrió varios caminos hasta encontrar su vocación definitiva, pero siempre, en todas las etapas de su vida, se empleó a fondo, sin desviaciones.
      
    Quizá la fortaleza de su carácter la recibió de la formación cristiana y austera que le dio su madre. Desde muy niño acompañaba a su madre, a la iglesia, muy de mañana, para asistir a la Misa y comulgar.
      
    Eymard realizó también, hasta los 18 años, un duro trabajo con su padre en una prensa de aceite. Pero no olvidaba la piedad. Las horas libres las pasaba en el templo. Y de este modo surgió en él la vocación religiosa.
      
    Su padre se oponía rotundamente. Pero Pedro Julián no cejaba en su empeño. Estudiaba latín a escondidas, en los ratos libres, y de este modo se preparaba lo mejor posible para cuando llegara el momento oportuno.
     
    Por fin intervino el sacerdote Guibert, futuro cardenal y arzobispo de París, y su padre cedió. Julián entró en el noviciado de los Oblatos de Marsella. Pero la dura disciplina le debilitó y hubo de dejarlo.
       
    Estuvo después en el seminario de Grenoble, donde fue ordenado sacerdote. Trabajó cinco años en varias parroquias, y luego ingresó en los Padres Maristas de Marsella, donde desempeñó diversas tareas.
      
    Insignia de los Padres Maristas, congregación en la que San Pedro Julián Eymard colaboró durante algunos años
       
    Desde que, de niño, acompañaba a su madre a la iglesia, se distinguió por su ardiente amor al Santísimo Sacramento. Sentía hacia él una atracción irresistible, un vivo deseo de contrarrestar las tristes secuelas que había dejado el jansenismo, siempre prontas a rebrotar.
      
    El jansenismo, con su rigorismo exagerado en la piedad, alejaba a muchas almas de los Sacramentos (en especial el de la Eucaristía) so pretexto de una "mejor preparación" para recibirlos
      
    De aquí nació el deseo de fundar una congregación dedicada exclusivamente al culto eucarístico. Dejó la Congregación de los Maristas y fundó la Congregación del Santísimo Sacramento. Sus miembros, llamados vulgarmente Sacramentinos, se dedican a adorar al Señor en la Eucaristía, día y noche, como carisma principal de su apostolado.
       
    Fundó además la Congregación de Religiosas Siervas del Santísimo Sacramento. También organizó la archicofradía del Santísimo Sacramento, que se estableció en muchas parroquias. Promovió por todo el mundo, y con todos los medios a su alcance, el culto a la Eucaristía. Este era su mensaje: "Sólo en la vuelta a Cristo Sacramentado está la salvación".
       
    En una de sus correrías apostólicas conoció Eymard a la señorita Tamisier. Ingresó Tamisier en la Congregación de las Siervas del Santísimo Sacramento. Luego recorrió diversos países, como viajera del Santísimo Sacramento y como organizadora de los Congresos Eucarísticos, que se siguen celebrando con notable provecho. El primero fue en Lille en 1881.
      
    Tenía también San Pedro Julián una tierna devoción a la Virgen María. En una ocasión terminaba así su predicación: "Honremos a María con el título de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento". Y desde entonces María es invocada con este título, que sus Hijos propagan por doquier.
      
    San Pedro Julián Eymard honraba a la Santísima Virgen con el título de "Nuestra Señora del Santísimo Sacramento", y a Ella consagró la orden religiosa que había fundado.
      
    San Pedro Julián murió el 1 de agosto de 1868. Muy pronto se extendió su devoción. El Papa Juan XXIII lo canonizó el año 1962.
      
    ORACIÓN
    Te rogamos, Señor, que nos proteja la intercesión y nos informe la piedad de San Pedro Julián, que fue eximio amante del sagrado Misterio del Altar. Por J. C. N. S. Amén.

    lunes, 1 de agosto de 2011

    REFLEXIÓN EUCARÍSTICA DEL PATER NOSTER, POR SAN PEDRO JULIÁN EYMARD (En latín y castellano)

    Reflexión que devela la devoción eucarísitca de San Pedro Julián Eymard. La traducción al castellano está al final. (De las Obras Eucarísticas de San Pedro Julián Eymard).
      
    LATÍN
    “Amen, amen, dico vobis... quodcúmque petiéritis Patrem in nómine meo, hoc fáciam, ut glorificétur Pater in Fílio”. (Joánnes XIV, 13)
      
    I. – Pater noster, qui es in Cœlis, cœlis Eucharísticis, tibi sedénti in throno amóris et grátiæ, benedíctio honor et glória et potéstas in sǽcula sæculórum! 
      
    II. – Sanctificétur nomen tuum, in nobis humilitátis, obœdiéntiæ et charitátis tuæ spíritu et te in Eucharistía cognósci, adorári et amári ab ómnibus faciámus húmiles et devóti.
      
    III. – Advéniat regnum tuum, eucharísticum. Regna solus in ætérnum super nos amóris tui império, virtútem tuárum, triúmpho, grátiæ vocatiónis Eucharísticæ dono (ad majórem tuam glórian).
      
    Dona nobis gratiám et missiónem sanctæ tuæ dilectiónis, ut regnum tuum eucharísticum prædicáre, extendére, diffúndere, úbique valeámus poténtes, et sic desidérium tuum ímplere quando dicébas: “Ignem veni míttere in terram, et quid volo nisi ut accedántur?”. Útinam et nos hujus ignis cœléstis simus incendiárii!
      
    IV. – Fiat volúntas tua sicut in Cœlo, et in terra. Te unum velle, te unum desideráre, te unum cogitáre gaudeámus; semper et in ómnibus abnegántes nos ut obœdiéntia tua bona, beneplácens et perfécta, in nobis sit lux et vita.

    Et, quoad societátis nostræ statum et progréssum, volo quod vis; volo quia vis; volo quómodo vis; volo quámdiu vis; péreant cogitatiónes nostræ et desidéria, si ex te, ad te, in te pure non sunt!
       
    V. – Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie. Dómine Jesu, qui manna in desérto, quotídie pópulis præbuísti, qui Levítis pars et hæréditas sola et tota esse voluísti, qui Apóstolis paupertátem tuam divínam legásti, te solum provisórem et procuratóren in ómnibus vólumus et elígimus; tu solus cibus et vestis, thesáurus et glória, medicína in malo et protéctio ab hóstibus. Nihil a favóre humáno, nihil ab amicítia mundi accípere nec étiam desideráre promittímus; tu eris nobis ómnia, et hómines, et ab homínibus, nihil, nisi crux et oblívio!
      
    VI. – Et dimítte nobis débita nostra. Parce, Domine Jesu, peccátis juventútis mea; parce peccátis in vocatióne tam sancta peráctis, ut, corde puro et consciéntia bona digne ad sacrum altáre tuum accédere áudeam, sáncteque tibi servíre, te laudáre cum Ángelis et Sanctis mérear. Dimítte delícta in nos commíssa; ne vindíctam sumas de oppugnántibus, calumniántibus et persequéntibus nos; da eis bonum pro malo, grátiam pro delícto, amórem pro ódio.
       
    VII. – Sicut et nos dimittímus debitóribus nostris; toto corde, in charitáte vera; tota mente, in simplicitáte infántium; tota voluntáte illis ómnia bona tua, sicut et nobis desiderántes et procurántes in amóre tuo.
      
    VIII. – Et ne nos indúcas in tentatiónem. Longe fac a família tua eucharística vocatiónes subdolósas, falsas, impúras: nullus supérbus et ambitiósus, durus et iracúndus, hanc húmilem et páuperem famíliam únquam regat.
      
    Ne tradas béstiis inmúndis et pervérsis ánimas confiténtes tibi.
      
    Redde tuam societátem a scándalo inmúnem, a vítio vírginem, a servitúte mundána líberam, a sǽculo aliénam, ut tibi in sanctitáte et libertáte, in pace et quiéte servíre gáudeat.
     
    IX. – Sed líbera nos a malo. Líbera nos a dǽmone supérbo, impúro et discordiárum seminatóre. Líbera nos ab hujus vitæ sollicitudínibus et cúria, ut, puro, cum corde et líbera mente, toto servítio eucharístico devóti nos et nostra gaudénter impendámus. 
      
    Líbera nos a falsis frátribus, ne infantílem societátem tuam opprímant; a sapiéntibus hujus sǽculi, ne spíritum tuum in nobis vítient; a viris doctis et supérbis, ne in nos iracúndiam tuam et derelictiónem provócent; a viris affeminátis, ne virtútis ardórem et sanctæ disciplína vigórem emólliant; a viro dúplici ánimo et inconstánti, ne simplicitátem nostram pertúrbet.
      
    X. – Amen. In te, Dómine Jesu, sperávi; non confúndar in aetérnum. Tu solus bonus, tu solus potens, tu solus aetérnus. Tibi soli honor et glória, amor et gratiárum áctio in sæculórum sǽcula.

    TRADUCCIÓN
    “En verdad, en verdad os digo... cuanto pidierais al Padre en mi nombre, yo lo haré a fin de que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14, 13)
      
    I. Padre nuestro que estás en los cielos, en los cielos de la Eucaristía, a ti, que estás sentado sobre ese trono de gracia y de amor, bendición, honor, gloria y poder por los siglos de los siglos.
      
    II. Santificado sea tu nombre... en nosotros por el espíritu de tu humildad, obediencia y caridad, y hagamos humildes y devotos que tú seas conocido, adorado y amado por todos en la Eucaristía.
      
    III. Venga a nosotros tu reino... eucarístico. Reina tú solo para siempre sobre nosotros con el imperio de tu amor, por el triunfo de tus virtudes, por la gracia de la vocación eucarística, para tu mayor gloria.
      
    Concédenos la gracia y la misión de tu santo amor, para que podamos predicar, extender y difundir por todas partes con la mayor eficacia tu reino eucarístico, y cumplir así tu vehemente deseo manifestado cuando decías: Ignem veni míttere in terram, et quid volo nisi ut accendátur? (Lc 12, 49). Fuego he venido a traer a la tierra y ¿qué he de querer sino que arda? ¡Ojalá seamos nosotros los incendiarios de este fuego celestial!
       
    IV. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Quererte a ti solo, desearte sólo a ti, pensar solamente en ti sea siempre nuestra mayor alegría y regocijo, de tal manera que, abnegándonos en todo y siempre, el cumplimiento de tu voluntad buena, complaciente y perfecta sea nuestra luz y nuestra vida. Por lo que hace al estado y desarrollo de nuestra Sociedad quiero lo que tú quieras, porque tú lo quieres, del modo que lo quieras, todo el tiempo que quieras; perezcan nuestros pensamientos y deseos, si no proceden puramente de ti, no terminan en ti y en ti no descansan. 
      
    V. El pan nuestro de cada día dánosle hoy. Señor mío Jesucristo que alimentaste diariamente a tu pueblo con el maná del desierto; que quisiste ser la única herencia de los levitas; que legaste a los apóstoles tu divina pobreza, a ti sólo queremos y elegimos por nuestro único procurador y mayordomo. Tú sólo serás nuestra comida, nuestro vestido, nuestra riqueza, nuestra gloria, el remedio de nuestros males y la defensa de nuestros enemigos. Te prometemos no recibir ni desear nada del favor de los hombres ni de la amistad del mundo. Tú serás para nosotros todas las cosas; los hombres, nada, y nada queremos de ellos, como no sean la cruz y el olvido.
      
    VI. Perdónanos nuestras deudas. Perdona, Jesús, los pecados de mi juventud, los cometidos en mi vocación tan santa, para que con buena conciencia y puro corazón pueda con dignidad acercarme a tu santo altar, servirte santamente y merecer alabarte con los ángeles y santos. Perdona los pecados cometidos contra nosotros; no castigues a los que nos combaten, calumnian y persiguen, sino devuélveles bien por mal, beneficios por las ofensas, amor por el odio.
      
    VII. Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Sí, de todo corazón, con caridad verdadera, con toda el alma y con sencillez de niños, se lo perdonamos todo, deseándoles y procurándoles, con entera voluntad y por tu amor, todos tus dones, del mismo modo que los quisiéramos para nosotros.
     
    VIII. Y no nos dejes caer en la tentación. Aleja de tu familia eucarística las vocaciones falsas, engañosas, impuras; no permitas que esta pobre y humilde familia caiga jamás en manos de un orgulloso, de un ambicioso ni de ningún hombre duro e iracundo.
      
    No entregues a bestias inmundas y perversas las almas que te confiesan y esperan en Ti.
      
    Preserva a tu familia eucarística de todo escándalo, consérvala virgen de todo vicio, libre de toda servidumbre mundana, extraña al siglo, a fin de que pueda cifrar toda su alegría en servirte santa y libremente, con paz y tranquilidad.
      
    IX. Mas líbranos del mal. Líbranos del demonio impuro, orgulloso y sembrador de discordias. Líbranos de las preocupaciones y cuidados de esta vida, a fin de que, con corazón puro y espíritu desasido de todo, nos consagremos gozosos con todas nuestras cosas a tu servicio eucarístico. 
      
    Líbranos de los falsos hermanos no sea que opriman esta pequeña Sociedad, todavía en mantillas; de los sabios del mundo, para que no corrompan en nosotros la sencillez de tu espíritu; de los sabios orgullosos, no sea que provoquen tu cólera y nos abandones; líbranos de los hombres afeminados, no sea que menoscaben el vigor de la santa disciplina y el ardor de la virtud, y, finalmente, de los hombres inconstantes y falsos, no sea que turben nuestra sencillez.
      
    X. Amén. Espero en ti, ¡oh Jesús y Señor mío! Nunca jamás seré confundido. Tú sólo eres bueno, poderoso, eterno. A Ti solo, honor y gloria, amor y acción de gracias por los siglos de los siglos.