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miércoles, 30 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA TRIGÉSIMO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA TRIGÉSIMO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, Pastor vigilantísimo de las almas, que conoce sus ovejas, y da por ellas la vida; y ahora viene a verlas y visitarlas una por una, como el Pastor visita a su rebaño (Joann. 10).

II. ¿A quién viene? A su ovejuela ignorante y necia, que anda errando por el desierto de este mundo, expuesta a los acometimientos de las fieras y ladrones.

III. ¿A qué viene? A buscarla, y una vez hallada, plantarla gozoso sobre sus hombros, y decir, convocando a los Ángeles y Santos: dadme el parabién, pues encontré la oveja mía, que había perecido (Luc. 15).
   
Aspiración: Erré como la oveja que pereció: busca, Señor, a tu siervo; porque al fin no olvidé del todo tus mandamientos (Ps. 118). Tu Ley santa y sin mancilla, que convierte a las almas (4), convirtió a la mía; y en cumplimiento de tu palabra vienes a visitarme como a oveja tuya, sacándome de aquellos lugares de perdición, por donde me dispersaron las nubes de mi ignorancia, y las tinieblas del error (5). ¿Qué hubiera sido de mí, si con tanta misericordia no me redujerais Vos? ¿Qué trabajos no me aguardaban tan sin consuelo? ¿Qué daños sin remedio? ¿Qué penas sin alivio? ¿Qué tormentos sin fin? Cual oveja colocada en el infierno, siendo pasto de la muerte (6) fuera ya mi alma, si del profundo abismo de mis terrenas pasiones no me hubieras sacado a la clara luz de vuestras piedades. ¿Podía yo gustar, Bien mío, sin mucho daño lo que gustado causa muerte (7)? No debí gustar lo que ni aun me era lícito tocar, y con todo, a pesar de vuestra Ley y de los clamores de mi conciencia, toqué, gusté, y como en el más sabroso pasto me deleité en todo cuanto vuestra ley prohibió. ¡Oh dejos amargos de la culpa, cuánto afligís mi alma! Pero Vos, Señor, que aguardáis al pecador para usar de misericordia con él, y que sois exaltado cuando perdonáis (8), ¿os olvidareis de mí para siempre, o me desamparareis por una eternidad de días? (9). No, no cabe en tu misericordia: erré como miserable, pero al fin soy pueblo tuyo y oveja de tu rebaño (10). Conviérteme pues a Ti, y me convertiré (Trenos 5, ). Tu misericordia no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Considera, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón como Pastor amantísimo, que con sus carnes te sustenta, y con su Sangre te da de beber; y a ti como a oveja de su rebaño, que por un puro efecto de su bondad escuchas su Voz, y te vas en pos de Él (12).

II. Desea por causa del mucho amor arder suavemente en vivo holocausto; de manera que desees hacer espiritualmente de ti mismo, lo que sucedía con las víctimas antiguas: era en aquel tiempo la víctima separada del rebaño, atada, muerta; luego la quitaban la piel, era lavada, dividida en trozos, y abrasada sobre el altar.

ΙΙΙ. Pide al Señor la virtud de la Religión, para dar a Dios, cuyo eres, culto, honor, reverencia exterior; y puedas al mismo tiempo ofrecerte a Él con sinceridad.

Aspiración: El Señor me rige; con que nada me podrá faltar: me puso en el lugar de sus pastos: me instruyó sobre las aguas de su refeccion; y por último beneficio convirtió mi alma (13). Pastor amorosísimo, ¿cuándo acabaré de agradecer tantos beneficios? ¿Quién jamas ha visto que un Pastor dé á comer su propio cuerpo, y á beber su propia sangre á sus ovejas? ¡Ah! dulce amor mio, solo tú pudiste obrar tal fineza. Primero me pierda, Jesus mio, que os pierda; primero muera, que os deje; antes acabe, que os olvide: no os conocia, cuando no os seguia; ahora que os conozco, os amo; ahora que os miro, os admiro; ahora que os sigo, os adoro. ¡O Pastor eterno, á qué diferentes pastos, á qué diferente vida, á qué diferente empleo me habeis reducido! ¿Quién podrá explicar la suavidad de adoraros, el gusto de conoceros, el bien de imitaros? No se cuenten entre los dias del año los dias en que os ofendí, las horas en que os dejé, los instantes en que os perdí¡ O dias mal logrados! Mis lágrimas os lloren, mis suspiros os revoquen, mis aflicciones os borren. Broten mis ojos torrentes de llanto noche y dia; no admitan descanso, ni cesen las pupilas de los ojos. (14) ¡Yo perdí á vos, y vos en persona habeis venido á buscarme á mí! Angeles del Cielo, criaturas todas, bendecid esta piedad, alabad esta bondad, mientras que mi espíritu queda sepultado en la profunda contemplación.

martes, 29 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA VIGESIMONOVENO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA VIGESIMONOVENO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, todo Bien, que Dios nos mostró, y para cuya posesión convida a todos diciendo: oíd oyéndome; comed el Bien, y se deleitará sustanciosamente vuestra alma (Éxod. 33, 19 - Isa. 55, 2).

ΙΙ. ¿A quién viene? A su miserable criatura, cercada de tantos males, que no tienen número; que es tan necia, que tiene al mal por bien y al bien por mal (Ps. 17, 13 - Isa 5, 20).

III. ¿A qué viene? A mostrarla lo que es bueno con verdad, y hacerla entender qué es lo que el Señor quiere de ella, para llenar de bienes su deseo, y constituirla señora de todos sus tesoros (Mich. 6, 8 - Ps. 102, 7 - Matth. 24, 27).
   
Aspiración: ¿Qué tengo yo en el Cielo, que aguardo, sino a Ti? ¿Y fuera de Ti, qué quise yo sobre la tierra, que me pudiera saciar? Desfalleció mi carne y mi corazón: por tanto quiero que Tú seas el Dios de mi corazón; y deseo que mi parte solo sea Dios eternamente (Ps. 72, v. 25 y 26). Buena cosa es para mí juntarme a mi Dios mediante este Sacramento, y poner en el Señor Dios mi esperanza, para anunciar después de mi muerte todas sus grandezas en las puertas de la hija de Sion, que es la Gloria (Ibid., 28). Estar sin Vos en esta vida es grave infierno; estar con Vos es dulce paraíso. El Cielo sin Vos no fuera Cielo, y con Vos el infierno dejaría de serlo. Tu vista causa la bienaventuranza; tu ausencia la pena eterna. Sin Ti soy pobre, contigo seré rico; no hay pobreza para los que Te aman; y de ningún bien carecerán los que Te buscan (Ps. 33, 11). ¿Por qué, alma mía, no buscarás ya de una vez al que solo te puede bastar? Tarde que temprano has de dejar con la muerte estas cosas; ¿pues qué tristeza será la tuya cuando, por haberlas amado con demasía, te veas privada de las eternas? No, Bien mío, no retires tu auxilio de mí (Ps. 21, 20): no apetezco más que a Ti; mi cuerpo está lleno de pereza, mi corazón caído y desmayado para obrar con fervor lo bueno; alarga pues tus manos piadosas, y toca las mías, para obrar lo que Tú gustas con fortaleza. Ven a mi corazón, y hazte para siempre dueño suyo. Enséñame a obrar ahora que tengo luz, porque no venga de improviso sobre mí la noche, en que ya ninguno puede trabajar (Joann. 9, 4). Tu misericordia, Señor, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Considera, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón como un tesoro de infinita bondad; y a ti como a un abismo de miserias, recibiendo de su plenitud toda optima dádiva y todo don perfecto (Joann. 1, 16 - Jacob. 1, 17).
 
II. Desea estrecharlo a ti con vínculo apretado de amor; para que siempre poseas a Dios en el entendimiento y voluntad; y no haya cosa alguna que te pueda separar de la caridad de Cristo (Rom. 8, 39).

III. Pide te conceda continuo ejercicio de su Divina presencia, para que caminando siempre a Su vista seas perfecto: y también para que así como sus delicias son estar con los hijos de los hombres, sean igualmente las tuyas estar con el Hijo de Dios (Gén. 17, 1 - Prov. 8, 31).

Aspiración: Teniéndolo todo sola mente en Ti, lumbre de mis ojos, consuelo de mi vida, no Te debo apartar de mí (Tobías 10, v. 4 y 5). Tú eres el que dices: ábreme tu boca, que yo te la henchiré (Ps. 80, 11). Sí, Bien mío, solo Tú puedes satisfacer los deseos de mi alma, porque la creaste a tu imagen y semejanza. Tú eres mi elemento, y si estoy fuera de Ti, estoy sin mí. Contigo todo es paz y holganza, bien, quietud y reposo; sin Ti todo es inquietud, desasosiego, turbación, tristeza y sinsabor. Estréchame pues, con el vínculo apretado de tu ardentísima caridad, para que en ningún instante me separe de Ti; y para que donde está mi tesoro, allí esté mi corazón (Luc. 12, 34). Mira, Dilecto mío, que la boca de mi espíritu está abierta; llénala del suavísimo pasto de tu amor. A Ti vuela mi alma con celeridad, recíbela entre tus dulces abrazos; y y pues aquel que se une a Vos, un espíritu se hace (1. Cor. 6, 17); habiendo por este Sacramento quedado en Vos, y Vos en mí, haced que mi alma se conglutine íntimamente con la vuestra; de suerte que pueda con verdad decir: Vivo, mas ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (Gál. 2, 20). Concede esta gracia, lumbre de mis ojos, y dirige mis pasos: no me niegues este favor, consuelo de mi vida; y haz que en ningún instante olvide tu Presencia. Gracias te doy infinitas por tan infinitos beneficios como me haces.

lunes, 28 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA VIGESIMOCTAVO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA VIGESIMOCTAVO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, Redentor, que nos redimió de nuestra vana conversación, no con el oro o con la plata, corruptibles, sino con su preciosa Sangre, que es del Cordero inmaculado y sin mancilla (1. Petr. 1, v. 18 y 19).

II. ¿A quién viene? A la hija de Sion cautiva, que está sentada y llorando sobre los ríos de Babilonia; que si fue vendida de balde, es sin plata rescatada (Ps. 136, 1 - Isa. 52, 3).

III. ¿A qué viene? A perdonarla todas sus maldades, y curar todas sus dolencias; redimir su vida de la muerte, y coronarla en misericordias y en piedades (Ps. 102, v. 3 y 4).
   
Aspiración: Por Sion no callaré, y por Jerusalén no descansaré, hasta que salga como luz su Justo, y su Salvador como lámpara encendida (Isa. 62, 1). Así amasteis, ¡oh Padre Eterno!, al mundo, que le disteis a vuestro Hijo, para que todo aquel que en Él creyere no perezca, sino que logre vida eterna (Joann. 3, 16). Como impaciente estuvisteis mientras que no nos lo dabais; porque aquella caridad perpetua con que ab ætérno nos teníais (Jer. 31, 3) destinados para hijos adoptivos vuestros traía como desasosegado vuestro amoroso Corazón. Mas luego que vino la plenitud del tiempo, no permitiste se dilatara más nuestro llanto sobre los ríos de esta Babilonia de la culpa, sino que compasivo nos enviasteis a vuestro Hijo, hecho de mujer y sujeto a la ley, para redimir a los que estábamos bajo de la ley, y pudiéramos de este modo recibir la adopción de hijos (Gál. 4, v. 4 y 5). Desde este instante tan suspirado de los siglos, Tú, ¡oh Cristo muy amado!, ya te hiciste hermano nuestro, nuestra propiciación y Redención. Creemos que Tú eres el Verbo del Padre, consustancial al Padre; que el Padre está en Ti, y Tú en Él; que lo que pidiéremos al Padre en tu Nombre, esto harás, para que el Padre sea glorificado en Ti, su Hijo (Joann. 14, v. 11 y 13). Asegurado, y firmísimamente radicado mi espíritu en esta fe, que solo Tú me pudiste dar, paso muy confiado (no obstante el conocimiento de mi indignidad) a pedir en su Nombre venga a mí por medio de ese Sacramento vuestro propio dilecto Hijo; y a Vos, ¡oh Verbo lleno de gracia y verdad! (Joann. 1, 14), igualmente os pido lo hagáis así; y quitéis con vuestro poder de antemano cuantos embarazos halléis en mi corazón, para recibiros con la pureza que es digna de Vos. Vuestra misericordia, Padre mío, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Considera, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón, que con el resguardo de su cruz superó y quitó, cual verdadero Redentor, el yugo de tu carga, la vara de tu hombro, y el cetro del que te exigía tributo; y a ti como a cautivo, sacado por su gracia a la libertad de los hijos de Dios (Isa. 9, 8 - Rom. 8, 31).

II. Desea por causa del grande amor que te abrasa obrar con fervor y fortaleza; de manera que por los encendidos movimientos y vehementes impulsos, que alcances de aquel Dios, que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, te atrevas a pedir cosas grandes, y emprender por su amor las más arduas y difíciles (Rom. 8, 32).

ΙΙΙ. Pide al Señor la virtud de la Caridad fraternal, para que así como Él perdió su vida por ti, tú la pierdas también, si fuere necesario, por salvar a tus hermanos, que son todos tus prójimos (1. Joann. 3, 16).

Aspiración: He aquí al Dios Salvador mío, confiadamente obraré con Él, y nada temeré; porque es mi fortaleza, mi alabanza, y el Señor se ha hecho mi salud (Isa. 12, 2). No permitáis, eterno Bien mío, que vuelva a enfermar por la culpa, puesto que alcancé tu salud por la gracia. En mí estáis, ¡oh fortaleza de cielos y de tierra!, ayudadme para que no muera eternamente, viviendo según la carne, sino que viva para siempre mortificando mis pasiones con el cuchillo del espíritu (Rom. 8, 13). Mis ojos no admitirán descanso, ni sus párpados reposo, hasta descubrir en mi corazón digno tabernáculo para Vos (Ps. 131, v. 4 y 5). Pelearé contra los vicios, y contra las concupiscencias que militan en mis miembros: perseguiré a los enemigos tuyos y de mi alma, los destruiré, y no desistiré hasta verlos postrados a mis pies (Ps. 17, 38). Para conseguir esta perfecta victoria, bien conozco, Salvador mío, la suma necesidad de renunciar cuanto hay en mí, y entregarme enteramente a Vos. Así lo quiero hacer. Te sacrifico toda mi voluntad; absolutamente me resigno en la vuestra. ¡Ojalá, separada mi alma de todos los cuidados y deseos del siglo, olvidados los engaños, simulaciones, envidias y detracciones, que militan contra la paz de mi alma, viva solo para Ti, a Ti solo sirva, en Ti solo descanse: y por Ti solo crezca la salud de mi alma (1. Petr. 2, 2). Pero todo lo puedo en aquel que me conforta. Gracias os doy por este espíritu que me comunicáis de serviros con fervor, desconfiando de mí y confiando en solo Vos.

domingo, 27 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA VIGESIMOSÉPTIMO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA VIGESIMOSÉPTIMO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, Cazador de corazones, cuyas saetas nunca volvieron atrás: sus saetas son saetas agudas, despedidas de su poderoso brazo, junto con unos incendios que despiden, para abrasar todo cuanto encuentran (Ps. 119, 4).

II. ¿A quién viene? A tu alma, que es como una de las cabras que habitan los montes, errante entre los espinosos cardos de este mundo, y siempre huyendo de las heridas de salud (2. Reg. 2, 18).

III. ¿A qué viene? A que una vez que sea herida de la saeta de su amor, se rinda finalmente a su Cazador; y llagada, llague; y herida, hiera a otras almas silvestres.
   
Aspiración: Pondrá el Señor mis pies como los de los ciervos; y vencedor, me llevará sobre mí mismo, cantando Salmos de alegría (Hab. 3, 19). ¿Cuándo llegará, Dios mío, este suspirado instante? ¡Ah!, ¡que no sepa amaros yo sino a costa de infinitos trabajos y sudores vuestros! Aun cuando yo me hubiera perdido, y dado en poder de los lobos carniceros, que se ocultan entre los montes de la soberbia y vanidad de este siglo para llevarme al infierno, ¿qué hubierais Vos perdido? Tan rico fuerais como antes. ¿Pues cómo os pagaré yo esta misericordia con que ahora mismo me buscáis? Corazón mío, ¿por qué no te dejas herir de un amor que te dispara tantas flechas cuantas son sus obras maravillosas? Si baja del Cielo, por subirte a ti es: si toma carne, por cargar con tus miserias es: si se humilla hasta la misma muerte de cruz, y permite sea partido su pecho con la lanza, es por asegurar tu vida muriendo, y descubrirte, aun después de difunto, las entrañas de su piedad, que se abrasan en purísimo amor de ti. ¡Oh Dios de mi alma, por todas partes me cerca tu amor, y no sé todavía qué es amar! Mi corazón sin duda me ha dejado (Ps. 39, 13), o se ha convertido en diamante, pues tanto se resiste a tus repetidos golpes. Sin embargo, sois tan bueno, que por vuestra misma boca decís: Si mis hijos dejaren mi ley, no anduvieren en mis juicios, profanaren mis justicias, y no observaren mis preceptos, los visitaré castigando con vara sus iniquidades, y con azotes sus pecados; pero nunca retiraré mi misericordia de su alma (Ps. 88, v. 31, 32, 33, у 34). Usad de esta, Padre mío, y mas que me castiguéis en la presente vida como queráis. Las penas me harán cuerdo; vuestra bondad me cautivará el corazón, y herido de vuestro amor, vestirá la ligereza del ciervo para volar a Vos, mi bien, mi centro, mi tesoro y mi descanso. Tu misericordia, Señor, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Contempla, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón como Arquero, que tiende su arco, y que te pone como señal para dispararte la saeta: considéralo como clavando en tus rehenes las hijas de su aljaba, que son las saetas de su caridad (Trenos 3, v. 12 y 13).
   
II. Desea correr velozmente por amor, no huyendo como hasta aquí, sino siguiendo los pasos de tu Divino Cazador; por si acaso puedes llegar al término, para cuya posesión fuiste cautivada y presa por Cristo Jesús (Philip. 3, 12).
   
ΙΙΙ. Pide al Señor te conceda ardentísimo celo de las almas, para que seas fuerte y robusto cazador en presencia del Señor, y le puedas ofrecer alguna cosa de tu caza, con lo cual merezcas que su alma te bendiga (Gén. 10, 9 y 27, 19).

Aspiración: Tus saetas fueron clavadas en mi corazón, y pusiste tu mano sobre mí (Ps. 37, 3). ¡Oh Jacob divino, que así me regalas y engrandeces con el rico mayorazgo de tu Cuerpo y Sangre! Al fin heriste mi corazón, y sin entender el cómo, me siento llevar en seguimiento del mismo que me hirió. Herida tenéis ya, Cazador divino, aquella alma, que algún tiempo huyó de Vos; rendida y postrada la tenéis a vuestros pies. No quiero sanar de las heridas de vuestro amor, antes os ruego las repitáis, porque en esta enfermedad aseguro mi salud. ¡Dichosa mi alma, si las puntas de tus flechas no se arrancan de ella! Sienta sobre mí tu mano, y clávalas bien en las íntimas medulas de mis entrañas, para que sus carbones encendidos abrasen las superfluidades de la tierra. Presa tuya soy, pues que Tú me cazaste. No quiero ser mía; tuya, tuya es mi alma. Haz que frecuentemente coma tu carne con ardiente caridad, para que se consuman del todo las reliquias del viejo Adán. Fuego eres que todo lo consume (Hebr. 4, 14); acaba pues en mí cuanto te pueda desagradar. Envía sin cesar tu santo fuego sobre todos mis huesos, y hazme erudito en tu amor (Trenos 1, 13), para instruir a las almas con quienes trate en la importante ciencia de saberte amar. De tu puro amor quiero vivir; tu puro amor quiero respirar: haz que tu amor no me deje descansar, y que de sumo amor llegue a morir. Gracias, amor mío, gracias infinitas Te doy por tan singular amor como me tenéis.

sábado, 26 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA VIGESIMOSEXTO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA VIGESIMOSEXTO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, fuente de vida, fuente que está abierta a la casa de Jacob, y a los que habitan en Jerusalén para ablución de sus pecados, y para que el que tenga sed venga, y de balde, sin interés, reciba el que quiera el agua de la vida eterna (Ps. 35, 10 - Zach. 13, 1 - Арос. 22, 27).

II. ¿A quién viene? A uno de aquellos necios, que dejaron esta fuente de agua viva, y se fabricaron cisternas, pero cisternas rotas que no pueden encerrar aguas (Jer. 2, 14).

ΙΙΙ. ¿A qué viene? A que bebiendo de esta agua no vuelva a tener sed por una eternidad; y logre, bebiéndola, el que se haga en él una fuente, que resalte hasta la vida eterna (Joann. 4, v. 13 y 14).
   
Aspiración: Tuvo sed mi alma de Dios fuente viva: ¡cuándo vendré y apareceré ante la presencia de Dios (Ps. 41, 2)! ¡Oh, cuánto deseo entrar con alegría en tu presencia (Ps. 99, 2)! Las lágrimas son mi pan de noche y de día; porque no puede menos de contristarse mi alma, cuando preguntan: ¿en dónde está tu Dios? (Ps. 99, 4) Pero ya escucho la voz de mi Señor, que desde ese Sacramento me habla, y dice: ¿Por qué te angustias? ¿no te tengo dicho, que si creyeres verás la gloria de Dios? (Joann. 11, 4). Su visión aun está distante; en el fin de tu vida aparecerá, y si tardare, aguárdalo, que viniendo vendrá, y no tardará. El que es incrédulo, no tendrá alma recta, mas el justo vive en su fe (Hab. 2, v. 3 y 4). Pues, Dios mío, en esta fe quiero vivir y moría, para veros después por una eternidad: entre tanto os recibiré sacramentado; y si me preguntare alguno: ¿en dónde está tu Dios?, le responderé: en el Sacramento del Altar. ¿Y de dónde lo sabes? De boca del mismo Dios, que dijo: Guardad todos mis mandamientos, que yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos (Matth. 28, 20). Confieso que no los he guardado como era justo; pero confío que después de haber confesado todos mis pecados, quedará limpia mi alma, si me permites llegar a las aguas de esa sagrada fuente de la Eucaristía, en cuyo abismo de misericordias se anegará mi espíritu, y para siempre se unirá a Ti, Dios de mi salud. Tu misericordia, Padre mío, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Contempla, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón como a fuente de agua viva, que se derrama sobre tu alma sedienta, y vierte su espíritu sobre las semillas secas de tu corazón, para que den frutos de virtud: y a ti como a otra Samaritana, pidiéndole de beber: Señor, dame de esa agua para no tener mas sed (Isa. 44, 3 - Joann. 4, 15).

II. Desea de puro amor desear con impaciencia; de suerte que por el sumo deseo de alcanzar la virtud y los bienes de la gloria, te consumas de sed, sin hallar deleite en cosa alguna de este mundo.

ΙΙΙ. Pide al Señor te conceda la virtud de la Humildad, porque derrama sus nubes especialmente en los valles: por medio de los montes, dice, pasarán las aguas; esto es, dará su gracia como lluvia a los humildes, dejará secos a los soberbios, a los cuales resistirá con fortaleza (Ps. 103, 10 - 1. Petr. 5, 5).

Aspiración: Bebamos con alegría las aguas de las fuentes del Salvador (Isa. 12, 3); puesto que con tanta abundancia las da en este Sacramento a cuantos las desean. Tú eres, Bien mío, la verdadera fuente del Paraíso, que sube para regar la tierra seca del corazón (Gén. 2, 6); desátense pues las fuentes de ese abismo gran de de tus piedades, y regad las buenas semillas de virtud que sembrasteis en el mío. Fijad en mi alma vuestro temor, para que nunca falte la fuente de vida (Prov. 14, 17). Mis ojos serán una perenne fuente de lágrimas, porque a Ti, que eres agua de vida, te dejé por beber en los sucios charcos de los deleites, en las inmundas cisternas de los apetitos. ¡Oh, si los años que he consumido en procurar matar mi sed con el desahogo de mis pasiones los hubiera ocupado en buscarte a Ti! No me abrasará el día de hoy la calentura ardiente que aun contemplo radicada en las medulas de mi corazón. Apenas hay placer que no me haya procurado, y con todo tan sediento estoy como al principio. Ahora pues que estáis en mí, esparcid, Señor, vuestras aguas por todo mi interior; no quede seno de esta tierra seca sin regar. Consume con tu lluvia el incendio de amor impuro que abrasa mi corazón, y aviva con tu caridad las llamas de amor casto, que comienzan a prender. Todo lo hacéis, Señor; haced pues que se muden del todo mis inclinaciones, para amaros como es justo. Espero de vuestra piedad que no me negaréis este favor. Gracias infinitas os doy por tanto como me sufrís.

viernes, 25 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA VIGESIMOQUINTO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA VIGESIMOQUINTO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, Capitán de las gentes, y Señor de los ejércitos, que no viene a introducir la paz, sino el cuchillo: que venció al fuerte armado, y lo despojó de todas sus armas, en que confiaba (Isa. 55, 4 - Jerem. 31, 35 - Matth. 10, 30 - Luc. 11, 22).

II. ¿A quién viene? Al soldado suyo, que desertó; que por su gran perfidia se pasó a los reales de los enemigos; o cuando menos, anduvo claudicando de una parte en otra, ya jurando en el Señor, y ya en Melchon, que es el diablo (3. Reg. 18, 21 - Sophon. 1, 5).

III. ¿A qué viene? A ceñir sus lomos con la verdad, vestirlo de la cota y malla de la justicia, presentarle el escudo de la fe, con que pueda rebatir todos los dardos encendidos del perverso Lucifer; y ofrecerle también el morrión de la salud, y el cuchillo del espíritu, que es la palabra de Dios (Eph. 6, v. 14, 16 y 17).
   
Aspiración: El Señor destruidor de las batallas; el Señor (ese es su nombre), que puso sus reales en medio de su pueblo, para librarnos del poder de todos nuestros enemigos (Judit 16, v. 3 y 4). Tu misericordia no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Contempla, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón como a Capitán muy valeroso, que adiestra tus manos para la guerra, y tus dedos para la batalla contra todos los vicios; y a ti como a un soldado común bisoño, tibio y perezoso, pero que te sientes ahora mismo abrasado en deseos de militar solamente en su servicio (Ps. 143, 1).
   
II. Desea sufrir por su amor infatigablemente cuantas adversidades te ocurran; de manera que trabajando siempre como buen soldado de Cristo, sufras con igualdad de ánimo, y todavía con sumo gusto, hambre, sed, desfallecimiento de fuerzas, calor, frio, y todas las demás calamidades de la milicia cristiana (2. Thim. 2, 3). 
   
III. Pide te conceda la virtud de la mortificación, y de la abnegación total de ti mismo, para que de este modo no trabajes como aquel que ningún fin cierto se propone, y de consiguiente pelees como quien azota el aire; sino que castigues tu cuerpo, y lo sujetes á la justa y debida servidumbre (1. Cor. 9, 26 y 27).

Aspiración: Vive el Señor, y vive el Señor mi Rey; que en todo lugar donde estuvieres, Señor mí Rey, ora en muerte, ora en vida, allí estará tu siervo (2. Reg. 15, 21): porque ¿cómo me puede ir mal estando en tu compañía? Con mucho gusto abrazaré cuantas miserias me quieras enviar, porque mas quiero padecer. por tu amor, que dejar de penar penar sin Ti. Por más que se levanten contra mí los escuadrones de los enemigos, mi corazón no temerá; en Ti siempre esperaré (Ps. 26, v. 2 y 3); porque estando Vos, Dios mío, a mi favor, ¿quién prevalecerá contra mí (Rom. 8, 31)? No sois Vos como las criaturas, que todas buscan sus propios intereses; Tú buscas solamente mi salud y si permites en mí algún mal, es para sacar mayor bien. Tal vez me sueles dejar en diversas tentaciones y adversidades, pero es para ver cómo peleo: no me dejas del todo; sin entender yo el modo, me favoreces ocultamente con tu gracia. Y así, Dios mío, obra como quisieres, que no menos debes ser amado cuando castigas que cuando regalas. Vos mismo decís: Clamará el alma a mí, y yo la oiré; con ella estaré en la tribulación, la libraré y glorificaré (Ps. 90, 15). ¿Pues por qué no fiaré de tus promesas? ¡Ah! Bien mío, ojalá en mis tentaciones hubiera inmediatamente acudido a Ti por consuelo; en unas no hubiera consentido, y otras no me hubieran angustiado. Mas ya conozco que yo mismo me hice el mal, y este saludable conocimiento me convierte todo a tu amor. A mi diestra estás porque no me mueva un punto (Ps. 15, 8); altérese pues el mundo, trastórnense todas las cosas, brame contra mí el infierno, acósenme las desgracias, amenáceme la propia muerte; Vos, Señor mío, seréis mi firmeza, mi refugio, mi libertador, mi amparador, en quien esperaré, y a quien con alabanzas invocaré, para salir victorioso de todos mis enemigos. Gracias, Protector de mi salud (Ps. 17, v. 3 y 4).

jueves, 24 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA VIGESIMOCUARTO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA VIGESIMOCUARTO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, Leño de la vida, que trae doce frutos según los meses del año, y las hojas de este árbol son para salud de las gentes (Apoc. 22, 2).

II. ¿A quién viene? A la viña del hombre necio, llena de abrojos y cubierta de espinas de deleites terrenos, á la cual esperó hasta tanto que diese uvas, y como parra del campo no dio sino hojarascas (Prov. 24, 30 - Isa. 5, 2).
   
III. ¿A qué viene? A ingerirla en este leño de vida, para que dé los frutos del Espíritu Santo, que son: Caridad, Gozo, Paz, Paciencia, Benignidad, Mansedumbre, Fe, Modestia, Continencia, Castidad.
   
Aspiración: Venga mi amado a su huerto, y coma el fruto de sus manzanas. Para Ti guarde yo, Amado mío, las manzanas nuevas y antiguas (Cant. 5, 1. 7, 13): porque Tú solo eres digno de comer los frutos de buenos deseos, que el Espíritu Santo depositó en mí, para que te amara de corazón. ¿Por qué no te amaré con todo él, siendo Tú su fin y centro? Te amaré pues, Dios mío, refugio mío y fortaleza mía, por tus grandes misericordias. Fiel sois en todas vuestras palabras (Ps. 144, 13), acordaos pues que dijisteis: todos me conocerán desde el menor hasta el mayor, porque perdonaré sus iniquidades, y olvidaré sus pecados (Hebr. 8, v. 11 y 22). Aquí pues tenéis, Señor, en quien emplear abundantemente los tesoros de vuestra piedad, porque son tantas mis culpas, que apenas habrá quien los necesite mas que yo. A Ti vengo, árbol de vida eterna, para que recibiéndote en este Sacramento, quede ingerido en Ti, y dé frutos de buenas obras. Recíbeme para honra y gloria de tu nombre, pues me aparejaste tu Cuerpo y Sangre en comida y bebida. Con este suave regadío seré no huerto de espinas sino de delicias, adonde baje mi dilecto, y recoja los lirios de las virtudes (Cant. 6, 1). Crecerán éstas a proporción de los dones que Tú mismo me darás, y que yo guardaré con el mayor cuidado y solicitud, porque el mundo no me los vuelva a robar. Tu misericordia, Señor, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Contempla, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón como a una vid muy hermosa y fecunda de frutos; y a ti como a sarmiento que chupas de ella el jugo de la gracia, para dar hojas de palabras santas, flores de buenos deseos, y frutos de obras piadosas (Joann. 15, 5).
  
II. Desea ardientemente obrar sin intermisión en prueba de tu mucho amor; de manera que no te se pase ocasión alguna de poder aprovechar; no suceda, que después de haberte aguardado el Señor en balde por todo un año entero a que des fruto, cansado de sufrirte, te mande finalmente cortar, y arrojar al fuego eterno (Luc. 13, 7).

III. Pide al Señor te conceda la virtud de una solicitud incansable, para que teniendo tu alma puesta siempre en tus manos (es decir, en perpetua adicción) no ceses un instante de purgarla bien de todos los vicios, y cultivarla de virtudes (Ps. 118, 116).

Aspiración: Debajo de la sombra del que deseaba me senté; y su fruto es dulce a mi paladar. (Cant. 2, 3) Ya te comí, Bien mío; y ahora que acabo de recibirte con la mejor disposición que he podido comprendo con cuanta verdad dijiste: Los que me comen tendrán más hambre, porque mi espíritu es más dulce que la miel (Eccli. 24, v, 27 y 29). Necesidad tienes, alma mía, de llegarte muchas veces a comer este panal de los Cielos, pues tantos desmayos padeces en el camino de la virtud. Pero advierte que si no lo comes bien, te sucederá mal. ¿Si acaso, Dios mío, por mi falta de preparación, no me habrá hecho provecho haber comido tantas veces vuestro manjar? Sin embargo, según mi parecer, no os he recibido en pecado mortal. Mas, ¡ay de mí!, que aunque esto sea verdad, lo es también, que no aprovecha la comida cuando no se rumia, y luego se digiere. Acaso en esto consistirá después de tantas comuniones hallarse tan flaco mi espíritu como al principio. Sí, Padre mío, tan mundano y vivo estoy en mis pasiones como antes; yo estoy lleno de movimientos impuros, nada recatado en los sentidos exteriores, envuelto en mil locas fantasías, fácil en la risa, y duro para arrepentirme y llorar; pronto para las flojedades y alivios de la carne, y tardo sobre perezoso para la penitencia y mortificaciones: ¿y de dónde tanto mal sino del olvido de Vos?, pues en el tiempo que estáis dispuesto para hacer gracias, entonces os abandono, por tornar a mis gustos. ¡Oh, cuánto dolor me causa el poco aprecio que de un bien tan grande he hecho! Pero sea mi alma entregada al olvido, si de Ti me olvidare (Ps. 136, 5). A tu sombra estaré regalándome muy de espacio con tu manjar; y cuando fuere necesario cumplir con mi obligación, Te llevaré muy presente en mi memoria, para que con el fuego de la meditación Te acabe de digerir. Por tu amor te pido me des virtud para obrar lo que sea mejor. Gracias infinitas por tanta paciencia como tenéis conmigo.

miércoles, 23 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA VIGESIMOTERCERO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA VIGESIMOTERCERO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, preciosísima margarita, por la cual si diese el hombre toda la hacienda de su casa, seria como nada en su comparación; porque respecto de él, todo el oro es como un grano de arena, y la plata como un poco de barro (Cant. 8, 7. Sap. 7, 9).

II. ¿A quién viene? Al necio mercader, que por un puñadito de cebada y una cortecita de pan valoró margarita tan inestimable (Ezech. 13, 19).

III. ¿A qué viene? A que una vez hallada esta sola preciosa margarita, venda como sabio cuanto tiene para comprarla (Matth. 13, 45).

Aspiración: Ponme (dice el Señor) como sello sobre tu corazón (para amarme): como sello sobre tu brazo (para obrar) (Cant. 6, 8). ¡Oh Verbo eterno!, ¿qué petición es esta que me hacéis? Cuando yo debiera pediros que Vos no me olvidarais, ¡Vos, porque no os olvide yo, pedís os ponga como sello sobre mi corazón! Poco amor os tengo, cuando al escuchar esta fineza no muero de pura pena. ¡Oh, quién acabase de reconocer tus beneficios! Vuestro sobrado amor ha sido causa de mi fiera ingratitud; si no me hubierais amado tanto, no os hubiera sido tan desconocido. Cualquiera torpe amor pudo sellarse en mi corazón, porque para todo lo mundano estuvo siempre como cera blanda, solo vuestro amor divino lo halló como dura piedra. ¿Pero no sois Vos el fortísimo Sansón que vinisteis a romper los cordeles de nuestra iniquidad? Romped pues, de un golpe las prisiones de mi corazón, para que sea enteramente de Vos. ¿No quieres ser amado de mí? Pues dame lo que mandas, y manda lo que quieras. Por las palabras de tus labios, en quienes se derramó la gracia para hacer suaves tus preceptos (Ps. 44, 3), no rehusaré guardar los caminos ásperos de la mortificación (Ps. 16, 4). Castigaré los miembros, para que la carne no se rebele contra el espíritu; la perseguiré con odio santo, hasta crucificarla con sus vicios y concupiscencias, porque sé que son de Cristo los que así lo hacen (Gál. 5, v. 17 y 24). De este modo desembarazado mi corazón de todo afecto mundano, no hallará resistencia vuestro amor para imprimirse como sello, que me acuerde de continuo la obligación que tengo de serviros, y de trabajar cuanto pueda por amaros. Venid, Señor, venid, que os aguarda con viva sed mi corazón. Tu misericordia, Padre mío, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Contempla, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón como a un Dios que se llama el Santo por excelencia, pero indebidamente arrojado a los perros, y como margarita preciosa echado a los puercos; y a ti como animal inmundo, que ni merece ni conoce su precio (Matth. 7, 6. Job 28, 13).
   
II. Desea con ardentísimos deseos buscarlo conducido de su amor; desempeñarás esto cabalmente, si contemplas sus perfecciones, las cuales te obligan a amarlo; si a más de esto le pides luz para conocerlo mejor; si preguntas por su Majestad, y el modo para hallarlo a los Padres espirituales; y por último, no te pares ni detengas en cosa que no sea Dios, o en orden a Dios.
   
ΙΙΙ. Pídele te conceda la virtud o don de Oración, en la cual buscando siempre su presencia, así pidas, que te se dé lo que pidieres; así busques, que lo halles; y así toques a sus puertas que te abra (Ps. 104, 4. Matth. 7, 7).

Aspiración: Dadme el parabién, porque hallé la dracma que había perdido (Ps. 16, 4). Encendí la luz de la fe, barrí con la confesión la casa de mi interior, y al instante que quité la basura de mis pecados, hallé, eterno Bien mío, la preciosa margarita de vuestro Cuerpo sacramentado. Sois verdad infalible; y teníais dicho, que aparecíais a los que en Vos tenían fe (Sap. 1, 2). ¡Ojalá mis nuevas culpas no os vuelvan a retirar de mi corazón! ¿Mas por qué no las excusaré? ¿A quién tiene mas cuenta ser todo vuestro que a mí? ¿Por ventura la corrupción de la carne me puede dar la vida eterna? ¿Podré hallar verdad en sus engaños, seguridad en sus riesgos, ni la felicidad que Vos me dais en sus calamidades y miserias? ¡Ah, Bien mío!, sobradamente alto hablabais a mi corazón, para que conociera que ninguna criatura de este mundo me tenia cuenta sino Vos. Ya por vuestra gran bondad os busqué, os hallé, y lo que es mas, os tengo todo dentro de mí. Echad pues dobladas cerraduras a mi corazón, para que no vuelva á entrar otro forastero amor. Con tu amor basta para llenar las medidas de este corazón, que aunque parezca de corto buque, pero como Vos, Dios nuestro, nos hiciste para Ti, estará sin descanso hasta que repose en Ti, que solo lo podéis saciar. En Ti quiero estar, de tu amor quiero vivir, por tu puro amor morir, y en el Cielo de tu amor reinar. Gracias por tanto amor, Padre mío; gracias infinitas Te doy.

martes, 22 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA VIGESIMOSEGUNDO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA VIGESIMOSEGUNDO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, Médico muy sabio, que verdaderamente tomó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores: quedó como leproso, castigado de Dios, y humillado, para que sanásemos nosotros con su preciosa Sangre (Isa. 53, v. 4 y 5).

II. ¿A quién viene? Al hombre que bajando de Jerusalén a Jericó cayó en manos de ladrones, los cuales lo despojaron, llenaron de heridas, y lo dejaron medio vivo (Luc. 10, 30).

III. ¿A qué viene? A acercarse a él como buen Samaritano, atar sus llagas, echarle el suave aceite de su misericordia y el vino blando de su bendita Sangre, y encargarse de su cuidado hasta que enteramente convalezca (Luc. 10, 30 y 34).

Aspiración: Señor, no soy digno de que entréis en mi casa, hablad una sola palabra, y sanará mi alma (Matth. 8, 8). No soy digno, confiésolo, porque yo de mi voluntad enfermé, y después de haberme sanado Vos, recaí por mi mucha maldad; pero habiendo Vos cargado con mis enfermedades (menos las de las culpas, porque sois todo Santo e impecable) para ganar a los pecadores enfermos (1. Cor. 9, 22), me atrevo, confiado en tu misericordia, a pedirte vengas y pongas tu mano sobre mi alma, para que viva en Ti la vida de gracia (Matth. 9, 18). No te tardes, Médico soberano, ven, y di a mi alma: No temas; tu salud soy yo (Ps. 34, 3). Olvidad, Señor, las groserías y desatenciones que tuve hasta aquí con Vos, rehusando tomar las medicinas que me dabais para sanar de tantas y tan crueles heridas como han dado a mi alma los ladrones de mis torpes apetitos. En todos mis deleites mezclabais como Médico perito el acíbar de mil sinsabores y disgustos, mas yo, como enfermo frenético y furioso me revolvía contra el mismo que me quería sanar. Yo no me cansaba de pecar, arrojándoos de mí; pero tampoco Vos os cansabais de visitarme por medio de inspiraciones, escarmientos y avisos, deseando entrar en mí para que no tornara a separarme de Vos. ¡Oh suma bondad! Vuestro sufrimiento me llena de temor; pues a su luz descubro, que si vuestra benignidad convida a penitencia al pecador, pero que si conserva duro e impenitente su corazón, atesora ira para el día de la ira y revelación del justo juicio de Dios (Rom. 2, v. 4 y 5). Este saludable conocimiento, que Vos solo me podéis dar, inclina mi corazón a no rehusar este precioso instante de mi salud. Por lograrla, Dios mío, he llegado a tu presencia: aquí me tenéis, abrasad mis inmundicias, mis torpezas y pasiones, cortad de un golpe, aunque sea a costa de todos los intereses temporales, las fuertes ligaduras del injusto amor, que me impiden caminar a Vos con libertad; no me perdones ninguna falta; castígame con dolores, enfermedades, trabajos, persecuciones, y con cuantos males quisieres, que yo lo recibiré todo como medicina de mis culpas pasadas, y como preservativo para las venideras. Venid, venid a mi alma, Médico Divino, y sanad todas mis enfermedades. Tu misericordia no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Contempla, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón como a Médico piadosísimo, vertiendo de sus manos, pies y costado, abundantísimas fuentes de Sangre, para baño y remedio de tu alma; y a ti como al otro paralítico en la probática piscina con muchos años en su enfermedad (Joann. 5, 15).

II. Desea constantemente enfermar de puro amor, olvidando y apartando de ti a todas las criaturas, aborreciendo de corazón, como discreto enfermo, todo cuanto antes te agradaba; de manera, que como un paciente destituido enteramente de fuerzas, no puedas ni quieras dar un paso a lo ilícito y prohibido, ni volver a estar levantado en pie por tu soberbia, sino caído y postrado por tu humildad profunda (Philip. 2, 8).

III. Pide te conceda la importante virtud de la obediencia, para imitar al que por tu salud se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Philip. 2, 8).

Aspiración: Señor, mira que el que amas está enfermo. Di, pues, a mi alma: no temas; tu salud soy yo (Joann. 11, 3. Ps. 34, 3 ). ¡Oh Médico celestial! ¿Quién es el hombre para que te acuerdes de él?, ¿o el hijo del hombre, para que, no por medio de un Ángel, que aun fuera sobrada honra, sino por vuestra misma persona lo visitéis? (Ps. 8, 15) Oí tus palabras, en que decías al Centurión: Yo iré, y daré salud á tu siervo (Malach. 3, 7); y no obstante mi anterior resistencia en solicitar la medicina de mis llagas, a Ti vengo para ser curado de ellas porque conozco que no se ha trocado tu bondad; y que eres el mismo que viniste a mí, el que al siervo dio salud. Curad, Señor mío, todas las dolencias de mi alma; esta tibieza para amaros, esta pereza para serviros, esta repugnancia en obedeceros, esta distracción al adoraros, este aprecio de lo temporal, este olvido de lo eterno. Haced, Jesús mío, que en solas vuestras benditas Llagas busque mi consuelo, que me oculte en los agujeros de esa mística piedra de vuestro sagrado Cuerpo, que entre de una vez por esa puerta franca de la llaga de vuestro costado, hasta llegar al Divino retiro de ese Corazón cuya Sangre y agua, que brotó para la ablución de todos los pecados, sirva de baño y remedio para purificar mi alma de todas las inmundicias. Gracias infinitas os doy por esta visita que me hacéis.

lunes, 21 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA VIGESIMOPRIMERO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA VIGESIMOPRIMERO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, fuego abrasador, que hace a sus Ángeles espíritus, y a sus Ministros llama de fuego: que vino a poner fuego en la tierra, y no quiere sino que arda (Deuth. 4, 24 - Hebr. 1, 7 - Luc. 12, 49).

II. ¿A quién viene? A tu alma, ni fría ni caliente; por lo cual dice el Señor, que comenzará a despedirte de su boca (Apoc. 3, v. 15 y 16).

III. ¿A qué viene? A ocupar toda tu alma, a encenderla, ablandarla y disponerla para recibir sus inspiraciones; adornarla con el lustre de buenas obras, y comunicarla virtud de abrasar a otros en su amor.

Aspiración: ¡Ojalá, Señor, rasgaras esos Cielos y bajaras! A tu vista los montes se liquidarían como cera: se derretirían como la materia aplicada al fuego: las mismas aguas arderían con el incendio (Isa. 64, 1). No tardes en venir a mi corazón, dilecto mío; ven desde los ardores del medio día de ese Sacramento, en el que como en un Cielo habitas, y esparces el sagrado fuego de tu amor sobre las aguas frías de mi corazón. Con vivas ansias deseo ver ya de una vez incendiados por Ti los tibios deseos de mi alma. ¡Oh, si viera yo, dulcísimo Jesús mío, abrasadas mis entrañas en el fuego de tu dilección, y consumido lo que más amo, para ofrecerte un holocausto limpio! Pero yo sé que aunque no gustas de otros holocaustos, que con gusto Te ofreciera, en caso de querer, tienes sin embargo cierta complacencia en el que te se hace del corazón contrito y humillado. Semejante sacrificio nunca fue despreciado de vos (Ps. 50, 16). Aquí pues tenéis, Dios y Salvador mío, aquí tenéis aquel mismo corazón que Vos pedís (Prov. 23, 26), el mismo que deseáis. Dispuesto y preparado está para recibiros, si Vos os dignáis venir a él. Entero os lo ofrezco, porque ya no quiero que tenga en él la mínima parte el mundo. Levántate, ya, Gloria mía; levántate, Salterio y Cítara (Ps. 56, 9), desciende de ese trono, y abrasa mis entrañas y mi corazón (Ps. 25, 2). Tu misericordia, Señor, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Contempla, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón como horno de amor respirando fuego por todas partes; y a ti como hierro mohoso y vil sumergido en un fuego inmenso.

II. Ámalo con amor ferviente, como lo aman los Querubines y Serafines, de manera que parezcas todo de puro fuego por su grande amor; te deshagas, te enciendas, y abrases todas las cosas.

III. Pide te conceda perfecta paz, para que descansando en este Señor como en tu propia esfera, seas contado entre los verdaderos pacíficos, que son llamados hijos de Dios (Matth. 5, 9).

Aspiración: ¿Por ventura puede esconder el hombre fuego en su seno, de manera que no ardan sus vestidos? (Prov. 6, 27). ¿Pues qué frialdad, Dios mío, es la de mi corazón, que habiendo entrado en él el fuego de vuestra caridad, no acaba de consumir las superfluidades de mi cuerpo, que tanto os desagradan? ¡Cuántas palabras os he dado de imitaros en vuestra humildad! ¡Cuántas veces he dicho en presencia de los Ángeles: mortificaré mis locas vanidades, volveré de una vez las espaldas al mundo, no atenderé a sus murmuraciones, que me procuran apartar de mi eterno bien, buscaré a mi Dios en el retiro de la oración, en solo Él fijaré todos mis cuidados, y en nada más pensaré que en servirle! ¡Cuántas veces he repetido estas promesas! Pero no bien os acabé de recibir cuando luego me olvidaba de cuanto os acababa de ofrecer; como muerto Vos en mi corazón os entregaba al olvido (Ps. 30, 10). De este modo se multiplicaban por instantes las aguas de mi tibieza, hasta extinguir casi de todo punto el fuego que Vos veníais a prender en mi alma. ¡Oh, cuánto pesar tengo de no haberos correspondido! Pero ya, Dios mío, salen afuera las aguas de mi corazón desleídas en lágrimas por los ojos. Acabe vuestro divino fuego de consumir cuantas humedades queden en mi interior. He aquí que ensancho cuanto puedo la boca de mi alma, para que la llenes con el pasto suavísimo de tu amor (Ps. 80, 11): Te descubro todos los retiros de mi corazón, para que abrases cuanto gustes con tus sempiternas llamas, y sea yo holocausto que incesantemente arda en tu soberana presencia. ¡Oh sabios Querubines!, dadme alguna parte de vuestro conocimiento de Dios! ¡Oh abrasados Serafines!, comunicadme algún incendio de vuestro amor a Dios: y juntos todos ayudadme a dar gracias a mi benignísimo bienhechor. Gracias amor mío, gracias.

domingo, 20 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA VIGÉSIMO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA VIGÉSIMO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, expectación de las gentes, deseo de los collados eternos, que deseó con gran deseo comer esta Pascua contigo, sin otro designio que mostrar cuánto es lo que te ama (Gén. 49, v. 10 y 26 - Luc. 22, 15).

II. ¿A quién viene? A tu alma perezosa, a quien privan de su vida verdadera los deseos estériles; tan inconstante, que ya quiere, ya no quiere, y se ha hecho por tanto como paloma, sin corazón (Prov. 22, 25, y 13, 4 - Oseas 7, 10).

III. ¿A qué viene? A arrojar desde lo alto fuego de deseos eficaces en tus huesos, y enseñarte eruditamente: porque el principio de la sabiduría es el más verdadero deseo de la doctrina (Trenos 1, 13 - Sap. 6, 18).

Aspiración: Mi alma te deseó en la oscura noche de su ignorancia; mas con espíritu madrugaré muy de mañana para llegar a Ti en alas de mis íntimos afectos de corazón (Isa. 26, 9). Cuando las tinieblas de la ignorancia tenían ofuscada mi razón, te buscaba yo en el descanso de mi lecho; te buscaba, Bien mío, pero no Te hallaba, porque Tú no estás entre las delicias y regalos de la carne. Me levantaré, dije, daré una vuelta por la ciudad de mi alma, saldré con espíritu en busca de mi Amado, y como Vos mismo decís, que los que despiertan de madrugada, os encuentran (Prov. 8, 19), apenas la luz de vuestro conocimiento amaneció en mi interior, cuando penetrado del más vivo dolor de mi pereza en serviros, salí de las prisiones de la carne, y os hallé en el medio día de la Eucaristía, donde apacientas las almas. Haced, mi Dios, que yo salga de mí, para que en mí entréis Vos. Ya no quiero mandar yo en mí, solo Vos habéis de vivir y mandar en mí. Potencias, sentidos y facultades mías, no me obedezcáis a mí, obedeced a este Señor, que es el absoluto Dueño de mi corazón. Y Vos, luz del alma, pan de vida y de entendimiento, dirigid siempre en vuestra presencia mis caminos (Ps. 5, 9), para encaminar rectamente hacia Vos todos mis pasos. Vuestra misericordia, Señor, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Considera, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón, que atraído de tus deseos, está como asentado a las puertas de tu alma; y a ti como entorpecido todavía con el sueño, que no te resuelves a levantarte para abrir a tu Amado (Sap. 6, 15).

II. Ámalo con amor encendido y suspirado, como le amaron los Santos Patriarcas; de manera que por calles y plazas por donde tengas precisión de andar, busques al que ama tu alma; y no hallándolo, preguntes a las centinelas místicas de la ciudad, que son los Confesores: ¿por ventura habéis visto al que ama mi alma (Cant. 3, v. 2 y 3)?

III. Pide te conceda sed y hambre de justicia, para que aspirando siempre a lo más perfecto, merezcas conseguir la hartura celestial (Matth. 5, 6).

Aspiración: Dijo a Ti mi corazón: mis ojos te buscaron: Tu semblante, Señor, buscaré. Tu nombre y tu memorial serán el deseo continuo de mi alma (Ps. 26, 8 - Isa. 26, 8). Porque Tú eres mi luz, Tú mi salud, y el protector de mi vida. Teniendo juntas todas las cosas en Ti solo, no Te debí apartar de mí (Tobías 10, 5). Pero ¿cómo agradeciera vuestra misericordia si no hubierais permitido mi caída? Vos me disteis luz con qué poder mirar la fealdad de mi culpa: conocí su gravedad, y para mostrar Vos que no os alegráis en la perdición de los vivientes (Sap. 1, 13), me preservasteis de la muerte, porque no muriera en desgracia vuestra. ¡Oh noble conocimiento de la propia iniquidad! Yo te abrazo tal cual eres, pues me restituyes a mi Dios todo bueno, todo benigno, todo desiderable. Tu nombre será el empleo de mis labios; en todo tiempo Te bendeciré sin apartar un instante tu alabanza de mi boca (Ps. 33, 2); porque sé muy bien, Señor, que los que os bendicen recibirán en herencia la tierra de promisión de la Gloria (Ps. 36, 2). Tampoco se apartará de mi recuerdo el memorial de vuestra dolorosísima Pasión, que en este Sacramento me presentáis; porque sé que esta es vuestra voluntad, para mejor conquistar la rebeldía de mi corazón. ¡Oh, quién nunca hubiera olvidado lo infinito que por mí habéis padecido! Este olvido me perdió; pero gracias infinitas os doy porque habéis venido a mí; pues de lo contrario, ¿cómo pudiera acordarme de Vos? Alábente, Señor, por tanta bondad los Cielos y la Tierra, los Ángeles, los hombres, las criaturas todas, y todas sean contra mí, para avisarme volver a Vos, en caso que tu Nombre y tu memorial no sean el deseo continuo de mi alma.

sábado, 19 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA DECIMONOVENO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA DECIMONOVENO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, que asegura de sí mismo ser Madre cuando dice: ¿Puede acaso la mujer olvidar a su infante, de tal suerte que no tenga compasión del hijo de sus entrañas? Pero si ella se olvidare, yo no me olvidaré de ti (Isa. 49, 51).

II. ¿A quién viene? A ti, pequeñuelo en espíritu, que eres sustentado con la leche de los pechos de los Reyes; y á quien una y muchas veces vuelve a parir, hasta tanto que Cristo sea formado en ti (Isa. 60, 16 - Gál. 4, 19).

III. ¿A qué viene? A que, cual nuevo infante, desees con ansias vivas la leche espiritual de la Eucaristía, sin dolo, es decir, sin vicio; y obrando verdad, crezcas por medio de todas las virtudes en aquel que es tu cabeza, Cristo (1. Petr. 2, 2 - Ephes. 4, 15).

Aspiración: Venid, comprar sin plata, y sin otro algún interés el vino y la leche (Isa. 55, 2). ¡Oh Jesús mío dulcísimo! Si la sola pronunciación de tu santo Nombre es miel en la boca, melodía en el oído, júbilo en el corazón; ¿qué será recibirte realmente en la sagrada Eucaristía, donde todo Te das a Ti mismo? Con razón te desea mi alma, y desfallece en tu presencia (Ps. 83, 3), hasta que me des la alegría de tu salud, acordándote de aquella gran misericordia, con que sacándome del vientre de mi madre, me pusiste bajo de tu sombra, me trajiste colgado siempre de tus pechos, y sobre tus rodillas descansaba (Isa. 66, 12). No merezco recibir la mínima de tus finezas, porque ingrato las olvidé todas: mi torpe voluntad ha sido siempre aficionada a los fementidos gustos que presta el mundo en sus pechos a sus amadores; pero acordándome de Ti, Dios mío, dije en mi corazón: ¿por ventura el mismo que me creó podrá olvidarse de usar de misericordia (Ps. 76, 10)? Y al instante lleno de indecible confianza mi espíritu, dije: ahora doy principio a nueva vida; esta mudanza tan improvisa de mi corazón efecto es de la diestra del Excelso (Ibid., 11), que me ha esperado con paciencia, porque nunca retira su misericordia de nosotros (2. Mach. 6, 16). Bendita y eternamente alabada sea tal bondad. No la despreciaré, Padre mío; y pues tan sin costa me ofreces en este Sacramento el vino y leche, que solo me puede sustentar, yo acudiré a tu mesa frecuentemente para que me lo des. Tu misericordia, Señor, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Considera, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón, como amorosísima Madre que te trae a sus pechos, y te acaricia sobre sus rodillas: y a ti como a infante recién nacido recibiendo de ellos la leche de sus divinas consolaciones (Isa. 66, 12).

II. Ámalo con tierno amor como lo amaron los Santos Apóstoles; de manera que no consientas por un solo momento separarte de su presencia y regazo.

III. Pide te conceda la mansedumbre de un niño, para que aprendiendo de Él, que es manso y humilde de corazón, merezcas entrar en el Reino de los Cielos, como inocente niño (Matth. 11, 19. 18, 3).

Aspiración: Mi padre y madre me dejaron, y el Señor me recibió en su lugar (Ps. 26, 10). ¡Feliz trueque! Si solo el servir de criado en vuestra casa es de tanta honra, ¿qué será vivir como hijo en ella? No quieras llamar en adelante a alguno padre sobre la tierra, porque uno es el Padre tuyo, que está en los Cielos (Matth. 26, 9). Uno es, sin semejante, pues me sacó de la nada, me dio el ser que tengo, y cuida de mí con tanto cuidado, que para que crezca en la edad hasta ser varón perfecto por la unidad de fe y perfecto conocimiento suyo, según la medida de la edad de la plenitud de Cristo (Eph. 4, 13), se me ha dado en calidad de manjar todo a Sí mismo, para que comiéndole con verdad y sencillez de espíritu, quede en mí, y yo en Él (Joann. 6, 57). ¡Oh Padre amorosísimo!, ¡que fuera de mí, si Vos no me hubierais abrigado a vuestra sombra! Ya las sombras de la muerte me hubieran ocupado. Pero vuestra clemencia me alargó la mano, y me sacó de las muchas aguas en que estaba sumergido (16). Los que se alejan de Ti, sin remedio perecerán (Ps. 17, 17): no os alejéis de mí, Dios mío, que yo con vuestra gracia no me apartaré un solo instante de Vos. Siempre conservaré en mi memoria vuestra adorable presencia, para que sirva de freno a todas mis acciones. No buscaré tampoco mi descanso en las criaturas; noche y día descansaré en tu regazo; estaré como niño asido a vuestros pechos; y aunque alguna vez deis a mis labios acíbar de trabajos, no por eso me apartaré de ellos; porque sé que castigáis al que amáis; y que azotáis a todo aquel que recibís por hijo (Hebr. 12, 6). Gracias infinitas os doy, Padre mío, por tanto amor como me tenéis, sin merecerlo.

viernes, 18 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA DECIMOCTAVO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA DECIMOCTAVO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, Varón de dolores, y que sabe lo que es enfermedad; que fue herido por nuestras iniquidades, y destrozado por nuestros delitos (Isa. 53, v. 3 y 5).
   
II. ¿A quién viene? A tu alma, delicada con demasía, enemiga de la cruz de Cristo, que deseas coronarte de rosas sin reflexionar que vives bajo de una cabeza coronada de espinas (Philip. 3, 18).
  
III. ¿A qué viene? A que esté muy apartado de ti quererte gloriar en otra cosa que no sea su cruz; por cuyo amor el mundo esté crucificado para ti, y tú para el mundo, llevando también sus llagas en tu cuerpo (Gal. 6, v. 14 y 17).
  
Aspiración: Hasta que expire el día y caigan las sombras acudiré al monte de la mirra y al collado del incienso (Cant. 4, 6). En aquel risco del Calvario fijaré los ojos de mi alma para copiar en ella las penas de mi Jesús. Al pie de vuestra cruz estaré con María vuestra Madre, y allí me mostrareis cuanto es conveniente padezca yo por vuestro santo Nombre (Act. 9, 16). Yo erré, Padre mío, como oveja descarriada; yo soy la ingrata que decliné por los torcidos caminos de mis desenfrenadas pasiones; y el Padre para ostensión de su justicia (Rom. 3, 25), puso en Vos las maldades de todos nosotros (Isa. 53, 6). Pagasteis, siendo inocente, las penas que debían los culpados. Pequé, Salvador mío, impíamente obré, inicuamente me porté (Baruc 2, v. 12 y 13); mas apártese de mí tu ira; inclina hacia mí el sagrado cielo de ese tu alto Sacramento en que Te ocultas, y ven a mi alma, que siendo éste un memorial de tu sagrada Pasión, yo procuraré estamparla en mi alma y en mi cuerpo, para que interior y exteriormente muestre estar cercado de la mortificación de mi Jesús, y su vida se manifieste en mi cuerpo (2. Cor. 4, 10). Tu misericordia, Señor, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Contempla con viva fe, alma mía, en medio de tu corazón a Cristo, como Esposo de sangre; y a ti como a su ingrata esposa, que aunque todos los días anuncies la muerte del Señor en el Sacrificio de la Misa, con todo, aun no has aprendido a morir al mundo (Éxod. 4, 25 - 1. Cor. 11, 26).

II. Ámalo con amor fuerte, como lo amaron los Santos Mártires; tanto, que puedas decir con valentía: ¿quién nos apartará de la caridad de Cristo? ¿Por ventura la tribulación?, ¿la angustia?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la persecución?, ¿o la muerte misma (Rom. 8, 35)?

III. Pide te conceda un saludable llanto, para que abundando las pasiones de Cristo en ti, abunden en ti por Cristo sus consolaciones (2. Cor. 1, 5).
   
Aspiración: Haz de mirra es mi amado para mí; en mis pechos (es decir, en mi entendimiento y voluntad) morará (Cant. 1, 12); porque no es posible meditar en vuestra Pasión, Jesús mío, sin poner freno a la depravada voluntad, que desde luego sale inclinada al mal. ¿Quién, si contempla la corona de espinas que ciñe vuestra cabeza, adornará la suya con rosas? ¿Quién, al ver las lágrimas que derramasteis por lavar mis torpes inmundicias, divertirá sus ojos en las criaturas? ¿Quién, mirando vuestros labios entre amargas hieles, ocupará regalando los suyos en sucios placeres y deleites carnales? ¿Quién, finalmente contemplándoos despedazados con los azotes y clavos todos vuestros divinos miembros entre los pechos de vuestra Madre al pie de la Cruz como haz de mirra, lejos de hacer sus miembros servir al pecado, no los sujetará para servir a la virtud? Mi falta de consideración me despeñó para abrazar lo prohibido por vuestra santa Ley, y rehusar los trabajos por vuestro amor. Pero ya que la prueba única de vuestro amor se funda en guardar vuestros mandamientos (Joann. 14, 15), os doy palabra firme de observarlos, sacrificando enteramente mi voluntad a vuestro servicio. Y para mejor hacerlo, os recibiré á menudo, sin que ninguna cosa sea capaz de separarme un punto de vuestro afecto. Gracias infinitas os doy por tanto como disimulais mi ingratitud.

jueves, 17 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA DECIMOSÉPTIMO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA DECIMOSÉPTIMO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, Pontífice Santo, inocente, sin mancilla, separado de los pecadores, y mas alto que los Cielos; quien ofreciendo en los días de su carne mortal ruegos y súplicas con grandísimo clamor y muchas lágrimas, fue oído por su reverencia (Hebr. 7, 26. 5, 7).

II. ¿A quién viene? A uno de aquellos por los cuales se dijo: vosotros sois linaje escogido, Real Sacerdocio, gente santa, y pueblo de adquisición (1. Petr. 2, 9).

III. ¿A qué viene? A consagrar en el templo de la Divinidad tu pecho, y en el Altar tu corazón; y con esto tengas una víctima muy aceptable, que puedas ofrecer al Eterno Padre en olor de suavidad (Eph. 5, 2).

Aspiración: Ved aquí cómo viene al templo santo suyo el Dominador que vosotros buscáis, y el Ángel del Testamento, que vosotros queréis (Malach. 3, 1). ¡Con cuánta alegría de sus almas os vieron, Señor, entrar en aquel Templo material de Jerusalén las almas justas! Conocían muy bien con la luz que Vos las dabais, que era llegado ya el tiempo de usar de misericordia con Sion (Ps. 101, 14); que como el padre se compadece de sus hijos, así vos os compadecíais de los que os tenían temor santo (Ps. 101, 13); por tanto os engrandecían con júbilos espirituales, y con alegría inenarrable os daban gloria de alabanzas. Pues Señor, y Padre mío, Vos sois el mismo que venís a mí en este Sacramento. La fe que de vuestra real presencia tengo, suple el defecto de los sentidos. Véisme aquí pues buscándoos, Dominador mío, y queriendo, ¡oh Ángel del eterno Testamento!, que entréis en mi pecho como en vuestro Templo y Santuario. Tú eres mi salud, Tú mi redención, Tú mi fortaleza, toda mi honra, toda mi gloria. Ten misericordia de mí, Señor, pues a Ti clamaré sin cesar. Alegra hoy mismo al ánima de tu siervo, porque a Tí, mi Señor Jesús, yo he levantado mi espíritu: oye con tus oídos mi oración, pues eres tan pacífico y suave, y atiende compasivo a la voz de mi ruego (Ps. 85, v. 3 y 6). Yo deseo recibirte con devoción y reverencia; entrarte quiero dentro de mi casa para merecer como Zaqueo ser bendito de Ti, y contado entre los hijos de Abrahán. Tu misericordia, Señor, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Contempla, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón como a Pontífice Grande, que penetró los Cielos; y que atraído ahora de su amor desciende segunda vez para unirte a Sí: y a ti como a un Ministro suyo destinado para su servicio (Heb. 4, 14).

II. Ámalo con escrupuloso y abrasado amor, como lo amaron los Santos Pontífices; de manera que por ocuparte todo en su servicio has de sacudir toda pereza.

III. Pide te conceda entrañas de misericordia para alcanzar de Él misericordia eterna; pues como experimentado en todas las tribulaciones y trabajos, sabe compadecerse de nuestras enfermedades (Heb. 4, 15).

Aspiración: Recibido, hemos, Dios grande, tu misericordia en medio de tu santo Templo: según tu Nombre, Señor, será tu alabanza en los fines de la tierra (Ps. 47, v. 10 y 11). Alégrate mucho, alma mía, y de lo mas íntimo de tu corazón da gloria y acción de gracias a Dios; pues por un puro efecto de su bondad y clemencia te levantó del polvo de la tierra, y te colocó, dándote a Sí mismo, con los Príncipes de su pueblo (Ps. 112, v. 7 y 8). ¡Oh, cuánto se alegra en Ti mi alma, Jesús mío dulcísimo! Se alegra, porque eres aquel grande Sacramento de piedad, que se manifestó en la carne, se justificó en espíritu, apareció a los Ángeles, se predicó á las gentes, se creyó en todo el mundo, y fue asunto á la Gloria (1. Tim. 3, 16). ¡Oh hermosísimo entre los hijos de los hombres! Conmigo estás, sin dejar al mismo tiempo de estar á la diestra del mismo Padre, que te envió. Con júbilo de mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas Te bendigo, Te adoro, Te confieso; porque Tú eres el Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre del futuro siglo, Príncipe de Paz (Isa. 9, 6), que Te dignaste venir a mí para asegurarla en mi interior. Ruégote no Te separes de mí, para no separarme yo nunca de Ti. Manifiesten mis obras los efectos de tu visita: llena mis entrañas de tu misericordia, para usarla con mis prójimos como Tú conmigo la usas. Gracias infinitas por todos los beneficios que habéis hecho a todo el mundo con quedaros sacramentado para nuestro universal consuelo.

miércoles, 16 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA DECIMOSEXTO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA DECIMOSEXTO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, Pan vivo de Dios, que del Cielo descendió, y da vida al mundo: que es Pan de sustancia infinita, que llena de muchas delicias a los Reyes (Joann. 6, 33 - Gén. 49, 20).

II. ¿A quién viene? A la Cananea; es decir, a tu alma, para que le puedas decir con razón: no es bueno tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perros (Matth. 15, 26).

III. ¿A qué viene? A ser pan que conforte tu corazón; te nutra sobre toda diversa sustancia, y sustente también, para que no vuelvas a desfallecer mas en el camino de Dios (Ps. 113, 16).

Aspiración: Ayúdame, Señor, porque también los cachorrillos comen de las migajas que caen de la mesa de su Señor (Matth. 15, v. 25 y 27). En tu dulzura preparaste este pan de vida para el pobre, Dios mío (Ps. 67, 11); no quieras desampararme. Acuérdate de tus antiguas misericordias, cuando sin trabajo diste pan a nuestros padres, y les dabas de beber del torrente de tus delicias (Ps. 35, 9). No te acuerdes de mis ignorancias, ni de los deleites de mi juventud: inclina sobre mí tus ojos, y ten misericordia de mí, porque soy único y pobre; atiende a mi humildad, y a las miserias de mi alma, y perdona todos mis pecados (Ps. 24, v. 7, 16 y 18). Visita esta tierra árida de mi corazón, y embriágala con tu inefable suavidad (Ps. 64, 10). En Ti está la fuente de vida; permite beber de sus aguas al que como ciervo abrasado de sed llega a recibirlas. Entonces, llena de júbilo mi lengua, te cantará alabanzas, y mi alma redimida con tu Sangre preciosa (Ps. 70, 23), se alegrará en Ti, mi Dios y Salvador mío (Luc. 1, 47). Tu misericordia, Señor, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Considera, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón, dividiendo su pan para dártelo a ti, que estás hambriento: y a ti como cachorrillo necesitado, que recoge sus preciosas y ricas migajas (Isa. 58, 7).

II. Ámalo con amor constante como lo amaron los santos Confesores; de suerte que como hombre justo te mantengas como un Sol en su sabiduría; y no te mudes como necio a semejanza de la Luna (Eccli. 27, 12).

III. Pide te conceda verdadera pobreza de espíritu, para que renunciando absolutamente todas las cosas, corras más libre y desembarazado por el camino de la perfección, que guía derechamente al Reino de los Cielos.

Aspiración: Con el manjar de los Ángeles sustentaste a tu pueblo, y les diste sin trabajo el pan preparado del Cielo, que encierra en sí todo deleite, y la suavidad de todo sabor (Sap. 16, 20). ¡Oh Jesús mío dulcísimo! ¡Oh inefable dulzura de las almas! ¡Oh gozo y corona mía!, ¿qué podía yo encontrar fuera de Ti sino amargura y sinsabor? Las risas del mundo se mezclarán con dolor, y los fines del gozo serán ocupados del llanto (Prov. 14, 13). En Ti, solo y único Amado mío, se puede hallar estable y verdadera alegría. Lejos esté de mí volver a suspirar por las ollas de Egipto, y vivir afanado por gozar sus delicias. No quiero beber más en los pozos de Sodoma, en el mar muerto de este mundo, en los albañales de los deleites, y en las cisternas rotas de los favores humanos, que no pueden encerrar aquellas aguas que quitan la sed del corazón (Jer. 2, 13). Una sola cosa me place, el trigo de los escogidos, y el vino que engendra vírgenes (Zach. 9, 17). Nada más deseo que estar unido a Vos, para beber de continuo de la cisterna de Belén, y fuente de mi Jacob, donde los que moramos en esta mística Jerusalén de la Iglesia somos lavados de las manchas. Ea pues, Señor mío, ya que tu misericordia me visita, dándome en Ti solo cuanto puedo desear, no permitas vuelva a separarme de Ti, para que enamorada mi alma de tu inenarrable suavidad y hermosura, te sirva con sinceridad de corazón, y olvide enteramente todos los corrompidos placeres de la carne, todas las vanidades falsas del siglo, y todas sus mentirosas locuras (Ps. 39, 5). Gracias infinitas, Padre mío, por el conocimiento que de Vos me dais.

martes, 15 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA DECIMOQUINTO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA DECIMOQUINTO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, vino sagrado, que engendra vírgenes; vino que preparó el Señor para que los que padecen amargura de corazón lo beban, y se olviden de su necesidad, sin volver a acordarse más de su dolor (Zach. 9, 17 - Prov. 31, 7).

II. ¿A quién viene? A que se dignó poner sobre lo mas alto de la tierra, esto es, sobre su Iglesia, para que chupara con sus labios la miel de la piedra, y bebiera el óleo del risco durísimo, y la sangre sin mezcla de la uva (Deut. 32, v. 13 y 14).

ΙΙΙ. ¿A qué viene? A darle el cáliz de vino aromático, y el suco de sus granadas, para embriagarlo en su caridad (Cant. 8, 2).
   
Aspiración: Venid, comed mi pan, y bebed el vino que para vosotros mezclé: dejad de ser niños; vivid, y caminad por los caminos de la prudencia (Prov. 9, 5), para libraros de las sendas malas, y del hombre que habla cosas perversas (Prov. 2, 2). Pero viviendo, Señor mío, en medio de un pueblo de labios inmundos, y que no habla sino vanidades, ¿cómo me libraré de tantos lazos, si Tú no me guías? Sed pues para mí un Dios protector, y una como casa de refugio, para ser salvo: Tú eres mi fortaleza, Tú mi refugio, y espero por tu grande Nombre que me sacarás del abismo de miserias en que se halla sumida mi pobre alma, y que la sustentarás con tu pan de vida (Ps. 30, v. 3 y 4). Mis delitos Tú los conoces; por tanto los confesé en tu presencia, y no oculté la injusticia con que os ofendí, retirándome de Vos. Con indecible bondad os dignáis ser Maestro de prudencia, que instruís en el conocimiento de los caminos que debemos andar, para llegar a Vos; apartad pues mis ojos, porque nunca vuelvan a ver vanidad alguna, y asegurarme en tus caminos (Ps. 118, 37). Permíteme llegar a tu sacrosanta mesa, en donde junto con tu divino Cuerpo dispensas a los creyentes el vino que engendra vírgenes: así te alabaré, Señor, porque me recibiste para Ti, recibiéndote yo en mí, y me salvaste de la mala compañía de los que no andan por los caminos de la vida (Prov. 5, 6), sino en seguimiento de sus pecados. Tu misericordia, Señor, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Mira, alma mía, con viva fe a Cristo en medio de tu corazón lavando su estola en vino; esto es, purificando con su Sangre tu alma; y a ti introducido a la dispensa de los divinos licores, recibiendo de su mano el cáliz de vino, no de furor, sino de puro amor (Gén.. 49, 4 - Jer. 25, 15).

II. Ámalo con aquel casto amor con que lo amaron los que fueron vírgenes; tanto que no tengas mancha o ruga, u otro semejante defecto, sino que seas Santo e inmaculado (Eph. 5, 27).

III. Pide te conceda limpieza de corazón, para que enteramente purificada tu alma, levantes tus ojos a contemplar su hermosura.

Aspiración: Preparaste a mi vista la mesa contra todos los que me atribulan: ungiste con el oleo mi cabeza: mas ¡oh!, mi caliz, que divinamente embriaga ¡cuán esclarecido es (Ps. 22, 5)! Pero ¿qué mucho, Señor, si en él depositaste todos los deleites del paraíso? A esta mesa asisten conmigo los santos Ángeles; pero ¿qué distinta suavidad perciben de tu presencia de la que percibo yo? Mas no es de admirar: su pureza los hace dignos de participar más de lleno las delicias de este convite; por tanto eructarán siempre la abundancia de tu suavidad (Ps. 144, 7). Pero ¿qué podía mi alma percibir de las suavísimas fragancias y dulces olores de tu manjar, si apenas lo recibía, cuando al punto lo olvidaba? Tal vez con Vos en el pecho buscaba el manjar de la conversación que os ofendía; y cuando la boca del que os recibe debe ser tan pura, que no hable sino palabras santas, la mía, ¡qué desacato!, profería palabras impuras. Por eso tan repetidas comuniones no han causado en mí el fruto que deseabais: por eso, siendo vuestra mesa un escudo contra todas las tribulaciones de esta vida, para mí no lo ha sido: cualquiera adversidad turba mi corazón, y basta el que la menor cosa no salga a mi gusto, para llenarme de descontento. Mas, ¡oh amador de la pureza, y autor de la santidad!, ignoraba ciertamente que basta cualquiera levadura de afección terrena para corromper toda la masa de la suavidad de vuestro espíritu; mas cuando con vuestra luz acabo de conocer que Vos y el mundo no podéis habitar juntos en mi alma, a Vos solo clamo, a Vos solo quiero; renuncio desde este punto cuanto os pueda desagradar. Te confesaré con puro y recto corazón; guardaré tus justificados preceptos: no me desampares hasta tanto que te vea en la gloria (Ps. 118, v. 7 y 8). Mi corazon se derrite en accion de gracias, y en voces de alabanza.

lunes, 14 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA DECIMOCUARTO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA DECIMOCUARTO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Dios escondido, Dios Salvador de Israel, que depuesta la majestad, mudó de hábito para venir a ti, y habitar en ti con mayor familiaridad (Isa. 45, 15 - 3. Reg. 22, 30),

II. ¿A quién viene? Al hombre que igualmente desea escondido; y así le dice entra en tu aposento, cierra sobre ti la puerta, y escóndete por un poco de tiempo (Isa. 26, 20).

III. ¿A qué viene? A ocultarlo en lo escondido de su semblante del ruido de las criaturas; llevarlo a la soledad, hablarle al corazón, y manifestársele a Sí mismo. (Ps. 30, 22 - Oseas 2, 14 - Joann. 14, 21).
   
Aspiración: Si encontré gracia en tu presencia, muéstrame tu cara, y te conoceré (Éxod. 33, 13). Esta será, Dios mío, la señal de tu amor más segura para mí, ser agradable a tus divinos ojos, por más que no lo sea a los del mundo. ¡Ah!, ¡y si el cuidado que hasta el presente día he tenido en procurar los favores de las criaturas, lo hubiera empleado en vuestro servicio, cuánto mas hubiera ganado! Pero contrito de corazón, pesaroso de mi descuido, y del tiempo que he malogrado, renuncio a vuestros pies la compañía de los hombres. Mi semblante está lleno de confusión (Ps. 43, 16) al contemplar que con su demasiado aliño procuré agradar a las criaturas más que a mi Criador. Pero ya no será así; porque solo en Vos, Cristo mío, tendré escondida mi vida (Col. 3, 3), mortificando mis miembros, que tengo sobre la tierra, para ser digno de ponerme en tu presencia. Mi aposento será como un huerto cerrado en donde entregado mi espíritu a los ejercicios de piedad, alcanzará el reposo de aquella profunda meditación en que arderá el sagrado fuego de vuestro amor dentro de mi corazón (Ps. 38, 4); y consumida de una vez mi torpe frialdad, no suspirará mas que por unirse a Vos en este Sacramento de piedad. Todo lo podéis, Señor; apartad pues vuestro semblante de mis pecados (Ps. 50, 11), e inclinad vuestros ojos sobre vuestro siervo. Tu misericordia, Señor, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Considera, alma mía, con viva fe a Jesucristo en medio de tu corazón, que te da aquel Maná escondido que nadie sabe lo que es sino el que lo recibe: y a ti como gloriosamente escondido en su regazo (Apoc. 2, 17).

II. Ámalo más que a todas las honras y dignidades de este siglo; de manera que fundes toda tu gloria, durante la presente vida, en ocultarte, y ser despreciado por su amor.

ΙΙΙ. Pide te conceda la virtud de la Fortaleza, para que fija tu consideración en las cosas invisibles, y absolutamente olvidado de las visibles, desprecies como vil cuanto el mundo tiene; venzas cualesquiera embarazos, por arduos y dificultosos que sean, y siempre camines a lo mas grande y sublime (2. Cor. 4, 18).

Aspiración: ¡Oh! ¿quién me dará alas de Paloma, para volar y descansar? Me las diste Tú, mi Dios, por tanto me alejé huyendo, e hice mi mansión en la soledad (Ps. 54, v. 7 y 8). Aquí sola mi alma con Vos, la habláis al corazón, y la dais el maná escondido de vuestro Cuerpo sacramentado. Y como el que se junta a Vos un espíritu con Vos se hace (1 Cor. 6, 17), yo no vivo ya de mi espíritu, sino del espíritu vuestro: y como en donde vuestro espíritu se halla, allí la verdadera libertad se encuentra, puede ya gozarse mi alma, pues libre de todo afán, trabajo y miseria, en Ti vivirá sin que alguna adversidad la pueda afligir. Tú eres verdaderamente Dios escondido; tu consejo no es con los malos, sino con los humildes y puros; a éstos hablas, con éstos te familiarizas, y a éstos solamente descubres tu hermosa cara. Supuesto que Te has dignado venir a mí, dame verdadera humildad, y la mayor pureza de corazón, para que escondido en Ti, descubra tu rostro, y sea salvo. Hablad, Señor, que vuestro siervo oye, para hacer en un todo vuestra voluntad. Aquí tenéis mi corazón; y si por inmundo os desagrada, apartad de él, ahora que estáis en su interior, cuanto ofenda vuestros ojos. Gracias infinitas os doy por vuestra infinita bondad.