Durante la mañana de ayer 6 de Mayo, un hombre de aproximadamente 30 años irrumpió y causó destrozos en la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad en Santiago de Cali (Colombia).
El hombre, conocido con el alias de “Rasputín”, ingresó furtivamente a la iglesia alrededor de las 10:00h (hora local) y derribó un crucifijo y un Resucitado, además de las imágenes de Nuestra Señora de la Soledad (titular de la iglesia), de Nuestra Señora de la Salud (patrona de la archidiócesis de Cali) y de Santa Marta, además de romper el vidrio protector de la devota imagen del Señor de la Caña; y subió al altar mayor gritando que era el diablo y el 666 antes de ser detenido por la Policía.
En un breve comunicado, el arzobispón de Cali Luis Fernando Rodríguez Velásquez (sucesor del pro-comunista Darío de Jesús Monsalve Mejía) condenó el hecho como «un acto iconoclasta que va en contra de la fe de los fieles católicos y vulnera la “libre expresión” (sic) de los creyentes» (pero de la ofensa a Dios en las imágenes de Sus santos y en Su templo, no dijo ni jota), y anunció el cierre del templo hasta el sábado 9.
La Ermita de Nuestra Señora de la Soledad fue construida a fines del siglo XVII a las afueras de la ciudad de Cali (actualmente está en el centro), en el camino a Llano grande (actual Palmira), como destino de peregrinación por una pintura mural representando al Señor de la Caña. Su planta actual, de estilo neogótico inspirada en la iglesia mayor (Münster) de Nuestra Señora de Ulm (Alemania), fue encargada por el general Alfredo Vasquez Cobo y erigida entre 1942 y 1947, después que un terremoto destruyó la antigua iglesia el 7 de Junio de 1925, del cual sobrevivió la mencionada imagen, que detuvo la “Navidad Negra caleña”, la matanza y saqueo por las tropas del caudillo liberal radical David Peña Bustamante († 1878) el 25 de Diciembre de 1876, durante la “Guerra de las Escuelas” (una de las tantas guerras civiles que asolaron la Colombia del siglo XIX).
***
No es, sin embargo, el primer incidente ocurrido en la iglesia, declarada Bien de Interés Cultural de la ciudad. En el año 2017, un tal Harold Noguera alias “Rasputín” (no se sabe si sea el mismo individuo de esta vez, o si se trata de una coincidencia) irrumpió con un puñal en la mano e ingresó rompiendo una vidriera para robarse el dinero de las colectas y otros objetos de valor, pero al huir la cuerda que lo sostenía de la fachada se reventó y se introdujo el puñal en su pierna al caer de una altura de dos pisos. Ni tampoco sería el primer acto vandálico contra una iglesia en el Valle del Cauca:
- En el año 2023, en Palmira, la iglesia La Inmaculada Concepción del corregimiento de Palmaseca fue víctima de un incendio provocado que destruyó gran parte de su estructura, incluida la sacristía y el techo. Un año después, en el 2024, en Cali, se registró otro incendio en el complejo de la iglesia San Francisco, afectando la capilla.
- En ese mismo año, la Capilla de San Antonio de Padua comenzó a ser blanco recurrente de ataques con piedras que rompían sus vidrieras, así como intentos de hurto de campanas y luminarias, generando preocupación entre la comunidad y las autoridades.
- En Noviembre del 2025, el Monasterio de la Santísima Trinidad de las Carmelitas Descalzas de Cali fue escenario de un grave acto de profanación: delincuentes ingresaron, robaron objetos sagrados (copón y custodia) y tecnológicos (ordenador y teléfonos móviles), y vaciaron el copón con las hostias consagradas.
Aunque algunos se han indignado porque la Ermita sea usada ocasionalmente por la Iglesia Ortodoxa Serbia para sus servicios de culto, con el permiso de la Archidiócesis de Cali (después de todo, el Decreto deuterovaticano “Unitátis Redintegrátio” de 1964 y el wojtiliano Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el Ecumenismo de 1993 lo prevén y lo permiten). Pero aunque objetivamente esté mal, peor que el culto cismático es el Novus Ordo presidido allí cada semana, Y AHÍ SÍ ESTÁN CALLADOS. En fin, la hipocresía…


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Preferiblemente, los comentarios (y sus respuestas) deben guardar relación al contenido del artículo. De otro modo, su publicación dependerá de la pertinencia del contenido. La blasfemia está estrictamente prohibida. La administración del blog se reserva el derecho de publicación (sin que necesariamente signifique adhesión a su contenido), y renuncia expresa e irrevocablemente a TODA responsabilidad (civil, penal, administrativa, canónica, etc.) por comentarios que no sean de su autoría.