domingo, 10 de mayo de 2026

EL EQUILIBRIO DE KARL BARTH ENTRE SU TEOLOGÍA Y SUS DOS MUJERES


El teólogo calvinista Karl Barth Sartorius († 1968), tan admirado de protestantes y conciliares por su teología conservadora [el protestante conservador cree en Dios y la Biblia], no era consecuente en su vida privada con su postura teológica.
  
Aún cuando en su obra magna Dogmática eclesial, tomo III/4, §54.1, Barth define el matrimonio como una «pareja de por vida», desde la década de 1970, era materia sabida en Europa que Barth mantuvo una relación adúltera con su asistente de investigación Charlotte von Kirschbaum mientras estuvo casado con Nelly Hoffmann, la madre de sus cinco hijos (matrimonio que le fue impuesto a Barth por su madre, luego que le impidieron casarse con Rösy Münger) durante 37 años. Su biógrafo y último asistente Eberhard Busch lo afirmó sin medias tintas:
«No hay duda que la intimidad que su relación con él causó particularmente fuertes demandas y exigencias en la paciencia de su esposa Nelly… Barth mismo no vaciló en asumir la responsabilidad y culpa por la situación que se había producido. Sin embargo, él pensó que aquello no podría ser cambiado. La situación tenía que ser aceptado y tolerado por los tres. El resultado fue que ellos llevaron una carga que les causó un sufrimiento horriblemente profundo. Las tensiones se levantaron, las cuales les agitaron, estremecieron y afectaron hasta el corazón. Evitar estos, al menos hasta cierto punto, fue una de las razones por qué  más adelante Barth y su secretaria Charlotte von Kirschbaum iban juntos a Bergli durante las vacaciones de verano» [Eberhard Busch, Karl Barth: His Life from Letters and Autobiographical Texts. (Karl Barth: Una vida desde sus cartas y textos autobiográficos). Fortress, Mineápolis 1976, págs. 185-186. Reedición: Wipf & Stock Publishers, 2005).
Pero cuando la teóloga protestante Christiane Tietz (quien fue asistente de Busch) presentó su conferencia de 2016 “Karl Barth y Charlotte von Kirschbaum” en la Sociedad Karl Barth de Norteamérica (conferencia cuyo texto publicó en Julio de 2017 la revista Theology Today, vol. 74/2, págs. 86-111) con parte de la correspondencia que le dieron Franziska y Markus Barth, los hijos sobrevivientes de Barth, y que publicó en su libro de 2021 bajo el título “Karl Barth: Una vida en conflicto”, la polémica se encendió en los Estados Unidos.

Barth y Von Kirschbaum (esta última trece años menor) se conocieron en 1925 por medio del capellán estudiantil de Múnich Georg Merz (que era padrino de uno de los hijos de Barth), y en 1926 ella empezó a trabajar como su asistente de investigación, revisando los manuscritos de las obras de Barth. Para 1927, Barth la llevó a su casa de Münster, viviendo con ellos hasta 1962, cuando Von Kirschbaum fue internada en una residencia psiquiátrica. En distintas ocasiones, tanto Nelly como Karl se plantearon el divorcio, pero nunca lo realizaron.

El propio Barth decía de esa situación:
«Tal como soy, nunca pude y todavía no puedo negar la realidad de mi matrimonio o la realidad de mi amor. Es cierto que estoy casado, que soy padre y abuelo. También es cierto que amo. Y es cierto, que estos dos hechos no concuerdan. Es por eso que después de algunas dudas al principio decidimos no resolver el problema con una separación en uno u otro lado» (En Teitz, “Karl Barth y Charlotte von Kirschbaum”, pág. 109).
  
Era el mismo Karl Barth que, ante la analogía del ser (todas las criaturas participan en distintos grados del ser de Dios) de Santo Tomás de Aquino y la primacía de la “experiencia religiosa” en el liberalismo protestante (padre del modernismo católico que haría estragos en el Vaticano II), oponía la distinción cualitativa y absoluta entre Dios y todo lo demás («Deus totáliter áliter», como decía su contemporáneo Rudolf Karl Bultmann Stern –a quien, sin embargo, criticaba porque buscaba “desmitificar el Evangelio”–). Ese mismo Barth que combatió a los “Cristianos alemanes” partidarios de Hitler afirmando el dominio absoluto de Cristo, no le dió la última palabra a la Revelación de Dios, sino a sus propios sentimientos desordenados en torno a su relación. Pero aún (si cabe), a su propio pecado, porque aunque sabía que estaba faltando a su esposa, escribió a Charlotte que:
«No es posible que esta relación sea realmente una obra del diablo, esto debe tener algún significado y un derecho genuino de ser, de que nosotros… no, solamente hablaré acerca de mi: De que yo te amo y no veo ninguna razón para detener esto» (En Teitz, “Karl Barth y Charlotte von Kirschbaum”, págs. 107, 109).

¡Y hasta se glorió de ello como que le ayudó en su teología!, pues dijo:

«El hecho mismo de que sea la mayor bendición terrenal que se me ha concedido en mi vida es al mismo tiempo el juicio más severo contra mi vida terrenal. […] Es muy posible, por lo tanto, que un elemento de experiencia, o mejor dicho: un elemento de experiencia vivida, se pueda encontrar en mi teología. Impidió, de una manera muy concreta, que me convirtiera en el legalista que podría haber sido en otras circunstancias» [Karl Barth - Charlotte von Kirschbaum: Briefwechsel (Karl Barth - Charlotte von Kirschbaum: Correspondencia), tomo I: 1925 - 1935. Rolf-Joachim Erler, editor. Zúrich 2008, págs. XX y ss.].
De ahí al “pecca fórtiter” de Lutero, poco había de distancia.
   
¿Y a todo esto, qué fue de Nelly? Reducida a la ama de casa y cuidadora de los hijos, soportó el rechazo de la sociedad, de la iglesia luterana, de la familia de su esposo, y las burlas y arrebatos de celos de Von Kirschbaum, que dijo de ella: «Parece una niña que, cuando le quitan un juguete, tira todo lo demás».
  
Hay una fotografía de Agosto de 1927 tomada por el pastor amigo Eduard Thurneysen que muestra al trío de los Barth-Hoffmann y Von Kirschbaum tomados de la mano frente a su casa de campo en el macizo del Harz, al centro-norte de Alemania. Y esta foto (que encabeza este artículo) muestra gráficamente lo que Anna Katharina Sartorius, la madre de Barth, le dijo en una carta: «¿Para qué es buena la más brillante teología, si ello ha de hacer naufragar el hogar de uno mismo?». Advertencia que fue en vano, porque nunca la atendió, como tampoco a San Gregorio Nacianceno, que decía:
«La discusión teológica no es para todos, sino solo para aquellos que han sido probados y han encontrado una base sólida en el estudio y, lo que es más importante, han experimentado, o al menos están experimentando, la purificación del cuerpo y del alma. Para quien no es puro, asirse a las cosas puras es peligroso, como lo es para los ojos débiles mirar el resplandor del sol». 
  
Su “relación de necesidad de trío” (si fue solo afectiva o también tuvo elementos sexuales, nunca se supo), no fue un caso único (se sabe que Paul Johannes Tillich Dürselen –que por su teología existencialista y transteísta estaba a las antípodas de Karl Barth– era tan roto en la fe como en la vida: era bisexual, consumidor de pornografía y mantuvo relaciones extramatrimoniales en secreto  incluso de su segunda esposa Johanna “Hannah” Werner Schulze ex de Gottschow –que, valgan verdades, tampoco era un dechado de virtud–) y aunque sea el más notorio, no fue, por lejos, el único conflicto de Barth en su vida y obra. De joven, tuvo que renunciar a su puesto de mediador porque cuando fue pastor en Safenwil (Suiza), se ponía del lado de los trabajadores y los sindicatos, por lo que los industriales y muchos de sus feligreses lo llamaron “pastor rojo”. Perdió la fe en sus profesores como Adolfo von Harnack porque estos eran liberales y apoyaban al Imperio alemán durante la Gran Guerra. Se unió al Partido Socialdemócrata Alemán en solidaridad contra el nazismo, y por negarse a hacer el saludo nazi, tuvo que renunciar a su cátedra en Gotinga y volver a su natal Basilea. Con su contemporáneo y compatriota Heinrich Emil Brunner, rompió porque este último creía que la razón y la reflexión sobre la experiencia natural y humana podían ser fuentes teológicas junto con la Revelación (algo que Barth rechazaba de plano, en parte por su lucha contra el nazismo), y por sus posturas contrapuestas sobre la respuesta al comunismo.
  
En la Iglesia Católica, los Padres y Doctores de la Iglesia acompañaban a la ortodoxia de su doctrina una vida honesta y ejemplar, donde la gracia de Dios resplandecía ante todos los hombres de todos los tiempos. Con los protestantes (aunque no todos, porque hay quien ve problemas en su teología) mil argucias para justificar con la teología, la mala vida de sus “gigantes” como Barth (que dicho sea de paso, era bisnieto de Johannes Burckhardt y descendiente de Enrique Bullinger). Aunque tengan pies de barro…

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