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domingo, 28 de junio de 2020

NOVENA EN HONOR A SANTA PULQUERIA EMPERATRIZ

Novena dispuesta por el padre Antonio Paredes SJ, y reimpresa en México en 1787.
 
PRÓLOGO
Admirable es Dios en sus Santos, y muy especialmente en la gloriosa Virgen y Emperatriz PULQUERIA, que en los varios pasajes de su vida fue asombro de la gracia. Niña muy tierna, se dio tanto a la virtud que era el ejemplar con que se componía el Palacio. A los catorce años de su edad se consagró publicamente a Dios, y habiendo hecho lo mismo sus tres hermanas, quedó convertido el Palacio en Monasterio de Vírgenes, cuyos ejercicios eran Oración y penitencia. Puesta desde entonces en el gobierno de la Monarquía, que ejerció hasta los cuarenta años, puso todo su cuidado en que se guardase justicia y se atendiese a los miserables, a quienes daba pronta audiencia y despachaba consolados. Celaba más que todo la observancia de la Divina Ley, el culto de los Templos y la integridad de nuestra Santa Fe: dando para todo útilísimas providencias. Pasmaba a todos cómo una niña tierna tenía tan comprehendidos los estados del Imperio, que atendía a cada uno como si fuera solo gobernando con tanto acierto, que nunca se vio el Oriente ni más florido ni más glorioso, ni más Cristiano.
  
Educó a su hermano Teodosio, formándolo tan piadoso que pudo ser idea de Emperadores. Le dio de esposa la que le deparó el Cielo, sacándola de la Gentilidad, y enviándole los Dogmas de Nuestra Católica Religión. Habiéndose rebelado Nestorio contra el Misterio de la Maternidad de MARÍA Santísima, patrocinó con todo su poder al Concilio Efesino, que condenó el error, y desterrado el Heresiarca, por padrón del triunfo erigió un Templo en Constantinopla a la gran Reina, en que fuese reconocida Madre de Dios: título que desde entonces se le añadió en la Oración del Ave María.
   
Combatida de émulos, se retiró de la Corte a donde libre de otros cuidados solo atendiese al de su espíritu. Restituida a los siete años a su antigua dignidad, se restituyó también al Imperio el concierto y quietud que con su ausencia se habían turbado; por este tiempo fue afligida Constantinopla con recios y continuados terremotos, mas enseñada del Cielo PULQUERIA, mandó que en todo el Imperio diariamente se cantara el Trisagio Sanctus Deus, que fue el remedio de tanto mal. 
    
Nombrada Emperatriz en el testamento de Teodosio, admitió la Corona, para poder desde el Trono patrocinar a la Iglesia contra la impiedad de Eutiques, que viciaba sus Dogmas. Era condición necesaria para la representación el casamiento: y tomó por consorte al piadosísimo Marciano, habiendo antes pactado con él la indemnidad de su voto. Con tal compañero solicitó que se celebrase el Concilio de Calcedonía, y le consiguió, haciendo las costas, allanando las dificultades, y asistiendo ella misma con su esposo al Concilio, en que se volvió a definir la Maternidad de la Señora estableciéndose que Cristo es Dios, y como Divino Hijo consubstancial al Eterno Padre. Asimismo, que es Hombre verdadero, y como humano, Hijo nacido de MARÍA. Dieron repetidos vivas a la Santa los seiscientos Padres del Concilio, alabando su Fe, celo y santidad. Después el Papa San León, en correspondencia de los dos herejes vencidos, le dio en nombre de toda la Iglesia las gracias, adjudicándole dos Palmas y dos Coronas. Se empeñó PULQUERIA en que los Cánones del Concilio se practicasen, y para que el heresiarca no tuviese oportunidad de inficionar a otros, lo desterró a los extremos de Asia.
     
Finalmente, habiendo fundado templos, hospitales y muchos lugares píos, habiendo asentado las verdades Católicas en el Imperio, y establecido en Oriente la justicia, llena de merecimientos, laureles, y trofeos pasó de esta vida a la eterna el día 11 de Septiembre, año de 454, a los cincuenta de su edad. Dejó sus bienes libres a los pobres, y su memoria a la posteridad para perpetuas alabanzas en la Iglesia. 
   
Corrió esta Heroína varias fortunas; y en todas fue la misma: ni la insolentaron las favorables, ni la turbaron las adversas. Tuvo asimismo variedad de estados, y a cada uno dio el lleno de su santidad. Razón, porque todos en cualquiera estado pueden solicitar su patrocinio: la doncella para el acierto en su elección: la virgen para la observancia de sus votos: la casada para la paz de su familia: el gobernador para el ejercicio de la Justicia; y los atribulados para la paciencia en los trabajos, seguridad en los peligros y confianza en los terremotos. Esto se ha de pedir a la Santa en esta Novena, previniéndose para ella el que la hace con el Sacramento de la penitencia. Recibirá también el del Altar algunas veces en el intermedio, y se ejercitará en las virtudes.
   
NOVENA DE LA EMPERATRIZ AUGUSTA Y VIRGEN GLORIOSA SANTA PULQUERIA FLAVIA, PATRONA DE LA IGLESIA, TUTELAR DE LAS DONCELLAS Y ABOGADA CONTRA LOS TERREMOTOS

    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por Vos justamente, sino principalmente porque os ofendí a Vos, sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de vuestra gracia, no pecar más en adelante, y huir de toda ocasión de pecado. Amén.
      
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios Soberano, Señor de Cielo y tierra, yo os doy gracias, porque con especialísima providencia enviasteis al mundo a la ínclita Virgen Santa PULQUERIA, cuando los herejes combatiendo a vuestra Iglesia oscurecían las verdades de nuestra Santa Fe, para que con su celo, prudencia y poder protegiese su causa; estableciéndose en nuestro Salvador la Divinídad que por nacido Hijo vuestro goza, y la Humanidad que por nuestro bien quiso tomar en las Virginales Entrañas de MARÍA Santísima, cuyos Soberanos fueros engrandeció, haciendo que los Fieles la invoquemos como Madre de Dios cuando la saludamos Llena de gracia y Bendita entre las mujeres. Ofrezcoos los merecimientos de esta Gloriosa Santa, y poniéndola por mi intercesora, os suplico me concedáis morir en el gremio de la Católica Iglesia, en gracia vuestra y que mientras viviere, no permitáis que cometa culpa mortal; para lo cual imploro vuestras Misericordias, y confiado en ellas espero atenderéis a mis necesidades, proveyéndoles del remedio que me conviniere para mi salvación eterna. Amén.
 
DÍA PRIMERO – 28 DE JUNIO
Augusta Emperatriz Santa PULQUERIA, que entrando al mundo alegraste al Imperio Oriental con tu nacimiento, y prevenida de la gracia desde tus tiernos años entregaste tu alma a Dios, y Este adelantándote la razón a la edad, para que le amases te puso en el Palacio imperial, para que enseñases a la familia toda la senda de la virtud; alcánzame, Santa mía, celestiales luces, para reconocer mis yerros, y llorándolos, imitar los ejemplos de tu Niñez, hasta lograr la muerte preciosa de los justos. Amén.
    
Se rezan siete Ave Marías.
  
ORACIÓN A SANTA MARÍA
Soberana Virgen MARÍA, verdadera Madre de Dios, cuya dignidad combatida de los herejes defendió tu Sierva amartelada Santa PULQUERIA, disponiendo con alta providencia tu Hijo Santísimo que poseída de su amor le consagrase su virginidad, para que como fiel Esposa suya pelease contra los enemigos de su Maternidad; y como Virgen escogida hiciese las causas de la Virgen Reina de las Vírgenes, creyendo que te reconoces obligada a sus oficios, y que valen mucho en tu estimación sus ruegos, la pongo por mi Abogada, para que oyendo mis clamores, me alcances del Señor consuelo en mis aflicciones, prosperidad en mis sucesos, seguridad en los terremotos, gracia en la hora de la muerte, y el remedio en la presente necesidad, que te represento por mano de esta tu amantísima defensora. Amén.
   
Aquí se hace la petición, y hecha se prosigue, diciendo:
Divino JESÚS, Rey de los Reyes, que te dignaste admitir por Esposa tuya a la Augusta Emperatriz Santa PULQUERIA, elevándola al celestial Tálamo, a esta interpongo ante tu Soberano acatamiento, y confiando en su intercesión, espero de tu Bondad cuanto me conviniere para bien de mi alma y cuerpo; y te suplico asistas a tu Santa Iglesia, trayendo a la profesión de su Fe a los herejes y Gentiles; exaltes tu Misericordia convirtiendo a los pecadores; asientes la paz en los Reinos Cristianos, uniendo los ánimos de sus Príncipes; te duelas de las Ánimas del Purgatorio librándolas de sus penas; y a mí me favorezcas en los peligros tanto del alma, que son las tentaciones, como del cuerpo, que son las pestes, las tempestades, y especialmente los terremotos, para que consiguiendo una muerte feliz, merezca acompañarte en la Gloria. Amén.
   
SANTO ES DIOS, SANTO FUERTE, SANTO INMORTAL, TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
  
Antífona: Ven, Esposa de Cristo, recibe la corona que te preparó el Señor por toda la eternidad.
℣. La gracia está difundida en tus labios. 
℟. Porque Dios te bendijo eternamente.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que quisiste adornar a tu virgen Santa Pulqueria con la singular prerrogativa de la castidad, y le diste para la defensa de tu Iglesia un sumo amor a la Fe, concédenos por su intercesión que, adheridos a Ti con pureza de alma, seamos misericordiosamente liberados de toda insidia del adversario. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO – 29 DE JUNIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

Augusta Emperatriz Santa PULQUERIA, que ansiosa de unirte más con Dios, escogiste a los catorce años de tu edad por Esposo tuyo a JESÚS su Hijo, ofreciéndole públicamente con voto tu Virginidad; ejemplo que siguieron tus tres Hermanas: quienes aprendiendo de Ti, renunciaron por las Divinas, las mundanas bodas que les aseguraba ilustrísimas su alta fortuna, vivieron en tu compañía como Ángeles en carne hasta la muerte: alcánzame, Santa mía, pureza de alma y cuerpo, según mi estado; para que agradando con ella a Dios en esta vida, merezca gozarlo en la eterna. Amén.
     
Rezar siete Ave Marías. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA TERCERO – 30 DE JUNIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

Augusta Emperatriz Santa PULQUERIA, que llena de prudencia celestial, siendo constituida Gobernadora del Imperio, sin embarazarte en tus domésticos ejercicios de virtud, puesta en el Tribunal dabas con asombro de los más sabios y expertos Senadores acertadísimas providencias; previniendo muchas veces acaecimientos que ni aún se recelaban futuros: con lo que conseguiste que en treinta y seis años que tuviste el mando, lograse suma paz el Imperio, floreciese la Justicia y se conservase pura la Fe: alcánzame, Santa mía, conocimiento de las vanidades mundanas, para que sabiendo gobernar mis pasiones, tenga paz con mi Dios en esta vida, y merezca gozarle en la Jerusalén Celestial eternamente. Amén.
   
Rezar siete Ave Marías. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO – 1 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

Augusta Emperatriz Santa PULQUERIA, que teniendo a tu cuidado en su menor edad a tu hermano Teodosio, lo educaste en temor Divino, embebiéndole en el alma el amor a nuestra Santa Fe, la sujeción a la Iglesia Romana, y la piedad para el gobierno de sus vasallos; y siendo ya tiempo de que tomara estado, enseñada de Dios sacaste de los errores gentílicos a Atenaide, a la que habiendo convertido a nuestra Católica Religión, diste por esposa al Emperador: alcánzame, Santa mía, que adjurando yo mis antiguos engaños, tome el camino de la Verdad, y mereciendo el agrado de Dios, sea admitido en su Celestial Corte, para reinar con los justos eternamente. Amén.
    
Rezar siete Ave Marías. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO – 2 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

Augusta Emperatriz Santa PULQUERIA, que haciendo oposición al impío Nestorio, cuando negándole la Divinidad a Cristo, deshacía la Maternidad admirable de MARÍA Señora, favoreciste al Concilio Efesino, en que le condenaron tan execrables errores; y persiguiendo a su autor con mano poderosa, hiciste que los decretos del Concilio se observasen; y celebrando el triunfo de la Gran Reina, le erigiste en la Corte un magnífico Templo como a Madre de Dios: título que desde entonces se le añadió en la Salutación Angélica; alcánzame, Santa mía, un amor muy cordial a esta Señora, para que invocándola Madre de Dios, ruegue por mí ahora, y en la hora de mi muerte. Amén.
    
Rezar siete Ave Marías. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
    
DÍA SEXTO – 3 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

Augusta Emperatriz Santa PULQUERIA, que siendo voluntad de Dios ejercitar tu paciencia, permitió que tus émulos te pusiesen asechanzas para deturbarte del gobierno; y tú buscando puerto en la inminente borrasca, dejaste el Palacio, y eligiendo para tu habitación un retiro, lograste el tiempo de siete años para vacar solamente a la Oración, penitencia y otros santos ejercicios con grandes provechos de tu espíritu, que tenía su conversación en los Cielos: alcánzame, Santa mía, conformidad con la voluntad de Dios, para sufrir con mérito mis trabajos, y lograr el tiempo de la tribulación para asegurarme los gozos eternos. Amén.
   
Rezar siete Ave Marías. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO – 4 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

Augusta Emperatriz Santa PULQUERIA, que turbada la paz del Imperio con tu falta, restituida ya otra vez al Trono fuiste el Iris que con su presencia serenó no solamente los disturbios de los hombres, mas también la ira de Dios, que con violentos terremotos iba arruinando a Constantinopla, mandando enseñada del mismo que cada día en todas las Iglesias de Oriente se cantase el Trisagio, con que los Ángeles lo alaban: «Santo es Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal»: alcánzame, Santa mía, una grande confianza con la Divina Misericordia, para que cuando se turbare la tierra, no tenga que temer, siendo Tú mi Protectora, que me conciliará la gracia del Divino Juez, así en la vida como en la muerte, para que amándole sobre todas las cosas, merezca alabarlo eternamente. Amén.
   
Rezar siete Ave Marías. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA OCTAVO – 5 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

Augusta Emperatriz Santa PULQUERIA, que elevada al Imperial Solio, tomaste esposo, que salvos los fueros de tu Virginidad, te auxiliase contra el perverso Eutiques, que negaba en Cristo la verdad de nuestra naturaleza, lo halló tu celo, solicitando se celebrase el Concilio de Calcedonia: donde asistiendo tú en persona, se restableció el Dogma Católico; y condenado el heresiarca, fuiste aclamada de los seicientos Padres del Concilio como Protectora de la Iglesia, en cuyo nombre el Papa San León dándote las gracias por los duplicados triunfos que en los dos herejes le ofreciste, te adjudicó otras tantas Palmas y otras otras tantas Coronas: alcánzame, Santa mía, que yo humille mis deseos, y que confesando a mi Salvador como Dios verdadero en verdadera Carne, me sepa aprovechar de su Pasión, para que blanqueada mi Alma en su Preciosa Sangre, merezca asistirle eternamente en su Celestial Corte. Amén.
    
Rezar siete Ave Marías. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO – 6 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

Augusta Emperatriz Santa PULQUERIA, que habiendo consumado santísimamente tu carrera en defensa de la Fe, fuiste llamada de tu Celestial Esposo a recibir el premio de tus grandes Virtudes: y dejando por herederos de todos tus bienes libres sus pobres, cerraste el periodo de tu admirable vida con una preciosísima muerte, por medio de la cual pasaste a confirmar tus Bodas con el Inmaculado Cordero, cuyos Misterios defendiste como fiel Esposa; y a agregarte a la comitiva que hace Corte a su Bendita Madre, cuya dignidad sacó triunfante tu grande amor: alcánzame, Santa mía; una muerte en gracia, concillándome el amparo de MARÍA Santísima para aquella hora, y las Misericordias del Fruto bendito de su Vientre JESÚS. Amén.
      
Rezar siete Ave Marías. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.

sábado, 7 de julio de 2018

SANTA PULQUERIA, VIRGEN Y EMPERATRIZ

  
Elia Pulqueria nació en Constantinopla el 19 de enero del año 399, hija del emperador Arcadio y de Eudoxia, y nieta de Teodosio el Grande: Perdió a su madre cuando apenas contaba cinco años de edad, y cuatro despues, murió tambien Arcadio. Segun las leyes antiguas, la regencia de aquella mitad del imperio pertenecia a Honorio, que reinaba en Occidente; pero los grandes y magnates se opusieron a ello, y confiaron el gobierno supremo, en nombre de Teodosio el Joven, a Artemio, prefecto de Oriente, patricio rico, en el cual reconocian todos talento y probidad. Mientras tanto Pulqueria, desde la edad más tierna se iba haciendo notable por su distinguido ingenio y por su juicio sólido: sus discursos, sus acciones, su modestia y su piedad causaban ya la admiración de la corte en 408; y en 414 hablaba perfectamente el latín y el griego, y había estudiado con mucho aprovechamiento la historia.
  
Llegada a la pubertad, conoció que, bajo el pretexto de solicitar su mano, los príncipes y los grandes del imperio formarian intrigas para turbar la quietud del Estado, prevaliéndose de la corta edad e inexperiencia de Teodosio: así, pues, se decidió a renunciar para siempre al matrimonio; y queriendo que nadie tuviese la menor duda respecto de sus intenciones, hizo un voto solemne y público de virginidad en la iglesia de Constantinopla. Poco despues se apoderó de las riendas del gobierno; y Artemio, que preferia la tranquilidad pública a su engrandecimiento, dejó la regencia sin oponer el menor obstáculo. Se encargó de la educacion del joven emperador; y aunque sus cuidados no dieron por cierto todo el resultado apetecible, los historiadores convienen en que desempeñó tan difícil cargo con admirable prudencia; y que si no logró extinguir en su hermano vicios que acaso heredara de su padre, por lo menos moderó mucho sus pasiones y le hizo amar la clemencia.
  
Cuando Teodosio llegó a los 15 años, asoció a Pulqueria al imperio, y el senado la declaró Augusta con aplauso de todos los pueblos. Encargada del gobierno a la edad de 16 años, desplegó esta princesa tantos talentos, tanta prudencia y firmeza, que los más hábiles ministros confesaban que nadie la sobrepujaba en el arte de reinar. Ofreció un fenómeno, único que no ha vuelto a verse: «una princesa de 15 años gobernando un vasto imperio con la madurez de la más consumada experiencia» (Charles Le Beau, Historia del Bajo Imperio).
   
En efecto, es innegable que Pulqueria gobernó el Oriente con gloria por más de treinta años: heredó las virtudes de su abuelo el gran Teodosio: su justicia restableció el orden, su bondad ganó el afecto de los pueblos; con su firmeza supo reprimir a las facciones y prevenir las continuas revueltas de que solía ser teatro la capital del imperio. Su inmensa caridad, imitada por cada uno de los individuos de la familia imperial, llegó a desterrar de sus estados la mendicidad: protegió las letras y las ciencias y tomó una parte muy importante en la redaccion del Código Teodosiano. Lejos de mantener a su joven hermano en la ignorancia para dominarle mejor, le dio los maestros más hábiles en todas las ciencias y facultades: fue el amparo de la inocencia, alivió a los pueblos de los impuestos más onerosos: contuvo por mucho tiempo las irrupciones de los bárbaros; y en fin hizo florecer la religión católica.
  
Demasiado generosa para que temiese dividir con otra la influencia que ejercia sobre el ánimo de su hermano, y cuidando tambien de su felicidad doméstica, le eligió una esposa que aunque no había nacido hija de príncipes, era muy digna de ocuar un trono. La joven y bellísima Atenais, hija del filósofo ateniense Leoncio, había ido a Constantinopla y presentádose a Pulqueria con motivo de ciertos asuntos de familia, la hermana del emperador quedó admirada de su maravillosa hermosura, de sus grandes talentos, y sobre todo de la elocuencia irresistible con que exponía su causa: la creyó propia para hacer la dicha de Teodosio, y la convirtió a la religión cristiana, y la elevó al solio, después de haber adoptado el nombre de Eudoxia. Aquella unión no disminuyó en nada la influencia de Pulqueria durante algunos años; y esta princesa, que cuidaba siempre de conciliar los deberes de la piedad con las demás obligaciones impuestas a los soberanos, hizo que su hermano reuniese en Éfeso un concilio para poner remedio a las doctrinas heréticas que Nestorio extendía por sus dominios. Este heresiarca contaba en el número de sus prosélitos a muchos personajes elevados: sin embargo, el concilio mantuvo en toda su pureza el culto de la Santísima Virgen. Furiosos los nestorianos con el acuerdo de los prelados, inventaron mil calumnias y publicaron libelos infamatorios contra Pulqueria: esta princesa despreció sus injurias y se vengó de los detractores haciendo construir dos magníficos templos en honor de la Madre de Nuestro Salvador.
  
Algunos años después tuvo lugar la separación de Teodosio y Eudoxia, y el voluntario destierro de esta a Jerusalén: conformándonos con la opinion más generalmente admitida entre los historiadores, fueron el principio de la desgracia que experimentó sus desavenencias con Pulqueria, y que deseando entrambas dominar al emperador, la hermana venció a la esposa. La imparcialidad nos obliga a consignar en este lugar el parecer de otros escritores, según el cual, lejos de haber existido falta de inteligencia y buena armonía entre las dos princesas; ambas fueron víctimas sucesivamente de la crédula debilidad de Teodosio y de las intrigas de los cortesanos, que querían apoderarse del gobierno. Ya sabemos que los violentos celos que concibió el emperador, sin duda por las pérfidas insinuaciones de los eunucos, produjeron la desgracia de la emperatriz; veamos ahora como sucedió la momentánea caida de Pulqueria. Era el año 446: el eunuco Crisafio, favorito del emperador, se empeñó en destituir a San Flaviano del patriarcado de Constantinopla; pero Pulqueria fue un obstáculo insuperable para conseguir sus intentos: el favorito juró perderla, y aun el ejemplo de la facilidad con que el emperador se habia apartado de Eudoxia le hizo esperar que tal vez sucedería a su hermana en cuanto al gobierno material del imperio. Para hacerla decaer en el ánimo del emperador, acechaba las ocasiones el favorito: sin embargo 32 años de prosperidad y paz en el imperio, debidas a la sabiduría y las altas prendas de Pulqueria, y las dulces virtudes, la irreprensible conducta que todos admiraban en ella, no dejaban campo alguno a la calumnia ni a la intriga.
   
A pesar de todo, Crisafio halló un momento favorable para sus intentos. Teodosio era muy poco aficionado al despacho de los negocios; había contraído la mala costumbre de firmar, sin leerlos, cuantos decretos y órdenes le presentaban: las reprensiones que su hermana le dirigía constantemente con este motivo no pudieron corregirle; y la princesa imaginó un medio para hacerle más circunspecto. Escribió, pues, un decreto, según el cual, Teodosio abdicaba la corona; le mezcló entre los demas papeles puestos al despacho, y el emperador lo firmó sin leerle, como de costumbre; entonces Pulqueria le dio una severa lección, haciéndole conocer las imprudencias y hasta los males y desgracias a que podía exponerse y exponer al Estado con su indisculpable descuido.
  
Teodosio, en lugar de agradecer la importante advertencia que por su gloria e interés acababa de hacerle la princesa, se enfureció contra ella: súpolo Crisafio y adulando al emperador, le hizo presente que era ya tiempo de salir de tan vergonzosa tutela, y de imperar por sí mismo: en fin le determinó a apartar a Pulqueria de la corte y ordenar que el Patriarca la consagrase como diaconesa. San Flaviano lo puso todo en conocimiento de su protectora, la cual, prefiriendo la calma de la soledad a los honores supremos, previno su desgracia retirándose a una casa de campo, donde gozó tranquilamente las dulzuras de la vida privada. Bien pronto se advirtió la falta que hacía Pulqueria para la prosperidad del Estado: las imprudencias del emperador comenzaban ya a producir funestos resultados: los pueblos echaban de menos a la que por tantos años había procurado su felicidad con una eficacia verdaderamente maternal, y dejábanse sentir las turbulencias en la Iglesia. El emperador comprendió al fin la enorme falta que había cometido: se acusó de su ingratitud y de haberse privado tan ligeramente de los auxilios y sabios consejos de su virtuosa hermana, que, en último resultado, solo apetecía su gloria y la del imperio. La llamó, pues, a su lado; y Pulqueria, aunque se hallaba muy contenta en su retiro, interesada en el sostenimiento de la religión verdadera, y amante tierna de su hermano, se determinó a reaparecer en la corte.
   
Eutiquio, abad de un monasterio de Constantinopla, bajo el pretexto de combatir la herejía de los nestorianos, había abrazado un error no menos pernicioso para la fe católica; y aunque fueron condenadas sus doctrinas, apoyado en la proteccion del eunuco Crisafio, continuó en sus predicaciones. Teodosio, dirigido en todo por su insolente favorito, se declaró en favor de Eutiquio; y he aquí uno de los principales motivos que asistieron a Pulqueria para volver a la corte. Su entrada en Constantinopla fue propiamente una ovación: «Los grandes (dice un escritor), el clero y el pueblo la recibieron como una divinidad bienhechora. El emperador la demostró mucha más confianza que anteriormente: pocas palabras bastaron para desengañarle respecto de los cortesanos, que no le adulaban sino para engañarle. Fueron descubiertas las violentas exacciones y las injusticias cometidas por Crisafio; y el eunuco, despojado de sus bienes y empleos, fue entregado a la justicia». El emperador, guiándose por los consejos y la experiencia de su hermana, cicatrizó bien pronto las llagas abiertas en el seno del Estado: la religión volvió a florecer en toda su pureza: la paz y la abundancia renacieron en los pueblos, y el nombre de Pulqueria era alabado en todas partes. Pero Teodosio no gozó largo tiempo de aquella dicha, a que tampoco le hacía acreedor su carácter: murió sin sucesión en 450.
   
Para sostener el imperio necesitábase una persona de ánimo verdaderamente heroico: el senado, los grandes, el ejército y el pueblo proclamaron a una voz emperatriz a Pulqueria, y la colocaron en el trono de los Césares. El valor y los talentos, las virtudes y la piedad de la hermana de Teodosio la hacian en verdad merecedora del cetro; pero el gobierno de una princesa, contrario a las costumbres del imperio, podía excitar en adelante el descontento, y para evitar todo género de obstáculos sobre este punto, Pulqueria se casó con Marciano y le asoció al trono. Era Marciano de extraccion humilde, pero notable por sus talentos militares y por su probidad: había ya llegado a los 60 años de edad y su experiencia y firmeza secundaban perfectamente las prudentes y sabias miras de la emperatriz: así es que le dio con placer la púrpura y su mano, obligándole antes, sin embargo, a jurar que respetaría siempre su poder y su voto de castidad. Aquel matrimonio tuvo lugar el año 451; y Marciano justificó plenamente la elección de Pulqueria. Entrambos esposos continuaron trabajando de acuerdo para aumentar la felicidad de sus pueblos: la emperatriz murió llorada por todos sus súbditos el 18 de febrero del 453, a los 54 años de edad.
  
Esta princesa, que había edificado un gran número de iglesias, fundado conventos y dotado a muchas casas de beneficencia, instituyó a los pobres herederos de todos los bienes de que podía disponer: la historia la ha colocado entre los más dignos soberanos del mundo, y la iglesia griega en el número de sus santos. Un breve del papa Benedicto XIV, del 2 de febrero de 1752, autorizó a muchas comunidades religiosas para honrar tambien su memoria el día 7 de julio: sin embargo, en algunos martirologios se hace mencion de santa Pulqueria el dia 10 de septiembre. El jesuita Archangelo Contuccio de Cotucci publicó su Vida, Roma, 1754: tambien se encuentra en la Coleccion de las vidas de los Santos; y puede cualquiera adquirir más pormenores acerca de esta emperatriz en las Memorias de Louis-Sebastien de Tillemont, en la Historia de la decadencia del imperio, etc.
  
VICENTE DÍEZ CANSECO. Diccionario biográfico universal de mujeres célebres, tomo III. Madrid, imprenta de D. José Félix Palacios, 1845
  
ORACIÓN
Oh Dios, que quisiste adornar a tu virgen Santa Pulqueria con la singular prerrogativa de la castidad, y le diste para la defensa de tu Iglesia un sumo amor a la Fe, concédenos por su intercesión que, adheridos a Ti con pureza de alma, seamos misericordiosamente liberados de toda insidia del adversario. Por J. C. N. S. Amén.