sábado, 7 de noviembre de 2020

NOVENA EN HONOR A SANTA INÉS DE ASÍS

Novena dispuesta por el Padre José de la Purificación Sch. P., impresa por Eusebio Aguado en Madrid, año 1853.
   
DIRECCIÓN PARA HACERLA CON FRUTO.
Aunque los verdaderos devotos de esta estática virgen no necesitan esperar el día de su fiesta ni otro tiempo determinado para esplicar su fervoroso y cordial afecto, será acertado principiarla en preparación a su fiesta el día 16 de noviembre. Y para que reciba con mayor agrado los corazones que se consagran a su culto, se podrán manifestar con algunos de los obsequios y santas obras siguientes.
  1. Luego que se levante, ofrecer a nuestro Señor todas las obras de aquel día, como lo practicaba la Santa.
  2. Oír Misa y visitar los altares, ofreciendo la satisfacción por las ánimas del Purgatorio, de quienes la Santa fue devotísima: y Dios, por mano de sus ángeles, se lo premió en esta vida con una celestial resplandeciente corona.
  3. Leer y meditar algunas de sus heroicas virtudes, como su amor a Dios y a los prójimos, su profundísima humildad, la paciencia en los trabajos, la mortificación de las pasiones, y evitar aun las culpas más leves.
  4. Confesar y comulgar en uno de los nueve días, disponiéndose para que esta seráfica virgen les alcance de su divino Esposo la gracia o consuelo que solicitaren.
  5. Si la persona que hiciere esta Novena fuere Religiosa, especialmente hijo o hija de Santa Clara, andará en estos dias con mas exacto fervor en el cumplimiento de sus reglas, observancias de su estado; más retiro, silencio y recogimiento interior; nuevo fervor en la oracion, en el coro y en la presencia de Dios nuestro Señor; mayor espíritu en los ejercicios de humillación y penitencia; procurando imitar a esta candidísima virgen y a su seráfica hermana Santa Clara en todas las virtudes más propias de su estado, como son pobreza, castidad, obediencia, paciencia, amor a Dios, y resignación en su santísima voluntad; aspirando, con los auxilios de la divina gracia, a ser viva copia del perfectísimo original de esta santa virgen Inés, cordera dulcemente querida del Pastor soberano, y esposa tiernamente amada del Cordero divino.
  
NOVENA A LA BIENAVENTURADA VIRGEN SANTA INÉS DE ASÍS
  
   
Estando de rodillas delante de algún altar o imagen de la santa virgen, levantará el corazón a Dios nuestro Señor, a María Santísima y a toda la corte celestial, fijando la consideración en Santa Inés, a quien dirige la Novena; y hecha la señal de la Cruz y Acto de contrición, dará principio con la siguiente oración:
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
Gloriosísima virgen y amorosa madre Santa Inés, modelo y espejo clarísimo de las almas que se consagran en las deíficas aras del amor hermoso; confiado en vuestro candidísimo maternal agrado imploro vuestra benignísima caridad, suplicándoos me alcancéis de vuestro inmaculado dueño y omnipotente Esposo, que en el inculto campo de mi corazón plante sin raíces de lo terreno el celestial ramillete de vuestras angélicas y admirables perfecciones, para que respirando con las fructuosas fragancias de una vida verdaderamente cristiana y una muerte dichosa con vuestra presencia, le sirva y goce en el eterno inmarcesible jardín del Paraiso. Espero de vuestra generosa piedad esta gracia, y lo que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y bien de mi alma. Amén.
 
Aquí se hará la petición, alentando la confianza de conseguir lo que el devoto solicita y desea por la intercesión de Santa tan prodigiosa.
  
DÍA PRIMERO – 7 DE NOVIEMBRE
Omnipotente y soberano Señor de cielo y tierra, que en la flaqueza del sexo de vuestra esposa Inés criasteis una flor siempre viva, en que se animó el mas heroico grado de la constancia, resistiendo a las amenazas, a los golpes y a los desprecios que le hizo el mundo para apartarla de vuestro lado y morada de vuestras esposas, hasta ostentarla inmoble a la fuerza e insensible al dolor; disponed en nosotros un corazón inalterable a las continuas invasiones de nuestros enemigos, y una esperanza siempre viva de vuestros soberanos socorros, con que superando las diabólicas astucias lleguemos a gozar de las eternas delicias. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, que entraste a ser por modo extraño
cordera del seráfico rebaño,
No negueis a mi súplica el oído,
pues sois cordera del mayor valido.
En vos vive constante mi esperanza,
pues con vuestro favor el bien se alcanza.
Sed amante y benigna protectora
del que en vos sus consuelos atesora.
  
GOZOS
  
Pues del divino Pastor
Sois la cordera amorosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
Asís, en su fértil suelo
De Italia jardín fecundo,
Fue vuestro oriente en el mundo,
Naciendo animado Cielo.
Si anticipó el resplandor
En vuestra alma gracia hermosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
    
Seráfica llama pura
De Clara en el pecho ardía,
Viendo en vuestra compañía
Aumentarla en la clausura.
Pues a impulso superior
Logró esta suerte dichosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
     
Llegáis veloz al convento,
Donde esta sacra amazona
Supo labrar la corona
Al tesón del vencimiento.
Pues fue pretesto al amor
La visita misteriosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
   
Un rayo de luz divina
Vuestro corazón inflama,
Y luego prendió su llama
En la voluntad más fina.
Pues fue tan vivo el ardor.
Que os hizo de Cristo esposa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
    
La paternal repugnancia
Soltó el freno a la impaciencia,
Y con su tenaz violencia
Quiso rendir la constancia;
Mas triunfó vuestro valor
Con la gracia poderosa.
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
   
El vil asalto emprendieron
Doce hombres de furia armados,
Y quedándose burlados
De la empresa desistieron.
Pues os hizo el Creador
Inmoble roca animosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
 
Serena ya la tormenta
De la lid embravecida,
Fue celestial vuestra vida
Con las virtudes que aumenta.
Si el sacrificio al Señor
Fue grato en unión gloriosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
   
Vuestra Cándida inocencia
Tanto se mortificaba,
Que en su ejercicio no hallaba
Descanso la penitencia.
Pues fue continuo el rigor
De vida tan prodigiosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
    
Del convento que fundasteis
Sois ejemplar piedra viva,
Donde la virtud estriba
Desde que lo edificasteis.
Pues conserva en su vigor
La observancia religiosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
   
El jardinero sagrado
Os hizo místico huerto
Para las gracias abierto,
Para las culpas cerrado.
Pues fuisteis Cándida flor
De su delicia amorosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
    
En dulce rapto constante
Vuestra alma con Dios se unía,
Y la gloria que escondía
Manifestaba el semblante.
Pues de su llama al candor
Érais fina mariposa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
 
De serafines amantes
Fuisteis, Inés, visitada,
Y en la oración coronada
Con tres diademas brillantes.
Pues las dio nuevo esplendor
Vuestra alma, en Dios fervorosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
    
Prodigios innumerables
Obráis, llevándoos la palma
En curar males del alma
Y los del cuerpo insanables.
Y pues el supremo Autor
Os hizo tan milagrosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
    
Vuestros cultos, igualados
Con Clara, publica el Cielo,
Cuando los venera el suelo
En la virtud hermanados.
Y pues en lazo de amor
Sois clara, Inés asombrosa,
Socorred, Inés piadosa,
A quien os pide favor.
 
     
℣. Ruega por nosotros, Santa Inés de Asís.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
 
ORACIÓN
Escúchanos, oh Dios Salvador nuestro, para que así como nos regocijamos con la festividad de tu virgen Santa Inés, escuchemos también el afecto de su piadosa devoción. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO – 8 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Humildísimo y clementísimo Jesús mío, enamorado dueño de las almas, que en el espíritu de vuestra electa esposa Inés creásteis el mas sublime grado de humildad, formando en ella una suavísima viola, en que se unieron todos los vivos colores de la modestia, por lo que se tenía por la mayor pecadora, y se colocaba bajo los pies de toda criatura; humillad, Señor, nuestra soberbia altivez, y abatidnos hasta la más profunda humildad, para que haciéndonos modestos el claro conocimiento de nuestras culpas, nos veamos exaltados, como vuestra humilde sierva, en los escelsos tronos de vuestra gloria, como lo esperamos del soberano auxilio de vuestra gracia. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, imán que en dulces atracciones
os lleváis los mas puros corazones,
Nevada perla sois, que empleó su precio
en la compra del propio menosprecio,
Escala fija de eminente grado,
por donde sube al cielo el humillado.
Sella en mi corazón virtud tan alta,
pues al que más se abate más lo exalta.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA TERCERO – 9 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Piadosísimo y amantísimo Salvador del mundo, que animasteis en vuestra querida esposa Inés una fragantísima rosa, en que viviese la mas encendida caridad, rodeándola con las agudas espinas de una extraña mortificación, para cuyo ejercicio perenne llevó toda su vida ceñido un horroroso cilicio de penetrantes puntas, que hiriendo su virginal y delicado cuerpo quedaban copiosamente sangrientas; concedednos, Señor, por la que vertió esta candidísima virgen, el espíritu fervoroso de la mortificación de nuestros sentidos, para que con la unión de los méritos infinitos de vuestra Sangre purísima, podamos merecer las suaves delicias de vuestra gloria. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, rosa vital de aroma puro,
no marchita del aire al silbo impuro.
Nido sois del amor, que el vuelo toma
del mismo nido de quien sois paloma,
Encendido crisol en fragua ardiente,
no apagado del mundo á la corriente,
Serafín del amor el mas fogoso,
que arde en la dulce hoguera de su Esposo.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
     
DÍA CUARTO – 10 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Infinito Hacedor de cuanto tiene ser, que queriendo hacer ostentación del poder de vuestra gracia elevasteis en vuestra amante esposa Inés un clavel hermoso, en cuyas varias hojas sobresaliesen todas las perfecciones juntas, practicando ésta todas las virtudes con tanta valentía, que causaba espanto a su seráfica hermana Santa Clara, y a cuantas se ilustraron en su celestial compañía; infundidnos, Señor, el alto espíritu de la perfección que nos remonte a lo más heroico de la virtud, para que vestidos con la gala más preciosa de vuestra gracia, podamos sentarnos dignamente con vuestra esposa amantísima a la mesa inmortal de vuestra gloria. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, que a ejemplo de tu hermana Clara
la virtud hermanaste mas preclara,
Niña eres de los ojos de Dios vivo,
que nos mira por vos tan compasivo,
Esposa del Cordero immaculado,
que aun antes de la luz fue ya engendrado.
Sacro clavel, que en vivo sentimiento
cifra en la penitencia lo sangriento.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA QUINTO – 11 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
  
Dulcísimo Jesús y poderoso dueño de nuestras almas, que infundisteis en la de vuestra enamorada sierva Inés el ardiente deseo de que se salvasen todas, haciendo en ella un racional jacinto que estuviese continuamente rompiendo los cielos en amorosos ayes que pidiesen misericordia por los pecadores, dirigiéndolos también con fervoroso afecto en fresco auxilio de las que padecen en el fuego del Purgatorio, por las que ejecutaba perennemente la penitencia, la oración y el ayuno; inspiradnos, Señor, ansias vehementes de convertir a todo el mundo a vuestra fe, y de asistir a aquellas benditas almas para que vuelen a la gloria, con la seráfica intención que Santa Inés os pedía esta gracia. Amén.
    
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, iris que templa la tormenta,
que el alma en nieblas de la culpa aumenta,
Norte sois que seguro al Cielo guía,
a quien del mar del mundo se desvía.
Estrella fija de propicias luces,
que benigna a la gloria nos conduces.
Sol que con clara luz de virtud rara,
en éxtasis de amor vio la luz clara.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
    
DÍA SEXTO – 12 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
  
Altísimo Señor del universo, que os dignasteis levantar en vuestra amorosa sierva Inés, de lo más bajo de la tierra a la mayor altura del Cielo, un girasol fidelísimo que estuviese siguiendo vuestros pasos en exhalado movimiento, para cuyo elevado ejercicio con la abnegación propia despreció al mundo, y en cuyo testimonio se admiraba en continuos éxtasis, levantado por los aires su inocentísimo cuerpo; concedednos, Señor, el ejemplar desasimiento de los caducos transitorios bienes de la tierra, y la heroica imitación de vuestra perfectísima vida, para que siguiéndoos como a sol de justicia y misericordia, seamos dignos en compañía de vuestra amante Inés de elevarnos a la altura de la eterna felicidad. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, que casta, pobre y obediente
fuiste en grado perfecto y eminente.
Nada en la tierra apeteció tu anhelo,
sino dejar el mundo por el Cielo,
Envía un rayo de tu luz hermosa,
que ahuyente al alma la tiniebla umbrosa.
Socorre a quien se acoje, en ti confiado,
al templo vivo de tu amor sagrado.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO – 13 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
  
Purísimo Esposo de las almas, que en vuestra candidísima Inés formasteis una animada azucena, cuya fragante hermosura sirviese de delicioso recreo, y dispusisteis que un ángel vuestro la coronase con tres brillantes diademas en premio de sus virtudes castísimas, conforme a los tres clavos dorados con que se corona esta flor, y la esmaltase con una fe viva, esperanza firme y caridad ferviente; infundid, Señor, una admirable y virginal pureza de estas virtudes en nuestros ánimos, que conserve limpios y castos nuestros cuerpos, para que como esta vuestra esposa podamos alcanzar el premio de los inmortales gozos. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, que en la virtud fuiste ilustrada,
y de angélicos nuncios laureada.
Nueva azucena de albor tan precioso,
para suave delicia del Esposo.
Ejemplo virginal de la clausura,
y ángel de guarda en la observancia pura,
Sagrario humano de Jesús divino,
electo para trono a su amor fino.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA OCTAVO – 14 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Pacientísimo Redentor del mundo, que en la inocente cordera de vuestra dilecta esposa Inés os dignásteis renovar y avivar los amargos sentimientos de vuestra acerbísima muerte y pasión, haciéndola pasionaria humana que la mostrase continuamente en las fijas especies de su memoria, por la que se deshacía en profundo dolor y abundantes lágrimas, exhortando a todos a su compasión y ternura; dadnos, consolador único de nuestras almas, estos debidos afectos, para que en inflamada imitación de vuestra enamorada sierva Inés lloremos con amarga contrición las culpas que ocasionaron vuestras penas, con el claro conocimiento de esperar y lograr así por vuestra divina gracia la dulce posesión de vuestra gloria. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, incendio de celeste llama,
lo tibio de mi pecho amante inflama.
Nube eres que en rocío continuado
se liquidó en las penas de su Amado.
Erario de aquel mérito divino,
que nos da el que es verdad, vida y camino,
Socórrannos las finas dignaciones
con la alta plenitud de vuestros dones.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA NOVENO – 15 DE NOVIEMBRE
Por la señal,…
Acto de contrición y Oración preparatoria.
  
Incomprensible Majestad de bondad infinita y Autor soberano de la gracia, que en la boca de vuestra pacientísima cordera Inés quisisteis cifrar cuantos consuelos ha repartido entre las criaturas vuestra clemencia, haciendo de ella una universal maravilla, disponiendo que ejecutase las de curar enfermedades de garganta, pechos y ojos a muchos desahuciados, y especialmente le concediste el don singular de arrojar de los cuerpos humanos los malignos espíritus; concedednos, Señor, que por sus incomparables méritos seamos libres de las malignas dolencias de la culpa, y de las corporales enfermedades que nos vienen por ella, para que logremos alabaros en su compañía en el jardín eterno de la gloria, trasplantados allá por la virtud y maravillas de vuestra gracia. Amén.
  
Ahora, en memoria y veneración de las cuatro coronas que recibió esta santa virgen, tres en la tierra y la que goza en el Cielo, se dirán todos los días los siguientes versos, rezando al fin de cada dos una Ave María.
Inés, milagro en que la gracia brilla,
por ser de su pensil la maravilla.
Nuestra súplica atienda tu pureza,
y otórgala, Señora, con presteza,
Espejo eres del que es de Dios tocado,
donde se mira su perfecto estado.
Salud en alma y cuerpo de ti espera
el que amante te invoca y te venera.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.

MES DE NOVIEMBRE EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - DÍA SÉPTIMO

Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:
Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
   
DÍA 7 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: LA PENA DEL REMORDIMIENTO.
    
PUNTO PRIMERO
La segunda pena del Purgatorio, más cruel que el mismo fuego, es la del remordimiento que se siente por los defectos de la vida pasada. Tres dolorosas miradas echa el alma sobre ella, y con la primera ve todo el mal que podia haber evitado y no lo evitó. ¿Cuántos pensamientos, cuántos afectos desordenados podía haber reprimido? ¿Cuántas palabras ociosas, cuántos actos indecorosos podía haber omitido? ¿De cuántas debilidades y de cuántos escándalos podía haber huído? Y no pudiendo menos de reconocerse reo mientras hubiera podido no serlo, se entristece sumamente, no tanto por el daño ocasionado a sí misma cuanto por el disgusto que ha dado a Dios. ¡Oh, verdaderamente feliz aquel a quien la conciencia no le arguye de algún delito! Procuremos, pues, atentamente, oh cristianos, no caer jamás en pecado.
   
PUNTO SEGUNDO
Con una segunda y más penetrante mirada conoce profundamente el alma en el Purgatorio el bien que podía haber hecho en vida y no lo hizo. ¿Qué más pudiera el Señor poner de su parte para que ella produjera frutos de vida eterna? La hizo nacer en el seno de la fe, la adornó de entendimiento y de libertad, se dignó nutrirla con los santos Sacramentos, fortalecerla con gracias celestiales, atraerla a Sí con el ejemplo de los buenos. Con tantos estímulos y auxilios debía haber corrido velozmente por el camino de la santidad y llegado a la cumbre de la perfección. Mas a pesar de todo, ella muchas veces se paró en el camino, otras anduvo a paso lento, se enfrió en los ejercicios de piedad, dejó pasar muchas ocasiones de bien obrar, e hizo por culpa suya ineficaces muchas gracias del Señor. En vista de tantas negligencias, llora y suspira por no tener ya tiempo de reparar lo perdido. Mas nosotros, oh cristianos, podemos todavía repararlo con un fervor más íntimo y con una exactitud más constante en el servicio de Dios; ¿y porqué no lo hacemos?
    
PUNTO TERCERO
Con una mirada más sublime hacia el Cielo divisa por último el alma desde el Purgatorio el puesto que le está destinada en el reino eterno: pero de paso ve y conoce con dolor que con evitar a su tiempo como estaba en su mano tantos defectos, y con haber obrado todo el bien que le era posible sería mucho más glorioso y resplandeciente su trono en el Cielo. Porque es indudable que habiendo muchas moradas en aquella patria feliz, cada grado de mérito aumenta a proporción los grados de gloria, y cuanto más se allega a Dios el alma por la perfección de la caridad en esta vida, tanto más cerca de Él logra estar en la otra. ¿Deseamos, pues oh cristianos, gozar de la más sublime gloria en el Cielo? Esforcémonos en ser los más virtuosos y perfectos en la tierra.
   
ORACIÓN
Dadnos gracia, oh Señor, para que nos hagamos cuales nos deseáis perfectos y semejantes a Vos; para que huyamos de todo mal; crezcamos en toda clase de bienes y merezcamos en el Cielo un puesto distinguido junto a Vos. Las almas del Purgatorio, porque faltaron a alguna de estas cosas, pagan rigurosamente la pena en aquella cárcel de dolores entre los continuos remordimientos de su espíritu. Tranquilizad, Señor, su conciencia, aquietadla con el perdón de sus pecados, con la remisión de la pena, llamarlas a la corona y a la gloria, para que gozando de Vos en el Cielo, cese el arrepentimiento y la aflicción de que amargamente se alimentan en el horror del abismo.
   
EJEMPLO: La baronesa Francisca Brooke de Stourton, en Inglaterra, llamó un dia al P. Juan Cornelio de la Compañía de Jesús, gran siervo de Dios, para mandarle celebrar una misa en sufragio de su perdido esposo Juan Stourton, y a la mitad de la misa, despues de la consagración, hasta el fin del Meménto de los difuntos, quedando aquel sacerdote arrebatado en extática vision por largo rato, veían sensiblemente los circunstantes en la pared lateral de la capilla, un resplandor que ondeaba semejante al reverbero de encendida llama que ardiese en el fondo del altar. Concluido el Santo Sacrificio desearon con impaciencia la baronesa y los que la acompañaban, que el buen religioso les hiciese saber la causa de tan larga suspensión y del gran resplandor que reververaba en la pared. Y prorrumpiendo entonces el siervo de Dios en aquella expresión de la Sagrada Escritura Beáti mórtui, qui in Dómino moriúntur, comenzó a referir que había visto un vasto espacio lleno de vivo fuego, en medio del cual el alma del Barón hacía con los más dolorosos gemidos la confesión de su vida pasada, particularmente de los respetos humanos de que se dejó llevar en la corte, y que tan rigurosamente pagaba, llorando sin consuelo el bien espiritual omitido por tan vil motivo, y cuyo incalculable daño entonces reconocía; e imploraba con los gritos más penetrantes la piedad de los fieles para obtener de la misericordia de Dios la pronta remisión de sus defectos. Con mas lágrimas que palabras hizo su narración aquel buen religioso, y así como los que la oyeron sacaron de ella ánimo para evitar en lo sucesivo toda clase de culpas, y para enfervorizarse siempre más en la carrera a la perfección, así también nosotros saquemos igual fruto, pensando que es mejor resolverse ahora a un método de vida más regular y perfecto, que llorar en el Purgatorio un deseo importuno, un tardío arrepentimiento (P. Daniel Bartoli SJ, en Historia de Inglaterra, libro 5º, cap. 7).
  
Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:
  
JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem....
   
SUFRAGIO: Si quod solátium charitátis, si quæ socíetas spíritus, ímplete gáudium meum, ut idem sapiátis, charitátem habéntes. (Ad Philip. 2, 4). En las conversaciones de los amigos y en las diversiones sociales, no nos olvidemos de nuestros antepasados, mas hagámosles también participantes de ellas con algún caritativo oficio de espiritual socorro.
  
El piadoso Arcipreste de Arona Graciano Punzoni, para alegrar la conversación de sus buenos amigos, solía colocar sobre la mesa de juego una porcion de confites, con el pacto que quien fuese venciendo en el juego tomase una parte de aquellos dulces, y quien tomase la última mandase celebrar alguna misa o hiciese otro sufragio por los difuntos. De este modo el juego no servía de peligro ni remordimiento, sino antes bien de recreo a los jugadores y de alivio al Purgatorio. Procuremos también nosotros santificar las reuniones con nuestros amigos, los juegos, las diversiones con la piedad para con los difuntos, la cual será a ellos más agradable, porque es derivada con singular ejemplo de la misma alegría de nuestras amigables reuniones. (Padre Marco Antonio Rossa SJ, en la Vida del Venerable Graciano Punzoni, cap. 8).
  
Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Ísraël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
   
(Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.)
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. A porta ínferi. (De la puerta del Infierno)
℞. Érue, Dómine, ánimas eórum. (Librad, Señor, sus almas)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam. (Escuchad, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat. (Y mi clamor llegue hacia Vos).
   
ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidoes y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.
   
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
   
***
  
Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre:
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (Oh Dios, que quisisteis elevar vuestros siervos a la dignidad Episcopal o Sacerdotal, escogiéndolos y poniéndolos en el número de los Sacerdotes Apostólicos, os suplicamos el que hagáis gocen también de su compañía en vuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.
   
Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna). Amén.
N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá ánimæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, ánimæ Matris meæ o nostræ.
    
Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienhechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua).
    
Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. (Inclinad, Señor, vuestros oídos a nuestras súplicas, con que humildemente imploramos vuestra misericordia para que establezcáis en la región de la paz el alma de vuestro siervo N., que hicisteis salir de este mundo, y ordenéis sea compañera de vuestros Santos).
   
Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna).
   
Por dos o más difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 6 de noviembre de 2020

MES DE NOVIEMBRE EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - DÍA SEXTO

Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:
Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
   
DÍA 6 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: DIVINA JUSTICIA VENGADORA.
    
PUNTO PRIMERO
Habiendo las almas santas del Purgatorio triunfado en vida de su enemigo el demonio, no es justo que caigan en sus manos en el otro mundo para ser atormentadas por él. Si permito Dios que en la mortal carrera sean también los justos tentados y perseguidos por aquel maligno espíritu, no lo permite en la otra vida, porque aquí es lugar de prueba y de pelea, allí de término y de recompensa. Por lo que Dios mismo es el que enciende y con su aliento aviva el fuego del Purgatorio que castiga y purifica aquellas hijas escogidas de la gracia; y si bien las ama tiernamente, sin embargo, les hace probar los efectos más rigurosos de su justicia. ¿Y nos quejaremos nosotros si Dios de cuando en cuando nos visita con alguna tribulación en esta tierra?
   
PUNTO SEGUNDO
Dice un Profeta que Dios está en el fuego, y que como un artífice, derrite y purifica en ardiente crisol la plata y el oro, y lo cuela para fundirlo y reducirlo a vistoso trabajo, así entre las llamas de la encendida cárcel, el Señor limpia y purifica los hijos de Leví para hacerlos dignos de Si; o como un diligente escultor, a fuerza de golpes de su cortante cincel imprime en el duro mármol las formas del original que se propone, no de otra suerte Dios, con el severo azote de su justicia, hiere repetidas veces a aquellas almas afligidas hasta que esculpa en ellas una imagen de su perfección, que las haga dignas de la eterna bienaventuranza, ¡Ah! Sin una excelencia de méritos y de perfección no se entra en el Cielo. Y nosotros, ¿qué hacemos para merecerle?
    
PUNTO TERCERO
La consideración de no ser aquellas almas atormentadas por los demonios en el Purgatorio forma para ellas un titulo de distinción y de complacencia; mas el ser castigadas y atormentadas por la mano misma de Dios a quien adoran, hace más sensibles los golpes y más pesado el azote que las hiere. Y ¡ah! exclaman, ¿cómo, Señor, os habéis hecho sordo e inflexible a nuestros ruegos? El rostro no es ya de padre, mas de juez; la mano no es ya de esposo, mas de atormentador. Vuesta misericordia se ha convertido en la más severa justicia, y nosotras no sentimos sino los más agudos dardos de vuestro encendidísimo enojo. ¡Oh Padre! ¡Oh Juez! ¡Oh atormentador! ¡Oh esposo! ¡Ah! Apiadaos de quien no desea ni suspira sino por Vos.
   
ORACIÓN
Oíd, Señor, oíd, esas voces, pues voces son de vuestras hijas queridas. Vuelva a vuestro rostro la serenidad y la dulzura; resplandezca en vuestros ojos un rayo de clemencia y de gracia, deponga vuestra diestra el azote de la ira y del rigor, y con uno de aquellos rasgos de bondad que os declaran Dios de las misericordias, elevad a aquellas infelices, que padecen, al seno eterno de vuestra bienaventuranza. Tales son sus deseos y también los nuestros. Escuchad a las hijas que os ruegan; escuchad a los siervos que interceden por ellas; escuchad al Purgatorio y a la tierra para conceder el Cielo a quien no halla reposo hasta poseerle con Vos.
   
EJEMPLO: Murió en un convento de los frailes Menores en París un religioso llamado por su angelical vida el angélico; y un maestro de teología que había sido su gran confidente, aunque sabía bien la costumbre de aquel sagrado asilo, es decir, la obligación que tenía cada sacerdote de celebrar tres misas por el alma de cada difunto de la misma religión, sin embargo dejó de ofrecerlas esta vez por el alma de dicho religioso, pues por la alta perfección de santidad a que había éste llegado creyó su compañero que sería admitido sin demora en el número de los escogidos. Pero ¡cuán falaces son los juicios de los hombres! Aquel religioso creído tan perfecto cayó en el Purgatorio, donde esperando en vano los acostumbrados sufragios de su amigo de quien se los prometía aun mayores, se le apareció una noche quejándose amargamente de tal descuido; de lo que sorprendido el P. Maestro quiso excusarse diciendo que no habría jamás pensado que perfección tan sublime hubiese debido ser refinada en el fuego del Purgatorio. Mas heu, respondió aquella alma, nemo credit quam distrícte júdicet, Deus, et quam sevére púniat. No se puede comprender humanamente cuán rigurosos son sus juicios y cuán severamente castiga todo defecto. Los cielos no son limpios en su presencia, encuentra en los humanos espíritus de qué reprenderlos, y purifica toda mancha y defecto con tanto rigor de justicia que emplea toda la fuerza de su omnipotencia para purificar con el mal vivo fuego las almas y hacerlas dignas del Cielo. A las cuales palabras, arrepentido de su negligencia el teólogo, ofreció en los tres siguientes días el augusto sacrificio del altar en sufragio de aquella alma con tanta devoción que consiguió librarla del Purgatorio. Mas la lección recibida si fue favorable al difunto, no fue de menor eficacia al mismo religioso, el cual se dedicó después tan de veras a santificar su vida, que de sublime teólogo de los divinos misterios, pasó a ser un vivo modelo de perfección cristiana. Santifique también a nosotros la misma lección, y haga que nos dediquemos a la más exacta observancia de nuestros deberes. (Fray Mauro de Lisboa, en Crónica de los Menores, parte 2ª, libro 4º, Cap. 7).
  
Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:
  
JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem....
   
SUFRAGIO: Volúntas est, non nt áliis sit remísio, vobis áutem tribulátio, sed ex æqualitáte (2ª Cor. 8, 11). Esta es la voluntad de Dios, que como nosotros perdonamos a nuestros enemigos las ofensas, así igualmente perdone Él la deuda de sus culpas a los difuntos.
  
Una viuda rica en Bolonia, a cuyo hijo dio la muerte un forastero, teniendo entre las manos al reo no solo no le entregó á la justicia, sino que con cristiano heroismo le protegió y le nombró heredero en lugar del hijo perdido; este noble rasgo de aquel corazon agradó tanto al Señor, que libró al punto de las penas del Purgatorio al difunto joven, el cual lleno de júbilo y resplandor se dejó ver a su virtuosa madre en el acto de volar al Cielo. La justicia de Dios es inflexible; pero jamás se deja vencer en liberalidad. Si queremos que perdone la deuda de sus penas a las almas del Purgatorio y las reciba en su corte, perdonemos a nuestros enemigos las injurias, haciéndoles participantes de nuestro amor, que no dejará Dios de pagar perdón con perdón, y amor con amor. El ejercicio pues, de este día sea el reconciliarnos con todos nuestros enemigos, si los tenemos, en sufragio de las almas del Purgatorio. (Juan Víctor Rossi/Janio Nicio Eritreo, en Ejemplo de las Virtudes y los Vicios, Ejemplo 5º).
  
Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Ísraël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
   
(Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.)
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. A porta ínferi. (De la puerta del Infierno)
℞. Érue, Dómine, ánimas eórum. (Librad, Señor, sus almas)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam. (Escuchad, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat. (Y mi clamor llegue hacia Vos).
   
ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidoes y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.
   
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
   
***
  
Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre:
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (Oh Dios, que quisisteis elevar vuestros siervos a la dignidad Episcopal o Sacerdotal, escogiéndolos y poniéndolos en el número de los Sacerdotes Apostólicos, os suplicamos el que hagáis gocen también de su compañía en vuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.
   
Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna). Amén.
N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá ánimæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, ánimæ Matris meæ o nostræ.
    
Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienhechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua).
    
Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. (Inclinad, Señor, vuestros oídos a nuestras súplicas, con que humildemente imploramos vuestra misericordia para que establezcáis en la región de la paz el alma de vuestro siervo N., que hicisteis salir de este mundo, y ordenéis sea compañera de vuestros Santos).
   
Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna).
   
Por dos o más difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 5 de noviembre de 2020

BERGOGLIO, RESPONSABLE DEL ATENTADO DE NIZA

Por Francesca de Villasmundo para MÉDIAS PRESSE.INFO. Traducción tomada de CATÓLICOS ALERTA.
  
Ibrahim Aouissaoui (tunecino, 21), autor del atentado de la catedral de la Asunción de María en Niza. Jorge Mario Bergoglio Sívori alias Papa Francisco (argentino-vaticano, 83), defensor del inmigracionismo.
  
Si algunos, como el padre Patrick de La Rocque de Sévérac y Turnier de Vallory, Prior del Priorato San José de Niza de la FSSPX, tienen el coraje de señalar, en el atentado islamista de Niza, la responsabilidad del actual presidente de la República, Emmanuel Macron, que reclama imprudentemente un “derecho a la blasfemia” y no reconoce ningún “respeto sagrado”, hay otro que también puede ser designado como uno de los responsables colaterales de este asesinato con cuchillo: el “Papa” Francisco.
   
¿No es el asesino musulmán uno de esos “queridos migrantes” de los que el “pontífice” argentino es garante? Uno de estos “queridos refugiados” que llegó a esta isla de Lampedusa, trágicamente invadida por apátridas, pero donde Jorge Mario Bergoglio tuvo, después de su ascenso en 2013, una de sus primeros shows, deseoso de dar la bienvenida a lo que estos “queridos” protegidos llevaban consigo: “una historia, una cultura, valores preciosos”. Una cultura y valores preciosos que costaron la vida a tres personas horriblemente mutiladas y asesinadas por el pobre inmigrante Ibrahim Aouissaoui: los franceses Nadine Vincent-Devillers (60, feligrés de la catedral), Vincent Loquès (54, sacristán de la catedral) y la franco-brasileña Simone Barreto Silva (44, madre de tres hijos).
  
   
Nacido en Thyna, gobernadorato de Sfax (Túnez) el 29 de marzo de 1999, Ibrahim Aouissaoui llegó a Italia en septiembre. Después de aterrizar en Lampedusa el 20 de septiembre, junto con un grupo de otros migrantes que estaban en el transbordador “Rhaphsody” [alquilado por el gobierno italiano para hacerle la cuarentena a los inmigrantes ilegales, N. del E.], fue trasladado al centro de identificación de Apulia y fotografiado por la policía. Tras la fotoseñalización realizada en Bari, se insertó en las terminales de “entrada ilegal al territorio nacional”. El prefecto de Bari había emitido una orden contra Ibrahim Aouissaoui, acompañada de una orden del prefecto de policía de abandonar Italia en un plazo de siete días, pero su traslado a uno de los centros de repatriación fracasó. No había sido ordenado, por lo tanto, Ibrahim desapareció del radar… para reaparecer en Niza donde alcanzó notoriedad “gracias” a su acto terrorista islamista y anticristiano.
   
«Si se confirma el desembarco en Lampedusa en septiembre, el paso a Bari y luego la huida del delantero en Niza, pedimos la dimisión del ministro [italiano] del Interior Lamorgese», proclamó airadamente el líder de la Liga Norte Matteo Salvini.
   
Podríamos añadir que «si se confirma el desembarco en Lampedusa en septiembre, el pasaje a Bari y luego el vuelo para el atacante en Niza», el “Papa” Francisco debe hacer su mea-culpa y detener a toda costa su discurso pro-inmigración e inmigracionista.
    
Hasta ahora, nada de esto está sucediendo en los pasillos de Santa Marta. Sólo una nota de prensa y un tuit publicado el día del atentado terrorista anunciando las oraciones del “Papa” «por las víctimas, por sus familias y por el querido pueblo francés, para que reaccionen al mal con el bien».
  
   
No parece que el jesuita argentino tome conciencia del funesto problema de la invasión migratoria del mundo musulmán y su consecuencia, la islamización de la sociedad del Viejo Continente. El “Papa” simplemente con su más “fluido” lenguaje, condenó a Emmanuel Macron, señalando además su «rechazo absoluto al terrorismo y a la ideología del odio que divide, mata y pone en peligro la paz», así como a la importancia del diálogo entre religiones. Sin condenar al agresor y ni a la religión, en la que se inspiró. Según el “Papa”, el asesino sólo se inspiró en una vaga ideología del odio sin nombre y sin rostro.

Con los inconscientes imprudentes Macron y Francisco, inspirados por su ideología multicultural y globalista, el pueblo católico francés tienen que preocuparse porque ¡los terroristas islamistas todavía tienen un brillante futuro por delante!

ORACIÓN AL SANTÍSIMO SACRAMENTO


Dios Eterno y misericordioso, que obligado de tu infinita caridad quisiste enriquecer a tu Iglesia con el preciosísimo e inestimable tesoro de tu Cuerpo y Sangre, para ser en la Eucaristía Rey que nos gobiernas, Pastor que nos diriges, Médico que nos sanas, Maestro que nos enseñas, Padre que nos amas, Sol que nos alumbras, y fuente divina e inagotable de donde se derivan todas las gracias. Reconocida mi alma a tus infinitas finezas, quisiera arder en el fuego de los Serafines para derretirse en tu obsequio, y saber darte gracias por haberte quedado en el Santísimo Sacramento para unirse a nosotros con vínculo tan estrecho de dulcísima caridad: o poder recompensar las injurias que recibes de tantos infieles y herejes y de los malos cristianos con sus comuniones sacrílegas, o del olvido que padeces en las iglesias donde no quieren hacer caso de Vos los hombres, con quienes aseguras tener tus delicias. Pero ya que son tan débiles y pobres mis afectos, yo te ofrezco todas las adoraciones que te tributen los Bienaventurados, y las alabanzas que te dio en la tierra y te dará en el Cielo la Reina de los Ángeles María Santísima. Recíbeme, Señor, por perpetuo esclavo tuyo, y haz que lo acredite en la reverencia con que te adore, y en el celo con que promueva tus cultos. Te encomiendo las necesidades en que se halla tu Santa Iglesia, y te pido humildemente mires con perpetua misericordia a este tu católico Reino, que tanto te ha venerado. Que destruyas las herejías, conviertas los pecadores y perfecciones a los Justos. Abrid, Señor, vuestra mano liberalísima, y compadecido de todas mis necesidades temporales y espirituales, dadme el remedio que en todo necesito, para que santificado con tu gracia, te alabe por todos los siglos. Amén.
   
El Ilustrísimo Sr. Dr. Don Antonio Joaquín Pérez Martínez, dignísimo Obispo de la Puebla de los Ángeles, concedió por sí y en virtud del pacto de hermandad que tiene celebrado con los Ilustrísimos Sres. Obispos de Monterrey, Quito y Oaxaca, 160 días de Indulgencia a todos los fieles por cada palabra de esta oración, rezándola con devoción, como consta por su decreto de 26 de enero de 1821.

MES DE NOVIEMBRE EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - DÍA QUINTO

Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:
Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
   
DÍA 5 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: MODO CON QUE EL FUEGO DEL PURGATORIO ATORMENTA A LAS ALMAS.
    
PUNTO PRIMERO
Siendo el fuego del Purgatorio corpóreo y material, ocurrirá tal vez a alguno el preguntar cómo pueda obrar en las almas despojadas de todo velo corpóreo. En aquella manera, responde el Pontífice San Gregorio, que Lucifer y los ángeles rebeldes, si bien son puros espíritus, no dejan de ser eternamente atormentados con el fuego material del Infierno, así también antes del juicio universal lo pueden ser y lo son en efecto los espíritus humanos sin cuerpo condenados al Infierno o al Purgatorio. El fuego de los abismos es un instrumento de la justicia de Dios, la cual puede castigar a un espíritu por medio de un cuerpo como su omnipotencia anima a un cuerpo por medio de un espíritu. A nosotros es inconcebible y sorprendente el modo, pero no menos verdadero, concluye San Bernardino de Siena, pues imperdonable presunción sería el querer comprender con nuestras cortas luces las obras maravillosas del divino poder.
   
PUNTO SEGUNDO
Esforzándose los Santos Padres y doctores a darnos alguna explicación del modo con que el fuego del Purgatorio atormenta las almas encerradas en aquella cárcel, nos dicen que suceden por aligación: y quiere decir que aquellas almas no tienen ya el cuerpo que tenían en la vida, mas el fuego del Purgatorio se une y se pega a aquellos espíritus, sirviéndoles de cuerpo tormentosísimo. Es esta una idea que nos llena de espanto y de horror, mas nuestra idea es siempre inferior a la verdad. ¡Oh, cuán inexplicable es el tormento que experimentan aquellas ánimas benditas!
    
PUNTO TERCERO
Consideremos, pues, oh cristianos, que aquellas almas no tienen como nosotros, las manos corpóreas o de carne, mas las manos son de fuego; no tienen pies, mas los pies son de fuego; no tienen los otros miembros de carne como nosotros, mas todos son de fuego. De fuego es la cabeza que despide siempre centellas; de fuego el pecho que siempre arde; de fuego las entrañas que arroja siempre llamas; de fuego todas las partes que siempre crujen. No ven sino fuego, no oyen sino fuego, no respiran sino fuego, no tocan sino fuego; en el fuego están siempre, y se revuelven siempre en fuego. ¡Oh fuego del Purgatotorio! Solo con el fuego de la caridad puede vencerse y evitarse. Ardamos, pues, de suma caridad en esta vida, si no queremos arder en la otra en el fuego del Purgatorio.
   
ORACIÓN
Encended Vos, oh Señor el fuego de la divina caridad en nuestros pechos, y haced que arda en tal manera que a todos nos santifique, que nos haga emplear a todos con empeño en socorrer y librar a nuestros hermanos difuntos de los insufribles ardores del Purgatorio. El fuego que para ellos se apaga, se apaga también para nosotros: la piedad que usamos con ellos la encontraremos más abundante para nosotros y purificados en las llamas de vuestro santo amor en esta vida, tanto más felizmente llegaremos al soberano manantial de él en la otra, cuanto con más generosa mano derramáremos al presente en el Purgatorio sus efectos.
   
EJEMPLO: A la venerable Madre Francisca del Santísimo Sacramento, Carmelita, gran devota del Purgatorio, dejábanse ver a menudo con el permiso de Dios aquellas almas no solo revestidas de fuego a manera de cuerpo abrasador, sino con los instrumentos también de los pecados cometidos en su vida que echaban fuego por todas partes. Un obispo se le apareció revestido de los ornamentos sagrados, con la mitra en la cabeza, con el báculo en la mano; mas los ornamentos, la mitra, el báculo eran de fuego y formaban su más cruel tormento en el Purgatorio porque habían sido el objeto de su vanagloria en la tierra. Un sacerdote tenía la corona encendida y despidiendo llamas, abrasada la lengua más que un hierro hecho ascua, las manos centelleando de vivo fuego, la estola le servía de una cadena de brasas al cuello, y los otros ornamentos de una vestidura penetrantes de llamas por la irreverencia usada en el ejercicio del sagrado misterio. Se le mostró un religioso rodeado de muchas y muy preciosas alhajas, sillas, mesas, piedras, pintaras, y cuadros, mas todo de fuego, porque contra la profesión de la pobreza religiosa se deleitaba en vida en adornar su celda de escogidos muebles. Un escribano empuñaba un tintero de fuego, una pluma de fuego, un sello de fuego, en pena de la poca exactitud con que había ejercitado su delicado oficio. Un caballero revolvía un mazo de papeles ardiendo y manejaba monedas encendidas, en castigo del inmoderado deleite que experimentaba en el juego. Todo en suma era fuego en las almas que se aparecían; de fuego los vestidos, de fuego las insignias, de fuego hasta el aire que las rodeaba. Los pecados y los defectos son el pábulo de este fuego que cada uno puede encender y extinguir por sí mismo. Huyamos los defectos y los pecados, y se apagará para nosotros todo fuego del Purgatorio. (Fray Joaquín de Santa María OCD, en la Vida de la Venerable María Francisca del Santísimo Sacramento, libro 2º)
  
Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:
  
JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem....
   
SUFRAGIO: Índuam illum túnica tua, et cíngulo tuo confortábo eum. (Isai. 22, 21). Con el vestido que se da al pobre en limosna, se obtiene alivio y refrigerio para las almas del Purgatorio.
  
César Costa, Arzobispo de Cápua, mirando al Padre Julio Mancinelli con un vestido tan destrozado, que apenas podía preservarle del frío, le regaló un manteo de invierno: con el cual saliendo un día aquel religioso después de la muerte del Arzobispo, vio salirle al encuentro el prelado difunto, que rodeado todo de vivo fuego, le pedía por caridad aquella capa. Se la quitó prontamente de las espaldas el buen siervo de Dios y se la dio al espíritu aparecido, el cual embozándose en ella, en vez de quedar ésta toda consumida por el fuego, detenía y extinguía de tal maneta las ardientes llames, que sintió grande alivio el difunto.
  
Ahora que se acerca el invierno, demos también nosotros, si podemos, alguna cosa a los pobres más necesitados con que cubran su desnudez en atención a las almas del Purgatorio, y así lo que repare a ios pobres del frío, mitigará a aquellas almas el ardor del fuego, y ellas sentirán grande alivio, y lo sentiremos también nosotros si por desgracia nos sucediese caer en tales llamas.
  
Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Ísraël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
   
(Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.)
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. A porta ínferi. (De la puerta del Infierno)
℞. Érue, Dómine, ánimas eórum. (Librad, Señor, sus almas)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam. (Escuchad, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat. (Y mi clamor llegue hacia Vos).
   
ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidoes y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.
   
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
   
***
  
Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre:
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (Oh Dios, que quisisteis elevar vuestros siervos a la dignidad Episcopal o Sacerdotal, escogiéndolos y poniéndolos en el número de los Sacerdotes Apostólicos, os suplicamos el que hagáis gocen también de su compañía en vuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.
   
Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna). Amén.
N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá ánimæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, ánimæ Matris meæ o nostræ.
    
Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienhechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua).
    
Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. (Inclinad, Señor, vuestros oídos a nuestras súplicas, con que humildemente imploramos vuestra misericordia para que establezcáis en la región de la paz el alma de vuestro siervo N., que hicisteis salir de este mundo, y ordenéis sea compañera de vuestros Santos).
   
Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna).
   
Por dos o más difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

SEPTENARIO A LA PRECIOSA SANGRE DE CRISTO

Septenario publicado en Guatemala de la Asunción por la Tipografía de Sánchez de Guise en 1918. Licencia otorgada por don Mateo D. Perrone y C. Secretario del Arzobispado, el 15 de Diciembre de 1917.
 
SEPTENARIO Y OFRECIMIENTO A LA PRECIOSA SANGRE DE CRISTO SEÑOR NUESTRO
    
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
No me mueve, mi Dios, para quererte, 
El Cielo que me tienes prometido,
Ni me mueve el Infierno tan temido
Para dejar por esto de ofenderte. 
    
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte 
Clavado en una cruz y escarnecido,
Muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
Muévenme las angustias de tu muerte. 
   
Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera 
Que aunque no hubiera Cielo yo te amara, 
Y aunque no hubiera Infierno te temiera. 
    
No me tienes que dar porque te quiera,
 Porque si cuanto espero no esperara, 
Lo mismo que te quiero te quisiera.
 
ACTO DE VIRTUDES A LA SANGRE DE JESÚS
  1. Hijo del Eterno Padre, gracias te doy, porque voluntariamente tomaste Carne y Sangre de una Purísima Virgen. Glorifícote, porque eres de tan buena Sangre, que eres de la Sangre de una Mujer tan singularmente escogida. ¡Quién sino Tú, se puede gloriar de esta nobleza! 
  2. Sangre preciosísima de Cristo: yo te adoro, porque estás hipostáticamente unida al Verbo Divino. 
  3. Jesús mío, dadme auxilio eficaz para hacer obras de supererogación, pues como perfectísimo ejemplar, derramaste Sangre en la Circuncisión, sin estar obligado a esta ley. 
  4. Gracias te doy, Cristo mío, porque el calor del fuego del amor de Dios y del prójimo te hizo sudar gotas de Sangre en el Huerto. El amor de Dios, porque veías ofendido a tu amado: el amor del prójimo, porque sabías que muchos se habían de condenar a eternas llamas. 
  5. Gracias te doy, porque dejaste que te sacasen Sangre con golpes de afrentosos azotes. 
  6. Ríndote agradecimientos, porque te dejaste coronar de espinas y vertiste Sangre como Rey de paciencia. 
  7. Dóyte mil gratitudes, porque por mi salud eterna, te dejaste sangrar de pies y manos con los clavos. 
  8. Gracias te doy, porque quisiste derra- mar la Sangre de tu Costado, después de muerto. 
  9. Nadie me ha querido, como Tú me quieres; pues nadie na derramado por mí la sangre de sus venas, sino Tú. ¡Oh, si yo derramase mi sangre por Tí, como la derramaron los mártires! 
  10. Gracias te doy, porque me hiciste tu redimido, y comprado con el precio de tu Sangre. 
  11. Yo quiero, que no se malogre en mí el valor preciosísimo de tu Sangre, y por eso quiero aprovecharme de ella recibiendo tus Santos Sacramentos. 
  12. Gracias te doy, porque me hiciste de buena Sangre, dándome la tuya en el Santo Bautismo y haciéndome tu hijo adoptivo. 
  13. Ríndote agradecimientos por las veces que en el Sacramento de la penitencia has lavado con tu Sangre, las manchas que en mi alma hicieron mis pecados.
  14. Dóyte infinitos agradecimientos, porque quisiste que tu Sangre fuese mi bebida y me la das todas las veces que llego a comulgar. 
  15. Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo te pido mercedes por la Sangre de Cristo, así para mí, como para mis prójimos.
  16. Propongo, Jesús mío, de hacer por tu amor y por tu Sangre, los bienes que pudiere a mis prójimos redimidos con tu Sangre, que no es mucho que yo les dé algo, cuando Tú diste tu vida y tu Sangre por ellos. 
 
I.  El alma, Dios mío, por quien primeramente debo mirar, es la mía, y así os ofrezco por ella la Preciosísima Sangre de mi Redentor. No permitas que se malogre en mí el precio infinito de tu Sangre. Dadme por ella auxilios eficaces, para que me arrepienta y enmiende de mis culpas, para que muera en gracia y vaya a veros y amaros en la Gloria. — Creo en Dios Padre, etc.
   
II Santísima Trinidad: yo te ofrezco la Sangre que derramó Jesús en su Circuncisión, y te pido por ella que se conviertan los pérfidos judíos, reconociendo que Cristo es el Mesías prometido. Encomiéndote los Tribunales de la Iglesia Santa y sus Ministros, para que propaguen la fe católica, que es la verdadera, sin la cual no hay salvación de las almas. — Creo en Dios Padre, etc.
    
III Dios mío, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo te ofrezco la Sangre que sudó Cristo en el Huerto, y por todas sus gotas preciosísimas, te suplico que se conviertan a la fe católica los herejes. Pongo ante tu piedad por intercesores a los santos que han sido los martillos de los herejes. También te ofrezco aquel sudor de Sangre, por la conversión de los gentiles. ¡Oh, quién pudiera hacerlos cristianos a todos! ¡Oh, quién pudiera enseñarles a todos la Doctrina Cristiana y hacer que la creyesen y guardasen los Mandamientos de Dios, Trino y Uno! — Creo en Dios Padre, etc.
 
IV ¡Oh, Padre Eterno! Yo te ofrezco la Sangre que derramó tu Hijo encarnado con los azotes que recibió en su inocentísimo Cuerpo, para que perdones a los malos cristianos. Dadles, Padre nuestro, auxilios eficaces para que en adelante sean buenos hijos, para que tengan verdadero dolor de sus pecados, para que se enmienden y no azoten más a Jesús (cuando es de su parte), con sus pecados. — Creo en Dios Padre, etc.
   
V ¡Oh, Verbo hipostáticamente unido a la humana naturaleza! Yo te ofrezco los arroyos de Sangre que derramaste en la Coronación de espinas, y por cada gota de Sangre de tu Cabeza te suplico que favorezcas a todos los que son cabezas, así en lo eclesiástico, como en lo secular, que les concedas acierto en sus gobiernos, que les comuniques ferventísimo celo de la honra Divina y de la salvación de las almas, y que les perdones las culpas que en esto hubieren cometido. — Creo en Dios Padre, etc.
   
VI ¡Oh, Espíritu Santo! Yo te ofrezco toda la Preciosísima Sangre que derramó Cristo de sus pies y manos; y por ella te ruego que  mires con amor y misericordia a todos los pecadores que han empleado sus manos en malas obras, y sus pies en malos pasos. Suplicóte que con tus amorosos auxilios les ates las manos, y eficazmente aprisiones los pies, para que no pequen más y sólo usen de su libre albedrío, para servirte con amor, hasta morir en tu divina gracia. — Creo en Dios Padre, etc.
    
VII ¡ Oh, Dios mío, Trino y Uno! Yo te ofrezco el agua y Sangre, que de su Costado derramó mi Jesús después de haber expirado: por ella te suplico, que benignamente perdones las culpas con que te han ofendido los Eclesiásticos, Sacerdotes, Religiosos y Religiosas. Por la Sangre del Costado, te ruego les alumbres, para que conozcan la alteza de su estado y la grandeza de sus obligaciones, y cumplan perfectamente con ellas. Por el agua que manó del Costado, te pido que les concedas lágrimas de contrición, y una perfectísima enmienda de las culpas que hubieren cometido en su estado. ¡Oh, si se acabasen de una vez, Dios mío, las ofensas que contra Ti se cometen! — Creo en Dios Padre, etc.
   
ALABADO A LA SANTÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
   
Alabemos y ensalcemos 
La nobilísima Sangre 
Que el Cordero Inmaculado
Recibió de Virgen Madre. 
   
La que derramó piadoso, 
Por satisfacer al Padre,
Desde edad de tierno Niño,
Hasta de varón más grande. 
   
La que por todos sus poros 
Más que liberal esparce,
No contenta su fineza 
Con sólo cinco raudales. 
   
La que con suma largueza 
Vertió toda sin quedarse
Con la gota más pequeña, 
En la entrega del rescate. 
    
La que en especies de vino 
A sus ovejas reparte, 
Porque junto con el pasto
La bebida no les falte. 
   
La que con su alma y su vida
Y con lágrimas al Padre
Entre clamores ofrece, 
Sellando el último vale. 
    
Por los siglos, de los siglos 
Sea alabado tal Amante, 
Que por criaturas ingratas 
Todo en Sangre se deshace.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

“CORONACONFIRMACIONES” (AÚN MÁS) INVÁLIDAS

En Wurzburgo (Alemania), el obispón auxiliar local Ulrich Boom atentó “conferir” la “confirmación” aplicando el crisma con un bastoncillo (hisopo, cotonete) de algodón por cada confirmando (eran 32) en la parroquia de la Asunción de María en Bad Königshofen en Grabfeld (Baja Franconia, Baviera) el viernes 5 de Octubre tal como registró el diario alemán Main Post el 7 de Octubre.
  
 
Situación similar se presenta en Italia, donde la Curia Arzobispal de Milán presentó el pasado 3 de Septiembre nuevas directrices para “conferir” este sacramento, en las cuales, además de delegarlo en sus presbíteros, dispone que el óleo debe aplicarse con una bola de algodón, una toalla o un “hisopo de algodón biodegradable”, utilizando un instrumento nuevo para cada candidato (decisión que también se adoptó el pasado 25 de Agosto en Nápoles por su ordinario Crescenzio card. Sepe –que además la extendió al Bautismo y la “Unción de los enfermos”–). Normas que fueron mandadas al garete por el pretendido sucesor de San Ambrosio Mario Enrico “Mariolone” Delpini Caruggi durante unas “ordenaciones” recientes en la Catedral de la Natividad de Santa María de Milán.
  
Estas “coronaconfirmaciones” son todavía más inválidas no sólo por ser administrada por obispos inválidamente consagrados (y ahora presbíteros inválidamente ordenados) con el rito montini-bugniniano –en todo igual al rito cranmeriano de los anglicanos, también inválido– y porque la forma (las palabras) fue adulterada por la Constitución Divínæ consórtium natúræ (15 de agosto de 1971), remplazando la tradicional «Signo te signo Crucis, et confírmo te Chrismáte salútis: In nómine Patris  , et Fílii  , et Spíritus  Sancti» (Te signo con la señal de la Cruz, y te confirmo con el Crisma de salvación: En el nombre del Padre  , y del Hijo  , y del Espíritu  Santo) a «Áccipe signáculum doni Spíritus Sancti» (Por esta señal, recibe el don del Espíritu Santo), sino también porque la materia del sacramento es la imposición de manos, como está establecida en Hechos 8, 17 y los cánones 780 y 781 del Código Benedictino de Derecho Canónico:
  • Canon 780: Sacraméntum confirmatiónis conférri debet per manus impositionem cum unctióne chrismátis in fronte et per verba in pontificálibus libris ab Ecclésia probátis præscrípta. (El sacramento de la confirmación debe see conferido por la imposición de manos con la unción del crisma sobre la frente y por las palabras prescritas en los libros pontificales aprobados por la Iglesia).
  • Canon 781, § 1.: Chrisma, in sacraménto confirmatiónis adhibéndum, debet esse ab Epíscopo consecrátum, étiamsi sacraméntum a presbytero, ex jure vel ex apostólico indúlto, ministrétur (El crisma empleado en el sacramento de la confirmación debe ser consagrado por el obispo, aun si el sacramento es conferido por un sacerdote, en virtud del derecho o de un indulto apostólico).
    § 2. Únctio áutem ne fiat áliquo instruménto, sed ipsa ministri manu cápiti confirmándi rite impósita (La unción no se hará con un instrumento, sino con la mano del ministro debidamente impuesta sobre la cabeza del confirmando).
Más, una decisión del Santo Oficio de fecha 14 de Enero de 1885, tras ser consultado por el Patriarca Latino de Jerusalén Giovanni Vincenzo Bracco, declaró que las confirmaciones administradas con el rito de los griegos (donde por regla general se confiere luego del bautismo por el mismo ministro, administrando las unciones con el Crisma por un hisopo) a los fieles de rito latino son dudosas, debiendo conferirse nuevamente sub conditióne con el rito latino.

MES DE NOVIEMBRE EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - DÍA CUARTO

Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:
Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
   
DÍA 4 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: ATROCIDAD DEL FUEGO.
    
PUNTO PRIMERO
Para formarnos alguna idea de la atrocidad del fuego del Purgatorio imaginemos que, según la frase de la Escritura, Dios nuestro Señor reúna y acumule todos los males del universo, y exprimiéndolos extraiga de ellos la esencia más pura y el espíritu más subido y con tal espíritu encienda el horno del Purgatorio. ¿Podría por ventura imaginarse incendio más grave y más terrible que este? Ahora bien, espíritu de ardor es precisamente llamado por el Profeta el fuego del Purgatorio: espíritu que con la mayor actividad penetra y despedaza, no ya los cuerpos sino las almas solas de los difuntos en lo más íntimo de su sentido. ¿Y qué corazon hay tan duro que no se conmueva a tan grande vehemencia de suplicio?
   
PUNTO SEGUNDO
Por tanto no produce aquel fuego en las almas que lo sufren una sola sensación dolorosa, sino tantas sensaciones en una cuanto son los géneros de tormentos. Sean enhorabuena diversos entre sí por naturaleza, opuestos por principios y contrarios por los efectos; pero por un prodigio de la divina Justicia todos se coligan, se compenetran, y conspiran juntamente a atormentar sobremanera a las almas del Purgatorio. Por consiguiente, calor y frío, hambre y sed, fastidio y congojas; tinieblas y espantosísima luz, todos a un tiempo se sufren en el solo fuego y forman el continuado martirio de cada ánima. ¡Oh, qué cúmulo inexplicable de penas contiene en sí mismo!
    
PUNTO TERCERO
Ahora se comprende bien lo que dicen los santos Padres, que el fuego del Purgatorio es mucho más atroz que cualquiera otra pena causada o por la postración de la naturaleza, o por el rigor de la humana justicia, o por la crueldad de los más bárbaros, porque de cualquiera especie que sea se encuentra sin duda en el Purgatorio, y se encuentra privada de toda cualidad que la mitigue, y se encuentra reunida con todo otro género de tormento en la actividad del fuego encendido y avivado por la divina justicia. Pues si nosotros somos en tal manera delicados que no podríamos sostener un dedo en las llamas de la tierra, ¿que no deberíamos hacer para evitar las atrocísimas del Purgatorio?
   
ORACIÓN
Salvadnos, oh Señor, de las llamas del fuego tan atroz, y no permitáis jamás que caigamos en él; antes bien librad y salvad a las infelices almas allí detenidas, que experimentan al presente todo género de tormentos y de penas. Sea vuestra soberana clemencia para nosotros el escudo de defensa que piadosamente nos salve de tan gran castigo, y para ellas el bálsamo de refrigerio y de salud que sane toda llaga, mitigue todo dolor y haga suceder a los padecimientos la dulce felicidad del gozo eterno.
   
EJEMPLO: Apareció al venerable Estanislao Choroca, dominico de Polonia, un alma del Purgatorio rodeada de vivísimas llamas, gimiendo y suspirando de una manera increíble. La violencia del fuego la penetraba y traspasaba de tal modo, que no pudo menos el buen siervo de Dios de pedirle que le trajese alguna comparación o prueba que le hiciese comprender su actividad y fuerza. Si me pides comparación, respondió aquel alma, sabe que las llamas más encendidas de la tierra son un suave céfiro si se comparan con el ardor que yo sufro; y si quieres una prueba extiende la mano: y al decir esto hizo caer sobre la palma del siervo de Dios una gota de sudor desprendida de aquella voracísima llama, con lo que le produjo tan excesivo dolor que al grito lanzado despertaron todos los hermanos que dormían, y no pudiéndolos resistir más, cayó en tierra desmayado y casi muerto, conforme lo encontraron los otros religiosos, que corriendo a su celda con las más eficaces medicinas apenas pudieron hacerle volver en sí. Preguntándole la causa, mostró la llaga producida por ia gota dolorosa, de la cual se resintió después todo el tiempo de su vida. Pues si una sola gota de aquel sudor (P. Juan Bautista Manni SJ. Sacro trigésimo, Discurso 6).
  
Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:
  
JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem....
   
SUFRAGIO: Ad æmulándum próvocem carnes meas, et salvo fáciam áliquos ex illis (Rom. 11, 14). Con las mortificaciones y penitencias corporales se satisface de tal modo a la deuda de aquellas almas, que se llega a librarlas de sus penas.
  
Otón IV, emperador, muerto en gran opinion de santidad, se apareció a una tía suya abadesa, suplicándola que hiciese rezar en su monasterio y en los oíros, varias preces acompañadas de golpes de disciplina para librarle de las atrocísimas llamas que sufría en el Purgatorio. Se rezaron las preces y se hicieron las penitencias pedidas, y su alma después de pocos días voló desde aquel abismo de dolores al centro de las delicias en el Cielo. Si es pues tan eficaz la mortificación del cuerpo unida a la oración para el rescate de las almas del Purgatorio, hagamos también nosotros hoy alguna en sufragio de ellas, pues quién sabe cuánto tiempo hará que lo esperan nuestros difuntos en aquellas llamas atrocísimas.
  
Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Ísraël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
   
(Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.)
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. A porta ínferi. (De la puerta del Infierno)
℞. Érue, Dómine, ánimas eórum. (Librad, Señor, sus almas)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam. (Escuchad, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat. (Y mi clamor llegue hacia Vos).
   
ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidoes y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.
   
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
   
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Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre:
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (Oh Dios, que quisisteis elevar vuestros siervos a la dignidad Episcopal o Sacerdotal, escogiéndolos y poniéndolos en el número de los Sacerdotes Apostólicos, os suplicamos el que hagáis gocen también de su compañía en vuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.
   
Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna). Amén.
N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá ánimæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, ánimæ Matris meæ o nostræ.
    
Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienhechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua).
    
Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. (Inclinad, Señor, vuestros oídos a nuestras súplicas, con que humildemente imploramos vuestra misericordia para que establezcáis en la región de la paz el alma de vuestro siervo N., que hicisteis salir de este mundo, y ordenéis sea compañera de vuestros Santos).
   
Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna).
   
Por dos o más difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.