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lunes, 30 de noviembre de 2020

MES DE NOVIEMBRE EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - DÍA ÚLTIMO

Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:
Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
    
DÍA 30 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: EMPEÑO DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO POR ALCANZAR LA SALVACIÓN ETERNA A SUS BIENHECHORES.
     
PUNTO PRIMERO
Si en medio de sus tormentos ruegan por nosotros y nos alcanzan gracias las almas del Purgatorio, ¿cuánto más eficaz será su intercesión cuando lleguen a ser gloriosas reinas en el Cielo? No se portarán, no, como aquel ingrato copero de Faraón, que vuelto de la cárcel a la corte olvidó en su prosperidad al afligido intérprete de su sueño. La gratitud de aquellas almas se aumenta y perfecciona con su traslación al Cielo, donde con una caridad más perfecta no cesan de rogar por sus bienhechores hasta alcanzarles todos los bienes temporales que les convienen, y especialmente la felicidad eterna. ¿Quién no querrá enviar al Cielo el mayor número posible de semejantes intercesores?
  
PUNTO SEGUNDO
La primera gracia que cual embajadoras nuestras pedirán aquellas almas luego que lleguen al Cielo, será la eterna salvación de sus bienhechores. «Gran Dios, dirán postradas ante el trono del Altísimo; tened piedad de los que la tuvieron con nosotras. Ellos nos libraron de las cadenas del Purgatorio; Vos las habéis de librar de las de sus pecados. Ellos nos abrieron las puertas de los cielos; abridles, Señor, las de vuestra misericordia. ¿No se salvarán los que nos salvaron? Dad, Señor, a vuestras hijas y vuestras esposas, ya que tanto os complacéis en nosotras, dadnos aquellas almas por cuyas oraciones nos habéis trasladado a vuestra gloria a poseeros y gozaros». Por lo cual es común sentir de los Padres y Doctores que quien pone toda su solicitud en socorrer a las almas del Purgatorio, no perecerá. Por lograr tanta dicha no debía perdonarse medio alguno.
     
PUNTO TERCERO
Nuestro Señor Jesucristo nos aconsejaba que con nuestros bienes procurásemos granjearnos amigos que a nuestro fallecimiento nos recibieran en los tabernáculos de la Gloria. Estos amigos son los pobres; pero no todos los pobres de la tierra llegan a ser moradores del Cielo, pues muchos de ellos no van por el buen camino. No así las almas del Purgatorio. Estas son en la actualidad verdaderamente pobres y muy menesterosas de nuestro socorro; pero hay completa seguridad de que en las mansiones de la eterna bienaventuranza llegarán a ser sobrado ricas; y nada avaras de sus bienes y de su valimiento con el Rey de los siglos, ansiarán que las acompañemos en su dicha, y harán los mayores esfuerzos por llevarnos a su lado a gozar del premio sempiterno de nuestra generosidad para con ellas. Sí, la Gloria es el galardon de la piedad con los difuntos. Constancia, pues, en socorrerlos, que no pasará largo tiempo sin que veamos el fruto de nuestras fatigas y bendigamos una devoción que obtiene una corona de gloria eterna a quien la practica fielmente.
   
ORACIÓN
Señor, un interés universal empeña nuestros corazones en la devoción de las almas del Purgatorio. Deseamos, pues, buscando nuestro propio bien, corresponder a las altas miras de vuestra Providencia en favor de aquellas benditas almas. Proponemos llenar unos deberes que la amistad, el parentesco y la religión nos imponen. Os prometemos no ser en adelante ingratos con nuestros bienhechores difuntos, ni tibios con los que tanto nos amaron. Pero nada valen nuestros propósitos sin el auxilio de vuestra divina gracia. Os pedimos, pues, encarecidamente que nos la concedáis para ser constantes toda la vida en esta santa práctica de socorrer a las almas del Purgatorio, por las cuales os rogamos de todo corazón para que, como Padre de las misericordias, las lleveis a gozar de vuestra divina esencia en el reino de la gloria.
  
EJEMPLO: Un personaje que había empleado toda su vida en la práctica de las virtudes, y particularmente en socorrer a las almas del Purgatorio, se vio en su agonía horrorosamente asaltado por el príncipe de las tinieblas. Pero con sus muchos sufragios había enviado del Purgatorio al Cielo un crecido número de almas, que viendo a su bienhechor en tal peligro, no sólo pidieron al Altísimo que le concediese mayor abundancia de gracias para hacerle triunfar, sino que también alcanzaron el poder socorrerle y asistirle personalmente en aquel decisivo conflicto. Bajando luego del Cielo cual valerosos guerreros, unas se arrojaron contra el infernal enemigo para ahuyentarle, otras rodearon el lecho del moribundo para defenderle, y otras, por último, pusiéronse a consolarle y animarle. Él trasportado de admiracion y de gozo, «¿quién sois?» les dijo; y ellas le contestaron que eran las almas que había sacado del Purgatorio con sus sufragios, y que habían venido a pagarle tamaño beneficio y a acompañarle al Cielo. Inmensa fue la alegría del moribundo a tan feliz anuncio, y respirando su semblante suavísima placidez, voló su alma a la patria celestial entre las aclamaciones de las otras que por su piedad ya estaban vestidas de gloria y resplandores. Este ejemplo nos anime para que jamás decaiga en nosotros la devoción a las benditas almas del Purgatorio. (Esteban Binet SJ, Del estado feliz y desdichado de las ánimas del Purgatorio, capitulo 1.)
   
Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:
   
JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem....
   
SUFRAGIO: Societátem habémus ad ínvicem, et sánguis Jesu Christi Fílii ejus emúndat nos ab omni peccáto. (1 Joan. 1, 7). Para que más pronto queden las almas del Purgatorio limpias de sus defectos en virtud de la sangre de Jesucristo, reunámonos con el piadoso intento de juntar y multiplicar sufragios en su favor.
    
La venerable madre Francisca del Santísimo Sacramento, carmelita descalza, tuvo tanto empeño por el bien de las almas del Purgatorio, que llegó a establecer una sociedad de devociones y ejercicios piadosos con sus hermanas de religión y otras personas que la visitaban, a fin de libertar el mayor número posible de aquellas afligidísimas almas. Damos fin a este santo ejercicio, pero no lo tenga jamás el espíritu de caridad que nos ha impulsado a hacerlo, antes bien, a imitación de aquella sierva de Dios, hagamos en nuestras familias acopios de sufragios durante todo el año en beneficio de nuestros difuntos. Empléense en su bien nuestro tiempo, nuestro caudal y nuestro corazón.
  
Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Ísraël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
   
(Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.)
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. A porta ínferi. (De la puerta del Infierno)
℞. Érue, Dómine, ánimas eórum. (Librad, Señor, sus almas)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz).
℞. Amén.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam. (Escuchad, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat. (Y mi clamor llegue hacia Vos).
   
ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.
   
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
   
OFRECIMIENTO PARA EL ÚLTIMO DÍA
Dulcísimo Jesus, Redentor amoroso de las almas; en este dÍa, último de los treinta que hemos consagrado al socorro de vuestras queridas esposas detenidas en la terrible cárcel del Purgatorio, os ofrecemos por mano de María Santísima, vuestra amorosa Madre, este pequeño ramillete, formado de todos los rosarios, meditaciones, limosnas, sacrificios, comuniones, mortificaciones y demás obras buenas que con vuestra divina gracia hemos hecho en este mes para socorro de aquellas almas. Poco es, ¡oh Señor!, para lo que Vos hubiérais deseado; poco para lo que vuestras esposas merecían; pero compadeceos de nuestra fragilidad y de nuestra pobreza, y aumentadlo Vos con el valor de vuestra Sangre preciosísima. No miréis a los muchos defectos de que somos reos para con vuestra divina justicia, sino mirad más bien a vuestra infinita misericordia, de cuyos benignos efectos tanto os complacéis. Y llevado, Jesus mío, de esta misma misericordia, dignaos escuchar nuestras pobres oraciones, y dadnos el consuelo de que antes que salgamos de este templo salgan libres de la voracidad de aquellas llamas un gran número de almas, que vayan a aumentar el número de los ciudadanos del cielo. No os olvidéis, por último, ¡oh Señor!, de los que procuramos en este mes acarrearles tanto bien, y en el amarguísimo trance de nuestra muerte confortadnos con la abundancia de vuestra gracia; y cuando nos encontráremos en la terrible cárcel del Purgatorio, no tardéis, ¡oh Señor!, en aceptar las súplicas que os hicieren por nosotros esas almas a cuya libertad hubiéremos concurrido en algún modo, para que, unidos a ellas cuanto antes, podamos gozar de Vos en las mansiones eternas de la gloria. Amén.
   
***
  
Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre:
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (Oh Dios, que quisisteis elevar vuestros siervos a la dignidad Episcopal o Sacerdotal, escogiéndolos y poniéndolos en el número de los Sacerdotes Apostólicos, os suplicamos el que hagáis gocen también de su compañía en vuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.
   
Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna). Amén.
N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá ánimæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, ánimæ Matris meæ o nostræ.
    
Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienhechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua).
    
Por un solo difunto: Inclína, Dómine, áurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. (Inclinad, Señor, vuestros oídos a nuestras súplicas, con que humildemente imploramos vuestra misericordia para que establezcáis en la región de la paz el alma de vuestro siervo N., que hicisteis salir de este mundo, y ordenéis sea compañera de vuestros Santos).
   
Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna).
   
Por dos o más difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus  famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 29 de noviembre de 2020

MES DE NOVIEMBRE EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - DÍA VIGESIMONOVENO

Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.
   
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:
Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
    
DÍA 29 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: SURAGIOS QUE PUEDEN ESPERAR EN EL PURGATORIO LOS BIENHECHORES DE AQUELLAS BENDITAS ALMAS.
     
PUNTO PRIMERO
Del mismo modo que hubiéremos tratado a nuestros prójimos, seremos nosotros tratados. En la otra vida halla piedad quien en esta la ha ejercitado con el menesteroso. Es la piedad una dichosa semilla que nos produce misericordia, y en el siglo futuro se recoge lo que en este se ha sembrado. Por lo cual si sembráremos sufragios para el Purgatorio, allá los recogeremos abundantes si llegáremos a entrar en aquella región de tormentos. Pero si en nuestro corazón no hay más que dureza y olvido, tristísimo será el fruto que nos produzcan. Experimentaremos la misma dureza y olvido con que ahora nos portamos con los difuntos, lo cual nos será tanto más sensible cuanto que no cabrá duda alguna en que lo tenemos muy merecido con nuestra cruel conducta. Evitemos semejante desgracia, esforzándonos en ser piadosamente generosos con las almas del Purgatorio.
     
PUNTO SEGUNDO
A su divino gobierno, que nosotros llamamos Providencia, ha prefijado el Señor ciertas leyes, de las cuales no se aparta, regularmente hablando. Brilla su sol para malos y buenos, pero para estos tiene un no sé qué de más risueño y benéfico, mientras para los impíos parece que como ministro de la divina justicia se muestra menos sereno y apacible. Lo mismo sucede con las almas del Purgatorio, que según el porte que hubieren tenido en esta vida con las que ya padecían antes que ellas bajaran a aquella cárcel de expiación, así será la parte que les quepa en los sufragios que se hacen por ellas. El que fue misericordioso alcanzará más pronto misericordia, y el que hubiere tenido duras las entrañas verá que el Señor le trata de un modo más severo, haciendo que le toque menos en la distribución de los socorros de la tierra. Tengamos esto muy presente para obrar como en el Purgatorio quisiéramos haber obrado.
     
PUNTO TERCERO
En todas las edades ha sido el ejemplo un resorte muy poderoso, y su influjo se extiende a larga distancia de unos hombres en otros. Si al pasar por este valle de lágrimas dejamos en él ejemplos de generosa piedad para con los difuntos, no faltarán corazones que los imiten cuando nosotros hayamos bajado a aquella mazmorra de dolor. Pero si, por el contrario, los que formamos la generación presente no volvemos los ojos a nuestros amigos y parientes del Purgatorio, es muy probable que nuestros hijos y allegados tengan para con nosotros la perniciosa indiferencia de que les dimos ejemplo. Está, pues, en nuestra mano el prepararnos frutos de piedad para el otro mundo, el granjearnos el favor divino, y el disponer a los que nos sobrevivan a compasivos sentimientos de caridad para con nuestras propias almas.
   
ORACIÓN
No queremos, Señor, privarnos de los auxilios de la piedad de nuestros hermanos ni de los de vuestra inmensa misericordia, por tanto desde ahora nos encomendamos a vuestra infinita clemencia, pidiéndoos tener cuando estemos en el Purgatorio una gran parte en las oraciones y sufragios de los vivos. Pero para lograr tan preciosos bienes, el orden de vuestra sabia providencia requiere que nosotros seamos en la tierra tan generosos con los muertos como nosotros cuando hayamos pasado a la eternidad querremos que los vivos lo sean con nuestras almas. Con este fin ponemos en vuestras manos nuestros corazones, para que los hagáis sinceramente piadosos y activos en socorrer a las benditas almas del Purgatorio.
  
EJEMPLO: Una virgen llamada Gertrudis se acostumbró desde niña a ofrecer todas sus acciones en sufragio de las almas del Purgatorio. Llegó la hora de su muerte, y el infernal enemigo le presentó que se hallaba desnuda de todo el mérito de sus buenas obras por haberse enajenado de ellas en favor de los difuntos. Esta maligna tentación atribuló sobremanera el ánimo de la piadosa virgen, pero su celestial esposo Jesús no la había de dejar sin consuelo. Acudió, pues, a socorrerla en el peligro, y le aseguró que lejos de haber perdido sus buenas obras cediéndolas a las almas del Purgatorio, había adelantado tanto con semejante cesion, que iba a entrar en la gloria en el momento que exhalase el último suspiro. Sírvanos de lección lo acaecido con Santa Gertrudis, y no temamos que se disminuya el caudal de nuestros merecimientos porque con ellos contribuyamos al alivio de las benditas almas del Purgatorio.
   
Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:
   
JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem....
   
SUFRAGIO: Non desis ploróntibus in consolatióne et ne te pígeat visitáre infírmum. (Eccli. 6, 39). La piadosa visita de los encarcelados y enfermos es muy consolatoria para las almas del Purgatorio.
    
No hay en el mundo imagen más expresiva de aquellas benditas ánimas que los enfermos y encarcelados, por sus padecimientos y la privación de su libertad. Por eso muchos devotos de las benditas ánimas han ejercitado su caridad visitando a enfermos y encarcelados. Imitémosles en tan santa obra de piedad, con el fin de aliviar en sus tormentos a nuestros hermanos del Purgatorio. Prodiguemos toda clase de consuelos a los que gimen en las cárceles y en el lecho del dolor; estemos seguros de que no será escasa nuestra recompensa ni infructuoso para nosotros mismos el bien que hagamos a nuestros queridos difuntos.
  
Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Ísraël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
   
(Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.)
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. A porta ínferi. (De la puerta del Infierno)
℞. Érue, Dómine, ánimas eórum. (Librad, Señor, sus almas)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz).
℞. Amén.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam. (Escuchad, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat. (Y mi clamor llegue hacia Vos).
   
ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.
   
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
   
***
  
Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre:
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (Oh Dios, que quisisteis elevar vuestros siervos a la dignidad Episcopal o Sacerdotal, escogiéndolos y poniéndolos en el número de los Sacerdotes Apostólicos, os suplicamos el que hagáis gocen también de su compañía en vuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.
   
Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna). Amén.
N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá ánimæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, ánimæ Matris meæ o nostræ.
    
Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienhechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua).
    
Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. (Inclinad, Señor, vuestros oídos a nuestras súplicas, con que humildemente imploramos vuestra misericordia para que establezcáis en la región de la paz el alma de vuestro siervo N., que hicisteis salir de este mundo, y ordenéis sea compañera de vuestros Santos).
   
Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna).
   
Por dos o más difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus  famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 28 de noviembre de 2020

MES DE NOVIEMBRE EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - DÍA VIGESIMOCTAVO

Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.
   
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:
Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
    
DÍA 28 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: GRATITUD DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO PARA CON SUS BIENHECHORES.
     
PUNTO PRIMERO
La Sagrada Escritura nos refiere que el sumo sacerdote Onías y el gran profeta Jeremías no olvidaron después de muertos a sus compatricios. Vióse al primero hacer al Dios de Israel ardientes súplicas por su pueblo, y del segundo cuenta el sagrado texto que oraba por su patria. El interés que manifestaron estos dos insignes campeones de la antigua Alianza estando en el seno de Abrahán, no es más que una imagen de la solicitud de la Iglesia purgante en favor de la militante. Las almas del Purgatorio están continuamente enviando al trono del Eterno abrasados suspiros y ardorosas súplicas para que nos mire con ojos propicios. Puede decirse que esta es la ocupación de aquellas almas; rogar incesantemente por nosotros. Hagamos, pues, otro tanto por ellas.
     
PUNTO SEGUNDO
No sólo el vínculo de la religión y de la caridad en que consiste la comunión de los Santos, sino muy especialmente la gratitud, impele a aquellas almas a pagar los sufragios de los hombres con variada multiplicidad de auxilios. En el Purgatorio no hay tanta diversidad de afectos ni tanta distracción de pensamientos como en el mundo. Allí el único pensamiento es Dios; allí todos los afectos van a parar a Dios; y aquellas almas fervorosísimas no tienen más blanco para todos sus deseos y afecciones que su divino Esposo, y cuanto puede concurrir a satisfacerles tan santa y viva ansia; por lo cual, si los sufragios de los hombres les aceleran la dicha de poseer a su Dios, es tan vehemente la ternura con que corresponden a sus bienhechores, que hasta se olvidan de sí mismas, no atendiendo más que a conseguirles las más dulces bendiciones del Padre de las misericordias. Dichoso quien llegue a merecer la gratitud de las almas del Purgatorio.
     
PUNTO TERCERO
Librarnos de desgracias, aumentarnos los bienes, prolongarnos los días de la vida, tales son las principales bendiciones que nos alcanzan las almas del Purgatorio. Viviendo en un destierro, jamás creamos vernos libres de todo género de males; pero de muchos nos preservamos por la piedad divina y merced a la intercesión de aquellas almas benditas. Dámosles como uno, y ellas nos retribuyen como ciento; unas veces visiblemente, y otras sin que lo percibamos; ora haciendo prosperar nuestros intereses, ora obteniéndonos el inapreciable beneficio de la concordia doméstica y del buen nombre en el público. De modo que el hombre piadoso para con las almas del Purgatorio nadarán en la abundancia y en la paz, y gozará, dice David, de larga vida, y le conservará el Señor la salud, y le vivificará en medio de la mortandad de los pueblos, y le hará dichoso, no solo durante los días de su peregrinación sobre la tierra, sino hasta en su descendencia. Ved, pues, un medio de hallar la felicidad que cabe en este valle de lágrimas; ved lo que se consigue con la piedad para con las almas del Purgatorio, las cuales, sumamente agradecidas, no dejarán de alcanzarnos las gracias que nos sean más necesarias.
   
ORACIÓN
¡Oh cuántas son, Señor, las gracias de que necesitamos! Con toda verdad puede asegurarse que nuestra necesidad es universal, pues por nosotros mismos nada podemos, nada tenemos, y, una de nuestras grandes miserias, es no conocer nuestra pobreza, y el pediros poco y el no acertar a pediros con los requisitos de una verdadera oración. Ahora, Señor, buscamos para con vuestra divina Majestad intercesores que amáis sobremanera; las almas del Purgatorio, tan empeñadas en nuestro favor como gratas á vuestros ojos. De lo profundo de su cárcel os representan nuestra indigencia pidiéndoos las gracias necesarias para remediarla. Miradnos, pues, con vuestra antigua misericordia por lo mucho que os agradan esas vuestras afligidas esposas, mientras nosotros hacemos cuanto está a nuestro alcance por socorrerlas con todo género de sufragios.
  
EJEMPLO: Entre los muchos rasgos de la generosa beneficencia de Eusebio, duque de Cerdeña, se cuenta el de haber destinado para socorro de las almas del Purgatorio todas las rentas de una de sus más ricas ciudades. Cayó esta en poder de Ostorgio, poderoso Rey de Sicilia, que codiciando gloria y riquezas marchó contra ella con respetable ejército y logró sojuzgarla. Tan infausta conquista sintió Eusebio mas vivamente que si hubiese perdido la mejor parte de su ducado; y alentado más que por su valor militar por un santo entusiasmo, hijo de su ardiente piedad, voló a recuperarla con la gente de guerra que le fue posible reunir. Muy inferior, al contrario, era el ejército del duque; sin embargo, marchaba valeroso con la confianza de que la desigualdad de las fuerzas quedaría compensada con la santidad de la causa que iba a defender. Llegó el día de la batalla, y mientras ambos ejércitos se disponían para el combate, se dio parte a Eusebio de que además del de Ostorgio había aparecido un nuevo ejército vestido de blanco y con banderas del mismo color. Tan inesperado suceso desconcertó al principio al piadoso duque, que haciendo alto envió cuatro de a caballo a saber si venía como amigo o como enemigo. Pero al mismo tiempo partieron de las filas de aquel otros cuatro de a caballo, los cuales declararon que era milicia del Cielo que acudía al socorro del duque para recuperar la ciudad de los sufragios; y poniéndose de acuerdo los dos ejércitos aliados, marcharon contra el usurpador. Pasmóse Ostorgio al ver el doble ejército, y habiendo llegado a sus oídos que el que vestía de blanco era milicia celestial, al momento pidió la paz, ofreciendo la restitución de la ciudad y el resarcimiento duplicado de todos los daños que hubiere hecho. Concluyóse la paz con tan ventajosas condiciones; y mientras el duque daba gracias al prodigioso ejército por su oportunísimo socorro, su jefe le manifestó que todos aquellos soldados eran almas que él había sacado del Purgatorio, las cuales velaban incesantemente por su felicidad. Este prodigio no podía menos de encender el corazón del buen duque en más viva caridad para con las almas del Purgatorio, por cuyo medio alcanzó siempre señaladas mercedes, las cuales no nos faltarán, por cierto, si en socorrerlas ponemos toda nuestra solicitud. (P. Alejo Segala OFM Cap., Triunfo de las Ánimas del Purgatorio, parte 1, sufragio 4º, cap. 11).
   
Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:
   
JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem....
   
SUFRAGIO: Pósui ori meo custódiam... obmútui, et humiliátus sum, et sílui a bonis. (Psalm. 38, 2). El silencio puede ser muy buen sufragio para las almas del Purgatorio.
    
Duranno fue lanzado al Purgatorio por algunos dichos burlescos y para que alcanzaran cuanto antes su libertad se le permitió pedir los sufragios de sus monjes, cuyo abad creyó que el más oportuno sería un riguroso silencio, que impuso por dos semanas a todos sus monjes. En efecto, trascurrido el tiempo del silencio prescrito se vio Duranno libre de sus tormentos, y vestido de gloria se apareció al abad y a los monjes dándoles gracias por haberle socorrido tan eficazmente. ¡Ah! Muchas veces hemos pecado por la lengua, y el Purgatorio está lleno de almas que padecen por haber hablado más de lo que era menester y salvando la valla puesta por la ley de Dios. Para socorrerlas, pues, y sacarlas de aquel terrible calabozo, nosotros tambión guardemos hoy un riguroso silencio, y estemos seguros de que cuanto más mortifiquemos nuestra lengua, tanto más rogarán aquellas benditas ánimas por nuestra felicidad, y nos alcanzarán toda clase de bendiciones y gracias. (San Pedro Damián, Epístola 14 a Desiderio Abad, cap. 7)
  
Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Ísraël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
   
(Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.)
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. A porta ínferi. (De la puerta del Infierno)
℞. Érue, Dómine, ánimas eórum. (Librad, Señor, sus almas)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz).
℞. Amén.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam. (Escuchad, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat. (Y mi clamor llegue hacia Vos).
   
ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.
   
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
   
***
  
Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre:
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (Oh Dios, que quisisteis elevar vuestros siervos a la dignidad Episcopal o Sacerdotal, escogiéndolos y poniéndolos en el número de los Sacerdotes Apostólicos, os suplicamos el que hagáis gocen también de su compañía en vuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.
   
Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna). Amén.
N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá ánimæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, ánimæ Matris meæ o nostræ.
    
Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienhechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua).
    
Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. (Inclinad, Señor, vuestros oídos a nuestras súplicas, con que humildemente imploramos vuestra misericordia para que establezcáis en la región de la paz el alma de vuestro siervo N., que hicisteis salir de este mundo, y ordenéis sea compañera de vuestros Santos).
   
Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna).
   
Por dos o más difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus  famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 27 de noviembre de 2020

MES DE NOVIEMBRE EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - DÍA VIGESIMOSÉPTIMO

Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.
   
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:
Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
    
DÍA 27 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: INGRATITUD DE LOS HOMBRES PARA CON LAS ALMAS DEL PURGATORIO.
     
PUNTO PRIMERO
Si todos los cristianos oyesen cual debieran las voces de la naturaleza, de la religión, de la patria, las insinuaciones de la sangre, de la amistad, de los beneficios, y el clamor de su conciencia por el cumplimiento de las promesas y de los deberes de justicia, sería tal la muchedumbre de los sufragios que cual copiosa lluvia bajaran al Purgatorio, que se apagarían aquellas ardientes llamas. Mas, ¡ay dolor! La tierra es muy avara de socorros; y son escasos los consuelos que se proporcionan a las afligidas almas que padecen en aquella profunda mazmorra de dolor. Auméntase su pena con nuestro cruel olvido, tanto más reprensible cuanto mayor es la obligación que tenemos de socorrerlas.
    
No demos motivo para que en adelante se nos pueda echar en cara tan inhumano olvido.
   
PUNTO SEGUNDO
San Cirilo dice que la tierra y el Purgatorio forman un singular contraste. En aquella profunda cárcel padecen las almas todo género de tormentos, y en la tierra apenas hay quien vuelva a ellas los ojos para compadecerse de su amargura. De allá se pide con lúgubres gemidos algún socorro, y aquí apenas hay quien se ponga a escucharles. De allá se reclaman los sufragios prometidos y el cumplimiento de las mandas piadosas, y aquí penas hay quien se mueva a prestarles auxilio. Allá todo es lágrimas y desolación, y aquí apenas hay en los corazones una sombra de la ternura y compasión con que deberían empeñarse en abrir las puertas de aquella prisión de fuego. ¿Quién creería que se hallase en los hombres tanta insensibilidad, en los cristianos tanta crueldad, en los amigos y parientes tanta ingratitud y perfidia? Y en nosotros, ¿qué es lo que hay?
     
PUNTO TERCERO
Y las almas del Purgatorio, ¿se portan con los hombres con igual dureza? ¿Dan gritos de venganza? ¡Ay de nosotros si así lo hicieran! La divina justicia está encendida en una santa ira por la crueldad con que miramos a aquellas almas justas encomendadas a nuestra misericordia, y si ellas se quejasen de nosotros, sin duda que caería sobre nuestras cabezas el rayo de su indignación. Pero son hijas e imitadoras fieles de aquel Dios que desde su Cruz pedía perdón para los que le crucificaban: lo mismo hacen ellas en favor de aquel hermano, de aquel hijo, de aquel esposo que, olvidando su antiguo cariño, como que prolongan su martirio por no socorrerlas. Las almas del Purgatorio ruegan por nosotros, detienen el brazo del Omnipotente, y en vez de castigos nos alcanzan mercedes. Si no nos mueven sus gemidos, conmuévanos su piedad y solicitud en favor nuestro, y correspondámosles con iguales sentimientos de caridad trabajando por ellas hasta librarlas de su angustia y tormentos.
   
ORACIÓN
No miréis, Señor, nuestro olvido e ingratitud para con aquellas almas abandonadas; oíd, sí, sus clamores que para nosotros os piden piedad y perdón. ¡Ah! Ya no seremos sordos a sus lamentos, ni tan insensibles r ingratos. Nos penetraremos de lo mucho que padecen, recordaremos con frecuencia sus tormentos, y no dejaremos de aliviarlas con sufragios continuos. Y Vos, Señor, perdonadnos el descuido que hasta ahora hayamos tenido, concedednos el no volver a incurrir en semejante falta, y dadnos gracia y fortaleza para cumplir nuestros caritativos propósitos.
  
EJEMPLO: El P. José Anchieta, de la Compañía de Jesús, se retiraba al anochecer de asistir a un moribundo a su colegio de la Baja, y al pasar cerca de un estanque oyó llanto y lamentos. A tan lastimeras voces principió su compañero a temblar; mas él, cogiéndole de la mano, le hizo acercarse a la laguna para oír mejor y distinguir aquellos dolorosos gemidos, y conforme se iba acercando al lago y fijando la atención, convencíase más y más de que eran voces de almas que padecían en el Purgatorio, y cuyos lamentos permitió Dios se oyesen. Así es que, maravillado y penetrado de compasión, levantando los ojos al cielo, exclamó: «Ætérne Deus, quam magna est poténtia tua!», y luego; lleno de fe, se postró en tierra y rezó de rodillas con su compañero cinco Padrenuestros y Ave Marías a las santísimas Llagas de Jesucristo, implorando piedad para aquellas afligidas almas. Fue oída la oración del siervo de Dios, porque en el momento cesaron en aquel estanque los dolorosos gemidos: ¡Qué de veces llegar a nuestros oídos los clamores de las almas del Purgatorio, ora por medio de los ministros de la religión, ora por instantáneos recuerdos, ora por la voz de nuestra propia conciencia, ora por inspiraciones venidas de los cielos! Y ¿qué hacemos entonces? ¿Las socorremos con nuestras oraciones? Si hasta ahora no lo hemos hecho, hagámoslo desde hoy, y formemos un constante propósito de no olvidarnos nunca de los fieles difuntos. (P. Sebastián Peretario, en Vida del padre José de Anchieta, libros 2 y 3).
   
Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:
   
JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem....
   
SUFRAGIO: Fili, in mórtuum produc lácrymas, et ne despícias sepúlturam illíus! Acordémonos de los muertos delante de sus sepulcros, y pidamos el eterno descanso para sus almas.
    
Un buen religioso acostumbraba rezar alguna oración siempre que pasaba por delante de algún cementerio; pero un día iba tan distraído, que no se acordó de hacerlo, y acaso no echó de ver que estaba cerca de un camposanto. Los muertos que en él había, entristecidos por semejante omisión, salieron de sus sepulcros y entonaron aquel versículo del Real Profeta: «Et non dixérunt qui præteríbant: benedíctio Dómini super vos» (Y los transeúntes no dijeron: la bendición de Dios sea con vosotros; Psalm. 128, 8). Asombrado el monje con semejante espectáculo, se detuvo, y pesaroso de su falta, añadió al instante lo que sigue en el mismo versículo de David: «Benedicímus vobis in nómine Dómini» (Os bendecimos en nombre del Señor). Y como si en efecto hubiesen recibido la bendición del Señor aquellos aparecidos difuntos, inclinando sus cabezas mostraron su agradecimiento al religioso, y en seguida desaparecieron. Esta visión hizo que el siervo de Dios se animara grandemente a seguir con tan piadosa costumbre. Imitémosle nosotros. Siempre que pasemos cerca de una sepultura o divisemos algún cementerio, recemos alguna oración en sufragio de los difuntos, sin olvidar nunca esta devota práctica para no incurrir en la nota de negligentes o descuidados. (P. Felipe Doutreman, en Pedagogo Cristiano, tomo 1, parte 2, cap. 19).
  
Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Ísraël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
   
(Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.)
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. A porta ínferi. (De la puerta del Infierno)
℞. Érue, Dómine, ánimas eórum. (Librad, Señor, sus almas)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz).
℞. Amén.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam. (Escuchad, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat. (Y mi clamor llegue hacia Vos).
   
ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.
   
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
   
***
  
Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre:
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (Oh Dios, que quisisteis elevar vuestros siervos a la dignidad Episcopal o Sacerdotal, escogiéndolos y poniéndolos en el número de los Sacerdotes Apostólicos, os suplicamos el que hagáis gocen también de su compañía en vuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.
   
Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna). Amén.
N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá ánimæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, ánimæ Matris meæ o nostræ.
    
Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienhechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua).
    
Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. (Inclinad, Señor, vuestros oídos a nuestras súplicas, con que humildemente imploramos vuestra misericordia para que establezcáis en la región de la paz el alma de vuestro siervo N., que hicisteis salir de este mundo, y ordenéis sea compañera de vuestros Santos).
   
Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna).
   
Por dos o más difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus  famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 26 de noviembre de 2020

MES DE NOVIEMBRE EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - DÍA VIGESIMOSEXTO

Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.
   
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:
Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
    
DÍA 26 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: DEBERES DE JUSTICIA PARA CON LAS ALMAS DEL PURGATORIO.
     
PUNTO PRIMERO
El corazón humano es naturalmente inclinado a la compasión, y así vemos con harta frecuencia que no sabe resistir a sus piadosos impulsos, y hay circunstancias en que de tal suerte se conmueve, que da y promete todo cuanto está a su alcance. Particularmente a la hora de la muerte, en la despedida para la eternidad, suplicamos apasionadamente a los que nos dejan que no se olviden de nosotros en el Cielo: ellos nos dan palabra de no olvidarnos, y nosotros les prometemos que nunca han de faltarles nuestros sufragios y oraciones. Pero ¡ay!, con el lúgubre son de las campanas suele perecer la memoria de nuestros difuntos, y concluidos aquellos oficios públicos que la costumbre y la Religión nos prescriben en favor de ellos, no vuelven a recibir sufragio alguno, y en su extrema desolación y amargura en vano reclaman de nosotros, en medio de las llamas que los devoran, el cumplimiento de las promesas que les hicimos. ¡Ah, no! No faltemos a la palabra dada a los muertos. Cuanto mayor es su tribulación en el Purgatorio, tanto más activa y piadosa debe ser nuestra caridad para con ellos, tanto más indeleble su memoria, y más amorosa y constante nuestra fidelidad en cumplirles lo que les tenemos prometido.
   
PUNTO SEGUNDO
Muchas veces el aliviar a las almas de los difuntos no solo es un cumplimiento de nuestras promesas, sino también una obligación de justicia cuando quedan a nuestro cargo legados piadosos. Su ejecución está prescrita por el orden social, la justicia y la Religión: y aquellos que no los cumplen, apropiándose sus rentas, son ladrones sacrilegos, son verdugos crueles de las almas abandonadas a la voracidad del fuego; y contra ellos reclaman todas las leyes divinas y humanas. ¡Ay de aquel que se mantiene con los bienes de los muertos! Cree engordar impunemente, y no advierte que se sustenta con un manjar que es tan nocivo a los vivos como provechoso a los muertos. Muchas son las familias que se arruinan por no haber satisfecho las obligaciones de las misas y demás legados de sus ascendientes. Seamos, pues, muy exactos en cumplir su última voluntad, para que no caigan sobre nuestras cabezas las maldiciones del Cielo.
     
PUNTO TERCERO
El Concilio de Trento mandó a los Obispos que velasen atentamente sobre el cumplimiento de las mandas piadosas; y el Vasense, aprobado por San León el Grande, ordenaba que fuesen arrojados de los sagrados lugares como infieles los que se apropian las ofrendas de los muertos o retardan el entregarlas a la Iglesia; y otros Concilios disponen que se prive interinamente de la comunión eclesiástica a los que suspendan la ejecución de la piadosa voluntad de los difuntos. Estas leyes tan rígidas y estas penas tan severas nos dan a entender cuán grave delito sea el burlar la esperanza de los difuntos defraudándoles de los sufragios prescritos. Los mismos gentiles fueron en este punto tan cuidadosos, que en varios paises no se atrevían a apoderarse de sus utensilios, quemándolos juntamente con los cadáveres por vía de holocausto. ¿Y con cuánto mayor esmero no deberán los fieles emplear en sufragio de los difuntos lo que ellos mismos se reservaron para su alma?
   
ORACIÓN
No permitáis, ¡oh gran Dios!, que faltemos a los deberes de justicia para con las almas del Purgatorio. Harto sagrado es su derecho y harto imponente nuestra deuda por las promesas que les hicimos y por los legados que dejaron a nuestro cargo cumplir. Son muy justas las leyes de la Iglesia contra los sacrílegos defraudadores de las obras pías pertenecientes a los difuntos, y tienen aquellos muy merecida vuestra indignación. Queremos, Señor, satisfacer plenamente nuestra conciencia, haciendo todo aquello a que estamos obligados, y os rogamos que os dignéis aceptar esta satisfacción en descuento de lo que deben a vuestra justicia nuestros difuntos, para que cuanto antes se vean libres de las cadenas de fuego que los oprimen, y vuelen a gozar de las delicias de vuestra gloria.
  
EJEMPLO: Un buen soldado que hasta la vejez había servido honradamente a Carlomagno, viéndose próximo a morir, llamó a un sobrino suyo, y no teniendo más bienes que un caballo con sus arreos, le encargó que lo vendiese después de su muerte, y que emplease el producto en hacerle sufragios. Aceptó el sobrino el cargo de cumplir la voluntad de su tío, quien habiendo muerto a las pocas horas, se vio lastimosamente burlado. Bellísimo era aquel caballo, y principiando el joven a servirse de él en algunos viajes le gustó tanto, que se le hacía muy duro desprenderse de él. Iba por tanto dilatando la venta, pasaban días y meses, y su conciencia se dormía hasta el punto de olvidar enteramente a su tío y la obligación que le había dejado, de tal modo, que ya miraba al caballo cual suyo propio. Disfrutaba de él tranquilamente, cuando una noche vino a turbar su paz la voz de su tío, reprendiéndole por su cruel descuido. «¿Por qué, le dijo, has violado así la obligación que te impuse y la fe que me juraste? Por ti he debido padecer en el Purgatorio largos y penosos tormentos, pero por la misericordia de Dios ya estoy libre de ellos, y en este instante vuelo a la gloria eterna. Pero a ti por tu delito te espera una muerte próxima, y despues un singular castigo; y no solo por tus culpas, sino tambien por las mías serás castigado, y pagarás por mí lo que aun me quedaría por pagar a la divina justicia». A tal intimación desfalleció el sobrino, y pensando arreglar sus cosas para la otra vida, cumplió sin más tardanza lo dispuesto por su tío; hizo cuanto pudo por evitar la muerte eterna de su alma, y al cabo de pocos días bajó al sepulcro, conforme al pronóstico que se le había hecho. La ingratitud y la injusticia para con los difuntos es muy aborrecible a los ojos de Dios, que muchas veces la castiga en este y en el otro mundo. Escarmentemos en cabeza ajena. (Tomás de Cantimpré OP, en El bien universal de las abejas, cap. 55, n. 19).
   
Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:
   
JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem....
   
SUFRAGIO: Convertímini ad munitiónem vincti spei annuntiántes duplícia. Demos a los difuntos, redoblando nuestras obras de piedad, una compensación proporcionada a las faltas que con respecto a ellos hayamos cometido.
    
Un novicio difunto reconvino al venerable Dionisio el Cartujo por no haber rezado por su alma los dos oficios que le había prometido; y procurando Dionisio excusarse por semejante falta, el espíritu del novicio que se le hubo aparecido respondióle con profundos gemidos: «¡Oh! Si tú padecieses la mínima parte de los tormentos que yo sufro, no admitirías tantas excusas». Dionisio no solo rezó los dos oficios, con sumo fervor, sino que añadió otras muchas preces para reparar su negligencia. Examinémonos sobre si hemos omitido o diferido lo que debíamos a los difuntos, ya sea por promesa o de justicia; y si hemos imitado a Dionisio en su descuido, imitémosle en pronta reparación, y hagamos que con nuestros abundantes sufragios queden nuestros difuntos bien compensados de nuestra pasada indiferencia. (P. Godefrido Heschenio, continuador de Bolando, en Acta Sanctórum, 12 de Marz, en la vida de Dionisio el Cartujo).
  
Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Ísraël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
   
(Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.)
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. A porta ínferi. (De la puerta del Infierno)
℞. Érue, Dómine, ánimas eórum. (Librad, Señor, sus almas)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz).
℞. Amén.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam. (Escuchad, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat. (Y mi clamor llegue hacia Vos).
   
ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.
   
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
   
***
  
Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre:
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (Oh Dios, que quisisteis elevar vuestros siervos a la dignidad Episcopal o Sacerdotal, escogiéndolos y poniéndolos en el número de los Sacerdotes Apostólicos, os suplicamos el que hagáis gocen también de su compañía en vuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.
   
Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna). Amén.
N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá ánimæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, ánimæ Matris meæ o nostræ.
    
Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienhechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua).
    
Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. (Inclinad, Señor, vuestros oídos a nuestras súplicas, con que humildemente imploramos vuestra misericordia para que establezcáis en la región de la paz el alma de vuestro siervo N., que hicisteis salir de este mundo, y ordenéis sea compañera de vuestros Santos).
   
Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna).
   
Por dos o más difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus  famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

MES DE NOVIEMBRE EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - DÍA VIGESIMOQUINTO

Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.
   
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:
Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
    
DÍA 25 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: OTRAS RAZONES PARTICULARES QUE NOS OBLIGAN A SOCORRER A LAS ALMAS DEL PURGATORIO.
     
PUNTO PRIMERO
El parentesco, la amistad y la gratitud, son titulos tan sagrados, que no se puede ni se deben olvidar nunca. La voz de la sangre habla siempre al corazón, y se hace oír en este mundo no menos que en el otro. Todos tenemos parientes aquí y allá: aquí están los vivos, allá los muertos; y a unos y a otros somos deudores de cierta caridad especial que la sangre reclama. «Quien no cuida de los suyos, decía San Pablo, es un bárbaro, un irracional ingrato, peor que los salvajes moradores de las selvas». Ahora bien; ¿qué almas pueblan el Purgatorio? Escudriñémoslo con los ojos del entendimiento. ¿No son las de nuestros antepasados, que tanto se afanaron por dejarnos riquezas; las de nuestros padres, que tan solícitos vivieron de nuestro bienestar y felicidad; las de nuestras madres, que emplearon en nosotros toda su ternura; las de nuestros hermanos y las de nuestras amorosas Esposas? ¿No son aquellas mismas con las cuales estábamos unidos con los vínculos más estrechos, y que con nosotros formaban una misma familia? ¿Y será posible que cerremos los ojos para no ver su desdicha, y que no nos mueva a compasión su doloroso estado?
   
PUNTO SEGUNDO
No es raro que se anteponga la amistad al parentesco, porque aquella suele adaptarse más a nuestra índole, y es hija de nuestra propia elección. El parentesco dice relación al cuerpo, y la amistad estrecha las almas y las conglutina de tal modo, que se hacen indivisibles. La muerte no puede ni debe apartarlas; cambia las relaciones de la amistad, pero no las destruye, pues si los amigos se hablaban en vida y se comunicaban de una manera material favoreciéndose mutuamente, separados por la tumba deben continuar los recíprocos oficios de su sincero cariño por medio de una memoria indeleble y fecunda en emplear los arbitrios de la Religión para conseguir la eterna bienaventuranza. Quien abandona a sus amigos en la miseria es un desnaturalizado, es un impío. «Amaba yo en vida con verdadera ternura a Teodosio, decía San Ambrosio, y él me correspondia con igual afecto, si la muerte me lo ha arrebatado, no por eso dejará mi amor de seguirle al otro mundo, ni le abandonará nunca mi activa piedad hasta que con mi llanto y oraciones le alcance la vida eterna». He aquí, ¡oh amigos!, un ejemplo que habeis de imitar.
     
PUNTO TERCERO
No solo por nuestros parientes y amigos, también por nuestros bienhechores debemos hacer especiales sufragios. Los beneficios deberían imprimir en nuestro ánimo un sentimiento de eterna gratitud, pues merecer el renombre de ingrato es un ominoso oprobio cuando hasta las bestias se muestran agradecidas a sus bienhechores, y el ingrato se hace de peor condición que ellas degradándose sobremanera. Y ¿quién hay que pueda vanagloriarse de no haber recibido beneficio alguno de los difuntos? La conservación de nuestra vida, el alimento que nos sostuvo, la educación que cultivó nuestro entendimiento y corazon, los honores que ostentamos y las riquezas con que contamos para lo venidero, ¿no son otros tantos beneficios de los que nos han precedido en el camino de la eternidad? Y ¿quién sabe si por haber hecho demasiado por nosotros están expiando en el fuego el desordenado amor que nos tuvieron? Sería, pues, una ingratitud muy negra y muy cruel olvidar a los que nos amaron hasta el punto de merecer las penas del Purgatorio por el desarreglado bien que nos hicieron.
   
ORACIÓN
Dulcísimo Señor nuestro, ¡oh, cuántos títulos nos mueven y obligan a compadecernos de los difuntos! Oblíganos la sangre con sus vínculos, la amistad con sus afectos, los beneficios con su correspondiente gratitud; y no hay en nuestro corazón sentimiento que no respire piedad y amor para con ellos. Por tanto, con todo el anhelo de nuestros corazones os suplicamos que tengáis piedad de nuestros difuntos, y los saquéis de la cárcel de sus tormentos por aquella ternura con que en vida nos amaron, y los llameis a vuestra bienaventuranza a recibir el premio de su benéfico amor.
  
EJEMPLO: Habiendo perdido a su padre la venerable Catalina Paluzzi, por espacio de ocho días se ocupó únicamente en hacer sufragios por su alma. Innumerables fueron sus penitencias; su oración continua de día y de noche; su mayor empeño el ganar todas las indulgencias que le fue posible; dando fin a tantas obras de piedad con multitud de misas a que ella misma asistía con suma devoción. Lisonjeábase con la halagüeña idea de haber puesto a su padre en posesión de la felicidad eterna. Mas ¡cuál no fue su sorpresa cuando, arrebatada en espíritu al Purgatorio por el Salvador y su especial abogada Santa Catalina de Siena, vio el abismo de dolores en que yacía el alma de su padre! No acababa de dar crédito a sus propios ojos, pero penetró sus oídos y llegó a su corazón con un dardo de dolor la voz de su padre, que llamándola por su propio nombre con profundos gemidos, la suplicaba que le socorriese. Quería responderle la piadosa hija, pero impaciente por auxiliarle, bañado su rostro en lágrimas, postróse a los pies de su celestial esposo Jesús, rogándole por su divina Sangre que sacase a su padre de tan infeliz estado. Se volvió luego a Santa Catalina pidiéndole que interpusiese todo su valimiento. «Y, en fin, para satisfacer a la divina justicia, yo, añadió, ¡oh gran Dios!, yo tomo sobre mí las culpas de mi padre, yo las expiaré con los padecimientos que fueren de vuestro agrado, mas ¡sálvese mi padre, sálvese mi padre!». Con tan heroica resolución consiguió sacarle del Purgatorio y hacerle eternamente dichoso. Nunca será demasiado lo que hagamos por nuestros padres. Si ellos nos dieron la vida, debemos nosotros procurar anticiparles la gloria, no perdonando por nuestra parte medio alguno, e interponiendo para lograrlo la mediación de los Santos, que a ello nos obliga el amor filial, la naturaleza y la misma sangre que corre por nuestras venas. (P. Domingo María Marchese OP, en Sacro Diario Dominicano, 19 de Octubre, en la vida de la Venerable Catalina Paluzzi).
   
Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:
   
JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem....
   
SUFRAGIO: Panem tuum super sepultúram justi constítue. (Tobíæ, 4, 18). Demos a los muertos alguna porción de nuestro alimento, dando de comer al pobre.
    
Entre los antiguos hebreos y los primitivos cristianos era costumbre celebrar banquetes de caridad sobre las tumbas de los difuntos, convidando a los sacerdotes, a los parientes y a los pobres, para que antes y después de la comida rogasen por las almas de aquellos a quienes se consagraban los Ágapes mortuorios. Aunque estos se abolieron en lo sucesivo por los abusos que en ellos se iban introduciendo, sin embargo aconsejaban los Prelados que en vez de aquellos se hiciesen gastos particulares en beneficio de los pobres, para que con más fervor rogaran a Dios por los muertos, teniendo presente que en consideración a ellos se les alimentaba y consolaba con caritativas limosnas. Tomemos nosotros este consejo, y para corresponder a los lastimeros gritos de nuestros parientes, amigos y bienhechores, démosles algo de nuestra mesa por medio de los pobres, a quienes el Soberano Juez oye como a hijos queridos cuando le piden misericordia para con aquellas almas cuyos parientes o allegados han saciado su hambre. (Guillermo Estio, Comentario sobre Tobías 4, 18).
  
Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Ísraël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
   
(Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.)
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. A porta ínferi. (De la puerta del Infierno)
℞. Érue, Dómine, ánimas eórum. (Librad, Señor, sus almas)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz).
℞. Amén.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam. (Escuchad, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat. (Y mi clamor llegue hacia Vos).
   
ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.
   
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
   
***
  
Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre:
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (Oh Dios, que quisisteis elevar vuestros siervos a la dignidad Episcopal o Sacerdotal, escogiéndolos y poniéndolos en el número de los Sacerdotes Apostólicos, os suplicamos el que hagáis gocen también de su compañía en vuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.
   
Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna). Amén.
N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá ánimæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, ánimæ Matris meæ o nostræ.
    
Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienhechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua).
    
Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. (Inclinad, Señor, vuestros oídos a nuestras súplicas, con que humildemente imploramos vuestra misericordia para que establezcáis en la región de la paz el alma de vuestro siervo N., que hicisteis salir de este mundo, y ordenéis sea compañera de vuestros Santos).
   
Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna).
   
Por dos o más difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus  famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.