miércoles, 4 de noviembre de 2020

MES DE NOVIEMBRE EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - DÍA CUARTO

Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:
Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
   
DÍA 4 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: ATROCIDAD DEL FUEGO.
    
PUNTO PRIMERO
Para formarnos alguna idea de la atrocidad del fuego del Purgatorio imaginemos que, según la frase de la Escritura, Dios nuestro Señor reúna y acumule todos los males del universo, y exprimiéndolos extraiga de ellos la esencia más pura y el espíritu más subido y con tal espíritu encienda el horno del Purgatorio. ¿Podría por ventura imaginarse incendio más grave y más terrible que este? Ahora bien, espíritu de ardor es precisamente llamado por el Profeta el fuego del Purgatorio: espíritu que con la mayor actividad penetra y despedaza, no ya los cuerpos sino las almas solas de los difuntos en lo más íntimo de su sentido. ¿Y qué corazon hay tan duro que no se conmueva a tan grande vehemencia de suplicio?
   
PUNTO SEGUNDO
Por tanto no produce aquel fuego en las almas que lo sufren una sola sensación dolorosa, sino tantas sensaciones en una cuanto son los géneros de tormentos. Sean enhorabuena diversos entre sí por naturaleza, opuestos por principios y contrarios por los efectos; pero por un prodigio de la divina Justicia todos se coligan, se compenetran, y conspiran juntamente a atormentar sobremanera a las almas del Purgatorio. Por consiguiente, calor y frío, hambre y sed, fastidio y congojas; tinieblas y espantosísima luz, todos a un tiempo se sufren en el solo fuego y forman el continuado martirio de cada ánima. ¡Oh, qué cúmulo inexplicable de penas contiene en sí mismo!
    
PUNTO TERCERO
Ahora se comprende bien lo que dicen los santos Padres, que el fuego del Purgatorio es mucho más atroz que cualquiera otra pena causada o por la postración de la naturaleza, o por el rigor de la humana justicia, o por la crueldad de los más bárbaros, porque de cualquiera especie que sea se encuentra sin duda en el Purgatorio, y se encuentra privada de toda cualidad que la mitigue, y se encuentra reunida con todo otro género de tormento en la actividad del fuego encendido y avivado por la divina justicia. Pues si nosotros somos en tal manera delicados que no podríamos sostener un dedo en las llamas de la tierra, ¿que no deberíamos hacer para evitar las atrocísimas del Purgatorio?
   
ORACIÓN
Salvadnos, oh Señor, de las llamas del fuego tan atroz, y no permitáis jamás que caigamos en él; antes bien librad y salvad a las infelices almas allí detenidas, que experimentan al presente todo género de tormentos y de penas. Sea vuestra soberana clemencia para nosotros el escudo de defensa que piadosamente nos salve de tan gran castigo, y para ellas el bálsamo de refrigerio y de salud que sane toda llaga, mitigue todo dolor y haga suceder a los padecimientos la dulce felicidad del gozo eterno.
   
EJEMPLO: Apareció al venerable Estanislao Choroca, dominico de Polonia, un alma del Purgatorio rodeada de vivísimas llamas, gimiendo y suspirando de una manera increíble. La violencia del fuego la penetraba y traspasaba de tal modo, que no pudo menos el buen siervo de Dios de pedirle que le trajese alguna comparación o prueba que le hiciese comprender su actividad y fuerza. Si me pides comparación, respondió aquel alma, sabe que las llamas más encendidas de la tierra son un suave céfiro si se comparan con el ardor que yo sufro; y si quieres una prueba extiende la mano: y al decir esto hizo caer sobre la palma del siervo de Dios una gota de sudor desprendida de aquella voracísima llama, con lo que le produjo tan excesivo dolor que al grito lanzado despertaron todos los hermanos que dormían, y no pudiéndolos resistir más, cayó en tierra desmayado y casi muerto, conforme lo encontraron los otros religiosos, que corriendo a su celda con las más eficaces medicinas apenas pudieron hacerle volver en sí. Preguntándole la causa, mostró la llaga producida por ia gota dolorosa, de la cual se resintió después todo el tiempo de su vida. Pues si una sola gota de aquel sudor (P. Juan Bautista Manni SJ. Sacro trigésimo, Discurso 6).
  
Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:
  
JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem....
   
SUFRAGIO: Ad æmulándum próvocem carnes meas, et salvo fáciam áliquos ex illis (Rom. 11, 14). Con las mortificaciones y penitencias corporales se satisface de tal modo a la deuda de aquellas almas, que se llega a librarlas de sus penas.
  
Otón IV, emperador, muerto en gran opinion de santidad, se apareció a una tía suya abadesa, suplicándola que hiciese rezar en su monasterio y en los oíros, varias preces acompañadas de golpes de disciplina para librarle de las atrocísimas llamas que sufría en el Purgatorio. Se rezaron las preces y se hicieron las penitencias pedidas, y su alma después de pocos días voló desde aquel abismo de dolores al centro de las delicias en el Cielo. Si es pues tan eficaz la mortificación del cuerpo unida a la oración para el rescate de las almas del Purgatorio, hagamos también nosotros hoy alguna en sufragio de ellas, pues quién sabe cuánto tiempo hará que lo esperan nuestros difuntos en aquellas llamas atrocísimas.
  
Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Ísraël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
   
(Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.)
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. A porta ínferi. (De la puerta del Infierno)
℞. Érue, Dómine, ánimas eórum. (Librad, Señor, sus almas)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam. (Escuchad, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat. (Y mi clamor llegue hacia Vos).
   
ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidoes y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.
   
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
   
***
  
Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre:
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (Oh Dios, que quisisteis elevar vuestros siervos a la dignidad Episcopal o Sacerdotal, escogiéndolos y poniéndolos en el número de los Sacerdotes Apostólicos, os suplicamos el que hagáis gocen también de su compañía en vuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.
   
Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna). Amén.
N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá ánimæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, ánimæ Matris meæ o nostræ.
    
Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienhechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua).
    
Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. (Inclinad, Señor, vuestros oídos a nuestras súplicas, con que humildemente imploramos vuestra misericordia para que establezcáis en la región de la paz el alma de vuestro siervo N., que hicisteis salir de este mundo, y ordenéis sea compañera de vuestros Santos).
   
Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna).
   
Por dos o más difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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