Como la supuesta oración de San Francisco de Asís (que no es de él), hay otra que también le ha sido atribuida a él sin serlo realmente, y es esta:
Esta oración, que ha sido difundida particularmente en Alcohólicos Anónimos como la “Oración de la Serenidad”, empezó a propagarse particularmente hacia 1941, de una manera un tanto prosaica: un miembro de la “Doble A” la encontró una mañana de Junio en un obituario del periódico Herald Tribune de Nueva York. Al llegar a conocimiento de William “Bill” Griffith Wilson, este encargó que se reprodujera en tarjetas de visita.
Durante años, la oración había sido atribuida a distintas fuentes: San Francisco de Asís, Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, San Agustín, Baruch Spinoza, escritos hindúes, Epicteto, Salomón ben Gabirol, Boecio, Friedrich Christoph Oetinger Wölffing (en realidad, un seudónimo del profesor Theodor Wilhelm para traducirla al alemán –el verdadero Oetinger, teósofo y pietista, era de un carácter impetuoso y prédica violenta–), San Ignacio de Loyola, Dietrich Bonhöffer, el cardenal Franz Hengsbach, el escritor Kurt Vonnegut (porque la cita en su novela “Matadero Cinco”)… hasta que en 1961 se encontró a su verdadero autor: El teólogo calvinista estadounidense Karl Paul Reinhold Niebuhr Hosto, que la compuso como parte de un sermón sobre “cristiandad práctica” que predicó en Heath (Massachusetts) en 1932:
God grant me the Serenity to accept the things I cannot change;Courage to change the things I can; and Wisdom to know the difference.Living one day at a time; Enjoying one moment at a time; Accepting hardship as the pathway to peace;Taking, as He did, this sinful world as it is, not as I would have it;Trusting that He will make all things right if I surrender to His will;That I may be reasonably happy in this life, and supremely happy with Him forever in the next.
TRADUCCIÓN
Dios, concédeme la serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar,el valor para cambiar lo que sí puedoy la sabiduría para discernir la diferencia.Vivir un día a la vez, disfrutar cada momento, aceptar las dificultades como un camino hacia la paz,Aceptar, como Jesús, este mundo pecaminoso tal como es, no como yo quisiera que fuera,Confiando en que Tú lo arreglarás todo, si me entrego a Tu voluntad,para que pueda ser razonablemente feliz en esta vida y supremamente feliz contigo para siempre en la próxima. Amén.
Acabado el sermón, su amigo y vecino Howard Chandler Robbins Hartpencer, decano de la catedral episcopaliana de Nueva York, le solicitó su autorización para utilizar la forma corta de la oración e incluirla en un libro de oraciones que publicó en 1934.
Desde entonces, circula en publicaciones y en cada salón de Alcohólicos Anónimos y organizaciones de autoayuda de su misma laya como Narcóticos Anónimos o Emotivos Anónimos.
FUENTES:
Wing Shepherd, Nellie Elizabeth “Nell”: “Origin of the Serenity Prayer: A historical paper” Oficina de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos.
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