viernes, 17 de julio de 2026

¡SE LE FUE LA “MANO” A MÜLLER EN LAS “ORDENACIONES” DEL IBP!


Durante las “ordenaciones” de los presbíteros Maximilian Micallef-Eynaud (Malta), Rodrigo Pereira y Luís Pinto-Coelho (ambos de Portugal) para el Instituto del Buen Pastor en la iglesia de San Juan Bautista de Courtalain (Francia) el pasado 4 de Julio, el cardenal Gerhard Ludwig Müller Straub se equivocó al pronunciar la forma de la ordenación sacerdotal.

En vez de decir:
«Da, quǽsumus, omnípotens Pater, in hos fámulos tuum Presbytérii dignitátem; ínnova in viscéribus eórum spíritum sanctitátis, ut accéptum a Te, Deus, secúndi mériti munus obtíneat, censurámque morum exémplo suæ conversatiónis insínuet» (Da, te rogamos, Padre omnipotente, a estos siervos tuyos la dignidad del Presbiterio; renueva en sus entrañas el espíritu de santidad para que alcancen recibido de ti, oh Dios, el cargo del segundo mérito y muestre con el ejemplo de su conducta la severidad de las costumbres) [Negrillas fuera del texto].
como lo manda el Pontifical Romano Tradicional y el Papa Pío XII definió en su constitución “Sacraméntum Órdinis” ser las palabras esenciales en la forma del sacramento, Müller dijo:
«Da, quǽsumus, omnípotens Pater, in hos fámulos tuum Presbytérii dignitátem; ínnova in viscéribus eórum spíritum sanctitátis, ut accéptum a Te, Deus, secúndi mériti manus obtíneat, censurámque morum exémplo suæ conversatiónis insínuet» (Da, te rogamos, Padre omnipotente, a estos siervos tuyos la dignidad del Presbiterio; renueva en sus entrañas el espíritu de santidad para que alcancen recibido de ti, oh Dios, la mano del segundo mérito y muestre con el ejemplo de su conducta la severidad de las costumbres) [Negrillas fuera del texto].
  
Y para verlo en el contexto original (mientras se pueda) buscar el minuto 2:02:00.
  
Ahora, ¿qué dictamina la teología moral católica sobre el error en la forma? Que si se cambia así sea una sola palabra, o una sola letra en una sola palabra, se invalida el sacramento:
«1. En la administración de los sacramentos por ministros falibles, a veces ocurre que la materia y la forma no se aplican correctamente, debido a inadvertencia, negligencia, error o voluntad deliberada. En cualquier caso, el cambio objetivo resultante será sustancial o accidental. El juicio sobre la calidad del cambio efectuado no se realizará según los criterios de las ciencias físicas, sino de acuerdo con el uso común y la estimación de los hombres prudentes.
2. – Se produce un cambio sustancial cuando, en el uso ordinario y la estimación prudente, la materia ya no conserva la misma especie y nombre que la determinada en el sacramento (p. ej., usar leche en el bautismo), o cuando las palabras utilizadas en la fórmula ya no conservan el mismo sentido (p. ej., decir “ego te baptízo in nómine matris…” ). Un cambio es accidental cuando la materia permanece igual en uso y nombre, pero se altera en alguna cualidad accidental (p. ej., usar pan leudado o una hostia cuadrada), o cuando las palabras de la fórmula son diferentes pero conservan el mismo sentido (p. ej., decir “ego te ábluo…” ).
3. – Respecto a la corrupción o alteración de la forma sacramental, Santo Tomás [en Suma Teológica, parte III, cuestión 60, art. 7.º, respuesta a la objeción 3.ª] señala que, si el cambio en las palabras se produce al principio de las mismas, el sentido se altera generalmente de forma esencial o sustancial, pero no suele ocurrir si el cambio se produce al final. Si las formas corruptas no pueden tener otro sentido que el sacramental, generalmente siguen siendo formas válidas. Así, la separación de palabras o sílabas no constituye una alteración sustancial, a menos que el intervalo sea lo suficientemente largo como para alterar el significado de la oración (más fácilmente admisible cuando las sílabas están separadas). En tal caso, la unidad moral de la forma como una oración completa se destruye por la interrupción y también por aquellos cambios o errores gramaticales que podrían alterar el significado de la forma. También se puede correr el riesgo de una alteración sustancial por una articulación defectuosa o por acortar palabras por prisa. En la práctica, cuando una palabra completa se interrumpe de hecho por una pausa entre sílabas, es aconsejable repetir la palabra, a menos que la interrupción sea extremadamente leve.
4. – Un cambio sustancial en la materia y en la forma siempre invalida un sacramento, mientras que un cambio puramente accidental no tiene este efecto. Nunca está permitido y siempre es gravemente pecaminoso usar materia o forma sustancialmente alteradas en los sacramentos; es un pecado de irreverencia al sacramento, deshonra hacia el receptor que así se ve privado de un beneficio sacramental, e injusticia por parte del ministro que, por su oficio, tiene el cuidado de las almas. El uso de materia o forma accidentalmente alteradas fuera de una necesidad grave (y no siempre extrema) es pecaminoso, porque viola la reverencia al sacramento y contraviene el precepto de la Iglesia. Es pecado venial o mortal según el grado de alteración voluntaria, pero claramente grave cuando se debe al desprecio o a la voluntad deliberada de introducir un nuevo rito de administración. Cuando una necesidad grave lo exige, tal administración puede ser lícita, por ejemplo, cuando solo se dispone de agua no consagrada en el caso de un bautismo urgente» [P. NICHOLAS HALLIGAN OP, The Administration of the Sacraments (La Administración de los Sacramentos), nros. 15-17. Staten Island, Nueva York, Alba House 1963, págs. 8-9; cursiva del original].

¿Y si todo lo demás está correcto? ¿Si la ceremonia se realizó con el máximo decoro? ¿Y si nadie advirtió el error? Nada de eso importa, ese error hace al sacramento inválido, IN-VÁ-LI-DO.

Analizando el caso concreto a la luz del texto del Padre Harrigan, el error en la pronunciación por Müller de las palabras esenciales en la forma del Sacramento del Orden al pronunciar “manus” en vez de “munus” (1) constituye un cambio sustancial en la forma y (2) destruye el sentido original de la misma, por lo que (3) causa invalidez en la ordenación. 

Pero debemos recordar igualmente que se está ante una ordenación inválida y simulación por inidoneidad del ministro: GERHARD LUDWIG ES TAN LAICO COMO LO FUERON SUS PADRES MARTIN MÜLLER Y LIOBA STRAUB, porque fue “instalado” diácono el 3 de Septiembre de 1977 por el obispón auxiliar Wolfgang Rolly Berg, presbítero el 11 de Febrero de 1978 por el cardenal Hermann Volk Kaiser (hermano del médico homeópata y escritor Georg Johann), y obispón el 24 de noviembre de 2002 por el cardenal Friedrich Wetter y Wetter, y en todas tres con el inválido rito montini-bugniniano. Por tanto, este cardenal ultramodernista que en los últimos años posa de neocón no tiene más potestad sacerdotal que un obispo anglicano o mariavita feliciano, ni podía transmitirles nada en esa simulación (porque eso fue) a los dichos Micallef-Eynaud, Pereira y Pinto-Coelho, que tendrán que ofrecer la Cena Novus Ordo de 1969 para que les permitan simular la Misa de 1962 en virtud del “indulto”. ¡IMAGÍNATE!

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