domingo, 1 de marzo de 2026

CARDENAL DE TOKIO: «HAY UNA “PERSECUCIÓN EDUCADA” EN JAPÓN»

Noticia tomada de GLORIA NEWS, ampliada en algunos lugares. Comentario propio.
  

Hay una “persecución educada” de los cristianos en Japón, dijo el cardenal Tarcisio Isao Kikuchi (タルチシオ 菊地 功) SDV, arzobispón de Tokio, a la agencia de noticias Crux ayer 28 de Febrero.
  
Dijo que las actividades religiosas son bienvenidas por el público «siempre que permanezcan confinadas dentro de sus propios locales, como templos e iglesias».
  
El cardenal verbita, que participó el viernes 27 en el Segmento de Alto Nivel del 61.º Periodo Ordinario de Sesiones del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra junto con el “monseñor” alemán Daniel Pacho (subsecretario del Sector Multilateral de la Sección para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Secretaría de Estado del Vaticano), agregó que, debido a la importancia que la cultura japonesa asigna a la conformidad (集団 意識, しゅうだん いしき/shūdan ishiki, lit. “Conciencia grupal”) y la armonía social (和, わ/wa) no menos que a la separación de religión y estado producto de la Constitución del 3 de Mayo de 1947 posterior a la ocupación estadounidense tras la derrota en la Guerra Mundial, a menudo se argumenta que la iglesia debe abstenerse de hablar sobre asuntos políticos.
  
«Los católicos en Japón a veces encuentran difícil incluso reunirse regularmente los domingos, no por la persecución, sino porque un compromiso religioso tan consistente no encaja fácilmente dentro de la comprensión cultural más amplia de la religión», dijo.
   
Las escuelas públicas suelen organizar eventos los domingos. El domingo, lejos de ser el día de descanso, es «un día para diversas actividades que no se pueden hacer durante la semana» como las actividades extracurriculares (部活動, かつどう/bukatsudō) o las salidas sociales de empresa (飲み会, のみかい/nòmíkáí).
  
El cardenal Kikuchi, que también es presidente de Caritas Internationalis, dijo que se le pidió a la caridad católica «evitar la identificación cristiana explícita para prevenir tensiones dentro del contexto local o para evitar despertar sospechas».
 
COMENTARIO: Así ha pasado en los países occidentales que exportan la “democracia liberal” con intervenciones militares (como el ataque israelí-estadounidense a Irán donde asesinaron al Líder Supremo Alí Jamenei para pretender sustituirlo por el principucho pro-sionista Reza Ciro Pahlaví, el hijo del derrocado sha Mohamed Reza –que fue traicionado y rechazado por Estados Unidos después de años de servicio leal–) o créditos internacionales: la religión solo se tolera en el ámbito privado, pero no en la sociedad; y la Antiiglesia, con el Concilio Ladrón, defeccionó del mandato de establecer el Reinado Social de Jesucristo posponiéndolo por un reinado interior y esjatológico. Y valga la siguiente pregunta, Kikuchi-sama: ¿Se acuerda cuando Vd. dijo a los atletas que iban a los Juegos Olímpicos que se abstuvieran de visitar sus iglesias so pretexto del corona? Ahí está viendo las consecuencias de su política de apaciguamiento, BAKAYARŌ (馬鹿野郎 , ばかやろう), IDIOTA.

EL “PINTOR DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN” SOLTÓ LA BROCHA


En la tarde del pasado viernes 20 de Febrero falleció en la comunidad claretiana de Colmenar Viejo (Madrid, España) el sacerdote-presbítero español Maximino “Mino” Cerezo Barredo CMF a la edad de 93 años.
  
Maximino “Mino” nació en Villaviciosa (Asturias) el 4 de Agosto de 1932, último de los siete hijos (seis de los cuales sobrevivieron a la infancia) de Santiago Cerezo († 1984; hijo de Hilario, director de la cárcel del partido) y María Luisa Barredo († 1973), y fue bautizado con el nombre de su abuelo materno Maximino, un peluquero conocido como “Macheo”. Su hermano Gonzalo Cerezo Barredo († 2020) fue periodista y procurador en las Cortes entre 1974 y 1975. A los 18 años, ingresó a la orden claretiana, realizando los primeros votos en 1951 tras el noviciado en Salvatierra, y siendo ordenado sacerdote en Santo Domingo de la Calzada (Logroño) el 7 de Septiembre de 1957. Ingresó a estudiar pintura en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando (Madrid), donde estableció amistad con un tal José Francisco Gómez-Argüello y Wirtz (que después será conocido como “Kiko Argüello”, fundador del judaizante “Camino Neocatecumenal”) y después regentó la cátedra de Arte Sacro, y fue capellán de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Trabajó en la revista “Iris de Paz, revista de testimonio y esperanza” con sus cofrades el futuro “Monseñor Hoz y Martillo” Pedro Casaldáliga y Pla († 2020) y Teófilo Cabestrero Rodríguez († 2016).

En 1968 organizó una exposición de arte sacro en Filipinas (había sido invitado por José María Querejeta Mendizábal CMF, prelado de Isabela de Basilán) y dos años después, viajó al Perú con otros claretianos que tenían misión en el departamento de San Martín, empezando así su vínculo con la “Teología de la Liberación” (que conoció en 1977 mientras realizó un curso de Pastoral Latinoamericana en el Instituto Pastoral del CELAM), cuyo artista por antonomasia fue (mal que le pesara ser etiquetado como tal), al pintar entre otras la iglesia nueva de Nuestra Señora de la Merced en Juanjuí (Perú), el altar mayor de la capilla del Colegio Mayor Universitario “Jaime del Amo” en Madrid, los murales del Museo de la Semana Santa de su natal Villaviciosa, las capillas y salas comunes del colegio claretiano “Corazón de María” de Gijón, la capilla del Instituto Pastoral del CELAM en Medellín y la catedral y centro diocesano de San Francisco de Asís de Quibdó (Colombia), la capilla del Centro Claretiano para chicanos en Chicago (Estados Unidos), y la catedral de San Félix de Araguaia (Brasil), y otras obras que sucumbieron al paso del tiempo. En Nicaragua (donde llegó tras la victoria sandinista y renunciar al cargo de Vicario de pastoral de la Prelatura de Moyobamba, Ecuador, en 1981) colaboró con Cabestrero en el Centro Ecuménico “Antonio Valdivieso” y la editorial Nueva Nicaragua; y en Colón (Panamá), apoyado por el entonces vicario apostólico del Darién y primer obispón de Colón Carlos María Ariz Bolea CMF († 2015), fundó el Taller de Medios de Evangelización, donde creó y distribuyó material iconográfico para las comunidades de base y publicaciones de su orden. En 1991 regresó al Perú, donde permaneció hasta el abandono de la misión Claretiana en 2005, y se estableció nuevamente en España.
  
Como se ha dicho, Maximino Cerezo fue influenciado por la “Teología de la liberación”, el constructo ideológico con el cual la KGB soviética realizó la tercera fase de infiltración del marxismo en la Iglesia como relató el desertor rumano Ion Mihai Pacepa (y al que la CIA estadounidense opuso la llegada de protestantes y “New Age”). Y esa ideología lo movió a plasmar en murales e impresos mezcla de primitivismo y cartel nociones heréticas, ofensivas a la Piedad y erróneas, como la Trinidad como tres figuras iguales abrazadas (contrariando la prohibición de Benedicto XIV en su encíclica “Sollicitúdine Nostræ” de 1745 y el decreto del Santo Oficio de 1928), la Natividad como una protesta de campesinos, o el camino de Emaús con una mujer.
  

Y como el final corresponde al camino tomado, por propagar el incendio de la Revolución marxista y la Apostasía deuterovaticana, sus restos fueron cremados luego de las exequias el día 21, Y SU ALMA ESTÁ ARDIENDO EN EL INFIERNO POR TODA LA ETERNIDAD, JUNTO CON LAS DE SUS CAMARADAS, ATORMENTADO POR VISIONES COMO LAS QUE PLASMÓ EN SUS OBRAS.