Devoción dispuesta por el Dr. D. José María Gastañeta y Escalada, Cura del Obispado de Michoacán, y publicada en México por la Imprenta de la Testamentaría de Manuel Antonio Valdés, a cargo de José María Gallegos, en 1834; y reimpresa en la misma ciudad por la Tipografía de Rafael de Rafael en 1846.
DÍA DOS DE CADA MES EN GLORIA Y ALABANZA DE LA MILAGROSÍSIMA IMAGEN DE LA SOBERANA REINA DE LOS ÁNGELES EN SU SANTUARIO, SUBURBIO DE LA CIUDAD DE MÉXICO
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo: postrado humildemente ante vuestra imagen Sacrosanta, os contemplo en la cumbre del Calvario, atormentado con los crueles instrumentos del suplicio más doloroso, dándonos las ultimas lecciones de todas las virtudes, y próximo a rendir vuestro espíritu amante y tierno en las manos de vuestro Padre celestial, para el precio infinito de mi redención, y segura prenda de mi feliz inmortalidad. Y pues en esta escena tan lúgubre y tan amoroso sacrificio se consumó su caridad inefable, vuestro enardecido amor, y la ingratitud monstruosa de los hombres, concededme, dulce Crucificado mío, que de aquí adelante tenga caridad con vos, amándoos con la debida preferencia; que corresponda la oblación voluntaria de vuestra preciosa vida con la de todo mi ser, en defensa de un Padre tan amante, de un Redentor tan compasivo, de un Pastor tan solicito, de tan insigne bienhechor; y que el dolor más vivo de mis culpas, y la pronta y absoluta reforma de mis costumbres, sea en lo venidero una parte de la ejemplar y justa reparación tan debida a vuestros atributos soberanos y beneficencia incomparable por mi correspondencia infiel a vuestra sagrada pasión y muerte, por la ninguna imitación de vuestros divinos ejemplos por el funesto abuso de vuestros maravillosos dones, y por todos los crímenes que me constituyen el más ingrato de los favorecidos. Dadme, pues, Señor, un corazón nuevo, una contrición perfecta, un amor perseverante, para agradaros en esta vida, y ser feliz eternamente en la otra. Amen.
ORACIÓN
¡Oh bellísima María! Yo que con ternura os venero en este domicilio augusto de vuestra Soberanía, como Hija amada del Eterno Padre, como Madre la más sensible y amorosa del Divino Verbo, como Esposa fiel del Espíritu Santo; y como dichosamente concebida en la plenitud de la gracia, me presento en este día con la veneración más profunda a saludaros como Reina de los Espíritus celestiales, que alaban y bendicen, sirven y adoran a su Criador Omnipotente. Cuantas lágrimas de amor vierten mis ojos, cuantos suspiros abrasados despide mi pecho, reconocido a vuestros favores oportunos e inefables, cuando miro en esa pared sagrada vuestro retrato bello y milagroso, ¡divino gaje de mi felicidad interminable! ¡Pero ay de mí! estas dulces emociones son pasajeras, y menos consecuencia de un amor tan grande como debido, que de un humor que pronto se disipa, y que mil veces habrá agitado una belleza terrenal, inconstante y fugitiva. Yo quisiera, Señora, entrar en este Santuario de vuestras piedades ilustres, para merecerlas con una vida fervorosa y pura. Porque como puede agradaros y conciliarse vuestra maternal divina vehemencia, ¡Oh Soberana de los Ángeles! quien lejos de parecerse a ellos por el candor de sus virtudes, es muy semejante a Luzbel, ¿por su orgullo y obstinación? Vos, pues, Señora, que sois el precioso conducto de los divinos favores, y que después de vuestro Hijo adorable estáis presidiendo desde el elevado trono de vuestra gloria inmortal los altos destinos de los hombres, haced que brillen en nosotros como en espíritus tan felices los destellos de la divinidad, y que nunca sean obscurecidos por las tristes sombras de la culpa. De este modo será nuestra devoción sincera y útil; y bajo vuestros sagrados auspicios, después de una muerte preciosa a los ojos del Señor, entraremos en la gratísima posesión de una vida verdaderamente feliz, interminable. Amén.
ALABANZAS A NOMBRE DE LOS NUEVE COROS DE LOS ÁNGELES Y EL DE LAS VÍRGENES.
En la grata compañía
De la celestial María.
Hoy de los ángeles santos
Suenen privilegios tantos.
Es un asunto inefable
Para la musa cristiana,
Esta Virgen Soberana
Tan pura, tan fiel, amable;
El asunto más deseable
Para la bella poesía:
Hoy de los ángeles santos
Suenen privilegios tantos.
Ave María y Gloria Patri.
Como en gracia concebida
Desde el instante primero,
Es un sol que yo venero
De brillantez distinguida:
¡Oh Virgen favorecida,
Honor y esperanza mía!
Hoy de los ángeles santos
Suenen privilegios tantos.
Ave María y Gloria Patri.
Es la luna sin menguante,
Que en la noche del pecado
Al criminal extraviado
Alumbra dulce, constante,
Para que al Pastor amante
Retorne sin cobardía:
Hoy de los ángeles santos
Suenen privilegios tantos.
Ave María y Gloria Patri.
¿Quien al verla tan hermosa
En el más feliz instante,
Como el más lindo diamante
En montadura valiosa,
Con la voz más melodiosa
No aplaudirá su hidalguía?:
Hoy de los ángeles santos
Suenen privilegios tantos.
Ave María y Gloria Patri.
Hace brillar en sus sienes
Un triple laurel sagrado,
De estrellas y oro esmaltado,
El gran Autor de sus bienes.
Reciba los parabienes,
Y con métrica armonía:
Hoy de los ángeles santos
Suenen privilegios tantos.
Ave María y Gloria Patri.
Los ángeles la cortejan
En su imagen Soberana;
Y sirviéndole de peana
De su influjo no se alejan:
Y para que nos protejan
En la noche y claro día:
Hoy de los ángeles santos
Suenen privilegios tantos.
Ave María y Gloria Patri.
En una pared pintada
Por la diestra Omnipotente,
La humedad nunca resiente
Ni del tiempo la hoz airada,
Su frescura es celebrada,
Su belleza y lozanía:
Hoy de los ángeles santos
Suenen privilegios tantos.
Ave María y Gloria Patri.
Sobre el corazón amante
En aptitud de rogar
Estuvieron y han de estar
Sus manos en todo instante,
Del abatido semblante
Huye la melancolía:
Hoy de los ángeles santos
Suenen privilegios tantos.
Ave María y Gloria Patri.
Dadnos la paz, gran Señora,
Y con las vírgenes puras
Gustad las ricas dulzuras
Que su pecho os atesora,
Adiós dulce protectora
Mi gloria, honor, alegría:
Hoy de los ángeles santos
Suenen privilegios tantos.
Ave María y Gloria Patri.
ORACIÓN
Oh Reina purísima de los Ángeles, Madre y bienhechora ilustre de los hombres: recibid con agrado en estas alabanzas de vuestros triunfos, glorias y bondades, la más humilde ofrenda de mi adoración y gratitud. Desde este día hasta el último de mi existencia, os invocare como a Reina sagrada, para vivir sometido a vuestro amoroso imperio: como a Madre de las misericordias, para no desmerecerlas con una conducta criminal: como a vida de las almas, para conseguir la gracia santificante, si tuviere la desventura de morir por el pecado; como a dulzura inefable, para tener tan grato recurso en las amarguras que me atormentan: como a esperanza de los mortales y única después de Dios, para conseguir de su infinita liberalidad por vuestra respetable mediación, todos los beneficios conducentes a mi felicidad eterna; y, en fin, como a una abogada que reúne las cualidades hermosas, inseparables de título tan consolador, para lograr una sentencia favorable en el tribunal divino, y la vista y posesión de un Dios que os hizo tan santa, tan bella, tan accesible; y en cuya mansión gloriosa, espero con vos y por vos ser verdaderamente feliz en una duración interminable. Amén.
CONCLUSIÓN
La capital brillante
Del suelo mexicano,
Se os consagra de nuevo
En este día de todos el más grato.
Confiesa con ternura
Que en ese simulacro
Tan bello, tan durable,
Están sus bienes todos vinculados.
En ese adobe humilde
Hoy ve vuestro retrato,
Que el Artista divino
Formó de luces luminosos rasgos.
Al justo sosteniendo,
Al culpable excitando,
A las horrendas plagas
Poniendo en fuga a los desiertos vastos.
Oh Reina Soberana
De espíritus alados,
Que os cortejan festivos
Con ademán humilde, orgullo santo.
Por vos seamos felices,
Por vos dichosos seamos;
Y en la mansión celeste,
Por vos gocemos del placer más grato.
Vivid, vivid triunfante,
En el Empíreo sacro;
Y desde allí nos cubra
De vuestra protección el regio manto.
Un Padre nuestro y Ave María al Patriarca Señor San José.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
Esta devoción se reza todos los meses en el Santuario de nuestra Señora de los Ángeles, después de la Misa que se canta por los Congregantes de nuestra Señora y sus Bienhechores.

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