miércoles, 27 de mayo de 2026

EL CONCILIO DE RÍMINI, O CÓMO EL ERROR SE CAMUFLA CON MEDIAS VERDADES

El Concilio de Rímini, desarrollado entre el 27 de Mayo y el 21 de Julio de 359 por convocatoria del emperador arriano Constancio II, contó con más de 400 obispos, de los cuales ochenta eran semiarrianos como Ursacio de Singiduno (actual Belgrado, Serbia), Germinio de Sirmio, Auxentio de Durostoro (actual Silistra, Bulgaria), Cayo de Ilírico y Demófilo, el más eminente de los cuales era Restituto de Cartago; mientras que el Papa San Liberio, San Eusebio de Vercelli, y San Dionisio de Milán entre otros estaban exiliados.

El concilio lo tenía todo en contra: las amenazas del prefecto Flavio Tauro, los razonamientos de los semiarrianos disuadiéndolos de impedir la paz entre Oriente y Occidente por una palabra no contenida en la Escritura, y las privaciones por estar tan lejos de sus diócesis. Además, Ursacio añadió a la fórmula de Nicea la declaración de que el Hijo no era una criatura como las demás propuestas por el obispo Valente de Mursa, atrayendo a los últimos veinte obispos ortodoxos que no querían firmar. San Liberio, al recobrar su libertad, rechazó la fórmula homoeana del concilio el 10 de Octubre, y con él muchos de los que antes la habían firmado (por eso el Concilio de Rímini nunca fue contado en los concilios generales, ni tuvo autoridad).

No puede negarse que los obispos católicos de Rímini cometieron un grave error, pero no fueron culpables tanto por la mala fe sino por la poca prontitud en no advertirse de los fraudes de los arrianos[1]. El engaño que los hizo caer fue este: estaban dudando si debían suscribir o no aquella fórmula. Ahora, mientras estaban todos unidos en la iglesia y se leían los errores que se atribuían a Valente, el cual había compuesto la fórmula, él protestó que no era arriano, y por eso empezó a decir:: “Sea excomulgado el que diga que Jesucristo no es Hijo de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, sea excomulgado el que diga que no es semejante al Padre, según las escrituras, el que diga que es creatura como todas las demás (ocultando el veneno, porque Valente creía que Cristo era criatura, pero más perfecta que las demás), quien diga que Él venía de la nada, y no del padre; el que dijese que hubo un tiempo en el que Él no era, por modo que ponga una cosa ante él (este era otro engaño), sea excomulgado”; y todos respondieron: “Sea excomulgado”. Y con estos anatemas fraudulentos, los católicos se engañaron al persuadirse que Valente no era arriano, y así se atrajeron a suscribir la fórmula.

Luego sucedió que el concilio de Rímini, después de haber tenido un comienzo tan glorioso, tuvo un final tan funesto, luego concluyó el concilio, y los obispos tuvieron licencia para partir. Pero ellos, como escribiera San Jerónimo [2], pronto se dieron cuenta de su error y engaño: ni bien acabó el concilio, los arrianos comenzaron a cantar victoria, diciendo haber sido abolido el término substancial, y con él la fe Nicena y que, si se decía que el Hijo no era criatura, debía no entenderse como las demás criaturas, sino más noble. Y luego fue, como señalamos antes, que San Jerónimo dijo que “El mundo entero gimió de asombro al encontrarse arriano de católico que era”. Del resto, Natale Alessandro demuestra con San Jerónimo, San Ambrosio y otros, y con sólidos argumentos, que los obispos de Rímini fueron inmunes de toda mancha contra la fe mientras suscribieron aquella fórmula, que en su sentido aparente nada contenía de herético[3].

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, Historia de las herejías.

NOTAS
[1] Giuseppe Agostino Orsi OP, Historia eclesiástica, tomo VI, libro 14, n. 94. p. 486.
[2] Diálogo contra los luciferianos, n. 17. En Orsi, t. 6. l. 14. n. 93. p. 271.
[3] Nat., t. 9. diss. 33.

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