Elementos tomados de GLORIA NEWS y otras fuentes.
En su artículo “Romanos 9-11. Gracia y predestinación” para la revista Teología, n.º 65 (1995), págs. 5-49, el entonces profesor en la Universidad Católica de Argentina y futuro Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Víctor Manuel “Tucho” Fernández Martinelli, escribió que “todos serán salvos”.
Su objetivo es «relativizar la base misma a partir de la cual se elaboraron doctrinas cuestionables», donde las “doctrinas cuestionables” son el catolicismo tal como fue desarrollado a partir de la Escritura por San Agustín, los Padres y los Escolásticos, señaló Rubén Ángel Peretó Rivas “Wanderer” antier 23 de Junio.
Fernández cree que la enseñanza de San Agustín «requiere una revisión» y más tarde afirma que la doctrina de San Agustín «no ofrecía una visión completa y armoniosa de Dios, el hombre y la experiencia cristiana».
La afirmación más extraordinaria de “Tucho” es la siguiente, en la conclusión de su mamotreto:
«Confío firmemente en que todos se salvarán; confianza que no se basa en un deseo, ni en mi compasión por los hombres, sino en lo que sé de Dios y de sus planes concretos gracias a su Revelación».
Peretó Rivas señala que la Iglesia nunca ha recibido una revelación de que todos los hombres serán salvos. Por el contrario, el Concilio de Trento en el capítulo XII de su Decreto sobre la Justificación (13 de Enero de 1547) enseña que ningún cristiano puede afirmar la certeza con respecto a su propia predestinación, anatematizando a quien sostuviere lo contrario:
«Nemo quóque, quámdiu in hac mortalitáte vívitur, de arcáno divínæ prædestinatiónis mystério úsque ádeo præsúmere debet, ut certo státuat, se omníno esse in número prædestinatórum, quási verum esset, quod justificátus aut ámplius peccáre non possit, aut, si peccáverit, certam sibi resipiscéntiam promíttere débeat. Nam, nisi ex speciáli revelatióne, sciri non potest, quos Deus sibi elégerit [Nadie, mientras vive en esta mortalidad, debe hasta tal punto presumir del oculto misterio de la divina predestinación, que asiente como cierto que se halla indudablemente en el número de los predestinados como si fuera verdad que el justificado o no puede pecar más, o, si pecare, debe prometerse arrepentimiento cierto. En efecto, a no ser por revelación especial, no puede saberse a quiénes haya Dios elegido para Sí].Canon 15: Si quis dixérit, hóminem renátum et justificátum tenéri ex fide ad credéndum, se certo esse in número prædestinatórum: anathéma sit [Si alguno dijere que el hombre renacido y justificado está obligado a creer de fe que ciertamente está en el número de los predestinados, sea anatema].Canon 16: Si quis magnum illud úsque in finem perseverántiæ donum se certo habitúrum absolúta et infallíbili certitúdine dixérit, nisi hoc ex speciáli revelatióne didícerit: anathéma sit [Si alguno dijere con absoluta e infalible certeza que tendrá ciertamente aquel grande don de la perseverancia hasta el fin, a no ser que lo hubiera sabido por especial revelación, sea anatema].Canon 23: Si quis hóminem semel justificátum dixérit ámplius peccáre non posse, néque grátiam amíttere, átque ídeo eum, qui lábitur et peccat, númquam vere fúisse justificátum; aut contra, posse in tota vita peccáta ómnia étiam veniália vitáre, nisi ex speciáli Dei privilégio, quemadmódum de beáta Vírgine tenet Ecclésia: anathéma sit [Si alguno dijere que el hombre una vez justificado no puede pecar en adelante ni perder la gracia y, por ende, el que cae y peca, no fue nunca verdaderamente justificado; o, al contrario, que puede en su vida entera evitar todos los pecados, aun los veniales; si no es ello por privilegio especial de Dios, como de la bienaventurada Virgen lo enseña la Iglesia, sea anatema]».
Incluso el Catecismo wojtila-eschomborniano enseña en su artículo 1035: «La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad». También enseña en el número 1861: «Morir en pecado mortal sin arrepentirse y aceptar el amor misericordioso de Dios significa permanecer separado de Él para siempre».
Otro método bien conocido de “Tucho” es citar a Santo Tomás de Aquino cuando le es conveniente mientras ignora su enseñanza explícita sobre la reprobación, la predestinación antes de los méritos previstos, y la infalibilidad del decreto de Dios.
Aun así, para despecho de Peretó Rivas, “Tucho” no estaría en herejía a los ojos y entendimiento de los conciliares. Simplemente desarrolla el número 22 de la deuterovaticana “Gáudium et Spes”: «Ipse enim, Fílius Dei, incarnatióne sua cum omni hómine quódammodo Se unívit [El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre]». Y para condenarlo, tendrían necesariamente que condenar también a Juan Pablo II
- «[…] debemos […] manifestar al mundo nuestra unidad […] en la revelación de la dimensión divina y humana […] de la Redención, en la lucha con perseverancia incansable en favor de esta dignidad que todo hombre ha alcanzado, […] que es la dignidad de la gracia de adopción divina» (Redémptor Hóminis, 11).
- «Cristo Señor ha indicado estos caminos sobre todo cuando –como enseña el Concilio– mediante la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre. […] Este hombre es el camino de la Iglesia, camino que conduce en cierto modo al origen de todos aquellos caminos por los que debe caminar la Iglesia, porque el hombre –todo hombre sin excepción alguna– ha sido redimido por Cristo, porque con el hombre –cada hombre sin excepción alguna– se ha unido Cristo de algún modo, incluso cuando ese hombre no es consciente de ello» (Ibid., 13-1).
- «Nace el Redentor del hombre. Con Él nace la humanidad nueva. Y con Él nace la Iglesia […] A la Iglesia, por su misión primordial, nacida con Cristo nacido, y recibida de Él con mandato solemne, incumbe defender la dignidad del hombre: de cada hombre -como he escrito en mi primera Encíclica-. Porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno se ha unido Cristo, para siempre, por medio de este misterio» (Discurso a la Curia romana, 22 de Diciembre de 1979, n.º 3).
- «Cristo […] nos conoce con el conocimiento y con la ciencia más interior, con el mismo conocimiento con que Él, Hijo, conoce y abraza al Padre y, en el Padre, abraza la verdad infinita y el amor. Y, mediante la participación en esta verdad y en este amor, Él hace nuevamente de nosotros, en Sí mismo, los hijos de su Eterno Padre; obtiene, de una vez para siempre, la salvación del hombre: de cada uno de los hombres y de todos, de aquellos que nadie arrebatará de su mano… En efecto, “¿quién podría arrebatarlos?”» (Homilía, 27 de Abril de 1980, n.º 5).
- «[…] como el Concilio Vaticano II recuerda, [el hombre] es la única criatura que Dios ha querido por sí misma y sobre la cual tiene su proyecto, es decir, la participación en la salvación eterna. No se trata del hombre abstracto, sino del hombre real, concreto e histórico: se trata de cada hombre, porque a cada uno llega el misterio de la redención, y con cada uno se ha unido Cristo para siempre a través de este misterio» (Centéssimus Annus n.º 5).
- «En el hecho de la Redención está la salvación de todos, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno Cristo se ha unido, para siempre, por medio de este misterio.” Redemptóris Míssio, n.º 4).
- «Este rayo de la noche de Navidad […] es la chispa de luz más profunda de la humanidad a quien Dios ha visitado, esta humanidad acogida de nuevo y asumida por Dios mismo […] La naturaleza humana asumida místicamente por el Hijo de Dios en cada uno de nosotros, que hemos sido adoptados en la nueva unión con el Padre. La irradiación de este misterio se expande lejos, muy lejos; alcanza también aquellas partes o esferas de la existencia de los hombres en las que todo pensamiento acerca de Dios […] parece estar ausente.” Audiencia general, 27 de Diciembre de 1978, n.º 1).
- «La Eucaristía: el Sacramento de la Alianza del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, de la Alianza que es eterna. Esta es la Alianza que abarca a todos. Esta Sangre llega a todos y salva a todos» (Homilía, 06 de Junio de 1985, n.º 7).
y a Francisco Bergoglio
- «El Señor a todos, a todos nos ha redimido con la sangre de Cristo: a todos, no solo a los católicos. ¡A todos! ‘‘Padre, ¿y los ateos?’’. A ellos también. ¡A todos! ¡Y esta sangre nos hace hijos de Dios de primera clase! ¡Hemos sido creados hijos a imagen de Dios y la sangre de Cristo nos ha redimido a todos!» (Homilía en Casa Santa Marta, 22 de Mayo de 2013).
- «Dios es luz que ilumina las tinieblas y que aunque no las disuelva hay una chispa de esa luz divina dentro de nosotros. En la carta que le escribí recuerdo haberle dicho que aunque nuestra especie termine, no terminará la luz de Dios que en ese punto invadirá todas las almas y será todo en todos» (Entrevista con Eugenio Scalfari el 24 de Septiembre de 2013. Diario La Repubblica, 1 de Octubre de 2013, Cf. pág. 10).
- «El Paraíso, más que de un lugar, se trata de un estado del alma, en el cual nuestras expectativas más profundas serán cumplidas de manera superabundante y nuestro ser, como criaturas y como hijos de Dios, alcanzará la plena maduración. ¡Seremos finalmente revestidos de la alegría, de la paz y del amor de Dios en modo completo, sin más ningún límite, y estaremos cara a cara con Él! ¡Es bello pensar esto! Pensar en el cielo. Todos nosotros nos encontraremos allí. Todos, todos, allí, todos» (Audiencia general, 26 de Noviembre de 2014).
- «En virtud de la comunión de los santos, de esta unión, cada miembro de la Iglesia está unido a mí de forma profunda (…) y esta unión es tan fuerte que no puede romperse ni siquiera por la muerte. (…) en Cristo nadie puede nunca separarnos verdaderamente de aquellos que amamos porque la unión es una unión existencial, una unión fuerte que está en nuestra misma naturaleza; (…) “Padre, pensemos en aquellos que han renegado de la fe, que son apóstatas, que son los perseguidores de la Iglesia, que han renegado su bautismo: ¿también estos están en casa?”. Sí, también estos, también los blasfemos, todos. Somos hermanos: esta es la comunión de los santos. La comunión de los santos mantiene unida la comunidad de los creyentes en la tierra y en el Cielo» (Audiencia general, 2 de Febrero de 2014).
- «El don es el amor de Dios, un Dios que no puede separarse de nosotros. Esa es la impotencia de Dios. Nosotros decimos: “¡Dios es poderoso, lo puede todo!”. Menos una cosa: ¡separarse de nosotros! En el Evangelio esa imagen de Jesús que llora sobre Jerusalén, nos hace comprender algo de este amor. ¡Jesús ha llorado! Ha llorado sobre Jerusalén y en ese llanto está toda la impotencia de Dios: su incapacidad de no amar, de separarse de nosotros. […] El más malo, el más blasfemador es amado por Dios, con una ternura de padre, de papá. […] Dios llora por los malvados, que hacen tantas cosas feas, tanto mal a la humanidad. Espera, no condena, llora. ¿Por qué? ¡Porque ama!» (Homilía, 6 de Noviembre de 2015).
- «Carlotta: – “¡Hola,
PapaFrancisco! Cuando recibimos el Bautismo nos convertimos en hijos de Dios, y quienes no están bautizados, ¿no son hijos de Dios?”.Francisco: “Quédate ahí. ¿Cómo te llamas?”.
PapaCarlotta: “Carlotta”.PapaFrancisco: “Carlotta. Dime, Carlotta, te vuelvo a preguntar: ¿qué piensas? ¿Las personas que no están bautizadas son hijos de Dios o no lo son? ¿Qué te dice tu corazón?”.Carlotta: “Sí”.PapaFrancisco: “Ella respondió bien, ¡tiene un instinto cristiano! Todos somos hijos de Dios. Todos, todos. ¿Incluso los no bautizados? Sí. ¿Incluso los que creen en otras religiones, distantes, que tienen ídolos? Sí, son hijos de Dios. (…) Todos, todos son hijos de Dios, todos”» (Encuentro con los niños en la iglesia San Pablo de la Cruz de Corviale, 15 de Abril de 2018).
que lo llevaron a otro nivel y a sus últimas consecuencias. Y ese paso no lo dará ninguno de estos neocones como Peretó Rivas (que aparte es fronterizo al neogalicanismo) ni aunque se les vaya la vida en ello.

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