Durante las ordenaciones sacerdotales y diaconales en Écône (Suiza), el obispo Bernard Fellay Voegele contó esta anécdota que ocurrió durante las reuniones romanas:
«Hay un pequeño incidente que me gustaría relataros para ilustrar lo que estamos diciendo, delante de todas las principales figuras de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Así que el Prefecto, el Secretario y el Subsecretario estaban allí. Tratamos de decirles lo que hacemos. Lo que hacemos es tratar de ganar almas para Nuestro Señor Jesucristo, arrancarlas de las garras del diablo y del mundo, para llevarlas a Nuestro Señor y a la salvación; y continuamos diciendo: “Pero Nuestro Señor es el Creador no solo de los individuos, sino también de las sociedades, que tratamos de ganar”. La respuesta de estos príncipes de la Iglesia, de los responsables de la fe de la Iglesia. ¿Qué nos dijeron entonces? “Buena suerte”. Ya no lo creen. Si se les pregunta si creen, dirán que sí, en teoría. Pero en cuanto a la aplicación práctica, en cuanto a la realización, ya no creen. ¿Todavía creen que Nuestro Señor es el Todopoderoso, que puede hacerlo todo? ¿Todavía creen en esta palabra, en esta verdad: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”? ¿Todavía creen que toda autoridad en la tierra, civil y eclesiástica, toda autoridad proviene de Nuestro Señor Jesucristo, ante quien toda autoridad ha de responder?».

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