martes, 9 de junio de 2026

DOS DEL CORPUS CONCILIAR

1.º SOBRE LA PROCESIÓN DE CORPUS POR LAICOS Y MUJERES: ¿Y PRETENDEN LUEGO QUE LOS CONCILIARES CREAN EN LA PRESENCIA REAL?

Durante la fiesta de Corpus Christi (sea el jueves o el domingo –o ¡el lunes!, como en algunos países usan trasladar el feriado–), se vieron en algunos lugares estas escenas:
  

Este tipo de situaciones no son nuevas en la Iglesia Conciliar, dado que en años anteriores se han presentado. Pero lo que es nuevo es el repertorio de excusas que dan algunos conciliares, que van al ridículo al decir que son imágenes de inteligencia artificial o montajes.

La realidad es que estas son escenas REALES. Se está ante un acto de irreverencia, escándalo y desobediencia a las normas litúrgicas, que desde antiguo prohíbe que los laicos (mucho menos las mujeres) toquen la Sagrada Eucaristía. No hay en cambio, sacrilegio (o en gracia de discusión, no se consuma el delito, sino que hay un grado de tentativa) porque EN LA IGLESIA CONCILIAR NO HAY SANTÍSIMO SACRAMENTO. No lo hay porque la Transubstanciación no tiene lugar en sus cenas Novus Ordo, ya que en ella la forma (las palabras) han sido alteradas desde 1969, y porque desde 1968 no tienen sacerdocio válido. Por tanto, y a Dios gracias, Nuestro Señor NO ESTÁ ALLÍ, NI PUEDEN OBLIGARLO A ESTAR ALLÍ. Y con sus actos, ellos mismos confirman que no está, así pretendan que los demás crean lo contrario e invoquen en el intento sus “milagros eucarísticos”.
  
2.º PRÉVOST PROCLAMA LA IMPANACIÓN LUTERANA EN MADRID.
  

En su homilía del Corpus Christi antier domingo 7 de Junio (los conciliares trasladan la fiesta para el domingo –o en algunos lugares, al lunes feriado– siguiente al jueves después de la Santísima Trinidad, que es su fecha oficial) en la madrileña Plaza de Cibeles, León XIV Riggitano-Prévost dijo, tras aludir a las procesiones:
«No se trata de una manifestación exterior, de una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético: aquí se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros, que se hace pan para nuestra hambre de vida y visita los rincones de nuestro corazón y de nuestra historia, también los más oscuros».
    
La teología católica rechaza la idea de que Cristo se transforme en pan (la herejía luterana comúnmente llamada Impanación), o que esté junto a la sustancia del pan (la Consustanciación, doctrina igualmente herética). En la Transustanciación, ocurre lo contrario: la sustancia del pan se convierte en el Cuerpo de Cristo.

Leída literalmente, la frase «se convierte en pan» es, cuanto menos, ambigua. Tal lenguaje solo puede entenderse (mas no justificarse) en un sentido poético.

Una formulación habitual para un papa o incluso para un teólogo católico sencillo (o un niño en catequesis de primera comunión) sería: «El sacrificio de Cristo se hace sacramentalmente presente bajo la apariencia de pan».

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