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lunes, 10 de febrero de 2025

SAN JUAN VUELVE CON ELÍAS Y ENOC

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo Don Fernando Altamira, superior de la Sociedad de Santa María, durante el V Domingo después de la Epifanía (9 de Febrero de 2025, conmemoración de San Cirilo de Alejandría, Obispo y Doctor de la Iglesia, y de Santa Apolonia Virgen y Mártir).
  
    
SAN JUAN VUELVE CON ELÍAS Y ENOC
   
TODO en MARÍA y por MARÍA. Y por las BENDITAS ALMAS del PURGATORIO.
  
Queridos hijos:
 
Hoy queríamos predicarles de un tema que vemos “de actualidad”, por las épocas que nos toca vivir, las cuales muestran que parece transitamos los tiempos finales, “in consummatióne sǽculi: en la consumación del Siglo”, como dice la Escritura. Dentro de los numerosos temas que rodean a la espera de la –ojalá pronta– venida de Dios Nuestro Señor Jesucristo, hay uno que hace a la Tradición Católica, o a las tradiciones católicas, y el cual se ha perdido un poco en el tiempo: Hemos titulado a esta prédica “SAN JUAN VUELVE CON ELÍAS Y ENOC”. Es decir: LA VENIDA DE SAN JUAN EVANGELISTA, en el tiempo previo a la Parusía, para ser uno de LOS TRES HERALDOS de Dios, y predicar contra el Anticristo.
  
Dichos tres heraldos (o “anunciadores” de la venida de Cristo Rey) serían: Los Dos Testigos, Enoc y Elías (así en la interpretación de la mayoría de los Santos Padres), y el tercero: San Juan Evangelista. Entonces, por lo que parece, San Juan Evangelista también vendrá a ayudarnos y a anunciar “al Rey que llega”, anunciar a Dios Nuestro Señor Jesucristo, ser “heraldo de Cristo Rey”. Veamos algunas enseñanzas.
  
[1] Primero, dos palabras sobre Elías y Enoc. Prácticamente todos los Santos Padres han visto, en la “Profecía de los Dos Testigos del Apocalipsis (Cap. 11)”, a Elías y Enoc, cuya función es ser precursores de la Segunda Venida de Dios, heraldos o mensajeros o anunciadores del Rey que llega con su Parusía, ser testigos y ser mártires. Además, ellos están previstos por Dios para ayudarnos en estos tiempos finales con nuestro Catolicismo, con nuestro estado decadente.
   
El Patriarca Enoc vendrá para levantarnos, de la decadencia religiosa y de la postración, principalmente a nosotros, a las Naciones Gentiles, a los pueblos no judíos.
   
El Profeta Elías está dispuesto en los planes de Dios, según la enseñanza de casi todos los Santos Padres, para lograr la tan anunciada conversión de los judíos al Catolicismo, que será obviamente al verdadero Catolicismo y no a la falsa Iglesia Moderna del Concilio Vaticano II. La conversión de los judíos al Catolicismo, que implica el reconocimiento a Jesucristo como Dios y como Mesías por parte de ellos, está anunciada en varias profecías de la Biblia, por ejemplo en el famoso pasaje de San Pablo a los Romanos capítulo 11 vers. 25, en los comienzos del Apocalipsis en el mensaje a la Iglesia de Filadelfia, en “La Mujer Coronada” o “La Mujer Parturienta” del capítulo XII del Apocalipsis, etc.
   
La tarea de ellos es anunciar a Dios Nuestro Señor Jesucristo que viene, hacerlo con la predicación, predicando –repetimos– el verdadero Catolicismo (y obviamente contra la falsa Iglesia Moderna). Mientras dure su predicación serán “intocables”: nada podrán ni el Nuevo Orden Mundial ni el Anticristo contra ellos, no podrán hacerles daño, hasta que se haya cumplido el tiempo previsto de su predicación, que son tres años y medio. Después de dicho término, el Anticristo los matará –así anuncia la Profecía–, y lo hará en Jerusalén, y exhibirá sus cadáveres públicamente, y el mundo entero se alegrará de que los hayan matado, sí, el mundo entero se alegrará de la muerte final de Los Testigos: Elías y Enoc. Veamos los textos de la Biblia:
Apocalipsis, Capítulo 11: 3 Y daré a mis Dos Testigos que, vestidos de saco, profeticen durante mil doscientos sesenta días [3 años y medio, 42 meses]… 5…El que pretenda hacerles daño ha de morir… [Los Dos Testigos estarán en un primer momento totalmente protegidos de aquellos que quieran hacerles daño] 7 Y cuando hayan acabado su testimonio, la Bestia que sube del abismo [el Anticristo] les hará guerra, los vencerá y les quitará la vida. 8 Y sus cadáveres (yacerán) en… el lugar donde el Señor de ellos fue crucificado [Jerusalén]. 9 Y las gentes de los pueblos y tribus y lenguas y naciones contemplarán sus cadáveres durante tres días y medio… 10 Y los habitantes de la tierra se regocijarán… harán fiesta, y se mandarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas fueron molestos a los moradores de la tierra [notemos que si el mundo entero festeja estas muertes, es porque su misión, sus castigos y sus personas, han sido –y serán– fuerte y totalmente públicos, con lo cual más esperanza tenemos de poder conocerlos; la profecía agrega más cosas, entre ellas, que Dios los resucita al cabo de esos tres días y medio, y los eleva al Cielo].
[ 2 ] Ahora sobre San Juan Evangelista. ¿Cuáles son los fundamentos para ver que –según parece– San Juan Evangelista también vendrá, además de Los Dos Testigos?; dicho sea de paso, con esto ya no serían dos, sino tres, los heraldos o anunciadores de Dios, de Cristo Rey.
   
El capítulo de Los Testigos que recién reseñamos es el 11, pero el último versículo del capítulo anterior hace referencia a San Juan, al cual se le dice: “Es menester que profetices de nuevo a muchas naciones y pueblos y lenguas y reyes: Opórtet te íterum prophetáre géntibus, et pópulis, et línguis, et régibus multis” (Capítulo 10 del Apocalipsis, vers. 11) [1].
   
Mons. Juan Straubinger comenta este versículo, inmediato anterior al Capítulo 11 de Los Testigos, de la siguiente manera:
“Es menester que profetices de nuevo: Apoyados en este texto, en Juan 21,22 ss, y en Mateo 16,28, creían algunos que San Juan el Apóstol y Evangelista no había muerto todavía y que vendría personalmente como los dos testigos del cap. 11, para predicar y morir. Así San Hilario, San Ambrosio, San Gregorio Nacianceno, San Francisco de Sales, etc”; 
Mons. Straubinger aclara que otros –sobre todo autores más modernos y recientes– no creen que esto sea así. En este comentario de Mons. Straubinger, se menciona un texto de San Juan; lo veamos porque es importante: 
   
Es el último capítulo de San Juan, el cap 21, sus versículos 22 y ss. Hablando sobre San Juan, Dios Nuestro Señor respondió a Pedro: 
“22 Sic eum volo manére donec véniam: Así quiero que él permanezca hasta que Yo venga, quid ad te? tú me séquere: ¿qué te importa a ti? tú sígueme. 23 Éxiit ergo sermo iste inter fratres quía discípulus ille non morítur: Salió entonces entre los hermanos este comentario de que aquel discípulo no moriría. Et non dixit ei Jesus: Non morítur : Y no dijo Jesús que: no moriría, sed : Sic eum volo manére donec véniam, quid ad te?: sino: Así quiero que él permanezca hasta que Yo venga, ¿qué te importa a ti?” [2].
Hagamos dos anotaciones al comentario de Mons. Straubinger:
  • La primera es que algunos han pensado que San Juan no ha muerto; esto es sin embargo un error, y se puede mostrar de varias maneras: 
    1. Porque el Depósito de la Fe se cerró con la muerte del último apóstol, el cual fue San Juan. De lo contrario, el Depósito de la Fe (el total de las Verdades a revelar por Dios) estaría todavía abierto, y esto no puede ser.
    2. El Martirologio Romano: Además del punto anterior, en cuanto a la muerte de San Juan, tenemos el testimonio oficial de la Iglesia Católica a través del Martirologio Romano; el cual es parte de la Liturgia, y para San Juan, día 27 de diciembre, dice lo siguiente: “Apud Éphesum natális sancti Joánnis, Apóstoli et Evangelístæ: En Éfeso el natalicio de San Juan, Apóstol y Evangelista,… [3] [ac tándem], conféctus sénio: consumido de vejez, [sexagésimo octávo post passiónem Dómini anno] mórtuus est: murió [en el año 68 después de la Pasión del Señor (año 100 d.C.)] et juxta eándem urbem sepúltus: y fue sepultado junto a la misma ciudad”.
    3. Un tercer argumento es el texto del Evangelio de San Juan ya citado: “22 Sic eum volo manére donec véniam: Así Yo quiero que él permanezca hasta que Yo venga… 23 Éxiit ergo sermo iste inter fratres quía discípulus ille non móritur: Salió entonces entre los hermanos este comentario de que aquel discípulo no moriría. Et non dixit ei Jesus: Non móritur: Y no dijo Jesús que: no moriría, sed : Sic eum volo manére donec véniam…:sino: Así Yo quiero que él permanezca hasta que Yo venga…”.
    4. ¿Y entonces, qué pasó, y qué ocurre, con San Juan? En la enseñanza de muchos santos antiguos –lo veremos más adelante–, San Juan sí murió y FUE RESUCITADO, y está reservado para volver y predicar contra el Anticristo.
  • La segunda anotación es que, si San Juan viene, además Los Dos Testigos: Elías y Enoc, para predicar a naciones, pueblos, y lenguas, y reyes, debemos ver que: Todo parece indicar que SAN JUAN, a diferencia de Los Dos Testigos, NO VA A MORIR, NO VA A SER MATADO por el Anticristo.
       
    Esta insinuación la tenemos en el Evangelio: “Sic eum volo manere donec veniam: Así Yo quiero que él permanezca –vivo– hasta que Yo venga”. Y también parece verse en el Apocalipsis, en el cual se narra sólo la muerte de aquellos dos, de Los Dos Testigos, y no la muerte de un tercero. Y pensamos que es fuerte la palabra de Dios Nuestro Señor Jesucristo, la cual abona el punto de que San Juan no morirá y estará vivo para cuando venga Él con su Parusía; recién leíamos esto, lo repitamos: “Sic eum volo manere donec veniam: Así Yo quiero que él permanezca –vivo, como estaba entonces– hasta que Yo venga, quid ad te? tú me sequere: ¿qué te importa a ti? tú sígueme”, palabras de Dios Nuestro Señor Jesucristo a San Pedro (Jn 21,22), “así Yo quiero que permanezca –vivo como estaba entonces– hasta que Yo venga”.

[3] EL CAPÍTULO 14 DEL APOCALIPSIS. La posibilidad de que sean tres HERALDOS o MENSAJEROS o enviados de Dios,para que vengan en los finales, tres emisarios de Dios para ayudarnos, para anunciar y pregonar la pronta Venida del Rey, Dios Jesucristo, tres precursoresde esta Segunda Venida, Enoc, Elías y San Juan Evangelista, está abonada por otra Profecía del mismo Apocalipsis, en el Capítulo 14, aunque es cierto que se dan varias interpretaciones distintas:

En este tema, la palabra griega (San Juan escribió en griego el Apocalipsis) que se utiliza en este Cap. 14, es ἄγγελος , la cual palabra significa propiamente “heraldo o mensajero”; y esta palabra se derivó también para indicar a los ángeles de Dios (ángelus el singular en latín), pero el sentido originario es “heraldo, mensajero, anunciador”. De allí que la letra de esta profecía permite pensar en dos posibilidades:
(a) Que allí se describen oficios o ministerios de heraldos o mensajeros humanos, y son treslos aludidos; donde cabrían Elías, Enoc y San Juan (enseguida desarrollaremos unos puntos más sobre San Juan);
(b) o que allí se haga alusión a espíritus celestiales o ángeles de Dios, y no a tres heraldos humanos.
Personalmente pensamos que allí están aludidos los tres heraldos o mensajeros de Dios: Elías, Enoc y San Juan.
   
Demos detalles de estos posibles Elías, Enoc y San Juan.
    
La duración de la predicación de ellos, obviamente predicación del Catolicismo, es de 3 años y medio.

Este plazo o tiempo parece enlazar con “La Última Semana de Daniel: La Semana 70” (ya saben que son semanas de “años”, y aquí aludimos a los últimos siete años, la Semana Final, o Semana Parusíaca que también se llama). Esta Semana de Daniel, en la Profecía de su Capítulo 9, se divide en dos partes, por mitades, cada parte de 3 años y medio. Según algunos, por ejemplo el Padre Castellani, la predicación de estos Dos Testigos (y ergo, con San Juan, de los Tres Heraldos) sería previa a los 3 años y medio del Gobierno Mundial del Anticristo, y este Gobierno Mundial del Anticristo comenzaría –según el Padre Castellani– después de matar a Los Dos Testigos, después de matar a Elías y Enoc. Siendo así las cosas, la predicación de Los Tres Heraldos sería en los primeros 3 años y medio de La Última Semana de Daniel, y el Gobierno Mundial del Anticristo en la segunda mitad.

LOS TRES HERALDOS –decíamos– parecen estar anunciados en el Capítulo 14 del Apocalipsis, en sus versículos 6 a 13; leamos:

Heraldo 1:
6 Et vidi álterum ÁNGELUM volántem per médium cœli, habéntem Evangélium ætérnum, ut evangelizáret sedéntibus super terram, et super omnem gentem, et tribum, et lénguam, et populum : 
7 dicens magna voce : Timéte Dóminum, et date illi honórem, quia venit hora judícii ejus : et adoráte eum, qui fecit cœlum, et terram, mare, et fontes aquárum. 
  
Heraldo 2:
8 Et álius ÁNGELUS secútus est dicens: Cécidit, cécidit Babýlon illa magna: quæ a vino iræ fornicatiónis suæ potávit omnes gentes. 
  
Heraldo 3: 
9 Et tértius ÁNGELUS secútus est illos, dicens voce magna : Si quis adoráverit béstiam, et imáginem ejus, et accéperit caractérem in fronte sua, aut in manu sua : 
10 et hic bibet de vino iræ Dei, quod mistum est mero in cálice iræ ipsíus, et cruciábitur igne, et súlphure in conspéctu angelĺrum sanctórum, et ante conspéctum Agni : 
11 et fumus tormentórum eórum ascéndet in sǽcula sæculórum : nec habent réquiem die ac nocte, qui adoravérunt béstiam, et imáginem ejus, et si quis accéperit caractérem nóminis ejus.
Heraldo 1:
6 Y vio otro HERALDO que volaba por medio del cielo, el cual tenía un Evangelio Eterno, para evangelizar a los que están sobre la tierra, y sobre toda nación, y tribu, y lengua, y pueblo:
7 diciendo con gran voz: Temed al Señor, dad honor a Él, porque la hora de su Juicio ha llegado: Y adorad a Él, el cual hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
   
Heraldo 2:
8 Y siguió otro HERALDO que decía: Cayó, cayó Babilonia la grande, la cual dio de beber a todas las naciones del vino de la impetuosidad de su fornicación.
   
Heraldo 3:
9 Y el tercer HERALDO los siguió, el cual decía con gran voz: Si alguien hubiere adorado a la Bestia y a la imagen de ella, y hubiera recibido la marca en su frente o en su mano,
10 también éste beberá del vino de la ira de Dios, el cual fue mezclado puro en el cáliz de la ira de Él, y será atormentado con fuego, y con azufre, a la vista de los santos ángeles, y ante la vista del Cordero:
11 y el humo de los tormentos de éstos se levantará por los siglos de los siglos, y no tendrán descanso ni de día ni de noche, los que adoraron a la Bestia, y a la imagen de ella, y si alguien hubiere recibido la marca de su nombre [4].
  
En la Biblia de Mons. Straubinger, se comenta con respecto a estos tres personajes que:
  • (v. 6) “…serían, según el sentir de muchos autores eclesiásticos, tres grandes predicadores, y este primero sería en tal caso Enoc [y agregamos nosotros: los otros dos serían entonces: Elías y San Juan]”, pero también Mons. Straubinger hace notar que otros creen que serían ángeles y no los tres heraldos. 
  • Sobre el anuncio del segundo heraldo, “cayó Babilonia” (vers. 8), Mons. Straubinger anota: “Babilonia: nombre simbólico de Roma como se ve en los capítulos 17-18 [del Apocalipsis] y en I Pedro 5,13 [en este caso, ese “cayó” está referido a la destrucción de Roma que también parece estar indicada en el Apocalipsis, en sus mencionados capítulo 17 –notar el v. 9: siete montes– y el capítulo 18].
  • Sobre el versículo 9, Mons. Straubinger comenta: «La Bestia: el Anticristo… Así lo señalaba ya San Agustín al presentar como cuatro hechos inseparables la venida de Elías…, la conversión de los judíos, la persecución del Anticristo y la Parusía de Cristo. Por donde vemos –sigue diciendo Mons. Straubinger– que en los misterios apocalípticos la parte de Israel es mayor de lo que solemos pensar…» [5].
   
[4] SAN JUAN, EL TERCER HERALDO. La enseñanza de que el apóstol San Juan vendrá en el tiempo previo y cercano a la Segunda Venida de Dios Nuestro Señor Jesucristo, es una tradición antigua católica, enseñada por numerosos santos, pero una tradición que se ha perdido un poco, o “un mucho”, en el tiempo, y hay que rescatarla. Y si bien esta posibilidad y hecho no está definido definitivamente por el Magisterio, el hecho mismo de haber sido aceptada por tan numerosos santos le da una alta posibilidad de que allí esté la Verdad y de que sí se va a verificar. Así lo esperamos y deseamos.
 
Para ilustrar lo anterior, veamos algo muy interesante: Es un artículo de la revista fundada, en Argentina, por ese gran sabio católico, Mons. Juan Straubinger, el autor de la mejor biblia comentada en español, o una de las mejores (es la Biblia que aquí les ofrecen las Hermanas en la Librería).
   
Esta revista que llevó adelante, como fundador, Mons. Straubinger, se llamaba “Revista Bíblica”. En el número 79 de dicha revista, año 1956 (enero-marzo), tenemos un artículo interesantísimo de un sacerdote de Don Bosco, un salesiano, el Padre José Fuchs (Instituto Teológico, Córdoba, Argentina); el cual artículo está titulado “¿VOLVERÁ JUAN EVANGELISTA con ELÍAS y ENOC?”. Leemos unos extractos:
“…Si me place que él se quede hasta mi vuelta, ¿qué te importa a ti?... parece deducirse que S. Juan ha de permanecer hasta la segunda venida o Parusía… si bien Juan murió, debe haber resucitado en seguida o resucitará cuando venga la Parusía del Señor. Maldonado [el Padre Juan de Maldonado, jesuita, gran exégeta, muerto en 1583] resume las diversas sentencias de los Padres… [Maldonado, además de manifestar que San Juan vendrá con Elías y Enoc para predicar contra el Anticristo, en la segunda opinión dice expresamente:] San Juan murió pero resucitó de inmediato y fue trasladado con su cuerpo a un lugar desde donde vendrá para predicar con Elías y Enoc. Esta creencia se apoya en las palabras que le dicen a S. Juan en Apocalipsis X,XI… Debes predicar aún a las gentes, y a los pueblos y lenguas y a muchos reyes. (…) San Ambrosio [doctor de la Iglesia, † 397] no aprueba a los que en su tiempo decían que Juan no había muerto [nosotros les dimos los argumentos de que sí murió] pero afirma que Juan predicará con Enoc y Elías contra el Anticristo. (…) S. Gregorio de Tours asegura que Juan se tendió en el sepulcro y que en él permanecerá hasta el tiempo de su nueva aparición… En tiempos de S. Agustín se decía que Juan había muerto, pero que luego resucitado fue trasladado, y que volverá a predicar contra el Anticristo. S. Hilario y S. Epifanio dicen que S. Juan está reservado para predicar al final de los tiempos. S. Gregorio Nac. llama a Juan Evangelista un precursor de Jesús en su segunda venida. S. Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, S. Vicente Ferrer, S. Tomás de Villanueva afirman que después de su muerte volvió a la vida para la predicación de los últimos tiempos. La Iglesia griega recibió esta tradición en su Breviario. S. Pedro Damián escribe: Comúnmente dicen los Padres: Cuando se hizo cavar la tumba, descendió a ella, extendió sus manos y después de prolija oración, murió y una luz admirable lo circundó de tal manera que nadie podía resistir tanto esplendor. Baronio refiere palabras de Nicéforo: Juan se fue a una colina de Éfeso, donde solía predicar; mandó preparar su túmulo y se tendió en él. Pero Dios cambió su cuerpo terreno y corruptible en uno inmortal e incorruptible y FUE TRASLADADO AL PARAÍSO. Al día siguiente se encontró el sepulcro vacío y sólo estaba su ropa…”.
El artículo da más detalles, pero la prédica ya está muy larga, aquí ya tienen material de sobra para conocer este punto.
   
En base a estas tradiciones, tenemos que: San Juan murió en Éfeso, e inmediatamente (o casi inmediatamente) fue rodeado por una inmensa y fuerte luz, y resucitó, para estar vivo y reservado en el Paraíso, y en el tiempo previo a la Parusía predicar con Elías y Enoc contra el Anticristo, pero San Juan, a diferencia de los otros dos, no morirá, y así estará vivo hasta la Segunda Venida, Cristo, “sic eum volo manére donec véniam: así quiero que él permanezca hasta que Yo venga”.
   
Como más de una vez decimos, estas cosas y promesas sólo las tiene el Catolicismo, y en general no las conocemos, cuando además deberían llenarnos de alegría por la esperanza que nos dan, y llenarnos de un sano orgullo de ser católicos.
  
[5] Para terminar esta -larga- prédica, expresamos un deseo a Dios y a María Santísima:
   
En cuanto a Elías, tenemos la esperanza de que también nosotros, los que no somos judíos, seremos beneficiados por su misión; y yo personalmente guardo la esperanza y el deseo de poder conocerlo; sobre estas cosas se dice en el Eclesiástico, cap. 48: “Se levantó Elías, profeta semejante al fuego… fuiste arrebatado en un torbellino de fuego… Tú estás escrito en los decretos de los tiempos para (…) restablecer las tribus de Jacob [la conversión de los judíos]. Dichosos –Beáti– los que te vieron y fueron honrados con tu amistad”; pues bien, no sé ustedes, yo sí quiero ser dichoso, beátus, por ver a Elías y ser más dichoso aun POR SER HONRADO CON SU AMISTAD como dice la Biblia: Quieran Dios y María Santísima otorgarnos esa gracia.
   
Y sin la menor duda, este deseo incluye la petición de poder conocer también a Enoc y tener su amistad (al cual vamos a poder preguntarle cómo era Adán, cómo era el primer hombre que existió en la tierra, pues Enoc fue contemporáneo de él cien años); y el deseo y petición incluye el poder conocer a San Juan Evangelista con su amistad, el apóstol del fuego, uno de los hijos del trueno o de la ira: Boanerges, que además es un obispo de la Santa Iglesia Católica, y está vivo, esperando, reservado para el momento de venir. 

Los tres –parece– han de venir, y serán nuestra ayuda. Pues bien: Que vengan rápido, sí: que vengan, y que vengan rápido; y sobre San Elías, el cual va a lograr la conversión de los judíos al Catolicismo, debemos tratar de ver si su llegada no está próxima, tal vez con todo esto de la Guerra de los Judíos en Palestina. 
   
Quiera María Santísima, la Madre de Dios, conseguirnos esta gracia de conocerlos, conocer a los Tres Heraldos, y gozar de su amistad.
  
AVE MARÍA PURÍSIMA.
   
NOTAS
[1] Saben que la división de la Biblia en capítulos llegó recién el Siglo XIII, en el Siglo de Oro del Catolicismo, por medio del Obispo de Canterbury, Esteban Langton (alrededor del año 1227) [la subdivisión en versículos fue introducida más tarde aun, en el siglo XVI, mediante el trabajo de Sanctes Pagnino y de Robert Estienne]; con lo cual los textos de la Biblia, incluido el Apocalipsis, estaban de corrido, y de allí que cabe la posibilidad de que temas que se encuentran en lo que hoy vemos un capítulo distinto, hayan sido parte de la misma profecía.
[2] El segundo texto mencionado es San Mateo 16,28 y dice: “28 Amen dico vobis, sunt quídam de hic stántibus, qui non gustábunt mortem, donec vídeant Fílium hóminis veniéntem in regno suo: En verdad os digo, hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean al Hijo del hombre que viene en su reino”.
[3] “…qui, post Evangélii scriptiónem, post exsílii relegatiónem et Apocalýpsim divínam, úsque ad Trajáni Príncipis témpora persevérans, totíus Asiæ fundávit rexítque Ecclésias,…”.
[4] 12 Hic patiéntia sanctórum est, qui custódiunt mándata Dei, et fidem Jesu. 13 Et audívi vocem de cœlo, dicéntem mihi : Scribe : Beáti mórtui qui in Dómino moriúntur. Ámodo jam dicit Spiritus, ut requiéscant a labóribus suis : ópera enim illórum sequúntur illos. 12 Aquí está la paciencia de los santos, los cuales guardan los Mandamientos de Dios y la Fe en Jesús. 13 Y oí una voz del cielo diciéndome: Escribe: Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor. Ahora ya, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos: pues sus obras siguen a ellos.
[5] Continúa Mons. Straubinger: “[estas] cosas se entenderán a su tiempo… como con lo que se dijo a Daniel en [su capítulo 12; que dicho sea de paso: allí también parece estar aludida la conversión de los judíos; pero aquí Mons. Straubinger quiere insistir en el conocimiento y estudio de las Profecías; ponemos nosotros más versículos que los aludidos, y dicen: “4 Daniel, encierra estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos buscarán [buscarán estudiar y saber las Profecías] y se acrecentará el conocimiento… 8 yo –Daniel– oí, pero no comprendí. Dije pues: “Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas? 9 Y Él respondió: …estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán purificados… pero los malos seguirán haciendo el mal, y ninguno de los malvados entenderá; mas los sabios sí entenderán"]. [Continúa ahora Mons. Straubinger:] …¿No es esto el mayor móvil para mantener nuestra atención pía y ansiosamente vuelta hacia los misterios de la divina revelación [hacia los misterios de las Profecías y estudiarlas y entender más]?”.
   
Sobre el capítulo 12 de Daniel [todo muy relacionado con el cap. 11 también], y las posibles alusiones a LA CONVERSIÓN DE LOS JUDÍOS, leemos: 1 En aquel tiempo se alzará Miguel, el gran príncipe y defensor de los hijos de tu pueblo; y vendrá tiempo de angustia cual nunca ha habido desde que existen las naciones… En ese tiempo será librado tu pueblo, todo aquel que se hallare inscripto en el libro. 2 También muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para vida eterna, otros para ignominia y vergüenza eterna… 4 …encierra estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos buscarán y se acrecentará el conocimiento… 6 …¿cuándo será el cumplimiento de estas maravillas? 7 …juró por Aquel que vive eternamente que eso será dentro de un tiempo, (dos) tiempos y la mitad (de un tiempo), y que todas estas cosas se cumplirán cuando el poder del pueblo santo sea completamente destruido… 11 Desde el tiempo en que será quitado el sacrificio perpetuo [esto es la Misa] y entronizada la abominación de la desolación, pasarán 1290 días [3 años y medio, más un mes]. 12 Bienaventurado el que espere y llegue a 1395 días. 13 Tú, empero, marcha hacia tu fin y descansa, y te levantarás para tu herencia al fin de los días.

lunes, 3 de febrero de 2025

LA HUMILDAD: GRADOS (Prédica 5)

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo Don Fernando Altamira, superior de la Sociedad de Santa María, durante la fiesta de la Purificación de Nuestra Señora (domingo 2 de Febreto de 2025, conmemoración del IV Domingo después de la Epifanía).
  
Para seguir el orden:
  1. LA HUMILDAD (Prédica 1): Domingo 27 de Diciembre de 2024, Domingo infraoctava de la Natividad.
  2. LA HUMILDAD: FUNDAMENTO Y EXCELENCIA (Prédica 2): Miércoles 1 de Enero de 2025, Circuncisión de Nuestro Señor Jesucristo y Octava de la Natividad.
  3. LA HUMILDAD: SU PRÁCTICA (Prédica 3): Domingo 5 de Enero de 2025, Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús.
  4. LA HUMILDAD: CONSEJOS PRÁCTICOS (Prédica 4): Domingo 26 de Enero de 2025, III Domingo después de la Epifanía.

 
LA HUMILDAD (Prédica V)

TODO EN MARÍA y POR MARÍA. Y por las BENDITAS ALMAS del PURGATORIO

Queridos hijos:
 
Hoy es la Fiesta de la Candelaria, el último hito del Ciclo de Navidad, las fiestas por el nacimiento de Dios Nuestro Señor Jesucristo en esta tierra. 

El mismo día de la Navidad, sobre la Humildad, habíamos insistido en que nadie tan humilde como Dios Nuestro Señor, y por la importancia de dicha virtud para nuestra Salvación Eterna, habíamos querido dedicarle una serie de prédicas. En ésta, la número 5, queríamos seguir dando consejos prácticos para –valga la redundancia– practicar la Humildad, la cual nos gana el beneplácito de Dios (y así la Salvación), y ella hace que Él nos cobije. 
   
Nos basaremos principalmente en las enseñanzas de dos santos, San Benito y San Ignacio de Loyola; veamos entonces:
   
[1] En un primero punto, hemos tomado extractos de: “Los doce grados de Humildad de San Benito” († 547).
Ya el famoso Juan Cassiano († 435) había distinguido 10 grados de Humildad; San Benito agregó dos, quedando así 12 grados, 7 interiores y 5 exteriores. Escogeremos algunos.
   
Dentro de los 7 actos o grados interiores de Humildad, los cuatro primeros son alrededor de la OBEDIENCIA, pues el que es humilde obedece, obediencia a Dios, y obediencia a los superiores porque representan a Dios.
  • El 1er grado o acto interior de Humildad es: EL TEMOR DE DIOS. Para ser humildes, debemos comenzar por respetar a Dios, tener el máximo respeto hacia Él, y esto nos debe mover y mostrarse en el cumplimiento de los Mandamientos, “si yo respeto a Dios, si yo tengo el temor de Dios: cumplo los Mandamientos, sí, cumplo los Mandamientos, de lo contrario lo mío se convierte en una mentira”; el que es humilde: cumple la Ley de Dios, cumple los Mandamientos; y el que no los cumple es soberbio, “hace pecado”, el pecado es soberbia [1]. En la Sagrada Escritura hay expresiones y enseñanzas muy hermosas sobre el temor de Dios: “timor Dómini sanctus: el temor de Dios es santo” (Ps 18,10). “El temor del Señor es el principio de la sabiduría”, así en Proverbios 9:10: “Princípium sapiéntiæ timor Domini”, y en Provérbia 1:7: “Timor Dómini princípium sapiéntiæ: el temor del Señor es el principio de la sabiduría; sapiéntiam átque doctrínam stulti despíciunt: los estúpidos desprecian la sabiduría y la doctrina”; podemos agregar: los soberbios desprecian la sabiduría, y la única sabiduría verdadera es la de Dios y su Catolicismo.
  • El 2° grado o acto interior de Humildad es: LA OBEDIENCIA A DIOS. La obediencia a Dios es consecuencia y continuación de la anterior, pues si verdaderamente tuviésemos temor de Dios, haríamos en todo su voluntad, y: es Humildad manifestar obediencia, sumisión y dependencia de Dios.
  • El 3er grado o acto interior de Humildad es: LA OBEDIENCIA A LOS SUPERIORES POR MOTIVO DE DIOS. Obviamente que esto es clave, y nunca seremos humildes (y hasta tal vez nos condenaremos) si no obedecemos a nuestros Superiores (obedecer al papá y a la mamá en una familia; obedecer al Superior en una Comunidad Religiosa; al jefe en un trabajo, etc); todo lo que me mande un Superior, cualquier Superior, si no es algo malo, si no es un pecado, en realidad no es dicho del Superior, sino Dios usando dicho Superior, ¡hay que entender de una vez esto!; el límite es el pecado: si lo que me están mandando no tiene nada de malo, ¡hay que hacerlo, caramba!, porque no es el Superior sino Dios quien me lo ordena: “Monseñor, soy un orgulloso (u orgullosa) y no se me va la soberbia”, “por supuesto que no se le va, si usted es un (o una) desobediente”; el desobediente nunca será humilde y tiene riesgo de Condenación.
  • El 4° grado o acto de Humildad es otra vez la obediencia: LA OBEDIENCIA PACIENTE. La obediencia paciente es la que sufriendo injurias de parte del que manda, no se queja, y obedece la orden mandada, es la que acepta una humillación detrás de la obediencia, así la enseñanza de San Benito [2].
Los anteriores grados interiores se deben manifestar por actos o grados exteriores. Ya hemos enseñado que, aunque lo más importante es siempre lo interior, estos actos o grados exteriores, su ejercitación, ayudan sin duda para tener Humildad en lo interior, para influenciar lo interior, y de allí la importancia de tratar de realizar muchos de estos actos externos. San Benito, él enumera 5 grados o actos externos de Humildad; ellos son:
  • El 1er grado o acto exterior de Humildad es: EVITAR LA SINGULARIDAD, no querer singularizarse o llamar la atención, no querer hacer cosas extraordinarias, sino contentarse con lo que manda la Regla, cumplir la Regla o Reglamento con sencillez y ya. Lo anterior es para una Comunidad Religiosa, para las Hermanas o para los seminaristas, pero para un laico el equivalente sería cumplir sencillamente lo que me mandan mis padres, o en mi trabajo, o en mi institución, mis jefes o superiores al mando, y no querer llamar la atención.
       
    Atención: Lo anterior no significa que uno haga mal o en forma mediocre sus obligaciones; uno debe cumplir bien con su deber porque Dios exige eso, pero simplemente sin querer llamar la atención.
       
    [Contra el Naturalismo] Dicho sea de paso, en el cumplimiento del deber y en todas nuestras acciones, en cuanto al móvil de por qué hacerlas y hacerlas bien, dicho móvil no puede ser el Naturalismo (“el hombre”, el ser humano, la Humanidad, “la capacidad del ser humano”, la cabalidad y honestidad del ser humano). El móvil de toda acción humana, y de todo acto, el hacer bien y el ayudar al prójimo, etc, el hacerlo con virtud, en ello –decíamos– el móvil es y debe ser Dios Nuestro Señor Jesucristo, el fundamento de todas mis acciones deber ser Dios. Y si el fundamento de mis acciones no es Dios, sino el Humanismo o el Naturalismo, dichas acciones no sirven para la Salvación Eterna. Un masón, por Naturalismo y Humanismo, puede querer ser virtuoso, o querer dar ayuda a los pobres, pero eso será filantropía o altruismo, y no Caridad o acción basada en Dios, y el realizar por esos móviles nuestras acciones no sirve para la Vida Eterna.
  • El 2° grado o acto exterior de Humildad es: EL SILENCIO; sí, el silencio, así lo pone San Benito; pues en el silencio, en el ser silencioso o silenciosa hay humildad; y las personas ruidosas –peor si son almas consagradas– expresan lo contrario, expresan en algún grado soberbia y orgullo. Esto es importantísimo, más para el religioso o religiosa –como decíamos–:pero sirve en proporción para los laicos, no hay que ser un parlanchín, ni una persona que hace bullicio o ruido, ser ruidoso o ruidosa, sino personas “si-len-cio-sas”.
       
    Sobre el religioso, o la religiosa, la enseñanza de San Benito, para la Humildad, agrega que han de saber que tienen que ser personas silenciosas y no hablar (o no hablar mucho), han de saber callar cuando no fueran preguntados, o cuando no hay razón para hablar (pero sentido común: si el superior, o para un laico: el papá o la mamá en una familia, “deben” saber algo grave, yo debo hablar; puro sentido común).
      
    Otro consejo en esto del silencio: Dejar siempre que los demás hablen, no querer tomar la palabra (salvo necesidad o utilidad del prójimo).
  • El 3er grado o acto exterior de Humildad, enseña San Benito que es: EL RECATO EN EL REÍR. S. Benito no condena la risa en cuanto manifestación de gozo espiritual, pero sí la risa grosera, la risa burlona, el reír ruidosamente, lo cual implica poca presencia de Dios y por lo mismo poca Humildad.
  • El 4° grado o acto exterior de Humildad, en la enseñanza de San Benito, es: EL RECATO EN EL HABLAR. Cuando se ha de hablar, que ello sea poco, ser personas de pocas palabras, no ser –como decíamos recién– parlanchines (o “parlanchinas”), hablar mansa y humildemente, nunca a gritos, sino con la gravedad y sobriedad del sabio, sin grandes estridencias, sopesando las palabras.
  • El 5° grado o acto exterior de Humildad, dice San Benito que es: LA MODESTIA O RECATO EN EL PORTE EXTERIOR. Que nuestro porte exterior sea siempre humildes, al caminar, estar sentado, estar de pie, moverse, hacer todo eso siempre con modestia; los ojos, el mirar, hacerlo también con modestia, etc. Y al monje se le recomienda estar con la cabeza ligeramente baja.
  
[2] En un segundo punto, o ejemplos y prácticas de Humildad veamos: Los tres grados de Humildad de San Ignacio de Loyola († 1556).
   
San Ignacio los explica en sus “Ejercicios Espirituales”; y están hacia el fin de la Segunda Semana, antes de las reglas para la elección de estado.
  • Primer grado de Humildad abarca el cumplimiento de la Ley de Dios y MORIR ANTES DE HACER UN PECADO MORTAL: Dice San Ignacio que consiste en “que [yo] así me baje y así me humille, quanto en mí sea posible, para que en todo obedezca a la ley de Dios Nuestro Señor; de tal suerte, que aunque me hiciesen señor de todas las cosas criadas en este mundo, ni por la propia vida temporal, [yo] no sea en deliberar de quebrantar un mandamiento, quier divino, quier humano, que me obligue a pecado mortal”; grado esencial para la Salvación Eterna, y para evitar la Condenación al Infierno.
  • Segundo grado de Humildad abarca, entre otras cosas, MORIR ANTES DE HACER UN PECADO VENIAL (agregamos: venial deliberado): Dice San Ignacio que este segundo grado “es, a saber, si yo me hallo en tal punto que no quiero, ni me afecto, más a tener riqueza que pobreza; a querer honor que deshonor; a desear vida larga que corta, siendo igual servicio de Dios Nuestro Señor y salud de mi alma: y con esto, que por todo lo criado, ni porque la vida me quitasen, [yo] no sea en deliberar de hacer un pecado venial”; este grado es mucho más perfecto que el primero y pocas almas llegan a él.
       
    Aclaremos que se refiere a un pecado venial “deliberado”, ese pecado venial que se hace con plena consciencia de que estoy obrando mal y no me importa, sigo adelante; estos pecados son bien feos y tienen una malicia bien fea, suelen terminar llevando al pecado mortal.
  • Tercer grado de Humildad: “La tercera es humildad perfectísima; es a saber: quando, incluyendo la primera y segunda, siendo igual alabanza y gloria de la Divina Majestad, por imitar y parecer más actualmente a Christo Nuestro Señor, quiero y elijo más pobreza con Christo pobre, que riqueza; oprobios con Christo lleno dellos, que honores; y desear ser más estimado por vano y loco por Christo, que primero fue tenido por tal, que [ser estimado] por sabio ni prudente en este mundo”; es el grado de los santos, éste es el amor de la Cruz y el amor de los desprecios, en unión con Jesucristo y por amor suyo.
   
[3] Veamos un punto más, que nos ayude a ser humildes: MIS PECADOS, sí, mis pecados.
  
La realidad de mis pecados me tiene que ayudar a ser humilde; entender –¡caramba!– que somos pecadores, entender que “he pecado”. El hecho de los pecados que he cometido, ya que eso es la peor parte de los seres humanos, me tiene que ayudar a ser humilde y colocarme en mi lugar, sin soberbia, sin altanería, sin vanagloria, sin la auto-estima desordenada. Y mientras peores hayan sido, o sean, mis pecados propios, ¡con mayor razón eso me debería hacer humilde! Mientras más espantosos hayan sido, ¡más aun, más aun: ser humilde, ser humilde!
   
Pero no; el ser humano tiene la capacidad de hacer las peores barbaridades, y dos minutos después volvemos a ser “la octava maravilla del mundo”: es increíble como somos. Mientras más feos hayan sido, o sean, mis pecados, más humilde yo debería ser. ¡Caramba: los peores pecados que hayamos cometido, siempre nos tendrían que poner en la Humildad!
   
Decirse mil veces: “he pecado, he pecado, yo hice eso, y eso, y eso, ¿por qué mi soberbia; cómo puedo ser soberbio? Un pecado venial vale los peores castigos, por la majestad de Dios despreciada por mi mala acción; ¡uno venial! Ni hablemos si he cometido pecados mortales que valen la eternidad del Infierno, ¡cómo podemos ser soberbios!; con cuánta facilidad nos olvidados las cosas –tal vez espantosas– que hemos hecho, qué amor propio sin límites, sin límites. 
   
Y porque así somos de pecadores, debemos procurar el desprecio de nosotros mismos y que los demás nos desprecien, en vez de quejarnos de los problemas que tenemos, de las humillaciones que sufrimos, de los malos tratos, calumnias, difamaciones, insultos, murmuraciones; si al fin hemos merecido también el Infierno, y sólo por la bondad de Dios no estamos ya muertos y condenados.
   
“Cometí pecado mortal o pecados mortales”: merezco el Infierno, y si tuve la gracia de confesarme y hacer la paz con Dios, para expiar esos pecados debo estar dispuesto a aceptar y desear todas las humillaciones y daños contra mí, y los cuales siempre serán menos de lo que merece un pecado mortal al ofender la majestad de Dios, y habiéndole ofendido tantas veces (muchos pecados mortales), cuál no ha de ser mi conformidad con la Voluntad Divina cuando pueda o tenga que sufrir cosas y recibir oprobios, para pagar en algo la ofensa, y máxime considerando que en esta vida esos males siempre “duran poco”.
   
Todos mis pecados, sean veniales, sean mortales: Aunque pasemos todo el resto de nuestra vida en la práctica de la humildad, nunca podremos devolver a Dios (Él es infinito) la gloria que le hemos robado y negado haciendo pecados, un pecado venial, peor el venial deliberado, y mucho peor aun el pecado mortal. 
    
Si estos conceptos parecen demasiado, pensemos en las penitencias enormes que hicieron los santos que sólo cometieron pecados veniales, y que nunca creyeron hicieron bastante para purificar su alma y reparar ante Dios.
  
Y para ser humildes pensemos, finalmente, en los castigos, específicos, que Dios va dando, castigos progresivos, a los que son soberbios: recuerden las primeras prédicas sobre este tema.
Por eso, para ser humildes, más de una vez, casi una vez al mes, nos tendríamos que quedar tranquilos aquí en la Capilla, pensando en todos los pecados graves, mortales, que hemos hecho en nuestra vida; haciendo una especie de meditación o examen de los pecados más graves que hemos cometido en nuestras vidas, para tener más presente lo que somos, porque tan fácilmente olvidamos las cosas que ya hemos hecho; y esto, considerar los pecados quehemos cometido, nos ayudará más a saber lo que realmente somos, y a ser humildes.
   
Pequeño paréntesis: En cuanto a eso de recordar los pecados cometidos para ser humilde, si alguien ha cometido pecados de impureza o de lujuria, el consejo que dan los autores espirituales es recordarlos solamente en forma difusa y genérica: simplemente sabiendo que se hizo eso y ya; sin el recuerdo endetalle, porque en esos pecados el detalle se puede convertir en nueva tentación; cuidado.
    
[Un apartado final] A modo de conclusión, una última consideración, y una súplica a la Virgen: Reina de la Humildad.
  
La consideración última, para ayudarme en la Humildad, es ver que, ¡a todos: a-todos!, no nos salen las cosas, “sí, no nos salen las cosas”, y hemos de aceptar esto por Humildad y para la Humildad.
  
Tenemos mil proyectos, mil anhelos, mil deseos, mil planes, y la mayoría de las cosas no se pueden cumplir, y no se nos dan, “no nos salen las cosas”; cosas que no tenemos ni alcanzamos aunque las deseamos mucho, cosas que no alcanzamos: esperanzas, sueños, planes para nuestras vidas. Ése es el día a día de cualquier ser humano. Y aquí hay también un misterio de Dios para que podamos alcanzar la Salvación:
  • (a) Si nos salieran todas las cosas, si en todo tuviésemos éxito, creo que seríamos unos soberbios insoportables, con vanagloria, etc. 
  • (b) Además, si no nos salen las cosas, nuestros planes: en ello también puede entrar una cuota de castigo, por nuestra soberbia, y debemos saber aceptarlo. 
  • (c) “Pero yo quiero que me salgan mis cosas, cosas buenas, qué tiene de malo, aunque sea lo mínimo que necesito”. Por supuesto que, en sí, no tiene nada de malo; pero por motivos misteriosos, que no podemos saber y que sólo Dios conoce, no me salen las cosas, sea por mis pecados del pasado que ya he hecho y para pagar por ellos, sea porque tengo una actitud soberbia ante Dios (y eso es insoportable), sea para mi santificación por medio de la Cruz y tribulaciones: Debemos ser capaces de aceptar ello con Humildad, aunque no lo entendamos, no podemos pretender que Dios nos rinda cuentas: ¡por favor!
  • (d) “Si las cosas son así, entonces, yo me enojo, y le digo cosas a Dios, y me pongo a pelear con Dios, y me alejo de la Religión, y no practico más, y no voy más a Misa, y no me confieso, y no rezo más el Rosario, etc, etc, etc”: Pues eso es otra vez soberbia, y “terminará mal y peor”; recordemos los castigos progresivos que Dios va dando a los soberbios y que pueden terminar –si no cambio– en la condenación eterna. 
  • (e) Tengo que ser capaz de aceptar, con Humildad, todo lo que me pasa, todo lo que me ocurre, porque los seres humanos, en última instancia, merecemos todo: to-do; por mis pecados, por un solo pecado venial, ni hablemos si hemos cometido pecados mortales. Y por otro lado, si algo no recomendamos, es el estar peleando con Dios, con Dios no se juega, sino que se lo respeta con Humildad; y obviamente que si peleamos con Dios podemos salir “un poquito mal heridos”.
   
Respetemos a Dios, aceptemos las cosas que nos ocurren, y debemos desear mucho la Humildad. Así pedimos a la más santa de todas las creaturas, así pedimos a la más santa y sublime, a la Santísima Virgen María, Reina de la Humildad, Regina Humilitatis; quiera Ella darnos “algo”.
   
AVE MARÍA PURÍSIMA.
  
NOTAS
[1] El temor de Dios ha de ser primero: temor al castigo, después ha de ser temor reverencial (temer y respetar a Dios por la majestad de Él), y finalmente ha de acabar en la adoración y amor o temor filial (donde hay respeto, pero por amor a Él).
[2] Los otros grados interiores: 5) La declaración al Superior de las faltas secretas fuera de la Confesión Sacramental, incluso las de pensamiento, y esto es un freno muy poderoso al pecado; peroposteriormente la Iglesia, con el canon 530, limita esto, diciendo que los Superiores Religiosos no deben llevar a sus inferiores a que les manifiesten su conciencia, pero es bueno que los inferiores hablen con confianza con su superior. 6) Aceptar de corazón todas las privaciones y oficios viles. 7) Tenerse sinceramente por el último de todos los hombres; grado que difícilmente se alcanza; los santos llegan a él considerando que si otros hombres hubieran recibido tantas gracias como ellos, serían mejores.

domingo, 2 de febrero de 2025

SOBRE SAN JUAN BOSCO

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo Don Fernando Altamira, superior de la Sociedad de Santa María, durante la fiesta de San Juan Bosco (viernes 31 de Enero de 2025).
   

viernes, 31 de enero de 2025

LA HUMILDAD: SU PRÁCTICA (Prédica 3)

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo Don Fernando Altamira durante la Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús (domingo 5 de Enero de 2025).
  
Para seguir el orden:
  1. LA HUMILDAD (Prédica 1): Domingo 27 de Diciembre de 2024.
  2. LA HUMILDAD: FUNDAMENTO Y EXCELENCIA (Prédica 2): Miércoles 1 de Enero de 2025.
   
   
LA HUMILDAD (PRÉDICA III)
   
TODO EN MARÍA y POR MARÍA. Y por las BENDITAS ALMAS del PURGATORIO

Queridos hijos: 
 
Hoy es la Fiesta del Santísimo Nombre de Jesús, no hay otro nombre, el único, por el cual podamos ser salvos, sólo Dios Nuestro Señor Jesucristo.
   
Anunciamos que queríamos avanzar en una tercera prédica sobre “La Humildad”, y queremos centrarnos en “La práctica de la Humildad”. Dediquemos las enseñanzas que podamos dar, y los dones o gracias de Dios que podamos recibir, en honor del Santísimo Nombre de Jesús, y deseando en este Año 2025, que recién comienza, el poder ser buenos hijos de Dios, poder ser buenos católicos, “hacer honor al Santo Nombre de Jesús”.
   
La práctica de la Humildad puede ser dividida en tres: “La Imitación de Dios Nuestro Señor Jesucristo”, esta prédica será toda para la imitación de Cristo, imitarlo en su Humildad; y quedarían pendientes para otra vez la lucha contra la soberbia, y el hacer actos de ejercicio de Humildad [1]
   
[1] Sabemos que nadie tan humilde como Dios Nuestro Señor Jesucristo. Hemos de procurar poner dentro de nosotros los mismos sentimientos de Humildad que tuvo Cristo Jesús: “Hoc enim sentíte in vobis quod et in Christo Jesu; qui, cum in forma Dei esset... exinánivit semetípsum: Esto sentid en vosotros, lo que en Cristo Jesús, el cual, aunque estuviese en la forma-naturaleza de Dios... se anonadó a sí mismo (tomando la forma de esclavo: la naturaleza humana; Filipenses 2,5-7)”.
Veamos los ejemplos de Él, en su vida oculta, en su vida pública, en sus sufrimientos y Pasión, y en el Sacramento de la Santa Comunión.
   
[2] Durante su vida oculta.
(1) Antes de nacer, veamos algunos de sus tantos actos de Humildad:
-(1) Se anonadó, siendo Dios, y siendo por quien subsisten la tierra y el orbe, para encerrarse por 9 meses en el vientre virginal de María, cubriendo y ocultando sus atributos de Dios, y permaneciendo en la misma situación de dependencia y fragilidad de los bebés en gestación, de los niños por nacer; pero el gran detalle es que era (y es) Dios y aceptó este estado de niño en el vientre de su madre.
-(2) Quiso cumplir con un edicto del César Romano para empadronarse en Belén, y debió ser sometida su Madre Santísima a un viaje en pleno embarazo y en tiempo cercano al alumbramiento. Cuando llegan a Belén, han de soportar el no tener fonda donde alojarse y sufrir esta escasez o necesidad, hasta
desprecios en Belén para su Madre y para San José, “non erat eis locus in diversório: no había lugar para ellos en el hostal (San Lucas 2,7)”; y era Dios el que padecía estas cosas junto con sus padres.
-(3) Un punto que a uno lo deja fuera de sí: EL MUNDO ENTERO DUERME mientras nacía Dios en la tierra, y en especial la ignorancia de su nacimiento por parte de su pueblo: “in própria venit, et sui non recepérunt: vino a los suyos y los suyos no lo recibieron (San Juan 1,11)”; después de la Redención, el evento más impresionante de la Humanidad, el nacimiento de Dios en la tierra, que hasta el día de hoy –aunque rechinen de odio sus enemigos– ha dividido el tiempo en dos, antes de Cristo y después de Cristo; y ante un evento así, tan único e impresionante, el mundo entero dormía, estaba naciendo Dios y nadie sabía, la Humildad de Dios y la soberbia de nosotros los hombres.
   
-(2) En su nacimiento y después de él:
-(1) El Creador del Universo en su nacimiento -ya lo dijimos- mostró una gran Humildad, presentándose como un niño, pobre, fajado con pañales (¡el Creador del Universo fajado con pañales!), recostado en un lugar para animales: en un Pesebre (¡el Creador del Universo naciendo en un lugar para animales!; ¡ninguno de nosotros, hombres pecadores, ha nacido en un lugar así!), “inveniétis infántem, pannis involútum, pósitum in presépio: encontraréis al Niño, envuelto en pañales, y puesto en un pesebre (San Lucas 2,12); y ese Niño es Dios, y así se presenta, y así nace al mundo.
-(2) Ser circuncidado, la fiesta de hoy y de la Octava de Navidad: Cortan su carne y su sangre es derramada por primera vez en esta tierra, preludio de su futuro sacrificio en la Cruz; y siendo Dios, obviamente que Él no estaba obligado a este rito religioso; pero nos enseña, nos enseña, OBEDIENCIA, OBEDIENCIA, a Dios y a todo superior o autoridad: OBEDIENCIA, OBEDIENCIA, Humildad, Humildad [2]

-(3) En su vida oculta de Nazareth:
-(A) Dios ha nacido al mundo, “el Creador pisa y vive en esta tierra caduca”, y queda oculto e ignorado, ¡durante 30 años, durante 30 años: vive 33 en esta tierra y de ellos 30 es un total desconocido! Pasa su tiempo, como merecían, para estar, durante 30 años, solamente con las personas más santas que ha habido en esta tierra, su Santísima Madre y San José.
(B) ¿Y qué hacía? Pues hacía lo que toca, o debería tocar, a cualquier de nosotros:
  • (a) Ayudando a su padre adoptivo, San José, en las tareas de su oficio, haciendo oficio de carpintero: Cortando madera, lijando, poniendo clavos, armando muebles: Dios era conocido sólo como un carpintero, o como el hijo de un carpintero; qué Humildad de quien es el Creador.
  • (b) Y ayudando a María Santísima, su Madre, en las pequeñas tareas del hogar: Limpiar, poner la mesa, ayudar a lavar los platos: ¡y Él es Dios!).
  • (c) El Amo del Universo obedeciendo a dos criaturas: OBEDIENCIA, OBEDIENCIA, Humildad, Humildad; y nosotros somos unos espantosos desobedientes; y Él, Dios, sí que era obediente, obediente a José y a María: “et erat súbditus illis: y les estaba sometido (San Lucas 2,51)”.
(C) Y quien hace todo esto es Dios, no un hombre cualquiera, cuando podía tener un batallón de ángeles que hicieran todo para Él, para su Mamá, para San José.
   
Bossuet († 1704), y todos los autores espirituales dicen: “¡Soberbia humana ven a morirte de vergüenza ante este espectáculo; se nos tendría que caer la cara de vergüenza ante lo que es Dios de humilde y lo que somos nosotros de soberbios!”; y seguimos con nuestra soberbia, y seguimos con nuestra soberbia: qué problema el ser humano.
  
[3] En su vida pública. Allí practicó cuanto pudo, por Humildad, todo el anonadamiento y olvido de sí (abnegación), mas según se lo permitía el ejercicio de su misión y sin daño de ella; cuando uno tiene una misión pública debe a veces exigir y realizar ciertas cosas “renombradas”.
-(1) Nuestro Señor es Dios; y así Él debía proclamar con palabras y con obras que Él era Dios, el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y que Él era el Mesías. Lo manifestó lo suficiente para que los hombres de buena voluntad pudieran entenderlo, pero no lo hizo con toda la majestad y gloria que podía hacerlo y esto también tuvo Humildad. Esa majestad y gloria sí que serán manifestadas, pero en su Segunda Venida, la cual deseamos que este Niño Dios nos la otorgue próximamente.
-(2) Vemos en su vida pública Humildad por todas partes. Se rodeó de apóstoles poco instruidos, de pescadores, de un publicano. Mostró preferencia por aquellos que son despreciados por el mundo, por los pobres, por los pecadores, por los afligidos, por los niños. Vivió de limosnas, siendo el dueño de todo, y no tuvo casa propia, quien poseía el Universo entero; qué nos quería enseñar con todo esto: Humildad, Humildad. 
-(3) (a) Hizo muchísimos milagros, mas ellos no eran su herramienta principal. (b) Se presenta a las multitudes con austeridad, sin afectación; haciendo, viviendo y hasta comiendo lo que hace todo el mundo. (c) Huye de toda popularidad y no teme desagradar a otros si es preciso para la Verdad, incluso a sus propios discípulos: “durus est hic sermo: dura es esta palabra (San Juan 6,61)”. (d) Habla para enseñar la Verdad, la Doctrina Católica, la doctrina de su Padre. (e) No busca su gloria sino la de su Padre: “Ego... non quǽro glóriam meam: Yo no busco mi gloria (San Juan 8,50)”; y siendo el Señor del Mundo, Él servía a los demás: “non veni ministrári sed ministráre: no he venido para ser servido sino para servir (San Mateo 20,28)”.
   
[4] En su Pasión, en los padecimientos de su Muerte y su Cruz, se ve y se grita su Humildad. Él que era la santidad y la pureza misma, echó sobre sí todas nuestras iniquidades y pecados desde Adán hasta el último hombre que existirá sobre la tierra, y pagó por nuestros pecados el inocente (justicia vicaria): “Eum qui non novérat peccátum, pro nobis peccátum fecit: Él que no conocía el pecado, por nosotros se hizo pecado (II Cor 5,21)”.
-(1) En el Huerto de los Olivos, cuando cargó sobre sí todos los pecados de la Humanidad, desde Adán, de todos los pecados de todos los seres humanos que existieron y existirán, hasta el último hombre, toda esa masa “infame” de iniquidades de la Humanidad, todo pecado espantoso y aberrante, lo peor y más bajo de la Humanidad; allí Él, que no conocía pecado, se hizo pecado por nosotros; y toda la tristeza, abatimiento, sudor de sangre (que tendría que haberle producido la muerte): “cœpit pávere, tǽdere, mœstus esse... Tristis est anima mea usque ad mortem: comenzó a temblar, sentir tedio... -dijo- Triste está mi alma hasta la muerte (San Marcos 14,33-34)”.
-La Humildad de Dios que, siendo la máxima santidad y pureza, quiere ver, y con perfección, y hasta su máxima profundidad, todas las iniquidades y chanchadas más aberrantes que se cometieron ya y se cometerán en la Humanidad; y cargó sobre su conciencia purísima ese conocimiento, profundísimo, “pero de las peores cosas, ¡y con todos los detalles aberrantes!”, de lo peor de nosotros, de lo más bajo y vil; ¡y para pagar por ello ante el Padre, el inocente por los culpables, Dios por la vil creatura: Qué Humildad y qué amor de Dios!
-Y Él lo hizo para que nosotros nos salgamos de eso, y qué poca respuesta que damos, qué poco fruto, “quid utílitas in sánguine meo?: cuál fue el fruto de mi sangre, para qué sirvió?”, sí, muy pocos responden, y muchos de esos pocos responden, o respondemos, a medias a todo lo que Él hizo, toda esa generosidad, toda esa entrega, Amor y Humildad. Y Él sabiendo la poco respuesta y el poco fruto, los pocos seres humanos que se entregarían a Él con todo lo dado, igualmente lo quiso hacer: ¡Qué Humildad de Dios, y qué soberbia de nosotros, que podamos seguir en lo mismo!
-(2) Y su muerte en la Cruz, es el máximo acto de Humildad, dejarse matar por nosotros los gusanos; Dios Creador del Universo muriendo en la Cruz, matado por los seres humanos, la criatura contra el Creador, los judíos contra el Mesías, los romanos contra su Hacedor. Mil cosas se podrían decir de su Sacrificio en la Cruz, y es nuestra Santa Misa, pero hoy no nos extenderemos.
-(3) La pregunta es: Siendo Él, Dios, tan humilde e inocente, y padeciendo tanto injustamente: ¿Osaremos quejarnos nosotros, con los mil pecados que hemos hecho y a veces bien espantosos, osaremos quejarnos todavía, como soberbios que somos, de lo que nos viene de castigo y de cruz, y de oprobios y de humillaciones, y de contrariedades, y de enfermedades, y de todo lo demás, siendo que todo eso siempre será menos de lo que debemos, y lo merecemos por lo que ya hemos cometido, y siempre es poco en realidad?

[5] Por último, la Humildad de Dios Nuestro Señor en la Santa Comunión, en el Santo Sacramento del Altar.
-(1) Los seres humanos con todo lo malo que hacemos, tenemos, y Él lo quiso, su presencia continua, día y noche, sin descanso y siempre, cuando hay adoradores y cuando no los hay (en las horas de la noche). Su Presencia Real bastante olvidada y poco advertida; y hoy casi inexistente con toda esta falsa
Iglesia Moderna y toda la invalidez de las falsas misas modernas y sacramentos modernos; los fieles de Bogotá vienen mucho a Misa y a la Adoración, felicitaciones y está muy bien, pero deben venir más, más por la realidad de toda esta falsa Iglesia Moderna que padecemos los católicos.
-(2) El Santo Sacramento de la Comunión, Dios Jesucristo, todo el día dispuesto para los seres humanos, para nuestras oraciones, para nuestros pedidos: Qué Humildad. Mañana, tarde y noche, sin visitas todo el tiempo porque no podemos. El Creador del Universo encerrado en una cajita, o de madera, o en el mejor de los casos metálica con algunos adornos: Qué Humildad nuevamente del Creador, ¡y todo el día!; y desde el Sagrario, Dios soporta y sostiene el mundo entero, toda alma buena, todo sacerdote, todo obispo, todo misionero, todo mártir. 
-Cuánto respeto debemos tener, cuando le rezo, cuando paso en frente del Sagrario, cuando hago la genuflexión, la señal de la Cruz; hemos de tratar de nunca hacer estas cosas displicentemente, mal, mecánicamente, sino ser bien consciente que “se la hago a Dios, Dios está ahí”; con qué respeto debemos hacer todas estas cosas, lo intentemos desde ahora (mas sin caer en el pietismo, aquí hay tendencias al piestismo; en el Catolicismo se dice: piadoso sí, pietista no) [4].

(3) Y por último: Qué Humildad de Dios que recibe tantas faltas de respeto en su majestad por estar allí escondido en el Sagrario:
  • Los incrédulos hablan contra Él, y Él –por ahora– soporta callado: qué Humildad;
  • los blasfemos profanan su Cuerpo, mil veces a través de los siglos de la Historia ocurrió, y Él los soporta: qué Humildad de Dios;
  • los sacrílegos, los que se atreven a recibir a sabiendas la Comunión con pecado mortal, para que los vean sus esposas o sus novias o sus hijos, o los hijos, hijos que hacen eso para que los vean sus mamás que los controlan, o para que los vean el resto de las personas: “Es para que no me regañe mi esposa, es para que no me regañe mi mamá”; pues yo preferiría que mi mamá o mi esposa se enojen porque no comulgo, y no la ira de Dios por hacer una mala comunión, les aseguro que es un “poquito” más fuerte el enojo de Dios que la mamá o la esposa.
  • Y ni hablemos si las almas consagradas llegamos a hacer estas cosas malas o tener estas actitudes de olvido a Dios, Él nos ayude a jamás hacerlo [5]
Tienen allí entonces muchas consideraciones de la Humildad de Dios, contra la soberbia de nosotros los seres humanos: Él, que es el todo, es así; nosotros, que somos la nada, no; Humildad contra soberbia. Dios, el Niño Dios, nos ayude a ser humildes, quiera Él darnos esta gracia.
   
AVE MARÍA PURÍSIMA.
   
NOTAS
[1] Utilizamos resúmenes del libro “Compendio de Teología Ascética y Mística”, del Padre Adolfo Tanquerey, edición en español, Año 1930, impreso por la Sociedad de Juan Evangelista, Desclee & Cía, Tournai (Bélgica): Apartado II “De la Humildad”, en el número 1127 y siguientes.
[2] Tener que huir a Egipto ante la persecución de muerte de Herodes; soportar la matanza de los niños inocentes, los Santos Inocentes; qué Humildad y qué paciencia, y siendo Dios podía volver a la nada y al polvo a Herodes.
[3] Sus enseñanzas son profundísimas, las da Dios, pero sencillas, fáciles para las personas de buen corazón, con parábolas tomadas de la vida corriente, jamás pretendiendo la admiración sino sólo enseñar la Verdad.
[4] La Presencia Real, aunque escondida, de Dios Nuestro Señor Jesucristo, en la Santa Comunión es una mayor Humildad que lo que expresaba en la Cruz, como dice el Himno de Corpus: “in Cruce latébat sola Déitas, et hic latet simul et humánitas: en la Cruz se escondía la sola Divinidad, y aquí –en la Santa Comunión– se esconde incluso la Humanidad” de Cristo; Él es Dios y escondido desde el Sagrario soporta y sostiene el mundo entero, sostiene toda alma buena, todo misionero, toda alma consagrada, todos los mártires, y aplica el “nescíri, pro nihilo reputári: ser desconocido y ser reputado por nada”.
[5] Muchos, lo reciben con pecado mortal –sacrilegio– y Él soporta todo eso: Qué humildad. Cómo somos: para que mi esposa no me moleste o no se enoje, para que mi novia cree que estoy bien comulgando, para que mi mamá no se enoje y me regañe, comulgo con pecado mortal, ¿y no temo el enojo, la molestia y el castigo de Dios?, ¡hay que ser corto de mente; y no entender que los castigos de Dios van a ser un “poquito” más fuerte que el enojo de mi esposa, de ni novia, o de mi mamá!; qué Humildad de Dios que soporta todo eso. Y cuando somos las almas consagradas que hacemos esas cosas, o tener olvido de Él en el Sagrario: qué horror de nuestra parte si a eso llegamos, o qué ingratos por no estar con Él en el Sagrario; y otra vez: qué Humildad de Dios que soporta todo eso, “non potuístis una hora vigiláre mecum?: ¿no pudisteis estar en vigilia una hora conmigo? (San Mateo 26,40)”, y en vez de castigarnos nos sigue diciendo en el Sagrario: “veníte ad me omnes qui laborátis et oneráti estis et Ego refíciam vos: venid a mí todos los que estáis cargados con vuestros trabajos y con peso, y Yo os aliviaré (San Mateo 11,28)”.

miércoles, 29 de enero de 2025

LA HUMILDAD: FUNDAMENTO Y EXCELENCIA (Prédica 2)

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo D. Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, en la fiesta de la Circuncisión de Nuestro Señor Jesucristo y Octava de la Natividad (miércoles 1 de Enero de 2025).

Para seguir el orden:
  1. LA HUMILDAD (Prédica 1): Domingo 27 de Diciembre de 2024.
   
  
LA HUMILDAD (PRÉDICA II)
   
TODO EN MARÍA y POR MARÍA. Y por las BENDITAS ALMAS del PURGATORIO

Queridos hijos: 
 
Hoy es Primero de Enero, Año Nuevo: Es LA OCTAVA DE NAVIDAD, y por eso es Misa de Guarda o de Precepto. En la Liturgia de la Santa Iglesia Católica, la octava de una fiesta es festejar nuevamente dicha fiesta, entonces hoy, 1° de enero, de este nuevo año 2025, estamos festejando nuevamente la Navidad, el Santo Día del Nacimiento de Dios sobre la tierra. Y habíamos anunciado que seguiríamos predicando sobre la Humildad.

Haciendo un paréntesis, y como reza el dicho: “Año Nuevo, vida nueva”, digamos dos palabras de ello. “Año Nuevo, vida nueva”, debemos buscar en este nuevo año “una vida nueva”, sí, pero vida nueva para Dios Nuestro Señor Jesucristo y para su Catolicismo, no para la bobada del mundo, no para la vida mundana. Por eso, hagan sus propósitos, deben hacer sus “propósitos”, para este nuevo año que empieza, “para que empiece para Dios”, porque pasan los años, “se nos pasa la vida”, y no hacemos los cambios que estamos necesitando ante Dios; escriban unos tres propósitos para cambiar (se los preguntaremos en las Confesiones), cosas que debo cambiar, cosas que debo mejorar, pecados que debo dejar de hacer, acciones buenas que no hice y debo hacer.
   
EL COMIENZO DE UN AÑO es el momento para tomar resoluciones y propósitos de vida, sobre “cosas que TODAVÍA LE ESTOY DEBIENDO A DIOS, sobre cosas que no hago y debería hacer para Él”.
  
[1] Ahora vamos al tema: Hace ocho días, en Navidad, les predicamos sobre la Humildad, esa virtud tan importante, que en nadie –por supuesto– brilló como en Dios Nuestro Señor, y que está tan ausente en nosotros, y por eso somos pecadores, porque el pecador es soberbio, porque pecado es hacer mi voluntad y no la de Dios, y eso es soberbia, el pecado es soberbia: mi voluntad y no la de Dios.
   
En cuanto a la Humildad, ese día de Navidad, insistimos en la Humildad que tiene Dios, y cómo nos falta a nosotros. Pero lo interesante es que, ese mismo día, insistimos en algo que NO ES TAN CONOCIDO entre nosotros los católicos, o que directamente es “desconocido” por nosotros: Los castigos PROGRESIVOS que Dios va infligiendo a los que no son humildes, los castigos progresivos que Dios va infligiendo a los que son soberbios, y esos castigos van de menor a mayor, y pueden terminar en la Condenación Eterna.

En esa progresión o aumento de gravedad de los castigos que Dios aplica a los que son soberbios, de menor a mayor, tenemos que:
  • Primero Él comienza castigándolos haciendo que nos vengan enfermedades, muchos trabajos, hasta insectos que nos molestan o con gusanos y parásitos que padecemos; después humillaciones, tribulaciones, sequedades, contrariedades (“no nos salen nuestros planes), deshonras; también insultos y daños o malos tratamientos de nuestros prójimos, sus murmuraciones en nuestra contra (atención: cuando ocurren esas cosas, Dios no quiere el pecado que hace el prójimo –y sí que es pecado de ellos y también recibirán castigo–; pero si bien Dios no quiere el pecado que ellos comenten, sí quiere muchas veces la tribulación o cruz que nos llega con ello, porque la merecemos por soberbia, y es para nuestra corrección).
  • En segundo lugar, si seguimos siendo soberbios, Él, dejados a nosotros mismos, permite que caigamos en muchos pecados veniales, para que veamos que no somos capaces de mantenernos por nosotros mismos ni siquiera en cosas pequeñas sin pecar,y permite que sintamos tentaciones, y a veces fuertes tentaciones, tentaciones que no se nos van, que no desaparecen, que persisten, y que nos hacen pender de un hilo con el pecado mortal.
  • Y en tercer lugar, si todavía seguimos siendo soberbios, abandonados de Dios, Él permite que caigamos en pecados mortales, para que sepamos lo que somos, y no en cualquier tipo de pecado mortal, sino muchas veces en pecados vergonzosos de lujuria, y pecados manifiestos y externos, para que los demás lo sepan, y sea más patente lo que somos. El Padre Alonso Rodríguez ponía como ejemplo el adulterio y homicidio que cometió el Rey David (aunque él después fue santo). 
  • Pero, peor aun, y qué horror, el Padre Rodríguez advierte que por soberbia, si ello sigue, se termina cayendo incluso en los pecados de la homosexualidad, y pone como ejemplo lo que dice San Pablo en su Carta a los Romanos (su capítulo primero) donde se habla de dicho pecado antinatural. Y con estos pecados viene el riesgo de la Condenación Eterna.
  
Por eso: TENEMOS QUE SER HUMILDES.
[2] Para seguir avanzando en las enseñanzas sobre la Humildad [1], consideremos ahora el fundamento de ella. El fundamento de la Humildad es la Verdad y la Justicia.
  1. La Verdad: Ella nos muestra y hace que realmente sepamos lo que somos: Todo lo bueno que hay en nosotros es de Dios, todo lo bueno es dado por Él, sean los dones de la gracia o sobrenaturales (“todo es gracia”), sean los dones naturales (la vida, la salud, el poder trabajar, moverse, poder comer, que nuestro cuerpo esté sano).
      
    Pero, esto hay que saberlo, todo lo malo que hay en nosotros, pecados, imperfecciones, defectos, eso sí es propiedad exclusiva nuestra, eso es propiedad del ser humano. Lo bueno es de Dios (si tenemos algo bueno es don dado por Dios), y lo malo es lo exclusivo de nosotros.
  2. La Justicia: Ella hace que nos tratemos a nosotros mismos según eso que conocemos y que realmente somos: el ser humano es pecado. Por eso toda la honra, todo el honor, sólo deben ser para Dios, y el que quiere honra y honor para sí mismo, le está quitando, y hasta robando, la honra a Dios, la cual sólo a Él pertenece, y por querer la honra para uno y no para Dios (por no remitirla a Dios) muchas veces se reciben castigos.
      
    Hemos tenido el pecado original, hemos agregado muchísimos pecados actuales que cada uno hace, y nos quedarán hasta la muerte mil malas inclinaciones y malos impulsos, de allí que para ser humildes hemos de aceptar los castigos que nos vienen por todas estas cosas: Sean enfermedades, trabajos, contrariedades (no nos salen las cosas), persecuciones, menosprecios, tribulaciones, humillaciones, reprensiones, que murmuren contra nosotros; hemos de saber que llevamos dentro el germen de todos los pecados, la posibilidad de cometer cualquier pecado, sin límite alguno, cualquier aberración: entonces tenemos que ser humildes; también como castigo de nuestra soberbia o pecado hemos de recibir sequedades, desalientos, sentir desolaciones, soledad, abandono, sentir que Dios nos rechaza.
      
    Y escuchen esto que es muy importante: Cuando todo esto nos esté ocurriendo, dice el Padre Jean Olier (+1657), y tantos otros, debemos ponernos de parte de Dios, sí: debemos ponernos de parte de Dios, y no de parte nuestra, sino en contra de nosotros, sabiendo que todo lo merecemos, sabiendo que todo lo merecemos, y mucho más en realidad de lo que nos ocurre, porque la majestad de Dios que ofendemos con cualquier pecado (incluso venial), una majestad infinita, hace que merezcamos todo, todo lo que nos ocurre aquí en la tierra es justo y merecido;y en esos momentos que sufrimos algo debemos decirnos: “está bien lo que estoy padeciendo, lo que me está pasando, lo merezco, y siempre lo mereceré, Dios tiene razón en hacer o permitir esas cosas por mis pecados ya cometidos y por mi soberbia”; y tengamos mucho cuidado de rebelarnos contra Dios, porque el más mínimo pecado venial merece todo castigo, y si nos rebelamos puede ser gravísimo y hasta una blasfemia, y contra Dios nadie puede, y nos va a ir mal, y para Condenación Eterna.
   
[3] Veamos ahora la excelencia de la Humildad:
  1. La Humildad nos somete a Dios, nos somete a la Voluntad de Dios y todo lo que nos ocurra, aceptándolo, siempre aceptando. 
  2. La Humildad nos abre los tesoros de la gracia de Dios, pues hace que Dios nunca vaya a abandonarnos y con eso aseguramos el poder salvarnos, “Deus supérbis resístit, humílibus áutem dat grátiam: Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes” (I Pedro 5,5). 
  3. El humilde vuelve a Dios toda la gloria, como debe, y jamás roba o se apropia para sí la gloria, que es sólo de Dios, “glóriam meam álteri non dabo: no daré mi gloria a otro” (II Cor 10,5).
  4. La Humildad es el fundamento para todas las otras virtudes, porque no puede haber virtud si no hay antes humildad; 
    • La soberbia es un obstáculo para nuestra Fe y la daña; la humildad hace la Fe más firme “abscondísti hæc a sapiéntibus et revelásti ea párvulis: escondiste estas cosas a los sabios y las revelaste a los pequeños”, y la Fe recíprocamente hace crecer la Humildad porque nos muestra realmente lo que las cosas son y lo que nosotros somos; 
    • La soberbia daña la Esperanza, porque hace confiar en sí mismo, en la bobada de “nuestras fuerzas” y en “lo que podemos”; el humilde hace crecer la Esperanza porque no la pone en sí sino en Dios y desconfía de sí mismo, y la Esperanza recíprocamente hace crecer la Humildad con una mayor conciencia frente a nuestra miseria, y conciencia de que los bienes sobrenaturales son tan por encima de nosotros, que sólo apoyándonos en Dios y en lo que Él nos da podemos alcanzarlos y salvarnos; 
    • La Caridad o Amor hacia Dios tiene como enemigo el amor a sí mismo, la soberbia, el orgullo; y la humildad, el propio desasimiento y la abnegación de uno mismo, hace crecer el amor a Dios y decrecer el amor propio; 
    • Y para ejercer la Caridad al prójimo nada como la humildad, la cual nos evita el desprecio hacia el prójimo (gravísimo) y el sentirnos mejores que él, y nos mueve a ser compasivos con sus miserias; 
    • Tener fortaleza hasta dar la vida por Dios si es necesario: sólo la tendrán los humildes, porque el ser humano es miserable, débil y traidor, el que cree poder ser fuerte solo (por sus fuerzas) casi que sin duda traicionará a Dios (miren San Pedro); mas si tenemos conciencia de nuestra nada y de que seguro que solos lo traicionamos a Dios, Él, por ser humildes, nos sostendrá y nos dará fortaleza, y sólo así con su gracia seremos capaces de dar la vida por Cristo (en ese trance de ser matados, asesinados, por ser católicos, debemos –tal vez– hacer una especie bloqueo mental entre uno y Dios, y olvidarse del resto,y decir interiormente: Dios mío, no me dejes traicionarte, Dios no me dejes traicionarte, Dios no me dejes traicionarte: y así por humildes creo que Él nos dará la gracia de morir por nuestra Religión);
    • La pureza y la castidad: el que no es humilde no podrá mantener la pureza y la castidad; y ya lo saben, el soberbio termina cayendo en los pecados contra la pureza, para guardar la castidad hay que ser humilde.
  
[4] A modo de conclusión: “Año Nuevo, vida nueva”:
  • ¡Las cosas que espera el Niño Dios de nosotros, las cosas que espera Dios Nuestro Señor Jesucristo!; ¡los cambios que debemos hacer en nuestras vidas!, ¡los cambios que tenemos que hacer en nuestras vidas y entre ellos sin duda la Humildad!; y cambiemos de una vez, cambiemos de una vez en nuestro mal obrar, en nuestros defectos, en nuestros pecados!, 
  • Hagan sus propósitos; y tengamos en cuenta cuánto espera Dios de nosotros, de nuestras vidas; empieza un nuevo año, ello tiene que llenarnos de esperanzas y de deseos de mejorar… para Dios, ¡para intentar ser buenos católicos y buenos hijos de Dios!
  
Las palabras finales serán una poesía de la amada, amadísima y catoliquísima que fue la Madre Patria, España, de su Siglo de Oro, cuando ella nos hizo: el glorioso Siglo XVI de España; y es una poesía de un alma consagrada, Fray Pedro de los Reyes, la cual ya hemos usado otras veces, y que muestra lo que el Niño Dios espera de nosotros: Santidad, y algo que podemos usar como sinónimo: Humildad.
  
Dicha poesía se llama “Yo para qué nací”, tiene 10 estrofas; usamos sólo las dos primeras que dicen así [2]:
Yo, ¿para qué nací? Para salvarme.
Que tengo que morir es infalible.
Dejar de ver a Dios y condenarme
triste cosa será, pero posible.
   
Posible, ¿y río, y duermo, y quiero holgarme?
Posible, ¿y tengo amor a lo visible?
¿Qué hago, en qué me ocupo, en qué me encanto?
¡Loco debo de estar, pues no soy santo!
Locos debemos de ser, hijos, pues no somos santos, siendo tanto lo que está en juego, siendo tanto lo que espera Dios de nosotros.
  
El Niño Dios nos dé la Humildad, para poder llegar a la Santidad.
  
AVE MARÍA PURÍSIMA.
  
NOTAS
[1] Utilizamos resúmenes del libro “Compendio de Teología Ascética y Mística”, del Padre Adolfo Tanquerey, edición en español, Año 1930, impreso por la Sociedad de Juan Evangelista, Desclee & Cía, Tournai (Bélgica): Apartado “II De la Humildad”, en el número 1127 y siguientes.
[2] Se encuentra en las páginas 221/222/223 de nuestro “Devocionario Católico”, en su nuestra última edición.

lunes, 27 de enero de 2025

LA HUMILDAD: CONSEJOS PRÁCTICOS (Prédica 4)

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo Don Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, el domingo 26 de Enero de 2025, III Domingo después de la Epifanía (conmemoración de San Policarpo de Esmirna, Obispo y Mártir).
   
Para seguir el orden:
  1. LA HUMILDAD (Prédica 1): Domingo 27 de Diciembre de 2024.
  2. LA HUMILDAD: FUNDAMENTO Y EXCELENCIA (Prédica 2): Miércoles 1 de Enero de 2025.
  3. LA HUMILDAD: SU PRÁCTICA (Prédica 3): Domingo 5 de Enero de 2025.
   
LA HUMILDAD (Prédica IV)
   
TODO EN MARÍA y POR MARÍA. Y por las BENDITAS ALMAS del PURGATORIO
  
Queridos hijos:
 
El gran tema para estar siempre cobijados por Dios, cobijados por su gracia santificante, gozar de su ayuda, para santificarnos, para poder alcanzar la Salvación Eterna, “ese gran tema” es que, sólo con su gracia, podamos alcanzar y tener en algún grado (ojalá elevado) la virtud de la Humildad, virtud clave y tan importante que logra para nosotros la bondad de Dios, y virtud que a veces está tan ausente en nuestras vidas.
   
La Virtud de la Humildad; hemos querido dedicarle varias prédicas, llevamos tres: (1) La primera, cuando festejábamos en el mundo entero nuevamente la “Navidad”, el nacimiento de Dios Nuestro Señor Jesucristo en la tierra. (2) La segunda, en “La Octava de Navidad”, el día 1° de enero, cuando comenzábamos este 2025; problemas del mundo “chibernético”: no salió el audio. (3) Tercera prédica, en la “Fiesta del Santo Nombre de Jesús” (domingo 5 de enero); nuevos problemas “cibernéticos”: se interrumpió la transmisión.
  
Hoy deseamos hacer la cuarta prédica, y centrarnos en LA PRÁCTICA DE LA HUMILDAD, practicar y ejercitar esta virtud capital. Esperemos que les ayude y nos ayude [1].
   
[ 1 ] Práctica de la Humildad para con Dios.
Primer punto: Practicar la Humildad para con Dios, por medio del espíritu de religión:
-(1) Hacemos así cuando vemos la Verdad de que toda nuestra vida debe ser oración; cuando realizamos la Verdad de que toda nuestra vida debe ser “un tributo a Dios: un tributo a Dios”; cuando vemos que nosotros no somos sino nada y pecado, en contraposición a la plenitud, omnipotencia y santidad de Dios; la Liturgia Católica dice: “Tu solus Sanctus, Tu solus Dóminus, tu solus Altíssimus: Tú solo eres el Santo, Tú solo eres el Señor, Tú solo eres el Altísimo”.
-(2) De lo anterior, debe surgir hacia Dios sentimientos de adoración, de amor, de oración, de entrega total, de respeto, de temor filial hacia Dios, y estas cosas nos hacen más humildes, la grandeza de Dios y mi nada.
-(3) Este espíritu de oración, para practicar y ser humildes, debe surgir también al contemplar las obras de la naturaleza, hechas por Dios: la Creación, toda esa hermosura; y más aun al contemplar las obras sobrenaturales de Dios, las obras de la gracia, participación de la vida divina; y esta contemplación de las obras de Dios debe llevarnos a una entrega y sumisión total hacia Dios, a quedar anonadados ante su poder, a ser más humildes.
  
Segundo: Practicar la Humildad para con Dios, por medio del espíritu de agradecimiento:
-(1) Debemos agradecer a Dios por todo y en todo momento; ello nos hará humildes. Dios es el origen y la fuente de todos los dones que recibimos y tenemos: Los dones naturales (el estar vivos, nuestro cuerpo sano y “funcionando”, más importante: nuestra alma, nuestras capacidades, cualidades, el poder vivir, caminar, poder trabajar, etc); y más aun, Dios es la fuente de los dones sobrenaturales, los dones de la gracia, los cuales, sabemos, sobrepasan totalmente nuestra naturaleza (el poder ser hijos de Dios, el poder ser católicos, el poder salvarnos y llegar al Cielo, el poder santificarnos, el poder ayudar al prójimo en su salvación, “todo es gracia: todo es gracia”).
-(2) Siendo así, como la Virgen humildísima, debemos agradecer todo el tiempo a Dios por los dones que nos ha dado: “Magníficat ánima mea Dómino: Mi alma engrandece al Señor. Et exsultávit spíritus méus in Déo salutári méo: Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Quia respéxit humilitátem ancíllæ súæ: Porque ha visto la Humildad de su esclava… Quia fecit mihi magna qui potens est: Porque ha hecho grandes cosas en mí el que es todopoderoso”.
-(3) Y así, en vez de atribuirnos a nosotros mismos esos dones y ser soberbios, hemos de devolver a Dios todo honor y toda gloria; ser agradecidos [2]
  
Tercero: Practicar la Humildad para con Dios, por medio del espíritu de dependencia; y ya esta sola expresión nos llena el alma, nos llena el alma de alegría: espíritu de dependencia; qué importante es, cuánto lo necesitamos, para ser buenos hijos de Dios, para ser humildes, para estar contra nuestra soberbia: espíritu de dependencia. Dependemos en todo de Él, de que Él nos sostenga, de que Él nos ayude; si no, nos caemos; si no, volvemos a nuestra nada, y miseria, y pecados, nos condenamos: Debemos ser humildes, y para esto el espíritu de dependencia.
-(1) Por este espíritu de dependencia, vemos la Verdad de que somos incapaces de hacer cosa alguna, ni en el orden natural, ni en el orden sobrenatural, si Dios no nos sostiene, no podemos nada por nuestras propias y solas fuerzas.
-(2) Sabiendo de esto, del espíritu de dependencia, no debemos comenzar obra alguna sin encomendarnos a Dios y/o a María Santísima, por la oración, a través de la oración: Rezar siempre al comenzar una acción o trabajo, y rezar al terminarlo; haciendo así, estamos pidiendo su gracia, su ayuda, nos encomendamos a su socorro, su sostén: su gracia es el único remedio para todo, para nuestra incapacidad, para nuestras limitaciones, ¡y para nuestra soberbia!
-(3) Por espíritu de dependencia, hemos de decirnos internamente a nosotros mismos, y con mucha frecuencia, que no podemos nada sin Él; hemos de manifestar frecuentemente la necesidad total que tenemos de Él.
-(3 bis) Por ejemplo, manifestar ese espíritu de dependencia cuando estamos sufriendo una tentación, diciendo en secreto, internamente, muchas veces: “Señor, no me dejes traicionarte; Señor, no me dejes traicionarte”, para contar con su gracia, para lograr no caer en la tentación, y sobre todo para no caer en pecado, en el pecado mortal. Así también, cuando tenemos trabajos u obras que realizar: “Señor, ayúdame; Señor ayúdame”. El espíritu de dependencia es importantísimo, Dios es todo y yo soy nada, necesito de Él, dependo de Él.
   
[ 2 ] Práctica de la Humildad para con el prójimo.
-(1) El principio que debe guiarnos con el prójimo es el siguiente: Hemos de considerar en él los dones naturales y sobrenaturales con que Dios le adornó, y admirarlos sin envidia, sino alegrándonos de ello: de sus virtudes, de sus triunfos, de sus cualidades, de sus logros; sobre los defectos que el prójimo tuviere, no estar determinándolos y más bien excusarlos –cuando podamos–, salvo que por nuestro cargo o autoridad estemos obligados a corregirlos.
-(2) Si vemos que un prójimo comete un pecado, no podemos justificar ningún pecado: una acción mala siempre será tal, pero tampoco hemos de tomar una actitud condenatoria de su persona y menos de su conciencia –lo cual corresponde solamente a Dios y es el ámbito de solo Dios–: 
-La acción mala hemos de verla como tal (para eso Dios da nuestro intelecto), pero su conciencia (culpabilidad, malicia o no) no podemos juzgar. 
-Y esto que sigue es muy importante para ser humildes: Hemos de ser conscientes de que nosotros podemos caer en el mismo pecado y en peores aun, y que ciertamente caeremos en ellos si no tenemos la gracia de Dios o no la usamos bien, que caeremos ciertamente en pecados si somos soberbios y orgullosos en vez de humildes. 
-El pecado del prójimo, más que una actitud condenatoria, debe darnos una cierta tristeza o melancolía de que las cosas sean así, y desear y rezar para que ello cambie, para que el prójimo salga de ello y se convierta. Debemos juzgarnos severamente a nosotros mismos (porque sí nos conocemos), y benignamente al prójimo (cuyo interior no conocemos, y sólo Dios conoce).
-Otra vez, las acciones malas debemos y estamos obligados a verlas como tales, pero el interior (conciencia, culpabilidad) no podemos juzgar: eso lo sabe sólo Dios; cambiando un poco el dicho (para bien): “cosas vemos, corazones no sabemos”.
(3) Podemos, y debemos, siempre considerarnos inferiores al prójimo, “si Dios no me diera su gracia, yo caería en peores cosas, en peores pecados que él, y tal vez dicho prójimo, con esa misma gracia de Dios, hubiera hecho mejor uso y con mayores frutos” [3]. No hay forma de saber qué tan bajo podemos llegar a caer, hasta donde podemos llegar con nuestros pecados; “no, yo nunca voy a hacer eso”: cuidado, cuidado, y más bien decir yo “deseo” con su gracia no caer en eso, pero sí que soy capaz, e incluso de hacer cosas peores [4].
   
[3] Práctica de la Humildad para consigo mismo.
-Un principio rector: Si bien hemos de confesar los bienes que hemos recibido de Dios, para dar gracias por ellos, debemos insistir en parar nuestra atención especialmente en nuestros pecados, defectos, debilidades, limitaciones, porque si no, probablemente no nos mantendremos en la Humildad; sí, así de imperfectos somos, que si nos paramos a ver los dones, no nuestros sino de Dios, que Él nos ha dado, también tenemos riesgos de caer en soberbia y vanagloria, al revés de la Virgen María.
    
La Humildad debe estar en nuestro espíritu, lo cual comporta:
-(1) Tener una justa desconfianza de sí mismo, ver nuestras falencias, nuestros errores, equivocaciones, limitaciones; ver los errores del pasado, ver los errores que puedo cometer en el futuro; no caer en el desorden de la autoconfianza: “yo lo puedo todo” (“tú no puedes nada, si Dios no te ayuda y te sostiene”), y está mal el no apoyarse en todo en Dios; hemos de saber que no debemos confiar en los dones que hemos recibido como si fueran mérito propio o de nuestra propiedad [5]: Todo es de Dios.
-(2) En el uso de nuestros talentos recibidos, no hemos de procurar relucir ni ganar admiración ni estimación; sino que ellos deben servir para la causa de Dios, para su gloria y para la salvación propia y del prójimo [6]
-(3) Otro consejo para tener humildad en nuestro espíritu, es someterse a las decisiones de otro; incluso someterse a las decisiones de nuestros inferiores siempre que nuestro cargo y autoridad lo permitan, y cuando eso no dañe el Bien Común (muchas veces esto de someterse a los inferiores no se podrá).
   
La Humildad debe estar en nuestro corazón:
(1) Se suele explicar que la humildad en el corazón abarca que no deseemos la honra y la gloria; el preferir vivir escondidos, en vez del relumbre; abarca el callar cuanto pudiera ser causa de estimación hacia nosotros: “recúmbe in novíssimo loco: ponte en el último lugar (San Lucas 14,10)”.
  
(2) La Humildad en el corazón es el “ama nescíri et pro níhilo reputári: ama ser desconocido y ser reputado por nada”.

(3) Escuchemos a San Vicente de Paúl en relación a lo que decíamos hace algunos momentos:
“No debemos… parar a considerar lo bueno que en nosotros hubiere, sino pararnos a considerar lo malo y defectuoso, y es éste un medio muy a propósito para conservarnos en la Humildad. El don de convertir almas, todos los otros talentos exteriores que en nosotros hubiere, no siendo nuestros no somos sino portadores de ellos, y aun con todo eso podemos muy bien condenarnos. Por esa razón, nadie debe gloriarse ni complacerse en sí mismo, ni tenerse en alguna estima, al ver que Dios obra grandes cosas valiéndose de él, sino que tanto más debe humillarse, y tenerse por desdichado instrumento del cual Dios se digna servirse”.
La Humildad debe estar en nuestro porte exterior:
-(1) La Humildad exterior debe ser la manifestación de nuestro interior. Pero hemos de saber, que también la Humildad en lo exterior influye y reafirma la Humildad en nuestro interior: hay una mutua influencia e interacción. Por eso es importante ejercitarse en la Humildad en lo exterior, y no debemos descuidar los actos externos de Humildad, para poder llevar a mayor Humildad nuestra alma y nuestro interior. Demos ejemplos:
-(2) Tener un aposento humilde; vestidos modestos (pero suficientes y adecuados a nuestro estado y condición). Al revés, aposentos y vestidos ricos nos influyen contrariamente a la Humildad, y a favor de una cierta vanidad (y por lo mismo, orgullo y soberbia).
-(3) El porte exterior, el rostro, el modo de nuestras acciones y movimientos, sin afectación, sin movimientos fuertes o violentos sino que ellos sean modestos [7], todo eso ayuda a tener Humildad; el no ser ruidosos, el no andar haciendo ruido en nuestras acciones, sino el ser silenciosos ayuda a la Humildad (las personas ruidosas –peor las almas consagradas– muestran que tienen tal vez algo de soberbia); las personas que hablan mucho, muestran muchas veces que no tienen mucha Humildad (no hay que hablar mucho, hay que tender a ser más bien de pocas palabras o lo justo).
-(4) Otra cosa bien importante que nos ayuda a tener Humildad es: Nuestras muestras de condescendencia, de educación, de cortesía, de deferencia, de amabilidad, de afabilidad, para con el resto de las personas, para con el prójimo: La buena educación para con el prójimo, esto es bien importante y nos aporta una buena dosis de Humildad.
-(5) Otra insistencia para la Humildad: En las conversaciones, dejar que los otros hablen, y hablar muy poco nosotros; y no hablar de nosotros mismos [8]
   
[Conclusión] En cuanto a consejos prácticos sobre cómo –valga la redundancia– practicar la Humildad, con la ayuda de Dios podemos dar otros tantos, y ello da sin duda para hacer una prédica más; solamente veremos si Dios nos da licencia para ello. Mientras tanto, aquí ya tiene material para reflexionar y para que, con su gracia, podamos llevarlo a la práctica para intentar ser más humildes.
  
Pedimos a María Santísima, la Reina de la Humildad, Regína humilitátis, que nos ayude con esto.
   
AVE MARÍA PURÍSIMA.
   
NOTAS
[1] Utilizamos resúmenes del libro “Compendio de Teología Ascética y Mística”, del Padre Adolfo Tanquerey, edición en español, Año 1930, impreso por la Sociedad de Juan Evangelista, Desclee & Cía, Tournai (Bélgica): Apartado “II De la Humildad”, en el número 1127 y siguientes.
[2] Sabemos que hartas veces hemos hecho mal uso de los dones naturales y sobrenaturales que nos dio, cometiendo pecado. Para pecar hace falta tener un cuerpo y estar sano, poder usar de ese cuerpo (de estos pies que me llevan a donde peco; de esos brazos, manos y rostro con los que peco, etc), que si estuviera enfermo y postrado en cama, bastante más difícil me sería pecar.
[3 San Vicente de Paúl decía:
“Si pusiéramos empeño en considerarnos a fondo, echaríamos de ver que en todo cuanto pensamos, decimos y hacemos… estamos llenos (…) de motivos de confusión y desprecio; y… hallaríamos ser nosotros malvados más que hombre alguno, y aun peores, en cierto modo, que los mismos demonios del Infierno, porque si estos malaventurados espíritus tuvieran a su disposición las gracias y los medios que nosotros tenemos para ser mejores, harían mil y mil veces mejor uso de lo que hacemos nosotros”.
[4] ¿Cómo puede ser el considerarse siempre inferior al prójimo? Los santos lo han hecho, la Verdad ha de estar allí. El fundamento es que para uno mismo, uno sí puede, y debe, ser juez de sus acciones, y cuando uno se conoce a fondo, ve claramente que uno es gran pecador, y que además tenemos muy malas inclinaciones e impulsos; y de este estas dos cosas se ve que uno es bien digno de desprecio y de ser considerado en poco; en cambio, para con el prójimo, uno no puede ser juez, porque no conoce su interior, ni su conciencia, ni sus intenciones, ni sus circunstancias, ni los dones y gracias que Dios le dio o no. Por eso, debemos juzgarnos severamente a nosotros mismos (porque sí nos conocemos), y benignamente al prójimo (cuyo interior no conocemos): “Qué puedo saber yo, si con las mismas gracias que yo he recibido, él no habría producido ante Dios, muchos más frutos que yo y mejores. Con todas estas verdades, vemos que a fin de cuentas, sí podemos, y debemos, ponernos por debajo de todos.
[5] Eclesiástico 3,22: “no intentes lo que está sobre ti, ni investigues lo que está más allá de tus fuerzas: altióra te ne quæsíeris”.
[6] San Vicente de Paúl decía a sus sacerdotes misioneros: “hacer de otra manera [no remitir toda la gloria y la honra a Dios], es predicarse a sí mismo y no a Jesucristo… ¡un sacrilegio, ciertamente, un sacrilegio!... valerse de la palabra de Dios y de las cosas divinas para alcanzar honra y fama para uno, ¡en verdad que es un sacrilegio!”.
[7] Mons. Charles Gay (Vida y Virtudes cristianas, Tomo 1, de la Humildad) nos enseña: hay un porte exterior de Humildad, que el alma que es realmente humilde logra poner o mostrar en todo su cuerpo, es algo de recato, de retraimiento, de sosiego, que da a todo el rostro y demás rasgos la hermosura, armonía y encanto que llamamos modestia, y que hace modesta nuestra voz, la mirada, la risa, los movimientos… el alma así tiene ese porte porque sabe que Dios está cerca, vive en la presencia de Dios y sabe que Dios siempre la ve (vuestra modestia sea patente a todos los hombres porque el Señor está cerca: Filipenses 4,5).
[8] No se han de hacer extravagancias con el pretexto de la Humildad; San Francisco de Sales dice (Vida Devota, I.c. cap. V): “si algunos grandes siervos de Dios se fingieron locos para ser despreciados del mundo, debemos admirarlos pero no imitarlos; pues si llegaron a tal exceso, fue movidos por razones tan particulares y extraordinarias, que no pueden hacer regla para los demás”.