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martes, 19 de octubre de 2021

RESPONSO DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

   
Tomado del Tratado de la Oración, Meditación y Devoción, publicado en Madrid por la Imprenta de Benito Cano en 1790.
   
LATÍN
Dómine Jesu-Christe, cui Sanctus Petrus ádeo fidéliter in vita sua servívit, ut in témpore iracúndiæ fíeret reconcilialátio. * Exáudi propter eum preces nostras, et da nobis salútem ánimæ, et córporis.
℣. Qui fámulæ tuæ Therésiæ dixísti, te semper in Petri nómine peténtes exauditúrum. * Exáudi propter eum preces nostras, et da nobis salútem ánimæ, et córporis.
Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Exáudi propter eum preces nostras, et da nobis salútem ánimæ, et córporis.
   
RESPÓNSUS
℣. Si quǽris mirácula,
Ignis, glando, glácies,
Nix, procéllæ Spiritus,
Petro parent venti.

℞. Cedit mors, sors ǽmula,
Quǽque morbi spécies, 
Hostis fugit térritus,
Astat dum cadénti.

℣. Celébrant orácula
Invocátus quóties 
Dona, quot hic cœ́litus 
Omni dat peténti.

℞. Cedit mors, sors ǽmula,
Quǽque morbi spécies, 
Hostis fugit térritus,
Astat dum cadénti.
   
℣. Glória Patri, et Fílio,
Et Spirítui Sancto. 

℞. Cedit mors, sors ǽmula,
Quǽque morbi spécies, 
Hostis fugit térritus,
Astat dum cadénti.
   
℣. Méritis, et précibus Beáti Petri de Alcantára.
℞. Concéde nobis, Dómine, salútem animæ, et córporis.

Orémus.

ORATIO
Omnípotens sempitérne Deus, qui per Sanctos tuos mirabília semper operári dignáris, te humíliter exorámus, ut sicut per Beátum Petrum de Alcántara peténtium preces, ad votum misericórditer exaudíre promisísti: sic nostras nunc, per ejúsdem mérita, supplicatiónes exáudias, et salutárem super nos rorem tuæ benedictiónis infúndas, ut ab ómnibus malis liberáti, ad tuam misericórdiam felíciter perveníre mereámur. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.

ORATIO SANCTI PETRI DE ALCANTARA, DICENDA SUPER INFIRMOS
Jesus ✠, María ✠, Sanctus Petrus ✠ de Alcántara, Poténtia Dei ✠ Patris, Sapiéntia Dei ✠ Fílii, Bónitas Spíritus ✠ Sancti, líberet te ab ista infirmitáte, per suam piíssimam misericórdiam, et per Sancti Petri de Alcántara mérita.
   
℣. Ora pro nobis, Sancte Petre de Alcántara.
℞. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

ORATIO
Ánnue, quǽsumus Omnípotens Deus, précibus nostris, et interveniénte Beáto Petro de Alcántara Confessóre tuo, ac ejus præcláris méritis suffragántibus, præsta huic infírmo salútem córporis, ut in Ecclésia tua réferat gratiárum actiónes; et mentis, ut te láudet in ætérnum. Exáudi, quǽsumus, Pater clementíssime, preces servórum tuórum. Ecce enim in te crédimus: te dilígimus: in te sperámus; concéde nobis poténter, quod te súpplices rogámus. Fac ergo, Dómine, quod Vírgini tuæ Therésiæ promisísti, concessúrum, quídquid te in Petri nómine rogáremus. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum, qui tecum vivit, et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, in sǽcula sæculórum. Amen. 

℣. Sancte Petre de Alcántara, exémplar pœniténtiæ. 
℞. Ora pro nobis Jesum summa cleméntiæ. 
℣. O bone Jesu, salus, et vita! 
℞. Exáudi nos clamántes ita.

sábado, 10 de octubre de 2020

NOVENA EN HONOR A SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

Novena dispuesta por un religioso franciscano descalzo de la provincia de San Pablo de Castilla la Vieja, y publicada en León en la oficina de doña Antonia Lumeras en 1834.
  
NOVENA DEL PORTENTO ADMIRABLE DE LA PENITENCIA SAN PEDRO DE ALCÁNTARA
   
     
Puesto de rodillas delante de alguna Imagen de San Pedro de Alcántara, o de otra cualquiera de Jesucristo Nuestro Redentor, se comenzará así:
  
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, mi Redentor, mi amantísimo Padre, mi Maestro, mi divino Pastor, por ser Vos quien sois, tan Santo, tan Justo, tan Bueno, tan Omnipotente, tan infinito en atributos y Divinas Perfecciones, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa, Dios mío, me pesa, Señor, de haberos ofendido, solo por ser Vos quien sois. Una y mil veces me pesa; quisiera haber perdido mil veces la vida, antes que ofenderos. Señor, Misericordia, Omnipotente Dios. Propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos. Propongo el confesar enteramente mis culpas y pecados con verdadero arrepentimiento y dolor de todos ellos; para que perseverando por vuestra infinita piedad en la divina gracia, os vea y goce en la eterna Gloria. Amén.
  
DÍA PRIMERO – 10 DE OCTUBRE
FE DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Omnipotente Señor y Dios eterno, que por tu Bondad infinita adornaste al glorioso San Pedro de Alcántara con la excelentísima virtud de una viva Fe, deseando el que las más bárbaras naciones os creyesen y adorasen; suplicóte, Amantísimo Dueño de las almas, comuniques a todos los idólatras e Infieles las luces de vuestra 
santa Fe Católica, para que todos os tributen cultos y soberanos Sacrificios, únicamente debidos a Vuestra Deidad suprema, infundid efl mi alma una Fe tan viva y verdadera, que nunca la llegue a amortiguar la tibieza de mi corazón y las malas operaciones de mi vóluntad, confesando los santos Sacramentos y Misterios, que cree y confiesa nuestra Santa Madre Iglesia. Y así mismo te ruego, que por los méritos de San Pedro de Alcántara me concedas lo que te pido en esta Novena, como sea para mayor honra y gloria vuestra, y bien de mi alma. Amén.
   
Acabada esta Oración, se rezan tres Padre nuestros y tres Ave Marías, con tres Glorias.
   
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
Oh Glorioso San Pedro de Alcántara, portento admirable de la Penitencia, Sol clarísimo y resplandeciente en el Cielo sagrado da la santa Iglesia, Incienso abrasado en Oración y contemplación altísima, divino Fuego de la más encendida caridad y amor, Columna y Basa firme de la santa Fe Católica, Rosa de inmortal fragancia, que con tus aromas vivificas a tus devotos, Arco pacífico del Cielo, que pides constantemente a la Majestad de Dios su divina misericordia y gracia para los pecadores, Refugio universal de los necesitados en todas sus aflicciones; Vaso de oro purísimo y esmaltado de lo más precioso de la santidad. Suplícote humildemente, amado Protector y Abogado mío, intercedas con el Altísimo y Soberano Dios me conceda lo que pido en esta Novena, como sea para mayor gloria y honra de su Majestad, mayor culto vuestro, y bien espiritual de mi alma: alcanzadme, oh glorioso Santo mío, si conviene, esta mi petición; asistid también con vuestro soberano patrocinio al Vicario de Jesucristo y Cabeza suprema de la santa Iglesia, y a todos sus Prelados, Doctores y Predicadores, para que con su santísima dirección, vida y ejemplos, encaminen a las almas al Puerto seguro de la eterna Bienaventuranza. Pedid a nuestro Dios y Señor por la exaltación de la santa Fe Católica Romana, por la conversión de los Infieles: por la paz y concordia entre los Príncipes Cristianos, y victoria de todos sus enemigos. Y finalmente os ruego, y es mi principal deprecación el que me alcancéis en la presencia de Dios el perdón de mis culpas, y pecados, la perseverancia en su divina gracia, para gozarle y poseerle por eternidades de Gloria. Amén.
   
GOZOS DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA
  
Puesta en Dios nuestra esperanza,
Y en Vos toda intercesión,
La gracia y la salvación,
San Pedro, tú nos alcanzas.
    
Alcántara fue tu Oriente
Divino Sol, y tu luz
El camino de la Cruz
A todos hace patente.
Con segura confianza
Clama a ti la devoción.
La gracia y la salvación, 
San Pedro, tú nos alcanzas.
    
En llamas de amor divino
Tu corazón abrasado
Andaba siempre elevado,
Y en la tierra peregrino;
Y si en Dios tanta privanza
Tienes con tu intercesión: 
La gracia y la salvación, 
San Pedro, tú nos alcanzas.
    
Si te vieron sumergir
En los estanques helados,
Tus ardores congregados
Los hacían luego hervir.
Y si en vos la confianza
Arde con la devoción: 
La gracia y la salvación, 
San Pedro, tú nos alcanzas.
    
Te atormentas con horror
Con ásperas disciplinas,
Tan raras y peregrinas,
Que a todos ponen pavor,
Desde la tierna crianza
Fuiste al mundo admiración: 
La gracia y la salvación, 
San Pedro, tú nos alcanzas.
    
Tus cilicios tan crueles
Demuestran la carne herida,
Siendo de gusanos vida,
Como testigos muy fieles.
Y sin temer su asechanza
Cruel, la hiciste oposición.
La gracia y la salvación, 
San Pedro, tú nos alcanzas.
    
Es tu oración tan del Cielo,
Y contemplación tan alta,
Qye ya tu fruto le exalta 
A los astros desde el suelo
Y si al Cielo con bonanza
Asciende tu oración:
La gracia y la salvación, 
San Pedro, tú nos alcanzas.
    
Mandabas los elementos
Con imperio soberano,
Estando como en tu mano
Sus actos y movimientos.
Las criaturas sin tardanza,
Si te rinden sujeción:
La gracia y la salvación, 
San Pedro, tú nos alcanzas.
    
La divina Providencia 
De nieve os hizo Capilla,
Admirable maravilla
Que os libra de su inclemencia. 
Y si el rigor es templanza
Con suprema admiración:
La gracia y la salvación, 
San Pedro, tú nos alcanzas.
    
Tu Báculo trasplantado
De tus manos a la tierra
En sus frutos ya se encierra
Un milagro continuado.
Y si por nuestra esperanza
Florece tu devoción:
La gracia y la salvación, 
San Pedro, tú nos alcanzas.
    
A los muertos dabas vida
Con tu virtud milagrosa,
Y a todos salud dichosa,
Cuando la tienen perdida. 
Si hace segura alianza
Ya con Dios tu intercesión.
La gracia y la salvación, 
San Pedro, tú nos alcanzas.
    
La Trinidad te convida
En la hora de la muerte,
A la más dichosa suerte,
Que es la Gloria eterna vida. 
Puesta en Dios nuestra esperanza,
Y en Vos toda intercesión,
La gracia y la salvación,
San Pedro, tú nos alcanzas.
    
℣. Ruega por nosotros, San Pedro de Alcántara.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que os dignasteis hacer ilustre al bienaventurado San Pedro, vuestro confesor, mediante los dones de una admirable penitencia y sublime contemplación, conceded a nuestros ruegos que, mortificando nuestra carne siguiendo su ejemplo y ayudados por sus méritos, comprendamos más fácilmente las cosas celestiales. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO – 11 DE OCTUBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.
   
AMOR DE DIOS DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA.
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Dios y Señor mío! Que siendo por esencia Divino fuego de caridad y amor participaste al glorioso San Pedro de Alcántara ésta excelentísima virtud, ardiendo en su corazón la llama y fuego del Espíritu Santo: suplícote, Soberano Señor, que por sus merecimientos inflames mi voluntad en la llama de vuestro divino Amor, de tal suerte que todas mis obras, palabras y pensamientos sean ilustrados con esta divina Luz, pues venisteis al mundo a encender este divino fuego, y es vuestra santísima voluntad que arda, enciéndase, Señor, en mi corazón y alma; y haced que me emplee en obras de virtud, para que así sea más verdadero el amor, amándoos en esta vida perfectamente, para que llegue a unirse y estrecharse con Vos mi alma en la eterna Gloria. Amén.
   
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA TERCERO – 12 DE OCTUBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.
   
HUMILDAD DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA.
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh buen Jesús! Dueño amantísimo de las almas, que por enseñar a los hombres la virtud heroica de la humildad, descendisteis del seno de vuestro Eterno Padre, y tomando forma de siervo, os humillasteis hasta morir en !a Cruz.. Bendito seáis, Señor, porque con tanto afecto comunicasteis al Seráfico San Pedro de Alcántara tan profundísima humildad, que viviendo siempre en el conocimiento propio y aniquilación de si mísmo, se tenía por el más abominable pecador. Suplícote, que por tu dignación soberana, y por sus merecimientos comuniques a mi alma un rayo de tu divina luz, para que conociendo mis innúmeras culpas, me abata y aniquile hasta lo profundo del abismo, considerando que este inútil polvo y ceniza, y este vil gusano de la tierra tantas veces se ha levantado sobre sí mismo, para ofender a vuestra Majestad suprema: no más culpas, Dios mío, y amante fino de las almas. Dadme, Señor, por los méritos de éste Santo, una verdadera y profunda humildad, para que sea agradable a vuestros santísimos ojos, y merezca por ella el premioque tenéis preparado para los humildes de corazón en vuestra eterna Gloria. Amén.
   
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA CUARTO – 13 DE OCTUBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.
   
PENITENCIA DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA.
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Altísimo Dios eterno, principio y origen de todo bien, que por tu piedad y misericordoa te has dignado de ilustrar a tu santa Iglesia con la Penitencia portentosa y admirable del glorioso San Pedro de Alcántara, renovando en él aquellos esfuerzos de la divina Gracia, que resplandecieron en los Monjes Anacoretas y Ermitaños del Egipto; suplícote, Señor, que por los méritos de este sagrado Prodigio, infundas en nuestros flacos ánimos tu divina gracia y espíritu, para aborrecer las delicias de la tierra, y abrazar con ánimo varonil las amarguras de la Cruz y rigores de la Penitencia, para quee anegadas nuestras pasiones en este sagrado Mar de mortificaciones y amarguras, lleguemos con seguridad al Puerto dichoso y feliz Tierra de Promisión cantando después de los lamentos de la penitencia, loores y cánticos de alabanza a vuestra Majestad Suprema en la eterna Gloria. Amén.
   
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA QUINTO – 14 DE OCTUBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.
   
ORACIÓN Y CONTEMPLACIÓN DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA.
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh  Soberano Dios y Señor omnipotente!, que por tu inmensa caridad decoraste al glorioso San Pedro de Alcántara con el Don de la santa Oración y Contemplación altísima, sin apartarse ni un instante de su vida de vuestra divina presencia, enajenado en el océano insondable de tus infinitas perfecciones: suplícote, Señor, que por los méritos de este glorioso Santo, comuniques a mi alma el Don de la santa oración, para que meditando en las miserias de la vida humana, en la eternidad de la Gloria y pena, en la vida, Pasión y Muerte de nuestro Redentor Jesús, en el abismo de tus infinitas perfecciones, coja el fruto saludable de la oración en obras de virtud para evitar las culpas, y con ella os vea y goce eternamente en la Gloria. Amén.
   
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA SEXTO – 15 DE OCTUBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.
   
POBREZA DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA.
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Soberano Jesús!, que siendo Emperador supremo de la Gloria y Cielos, quisiste vivir en la tierra tan desasido, para enseñar a tus verdaderos discípulos la gran Señora entre las virtudes, la altísima Pobreza, la que con tanto afecto y excelencia comunicaste al Glorioso San Pedro de Alcántara; ruégote, Señor amantísimo, que por los méritos de este prodigioso Santo, sea participante de esta tan admirable virtud, para que desnudo de todo lo terreno, sea cierta la victoria de mis enemigos, y adornada mi alma con la santa virtud de la Pobreza, y enakenada de todas las cosas del mundo, solo sea su posesión, sus ansias y su desvelo vuestro divino amor; y siendo verdaderamente pobre de espíritu y de bienes temporales, sea rico de los eternos tesoros de vuestra Gloria. Amén.
   
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA SÉPTIMO – 16 DE OCTUBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.
   
CASTIDAD DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA.
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Dulcísimo Jesús!, que teniendo tus regalos con los hijos de los hombres, y apacentándote entre los lirios y azucenas de su castidad y virginal pureza, adornaste al glorioso San Pedro de Alcántara con esta virtud Angélica; siendo en el alma y cuerpo un cristal puro, o un bellísimo espejo de virginal limpieza: suplícote,Señor, que por la pureza de vida de esta santísimo Varón, adornes mi alma con los candores de una pura y limpia Castidad, siendo templo gustoso y agradable a vuestra Majestad suprema, para que limpias mis palabras, puras mis obras, y castos mis pensamientos, resplandezca en mi alma esta Angélica virtud,y adornada de Pureza y gracia, os goce para siempre en vuestra eterna Gloria. Amén.
   
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA OCTAVO – 17 DE OCTUBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.
   
DEVOCIÓN QUE TUVO A LA PASIÓN DE CRISTO SAN PEDRO DE ALCÁNTARA.
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Dulcísimo Jesús! Monarca supremo del Cielo y tierra, Redentor del mundo, que por el amor que tuviste al hombre padeciste acerbísima Pasión y Muerte afrentosa de Cruz  encendiendo con este afecto, devoción y consideración en el corazón de vuestro Siervo San Pedro de Alcántara; pues parecia con áspera y penitente vida, por imitaros, un Cristo Crucificado, postrado a vuestras sagradas plantas, humildemente os pido, Señor, imprimáis en mi alma y corazón una viva Imagen de vuestra Pasión sangrienta, para que renovado mi espíritu, esforzado a vista de vuestros alientos imite los pasos de tan divino Maestro; no se aparte, Señor, mi memoria de vuestra santísima Cruz, todos mis discursos y consideraciones sean en vuestras penas, y en mi voluntad no haya otros afectos que padecer por Vos; para que empleadas mis potencias, memoria, entendimiento y voluntad en vuestra Cruz y Pasión, llegue a recoger los dulcísimos frutos de ssta divina Palma en la eterna Gloria y Bienaventuranza. Amén.
   
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA NOVENO – 18 DE OCTUBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.
   
CELO DE LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS, Y PREDICACIÓN APOSTÓLICA DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA.
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Soberano Señor y mi Redentor Jesucristo, que por tu inmensa caridad veniste al mundo, buscando a los pecadores para agregarlos.con vuestra divina gracia al rebaño de los Justos, enseñándoles en treinta y tres años con celestial doctrina y ejemplo el camino seguro de la vida eterna. Yo te alabo y te bendigo, Dios mío, porque ilustraste al glorioso San Pedro de Alcántara con aquel ardentísimo celo de la salvación de las almas, dándole ciencia y sabiduría infusa, y penetración soberana de lo más secreto y escondido de los corazones humanos; para que, como columna de vivo fuego de caridad, guiase a las almas a la tierra santa de Promisión de la Gloria. Pídote, Señor, humildemente, por la intercesión de este glorioso Santo, comuniques a mi alma un celo Apostólico, que me abrase y coma el corazón por la salvación de las almas, siendo obra tan divina el cooperar con Vos, para que consigan toda su eterna felicidad, dando por esta tan admirable obra mil vidas que tuviera (si fuere posible), pues Vos la disteis por salvarnos y redimirnos a todos con tan infinito amor. Alábente por él los Serafines, yo os bendigo con ellos por eternidades de Gloria. Amén.
   
Tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

viernes, 19 de octubre de 2018

SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, CONFESOR, PENITENTE, REFORMADOR DE LOS FRANCISCANOS Y APOYO DE SANTA TERESA

«Traemos siempre y por todas partes en nuestro cuerpo la mortificación de Jesucristo, a fin de que la vida de Jesús se manifieste también en nuestro cuerpo». (2 Corintios 4, 10).
  
San Pedro de Alcántara
 
Pedro Garavito nació en el pueblecito de Alcántara, en Extremadura, en 1499. Su padre, que era abogado, ejercía el cargo de gobernador de la localidad, su madre era de muy buena familia y ambos se distinguían por su piedad y cualidades personales. Pedro empezó los estudios en la escuela del lugar, pero su padre murió antes de que hubiese terminado la filosofía. Su padrastro le envió más tarde a la Universidad de Salamanca, donde Pedro determinó hacerse franciscano y tomó el hábito en el convento de Manjaretes, situado en las montañas que separan a España de Portugal. Escogió precisamente ese convento por su ardiente espíritu de penitencia, ya que en él se hallaban reunidos los observantes que ansiaban una vida más rigurosa. Durante el noviciado, se le confiaron sucesivamente los oficios de sacristán, refitolero y portero, que desempeñó con gran asiduidad, aunque no siempre con eficacia, pues era un tanto distraído. Por ejemplo, su superior tuvo que reprenderle porque, al cabo de seis meses como refitolero, no había servido ni una sola vez fruta a la comunidad. El joven se excusó diciendo que nunca había encontrado fruta, cuando le hubiese bastado levantar los ojos para ver que del techo del refectorio colgaban enormes racimos de fruta. Con el tiempo, la mortificación le hizo perder absolutamente el sentido del gusto; en cierta ocasión, encontró en su plato vinagre salado y lo tomó como si fuese la sopa ordinaria. Su lecho consistía en una piel sobre el suelo; solía emplearlo para arrodillarse a orar una buena parte de la noche y dormía sentado, con la cabeza contra la pared. Sus vigilias constituían el aspecto más notable de sus mortificaciones, de suerte que el pueblo cristiano ha hecho de él el patrono de los guardias y veladores nocturnos. El santo fue reduciendo gradualmente el tiempo de su vigilia para no dañar su salud.
  
Algunos años después de su profesión, se le envió a fundar un pequeño convento en Badajoz, aunque no tenía más que veintidós años y no era aún sacerdote. Ejerció el superiorato durante tres años, al cabo de los cuales fue ordenado sacerdote, en 1524. Sus superiores le dedicaron inmediatamente a la predicación y, más tarde, le nombraron sucesivamente guardián de los convenlos de Robredillo y de Plasencia. San Pedro precedía a sus subditos con el ejemplo, observando a la letra los consejos evangélicos; por ejemplo, sólo tenía un hábito, de suerte que cuando lo daba a lavar o a remendar, se retiraba a esperar, desnudo, en un rincón del huerto. Por aquella época, predicó en toda Extremadura, con gran fruto de las almas. Además de su talento natural y de sus conocimientos, Dios le había favorecido con la ciencia infusa y el sentido de las cosas espirituales; estos últimos son dones sobrenaturales que Dios no suele conceder sino a quienes se han ejercitado largamente en la oración y la práctica de las virtudes. La sola presencia del santo era ya una especie de sermón y se dice que le bastaba con presentarse en un sitio para empezar a convertir a los pecadores. Gustaba particularmente de predicar a los pobres, basándose en los textos de los libros de la sabiduría y de los profetas del Antiguo Testamento. San Pedro se sintió toda su vida atraído por la soledad. Como hubiese rogado a sus superiores que le enviasen a algún monasterio remoto en el que pudiese entregarse a la contemplación, éstos le enviaron al convento de Lapa, que era un sitio muy poco poblado, con el cargo de superior. Ahí compuso San Pedro su libro sobre la oración, tan estimado por Santa Teresa, fray Luis de Granada, San Francisco de Sales y otros. Es una verdadera obra maestra que ha sido traducida a la mayoría de las lenguas occidentales. San Pedro aprovechó para escribirlo su propia experiencia del amor divino, ya que vivía en continua unión con Dios. Con frecuencia, era arrebatado en éxtasis que duraban largo tiempo y estaban acompañados de otros fenómenos extraordinarios. La fama de San Pedro de Alcántara llegó a oídos del rey Juan III de Portugal, quien le llamó a Lisboa y trató en vano de retenerle ahí.
  
En 1538, el santo fue elegido ministro provincial de los frailes de la estricta observancia de la provincia de San Gabriel, en Extremadura. En el ejercicio de su cargo redactó una regla aún más severa que la ya existente y la propuso, en 1540, en el capítulo general de Plasencia. Como la propuesta encontrase una fuerte oposición, el santo renunció a su cargo y fue a reunirse con fray Martín de Santa María. Dicho fraile, interpretando la regla de San Francisco como un llamamiento a la vida eremítica, construía una ermita en una desolada colina, llamada la Arábida, a orillas del Tajo, en la ribera opuesta a la de Lisboa. San Pedro alentó a fray Martín y sus compañeros y le sugirió varias disposiciones que fueron adoptadas. Los ermitaños iban descalzos, dormían en esteras o al ras del suelo, jamás tomaban carne ni vino y no tenían biblioteca. Poco a poco, varios frailes de España y Portugal se adhirieron a la reforma, y los conventos empezaron a multiplicarse. En la ermita de Palhaes se fundó el noviciado, y San Pedro fue nombrado guardián y maestro de novicios.
  
El santo estaba muy angustiado a causa de las pruebas por las que la Iglesia atravesaba entonces. Para oponer el dique de la penitencia a la relajación de las costumbres y a las falsas doctrinas, concibió, en 1554, el proyecto de eslablecer una congregación de frailes de observancia aún más estricta. El provincial de Extremadura no aceptó el proyecto; en cambio, el obispo de Soria acogió la idea con entusiasmo, y San Pedro se retiró con un compañero a dicha diócesis a hacer un ensayo de la nueva vida eremítica. Poco después fue a Roma, viajando descalzo, con el objeto de obtener el apoyo de Julio III. Aunque el ministro general de los observantes veía con malos ojos el proyecto del santo, éste consiguió que el Papa le pusiese bajo la obediencia del ministro general de los conventuales y obtuvo permiso para fundar un convento tal como él lo concebía. A su vuelta a España, un amigo suyo construyó en Pedrosa un convento a su gusto. Tales fueron los comienzos de la rama franciscana conocida con el nombre de la Observancia de San Pedro de Alcántara. Las celdas eran muy pequeñas; la mitad de cada una de ellas estaba ocupada por el lecho, que consistía en tres tablas desnudas. La iglesia hacía juego con el resto. Los frailes no podían olvidar que estaban llamados a hacer penitencia, dado que sus celdas parecían más bien sepulcros que habitaciones. Un amigo de San Pedro, que le había ayudado a llevar a cabo la «reforma», se quejó un día de la malicia del mundo. El santo replicó: «El remedio es muy sencillo. El primer paso sería que vos y yo fuésemos lo que deberíamos ser; entonces estaremos en paz con nosotros mismos. Si todos hicieran eso, el mundo sería perfecto. Lo malo es que pensamos en reformar a otros antes de reformarnos a nosotros».
  
Poco a poco, otros conventos adoptaron la reforma. San Pedro escribió en sus reglas que las celdas no debían tener más de dos metros de largo; que el número de frailes de cada convento no debía pasar de ocho; que los frailes debían andar descalzos, consagrar a la oración mental tres horas diarias y no recibir estipendios por las misas. Igualmente les impuso otras prácticas rigurosas que se acostumbraban en la Arábida.
  
En 1561, la nueva custodia fue elevada a la categoría de provincia con el nombre de San José y el Papa Pío IV la retiró de la jurisdicción de los conventuales y la pasó a la de los observantes. (Los «alcantarinos" dejaron de ser un cuerpo diferente en 1897, cuando León XIII reunió las distintas ramas de los observantes). Como suele acontecer en tales casos, la provincia de San Gabriel, a la que San Pedro había pertenecido, no vio con buenos ojos su empresa, y el santo fue tratado de hipócrita, traidor, turbulento y ambicioso por sus antiguos superiores. A esas acusaciones replicó sencillamente: «Padres míos, os ruego que toméis en cuenta la buena intención que me guía en esta empresa; pero, si estáis plenamente convencidos de que no es para la gloria de Dios, haced cuanto podáis por echarla a pique». Efectivamente, los frailes de San Gabriel hicieron cuanto pudieron por echarla a pique, pero la «reforma» siguió ganando terreno a pesar de todo. En 1560, en el curso de una visita a su provincia, San Pedro de Alcántara pasó por Ávila, movido por una orden recibida del cielo. Por entonces, Santa Teresa se hallaba todavía en el convento de la Encarnación y atravesaba por un período de ansiedad y escrúpulos, pues muchas personas le habían dicho que era víctima de los engaños del demonio. Una amiga de la santa consiguió permiso para que ésta fuese a pasar una semana en su casa, y ahí la visitó San Pedro de Alcántara. Guiado por su propia experiencia en materia de visiones, San Pedro entendió perfectamente el caso de Teresa, disipó sus dudas, le aseguró que sus visiones procedían de Dios y habló en favor de la santa con el confesor de ésta. La autobiografía de Santa Teresa nos proporciona muchos datos sobre la vida y milagros de San Pedro de Alcántara, ya que éste le contó muchos detalles de sus cuarenta y siete años de vida religiosa. Santa Teresa escribió:
«Me dijo, si mal no recuerdo, que en los últimos cuarenta años no había dormido más de una hora y media por día. Al principio, su mayor mortificación consistía en vencer el sueño, por lo cual tenía que estar siempre de rodillas o de pie... En todo ese tiempo, jamás se caló el capuchón, por ardiente que fuese el sol o tupida la lluvia. Siempre iba descalzo y su único vestido era un hábito de tejido muy burdo, tan corto y estrecho como era posible, y un manto de la misma tela; debajo del hábito no llevaba camisa. Me dijo que cuando el frío era muy intenso, acostumbraba quitarse el manto y abrir la puerta y la ventana de su celda para sentir un poco de calor al volverlas a cerrar y al ponerse el manto. Estaba acostumbrado a comer una vez cada tres días y se extrañó de que ello me maravillase, pues decía que era una cuestión de costumbre. Uno de sus compañeros me contó que algunas veces no comía en toda la semana; probablemente eso sucedía cuando estaba en oración, porque solía tener grandes arrebatos y transportes de amor divino, de uno de los cuales yo misma fui testigo. Desde su juventud, había practicado la pobreza con el mismo rigor que la mortificación... Cuando yo le conocí era ya muy viejo y su cuerpo estaba tan débil y vacilante, que parecía más bien hecho de raíces y corteza de árbol que de carne. Era un hombre muy amable, pero sólo hablaba cuando le preguntaban algo; respondía con pocas palabras, pero valía la pena oírlas, pues poseía un juicio excelente».
  
San Pedro de Alcántara confesando a Santa Teresa (José García Hidalgo, Museo del Prado).
 
Cuando Teresa volvió de Toledo a Ávila, en 1562, encontró nuevamente ahí a San Pedro de Alcántara, quien consagró la mejor parte de sus últimos meses de vida y las fuerzas que le quedaban, a ayudar a la santa en la fundación de la primera casa de carmelitas reformadas. El éxito de Teresa se debió, en gran parte, a los consejos y al apoyo de San Pedro, quien empleó toda su influencia con el obispo de Ávila y otros personajes. El santo asistió el 24 de agosto a la primera misa que se celebró en el nuevo convento de San José. En la época turbulenta de las fundaciones, Santa Teresa fue fortalecida y consolada más de una vez por las apariciones de San Pedro de Alcántara, quien ya había muerto para entonces. Según el testimonio de Teresa, citado en el decreto de canonización, San Pedro fue quien más hizo por ayudarla en la empresa de la reforma del Carmelo. La carta que el santo escribió a Teresa acerca de la pobreza absoluta de la nueva fundación, muestra que las dos almas se comprendían perfectamente:
«Confieso que me sorprendo de que hayáis pedido el parecer de los hombres de ciencia para una cuestión en la que carecen de competencia. Los litigios y los casos de conciencia son el campo de los canonistas y teólogos; los problemas de la vida de perfección tienen que resolverlos quienes la practican. Nadie puede hablar de lo que no conoce y no toca a los hombres de ciencia determinar si vos o yo hemos de practicar los consejos evangélicos... Aquél que da el consejo, da también los medios... Los abusos que se observan en los monasterios que no tienen rentas, proceden no de la pobreza, sino de la falta de deseo de pobreza».
  
Dos meses después de la inauguración del convento de San José, San Pedro de Alcántara cayó enfermo y fue trasladado al convento de Arenas para que muriese entre sus hermanos. En sus últimos momentos, repitió las palabras del salmista: «Mi alma se regocija porque me han dicho: Iremos a la casa del Señor». En seguida se arrodilló y murió en esa actitud. Santa Teresa escribió: «Después que murió, el Señor ha tenido a bien que rne aproveche más que cuando vivía, ya que me ha ayudado y aconsejado en muchos asuntos y le he visto frecuentemente en la gloria... Nuestro Señor me dijo una vez que escucharía cuantas peticiones se le hiciesen en honor de San Pedro de Alcántara. Yo le he encomendado que me obtenga muchas cosas de Nuestra Señor y todas mis peticiones han sido oídas». San Pedro de Alcántara fue canonizado en 1660.
 
Si se compara la vida de San Pedro de Alcántara con la de otros místicos, como Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, puede decirse que no ha suscitado ni con mucho el mismo interés. La primera biografía del santo fue impresa en 1615, es decir, cincuenta y tres años después de su muerte. El autor es fray Juan de Santa María. En Acta Sanctorum, oct., vol. VIII, hay una traducción latina, junto con otra biografía más larga publicada en 1669 por fray Lorenzo de San Pablo. En 1667, fray Francisco Marchese publicó en italiano una biografía basada en las deposiciones de los testigos del proceso de canonización; ha sido traducida a muchas lenguas, entre otras al inglés (Oratorian Series, 1856). Véase también Léon de Clary, Aureole Séraphique (trad. ingl.), vol. IV; y Stéphane-Joseph Piat, Profils Franciscains (1942).
Padre Hebert Hurston SJ
  
MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA
I. Este gran santo tenía tanto amor por los sufrimientos que a las austeridades prescritas por la regla de su Orden, añadió también otras más rigurosas. Comienza tú por practicar las mortificaciones que te impone tu estado de vida; haz después algunas penitencias supererogatorias. Es la manera de evitar el pecado. «¡Al que renuncia a las cosas permitidas, qué fácil le resulta evitar las prohibidas!» (Tertuliano).
 
II. Su espíritu siempre estaba ocupado por el pensamiento de Dios. ¿Qué te impide a ti elevar de vez en cuando tu corazón a Dios? Lo puedes hacer en medio de tus más importantes ocupaciones. Ofrece al Señor, en cada hora del día, lo que haces y lo que sufres. Un acto de amor o de contrición se hace muy pronto.
  
III. Este santo tenía tanta caridad para con el prójimo que trabajaba sin descanso en su conversión. Comenzó reformando su Orden en España, después en Portugal, y en seguida mediante sus predicaciones se ocupó de la conversión de los pecadores. Comienza tú, asimismo, trabajando por la conversión de aquellos con quienes vives; para esto, tu buen ejemplo será más poderoso que tus palabras. Es preciso que pueda decirse del cristiano lo que Tertuliano decía del filósofo, que «su exterior es un lenguaje y su conducta una enseñanza».
 
El amor de la cruz. Orad por los Padres Franciscanos.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que os dignasteis hacer ilustre al bienaventurado Pedro, vuestro confesor, mediante los dones de una admirable penitencia y sublime contemplación, conceded a nuestros ruegos que, mortificando nuestra carne siguiendo su ejemplo y ayudados por sus méritos, comprendamos más fácilmente las cosas celestiales. Por J. C. N. S. Amén.