domingo, 17 de marzo de 2013

FRANCISCO I (JORGE MARIO BERGOGLIO): NUEVO PAPA EN LA IGLESIA CONCILIAR

A ojos de muchos, esto no es ya una novedad, y de hecho, LO ES. Pero, la reflexión y el análisis prudente de los hechos es incompatible con la prisa mediáitica o la filosofía de “la chiva periodística” (como se dice en algunos países). Luego de 13 días de Sede vacante (en la secta vaticana, VALE ACLARAR), y cinco votaciones en el cónclave, fue electo el cardenal arentino Jorge Mario Bergoglio, S.I. (arzobispo de Buenos Aires) como Francisco I.

Otra vez, en el Remanente Católico, nos queda el sinsabor de otro cónclave que apuntaló la herejía; pero también nos cimenta la esperanza de que un día, Dios Nuestro Señor se compadecerá de nuestras lágrimas y nos restituirá la Sede Apostólica.

Desde INFOCATÓLICA y TRADICIÓN DIGITAL- Vía TRADICIÓN CATÓLICA y APOSTOLADO EUCARÍSTICO

1º JORGE BERGOGLIO/ FRANCISCO I

Francisco I (Jorge Mario Bergoglio)

El cardenal Jorge Mario Bergoglio, ha sido elegido Sumo Pontífice, 265 sucesor de Pedro, tomando el nombre de Francisco I. Después de aparecer la «fumata» blanca, el cardenal protodiácono, S.E.R Jean-Louis Tauran , ha dado el anuncio a las gentes desde la «loggia» o balcón externo de la Bendición de las benediciones de la basílica vaticana, con estas palabras: «Os anuncio con gran alegría: Tenemos Papa, El eminentísimo y reverendísimo Señor. Señor, Jorge, de la Santa Iglesia Romana, que ha tomado el nombre de Francisco I».
 
Escudo papal de Francisco I (Seamos realistas, NO LO ADOPTARÁ)

(InfoCatólica) El Santo Padre, tras rezar un padrenuestro y un avemaría por su antecesor, el Papa emérito Benedicto XVI, y tras pedir a los fieles que rezaran al Señor para que le bendijera, ha pronunciado su bendición con las siguientes palabras:

(Palabras del Papa)- Latín


–Sancti Apostoli Petrus et Paulus, de quorum potestate et auctoritate confidimus, ipsi intercedant pro nobis ad Dominum.
–Amen.

–Precibus et meritis beatæ Mariæ semper Virginis, beati Michælis Archangeli, beati Ioannis Baptistæ et sanctorum Apostolorum Petri et Pauli et omnium Sanctorum misereatur vestri omnipotens Deus et dimissis omnibus peccatis vestris, perducat vos Jesus Christus ad vitam æternam.
–Amen.

–Indulgentiam, absolutionem et remissionem omnium peccatorum vestrorum, spatium veræ et fructuosæ penitentiæ, cor semper penitens et emendationem vitæ, gratiam et consolationem Sancti Spiritus et finalem perseverantiam in bonis operibus, tribuat vobis omnipotens et misericors Dominus.
–Amen.

–Et benedictio Dei omnipotentis (Patris et Filiis et Spiritus Sancti) descendat super vos et maneat semper.
–Amen.
  Francisco I
Cuota biográfica

Su Santidad Jorge Mario Bergoglio, Francisco I, nació el 17 de diciembre de 1936 en Buenos Aires, Argentina. Realizó los estudios de química y después entró en el Seminario Villa de Voto el 11 de marzo de 1958 e ingresó en el noviciado de la compañía de Jesús. Completó los estudios en humanidades en Chile en 1963. De vuelta a Buenos Aires obtuvo la Licenciatura en el Colegio Mayor San José.

Realizó los estudios de química y después entró en el Seminario Villa de Voto el 11 de marzo de 1958 e ingresó en el noviciado de la compañía de Jesús. Completó los estudios en humanidades en Chile en 1963. De vuelta a Buenos Aires obtuvo la Licenciatura en el Colegio Mayor San José.

Entre 1964 y 1965 fue profesor de literatura y filosofía en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe y en 1966 enseñó las mismas materias en el Colegio del Salvador de Buenos Aires.

De 1967 a 1970 estudió teología en el mismo Colegio Mayor donde también se licenció. El 13 de diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote.

Entre 1970 y 1971 realizó la Tercera Probación en Alcalá de Henares y el 22 de abril de 1973 hizo su profesión perpetua.

Fue maestro de novicios en Villa Barilari, San Miguel, entre 1972 y 1973. También fue profesor en la Facultad de Teología, Consultor de la Provincia y rector del colegio mayor.

El 31 de julio de 1973 fue nombrado Provincial de Argentina, encargo que ejerció durante 6 años.

Entre 1980 y 1986 fue rector del Colegio Máximo y de la Facultad de Filosofía y Teología de la misma Casa de San Miguel, y párroco de la Parroquia del patriarca san José en la diócesis del mismo nombre.

En marzo de 1986 estuvo en Alemania donde concluyó su Tesis Doctoral; entonces sus superiores lo destinaron al Colegio del Salvador, desde donde pasó a la Iglesia de la Compañía en la Ciudad de Córdoba como director espiritual y confesor.

El 20 de mayo de 1992, el beato Juan Pablo II le nombró Obispo Titular de Auca y Auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio del mismo año, recibió en la Catedral de Buenos Aires la ordenación espiscopal. Su lema episcopal es MISERANDO ATQUE ELIGENDO.

El 3 de junio de 1997, fue nombrado Arzobispo coadjutor de Buenos Aires y el 28 de febrero de 1998 Arzobispo titular de la diócesis.

Es autor de varios libros entre ellos Meditaciones para religiosos, 1982, Refflexiones sobre la Vida Apostólica, 1986 y Reflexiones de Esperanza, 1992.

Ha sido el Ordinario para los fieles de rito oriental residentes en Argentina.

Gran Canciller de la Universidad Católica de Argentina.

De noviembre de 2005 a noviembre de 2011 fue Presidente de la Conferencia Episcopal de Argentina.

El beato Juan Pablo II le creó Cardenal en el Consistorio del 21 de febrero de 2001.

2º REACCIONES

Por Christopher Fleming- TRADICIÓN DIGITAL

Hoy salen en los medios de comunicación las reacciones a la elección del Papa Francisco. Como Napoleón, pienso que hay que conocer muy bien al enemigo, por lo que me gusta leer lo que piensan los diversos grupos y asociaciones anticlericales. Como por ejemplo los judíos. En este artículo aplauden hasta con las orejas la elección de Mons. Bergoglio. Ban Ki-Moon, el Secretario General de la ONU, esa organización siniestra, germen del gobierno mundial tiránico, que promueve el ateísmo y la cultura de la muerte por todo el planeta, ha dicho que espera que Francisco continúe promocionando el diálogo interreligioso. El Presidente de EEUU, Barak Obama, le ha llamado “un defensor de los más pobres y vulnerables entre nosotros.”

Usemos la regla de tres, aunque vista la falta absoluta de razonamiento de la inmensa mayoría de católicos, debe ser que desde hace tiempo ya no se enseña en los colegios. Hay dos premisas en mi argumento. 

Primero, un verdadero enemigo de la Iglesia, un hijo de Satanás, nunca puede querer nada bueno para la Iglesia. Segundo, los judíos, los mundialistas de la ONU, y la élite socialista a la que pertenece Obama, son enemigos acérrimos de la Iglesia Católica. La conclusión: si analizamos lo que quieren estos enemigos de la Iglesia, sabremos lo que el Papa NO DEBE HACER. Si analizamos lo que piensan los enemigos de la Iglesia, podemos hacernos una idea de lo que se nos viene encima con el nuevo papado. Y no es nada halagüeño.

Si tu peor enemigo, alguien que te odia con todo su corazón, te aplaude y te anima a seguir por donde vas, si tienes dos dedos de frente, recapacitas. Excepto si eres católico. Si eres católico lo más seguro es que le sonríes (para que nadie diga que los católicos son antipáticos) y sigues por tu camino, encantado de caer tan bien a personas que te odian tanto. Lo que ocurre con la Iglesia Católica supera lo humanamente comprensible; los judíos, que explícitamente rechazan a Cristo, que odian la Cruz, se congratulan por la elección de Mons. Bergoglio. Sin embargo, lejos de alarmarse, los católicos del mundo, con los obispos a la cabeza, se alegran de tener un Papa que gusta tanto a los judíos. ¿Soy el único católico que se preocupa por esto?

Lo que cabe esperar de tus enemigos es que deseen tu ruina. Pero lo que no cabe esperar es los católicos contribuyamos a nuestra propia ruina. La reacción pueril y acrítica de la mayoría de católicos a la elección de Francisco ha sido vergonzosa. Por ejemplo, Mons. Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal Española, ha dicho que Francisco “tiene el perfil de un santo”. Entonces, ¿para qué esperar hasta que se muera? Ahora, como se canoniza a todos los Papas post-conciliares, ¿por qué no hacerle santo ya?

Ha sido espectacular, y no menos divertida, la metedura de pata del conocido bloguero, Francisco de la Cigoña, quien ayer por la tarde, apenas minutos antes de saltar la noticia del Papa Francisco, escribió en su blog que el Cardenal Bergoglio sería un Papa desastroso. Sus palabras literales fueron:
“Y a ese ser de mirada torva, conducta cobarde y propósitos dudosísimos alguno nos lo presenta como el nuevo Papa deseable. ¡Qué Dios salve a su Iglesia! Porque de Bergoglio, y no es ejemplar único, nada se puede esperar.”

Esto le causará problemas importantes al Sr. de la Cigoña, al ser el paradigma del católicismo neo-conservador en España. Hay neo-católicos de diverso pelaje, pero todos se rigen por una norma indiscutida: NUNCA se critica al Papa. En un sentido estricto no se puede acusar al Sr. de la Cigoña de haber infringido esta norma, porque criticó al Cardenal Bergoglio media hora antes de ser proclamado Papa. Pero como la memoria de los neo-católicos alcanza al menos un día entero, se acuerdan de sus comentarios altamente críticos hacía quien es ahora Francisco, y le reprochan de ser lo peor que se puede ser en la mente de un neo-cat; un “filolefebvriano”.

Hoy el Sr. de la Cigoña intenta lavar su imagen frente a sus lectores indignados. Su entrada de hoy reza: “El Cardenal Bergoglio ha muerto, ¡viva nuestro Papa Francisco!” Apuesto una cena con mis lectores que no oiremos más críticas a Bergoglio de este bloguero. La imagen de Francisco de pronto será blanqueada por arte de magia, la misma magia que hace que el mundo neo-cat sea tan bonito y color de rosas. La realidad paralela en que viven los neo-católicos y su negación sistemática de la realidad, están magistralmente ilustradas (sin proponérselo) en uno de los comentarios de su artículo de ayer, escrito por un tal lebaniego. Dice este comentarista respecto a las palabras duras del bloguero hacía Mons. Bergoglio:
Una vez que ya tenemos Papa, entiendo que sus declaraciones sobran, así que a acatar lo que ha inspirado el Espíritu Santo. Estoy seguro de que ha elegido acertadamente. Si nos echamos piedras a nosotros dentro de la Iglesia, ¿qué harán los de fuera? El Sr. de la Cigoña ha opinado antes de haberse sabido quién era el nuevo Papa. Seguro que acatará en obediencia lo que ha inspirado el Espíritu Santo. ¡Bienvenido, Santo Padre! Oremos como nos ha pedido en vez de criticar y destruir a la Iglesia.

¡Es el colmo de la papolatría! Esta adulación rastrera hacía el Cardenal Bergoglio, convertido en semi-dios por el hecho de haber sido elegido Sumo Pontífice, es todo menos católica. ¿Quiere decir el comentarista que ahora todo lo que ha escrito de la Cigoña sobre la actuación de Mons. Bergoglio como Arzobispo de Buenos Aires es falso? A este paso llegaremos a lo que describió George Orwell en su novel “1984”, en que el Ministerio de la Verdad se dedicaba a falsear todos los documentos del pasado que podían comprometer la versión oficial de la realidad. A no ser que me equivoque (Dios lo quiera), los enemigos de la Iglesia tienen otra vez un Papa a su gusto, que seguirá llevando la Iglesia Católica por el camino del ecumenismo y el diálogo con el mundo; es decir, hacía el abismo. Y lo peor de todo es que la gran masa de católicos son cómplices de la destrucción de la Iglesia; bien por su inacción y su silencio interesados; bien por sus aplausos serviles a cada paso que da el Santo Padre.

Dicen que es una señal clara de locura repetir siempre lo mismo, y esperar resultados diferentes. Pues ahora la receta de muchísimos católicos es la “modernización” de la Iglesia, algo por lo que los medios seculares llevan bramando desde la abdicación de Benedicto XVI. Llevamos 50 años de “modernización”, y mira como está el patio: una Iglesia en pleno declive, tras una deserción en masa de dos generaciones enteras de fieles; varios países al borde del cisma; herejías campando por sus anchas; todas las instituciones religiosas llenas de “porquería” (Benedicto XVI dixit); y una autoridad cada vez más irrelevante en el panorama mundial. Estos son los frutos de la cacareada modernización de la Iglesia. ¿Por aquí queremos seguir?

Sigamos rezando, porque yo no veo otra solución.

(Desde TRADICIÓN CATÓLICA): REFLEXIÓN: Pedro, Vicario de Cristo


Juan 1,42
Le condujo a Jesús, que, fijando en él la vista, dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú serás llamado Cefas, que quiere decir Pedro».

Mat 16,18-19
Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Juan 21,15-17
Cuando hubieron comido, dijo Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? El le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Díjole: Apacienta mis corderos.
Por segunda vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejuelas.
Por tercera vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntase: ¿Me amas? Y le dijo: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. Díjole Jesús: Apacienta mis ovejuelas.

lunes, 11 de marzo de 2013

EL DEBER CRISTIANO DE REPARAR LA INGRATITUD QUE MUCHAS ALMAS TIENEN CONTRA DIOS NUESTRO SEÑOR

No es el título original, pero hemos intitulado así esta exhortación que San Pedro Julián Eymard nos hace en nombre de Jesús Sacramentado recordándonos el deber de reparar por los pecados y la ingratitud con que ofendemos a la Divina majestad. (Fragmento tomado de “Directorio práctico para la Adoración”, en las OBRAS EUCARÍSTICAS DE SAN PEDRO JULIÁN EYMARD)

“LA PROPICIACIÓN” 

 “Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. TE PIDO PERDÓN POR AQUELLOS QUE NO CREEN, NO ADORAN, NO ESPERAN Y NO TE AMAN.” (Oración de reparación dictada a Francisco, Jacinta y Lucía -los Videntes de Fátima-)

Pase vuestro corazón de la alegría a la tristeza, a los gemidos, a las lágrimas y al más profundo dolor, al considerar la ingratitud, la indiferencia e impiedad de la mayor parte de los hombres para con nuestro Salvador sacramentado. ¡Cuántos hombres, en efecto, aún después de haberle amado y adorado, vuelven a olvidarlo! Pero ¿es que Él ha dejado de ser amable o ha cesado un instante de amarlos? ¡Qué ingratitud! Precisamente por ser Él demasiado amante no quieren amarle ya; por ser demasiado amante no le quieren recibir; por haberse hecho excesivamente pequeño, excesivamente humilde y casi nada, por los hombres, no quieren verle; y huyen de Él, esquivan su presencia y desechan su recuerdo que les importuna y apremia
 
Además, no faltan quienes, para vengarse del excesivo amor de Jesús, le insultan, le blasfeman, y no pudiendo ignorarle reniegan de un padre tan bondadoso, de este Señor tan amable. Cierran los ojos para no ver este sol de amor, y, ¡oh dolor!, entre estos ingratos hay sacerdotes indignos, vírgenes sacrílegas, corazones apóstatas, serafines y querubines caídos...

Llorar a los pies de Jesús, menospreciado de los suyos, crucificado en tantos corazones, abandonado en tantos lugares..., esto es vuestra herencia, adoradores del santísimo Sacramento. Habéis de hacer lo posible por consolar el corazón de este padre tan tierno, pues el demonio, su enemigo, le ha arrebatado sus hijos y Él, prisionero eucarístico, no puede ya correr tras sus ovejas descarriadas y expuestas a la voracidad de los lobos. Vuestra misión es implorar gracia para los culpables, pagar por su rescate lo que la divina misericordia requiera de vuestros corazones suplicantes; constituiros víctimas propiciatorias con Jesús, quien, no pudiendo sufrir en su estado glorioso, quiere padecer en vosotros y por vosotros.

sábado, 9 de marzo de 2013

PERSPECTIVA CATÓLICA SOBRE LA CREMACIÓN, POR EL PADRE BENEDICT HUGHES, CMRI

Actualmente presenciamos que muchas personas escogen (por ignorancia o con alevosía) que sus cadáveres sean cremados, y que la iglesia conciliar (la del Vaticano II) tolera (y hasta apoya) esta práctica. Pero, históricamente, muchos pueblos, culturas y religiones ven la cremación como una profanación. Y la Iglesia Católica, por su parte, ve la cremación como un rechazo tajante a la Fe (señal de Apostasía), negándole al que lo solicita los auxilios mortuorios.

Con todo, este tema despierta muchas preguntas, y por ello hemos publicado este artículo, para mostrar la historia de las prácticas fúnebres, y las razones de por qué los católicos NO ACEPTAMOS la cremación. (Artículo proveniente del web-site de la CONGREGACIÓN MARÍA REINA INMACULADA- Vía TRADICIÓN CATÓLICA).

PERSPECTIVA CATÓLICA SOBRE LA CREMACIÓN, POR EL PADRE BENEDICT HUGHES, CMRI

La historia del entierro frente a la cremación
Aunque los dos métodos de eliminación de los muertos se encontraban entre los pueblos primitivos, el entierro prevaleció en la mayoría de las culturas antiguas. Al menos en práctica, la cremación era desconocida para los egipcios, fenicios, cartagineses, persas, chinos, los habitantes del Asia Menor y hasta a los primeros griegos y romanos. Los Babilonios — según Heródoto — embalsamaban a sus muertos, y los persas castigaban con la muerte tales cosas como el intento de cremación, siguiéndose reglamentos especiales en la purificación del fuego profanado (Devlin, p. 481).

En la antigua Persia (y actualmente, en la religión mazdeísta), el fuego es considerado símbolo la presencia de Dios (por lo que para ellos, la cremación de cadáveres representa un sacrilegio).

La práctica del entierro en el Pueblo Escogido. En particular, los judíos utilizaban exclusivamente la inhumación, tolerándose algunas excepciones durante tiempos de pestilencia o guerra (cf. I Reyes, 31:12). Los incidentes de entierro y de respeto por los restos mortales son frecuentes por todo el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el libro del Génesis menciona los sepelios de Sara, Abrahán y Raquel; sin embargo, es de particular interés la historia de los últimos días de Jacob. Consciente de su final próximo, llamó Jacob a José su hijo para que estuviera a su lado; le manifestó su deseo de ser enterrado con sus antepasados, en la cueva que Abrahán había comprado, y le pidió que le jurara cumplir su deseo. Después de su muerte, José mandó embalsamar a su padre, y luego buscó el permiso del Faraón para llevar el cuerpo a la tierra de Canaán y enterrarlo. Una gran caravana compuesta de familiares, viajando en cuádrigas, escoltaron el cuerpo al lugar de entierro (cf. Génesis, 47-50).

En la Biblia, se destaca la historia de los últimos días de Jacob como ejemplo del respeto que se debe tener ante los restos mortales de una persona (Cuadro “Jacob bendiciendo a los hijos de José”, por Juan Victors)

La muerte de José es aún más interesante, ya que poco antes de morir hizo que los jefes de las tribus le juraran que transportarían sus huesos de regreso a la tierra prometida cuando fuesen liberados de Egipto: promesa que sus descendientes cumplieron varios siglos después.

El entierro del profeta Eliseo, quien, según el Cuarto Libro de Reyes, obró numerosos milagros, es aún más sorprendente. Un año después de morir, el cuerpo de un hombre que había muerto fue enterrado en el sepulcro de Eliseo, “y al punto que tocó los huesos de Eliseo, el muerto resucitó y se puso en pie” (4 Reyes, 13:21).

El acto de sepultar a los muertos denota la esperanza de la resurrección. (Cuadro “El milagro en la tumba de Eliseo”, por Juan Nagel)

La historia de Tobías. También hay una historia en el Antiguo Testamento que me gustaría narrar brevemente. Es la historia de un hombre santo llamado Tobías, relatada en el libro bíblico que lleva su nombre. Durante el Cautiverio Asirio, Tobías sepultaba secretamente los cadáveres de sus compatriotas, algo que sus captores paganos habían prohibido so pena de muerte. Y aunque Dios probó la fidelidad de Tobías (perdiendo éste la vista), como lo había hecho con Job, al final fue recompensado de manera extraordinaria por su caridad: el Arcángel Rafael se le apareció bajo la guisa de hombre a fin de guiarlo en un largo viaje, protegerlo de toda desgracia, encontrarle una esposa y librarla a ésta del demonio, recuperarle una deuda y, por último, regresarlo sano y salvo a su padre, quien a su vez le restauró la vista. Asombrados por su fortuna, Tobías y su padre le ofrecieron a su bienhechor la mitad de sus riquezas, no sabiendo aún que era ángel. San Rafael se reveló a sí mismo, diciendo:Cuando tú orabas con lágrimas, y enterrabas a los muertos, y te levantabas de la mesa a medio comer, y escondías de día los cadáveres en tu casa, y los enterrabas de noche, yo presentaba al Señor tus oraciones (Tobías, 12:12). Esta obra corporal de misericordia —de proveer entierros convenientes a costa de la vida— es lo que le trajo a Tobías y a su familia tales favores.

La caridad de Tobías al enterrar a los muertos, le alcanzó justificación y gracia ante Dios

La práctica de los romanos. Desde la fundación de su ciudad hasta alrededor del año 100 a.C, los romanos practicaron exclusivamente la inhumación. Luego comenzaron a utilizar la cremación, especialmente para prevenir que sus enemigos exhumaran a los soldados muertos y profanaran sus cuerpos. La cremación, sin embargo, estaba reservada para los romanos más ricos; el pueblo pobre continuó con el sepelio, ya que no podían adquirir las piras funerarias. Después del año 63 a.C., se fundaron colonias judías en Roma, y a estos judíos se les permitió tener sus propios cementerios. Eventualmente llegaron también allí los cristianos, y, después que Nerón comenzó a perseguirlos en el 64 d.C., empezaron a excavar fascinantes laberintos subterráneos conocidos como catacumbas. Existen 60 catacumbas en las proximidades de Roma y muchas de ellas tienen hasta tres o cuatro niveles de profundidad. (Aunque las catacumbas romanas son las más conocidas, también hay en Nápoles y Milán, y en partes de Francia, Grecia, Iliria, África y Asia Menor). Si se conectaran una con otra, las asombrosas catacumbas romanas se extenderían por cientos de kilómetros, una hazaña de una magnitud increíble, especialmente dados los tiempos de persecución. Aun cuando las catacumbas sirvieron como lugares de escondite y para el culto cristiano, su principal uso era como cementerio para salvaguardar las tumbas cristianas contra la profanación, especialmente desde que los cadáveres de cristianos fueran algunas veces quemados en burla de su creencia en la vida futura.

Los primeros cristianos usaban las Catacumbas principalmente para darle sepultura a los mártires, y salvarlos de la profanación de los paganos

Con la conversión de Constantino en el siglo cuarto, cesaron las persecuciones. Gradualmente, conforme el cristianismo se expandía por el imperio, se descontinuaron las prácticas paganas de la cremación, y cesó totalmente hacia el siglo quinto de ser una forma aceptable para la eliminación de los cadáveres. Desde entonces la cremación no existió en occidente hasta el siglo XIX, cuando los librepensadores revivieron la práctica para atacar al cristianismo.

La oposición cristiana a la cremación
La oposición de los cristianos primitivos a la cremación fue inspirada por motivos religiosos, ya que la destrucción del cuerpo con fuego simbolizaba la aniquilación y la concepción materialista de que la muerte es el fin absoluto de la vida humana. En verdad, sus perseguidores paganos quemaban frecuentemente los cadáveres de mártires cristianos para burlarse de su creencia en la resurrección del cuerpo.

El cuerpo es templo del Espíritu Santo. Además, los cristianos primitivos comprendían la dignidad del cuerpo humano, y su destrucción por medio del fuego les parecía una seria falta de reverencia a lo que había sido templo del Espíritu Santo. Ungido en el Bautismo, la Confirmación y la Extremaunción, y alimentado con el alimento divino de la Sagrada Eucaristía, nuestro cuerpo queda santificado. San Pablo declara: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros…? Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo…” (I Co. 6:19-20).

A través de los Sacramentos, los cristianos obtenemos la gracia santificante, haciéndonos Morada del Espíritu Santo

Huelga decir que la destrucción por fuego no impide que Dios, en el día de la resurrección, reúna los elementos que hayan constituído un particular cuerpo humano. Sin embargo, este hecho no excusa una falta de respeto hacia los cuerpos de los difuntos. San Pablo compara el entierro del cristiano con la siembra: “Lo que se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción; lo que se siembra en deshonra, resucitará en gloria; lo que se siembra en debilidad, resucitará en poder; lo que se siembra en cuerpo animal, resucitará en cuerpo espiritual” (I Co. 15:42-44). Cristo resucitó, ciertamente, de entre los muertos después de su entierro, “y ha venido a ser como las primicias de los que durmieron” (I Co. 15:20).

San Pablo, al hablar de la resurrección de los muertos, lo hace considerando que el entierro cristiano es como la siembra de una semilla corrupta que dará un cuerpo incorruptible

La palabra cementerio. La misma palabra “cementerio” (en latín cœmentérium) es de origen cristiano, tomada del griego κοιμητήριον (koimeterion), que significa dormitorio. Nuestro uso de esta palabra, entonces, indica la fe que tenemos en la resurrección del cuerpo, el cual duerme en el cementerio hasta aquel triunfo final. Los fieles de varios países tienen otros términos para cementerio; por ejemplo, en Inglaterra, en tiempos de catolicismo, se llamaba “el acre de Dios” [N. del T. Acre: medida inglesa de superficie.]; mientras que en Italia al cementerio se le llama “campo santo”. Estos términos expresan esa verdad de nuestra fe tan bien parafraseada por San Agustín: “La muerte no es muerte para nosotros, sino sólo un sueño; a los que llamamos muertos, guardan vigilia hasta su resurrección”.

En palabras del “Doctor de la Gracia” San Agustín, la muerte es sólo un sueño del cual despertaremos en el día de la resurrección

La tradición católica
En los escritos de los Padres de la Iglesia, encontramos referencias de los entierros como expresión de nuestra fe. Hasta Juliano el Apóstata: “…observando cómo consideraban los cristianos el entierro de los muertos una obra corporal de misericordia, …identificó el cuidado religioso de sus muertos como uno de los medios por los cuales obtenían tantos conversos; y, por tanto, como una de las primeras cosas a suprimirse si se iba a erradicar el cristianismo (Rumble, p. 7).

¿No alabó Nuestro Señor la buena obra de María, quien ungió su cabeza y pies, al decir “esto lo ha hecho para mi entierro”? Además, como dice San Agustín en La Ciudad de Dios, el evangelio ha coronado con eterna alabanza a los que bajaron el cuerpo de Jesús de la Cruz y diéronle honroso entierro. ¿Y qué de las bendiciones otorgadas a las mujeres santas que fueron temprano el día primero de la semana para ungir el cuerpo de Nuestro Señor?

A aquellos que descendieron de la Cruz el cuerpo de Jesús y le dispusieron un lugar digno para su sepulcro, se les concedió ser los primeros en contemplar la gloria de su Resurrección

Suelo consagrado. La reverencia debida al cuerpo de los difuntos también se evidencía en el ritual de la Iglesia para la dedicación de un cementerio, ceremonia llevada a cabo por el Obispo o su delegado. La elaborada ceremonia consiste de oraciones y cantos, durante la cual se rocía el suelo con agua bendita, santificándolo como digno lugar de descanso para los cuerpos de los fieles. El suelo consagrado se localiza normalmente cerca de la iglesia, indicando el respeto que se le merece. Además, la ley eclesiástica ordena que se coloque una barda o barrera alrededor del cemeterio, segregándolo del suelo no consagrado y para mantener a los animales fuera, no sea que se profane la santidad del cemeterio.

Los fieles siempre han deseado ser enterrados en suelo bendecido por un sacerdote católico. El serle negado un entierro católico o ser enterrado en suelo no consagrado es considerado una de las mayores desgracias que le puede acaecer a uno. Es por eso que el sacerdote, cuando lleva a cabo un entierro en un cementerio no católico, siempre bendice la tumba individual como parte de la ceremonia.

Resurgimiento del paganismo
Como ya se dijo, la práctica de la cremación no fue revivida sino hasta el siglo XIX. Veamos cuáles fueron las fuerzas que ocasionaron este cambio:

La edad de la razón. Los filósofos librepensadores del siglo XVII inauguraron un movimiento que llegó a conocerse como la “Edad de la Razón”, pero que de hecho no fue sino el renacimiento del paganismo. El camino fue allanado por los filósofos ingleses como Hobbes (fallecido en 1679) y Locke (m. 1704) y por la inauguración de la Francmasonería en Londres en 1717. Voltaire, filósofo francés, viajó a Londres para iniciarse como francmasón en 1726 y, junto con Rousseau y Diderot, promovió la causa del liberalismo secular en Francia, atacando violentamente a la Iglesia y sus costumbres. Ésto dio fruto en la Declaración de los Derechos del Hombre, promulgada durante la Revolución francesa. Como resultado, se confiscaron y profanaron iglesias, se suprimieron órdenes religiosas, y el sacrificio de la Misa fue sustituída por el culto de la “razón”.

Durante la Revolución francesa (inspirada y dirigida por la francmasonería), se atacó inmisericordemente las costumbres cristianas (entre ellas la inhumación de los cadáveres), tratando de remplazarlas con la filosofía paganizante de la Ilustración

De este movimiento surgió el Gobierno Republicano ateo de Francia, que, en 1797, propuso el renacimiento de la cremación como substituto del sepelio cristiano. Y aunque hubo incidentes aislados de su uso, sin embargo, el movimiento no sería popular por más de 75 años. Las costumbres no cambian fácilmente, pero ya había nacido un movimiento. Se formaron sociedades para fomentar la cremación de tal manera que se impresionara a la gente con la idea de que todo se acaba con la muerte. La cremación se consideraba un símbolo apto para el concepto naturalista de la aniquilación.

El movimiento crematorio. Para justificar el movimiento crematorio, fueron utilizados varios subterfugios: a la gente se le dijo que sería más sanitario, y que el entierro podía causar contaminación de suelo, aire y agua, afirmaciones que han sido probadas equivocadas. El verdadero motivo detrás del movimiento, sin embargo, puede verse en una cita tomada de una publicación masónica:
“Los hermanos de las logias deberán emplear todos los medios posibles para esparcir la práctica de la cremación. La Iglesia, al prohibir la incineración de los cuerpos está… meramente buscando preservar entre la gente las antiguas creencias de la inmortalidad del alma y de una vida futura: creencias hoy derribadas por la luz de la ciencia (citado por M.A. Faucieux en Revue des Sciences Ecclesiastiques, 1886).

La cremación lleva implícita la filosofía hedonista py paganizante del “Comamos y bebamos, que mañana moriremos”.

El primer crematorio de tiempos modernos se construyó en Milán (Italia) en 1874. Al lector puede que le sorprenda el hecho de que un país católico fuera el primero en tener un crematorio. No obstante, un conocimiento de la historia moderna de Italia nos provee fácilmente de la respuesta. En 1870 Mazzini y Garibaldi, ambos masones del Gran Oriente, tuvieron éxito en la captura de Roma y redujeron al papa Pío IX a prisionero en el Vaticano.

No es de extrañarse que José Mazzini (sentado) y José Garibaldi (ambos masones del grado 33º, R.E.A.A.) apresaran al Papa y establecieran una monarquía anticatólica en Italia (y en consecuencia, que se impusiera la cremación).
  
Con ello se estableció un gobierno profundamente anticatólico en Italia. Después de la construcción del primer crematorio, se establecieron otros por toda Europa y América.

Las leyes de la Iglesia
La autoridad de la Santa Madre Iglesia no tardó en responder al movimiento crematorio. El 19 de mayo de 1886, la Santa Sede expidió una fuerte condenación a todo intento por revivir la práctica pagana de la cremación. El decreto prohibía estrictamente a los católicos dar instrucciones para la cremación de sus propios cuerpos o los de otros. Además, se les ordenó a obispos y sacerdotes instruir a los fieles que la cremación es un abuso detestable, y a alentar a los católicos a abstenerse de ella.

El 16 de diciembre del mismo año, la Santa Sede promulgó otro decreto que es todavía más enfático. Ordena que cualquier católico que haya sido cremado como efecto de su propia voluntad, previamente expresada, han de reshusársele los ritos de un entierro cristiano.

Finalmente, el 27 de julio de 1892, se volvió a emitir otro decreto, el cual prohibía a los sacerdotes administrar los últimos sacramentos a quien haya hecho arreglos para cremar su cuerpo, a menos que se arrepintiera de su desafío a las leyes de la Iglesia y haya cancelado tales arreglos. El Código de Derecho Canónico (de 1917) expresa estos decretos en los cánones 1203 y 1240.
Código de Derecho Canónico, 1917. Canon 1203: Los cuerpos de los fieles han de ser enterrados, y la cremación está condenada. Si alguno ha ordenado en manera alguna cremar su cuerpo, será ilícito ejecutar su deseo; y si esta orden ha sido adjuntada a un contrato, a un último testamento o a cualquier otro documento, debe considerarse como inexistente.
Código de Derecho Canónico, 1917. Canon 1240 § 1Las siguientes personas quedan privadas de un entierro eclesiástico, a menos que antes de morir hayan dado señales de arrepentimiento: [...] 5° Las personas que han dado instrucciones para la cremación de sus cuerpos.

Preocupaciones modernas
Aunque la Iglesia repetidas veces condenó la incineración, ello no descarriló el movimiento crematorio. Al contrario, se ha esparcido hasta el punto de que su práctica es muy común en nuestros tiempos. En una consulta reciente, un director de funerales le dijo al autor que en su funeraria hay tantas cremaciones como entierros.

Razones para la cremación. ¿Por qué tanta gente opta por la cremación, una práctica tan contraria a nuestra naturaleza humana? Ciertamente, una de las razones son los gastos. Una pequeña indagación hecha en una casa funeraria local proporcionó la siguiente información: un funeral normalmente cuesta $3,000 [dólares], mientras que la cremación tan sólo cuesta $865 [dólares]. ¡Qué diferencia! Además, mucha gente no se molesta en comprar una parcela y vigilar que se conserve. Sin duda, la culpa también la tiene nuestra falta de caridad por el difunto en nuestra época materialista. Uno se maravilla de la belleza de tantos cementerios en países europeos, donde la cultura católica ha inspirado a las generaciones futuras a cuidar por las tumbas de sus antepasados. Hoy muchos no quieren molestarse con dicha tarea. (Para contrarrestar algunos de los argumentos suscitados en tiempos modernos, la Santa Sede emitió otro decreto en 1926).

El Cementerio de la Recoleta (Buenos Aires, Argentina) constituye uno de los ejemplos del cuidado y respeto a la memoria de los difuntos

La cremación no es intrínsecamente mala. Es importante que los católicos entiendan que la cremación no es intrínsecamente mala, y por tanto puede ser tolerada por la autoridad eclesiástica por razones graves. Por el contrario, la Iglesia la condena por causa de su simbolismo y porque fue promovida por los enemigos de la fe con el propósito de expresar y avanzar la creencia materialista en la aniquilación. Además, el entierro conviene más a la dignidad del cuerpo y está en armonía con el amor y respeto por nuestros amigos y parientes fallecidos.

En la Iglesia posconciliar. Hoy la preponderancia de la cremación casi no estaría tan pronunciada si no fuera por el Concilio Vaticano II. De hecho, la moderna Iglesia posconciliar, en su Código de Derecho Canónico de 1983, permite específicamente la cremación (“a menos que haya sido escogida por razones que son contrarias a la enseñanza cristiana” canon 1176, §3). Consecuentemente, su práctica no está ya prohibida a los miembros de la Iglesia posconciliar. Este hecho es sólo una prueba más de que la Iglesia moderna no es de Dios, no es católica.

Conclusión
Los católicos han valorado por mucho tiempo los ritos del entierro cristiano; podríamos decir que esta apreciación es parte del Sensus Cathólicus, y es algo que asimilamos a través de una vida devota de nuestra fe. Como yo soy misionero, frecuentemente los fieles me preguntan si un sacerdote estará allí con ellos cuando mueran, es decir, si tendrán un funeral católico. Y las mismas veces me sorprendo al ver el alivio que sienten cuando les aseguro que les proveeremos de un sacerdote para su funeral y, si es posible, estar ahí en sus últimos momentos.

No olvidemos también que un funeral católico es una gran bendición para los fieles que permanecen atrás. La hermosa Misa de Difuntos; la bendición y la insensación del ataúd; las maravillosas melodías gregorianas del Subveníte, el Líbera Me, y el In Paradísum; y las oraciones finales en el lugar de entierro: todas estas cosas son una gran bendición y consolación para los fieles que las atestiguan. No sólo nos recuerdan de las grandes verdades de la eternidad, sino que demuestra el amor materno de la Iglesia, la cual cuida de sus hijos desde nuestro nacimiento hasta la tumba.

En tanto que poseemos muchos beneficios como miembros de la Iglesia católica, el Cuerpo Místico de Cristo, ciertamente uno de los mayores es el entierro cristiano, pues estamos junto con nuestros semejantes en oración por el reposo de nuestra alma y del sacerdote, el representante de Cristo, quien bendice nuestros restos mortales antes de ser bajados a la tierra para allí pagar nuestra deuda común por el pecado de Adán (“Recuerda hombre que polvo eres y al polvo regresarás”), y para esperar el glorioso día de la resurrección, cuando nuestros cuerpos mortales, ahora glorificados, se reúnan con nuestras almas, para nunca más separarse. Estas son las verdades que vienen a la mente cuando atestiguamos un entierro católico.

Fuentes
  • Bouscaren, T. L. (1934). Canon Law, vol. I. Milwaukee: Bruce Publishing Co.
  • Code of Canon Law in English Translation, The. (1983). Londres: Collins Liturgical Publications.
  • Coriden, J. (1985). The Code of Canon Law, Texto y Comentario. Nueva York: Paulist Press.
  • Devlin, W. (1908). “Cremation,” The Catholic Encyclopedia, vol. 4. Nueva York: Robert Appleton Company. 
  • Holy Bible, New Catholic Edition of the. (1957). Nueva York: Catholic Book Publishing Co.
  • O’Sullivan, P. (E. D. M.). (1954). St. Philomena the Wonderworker. Lisboa: The Catholic Printing Press.
  • Rumble, L., M.S.C. (1960). Is Cremation Christian? San Pablo: Radio Replies Press Society.
  • Woywod, S., O.F.M. (1957). A Practical Commentary on the Code of Canon Law. Nueva York: Joseph F. Wagner, Inc.

viernes, 8 de marzo de 2013

EL CÓNCLAVE SERÁ EL PRÓXIMO MARTES A LAS 19:00H

Desde EL PAÍS

     
La tarde del próximo martes, 115 cardenales menores de 80 años, procedentes de 51 países, se encerrarán en la Capilla Sixtina para tratar de elegir al nuevo pontífice de la Iglesia católica, después de que el anterior, Benedicto XVI, hiciera efectiva su renuncia el pasado 28 de febrero a las ocho de la tarde. Después de cinco días de reuniones, el colegio cardenalicio —formado por los 115 electores y los 90 purpurados mayores de 80 años— decidió este viernes fijar la fecha del cónclave para el día 12. El rito será cumplido con toda la solemnidad de que es capaz el Vaticano. En el momento en que un candidato obtenga los dos tercios de los votos, el cardenal decano le preguntará: “¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice?”.

Por la mañana, los 205 cardenales participarán en la basílica de San Pedro en la misa Pro eligendo Romano Pontifice, a la que podrán asistir todos los fieles que madruguen y el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. Por la tarde, los 115 electores —eran 117, pero el cardenal indonesio Darmaatmadja ha renunciado por enfermedad y el escocés O’Brien por un viejo asunto de acoso a otros sacerdotes— se reunirán en la capilla Paulina para ir en procesión a la Capilla Sixtina. En el trayecto recitarán letanías y entonarán cánticos para invocar la ayuda del Espíritu Santo. Una vez bajo el Juicio Final de Miguel Ángel, lo primero que harán los electores será comprometerse bajo juramento a no revelar jamás lo que allí suceda. El recinto ha sido blindado electrónicamente para evitar cualquier tipo de conexión con el exterior.

Las votaciones serán secretas. Los cardenales recibirán unas tarjetas rectangulares con la inscripción en latín “eligo in Summun Pontificem”. Deberán escribir solo un nombre —más de uno convertiría el voto en nulo—, intentando que su caligrafía no pueda ser reconocida. Son muy curiosas las normas que la constitución apostólica Universi Dominici Gregis contempla para garantizar una votación limpia. Entre otras cosas, advierte de que si se produce una votación entre los dos candidatos más votados, los interesados no pueden participar, y que si se detecta un caso de compra de votos —el llamado delito de simonía—, los infractores serán excomulgados, aunque el voto será valido. También está prohibido llegar a cualquier tipo de pactos para orientar el voto.

Si el martes ningún candidato obtuviese los 77 apoyos necesarios para ser elegido papa, sobre el cielo de Roma se elevará una fumata negra, y los cardenales volverán el miércoles a la Capilla Sixtina e intentarán de nuevo el consenso mediante dos votaciones por la mañana y dos por la tarde. Si el desacuerdo persistiera después de tres días de votaciones, los electores tomarán un descanso un día para dedicarse a la oración y al cambio de pareceres. Tras la pausa, se iniciará otro turno de siete votaciones. En cualquier caso, ni la experiencia ni lo sucedido estos días inducen a temer que las votaciones se eternicen. En primer lugar, porque desde el siglo XIX ningún cónclave ha durado más de cuatro días. En 1978, solo se tardó dos días en elegir a Juan Pablo II, y en 2005, solo día y medio para elegir a Benedicto XVI. Y, en segundo lugar, porque durante las congregaciones generales que se han celebrado desde el lunes en el Vaticano se ha adelantado mucho el trabajo. Más de 100 cardenales de los 153 presentes ya han intervenido y los principales objetivos de los encuentros —conocerse entre sí y poner en común cuál es la situación de la Iglesia y cuáles sus necesidades— parece que se han alcanzado. Muchos de los cardenales, sobre todo los procedentes de Estados Unidos, insistieron en que, antes de elegir al sucesor de Joseph Ratzinger, necesitaban saber los detalles del caso Vatileaks, la filtración de documentos secretos del Papa.

Tal vez el martes por la tarde, el cardenal Giovanni Battista Re Andreoli —que sustituirá al cardenal Ángelo Raffaele Sodano Brignolo, que tiene 85 años y por tanto no podrá entrar en la Capilla Sixtina— obtenga respuesta positiva a la pregunta: “¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice?”. En ese caso, volverá a hacer otra pregunta: “¿Cómo quieres ser llamado?”. Una fumata blanca se elevará sobre el cielo de Roma y una nueva etapa para la Iglesia será anunciada al mundo bajo la vieja fórmula: “Habemus Papam”.

VENDER LA PRIMOGENITURA POR UN PLATO DE LENTEJAS

Jacob dio a Esaú pan y guiso de lentejas, y éste comió y bebió, se levantó y se fue. Así desdeñó Esaú la primogenitura”. (Génesis XXV, 34). (Cuadro “Esaú y Jacob”, por Matías Stom)
 
Para muchos, este artículo no es novedad (Y ES ASÍ, fue publicado en 2008). PERO como no hay mejor sobre el particular (el relevo generacional en la apóstata Holanda de la anticatólica Casa de Orange-Nassau), lo tomamos del BLOG DEL CABILDO y lo publicamos.
 
 MÁXIMA ZORREGUIETA ES UNA APÓSTATA
 
Retrato NO OFICIAL de la Casa real Holandesa de Orange-Nassau. (Máxima Zorreguieta es la segunda de atrás)
 
La nena tenía todo para llegar adonde llegó. Una ascendencia familiar alvearista; un padre procesista y pusilánime, unas vacaciones en Punta, un colegio bilingüe y caro, un Yatch Club para aprender a navegar, un instructor de esquí en Bariloche, unas vacaciones en Florianópolis, unos dinerillos para trotar por Europa. Y tenía —y sigue teniendo— un Rafael Braun para que la inspirara y sostuviera espiritualmente.

Con tales antecedentes, ¿a quién podría sorprender que consintiera en que se basureara a su padre, impidiéndosele llevarla al altar?; ¿a quién que abandonara a su patria, exhibiéndose impúdicamente en medio de la opulencia cuando sus conciudadanos gimen?; ¿a quién que renegara de la Iglesia Católica, para abrazar el protestantismo?; ¿a quién que renunciara a educar a sus hijos en la Fe Verdadera?; ¿a quién puede sorprender incluso, que opte por vivir a gusto en un país en el que la degeneración y la contranatura tienen plena aceptación legal, mientras se escandalizan de nuestra represión militar al marxismo?; ¿a quién llamará la atención que se emparente con la alta alcurnia masónica de la Casa de Orange, homicida de católicos?

El tilingaje nativo tuvo su princesa para festejar “lo grande que somos los argentinos”. No faltó un imbécil que pidiera la asistencia en Amsterdam de la fanfarria del Regimiento de Patricios, ni señoras y señoros encandilados por la gracia y el ropaje de la Mínima. Pero la Iglesia —¡ay, nuestra Santa Madre y sus pastores!— la que primero debió hablar y sancionar, amonestar y prevenir, dilucidar y distinguir, calló con culpa y cobardía. Y aceptó —sin llamarlo al orden— el protagonismo del desdichado Braun; un heresiarca no menor ligado al progresismo marxistoide de Criterio, como para que no quedasen dudas de la ninguna incompatibilidad entre el protestantismo y la, por ellos llamada, “Iglesia Conciliar”. Si para tales tipejos da lo mismo el apareamiento transitorio, el ritual vudú del connubio, el magnum sacramentum o el trámite luterano.

No somos profetas para anticipar futuros, por módicos que estos sean. Todo puede sucederle a la muchacha; desde rectificar sus graves torceduras de rumbos hasta escaparse con el guardaespaldas; desde consolidar sus desarraigos fieros hasta hallar prematura fama y muerte accidentada. Si significara algo para ella, le recomendaríamos la lectura del 
Infierno del Dante, con sus círculos bien dispuestos para dar albergue a los traidores de toda especie.

Más realistas y modestos, le recordamos una cancioncilla que habrá escuchado alguna vez en sus correrías: “Qué va a ser de ti, lejos de casa. Nena, qué va a ser de ti”.

Antonio Caponnetto

viernes, 1 de marzo de 2013

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL RELATIVISMO

Desde CATHOLIC.NET-  Vía ESPADA CATÓLICA

RELATIVISMO O ANULACIÓN DEL HOMBRE 

En nombre del relativismo, la dignidad del ser humano SE REDUCE A CERO

En Occidente le llamamos relativismo, pero en el fondo el relativismo no esconde más que la anulación del hombre como ser racional y, con ello, la anulación de su libertad. Vivimos en el universo de la contradicción permanente.  

Analicemos la situación en unos pocos aforismos, que son los mandamientos vigentes.

El primero y más importante de todos, que los engloba a todos, que los resume y abarca a todos, es el siguiente:

1. “Nada es verdad ni nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”. Ahora bien, la frasecita de Campoamor, que revela como ninguna otra el fin de las verdades absolutas, es la que incurre en la primera contradicción flagrante: nada es verdad ni nada es mentira… menos esta frase, este principio, este dogma aniquilador.
2. “Prohibido prohibir”, tradujeron los del mayo francés, una generación que continúa sin abandonar el poder. Ahora bien, si prohibimos prohibir, ya hay algo que sí está prohibido: prohibir.
3. “Todo es opinable”, aseguran los hombres de la sociedad de la comunicación. Sí, todo es opinable; todo menos justamente eso: que todo sea opinable.
4. “Los dogmas son inadmisibles”. Salvo justamente el que a acabo de enunciar, indemostrable pero de aplicación forzosa. En cualquier caso, el hombre siempre parte de un dogma para concluir, tanto en el pensamiento deductivo como en el inductivo.
5. “Libertad de pensamiento”. Muy cierto, pero dos más dos sólo son cuatro en base 1 y por definición. Nadie comienza pensar desde cero, sino desde un eje de coordenadas que le viene dado. El pensamiento humano está sometido a reglas estrechas, que componen lo que se conoce como la ciencia de la lógica: no damos para más y no es para avergonzarse de ello. A fin de cuentas, mal de muchos...
6. “Toda idea, principio o creencia es tan respetable como otra”. ¿Todas? No, porque la que acabo de escribir vale mucho más que cualquier otra y es acreedora del mayor de los respetos.
7. “Eduquemos en libertad”. Pero eso es imposible: si concedemos libertad al alumno para someterse o rechazar la educación, seguramente optará por la libertad de no educarse, sobre todo si piensa en el sometimiento y el esfuerzo que implica el hacerlo. Lo único que importa es la tolerancia, no las ideas que se toleran. Es más, la misma libertad de expresión es un atentado contra la libertad ajena, en cuanto pude influir en el interlocutor.
8. “No acepto aquello que no sea demostrable”. Pero ni tan siquiera puedo demostrar nuestra existencia. Lo empíricamente demostrable no alanza ni el 0,1% e lo conocimientos humanos. Tampoco puedo dar razón de mi existencia.
9. “Lo que se ve, existe, y lo que no se ve, no existe”. Pero nuestros sentidos nos engañan. Además, de esta forma no existirían la lunas de Júpiter, ni el amor, ni el dolor, ni la belleza, ni el arte, ni la literatura… Además, ¿estamos seguros de que la vida no es sueño y ensueño no es la verdadera vida?
10. “Nadie puede decir lo que está bien o lo que está mal”. Pero esta política de no injerencia es buena en sí misma, así como sus numerosos desarrollos en forma de juicios morales, esos juicios que constantemente estamos pronunciando. Es más, si en algo creemos es en nuestras críticas al próximo o en nuestros halagos (en ésos menos, dado que resultan menos numerosos).
No me extraña que el hombre actual esté mareado. Sufre de vértigo intelectual y sus síntomas son: falta de personalidad, acentuada inseguridad en sus talentos. O sea, que el relativismo le ha llevado al complejo de inferioridad, a la tristeza: Porque el hombre puede ser bueno o malo, sabio o ignorante, pero lo que su propia naturaleza racional no puede aceptar jamás sin romperse en pedazos es vivir en la contradicción. El único velo capaz de ocultar la incoherencia es la locura. Y ésa es, precisamente, la meta lógica de todo relativismo.