Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN
DÍA TERCERO
PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, Maestro que enseña cosas útiles, que nos instruye antes con obras que con palabras, y que da su Gracia para que obremos lo que enseña (Isaías 48, 17).
II. ¿A quién viene? Al discípulo de la ínfima clase, que tarde o nunca acude a su escuela para oír la doctrina de las virtudes, y de las que ha oído presto se aparta por su liviandad de corazón.
III. ¿A qué viene? A que sus ojos vean a su Preceptor, y sus oídos oigan las palabras del que habla bajo los velos de los accidentes, y para esto le amonesta, diciendo: mira, este es el camino (la conversación de Cristo), camina por él (Isaías 30, v. 20 y 21).
Aspiración: Venid, y subamos al monte del Señor, y a la casa del Dios de Jacob, y nos enseñará sus caminos (Isaías 2, 3). ¡Oh convite de gran misericordia! Subido he al monte santo de la Eucaristía, y he hallado a Vos, que sois camino, verdad y vida (San Juan 14, 6). Vuestros propios enemigos os confesaron Maestro, y aseguraron decíais verdad en cuanto enseñabais (San Lucas 20, 21). Yo sin embargo huí de vuestra escuela, porque la ley del amor puro, que me dictabais, contradecía a la falsa ley del amor impuro, que yo quería. No me enseñabais cosa que de antemano no hubiese sido confirmada con vuestro ejemplo; pero ni ejemplos ni palabras hicieron en mí fruto. Muy mal Te he pagado, amor mío: confieso mi yerro, y confío con tu gracia enmendarlo. Pero supuesto sabéis Vos que no bastan vuestros preceptos ni vuestros avisos, si no llegan vuestros auxilios, dispensadme los necesarios para seros agradecido: dádmelos tan poderosos y eficaces, que no pueda resistirlos. Y pues sois Maestro tan consumado, novérim me, &c. novérim te: haced aprenda con perfección el arte dificultoso de conocerme a mí y de conocer a Vos. En conociendo a Vos, por fuerza os tengo de amar; y amándoos, estaré seguro de gozaros, como ahora en la santa Eucaristía, después en la gloria. Gracias infinitas os doy por vuestra inmensa bondad. Tu misericordia no me desampare.
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Considera, alma mía, con viva fe a Jesucristo en medio de tu corazón, que como Maestro te enseña el camino de la virtud, y te instruye en lo que debes hacer u omitir; y a ti, como a otra Magdalena, sentado a sus pies, escuchando con atención sus palabras, que son de vida eterna, y aprendiendo con mucho cuidado aquel uno necesario de tu salvación (San Lucas 10, 39 y 42).
II. Ámale con toda tu alma, hasta unirte a Jesucristo por medio de una caridad muy encendida, que encenderá en tu corazón el fuego que levantan los pensamientos santos: no dejes de suspirar siempre por la adquisición de las riquezas del Cielo, y anda de continuo en busca de la paz y pureza de intención.
ΙΙΙ. Pide te conceda el don de sabiduría, para distinguir lo verdadero de lo falso, y para conservarte firme en cuanto enseña nuestra fe.
Aspiración: Enséñame, Señor, tus caminos, y muéstrame tus pasos (Salmo 24, 4), porque Tú solo, Maestro mío, enseñas el camino de Dios en verdad (Salmo 21, 21): fuera de Ti no hay salud. Por este camino entrarán los justos a comer los pastos de vida eterna. Tú solo eres la fuente de vida (Salmo 35, 10): no me niegues tus aguas, pues que ya Te dignaste llenar mi espíritu con tu venida a mi pecho. Dámelas a beber con aquella abundancia con que las diste a tus Discípulos en la última Cena, y a la dichosa Magdalena cuando Te hospedó en su casa. A tus pies estaré como ella, para que oyendo tus castos eloquios probados con el fuego de la caridad (Salmo 11, 7), salga de tu presencia tan abrasado mi corazón, que sin Ti no pueda estar, y por Ti solo me muera de puro amor. ¡Oh Bien mío, que en mi pecho estás, no te canses de enseñarme a hacer con perfección tu voluntad!
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