Mostrando entradas con la etiqueta Juan XXIII. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan XXIII. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de mayo de 2026

EL ECLIPSE DEL SÍNODO ROMANO DE 1960 PRUEBA QUE EL CONCILIO VATICANO II FUE UN GOLPE

Tomado de ECCE CHRISTIANUS.
   
Medalla conmemorativa del Sínodo Diocesano de Roma (24-31 de Enero de 1960).
  
El Sínodo Romano de 1960 es una de las pruebas más claras de que el Vaticano II fue un golpe interno contra la misma dirección que había sido oficialmente preparada para la Iglesia Católica. Juan XXIII no convocó el Sínodo como un evento local aislado para Roma, sino como el modelo y la anticipación del Concilio venidero. Él mismo lo presentó como la prefiguración del Vaticano II, algo destinado a guiar a la Iglesia universal y a moldear el trabajo futuro del Concilio.

Los textos del Sínodo revelan una Iglesia firmemente arraigada en la tradición católica. Reafirmaron la distinción entre clero y laicos, insistiendo en que los sacerdotes vivan visiblemente separados del espíritu del mundo a través de la disciplina ascética, la sobriedad, la sotana y la vida sacrificial.

La liturgia fue protegida con igual rigor: el latín fue solemnemente confirmado, el canto gregoriano promovido, la improvisación por parte de los celebrantes condenada, y el carácter sagrado de las iglesias defendido ferozmente contra intrusiones profanas.

Incluso los altares orientados hacia el pueblo solo se permitían como excepciones raras que requerían autorización episcopal. El espíritu era inconfundiblemente tridentino: una restauración de la identidad católica a través de la continuidad con la tradición.

Juan XXIII también reforzó esta dirección a través de Véterum Sapiéntia, defendiendo el latín como el idioma cultural y espiritual de la Iglesia, e incluso ordenó la reedición del Catecismo del Concilio de Trento. Todo el movimiento preparatorio apuntaba hacia una renovación a través de una fidelidad más profunda a la identidad histórica de la Iglesia, no hacia una revolución.

Sin embargo, lo que sucedió en el Vaticano II fue lo contrario. El Concilio que surgió no siguió los esquemas preparatorios, ni el Sínodo Romano que se suponía debía guiarlo. El Concilio preparado fue efectivamente descartado, y otro Concilio surgió en su lugar. En solo unos pocos años, casi todo lo enfatizado por el Sínodo Romano fue contradicho en la práctica o en el espíritu: el latín desapareció, la creatividad litúrgica explotó, los espacios sagrados fueron desacramentalizados, la disciplina clerical tradicional colapsó, y el ethos tridentino fue abandonado.

El hecho más revelador es quizás el destino del propio Sínodo Romano. Una asamblea una vez presentada como la gran anticipación del Vaticano II desapareció casi por completo de la memoria eclesiástica. Sus textos se volvieron tan olvidados que apenas podían encontrarse incluso en los archivos diocesanos. Fue tratada como si nunca hubiera existido.

Por eso, los católicos fieles ven en el Vaticano II no un desarrollo orgánico normal, sino una ruptura dramática. La preparación oficial del Concilio apuntaba en una dirección, mientras que el Concilio que realmente surgió fue en otra. El trabajo preparatorio, el Sínodo de Roma, Véterum Sapiéntia y el espíritu restaurador que los rodeaba no se cumplieron, sino que fueron subvertidos. En ese sentido, el Sínodo Romano se erige como evidencia documental de que algo fundamental cambió dentro del propio Concilio: la Iglesia preparada y la Iglesia posconciliar ya no hablaban con la misma voz.

lunes, 5 de mayo de 2025

LA ORACIÓN JUDÍA DE RONCALLI

Reflexión de João Christian Franco. Traducción propia.
  

¡DIOS! ¡PERDÓNANOS EL MAL QUE HICIMOS A LOS JUDÍOS!

«Estamos hoy conscientes de que, en el curso de muchos y muchos siglos, nuestros ojos se hallaban tan ciegos que ya no éramos capaces de aún ver la belleza de Tu Pueblo Elegido (el Pueblo de Israel), ni de reconocer en su rostro los rasgos de nuestros hermanos privilegiados. Comprendemos que la señal de Caín esté escrita en nuestra frente. En el curso de los siglos estaba nuestro hermano tirado ensangrentado y en llantos por causa de nuestra falta, porque habíamos olvidado tu amor. Perdónanos la maldición que injustamente habíamos atribuido a su nombre de judío. Perdónanos el haberte crucificado por segunda vez en ellos en su carne, porque no sabíamos lo que hacíamos» (De la “Revista Eclesiástica Brasileña”, Diciembre de 1966, fasc. 4.º, págs. 995 y 996. Negrillas fuera del texto).
.......................................................

VERDADES QUE DESTACAR

1) Nunca vi, ni oí o leí una fórmula más herética, impía, blasfema, judaizante, subserviente y –digo más– absurda, ilógica, aviesa e INVERSA a la realidad de los hechos.

2) No es que Roncalli fue tan solamente herético; ¡es mucho peor!: ¡ÉL MISMO INVIRTIÓ LA REALIDAD EN 180 GRADOS!

3) Primero que, ya en el título, hay una flagrante y clamorosa mentira: no fuimos nosotros los que hicimos mal a los judíos. Al contrario, ¡son 2 mil años de deicidio, martirio, genocidio, crímenes, persecuciones, hostigaciones, conspiraciones, privaciones, expoliaciones, cristofobia, eclesiofobia, y todo tipo de odio y maquinaciones de los judíos contra nosotros los católicos!

4) Segundo, que los judíos son los ciegos obstinados. Así está en la Biblia, en la literatura sagrada, en el entendimiento común e incluso en la fórmula de la oración del Viernes Santo, en la cual pedimos que les sea removido el velo que los ciega y les impide reconocer a Nuestro Señor Jesucristo como el Mesías prometido y esperado. ¡No para Roncalli! Para él, nosotros los cristianos somos los ciegos por no reconocer a los judíos como el pueblo elegido, los benditos, los privilegiados, los alter Christus crucificados nuevamente por nosotros.
   
5) Lo tercero que le atribuye él a los judíos es el atributo de la “belleza”. ¿Qué belleza? ¿Es posible disociar la belleza de la bondad y la verdad? ¿Cómo puede ser el pueblo de la belleza el pueblo de la mentira, del error, de la apostasía, del deicidio y la maldad?
 
6) Roncalli se refiere a los judíos como el “pueblo elegido”. ¡Inverdad ululante! Los israelitas fueron el pueblo elegido (¡no los judíos!). La Iglesia es el nuevo, verdadero y eterno Israel. ¡Los cristianos son el pueblo elegido de Dios! Los judíos son la sinagoga de satanás, el pueblo del diablo.
  
7) ¡“Hermanos privilegiados”!… ¡¿Cómo puede caber tanto fraude, estelionato, capciosidad y ardid mentiroso en apenas dos palabras?! ¡Los judíos no son nuestros hermanos, sino nuestros verdugos! Somos los hijos de la Mujer, y ellos el retoño de la Serpiente. Hay una enemistad intransponible entre una y otra raza, puesta por Dios mismo. Si mucho, son nuestros hermanos FRATRICIDAS, así como Caín fue hermano fratricida de Abel. Solo los católicos (léase Papistas) son nuestros verdaderos hermanos.
  
Como si no fuese suficiente, Roncalli se ha referido a ellos como “hermanos mayores”, ahora fue más allá de su exageración y arrojo herético, llamándolos “hermanos privilegiados”. ¡Venga! Si son nuestros hermanos mayores, ¿a quién cabe la primacía en el orden religioso y político? Desde siempre, ¿no eran los hermanos mayores los herederos de las bendiciones y de las promesas?
   
Yendo más allá, llamándolos “privilegiados”, Roncalli reconoce a los judíos algo ya presentado en el Talmud, a saber: el derecho a la supremacía racista de los judíos en el nuevo mundo mesiánico novusordista creado por –Dios mío, ¡qué coincidencia!– ellos mismos. A nosotros los cristianos, en ese proyecto concebido según los cánones noájidas, cabría la opción de judaizarse, aceptando la condición de ciudadanos de segunda categoría y adeptos de una sub-religión vergonzosa y sometida al judaísmo, o, en caso de resistencia honrosa y fiel al Cristianismo, la criminalización y pena capital consecuentemente a lo establecido en las Siete Leyes de Noé.
  
8) Como si fuese poco, Roncalli sigue diciendo que nosotros los cristianos cargamos la señal de Caín. Es decir, los cainitas somos nosotros, los cristianos. Ya los judíos cargan, ppr consiguiente, dice Roncalli (de forma implícita), la señal de Abel, de preferidos por Dios, siendo ellos nada más y nada menos que los abelitas, tan perseguidos e indulgentes para con los envidiosos y ofensivos y cristianos/cainita𝐬.
   
9) Roncalli enfatiza que los judíos son nuestros hermanos tirados y ensangrentados y en llantos por causa de nuestras faltas. Aquí, él no solo invierte diabólicamente el sentido de la Parábola del Buen Samaritano, contradiciendo diametralmente lo que fue dicho y enseñado por Nuestro Señor Jesucristo al referirse a los judíos como los hipócritas indiferentes de la víctima moribunda socorrida por el samaritano, sino, para más inri, imputa a nosotros los cristianos el crimen de (repito: no solo de omisión de socorro) ser los causantes del asalto y los ataques sufridos por el “nuevo moribundo” que, en su visión, son los judíos. Para Cristo, los judíos niegan socorro al desvalido atacado por malhechores. Para Roncalli, nosotros somos los malhechores que atacan a los pobres e inocentes judíos. Esto es mucho peor que la mera lectura invertida de la Parábola del Buen Samaritano.
  
10) Roncalli osa afirmar que nosotros, los cristianos, INJUSTAMENTE atribuímos a los judíos el mote de MALDITOS. Ahora, esta atribución es bíblica, tradicional y una constante en la literatura teológica. ¿Cómo no pueden ser malditos aquellos que rechazaron y mataron la propia bendicion en Persona, que es Nuestro Señor Jesucristo?
   
11) Finalmente, Roncalli se vale de la oración del propio Cristo en el Calvario, invirtiéndola 180° en su sentido proferido por el Divino Redentor. Son los judíos los que no saben lo que hacen matando a Cristo y matando a su Esposa, la Iglesia y los cristianos. Para el impostor Juan XXIII, la víctima son los judíos y no Cristo; y los verdugos somos nosotros los cristianos, no ellos los judíos. ¡Nada más diabólico!
   
12) Conclusión: Roncalli es el “papa” de la judaización de la Iglesia. Es el “papa” que desnaturalizó la Iglesia, inoculando en su estructura un espíritu judaizante, noájida, anticristiano y anticrístico. Roncalli es el responsable por retirar las estructuras de la Iglesia del camino católico y colocarlas en los caminos que van en el sentido contrario, inverso y avieso al Catolicismo genuino. Nunca un súperheresiarca fue tan lejos en su obsecuencia judaica y judaizante, y en su deshonestidad para pervertir y subvertir el orden católico inmutable.

martes, 1 de abril de 2025

¿RONCALLI Y MONTINI COLABORADORES DE LA CIA?

Un documento de la CIA desclasificado el pasado 19 de Marzo por el presidente estadounidense Donald Trump al levantar el secreto de los archivos sobre el asesinato de John F. Kennedy presenta, entre otros elementos, que John Alexander McCone, director central de Inteligencia durante el gobierno Kennedy, mantenía reuniones en el Vaticano con Juan XXIII bis Roncalli y Pablo VI Montini, que pudieron ser agentes o informantes habituales de la CIA.
  
El informe de siete páginas con el título “Joyas de la famila”, redactado por Walter Elder, asistente de la Oficina del Director de la Agencia Central de Inteligencia el 1 de Junio de 1973 a su superior William Egan Colby y con sellos de “SECRETO/SENSIBLE” y “SOLO PARA LOS OJOS” [= Solo para personal autorizado], menciona que, al recordar una conversación reciente con McCone, buscó en sus memorias y los archivos de este sobre “operaciones especiales” que «podían interpretarse como ejemplos de actividades que exceden las instrucciones de la CIA», como una interceptación en el consulado francés en Washington DC en 1962 o inocular un agente contaminante a un cargamento de azúcar cubano que iba rumbo a la Unión Soviética.

Interesantemente, en la página seis, Elder escribe:
«16. Finalmente, y esto reflejará mi educación protestante en el Medio Oeste, las relaciones de McCone con el Vaticano, incluidos el Papa Juan XXIII y el Papa Pablo VI, podrían causar sorpresa en ciertos círculos».

McCone, empresario y político republicano hijo del industrial Alexander John McCone y de Margaret J. Enright Duncan, había sido designado director de la CIA por John F. Kennedy a instancias de su hermano el Fiscal general Robert el 29 de Noviembre de 1961 luego de exigirle la renuncia a Allen Dulles tras el fracaso de la “Operación Mangosta”, la invasión por mercenarios cubanos exiliados a Bahía de Cochinos (McCone, director de la Comsión de Energía Atómica durante el gobierno del general Eisenhower, no era la primera opción para el cargo: Kennedy inicialmente propuso a su abogado personal Clark Clifford –quien declinó la oferta– y luego al abogado de Wall Street Fowler Hamilton –que después sería nombrado director de la USAID–).
   
John Alexander McCone durante una sesión del Subcomité Especial del Comité de Relaciones Exteriores del Senado en el marco de la investigación ITT-Chile (27 de Marzo de 1973)

El día anterior a su nombramiento (y tres días después del suicidio de su primera esposa Rosemary Cooper), John Alexander McCone había ido al Vaticano como representante oficial de los Estados Unidos para la misa solemne en ocasión de los 80 años de edad de Roncalli. Dos años después, a petición de Kennedy, regresó al Vaticano para solicitar una audiencia con él. Así relató el historiador alemán Hans-Jakob Stehle en su libro Eastern Politics of the Vatican, 1917–1979 (Política Oriental del Vaticano, 1917–1979) esa audiencia:
«Estamos, pues, después de Abril de 1963. Los estadounidenses están preocupados por la reciente gira de un enviado de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, el arzobispo [Agostino] Casaroli, a Hungría y Checoslovaquia, la primera desde 1945. McCone también transmitió al Papa las reservas de la administración Kennedy respecto a su encíclica Pacem in Terris, que podría, se creía al otro lado del Atlántico, alentar a los sacerdotes sudamericanos a unirse a los movimientos comunistas.
  
Durante esta reunión, Juan XXIII le preguntó a McCone: “¿Tiene el gobierno de Estados Unidos simpatías comunistas?”.
  
“Por supuesto que no”, respondió este último.
  
“Sin embargo, Estados Unidos mantiene relaciones diplomáticas con la URSS” [repuso Juan XXIII].
  
“Eso es diferente. Hay razones prácticas, como el comercio” [dijo McCone].
  
“Bueno, el Papa también tiene su propio negocio. El comercio de almas”, respondió el Papa. “Debe pensar en el bienestar de los católicos de Europa del Este. Debe trabajar por la paz. Estas son sus razones para mantener una línea de comunicación abierta con el mundo comunista”».
Con todo, hay que abonarle a McCone que, durante su dirección de la CIA, él le sugirió a Kennedy imponerle sanciones económicas a Israel por su programa nuclear secreto (lo que fue ignorado por su sucesor Lyndon B. Johnson), y desaconsejó apoyar el golpe de Estado contra el primer presidente de Vietnam del Sur Jean Baptiste Ngô Đình Diệm (que al final Kennedy apoyó por consejo del Departamento de Estado, con las consecuencias que son de público conocimiento).
   
Juzgue el lector los alcances e implicaciones de este hallazgo, sabiendo que en los años de la Guerra Fría, por una parte, Estados Unidos pudo ejercer alguna influencia en el cónclave de 1958; y por otra, la Ostpolitik casaroliana tan elogiada e imitada por el actual Secretario de Estado vaticano Pietro Parolin Miotti (que tuvo su origen en la Pacem in terris que cambió la perspectiva eclesiástica sobre el comunismo, haciendo que el Vaticano II no lo condenase) fue una capitulación que solo sirvió para reforzar la política anticatólica de los países tras el Telón de Acero como Hungría, Checoslovaquia, Polonia y la Unión Soviética (la Albania de Hoxha fue más allá, al constituirse el primer país oficialmente ateo al prohibir toda religión), en lo que representó, citando a Roncalli, un «comercio de almas» a cambio de relaciones diplomáticas. Ítem, que algún conocimiento debían tener los servicios de inteligencia sobre Roncalli y Montini para tal fin.
  
Para la redacción de este artículo, se empleó material de LA CROIX, y otras fuentes.
   
JORGE RONDÓN SANTOS
1 de Abril de 2025 (Año Santo de Cristo Rey).
Martes de la 4.ª Semana de Cuaresma. Fiesta de Santa María Egipcíaca, Penitente; de San Melitón de Sardis, Obispo y Padre de la Iglesia; de Santa Teodora de Roma, Mártir de la Fe; de San Hugo de Châteauneuf, Obispo de Grenoble; y de San Celso, Arzobispo de Armagh. Nacimiento de José de Maistre; de la sierva de Dios Margarita Occhiena Bossone, madre de San Juan Bosco; del bienaventurado Luis Pavoni, Sacerdote y confesor; del bienaventurado Luis Ceferino Moreau, Obispo de San Jacinto (Canadá) y fundador de las Hermanas de San José y las Hermanas de Santa Marta; y del bienaventurado Dom Columba Marmion OSB, abad de Maredsous. Tránsito del Beato Nuño de Santa María Álvares Pereira O. Carm.; y del bienaventurado Carlos I de Habsburgo-Lorena-Este, Emperador-Rey de Austria-Hungría. Martirio de los bienaventurados José Anacleto González Flores, Luis Padilla Gómez y los hermanos Jorge y Ramón Vargas González. Masacre de la calle Arnon en Belfast (Irlanda del Norte); aniversario de la victoria del Generalísimo Francisco Franco y fin de la Guerra Civil Española; inauguración del Monumento a los Caídos en el Valle de Cuelgamuros (San Lorenzo del Escorial, España); bombardeo estadounidense de la ciudad de Schaffhausen (Suiza); comienzo de la Guerra de los Cuatro días en Artsaj/Nagorno Karabaj. Hallazgo del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén. Primera Misa en Puerto San Julián (prov. Santa Cruz, Argentina).

jueves, 23 de mayo de 2024

EL FUNERAL DE PABLO VI

Traducción del artículo publicado en PRO ROMA MARIANA.


SI SI NO NO (ano IV, número 9) sob o título: «Um papa sem alma?»

Ao microfone estava um sacerdote para animar a pompa funérea: seu comentário era dirigido a todo o mundo pela TV! Mas o mundo não ouviu uma só prece a Deus pela alma do defunto. O que o mundo viu foi o carro fúnebre percorrendo a Via Appia, das Catacumbas, por onde passaram os apóstolos e mártires que vieram a Roma para ensinar sobre Deus e a alma, e para rezar a Deus, o que significa entregar-lhe a alma. Mas acaso não teria esse “sumo pontífice”, uma alma a salvar?

domingo, 15 de octubre de 2023

CURIOSIDAD EN EL SÍNODO: LAS LECCIONES DE LA FIESTA DE JUAN XXIII


Durante el Oficio de lectura (antiguas Maitines) en la sesión sinodal del 11 de Octubre (memoria de San Juan XXIII para los Novusorditas), el cardenal inglés Arthur Roche, Prefecto del Dicasterio para el Culto Divino, leyó el Discurso de Apertura solemne del Concilio Vaticano II, dado 11 de Octubre de 1962 (Acta Apostólicæ Sedis 54 [1962], págs. 786-787 792-793), que es la lección segunda del oficio:
  
LATÍN (Fuente: Breviar.sk)
LÉCTIO ÁLTERA
Ex allocutiónibus sancti Joánnis XXIII, papæ: Ecclésia amantíssima ómnium mater
Gáudet Mater Ecclésia quod, singulári Divínæ Providéntiæ múnere, optatíssimus jam dies illúxit, quo, áuspice Deípara Vírgine, cujus matérna dígnitas hódie festo ritu recólitur, hic ad Beáti Petri sepúlcrum Concílium Œcuménicum Vaticánum Secúndum sollémniter inítium capit.
    
Gravíssimæ sane res et quæstiónes ab humáno génere dissolvéndæ, post vigínti fere sǽcula non mutántur; étenim Christus Jesus semper médium quasi locum tenet históriæ et vitæ: hómines aut ipsi ipsiúsque Ecclésiæ adhǽrent, átque ádeo lucis, suavitátis, recti órdinis pacísque bonis fruúntur; aut sine ipso vivunt vel contra ipsum agunt et consúlto extra Ecclésiam commorántur, quo fit ut confúsio inter eos habeátur, mútuæ ratiónes ásperæ efficiántur, cruentórum bellórum impéndeat perículum.
    
Ineúnte Concílio Œcuménico Vaticáno Secúndo, manifésto ut álias númquam patet, veritátem Dómini in ætérnum manére. Síquidem, dum ætas ætáti succédit, incértas cérnimus hóminum opinatiónes álias álias excípere atque enascéntes erróres sæpe cito velut nébulam sole depúlsam evanéscere.
   
Quíbus erróribus Ecclésia nullo non témpore óbstitit, eos sæpe étiam damnávit, et quídem severitáte firmíssima. Ad præsens tempus quod áttinet, Christi Sponsæ placet misericórdiæ medicínam adhibére, pótius quam severitátis arma suscípere; magis quam damnándo, suæ doctrínæ vim ubérius explicándo putat hodiérnis necessitátibus esse consuléndum. Non quod desint falláces doctrínæ, opinatiónes, perícula præcavénda átque dissipánda; sed quia hæc ómnia tam apérte pugnant cum rectis honestátis princípiis, ac tam exitiáles peperére fructus, ut hódie hómines per se ipsi ea damnáre incípere videántur, ac nominátim illas vivéndi formas, quæ Deum ejúsque leges posthábeant, nímiam in téchnicæ artis progréssibus pósitam confidéntiam, prosperitátem únice vitæ cómmodis inníxam. Ipsi magis magísque norunt, humánæ persónæ dignitátem ejúsque cóngruam perfectiónem negótium esse magni moménti et ad expediéndum perárduum. Quod áutem máxime ínterest, íidem experiéndo tandem didicérunt, extérnam vim áliis impósitam, armórum poténtiam, políticum dominátum mínime satis esse, ad gravíssimas, quæ eos angunt, quæstiónes felíciter dissolvéndas.
   
Hisce in rerum adjúnctis, Cathólica Ecclésia, dum per Œcuménicum hoc Concílium religiósæ veritátis facem attóllit, amantíssimam ómnium matrem se vult præbére, benígnam, patiéntem, atque erga fílios a se sejúnctos misericórdia ac bonitáte permótam humáno géneri, tot difficultátibus laboránti, ipsa, ut olim Petrus mísero illi qui ab eo stipem rogáverat, dicit: «Argéntum et áurum non est mihi: quod áutem hábeo hoc tibi do; in nómine Jesu Christi Nazaréni surge et ámbula. Scílicet nostrórum témporum homínibus Ecclésia non cadúcas pórrigit divítias, néque beatitátem dumtáxat terrénam pollicétur; sed supérnæ grátiæ bona impértit, quæ cum hómines ad filiórum Dei dignitátem érigant, tam válido præsídio et adjuménto sunt ad humaniórem efficiéndam eórum vitam; uberióris doctrínæ suæ fontes áperit, qua hómines luce Christi collustráti pénitus intellígere valent, quid ipsi revéra sint, qua dignitáte excéllant, quem finem prósequi débeant; per fílios dénique suos ubíque christiánæ caritátis spátia dilátat, qua ad dissensiónum sémina evellénda nihil est áptius et ad provehéndam concórdiam, justam pacem fraternámque ómnium unitátem nihil est efficácius.
    
TRADUCCIÓN (Fuente: iBreviary.com)
SEGUNDA LECTURA
De los Discursos de San Juan Veintitrés, Papa: La Iglesia es la madre más amorosa
Gócese hoy la Santa Madre Iglesia porque, gracias a un regalo singular de la Providencia Divina, ha alboreado ya el día tan deseado en que el Concilio Ecuménico Vaticano II se inaugura solemnemente aquí, junto al sepulcro de San Pedro, bajo la protección de la Virgen Santísima cuya Maternidad Divina se celebra litúrgicamente en este mismo día.
   
El gran problema planteado al mundo, desde hace casi dos mil años, subsiste inmutable. Cristo, radiante siempre en el centro de la historia y de la vida; los hombres, o están con Él y con su Iglesia, y en tal caso gozan de la luz, de la bondad, del orden y de la paz, o bien están sin Él o contra Él, y deliberadamente contra su Iglesia: se tornan motivos de confusión, causando asperezas en las relaciones humanas, y persistentes peligros de guerras fratricidas.
   
Al iniciarse el Concilio Ecuménico Vaticano II, es evidente como nunca que la verdad del Señor permanece para siempre. Vemos, en efecto, al pasar de un tiempo a otro, cómo las opiniones de los hombres se suceden excluyéndose mutuamente y cómo los errores, luego de nacer, se desvanecen como la niebla ante el sol.
   
Siempre la Iglesia se opuso a estos errores. Frecuentemente los condenó con la mayor severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más bien que renovando condenas. No es que falten doctrinas falaces, opiniones y conceptos peligrosos, que precisa prevenir y disipar; pero se hallan tan en evidente contradicción con la recta norma de la honestidad, y han dado frutos tan perniciosos, que ya los hombres, aun por sí solos, están propensos a condenarlos, singularmente aquellas costumbres de vida que desprecian a Dios y a su ley, la excesiva confianza en los progresos de la técnica, el bienestar fundado exclusivamente sobre las comodidades de la vida. Cada día se convencen más de que la dignidad de la persona humana, así como su perfección y las consiguientes obligaciones, es asunto de suma importancia. Lo que mayor importancia tiene es la experiencia, que les ha enseñado cómo la violencia causada a otros, el poder de las armas y el predominio político de nada sirven para una feliz solución de los graves problemas que les afligen.
   
En tal estado de cosas, la Iglesia Católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la antorcha de la verdad religiosa, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella. Así como Pedro un día, al pobre que le pedía limosna, dice ahora ella al género humano oprimido por tantas dificultades: «No tengo oro ni plata, pero te doy lo que tengo. En nombre de Jesús de Nazaret, levántate y anda» (Hch 3,6). La Iglesia, pues, no ofrece riquezas caducas a los hombres de hoy, ni les promete una felicidad sólo terrenal; los hace participantes de la gracia divina que, elevando a los hombres a la dignidad de hijos de Dios, se convierte en poderosísima tutela y ayuda para una vida más humana; abre la fuente de su doctrina vivificadora que permite a los hombres, iluminados por la luz de Cristo, comprender bien lo que son realmente, su excelsa dignidad, su fin. Además de que ella, valiéndose de sus hijos, extiende por doquier la amplitud de la caridad cristiana, que más que ninguna otra cosa contribuye a arrancar los gérmenes de la discordia y, con mayor eficacia que otro medio alguno, fomenta la concordia, la justa paz y la unión fraternal de todos.
Lo irónico es que en el Propio de la Liturgia de las Horas que le asignaron, a esta lección le antecedió 1 Timoteo IV, 1-V, 2:
LATÍN
LÉCTIO PRIOR
De Epístola prima ad Timótheum, 4, 1 – 5, 2. De magístris erróris. De senióribus
Caríssime: Spíritus maniféste dicit quia in novíssimis tempóribus discédent quidam a fide, attendéntes spirítibus seductóribus et doctrínis dæmoniórum, in hypócrisi loquéntium mendácium et cauteriátam habéntium suam consciéntiam, prohibéntium núbere, abstinére a cibis, quos Deus creávit ad percipiéndum cum gratiárum actióne fidélibus et his, qui cognovérunt veritátem. Quia omnis creatúra Dei bona, et nihil rejciéndum, quod cum gratiárum actióne percípitur, sanctificátur enim per verbum Dei et oratiónem.
   
Hæc propónens frátribus bonus eris miníster Christi Jesu, enutrítus verbis fídei et bonæ doctrínæ, quam assecútus es; profánas autem et aníles fábulas devíta.
   
Exérce teípsum ad pietátem; nam corporális exercitátio ad módicum útilis est, píetas áutem ad ómnia útilis est, promissiónem habens vitæ, quæ nunc est, et futúræ. Fidélis sermo et omni acceptióne dignus: in hoc enim laborámus et certámus, quía sperávimus in Deum vivum, qui est salvátor ómnium hóminum, máxime fidélium, prǽcipe hæc et doce.
    
Nemo adulescéntiam tuam contémnat, sed exémplum esto fidélium in verbo, in conversatióne, in caritáte, in fide, in castitáte. Dum vénio, atténde lectióni, exhortatióni, doctrínæ. Noli neglégere donatiónem, quæ in te est, quæ data est tibi per prophetíam cum impositióne mánuum presbytérii. Hæc meditáre, in his esto, ut proféctus tuus maniféstus sit ómnibus. Atténde tibi et doctrínæ; insta in illis; hoc enim fáciens et teípsum salvum fácies et eos, qui te áudiunt.
  
Seniórem ne increpáveris, sed óbsecra ut patrem, júvenes ut fratres, anus ut matres, juvénculas ut soróres in omni castitáte.

TRADUCCIÓN
PRIMERA LECTURA
De la primera carta a Timoteo 4, 1 – 5, 2. Los falsos doctores
Hermano: El Espíritu dice claramente que algunos en los últimos tiempos desertarán de la fe, dando oídos a engaños, inspiraciones y enseñanzas propias de demonios, seducidos por embaucadores hipócritas, cuya conciencia estará marcada a fuego por la infamia; éstos proscriben el matrimonio y el uso de alimentos, que han sido creados por Dios para que disfruten de ellos con acción de gracias los fieles y los conocedores de la verdad. Todo lo que Dios ha creado es bueno; y no hay alimento que merezca repulsa, si se toma dando gracias a Dios. Todo queda santificado por la palabra de Dios y por nuestra oración.
   
Si propones estas cosas a los hermanos y te vas nutriendo cada día con los principios de la fe y de la buena doctrina que has seguido con toda fidelidad serás un excelente servidor de Cristo Jesús. Rechaza, en cambio, las leyendas supersticiosas y propias de viejas.
   
Ejercítate en la piedad. Los ejercicios corporales reportan beneficios escasos, pero la piedad es provechosa para todo y tiene la promesa de la vida, tanto presente como futura. He aquí una afirmación veraz y digna de universal adhesión: Nuestros trabajos y nuestras luchas están impulsados por nuestra esperanza en el Dios vivo, que es el salvador de todos los hombres y en particular de los fieles. Esto has de enseñar e inculcar.
   
Que nadie te desprecie por tu juventud. Sé modelo para los fieles en las palabras y en el trato, en la caridad, en la fe y en la pureza de vida. En tanto que llego, aplícate a la lectura, a la predicación, a la enseñanza. No descuides el don que posees, que te fue dado por una intervención profética con la imposición de las manos del colegio de presbíteros. Pon interés en estas cosas, ocúpate de ellas, de modo que tus progresos sean manifiestos a todos. Vigílate a ti mismo y a tu enseñanza; sé constante en ello; obrando así, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan.
   
Al anciano no lo reprendas con dureza, sino exhórtale como a un padre; a los jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jóvenes, como a hermanas, con toda pureza.

  
Al confrontar su discurso y obras con el texto de la Carta de San Pablo a Timoteo, se colige que Roncalli es uno de los falsos doctores de que habla este último, porque Roncalli siguió toda su vida el engaño modernista (de lo que fue acusado ante el Santo Oficio) y se inició en la masonería, abandonando la Profesión de Fe y el Juramento Antimodernista prescrito por aquel San Pío X a quien tanto odiaba y que debió hacer en su consagración episcopal por el cardenal Giovanni Tacci Porcelli el día 19 de Marzo de 1925.
    
De otra parte, el discurso inaugural del Vaticano II dice: «Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos fuese inminente». Roncalli lo dijo rechazando el Tercer Secreto de Fátima, pero también pudo aplicarse perfectamente a la exhortación ecologistoide “Laudáte Deum”, publicada 60 años, 11 meses y tres semanas después por su sucesor Francisco Bergoglio.

viernes, 24 de febrero de 2023

ELOGIOS JUDÍOS A RONCALLI Y MONTINI

El antiguo periódico judío Southern Jewish Chronicle de Okahoma City se permitió en sus páginas de la edición de Junio de 1963 comentar sobre la muerte de Juan XXIII bis Roncalli y la subsiguiente elección de Pablo VI Montini.
  
Ellos alabaron a Roncalli por promover la dignidad del hombre y la defensa de la inviolabilidad de la conciencia humana; y están felices por la elección de Montini sabiendo que él trascenderá el parroquialismo y el sectarismo.
 
  
TRADUCCIÓN
UN HOMENAJE A LA MEMORIA DEL PAPA JUAN POR EL RABINO JOSEPH LEVENSON DEL TEMPLO B’NAI ISRAEL DE OKLAHOMA CITY
_______
Reimpreso de The Oklahoma Courier, edición del 7 de Junio de 1963.
_______
«La muerte del Papa Juan es lamendada por los hombres de buena voluntad de todas las creencias. Aquellos que quedamos encantados por su vigorosa aplicación de los principios cristianos a los problemas sentimos profundamente la pérdida de su voz profética.
   
Simpatizamos profundamente con la comunidad católica que ha sido privada de su sabio liderazgo. Su búsqueda de la unidad cristiana estaba basada en una amplia plataforma de preocupaciones humanas comunes. Su respeto por la dignidad del hombre y de la inviolabilidad de la conciencia individual ganó la adoración y gratidud también de los creyentes no cristianos.
  
Confiamos que su audaz y refrescante acercamiento a los grandes desafíos que confronta la humanidad seguirán guiando los consejos de la Iglesia y el Estado. Que su memoria permanezca como una bendición duradera».
  
  
TRADUCCIÓN
¡BENDICIONES AL NUEVO PAPA, PABLO VI!
_______
En pocas palabras, el rabino Maurice N. Eisendrath, presidente de la Unión de Congregaciones Hebreas Estadounidenses [actualmente Unión para el Judaísmo Reformista, N. del T.], comentó sobre la selección del sucesor del Papa Juan en el Vaticano.
  
Expresándose en nombre de la UAHC, cuerpo congregacional central de 650 templos reformistas en el Norte y Centro de los Estados Unidos, con una membresía de más de un millón de congregantes, el rabino Eisendrath hizo esta importante declaración:
«La noticia de la elección del cardenal Giovanni Battista Montini es en realidad bienvenida. Así como nos unimos a nuestros hermanos católicos en lamentar el fallecimiento del Papa Juan XXIII, así ahora nos regocijamos con ellos en la selección del nuevo Papa.
  
Estoy agradecido que los responsables de esta elección hayan escogido un sucesor que parece representar una continuación de la profundidad espiritual y la amplia perspectiva social por la que su predecesor fue tan universalmente amado.
   
Los problemas de nuestro mundo moderno son verdaderamente colosales, demandando de nuestros líderes políticos, sociales y religiosos una visión del mundo que trascienda el parroquialismo y el estrecho sectarismo. Es mi más ferviente plegaria que Dios le concederá al nuevo Papa intuiciones religiosas que tengan efectos de amplio alcance a todos los hombres de todas partes».
¡Que así sea!
     
* El rabino Joseph Levenson († 2006), del templo reformista B’nai Israel de Okahoma City, miembro del capítulo local del Consejo Nacional de Cristianos y Judíos y del Club Rotario del centro de Oklahoma City, hizo también un servicio funerario en honor al presidente estadounidense John F. Kennedy el 25 de Noviembre de ese mismo año.
   
La respuesta de Nuestro Señor Jesucristo a estos elogios, y de la cual nos hacemos ecos, es la siguiente:
«¡Ay de vosotros cuando los hombres mundanos os aplaudieren!, que así lo hacían sus padres con los falsos profetas» (San Lucas VI, 26/Versión de Mons. Félix Torres Amat).

lunes, 16 de enero de 2023

¿RONCALLI BEBIENDO CAFÉ DURANTE SU CORONACIÓN?


El canal de YouTube “Cæremoniale Romanum” subió un vídeo de la Misa de coronación de Juan XXIII bis Roncalli, que muestra al personaje bebiendo algún líquido después de entonar la Antífona del Ofertorio.
   
Si no puede reproducirse el vídeo, clic aquí.
  
Dice la descripción del vídeo:
«¿Era café? ¿O era agua? El agua no provee la misma nutrición que un tradicional [café] espresso italiano. ¡Bah! No sería estilo italiano, ¿cierto? También notar el estilo con el cual el Papa inclina el vaso con la bebida y cuántos sorbos toma de la bebida».
En el vídeo se muestra también al Prefecto de las Ceremonias Pontificias Mons. Enrico Dante Ingegni († 1967; consagrado arzobispo titular de Carpasia en 1962 y creado cardenal presbítero de Santa Ágata de los Godos en 1965), que literalmente jaló a los ministros y les ordenó cubrir a Roncalli mientras bebía.
   
Necesario es recordar que en ese momento regían las normas establecidas por Pío XII sobre el ayuno eucarístico en el motu próprio “Sacram Communiónem” del 25 de Marzo de 1957, que amplió las disposiciones de la Constitución “Christus Dóminus” del 6 de Enero de 1953, a saber, que se puede consumir bebidas no alcohólicas hasta una hora antes de la Misa. Pero de otro lado, esta misma constitución establece que quienes no se encuentran en las condiciones particulares definidas (enfermedad, trabajo agotador o viajes largos), deben observar la norma general, esto es, el ayuno desde la medianoche para quienes desean comulgar o decir Misa, con la particularidad que el agua no rompe el ayuno: «Áqua naturális non ámplius frangit jejúnium eucharísticum».
  
En todo caso, sea agua o sea un espresso, representa una anécdota de cuán irreverentemente se han tratado los ritos sagrados por parte de los modernistas.

miércoles, 26 de octubre de 2022

LA “CRISIS DE LOS MISILES” NO FUE RESUELTA POR RONCALLI

Artículo por Sandro Magister para SETTIMO CIELO.
  
CRISIS DE CUBA: HUBO PAZ, PERO NO GRACIAS AL MENSAJE DEL PAPA JUAN
    
   
El papa Francisco también asoció el 60.º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II con la crisis de los misiles soviéticos en Cuba. «Al hablar del inicio del Concilio, hace 60 años, no podemos olvidar el peligro de guerra nuclear que precisamente entonces amenazaba al mundo», dijo en el Ángelus del 9 de octubre.
  
Pero al menos el Papa no repitió el mantra de que fue la mediación de Juan XXIII la que propició la resolución pacífica de la crisis en su momento. Un mantra que han suscrito enfáticamente la mayoría de los medios de comunicación, tanto laicos como católicos, incluido el Vaticano.
  
De hecho, el Concilio acababa de empezar, el 11 de Octubre de 1962, cuando tres días después un avión espía estadounidense fotografió la instalación en Cuba de misiles soviéticos que apuntaban hacia Estados Unidos.
    
Siguieron días febriles en los que, en total secreto, la administración estadounidense estudió cómo reaccionar. El secreto fue tal que, en esos mismos días, el presidente John F. Kennedy se reunió con el ministro de Asuntos Exteriores soviético, Andrei Gromyko, sin que éste tuviera la menor sospecha de que su interlocutor sabía de la instalación de los misiles.
    
Fue Kennedy quien dio la noticia al mundo, junto con el anuncio de que Estados Unidos respondería con un bloqueo naval alrededor de Cuba y con represalias nucleares frente a un eventual ataque, en un discurso dirigido a la nación el lunes 22 de Octubre.
    
Siguieron días de dramática tensión. Y fue el miércoles 24 de Octubre cuando los embajadores estadounidense y soviético en Italia recibieron el llamamiento a la paz del papa Juan XXIII, que se publicó al día siguiente y también en “Pravda” el 26.
    
Quien sugirió a las autoridades vaticanas el envío de este mensaje fue –según él– el estadounidense Norman Cousins, editor y redactor de “Saturday Review”, amigo de un clérigo a su vez cercano al entonces secretario de Estado sustituto del Vaticano, Angelo Dell’Acqua, y al entonces jefe de protocolo Igino Cardinale, además de Felix Morlion, fundador en Roma de la universidad “Pro Deo”, quien desde los años 40 estuvo vinculado a los servicios secretos estadounidenses.
    
Pero según el relato pormenorizado estadounidense más informado y autorizado de la crisis de Cuba –las cincuenta densas páginas con la firma del asistente especial de Kennedy en política internacional, Arthur M. Schlesinger Jr., en su volumen de 1963 “A Thousand Days. John F. Kennedy en la Casa Blanca” [Mil días. John F. Kennedy en la Casa Blanca], en la que nunca aparece el nombre de Juan XXIII–, las primeras señales de la disposición del líder soviético Nikita Jrushchov a una solución pacífica no incluían ninguna mención al mensaje del Papa, sino que fueron identificados por la Casa Blanca –textualmente– en su «afirmada voluntad de responder al llamamiento del filósofo Bertrand Russell»; en su «amistosa llamada telefónica al cantante estadounidense Jerome Hines, de gira en Moscú»; en su «cortés conversación con un empresario estadounidense, William Knox, de Westinghouse International»; y, sobre todo, en los «indicios de que los barcos soviéticos más cercanos a Cuba estaban reduciendo su velocidad y cambiando de rumbo».
    
La primera carta en la que Jrushchov escribió que quería solucionar el conflicto estaba fechada el 26 de Octubre. Le siguió otra y luego una tercera, el domingo 28 de Octubre, en la que anunció el retiro de los misiles de Cuba. El mundo respiró aliviado.
    
Sin ninguna influencia en la crisis de Cuba, incluso según los relatos rusos, el mensaje de Juan XXIII tuvo sin embargo secuelas en el Vaticano.
    
Las credenciales obtenidas al activar la proclamada mediación de paz permitieron al emprendedor Norman Cousins contribuir unas semanas más tarde, con el apoyo constante (mediado por Morlion) de Dell’Acqua, a la realización de un sueño muy querido por el papa Roncalli: el de la liberación del metropolitano de la Iglesia greco-católica ucraniana José Slipyj, detenido desde 1945 en una prisión secreta de la Unión Soviética. El 13 de Diciembre Cousins se reunió con Jrushchov, el 19 informó personalmente al Papa de la buena disposición del líder soviético y el 9 de Febrero de 1963 Slipyj, liberado, llegó a Roma.
    
Pero todavía más comentada –y en algunos casos escandalosa– fue la audiencia que Juan XXIII concedió el 7 de Marzo de 1963 al director de “Izvestia”, Alexei Adzubei, con su esposa Rada, la hija de Jrushchov.
   
Los noticiarios del Vaticano ignoraron la audiencia y la Secretaría de Estado [bajo el cardenal Amleto Giovanni Cicognani Ceroni († 1973), N. del E.] levantó un muro al pedido del Papa de hacer público el relato, y Juan XXIII anotó en su diario con pena: «Deploro y compadezco a todos los que se prestan en estos días a juegos inconfesables. ‘Ignósco et dimítto’».
    
Pero en Washington, Kennedy aprovechó la audiencia del Papa con Adzubei para hacer un brindis jocoso con sus colaboradores, transcrito íntegramente por Schlesinger en su volumen:
«Debo anunciar algo muy grave. La Unión Soviética ha vuelto a embarcarse una vez más en una aventura temeraria y provocadora, con la intención de cambiar el ‘statu quo’ en una zona que, como bien sabe, considero ligada a nosotros por especiales lazos históricos. Me refiero al imprevisto y deliberado envío del Sr. Adzubei al Vaticano.
   
Según me ha sido informado, este proyecto fue concebido por un grupo de asesores de Jrushchov que fueron todos excomulgados por la Iglesia, conocidos como ‘EX-COM’.
   
Según informaciones fiables que nos han proporcionado los refugiados, cientos de Biblias marxistas han sido descargadas y escondidas en los sótanos del Vaticano.
    
Por lo tanto, nos atendremos en lo sucesivo al plan de emergencia para proteger la Ciudad del Vaticano, elaborado por el Consejo de Seguridad Nacional y conocido como el plan ‘Vat 69’».
   

En las más de mil páginas detalladas del volumen de Schlesinger sobre los tres años de la presidencia de Kennedy, el ahora citado es el único pasaje que se refiere al Vaticano.

domingo, 4 de septiembre de 2022

RONCALLI ODIABA A SAN PÍO X

Angelo Giuseppe Roncalli Marzolla (antipapa Juan XXIII bis) odió apasionadamente a San Pío X. Después de la Misa de canonización de San Pío X, un periodista le preguntó a Roncalli: «¿Qué tiene que decir sobre San Pío X en esta ceremonia?». Roncalli respondió: «Él no es Santo».

La razón por la que Roncalli odiaba a San Pío X (a pesar que este le bendijo personalmente poco después de su ordenación el 10 de Agosto de 1904) es porque Roncalli era francmasón y modernista, y amigo de francmasones y modernistas, y San Pío X combatió incansablemente al modernismo y la francmasonería.
   
El periodista Carlo Falconi recogió que en 1906, San Pío X le respondió a uno que le pedía que «fuera suave» con los modernistas: «¡La gentileza es para los tontos! Ellos [los modernistas] quieren ser tratados con aceite, jabón y cuidados, ¡pero deberían ser golpeados con mano dura! En un duelo, no cuentas o mides los golpes, ¡tú golpeas como puedes! La guerra no se hace con caridad; es una lucha, un duelo. Si Nuestro Señor no fuera aterrador, Él no hubiera dado un ejemplo en esto también. Ved cómo trató a los filisteos, a los sembradores del error, a los lobos vestidos de oveja, y a los traidores en el templo. ¡Él los golpeó con azotes!».

viernes, 7 de enero de 2022

COMPARACIÓN

Veamos los siguientes textos:
  • «En las materias de la teología, algunos pretenden disminuir lo más posible el significado de los dogmas y librar el dogma mismo de la manera de hablar tradicional ya en la Iglesia y de los conceptos filosóficos usados por los doctores católicos, a fin de volver, en la exposición de la doctrina católica, a las expresiones empleadas por las Sagradas Escrituras y por los Santos Padres. Así esperan que el dogma, despojado de los elementos que llaman extrínsecos a la revelación divina, se pueda coordinar fructuosamente con las opiniones dogmáticas de los que se hallan separados de la Iglesia, para que así se llegue poco a poco a la mutua asimilación entre el dogma católico y las opiniones de los disidentes. 
       
    Reducida ya la doctrina católica a tales condiciones, creen que ya queda así allanado el camino por donde se pueda llegar, según exigen las necesidades modernas, a que el dogma pueda ser formulado con las categorías de la filosofía moderna, ya se trate del Inmanentismo, o del Idealismo, o del Existencialismo, ya de cualquier otro sistema.
        
    (...)
        
    Por lo dicho es evidente que estas tendencias no sólo conducen al llamado relativismo dogmático, sino que ya de hecho lo contienen, pues el desprecio de la doctrina tradicional y de su terminología favorecen demasiado a ese relativismo y lo fomentan. Nadie ignora que los términos empleados, así en la enseñanza de la teología como por el mismo Magisterio de la Iglesia, para expresar tales conceptos, pueden ser perfeccionados y precisados; y sabido es, además, que la Iglesia no siempre ha sido constante en el uso de aquellos mismos términos. También es cierto que la Iglesia no puede ligarse a un efímero sistema filosófico; pero las nociones y los términos que los doctores católicos, con general aprobación, han ido reuniendo durante varios siglos para llegar a obtener algún conocimiento del dogma, no se fundan, sin duda, en cimientos tan deleznables. Se fundan, realmente, en principios y nociones deducidas del verdadero conocimiento de las cosas creadas; deducción realizada a la luz de la verdad revelada, que, por medio de la Iglesia, iluminaba, como una estrella, la mente humana. Por eso no es de admirar que algunas de estas nociones hayan sido no sólo empleadas, sino también aprobadas por los concilios ecuménicos, de tal suerte que no es lícito apartarse de ellas.
       
    Por todas estas razones, pues, es de suma imprudencia el abandonar o rechazar o privar de su valor tantas y tan importantes nociones y expresiones que hombres de ingenio y santidad no comunes, bajo la vigilancia del sagrado Magisterio y con la luz y guía del Espíritu Santo, han concebido, expresado y perfeccionado —con un trabajo de siglos— para expresar las verdades de la fe, cada vez con mayor exactitud, y (suma imprudencia es) sustituirlas con nociones hipotéticas o expresiones fluctuantes y vagas de la nueva filosofía, que, como las hierbas del campo, hoy existen, y mañana caerían secas; aún más: ello convertiría el mismo dogma en una caña agitada por el viento».   
  • «Para eso no era necesario un Concilio. Sin embargo, de la adhesión renovada, serena y tranquila, a todas las enseñanzas de la Iglesia, en su integridad y precisión, tal como resplandecen principalmente en las actas conciliares de Trento y del Vaticano I, el espíritu cristiano y católico del mundo entero espera que se dé un paso adelante hacia una penetración doctrinal y una formación de las conciencias que esté en correspondencia más perfecta con la fidelidad a la auténtica doctrina, estudiando ésta y exponiéndola a través de las formas de investigación y de las fórmulas literarias del pensamiento moderno. Una cosa es la substancia de la antigua doctrina, del “depósitum fídei”, y otra la manera de formular su expresión; y de ello ha de tenerse gran cuenta —con paciencia, si necesario fuese— ateniéndose a las normas y exigencias de un magisterio de carácter predominantemente pastoral».
Son dos documentos totalmente distintos: El primero proviene de la encíclica “Humáni géneris in rebus” de Pío XII, que condenó la “Nueva Teología”. El otro es el discurso de Ángelo Giuseppe Roncalli Marzolla, en arte “Papa Juan XXIII bis”, con el cual dio apertura al Vaticano II, que se basó en la “Nueva Teología” condenada precisamente por Pío XII.
    
TÚ QUE TODAVÍA ESTÁS EN LA SECTA CONCILIAR, ¿TODAVÍA SEGUIRÁS INSISTIENDO EN QUE EL VATICANO II ES CONTINUIDAD CON EL MAGISTERIO ANTERIOR, Y QUE NO HAY CONTRADICCIÓN ENTRE ELLOS?

jueves, 2 de diciembre de 2021

EL PRIMER ENCUENTRO ECUMÉNICO ANTES DEL VATICANO II


El 2 de Diciembre de 1960, Juan XXIII bis recibió en el Vaticano, en una atmósfera de particular gusto, al Doctor Geoffrey Francis Fisher Richmond, en arte Arzobispo (anglicano) de Canterbury. Tienen así inicio los encuentros ecuménicos hasta entonces severamente condenados por la Iglesia, y desde entonces llevados a cabo, sin solución de continuidad, antes bien con siempre mayor (escandalosa) pasión, por todos los sucesores de Roncalli.
   
El diario inglés The Guardian, en el obituario de Fisher publicado el 16 de Septiembre de 1972, recuerda que él fue al Vaticano «no como un obispo en peregrinación sino como el Padre en Dios de toda la Comunión Anglicana».

viernes, 12 de noviembre de 2021

LOS PENSAMIENTOS DE UN EXCOMULGADO (AMIGUÍSIMO DE RONCALLI)

Traducción del artículo publicado por Aurelio Porfiri en GLORIA NEWS.
   
La excomunión infligida por la Iglesia es la pena máxima para un creyente. Lo pone fuera de la comunión con la Iglesia cuando se hace culpable de ofensas que minan la unidad de la Iglesia y la integridad de la doctrina.
  
Leemos en las obras de San Antonio: «excommunicátus est separátus a septem bonis. 1) A cœlo; 2) Ab omni Sacraménto; 3) Ab Ecclésiæ suffrágio; 4) A divíno offício; 5) A fidélium consórtio; 6) A quólibet actu; 7) A fidélium sepúlcro» (en Gaetano Moroni, Dizionario di erudizione storico-ecclesiastica, Vol. 72, 1853).
   
  
Gaetano Moroni (+1883) en su extraordinaria entrada sobre la excomunión, explica que la excomunión es menor o mayor, la última obviamente la más temida, y que esta se distingue en latæ senténtiæ (se incurre automáticamente en la pena cuando se realizan los actos para los cuales se estableció) y feréndæ senténtiæ, que es impuesta por un juez después de un juicio canónico.
   
El canon 1364 del Código [wojtyliano] de Derecho Canónico declara que los apóstatas, herejes y cismáticos incurren en excomunión latæ senténtiæ [En el Código Pío-Benedictino, el canon 2314 agrega además que quedan privados de todo beneficio, dignidad y cargo, cargados de infamia, si son clérigos son depuestos y degradados según el canon 188 §4, y su absolución es especialmente reservada a la Sede Apostólica –en dado caso de abjuración, el Obispo diocesano, no el Vicario General, puede absolverlos en fuero externo–, N. del T.]. Y aquí habría verdaderamente mucho que decir, pero no lo haremos hoy.
   
Hay un tipo particularmente duro de excomunión, llamado vitándo, la cual tenía que ser afirmada públicamente y golpea al ofensor con penas muy restrictivas. En la entrada sobre la excomunión en la enciclopedia italiana Treccani escrita por Agostino Testo y Nicola Turchi (un historiador de las religiones y un sacerdote modernista) en 1936, se dijo, entre otras cosas:
«En cuanto a los efectos, conviene distinguir tres clases de excomulgados, a saber, los de excomunión simple, los afectados por sentencia o sentencia declaratoria o condenatoria, y los excomulgados vitándi.
     
El simple excomulgado no puede recibir los sacramentos, asistir a los oficios divinos, realizar actos jurídicos eclesiásticos, ejercer un oficio eclesiástico, utilizar los privilegios obtenidos, ni elegir ni nombrar ni presentar; no participa en las indulgencias, sufragios y oraciones públicas de la Iglesia; no puede obtener oficio o pensión eclesiástica, ni celebrar y administrar sacramentos y sacramentales, ni realizar actos de jurisdicción.
      
La persona excomulgada golpeada por sentencia declaratoria o condenatoria, además de los efectos anteriores, no puede tener participación activa en los oficios divinos, debiendo ser expulsada de ellos; no puede recibir sacramentales ni tener un entierro eclesiástico; no puede recibir ninguna gracia pontificia y pierde los frutos del oficio eclesiástico o de la pensión con que está investido.
      
El excomulgado vitándo, además de todos los efectos de las dos clases anteriores, pierde no sólo los frutos sino la misma dignidad, oficio o pensión eclesiástica; debe ser expulsado si asiste a los oficios divinos, o deben cesar; no es lícito tratar con él, excepto con los de la familia, con los sirvientes y súbditos, y con los demás siempre que exista una excusa razonable.
     
En el derecho actual es vitándo solamente aquellos que utilizaron la violencia contra el Papa y que nominalmente fue excomulgado por la Santa Sede con juicio público, en el que se dice explícitamente que es vitándo: por lo tanto, es un caso muy raro».

En este contexto, y hablando de Nicola Turchi, debemos mencionar a Ernesto Buonaiuti, cuyo compañero de estudios fue, y fue excomulgado tres veces [la primera el 14 de Enero de 1921 y la segunda el 26 de Marzo de 1924, N. del T.], la última vez el 25 de Enero de 1926 con la excomunión vitándo. Si queremos leer los pensamientos de un excomulgado, debemos ir al “Pellegrino di Roma” (Peregrino de Roma), su autobiografía escrita al final de su vida, en la cual recuerda el efecto que la excomunión tuvo en él:
«Por si fuera poco, pude experimentar de inmediato la invalidez práctica de todos estos cánones oxidados. El decreto que me señaló ante los hermanos de mi tradición y de mi Iglesia como un excomulgado vitándo no me quitó una amistad, ni hizo un vacío a mi alrededor, ni me expuso a amargos desvelos.
   
Puedo decir que la red de mis amigos se multiplicó, al contrario, más estrecha y más ferviente en torno mío, aun cuando alguno de mis amigos fue, por la constancia en las cordiales y aficionadas comunicaciones conmigo, expuesto a un rechazo de absolución por parte de algún confesor zelote, más adherente a la letra de los códigos que al espíritu del Evangelio.
    
El único recuerdo en mi mi memoria de un verdadero valor conminatorio reconocido en el nuevo decreto de condena y en mi designación de vitándo es la de una sutil emoción de temor y de consternación que me parece llegar en el apretón de mano de un colega universitario, el primer día que me presenté, después de la sentencia inquisitorial, en la sala de profesores en la Universidad de Roma».
En resumen, Buonaiuti fue afortunado y con él muchos otros modernistas que, afectados por esta terrible censura, no fueron abandonados por sus colegas, amigos y estudiantes. Por supuesto, otra cosa sería describir el sufrimiento interior que este castigo causó en Buonaiuti, que hasta su muerte quiso a toda costa ser sacerdote, pero de una Iglesia que solo existía en su imaginación.
   
***
      
En el artículo italiano aparece el siguiente comentario:
«El herético Buonaiuti fue también compañero de estudios del joven Roncalli (futuro Papa Juan XXIII), junto a otros dos futuros modernistas, y todos juntos tenían el hábito, como relata el difunto senador Giulio Andreotti en su libro “I quattro del Gesù” (Andreotti se casó con la sobrina de uno de ellos, me parece fuese don Antonio Manaresi, que fue también su profesor [si bien Manaresi fue profesor de Andreotti, su mujer Livia Danese era en realidad sobrina de don Giulio Belvederi Delfini-Dosi, N. del T.]: leí su libro hace algunos años, y ahora no lo tengo más), de hacer una visita cada tarde al Santísimo Sacramento en la famosa iglesia romana del Gesù (entonces a los seminaristas todavía inculcaban algunas buenas costumbres); pero poco después se lanzaron a discusiones “progresistas”, tal vez aún no modernistas, pero peligrosísimas especialmente para jóvenes mentes inexpertas.
   
Recuerdo que esto me ha hecho pensar mucho: yo sé precisamente que muchas decisiones tomadas por Roncalli devenido Papa fueron influenciadas por aquellas pésimas discusiones juveniles con futuros modernistas, todos después excomulgados.
 
Como la historia no puede modificarse a posterióri, y sin embargo debemos sorbernos hoy al Papa Bergoglio, que es solo la última consecuencia del “buenismo” y del “aperturismo al mundo” del Papa Roncalli. El cual no por casualidad fue aplaudido, en la época, por todos los medios masivos y llamado “el Papa bueno” (bueno, en el sentido de adaptado, para comenzar a destruir la Iglesia). Él después murió durante “su” Concilio, pero dejó su herencia a los pésimos Papas posteriores: Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco I...
   
Jesús, María Santísima, San José, dadnos finalmente un Papa Católico y santo!» (Don Andrea Mancinella, ermitaño de la Diócesis de Albano).
Al respecto, Juan XXIII bis Roncalli, en un cuaderno entre 1962 y 1963 y publicado en su Giornale dell’anima e altri scritti di pietà, editado por su secretario Loris Francesco Capovilla Callegaro, le dedica este escrito a Buonaiuti, citado por su sobrino-nieto Marco Roncalli Villa en su libro:
«Recuerdo triste de Don Ernesto Buonaiuti. Nacido en Roma el 24 de junio de 1881. Estuve un año con él (1901) en el seminario romano. Sacerdote el 19 de diciembre de 1903. Mi ordenación, el 10 de agosto de 1904 en Santa María in Monte Santo. Estaba a mi lado entre don Nicola Turchi y yo: me había vestido y sostenía entre nosotros dos el misal. Excomulgado en 1921, de nuevo el 26 de marzo de 1924. Declarado vitándus en enero de 1926. Muerto el 20 de abril de 1946, sábado santo. Cuando las campanas comenzaron a elevar sus voces después del silencio de la Pasión, él hizo abrir la otra ventana de su habitación para oír mejor su canto. Hacia la una después del medio día de pronto se llevó la mano a la frente diciendo: “Me voy, me voy”, y expiró. Eran las 13:15. Murió así, pues, a los 65 años, sine luce et sine cruce. Sus admiradores escribieron de él que era un espíritu profunda e intensamente religioso, adherido al cristianismo con todas sus fibras, adherido al cristianismo con todas sus fibras, unido por vínculos irrompibles a su querida Iglesia católica. Naturalmente, ningún eclesiástico bendijo sus restos: ningún templo para acoger su sepultura. Palabras de su testamento espiritual entre el 18 y el 19 de marzo de 1946: “Puedo haberme equivocado, pero no encuentro en la sustancia de mi enseñanza materia de desaprobación o retractación”. Dóminus parcat illi».

lunes, 11 de octubre de 2021

SOMBRAS Y PENUMBRAS DE JUAN XXIII RONCALLI

   
SOMBRAS Y PENUMBRAS DE LA FIGURA RONCALLI (JUAN XXIII)

Juan XXIII firmando la Pacem in terris
   
Existen muchos artículos y obras que sería largo enumerar que desmistifican ese mito generalizado de la amabilidad y bondad casi infinita de Roncalli.
  
Nada mejor para confirmarlo, que escuchar los ditirambos que le dedica Georges de Nantes, con motivo de su fallecimiento: «Su grandeza dícese basada en su bondad que era infinita… su humildad profunda y entera... no quiso ser un doctrinario, ni un autoritario sino como buen padre y como el amigo de cada uno de los hombres… al que algunos explotaron en provecho de sus maniobras tenebrosas… Esta alma de una limpieza excepcional no podía comprender que hubiera hombres que se apeguen a sus propias ideas y menos aún a sus pasiones, dándoles importancia tal, que no duden en deshacer la unidad común y amenazar la paz con tal de hacerlas prevalecer» [1].
   
Exponente del poderoso embrujo que ejerce el medio ambiente, aún en las inteligencias más preclaras, consideremos este caso del Abate francés Georges de Nantes, hombre cultísimo e hipercrítico, donde los haya. Pues bien el mismo que llega a predicar un atributo divino en Roncalli: critica al mismo bastantes de sus dichos, actitudes, hechos y frutos de su obra.
  
Veamos algunas. «Por voluntad de Juan XXIII… el concilio ha llegado a ser una mutación… La roca se ha desprendido de la montaña y rueda con fragor de tormcnta y se pretende detenerla. ¿Se habría echado a rodar, para darse el gusto de detenerla ahora? Juan XXIII lo quiso. Él proclamó los principios de este movimiento». O sea el Aggiornamento y apertura al mundo, enemigo mortal de Cristo.
   
Y continúa «El 20 de Diciembre de 1962, en la primera sesión, el reformismo no agrupaba aún más que 822 voces contra 1368. Pero todo estaba de antemano perfilado. No se podía permitir que el Tradicionalismo se alzara con la victoria y Juan XXIII, por una intervenciön personal, dio la ventaja a la oposición» [2].
  
En su “Liber Accusationis”, obra en que acusa de hereje a Paulo VI, dice lo siguiente: «Estamos en una situaciön sin precedentes. La Iglesia se encuentra en un estado de Autodestrucción acelerado… y de apostasía inminente desde hace diez años. Estos malos frutos los produce el árbol plantado en el centro mismo de la Cristiandad: la Reforma. Por sus frutos los conoceréis, decía el Señor. El que lo plantó ha muerto. Que Dios lo perdone» [3].
   
Así que ya saben. «Por sus frutos…». El árbol es malo. Pero resulta que el que plantó dicho árbol malo; el que introdujo una mutación en la Iglesia, el que por una intervención personal dio la ventaja a la oposiciön (modernistas y progresistas), es un ser de bondad infinita. 
   
Santiago Álvarez, miembro del Comité Central del partido Comunista español, escribía en un art. de la revista “PROBLEMAS DE LA PAZ Y DEL SOCIALISMO”: «Rinde homenaje al Papa Juan XXIII por haber abierto la vía a la coexistencia pacífica entre la Iglesia Católica y los Comunistas» (¿Qué Pasa? Nº 471, 6-1-1975).
  
«La Iglesia católica era fuerte y unida porque era una monarquía absoluta. Juan XXIII abrió la puerta a la democracia» [4].
    
Así, debido al mito Roncalli, los autores procuran defender a capa y espada, la inmaculada limpieza de Juan XXIII. Hay que ver los esfuerzos que se derrochan en la revista ¿Que Pasa? para lavar a Roncalli de las prevaricaciones de que se le acusa, achacándolo a infundios, calumnias, y mala voluntad de manchar la inmaculada figura de Roncalli.
   
Tales son los esfuerzos que derrocha Mauricio Carlavilla para exculpar la menor sospecha de marxistización que Tiemo Galván endosa a Roncalli; en un artículo de éste en “Cuadernos para el Diálogo” en que marxistiza a Juan XXIII (¿Qué Pasa? Nº 74, 76, 77, 79).
   
En el testimonio en “¿Qué Pasa?” Nº 88 (2-9-65), en que se compara a Juan XXIII con Kruschev, el autor Andrés de Asboth, rechaza el paralelismo con estas palabras: «es natural que los bolcheviques, profesionales y doctrinarios de la mentira traten de sembrar confusión, mas lo que indigna es que católicos les presten ayuda, atreviéndose a comparar al Santo Papa Juan XXIII con el carnicero de Budapest». Aquí tenemos otra refutación basada cn el fetichismo. Juan XXIII es Santo y punto. Es metafísicamente imposible que pueda caer la más mínima sospecha de imperfección sobre la figura de Roncalli.
   
¿Qué Pasa? publicó dos números, refundidos en un solo ejemplar, con un tratado monográfico: “PERFILES MASÓNICOS DE ACTUALIDAD”. Uno de los artículos que hacen al caso, lleva por título: RECUERDOS “ECUMÉNICOS” DEL HERMANO MARSAUDON EN RELACIÓN CON MONSEÑOR RONCALLI. Es bastante extenso y forzosamente hay que limitarse a citar lo más destacado. El artículo se basa en extractos del libro publicado por el Barón de Marsaudon, Ministro jubilado de la Soberana y Militar Orden de Malta y grado 33 y Gran Comendador honorario, etc. M. Yves MARSAUDON, en 1976: “RECUERDOS Y REFLEXIONES”.
  
El Barón de Marsaudon, habría de conocer al futuro Juan XXIII, durante su estancia como Nuncio en París. He aquí lo que escribió en la pag. 133 de su libro:
«En el momento oportuno, referiré mis conversaciones en la cumbre, sin omitir que fue Monseñor, quien se dignó llamarme su amigo.
   
No es la creencia o la increencia en Dios, lo que me preocupa, sino una verdadera concepción de Cristo, ante todo como Jesús-Hombre (Es decir, como el Jesús revolucionario —aclara Marsaudon— tal como lo ven hoy algunos exaltados muy alejados del Evangelio.) 
   
No hablaba jamás del infierno, sino frecuentemente de una vida futura que además evitaba cuidadosamente definir. No hay que perder de vista que había permanecido diez años en Oriente, y que no solamente se aproximaba a los Patriarcas ortodoxos, sino que tampoco olvidaba que éstos eran los continuadores de los cristianos más próximos a los Apóstoles y que habían evitado algunas de las novedades acogidas con entusiasmo… en los medios católicos romanos… Para él, la Iglesia era considerada en un plano extremadamente amplio, de ahí sus ideas sobre el ecumenismo, que no se manifestaron públicamente hasta después de su elección…. 
  
He escrito ya en alguna parte, como yo no estaba totalmente seguro de su aprobación, sin reticencias, del nuevo dogma de la Asunción de la Virgen. Evitó abordar la cuestión, desde que la promulgación decretada por Pío XII se hizo oficial. Esto no le estorbaba para dar muestra de una devoción mariana ejemplar. Pero pensaba continuamente en las consecuencias que este nuevo dogma —sucediendo al de la Infalibilidad Pontificia— podría acarrear en turbaciones y divergencias a la hora de que las realizaciones ecuménicas hubiera verdaderamente sonado».
Marsaudon escribe aún más adelante, en la pag. 263:
«NO VOLVÍ A VER AL NUNCIO MAS QUE DOS VECES... CON MOTIVO DE UNA CONVERSACIÓN MUY LARGA QUE MANTUVE CON ÉL EN SU GABINETE; EN EL CURSO DE LA CUAL NO SE TRATÓ DE LA ORDEN DE MALTA, NI DE LA FRANCMASONERÍA… Mi pertenencia a esta última institución, a veces le hacía sonreir, pero con benevolencia. SE ESFORZABA GENTILMENTE EN COGER EL SENTIDO DE LA INICIACIÓN… QUE DE NINGUNA MANERA ES INCOMPATIBLE CON LA FE, DE LO QUE ESTABA EN ADELANTE CONVENCIDO... La conversación a la cual hago alusión fue extremadamente seria y grave. No me creo autorizado a divulgarla, ni incluso a resumirla…» [5].
  
Según Hans Küng en “¿Que Pasa?” Nº  46 (12-11-64), Juan XXIII no leía sus encíclicas, que se empeñó en convocar el concilio y celebrarlo contra el parecer de la Curia; así como el dicho que se comentó mucho de que él no sería infalible, por su decidida voluntad de no deimir nada ex-cathedra. Este mismo aspecto lo recalca años después el mismo Küng: «Juan XXIII practicó, en medida totalmente inaudita, la renuncia evangélica al poderío espiritual, a fin de poder servir mejor a la Iglesia y al mundo. La renuncia al poderío significó la renuncia a condenaciones, amenazas, excomuniones, prohibiciones de libros, y procedimientos inquisitoriales. La renuncia al poderío espiritual significó también la renuncia a nuevas fijaciones autoritarias, a definiciones y dogmas…» [6].
    
Lo mínimo que se puede decir al respecto es que Roncalli, con esa manera de proceder, fue IMPRUDENTÍSIMO. Esa imprudencia temeraria es injustificable en quien ocupa la silla de PEDRO. El mismo Georges de Nantes lo acusa en la obra ya citada de imprudencia manifiesta.
   
Con esa actitud, se exponía a faltar a la misión esencial de un Papa, que consiste en custodiar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los apóstoles o depósito de la Fe, con el fin de que toda la grey de Cristo, apartada por ellos del pasto venenoso del error, se alimente con el de la doctrina celeste (Denz. 1836-1837).
   
Con esa manera de proceder, de hecho, hizo un daño inmenso a la Iglesia y rompió con la tradición. ¿Dónde está, entonces, esa bondad infinita de Juan XXIII?
   
Otra de las penumbras de Roncalli son sus amistades sorprendentes con los no creyentes, masones y ateos; siendo así que «a los que no traen esta doctrina no se les debe ni siquiera saludar», (II Jo, 10) y que el hereje debe ser evitado (Tit. 3, 10).
   
Y como dice Sor María Jesús de Ágreda, en su Mística Ciudad de Dios: «No puede ser pacífico y confederado con Babilonia, el ciudadano de la verdadera Jerusalén; ni es compatible solicitar la gracia del Altísimo, estar en ella y juntamente en amistad de sus declarados enemigos; porque nadie puede servir a dos señores encontrados, ni estar juntos la luz y las tinieblas, Cristo y Belial» (II P.; lib. II, c. 22, num. 278).
   
Tales amistades, en efecto son incompatibles, de acuerdo con la definición de amistad: conformidad perfecta de lo divino y humano acompañada de benevolencia y mutuo afecto. Ya que la división más profunda, cual espada de dos filos, la produce la Religión. Lo cual significa que si, de hecho, parece darse esa amistad es, bien porque ambos han cedido de sus respectivas rígidas posiciones, hasta llegar a un punto medio de consenso, lo que califica a ambos como traidores; o bien, que uno de los dos se haya pasado al campo ideológico del contrario, quedando sólo nominalmente, sólo en apariencia en el campo que se le considera.
   
El fenómeno mítico de Roncalli es verdaderamente sorprendente. Se ve encomiado y ensalzado entusiásticamente por Católicos (incluso tradicionalistas) y por los no creyentes (incluso masones y ateos). Forzosamente hay que tomar el término «bueno» como equívoco. Ese concepto no puede ser idéntico para católico y para un incrédulo. ¿Quién se equivoca? No se diga que puede darse el consenso. Eso es imposible. «Lo mismo que me han odiado a mí, os odiarán a vosotros», nos dice Jesús. «Bienaventurados seréis cuando os odiaren los hombres» (Luc. 6, 22) y por el contrario: «Ay de vosotros cuando todo el mundo hable de vosotros» (Luc. 6, 26). La unanimidad del mundo ensalzando a uno es sospechosa y le hace sospechoso.
   
Roncalli fue acusado de modernista ante el Santo Oficio. Ya jovencito se le acusa de haber incurrido en el «conjunto de todas las herejías», según definió San X al modemismo. Por eso, se interesó, una vez nombrado Papa en ver lo que estaba en su expediente y en hacer desaparecer del grueso legajo, las pruebas de su prevaricación. Ver «¿Qué Pasa?” Nº 771 (6-1-75); reproducción de “La Vanguardia” de Barcelona (ver «RONCALLI FUE ACUSADO DE MODERNISTA»). 
   
Asi no es extraño que como nos cuenta el testimonio de ABC del 8-12-73 pag. 41, tuviera el deseo de «escribir de nuevo y de arriba abajo, la doctrina cristiana», encomendando tal tarea a Guareschi. Es que la Iglesia hasta entonces no habría sabido exponer claramente la doctrina revelada. Reacción típica de un apóstata modemista que odia a la Iglesia y no está conforme con nada de ella. 
«En octubre de 1962 se abrió el segundo Concilio Vaticano. Dos dias después los observadores de 17 Iglesias y comunidades cristianas no católicas visitaban al Pontífice de ecuménicos anhelos. 
   
Bajaban los ecuménicos la escalera del palacio apostólico cuando, llamado por Juan XXIII, subía don Giovanni Rossi, el sacerdote secular que ahora edita el libro sobre la utopía del Pontífice bondadoso. 
   
El Papa dijo “—Don Giovanni, es preciso escribir de nuevo, y de arriba abajo, la doctrina cristiana. Hoy se sigue enseñando como hace medio siglo. Las definiciones que da el padre Astete se han quedado anticuadas. No corresponden al espíritu de hoy, a los tiempos y costumbres de ahora. Me gustaríia que usted editase un nuevo catecismo, escrito por un laico, aunque haciendolo revisar por algún teólogo. ¿Sabe en quién he pensado para esa nueva redacción del catecismo?» [7].
Además vistió toda su obra como si fuera de inspiración divina. La idea de la celebración del Concilio, la atribuye a la inspiración del Espíritu Santo. Desde luego, a juzgar por los frutos no es ése el espíritu que lo inspiró.
   
En su encíclica “Ad Petri Cathedram”, en la que se exponen los fines del concilio, habla de la unidad en todas sus formas, hasta la saciedad. Cita el “Ut omnes sint unum”, en contra de la interpretación de la encíclica antiecumenista por antonomasia, “Mortalium animos”, de Pío XI. Citando a contrasentido el “Ut omnes unum sint”, parece como si la Iglesia no fuera Una, o lo hubiera dejado de ser, o solo lo fuera en potencia y no en acto. Lo cual va contra la verdad de la Fe, que profesamos en el Credo, de que la Iglesia es Una.
   
Como buen modernista Roncalli parece ser que reivindica el derecho fundamental, al que la Iglesia no puede renunciar, el de la libertad religiosa, en la “Ecclesia Christi Lumen Gentium”, del 11-8-62, en vísperas del Concilio.
   
A fuer de modernista dice que «la solemnísima Asamblea se ha propuesto afirmar, una vez más, la continuidad del magisterio eclesiástico, para prepararlo cn forma excepcional a todos los hombres de nuestro tiempo, teniendo en cuenta las desviaciones, las exigencias y las circunstancias de la edad contemporánea». Esto no es otra cosa que predicar un evangelio descafeinado, aguado, en contra del precepto de Cristo y de la práctica multisecular de la Iglesia. El evangelio se expuso siempre con toda sencillez y claridad, entero y con todas sus exigencias ineludibles, incluso la verdad del infiemo con su fuego etemo, dogma que no cabe, ni puede caber en la socicdad actual, totalmente mundanizada.
   
En este mismo discurso rechaza a los profetas de calamidades [8] (en alusión a la Curia y a los guiados por el Espíritu y la luz de lo Alto que le aconsejaban bien) como los judíos repudiaban a Jeremías como profeta de desventuras. Es lo propio de los falsos profetas anunciar solo paz, bienandanza y alegría.
   
Roncalli rechazó la luz, y se puso una vez más de manifiesto su imprudencia temeraria.
   
Al proclamar la supresión de castigos rompe la Tradición de la Iglesia, desde su mismo nacimiento. San Pedro reprendió severísimamente a Zafira y a Ananías y a Simon el mago, y San Pablo excomulgó al incestuoso de Corinto, etc, etc.
   
En el anuncio del concilio (25-1-1959), anuncia, asimismo «la suspirada y esperada actualización del código de Derecho Canónico». Como se ve, Roncalli se encuentra tanto en el germen de todos los cambios hasta la mutación, como en los pésimos frutos producidos.
   
Como decía San Pío X de los modernistas «¿Qué dejó en pie de la estructura multisecular de la Iglesia?». Luego queda manchado, al menos con la sospecha de modemista, por la postura típica de no querer dejar en pie ningún elemento de la estructura milenaria de la Iglesia.
   
Los Papas al ser coronados emitían un juramento, en que se sometían al más severo anatema, como a Otro, si tenían la presunción de introducir cualquier novedad que fuera opuesta a la Tradición Evangélica, o a la integridad de la Fe y la Religión Católica... o que tratara de cambiar cualquier cosa, aceptando la contraria o dejando a los prcsuntuosos atacar el depósilo de la Fe con audacia sacrílega.
   
Juan XXIII, de acuerdo con el compromiso contraído con este juramento, quedó excomulgado, por haber roto la Tradición en tres puntos muy concretos:
a) Al eliminar las condenas, castigos y censuras en la Iglesia. Siendo que este punto va contra un deber estricto de la Iglesia: «La Iglesia, por la potestad que le fue otorgada por su divino fundador tiene no solo el derecho, sino principalmente el deber, de no tolerar, sino proscribir y condenar todos los  errores, si así lo reclamaran la integridad de la Fe y la salud de las almas…»
b) "Al proclamar el Aggiomamento, o lo que es igual, la adaptación de la Iglesia al mundo. Este punto va contra la proposición 80 de las condenadas por el SILABUS, que reza así: «El Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, el liberalismo y con la civilización moderna»
c) Por su complicidad con los modenistas, sospechoso él mismo de serlo. Movimiento este, subversivo de todas las estructuras de la Iglesia. Este punto por favorecer al conjunto de todas herejías, como fue definido el modemismo, destroza el concepto de Tradición.
   
¿No sería Roncalli el Papa preconizado y programado por la Sinarquía hacía más de un siglo? He aquí como lo expresaban las Instrucciones Secretas de la Alta Venta de los Carbonarios [9] «Lo que nosotros debemos demandar ante todo, lo que nosotros debemos tratar de alcanzar, como los judíos esperan el Mesías, es un Papa según nuestras necesidades».
   
Y Nobius escribía a Volpe (3-4-1884): «…nosotros debemos llegar con pequeños medios bien graduados, aun cuando mal definidos, al triunfo de la Revolución por el Papa».
   
Las Instrucciones Secretas describen las condiciones en que debe hacerse la Revolución:
«Para aseguramos un Papa con las proporciones exigidas se trata primeramente de elaborarle una generación digna del reino que nosotros soñamos.
    
Que el clero marche bajo nuestro estandarte creyendo siempre que marcha bajo la bandera de las llaves Apostólicas. Tended vuestras redes como Simon Barjona; tendedlas en el fondo de las sacristías, de los seminarios, de los conventos,… y si vosotros no precipitáis nada, os prometemos una pesca milagrosa, más milagrosa que la suya... Vosotros pescaréis una revolución con tiara; marchando tras la cruz y la bandera, una revolución que solo necesitará ser muy poco aguijoneada para prender fuego a los cuatro costados del mundo».
A mi juicio a ningún otro cuadra mejor el retrato robot del Papa programado por la Sinarquía. Fue Roncalli el que puso los cimientos, y estableció los principios para llevar a cabo la Revolución con las características descriptas, para que los mismos Católicos tradicionalistas fueran engañados por el que tenía aspecto de cordero (Ap. 13, 11), creyendo cándidamente que marchaban tras el estandarte de la cruz; ya que el Dragón había dado el poder de hacer la guerra a los Santos y vencerlos (Ap. l3, 7).
   
En efecto, Juan XXIII no tuvo contestatarios enteros y públicos como los han tenido, después, todos sus sucesores, que se han limitado a llevar hasta sus últimas consecuencias, a consolidar y mantener la Revolución implantada por Roncalli. A Paulo VI le salieron respondones por todas partes, desde muy pronto. Las contestaciones y resistencias fueron creciendo, hasta llegar a la acusación de hereje de Georges de Nantes, en 1973, y a la resistencia “in faciem”, de Mons. Lefebvre en 1976. Y no digamos a Juan Pablo II Pero la conducción de Roncalli, hasta instalar la Revolución en el corazön mismo de la Iglesia, fue dulce y suave, sin resistencias firmes ni estridentes.
   
Roncalli llevó a cabo la predicción del masón de alto grado Carl J. Buckhardt: «Después de él la Iglesia no será la misma» [10]. Por eso Dom Lambert Beaudouin saltó de gozo a la muerte de Pío XII, ante la posibilidad de que pudiera ser elegido Roncalli. «Si eligieran a Roncalli —exclamó— todo se salvaría; él sería capaz de convocar un concilio y de consagrar el Ecumenismo…» Y además, expresa su esperanza de que saliera elegido: «Tengo confianza; tenemos nuestra oportunidad; la mayoría de los Cardenales no sabe lo que tiene que hacer. Son capaces de votar por él»[11].
   
Se impone pues hacer un estudio serio y exhaustivo sobre la figura de Roncalli, ya que este trabajo no pasa de un modesto ensayo; para que se lo vea tal cual era. Engañó a los católicos. Hay que despojarle de su aureola de santidad mítica y mostrar a los católicos, haciéndoles ver la inanidad de su ídolo; como Daniel hizo ver las del ídolo Bel y el Dragón, con estas palabras: «Ecce quem colebátis». Aquí tenéis vuestro ídolo; dispersó y destrozó el rebaño de Cristo y debido al prestigio que aun ejerce sobre las ovejas dispersas, les impide que lleguen a la perfecta unidad y es causa de las divisiones que tienen separados a los tradicionalisias.
   
A la vista de los resultados y considerandos precedentes, juzgo que Roncalli (Juan XXIII):
  1. Fue un gobernante imprudentísimo.
  2. Es sospechoso de haber sido iniciado en la Masonería.
  3. Es sospechoso de herejía.
En mi fuero interno, se eleva una fuerte protesta por este juicio tan benigno. Pero considero lo prudente quedarme ahí, como base más segura.
    
TOMÁS TELLO
Revista “ROMA”, n.º 119 (Julio de 1991), pag. 81.
   
NOTAS (De la redacción)
[1] Georges de Nantes “Lettres a mes amis” Nº 143.
[2] O. c. Nº 184 (25-9-1964)
[3] Liber Accusationis, pag, 7, 1973.
[4] Martinez de Marañon, Pedro: “Algunas observaciones sobre la Populorum Progressio”, ¿Qué Pasa? N° 191 (26-8-1067).
[5] ¿Qué Pasa? Nº 686 y 687 (agosto de 1980) pp. 24-27.
[6] ¿Qué Pasa? Nº 445 (8-7-72).
[7] ABC 8-12-1973.
[8] Nota de la Revista Roma: En su momento apareció una alusión a los anuncios de la Virgen Santísima en Fátima.
[9] Nota de la revista Roma: De “L’Eglise Romaine en face de la Revolucion” por J. Crétinean-Joly. La edición de 1858 fue precedida por un breve de S.S. Pio IX que aprueba el texto. En 1846 fue invitado a ir a Roma, donde el Papa Gregorio XVI le encargó escribir una Historia de las Sociedades Secretas a partir de los archivos Vaticanos y los archlvos del Cardenal Bernetti.
[10] …«La aptitud para creer en milagros y el respeto por lo sagrado no son su fuerte. Es deista y racionalista, con la mejor intención de servicio a la justicia social. A esto añadia la inclinación a tender largamente la mano a todos los animados del mismo espíritu, venidos de campos diametralmente opuestos. (…) Es bondadoso, abierto, lleno de humor, muy alejado de la Edad Media cristiana; siguiendo las huellas de los filósofos franceses ha llegado a los mismos resultados que los Reformadores, pero sin su pasión metafísica. Cambiará muchas cosas; después de él, la Iglesia no será la misma».
[11] Bonneterre: “El movimiento litúrgico” Rev. Roma, Nº 71-72, Bs. As, 1982 pag. 37-96.