martes, 10 de mayo de 2016

TRIDUO EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Tomado de RADIO CRISTIANDAD

TRIDUO EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
   
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh María!, digna Madre de Dios y tierna Madre nuestra, que apareciendo en Fátima, nos habéis mostrado nuevamente en vuestro Corazón Inmaculado un asilo y refugio segurísimo, y en vuestro Santo Rosario un arma victoriosa contra el enemigo de nuestras almas, dándonos también rica promesa de paz y vida eterna, con el corazón contrito y humillado por mis culpas, pero lleno de confianza en vuestras bondades, vengo a ofreceros este Triduo de alabanzas y peticiones. Recordando, Señora benignísima, las palabras de Jesús en la Cruz, “Ahí tienes a tu Madre”, os digo con todo afecto: ¡Madre, aquí tenéis a vuestro hijo! Amén. 
 
DÍA PRIMERO - 10 DE MAYO
CONSIDERACIÓN: Reinado del Corazón de María
Dijo la Virgen a los pastorcitos de Fátima: “Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”. En verdad, ¿puede haber cosa más justa y digna? Oigamos a San Antonio María Claret: “¿Habrá quien pregunte por qué veneramos al Corazón de María? ¿Se ha meditado bien la excelencia de este Corazón y las perfecciones sobrehumanas y más que angélicas que lo adornan? ¡Oh, con qué alegría contempla el Señor al Corazón de María, al que ninguna mancha desfigura ni afea germen alguno de pasión mala, en el que no existe sombra de defecto que pueda hacerle indigno y cuyas afecciones son todas celestes! O por hablar con más propiedad, ¡con qué satisfacción no se contempla a Sí mismo en aquel espejo fiel en donde se hallan retratados todos los rasgos de su semejanza, borrados en el resto de los hombres!”. Y afirma San Bernardino de Siena que “para ensalzar los sentimientos del Corazón Virginal de María no bastan las lenguas de todos los hombres, ni aún las de los ángeles”. ¡Tan digno y santo es!
  
¡Oh alma devota! Dios lo quiere: Dios ha honrado sobremanera al Corazón de María: honra tú también, ama y obsequia cuanto puedas al Corazón amantísimo de tu dulce Madre.
   
Después de la meditación propia del día pídanse las gracias. Para alcanzarlas, rezar cinco Avemarías al Corazón Inmaculado de María.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Inmaculado Corazón de María, el más amable y compasivo de los corazones después del de Jesús, Trono de las misericordias divinas en favor de los miserables pecadores! Yo, reconociéndome sumamente necesitado, acudo a Vos en quien el Señor ha puesto el tesoro de sus bondades con plenísima seguridad de ser por Vos socorrido. Vos sois mi refugio, mi amparo, mi esperanza; por esto os digo y os diré en todos mis apuros y peligros: ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
  
Cuando la enfermedad me aflija, o me oprima la tristeza, o la espina de la tribulación llague mi alma, ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
   
Cuando el mundo, el demonio y mis propias pasiones, coaligados para mi eterna perdición, me persigan con sus tentaciones y quieran hacerme perder el tesoro de la divina gracia, ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
 
En la hora de mi muerte, en aquel momento espantoso del que depende mi eternidad, cuando se aumenten las angustias de mi alma y los ataques de mis enemigos, ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
   
Y cuando mi alma pecadora se presente ante el tribunal de Jesucristo para rendirle cuenta de toda su vida, venid Vos a defenderla y ampararla, y entonces, ahora y siempre, ¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
  
Estas gracias espero alcanzar de Vos, ¡oh Corazón amantísimo de mi Madre!, a fin de que pueda veros y gozar de Dios en vuestra compañía por toda la eternidad en el Cielo. Amén.
  
En el Nombre del Padre, y del Hijo +, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO - 11 DE MAYO
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración Preparatoria
 
CONSIDERACIÓN: Desagravio al Inmaculado Corazón de María
La Virgen pidió en Fátima a los tres pastorcitos ofrecieran sacrificios en reparación de las ofensas que se infieren a su Inmaculado Corazón. Solicitó en particular la comunión reparadora de los Primeros Sábados.
  
Lo que sostiene aún a este mundo pecador, a pesar de sus faltas, es el espíritu de reparación, que llega a su valor más alto en el Santo Sacrificio de la Misa, donde Jesús encabeza las reparaciones y desagravios de la Iglesia toda a su Eterno Padre.
  
Se ofende a Dios, y se ofende mucho también a su amadísima Madre, cuyo Corazón Inmaculado gime atravesado por una espada de dolor. “Ese vaso de santidad -exclama San Buenaventura- ¿cómo se ha trocado en mar de penalidades?” La Virgen Madre puede responder: “Hijos he criado y exaltado, mas ellos me despreciaron”. ¡Penitencia! nos dice Nuestra Señora en Fátima como en Lourdes. Sí: Fátima es un pregón de penitencia para esta época en que el hombre se niega a reconocer la gravedad del pecado, se glorifica en el sensualismo y se jacta de gozar de esta vida. No volver a pecar: esto es lo primero en el verdadero penitente. Y luego, mortificarse y sufrir por amor a Dios.
   
Oigamos, pues, el clamor de Nuestra Señora: ofrezcamos oraciones, buenas obras y sacrificios en desagravio a su afligido y Purísimo Corazón.
     
Pídanse las gracias. Para alcanzarlas, rezar cinco Avemarías al Corazón Inmaculado de María. La Oración Final se rezará todos los días. 
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA TERCERO - 12 DE MAYO
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración Preparatoria
 
CONSIDERACIÓN: La gran Promesa de Nuestra Señora
Esta promesa será sin duda lo que más perpetúe el nombre de Fátima a través de los siglos y traiga más frutos de salvación. “Prometo -dijo la Virgen- asistir en la hora de muerte con las gracias necesarias para la salvación a los que en cinco primeros sábados de mes seguidos comulguen y recen el rosario meditado”.
   
Ante estas palabras de misericordia del Corazón Inmaculado de María, el mundo se ha conmovido. El mismo soberano Pontífice Pío XII puso al principio de la Santa Misa del Corazón Inmaculado de María aquella invitación: “Vayamos con confianza a ese Trono de gracia”. Y cada uno de los fieles deseoso de asegurar lo que más importa, el porvenir eterno, tiene cuenta de sus cinco Primeros Sábados, evita el interrumpirlos, se alegra de coronarlos y se complace en repetirlos.
       
Es interesante el dato evangélico: Jesús otorgaba sus favores y prodigios preferentemente en sábado. E interrogaba a sus detractores: ¿Es lícito curar en sábado? Su Madre divina parece responder: los sábados son los días de mi predilección a favor de mis devotos en la tierra y en el Purgatorio.
  
¡Oh alma! reza el Rosario y comulga en dichos días, con gratitud, con fervor, en espíritu de reparación, y no lo dudes: albergada en ese Corazón Inmaculado, que es, según San Buenaventura, “deliciosísimo paraíso de Dios”, pasarás al Paraíso eterno.
     
Pídanse las gracias. Para alcanzarlas, rezar cinco Avemarías al Corazón Inmaculado de María. La Oración Final se rezará todos los días.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 6 de mayo de 2016

ORACIÓN POR LA RESTAURACIÓN EN EL FAVOR DE NUESTRA SEÑORA

Oración escrita por el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira - Tomada de COMO OVEJAS SIN PASTOR
  
  
Hay momentos, Madre mía, en que mi alma se siente, en lo que tiene de más profundo, tocada por una angustia indecible. Tengo nostalgia de la época en que yo os amaba, y Vos me amabais, en la atmósfera primaveral de mi vida espiritual. Tengo añoranza de Vos, Señora, y del paraíso que ponía en mí la gran comunicación que tenía con Vos.
   
¿No tenéis también Vos, Señora, nostalgia de ese tiempo? ¿No tenéis añoranza de la bondad que había en aquél hijo que fui?
   
Venid, pues, ¡oh la mejor de todas las madres!, y por amor a lo que florecía en mí, restauradme: recomponed en mí el amor a Vos, y haced de mí la plena realización de aquel hijo sin mancha que yo habría sido, si no fuese tanta miseria.
   
Dadme, ¡oh Madre!, un corazón arrepentido y humillado, y haced brillar nuevamente ante mis ojos aquello que, por el esplendor de vuestra gracia, yo comenzara a amar tanto y tanto... 
   
Acordaos, Señora, de este David y de toda la dulzura que en él poníais. Así sea.

MARTIRIO DE SAN JUAN EVANGELISTA EN LA PUERTA LATINA

"Mi cáliz sí que lo beberéis; pero el asiento a mi diestra o siniestra no me toca concederlo a vosotros, sino que será para aquellos a quienes ha destinado mi Padre". (Mateo 20, 23)
    
Martirio de San Juan Evangelista
  
Estas palabras de Jesucristo anunciando al discípulo muy amado que bebería, también él, el cáliz de dolor, cumpliéronse cuando, a pesar de su mucha edad, Domiciano lo hizo venir de Éfeso, desde donde gobernaba las iglesias de Asia, a Roma. Por no querer obedecer a Domiciano ni adorar los falsos dioses, le azotaron, lo desnudaron y fue llevado fuera de la ciudad, frente a la puerta llamada Latina, y se lo sumergió en una caldera llena de aceite hirviendo ante la presencia del Senado y de la ciudad entera. Entró con gran alegría y seguridad el glorioso evangelista, acordándose las palabras de Cristo nuestro Señor, pero ¡oh milagro!, aunque se abrasaron algunos de los ministros impíos que atizaban el fuego, salió el santo de la caldera como de un baño refrescante, más fuerte y vigoroso de lo que entrara, lo cual causó gran alegría a los cristianos que allí se hallaban, algunos de los cuales confesaron su fe. Domiciano desterró al santo Apóstol a la isla de Patmos, donde escribió el Apocalipsis y convirtió a muchos a la fe de Jesucristo.

REFLEXIÓN
San Juan evangelista es el único apóstol que no murió mártir; pero mira con qué generoso corazón se ofrecía a la muerte, entrando en la caldera con aceite hirviendo. ¿Quién no recibirá pues con toda confianza el divino Evangelio que escribió? ¿Quién rehusará darle fe después de habernos él dado su ilustre testimonio por estas palabras: "Os anunciamos lo que hemos visto por nuestros ojos, lo que hemos oído por nuestros oídos, lo que hemos palpado con nuestras manos acerca del Verbo de eterna vida, a fin de que creyendo en él alcancéis la vida eterna"?. Quien menosprecie este testimonio, merece ser despreciado; quien lo repruebe, merece ser eternamente reprobado.
    
MEDITACIÓN SOBRE LA LEGÍTIMA Y SANTA AMBICIÓN
I. No busques los honores y las dignidades de este mundo; son pesadas cargas que abrumarán tu flaqueza. Huye de esos honores; no viniste a este mundo para mandar a los hombres, sino para obedecer a Dios. La cuenta que deberás rendir por ti mismo es ya bastante pesada, no te recargues sin necesidad con el alma de tu prójimo. Con todo, si Dios te llama a esas dignidades, obedece; Él te dará las gracias necesarias para llevar la carga que te haya puesto sobre los hombros.
   
II. Tu ambición debe limitarse a desear los primeros lugares en el cielo e imitar, en la medida de tus fuerzas, a los santos más grandes del paraíso. No digas con algunos cristianos cobardes: “Bastante es para mí si Dios quiere colocarme en el pórtico del paraíso”; aspira a la más alta perfección que puedas. No podrás amar a Dios y al prójimo con exceso; nunca se harán demasiados esfuerzos para llegar al cielo. Alma cristiana, eleva tus pensamientos, la tierra no es digna de ti. "El mundo no está hecho para ti; no ames, pues, al mundo; no es digno de ti, vales mucho más" (San Bernardo).
   
III. Ardientemente desea sufrir por Jesucristo, beber su cáliz, ser humillado como Él: es un honor que puedes perseguir ardorosamente con toda intrepidez. Si conocieses las recompensas que están preparadas para las humillaciones y los sufrimientos, los buscarías con más ahínco que el que ponen los ambiciosos para conseguir las posiciones más brillantes. Fue un honor el que hizo Jesús a su discípulo predilecto, haciéndole beber del cáliz en que había bebido Él mismo.
 
El amor a los sufrimientos. Orad por la conversión de los infieles.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que veis cuán turbados estamos por los males que nos rodean por todas partes, haced que seamos protegidos por la gloriosa intercesión de vuestro Apóstol y Evangelista San Juan. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 5 de mayo de 2016

EXCATECÚMENA: "HE SIDO MIEMBRO FORZOSO DE ESTA SECTA DURANTE DIEZ AÑOS"

Traducción realizada por CRUX SANCTA del artículo publicado por Charles White en su blog THE THOUGHTFUL CATHOLIC.

  
He aquí un testimonio contra “el Camino” que he compilado de mensajes que me fueron enviados recientemente por una joven mujer que llamaré “M”. Ella pidió que reservara su nombre y ubicación, pero puedo decir que es de un país en alguna parte del hemisferio sur.
«He sido miembro forzoso de esta secta durante diez años. Mis padres caminan desde que yo era bebé. Crecí dentro de ella y he visto cómo juegan con la vida de la gente y cómo controlan sus pensamientos.
 
Mi familia está evitando que yo salga, [pero] una vez que me mudé de la casa de mis padres, no quise vivir cerca a ellos. Vivo en XXXXX; fue considerada la ciudad más peligrosa del mundo, por lo que no es muy fácil moverte fuera cuando ya tienes un lugar seguro para vivir, gracias a Dios. Tanto como desprecio al Camino, estoy atrapada aquí hace algunos meses, si no son más.
  
Debo agregar que no me considero parte de él. En mi última convivencia, el líder de la comunidad (llamado “responsable”) me llamó para no preocuparme sobre ello, usando mi teléfono y llevándose mi paz.
 
Disculpe si escribo demasiado, es mucho para mí decirlo, he visto y oido mucho estos 10 años, el Camino no la ha tenido muy fácil en mi iglesia, a un par de sacerdotes no les gusta. Dos de ellos me lo dijeron directamente.
  
He visto cómo ha cambiado mi familia, especialmente mi madre y mi hermana. No tienen amigos ni vida fuera del Camino, están obsesionados con el Camino de una forma aterradora e irritante. Mi madre incluso me chantajea para que vaya. Las mentes débiles se pierden en el Camino, se vuelven retorcidos y cada vez que se reúnen hablan de Kiko, realmente tienen a ese hombre en un pedestal.
  
Todos los matrimonios se quejan de sus cónyuges, se humillan el uno al otro en las convivencias; veo cómo sufren y como todavía creen profundamente que ellos son cruces para el otro, con la misión de que el otro sufra para así alcanzar la salvación. Porque esto es lo que Kiko enseña a propósito de la cruz de cada uno, otro concepto erróneo y mentira.
  
Comentario de CRUX SANCTA: ¡Tooooma moralismo rancio de quien considera al esposo/a una cruz sin la que no se salva! ¿Para qué les sirve a estos moralistas el sacrificio de Cristo, si ellos se ganan la salvación por sus puños?
  
«A mí me obligaron a entrar en una comunidad. Dos o tres años después, el Obispo prohibió al Camino hacer nuevas comunidades. Por supuesto, el catequista decía que era persecución dentro de la Iglesia, pero la gente se salía, incluso los catequistas. Uno de ellos abandonó a su esposa y tiene una nueva familia, otro se fue de la ciudad y el responsable de los catequistas abandonó el país sin previo aviso, dejando la tarea a cargo de un par de ancianos que apenas pueden hablar en público».
    
Comentario de CRUX SANCTA: Quede claro que el CNC no es una herramienta al servicio de los Obispos, el CNC sólo se mira a sí mismo y jamás se podría al servicio de algo que considera de menor valor.
  
«He oído una y otra vez como los casados se refieren a sus cónyuges tildándoles de cruces para ellos. Se humillan el uno al otro. Hay un matrimonio que me hace sentir muy mal, la esposa siempre llora y cuenta lo espantoso que es su marido para ella, como ella le juzga a él, y como él la humilla a ella con su forma de actuar. Dijo que todos los que la conocen fuera del Camino le han aconsejado que se divorcie de él.
 
Una mujer dijo una vez cómo perdió su embarazo y cómo el sacerdote (un sacerdote del Camino) dijo que debería conservar dentro a su bebé aunque su médico dijo que su vida estaba en riesgo. [¿el bebé estaba vivo o muerto?]
  
A mí me humilló el responsable de la comunidad porque yo no hablo de mi vida personal, él intentó obligarme a “compartir mi vida” e incluso me dijo que el demonio me usaba contra él.
  
Los catequistas humillan y le dicen a la gente cómo tiene que vivir su vida. Una vez le dijeron a un chico que tenía que dejar su trabajo porque le llevaba a perder el ritmo de la comunidad; preguntan a las parejas por su relación sexual. Empujan a las parejas jóvenes a casarse y a hacerlo con un “hijo de Israel” (alguien del Camino). Una mujer tuvo que dejar el Camino porque la mandaban una y otra vez a intentar volver con su exmarido, quien se había vuelto a casar. Los “anuncios” se dedican invariablemente a alabar a Kiko Argüello, sólo se habla de lo que él dice y lo que él hace.
 
He visto cómo el Camino ha afectado a mi familia. No tienen vida social fuera del Camino. Incluso dejarían de ir a una reunión familiar por el Camino. Se ponen muy a la defensiva sobre esto, llegó un punto en que me estaban chantajeando para ir, todavía es así en realidad. Puedo decir que ellos piensan que una misa católica normal no es lo mismo, piensan que es menos (que una ‘uka’* caminera). Los catecúmenos piensan que el Camino es mejor que el resto de la Iglesia católica, como si ellos fuesen los únicos que se salvan. Y eso es lo que ellos hacen que crea la gente, en especial los de personalidad débil que quedan atrapados».
* ‘Uka’= Celebración eucarística en el Camino

miércoles, 4 de mayo de 2016

SALUTACIÓN DE SAN JUAN EUDES A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Cortesía de Humberto Jesús Guillén y Morales
   

Ave María, Fília Dei Patris.
Ave María, Mater Dei Fílii.
Ave María, Sponsa Spíritus Sancti.
Ave María, Templum tótius Divinitátis.
Ave María, Cándidum lílium fúlgidæ sempérque tranquílla Trinitátis.
Ave María, Rosa præfúlgida, cœ́lica amœnitátis.
Ave María, Virgo Vírginum, Virgo Fidélis, de qua nasci, et de cujus lacte pasci, Rex cœlórum vóluit.
Ave María, Regína mártyrum, cujus ánimam dolóris gládius pertransívit.
Ave María, Dómina mundi, cui data est omnis potéstas in cœlo et in terra.
Ave María, Regína cordis mei, Mater, vita, dulcédo et spes mea caríssima.
Ave María, Mater amábilis.
Ave Maria, Mater admirábilis.
Ave María, Mater misericórdiæ.
Grátia plena, Dóminus tecum;
Benedícta tu in muliéribus;
Et benedíctus fructus ventris tui, Jesus;
Et benedíctus sponsus tuus, Joseph;
Et benedíctus pater tuus, Joáchim;
Et benedícta mater tua, Anna;
Et benedíctus fílius tuus, Joánnes;
Et benedíctus Ángelus tuus, Gábriel;
Et benedíctus Pater ætérnus, qui te elégit;
Et benedíctus Fílius, qui te amávit;
Et benedíctus Spíritus Sanctus, qui te sponsávit;
Et benedícti in ætérnum omnes qui benedícunt tibi, et qui díligunt te. Amen.
Nos cum prole pia, benedícat Virgo María. Amen.

TRADUCCIÓN
Dios te salve, María, Hija de Dios Padre;
Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo;
Dios te salve, María, Esposa del Espíritu Santo;
Dios te salve, María, Templo de toda la Divinidad;
Dios te salve, María, Cándido lirio de la resplandeciente y siempre tranquila Trinidad;
Dios te salve, María, Rosa muy resplandeciente, amenidad celestial;
Dios te salve, María, Virgen de Vírgenes, Virgen fiel, de la cual el Rey de los cielos quiso nacer y con su leche alimentarse;
Dios te salve, María, Reina de los Mártires, cuya alma fue traspasada con una espada de dolor;
Dios te salve, María, Soberana del mundo, a quien le fue dada toda potestad en el Cielo y en la tierra;
Dios te salve, María, Reina de mi corazón, Madre, vida, dulzura y esperanza carísima;
Dios te salve, María, Madre amable;
Dios te salve, María, Madre admirable;
Dios te salve, María, Madre de Misericordia;
Llena de gracia, el Señor es contigo;
Bendita tú entre las mujeres;
Y bendito el fruto de tu vientre, Jesús;
Y bendito tu esposo San José;
Y bendito tu padre San Joaquín;
Y bendita tu madre Santa Ana;
Y bendito tu hijo adoptivo San Juan;
Y bendito tu ángel San Gabriel;
Y bendito el Padre eterno, que te eligió;
Y bendito el Hijo, que te amó;
Y bendito el Espíritu Santo, que te desposó;
Y benditos eternamente los que te aman y te bendicen. Amén.
Con su Descendencia pía, nos bendiga la Virgen María. Amén.

Una copia de esta oración fue encontrada póstumamente en un libro que perteneció a Santa Margarita María de Alacoque; y el Padre Pablo de Moll, OSB, era incansable propagador de la misma.

martes, 3 de mayo de 2016

EL INICUO PROCESO A JESÚS: CAIFÁS, PEOR QUE SATANÁS, VACÓ LA DIGNIDAD DE SUMO SACERDOTE

Traducción del artículo publicado por Carlo di Pietro Riccioti en RADIO SPADA.

  
[…] Algunos autores han abrazado la circunstancia de «Jesús silente», injustamente juzgado por el Sumo Sacerdote[1], y esto con el claro intento de demostrar que Bergoglio (Francisco I) y los obispos a él unidos [retrocediendo hasta el Concilio Vaticano (II)], poseen hoy la autoridad pero ejercitándola, sosteniendo los mismos autores, contra la Iglesia[2], a la par del Sumo Sacerdote ante cuya autoridad, usada en modo reprobable[3], ¡Nuestro Señor pareció guardar silencio, casi confirmándola! Comenta, en cambio, Papa San León I Magno:
«[…] Entre las voces descompuestas y disonantes, Jesús había admirablemente preferido callar. Aún así, Él le responde a Caifás con autoridad auténtica y previdente para minar la conciencia de los incrédulos y reforzar, con las mismas palabras, el corazón de los creyentes […]».[4]
 
Puesto que he ampliamente demostrado, citando la doctrina definida y vinculante de la Iglesia Católica, que no puede existir plena autoridad en un sedente herético pertinaz y notorio, me permito, tanto para especular, de contestar también la idea de que Caifás ha sido verdadero Pontífice después de la escisión del culto por él proclamada.
 
Prometo que este discurso es puramente accesorio y no tiene alguna atinencia con el caso hipotético del Papa que cayese notoriamente en herejía.
  
Se presume, igualmente, que el lector medio conozca la diferencia entre la Iglesia y la Sinagoga.
  
Yo creo, por ejemplo, que la exégesis de san Jerónimo, comentada por santo Tomás en la «Catena Aurea»[5], se aporta ya una respusta. Además, si bien en Daniel se había hablado del «reino de los santos» que, apenas fundado, tiene el dominio de todas las gentes y para siempre, pero, explica Mons. Francesco Spadafora:
«Los Evangelios rechazan esta errada concepción [temporal, como se la arrogaban los Judíos, NdA] [6], que llevará a los Judíos a oponerse violentemente a Cristo. No sin referirse a ella, Jesús Nuestro Señor elige para Sí el apelativo mesiánico de Hijo de hombre, que es propio de Daniel, para combatirla e inculcar la verdadera naturaleza de su misión[7]. Él retorna frecuentemente a Daniel 7, 13 ss.[8] entendiendo la Iglesia formada y distinta de la Sinagoga […] y su manifestación gloriosa en el fin del Judaísmo y del Templo, y en favor de Su Iglesia perseguida».[9]
  
Ya el profeta Jeremías, perseguido por sus verdugos, se parangona al «cordero manso que es llevado al matadero»[10], así como el «siervo mío justo», en Isaías, «maltratado, se dejó humillar y no abrió su boca; era como cordero conducido al matadero, como oveja muda ante el esquilador, y no abría la boca»[11].
  
Este texto anuncia el destino de Cristo, como lo expone Felipe al eunuco de Etiopía[12]. Claramente los Evangelistas lo enlazan, cuando describen el silencio de Cristo en presencia del Sanedrín[13] y cuando Él no responde nada a Pilato[14].
 
El Sumo Sacerdote en la Antigua Alianza estaba al vértice de la jerarquía de los ministros sagrados, sus vestidos eran sagrados[15] y custodiados celosamente, y personificaba la unidad del culto.
  
¿Qué culto personifica Caifás después de haber conscientemente[16], con solemnidad, rechazado y condenado al Hijo?
 
En el relato evangélico, Caifás encabeza la oposición del sacerdocio judaico a Jesús. Ante Caifás, presidente del Sanedrín, Jesús viene presentado después del arresto y, cuando Éste se declara Mesías, el sumo sacerdote se rasga[17] furiosamente las vestiduras gritando: «Ha blasfemado». Ahora, ¿se me dice que el culto de Caifás, incluso después que éste solennemente rechaza y condena al Mesías, es el mismo culto de los Apóstoles? No lo es.
  
Caifás, de hecho, es consciente de estar en presencia del Mesías, y ante la clara reivindicación de Jesús, Lo condena: «Ha blasfemado» y se desgarra los vestidos. Se puede decir que, procediendo en esto modo, él había vacado el Pontificado.
  
Se puede analizar la cuestión de esta manera: Tenemos de un lado a los Apóstoles que creyeron en Cristo y en sus promesas, mientras que del otro tenemos a Caifás que manifiesta, desde su Cátedra, la creencia contraria, confirmada idéntica en los siglos presentes hasta la actualidad en los judíos del Talmud [llamados arbitrariamente “hermanos mayores” o “padres en la fe” o “estirpe de Abrahám” por los deuterovaticanos].
  
Luego, si Caifás manifiesta solemnemente una fe contraria a la de los Apóstoles, ¿cómo ha de ser ahora el garante del culto, que es el Sumo Sacerdote? De acuerdo a este razonamiento, ciertamente él deja vacante el Pontificado, también en razón del comentario de Mateo 16. Comentando el pasaje, el padre Marco M. Sales OP dice:
«Buscaban falsos testimonios... Ya habían definido que Jesús debía morir (Jn. 11, 50; 18, 53), se buscaba solo darle una apariencia de legalidad a la condena. No le hallaron... A fin de poder condenar a un hombre, la Ley (Dt. 19, 14-15) requería al menos dos testigos que, separadamente interrogados, estuviesen plenamente de acuerdo en su testimonio. Este ha dicho... En el primordio de su ministerio Público, Jesús había dicho una frase similar, pero no idéntica: “Destruid este templo, y Yo en tres dias lo levantaré”. La deposición de los dos testimonios desde luego no era exacta en cuanto a la letra, y menos aún en cuanto al sentido, porque Jesús había hablado no del templo material sino del templo que era su Cuerpo. Sin embargo la acusación era grave; dirigir una blasfemia contra el templo era castigado con la muerte. Pero en las palabras de Jesús no había ni se veía sombra de blasfemia, porque prometiendo edificar un nuevo templo, no iba para nada a despreciar el culto de Dios. Te conjuro... Caifás, no hallando suficiente la acusación de los dos testigos, y no habiendo podido obtener alguna respuesta de Jesús, Le hace una nueva pregunta sobre la calidad de Mesías y de Hijo de Dios, que Él tantas veces se había reivindicado, constriñéndolo a responder con un juramento. Te conjuro, esto es, te hago jurar por el Dios vivo, que digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. Esta última palabra “Hijo de Dios” no es sinónimo de Mesías, pero va incluida en su estricto y propio sentido de hijo natural de Dios. Caifás y los miembros del Sanedrín sabían muy bien que Jesús había afirmado ser Hijo nacido de Dios, y no podían engañarse sobre el sentido de sus palabras. Tú lo has dicho, esto es, sí, Yo soy el Mesías y el Hijo de Dios. Con juramento solemne ante el más alto consejo de la nación, Jesús afirma su divinidad, revindica para Sí todos los derechos y la potestad del Padre, y la calidad suprema de juez de toda la humanidad. Dentro de poco, Él dice, veréis al Hijo del hombre sentarse a la derecha de la virtud de Dios (Sal. 109, 1), esto es, reinaré con Dios y haré manifiesta su potencia divina; lo veréis venir sobre las nubes del cielo (Dan. 7, 13), vale decir, como juez supremo. Dentro de poco conocerán que Él es Dios, cuando serán testigos de su Resurrección, del Pentecostés, etc. y a su tiempo, pero especialmente al fin del mundo, lo verán venir como juez supremo. Rasgó sus vestidos... Caifás comprende la magnitud de las palabras de Jesús, y en señal de horror por la presunta blasfemia rasga por 7 u 8 centímetros sus vestiduras, como solían hacer los hebreos para mostrar su dolor. De presidente del tribunal, él se hace acusador, y pronuncia una sentencia sin haber escuchado algún testimonio de descargo del acusado, sin conceder al acusado el tiempo para preparar su defensa. Es reo de muerte. La sentencia es pronunciada. Jesús debe morir porque ha blasfemado. Luego le escupieron... Según san Marcos 15; entre aquellos que así maltrataron a Jesús estaban algunos miembros del Sanedrín, los cuales más allá de ser acusadores y jueces, aún quisieron ser ejecutores de la sentencia».[18]
   
Cito algunas importantes sentencias de san Alfonso María de Ligorio, llamado el Doctor Utilísimo. Él, comentando el pasaje, afirma:
«El inicuo pontífice [Caifás, NdA], no hallando testimonio para condenar al Señor inocente, buscó que Él mismo hablara para de sus mismas palabras hallar materia para declararlo reo; cuando le interrogó en nombre de Dios: Adjúro te per Deum vivum, ut dicas nobis, si tu es Christus Fílius Dei. Jesús, oyendo conjurarse en nombre de Dios, declaró la verdad, y respondió: Ego sum; et vidébitis Fílium hóminis sedéntem a dextris virtútis Dei, et veniéntem cum núbibus cœli. Al oir esto, Caifás se lacera las vestiduras y dice: ¿A qué fin sirven más testimonios? ¿Habéis oido la blasfemia que ha dicho? Tunc princeps sacerdótum scidit vestiménta sua, dicens: Blasphemávit: Quid adhuc egémus téstibus? Luego preguntó a los otros sacerdotes: Quid vobis vidétur? Y ellos respondieron: Reus est mortis. Pero esta sentencia fue ya dada antes por el Padre eterno, cuando Jesús se ofreció a pagar la pena de nuestros pecados. Jesús mío, os agradezco y os amo. Publicada la inicua sentencia, todos en la noche se cansaron en atormentarlo: quién le escupía en la cara, quién lo golpeaba con los puños, y quién le daba más bofetadas, ridiculizándolo como falso profeta: Tunc expuérunt in fáciem ejus, et cólaphis eum cæcidérunt; álii autem palmas in fáciem ejus dedérunt, dicéntes: Prophetíza nobis, Christe, quis est qui te percússit? Y, como agrega san Marcos, ellos cubrieron el Sagrado Rostro con un paño burdo, y así después lo golpearon. ¡Ah Jesús mío, cuántas injurias habeis sufrido por mí, para satisfacer a las injurias que os he hecho a Vos! Os amo, bondad infinita. Duélome sumamente de haberos despreciado así. Perdonadme y dadme la gracia de ser todo vuestro. Todo vuestro quiero ser, y Vos lo habréis de hacer. Oh María, Abogada y esperanza mía, con vuestras plegarias me lo alcanzaréis obtener».[19]
 
Pero luego, propiamente contra los protestantes que blanden lo sucedido para legitimar la autoridad del «Concilio de Caifás», y por ende, desacreditar tanto la infalibilidad del Sumo Pontífice como la de los Concilios generales, Ligorio sentencia:
«Calvino opone a la autoridad de los Concilios, la iniquidad del Concilio de Caifás, que fue un concilio general de todos los príncipes de los sacerdotes, y en el que fue condenado Jesucristo como reo de muerte. De donde infiere que aún los Concilios ecuménicos son falibles. Nosotros solamente sostenemos la infalibilidad de los Concilios generales legítimos, a quienes asiste el Espíritu Santo; pero ¿cómo puede considerarse infalible y asistido del Espíritu Santo un Concilio en el cual se condenaba a Jesucristo como blasfemo, por haberse proclamado Hijo de Dios, aunque dio tantas pruebas de serlo, y donde se emplearon tantos engaños, sobornando a los testigos y obrando por envidia, como lo reconoció el mismo Pilatos? Sciébat enim quod per invídiam tradidíssent eum».[20]
 
San Juan Crisóstomo dice:
«Aquel consejo tenía solo la apariencia de un tribunal; de hecho era una guarida de asesinos sedientos de sangre. Por esto el Señor decide reprocharles no respondiendo a sus demandas»[21].
 
Orígenes comenta:
«Caifás conjuró a Jesucristo y le ordenó decirle si verdaderamente era el Hijo de Dios. Hombre diabólico; Satanás, por dos veces le preguntó a Jesucristo: dime si tú eres el Hijo de Dios. Caifás, repitiendo la misma pregunta, imitó a Satanás, su padre»[22].
 
San Beda agrega:
«Caifás en su pregunta, se mostró peor que Satanás, porque el fin de obtener de la boca del Señor la confesión de la verdad, era de calumniarlo y condenarlo a muerte»[23].
  
San Hilario dice:
«Observad: Caifás se rasgó las vestiduras en el momento en el que Jesús se declaró Hijo de Dios, el verdadero Mesías en la presencia de toda la nación hebraica, reunida en la persona de sus jefes. Esto significa que, apenas el divino Redentor –legalmente y solemnemente– descubrió su verdadera naturaleza y su verdadera misión, cesaron todas las sombras que habían sido destinadas a figurarlo. Cesó el sacerdocio de Aarón; desaparece la ley frente al Evangelio; se rompieron los velos de las Sagradas Escrituras, figuradas en las vestiduras sacerdotales»[24].
 
San Jerónimo comenta:
«Caifás, sacerdote hebraico, rasgó sus propios vestidos; mientras los soldados gentiles conservaron intacta la túnica de Jesús sobre el Calvario. Esto indica que el sacerdocio de Cristo, figurado en su Túnica inconsútil, permanecerá perpetuamente intacto en los pueblos paganos convertidos en cristianos; mientras quedará cortado y abolido para siempre en el pueblo hebreo»[25].
  
Conclusiva pero determinante es la sentencia del Papa san León I Magno:
«El bufón sacrílego, reprime su alegría interna, mientras afecta por fuera escalofríos, horror; compone la aflicción en su rostro, mientras danza en el corazón; se muestra sacerdote celoso del honor de Dios vilipendiado, mientras desfoga su odio cruel; y para causar una más profunda impresión sobre el pueblo espectador, se abandona a movimientos violentos, a agitaciones de un hombre profundamente dolido, mientras era toda hipocresía […] ¡Infeliz Caifás! Él no comprende el tremendo misterio que cumplía con aquel satánico frenesí. Rasgando los ornamentos sacerdotales, se desacró con sus mismas manos; se privó él mismo del honor y de la dignidad de Gran Sacerdote; él mismo, reo y verdugo, ejecutó sobre sí mismo esta su oprobiosa condena».[26]
 
Creo que es suficiente para cerrar también definitivamente esta cuestión impostergable

CARLO DIPIETRO, Apologia del Papato, Ed. Effedieffe. Cap. Caifás y la dignidad sacerdotal perdida (Fragmento).
   
NOTAS
[1] Cf. Mt. 26, 57 ss.. «Luego, el sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo: “¡Ha blasfemado! ¿Por qué habríamos de necesitar más testigos? He aquí, habéis oído la blasfemia […]”» (Mt. 26, 65).
[2] Ellos parten siempre del presupuesto que la actual jerarquía postconciliar (Papa incluido) están universalmente en error sobre algunas cuestiones de fe y de costumbre, por tanto, según ellos, se les debería resistir pero reconociéndoles influencia. Habíamos visto, citando el Magisterio, que la Iglesia, precisamente y muchas veces, también etiqueta como protestante esta creencia. Por ejemplo, sobre la Tesis del Papado material, que pareciera resolver el problema de la Autoridad en la Iglesia del Concilio Vaticano [II] en adelante, leo en el conocido periódico «Sì Sì No No» (15 de noviembre de 2013, año XXXIX, n° 19, p. 1 ss.) que: «La Iglesia apoya sobre el ser, sobre el acto y sobre la forma, no sobre el devenir, la potencia y la materialidad. Por tanto la Iglesia o el Papado material o en devenir, que por 4 Papas [por Montini (Pablo VI) y sucesores, NdA] no ha pasado al acto y habría interrumpido la sucesión apostólica formal de Pedro, es un Papado concebido por la mente de un hombre […], pero no es la Iglesia querida por Dios […]», por tanto la Tesis de Cassiciacum estará en error. Creo de haber ya demostrato que, también, la teología común objeta a esta objeción. Item, en el mismo escrito viene citado san Belarmino (p. 2, nota 4): «La primera tesis (san Roberto Belarmino, De Romano Pontifice, lib. II, cap. 30; Francisco Suarez, De fide, disputa X, sez. VI, n.° 11, p. 319; cardenal Louis Billot, De Ecclesia Christi, t. I, pp. 609-610) sostiene que un Papa no puede caer en herejía después de su elección, pero también analiza la hipótesis puramente teórica (considerada como solo posible) de un Papa que pudo caer en herejía. Como se ve, esta hipotesis no es sostenida como cierta por Belarmino ni por Billot, sino solo especulativamente posible. La segunda hipótesis (que Belarmino califica como posible, pero muy improbable, ibid, p. 418) sostiene que el Papa puede caer en herejía notoria y mantener el Pontificado; esa es sostenida solo por el canonista francés D. Bouix (Tractatus de Papa, tomo II, pp. 670-671), sobre otros 130 autores. La tercera hipótesis sostiene que, admitiendo y no concediendo que caiga en herejía, el Papa pierde el Pontificado solo después que los cardinales o los obispos hayan declarado su herejía (Cajetanus, De auctoritate Papæ et Concilii, cap. XX-XXI): el Papa herético no es depuesto ipso facto, sino que debe ser depuesto (deponéndus) por Cristo después que los cardenales hayan declarado su herejía como manifiesta y obstinada. La cuarta hipótesis sostiene que el Papa, si cae en herejía manifiesta, pierde ipso facto el pontificado (depósitus). Esa es sostenida por Belarmino (ut supra, p. 420) y por Billot (idem, pp. 608-609) como menos probable que la primera hipótesis, pero más probable que la tercera. Como se ve se trata sólo de hipótesis, de posibilides teoréticas, ni siquiera de probabilidades, y menos de certeza teológica». Luego, en la pág. 2 de la misma revista se lee: «La del Papa herético, sin embargo, es solo una hipótesis, una opinión discutible, posible, no probable y absolutamente no es una certeza», así viene descartada ciertamente cada solución al problema contemporáneo, incluida la Tesis de Cassiciacum. Ahora, si el autor del escrito aquí citado, un tal Petrus, estuviese en comunión con todas las doctrinas promulgadas e impuestas universalmente por el Concilio Ecuménico Vaticano [II], el problema no se define y estos demostrarían usar la recta razón (que el Papa herético es solo una hipótesis por descartar y no verificable); el problema es que el mismo autor (Petrus), poco después, admite ya la nota 4 que «la doctrina sobre el Colegio de los obispos» enseñada por el Concilio Vaticano [II], es errada porque es contraria a la «doctrina tradicional, confirmada en el 1958 por Pio XII». El autor del editorial titulado «Piccolo catechismo sulla Chiesa e il Magistero», prosigue en otras partes del mismo denunciando varias fracturas entre la doctrina del Concilio Vaticano [II] y la Tradicional, a veces aún con la doctrina ya precedentemente definida (explícitamente) por la Iglesia. En el rigor de la lógica, entonces, para Petrus la hipótesis devenida en certeza. Per tanto este, antes dice que «el Papa herético es pura hipótesis», aunque san Belarmino y los teólogos (comunes) habrían simplemente presentado un plano hipotético (especulado) y no puesto en consideración, pero después él mismo denuncia, documentando, que esta hipótesis es verificada, sin embargo descarta la teología común que, en su lugar, resolvería el problema (ya he demostrado, citando el Magisterio y la teología común, la plausibilidad de la hipótesis IV). Él, por demás, claramente expone la única hipótesis minoritaria que es claramente errónea, de hecho Petrus «sostiene que el Papa puede caer en herejía notoria y mantener el Pontificado», teoría «sostenida solo por el canonista francés D. Bouix […] sobre casi 130 autores». Es como si el tal Petrus dijese: la ciencia médica me brinda la cura inmediata en el remoto caso de una infección tetánica, pero siendo este caso remoto sólo una hipótesis, yo rechazo la cura también si debiese darme cuenta de haber contraído realmente el tétano. ¡Hay una lógica ambigua en todo esto, por tanto yo no puedo aceptarla, aunque sea lector asiduo de dicha revista!
[3] «O los Hebreos, que eran hijos en la casa de Dios, por su dureza e incredulidad, devinieron en perros. Y de estos perros desafortunadamente tenemos demasiados hoy en Roma, y les oimos ladrar por todas las calles, y van molestando por todos los lugares» [Cf. «La Voce del Santo Padre Pio Nono», 1874, fasc. IX, Bolonia, Ed. Tipografia Felsinea, pp. 264-265; Proposición instrumentalizada en: «The Popes Against the Jews: Before the Holocaust», editorial de Garry Wills, en «New York Times», 23 de septiembre de 2001, cita inglesa: «In 1871, addressing a group of Catholic women, Pius said that Jews “had been children in the House of God”, but “owing to their obstinacy and their failure to believe, they have become dogs” (énfasis en el original). “We have today in Rome unfortunately too many of these dogs, and we hear them barking in all the streets, and going around molesting people everywhere”. This is the pope beatified by John Paul II in 2000 […]»]. Atención, si bien el mundo de hoy quiere hacer creer lo contrario, el pecado existe y y es exclusivamente aquello a lo cual hace referencia el Papa Pío IX, él condena el pecado de infidelidad y no al pecador. Testimonio explícito: «[Pío IX, NdA] vio un anciano en tierra sobre la calle, aparentemente sin vida en el barrio judío, el llamado Gueto. Enseguida le manda al cochero acercarse. Baja de la carroza para saber qué tenía el anciano. “Es un hebreo”, le contestan algunos, sin prestarle socorro alguno. “¿Qué cosa decís?”, pregunta el Papa visibilemente airado. “¿No son los hebreos el nuestro prójimo, al que debemos ayudar?”. Enseguida el Papa personalmente con la ayuda de su asistente levantó al anciano, lo hace salir sobre la carroza y lo conduce a su pobre casa, donde se detiene amorosamente con él, mientras que el viejo se recuperaba» (Cf. «Piusbuch. Papst Pius IX in seinem Leben und Wirken», Franz Hülskamp y Wilhelm Molitor, Ed. A. Russell in Münster, 1873, p. 93, open lib.: OL13990851M, traducido al italiano para Apologia del Papato por Patricio Shaw).
[4] Cf. San León Magno, Sermón XLIV, 2.1-2 sobre la Pasión del Señor.
[5] Santo Tomás de Aquino, «Catena Aurea in quatuor Evangelia», Expositio in Matthaeum, cap. 26, lez. 16, Taurini, 1953: «Per hoc autem quod scidit vestiménta sua, osténdit Judaeos sacerdotálem glóriam perdidísse, et vacuam sedem habére pontíficis. Dum enim vestem sibi discídit, ipsum quo tegebátur vestiméntum legis abrúpit». Puede estudiarse la obra aquí: http://www.corpusthomisticum.org/cmt26.html.
[6] Para entender mejor: No se habla más de la constitución temporal de la nación (Jn. 18, 36); la carta de alianza de Jesús no es más la ley de Moisés (Gál. 3, 21); Jesús habla de Su Templo divino (Mc. 14, 58) e indestructible (Mt 16, 18); del Cuerpo resucitado de Cristo (Jn. 2, 21 ss.); de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, Templo nuevo (2 Cor. 6,16; Ef. 2, 21; 1Pe. 2, 5), accesible a todos (Mc. 11, 17). «Porque no se es más griego o judío, circuncisión o incircuncisión, bárbaro o escita, esclavo o libre, pues Cristo es todo en todos» (Col 3, 11; Cf. Gál 3, 28), «De hecho, todos vosotros sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, porqe cuantos sois bautizados en Cristo, sois revestidos de Cristo […] Y si pertenecéis a Cristo, luego sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa» (Cf. Gál. 19, ss.).
[7] Cf. 18, 8.
[8] Manifestación del Mesías, como Rey del «reino de los santos». Cf. Mt. 16, 27; Mc. 8, 38; 9, 1; Lc. 9, 26 ss.; Mt. 24, 30; Mc. 13, 26; Lc. 22, 27; Mt. 26, 63 ss.; Mc. 14, 61; L. 22, 68 ss.
[9] F. Spadafora, «Gesù e la fine di Gerusalemme», Rovigo 1950, pp. 17 ss., 61 ss., 93-96; Cf. «Dizionario Biblico», Ed. Studium, Roma, 1955, p. 146; conceptualmente igual en «Dizionario di Teologia Biblica», X. Leon-Dufour…, Ed. Marietti, Turín, 1965, pp.146 ss, III Fondazione della Chiesa. NB: Como hace notar el mismo Mons. Spadafora, desgraciadamente el jesuita Xavier Leon-Dufour, apenas mencionato, sucesivamente «[…] caminó sobre las huellas del protestante Willi Marxen […] con el caso clamoroso de la negación de la resurreción corpórea de Jesús […]» (Cf. «La nueva exégesis. El triunfo del Modernismo sobre la exégesis Católica», F. Spadafora, Ed. Les Amis de saint Francois de Sales, Sion, 1996, p. 214). En este caso los dos conocidos e importantes estudiosos dan, en cambio, la misma y tradicional exégesis a la cuestión. He escogido entre tantos a estos dos personajes, para demostrar cómo la fe de Dufour, manchada de Modernismo, no es más integral y siempre cierta sino que tal vez es inestable y peligrosísima.
[10] Jer. 11, 19
[11] Is. 53, 7 ss.
[12] Cf. Act. 8, 31-35. Se lee: «[…] Felipe, tomando la palabra y partiendo de dicho pasaje de la Escritura, le anunció la buena nueva de Jesús».
[13] Cf. Mt. 26, 63. Se lee: «[…] Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dice: “Te conjuro, por el Dios viviente, que digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”».
[14] Cf. Jn. 19, 9. En este caso se entiende que Jesús no discute la potestad terrena de Pilato (Cf. Mt 22,21), pero pone en relieve la iniquidad de la cual es víctima (Jn 19,11). Se lee: «No tendrías ningún poder sobre mí, si no te fuese dado de lo alto. Por eso, quien me ha entregado en tus manos tiene una culpa más grande».
[15] En la búsqueda realizada, me encuentro, tambien, que el Sumo Sacerdote no podía rasgarse las vestiduras. Reporto, a modo de ejemplo, el comentario (Mateo 26, 65) de mons. Antonio Martini en «Testamento secondo la Volgata», 1817: «Los Rabinos dicen que él podía rasgarse los vestidos (no los sagrados usados en las funciones pontificales, sino los vestidos ordinarios) en tiempo de calamidad, y también en oyendo cualquier modo de blasfemia; y esta segunda excepción parece inventada para justificar el acto de Caifás». Por la Escritura sabemos que: «El sacerdote, el que es el sumo entre sus hermanos, sobre la cabeza del cual fue derramado el óleo de la unción y ha recibido la investidura, vistiendo los vestidos sagrados, no debía mesar sus cabellos ni rasgarse las vestiduras» (Lev. 21, 10).
[16] Explica santo Tomás de Aquino en la «Summa Theologiæ» (IIIª q. 47 a. 5): «Parece que los perseguidores de Cristo le conocieron. De hecho: En el Evangelio se lee que “los labradores, al ver al hijo, se dijeron: Este es el heredero; venid, matémosle”. Y san Jerónimo comenta: “Con estas palabras demuestra clarísimamente el Señor que los príncipes de los judíos no crucificaron al Hijo de Dios por ignorancia, sino por envidia. Se dieron cuenta de que Él era aquel a quien el Padre dice, por medio del profeta: “Pídemelo, y te daré en herencia las naciones”. Luego parece que conocieron que era el Cristo, o el Hijo de Dios». Luego de la acostumbrada disertación, el Doctor Angélico resuelve y concluye: «Antes de las palabras citadas, se anteponen estas otras: “Si no hubiera hecho entre ellos obras que ninguno otro hizo, no tendrían pecado”, y luego añade: “Pero ahora han visto, y me han odiado a mí y a mi Padre”. Por lo cual se demuestra que, viendo las obras admirables de Cristo, debido a su odio no le reconocieron por el Hijo de Dios. La ignorancia afectada no excusa de pecado, sino que más bien parece agravarle, porque demuestra que el hombre es tan vehementemente sensible al pecado que quiere caer en la ignorancia para no evitar el pecado. Y por esto pecaron los judíos, por ser los que crucificaron no sólo a Cristo hombre, sino a Dios». En el artículo 6, el Aquinate explica por qué los jefes de los judíos no son en modo alguno excusables, de hecho: «La excusa del Señor no se refiere a los príncipes de los judíos, sino a las clases inferiores del pueblo, como acabamos de decir. Cristo no fue entregado por Judas a Pilato, sino a los príncipes de los sacerdotes, quienes le entregaron a Pilato, según las palabras de este último: “Tu pueblo y tus pontífices te han entregado a mí”. Sin embargo, el pecado de todos éstos fue mayor que el de Pilato, que condenó a muerte a Cristo por temor del César. Y también que el pecado de los soldados, los cuales crucificaron a Cristo por mandato del gobernador; no por codicia, como Judas, ni por envidia y odio, como los príncipes y sacerdotes. Cristo quiso su pasión, como también la quiso Dios; pero no quiso la acción inicua de los judíos. Y, por este motivo, no quedan excusados de la injusticia los que mataron a Cristo. Y, sin embargo, el que mata a un hombre comete una injuria no sólo contra el hombre, sino también contra Dios y contra la república; como la comete igualmente el que se suicida, según dice el Filósofo. Por esto David condenó a muerte al que “no había temido poner sus manos para matar al ungido del Señor”, a pesar de que aquél lo pedía».
[17] Caifás comprende la relevancia de las palabras de Jesús, y en señal de horror por la presunta blasfemia desgarra –arbitrariamente– de 7 a 8 centímetros sus vestidos, como solían hacer los hebreos para mostrar su dolor Cf. «La Sacra Bibbia», comentada por el P. Marco M. Sales OP, 2 Imprimatur, Tipografia Pontificia cav. P. Marietti, Turín, 1911, p. 122, nota 65).
[18] Cf. «La Sacra Bibbia», comentada por el P. Marco M. Sales OP, 2 Imprimatur, Tipografia Pontificia cav. P. Marietti, Turín, 1911, p. 122, nota 59-67.
[19] Cf. San Alfonso María de Ligorio, «De las ceremonias de la Misa», par. II, § 2, Consideración II para el lunes, pp. 800 e 801.
[20] Cf. San Alfonso María de Ligorio, «Historia de las Herejías», confutación IX, § 8, De la autoridad de los Concilios generales, n° 80.
[21] Homilía LXXXV, In Mt.; Cf. «Letture sulla passione di Gesù Cristo», G. Pesce, Ed. Desclée & C, reedición prologada por el P. Teodoro Foley, General de los Pasionistas, 20 de Diciembre de 1964, III. Comentario de los santos Padres, pp. 302, 303, 304 e 305.
[22] Tratado XXXV, In Ut.; Ibid.
[23] In Lc.; Ibid.
[24] Canon XXXII, In Mt.; Ibid.
[25] In Mt.; Ibid.
[26] Sermón IV, «De Passione …»; Ibid.

ORACIONES PARA DESTERRAR LAS TEMPESTADES

En Baviera es tradición que entre las fiestas de la Santa Cruz (Invención –3 de Mayo– y Exaltación –14 de Septiembre–) después del último Evangelio en la Misa, se reciten las siguientes oraciones para pedir un buen clima y desterrar las tempestades (No en vano la llamaban Wettersegen o Bendición del Tiempo), dando la bendición con la reliquia de la Santa Cruz. También pueden rezarse privadamente durante cualquier tempestad:
   
LATÍN
℣. A fúlgure, grándine et tempestáte.
℟. Líbera nos, Dómine Jesu Christe
 
℣. Osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam.
℟. Et salutáre tuum da nobis.
   
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
   
[Sacerdos dicitur:
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo]
   
Orémus:
Quǽsumus, omnípotens Deus, ut, intercessióne sanctæ Dei Genitrícis Maríæ, sanctórum Angelórum, Patriarchárum, Prophetárum, Apostolórum, Mártyrum, Confessórum, Vírginum, Viduárum, et ómnium Sanctórum tuórum, contínuum nobis præstes subsídium, tranquíllam áuram permíttas, atque contra fúlgura et tempestátes désuper nobis indígnis tuam salútem effúndas de cœlis, et géneri humáno semper ǽmulas, déxtera poténtiæ tuæ, aëreas cónteras potestátes. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
  
℣. Sit nomen Dómini benedíctum.
℟. Ex hoc nunc et úsque in sǽculum.
   
℣. Adjutórium nostrum in nómine Dómini.
℟. Qui fecit Cœlum et terram.
    
Benedíctio Dei omnipoténtis, Patris ✠ et Fílii et Spíritus Sancti, descéndat super vos, locum istum et fructus terræ, et máneat semper. Amen.
   
LATÍN
℣. De rayo, granizo y tempestad.
℟. Líbranos, oh Señor Jesucristo.
 
℣. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
℟. Y danos tu salvación.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y mi clamor llegue hasta Ti.
   
[El Sacerdote dice:
℣. El Señor esté con vosotros.
℟. Y con tu espíritu].
   
Oremos:
Suplicámoste, oh Dios omnipotente, que, por la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de Dios, los santos Ángeles, Patriarcas, Profetas, Apóstoles, Mártires, Confesores, Vírgenes, Viudas, y todos tus Santos, nos concedas tu continuo auxilio, nos envíes un aura tranquila, derrames sobre nosotros, indignos, tu celestial socorro contra los rayos y las tempestades, y protegiendo siempre al género humano, aplastes las potestades aéreas con el poder de tu diestra. Por el mismo Cristo, nuestro Señor. Amén.
  
℣. Sit nomen Dómini benedíctum.
℟. Ex hoc nunc et usque in sǽculum.
   
℣. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
℟. Que hizo el Cielo y tierra.
    
La bendición de Dios omnipotente, Padre ✠, Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros, este lugar y los frutos de la tierra, y permanezca siempre. Amén.

lunes, 2 de mayo de 2016

DE VATILEAKS A VATICLASH

Traducción del artículo escrito en Italiano por Piero Schiavazzi para L'HUFFINGTON POST (Imagen cortesía de nuestro becario artístico)

DE VATILEAKS A VATICLASH: DE LA GUERRA DE DOCUMENTOS A LA GUERRA DE COMUNICADOS
  
   
Érase una vez Vatileaks, o sea, la guerra de los documentos. Neologismo fortunato, acuñado por el “Padre” Federico Lombardi y consignado en la posteridad para describir, y circunscribir, el período de las guerras intestinas vaticanas, polémico por culpa de archivos y cartas filtradas, que llevaron a la dimisión de un “Papa” y a un proceso sin precedentes, con la imputación de dos periodistas. Un conflicto en que las estrellas permanecieron en el fondo y emergieron los actores secundarios, entre diligentes mayordomos, redivivas Mata Hari y monseñores de asalto, en anfibios y todos camuflados.
  
Y es hoy el Vaticlash: la guerra de comunicados. Un auténtico “Clash of the Titans”, esto es, una confrontación épica entre titanes, que ocupan el escenario, batallan y polemizan, se “confiesan” públicamente, en el año de la misericordia. Como decir, de House of Cards a Game of Thrones. De las intrigas tras bambalinas a los duelos a campo abierto, bajo los ojos de los media internacionales, que sobre la estela del Financial Times se alertan y suponen un sabotaje de las reformas. 
 
En la contienda están dos instituciones, la Secretaría de Estado, hasta ayer cabina de comando, solitaria y solipsista, de la curia romana, y la Secretaría para la Economía, el superdicasterio nuevo de moneda creado por Francisco y confiado al australiano George Pell, purpurado representante, el cual ama definirse, “manager of the Holy See”, apunto, anglicizando el lenguaje eclesiastico y aggiornando el paisaje político mediante una nueva apariencia de hecho institucional: después de dividida la empresa, la Iglesia holding, normalizada y modernizada según los más avanzados estándares de Wall Street. 
 
En cuanto al casus belli, este alberga notoriamente entre las líneas de un contrato por tres millones de euros estipulado en diciembre con PricewaterhouseCoopers, coloso mundial de la revisión contable, encargándola de someter a filtrado los balances financieros de 120 entes vaticanos e invitando a estos últimos a abrir puertas y ventanas, cajones y cajas fuertes. Las circulares que Pell ha diramato en tal aspecto, a finales de febrero, están todavía bloqueadas, a inicio de abril, por una perentoria contraorden del cardenal Parolin y de su segundo Angelo Becciu, los cuales han bruscamente, si bien provisoriamente, suspendida la actividad de auditoría. 
 
Enseguida, un fuego cruzado de reacciones y declaraciones. Por una parte el Sustituto de la Secretaría de Estado, que en la cadena televisiva de la Conferencia Episcopal Italiana tranquiliza sobre la voluntad de transparencia y reconoce vicios procedimentales, con alusión a algunas cláusulas del contrato y a la firma de Pell, propuesta impropiamente sobre el documento, no representando “el organismo pertinente”. Por el otro, el comunicado del superministro, que a breve vuelta desestima las objeciones y confirma la regularidad del acto, suscrito in primis por el Comité de Auditoría del Consejo para la Economía, el “parlamentito” de quince miembros presidido por el colega alemán Reinhard Marx. Hasta en la intervención de la Sala de Prensa, en traje de bomberos, que ha tratado de controlar el incendio, confirmando el stop pero buscando no herir las susceptibilidades personales, para no caer posteriormente en la querella. 
 
Contextualmente al conflicto institucional, sin precedentes, va evidenciada la tensión, espectacular, que ha visto protagonistas dos elementos “conocidos”, George Pell y Angelo Becciu, número tres de la jerarquía vaticana, en el rol hecho célebre por los caballos de raza de las escuderías brescianas, Giovanni Battista Montini y Giovanni Battista Re. Una confrontación en que la diferencia de altura y proporción física – Pell es casi el doble de Becciu– no debe mover a engaño, porque estatura y peso político en cambio se igualan bajo el “príncipe de la Iglesia” originario de Ballarat, tierra de mineros, cien mil almas a cien kilómetros de Melbourne, hijo de un boxeador campeón de peso máximo, y el nuncio apostólico nativo de Pattada, ciudad montañosa de Sassari, conocida por la fabricación de navajas y el temple de sus citadinos, que el Dizionario degli Stati del Re di Sardegna, del 1856, los define como “prontos en obra, delicados en cuanto al honor, impetuosos, perspicaces…”
  
Así que mientras “las instancias competentes” reflexionan sobre el “significado y alcance de algunas cláusulas”, los observadores, imitando el mismo binomio, profundizan antes el “significado” y la “magnitud” de una crisis que va más allá del contrato con PwC y coloca el pacto mismo del conclave 2013. Una crisis, vale decir, que en otro lugar, en términos científicos, vendría clasificada sin dudar con al menos tres atributos. De gobierno, de mayoría, de las instituciones: a) de gobierno, porque registra el fragor inaudito de una colisión entre dicasterios y sus titulares; b) de mayoría, porque sanciona la ruptura de la coalición que ha elegido a Francisco; c) de las instituciones, porque pone en discusión la principal reforma introducida hasta aquí por el Pontífice argentino.
  
El Motu Proprio Fidelis Dispensator et Prudens, de febrero de 2014, trastorna de hecho la planta de la curia de Montini y Wojtyla, concebida sobre la absoluta centralidad de la Secretaría de Estado, e introduce de facto un sistema único en el mundo, invero alquanto anómalo, con dos “primeros ministros” que colaboran pero entrambos reportan directamente al Papa, sin intermediarios, en el intento de separar diplomacia y finanzas.
 
Algo análogo, así sea vagamente, podemos encontrar en los Estados Unidos, donde falta la figura del premier y es vigente una paridad sustancial y funcional entre los Departimentos de Estado y del Tesoro, destinados respectivamente a la política exterior y económica.
  
Las constituciones, como se muestra en el derecho comparado, no nacen mai asépticamente en una mesa de dibujo, sino que descienden de las convulsiones del momento histórico y de contínuas oscilaciones pendulares, que a veces privilegian la demanda de eficiencia, dirigismo y centralización. Otras veces la opuesta necesidad de garantías, equilibrio y trasparencia.
  
Desde los días posteriores del conclave, prevalece el intento de desmantelar el poder de la Secretaría de Estado en dirección italiana y relegarla en el recinto de la diplomacia, sustrayéndole el control de los recursos financieros, hasta incluir los fondos reservados, de los que todas las cancillerías del planeta, más las de las grandes potencias, disponen normalmente y discrecionalmente.
  
En el marco de tres años todavía el escenario se presenta drásticamente derribado. Los dos nuevos organismos, la Secretaría y el Consejo para la Economía, una suerte de comisión de “balance y programación”, reflejan el contraste de visiones de los respectivos gurúes, el “socialdemócrata” Reinhard Marx, arzobispo de Múnich de Baviera, y el liberalista George Pell, divididos sobre las estrategias a largo plazo. El cambio climático, respecto a doce meses antes, se detecta ya en los estatutos de las dos entidades, emanadas en el 2015, que traicionan el objetivo de aprovechar al gigante Pell a la maneera de un Gulliver en Lilliput, nediante una serie de cuerdas y “cuerdecitas”, con el resultado de volver ingobernables las finanzas de la Santa Sede. Por consecuencia, el C9, el grupo de nueve cardinales que asisten al Pontífice en las actuaciones de las reformas, del colegio garante de su expedición se ha convertido en playa de suspensión: cámara de compensaciones de las tensiones internas, con el partido itálico solícito en encajarse para recuperar una parte del poder perdido.
  
En este punto es lícito preguntarse si la situación terminará fuera de control, o, paradójica pero verosímilmente, responda en el profundo a los deseos y al ánimo del “Papa”. Y se mueva exactamente en la direccióne querida por él.
  
“El conflicto no puede ser ignorado o disimulado, debe ser aceptado”.
Al leer la Exhortación Evangélii Gáudium, carta magna del “pontificado”, pareciera que un cierto grado de conflictualidad institucional, por “soportare” y llevar en superficie, sea fisiólogico en la visión de Francisco y constituya el único antídoto a la degeneración de las luchas clandestinas. Mejor  es, en conclusión, los duelos en el sol que las tramas oscuras. Mejor hundir el florete que un golpe de estileto. Mejor los comunicados oficiales que los documentos robados. Mejor, en fin, la confusión que la corrupción.
  
No sabemos si, después de haber reflexionado sobre el “significado” y el “alcance” del contrato de Pell, los cajones se abrirán integralmente a los expertos de PwC –los mismos que han dejado la marca sobre los balances del Niño Jesús–, pero si hay algo que dejar en el cajón, a partir de ahora, es la vieja definición de Vatileaks, que no es más idónea para interpretar las dinámicas del Vaticlash, en el tentativo improbable aunque apreciable, conceptualmente osado y operativamente arduo, de conjugar dialéctica democrática y estructura teocrática.

EL PROVECHO DE PROFUNDIZAR EN LA FE CATÓLICA TRADICIONAL

San Atanasio el Grande
 
"Siempre resultará provechoso esforzarse en profundizar el contenido de la antigua tradición, de la doctrina y la fe de la Iglesia católica, tal como el Señor nos la entregó, tal como la predicaron los apóstoles y la conservaron los santos Padres. En ella, efectivamente, está fundamentada la Iglesia, de manera que todo aquel que se aparta de esta fe deja de ser cristiano y ya no merece el nombre de tal".
  
San Atanasio, Epístola a Serapión.

domingo, 1 de mayo de 2016

SOBRE EL DIVORCIO, LOS FARISEOS DECIDÍAN CASO POR CASO

Por Francesco Agnoli para LA NUOVA BUSSOLA QUOTIDIANA - Traducción nuestra.
 
Fariseos sentados en la cátedra de Moisés
 
Se lee a menudo, que en estos tiempos, entre los defensores de la indisolubilidad del matrimonio habrían muchos fariseos, los cuales eligieron una posición "rigorista" porque, privados de misericordia, les gustaría afirmar así su superioridad moral sobre el prójimo, cerrándoles así la puerta. Una Iglesia "abierta" sería entonces una Iglesia que rechaza el legalismo farisaico y establece una nueva visión de la misericordia y, en el caso del matrimonio, de la fidelidad y del adulterio.

Ciertamente hay, entre aquellos que se profesan ser defensores de la verdad, fariseos. La verdad puede, de hecho, convertirse en un ídolo, y una porra para usar contra los otros. No lo es cuando el que la afirma, lo hace con amor, en primer lugar por sí mismo, y convencido que debe ser testimoniada y anunciada, con humildad, por el bien de todos (ni como un privilegio, ni como motivo de orgullo). Pero aparte de juicios, a menudo temerarios, sobre los motivos que movieron a muchos "padres" sinodales a mantener la doctrina tradicional respecto a la tesis de los obispos del norte de Europa, es interesante ir al Evangelio, y observar realmene el comportamiento de los fariseos.
 
¿Los encontramos intentando defender la indisolubilidad matrimonial, muy claramente anunciada por Cristo, en el nombre de la ley? No, sucede todo lo contrario. Los fariseos son propiamente los opositores de la doctrina matrimonial evangélica. Son ellos quienes se aproximan a Jesús y buscan empañar su claridad, al preguntarle «¿Es lícito repudiar la propia mujer por cualquier cosa?» (Mateo 19, 3). Por la ley de Moisés, de hecho, era concedido al hombre el libelo de repudio, esto es, el divorcio y la relativa posibilidad de volver a contraer nupcias. Jesús no entra en la casuística rabínica, no se pierde en los casos singulares, Él que ciertamente los tiene presentes, en su misericordia, pero recuerda que «en el principio no era así»; que Moisés «a causa de vuestra dureza de corazón os concedió repudiar vuestras mujeres» y que el plan originario de Dios es que los esposos sean «una sola carne».
    
«Lo que Dios unió», afirma Jesús, sabiendo que su palabra será dura y difícil de entender, «no lo separe el hombre». Archívase de esta manera la ley de Moisés, que había generado una gran casuística (abriendo al discernimiento de los rabinos sobre cuál sería el posible elenco de causas del repudio) y viene enunciada la nueva ley del amor. «Terminada la lección a los fariseos», escribe Giuseppe Ricciotti, en su Vida de Jesús, «los discípulos volvieron sobre la cuestión dolorosa de la mujer, interrogando privadamente a Jesús en casa». Sí, la indisolubilidad no gusta tanto a nadie, pero Jesús no encuentra palabras diferentes, menos claras, más livianas, para evitar que alguien exclame: «Si en tal modo es la condición del hombre con la mujer, no conviene casarse».
 
Si todo esto es verdad, para un católico queda una sola posibilidad: reconocer que el adulterio y la casuística, amada de los fariseos, no tienen espacio en la visión evangélica, de la cual la doctrina tradicional es simple trascripción, porque petenecen al reino de la ley, sobre la cual los fariseos han siempre se han aprovechado para atacar a Jesús. La única ley de Cristo, en cambio, es el amor, tal como Dios lo ha querido desde el principio. Este amor, he aquí el escándalo, para todos, también para los discípulos, contempla además la presencia de la Cruz: y es por esto que al mundo y a muchos hombres de Iglesia "buena nueva" parece muy dura, y quisieran introducir la excepción, la casuística, en una religión en la que Dios va hasta el fondo, con su fidelidad y su amor, hasta ser acusado de violar la ley de Moisés; hasta ser clavado en la Cruz, porque dice cosas incomprensibles, y no quiere disminuirlas.
 
Cristo manifiesta así su misericordia: no viniendo al encuentro de la pretensión de los Fariseos, ni a la de los Apóstoles (algunos de los cuales, casados, no estaban contentos de verse despojados de la tradicional posibilidad del repudio), sea cual sea, ni a las componendas que disminuirían el número de sus enemigos, sino dando todo su Corazón a la humanidad (misericordia, de hecho deriva da míseris cor dare: dar el corazón a los míseros): a fin de que los hombres aprendan a dar el suyo a sus seres queridos, a sus propios hijos, a la esposa, a sus amigos. Si los cristianos anuncian la posibildad de un amor así, anuncian no la ley, sino el amor de Cristo.
 
Y a quienes repiten que el amor indisoluble es un anuncio nada realista, en el Occidente actual, se les puede recordar en primera instancia que tampoco parecía realista hace 2000 años, cuando el divorcio y el repudio, en el Imperio romano, eran la norma, y en segundo lugar, que Cristo no es Maquiavelo: no vino a explicar la "realidad efectual", ni a recordarnos cuán frágil y débil es el hombre (a eso llegamos por nosotros mismos), sino a indicar las elevaciones de la santidad, el camino para la felicidad. Él vino a decirnos: «Sed perfectos como perfecto es vuestro Padre que está en los Cielos» (Mateo 5, 48): ¿Él también ambicionaba demasiado alto? Todo anuncio que no le recuerde al hombre esta divina filiación, esta posibilidad de grandeza y de amor total, es un anuncio humano, muy humano; mas no es la "buena nueva".

¡DOBLAD LAS CAMPANAS A MUERTO, QUE LA FE ES EL MUERTO!

Traducción del artículo escrito por Gianluca di Pietro para RADIO SPADA
  
Portadas de las traducciones española e inglesa de la Exhortación Apóstata “Amóris Lætítia”
«Y sobre el patíbulo, respondió tres veces [a la petición de jurar la nulidad del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón y la jefatura del mismo monarca sobre la iglesia inglesa] con tres afables “¡No!”. Luego volviéndose a la multitud de espectadores dijo a gran voz: “Pueblo Cristiano, yo muero por la fe en la Santa Iglesia Católica de Cristo”. Perdonó antes a su verdugo y cayendo de rodillas recitó el Te Deum y el salmo XXX con las palabras: In Te Dómine sperávi, non confúndar in Ætérnum».
  
Estos fueron los últimos dramáticos y conmovedores momentos de Juan Fisher, el cardenal mártir que decidió darle la espalda al propio rey, antes que darle la espalda al Señor, perder la vida en vez de perder la Fe.
  
San Juan Fisher, Mártir de la Fe
 
¿Y todo esto por cuál motivo? Testimoniar la belleza de un amor sincero, estable, puro cual es el amor matrimonial predicado por Cristo y, después de Él, por la Iglesia.
  
“¡Qué estúpido triunfalismo, qué tremenda actuación!”: son estas las únicas y lógicas conclusiones que podemos sacar a posteriori, después de haber leido la reciente Exhortación Apostólica.
  
Ningún adjetivo si no desconcertante podría describir en forma tan apropiada la Amóris Lætítia publicada al término del bienal “camino sinodal” que “ha permitido poner sobre la mesa la situación de las familias en el mundo actual”.
  
El cardenal vienés Schörnborn ha divulgado por casualidad lo que para mí son los motivos de tanto desconcierto durante la conferencia de prensa de presentación del documento: en este último, se mete en cantina la artificiosa, exterior y neta distinción entre “regular” e “irregular”, la actitud de categorizar las situaciones. El prelado busca luego de tranquilizar a los normalistas: “La doctrina no es infectada; se trata de un desarrollo orgánico de la doctrina”, frase que en otros tiempos sería sin más incursa en las sanciones eclesiásticas de la Pascéndi y de la Lamentábili Sine Éxitu.
 
En otras palabras, el cardenal admite cómo el relativismo es, en última instancia, la palabra clave del documento, aunque enmascarada bajo el término típicamente ignaciano y jesuítico de “discernimiento”. En virtud de juegos de palabras como este en todo el documento, el texto resulta ser extremamente tortuoso: las decisiones papales son las escritas entre líneas o en las apostillas y no sobre los renglones. Para comprenderle es necesario estudiar a fondo el documento, como lo sugiere el mismo Francisco: “No recomiendo una lectura general apresurada. [La Exhortación] Podrá ser mejor aprovechada, tanto por las familias como por los agentes de pastoral familiar, si la profundizan pacientemente parte por parte o si buscan en ella lo que puedan necesitar en cada circunstancia concreta”.
  
Sin embargo, el potencial de la exhortación va más allá: Podemos entender el texto como una suma, un compendio de la eclesiología de Francisco. Elevando las apuestas, un manifiesto de fundación de otra Iglesia. La AL no solo disuelve –temo- el sacramento del matrimonio, sino que manda a buen retiro toda nuestra fe que como católicos confesamos Una, Santa, Católica Apostólica y Romana.
   
La fe no es más romana: El Papa no es más el “judex ómnium temporálium atque spirituálium”.
«La complejidad de los temas planteados nos mostró la necesidad de seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales». Frente a la complejidad de la realidad, Francisco no quiere o no sabe poner la palabra “fin” como un Clemente Romano a las disputas surgidas entre los Corintios. Prefiere ser la voz del Cuerpo de los Obispos y para esto “recoge los aportes de los dos sínodos”. Entre el “deseo desenfrenado de cambiar todo sin reflexión” y “la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales” Francisco confirma el principio de la superioridad del tiempo sobre el espacio, ya teorizado en la Lumen Fide y en la Evangéli Gáudium: no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervención del Magisterio. ¡Así que la Iglesia es abandonada a la anarquía y la Verdad es decidida por la democracia!
   
La fe no es “una” porque es variamente “inculturada”.
Francisco espera que este documento pueda orientar la reflexión, el diálogo y la praxis pastoral en vista de una inculturación de la doctrina. Esta última, de hecho, aunque siendo “una” puede ser diversa y lícitamente interpretada de acuerdo a las culturas y las tradiciones. ¿No ha Cristo predicado en cambio unus baptísma y una fides a fin de que todos estuviésemos bajo el mismo unus Dóminus? Nada extraño a nuestros oídos: estamos habituados a esta extraña y heterodoxa eclesiología de Francisco para quien la Iglesia es un poliedro con varias caras, todas diversamente distantes del centro, pero todas con identidad propia.

La fe ya no es “santa”, que está “disuelta por el mundo de las pasiones y de la materialidad”: la Iglesia ha indoctrinado el Evangelio.
El segundo capítulo se abre con la enunciación del segundo axioma de la teología de Francisco: si el tiempo es superior al espacio, la realidad es superior a la idea. Mientras que del primero no es dada alguna explicación, remitiendo al lector a los sus escritos precedentes, el segondo axioma viene motivado: según una suerte de Hegelismo, se afirma que las llamadas del Espíritu Santo resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia y solo en este modo la Iglesia puede ser guiada a una comprensión más profunda del inagotable misterio del matrimonio y de la familia. Si por un lado la crisis del matrimonio reside en los imperantes empellones del secularismo y del individualismo –por él justamente condenados-, no menos culpable es la Iglesia, la cual es llamada a una autocrítica. Tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos, escribe Francisco. La Iglesia ha presentado un ideal de familia demasiado abstracto y esta idealización ha vuelto al matrimonio poco atrayente. Otra culpa de la Iglesia es haber apreciado poco la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor posible al Evangelio en medio de sus límites. La Iglesia antes de él ha perdido la compasiva cercanía que Jesús ha mostrado ante la adúltera y la samaritana.
  
La fe no es más “católica y apostólica”: el fiel es al tiempo et peccátor et justus.
En casi ocho capítulos, Francisco se esfuerza en describir cuán complejo es lo “real”, pero con el único objetivo de valorar su tesis de fondo. Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general, porque eso no basta para discernir y asegurar una plena fidelidad a Dios en la existencia concreta de un ser humano. Las normas generales ­–o sea, la Ley de Dios- no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares. Por esto, Francisco propone el único camino transitable: la Iglesia tiene una sólida reflexión sobre los condicionamientos o factores atenuantes, los cuales es bueno tener en cuenta. ¡Estas son las exigencias del Evangelio en los tiempos actuales! En virtud de esto, no es más posible decir que quien vive en objetivo contraste con el querer de Dios no posee la gracia santificante. Algo aberrante y contrario a la doctrina: como recita el Catecismo, El pecado disminuye la Gracia Santificante. No es igualmente mezquino redescubrir en estas palabras de Francisco una semejanza con la doctrina protestante que Lutero compendió en la frase pecca fórtiter, sed crede fórtius. Para Lutero, de hecho, el fiel es et peccátor et justus: la Gracia de Cristo no obraría tan a fondo para “convertir” el pecado, sino que se detendría superficialmente sólo a recubrirlo. Sólo así el hombre será justificado.
    
Esta es la nueva y descabellada régula fídei, el hilo conductor de toda la obra subvertora de Francisco, el espíritu que mueve sus pasos y la ruta suicida que toda la Iglesia está siguiendo.
 
Nosotros no tenemos el mismo temple y la misma santidad del Cardenal Fisher, ni el mismo coraje a inclinar la cabeza bajo la hoz.
  
No nos queda más que llorar.
  
Doblad las campanas a muerto, pues, y gritad: “¡Es muerta la fe, y con ella todos nosotros!”