jueves, 22 de octubre de 2020

EXAMEN SOBRE EL “Pacto Global sobre la Educación”

Traducción del artículo publicado en inglés en NOVUS ORDO WATCH. Caricatura tomada de GLORIA CARTOON.
   
Conduce a una aldea idiota…
LAS NACIONES UNIDAS EN EL AULA DE CLASE: EL BERGOGLIANO “Pacto Global sobre la Educación” EXAMINADO
     

No importa qué problemas aflijan nuestro globo, el hombre con todas las respuestas es el “Papa” Francisco (Jorge Bergoglio). Eso, al menos, es lo que él piensa, y se comporta en consecuencia.

El 12 de septiembre 2019, el Vaticano había anunciado una iniciativa venidera que sería encabezada por Bergoglio «para formar el futuro de la humanidad formando individuos maduros que puedan superar la división y cuidar de nuestra casa común». Originalmente, se tenía previsto realizar una conferencia para firmar el denominado “Pacto Global sobre la Educación” el 14 de mayo de 2020, pero debido a la cuarentena por el coronavirus, el evento fue pospuesto y finalmente tuvo lugar en una forma recortada e improvisada el 15 de octubre de 2020 en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma. Vatican News publicó un vídeo sobre la conferencia:
   
   
Francisco Bergoglio participó virtualmente por medio de un vídeomensaje de 18 minutos que había grabado y que fue mostrado durante la conferencia. Un vídeo autónomo con solo su discurso está disponible en su original italiano aquí.
   
El sitio novusordiano francés La Croix International resumió el mensaje de Francisco Bergoglio así: «El Papa Francisco llamó a todas las personas de buena voluntad y a cada sector de la sociedad a apoyar el Pacto Global sobre la Educación, un pacto para alentar el cambio a escala global, para que la educación pueda convertirse en un creador de fraternidad, paz y justicia».
   
No es sorprendente que los objetivos de Bergoglio coincidan con los de la impía Naciones Unidas, una organización por la cual el Vaticano modernista tiene una verdadera cercanía por: «el eco de su mensaje [sic] que hizo la directora general de la UNESCO Audrey Azoulay, quien se unió al papa en el relanzamiento virtual del pacto por la educación», escribe La Croix.
   
En su discurso del 12 de septiembre de 2019, anunciando el comienzo de la iniciativa educacional, Bergoglio había llamado por la creación de una “aldea educativa”, haciéndose eco de Hillary Clinton y su ideólogo mental revolucionario, el luciferino Saul Alinsky. Tal vez merece una nueva mirada el comentario que ofrecimos en su momento:
Iremos adelante y examinaremos ciertos apartes del del nuevo mensaje de Bergoglio, publicado el pasado jueves. En el sitio web del Vaticano se hizo disponible una transcripción completa en inglés y otros idiomas:
Como siempre, y como es el caso a lo largo de su nueva encíclica Fratelli Tutti, el mensaje de Bergoglio está lleno de los denominados ipse-dixit. Son afirmaciones que se hacen sin evidencia, aunque son tratadas frecuentemente como si fueran una verdad incontrovertible.
  
Por ejemplo, él afirma: «Ante esta dramática realidad [de los niños que podrían verse obligados a abandonar la escuela a causa de la crisis económica generada por el coronavirus], sabemos que las medidas sanitarias necesarias serán insuficientes si no van acompañadas de un nuevo modelo cultural». Esto es típico para el “Papa” Francisco: Esto hace un potencial llamado atronador, pero no da absolutamente ninguna indicación sobre por qué debería ser verdad, y su veracidad ciertamente dista de ser manifiesta.
   
¿Por qué deberíamos necesitar un “nuevo modelo cultural” para ayudar con medidas sanitarias y/o educativas? ¿Qué es un nuevo modelo cultural? ¿Cuál es el antiguo? Uno busca en vano respuestas en lo que sigue: «Esta situación ha hecho incrementar la conciencia de que se debe realizar un cambio en el modelo de desarrollo», dice en la siguiente oración.
   
Hablar de una “necesidad” que “nosotros” nos hagamos “más conscientes” de ello, es siempre una táctica favorita para introducir todo tipo de novedades y errores, como si fuera muy fácil de hacer y usualmente exitoso en su fin. Es lo que Francisco hizo con su cambio doctrinal sobre la pena de muerte. La edición bergogliana del Catecismo novusordiano dice: «Hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves. Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado» (n. 2267; subrayado añadido). ¡¿No es sorprendente lo que pueda pasar cuando nos “hagamos conscientes” de una “nueva comprensión”?!
    
Regresando al mensaje de Bergoglio sobre la educación, declara: «Para que respete y proteja la dignidad de la persona humana, debe partir de las oportunidades que la interdependencia mundial ofrece a la comunidad y a los pueblos, cuidando nuestra casa común y protegiendo la paz». ¿Ah, sí? Lee esto unas pocas veces y trata de encontrar qué quiere decir. Aun si puedes, la declaración es tan vaga que requiere mucha aclaración y concretización. También puede haber dicho nada.
    
Luego viene otro ipse dixit: «La crisis que atravesamos es una crisis global, que no se puede reducir ni limitar a un único ámbito o sector. Es general». Puede sonar grande, pero no sólo es ofrecido sin evidencia, lo que se dice no tiene apoyo. Una cosa es decir que una crisis no puede reducirse a un único sector, y otra cosa es decir que es general (justo como no es lo mismo decir que no puedes decidir sobre qué automóvil comprar que decir que te gustaría comprar todo el lote).
   
Lo que viene es tal vez la disputa más hilarante de todo el texto: «El Covid ha hecho posible reconocer de forma global que lo que está en crisis es nuestro modo de entender la realidad y de relacionarnos». No hay duda, eso es: Hemos sido deficientes en “entender la realidad”, así que ¡Jorge Bergoglio al rescate! No, gracias.

No hay ninguna razón para decir, como el pseudopapa dice, que el coronavirus nos haya permitido Coronavirus ver que nuestro “modo de relacionarnos” está en crisis. Si acaso, el caso es lo contrario: Si las personas ahora tienen que tomar medidas de protección y mantener distancia y esto parece innatural o problemático, entonces esto muestra que habíamos estado relacionándonos mutuamente muy bien, diríase, casi con naturalidad, como al muy “cercano” Bergoglio le gusta canturrear. Si ahora hay una crisis, es por todo el distanciamiento y las ridículas “medidas protectoras”.

En todo caso, Francisco Bergoglio está feliz de unirse a otros globalistas en hablar de una crisis a la existencia así que él propone una “solución” para ello por medio de la nueva iniciativa educativa que él está alentando. Esto le permitirá inculcar sus apóstatas principios masónico-modernistas en las incautas almas juveniles. Si hay una crisis de relaciones, es por el pecado original, y el remedio es, como siempre, la gracia sobrenatural de Dios y la verdad sobrenatural del Evangelio, no «procesos que asuman conscientemente la fragmentación existente y los contrastes que de hecho llevamos con nosotros», como él dice después en otro momento.
   
Antes de continuar, viene otra extravagancia: «Si los espacios educativos hoy se ajustan a la lógica de la sustitución y de la repetición; y son incapaces de generar y mostrar nuevos horizontes, en los que la hospitalidad, la solidaridad intergeneracional y el valor de la trascendencia construyan una nueva cultura, ¿no estaremos faltando a la cita con este momento histórico?».
   
¡Nuevos horizontes! ¡Transcendencia! ¡Nueva cultura! Ya en su mensaje de 2019 por la alianza educativa con el mundo seglar, el antipapa había llamado por un “nuevo humanismo”, y en la Jornada Mundial de la Juventud de 2016 en Polonia, él elogió a los jóvenes “soñadores” por supuestamente “cre[er] en una nueva humanidad”. ¡Ay!, los nuevos horizontes, cultura y humanidad de Bergoglio no son “una nueva criatura en Cristo” (2 Cor 5:17) ni el “hombre nuevo, que según Dios es creado en justicia y santidad de verdad” (Efe. 4:24). En cambio, es el Hombre Nuevo de la francmasonería (una “nueva humanidad” en la cual están unidos por la gracia de Cristo en una Fe, esperanza y caridad sobrenatural, sino en una hermandad naturalista que busca su fin en este mundo temporal, en vez del  Creador Eterno: «Nuestra respuesta a este mundo en guerra tiene un nombre: se llama fraternidad, se llama hermandad, se llama comunión, se llama familia», bramó el jesuita apóstata a los jóvenes en su discurso del 30 de julio de 2016; y por supuesto su nueva pseudoencíclica, Fratelli Tutti, está cargada con esta falsa noción de hermandad.
     
El único “momento histórico” para aprovechar aquí es el anunciado en la Sagrada Escritura: “He aquí, ahora es el tiempo aceptable; he aquí, ahora es el día de salvación” (2 Cor 6:2). La respuesta es el verdadero arrepentimiento y el retorno al verdadero Catolicismo: “Examinemos y escudriñemos nuestros pasos, y convirtámonos al Señor” (Lam 3:40).
    
Adicional a los nuevos horizontes y lo que no, Francisco Bergoglio también quiere «nuevos paradigmas capaces de responder a los desafíos y emergencias del mundo contemporáneo, para comprender y encontrar soluciones a las exigencias de cada generación», por supuesto, para «hacer florecer la humanidad de hoy y de mañana». Por supuesto que la humanidad no puede florecer verdaderamente mientras se ignore su fin sobrenatural (la Visión Beatífica). El Papa Pío XI advirtió: «Por esta razón es falso todo naturalismo pedagógico que de cualquier modo excluya o merme la formación sobrenatural cristiana en la instrucción de la juventud; y es erróneo todo método de educación que se funde, total o parcialmente, en la negación o en el olvido del pecado original y de la gracia, y, por consiguiente, sobre las solas fuerzas de la naturaleza humana» (Encíclica Divíni Illíus Magístri, n. 45).
   
Falta absolutamente lo sobrenatural del mensaje de Bergoglio sobre la educación, pero eso no sorprende. Él es un naturalista redomado, periódicamente arroja pocos huesos sobrenaturales para los crédulos.
   
A lo largo de su mensaje, Bergoglio es más agresivo:
«En la historia hay momentos en los que es necesario tomar decisiones fundamentales, que no sólo dan una impronta a nuestra forma de vida, sino sobre todo una determinada posición ante posibles escenarios futuros. En la actual situación de crisis sanitaria —llena de desánimo y desconcierto—, consideramos que es el momento de firmar un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas y universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad» (Subrayado añadido).
    
Lo que el gárrulo apóstata propone es un tipo de educación básica de talla única para todo el globo, sin importar la religión, cultura, etnicidad, sexo, etc. Obviamente tendría que ser del mínimo común denominador secularista, lo que significa necesariamente sería naturalista por estar divorciada de la Fe. Los derechos de Dios serían eclipsados por los “derechos del hombre”. Pero, como el Papa León XIII advirtió hace 120 años: «De lo que se ha llamado ‘derechos del hombre’ demasiadas cosas ha oído el pueblo; oiga alguna vez por fin, algo de los derechos de Dios» (Encíclica Tamétsi Futúra Prospiciéntibus, n. 13).
   
El tipo de educación que Bergoglio propone armonizaría fácilmente con la francmasonería y el comunismo, los cuales son ateos y afirman preocuparse sólo por la humanidad.
   
Pero el Frankster apenas está comenzando:
«Hoy se requiere la parresia necesaria para ir más allá de visiones extrínsecas de los procesos educativos, para superar las excesivas simplificaciones aplanadas sobre la utilidad, sobre el resultado —estandarizado—, sobre la funcionalidad y la burocracia que confunden educación con instrucción y terminan destruyendo nuestras culturas».
¡Pero por supuesto! ¡Hasta ahora, no teníamos idea sobre cómo educar a los hijos, y por ende es tiempo de derribar todo el sistema y comenzar de nuevo un enfoque ultra-iluminado dictado por Bergoglio! ¡¿Qué podría salir mal?!
    
Aquí está lo que el pseudopapa tiene en mente:
«más bien se nos pide que busquemos una cultura integral, participativa y multifacética. Necesitamos valentía para generar procesos que asuman conscientemente la fragmentación existente y los contrastes que de hecho llevamos con nosotros; la audacia para recrear el tejido de las relaciones a favor de una humanidad capaz de hablar el lenguaje de la fraternidad. El valor de nuestras prácticas educativas no se medirá simplemente por haber superado pruebas estandarizadas, sino por la capacidad de incidir en el corazón de una sociedad y dar nacimiento a una nueva cultura. Un mundo diferente es posible y requiere que aprendamos a construirlo, y esto involucra a toda nuestra humanidad, tanto personal como comunitaria».
Cuando un modernista habla sobre la “valentía” que supuestamente es necesaria para algo, cuidado. Es una manera perspicaz de llevar a la gente a aceptar ideas revolucionarias. Después de todo, ¿quién quiere ser considerado cobarde? El modernista o liberal apelará a tus emociones enmarcando su propuesta revolucionaria con un requerimiento de “valentía” para aceptarlo. Con todo, aceptar los pensamientos revolucionarios de Bergoglio no será valiente, será temerario.
    
Cuando una solicitud de “valentía” es seguida por la proposición de ideas veladas en metáfora (lenguaje figurativo), mucho más cuidado. Bergoglio dice que «Necesitamos valentía para generar procesos que asuman conscientemente la fragmentación existente y los contrastes que de hecho llevamos con nosotros; la audacia para recrear el tejido de las relaciones a favor de una humanidad capaz de hablar el lenguaje de la fraternidad». Ahora, ¿qué puede significar eso? ¿Qué es un “tejido” de relaciones? ¿Qué es un “lenguaje” de fraternidad? Más, ¿qué significa exactamente “incidir en el corazón de una sociedad”? ¿Por qué usar conceptos tan vagos y ambiguos y no hablar claro y concreto? ¿Así que eso  términos pueden ser definidos posteriormente a voluntad y explotados en conveniencia en pro de un nuevo orden mundial, aunque tal vez disfrazados de una “nueva cultura”?
   
Bergoglio agrega que «[u]n mundo diferente es posible y requiere que aprendamos a construirlo». Para un Católico, ese mundo diferente surgió con la encarnación del Mesías, Nuestro Santísimo Señor y Salvador Jesucristo. Por eso es que dividimos el tiempo en las eras a.C. (antes de Cristo) y A.D. (Anno Dómini, “Año del Señor”). No hay necesidad de un mundo diferente, sólo necesitamos aplicar todos los medios espirituales y sobrenaturales a nuestra disposición, los cuales nos han sido amablemente merecidos y generosamente dados por Cristo. Transformar el mundo en uno de verdadera paz y hermandad genunia es una tarea sobrenatural que requiere la ayuda de Dios por medio de la gracia y de la Fe verdadera. De eso Bergoglio no habla.

Como los sillonistas franceses de comienzos del siglo XX, Bergoglio sostiene descaradamente que la verdadera Iglesia Católica «después de diecinueve siglos… no ha logrado todavía en el mundo constituir la sociedad sobre sus verdaderas bases, que no ha comprendido las nociones sociales de la autoridad, de la libertad, de la igualdad, de la fraternidad y de la dignidad humana…», una postura ilógica y risible que el Papa San Pío X condenó en su Carta Apostólica Notre Charge Apostolique de 1910.

Entonces Bergoglio sostiene no solo que “mundo diferente es posible”, sino que también “requiere que aprendamos a construirlo”. ¿En serio? ¿Por quién? ¿Quién nos “requiere” para hacerlo? El pseudopapa no lo dice, y fácilmente se ve por qué. Porque no lo hay; ciertamente no es nuestro Santísimo Señor. Es solamente útil para su nefasta causa actuar como si “fuéramos requeridos” a estar haciendo lo que él propone. Si alguien está llamando a ello, son los frangmasones o subversvos similares cuyo objetivo fue identificado por San Pío X como «el gran movimiento de apostasía, organizado en todos los países, para el establecimiento de una Iglesia universal que no tendrá ni dogmas, ni jerarquía, ni regla para el espíritu ni freno para las pasiones y que, so pretexto de libertad y de dignidad humana consagraría en el mundo, si pudiera triunfar. el reino legal de la astucia y de la fuerza y la opresión de los débiles, de los que sufren y trabajan» (Notre Charge Apostolique).
   
Es verdad, Bergoglio siempre carga contra la opresión del débil y el sufriente, etc., especialmente en Fratelli Tutti. Pero eso es una mera fachada a fin de obtener su objetivo de lo que esencialmente lleva al comunismo mundia. Bajo el régimen comunista, o incluso socialista, toda la población es oprimida, precisamente por la “astucia y fuerza legalizada”, so pretexto del bien común. Bajo tales gobiernos marxistas, todos son verdaderamente iguales económicamente: igualmente pobres, esto es, sin ninguna posibilidad de mejorar su propia condición.
    
La construcción de la nueva utopía bergogliana “involucra a toda nuestra humanida”, como él mismo amenaza en su mensaje. Como siempre, cualquiera supone lo que quiere decir, pero una cosa es clara: Francisco Bergoglio significa negocio. Él está listo para conseguir que inicien estos  “procesos” y avancen con el acelerador a fondo. Nada quedará como estaba. ¡Y esta pesadilla es lo que él está vendiendo al mundo como un sueño (ver Fratelli Tutti, n. 8)!
    
Al final Bergoglio presenta siete puntos a los que se comprometen él y todos los que participan en su Pacto Global sobre la Educación. Es la usual habladuría sobre el hombre, la dignidad, los marginados y el ambiente. Nótese que arrojó unas pocas migajas para sus adherentes conservadores: Él identifica a la familia como “primera e indispensable educadora” (aunque con Amóris Laetítia y sus nulidades exprés ha abierto los diques incluso de lo que es una familia); y le da un rápido guiño a “la Revelación y el humanismo cristiano” como inspiradores de la doctrina social que recomienda como el “punto de referencia” para los “procesos creativos y transformadores” respecto de un plan educativo. Lo que sea.
     
A pesar del lenguaje florido que Bergoglio pueda usar para engañar a las masas, el resultado será una educación profundamente sin Cristo inculcando los principios de la francmasonería y el naturalismo organizado a las almas incautas, so pretexto de fraternidad y dignidad humana.
    
Es una reminscencia de aquello que el Papa Pío XI condenó en 1929:
«…la denominada escuela  “neutra” o “laica”, de la cual queda excluida la religión. Esta escuela, por otra parte, sólo puede ser neutra aparentemente, porque de hecho es o será contraria a la religión.
   
No es necesario repetir todas las declaraciones que en este punto han hecho nuestros predecesores, particularmente Pío IX y León XIII, en cuyos tiempos comenzó a predominar el laicismo en la escuela pública. Nos renovamos y confirmarnos sus declaraciones e igualmente los preceptos de los sagrados cánones en los que se prohíbe la asistencia de los niños católicos a las escuelas neutras o mixtas, es decir, las escudas abiertas a los católicos y a los acatólicos sin distinción. La asistencia a estas escuelas sólo puede ser permitida, a juicio prudente del ordinario, en determinadas circunstancias de tiempo y lugar y con las debidas cautelas (cf. CIC cn 1374). Y no puede tampoco tolerarse la escuela mixta (sobre todo si, siendo“única”, es obligatoria para todos), en la cual, aun recibiendo aparte la instrucción religiosa, es acatólico el profesorado que enseña ciencias y letras conjuntamente a los alumnos católicos y no católicos.
    
Porque no basta el mero hecho de que en la escuela se dé la instrucción religiosa (frecuentemente con excesiva parquedad) para que una escuela resulte conforme a los derechos de la Iglesia y da la familia cristiana y digna de ser frecuentada por los alumnos católicos. Ya que para este fin es necesario que toda la enseñanza, toda la organización de la escuela —profesorado, plan de estudios y libros— y todas las disciplinas estén imbuidas en un espíritu cristiano bajo la dirección y vigilancia materna de la Iglesia, de tal manera que la religión sea verdaderamente el fundamento y la corona de la enseñanza en todos sus grados, no sólo en el elemental, sino también en el medio y superior» (PAPA PÍO XI, Encíclical Divíni Illíus Magístri, nros. 63-65; subrayado añadido).
    
El pacto global por la educación naturalista de Francisco Bergoglio que aboga por la causa de la “fraternidad” es altamente subversivo del verdadero entendimiento cristiano de la sociedad, la familia, la educación, y el fin último del hombre, y es precisamente por eso que lo intrduce. El coronavirus es solo otra excusa conveniente para cortarles la garganta a todos.
   
¿Qué bien hace un vínculo natural de hermandad cuando no hay un vínculo que ilumine los intelectos y mueva las voluntades hacia el objetivo para el cual el hombre fue creado?
«Por consiguiente, exhortamos seriamente a vuestros fieles, aunque sean de varias regiones y lenguas, a preservar esa amistad tanto más excelente que nace de la comunión de la fe y los sacramentos comunes. Porque cuantos son bautizados en Cristo tienen un solo Señor y una sola fe; tienen un solo cuerpo y un solo espíritu, tanto que son llamados a una misma esperanza. …[D]ebe inculcarse constantemente en los fieles ese parentesco de almas que viene de Cristo, y debe erradicarse toda parcialidad. “Porque de hecho es mucho mayor la paternidad de Cristo que la de la sangre: porque la hermandad de sangre toca sólo la semejanza del cuerpo; la hermandad de Cristo, sin embargo, mira la unanimidad de corazón y de alma, como está escrito: La multitud de los creyentes era de un solo corazón y una sola alma” [San Máximo, entre los sermones de San Agustín]» (PAPA LEÓN XIII, Encíclica Reputántibus sæpe, n. 5; subrayado añadido).
Lo que este mundo necesita no es una educación multifacética atea para la “fraternidad” basada en la dignidad humana, como si el pecado original nunca hubiera entrado al mundo; necesita lo que prescribió San Pío X en 1903: «Proclamamos que no tenemos otro programa en el Sumo Pontificado que “restaurar todas las cosas en Cristo” (Ephes. I, 10), para que ‘Cristo pueda ser todo y en todos” (Coloss. III, 2)» (Encíclica E Suprémi Apostolátus, n. 4).
   
Qué contraste con el programa del usurpador jesuita que ha ocupado la casa de huéspedes del Vaticano desde 2013.
  

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