viernes, 4 de abril de 2025

MES EUCARÍSTICO - DÍA CUARTO

Dispuesto por el padre Diego Álvarez de la Paz SJ, reimpreso en Madrid en 1830.
     
MES EUCARÍSTICO, ESTO ES, PREPARACIONES, ASPIRACIONES Y ACCIÓN DE GRACIAS PARA ANTES Y DESPUÉS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

DÍA CUARTO

PREPARACIÓN
I. ¿Quién viene a mí en este Sacramento? Cristo, amigo fiel, al que ninguno puede igualar: que con todo de haberlo dejado yo muchas veces, y sufrido mil descortesías, no me deja ni abandona; antes bien me busca, y quiere hacerme con su Sangre, del mayor enemigo, su mas íntimo y familiar amigo (Eclesiástico 6, 15).

II. ¿A quién viene? Al traidor alevoso, que despreció tantas veces su amistad, que antepuso el pecado a su gracia, y trocó su trato por el ruin comercio de las criaturas.

ΙΙΙ. ¿A qué viene? A ser su buen amigo y poderoso resguardo; el que una vez hallado, se logra un tesoro, y se consigue su más estrecha unión por amor (Eclesiástico 6, 14).

Aspiración: Muéstrame, Señor, tu semblante; suene en mis oídos tu voz, porque tu voz es dulce, y tu rostro hermoso sin igual (Cánticos 4, 14). Si tanto dominio tiene la hermosura sobre las voluntades, ¿cómo no quedas cautiva, alma mía, de la imponderable hermosura de tu Criador? ¡Oh fuente de belleza, de la que manan todas las otras hermosuras criadas! ¡Oh hermosura tan antigua y tan nueva, qué tarde te conocí, y qué tarde te amé! De Ti solo pudo decir la Esposa: mi dilecto es blanco y colorado, y escogido entre millares (Cánticos 5, 10). Sin embargo, teniéndote tan a mano en este Sacramento, no he hecho caso de Ti; y antes quise fiar por esclava mi voluntad a la torpe pasión, que a tu casto amor. La belleza de Judit cautivó a Holofernes (Judit 10, 17): la hermosura de Ester ablandó el pecho airado de Asuero (Ester 15, 11); y a pesar de un precepto que impusiste a Eva, la hermosura del fruto cautivó su alma (Génesis 3, 6). Mas ¡oh indecible dureza!, ni tu infinita belleza, ni tu incomparable hermosura, ni el rigoroso precepto de que a Ti solo ame, han bastado a cautivar mi rebelde voluntad, mi duro corazón; pero en adelante, mi Dios, no será así. Desde este mismo instante Te ofrezco por esclava mi voluntad: con toda ésta Te prometo servir; y para mejor asegurar tu amistad, Te recibiré a menudo en este Sacramento de perfecta unión. Tu misericordia, Dios bueno, no me desampare.
   
ACCIÓN DE GRACIAS
I. Considera, alma mía, con viva fe a Jesucristo en medio de tu corazón, como a un amigo el más constante y fiel: que con ser tú el siervo más inconstante e infiel, te levanta al más íntimo grado de su amistad. Considérate a ti como amigo solo de la mesa, o como a un mercenario vil, que precisamente Lo amas cuando te consuela y regala; pero que en castigándote para tu corrección, luego te entibias en su amor, y Lo dejas.

II. Ámalo con todas tus fuerzas de un modo tan singular, que con todas las potencias de tu alma, con todos los sentidos y órganos de tu cuerpo te ofrezcas, te estreches y unas a Dios: propón después guardarle tanta fidelidad que nunca quieras usar de la mínima de tus facultades, sino para su mayor obsequio y servicio.

III. Pide te conceda el don de Consejo, para acertar a elegir los medios más oportunos al bien de las almas que están a tu cargo, sin descuidar de la tuya.

Aspiración: Mi amado es para mí, y y yo para él (Cánticos 7, 10); pues recibiéndolo en el Sacramento, queda todo en mí, y yo todo en él (San Juan 6, 57). El fiel, Dios mío, os posee por la fe (1.ª Corintios 3, 17), y el justo por caridad; pero esta posesión solamente se hace por la conformidad de las voluntades entre sí, mas no por la unión de las sustancias: mas cuando os recibo en la Eucaristía, ¡oh suma bondad!, os poseo tan perfectamente, que tengo dentro de mí mismo vuestro real y verdadero Cuerpo, vuestra Alma, vuestra Divinidad, y todos vuestros atributos con todas sus perfecciones. ¡Oh riqueza inestimable! Bienaventurada el alma que os posee. ¡Oh bien sumo!, ¡oh delicias del corazón mío! No tuve razón para dejaros, poseyéndolo todo en solo Vos. Vuestra amistad quiero, no la del mundo, que al fin de nada me puede servir, sino para separarme de Vos. Ingrato fui, cuando por el amor a las criaturas rehusé vuestra amistad; pero ya en adelante os prometo seros fiel: y si tus amigos son los que hacen tu voluntad (San Juan 15, 14), manda cuanto quieras, que yo lo cumpliré. Gracias infinitas os doy por tanto amor como me mostráis.

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