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lunes, 10 de agosto de 2020

SAN LORENZO, DIÁCONO MÁRTIR

«En la parrilla no te negué, oh Dios, y cuando me pusieron al fuego te confesé, oh Cristo: probaste mi corazón y lo visitaste por la noche. Me probaste por el fuego, y en mí no es encontrada iniquidad». (Breviario Romano, Antífona para el Benedíctus de la fiesta de San Lorenzo Mártir).
   
  
Sobre la patria de San Lorenzo hay gran dificultad entre los Historiadores; yo me contento con decir que fue Español, que es en lo que no hay duda, y dejo aquella competencia en su vigor, porque no es del asunto decidir esta lid, y también porque juzgo que fomenta sus cultos, porque pretendiendo muchas ciudades ser su patria (disputándola Córdoba, Valencia y Huesca), procuran persuadirlo con los obsequios: solo siento que esta duda infiere la de sus padres. Todos convienen en que fueron muy nobles, aunque muchos dicen que no tuvieron la hidalguía del alma, porque fueron gentiles. Carecían de sucesión, que ansiosos deseaban, y para conseguirla, multiplicaban supersticiosos sacrificios a sus mentidas deidades; pero como estas eran sordas no oyeron sus repetidas instancias, como eran ciegas no vieron sus sacrificios, y como carecían de olfato no olieron sus inciensos: con que no pudieron condescender con sus ruegos, y así buscaron un varón de singular santidad, a quien comunicaron sus deseos. Díjoles este que si dejaban la ceguedad gentílica y abrazaban la Católica Fe, conseguirían sucesión. Hiciéronlo así, y luego advirtieron su conversión con la fecundidad laureada, siendo su primer fruto San LORENZO, a quien criaban con el culto igual a las ansias con que lo desearon, hasta que el enemigo común, receloso de la guerra que temía le hiciese el infante que antes de ser había sido motivo de la conversión de sus padres, lo sacó a un monte y colocó en un laurel, para que al rigor de la inclemencia pereciese, quedándose él en la cuna en figura de niño: pero la infinita misericordia de Dios, que próvida sustenta los polluelos de los cuervos, le enviaba un Ángel para que lo alimentase y defendiese.
   
Así estuvo algún tiempo, hasta que un pasajero, que para que hallase ese tesoro disponía la Divina Providencia que perdiese el camino, lo recogió y alegre lo condujo a su casa, y admirando su corporal hermosura tan hermanada con la de su noble índole, lo crió hasta que viniendo a España San Sixto con el empleo de Legado del Pontífice, a tratar (según discurro) sobre las causas de Basílides y Marcial Obispos, el uno de León y el otro de Astorga, concurrió con el Santo, y advirtiendo el gran fruto que pronosticaban las flores de su infancia, le pidió al Caballero que lo criaban se lo dejase llevar a Roma, para educarlo e instruirlo en humanas y divinas letras. Con su beneplácito condujo San Sixto a Roma este tesoro, que tanto la ilustró y enriqueció. Cuál sería el aprovechamiento del Santo en virtud y literatura, colíjalo el piadoso y discreto de la sabiduría de su Maestro y del buen genio, ingenio y esclarecida virtud de San LORENZO, por lo cual mereció que Dios lo ilustrase en su juventud con varias revelaciones.
   
San Sixto II ordenando diácono a San Lorenzo
   
Estando un día en oración, le fue revelado que el enemigo común con disimuladas apariencias ocupaba su lugar en casa de sus padres, a quienes había pervertido; y encendido el Santo con el deseo de la conversión de sus padres más que con las ansias naturales de conocerles, con licencia de San Sixto vino a España, y exxpeliendo de su casa al enemigo común, a quien hizo pregonero de sus falaces asctucias, y consiguió con tanta felicidad la conversión de sus padres, que los dos fueron después esclarecidos Mártires. Alegre con el feliz efecto de su jornada, volvió a Roma y halló hecho Cabeza de la Iglesia a San Sixto. Confirióle el sacro Orden de Levita, y vivió en su compañía poco más de un año, o año y medio, que fue el tiempo que duró en el Pontificado San Sixto, porque Decio y Valeriano, crueles azotes del Catolicismo, deseando acabar con el Cuerpo místico de la Iglesia intentaron cortarle la Cabeza, antes que con el acero con el yerro de la infidelidad. Por este motivo, habiendo mandado a sus ministros prendiesen a San Sixto, lo hicieron llevar al Templo de Marte, donde con promesas y amenazas quisieron obligar al Santo a que abjurando la Fe Católica le ofreciese supersticiosas víctimas: pero conociendo que uno y otro medio era ineficaz, lo volvieron a la cárcel. Encontrólo San Lorenzo cargado de prisiones, y emulando su fortuna, arebatado de un intensísimo deseo del martirio, le dijo:
«¿A dónde vas, Padre amado, sin tu hijo? ¿A dónde, Sacerdote santo, caminas sin tu Diácono? Todos estos modelos tienes para no dejarme: el de Padre, porque Abrahán llevó al sacrificio a su hijo Isaac; el de Maestro y Diácono, porque San Pedro no impidió que San Esteban su discípulo y Diácono padeciese aun antes que él el martirio. Pues, Padre amado, dime: ¿Qué bastardía has experimentado en mí para que así me dejes? Haz, Sacerdote santo y sabio Maestro, experiencia de mi constancia, y conocerás que no es inepto para el sacrificio de tu sangre el que juzgaste apto Ministro para el sacrificio del Altar».
Le respondió San Sixto:
«No te dejo, amante hijo y enamorado discípulo: para mí, como anciano está preparado un suave martirio: pero tú, como robisto, has de tolerar crueles tormentos. Después de tres días seguirás el mismo camino, y así te dejo como Elías a Eliseo, duplicado mi espíritu, para que conozcas que te amo como Maestro, y para que veas que te estimo como a hijo, te hago heredero de mis tesoros, repártelos entre los pobres».
Encuentro de San Sixto II y San Lorenzo
    
Consolado San LORENZO con esta respuesta, para obedecer el precepto de su Maestro se informó de las casas donde se ocultaban los Cristianos, y sin cesar todo el día y noche empleó en socorrerlos con alimentos, vestidos y dineros, a muchos con salud corporal. De la cueva Nepociana, donde había socorrido a muchos Cristianos, salía el Santo, cuando encontró a San Sixto, que iba al Tribunal de Decio, e inflamado con el deseo de antes, volvió a exclamar: «Amado Padre, ¿por qué me dejas? Ya están repartidos entre los pobres los tesoros de la Iglesia, que me dejaste».
  
Oyendo los ministros, no menos crueles que codiciosos, decir que San Sixto le había entregado los tesoros de la Iglesia, le echaron mano juzgando tener con qué cebar su codicia, y dieron cuenta a Decio. Mandó este que llevasen al Santo a su presencia, y preguntóle adónde estaban los tesoros de la Iglesia, pero el Santo no le respondió. Entregóselo a Valeriano para que le tomase la confesión, y este después a Hipólito. Teniendo a su cuidado Hipólito muchos reos, con los cuales puso a San LORENZO: uno de ellos llamado Lucilo, se había dejado oprimir tanto de la pesadumbre que le ocasionó su prolongada prisión, que había destilado con las lágrimas los ojos: díjole el Santo que si se bautizaba conseguiría la vista, y diciéndole Lucilo que siempre había deseado el agua del Bautismo, lo catequizó y bautizó, y luego recuperó la vista. Ansiosos del mismo beneficio acudieron muchos ciengos, movidos de la fama de sus milagros, y con solo el tacto del Santo lo consiguieron.
   
Atento estuvo Hipólito contemplando estos prodigios, que haciendo impresión en su corazón, suavizaron su dureza. Díjole al Santo, con alguna docilidad urbana, que le manifestase los tesoros. Y advirtiendo el Santo en su docilidad alguna mutación interior, le dijo: «Yo te manifestaré los tesoros, y lo que más es, te ofrezco la vida eterna, si abrazas la Fe Católica». Admitió Hipólito gustoso el Partido, y al recibir el agua del Bautismo advirtió que un sinnúmero de almas santas con festivos júbilos Celebraban su conversión. Admirado Hipólito con esta visión, lleno de lágrimas le suplicó al Santo bautizase su familia. Condescendiendo el Santo con una súplica tan de su agrado, bautizó en esta ocasión diez y nueve personas, que después fueron otros tantos Mártires.
    
Dando gracias a Dios estaba Hipólito por este beneficio, cuando llegó un ministro con orden de Valeriano para que llevase a San Lorenzo al Palacio Imperial. Intimósela congojado al Santo, y le respondió alegre, como si fuera a algún banquete: «Ea, pues, vamos, que para nosotros se está previniendo una muy crecida gloria». Luego que llegaron a la presencia de Valeriano, le dijo a San Lorenzo que dijese dónde estaban los tesoros. Ofreció el Santo manifestárselos como le concediese dos o tres días de término. Concedióselos quedando por fiador Hipólito. Cumplido el término volvió el Santo al Tribunal, en que Decio y Valeriano alegres esperaban enriquecer sus caudales; y señalando una multitud de pobres, les dijo: «Aquí están los tesoros de la Iglesia, en donde se conservan sin riesgo las mayores opulencias».
    
Indignado Decio con esta demostración, ordenó que lo desnudasen y desgarrasen sus carnes con garfios de hierro y escorpiones. Gozoso el Santo de que empezase ya el martirio que tanto había deseado, le daba a Dios las gracias. Advirtió Decio que los escorpiones, aunque rasgaban el cuerpo, no ulceraban la constancia del Santo, y haciendo poner en su presencia todos los instrumentos que inventó el Imperio Gentilísimo para martirizar a los Cristianos, le dijo: «Si no sacrificas a los dioses, experimentarás todo el rigor que representan y facilitan estos instrumentos». Respondióle el Santo: «Ignorante Juez, ¿con lo mismo que deseo me amenazas? ¿Pues no vez que es brindarme el gusto representarme esos instrumentos? Estos para los Católicos son manjares regalados, que aunque acibaren el cuerpo almibaran el alma».
    
De aquí llevaron al Santo al Palacio de Tiberio, donde se leyó el proceso de su causa, y permaneciendo el Santo constante en la confesión de la Fe Católica, lo mandó Decio azotar por un largo espacio, aumentando y renovando los verdugos, y después ordenó que se aplicasen a los costados dos planchas de hierro hechas ascuas. Mientras los crueles ministros ejecutaban estos rigores, el Santo con fervorosa devoción decía: «Señor mío Jesucristo, ten misericordia de mí, constante te he confesado y confesaré, aunque fueran interminables los tormentos».
    
Mandó Decio a los verdugos que cesasen, y le dijo al Santo: «Hechicero, ya sé que tus encantos se burlan de los tormentos, pero no se burlarán de mí, porque te juro por los dioses, que o les has de sacrificar o has de experimentar lo sumo de mi rigor». Respondióle San LORENZO: «Pues no tienes que porfiar, que tus rigores no han de vencer mi constancia, por más que martiricen mi cuerpo: y así no des vado a los tormentos, sino multiplícalos». Así lo hizo, mandadn enfurecido que lo azotasen con plomadas tan cruelmente, que creyendo San Lorenzo que era esta la última hora de sus penas, exclamó: «Señor mío Jesucristo, en tus manos encomiendo mi espíritu». Pero al mismo tiempo se oyó una voz del Cielo, que decía: «Adhuc multa tibi debéntur certámina. Aún te quedan, LORENZO, muchos trabajos que padecer». Al oír esta voz, se irritó el tirano Emperador, y atribuyéndolo su malicia a efecto de hechicería, mandó a los verdugos que poniendo a San LORENZO en una catasta, lo estirasen con duros cordeles hasta que descoyuntasen todos sus nervios y que renovasen las heridas que al principio le habían hecho los garfios y escorpiones. Pero el Santo, bañado en alegre risa, daba a Dios gracias, porque le prolongaba la vida para el mérito.
    
Vio en esta ocasión un soldado nombrado Román, que un joven muy hermoso con una toalla limpiaba las heridas del Santo, y convencido con el prodigio le suplicó que le bautizase. Admirando el Emperador la constancia del Santo, se confesó vencido, y manó a los verdugos que lo entregasen a Hipólito para que lo tuviese preso hasta nueva orden. Retiróse el César, y Román, valiéndose de la ocasión, dio a San LORENZO un jarro de agua, con que lo bautizó.
  
Bautismo de San Román por San Lorenzo
     
Llegada la noche mandó Decio que se le preparase el Tribunal en los Baños de Olimpia, y le condujesen allí a San LORENZO. Luego que llegó a su presencia le preguntó quién era. Respondió SAN LORENZO: «Soy de nación Español y de profesión Cristiano, estoy instruido en todas buenas letras, y mucho más en los divinos preceptos». «Muy bien se conoce (respondió Decio) que estás instruido en la divina ley, pues abandonas los dioses. Ea, depón tu porfía, o si no toda la noche la pasarás entre rigores». «Mal haces (respondió el Santo) en amenazarme, cuando conoces el poco caso que hago de los tormentos: pasa a la ejecución si quieres experimentar hasta dónde llega mi Católica constancia».
    
Desesperado con esta respuesta Decio, hizo poner al Santo sobre unas parrillas, y que los verdugos lo sujetasen con horquillas de hierro, y pusiesen debajo carbones encendidos, que poco a poco lo fuesen asando: Pero San LORENZO, mientras el fuego tostaba sus carnes, ardiendo en amor divino, daba a Dios repetidas gracias. Ya que tuvo asado el costado que estaba comprimido contra las parrillas. volviendo el rostro a Decio, le dijo: «Ya está asado bastantemente este lado, manda que me vuelvan: ven y come, que quizá tu insaciable sevicia de esta suerte quedará satisfecha». Después, puestos los ojos en el Cielo, en alta voz dijo: «Gracias te doy, Señor mío Jesucristo, porque me has hecho patentes las puertas de la Gloria». Con las cuales palabras concluyó su dilatado martirio, y pasó a gozar la corona que por él tenía merecida.
  
Martirio de San Lorenzo en la parrilla
  
Son muchos y muy singulares los prodigios que después de su glorioso tránsito obró Dios por su intercesión: algunos canta con elegancia Fortunato, y uo omito por no permitirme más extensión esta obra. Lo que no puedo omitir es la singular caridad con que socorre a sus devotos. San Gregorio, Arzobispo de Tours, afirma de este Santo, como asegura el Señor Luna en el tercer tomo de sus Homilías, homilía 45, 6; y después de él Alonso de Salazar Caballero en sus Discursos Funerales, tratado 5, discurso 7; y Leandro Alberto, De viris illústribus Órdinis Prædicatórum, fol. 112) que en premio de la singular constancia con que toleró el fuego, concedió Dios a San LORENZO el privilegio de que sacase todos los Viernes un Alma del Purgatorio, y aun añade el citado Leandro, que con especialidad favorece San Lorenzo a los que en el viernes lo reverencian con devotos oraciones: «Illud quóque Beátus Gregório adjécit, Beátum Lauréntium suo favóre, et defensióne effícere, ne antíquos hostis ei nócere possit, qui eádem fériæ sexta piis oratiónibus sui memor fúerit».
   
San Lorenzo liberando Almas del Purgatorio
   
Novena del Esclarecido y Glorioso Mártir Español San Lorenzo, reimpresa en Puebla de los Ángeles por Pedro de la Rosa en 1777, págs. 1-15, con aprobación eclesiástica.
   
ORACIÓN
Concédenos te suplicamos, Dios omnipotente, que diste al bienaventurado San Lorenzo vencer el incendio de sus tormentos, extinguir las llamas de nuestros vicios. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 1 de agosto de 2020

NOVENA EN HONOR A SAN LORENZO, DIÁCONO MÁRTIR

Novena reimpresa en Puebla de los Ángeles por Pedro de la Rosa en 1777, con aprobación eclesiástica. Los Gozos son valencianos, sin autor conocido.
   
ORDEN QUE HA DE GUARDAR EL QUE HICIERE ESTA NOVENA
Primeramente procurará estar en gracia de Dios, para lo cual será conveniente que el primer día confiese y comulgue, y en el discurso de esta frecuente los Sacramentos, según su Padre espiritual juzgare conveniente.
    
Lo segundo, propondrá firmemente imitar a San Lorenzo, para lo cual deberá cada día de la Novena frecuentar los actos de aquellas virtudes que se proponen en las meditaciones.
    
Observadas estas dos reglas, como fundamento de la verdadera devoción, podrá determinar para la Novena nueve días, o continuos o divididos; aunque respecto de haberse el Santo singularizado en favorecer a sus devotos los Viernes, yo me persuado que sería provechoso fuesen los señalados nueve Viernes consecutivos, en los cuales, despuués de prepararse con un Acto de Contrición y la invocación del Espíritu Santo, meditará un cuarto de hora en el punto que para cada día se señala.
   
NOVENA DEL ESCLARECIDO Y GLORIOSO MÁRTIR ESPAÑOL SAN LORENZO
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, mi Criador, mi Padre y mi Redentor, por ser tan bueno como sois, y porque os amo sobre todas las cosas, os digo con todo mi corazón que me pesa de haberos ofendido, y propongo, ayudado de vuestra divina gracia, primero morir que pecar. Amén.
      
DÍA PRIMERO – 1 DE AGOSTO
Considera el singular beneficio que Dios hizo a San Lorenzo en darle por Maestro y Ayo a San Sixto para que lo educase, y el agradecido reconocimiento con que el Santo correspondía a este favor, sujetándose espontáneamente a su voluntad y obedeciendo con alegría sus preceptos.

Pondera cuán provechosa le fue esta obediencia, por medio de la cual consiguió llegar a la cumbre de la perfección. Es muy creíble que sola esta virtud bastó en San Lorenzo para que Dios se esmerase en favorecerlo con mucha singularidad, y para que nuestra Madre la Iglesia se singularice en sus cultos. Dice el Apóstol que por haber sido Cristo Señor nuestro obediente hasta la muerte, lo ensalzó su Eterno Padre y le dio el nombre que sobrepasa todo nombre. Con que habiendo San Lorenzo obedecido a su Maestro San Sixto hasta la muerte (pues por ser obediente no se entregó a las manos de los ministros cuando lo llevaban preso) conseguiría muy particulares favores de Dios.

Sacarás de aquí un firme propósito de obedecer a tus mayores, de sujetarte en todo a tu Padre espiritual, que procurarás que sea virtuoso y docto. Y darás a Dios muy crecidas gracias, porque sin otro motivo que el de su infinita misericordia te dio Padres Cristianos, que te instruyesen en los misterios de la Fe Católica.
   
Ahora se pedirá al Señor, por medio de San Lorenzo, la gracia que se pretende alcanzar. Pasado un rato, se dirá un Padre nuestro y un Ave María.
   
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Misericordiosísimo  y amantísimo Señor mío Jesucristo, postrado a vuestros pies con el mayor rendimiento, alabo la infinita misericordia y reverencio la inefable providencia con que dirigisteis por tan santos y admirables medios a vuestro singular escogido y abogado mío San LORENZO a la cumbre de la perfección, desde la cual lo trasladasteis al Empíreo por medio de su singularísimo martirio, para que recibiese el premio de su heroica constancia en compañía de los Celestiales Ciudadanos, que alegres celebraron su triunfo: ruégoos, Señor, que por sus méritos e intercesión me concedáis gracia con la cual, triunfando de los enemigos de mi alma, merezca vuestra eterna Bienaventuranza, donde en su compañía eternamente os ame, alabe y bendiga. Amén.
     
GOZOS
  
Pues cual laurel victorioso
Os dio a luz nuestra Valencia,
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso. 
     
En Huesca al noble esplendor
Del cíngulo militar,
Supo vuestro padre atar
Empleos de Labrador:
Así Orencio con Paciencia,
Su esposa, vive gustoso.
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso.

    
El Presidente de España
En ese medio inhumano,
Contra el rebaño Cristiano
Muestra su furor y saña:
Huye Orencio su inclemencia,
De su esposa cuidadoso.
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso.

    
Viene a Valencia, y la choza
De tres Mártires hereda,
Y en breve preñada queda
Vuestra madre piadosa:
Por vos sintiendo Paciencia
Sed del martirio penoso.
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso.

    
En casa de una matrona
Nacéis generoso infante,
Y un globo de luz brillante
La estancia feliz corona:
Con eso la Providencia
Astro os anuncia fogoso.
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso.

    
Cumpliendo un lustro de edad,
Con los padres al Oriente
Navegáis, y en continente
Se mueve una tempestad:
De Puzol su violencia
Os arroja al seno undoso.
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso.

    
Amansa bueyes cerriles
De Orencio la fe profunda;
Vos de Cristo a la coyunda
Sujetáis ciegos Gentiles:
Y a la fe sin resistencia
Les reducís prodigioso.
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso.

    
Presos Orencio y su esposa
Por confesarse cristianos,
Con tormentos inhumanos
En cruz mueren afrentosa:
De sus palmas la excelencia
Buscáis sediento y brioso.
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso.

    
Como en caridad ardéis,
Puesto en Roma visitáis
Cárceles, y consoláis
Los pobres que socorréis:
Negociando eterna herencia
Vuestro pecho dadivoso.
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso.

    
De Sixto el sagrado Erario
En sus pobres repartisteis
Y a Precelio, Español, disteis
Lo mejor de su sagrario:
Dejado para Valencia
De Cristo el cáliz precioso.
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso.

    
De Valeriano el furor
Cruel os manda azotar,
Y juntamente abrasar
Del fuego ardiente al rigor:
Un Ángel su violencia
Templa humano y piadoso.
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso.

    
De padecer no cansado,
Al Emperador vencisteis,
Y abiertos los cielos visteis,
En las parrillas asado:
Ángeles en su eminencia
El triunfo cantan glorioso.
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso.

    
El divino Consistorio
De Mártir os da la palma,
Y que los Viernes un alma
Indultéis del Purgatorio:
Alivia vuestra clemencia
Al que os sirve fervoroso.
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso. 
     
Pues cual laurel victorioso
Os dio a luz nuestra Valencia,
Logremos vuestra asistencia
Lorenzo, Padre amoroso. 
    
Antífona: Mientras San Lorenzo yacía ardiendo en la parrilla, dijo al impiísimo tirano: Ya estoy asado, da la vuelta y come, porque las manos de los pobres han llevado a los tesoros del Cielo las riquezas de la Iglesia que has requerido.

℣. El diácono Lorenzo hizo una buena obra.
℟. Con la señal de la Cruz dio vista a los ciegos.
   
ORACIÓN
Concédenos te suplicamos, Dios omnipotente, que diste al bienaventurado San Lorenzo vencer el incendio de sus tormentos, extinguir las llamas de nuestros vicios. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO – 2 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
  
Considera cómo San Lorenzo, anhelando la palma del Martirio, le salió al encuentro a su Maestro San Sixto, cuando lo llevaban preso los enemigos de la Fe Católica, y le dijo: «¿A dónde vas, Padre amado, sin tu hijo? ¿A dónde, Sacerdote santo, caminas sin tu Diácono? Jamás has acostumbrado celebrar el Sacrificio sin Ministro, ¿pues por qué no me llevas ahora contigo, porque te acompañe en el sacrificio cruento de tu cuerpo, el que te asiste en el Incruento holocausto del Altar?».
    
Pondera cómo el Santo Pontífice, para serenar sus ansias, le respondió que no será privado de la corona del martirio, porque después de tres días lo había de seguir y había de conseguir más esclarecido triunfo, padeciendo como joven robusto, en obsequio de la Fe, más crueles tormentos.
   
Saca de aquí un grande amor a la misericordiosa providencia de Dios, que proporciona los trabajos con las fuerzas de los que los padecen, no permitiendo que excedan nuestra resistencia.
    
Pedir al Señor la gracia que se pretende alcanzar por intercesión de San Lorenzo. Rezar tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
 
DÍA TERCERO – 3 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
Considera cómo San Lorenzo, habiéndole mandado su Maestro San Sixto que repartiese entre los pobres los tesoros de la Iglesia, los anduvo buscando de día y de noche por las casas y cuevas donde estaban ocultos, huyendo de la tiranía de Decio.
 
Pondera la caridad y misericordia con que los consolaba y socorría sus necesidades, el humilde rendimiento con que postrado a sus pies se los lavaba y besaba; la compasiva ternura con que lloraba con los afligidos, y la singular eficacia con que los animaba al martirio con el ejemplo de Cristo Señor nuestro, y de su Vicario San Sixto.
   
Saca de aquí un firme propósito de mostrarte siempre piadoso con los pobres, socorriéndolos en sus necesidades, de consolar a los afligidos en sus tribulaciones, de ser con todos muy humilde y afable.
    
Pedir la gracia que se pretende alcanzar por intercesión de San Lorenzo. Rezar tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA CUARTO – 4 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
  
Considera cómo al salir San Lorenzo de la cueva Nepociana, donde había acabado de distribuir los tesoros de la Iglesia, se encontró con su Maestro San Sixto y le dijo: «Ya, Padre amantísimo, he cumplido con la obligación de hijo obedeciendo a tus preceptos, cumple tú con la de padre, haciéndome tu compañero en el martirio: ya he repartido entre los pobres tus tesoros, reparte tú conmigo el laurel de tu constancia».
 
Pondera que no acobardó a San Lorenzo ver a su Maestro cargado de prisiones, ir de la cárcel al Tribunal cercado de crueles ministros; antes esto fomentó el deseo que tenía de padecer martirio; y así se publicaba a voces Cristiano ante los enemigos de este santo nombre, piadoso ante los impíos, y limosnero ante los codiciosos.
 
Contempla cómo aquellos ministros cometieron el sacrilegio que antes habían omitido, juzgando que había reservado San Lorenzo parte de los tesoros, por cuya razón codiciosos lo prendieron. Saca de aquí un crecido odio a este abominable vicio, que tanto ciega los entendimientos, y un constante ánimo de confesar valeroso los misterios de la Fe.
    
Pedir la gracia que se pretende alcanzar por intercesión de San Lorenzo. Rezar tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
     
DÍA QUINTO – 5 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
Considera cómo llevado San Lorenzo a la presencia de Decio, preguntándole este por los tesoros de la Iglesia, no le respondió, por cuyo motivo le entregó a Valeriano para que le tomase declaración, y Valeriano entregó a San Lorenzo a Hipólito para que lo tuviese en su custodia o cárcel. Aquí San Lorenzo bautizó y dio vista a Lucilo, aquí acudían a tropas los ciegos y enfermos, para que el Santo los sanase.
   
Pondera cómo con estos prodigios suavizado el corazón de Hipólito abrazó la Fe Católica que antes perseguía, y recibió el agua del Bautismo de mano de San Lorenzo. Contempla cómo al mismo tiempo que lo bautizaba San Lorenzo vio Hipólito un coro de almas santas que con festivos júbilos celebraban su conversión, con el cual prodigio, confirmado en la Fe Católica, pidió a San Lorenzo que bautizase toda su familia.
 
Saca de aquí un firme propósito de confesar con tus obras la fe que profesas, y de enmendar tus costumbres, para dar a los Ángeles y Santos (especialmente a San Lorenzo) motivo del accidental gozo que se les añade con la conversión de los pecadores.
    
Pedir la gracia que se pretende alcanzar por intercesión de San Lorenzo. Rezar tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA SEXTO – 6 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
Considera cómo estando Hipólito dando a Dios infinitas gracias y celebrando su conversión y la de su familia, le intimó un ministro el decreto, en que le mandaba Valeriano llevase a San Lorenzo a su Tribunal. ¡Oh, qué pesar ocasionaría a él que antes gustoso obedecía semejantes decretos! Pondera cómo afligido le participó a San Lorenzo el decreto, y el Santo lo consoló diciéndole que no se detuviese ni afligiese, porque para los dos se estaba preparando una muy crecida corona.
 
Pondera cómo llegado San Lorenzo al Tribunal le concedió Valeriano tres días de término  para que en ellos le condujese los tesoros de la Iglesia, que creían tenía ocultos, pero el Santo le condujo una multitud de pobres y enfermos, diciéndole que aquellos eran los tesoros de la Iglesia. ¡Oh, cuánto se enfurecieron Decio y Valeriano con esta respuesta!, mandándole dar en castigo de ella muy crueles azotes.
 
Saca de aquí un firme propósito de venerar a los pobres como tesoros incorruptibles en quienes se depositan las riquezas del Cielo, y procura atesorar en ellos las tuyas, para que eternamente permanezcan.
    
Pedir la gracia que se pretende alcanzar. Rezar tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
     
DÍA SÉPTIMO – 7 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días. 
Considera cómo San Lorenzo, después de azotado con tirana crueldad, es llevado al Palacio de Tiberio, donde se hizo relación del proceso de su causa. Aquí sus virtudes se condenan como delitos, aquí compitiendo la crueldad de Decio con la Católica constancia de San Lorenzo, le mandó segunda vez azotar con más rigor que antes, y que le aplicasen a los costados dos planchas de hierro hechas ascuas. Aquí, finalmente, viendo Decio que la fortaleza de San Lorenzo triunfaba de su tiranía, lo mandó tercera vez azotar con plomadas tan bárbara y cruelmente, que creyendo el Santo que este tormento acababa con su vida, elevada la voz dijo: «Señor mío Jesucristo, que por salvar al linaje humano te hiciste hombre, recibe mi espíritu».
 
Pondera cómo al proferir San Lorenzo esta cláusula, se oyó una voz del Cielo que decía que aún había de padecer más crueles tormentos. Con esta celestial voz se empederneció más el cruel corazón de Decio, y mandó que pusiesen al Santo en una catasta, para que estirándole con duros cordeles descoyuntasen sus nervios: y San Lorenzo bañado en alegre risa le daba a Dios las gracias, porque le prolongaba la vida para el mérito.
 
De aquí colegirás cuánto le agrada a Dios que padezcamos a honra y gloria suya, y le pedirás que te dé gracia para tolerar los trabajos con que su Majestad te regalare.
    
Pedir la gracia que se pretende alcanzar por intercesión de San Lorenzo. Rezar tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA OCTAVO – 8 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.   
Considera cómo Decio, o cansado de martirizar a San Lorenzo, o por hacer más cruel el martirio dilatándole la vida, lo volvió a entregar a Hipólito para que lo tuviese en su custodia hasta la noche. ¡Oh, cuántas lágrimas derramaría Hipólito y su santa familia al ver el cuerpo de su Maestro todo lleno de heridas! ¡Qué suspiros arrancarían de lo íntimo de su corazón cuando vieron sus carnes rasgadas con garfios, y descoyuntados sus huesos!
 
Pondera la afable benignidad con que el Santo los consolaría, y el valor con que los animaría al martirio. Tanta fue la dulzura de este consuelo, tanta la eficacia de sus palabras, que toda la familia con una santa paciencia deseaba imitarle en la constancia, e Hipólito más fervoroso que todos le decía a San Lorenzo: «¿Por qué no me dejas publicar a voces que soy Cristiano?».
 
De aquí colegirás cuánto se importa acompañarte con los buenos, para que con su virtud edificado seas uno de ellos.
    
Pedir la gracia que se pretende alcanzar por intercesión de San Lorenzo. Rezar tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
     
DÍA NOVENO – 9 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
 
Considera cómo llegada la noche fue llevado San Lorenzo a los Baños de Olimpia, donde mandó Decio que estuviesen prevenidos todos los instrumentos que inventó la tiranía para martirizar a los Cristianos. Aquí, conociendo el tirano invencible la constancia del Santo, mandó que le quebrantasen con piedras los dientes, muelas y bocas, y después lo recostasen sobre unas parrillas en donde a fuego lento se fuese asando.
 
Pondera la heroica fortaleza con que San Lorenzo, cuando padecía este terrible tormento, convidaba al tirano con su ya asada carne, y la inefable misericordia de Dios, con que abriéndole las puertas del Cielo le mostró el crecido galardón con que había de coronar, como coronó, sus fatigas, y remuneró sus méritos.
 
Dale a Dios gracias por tan singular favor, y alaba su infinita piedad con que consuela a los atribulados y premia a los que son perseguidos por los enemigos de la Fe
    
Pedir la gracia que se pretende alcanzar por intercesión de San Lorenzo. Rezar tres Padre nuestros, Ave Marías y Glorias. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.