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sábado, 15 de junio de 2024

HARVARD RETIENE RELIQUIA DE SAN SEBASTIÁN, MIENTRAS DEVUELVE MOMIAS INDÍGENAS

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
   
El martirio de San Sebastián en el siglo III inspiró al pintor más grande del Renacimiento, Rafael Sanzio de Urbino, a pintar este retrato del santo alrededor de 1501-1502.
La Universidad de Harvard en Estados Unidos guarda una reliquia del santo en los “fondos”de su Biblioteca (ni siquiera en un museo), y se niega a devolver la reliquia a donde pueda ser venerada adecuadamente en un santuario, capilla u oratorio adecuado
    
La Universidad de Harvard, supuestamente la principal universidad de Estados Unidos, ha sido recientemente objeto de crecientes críticas por todo tipo de cosas, desde plagio hasta soborno a terroristas. Ahora se le acusa de esconder la reliquia de un santo, concretamente la del famoso San Sebastián, un mártir de la fe católica del siglo III mediante el inusual método de sagitación, o muerte por flechas, de la palabra latina para “flecha”, “sagíta”. El martirio de San Sebastián ha inspirado numerosas obras de literatura, arte y música. La reliquia del Santo se conserva en los “fondos” de la biblioteca Houghton de Harvard, ni siquiera en el Museo Peabody de Arqueología y Etnología.
    
La siempre “políticamente correcta” Harvard ha devuelto fácilmente a Dinamarca momias danesas de 500 años de antigüedad, diciendo que «respeta la soberanía cultural de las comunidades para determinar los pasos futuros». Si eres danés, te respetan. Si eres católico, no te respetan. Harvard también devolvió 10.209 artículos a los indios americanos. Pero planea conservar (“ocultar”) la reliquia del Santo, que debe estar en un santuario, capilla u oratorio apropiado, donde pueda ser venerada adecuadamente [Parte de la información para este Comentario proviene por la Universidad de Harvard].
    
Católicos tradicionales, puede ser que el cardenal Seán Patrick Reidy O’Malley OFM Cap., de Boston, esté demasiado ocupado luchando contra las demandas de numerosas víctimas de sus presbíteros pedófilos como para preocuparse por recuperar las reliquias de un santo mártir. Probablemente una palabra de O’Malley podría lograr precisamente eso.

miércoles, 20 de enero de 2021

SAN AMBROSIO SOBRE SAN SEBASTIÁN

Para entrar al reino de Dios, debemos afronrar muchas tribulaciones. Si hay muchas persecuciones, hay muchas pruebas; donde hay muchas coronas de victoria, hay muchas puebas de fuerza. Es entonces para tu provecho si hay muchos perseguidores; entre muchas persecuciones puedes encontrar más fácilmente un camino a la victoria.
   
Toma el ejemplo del mártir San Sebastián, cuyo natalicio en la gloria celebramos hoy. Él era natural de Milán. En un tiempo cuando la persecución o había cesado o no había comenzado todavía, o era de un tipo débil, él concluyó que solo había, si acaso, una oportunidad ligera para sufrir. Él partió para Roma, donde persecuciones más amargas estaban creciendo por el fervor de los Cristianos. Allí enfrentó el sufrimiento; allí ganó su corona. Fue a la ciudad como un extranjero, y allí estableció una casa de gloria inmortal. Si allí hubiese habido sólo un perseguidor, él no habría ganado una corona de mártir.
    
Los perseguidores que son visibles no son los únicos. Hay también perseguidores invisibles, mucho mayores en número. Esto es más serio. Como un rey decidido en la persecution, enviando órdenes de  perseguir a sus muchos agentes, y estableciendo distintos perseguidores en cada ciudad o provincia, el diablo dirige a sus muchos siervos en su obra de persecución, sea en público o en las almas de los individuos. De este tipo de persecución dice la Escritura: Todo el que desee llevar una vida santa en Cristo Jesús, sufrirá persecución. “Todos” sufren persecución; no hay excepción. ¿Quién puede afirmar exención si el Señor mismo afrontó la prueba de la persecución? ¡Cuántos hay hoy que son mártires secretos para Cristo, dando testimonio de Jesús como Señor! El Apóstol conocía este tipo de martirio, este fiel testimonio de Cristo, por lo que dijo: Este es nuestro alarde, el testimonio de nuestra conciencia.
    
SAN AMBROSIO DE MILÁN, Explicación de los Salmos: Salmo 118 - Fiel testimonio de Cristo.

sábado, 28 de marzo de 2020

HIMNO A SAN SEBASTIÁN EN TIEMPOS DE PESTE

Tomado del Oficio Rakocziano, pág. 189. Traducción propia.
  
San Sebastián (Luca di Paolo)
    
LATÍN
Sebastiáne, Mártyrum,
Et gemma Christi mílitum!
Cui fuere spícula
Pennæ ad beáta gáudia:
Óculo fidéli réspice
Contagiónis témpore,
Et sanitátis ímpetra
Tibi dicátis tempéra.
   
Antiphona: O magnæ fìdei Sancte Sebastiáne, miles Beatíssime, cujus méritis, et précibus tota Pátria Lombardíæ, a mortífera peste fuit liberáta; intercéde pro nobis ad Dómimum nostrum Jesum Christum, ut nos tuo beáto intervéntu ab ipsa peste epidémiæ, ab improvísa morte, et ab omni adversitáte córporis, et ánimæ liberáre et defendére dignétur, donétque nobis tantum vitæ spátium, et tantam emendatiónem peccatórum nostrórum, ut post hoc exílium sacris tuis précibus cum Christo collætémur.
  
℣. Ora pro nobis, Sancte Martyr Sebastiáne.
℞. Ut mereámur pestem epidémiæ illǽsi pertransíre, et promissiónem Christi obtinére.
 
Orémus:
  
ORATIO
Præsta; quǽsumus, omnípotens Deus: ut intercedénte beato Sebastiáno Martyre tuo, et a cunctis adversitátibus libéremur in córpore, et a pravis cogitatiónibus mundémur in mente.
 
Deus, qui mos concédis Sancte Mártyris tui Sebastiáni memóriam solémniter celebráre: da nobis páriter in ætérna beatitúdine, in ejúsdem societáte gaudére. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
 
TRADUCCIÓN
Sebastián, gema de los mártires
Y soldados de Cristo,
Al cual las alas de las flechas sirvieron
Para ir a las alegrías bienaventuradas;
Míranos con tu fiel mirada
En este período de contagio,
Y obten para nosotros
Tiempo de sanación.
  
Antífona: Oh gran hombre de fe, santísimo Sebastián, benditísimo soldado, por cuyos méritos y oraciones, toda la nación de los Lombardos fue librada de una plaga mortífera; intercede por nosotros ante Nuestro Señor Jesucristo, para que nosotros, por tu bienaventurada intervención, podamos ser librados de esta plaga epidémica, de la súbita e improvisa muerte, y de toda adversidad de cuerpo y alma. Líbranos, y dígnate defendernos, y concédenos tal longitud de vida, y una gran enmienda de nuestros pecados, para que después de este exilio, por tus santas oraciones, podamos regocijarnos con Cristo.
  
℣. Ruega por nosotros, San Sebastián mártir.
℞. Para que merezcamos pasar ilesos esta epidemia de peste, y obtener las promesas de Cristo.
  
Oremos:
  
ORACIÓN
Concédenos, te suplicamos, Dios omnipotente, que por la intercesión de tu bienaventurado mártir San Sebastián podamos ser librados de toda adversidad en el cuerpo y nuestras almas sean purificadas de todo mal pensamiento.
  
Oh Dios, que nos concediste celebrar solemnemente la memoria de tu mártirn San Sebastián, danos el poder regocijarnos en su misma compañía en la bienaventuranza eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

miércoles, 18 de marzo de 2020

NOVENA EN HONOR A SAN SEBASTIÁN MÁRTIR

Novena tradicionalmente rezada en la ciudad de Tafalla (Navarra), corregida por el Lic. Don Gabino de Urra, Arcipreste de dicha ciudad, y publicada en la imprenta de Antonio Castilla en 1887, con licencia otorgada por el Obispado de Pamplona el 30 de Junio de 1886.
 
NOVENA EN HONOR AL ESCLARECIDO MÁRTIR DE CRISTO SAN SEBASTIÁN, ABOGADO CONTRA LA PESTE Y FIEBRES MALIGNAS
  
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN.
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mi amabilísimo, en quien creo, en quien espero, y a quien amo sobre todas las cosas; por ser Vos quien sois, la suma bondad, me pesa en el alma de haberos ofendido, y ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente enmendarme y confesar mis pecados, confiando en vuestra misericordia infinita me los perdonareis por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, y me otorgareis el don de la perseverancia final. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
Ínclito mártir de Cristo, San Sebastián, defensor esforzado de la Fe, honor y gloria de la Iglesia católica; vos que fuisteis uno de los más distinguidos capitanes del Imperio romano, y de los más intrépidos soldados de la milicia de Dios; héroe insigne, con cuyas virtudes adornó el Cielo a la religión que profesamos; por cuyo medio extendió el culto cristiano y confundió a la idolatría; confiados en vuestra intercesión poderosísima para con el dador de todo bien, y seguros de la presteza con que acudís a favorecer a los que os invocan en sus necesidades de alma y cuerpo, nos postramos hoy ante vuestra presencia, y de lo íntimo de nuestros corazones os suplicamos elevéis nuestras peticiones al trono del Eterno, haciendo que por vuestros méritos sean bien despachadas. Rogad, pues, al Señor en nuestro nombre que exalte y propague la santa Fe católica, por la cual derramasteis vos vuestra sangre; que extermine todos los cismas y herejías; que haga que la Iglesia Romana triunfe de todos sus enemigos, que proteja a su Vicario en la tierra; que conceda paz y concordia a todos los Príncipes cristianos; que envíe la salud a los enfermos, el socorro a los menesterosos, el consuelo a los afligidos, y llene de un gran pavor a cuantos se hallan en pecado mortal para que se conviertan y confiesen sus culpas. Por último, pedidle, santo gloriosísimo, que nos otorgue a todos la gracia de perseverar constantemente en la observancia de su santísima ley hasta el fin de nuestra vida para merecer así cantar con vos sus alabanzas en el Cielo. Amén.
 
DÍA PRIMERO – 11 DE ENERO
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Gloriosísimo mártir San Sebastián, a quien destinó el Cielo para defensor de la Iglesia en las más crueles persecuciones con que fue afligida, y para ejemplo de fortaleza a los fieles de todos los siglos; ni la nobleza de vuestro nacimiento, ni la rara belleza de que os dotó el Señor, ni las distinciones y preeminencias que en la profesión de las armas os conquistó vuestro heroico valor, fueron bastantes para entibiar en vos el aprecio que siempre hicisteis de la religión del Crucificado, y pues que nosotros hemos sido fortalecidos en ella con tan excelentes ejemplos vuestros, os damos por ello las más cordiales gracias, y os felicitamos como a héroe dignísimo de aquella misma religión sacrosanta, gloria de la Iglesia universal y honor del pueblo cristiano, que hoy se postra en vuestra presencia y os dirige sus votos y plegarias para que las elevéis al trono del Señor. Dignaos, pues, alcanzarnos de su Divina Majestad un ferviente amor y una adhesión constante a esta santísima Religión cristiana en que tuvimos la dicha de nacer, y por cuya defensa os visteis vos amarrado a un leño y traspasado de saetas vuestro cuerpo. Conseguidnos también la gracia especial que por vuestra intercesión le pedimos en esta Novena, si es para gloria suya, honra vuestra y bien de nuestras almas. Amén.
     
Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, y se pedirá al Santo la gracia que se desee alcanzar por su intercesión.
    
DEPRECACIÓN
Eterno Dios, que para inspirarnos el debido aprecio de la Religión en que únicamente queréis ser adorado, la habéis enriquecido con el infinito tesoro de la Sangre de vuestro Unigénito; y que llenando sus templos de vuestra Majestad santísima, habéis colocado en ellos el verdadero propiciatorio en que gustáis ser aplacado con los votos humildes de los fieles y los sacrificios que os ofrecen vuestros ministros: Vos, Señor, que sin ningún mérito nuestro nos habéis separado de la multitud de infieles que parecen fuera de vuestra Iglesia, grabando por medio del bautismo en nuestras almas un indeleble carácter que nos distingue de aquellos; que habéis ennoblecido la Fe que entonces recibimos, y que por dicha nuestra profesamos, con la verdad de la Revelación y la fidelidad de vuestras promesas, aceptad benigno las gracias que os damos por la grande estima que de esa misma Religión infundisteis en el corazón de vuestro siervo, San Sebastián, y haced que como él la apreció, así también la apreciemos nosotros, poniendo nuestra mayor gloria en conformarnos con sus preciosas máximas y sapientísimos preceptos, y acatando en todo las decisiones de vuestra santa Iglesia, en cuyo gremio queremos vivir y morir para gozar eternamente de Vos, de vuestro Divino Hijo y del Espíritu Santo, que de ambos procede, y que con ambos vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
   
GOZOS
  
Pues la Iglesia os ha nombrado
Contra la peste Patrón:
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
   
Narbona os dio en vuestro padre
Su más ilustre nobleza;
Gallardía y gentileza
Milán os dio en vuestra madre,
Y fue en vos timbre heredado
De la fe el noble blasón
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
    
Cuando de otros la codicia
A excesos mil se abalanza,
Vos aspiráis a una lanza
Del Imperio en la milicia,
De Capitán con el grado
Comandáis una Legión.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
   
De vuestro escuadrón al frente
Para hacer de vos ensayo
Os dejáis ver como un rayo
Intrépido, vivo, ardiente:
Sois de todos respetado
Como el más fuerte campeón.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
    
Vio a sus banderas triunfar
Roma con ventajas sumas,
Porque a sus águilas plumas
Disteis vos para volar:
Todo enemigo postrado
Se os rindió a discreción.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
    
De vuestros hechos la historia
Para blasón militar
En vuestro escudo grabar
Pudo muy bien la victoria.
Ya que siempre denodado
Vencisteis en toda acción.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
    
Halló el Imperio trocada
Su suerte desde que vos
A los Reales de Dios
Hicisteis la retirada,
Porque fuisteis dominado
De otra más noble ambición.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
   
Con rabia la idolatría
Os vio pisar sus laureles,
Y de la legión de infieles
Pasar a otra compañía,
En que la Iglesia os ha dado
De su milicia el pendón.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
  
Vuestra belleza fomenta
Con luz prodigiosa el Cielo,
Cuando vuestro ardiente celo
A los mártires alienta:
Nadie gime atribulado
A quien no deis protección.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
    
La superstición hollada
Bajo vuestros pies gimió,
Y bien a su pesar vio
La fe de Cristo exaltada:
Los que por vos se han salvado
Casi innumerables son.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
   
A vos os deben su gloria
Marco y Marceliano hermanos,
Pues pusisteis en sus manos
La palma de la victoria:
Cristo de ángeles rodeado
Os premió tan noble acción.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
   
Con furiosa y cruel saña
Manda Diocleciano airado
Que muráis asaeteado
En medio de la campaña;
Mas por muerto abandonado,
Vivís para más pasión.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
   
Después con mayor ahínco
Os presentáis al tirano,
Quien en su furor insano
Manda llevaros al circo,
Y luego allí apaleado,
Voláis a eterna Sión.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
   
Cuantos en la enfermedad
De la peste os invocaron
En vos remedio encontraron
Contra tal calamidad;
Por eso sois aclamado
Contra ella por Patrón.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
  
No sólo en la peste el Cielo
A vuestros ruegos atiende;
Por ellos de allí desciende.
En toda aflicción consuelo:
Díganlo los que han probado
Vuestra eficaz protección.
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
   
Pues la Iglesia os ha nombrado
Contra la peste Patrón:
Sed con vuestra intercesión,
Sebastián, nuestro abogado.
   
Antífona: Este Santo, por la ley de su Dios luchó hasta la muerte, y no temió a la palabra de los impíos: porque fundado estaba sobre firme piedra.
℣. Ruega por nosotros, bienaventurado San Sebastián.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que por los méritos de tu Beatísimo y Gloriosísimo mártir San Sebastián revocaste entre los hombres la peste mortífera: concédenos propicio, a cuantos recordamos su memoria, seamos libres de toda peste, tribulación y muerte súbita. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
DÍA SEGUNDO – 12 DE ENERO
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Celosísimo mártir San Sebastián, que en medio de la disipación a que es tan propensa la milicia terrena fomentasteis en nuestro pecho un ardentísimo deseo de aumentar el número de los verdaderos creyentes, y que inspirado de lo alto ocultasteis por algún tiempo a los tiranos la Fe santísima que interiormente profesabais, para poder así animar a los Confesores de Cristo en los tormentos que por la misma Fe padecían; vos que fuisteis el primero a quien el Vicario de Dios en la tierra honró con el gloriosísimo dictado de defensor de la Iglesia; infundid en nuestros corazones aquel generoso afán de dilatar el reino del Señor entre los hombres, en que se abrasó tan constantemente el vuestro. Haced que triunfe hoy la Esposa del Cordero de los cismáticos que la perturban; de los infieles que no la conocen, y de los malos católicos que la deshonran con su mala vida. Mirad también con ojos benignos a cuantos congregados hay ante vuestra imagen veneranda os envían sus ruegos desde este santo templo, en el cual habéis mostrado tantas veces el poder de vuestro patrocinio, y logradnos con vuestra intercesión la gracia especial que os pedimos por medio de esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honra vuestra y bien de nuestras almas. Amén.
   
Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, y se pedirá al Santo la gracia que se desee alcanzar por su intercesión.
   
DEPRECACIÓN
Dios omnipotente, que con altísima providencia continuáis en vuestra Iglesia aquella sapientísima conducta con que la fundasteis, suscitando en ella héroes extraordinarios que abrasados de celo santo por el honor de vuestra casa, acometan con valor las empresas apostólicas; gracias os damos por el honor a que en la tierra sublimasteis a vuestro fiel siervo, San Sebastián, de quien hicisteis un apóstol bajo el uniforme de soldado, y os ofrecemos en este día los pasos todos que nuestro ilustre Mártir dio durante su vida para encender el fuego de vuestra caridad en aquellos a quienes la violencia de los tormentos hacía vacilar en la confesión de vuestra Fe. Que sean, pues, mil veces benditos aquellos pies que tanto corrieron para evangelizar la paz; benditas aquellas manos obradoras de tantas maravillas; bendita aquella lengua que publicó vuestras alabanzas y que fue para tantos instrumento de vida y de salud; benditos aquellos labios que tantas veces se abrieron para confundir a la idolatría, aumentando los triunfos de vuestra santa Iglesia; y seáis Vos eternamente alabado, bendecido y glorificado en todas las empresas y en todas las victorias de este insigne soldado; por las cuales os rogamos nos hagáis participantes del ardor de su celo para que obrando como él en la tierra, logremos por su intercesión poderosa asociarnos a sus recompensas en la gloria. Amén.
   
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA TERCERO – 13 DE ENERO
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Fortísimo atleta San Sebastián, que con un valor superior a todo encarecimiento hicisteis pública confesión de vuestra Fe en presencia de Diocleciano, despreciando heroicamente las honras y dignidades que él os ofrecía a cambio de que abandonaseis vuestras creencias; por aquella invencible fortaleza que asombró al pérfido Emperador y a toda su corte, y por aquellas profundas heridas que en vuestro cuerpo abrieron las agudas saetas clavadas en él de orden del tirano por vuestros mismos soldados; encarecidamente os rogamos nos fortifiquéis en la fe hiriendo nuestros corazones con los dardos del divino fuego en que se abrasó el vuestro, para que así se consuma la vil cobardía con que nos dejamos seducir de los halagos del mundo, de las sugestiones del demonio y de los corrompidos deseos de la carne. Alcanzadnos del Señor este favor inestimable, valerosísimo soldado de los ejércitos de Dios; dirigidnos en estas batallas espirituales como jefe experimentado y aguerrido, para que conozcan nuestros enemigos que veláis en nuestra defensa, y conseguidnos también la gracia particular que en esta Novena os pedimos, si así conviene a la mayor gloria de Dios, honra vuestra y bien de nuestras almas. Amén.

Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, y se pedirá al Santo la gracia que se desee alcanzar por su intercesión.
    
DEPRECACIÓN
Justísimo Dios, que para alentar a vuestros Confesores y domar el orgullo de los tiranos, depositasteis en vasos frágiles el don de la fortaleza, y permitisteis en vuestra sabiduría infinita que vuestros inocentes adoradores fuesen arrastrados a los tribunales de la impiedad para hollarla en su mismo trono, confesando con generosa constancia la gloria de vuestro santísimo Nombre, y ofreciendo por ella sus cuerpos a todo género de tormentos; bendito seáis, Señor, en los cielos y en la tierra por el heroico valor que comunicasteis a vuestro siervo, San Sebastián, y por aquella generosa resolución que le infundisteis de presentarse de nuevo a Diocleciano para repetir ante él el testimonio de su Fe, apenas restablecido por los cuidados de la piadosa Irene de las profundas heridas que las saetas le habría producido. Por este insigne rasgo de fortaleza de nuestro santo mártir, que tanto le enalteció y tanto regocijó a vuestra Iglesia en medio de la horrible persecución que entonces sufría, os suplicamos encarecidamente nos concedáis aquel precioso don, y lo concedáis a todos los hombres para que todos os confiesen y adoren ahora en la tierra y después en las eternas mansiones de vuestra gloria. Amén.
   
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO – 14 DE ENERO
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Esclarecido mártir San Sebastián, que ascendido a la suprema jerarquía de la milicia terrena, sacrificasteis a la mayor gloria de Dios el honor y las comodidades que ella os proporcionaba, renunciando gustoso hasta a las esperanzas con que el mundo os lisonjeaba para lo porvenir, y publicando en vuestro martirio que os era más amable la desnudez que el brillante uniforme de vuestra dignidad militar, más honrosas las saetas que las condecoraciones que os conquistó vuestro valor, y éste mejor empleado cuando os dejabais amarrar a un leño por vuestros propios soldados, que cuando al frente de ellos arrollabais heroicamente a los enemigos del Imperio; por esa misma desnudez, por esas saetas, por ese leño y por los demás instrumentos de vuestro martirio, que profundamente veneramos, os suplicamos. Protector nuestro muy amado, nos hagáis participantes de vuestro desprendimiento, de vuestra abnegación, y del desprecio con que mirasteis todas las cosas de la tierra, para que asemejándonos a vos, que tan perfectamente os asemejasteis a Jesús, vea el mundo en nuestro proceder el cumplimiento de la solemne renuncia que de sus pompas y vanidades hicimos en el bautismo, y logremos por vuestra intercesión la recompensa que vos lograsteis, y como prenda de ella el favor que os pedimos en esta Novena, si fuese del agrado del Señor, y para mayor gloria suya, honra vuestra y bien de nuestras almas. Amén.
   
Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, y se pedirá al Santo la gracia que se desee alcanzar por su intercesión.
   
DEPRECACIÓN
Padre celestial, que para enseñarnos a aborrecer cuanto el mundo ama, nos enviasteis a vuestro Unigénito y quisisteis nos sirviese de camino para no errar en nuestros pasos, de verdad para garantía de nuestra fe, y de vida para que viviendo para vos muriésemos a todo lo terreno; Dios bondadosísimo, que adoptáis por hijos vuestros a cuantos se hacen conformes a la imagen de Aquel que lo es por su naturaleza, gloriándose tan sólo en la cruz de este divino Salvador; que para más alentarnos en tan noble empresa, dispusisteis que se renovasen sus ejemplos en los de los mártires de vuestra Iglesia santa; reconocemos, Señor, con todo nuestro corazón los excesos de vuestra bondad en habernos dado a Jesús por nuestro modelo, y lo que es más, por nuestro hermano y compañero en nuestras tribulaciones, y alabamos las disposiciones de vuestra providencia inefable en las que padeció nuestro glorioso San Sebastián, para servirnos a nosotros de aliento en las que Vos queráis enviarnos. Animen, pues, nuestra flaqueza los rasgos de valor de este insigne mártir, en quien adoramos vuestra divina mano, lo mismo cuando le eleva a la cumbre de las honras humanas, que cuando le abate a lo más profundo de los oprobios. Por estos, Señor, y por la conformidad que San Sebastián tuvo con vuestra voluntad santísima en suertes tan diversas, os suplicamos atendáis piadoso a los ruegos que en nuestro favor interpone, y accediendo a ellos, nos concedáis que, pues tenemos el consuelo de vivir bajo su protección en la tierra, tengamos también la felicidad de gozar con él de vuestra visión en el Cielo. Amén.
   
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
    
DÍA QUINTO – 15 DE ENERO
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Generosísimo mártir San Sebastián, que haciéndoos todo para todos a fin de ganarlos a todos para Jesucristo, os multiplicasteis en todas partes sin exceptuar las cárceles y calabozos en que eran detenidos vuestros hermanos en la fe, haciendo apacibles con vuestra presencia aquellos lugares de horror, y templando con la dulzura de vuestra voz el lúgubre sonido de las cadenas que oprimían a los que estaban destinados al martirio: vos, que con la solidez y energía de vuestros razonamientos confirmasteis en sus creencias a aquellos nobilísimos hermanos llamados Marco y Marceliano, cuando movidos de los ruegos de sus padres, esposas y demás parientes, estaban a punto de apostatar de ellas logrando además convertir al Señor y trasformar en mártires de su Fe a los mismos que poco antes les inducían a la apostasía; por estos triunfos vuestros tan notables, y por la caridad con que disteis en tantas ocasiones consuelo a los afligidos, socorro a los menesterosos, salud a los enfermos y habla a los mudos, os suplicamos de lo íntimo de nuestras almas nos alcancéis del Señor el don inestimable de la perseverancia en la fe, no menos que el de la caridad cristiana, con la cual obremos con nuestros hermanos necesitados de la misma manera que vos obrasteis, así bien que lo que os pedimos en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honra vuestra y bien de nuestras almas. Amén.
   
Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, y se pedirá al Santo la gracia que se desee alcanzar por su intercesión.
   
DEPRECACIÓN
Espíritu consolador, que sois el dador de los dones celestiales, Padre de los pobres, dulzura inefable, alma y vida de la Iglesia nuestra madre, en cuyos templos ha fijado su morada vuestra Divina Majestad; fuego inextinguible y santísimo que abrasa suavemente todo cuanto toca, y que disipa con sus clarísimas luces las tinieblas que ofuscan a los amadores del mundo; gracias os sean dadas por los dones que en tanta abundancia derramasteis sobre vuestro siervo San Sebastián, y especialmente por aquel singular amor que profesó a sus semejantes y que le tuvo siempre en continuas ansias por su mayor bien. Convencidos como estamos de que el corazón de nuestro Santo Protector arde hoy en el Cielo en los mismos deseos en que ardió en la tierra, y sabiendo que allí solicita de Vos nuestra felicidad con el interés de quien tanto nos ama y ve tan de cerca nuestras necesidades de alma y cuerpo, os rogamos, Señor, atendáis a su intercesión en nuestro favor, y nos valga y aproveche su mediación concediéndonos un amor puro para con Vos y para con todos nuestros hermanos, a fin de que así nos hagamos dignos de obtener algún día el premio que habéis prometido a los que de corazón os invocan, presentándonos nuestro santo protector ante el trono de vuestra gloria. Amén.
   
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO – 16 DE ENERO
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Fervorosísimo mártir, San Sebastián, cuya acendrada caridad para con vuestros prójimos nació del amor divino en que ardisteis en la tierra, cual si ya moraseis en la región de los encendidos Serafines, sin que hubiese cosa alguna capaz de separaros de Dios, a quien dirigíais constantemente vuestros pensamientos, con cuyo santísimo Nombre santificabais vuestras palabras y cuya mayor gloria buscabais en todas vuestras obras; por este amor tan tierno y tan constante que profesasteis al Señor durante vuestra vida, y por el más grande y más perfecto que ahora le profesáis en el Cielo, os rogamos, Protector nuestro amabilísimo, nos comuniquéis un rayo de ese divino incendio en que vos ardéis, a fin de que se consuma el hielo de nuestros pechos y triunfemos de nuestras pasiones, especialmente de la concupiscencia de la carne que a tantos ciega desgraciadamente hasta precipitarlos en el abismo. Oíd, pues, nuestros ruegos, y alcanzadnos del Señor esta gracia y la que os pedimos en esta Novena, si es para mayor gloria suya, honra vuestra y bien de nuestras almas. Amén.
    
Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, y se pedirá al Santo la gracia que se desee alcanzar por su intercesión.
     
DEPRECACIÓN
Dios de amor y de bondad, que tan justamente exigís de nosotros que os amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras potencias, si hemos de conseguir las grandiosas promesas que como a hijos vuestros nos tenéis hechas para cuando se nos alce el destierro en que ahora vivimos; aunque distamos tanto de aquella región dichosísima, cuyos moradores os ven cara a cara; aunque nos hallamos alejados de aquel felicísimo país en esta tierra de miserias; con todo os acordáis del hombre, a pesar de sus ingratitudes, hacéis del hombre el objeto de vuestras delicias, y no os desdeñáis de recibir las alabanzas del hombre al tiempo mismo que recibís las que os tributan los Ángeles y los Santos. Grande es, Señor, vuestra bondad e infinita vuestra misericordia; sin embargo, avergonzados de nuestra mala correspondencia a vuestras finezas, no osaríamos presentarnos ante vuestro acatamiento, si no tuviésemos a nuestro favor la caridad ardiente con que nuestro santo mártir correspondió a las que Vos le dispensasteis. Sirva, pues, su fidelidad para descargo de nuestra ingratitud, y sus méritos todos para satisfacción de nuestro mal comportamiento, que nosotros os prometemos corregir nuestra conducta y amaros constantemente en la tierra, a fin de que, después de una dichosa muerte, tomemos posesión de las sillas que nos reserváis en el Cielo, y allí os amemos con más perfección por toda la eternidad. Amén.
  
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO – 17 DE ENERO
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Gloriosísimo mártir San Sebastián, cuyo celo por la fe de Jesucristo premió este Señor rodeándoos de prodigiosa luz cuando estabais confortando a los que en aquella vacilaban, y apareciéndose personalmente en el momento en que esto sucedía acompañado de siete ángeles hermosísimos para daros un ósculo de paz y prometeros su asistencia en tan nobles empresas por el gozo que experimentasteis al veros abrazado del divino Salvador, y por la suavidad que sentisteis al contacto de su santísima boca, os pedimos encarecidamente nos alcancéis de Él una gracia especial que purifique nuestros labios y modere nuestra lengua, desterrando de ella los abominables vicios de la murmuración y blasfemia, y haciendo que todas nuestras palabras sean santas y nuestras conversaciones conformes en un todo con su santísima ley, como lo fueron las vuestras. Hacedlo así, Protector nuestro muy amado, para que en recompensa de este favor tan singular publiquemos algún día en el Cielo que vos fuisteis nuestro medianero para conseguirlo, nuestro protector y nuestro guía para arribar a aquella patria felicísima. Así deseamos agradeceros tan inestimable beneficio, no menos que el favor particular que os pedimos por esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honra vuestra y bien de nuestras almas. Amén.
   
Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, y se pedirá al Santo la gracia que se desee alcanzar por su intercesión.
   
DEPRECACIÓN
Benignísimo Jesús, que para fomentar la unión de vuestros siervos prometisteis solemnemente que donde quiera que dos o tres de ellos se congregasen en vuestro Nombre, allí estaríais Vos en medio de ellos; confiados en esta promesa vuestra, creemos firmemente que os halláis aquí entre nosotros; tanto más cuanto que nos consta por la fe vuestra presencia real en el augustísimo Sacramento; y esta fe que tenemos alienta nuestra esperanza y aviva nuestra caridad, cuyo fuego vinisteis Vos a encender en la tierra. Ya, pues, que os dignáis presidir nuestras oraciones y escuchar nuestras súplicas, recibid las gracias que os damos por esto beneficio y por la honra singular que dispensasteis a nuestro protector, San Sebastián apareciéndoos a él cuando sostenía a los que vacilaban en la fe. Y pues entonces atendisteis a sus afanes por vuestra gloria, dignaos atender ahora a los ruegos que os dirige en favor de esta Ciudad que ha tomado bajo su protección; y como él no cesa de interesarse por nosotros, no ceséis vos tampoco de mostraros benigno en el feliz despacho de las peticiones que os hace para nuestro bien espiritual y temporal. Amén.
   
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA OCTAVO – 18 DE ENERO
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Esforzadísimo soldado de Cristo, San Sebastián, cuyo valor para el combate se aumentó prodigiosamente con el tormento de las saetas que os clavaron vuestros propios subordinados en aquel mismo campo en que vos los habíais adiestrado en el manejo de las armas para la defensa del Imperio, del cual fuisteis la mayor gloria y ornamento: Mártir insigne, que apenas restablecido de vuestras heridas, ardiendo en deseos de librar vuestra última batalla en favor de la fe, decidisteis presentarla directamente al cruel Diocleciano, que os contaba ya muerto, sin que ni las instancias ni las lágrimas de los fíeles os hiciesen cejar en tan heroica resolución; vos, que estimasteis más que todas las grandezas humanas la ignominia con que de orden del indigno Emperador fuisteis arrastrado al circo para ser allí apaleado hasta que exhalaseis el último aliento; por los horribles tormentos que padecisteis, primero amarrado a un leño, y cubierto de saetas vuestro cuerpo, y después despedazado con la violencia de los palos que sobre el mismo descargaron los verdugos; por la sangre que en tanta abundancia derramasteis y por la muerte dolorosa que sufristeis, os rogamos nos confortéis en los padecimientos que el Señor quiera enviarnos en esta vida, y muy principalmente en la hora de nuestra muerte. Entonces, sobre todo, estad a nuestro lado, Mártir nuestro amantísimo, a fin de que ayudándonos a vencer las últimas acometidas del enemigo de nuestra salvación, logremos con vuestro apoyo una muerte preciosa a los ojos del Señor; y ahora conseguidnos de su bondad infinita el favor que en esta Novena os pedimos, si conviene para mayor gloria de Dios, honra vuestra y bien de nuestras almas. Amén.
   
Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, y se pedirá al Santo la gracia que se desee alcanzar por su intercesión.
   
DEPRECACIÓN
Dulcísimo Jesús, que en vuestra pasión santísima os dignasteis dejar una fuente perene de consuelos en beneficio de aquellos que mueren abrazados a vuestra cruz, gracias os damos por tan singular favor, del cual disfrutó abundantemente vuestro siervo y Protector nuestro, San Sebastián, a quien hicisteis tan parecido a Vos en los tormentos que sufrió por vuestro amor; y por esta semejanza de su desnudez con la vuestra, de sus azotes con los que Vos padecisteis en el Pretorio, del leño a que fue amarrado con vuestra cruz, de las saetas que traspasaron su cuerpo con los clavos que taladraron el vuestro, y de sus agonías con las que Vos sentisteis en el Calvario, os rogamos, Jesús bondadosísimo, nos perdonéis nuestras culpas ahora que las reconocemos, y en los últimos momentos de nuestra vida, para los cuales imploramos vuestra misericordia, a fin de que, al salir de este mundo, merezcamos ser conducidos por nuestro santo glorioso a las deliciosas mansiones de vuestra gloria. Amén.
    
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA NOVENO – 19 DE ENERO
Por la Señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Constantísimo mártir San Sebastián, que ejercitándoos sin cesar hasta vuestra muerte en la práctica de las virtudes cristianas, alcanzasteis en grado heroico la de la esperanza, que es el gran lenitivo de los padecimientos de cuantos viven atribulados en este valle de lágrimas y de quebranto; ya que ni las atribulaciones, ni las angustias, ni las persecuciones, ni la desnudez, ni los tormentos, ni la misma dolorosa muerte que sufristeis, fueron bastantes a debilitar por un sólo instante la convicción íntima que tuvisteis siempre en vuestra alma de que, según la promesa de Dios, no se perdería ni un sólo cabello de vuestra cabeza, ni la más pequeña gota Je la sangre que derramasteis en tanta abundancia; sino que vuestro cuerpo despedazado recobraría alguna vez para siempre su antigua entereza y hermosura por medio de una gloriosa resurrección; por esta esperanza que endulzó vuestro martirio, y por el honor que ese mismo cuerpo recibió siendo sepultado junto a los de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, os rogamos renovéis en nosotros aquella virtud maravillosa, y nos estimuléis a vivir siempre de tal modo, que muriendo santamente, salgamos algún día triunfantes de nuestros sepulcros para recibir los dotes gloriosos que han de adornar a los cuerpos de los justos. Así lo esperamos de vuestro patrocinio, y también la gracia que os hemos pedido en esta Novena, y que hoy os suplicamos con mayor empeño, si es para mayor gloria de Dios, honra vuestra y bien de nuestras almas. Amén.
   
Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri, y se pedirá al Santo la gracia que se desee alcanzar por su intercesión.
      
DEPRECACIÓN
Dios y Señor de sabiduría infinita, que llenando de vuestro divino Espíritu al Santo Job, hicisteis que desde el muladar a que por permisión vuestra había sido reducido para aquilatar más su virtud, vaticinase clarísimamente el misterio de nuestra redención, no menos que el de la resurrección de nuestra carne, poniendo en boca del santo Patriarca aquellas sublimes palabras con las cuales manifestó la seguridad en que estaba de que, muerto su cuerpo, se levantaría de la tierra en el último día de los tiempos para unirse nuevamente a su alma, y de que sus ojos, después de consumidos, volverían otra vez a sus órbitas para ver con ellos a su Redentor; Vos, Señor, que infundisteis iguales sentimientos en el alma de vuestro siervo, San Sebastián, a quien confortasteis en sus padecimientos con la convicción de que sus miembros esparcidos por el circo en que fue apaleado habían de volver a reunirse gloriosamente unos a otros, cada uno en su lugar respectivo, recobrando su cuerpo todo su vigor y fortaleza; oíd piadoso los ruegos que en este último día os dirigimos para que os dignéis afianzarnos en la fe con los ejemplos de nuestro esclarecido Protector, por cuyo medio protestamos ante Vos que creemos con toda nuestra alma el dogma consolador de nuestra real resurrección. Convencidos estamos de que, después de nuestra muerte, ha de llegar un día en el cual al imperio de vuestra omnipotente voz, hemos de salir de la tierra con los mismos cuerpos que ahora tenemos, los cuales unidos a estas almas que en este instante los animan, han de ser juzgados por Vos para recibir el premio o el castigo que merezcan nuestras obras. Haced, pues, Señor, que nos aprovechemos de esta creencia, para que, obrando siempre en conformidad con ella, obtengamos después de una muerte preciosa a vuestros divinos ojos, una gloriosa resurrección, cual ha de ser la de nuestro santo, San Sebastián, por cuya intercesión os pedimos esta gracia, no menos que la que hemos solicitado en esta Novena, para que así bendigamos y alabemos vuestra bondad inmensa ahora en la tierra, y después en el Cielo, donde vivís y reináis por todos los siglos de los siglos. Amén.
    
Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.

domingo, 15 de marzo de 2020

ORACIONES EN TIEMPO DE MORTANDAD Y PESTE

Nuestra Señora de la Misericordia (Bartolomeo Caporali)

LATÍN
Antiphona: Ps. 43, 26. Exsúrge Dómine, adjúva nos et líbera nos, propter nomen tuum. Ps. Ibid, 2. Deus, áuribus nostris audívimus: patres nostri annuntiavérunt nobis. 
Glória Patri et Fílio et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
Antiphona: Exsúrge Dómine, adjúva nos et líbera nos, propter nomen tuum.
   
LITANÍÆ SANCTÓRUM
      
℣. Kýrie, eléison.
℟. Kýrie, eléison.
℣. Christe, eléison.
℟. Christe, eléison.
℣. Kýrie, eléison.
℟. Kýrie, eléison.
℣. Christe, áudi nos.
℟. Christe, exáudi nos.
  
℣. Pater de cœlis, Deus.
℟. Miserére nobis.
℣. Fili, Redémptor mundi, Deus.
℟. Miserére nobis.
℣. Spíritus Sancte, Deus.
℟. Miserére nobis.
℣. Sancta Trínitas, unus Deus.
℟. Miserére nobis.
  
℣. Sancta María.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancta Dei Génetrix.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancta Virgo vírginum.
℟. Ora pro nobis.
  
℣. Sancte Míchaël.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Gábriel.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Ráphaël.
℟. Ora pro nobis.
℣. Omnes sancti Ángeli et Archángeli.
℟. Oráte pro nobis.
℣. Omnes sancti beatórum Spírituum órdines.
℟. Oráte pro nobis.
  
℣. Sancte Joánnes Baptísta.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Joseph.
℟. Ora pro nobis.
℣. Omnes sancti Patriárchæ et Prophétæ.
℟. Oráte pro nobis.
  
℣. Sancte Petre.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Paule.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Andréa.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Jacóbe.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Joánnes.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Thoma.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Jacóbe.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Philíppe.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Bartholomǽe.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Matthǽe.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Simon.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Thaddǽe.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Matthía.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Bárnaba.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Luca.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Marce.
℟. Ora pro nobis.
℣. Omnes sancti Apóstoli et Evangelístæ.
℟. Oráte pro nobis.
℣. Omnes sancti Discípuli Dómini.
℟. Oráte pro nobis.
   
℣. Omnes sancti Innocéntes.
℟. Oráte pro nobis.
℣. Sancte Stepháne.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Laurénti.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Vincénti.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancti Fabiáne et Sebastiáne.
℟. Oráte pro nobis.
℣. Sancti Joánnes et Paule.
℟. Oráte pro nobis.
℣. Sancti Cosma et Damiáne.
℟. Oráte pro nobis.
℣. Sancti Gervási et Protási.
℟. Oráte pro nobis.
℣. Omnes sancti Mártyres.
℟. Oráte pro nobis.
  
℣. Sancte Sylvéster.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Gregóri.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Ambrósi.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Augustíne.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Hierónyme.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Martíne.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Nicólaë.
℟. Ora pro nobis.
℣. Omnes sancti Pontífices et Confessóres.
℟. Oráte pro nobis.
℣. Omnes sancti Dóctores.
℟. Oráte pro nobis.
  
℣. Sancte Antóni.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Benedícte.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Bernárde.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Domínice.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancte Francísce.
℟. Ora pro nobis.
℣. Omnes sancti Sacerdótes et Levítæ.
℟. Oráte pro nobis.
℣. Omnes sancti Mónachi et Eremítæ.
℟. Oráte pro nobis.
  
℣. Sancta María Magdaléna.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancta Ágatha.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancta Lucía.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancta Agnes.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancta Cæcília.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancta Catharína.
℟. Ora pro nobis.
℣. Sancta Anastásia.
℟. Ora pro nobis.
℣. Omnes sanctæ Vírgines et Víduæ.
℟. Oráte pro nobis.
  
℣. Omnes Sancti et Sanctæ Dei.
℟. Intercédite pro nobis.
  
℣. Propítius esto.
℟. Parce nobis, Dómine.
℣. Propítius esto.
℟. Exáudi nos, Dómine.
  
℣. Ab omni malo.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Ab omni peccáto.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Ab ira tua.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. A subitánea et improvísa morte.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Ab insídiis diáboli.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Ab ira, et ódio, et omni mala voluntáte.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣.  A spíritu fornicatiónis.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. A fulgúre et tempestáte.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. A flagéllo terræmótus.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. A peste, fame et bello.
℟. Líbera nos, Dómine. (Repetitur)
℣. A morte perpétua.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Per mystérium sanctæ Incarnatiónis tuæ.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Per Advéntum tuum.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Per Nativitátem tuam.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Per Baptísmum et sanctum Jejúnium tuum.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Per Crucem et Passiónem tuam.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Per Mortem et Sepultúram tuam.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Per sanctam Resurrectiónem tuam.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Per admirábilem Ascensiónem tuam.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. Per advéntum Spíritus Sancti Parácliti.
℟. Líbera nos, Dómine.
℣. In die Judícii.
℟. Líbera nos, Dómine.
  
℣. Peccatóres.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut nobis parcas.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut nobis indúlgeas.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut ad veram pœniténtiam nos perdúcere dignéris.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut Ecclésiam tuam sanctam régere et conserváre dignéris.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut Domnum Apostólicum et omnes Ecclesiásticos órdines in sancta religióne conserváre dignéris. [1]
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut inimícos sanctæ Ecclésiæ humiliáre dignéris.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut régibus et princípibus Christiánis pacem et veram concórdiam donáre dignéris.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut cuncto pópulo Christiáno pacem et unitátem largíri dignéris.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut omnes errántes ad unitátem Ecclésiæ revocáre, et infidéles univérsos ad Evangélii lumen perdúcere dignéris.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut nosmetípsos in tuo sancto servítio confortáre et conserváre dignéris.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut mentes nostras ad cæléstia desidéria érigas.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut ómnibus benefactóribus nostris sempitérna bona retríbuas.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut ánimas nostras, fratrum, propinquórum et benefactórum nostrórum ab ætérna damnatióne erípias.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut fructus terræ dare et conserváre dignéris.
℟. Te rogámus, áudi nos.
℣. Ut ómnibus fidélibus defúnctis réquiem ætérnam donáre dignéris.
℣. Ut a pestiléntiæ flagéllo nos liberáre dignéris.
℟. Te rogámus, áudi nos. (Repetitur)
℣. Ut nos exaudíre dignéris.
℟. Te rogamus, audi nos.
℣. Fili Dei.
℟. Te rogamus, audi nos.
  
℣. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi.
℟. Parce nobis, Dómine.
℣. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi.
℟. Exáudi nos, Dómine.
℣. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi.
℟. Miserére nobis.
  
℣. Christe, áudi nos.
℟. Christe, exáudi nos.
  
℣. Kýrie, eléison.
℟. Kýrie, eléison.
℣. Christe, eléison.
℟. Christe, eléison.
℣. Kýrie, eléison.
℟. Kýrie, eléison.
      
Pater noster, qui es in Cœlis, sanctificétur Nomen tuum. Advéniat Regnum tuum. Fiat Volúntas tua, sicut in Cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie, et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem, sed líbera nos a malo. Amen.
 
Psalmus 6. 
Dómine, ne in furóre tuo árguas me, neque in ira tua corrípias me.  
Miserére mei, Dómine, quóniam infírmus sum: sana me, Dómine, quóniam conturbáta sunt ossa mea.
Et ánima mea turbáta est valde: sed tu, Dómine, úsquequo?  
Convértere, Dómine, et éripe ánimam meam: salvum me fac propter misericórdiam tuam.  
Quóniam non est in morte qui memor sit tui: in inférno autem quis confitébitur tibi?  
Laborávi in gémitu meo, lavábo per síngulas noctes lectum meum: lácrimis meis stratum meum rigábo.  
Turbátus est a furóre óculus meus: inveterávi inter omnes inimícos meos.  
Discédite a me, omnes, qui operámini iniquitátem: quóniam exaudívit Dóminus vocem fletus mei.  
Exaudívit Dóminus deprecatiónem meam, Dóminus oratiónem meam suscépit.
Erubéscant, et conturbéntur veheménter omnes inimíci mei: convertántur et erubéscant valde velóciter. 
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
 
℣. Dómine, non secúndum peccáta nostra fácias nobis.
℟. Neque secúndum iniquitátes nostras retríbuas nobis.
℣. Adjuva nos, Deus, salutáris noster.
℟. Et propter glóriam nóminis tui, Dómine, líbera nos.
℣. Dómine, ne memineris iniquitátum nostrárum antiquárum.
℟. Cito antícipent nos misericórdiæ tuæ, quia páuperes facti sumus nimis.
℣. Ora pro nobis, sancte Sebastiáne.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.

℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
Orémus
 
ORATIO
Exáudi nos, Deus, salutáris noster: et intercedénte beáta et gloriósa Dei Genitríce María semper Vírgine, et beáto Sebastiáno Mártyre tuo, et ómnibus Sanctis, pópulum tuum ab iracúndiæ tuæ terróribus líbera, et misericórdiæ tuæ fac largitáte secúrum.
 
Propitiáre, Dómine, supplicatiónibus nostris: et animárum et córporum medére languóribus: ut remissióne percépta, in tua semper benedictióne lætemur.

Da nobis, quǽsumus, Dómine, piæ petitiónis efféctum: et pestiléntiam mortalitatémque propitiátus avérte; ut mortálium corda cognóscant, et te indignánte tália flagélla prodíre, et te miseránte cessáre. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
℟. Amen.

Antiphona: Sub tuum præsídium confúgimus, Sancta Dei Genítrix. Nostras deprecatiónes ne despícias in necessitátibus nostris, sed a perículis cunctis líbera nos semper, Virgo gloriósa et benedícta.
 
℣. Ora pro nobis, Sancta Dei Genétrix.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
Oremus:

ORATIO
Defénde, quǽsumus Dómine, beáta María Semper Vírgine intercedénte, istam ab omni adversitáte civitátem; et toto corde tibi prostrátam ab hóstium propítius tuere cleménter insidiis. Per Christum Dóminum nostrum.
℟. Amen.

Divínum auxílium máneat semper nobíscum. Amen.

Antiphona: Stella cœli extirpávit, quæ lactávit Dóminum, mortis pestem, quam plantávit primus parens hóminum, ipsa Stella nunc dignétur sýdera compéscere; quórum bella plebem cedunt dire mortis vúlnere.
O gloriósa Stella maris, a peste succúrre nobis.
Áudi nos, Dómina: nam Fílius tuus nihil negans te honórat.
Salva nos, Messía Jesu, pro quíbus Virgo Mater te orat.

℣. Ora pro nobis, sancta Dei Génitrix.
℞. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
Orémus.
    
ORATIO
Deus misericórdiæ, Deus pietátis et caritátis, Deus indulgéntiæ ac véniam, qui misértus es super afflictiónem pópuli tui, et dixísti Ángelo percuténti pópulum tuum: Contíne manum tuam, ob amórem illíus Stellæ gloriósæ, cujus úbera pretiósa contra venénum nostrórum delictórum quam dulcit suxísti; præsta auxílium grátiæ tuæ, ut ab omni peste, fame, bellum et improvísa morte secúre liberémur, et a tótius perditiónis incúrsu misericórditer salvémur. Per te, Jesu Christe Rex glóriæ, Salvátor mundi, qui cum Patre et Spíritu Sancto vivis et regnas, Deus, in sǽcula sæculorum. Amen.

Divínum auxílium máneat semper nobíscum. Amen.

TRADUCCIÓN
Antífona: Sal. 43, 26. Levántate, Señor, ayúdanos y libéranos por tu santo nombre. Ibid., 2. Oh, Dios, lo escuchamos con nuestros oídos, nuestros padres nos lo anunciaron.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Antífona: Levántate, Señor, ayúdanos y libéranos por tu santo nombre.
 
LETANÍA DE LOS SANTOS
  
℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℞. Señor, ten piedad de nosotros.
℣. Cristo, ten piedad de nosotros.
℞. Cristo, ten piedad de nosotros. 
℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℞. Señor, ten piedad de nosotros.
    
℣. Cristo, óyenos.
℞. Cristo, óyenos.
℣. Cristo, escúchanos.
℞. Cristo, escúchanos.

℣. Dios, Padre Celestial.
℞. Ten piedad de nosotros.
℣. Dios Hijo, Redentor del mundo.
℞. Ten piedad de nosotros.
℣. Dios Espíritu Santo.
℞. Ten piedad de nosotros.
℣. Santa Trinidad, que sois un sólo Dios.
℞. Ten piedad de nosotros.

℣. Santa María.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Madre de Dios.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Virgen de vírgenes.
℞. Ruega por nosotros.

℣. San Miguel.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Gabriel.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Rafael.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Todos los santos Ángeles y Arcángeles.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Todos los santos coros de los espíritus bienaventurados.
℞. Rogad por nosotros.

℣. San Juan Bautista.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San José.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Todos los santos Patriarcas y Profetas.
℞. Rogad por nosotros.

℣. San Pedro.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Pablo.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Andrés.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Santiago [el Mayor].
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Juan.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santo Tomás.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Santiago [el Menor].
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Felipe.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Bartolomé.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Mateo.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Simón.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Judas Tadeo.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Matías.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Bernabé.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Lucas.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Marcos.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Todos los santos Apóstoles y Evangelistas.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Todos los santos Discípulos del Señor.
℞. Rogad por nosotros.

℣. Todos los santos Inocentes.
℞. Rogad por nosotros.
℣. San Esteban.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Lorenzo.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Vicente.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santos Fabián y Sebastián.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Santos Juan y Pablo.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Santos Cosme y Damián.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Santos Gervasio y Protasio.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Todos los santos Mártires.
℞. Rogad por nosotros.

℣. San Silvestre.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Gregorio.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Ambrosio.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Agustín.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Jerónimo.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Martín.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Nicolás.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Todos los santos Pontífices y Confesores.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Todos los santos Doctores.
℞. Rogad por nosotros.

℣. San Antonio [Abad].
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Benito.
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Bernardo.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santo Domingo [de Guzmán].
℞. Ruega por nosotros.
℣. San Francisco [de Asís].
℞. Ruega por nosotros.
℣. Todos los santos Sacerdotes y Levitas.
℞. Rogad por nosotros.
℣. Todos los santos Monjes y Eremitas.
℞. Rogad por nosotros.

℣. Santa María Magdalena.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Ágata.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Lucía.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Inés.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Cecilia.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Catalina [de Alejandría].
℞. Ruega por nosotros.
℣. Santa Anastasia.
℞. Ruega por nosotros.
℣. Todas las santas Vírgenes y Viudas.
℞. Rogad por nosotros.

℣. Todos los Santos y Santas de Dios.
℞. Interceded por nosotros.
   
℣. Sénos propicio.
℞. Perdónanos, Señor.
℣. Sénos propicio.
℞. Escúchanos, Señor.
   
℣. De todo mal.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De todo pecado.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De tu ira.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De súbita e imprevista murte.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De las acechanzas del diablo.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De toda ira, odio y mala voluntad.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Del espíritu de fornicación.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De relámpagos y tempestades.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Del flagelo de los terremotos.
℞. Líbranos, Señor.
℣. De la peste, el hambre y de la guerra.
℞. Líbranos, Señor. (Repetir)
℣. De la muerte eterna.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por el misterio de tu santa Encarnación.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu Advenimiento.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu Natividad.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu Bautismo y tu santo Ayuno.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu Cruz y Pasión.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu Muerte y Sepultura.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu santa Resurrección.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por tu admirable Ascensión.
℞. Líbranos, Señor.
℣. Por el descendimiento del Espíritu Santo Paráclito.
℞. Líbranos, Señor.
℣. En el día del Juicio.
℞. Líbranos, Señor.

℣. Nosotros, pecadores.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que nos perdones.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que concedas tu indulgencia.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes conducirnos a la verdadera penitencia.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes regir y conservar a tu Santa Iglesia.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes conservar en la santa Religión a todos los órdenes eclesiásticos. (1)
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes humillar a los enemigos de la Santa Iglesia.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes conceder la paz y la verdadera concordia entre los reyes y los príncipes cristianos.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes conceder la paz y la unidad a todo el pueblo cristiano.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes llamar a la unidad de la Iglesia a los que están en el error, y conducir a todos los infieles hacia la luz del Evangelio.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes confortarnos y conservarnos en tu santo servicio.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes elevar nuestro espíritu hacia los deseos celestiales.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes conceder a nuestros bienhechores la recompensa de los bienes eternos.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes librar de la muerte eterna nuestras almas, y las de nuestros hermanos, parientes y bienhechores.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes darnos y conservar las cosechas de la tierra.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes conceder el descanso eterno a todos los Fieles difuntos.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes librarnos del flagelo de la peste. (Repetir)
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Para que te dignes escucharnos.
℞. Te rogamos, óyenos.
℣. Hijo de Dios.
℞. Te rogamos, óyenos.

℣. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
℞. Perdónanos, Señor.
℣. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
℞. Escúchanos, Señor.
℣. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
℞. Ten piedad de nosotros, Señor.

℣. Cristo, óyenos.
℞. Cristo, óyenos.
℣. Cristo, escúchanos.
℞. Cristo, escúchanos.

℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℞. Señor, ten piedad de nosotros.
℣. Cristo, ten piedad de nosotros.
℞. Cristo, ten piedad de nosotros. 
℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℞. Señor, ten piedad de nosotros.
      
Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea el tu Nombre. Venga a nos el tu Reino. Hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén.
   
Salmo 6
Señor, no me reprendas en medio de tu saña, ni me castigues en la fuerza de tu enojo.
Ten, Señor, misericordia de mí, que estoy sin fuerzas; sáname, oh Señor, porque hasta mis huesos se han estremecido.
Y está mi alma sumamente perturbada: pero tú, Señor, ¿hasta cuándo harás durar mi tribulación?
Vuélvete a mí, Señor, y libra mi alma: sálvame por tu misericordia.
Porque muriendo, ya no hay quien se acuerde de ti; y en el infierno ¿quién te tributará alabanzas?
Me he consumido a fuerza de tanto gemir: todas las noches baño mi lecho con mis lágrimas: inundo con ellas el lugar de mi descanso acordándome de mis pecados.
Por causa de la indignación se han oscurecido mis ojos: he envejecido y quedado endeble en medio de todos mis enemigos.
Apartaos lejos de mí todos los que obráis la iniquidad: porque ha oído el Señor benignamente la voz de mi llanto.
Ha otorgado el Señor mi súplica: ha aceptado mi oración.
Avergüéncense, y queden llenos de la mayor turbación todos mis enemigos: retírense, y váyanse al momento cubiertos de ignominia. 
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℞. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

℣. Señor, no nos trates según merecen nuestros pecados.
℞. Ni nos pagues según merecen nuestras iniquidades.
℣. Ayúdanos, Señor, Salvador nuestro.
℞. Y por la gloria de tu nombre, líbranos Señor.
℣. Señor, no te acuerdes de nuestras iniquidades pasadas.
℞. Vengan rápido a nosotros tus misericordias, pues estamos abatidos.
℣. Ruega por nosotros, San Sebastián.
℞. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
℣. Señor escucha mi oración.
℞. Y llegue a ti mi clamor.

℣. El Señor este con vosotros.
℞. Y con tu espíritu.
Oremos.

ORACIÓN
Escuchadnos, oh Dios, Salvador nuestro; y por la intercesión de la bienaventurada y gloriosa Virgen María, Madre de Dios, la de vuestro bienaventurado mártir San Sebastián, y la de todos los Santos, liberad a vuestro pueblo de los terrores de vuestra ira y aseguradle vuestra misericordia.
 
Recibid, Señor, propicio nuestras plegarias, y curad las enfermedades de las almas y los cuerpos, para que habiendo obtenido la curación, nos alegremos siempre en vuestra bendición.
 
Concedednos, Señor, el fruto de nuestras peticiones, y alejad propicio la peste y la mortandad, para que nuestros corazones conozcan y teman tales flagelos, que con vuestra misericordia cesan. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!
 
℣. Rogad por nosotros, Santa Madre de Dios.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
    
ORACIÓN
Oremos: Defended, Señor, por la intercesión de Santa María siempre Virgen, a esta ciudad de toda adversidad, y defended de los ataques del enemigo a la que está humildemente postrada ante Vos. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

El divino auxilio nos acompañe siempre. Amén.
 
Antífona: La Estrella del Cielo, María Santísima, que en sus pechos alimentó a Jesucristo, extinguió la peste de la muerte que plantó el primer padre del género humano. Dígnese ahora esa misma Estrella impedir el influjo de los astros, que por sus malignas disposiciones hieren al pueblo con mortales llagas.
   
¡Oh piadosísima Estrella del Mar, libradnos de la peste! Valedme, Señora, ya que vuestro Hijo os honra y atiende de tal manera que nada os niega. 
   
Señor Jesús, salvadnos, atendiendo las súplicas de vuestra Madre Virgen.
   
℣. Rogad por nosotros, Santa Madre de Dios.
℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
    
ORACIÓN
Dios de misericordia, Dios de piedad y amor, Dios de indulgencia y perdón, que compadeciéndoos de la aflicción de vuestro pueblo, dijisteis al Ángel castigador que lo hería: “suspende tu mano”. Por amor de aquella Estrella Gloriosa, vuestra Madre purísima, de cuyos pechos os alimentasteis tan dulcemente del licor milagroso contra el veneno de nuestros delitos, concedednos el auxilio de vuestra gracia para que seguramente seamos libres y misericordiosamente salvos de toda peste, hambre, guerra, muerte repentina y de todo peligro de condenación eterna. Por Vos, Jesucristo, Rey de la Gloria, y Salvador del mundo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

El divino auxilio nos acompañe siempre. Amén.