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martes, 17 de noviembre de 2020

MES DE NOVIEMBRE EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO - DÍA DECIMOSÉPTIMO

Dispuesto por el canónigo Francesco Vitali, Arcipestre de Fermo, y publicado en Sevilla por la Imprenta y librería de D. Antonio Izquierdo en 1858. Reimpreso en Madrid en 1863.
   
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
Postrados en la presencia de Dios con el mayor fervor de espíritu, supliquémosle que nos asista en el ejercicio de esta sagrada devoción, diciendo:
Disponed, Señor, y confortad nuestras almas con la abundancia de vuestra gracia, para que penetrando en la penosa cárcel del Purgatorio, con afectos de fe, caridad y compasión podamos procurar a los fieles difuntos la mayor abundancia de sufragios que redunde en favor suyo, gloria vuestra y provecho de nuestras almas. Amén.
   
DÍA 17 DE NOVIEMBRE
MEDITACIÓN: MODO DE SOCORRER A LAS ALMAS DEL PURGATORIO POR JUSTICIA.
    
PUNTO PRIMERO
Se socorre a las almas del Purgatorio por justicia cuando se redime su pena con limosnas o se descuenta con ayunos. La limosna es un precio desembolsado para compensar los derechos de la divina Justicia; de una satisfación equivalente a la pena; libra de los lazos del pecado y admite a la participación de la divina gracia. Es como un agua que cae sobre el Purgatorio, mitiga y extingue las llamas de aquel inquieto fuego, y es una de las obras de caridad más eficaces que pueden ejercer los vivos en favor de los difuntos para grangearlas la felicidad de la gloria. Mas no considera tanto el Señor la cantidad de la limosna, cuanto el afecto con que se hace. Ya seamos ricos, ya pobres, procuremos todos dar la limosna que podamos según nuestras facultades para bien del Purgatorio, pues cuanto fuere mayor el mérito de hacerla, tanto más copioso será también el rescate de aquellas ánimas benditas.
   
PUNTO SEGUNDO
Las oblaciones piadosas de cera, aceite, vasos sagrados o de cualquier otro género que se hagan a la Iglesia en sufragio de los difuntos, le causan alivio y salvación, pues son contadas como limosna sirviendo al culto de la religión y al refrigerio de los fieles. Entran igualmente en la clase de limosnas todas las demás obras de caridad temporales y espirituales para con el prójimo; cuantas veces se hacen con intención de socorrer a las almas del Purgatorio se recoge un doble fruto, el de socorrer a un mismo tiempo a los necesitados de esta vida y a los muchos más de la otra. ¡Oh, qué rica mies está preparada a nuestra caridad! Imploremos el divino auxilio, para que a la abundancia de la misma corresponda el número y el empeño de los devotos operarios.
    
PUNTO TERCERO
Se descuenta finalmente la pena debida a la divina Justicia con los ayunos; y bajo el nombre de ayuno se comprende todas las especies no solamente de voluntarias penalidades sino también de las tribulaciones inevitables de la vida, siendo todas obras satisfactorias por los pecados. ¿Quién hay que no pueda de alguna manera mortificarse a sí mismo, ya en las potencias del alma, va en los sentidos del cuerpo? ¿Quién es aquel a quien no aquejan mucho males en el curso de la vida, ya generales, ya particulares? ¿Por qué no traficamos con las afliciones en beneficio de aquellas almas? Cada padecimiento nuestro es para ellas un verdadero alivio, como si las mismas lo sufriesen cuando lo ofrecemos a Dios en descuento de su pena. Nada perdemos de mérito obrando de este modo, antes bien la acrecentamos, pues al sobrellevar los males con paciencia añadimos el ayudar caritativamente a otros. Tomemos, pues, el uso de tolerar y ofrecer todos nuestros trabajos en sufragio de las almas del Purgatorio que de esta manera agradaremos más Dios, mereceremos mas nosotros, y socorreremos mucho más a aquellas infelices prisioneras.
   
ORACIÓN
Ofrecemoste, Señor, todas las penas de nuestra vida: cuanto sufrimos en el cuerpo y cuanto padecemos en el espíritu, todo os lo presentamos en sufragio de las santas almas del Purgatorio. Vos nos colmasteis de aquellos bienes que heredamos de nuestros difuntos, los cuales nada conservaron para sí, sino que lo dejaron todo para nosotros. Mas ahora ¡qué necesitados están ellos de nuestros socorros! Movidos a compasión de sus desgracias, ponemos por medio de la limosna en las manos de los pobres una parte de sus mismos bienes. Dignaos, oh gran Dios, aceptarlos por cuenta suya, para que satisfechas finalmente las partidas de su deuda, puedan ser admitidos a la suspirada posesión de la herencia celestial.
   
EJEMPLO: Arrobada milagrosamente un día la Beata Cristina de tal manera que todos la tenían ya por muerta, fue conducida primeramente a presenciar las penas del Purgatorio, de las cuales quedó sumamente conmovida, y desde allí al Cielo, de cuya gloria fue altamente arrebatada. Mientras se gozaba en medio de los coros de los celestiales comprensores, la dijo el Señor que dejaba a su elección o el volver a la tierra o quedar para siempre en aquella corte celestial. Llevada la santa de vivísima caridad como el Apóstol, «Mejor es, respondió, diferir la propia felicidad por algún tiempo que dejar de socorrer a las almas santas atormentadas con tan crueles suplicios, pido por tanto volver a la tierra para aliviar con mis penitencias al Purgatorio». Y vuelta en efecto, no solamente sobrellevaba con heroica paciencia las grandísimas tribulaciones que le mandaba el Señor, sino que también de su parte añadía tan cruel martirio de espíritu y de cuerpo, que su vida parecía verdaderamente un prodigio. Ella contradecía sin cesar a su propia voluntad, se negaba aun las más inocentes satisfacciones y tenía siempre su espíritu enclavado en una cruz de dolores. Y por lo que hace al cuerpo, ¿quién podría contar todas sus penas? Ayuno cuotidiano, y muchos días sin probar alimento alguno; sueño muy breve, y este atormentado con maderos esquinados y agudas puntas; vestido de groserísima lana, semejante más bien a un áspero cilicio: disciplinas muy sangrientas, baños de agua helada, pruebas de fuego abrasador, revolcarse entre espinas, lastimar su cuerpo con las ruedas de los molinos, herirse con duras piedras y suspenderse de ecúleos cruelísimos fue su continuo ejercicio en los 42 años que sobrevivió: y a cuantos la exhortaban a moderar el fervor de tan rigurosas penitencias, «mucho más rigurosas son, respondía, y mas insoportables las penas que vi padecían eu el Purgatorio; y pido encarecidamente al Señor que me conceda vida y fuerza para continuarlas, y acrecentarlas por el alivio y salvación de aquellas infelices». Mas, ¿sólo los santos daran pruebas tan generosas de compasión para con los difuntos? Reflexionemos que su vida debe ser siempre para nosotros no solo objeto de maravilla, sino también dechado de imitación. Procuremos por tanto seguir sus huellas, sino en todo, al menos en parte para alivio del Purgatorio. (Lorenzo Surio O. Cart., Vida de Cristina la Admirable, 23 de Junio).
  
Rezaremos cinco Padre nuestros, Ave Marías y Réquiem en memoria de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en sufragio de los fieles difuntos (y particularmente de N.), suplicando al Eterno Padre que se apiade de sus almas por la Sangre que derramó su divino Hijo, diciendo cinco veces:
  
JACULATORIA: Eterno Padre, por la preciosísima Sangre de Jesús, misericordia. Padre nuestro, Ave María y Réquiem....
   
SUFRAGIO: Páuperi pórrige manum tuam, ut perficiátur propitiátio. (Eccl. 7, 36). Para que lo más pronto posible se cumpla la propiciación y la paz de los difuntos, seamos liberales de copiosas limosnas para con los pobres de Jesucristo.
  
Refiere San Paulino que el célebre senador Pamaquio con el llanto y con la pompa fúnebre honró el cadáver de su difunta consorte, y alivió a su alma con una copiosa distribución de limosnas, dándola de este modo un sincerísimo testimonio de su amor aun después de su muerte. Llanto y honor fúnebre suele ser el tributo de cariño que todos dan a sus difuntos alrededor de sus cadáveres: mas, ¿quién hay que dispense copiosas limosnas en sufragio de sus almas? Mientras el empeño más grande de los fieles debería ser el de proveer al bien de la mejor parte de aquellos, es decir, del espíritu. Sea, pues, este el sufragio del presente día, dar según el propio estado alguna limosna por nuestros difuntos, lo que acarreará a sus almas refrigerio y salvación. (San Paulino, Epístola 8ª a Pamaquio).
  
Añadiremos un Padre nuestro y Ave María por los propagadores de esta devoción.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit anima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Ísraël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
   
(Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.)
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. A porta ínferi. (De la puerta del Infierno)
℞. Érue, Dómine, ánimas eórum. (Librad, Señor, sus almas)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam. (Escuchad, Señor, mi oración).
℞. Et clamor meus ad te véniat. (Y mi clamor llegue hacia Vos).
   
ORACIÓN
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum (Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras la remisión de todos sus pecados, al fin de que obtengan, por nuestras devotas oraciones, el perdón que siempre han deseado. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos). Amén.
   
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine. (Dadles, Señor, el descanso eterno)
℞. Et lux perpétua lúceat eis. (Y brille para ellos la luz perpetua)
℣. Requiéscant in pace. (Descansen en paz)
℞. Amén.
   
***
  
Cuando se quieran hacer sufragios particulares por el alma de algún difunto se dirá algunas de las siguientes oraciones antes de la susodicha Fidélium Deus, con la cual se concluirá siempre:
Oración por un Sacerdote u Obispo: Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulos tuos pontificáli seu sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quoque perpétuo aggregéntur consórtio. Per Christum Dóminum nostrum (Oh Dios, que quisisteis elevar vuestros siervos a la dignidad Episcopal o Sacerdotal, escogiéndolos y poniéndolos en el número de los Sacerdotes Apostólicos, os suplicamos el que hagáis gocen también de su compañía en vuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor). Amén.
   
Por el Padre o por la Madre: Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccáta dimítte; meque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére (Oh Dios, que nos mandásteis honrar a padre y madre, compadecéos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, perdonando sus pecados, y haced que pueda verlos en el gozo de la luz eterna). Amén.
N. B. Si son muchos los que hacen este ejercicio, donde se dice Patris et Matris meæ; se sustituirá Paréntum nostrórum, y donde meque se dirá nosque: si se pide solamente por el Padre se dirá ánimæ Patris mei o nostri; si por la sola Madre, ánimæ Matris meæ o nostræ.
    
Por los hermanos, y por otros parientes o bienhechores: Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas (Oh Dios, que concedéis el perdón y sois amáis la salvación de los hombres, os suplicamos vuestra clemencia; para que le concedáis a nuestros hermanos de congregación, parientes y bienhechores, que partieron de este siglo, por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María y con todos vuestros santos, llegar a ser consortes de la bienaventuranza perpetua).
    
Por un solo difunto: Inclína, Dómine, aurem tuam ad preces nostras, quibus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti; in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. (Inclinad, Señor, vuestros oídos a nuestras súplicas, con que humildemente imploramos vuestra misericordia para que establezcáis en la región de la paz el alma de vuestro siervo N., que hicisteis salir de este mundo, y ordenéis sea compañera de vuestros Santos).
   
Por una sola difunta: Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. (Os rogamos, Señor, tengáis piedad por vuestra misericordia del alma de vuestra sierva N., y que desnuda del contagio de la mortalidad, le restituyáis su parte en la salvación eterna).
   
Por dos o más difuntos: Deus, cui próprium est miseréri semper et parcére, propitiáre animábus famulárum famularúmque tuárum, et ómnia, eórum peccáta dimítte: ut mortalitátis vínculis absolúta, transíre mereántur ad vitam (Dios, de quien es propio tener misericordia y perdonar siempre, os suplicamos por las almas de vuestros siervos y siervas, y perdonadles todos sus pecados, para que siendo liberados de las cadenas de la muerte, merezcan llegar a la vida).
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 1 de noviembre de 2020

NOVENA EN HONOR A SANTA CRISTINA LA ADMIRABLE

Novena compuesta por el padre José Tercero, de la Compañía de Jesús, y publicada en Puebla de los Ángeles en 1726.
   
El Padre Dimas Serpi OFM en su libro intitulado Tratado del Purgatorio, al cap. 17, y el Padre José Tercero de la Sagrada Compañía de Jesús, en el que escribió e imprimió en la Ciudad de la Puebla, el año de 1726 de la Vida y Prodigios de Santa Cristina Virgen la Admirable, expresionan llena su discreción de pasmos, los agigantados y exquisitos progresos de esta purísima Santa, y dejando en sus doctas plumas tan debidos elogios, desea solo la devoción de quien este Novenario escribe, el que a vista de este rasgo de la Divina Omnipotencia conozca el Cristiano lo que hace Dios con quien de veras le ama. Por el dedo pequeño de este cuadernito bien puede conocerse cuán gigante es la Virgen Cristina; y el modo será aprender a imitar sus nobles pasos, los que en cada día de los nueve se hallarán manifiestos.
    
Materia bastante daba un solo prodigio de la Soberana Mano del Altísimo para que conocieras lo que mereció Cristina, y si no, publíquenlo en nevadas planas sus castísimos pechos; pues en el espacio de nueve semanas no se mantuvo más que con la suave leche que de estos milagrosamente le destilaban; pero pues en la esfera de las admiraciones es una via lecta toda su vida, siendo cada paso una estrella, es más propio que toda la tinedas, para que la debilidad de Cristina te mueva a hacer una vida toda muerte.
    
Si la oración, comunión y mortificaciones consultas con un docto Confesor, o con tu Padre espiritual, si por tu dicha lo tienes, y obedeces sus órdenes (ojalá y todos se sujetaran a un Confesor), tendrás el más seguro acierto en cuanto intentares ejecutar en obsequio de la peregrina Virgen Cristina y sufragio de las Almas del Purgatorio, y por esto es forzoso prevenirte, lo que espero diestramente te enseñen.
    
Lo que te encargo es, tengas a Dios presente en todos instantes, y verás como no le ofendes. No tengas miedo a la Oración mental, aunque discurras no sabes, como se tiene, que es ardid del demonio para quitarte la llave de la mano, con que has de entrar en el Cielo: frecuenta la Comunión Sagrada, que es pan de cada día, y mal puedes vivir si no comes. No te horrorices de las penitencias: contempla en la VIrgen Santa Cristina, y te dará vergüenza tu temor. Harás un Acto de Contrición al principio del ejercicio de cada día, poniendo cuidado en lo que es arrepentimiento de las culpas, por solo amor de Dios, y que el propósito de la enmienda sea heroicamente firme.
   
NOVENA A SANTA CRISTINA LA ADMIRABLE, VIRGEN ABOGADA DE LAS ALMAS BENDITAS DEL PURGATORIO Y LOS PECADORES ARREPENTIDOS

   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Clementísimo Dios y Amantísimo Dueño de las almas, Padre a quien debo el ser y a quien, cual hijo pródigo, sin reparar en que la Bondad y Majestad, que yo, vil gusanillo, ofendía, era la misma a quien sirven con amor los Serafines, y adoran con reverencia los Ángeles. Pésame, Dios mío, de todo corazón de haberos disgustado: pésame una y mil veces de haberos ofendido. Oh, ¡y quién pudiera no haber nacido por no haber pecado, solo por ser tan bueno como sois, digno de ser amado y temido! Yo, Señor, os ofrezco enmendarme, y con vuestra gracia primero perder la vida, que otra vez volver a ofenderos. Ofrezco, Señor, mis obras, juntas con vuestros méritos, para que me perdonéis, y deis auxilio para perseverar en vuestro servicio hasta la hora de mi muerte. Amén.
   
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh gloriosísima y amorosísima Virgen Santa Cristina! Consuelo apetecido de las pacientes Almas del Purgatorio, embeleso de los cristianos corazones, extática esposa del Divino Dueño Jesús: Tù que con razón gozas el especial renombre de Admirable por lo prodigioso de tu muerte y nueva Vida, por el exquisito modo de padecer, y por los muchos favores y dotes con que nuestro Piadosísimo Padre Jesús te enriqueció; Tú que supiste en vida, y sabes en muerte patrocinar a los que en tan espantosas agonías esperan aquel severo Juicio formado según el proceder de nuestras obras: Tú que tanto alcanzaste de tu Divino Esposo para bien de las afligidas Almas que en cárceles de fuego suspiran, es muy propio de tu caridad consigas para todos los que devotamente te veneran, haciendo admiración de tus virtudes, el que pues es todo fuego el Mundo, donde la terrible llama de la culpa aniquila el espíritu y hace retirar a Dios el Rostro, siendo tan sensible daño la mayor pena, pidas a su Majestad Divina sepa yo conocer mis errores, advertir sus confusiones, pensar sus daños y así desengañado camine con pie fijo entre sus espinas, hasta que a la trémula llama de la candela, teniendo ya mi corazón abrazado en amor de un Dios Trino, lleno de fe y esperanza, sean mis lágrimas como verdaderamente arrepentido de mis pecados, las que apaguen los encendidos enojos de la Divina Justicia; y confesando a Dios Uno y Trino, muera en su humildad y gracia, y por tu intercesión confío el especial favor que en esta Novena te pido, si es muy del agrado de su Divina Majestad, que ceda en su mayor gloria. Amén. 
   
DÍA PRIMERO – 15 DE JULIO
Nació Santa Cristina en una villa llamada San Trudón, de la provincia de Haebania en Alemania, dedicáronla dos hermanas que tuvo al blando ejercicio de pastora (por fiel pronóstico de que en la carrera de sus años, lo había de ser de las almas), en el que se mantuvo llena del temor de Dios, único Maestro que la enseñó como buen Pastor, para que la voz muda de la Pastora fuera continua oración hasta que antes de cumplir doce años de edad, murió naturalmente.
    
Rezar la Estación mayor, consistente en seis Padrenuestros y Avemarías gloriados, para que por las muchas Indulgencias concedidas, aplicándolas a las Almas del Purgatorio, se les aumente el sufragio.
   
ORACIÓN
¡Oh Esclarecida Virgen Santa Cristina la Admirable! A tu vista comienzan hoy los tiernos validos con que mi alma se queja a tu piedad, pues no escucha otra cosa que los roncos aullidos del Demonio, carnicero lobo, que rodeando el mísero redil de mi alma genere malos pensamientos, tentaciones, y engaños, contra la presa en su descuido: más pues Tu bella Pastorcita, sin que te estorbara el cuidado del rebaño, supiste no apartarte de Dios en tan tiernos años: haz como te lo suplico, que en los días que viviere busque a mi Dios en la quietud de la Oración, donde con tu intercesión espero conseguir hasta la hora de la muerte, fortaleza contra los malos pensamientos y tentaciones, para el mayor remedio de mi alma: Y así mismo te ruego, que las Santas Almas del Purgatorio se libren con tu Patrocinio de las penas en que se hallaren, pasando a descansar para siempre a la Gloria. Amén.
     
Rezar un Credo a la Santísima Trinidad.
      
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Augustísima, Amabilísima y Misericordiosísima Trinidad, Dios Trino y Uno, en quien creo, a quien venero y adoro, humildemente te pido por los méritos de tu querida Sierva Santa Cristina, hagas que tu Admirable Nombre sea exaltado y alabado de todas las gentes, que nuestra Santa Fe Católica se aumente, reduciendo a su dulce gremio a los bárbaros gentiles y herejes, destruyendo sus errores y sectas; que la Cabeza de la Iglesia nuestro Romano Pontífice sea obedecido de los rebeldes, admitiendo sus gloriosas determinaciones; que nuestros Reyes Católicos, Príncipes y demás Monarcas Cristianos vivan el paz, y muy unidos declaren guerra contra el paganismo; que los Sagrados Lugares de Jerusalén y miserables cautivos sean libres del poder del sarraceno, que los frutos de la tierra sean los más óptimos, y las lluvias en su tiempo las más fecundas, que las necesidades de la Iglesia sean socorridas al deseo de nuestros Cristianos pechos. Y por fin, te pido que mediante estas Oraciones, con ellas cumpla en todo la intención de los Sumos Pontífices, que han concedido innumerables Indulgencias a  los que en forma de Estación se te consagran, para que aplicándolas según tu soberana voluntad, por las Almas del Purgatorio, consigan el eterno y único descanso de irte a ver, confesar Santo, Santo, Santo, a los Alcázares de la Gloria. Amén.
  
℣. Ruega por nosotros, Bienaventurada Cristina.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.
  
ORACIÓN
Omnipotente Dios y Señor mío, que no quieres que alguno se condene, sino que todos logren vuestra gloria: Ruégoos por los merecimientos de vuestra Sierva Santa Cristina tengáis misericordia de mi alma, y que me deis, que arrepentido de mis muchos pecados, prevenido con los Sacramentos dignamente recibidos, muera en vuestra amistad y gracia, con el amparo de la Santa Virgen. Amén.
  
Un Padre nuestro y Ave María por los que están en pecado mortal.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
DÍA SEGUNDO – 16 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
     
Estando ofreciéndose por su Alma el Santo Sacrificio de la Misa, al pronunciar el Sacerdote el tercer Agnus Dei, resucitó Cristina, y con ligereza de ave voló, sentándose sobre la cornisa de la cúpula del Templo, hasta que a la voz del Sacerdote bajó humilde, siendo este su repentino vuelo, efecto a la viveza suma del olfato con que Dios le prevenía para que con Él padeciera, no pudiendo sufrir el hedor que arrojaban los cuerpos humanos de los circunstantes.
     
Rezar la Estación mayor, consistente en seis Padrenuestros y Avemarías gloriados, para que por las muchas Indulgencias concedidas, aplicándolas a las Almas del Purgatorio, se les aumente el sufragio.
  
ORACIÓN
¡Oh Singular Virgen Santa Cristina la Admirable! ¿Es posible que a tu vista he de estar respirando hediondeces por la corrompida costumbre de pecar en que me hallo expuesta a ella a morir para siempre, y que cuando piense en resucitar a la vida de la gracia, estén tan cansadas las voces del arrepentimiento, que ni aun por señas le perciban? No lo permita tu caridad, venga a mi corazón tu amparo, y pues aquellas piadosísimas palabras de que el Divino Cordero quita los pecados del Mundo, fueron el aliento de tu vida cuando reposaba en el féretro tu delicado Cuerpo: haz que el mansísimo Cordero Jesús tenga misericordia de mí, perdone mis culpas, me dé vida para servirle, destruya el pestífero aliento de mis pasiones, y prestándole alas a mi debido amor haga que vuele ligero a la más encumbrada cúpula de su amistad y gracia. Y también te ruego, que las Almas Santas del Purgatorio suban volando a descansar para siempre a la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA TERCERO – 17 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
Vuelta Cristina a su casa, les dijo a sus hermanasm y a otras muchas personas, que luego que su Alma se había desatado de su cuerpo, la llevaron los Ángeles al lugar del Purgatorio, después al del Infierno, y por último al Paraíso, desde donde conducida al Augustísmo Trono de Dios Uno y Trino, fue de su Majestad divina benignamente favorecida, y escuchó de sus piadosísimos labios estas tiernas palabras:
A ti, dulcísima Hija, te han subido a este Solio de mi eterno Reino los brazos de mi gracia, aquí reinarás conmigo para siempre, pero mi infinita piedad y las entrañas de mi misericordia mal conocida y peor correspondida en los hombres me convidan a darte esta opción. Te han movido a compasión las penas del Purgatorio, y aunque tienen las dichosas Almas que allí padecen la suerte de Esposas mías, están con manchas, que para parecer ante mis Purísimos Ojos es preciso se limpien, que satisfacciones ajenas ofrecidas por ellas las purifiquen: viste los tormentos que padecen los rebeldes que despreciaron mis llamamientos. Mas tú puedes, Hija, hacer con la asistencia de mi gracia, que se acaben las penas de las Almas del Purgatorio, y no se aumenten las de los condenados: permito, pues, a tu libre elección, o permanecer gloriosa desde ahora, o volver por el tiempo de mi voluntad a la tierra a vestirte de tu cuerpo (en que conservará mi Poder, aunque debiera fallecer) con el destino de sentir voluntarios tormentos, penitencias, y hacer Oraciones por mis amadas Almas que padecen en el Purgatorio y tanta compasión te causan. Y a los pecadores que viven, y son capaces de corregir sus vidas, muevas con tus ejemplos y asperísimas penitencias a que enmienden sus vidas para lograr el Cielo.
Dijo, y derritiéndose el corazón de Cristina en ternuras, aceptó prontamente la divina propuesta de Jesús, disponiéndose a padecer constante en este mudno los tormentos más excesivos en satisfacción de las Almas del Purgatorio.
     
Rezar la Estación mayor, consistente en seis Padrenuestros y Avemarías gloriados, para que por las muchas Indulgencias concedidas, aplicándolas a las Almas del Purgatorio, se les aumente el sufragio.
     
ORACIÓN
¡Oh Caritativa Virgen Santa Cristina la Admirable! en cuya presencia quiero ponderar los Beneficios que a mi Padre Dios debo, y confieso, para que como publicadora de ellos me ayudes a darle justas, y humildes gracias. La Misericordia Divina empeñada, no solo en facilitar el alivio, y del calor a las Almas Santas del Purgatorio, llamándolas con el amoroso nombre de Esposas, sino en prevenir su sufrimiento en los rígidos golpes del padecer, porque los pecadores, como Yo no sé condenen. Qué ceguedad es la mía, que no mira con los ojos del alma, tan desmedidas finesas del amor de su Dios. Y al mismo tiempo no considera la razón el noble esfuerzo, y constante animo con que Tú, Santa mía, te ofreces a los tormentos. Más ya herido el discurso con el filo del desengaño conozco la suma infinita caridad de mi Dios, y por ella arrepentido de mis maldades, prometo enmendar mi desastrada vida, y dejar al Mundo siguiendo en cuanto pueda tus generosísimos pasos para satisfacer a Dios por mis ofensas, vaya conseguir su Gracia. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA CUARTO – 18 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
    
Avivado el olfato de Cristina, era tal el hedor que percibía de los hombres vivientes, que aunque a veces lo toleraba por comenzar a padecer, otras casi desmayada se retiraba a buscar el socorro de Dios en los campos, donde eran frecuentes sus oraciones, repetidas las disciplinas: y mostrando sus hermanas tanta extrañez, teniéndola por loca, la pusieron en duras prisiones, que la soberana diestra desató, después de que gimió entre ellas lo necesario, pasándose la misma prisión a la boca, pues nada comía, ni tenía entre las breñas por donde caminó como fugitiva más socorro que agua que destilaba de la líquida nieve de aquel frigidísimo sitio, y un tanto de sueño sobre secas yerbas, hasta que compadecido nuestro amoroso Dios, le facilitó el sustento en sus castos pecos en blanda leche por el espacio de nueve semanas, que pasadas volvió a ser presa de las tiranas manos de sus hermanas, pero las de Dios como más fuertes le dieron en breve libertad, quedando solo presa de la divina palabra, que le intimó pasase a la ciudad de Lieja, teatro glorioso de sus proezas, donde como Sagrada Heroína, para entrar en la cruda batalla de penas que le esperaba, procuró fortalecerse con el mejor Pan, que da valor a los débiles: y notando el Párroco de San Cristóbal, a quien le pidió le ministrara este sustento, su celeridad en las súplicas hasta conseguir de otro Sacerdote la posesión deseada de su alma, y la prisa con que salía de la Iglesia, ambos la fueron siguiendo por averiguar quién era tal mujer. Y su desengaño fue admirar el portento de verla pasar a pie enjuto por sobre las caudalosas corrientes del río Mosa.
      
     
Rezar la Estación mayor, consistente en seis Padrenuestros y Avemarías gloriados, para que por las muchas Indulgencias concedidas, aplicándolas a las Almas del Purgatorio, se les aumente el sufragio.
      
ORACIÓN
¡Oh Invicta Virgen Santa Cristina la Admirable! es tan pestilente el hedor de una mala conciencia, que, aunque no te hubiera avivado el olfato la Divina Providencia, no lo pudiera tolerar tu cándida pureza. Pobre de mí si tan fétida se haya a mía, y más si es fatal cubierta dé la fea sensualidad, y de la soberbia, las que, como hermanas moletas, ponen en infernal prisión a mi alma, de la que no saldrá jamás si no busca por seguro el Sagrado de la penitencia, huyendo presurosa pues para que así lo logre de la culpa. Abogada mía, concédeme el gustar la preciosa leche de tu enseñanza, y que, con ella bien criado, mueva los palios al retiro de la mortificación, pidiéndole a tu Divino Esposo, el que siempre le reciba Sacramentado con humildad, y pureza para que así fortalecido me aliente a pasar el caudaloso Rio de los trabajos, que mis culpas merecen, y por ellos inundarme después en un torrente de gracia. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA QUINTO – 19 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
    
No hay humana lengua que pueda explicar los continuados tormentos que Cristina se hacía a sí misma padecer. Arrojábase entre las voraces llamas de los hornos de cal, barro y vidrio. Quedaba formada estatua de nieve entre los empedernidos hielos del río Mosa. Se reducía a menudos pedazos entre las violentas ruedas de los batanes. Se sujetaba al imperioso golpe de aguas que despiden los rodeznos de los molinos, la que cuajaba sus delicdas carnes en cristales que fabrica el invierno. Se entregaba animosa a los dentados tórculos de hierro. Se suspendía de un cordel en las horcas. Se enterraba en las más funestas y hediondas sepulturas. Se fingía en las más noches espantajos de los perros, y poniéndose en cuatro pies, incitaba a los brutos para que furiosos la despedazasen. Se desnudaba con la licencia de la noche el pobre saco que vestía, y así se recostaba festiva entre las espinas, o las levantaba como azote para rasgar sus carnes. En cada martirio se le achacaba la vida, pero como el empeño era padecer más y más, queaba en cada uno de ellos sin lesión alguna. Y como le faltaba el tiempo para más penar, era su alimento el muy preciso, su sueño el más breve: mas el orar y sentir el más dilatado.
     
Rezar la Estación mayor, consistente en seis Padrenuestros y Avemarías gloriados, para que por las muchas Indulgencias concedidas, aplicándolas a las Almas del Purgatorio, se les aumente el sufragio.
        
ORACIÓN
¡Oh Penitente Virgen Santa Cristina la Admirable! Así coio me asombran los incesantes tormentos que con tanta resignación padeciste, también me confunde el pensar que pudiendo tu noble caridad destinaste a sentir un solo género de tormento repetido, no quisieras sino su variedad en fuego y agua en ecúleos y horcas; en nieve, y hielos; en espinas y golpes; quizá porque como tu paciente vida fue el más florido Jardín de tu Jesús Esposo, y donde tenía sus delicias, previno tu cuidado para los mares y ríos, alelíes, claveles, y violetas, que cortaran las soberanas manos de Jesús, y con la mezcla de sus ensangrentados matices conociera su amor, que cuando más variabas en las penas, tanto más guardabas la constancia del padecer. Por ese amor con que obedeciste, te suplico me alcances de Nuestro Padre Dios, me envíe en esta vida los trabajos, y penas que por mis pecados merezco; aliente mi espíritu para que solo se acuerde de la eternidad, y que, castigando el vil cuerpo, ya que aprisionado vivo tenga modo de satisfacer a un Dios ofendido. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA SEXTO – 20 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
     
Fue tan privilegiada la Santa Virgen en esta la especial dote de agilidad y levedad, pues parecía toda espíritu y nada carne, y cuando deseaba remontarlo en los más nobles extremos de quitud y sosiego, ligeramente se encaramaba en los árboles, y aun se sabía mantener cual pequeña ave, sobre la más débil rama, y si en la Ciudad procuraba sus dulces retiros, subía veloz a las más altas cúpulas de los templos, y aun en lo superior de las veletas: y en tales abstracciones, cuando ya fuera de sí entre de los deliquios con su amado, se enajenaba, experimentaba una maravilla nunca vista, cual era el estrecharse su cuerpo al tamaño de un pequeño globo, hasta quedar en figura esquelética: pasado el rapto, se restituía a su antigua conexión, y con el artículo dolor que le causaba la extensión de sus huesos, tenía nuevo asunto de padecer y como este por todos modos se lo preparaba la Voluntad divina, dio licencia a sus hermanas y pariente para que indignadas contra tantos prodigios, que les parecían alucinaciones, conmovieran el dañado genio de un mal ombre tan cruel y riguroso, que arrojándole una clava de hierro tuvo el logro de quebrarle una pierna, y entregarla herida y presa a sus hermanas, las cuales al parecer condolidas, determinaron transportarla en un carro a la ciudad del Lieja, para que los Cirujanos la curaran. Disposiciones todas de Dios, pues con el trasiego del camino se había de acrecentar el dolor: y sujeta a la rigurosa curación del Arte, había de sufrir tirones, tablas, estopas y ligamentos, como sucedió en manos de un Cirujano,, quien receloso de los frecuentes vuelos de la enferma, no permitió se le quitasen las prisiones, con que le había asegurado la tiranía, ni que se moviese de una sala bien amurallada: mas, ¡oh prodigios de Dios! a corto espacio, movida de secreta y particular inspiración, rompió las prisiones, destrozó las ligaduras, quedándos con sus soldada pierna tan fuerte, que pudo en un vuelo saltar las altas paredes que la enclaustraban.
   
ORACIÓN
¡Oh Peregrina Virgen Santa Cristina la Admirable! qué entendimiento por más alto que sea, llegará a conocer los excesos de amor con que nuestro Santísimo Jesús te regalaba, ni el grande con que tu generoso corazón le correspondía. Lo que conozco solo es, que tu Coro eran las cúpulas y beleces de los Templos; su facistol las ramas y los troncos; el instrumento tu ciega voluntad; y el compás la acorde quietud del espíritu; y que porque estos coloquios con su Amado tuvieran consonancia con sus penas eran continuados ayes las voces, que en el breve esférico punto de tu Cuerpo, más le alegraban, siendo para Tí las prisiones, otra nueva dulzura con que a Ti misma te celebrabas hasta conseguir la libertad, y la fuga por entre dificultades, y paredes, pues querida Santa mía, si todo esto conozco, haz que también conozca cómo te lo pido, el que solo es verdadera quietud: cuando el alma busca á su Dios, teniendo siempre los altos pensamientos de amarle, que conociendo mi bajeza confiese el que vivo reducido a la nada de mi miseria, para que, aunque gima en las peladas cadenas de este Mundo, sea con la esperanza de que llegará el día de vencerlas desastradas para ir a cantar al Cielo la victoria. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA SÉPTIMO – 21 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
    
Viéndose claramente burladas las hermanas y deudos de Cristina (y aun el molesto Cirujano, que la había afligido y no curado) de la impensada fuga trataron ciegos e indignados de cebar su encono en perseguir de nuevo a la paciente Virgen hasta prenderla, y así lo lograron, sujetándola con duros cordeles a un palo, quitándole todos los movimientos hasta el de la boca, pues solo le daban un escaso mendrugo de pan, como si fuera lebrel de su casa, la que solo ladraba con el ejemplo. La ligera moción que le permitían las ligaduras, le fue más heroico empeño a su padecer, por habérsele llagado todo su virginal cuerpo, y después empodrecido, de que le resultaron vehementes dolores, no quedándole el alivio, aun de reclinarse, porque no podía del tronco desunirse. Mas el Médico divino, preparando remedio a tanta llaga, quiso que de sus honestísimos pechos manase un licor como aceite, con el que ungiéndose quedaba sana, y con él mismo, mojándose los mendrugos los masticaba blandos y gustosos. A vista de tanto prodigio, fueron arrepentimiento de sus hermanas y demás verdugos verdaderos, confesando las maravillas del Altísimo, y dejándola libre para que siguiese la voluntad de Dios, que en este tiempo fue la de temperarse sus continuos tormentos, disponiendo su gran Providencia para ello el que entrando en una Iglesia, se arojaba súbitamente en la Pila bautismal que había en ella, bañándose toda en sus sagradas aguas, quedando con este saludable baño, destruida la rigidez de sus  sus martirios, conservándose en la línea de otras usuales mortificaciones, aunque su interior se mantuvo todo caridad, todo fuego.
   
ORACIÓN
¡Oh Paciente Virgen Santa Cristina la Admirable! qué fatales y engañosas son las redes del Demonio, pues cuando más alegres vivimos en las bonanzas, que nos promete el mar del Mundo, entonces logra nuestro común enemigo el lance y burlándose de la facilidad con que caemos nos deja miserablemente presos, y atados al infame tronco de la culpa, para que perezcamos en ella llagados, y empodrecidos, mas, o caridad divina, que derramándole sobre nuestras pobrecitas Almas nos cura, sana, sustenta y libra de aquella fuerte red de la perdición eterna; y pues así, amada Santa mía, Yo lo confieso, y en su nombre a todos los pecadores lo público, deba a tu piedad, y te debamos todos, el que nos mantengamos sanos y libres de ofender a nuestro Padre Dios, y que habiéndonos enteramente purificado en las aguas de la Confesión, no volvamos a engañarnos ni a herirnos con nuevos delitos, si, procuremos mortificarnos con la interior penitencia de nuestras pasiones, para vivir y morir en paz. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
         
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA OCTAVO – 22 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
    
Ya que en Cristina había cesado la furiosa tempestad de tormentos corporales, la puso el Señor a padecer otra espantosa tormenta, cual fue de mandarle se vistiese y sustentase de lo que mendigara a las puertas, no de los misericordiosos, sino de los usureros, forajidos y otros de escandalosas costumbres, ya para que obligada de la limosna, echase sobre sí el peso de los pecados de tan perversa gente, ya que para esta se buscase a la poca costa de la dádiva eficaces auxilios que le compeliese a salir del abominable estado de los vicios. Así lo ejecutaba la obediente Virgen, siendo un puñal cada voz que levantaba para pedir la limosna. Era tan constante su amor y celo del prójimo, que que cuando moría alguno, luego que Dios se dignaba de manifestarle la sentencia de aquella alma; si era de salvación, no cabían en su pecho los júbilos; y si de condenación, todo él se convertía en lágrimas, suspiros y otros afectos compasivos. Cuando volvía de los éxtasis en que continuamente se hallaba, reprendía severamente los pecados del mundo, y en otras ocasiones, estando hospedada en el castillo de Laon, en casa de una venerable mujer llamada Ibeta, después que retirada a la Iglesia, había oído cantar en ella los Maitines, y regalándose dulcemente a su Amado, comenzaba a pasearse y a cantar con tan peregrina suavidad, que parecía Ángel, y excedía con ella a cuantos instrumentos músicos se han inventado, siendo lo que cantaba elegantísimos himnos que componía su enamorado corazón, como iluminada. Predijo muchos casos de admirables circunstancias, y entre ellos el de la perdición de los Lugares Santos de Jerusalén.
  
ORACIÓN
¡Oh Excelente Virgen Santa Cristina la Admirable! es verdad, que pidiendo una limosna hoy te contemplo, más bien advierto, que, mendigando el socorro, has sabido atesorar corazones: usureros buscabas, y dejándolos por tu caridad movidos a la restitución, comprabas mucha parte de las culpas que habían ganado entre sus vicios, para satisfacer por ellos con nuevos tormentos. A Ladrones pedías, y con ofrecerte una corta dadivados robabas el alma para dársela a Dios arrepentida. Seguía tu caridad los pasos a la muerte, doliéndose de los que la padecían eterna, alegrándole de los que la convertían en eterna vida. Pronosticabas sucesos memorables, mas eran siempre para el aprovechamiento de los pecadores. Y pues ahora te miras, no solo rica de eternos bienes, sino poderosa de los continuos favores de tu Divino Esposo y nuestro Padre Jesús, te suplico, y pido socorras mis graves necesidades, alcanzando de fu Majestad Soberana el remedio seguro de mi alma, y que, logrando en el severo punto de la eternidad, una Favorable sentencia asiendo desde ahora feliz pronóstico de mis dichas, la tierna devoción con que te venero. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA NOVENO – 23 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
      
Después de haber estado nueve años en el Castillo de Leon, la Virgen Cristina se restituyó a su patria San Trudón, mas fue para vivir en un monasterio de Religiosas Benedictinas que tiernísimamente la amaban, aunque sin guardar clausura, porque salía a sus muy piadosas correrías cuando Dios se lo mandaba. Allí fueron continuos sus raptos, con tanta singularidad advertidos por las Religiosas, que a sus movimientos no se le podían percibir ni ojos, ni mejillas, frete, brazos ni manos, revolviéndose todo en un globo, según en el día sexto va referido, y después de muchas horas de estos movimientos, se aquietaba su cuerpo y comenzaba a recibirse otro prodigio, porque dentro de su pecho se escuchaba una hermosa música de la que solo se entendía la consonancia, hasta que vuelta en los sentidos llamada a las Religiosas, para que la ayudasen a dar gracias a Dios por los beneficios. Un año antes de su dichosa muerte, todo lo pasó en incesante Oración y éxtasis repetidos, sin que se le viese en todo él una vez reír, sino todo suspirar, por lo que se le representaban los fatales insultos de los pecadores, y las ocasiones que entraba en el Monasterio a tomar un corto alimento (que fueron pocas, porque el más tiempo se lo pasaba en el desierto), nunca pudieron las Religiosas atenderle una sola voz. Llegó el tiempo de su dichoso tránsito, y tres semanas antes se recogió en una cama que le dispuso una Religiosa llamada Beatriz, a sufrir en ella un epílogo de los tormentos que antes había padecido en los contrarios efectos de fuego y nieve, hambre y sed, aunque el que más la vejó fue la desolación y desamparo en que la dejó su divino Esposo Jesús, hasta que al tiempo de recibir por Viático su Sacratísimo Cuerpo, experimentó el lleno de consolaciones, luces y deleites celestiales. Apartóse de la celda Beatriz, creída en que de la dejaba arrebatada en sus delicias: y cuando dio breve la vuelta, halló el sagrado Cadáver en el suelo, vestido de su remendado saco, siendo con tal silencio con tal silencio la muerte de Cristina, porque así se lo había pedido a Dios, y que suspendiese el esplendor de milagros con que pudiera en este tiempo favorecerla. La afligida Beatriz toda se redujo a lágrimas, mas impaciente de su dolor la conjuró en nombre de Jesucristo para que volviese su alma al cuerpo, a sólo desatarle algunas dudas monásticas que la afligían. Resucitó Cristina segunda vez, y aunque se quejó de la Religiosa porque le suspendía sus glorias, satisfizo a cuanto le preguntó, dióles bendición a todas las Monjas, y restituyóse a la Patria Celestial.
   
ORACIÓN
¡Oh Religiosa Virgen Santa Cristina la Admirable! Si en el Claustro del Convento de Santa Catalina, y al mismo tiempo en los desiertos de tu Patria, supiste no apartarte un punto de la Oración y unión con nuestro Padre Dios, logrando por ello favores inexplicables: si en el último año de tu vida te empeñaste en no hablar más que con quien solo es la verdadera palabra, llorando con silencio el mísero estado de los infelices reos de culpas. Por todo te suplico rendidamente; intercedas con Dios nuestro Señor me dé su gracia (y a todos los pecadores) para que con ella no me aparte jamás de su Presencia, y que mortificado de mi cuerpo, y mis pasiones, pueda levantar el espíritu, hasta unirme con sus apetecidos amores, sin que le falten a mis ojos lágrimas de haberle ofendido, nacidas del corazón donde reside el dolor; para que así alcance una dichosa muerte, y sin los horrores, tentaciones, y sobresaltos de aquella precisa hora, camine en paz a la deseada Patria, y en el día de la resurrección de mi cuerpo, merezca verle compañero de mi alma en el Cielo. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.

viernes, 24 de julio de 2020

SANTA CRISTINA LA ADMIRABLE, MÍSTICA ABOGADA DEL PURGATORIO

   
Cristina nació en Brusthem, población de la diócesis de Lieja, en 1150, en una familia campesina y devota. Al cumplir los quince años, ella y sus dos hermanas mayores quedaron huérfanas y fueron a vivir como eremitas. De ella lo que más ha trascendido son sus fenómenos místicos, narrados y autenticados por el cardenal Santiago de Vitry en su biografía de la beata María de Oignies, que la conoció personalmente.
   
Murió por primera vez muy joven, a los 22 años, y trasladaron el cuerpo de la joven en un féretro a la iglesia de Nuestra Señora para una misa de réquiem. Súbitamente, después del «Agnus Dei», Cristina se irguió, saltó fuera del féretro «como un pájaro», según cuenta su biógrafo y quedó colgada en una de las vigas del techo. Todos huyeron al punto de la iglesia, excepto la hermana mayor de la beata, que dio ejemplo de recogimiento y permaneció inmóvil hasta que la misa terminó. Entonces, el sacerdote que la celebró, ordenó a Cristina que descendiese del techo. Ella le explicó que «le repugnaba el olor nauseabundo de los pecadores empedernidos que asistían a su funeral» (esta sensación de olor nauseabundo ante el pecado, aún el más recóndito, le acompañó durante su vida, llegando a vomitar convulsivamente a la vista de algún pecador). Cristina declaró:
«Al punto que expiré, los Ángeles llevaron mi alma a un lugar espantoso, donde gran número de almas padecían tan crudos tormentos, que no hay lengua que baste a decirlos; yo tuve para mí que sería el Infierno, mas me desengañaron los Ángeles, diciéndome que era el Purgatorio, donde los pecadores que murieron arrepentidos, pero sin haber satisfecho suficientemente a Dios, iban a expiar sus pecados. Luego me llevaron a las torturas del Infierno. Allí también reconocí entre los réprobos a muchos de los que había conocido en vida. De aquí me llevaron al Paraíso a la presencia de la Divina Majestad. Cuando vi al Señor, me llené de gozo. Estaba bajo la impresión que podía quedarme con Él para siempre. El Señor conoció mi deseo y, viendo la angustia de mi corazón, me dijo: “Hija Cristina, en verdad estarás un día conmigo. Ahora, pues, te permito elegir: o quedarte conmigo desde ahora, o volver a la Tierra para cumplir una misión de caridad y sufrimiento. A fin de liberar de las llamas del Purgatorio a las almas que te inspiraron tanta compasión, tú sufrirás por ellas en la tierra: has de soportar grandes tormentos, sin morir por sus efectos. Y no solamente aliviarás a los difuntos, sino que el ejemplo que darás a los vivos y tu sufrimiento continuo amonestarán a los pecadores a convertirse y a expiar sus crímenes. Después de haber terminado esta nueva vida, regresarás aquí cargada de méritos”. Escogí lo segundo, porque entendí ser lo que más agradaba a su Majestad y lo que más persuadía la caridad y compasión para con aquellas almas. Entonces Él ordenó a sus Ángeles que me regresaran al mundo. Es con este solo objetivo, aliviar a los difuntos y la conversión de los pecadores, que he regresado a este mundo. Así que no te sorprendas de las penitencias que voy a hacer, ni de la vida que voy a llevar en adelante, porque Dios mismo me lo ha pedido. Será tan extraordinaria que nadie ha visto cosa semejante».
A partir de entonces los prodigios se sucedieron uno detrás de otro, relatados por el cardenal Vitry y por Tomás de Cantimpré OP:
   
El demonio la arrojó a un horno de pan, de donde salió ilesa, otras veces ella misma se arrojaba, para padecer algo similar, pero mucho menor a lo que padecían las almas, allí lloraba y gemía, pero no se quemaba. También llegó a poner las manos largo rato en los braseros, sufriendo grandes dolores, pero no las quemaduras. Otras veces se sumergía hasta durante una semana entera en el agua helada del río Mosa, en pleno invierno (una vez lo hizo luego que un sacerdote le negó la Comunión al verla). Se arrojaba a los molinos de agua, pasando su cuerpo por entre las ruedas, aplastando su cuerpo y dejándola con grandes dolores.
   
En algunos éxtasis místicos conducía a las llevaba a las almas de los recientemente fallecidos al Purgatorio y las del Purgatorio al Cielo. Volaba a la vista de todos, ante la simple visión de un pecador, alejándose de él; se remontaba a los árboles o las torres de las iglesias. Gozaba del don de la profecía, de milagros, de ubicuidad, cantaba con angelical voz himnos y salmos en latín (idioma que nunca aprendió)… y de mil y unos fenómenos más.
  
Ante estos fenómenos fue encerrada y encadenada, acusada de brujería, pero siempre salía volando, lejos del pecado y el no arrepentimiento, en medio de cantos de salmos o cánticos religiosos. Cierta vez, un hombre logró echarle mano al darle un golpe en una pierna con tanta fuerza, que parecía haberle roto los huesos. Las gentes llevaron a la herida a casa de un cirujano de Lieja, quien vendó fuertemente la pierna y encadenó a la joven a una columna. Cristina escapó durante la noche. En otras ocasiones, hacía todo lo contrario, se refugiaba en tumbas putrefactas, cuyo olor le era más soportable que el del pecado. Incluso en la cárcel, las llagas que le hicieron los grilletes, exhalaban un óleo milagroso que sanaba de sus llagas a otros presos. Otros milagros se sucedían en la pila bautismal donde había sido bautizada; allí todo enfermo que se metía era sanado en el acto. A pesar de la oposición eclesiástica era consultada por grandes personajes, como Luis II, conde de Loon (a quien constantemente reprendía por su mala conducta), o Santa Lutgarda.
    
Su biógrafo relata que después de que Cristina se encaramó a la pila bautismal de la iglesia de Wellen, «su conducta empezó a asemejarse más a la del resto de los hombres: se volvió menos inquieta y pudo soportar un poco mejor el hedor de los mortales».
   
Al final, el 24 de julio de 1224, falleció a los 74 años en el convento dominico de Santa Catalina de Saint-Trond, luego de un tiempo sin fenómenos y oculta a todos, pero llena de devoción de la gente, aunque también de recelo por parte de algunos clérigos, que no veían con buenos ojos aquellas cosas. Pero no murió de una vez, como los demás, sino que cuando había muerto el año anterior, una religiosa se arrodilló ante su ataúd, pidiéndole que la ayudase en su enfermedad; Cristina hizo su último milagro reviviendo y sanando a la religiosa.
Desde los bolandistas, los modernistas han llegado a hablar de un caso patológico de epilepsia o esquizofrenia. Pero contra ellos habla San Roberto Belarmino:
«Tenemos razón para creer el testimonio de Tomás de Cantimpré, puesto que tiene el aval de otro autor, Santiago de Vitry, Obispo y Cardenal, porque él relata lo que sucedió en su propio tiempo, y aun en la provincia donde vivió. Además, los sufrimientos de esta virgen admirable no fueron ocultos.Todos podían ver que ella estaba en medio de las llamas sin ser consumida, y cubierta de heridas, desapareciendo toda traza de ellas pocos momentos después. Pero más que esto era la maravillosa vida que llevó por cuarenta y dos años después de levantarse de entre los muertos, mostrando Dios claramente que las maravillas realizadas en ella por virtud de lo alto. Las sorprendentes conversiones que ella efectuó, y los milagros evidentes que ocurrieron después de su muerte, probaron manifiestamente el dedo de Dios, y la verdad de lo que, después de su resurrección, ella había revelado respecto de la otra vida.
Así, Dios quiso silenciar a esos libertinos que hacen profesión abierta de no creer en nada, y que tienen la audacia de preguntar con escarnio: “¿Quién ha regresado del otro mundo? ¿Quién ha visto los tormentos del Infierno o del Purgatorio?”. He aquí dos testigos. Ellos nos aseguran que los han visto, y que son aterradores. ¿Qué sigue, entonces, si no que los incrédulos son inexcusables, y que aquellos que creen y sin embargo no hacen penitencia están todavía más cerca de condenarse?». [En FRANÇOIS XAVIER SCHOUPPE SJ, El Purgatorio explicado por las vidas y leyendas de los Santos, parte 1, cap. XII: “Penas del Purgatorio: Belarmino y Santa Cristina la Admirable”.]
   
Sus atributos iconográficos más característicos son las alas y la hoguera, ambos alusivos a sus fenómenos místicos más conocidos. También se le suele representar volando por los aires y con una especie de escapularios que hacen referencia a su insistencia en la necesidad de la devoción mariana como prenda de no ir al infierno. Aunque se le acostumbra poner vestida de monja, no está claro si al final tomó los hábitos, todo parece indicar que no. Su culto, aunque no ha sido oficializado, se ha mantenido en la diócesis de Lieja, como patrona de las almas del Purgatorio, de los siquiatras y de los enfermos mentales.
   
ORACIÓN
Al proclamar, Señor, tus maravillas en la virgen Santa Cristina, suplicantes rogamos a tu Majestad, que así como sus méritos te fueron gratos, así también sean hallados aceptos los oficios de nuestra servidumbre. Por J. C. N. S. Amén.